"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis lectores! Aquí un nuevo capítulo, que por alguna extraña razón, también salió en otro ataque de inspiración. No tengo mucho que decir al respecto, salvo que lo disfruten como yo he disfrutado escribiéndolo ;). Como verán el título tuvo una ligera modificación, por una razón que no les adelantaré para que lo descubran más adelante por si solos. Lo que si les adelanto, es que en este capítulo tenemos a otra participante más que nos ayudara a contar la historia y espero les agrade! Se darán cuenta en cuanto terminen de leer la nota ;).

Sin más que decir, les dejo el capítulo para que lo disfruten y espero poder subir los demás igual de rápido que han sido los últimos. Y por último, muchas gracias por sus reviews! Solo puedo decir que me encanta saber lo que piensan de lo historia y tanto lo que aman como lo que odian de ella, me dan ánimos e inspiración para seguir escribiendo!

Enjoy!

Capítulo 19°: Con Algo de Ayuda

~Luna's POV~

-¿Así está bien, Neville?-

-Hmm, sí bastante bien, corta así los demás-

Parada a lado de Neville en el invernadero de Hogwarts y con un montón de mandrágoras recién nacidas en la mesa frente a nosotros, me arremangué las mangas de la blusa para seguir cortando las tiernas ramitas que sobresalían de la planta.

A pesar de ser Noviembre, aquél día el clima era muy agradable, y Neville y yo habíamos aprovechado para continuar con el cuidado de las mandrágoras que se habían plantado días antes.

-Vas mejorando, Luna- bromeó mi amigo- Pronto podrás suplirme como el nuevo profesor de Herbología-

-Cállate Longbottom-

Con una sonrisa torcida, di un codazo a mi amigo mientras él soltaba una carcajada y seguía con su tarea. Desde que saliéramos de Hogwarts y nos convirtiéramos en increíbles amigos, Neville y yo solíamos juntarnos de vez en cuando en Hogwarts para ponernos al corriente y hablar de mil cosas distintas.

Desde cosas triviales como las nuevas noticias de Hogwarts hasta las preocupaciones que no nos dejaban en paz.

Y por supuesto, el tema de Harry y Hermione había sido el más recurrente en las últimas ocasiones.

-Ahora…- dije después de un rato de silencio mientras seguíamos con las mandrágoras- ¿Ya podemos hablar de Harry y Hermione?-

-Por todos los magos y las brujas, ya te habías tardado Lovegood- dijo exasperado mientras meneaba la cabeza- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no hay nada que podamos resolver?- me preguntó por enésima vez- No mientras ellos no estén dispuestos a dejar de ser unos….-

-Cabezas huecas, sí Neville, ya lo sé- terminé la oración con fastidio, entornando los ojos.

Aquella había sido la discusión de todos los días, y a pesar de que a Neville también le desesperaba la situación, siempre terminaba diciendo lo mismo y me pedía que dejáramos el tema por la paz.

Aquello comenzaba a fastidiarme.

-Pero es que por sí solos nunca van a hacer nada, Neville, llevan más de un mes sin verse ni hablarse!- comencé con cuidado- Tal vez, no sé…- dudé de nuevo, atrayendo a atención de Neville- Si les diéramos un empujoncito, si los ayudáramos un poco…-

A mi lado, mi mejor amigo dejó lo que estaba haciendo y me miró con sus ojos abiertos de par en par.

-Ah no, ni hablar, no, no, ni siquiera lo pienses Luna!-

-Pero Neville! ¿Cómo sabes que no funcio…-

-No Luna!- me cortó de inmediato - Ellos tienen que resolver su situación solos, no puedes forzarlos! A ninguno!- ante mi mudez, Neville me miró fijamente y me apuntó con el dedo-Tú no vas a hacer nada que pueda hacer que las cosas salgan peor, ¿Me has entendido?-

-Pero…-

Sin darme tiempo de hablar, Neville se acercó a mí lo suficiente para mirarme a los ojos y me tocó la punta de la nariz con su dedo índice.

-¿Entendido?-

-Ay de acuerdo! No haré nada, ya-

-Promételo Luna-

Como si fuera una niña pequeña a la que su papá le ha dado un buen regaño, me crucé de brazos y soltando un suspiro de fastidio entorné los ojos para después mirarlo.

-Bien, lo prometo-

-Excelente- satisfecho, Neville sonrió y me pasó las tijeras que había dejado- Ahora sigue cortando, esa te quedó horrible-

Y sin más remedio que dejarlo por la paz, continué con la labor de cortar ramitas de mandrágora mientras soltaba quejidos de fastidio. A mi lado, Neville me miró de reojo y con una ligera sonrisa de triunfo siguió con su tarea.


~Hermione's POV~

Recostada en la cama del cuarto de huéspedes de Luna, miré el techo encima de mí y me coloqué una almohada encima de la cara para no escuchar la cantaleta de mi mejor amiga.

La misma cantaleta del último mes. Y por supuesto, con una nueva variante que se había agregado la semana pasada: la dichosa segunda luna de miel a Suiza a la que aún no sabía si ir o no. Porque por supuesto, iría sola.

Y aquél sábado, que en teoría debería ser relajado y tranquilo, Luna no lo estaba haciendo fácil.

-Ah no, nada de ponerte la almohadita encima, mírame Granger!-

-Luna…- dije por fin, quitándome la almohada mientras seguía viendo el techo- Si hubiera querido que me regañaras, habría hecho algo malo y luego hubiera venido para que lo hicieras-

-Muy graciosa Granger- me dijo para sentarse en el sillón frente a la cama- ¿Piensas ir o no?-

Esa había sido la pregunta por excelencia la última semana, y sinceramente me estaba hartando.

Cuando estaba sola en casa, no podía hacer otra cosa más que pensar en lo mismo, y harta de no decidir qué rayos hacer, buscaba cualquier excusa para salirme de casa y estar con alguien que me ayudara a olvidar el hecho de que tenía un boleto de avión que me llevaba a Suiza durante tres semanas.

Cansada, rodé sobre la cama para quedar boca abajo y miré a Luna mientras abrazaba la almohada.

-Luna, en serio, vine porque no aguantaba estar sola en mi casa y todo era extremadamente aburrido- le dije mirándola por encima de la almohada- Deja de regañarme y solo…déjame estar aquí sin tener que escuchar lo mismo ¿Sí?-

Ante aquella simple pero al parecer eficaz petición, Luna me miró con ojos tristones y se sentó en la cama.

-Está bien, está bien- dijo dándose por vencida al fin- Lo siento, Herms- me miró comprensiva- Me imagino que no deben ser fáciles…los fines de semana ¿Verdad?-

Aquella simple pregunta me tomó desprevenida, e incapaz de evitarlo, recordé mis fines de semana con Harry en casa más de un mes atrás, cuando vivíamos juntos y todo parecía perfecto.

En mi mente desfilaron todas las tardes de películas, de piernas entrelazadas en el sofá de la sala, de palomitas desperdigadas por la habitación, de cosquillas juguetonas hasta caricias inocentes y sugestivas y sin poder evitarlo reprimí un escalofrío de placer.

No me había dado cuenta de lo mucho que extrañaba sus caricias y sus besos.

Bufando frustrada, me volví de espaldas y tomé el almohadón a mi lado para colocarlo encima de mi cara.

-Y los domingos son peores-

Durante unos instantes el silencio inundó por completo la habitación, y extrañada al darme cuenta que Luna por fin se había callado, me quité la almohada de la cabeza para mirar su rostro pensativo.

-Ya sé!- como si hubiera tenido una hermosa revelación, junto sus manos y me miró emocionada- Acompáñame mañana a Hogwarts con Neville!-

-¿A Hogwarts?-

-Sí! Neville está plantando y cuidando un montón de mandrágoras para una nueva poción, y necesita una mano- hizo un ademán con la mano- Sé que es aburridísimo, pero te servirá de distracción y de paso puedes aprovechar para saludar a algunos conocidos y despejarte ¿No crees?-

Durante unos segundos, abracé la almohada contra mi pecho con fuerza y después asentí aliviada.

-Tienes razón-


~Harry's POV~

Ese domingo el frío había comenzado a sentirse de nuevo. Parado en el puente de madera que tantas veces había usado cuando era estudiante en Hogwarts, miré el Lago Negro a lo lejos y sonreí con alivio.

Esperaba que ese día pudiera olvidarme un poco de lo que pasaba en mi vida, y estaba seguro que Hogwarts era una buena ubicación para intentarlo.

Una vez que me cansé de caminar por los alrededores del colegio sin un rumbo en particular, finalmente llegué hasta el área de los invernaderos en donde estaba seguro que Neville se encontraba y una vez ahí no me costó dar con el indicado.

No cuando una extensa plantación de mandrágoras inundaba hasta el último rincón del lugar.

Una vez dentro, sonreí divertido al mirar la terrible situación en la que Neville y Luna se encontraban, sentados en el piso entre un montón de mandrágoras, con el cabello revuelto y las caras manchadas de tierra.

-¿Ocupan una mano, chicos?-

Frente a mí, mi amiga rubia se enderezó de golpe y soltando una exclamación de sorpresa me miró con sus ojos abiertos de par en par.

-Harry!- movió su boca sin emitir sonido- ¿Qué rayos haces aquí?-

Aquella pregunta, que sonó no solo sorprendida sino también asustada, me sacó una sonrisa y fruncí el ceño extrañado. Antes de poder contestar, Neville levantó la vista para mirarme y sonrió de buena gana.

-Hola Harry! Hasta que llegas!- despreocupado, Neville siguió con su trabajo de colocar tierra y miró a Luna- Le dije que estaba plantando mandrágoras y que necesitaba una mano además de la tuya-

-¿Ho…Hoy?-

Incapaz de evitarlo, Neville y yo nos miramos extrañados y después a Luna, quien seguía como en una especie de estado de shock.

Sin entender que pasaba pero divertido con la situación, me acerqué a ella y le planté un suave beso en la frente.

-A mí también me alegra verte, Luna- me separé de ella para mirar a Neville- ¿Necesitas algo?

-Un repelente de babosas carnívoras- dijo concentrado en su labor- Se supone que Hagrid tenía pero resulta que los únicos que hay están en la Sala de Menesteres-

Aún sonriendo ante la actitud de Luna, dejé mi varita, mis llaves y uno de mis tantos abrigos sobre una de las mesas y caminé a la salida del invernadero.

-Iré por él, no tardo-

-Sería preferible que te llevaras tu varita Harry- me recomendó Neville, mirando mi varita en la mesa-Ya sabes que La Sala de Menesteres no ha podido ser la misma desde el incendio y tiende a hacer cosas inesperadas-

Sonreí de medio lado al recordarlo. A pesar de que la Sala de Menesteres había sido reparada después del incendio en la batalla final no era del todo confiable, pues según los rumores tenía la costumbre de hacer locuras a su conveniencia, desde perder los más insignificantes objetos hasta dejar a la gente encerrada.

-Estará bien, no creo que pase nada terrible-

Y con un simple ademán de mano, salí del invernadero para dejar a un Neville completamente absorto en replantar mandrágoras. Y sin tener idea de porque, a una boquiabierta Luna estática en su lugar.


~Luna's POV~

-¿Lo invitaste?-

Le solté a Neville una vez que Harry cerrara la puerta del invernadero, y subiendo la cabeza, Neville se encogió de hombros y me miró con ceño.

-Sí, ayer vino a verme y lo vi muy desanimado, así que lo invité para que se distrajera- limpiando sus manos, Neville se puso de pie- ¿Qué pasa? ¿Por qué te parece tan raro?-

Aquello no era raro, era simplemente el destino. Y lo mejor de todo, es que Neville no podía enojarse conmigo porque yo no había hecho absolutamente nada. Aquello no podía haber salido mejor.

-No es raro- compuse una sonrisa de oreja a oreja- Es excelente!-

-¿Qué?- aún más extrañado, Neville me tocó la frente- ¿Te sientes bien Luna? Estás muy bipolar el día de hoy-

-Sí sí, es solo que esto no pudo haber salido mejor-

Sin poder evitarlo, solté un brinquito y junté mis manos emocionada mientras miraba a Neville con una sonrisa gigante. Algo asustado por mi reacción, mi amigo alzó una ceja y cruzó sus brazos.

-¿Qué hiciste ahora, Lovegood?-

-Nada, te juro que yo no planeé nada- puntualicé levantando mi mano- Es solo que yo invité a…-

Justo en ese momento, la puerta del invernadero se abrió para dejar pasar a mi amiga castaña, quien titiritando de frío nos miró con una enorme sonrisa.

-Hola chicos!-

-Hola Herms!-

Saludé efusiva, y a mi lado, Neville solo atinó a mirar a Hermione exactamente de la misma manera que yo había visto a Harry cuando había entrado.


~Hermione's POV~

Cuando entré al invernadero, con el cuerpo helado y temblando de frío, caminé hasta donde se encontraban Neville y Luna y después de saludar a mi mejor amiga, me pegué a Neville en un fuerte abrazo.

Quien sin tener idea porque, se encontraba boquiabierto y con sus ojos de par en par.

-Hola Neville!-

-Hola Herms-

El abrazo poco efusivo y la mirada desorbitada que Neville me dirigió no me pasó desapercibida, y con una sonrisa miré a mi mejor amiga, quién se había vuelto a sentar en el piso para continuar con su labor.

Y tenía una muy sospechosa sonrisa plasmada en su rostro.

-¿No le habías dicho que vendría?- miré de nuevo a Neville- Luna me dijo que necesitabas ayuda con tu plantación de mandrágoras y aquí me tienes- sonreí- Te extrañaba mucho!-

Saliendo por fin de su estado de shock, Neville me devolvió la sonrisa y me miró con ternura mientras yo me deshacía de mi abrigo y lo dejaba en la mesita a mi lado junto con todos los demás.

-Bien ¿Por dónde comienzo?- arremangándome las mangas de mi sweater, me llevé las manos a la cintura y miré a mi alrededor - ¿Qué se necesita?-

Antes de que Neville pudiera siquiera decir palabra, Luna se levantó de manera casi automática y me miró con sus ojos brillantes.

-Hace falta repelente para babosas carnívoras!- dijo en un tono tal vez muy efusivo para mi gusto- Se nos han acabado todas las reservas que teníamos, y aún quedan muchas mandrágoras que desinfectar-

A su lado, la mirada sorprendida que Neville le dirigió no me pasó desapercibida, pero creyendo que tal vez eran alucinaciones mías, decidí ignorarlo.

-Bien, iré por él- dije mientras miraba a Neville tensar su espalda- ¿En dónde está?-

-En la Sala de Menesteres!-

-¿La Sala de Menesteres?- extrañada, miré a Luna con ceño- ¿No se había vuelto loca después de que la repararon?–

Pregunte ésta vez mirando a Neville, quien frente a mí abrió la boca nervioso sin emitir sonido alguno, y no tuve duda alguna de que algo extraño le pasaba.

-Pues…-

-Según sé ahora está perfecta- interrumpió Luna a un nervioso Neville y lo miró significativamente-¿No Neville?-

-Eh…-

Neville solo atinó a asentir y continuó sacando tierra de una de las macetas. Creyendo que en verdad esos dos se habían vuelto locos entre tantas plantas chillonas, decidí ignorarlos mientras sacaba mi varita de mi abrigo para ir en busca del bendito repelente.

-¿Qué haces?- me preguntó Luna, mirando con ojos desorbitados la varita en mi mano.

-Am ¿Sacar mi varita?-

-Mujer pero si sólo vas a la Sala de Menesteres- mi rubia amiga me arrebató la varita y la dejó a un lado- No la necesitas, la Sala está en perfectas condiciones- sin darme tiempo a más, me tomó de los hombros y comenzó a empujarme hacia la puerta- Ahora ve que lo necesitamos urgente!-

Con una sonrisa, me dio un último empujón fuera del invernadero y entró de nuevo para dejarme afuera completamente sola, dejándome boquiabierta en mi lugar.

Y escuchando a Neville decir algo parecido a "¿Acaso te volviste loca?" seguido de la cantarina risa de mi mejor amiga, di media vuelta para empezar a caminar hacia el castillo e ir por la dichosa poción a la Sala de Menesteres.

-¿Pero qué rayos le pasa?- me pregunté en un susurro mientras subía las escaleras- Esa mujer está volviéndose cada vez más loca-

Sabía perfectamente bien que mi mejor amiga era extraña y solía hacer montones de incoherencias, pero aquél día definitivamente se había llevado el premio.

Sin pensar mucho en lo que hacía, llegué al pasillo de la Sala de Menesteres solo para darme cuenta que aún se encontraban resquicios de que la puerta había aparecido, como si alguien hubiera estado ahí hacía poco.

Extrañada, miré en todas direcciones y finalmente cerré mis ojos frente a la pared.

"Quiero encontrar el repelente de babosas carnívoras", pedí en mi mente, y lentamente la enorme puerta de madera apareció ante mis ojos. Sin mayor ceremonia, entré para mirar a mí alrededor y darme cuenta que todo seguía completamente igual.

Cómo la última vez que la había visto, la Sala era en esos momentos una gigantesca habitación con montones de cosas desperdigadas por todos lados. No entendía cómo era posible que volviera a estar llena después de todo lo que contenía se había quemado en la batalla final, pero supuse que en la Sala jamás habría espacio suficiente para guardar todos los secretos de Hogwarts.

En el momento que la puerta se cerró detrás de mí y comencé a buscar el bendito repelente, la Sala que había sido una enorme bodega cuando había entrado se comenzó a transformar de manera casi inmediata. A mi alrededor, el espacio comenzó a hacerse más pequeño, mientras las paredes se juntaban poco a poco hasta conformar una habitación grande pero acogedora.

Las pilas de cosas que antes me rodeaban se habían reducido considerablemente, mientras la temperatura del lugar comenzaba a aumentar. Detrás de mí y atrayendo mi atención de manera inmediata, un mullido sofá con cojines apareció de la nada en el centro de la habitación.

¿Qué rayos estaba pasando ahí?

-¿Qué…qué rayos?-

Antes de poder pensar siquiera en algo más, el sonido de algo cayéndose llamó mi atención y poniendo mis sentidos alerta lleve las manos a los bolsillos de mi falda solo para darme cuenta que no llevaba la varita.

-¿Quién anda ahí?-

Cuando la persona en cuestión salió de una enorme pila de cosas, dejé caer mi mandíbula y abrí mis ojos de par en par mientras sentía mi corazón golpear contra mi pecho.

-¿Hermione?-

-¿Harry? ¿Qué rayos haces aquí?-

Y en el momento justo que dije su nombre y mis ojos se toparon con los verdes de él, la puerta detrás de nosotros desapareció por completo. Dejándonos encerrados.

Y completamente solos.


Aquello no podía estar pasando.

Tenía que ser un chiste, o una broma de muy mal gusto que a alguien le estaba saliendo muy bien.

Sin poder evitarlo, pensé en Luna y en su enorme sonrisa cuando me había dicho que fuera a la Sala de Menesteres. Esa mujer me las iba a pagar.

Llevaba ya casi diez minutos encerrada con Harry en aquella pequeña habitación, intentando encontrar una puerta que simplemente había desaparecido y no daría señas de volver a aparecer pronto.

-Aquí no hay nada- lo escuché decir entre el montón de cosas- No se mueve una sola roca-

En el momento mismo que la puerta había desaparecido a mis espaldas, Harry y yo habíamos intentado buscar una manera de salir de ahí sin éxito alguno, mientras yo maldecía a todos los magos y brujas de la historia por mi maldita suerte.

Llevaba un mes sin verlo ni hablar con él salvo ese día que nos habíamos topado en el Ministerio, y ahora, estaba encerrada con él y sin posibilidades de salir.

¿Cómo rayos iba a salir de esa?

-Maldición-

Al parecer no encontraríamos la manera de salir de ahí sin magia, y yo tenía que encontrar alguna manera de lidiar con Harry sin tener que sufrir la tentación de su cercanía. Por Merlín Hermione, si has querido tirártele encima como una necesitada desde que lo viste, me gritó mi conciencia.

-Parece que no podremos salir de aquí por las buenas-

Antes de poder pensar cuál sería mi siguiente movimiento, Harry apareció detrás de mí y yo contuve un escalofrío.

-No puede ser posible- dije algo desesperada - Esto tiene que ser una broma-

-Tranquilízate, Hermione- dijo sereno, llevando sus manos a los bolsillos de su pantalón- Cuando Neville o Luna se den cuenta de que no llegamos vendrán a buscarnos, no es para tanto-

El tono irónico con el que dijo aquello no me pasó desapercibido, y sin poder evitarlo, di media vuelta para mirarlo alarmada.

-¿No es para tanto? Estamos encerrados…- miré a mi alrededor- Aquí!-

-Ya te dije que cuando se den cuenta nos buscarán-

Pero yo no podía conformarme con eso. Sin prestarle mucha atención, comencé a remover el montón de cosas que se encontraban pegadas a la pared, intentando encontrar una maldita manera de salir de ahí cuanto antes.

-Tiene que haber una manera- dije, mirándolo solo unos segundos- Tal vez si usaras tu varita…-

-Lamento decepcionarte, Herms- a mi lado, Harry se recargó en una de las mesas y me miró con una sonrisa torcida- Pero no la traigo-

-¿No has traído tu varita?- pregunté histérica- ¿Cómo es posible? Eres un Auror!-

Al parecer aquél comentario -o tal vez mis ganas de salir a como fuera de ese lugar- logró molestarlo un poco, y cruzando sus brazos, ladeó la cabeza y me miró burlón.

-Supongo que de la misma forma que tu tampoco la traes contigo ¿No?-

-Diablos-

Soltando un suspiro, dejé de remover el montón de cosas que había estado moviendo para ignorar la cercanía de Harry y miré la Sala que se había convertido en el lugar más propicio para que alguna pareja en calentura hiciera lo que quisiera.

Sin poder evitarlo, mi mirada fue a parar al mullido sofá con cojines a nuestra espalda, destinado para que cualquier persona se tirara ahí y se relajara por completo. Y yo sin embargo, solo podía pensar en lo cómodo que sería para que Harry me tumbara sobre él y me hiciera el amor a sus anchas.

"Maldita Sala abusiva" pensé al darme cuenta de las "necesidades" que la sala había contemplado para Harry y para mí, y que estaba cubriendo a la perfección. Frustrada, solté un suspiro y pegué mí frente a la pared.

-Esto es lo único que me faltaba-

La risa irónica de Harry detrás de mí no me pasó inadvertida.

-Puedo escucharte ¿Sabes?-

Sabía que estaba siendo grosera y me estaba comportando exactamente como la insoportable niña paranoica y estresada que era cuando tenía once años, pero en aquella situación, no podía pensar en una manera más coherente de actuar.

No cuando estaba encerrada con él.

-¿Cómo es posible que nos haya dejado encerrados?-

-No lo sé Hermione, tu eres la insoportable sabelotodo ¿Recuerdas?-

Tenía que admitir que él tampoco se estaba portando como un caballero, pero suponía que me lo había ganado a pulso.

Con una mirada algo retadora, Harry se alejó de mi lado y entrelazando sus manos detrás de la nuca caminó hacia el sofá para dejarse caer en él despreocupado. Al borde de la histeria, lo miré boquiabierta y me crucé de brazos.

-¿Eso es lo que vas a hacer?- pregunté con sorna- ¿Sentarte a esperar?-

Con una sonrisa algo arrogante, Harry estiro sus piernas para cruzarlas y se encogió de hombros.

-¿Tienes algún otro plan?-


~Harry's POV~

Diez minutos después de haber intercambiado la última frase entre nosotros, la situación entre los dos en esos momentos no podía ser más tensa, extraña y divertida.

Frente a mí, Hermione había hecho mil cosas distintas para mostrar que en efecto estaba desesperada, desde mirar a todos lados en busca de una salida de ahí hasta ir y venir de un lado al otro por la habitación.

Yo me había limitado a quedarme sentado en ese cómodo sofá en la misma posición, disfrutando silenciosamente del espectáculo.

Por mi parte, no podía creer el bastante agradable giro de eventos de mí día. Después de un mes de no verla, tocarla y extrañarla como un desquiciado, tenerla ahí, ahora y en esa extraña pero en definitiva perfecta situación era una especie de regalo del destino bastante maravilloso que no podía desaprovechar.

Y por supuesto, ella parecía dispuesta a no cruzar palabra conmigo.

Sentada en el piso y pegada a la pared frente a mí, con sus brazos abrazando sus rodillas y su mirada en el alto techo de la Sala, Hermione soltó otro suspiro más y yo contuve una risa ante su evidente intento por demostrar que preferiría estar en una piscina de moco de troll antes que estar encerrada conmigo.

-Tranquilízate, Hermione, nadie va a comerte-

Solté en un susurro sugestivo, con mis brazos cruzados detrás de mi nuca mientras la miraba con una sonrisa algo torcida.

Hermione se limitó a entornar los ojos y seguir mirando al techo como si la respuesta para salir de ahí le fuera a caer del cielo. Como si no hubiera demostrado desesperación suficiente, comenzó a golpear rápidamente el suelo con uno de sus pies, mirando cualquier cosa que la distrajera y le impidiera volver a mirarme.

Conteniendo una risa ante su actitud tan infantil, me acomodé en el sofá y cerré mis ojos con una sonrisa de ligero triunfo.

-Increíble- susurró frustrada, y luchando por no reír, me obligué a permanecer con mis ojos cerrados.

Con una sonrisa, la escuché levantarse de su lugar seguido del claro sonido de cosas moviéndose de un lado a otro. Después de unos segundos al darme cuenta que el sonido no se detendría, abrí mis ojos para toparme con Hermione en otro claro intento de salir de ahí, y de paso, matarme de un maldito infarto.

¿Pero qué rayos se creía que estaba haciendo?

De espaldas a mí y ligeramente inclinada hacia adelante, Hermione movía montones de cosas a su alrededor y las alejaba de las paredes, buscando alguna salida que se nos hubiera escapado antes.

Con aquella coqueta falda negra que estaba seguro había sido diseñada para provocar hasta al hombre más frío del planeta, unas finas medias negras y esos malditos zapatos de tacón de aguja que solía usar, no podía tener mejor recordatorio de lo simplemente deliciosa que era.

Y de lo mucho que la deseaba.

Estar tan cerca de ella y sin poderla tocar era una tortura que no creía capaz de soportar, y en aquél momento, deseé estar luchando contra un montón de dementores en lugar de tener que verla de esa manera.

Sin poder evitarlo, contuve un gemido de puro placer al reparar en lo perfectas que eran sus curvas y me obligué a respirar profundamente para no tomarla en brazos, tumbarla en el sofá, arrancarle la maldita ropa y hundirme en ella hasta perder la razón.

Por Merlín, aquella mujer me estaba excitando sin hacer prácticamente nada.

-La Sala cambia dependiendo de las necesidades de los que la usan, Hermione- dije intentando no pensar más -Si la sala considera que esto es lo que necesitamos, puedes hacer todo lo que quieras pero no va a cambiar-

-Ya lo sé-

Dijo sin dejar su labor, y yo tuve que contener una maldición.

-¿Entonces por qué sigues intentando?-

-¿Y tú por qué estás tan calmado?-

-Porque estoy muy cómodo aquí-

Al parecer el tono pícaro con el que le dije aquello no le pasó desapercibido, y sin entender muy bien a que me refería giró su cabeza para darse cuenta- por fin- que todo ese tiempo hacía estado agachada y de espaldas a mí, permitiéndome apreciar todas y cada una de sus deliciosas curvas pegadas a la tela de su falda.

Con la sangre ardiendo en sus mejillas al darse cuenta del espectáculo que estaba dándome, Hermione me miró con rabia y yo le devolví la mirada con una ceja alzada.

-Pues por lo menos…deberías intentar salir de aquí-

Había tenido suficiente. Guiado por el increíble deseo que tenía de tenerla cerca, me levanté del sofá de un movimiento y en menos de dos segundos estuve frente a ella, con su cuerpo a escasos centímetros de los míos y sus brillantes ojos castaños mirándome como rendijas.

-Y tú por lo menos deberías intentar dejar de ser tan grosera y arisca conmigo, preciosa -

Frunciendo los labios con evidente molestia, Hermione se cruzó de brazos y ladeó la cabeza, en una clara señal de demostrar que lo que estaba pidiendo estaba fuera de mis límites.

-Lo que los dos necesitamos, es la manera de salir de aquí-

En el momento justo que dijo eso y como si alguien la hubiera escuchado, un perfecto y rectangular agujero similar a un conducto de ventilación apareció de la nada de la pared detrás de nosotros en un santiamén.

Frustrada, Hermione soltó un gemido desesperado y levantó su mirada al techo de la Sala, echando su cabeza hacia atrás cansada.

-Esto tiene que ser una broma!-

Gritó en una especie de protesta, y sin poder evitarlo, yo solté una carcajada ante su evidente desesperación. Como si algo en su mente se hubiera encendido, Hermione volvió a cruzarse de brazos y me miró de arriba debajo de manera sospechosa.

-Tu…- se detuvo- No estarás deseando que esto pase ¿Verdad?- preguntó en un ataque de arrogancia.

-¿Qué?- entorné los ojos- Por favor Hermione, sí lo único que quiero hacer es salir de aquí- mentí.

Y aunque era verdad que yo no estaba pidiendo a la Sala que eso pasara, no podía estar más agradecido en aquellos momentos por la increíble idea que había tenido de encerrarnos y no ceder a la desesperación de Hermione.

Aunque no pretendía entender porque había hecho aparecer un escape de lo más incómodo, decidí que confiar en ella sería lo más sabio.

Sin duda alguna, esa sala jamás me decepcionaría.

-Está bien, de acuerdo- respondió orgullosa para después mirar el conducto encima de nosotros- Entonces ayúdame a subir-

La miré como si se hubiera vuelto loca.

-¿Qué?-

-Que me ayudes a subir!- replicó- No pienso quedarme aquí sin hacer nada hasta que a Neville o a Luna se les ocurra venir a buscarnos-

Por un momento me limité a mirarla como un reverendo idiota, pensando que tal vez había perdido la razón o estaba jugándome una broma. Pero cuando se quitó los peligrosos zapatos y los tiró a un lado, me di cuenta que no estaba bromeando en lo más mínimo.

Sin dejar de mirar el agujero a unos metros de nosotros, Hermione me extendió su mano para que la tomara y yo obedecí sin pensar.

-Anda, ayúdame-

Apoyando su pie sobre mi rodilla y su mano disponible en mi hombro, Hermione se impulsó hacia arriba de manera precaria, dejándome a mí la tarea de mantenerla en el aire con mis manos en su cintura y sus piernas entrelazadas en mi pecho sin equilibrio alguno.

Y por supuesto, tan pegada a mí que por un momento creí que perdería la razón.

Sin entender porqué, mantenerla en equilibrio mientras ella intentaba entrar en el conducto sin éxito alguno se convirtió en una tarea casi imposible. Hermione era extremadamente ligera y ya en otras ocasiones la había cargado, pero en esa ocasión, después de un mes de no tenerla siquiera cerca, la idea de tenerla entre mis brazos mientras intentaba mantener el equilibrio no era nada buena.

Sin poder evitarlo y guiado por la desesperación de tantos días sin su cercanía, me dediqué a admirar sus largas y tentadoras piernas hasta detenerme en la curva de su trasero, que frente a mí se dedicaban a recordarme lo mucho que la deseaba y lo desesperado que estaba por recorrer su piel hasta saciarme de ella.

Respira, Harry, sólo…respira. Pensé mientras inhalaba profundamente para controlarme.

Que el cielo me amparase. Aquello definitivamente era tortura.

-Demonios, no abre…-

Una tortura que no duró mucho más tiempo. Tal como había previsto y sin poder hacer nada por evitarlo, mantener a Hermione en el aire –estando precisamente así frente a mí- fue imposible, y antes de poder decir algo más se tambaleó en su lugar.

Para caer perfectamente entre mis brazos que se amarraron a su cintura y la pegaron a mí de manera inmediata.

-Harry! ¿Pero qué…-

No continuó. Tal vez fue por mis brazos ciñéndola con fuerza contra mí, o mi mirada penetrante recorriéndola entera, pero Hermione enmudeció de manera inmediata y me miró con sus ojos brillantes abiertos de par en par.

-Ha…Harry…-

No la escuché. Incapaz de pensar en otra cosa que no fuera ella y el hecho de que por fin la tenía en mis brazos después de noches soñándola, me limité a admirarla en silencio mientras la pegaba a mi tanto que podría quebrarla en dos.

-Había olvidado lo endiabladamente hermosa que eres, Hermione- dije sin poderlo evitar, y ella abrió sus ojos de par en par-Te he extrañado tanto-

La expresión de Hermione cambió de inmediato, y alarmada intentó zafarse de mi amarre mientras me miraba suplicante.

-No- me cortó de inmediato - No empieces con eso Harry, por favor-

-¿Con qué, Hermione?- pregunté desesperado, tomándola con fuerza de la cintura para pegarla más a mí- ¿Con lo que ya sabes y ya me cansé de repetirte?-

-Basta Harry-

De un tirón Hermione logró zafarse de mi amarre y se alejó de mí para darme la espalda y cruzarse de brazos, en una señal clara de que no quería que volviera a acercarme a ella.

Algo que por supuesto no entraba en mis planes.

-No, no me hagas lo mismo de nuevo- me coloqué detrás de ella pero no la toqué- ¿Cuándo vas a entender que estás siendo tonta y obstinada?- la tomé del brazo para girarla hacía mí- Hasta la Sala de Menesteres lo sabe, por Merlín ¿Qué más pruebas quieres?-

Haciendo caso omiso, se zafó de mi amarre ésta vez con suma tranquilidad y se limitó a mirarme completamente muda, y aquella actitud no hizo más que sacarme de quicio.

-Eres tan necia, Hermione-

Dije suavemente, con mi cuerpo a escasos centímetros de los suyos y haciendo un esfuerzo sobrehumano por no tocarla. Frente a mí, Hermione dejó vagar su mirada por mi rostro de manera perdida, completamente absorta en mirar mis facciones como si quisiera memorizarlas.

Como si, al igual que para mí, ese mes sin vernos le hubiera parecido una eternidad.

-Hermione-

Me acerqué un paso más a ella y finalmente nuestros rostros quedaron tan cerca que solo nos separaban unos centímetros.

Y por más que quería tocarla y acariciarla hasta perder la razón, me contuve. No podía hacerlo hasta que escuchara lo que tenía que decirle, aquello que había intentado decirle ya dos veces y no me había dejado.

-Hermione…yo te a…-

Antes de poder terminar, Hermione terminó con la distancia entre nosotros y pegándose a mi cuerpo sugestivamente, me calló con su dedo en mi boca.

-Shh, no lo digas- dijo contra mi boca, y su dulce aliento me hipnotizó los sentidos- Sólo…- su mirada se perdió de nuevo en mi rostro hasta posarse en mis labios y tomó mi rostro con sus manos- Sólo cállate-

Sin darme tiempo a más, me pegó a ella en un beso tal que por un momento creí que había caído en otra dimensión. Llevando sus manos a mi nuca para acariciar mi cabello estampó mis labios contra los suyos sin delicadeza alguna en un beso que estaba seguro no podía ser real.

Con una sensualidad increíble, Hermione se abrió pasó con su lengua entre mi boca con desesperación, y cuando se cruzó con la mía en la danza más deliciosa que jamás habíamos compartido, soltó un ligero gemido y se restregó contra mí de la manera más sugestiva que había hecho jamás.

Y de pronto el beso se tornó exigente, demandante, tortuosamente sensual. Caliente. Todo se volvió borroso, y por un instante creí que despertaría en cualquier momento de un sueño erótico.

Pero al sentir sus labios, su lengua, su aliento y toda ella cálida y deliciosa contra mí, me daba cuenta que aquello no era un sueño.

Era real. Hermione era real.

Saliendo de mi estupor inicial ante su iniciativa, comencé a responder el beso de igual manera, pero antes de que mis brazos se enroscaran alrededor de su cintura, Hermione colocó una mano entre nuestros cuerpos y sin dejar de besarme, comenzó a caminar hasta el sofá que se encontraba detrás de mí peligrosamente.

Sin delicadeza alguna, me dio un ligero empujón hasta tumbarme en los mullidos cojines y con la mayor destreza y sensualidad del mundo se sentó a horcajadas sobre mí para continuar con aquél erótico beso, sacándome un gemido de placer.

Esa mujer iba a matarme.

Con sus brazos alrededor de mi cuello y pegada a mí, jugaba con mis labios de manera experta, sensual y desquiciante, mordiéndolos ligeramente, sometiéndolos a su ritmo. Dictando sus reglas y haciendo que las siguiera.

Jamás la había visto tomar el control de aquella manera tan decidida y hasta…salvaje, pero no podía decir que me molestara. Al contrario, lo único que estaba consiguiendo era excitarme más.

Con sus gloriosos pechos pegados a mí pecho, con sus deliciosas piernas dobladas a cada lado de mi cadera y con sus muslos abiertos para mí mientras me besaba sin piedad, Hermione estaba dispuesta a hacerme perder la razón.

-Hermione…-

Susurré en un intento por controlarme, pero sin darme tiempo a más que a respirar, volvió a besarme con fuerza y se pegó a mí en un abrazo que no aceptaba más objeciones.

Y cuando soltó un ligero gemido de placer contra mi boca, perdí el control por completo y no pude contenerme más. Desesperado, lleve mis manos a acariciar su deliciosa figura y pronto el beso en el que ella había tenido el control, se convirtió en una guerra entre nuestros labios en donde ninguno pensaba ceder.

Y con ligeras caricias sugestivas, respondí a su beso con la misma intensidad.

Era una forma de reclamo por abandonarme por tanto tiempo, por ser tan necia, tan tonta y cerrada.

Era una forma de reclamo por hacerme sufrir.

Primero con delicadeza y después con desesperación, mis manos acariciaron sus muslos cubiertos por la maldita tela de las medias sin cansancio, aventurándose traviesas por debajo de su falda, arrancándole ligeros suspiros de placer que eran música para mis oídos y me recordaron lo increíblemente placentero que era tenerla entre mis brazos.

Dios, como la había extrañado.

Pronto aquél simple roce contra la tela de sus medias me pareció insuficiente, y al borde de la locura, mis manos se aventuraron a acariciar su baja espalda por debajo de la tela de su fino sweater, arrancándole un escalofrío a Hermione que no me pasó desapercibido.

-Harry-

Soltó un gemido contra mi boca, pegándose más a mí en una muda petición a que continuara.

Con un demonio, tiene la piel tan suave. Pensé en un arrebato de placer, y tomándome el tiempo para disfrutar del tacto de su piel, subí lentamente mis manos hasta toparme con la maldita tela de su sostén.

Y cuando con la mayor facilidad del mundo deshice el broche de su sostén para finalmente tener la piel de su espalda completamente libre a mis caricias…

-Hermione! Harry! ¿Están ahí?-

La suave pero estridente voz que se escuchó en toda la sala y que reconocí de inmediato como la de Luna nos trajo de vuelta a la realidad de una forma tan brusca que por un momento creí que había despertado de un sueño placentero.

Separándose de golpe de mí, Hermione soltó un ligero gemido de susto y de un pequeño salto se puso de pie para mirarme con sus ojos de par en par.

Completamente sorprendida por lo que acababa de pasar- y ella había hecho pasar- y con su pecho bajando y subiendo a toda velocidad debido a su respiración agitada, me miró solo unos instantes antes de voltear a la pared de donde provenía el sonido.

-Sí Luna, estamos aquí! ¿Puedes sacarnos?-

Con extrema rapidez, llevó sus manos a su espalda para volver a abrochar su sostén y sin mirarme siquiera caminó hasta donde se encontraban sus zapatos mientras se acomodaba el sweater y el cabello que estaba hecho un desastre.

Y me dejaba a mí sentado, confundido y excitado en el maldito sofá.

-Claro, solo necesitaré concentrarme- era claro que Luna estaba utilizando un "Sonorus" para comunicarse a través de la pared- Pero si no funciona tendré que utilizar un "Bombarda Maxima" así que mejor aléjense de la pared ¿De acuerdo?-

-De acuerdo-

Con la cara roja como un tomate y la mirada baja, Hermione se colocó los zapatos y alisó la falda que se había arrugado un poco mientras yo me levantaba sin tener gran idea de que rayos había pasado.

Dos minutos más tarde, la puerta que antes se había ido apareció frente a nosotros y segundos más tarde, Luna y Neville entraron preocupados mientras nos interrogaban sobre lo que había pasado y salíamos al pasillo para caminar de vuelta el invernadero.

Con la mayor serenidad que pudo aparentar, Hermione respondía con calma mientras caminaba lo más alejada de mí y como si lo que había pasado minutos antes hubiera sido una simple ilusión.

Y dudando seriamente si lo que había pasado había sido verdad o producto de mi imaginación, caminé junto a ellos sin decir una sola palabra.

A mi lado, Hermione no volvió a mirarme en ningún momento.


~Hermione's POV~

-Ya te dije que no pasó nada, Luna!-

-No…te…creo-

Sentada en el sofá de mi sala y tres horas después de haber estado encerrada en la Sala de Menesteres, miré a Luna suplicante y frustrada dejé caer mi cabeza en el respaldo del sofá.

Luna y su interrogatorio incesante iban a volverme loca.

-No me hagas esa cara Granger- me regañó por enésima vez para después sentarse en el silloncito frente a mí- Entres ustedes dos pasó algo!-

-Por enésima vez…- me preparé a mentir, de nuevo- No pasó nada, Luna!-

-Por favor, los conozco bien!- contraatacó sin lugar a discusión- Es que si te hubieras visto me creerías! Estabas roja y acelerada como si te hubieras tomado una poción de adrenalina, y Harry parecía estatua de Hogwarts!-

-Claro que no, eres una exagerada- dije, intentando restarle atención- Alucinas porque quisieras que algo pasara, pero no pasó absolutamente nada!-

Soltando un suspiro cansado, Luna llevó una mano a su mejilla y me miró negando con la cabeza.

-Eres una mentirosa de lo peor, Hermione-

Antes de poder contestar cualquier tontería, un recuerdo atacó mi mente de pronto y cayendo en cuenta de que Luna tampoco era una inocente en todo esto la miré severamente y me crucé de brazos.

-Pues tu tampoco te quedas atrás, Luna- Luna parpadeó repetidamente- ¿Me vas a decir que no me mandaste precisamente a la Sala sabiendo que Harry estaba ahí?-

Tensando su espalda de inmediato, Luna soltó una sonrisita apenada y después se cruzó de brazos para arrellanarse en el sofá.

-Sí, lo admito y lo sabes bien- dijo como si nada- Y no me arrepiento! Así que puedes regañarme todo lo que quieras pero no me importa-

Sin saber qué rayos contestar a eso, solté un suspiro cansado y me dejé caer entre los cojines detrás de mí. Frente a mí, Luna se sentó en el borde del silloncito y me miró pícaramente.

-Anda, ya dime- volvió a decir suplicante- ¿Me vas a decir que mi ayudita, la de Neville y la de la Sala de Menesteres no funcionó?-

-Eres un caso, Lovegood!-

-Sí, sí, lo que sea! Ya cuéntame!-

Soltando un gemido frustrado, me dejé caer en el sofá de nuevo mientras pedía a todos los magos y las brujas que me dieran paciencia para soportar la insistencia de mi mejor amiga. Y para olvidar la estupidez que había hecho en la Sala.

Sin poder evitarlo, recordé el tacto de las manos de Harry sobre mi piel y reprimí un escalofrío de placer.


~Harry's POV~

Cuando entré al recibidor a oscuras, miré el reloj en la pared a mi lado para darme cuenta que era extremadamente tarde. Algo cansado, me quité el abrigo y aventé las llaves a la mesita dispuesto a subir a la habitación de huéspedes que ocupaba en esa casa.

Pero antes de poder subir el primer escalón, la ligera luz proveniente de la sala me detuvo y sin poder evitarlo solté una exhalación de cansancio al darme cuenta del porqué.

Sentada en el sofá de la sala y con los brazos cruzados, Ginny me miró y compuso una sonrisa cínica. Y si las miradas pudieran matar, estaba segura que en esos momentos habría estado más muerto que si me hubieran conjurado un Avada Kedavra.

-Vaya- dijo con serenidad- Creí que te esperaría hasta el amanecer-

Con un suspiro cansado, caminé hasta ella y la miré desde el centro de la sala con reprobación.

-¿Qué haces despierta tan tarde, Ginny? El médico te dijo que no era recomendable que te desvelaras-

-Pues no lo estaría haciendo si no tuviera que esperarte- furiosa, se levantó del sofá y caminó hasta quedar a escasos pasos frente a mí-¿Tienes idea de la hora que es?-

-Lo sé, pero ya estoy aquí Ginny, ahora ve a dormir-

-¿Dónde rayos estabas, Harry?-

-Ahora no, Ginny- dije cansado, y de nuevo comencé a caminar hacia la escalera- Hablamos mañana si quieres, hoy no tengo ánimos-

Detrás de mí, Ginny me siguió de cerca y me tomó del brazo para obligarme a mirarla.

-No me dejes con la palabra en la boca, Harry- dijo furiosa- Soy la madre de tu hijo! Soy tu…-

Había tenido suficiente de lo mismo. Desde que viviéramos juntos, Ginny no cansaba de repetirme lo mismo una y otra vez, como si el hecho de que llevara a mi hijo en su vientre volviera a reconstruir el amor que le tenía y el respeto y fidelidad que siempre le había profesado.

Frustrado, di media vuelta y la tomé por los hombros para mirarla severamente.

-Esto no nos convierte en la familia feliz Ginny- dije sereno-Tú destruiste esa posibilidad cuando me pediste el divorcio-

-Pero tú me amabas-

Replicó entre dientes frustrada, mirándome con furia en sus ojos castaños mientras sus manos se aferraban a mi camisa con fuerza. Soltando una simple exhalación, tomé sus manos y la miré inexpresivo.

-Dejé de hacerlo- dije simplemente- Y eso es algo que tienes que entender- sin darle tiempo a más, la miré con tristeza- Buenas noches Ginny-

Sin darle tiempo a nada más y dejándola con la palabra en la boca, di media vuelta y subí las escaleras rumbo a mi habitación para pensar en lo que había pasado ese día y recordar lo increíble que había sido tener a Hermione de nuevo entre mis brazos.

Sonreí mientras me tiraba en la cama.

Aquél domingo había resultado mejor de lo que esperaba.


Es todo por hoy mis lectores, espero lo hayan disfrutado!

P.D: Falta menos ! ;)