"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! Aquí un capítulo más, que en lo personal me gustó mucho escribir y que considero imprescindible para la historia que como quien diría ya está "del otro lado". Aun no puedo creer que esta historia que surgió tan espontánea haya llegado tan lejos, y me emociona muchísimo leer sus reviews y darme cuenta de la gran cantidad de personas que están siguiendo la historia, me alegra mucho!

Quiero aprovechar para dar las gracias por agregarme a favoritos, dejarme review o simplemente leerme! Es muy satisfactorio saber que la historia está gustando y que todo lo que escribo con mucho cariño logre transmitir todo tipo de emociones, desde la emoción hasta la desilusión y frustración. Créanme, lidiar con estos dos personajes no es nada sencillo al escribirlos, no me imagino cómo será leerlos! (Probablemente ya les hubiera dado un golpe a los dos o mandado amenaza a la autora jaja).

Sobre el capítulo, no pienso darles ningún spoiler, solo disfruten!

Sin más que decir, los dejo con el capítulo. Enjoy!

Capítulo 20°: Miedo a Lo Inevitable

~Hermione's POV~

Una semana después

-No, ese no Parvati!- grité histérica mientras seguía caminando en el pasillo- El archivo de Rookwood! A éste lo metieron de nuevo a Azkaban hace un mes!-

Con una mirada de espanto, Parvati asintió deprisa y dio media vuelta para regresar a su oficina. Con un humor de los mil demonios, ese día corría de un lado a otro por los pasillos del Ministerio gritando órdenes a diestra y siniestra por todo el departamento, intentando por todos los medios sacar la enorme cantidad de trabajo que teníamos debido a la fuga de Rookwood que seguía pendiente y de paso olvidar el tema que me agobiaba desde hacía días.

Por supuesto, no estaba teniendo mucho éxito en ninguna de las dos.

Con una inhalación, di media vuelta para dirigirme de nuevo a mi oficina e intentar relajarme un poco.

-Rose - ante la mención de su nombre, mi asistente subió la cabeza de su trabajo para mirarme- Estaré en mi oficina, cuando tengas los reportes que te pedí me los entregas-

-De acuerdo, Herms-

Algo asustada ante mi humor de ese día, Rose continuo escribiendo los reportes con prisa y con algo de remordimiento, abrí la puerta de mi oficina para cerrarla de un ligero portazo. Una vez dentro, solté un largo suspiro cansado y con extrema lentitud me dirigí a mi silla y me dejé caer en ella sin ánimos.

Con la mirada pérdida en el techo, recordé de inmediato la razón por la que había evitado estar en mi oficina ese día.

Había pasado una semana desde aquél "incidente" en la Sala de Menesteres, y por supuesto, desde que había visto a Harry. Desde ese día había hecho hasta lo imposible para no topármelo o escuchar de él siquiera, y aunque no había sido sencillo, hasta ese día había funcionado.

Y por supuesto, el no saber nada de él me estaba matando lentamente. Y más cuando sabía que él sentía lo mismo.

Por lo que Neville y Luna me habían contado, Harry había intentado de todo para que volviéramos a vernos, e incluso en algún momento había contemplado la idea de ir a buscarme a casa. Pero gracias a todos los magos y las brujas existentes, aún no lo había hecho.

Y luego estaba también ese otro asunto. Soltando un suspiro frustrado, abrí el pequeño cajón a mi lado en el escritorio y como si fuera un objeto extraño, saqué la carpeta que había estado ahí las últimas dos semanas y la tiré en el escritorio frente a mí.

Con lentitud, abrí la cuidada carpeta y con paciencia observé todos y cada uno de los panfletos, folletos y hojas de información que me mostraban lo hermoso y mágico de aquél lugar, desde el hotel escogido por él, con todo y su vista a un precioso lago y sus montañas, hasta el tranquilo y colorido centro del pueblito.

Y a un lado de todo eso, dos boletos de ida y vuelta a Suiza en primera clase. Con fecha de salida para mañana.

Por supuesto, aún no tenía idea de que rayos iba a hacer con ellos.

-Demonios, Ron-

Antes de poder seguir maldiciendo más a mi pobre y seguramente satisfecho esposo, la puerta de mi despacho se abrió y con una sonrisa algo tímida Rose comenzó a caminar hacía mí con tres carpetas en su mano.

-Hermione, aquí te traigo los…-

No terminó. En aquél momento y como si alguien la hubiera golpeado, se detuvo frente a mí y abrió sus ojos de par en par aterrada. Sin entender muy bien que le había pasado, me levanté preocupada para acercarme a ella, y entonces lo sentí.

Un ambiente frío y pesado inundó el lugar por completo de golpe, como si en aquél momento un millón de dementores hubieran entrado a la oficina y se hubieran instalado encima de nosotros.

-¿Hermione?-

-Tranquila Rose, tranquila-

Dije con algo de miedo también, y enseguida tomé mi varita que se encontraba detrás de mí, buscando en todas direcciones a lo que fuera que estuviera causando aquello. Y entonces, una fuerte y sedosa voz comenzó a escucharse con fuerza.

-"Hola Harry Potter…¿Te acuerdas de mí?"-

Extrañada al oír el nombre de Harry, fruncí el ceño y miré en todas direcciones para encontrar al autor de esa voz, solo para darme cuenta que se estaba comunicando a través de un encantamiento y que se escuchaba en todo el Ministerio.

-"Supongo que sí, después de todo lo único que has hecho los últimos cuatro meses ha sido buscarme por todos lados, sin mucho éxito por supuesto"-

Abrí mis ojos de par en par. Era Rookwood.

-"Pero tengo una propuesta que no podrás rechazar"- continuó la voz, suave pero furiosa retumbando por el lugar-"Enfréntate conmigo esta noche, y terminemos con esto de una vez por todas"-

Sin poder evitarlo, mi mano aferró con más fuerza la varita de manera inútil al escuchar aquello.

-"Ven y búscame solo, sino tu departamento y todo el Ministerio sufrirá las consecuencias"- frente a mí, Rose escuchaba también atenta-"Si ésta noche no te veo en el lugar que te indicaré más adelante, mataré a todos los malditos que se hacen llamar tu familia y amigos, qué aunque no te quedan muchos sé perfectamente quienes son"-

Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza al escucharlo. El tono de su voz no era otro más que el de amenaza pura. El tipo hablaba en serio.

-"Tienes dos horas, y te quiero solo"- el pánico me atacó por completo al escuchar la última palabra-"Es mi última palabra Potter, no lo cumples y te atienes a las consecuencias"-

Y tan rápido como comenzó, la suave voz dejó de escucharse y todo a nuestro alrededor volvió a su temperatura normal, como si nada hubiera pasado. Con mi respiración agitada y mis ojos abiertos de par en par, miré a Rose quien frente a mí parecía haber recuperado el control.

Yo por mi parte, no podía decir lo mismo.

-¿Hermione?- me llamó, acercándose a mí para tomar mis manos- ¿Estás bien?-

Mirándola con mis ojos desorbitados, me aferré a sus brazos e inhalé con fuerza.

-Harry-

Fue todo lo que pude decir, y antes de que Rose pudiera decirme algo más, abrí la puerta de mi oficina y salí disparada hacia el pasillo con un solo objetivo en mente.

Llegar al departamento de Aurores lo antes posible.


~Harry's POV~

Parado en el centro de mi oficina y con un montón de aurores vagando a mí alrededor mientras otros tantos corrían por el pasillo, tomé una profunda bocanada de aire y miré el suelo para calmarme.

Fuera de mi oficina, un montón de aurores pasaban de un lado a otro para detenerse en mi oficina y quedarse o salir de nuevo mientras a mí lado, Bill, Seamus, Dean, Percy, Arthur y otros aurores me miraban prepararme e intentaban descubrir de donde provenía el hechizo de la voz que recién habíamos escuchado.

Con la cabeza a punto de reventar por todo lo que estaba pasando, solo podía escuchar voces lejanas y gritos a mí alrededor por todo el departamento mientras me colocaba mi abrigo y buscaba lo que necesitaba para salir cuanto antes. .

En pocas palabras, en aquellos momentos todo era un perfecto caos.

-Logramos rastrear el origen del hechizo- escuché decir a Seamus, llegando agitado a mi escritorio abarrotado de gente- Vino de una coordenada a tres kilómetros de la Casa de Los Gritos, en los límites del Bosque Prohibido que están fuera de Hogwarts-

-Excelente Seamus- me di el tiempo de felicitarlo mientras me colocaba mis guantes- Asegúrate de comenzar a evacuar a todo el personal del departamento y cerrar todas las redes Flu, nadie debe entrar ni salir más que los que estamos aquí-

Con un asentimiento, Seamus salió disparado de mi oficina mientras yo seguía recogiendo mis cosas y dictando órdenes por todos lados.

-Loretta- miré a mi asistente a mi lado- Avisa a Kingsley que Rookwood por fin ha dado la cara, dile que me encargaré de la situación-

-De acuerdo-

Acercándose a mí lo suficiente para que lo escuchara aún sin verlo, Bill me miró de arriba abajo mientras yo seguía recolectando todo lo que necesitaba para largarme en busca de Rookwood. Aquella era la oportunidad que había estado esperando desde hace meses, y necesitaba encontrar a ese maldito cuanto antes.

-¿Planeas hacer lo que te dijo?-

Guiado por algo que identifiqué como adrenalina, miré a Bill mientras comenzaba a caminar hacia la puerta.

-Por supuesto, es la única oportunidad que tenemos-

Antes de poder responderme y de que yo pudiera llegar hasta la salida entre la gente a nuestro alrededor, la puerta de mi oficina se abrió de par en par para dejar pasar a la única mujer que había querido ver los últimos días y con la que había soñado todas las noches.

-Harry!-

Completamente desaliñada, con su respiración agitada y sus ojos brillantes, Hermione entró a mí oficina como alma que se la lleva el diablo y sin importarle el montón de gente que estaba a nuestro alrededor se acercó a mí para tomarme del brazo desesperada.

-Hermione! ¿Pero qué rayos…?-

Comencé sorprendido mientras detrás de Hermione, Bill me hacía una seña con las manos para darme a entender que el mensaje se había escuchado en todo el Ministerio, y por lo tanto, en el departamento de Leyes Mágicas.

Y por supuesto, Hermione lo había escuchado todo.

-Maldición-

Gruñí por lo bajo sin poderlo evitar. Ese maldito se había asegurado de asustar a todas las personas que amaba. Pegada a mí y con sus manos aún aferradas a mi brazo con fuerza, Hermione ignoró mi reacción y me miró suplicante.

-Harry, no vayas, por favor-

Aquella frase, dicha de la manera más desesperada y anhelante, me sorprendió tanto que abrí mis ojos de par en par, y algo extrañado por su comportamiento tan desesperado, la tomé de los hombros solo para darme cuenta que temblaba de pies a cabeza.

-No vayas- me repitió, aferrando sus manos a mis brazos que la sujetaban con fuerza.

-Tengo que ir Hermione- dije con tranquilidad, mirándola sereno- Ya escuchaste lo que dijo-

-Iré contigo entonces-

La firmeza y seguridad con la que dijo aquello fue tan fuerte, que estuve seguro que en ese momento podría acabar con un ejército de mortífagos ella sola. Sin poder evitarlo y de manera fugaz, las palabras de Rookwood sobre asesinar a mis seres queridos si no iba solo volvieron a mi cabeza y reprimí un escalofrío de terror solo de pensar en el peligro que corría Hermione.

Aunque adoraba aquella innata preocupación que hasta ahora ella ni siquiera se había dado cuenta que estaba demostrando, no podía permitir que su vida estuviera en peligro. Primero muerto antes que dejar que la tocaran.

-Por supuesto que no- dije con firmeza, aún con mis manos en sus hombros-Me quiere solo a mí, además es peligroso y no pienso arriesgarte- admití sin importarme que todos nos escuchaban-Ve con Bill a La Madriguera y espera allá- sin darle tiempo a más y dejándola con la palabra en la boca, la solté para seguir caminando hacia la salida-Seamus, que todo el departamento salga por las salidas de emergencia sin excepción-

-Harry no, por favor- la escuché decir mientras me seguía- No vayas, te lo ruego-

-¿Hermione, qué te pasa?- extrañado ante su actitud tan nerviosa y poco común en ella, me volví a ella y la miré con ceño-Tranquila- susurré sereno-Tengo que hacerlo, todo estará bien- di media vuelta para seguir caminando, pero su mano sobre mi brazo me detuvo de nuevo.

-No, Harry, llévame contigo-

-No Hermione!- exploté por fin, tomándola con fuerza de los hombros para hacerla entrar en razón- No pienso arriesgarte, entiéndelo-

Sin permitirle decir nada más pero sin soltarla, miré a Bill que se encontraba detrás de ella y respire profundamente.

-Bill, llévala a La Madriguera y no permitas que salga de ahí hasta que haya terminado con esto-

Como única respuesta, Bill asintió con seguridad y se acercó a Hermione para tomarla por el brazo con delicadeza.

-Harry, no, por favor-

Al escuchar aquél susurro convertido en un suave ruego, bajé mi mirada de nuevo a Hermione para toparme con sus hermosos ojos castaños mirándome suplicantes y tragué saliva con fuerza al darme cuenta que estaba por dirigirme a una posible emboscada.

Y frente a mí, tenía a la mujer que amaba mirándome anhelante, sin importarle que todos los presentes se dieran cuenta de su evidente preocupación. Por un momento quise besarla hasta la inconsciencia al darme cuenta de que esa podía ser la última vez que la veía.

Y sin embargo, me negaba a creer que eso sería todo para nosotros.

-Estaré bien, preciosa- besé su frente con ternura, conteniendo mis ganas de pegarla a mí- Lo prometo-

Susurré contra su frente, y sin darle tiempo a decir nada más, la dejé en brazos de Bill y miré a todos los que se encontraban a mí alrededor con serenidad. Sin una sola palabra, di media vuelta para salir de mi oficina de inmediato sin mirar en ningún momento atrás.

Estaba seguro que si lo hacía, vería aquellos hermosos ojos castaños y no podría irme.


~Hermione's POV~

Aquello no podía estar pasando, no a mí de nuevo. No a él.

Mirando el cielo encapotado y cubierto de nubes a través de una pequeña ventana de la sala de la Madriguera, me crucé de brazos y nerviosa regresé a mi lugar en uno de los silloncitos individuales para volverme a sentar.

Había hecho lo mismo unas veinte veces la última media hora.

Siguiendo mis pasos cuidadosamente, todos los que estaban cerca de mí me miraron sentarme para después seguir en sus asuntos o intentar seguir en ellos. Con toda la familia y las generaciones Weasley exceptuando a Ginny, Luna, Neville, Dean, Kingsley y Hannah, apenas cabíamos en la pequeña salita de La Madriguera.

Mientras seguíamos esperando a tener alguna maldita noticia de Harry.

Habían pasado exactamente cinco horas desde que saliera del Ministerio en busca de Rookwood, y desde el Ministerio, Seamus se había quedado para avisarnos de cualquier novedad por sí se requería de la intervención de mas aurores. Por órdenes de Harry, ningún auror podía acercarse al lugar a menos que Harry lo pidiera, y por supuesto había acudido solo a la cita tal y como Rookwood le había pedido.

Maldito necio, como le encanta dárselas de héroe. Pensé frustrada, intentando no delatar aún más mi desesperación.

Y con el sol ocultándose en el horizonte, Seamus no había dado ninguna seña. Aquella maldita espera me estaba matando.

-Ha pasado demasiado tiempo-

Después de minutos enteros de completo silencio, escuché la serena voz de George y levanté la vista para mirarlo. Sentado a mí lado en el borde del silloncito y de brazos cruzados miró el reloj en la pared a nuestro lado y después a Bill y a Kingsley.

-¿No deberían mandar aurores para ver qué rayos está pasando?-

Y no pude evitar agradecerle mentalmente que dijera en voz alta lo que me había estado preguntando desde hacía minutos.

-Lo sabemos, pero Harry dio órdenes estrictas de no mandar refuerzos a menos que él lo pidiera-

Aquello fue lo único y último que pude escuchar antes de perder la razón. Lo que había pedido ese necio era simplemente inaceptable, y no estaba dispuesta a permitir que su cabeza hueca e instinto de héroe lo llevaran a cometer alguna estupidez.

-Eso no importa- dije por fin desde mi lugar, y las casi veinte cabezas que estaban en la sala voltearon a mirarme- Ya pasaron casi seis horas y no hemos sabido nada de él, Kingsley-

Frente a mí, Kingsley y Bill intercambiaron una mirada preocupada y después volvieron a mirarme. Afuera, escuché el primer estruendo de un trueno a la distancia y reprimí un escalofrío al darme cuenta que la noche había caído y el clima no pretendía ayudar mucho.

-Podría resultar peor para Harry, Herms- comenzó Bill, mirándome con suavidad- Además, Seamus nos dijo que nos informaría de cualquier novedad y…-

-Pero si no ha informado absolutamente nada!- comencé a reclamar algo exaltada- Harry podría estar necesitando ayuda y nosotros seguimos aquí sin…-

-Lo sé, Hermione- me cortó sereno, como siempre- Pero Rookwood fue muy claro y Harry no quiso correr ningún riesgo, él dio órdenes claras de que…-

-Al demonio con las órdenes de Harry, Bill! No podemos seguir aquí esperando sin hacer nada!-

Lo corté con voz alzada, e incapaz de soportar un momento más encerrada ahí, me levanté de mi lugar en un santiamén y miré a los dos aurores frente a mí con la respiración agitada mientras todos los presentes me miraban con ojos desorbitados.

Al demonio con todo y con todos, no podía seguir fingiendo. Sabía que probablemente estaba comportándome de manera irracional, pero sinceramente me importaba un verdadero sorbete lo que todos pudieran pensar.

Afuera, la lluvia comenzó a caer con fuerza.

-Hermione, entiende que es peligroso…-

A mi lado, George miró a su hermano mayor y se levantó también de su lugar, casi igual de desesperado que yo.

-¿Peligroso?- comenzó irónico- ¿Más peligroso que Harry solo contra ese demente? Por Merlín!- levantó sus brazos al cielo- Harry podría estar…-

-George!- desde el otro lado de la sala, Molly alzó la voz con fuerza- Ni siquiera lo digas-

De todos modos, no necesitó terminar. Como si me hubieran dado una fuerte bofetada, abrí mis ojos de par en par y algo dentro de mí se desplomó de manera casi inmediata. Por fin alguien había dicho lo que había estado rondando en mi mente todo ese tiempo, y darme cuenta que no era la única que lo pensaba me dejó sin aliento.

Con mi corazón en un puño y con todo volviéndose borroso a mí alrededor, me dejé caer en el sillón detrás de mí con fuerza y miré el piso sin prestar atención a nada más.

Harry podría estar muerto.

La mera idea me causó un terror indescriptible. Harry muerto. Aquellas dos simples palabras se repitieron una y otra vez en mi mente, y por un momento quise soltar un grito de frustración al descubrir lo que eso significaba para mí.

Sin poder evitarlo, recordé aquella terrible sensación cuando cinco meses atrás me encontraba frente a la tumba de mi esposo. Abriendo mis ojos de par en par, me di cuenta que aún sin saber muerto a Harry, me dolía igual o aún más que lo que me había dolido cuando había enterrado a mi esposo.

En ese momento me di cuenta que la mera idea de perderlo me mataría en ese mismo instante, y el simple hecho de pensarlo me devolvió a la realidad de inmediato. No podía volver a pasar por lo mismo. No con el amor de mi vida.

No con Harry.

Como si me hubieran dado un golpe, levanté mi mirada para toparme con veinte pares de ojos mirándome preocupados y estuve de pie de nuevo en un santiamén.

-No puedo seguir aquí- dije simplemente, tomando mi varita que estaba en el sofá- Voy a buscarlo-

-¿Qué?- Luna se levantó a mi lado- ¿Te has vuelto loca?-

-Claro que no, no puedo seguir esperando aquí sin tener noticias de él- comencé a caminar hacia la puerta- Seguramente Seamus sabe donde está-

A mi lado, la mano de George sobre mi brazo me detuvo y lo miré con ceño.

-Tú no vas a ningún lado- dijo con firmeza sin soltar su amarre.

-Suéltame George- pedí entre dientes, frustrada- No pienso quedarme aquí-

Antes de poder decir algo más, Molly se acercó rápidamente y junto a George y Luna se colocó a mi lado para mirarme preocupada mientras los demás presentes se levantaban de sus asientos, como preocupados de que cometiera una estupidez.

¿Pero qué rayos les pasaba?

-Cariño, tranquilízate, Harry seguramente…-

-No me pidas que me tranquilice, Molly- la corté de inmediato, mirándola con ojos acuosos- No puedo quedarme aquí sin saber nada de él- seguí forcejeando por zafarme del amarre de George- No cuando podría estar muerto!- alcé la voz- Tengo que hacer algo…-

Sabía que estaba actuando de manera histérica e irracional, pero no me importaba. Lo único que quería en esos momentos era largarme de ahí y buscar a Harry, sin importar a quien tuviera que quitar de en medio para lograrlo.

-No vas a solucionar nada, Hermione- continuó Luna a mi lado- Mejor espera a que…-

-Por supuesto que no- dije sin lugar a discusión, forcejeando todavía- Suéltame George! Tengo que ir a…-

El sonido de alguien apareciéndose me calló de inmediato.

-Tú no vas a ir a ningún lado, mujer necia-

Aquella frase, dicha por la única voz que había querido escuchar durante las últimas horas, me sacó por completo de mi discusión y dejando de forcejear abrí mis ojos de par en par para mirar en dirección a donde había provenido el sonido.

Parado en el umbral de la puerta, con respiración agitada, su ropa manchada de sangre y completamente empapado, Harry nos miró con una media sonrisa y ojos cansados.

Y estaba vivo.

-Harry!-

Sintiendo que volvía a respirar con normalidad y sin importarme que las veinte personas en la sala estuvieran viéndome, me zafé del amarre de George para correr a su lado.


~Harry's POV~

Cuando puse el primer pie en la acogedora de la Madriguera, algo débil y definitivamente agotado, todo a mí alrededor se volvió un verdadero caos.

Solo fui consciente de Hermione, quien temblando de pies a cabeza, se pegó a mí mientras sus manos se aferraban al cuello de mi camisa con fuerza. Y con aquellos brillantes y hermosos ojos castaños mirándome preocupados, sentí algo de calidez regresar a mi helado cuerpo.

Sin poder evitarlo, una descarga de inmenso alivio me invadió al darme cuenta que de nuevo la tenía junto a mí.

-Harry…¿Estás bien?-

-¿Estás herido?-

-¿Te pasó algo?-

-Angelina, ve a calentar un té por favor!-

Agobiado por tantas preguntas y tanto lío a mí alrededor, caminé ayudado por Hermione hasta el sofá principal de la sala mientras todos los presentes se movían a mí alrededor como si el fin del mundo estuviera cerca.

Una vez en el centro de la sala me dejé caer en el sofá con fuerza con un montón de miradas aliviadas sobre mí. Con Hermione sentada a mi lado y Molly en el otro, George se paró frente a mí y me miró con preocupación mientras yo comenzaba a quitarme mi abrigo con ayuda de Molly.

-¿Dónde está Rookwood?-

-Muerto-

Ante aquella simple palabra que más bien sonó como un quejido frustrado, todos a mí alrededor exhalaron con alivio. A mi lado, el suspiro de Hermione me llenó los oídos y tuve que contener mis ganas de mirarla.

-Bien, habrá que recoger el cuerpo y mandar un comunicado al Ministerio para arreglar todos los papeles- Kingsley se adelantó para mirarme tranquilo.

-Sí- respondí con dificultad- Ahora mismo haré que…-

-Por supuesto que no- me cortó de inmediato- De eso nos encargaremos Bill y yo- dijo dirigiéndole una mirada a Bill, quien asintió a su lado- Lo que tú tienes que hacer es descansar, ya has hecho suficiente-

Finalmente y después de varias maniobras, logré quitarme el montón de abrigos mojados y helados mientras sentía la mirada de Hermione examinarme con cuidado.

-Estoy bien- repuse simplemente y a mi lado, sentí la mano de Hermione tensarse sobre mi brazo- No fue…-

-Estás herido-

Me interrumpió bruscamente, y con ojos desorbitados miró aterrada la enorme mancha de sangre que se extendía sobre el brazo de mi camisa blanca. Al parecer, se había dado cuenta que la sangre no era de Rookwood sino mía. Contuve una maldición.

-No es nada, Herms…-

-¿Cómo no va a ser nada? Estás sangrando!-

Ante aquella simple frase el caos a mí alrededor volvió a reinar sin darme tiempo a decir absolutamente nada por evitarlo. Antes de poder hacer algo, Molly se paró a mi lado y comenzó a gritar órdenes como solo ella sabía para después mirarme con ternura en sus húmedos ojos.

-Hermione, lleva a Harry arriba para curarle esa herida- dijo sin lugar a discusión y miró a Fleur- Fleur querida, busca ropa limpia y seca para que Harry pueda cambiarse- volvió a mirarme- Tú, ve arriba y no discutas ¿De acuerdo?-

Con sus nervios delatando una innata preocupación, Hermione me ayudó a levantarme y sin darme tiempo a nada comenzó a arrastrarme escaleras arriba rumbo a la habitación que era de Charlie.

Enternecido hasta la médula de aquél comportamiento tan encantador que Hermione estaba teniendo y del que no se daba cuenta alguna, giré mi cabeza para mirar suplicante a Molly quien, con una simple sonrisa y una mirada a George, le indicó con un movimiento de cabeza que nos siguiera y no me dejara solo para lidiar con Hermione.

Después de todo, ella también la conocía lo suficiente para saber que no estaría quieta hasta que se asegurara que no tenía nada. Eso, aunado a la extraña actitud nerviosa que Hermione había estado teniendo todo el día, no auguraban nada bueno para mí esa noche.

-Herms, estoy bien, en serio-

No contestó. Una vez en el cuarto de Charlie y sin darme tiempo a discutir, descorrió los enormes doseles de la cama y me obligó a sentarme en el borde del colchón para después mirar a George.

-George, trae las pociones de primeros auxilios- le pidió sin rodeos mientras se sentaba a mi lado y quitaba las colchas que cubrían la cama- Están en la alacena de la cocina-

-Hermione- insistí, mirándola suplicante- Es un simple rasguño, en serio-

-Y un cuerno, Potter- murmuró entre dientes- Por favor, George-

Frente a nosotros, con ojos desorbitados y con la mandíbula desencajada, George nos miró alternadamente como si fuéramos un par de locos discutiendo. Consciente de que no podría ganar la batalla contra Hermione, me llevé la mano a la cara y la pasé por mi rostro derrotado.

-Pe…pero…-

-Por el amor de todos los magos, George- dije, mirándolo suplicante- Hazle caso y trae las pociones-

Conteniendo las ganas de reírse ante mi expresión desesperada, George solo atinó a componer una sonrisa traviesa y dando una media vuelta salió del cuarto por las benditas pociones para dejarnos completamente solos.

-Quítate la camisa-

Me ordenó en cuanto George cerró la puerta detrás de él, y creyendo que había escuchado mal, la miré con ceño solo para darme cuenta que hablaba completamente en serio.

-Hermione, en serio, no es más que un simple rasgu…-

-Deja de decir eso, Harry- me cortó sin darme opción de discutir- Quítate la camisa para poder curarte-

Sin más remedio que obedecer a su orden, entorné los ojos y conteniendo una sonrisa comencé a deshacer los botones de mi camisa mientras ella acercaba una cómoda silla y se sentaba frente a mí para examinarme con cuidado.

En cuanto mi torso estuvo completamente desnudo, tomó mi camisa y la aventó en la cama detrás de nosotros mientras seguía con su extenso escrutinio sin perder la concentración. Me miraba con cuidado y detenimiento, y en algún momento me pareció que más que examinarme se estaba asegurando de que en realidad a quien tenía frente a ella era a mí y no a alguien más.

Sin poder evitarlo, sonreí ligeramente y contuve las ganas de tomarla entre mis brazos para probarle que era más que real.

En algún momento la puerta se abrió mientras un sigiloso George entraba con un montón de pociones y gasas en las manos. Abriendo sus ojos de par en par ante la escena dejó las cosas en la mesita a su lado y compuso una sonrisa traviesa para salir de la habitación mientras me dirigía una mirada maliciosa.

-Hermione- la llamé de nuevo sin éxito.

En cuanto dije eso, sus manos se posaron sobre mis brazos y mi pecho para seguir con su escrutinio que al parecer había dejado de ser completamente visual. Conteniendo una maldición, me obligué a tomar aire y reprimí un escalofrío de placer al sentir sus suaves y cálidas manos sobre mi fría piel.

Y al ser consciente de que detrás de nosotros había una enorme y cálida cama con dosel que tenía mucho tiempo sin usarse.

Maldición.

-Hermione, ya te dije que no tengo nada…-

-Eso lo decidiré yo-

Decidiendo que no tenía más caso discutir, entorné los ojos y finalmente Hermione llegó a aquella pare de mi brazo que se encontraba más herida, solo para descubrir que en efecto no se trataba más que de un corte largo y nada profundo que había sangrado lo suficiente para hacerlo ver escandaloso.

Con una mirada apenada Hermione alzó las cejas ligeramente y enderezándose en la silla formó un simple "Oh" con sus labios.

Sin poder evitarlo, yo sonreí de manera triunfal y la miré despreocupado.

-Te dije que era un simple rasguño-

-Creí…creí que era grave- se defendió algo ofendida.

-Eso fue evidente- repliqué- Todos pudimos verlo, estuviste a punto de hacer que a George le diera un infarto con tanta histeria-

Ignorando por completo mi evidente sarcasmo, Hermione frunció sus labios en una mueca arrogante y se levantó de su asiento para caminar hasta la mesita en donde George había dejado las pociones. Sin mirarme, se sentó de nuevo en la sillita frente a mí y comenzó a preparar todo para curarme.

-¿Qué haces?-

-Tienes un montón de cortes en la cara, mínimo esos tengo que curarlos-

Sin darme tiempo a discutir, tomó mi rostro con una de sus manos y en esa forma delicada que solo ella conocía, comenzó a limpiar las pequeñas heridas de mi cara mientras yo luchaba por no besarla como había querido desde que estuviéramos solos.

Sin más remedio que contenerme, aspiré profundamente y me dejé curar mientras ella seguía con la tarea de aplicar las pociones sobre mis heridas.

En algún momento y después de unos segundos de completo silencio, Hermione tragó saliva y subió los ojos para mirarme con seriedad.

-Qué…- limpió un profundo corte en mi labio- ¿Qué fue lo que pasó?-

Al parecer, y después de todo el caos que había reinado en la casa desde que había entrado, Hermione quería saber cómo era que Rookwood había terminado muerto y yo vivo e ileso.

De inmediato, las imágenes sobre la pelea desfilaron sobre mi mente como en una película y solté un largo suspiro cansado.

-Cuando llegué al lugar que me indicó, Rookwood tenía ya tiempo esperándome- dije simplemente– Me tenía preparada una emboscada, pero lo conocía lo suficiente para adelantarme a sus movimientos-

Sentí el ardor de la poción penetrar en mi herida de la frente y solté un escalofrío involuntario. Frente a mí, Hermione compuso una mueca de preocupación y siguió tallando la herida con cuidado mientras su mano disponible acariciaba mi mejilla de manera inconsciente.

En algún momento el ambiente a nuestro alrededor se había vuelto más cargado, y con su rostro a escasos centímetros frente a mí mientras me miraba con preocupación, intenté pensar en cualquier otra cosa para no cometer una estupidez.

-Siempre fue algo bruto, pero ésta vez parece que se preparó lo suficiente y tenía todo planeado- me encogí de hombros, intentando aligerar la situación- No me quedó más remedio que matarlo-

En todos mis años como auror no había matado a ningún mortífago además de Voldemort, pues a pesar de que mi deber era eliminarlos había jurado que jamás me convertiría en una persona parecida a ellas.

Hermione lo sabía, y aunque lo dije con la mayor frialdad posible, no me creyó ni por un instante y solo atinó a mirarme con tristeza.

-No tenías opción, Harry-

Sin saber que responder a eso, me limité a encogerme de hombros mientras Hermione guardaba las cosas en el pequeño maletín de pociones y se levantaba. Durante unos momentos que parecieron eternos, me miró con suavidad parada desde su lugar hasta que finalmente tomó el maletín en su mano y se subió a la cama a mi lado.

-¿Hermione?-

Sin mirarme, se enderezó lentamente hasta hincarse sobre el mullido colchón mientras yo contenía la respiración, completamente idiotizado con el movimiento suave y sensual de su cuerpo mientras se movía por la cama hasta quedar acomodada detrás de mí.

-Tienes un montón de cortes en la espalda- susurró en mi oído con suavidad- También hay que curarlos-

Abrí mis ojos de par en par y me tensé de inmediato mientras la sentía abrir sus piernas para acomodarlas a cada lado de mis caderas. Recordé una situación similar meses atrás y sin poder evitarlo, cerré mis puños con fuerza y los apoyé en mis rodillas.

El ambiente que ya me parecía cargado se volvió borroso al instante, y sin embargo, ella parecía no darse cuenta de lo que hacía.

A esa mujer le encantaba torturarme.

-Te va a doler un poco- dijo mientras comenzaba a frotar las pociones con las yemas de sus dedos- Pero no tardaré mucho-

Sin saber que responder, contuve una exclamación de sarcasmo y me obligué a tomar aire con profundidad mientras la dejaba curarme.

En aquellos momentos, mis arañazos y cortes eran el menor de mis problemas. Pero conociendo a Hermione no estaría quieta hasta que hubiera curado la más mínima herida de mi cuerpo, así que me obligué a pensar en otra cosa y seguí hablando.

-Al parecer, la única falla de su plan es que no tenía ningún aliado que lo ayudara- comencé mirando los doseles- Pero de todos modos me la puso demasiado difícil-

Recordé de nuevo aquella larga pelea y las numerosas veces que creí que todo estaría perdido para mí. Y sin embargo, en aquellos momentos estaba ahí, vivo, ileso, y siendo curado por la única mujer en la que había pensado mientras todo parecía perdido.

-Fue una suerte que saliera vivo-

En el momento justo que dije aquello, los suaves movimientos de Hermione sobre mi espalda se detuvieron y la sentí bajar sus manos para quedarse estática en su lugar detrás de mí. Extrañado por la repentina pausa, fruncí el ceño y miré a Hermione por encima de mi espalda, solo para darme cuenta que miraba mi espalda como si fuera a desaparecer en cualquier momento.

-¿Herms?-

Antes de poder decirle algo más, Hermione dejó las cosas en el colchón y ante mi evidente sorpresa, se acurrucó contra mi espalda y hundió la frente en mi cuello.

-Estaba tan preocupada- se sinceró por fin, hablando en un susurro entrecortado- Creí que te pasaría algo…que no…-

Sin darle tiempo a decir nada más y enternecido hasta la médula por su actitud, di media vuelta sobre mi lugar y mirándola con suavidad la tomé entre mis brazos para acurrucarla en mi pecho.

-Hey, hey- la tomé de la barbilla con suavidad para mirarla a los ojos- Tranquila preciosa, aquí estoy- sonreí mientras llevaba mis manos a su rostro y la miraba- Vivo y entero, ¿Ves?-

Después de unos minutos que parecieron eternos y sin responder absolutamente nada, Hermione huyó mi mirada y bajó la cabeza para mirar sus manos. Con una suave sonrisa, la estreché más entre mis brazos y solté un suspiro aliviado contra su cabello.

No podía creer lo afortunado que era de tener a Hermione en mis brazos en aquél momento, y con gran sorpresa, me di cuenta que durante las últimas horas todo lo que había hecho lo había hecho pensando en volver a verla.

Sonriendo ligeramente al darme cuenta de eso, volví a tomar su barbilla para mirarla a los ojos, solo para darme cuenta que estaba llorando. Conteniendo la respiración, tomé su rostro entre mis manos y acariciando sus mejillas bañadas en lágrimas, miré sus ojos con el corazón en un puño.

-¿Por qué lloras, Hermione?-

Con las lágrimas aún cayendo por sus ojos, Hermione llevó sus manos a mis mejillas y paseó su mirada por mi rostro mientras me acariciaba con suavidad.

-Creí que te perdería-

Dijo sinceramente, y por un momento me limité a mirarla sin decir absolutamente nada y con el corazón latiéndome con fuerza. Que Hermione me demostrara su preocupación era común, pero que lo dijera con palabras y de aquella manera era algo nuevo para los dos.

-Si algo te pasara no podría seguir viviendo, Harry-

Aquella revelación, tan sincera como sencilla, me golpeó tan fuerte que abrí mis ojos de par en par.

Por unos instantes que parecieron eternos, me limité a mirarla como si no hubiera escuchado bien. En todo ese tiempo, Hermione jamás me había dicho nada de sus sentimientos, y aunque estaba seguro que ella me amaba como yo a ella, escucharla decir aquello me había dejado de una pieza.

Hermione no podría vivir sin mí. Aquella revelación era tan fuerte como increíble, y helado en mi lugar, la miré con profundidad mientras ella me devolvía la misma mirada acuosa solo para darme cuenta que yo también la necesitaba como un desquiciado.

Guiado por completo por aquella idea y con el corazón latiendo de emoción, bajé mi rostro hasta que nuestras frentes se cruzaron y finalmente me rendí ante la batalla con mi interior.

Y sin pedir permiso alguno pegué mis labios a los suyos en un beso.


~Hermione's POV~

No podía vivir sin él. Aquella era la simple realidad, por más que me costara admitirlo. Lo amaba con todo mí ser, y estaba condenada a hacerlo para siempre.

Con los labios de Harry pegados a los míos en un suave y lento beso que me dejó sin aliento, solté un lento gemido de alivio y correspondí a su beso mientras mis palabras se repetían en mi mente.

No podía creer que después de tantas horas de angustia al fin estaba ahí, y completamente cegada por la deliciosa sensación de tenerlo de nuevo entre mis brazos rodeé su cuello con mis brazos y me pegué a él en una muda petición a que continuara.

Por supuesto, no necesité más para que él entendiera, y al parecer igual de complacido que yo por la respuesta, me empujó lentamente contra la cama hasta dejarme boca arriba en el colchón mientras él se acomodaba para seguirme besando.

Con su delicioso y cálido peso encima de mí.

-Harry-

Sin darme tiempo a decir nada, Harry volvió a besarme, manteniéndome apresada entre el colchón y su cuerpo mientras mis manos jugaban con su cabello. Era un beso suave, lento, tranquilo. Tierno. A diferencia de muchos otros desesperados que nos habíamos dado tantas veces, esta ocasión todo era diferente.

Disfrutábamos sin prisas, en una especie de mudo acuerdo donde lo único que importaba era que en aquellos momentos estábamos juntos.

Que él estaba vivo.

Sus brazos me ceñían con fuerza por la espalda, tanto que por un momento creí que podría quebrarme en dos como una simple astilla. Por supuesto yo no podía quedarme atrás, y completamente consciente de su cuerpo pegado al mío, llevé mis manos a acariciar su duro y firme torso desnudo y él soltó una maldición contra mis labios.

-Demonios, Hermione-

No le hice caso. Completamente extasiada por la idea de tenerlo ahí conmigo, con su cuerpo encima de mí mientras nos besábamos en la cómoda cama, recorrí la piel desnuda desde su espalda baja hasta sus hombros, disfrutando la deliciosa lentitud de sus labios moviéndose sobre los míos con ternura y de sus firmes músculos tensándose con placer debajo de mis manos.

Sin poder creer que estaba ahí, vivo y a salvo, cuando horas antes había estado aterrada de la mera idea de solo perderlo.

Con esa realidad golpeándome de lleno y guiada por ese pensamiento, me pegué más a él y abrí mis labios para permitirle mayor acceso a mi boca, arrancándole a Harry un gemido de satisfacción.

Estábamos tan perdidos en aquél beso, que no fui consciente de los pasos que subían las escaleras hasta que una fuerte y muy conocida voz resonó por toda la casa.

-Harry! ¿En dónde está? Tengo que verlo-

Era Ginny. Y estaba a punto de abrir la puerta de la recamara en donde Harry y yo nos besábamos como si no fuera a haber un mañana.

Conscientes de que estábamos a punto de ser descubiertos y arruinando el momento por completo, detuvimos el beso al instante y nos miramos con ojos desorbitados para después mirar a la puerta que se abriría en cualquier instante. Sin poder evitarlo, Harry soltó una imprecación.

-Maldición-

Con un ligero empujón de mi parte, nos separamos de manera casi inmediata y sin dejar de mirar la puerta cerrada nos alejamos lo suficiente mientras arreglábamos nuestras ropas y nuestro cabello desaliñados, intentando hacer que todo volviera a parecer normal.

Aún sin tener idea de lo que estaba pasando y con mi respiración acelerada, tomé el botiquín de pociones para dejarlo en la mesita a un lado de la puerta y Harry se terminó de abrochar la camisa en el momento justo que la puerta se abrió de par en par para dejar pasar a una agitada Ginny.

-Harry! Por Merlín!-

Sin siquiera reparar en mi presencia, Ginny pasó por mi lado y corrió hasta donde se encontraba Harry para sentarse a su lado, mirándolo con sus ojos centelleando de la preocupación y armando un revuelo tal que comparado con el mío, yo había estado calmada.

-Acabo de enterarme! Qué horror!- comenzó histérica, tomando el rostro de Harry entre sus manos para examinarlo- Mira como te dejó ese maldito!-

-Estoy bien, Ginny-

-Claro que no! Pudiste haber muerto!- continuó sin dejar de examinarlo- No debí haberme ido a esa maldita reunión de quidditch!-

Parada aún en el umbral de la puerta, Ginny no se había dado cuenta que los miraba con mis ojos abiertos de par en par.

-Ginny, ya te dije que no pasó nada-

-Por fortuna! ¿Te imaginas lo que pudo haber pasado? No quiero ni pensarlo-

Aquello fue lo último que pude escuchar. Sintiendo una opresión en mí pecho e incapaz de mirar la escena un momento más, di media vuelta y sin hacer el más mínimo ruido salí de la habitación para cerrar la puerta detrás de mí.

Soy una idiota. Pensé frustrada, apoyando mi frente en la puerta mientras normalizaba mi respiración. Una vez que me hube tranquilizado solté un largo suspiro y bajé las estrechas escaleras hasta el último piso. De pie en el umbral y con un semblante preocupado, Luna me esperaba desesperada y en cuanto sus ojos azules se cruzaron con los míos compuso una mueca de preocupación.

-Lo siento, Herms- dijo con angustia- Intenté detenerla, pero…-

-Está bien, Luna- la corté de inmediato, pasando por su lado para salir de la casa- Está donde debe estar-

Mirándome con sus ojos abiertos de par en par, Luna me siguió hasta la puerta del patio trasero y una vez afuera, me aferré a la cerca de madera que rodeaba la casa y tomé una profunda bocanada del aire que tanto necesitaba.

Y con la mente por fin clara y despejada, tomé una decisión.

-Herms-

-No Luna, no digas nada ¿Sí?-

-Vas a irte ¿Verdad?-

La escuché preguntarme con tristeza y dando media vuelta, inhalé profundamente y la miré con la poca serenidad que había logrado recuperar.

-Sí-

-Pero tú lo amas, necia!-

-Ya lo sé-

Por eso tenía que hacerlo. Precisamente porque me había dado cuenta de lo mucho que lo amaba y de lo peligroso que eso era para mí. Porque me había dado cuenta al estar a punto de perderlo como había perdido a Ron, que eso era algo que simplemente no podría soportar.

Porque Luna tenía razón, y de la única que tenía miedo de amarlo como lo amaba, era de mí.

Por eso mismo necesitaba alejarme de él. Huir de la verdad a la que ahora me enfrentaba era la única manera de salvarme.

-Por eso tengo que irme, Luna- mirando sus acuosos ojos azules, solté un largo suspiro mientras intentaba por todos los medios contener las lágrimas- Necesito irme-

Frente a mí, Luna solo atinó a mirarme suplicante.

Pero la decisión estaba tomada, y no pensaba retractarme.


¿Qué tal? ¿Con ganas de pegarle a Hermione, a Harry, a Ginny? ¿A los tres?

Hasta el siguiente capítulo ;)