"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Hola mis queridísimos lectores! Después de dos semanas de ausencia y un ligero colapso inspiracional que no llegó a mayores, aquí les tengo un nuevo capítulo que sé que los dejará en parte satisfechos. ¿Por qué? No planeo arruinárselos, pero espero que así sea. ;)
Hoy no tengo mucho que decir, salvo que el título dice mucho del capítulo. Como dato curioso, les daré unas cuentas pistas sobre el paradero de nuestra querida Hermione. Las divisiones en Suiza son algo curiosas y bastante diferentes a las que se tienen en mi país, pero con algo de información pude encontrar que Suiza se divide en 26 Cantones (Estados) y que estos a su vez se dividen en distritos y finalmente en municipios. Se puede decir que Hermione se encuentra en el municipio de Interlaken o "Entrelagos" para los de lengua hispana, en el canton de Bern o Berna. Si quieren googlearlo o buscar en algún lugar su referencia, estoy segura que quedarán igual de maravillados que yo y se darán cuenta que Hermione tendrá mucho en que entretenerse este capítulo ;).
No tengo más que decir, salvo que espero les guste el capítulo y esperen con ansias lo que sigue. ¿Qué sigue? Por supuesto que no planeo decir absolutamente nada.
Enjoy!
Capítulo 21°: Suiza
~Hermione's POV~
Con mi bolsa de viaje colgada de mi brazo derecho y mi abrigo en el otro, miré el tablero que anunciaba los próximos vuelos y tomé una larga bocanada de aire. Sentada en la amplia sala de espera y con un montón de gente a mí alrededor, mi mirada se paseó por los nombres de los distintos países y se detuvo en cuanto encontró el que buscaba.
Con el nombre "Suiza" en color verde en el tablero, miré la hora de salida y soltando un suspiro aferré mi boleto de avión en la mano. Faltaban quince minutos para abordar.
Para tomar un vuelo rumbo a aquél mágico lugar escogido por mi esposo para mí, que me alejaría de Londres, de mi familia y amigos, de mi trabajo y de mi hogar durante tres largas semanas. Pero sobre todo, que me alejaría de él.
¿Qué rayos estás haciendo, Hermione? Me preguntó mi conciencia confusa, y soltando un largo suspiro meneé mi cabeza y me obligué a continuar con los ojos abiertos. Habían pasado apenas cuatro horas desde que hubiera dejado La Madriguera sin despedirme absolutamente de nadie más que de Luna, y a las cinco de la mañana y sin haber dormido nada en toda la noche, en aquellos momentos era una especie de cadáver viviente que necesitaba una buena dosis de café o de sueño.
O tal vez, lo único que necesitaba era subirme ya a ese avión, antes de arrepentirme y salir corriendo en dirección opuesta al aeropuerto. Es lo mejor, le había dicho a Luna apenas unas horas antes, y ahora me lo repetía internamente una y otra vez mientras esperaba el llamado al avión que me llevaría a "Mi Luna de Miel" individual.
Porque en efecto, lo mejor que podía hacer era aprovechar aquél hermoso y último regalo que mi esposo había planeado para mí. Pero sobre todo, lo mejor era alejarme de él.
-Pasajeros con destino a Suiza, favor de abordar por la puerta lateral-
La suave y cadenciosa voz de la mujer por altavoz me sacó de mis cavilaciones y dando un respingo, aferré mi bolso con fuerza y miré el boleto en mi mano. Al parecer esos quince minutos se habían ido volando, o simple y sencillamente había perdido noción del tiempo. De lo que estaba segura, es que lo único que me quedaba por hacer era levantarme de esa silla y entrar al maldito avión de una buena vez.
Bien Hermione, ahora sube al maldito avión. Me gritó mi conciencia molesta.
Y con aquella simple orden interna, me levanté de la silla que había estado ocupando la última hora y tomando todas mis cosas caminé hasta la fila que comenzaba formarse en el pasillo y frente a la puerta que conectaba con el avión.
-Buenos días, señorita- el saludo de la azafata me sacó de mis cavilaciones, y sorprendida me di cuenta que había llegado mi turno- Bienvenida a su vuelo- revisó mis papeles con rapidez para después entregármelos y sonreírme- Que tenga un excelente viaje-
Sin tener mucha idea de lo que estaba haciendo, miré solo un instante hacía atrás y después a la azafata a la que finalmente le devolví la sonrisa.
-Gracias-
Sin mayor ceremonia, tomé mis papeles y mi bolso hasta entrar en el estrecho pasillo que me conducía al avión. Una vez dentro, busqué el asiento que me correspondía solo para darme cuenta que era en primera clase y sorprendida, tomé asiento mientras contenía mis ganas de soltar un suspiro de enfado.
No cabía duda que Ron se había asegurado que ese viaje fuera inolvidable.
Aunque tuviera que hacerlo sola.
-Bien Ron- susurré, mirando por la ventanilla del avión mientras descansaba mi barbilla en la mano- Veamos que otras sorpresas me preparaste, maldito tramposo-
Y convencida de que seguramente ese pelirrojo se habría reído con fuerza al escucharme, solté un suspiro y me recargué contra el asiento para relajarme un poco.
O por lo menos, poder olvidar esos ojos verdes que estaba segura iba a extrañar como loca.
~Harry's POV~
El sonido de las cortinas descorriéndose me despertó de manera abrupta y frustrado ante la intensa luz del sol que amenazaba con penetrar mis pestañas, coloqué una mano sobre mis ojos y me enderecé con ceño para reclamarle al que fuera que hubiera interrumpido mi sueño. Finalmente terminé de abrir mis ojos, y extrañado observé todo a mi alrededor solo para darme cuenta que no estaba en mi habitación y que la cama con dosel en la que estaba no era la mía. Entonces como una película, todos los eventos de la noche anterior llegaron a mi cabeza y finalmente recordé el lugar en el que estaba y el motivo por el que estaba ahí.
En la habitación de Charlie, en La Madriguera, y con un increíble dolor en todo mi cuerpo. Y justo frente a mí, parada de espaldas a la ventana que ahora estaba descubierta de par en par, una mujer de cabello rubio me miraba de brazos cruzados.
Era Luna.
-Vaya, hasta que por fin te despiertas-
Dijo en un tono algo ácido, y extrañado fruncí el ceño para dejarme caer de nuevo en el colchón debajo de mí.
-¿Dormí mucho?- pregunté en un quejido, colocando mi brazo sobre los ojos para mitigar la luz que se colaba por la ventana.
-Solo unas doce horas, lo normal, tu sabes-
Aquél simple comentario pareció más un reclamo, y frunciendo el ceño ante la actitud hosca de Luna, que esperaría más bien que fuera de preocupación debido a mi estado y el hecho de que anoche había estado al borde de la muerte, retiré la mano de mis ojos y me enderecé para mirarla.
Aunque en realidad, a la única que quería ver en aquellos momentos era a Hermione, a quién después de que Ginny llegara y armara un escándalo, no había vuelto a ver. Y a la que necesitaba más que nunca.
-¿Qué te pasa?- pregunté algo ofendido por su evidente brusquedad- ¿Por qué el mal humor?-
Como única respuesta, Luna abrió la boca sin decir absolutamente nada y volviéndola a cerrar de golpe, se sentó en la silla frente a mí cama y me miró frustrada.
-Por nada- me ladró sin delicadeza- Bueno en realidad sí- se arrepintió, mirándome de brazos cruzados- Es que…- se detuvo, mirando al piso y después a mí de nuevo- Ay! Tú tienes la culpa de todo!-
Ante aquél grito, Luna abrió sus brazos de par en par y frustrada se volvió a acomodar en su silla mientras yo la miraba con cara de espanto. ¿Pero qué maldito mosco le había picado a Luna?
-¿Qué?- fruncí el ceño, enderezándome por completo en la cama para mirarla- ¿De qué estás hablando, Luna?-
-Harry- tomando aire con una larga bocanada, Luna se acomodó en su lugar y me miró unos instantes antes de hablar- Vengo solo a decirte algo de lo que tienes que enterarte antes de que salgas de ésta habitación: Hermione se ha ido ésta mañana-
Ante aquella simple noticia que me cayó como un balde de agua helada, solo atiné a abrir mis ojos de par en par sorprendido, como si no hubiera entendido bien lo que Luna acababa de decirme. Hermione se había ido. Las miles posibilidades que esa simple oración me traía eran tantas que sentí mi cabeza a punto de explotar.
-¿Se ha ido? ¿Cómo que se ha ido?- ante aquella pregunta, Luna se levantó de su lugar y caminó hasta la ventana para no mirarme a los ojos- Luna no hagas eso! Mírame!-
Obedeciendo como si se tratara de una niña pequeña a la que han regañado, Luna dio media vuelta en su lugar y me miró enfurruñada.
-¿Dónde está Hermione, Luna?-
-Lo siento Harry- serena como pocas veces se le podía ver, Luna se cruzó de brazos y me miró con su cabeza ladeada- Pero no puedo decírtelo- dijo simplemente, y yo fruncí el ceño ante la respuesta- Hermione me hizo jurar que no te lo diría, y aunque no estoy de acuerdo con eso, no pienso faltar a mi palabra- y en un evidente reclamo, añadió- Además mereces que no te lo diga, eres un bruto colosal-
Jamás había visto a Luna en esa actitud y hablarme de esa manera, y mucho menos ocultarme algo sobre Hermione cuando lo que ella siempre buscaba era que estuviéramos juntos. Pero tampoco podía decir que me sorprendiera cuando en efecto, estos últimos días y sobre todo anoche me había comportado como un reverendo idiota.
-Solo te puedo decir que se fue unas cuantas semanas, volverá en menos de un mes- continuó en un intento tal vez por calmarme y yo sentí que volvía a respirar al darme cuenta que no era definitivo- Necesitaba alejarse y estar sola un tiempo, y aunque me desespera su necedad, creo que estoy de acuerdo con ella en eso-
Por un momento no respondí absolutamente nada. Aún desconcertado por la noticia pero menos sorprendido, miré la pared frente a mí mientras pensaba en lo que Luna acababa de decirme y en lo que eso significaba. Hermione se había ido a sabría Dios donde, la única que lo sabía era Luna y al parecer no pensaba decirme y por más que eso me doliera, Luna tenía razón en hacerlo.
Sin mayor ceremonia, me dejé caer en las almohadas detrás de mí y coloqué mi brazo sobre los ojos para soltar un largo suspiro.
-Creo que yo también, Luna-
Aunque me dolía admitirlo, estaba totalmente de acuerdo en eso.
~Hermione's POV~
Con la mandíbula desencajada y mis ojos desorbitados, miré otra calle del hermoso, pequeño y pintoresco pueblito mientras mis manos se posaban en los vidrios de la ventana del auto como si fuera una niña pequeña que jamás en la vida había visto nada igual.
Y es que en realidad, así era.
Desde el momento que me había bajado del avión para sentir el intenso frío de Suiza calarme hasta los huesos, no había podido salir de mi asombro ante lo que mis ojos veían cada que miraban al frente. Como si los asientos en primera clase hubieran sido poca cosa, Ron también se había asegurado de contratar un chofer y un auto de lujo para llevarme desde Zurich hasta el pequeño pueblo donde me hospedaría, dándome un recorrido por los recovecos y las calles en las que estaría las siguientes tres semanas.
Incapaz de hilar un pensamiento coherente y mucho menos decir una frase congruente, me había limitado a quedarme callada mientras el amable hombre detrás del volante me platicaba a detalle sobre los lugares que veíamos en un excelente inglés. Guiada por el sonido de su voz, miraba a través de la ventanilla todos y cada uno de los lugares con asombro.
Desde verdes prados hasta enormes montañas y lagos mucho más extensos y brillantes que el Lago Negro de Hogwarts, así como calles estrechas y casitas típicas de la región adornando el centro del lugar, aquello era simplemente demasiado maravilloso para ser real.
"El lugar donde se hospedará es Interlaken, madame, uno de los lugares turísticos más reconocidos en Suiza y buscado por los recién casados". Me había dicho en algún momento y por supuesto, yo no había podido evitar soltar una ligera risa irónica ante el comentario. Después de todo, Ron había sido muy claro cuando había estipulado que ese era nuestro regalo de aniversario y algo así como segunda Luna de Miel.
-Muy bien, madame- la voz del chofer me sacó de mis cavilaciones- Hemos llegado a su hotel-
Con el corazón palpitándome de emoción y mi cara pegada a la ventanilla, abrí mi mandíbula de par en par para observar con atención el grande pero hogareño hotel que más bien parecía una cabaña gigante. Y en ese instante me di cuenta que el folleto no le había hecho justicia.
Una vez fuera en el increíble frío de Noviembre que en nada se comparaba al frío de Londres, dejé vagar mi mirada por el lugar mientras el chofer bajaba mis maletas de la cajuela y las colocaba a mi lado justo frente a la recepción. Sin poder creer muy bien que era lo que estaba pasando y algún algo aturdida, miré al hombre a mi lado quien, sonriente, me indicó con la mano el camino a la recepción.
-Que disfrute sus vacaciones, madame-
-Gra…gracias-
Segundos después escuché el motor arrancar detrás de mí, mientras yo aún parada frente al lugar, tomaba un largo suspiro y sonreía algo emocionada.
-Bien, Ron, veamos qué es lo que sigue-
Tomando las maletas de ruedas con ambas manos, caminé por el estrecho camino de grava hasta la recepción en donde una vez dentro, el cambio de temperatura fue tan extremo cómo agradable. En el momento que estuve ahí, mis ojos se perdieron en la maravilla del pequeño, hogareño pero a la vez lujoso lugar. Tapizado de madera oscura en las paredes, con una salita ostentosa y acogedora frente a una enorme chimenea de piedra oscura en donde crepitaba el fuego, la recepción se encontraba justo a un lado, donde una mujer rubia y de ojos azules se levantó de inmediato al verme.
-Buenos días, señorita!- me saludó en perfecto inglés, con sus ojos brillantes- Espero haya tenido un excelente vuelo-
Algo aturdida por tal recibimiento, me quedé estática en mi lugar y la miré como queriendo asegurarme de que se refería a mí. Pero a mi lado no había nadie más así que suponía que en efecto yo era la persona a la que le hablaba.
-Lo fue- parpadeé algo sorprendida- Muchas gracias-
-Seguramente estará cansada por el viaje, permítame llevarla hasta su suite- continúo sin darse cuenta de mi estado aturdido, y caminando sin dejar de verme, tomó una de las llaves que se encontraban pegadas en la pared detrás de la recepción- Seguramente ya estará limpia y lista-
-¿Su…suite?-
-Claro- con un movimiento de cabeza, le pidió al botones que tomara mis maletas- Sígame por aquí por favor-
Sin más remedio que obedecer y aún aturdida, seguí a la dulce mujer por el pasillo que conducía a las habitaciones del hotel, mirando todo a mi alrededor como si hubiera entrado en una realidad paralela. Si creía que la recepción era hermosa, se había quedado corta a comparación de los pasillos que, aún a puerta cerrada podía darme cuenta que las habitaciones eran un verdadero sueño.
Pero cuando salimos de esa sección del hotel a un hermoso y enorme jardín al aire libre, con las montañas como fondo y hermosos campos verdes alrededor, abrí mis ojos de par en par y miré a la mujer que caminaba a mi lado.
-Esas…- señalé con el dedo la sección del hotel que acabábamos de pasar- ¿Esas de ahí no eran las suites?-
-Ay no, por supuesto que no!- la mujer negó con ceño fruncido, casi ofendida por la pregunta hasta que finalmente nos detuvimos- Son éstas!-
Sonriente y efusiva, la mujer apuntó al frente en donde cuatro pequeñas y acogedoras cabañas ordenadas en fila se alzaban al final del jardín y sin poder creer lo que veía, seguí caminando boquiabierta hasta quedar justo frente a ellas.
-Ésta será la suya, señora- me dijo la mujer mientras subíamos los escaloncitos del pequeño pórtico de la segunda cabaña- Permítame mostrársela-
Y abriendo la puerta con la llave que llevaba, hizo un ademán con la cabeza para que pasara. Una vez dentro, miré a mí alrededor y como si fuera posible, abrí mis ojos aún más mientras mi mandíbula se desencajaba tanto que creí que no podría volver a cerrarla.
Era tan hermoso que por un momento quise darme un pellizco para ver si en efecto estaba despierta y aquello no era un sueño.
Adentro, el espacio era mucho más grande de lo que la pequeña cabaña revelaba por fuera. Parada en la puerta todavía sin poder moverme, observé la inmensa habitación en la que estaba, y que al igual que la recepción estaba tapizada en madera oscura en su mayor parte, dándole un toque tan acogedor que el frío ni siquiera se sentía.
Pegada a la pared a mi derecha, una enorme cama de altos barrotes y dosel se alzaba majestuosa en el centro de la habitación, cubierta de hermosas sábanas de seda verde y mullidos cojines que invitaban a tirarse en ella al instante. Al parecer el tema era el color verde. A mi izquierda y justo frente a la cama, se encontraban dos confortables sillones individuales encima de un hermoso tapete color esmeralda, dirigidos hacia la inmensa y hermosa chimenea de piedra oscura que en aquellos momentos se encontraba apagada pero estaba segura que podría calentar toda mi casa.
A un lado de la cama y justo en el extremo derecho y opuesto de la habitación, un inmenso ventanal de cortinas cerradas se alzaba frente a una pequeña y confortable salita de un sillón doble y una mecedora, como si los dos pequeños silloncitos no fueran suficiente para que alguien estuviera cómodo.
-Ahora se siente frío- la voz de la mujer a mi lado me sacó de mi ensueño- Pero una vez encienda la calefacción o la chimenea se calentará de inmediato- comenzó a caminar hasta el fondo de la habitación donde se encontraba una puerta de roble cerrada- Éste de aquí es el baño-
Sin más remedio que seguirla y aún ofuscada, la seguí hasta el baño en donde una vez adentro solo atiné a tomar aire con fuerza mientras mi mirada se perdía a mi alrededor.
Tan grande que casi podía ser la mitad de la cabaña, el baño tenía un retrete, un lavabo doble en mármol verde frente a un espejo tan inmenso que reflejaba toda la habitación y una inmensa regadera con cristales transparentes y chorros de agua que salían por todos lados. Y por si fuera poco, apostado en la esquina del baño y con otro amplio ventanal cerrado a sus espaldas, un gigantesco jacuzzi de hidromasaje completaba la decoración.
-Wow…- logré susurrar sin aliento, incapaz de creer lo que había visto en apenas una hora en ese lugar.
-Esos ventanales- dijo apuntando las ventanas cerradas del jacuzzi- Ahora están cerrados pero puede abrirlos cuando usted quiera para tener la misma vista que tendrá desde su cama-
-¿Vista?- saliendo de mi ensueño, meneé la cabeza sorprendida de que detrás de esos ventanales hubiera algo y miré a la mujer a mi lado- ¿Qué vista?-
Dirigiéndome una inmensa sonrisa risueña e invitándome a seguirla, la mujer salió del baño y caminó unos pasos hasta llegar al inmenso ventanal que se encontraba frente a la salita y a un lado de la cama, en el extremo derecho de la habitación.
-Ésta vista, señora-
En el momento mismo que descorrió las cortinas y la intensa luz de la mañana se coló por el ventanal de cristal, parpadeé varias veces para observar la famosa "vista" a la que se refería y por un momento sentí que me quedaba sin aire. Frente a mí y bajo un cielo tan azul como el de verano, un inmenso y cristalino lago se extendía por todo el lugar mientras al fondo y en un color tan verde como el que había en mi habitación, enormes montañas se alzaban majestuosas a su alrededor.
Por un momento recordé la vista que tenía desde mi habitación en Hogwarts y pude darme cuenta al instante que la sensación que en aquellos momentos sentía era idéntica a la que había sentido cuando había visto el Lago Negro por primera vez desde mi torre.
Sin poder creer lo que veía, abrí mis ojos de par en par y sonreí mientras llevaba una mano a mi pecho para sentir mi respiración agitada.
-Ron…eres un maldito-
Segura de que ese cumplido había llegado a los ojos de mi marido, seguí admirando aquella vista completamente maravillada.
~Harry's POV~
Una semana después
-Loretta, estaré en mi oficina y no quiero que nadie me moleste, por favor-
-S…sí Harry-
Sin darle tiempo a más y dejándola boquiabierta en su lugar, aventé la puerta detrás de mí de mal humor y caminé hasta la silla de mi escritorio en donde me dejé caer en ella sin cuidado. Conteniendo mis ganas de gritar, llevé las manos a mi rostro y sin poder evitarlo solté un suspiro frustrado.
Hacía ya una semana que Hermione se había ido y era la misma semana que no tenía noticias de ella. Sin saber donde rayos estaba, cuando regresaría ni cómo encontrarla o contactarla, Hermione parecía simplemente haber desaparecido de la faz de la tierra y Luna dispuesta a no decirme una sola palabra sobre ella.
-Demonios-
Frustrado, me levanté de mi silla para mirar la ciudad a través de la ventana de mi oficina, intentando pensar en cualquier otra cosa que no fuera en Hermione y lo mucho que la extrañaba. Aunque entendía los motivos por los que se había ido y no la culpaba por haberlo hecho, no tener una sola noticia sobre ella me ponía de un humor de los mil demonios, y en cierta forma me dolía que se hubiera ido de aquella manera tan brusca.
Que me hubiera dejado así.
Y luego estaba Ginny. Desde esa noche que había matado a Rookwood y que se enterara por boca de alguien que Hermione se había ido por un tiempo, la actitud ácida y desconfiada de Ginny se había convertido de nuevo en amabilidad, sonrisas y buen humor, que aunque no lo admitiría nunca, estaba seguro que era precisamente por el hecho de que Hermione se había ido.
Tampoco puedes culparla de su desconfianza, Potter. Me recriminó mi conciencia mientras todos los besos, abrazos y caricias compartidos con Hermione desfilaban por mi cabeza como una película. Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado alentado por el recuerdo y seguí mirando hacia fuera.
Aunque de todas maneras, Ginny no tenía ningún derecho a desconfiar de mí cuando entre ella y yo no había ningún vínculo más que el de mi hijo creciendo en su vientre, y por más que había intentado demostrárselo de mil maneras posibles, Ginny parecía dispuesta a intentar que todo volviera a funcionar entre nosotros.
Y aunque me frustraba que mi ex esposa no lo entendiera, más me frustraba que Hermione no lo hiciera. Y que por su maldita necedad estuviera arruinando no solo la oportunidad de estar juntos sino la felicidad de ambos.
Al parecer, entre ella y Ginny se habían propuesto a que yo hiciera justamente lo que iba en contra de mis deseos, y por un momento no sabía con quién sentirme más molesto y frustrado. Por supuesto, Luna también entraba en esa ecuación con su silencio.
-Maldición, Hermione-
Sin poder evitarlo y como siempre, mis pensamientos volvieron a la mujer que había comprobado iba a sacarme de quicio con su necedad. Por más que intentaba averiguar en donde podría estar, quebrándome la cabeza mientras pensaba en todos los lugares posibles en donde podría estar tanto tiempo, siempre volvía a donde mismo y solo atinaba a soltar un gemido de frustración.
Desde Hogwarts hasta La Madriguera, la casa de Luna hasta casa de sus padres, había visitado todos y cada uno de esos lugares solo para darme cuenta que Hermione se había ido de Londres y tal vez del país a solo Merlín sabía dónde.
De eso había pasado una semana, y no estaba seguro si podría soportar una más.
-Hermione, Hermione…- susurré su nombre mientras pegaba mi cabeza al borde de madera de la ventana- ¿Qué estarás haciendo en estos momentos?-
Y sabiendo que no obtendría respuesta alguna, no me quedó más remedio que soltar un largo suspiro y seguir mirando por la ventana.
~Hermione's POV~
Con una taza de chocolate caliente en una mano y el teléfono en otra mientras admiraba el paisaje a través de la ventana, intenté no entornar los ojos de nuevo al escuchar la voz de mi mejor amiga del otro lado de la línea.
-Eres una persona cruel- repitió Luna- Tu allá disfrutando de lo lindo y yo aquí esperando días a que te comunicaras!-
Sin poder evitarlo, contuve un suspiro al darme cuenta que tenía algo de razón. Habían pasado diez días desde que me había ido y a pesar de que le había prometido estar en contacto solo me había comunicado dos veces para decirle cualquier cosa, y por supuesto, los reclamos no se habían hecho de esperar.
-Lo sé Luna, es solo que…- miré de nuevo afuera y me arropé más en la ligera manta que llevaba encima- He hecho tantas cosas estos días-
Tan pronto como hube dicho eso, Luna olvidó su supuesto enojo y soltando un ligero gritito de emoción me pidió que le contara con lujo de detalle todo lo que había hecho los últimos días. Por un momento pude imaginarla acomodándose en su asiento como si le fuera a contar el mejor chisme del año, y sin poder evitarlo sonreí y negué con la cabeza. Luna era un caso perdido.
-Bueno, cuéntame, cuéntame-
Acomodándome más en la manta que tenía sobre mí, solté un largo suspiro y con una sonrisa le comencé a relatar la gran cantidad de cosas que había hecho los últimos días. Desde el primer día había descubierto con gran sorpresa por parte de mi amable casera que Ron tenía todo un itinerario planeado de cosas por hacer y lugares que visitar, y por supuesto ella se estaba encargando de que lo siguiera al pie de la letra.
Desde visitar el centro del pueblo y conocer los hermosos lugares al pie de las montañas hasta esquiar en ellas y viajar en bote por los lagos, había conocido el hermoso y pequeño pueblo de un extremo al otro solo para maravillarme cada vez más y olvidarme un poco de todo lo que había dejado en Londres.
De casi todo.
-Ay pero que increíble, Herms!- fascinada, Luna exclamó del otro lado de la línea- Quien iba a decir que Ron iba a darte esa sorpresa!-
Y vaya sorpresa. Sin poder evitarlo, sonreí al darme cuenta que yo tampoco lo habría esperado jamás. Y sin embargo, ahora no hacía más que sorprenderme al darme cuenta de que a pesar de siempre haber sido un despistado, mi esposo había sido conmigo un hombre dulce, cariñoso y detallista.
Y por supuesto, no podía evitar sentirme peor cada vez que recordaba al hombre que amaba y al que había dejado en Londres sin darle ninguna explicación.
-Lo sé- dije simplemente, mirando distraída el lago- Yo tampoco lo imaginé-
Durante unos segundos me limité a quedarme callada, incapaz de hacer la pregunta que había estado rondando en mi cabeza los últimos minutos. Sin embargo, conocía perfectamente a Luna para saber que la estaba esperando, así que soltando un largo suspiro aferré más el teléfono para hablar.
-Y…- dudé unos instantes- ¿Cómo están todos?-
Solté al final, incapaz de pronunciar la verdadera pregunta que originalmente tenía planeada y de la única que en realidad quería una respuesta. Del otro lado de la línea, pude escuchar el sonoro suspiro decepcionado de mi mejor amiga y yo solo me mordí el labio inferior.
-Bastante bien, Victoire y Fred te extrañan mucho, pero les dije que volverás pronto- dijo con un dejo de ternura- Les dije a Molly y a George que saliste de vacaciones pero no les dije a donde, no te preocupes- recalcó enseguida- Fleur me ha preguntado dónde estás pero le dije que no tenía idea-
-Bien-
Fue todo lo que contesté. Durante unos segundos que parecieron eternos me limité a quedarme callada, intentando formular la pregunta que en realidad quería preguntar sin hacer notorio mi evidente interés. Pero antes de poder decir algo, Luna me interrumpió y fue ella la que sacó el tema a colación.
-¿No vas a preguntar por él?-
Preguntó en un tono entre curioso y retador, y frustrada al darme cuenta que mi mejor amiga me conocía demasiado bien, reprimí una maldición y apreté más el aparato contra mi oído, exasperada.
-¿Cómo está?-
Durante unos largos instantes la línea permaneció en silencio hasta que finalmente escuché el largo gemido derrotado de mi amiga, que me indicó sin palabras la respuesta a mi pregunta de manera inmediata. O tal vez me indicó simplemente la frustración que ella sentía.
-¿Qué quieres que te diga, Herms?- replicó algo frustrada- Viene cada dos días a mí casa y de alguna manera siempre termina preguntando por ti- se calló un instante, como buscando alguna respuesta de mi parte- Me destroza no poder decirle donde rayos estás, solo porque tú me hiciste prometer que no lo haría!-
Espantada al darme cuenta que mi amiga comenzaba a flaquear en su convicción por mantener mi secreto, aferré más el teléfono a mí oído y la interrumpí de inmediato.
-Y lo seguirás prometiendo Luna- dije tajante, escuchando el quejido de mi amiga en respuesta- ¿De acuerdo?-
-Herms…-
-¿De acuerdo?-
No hubo respuesta por unos segundos, y paciente, esperé hasta escuchar el largo suspiro cansado de mi amiga al otro lado de la línea.
-De acuerdo, Herms- aceptó por fin, arrancándome una ligera sonrisa de alivio- Prometo no decirle nada a Harry, aunque no esté de acuerdo en eso en lo absoluto-
Sin poder evitarlo, solté un suspiro cansado ante la insistencia de mi amiga y seguí mirando el paisaje frente a mí.
-Es lo mejor, Luna- volví a repetir por enésima vez, intentando convencerme de que era cierto- Créeme-
Susurré aquella simple palabra sabiendo que en realidad la estaba susurrando para mí misma. Sin poder evitarlo, otro suspiró salió de mis labios mientras mi mente viajaba de nuevo al hombre en el que había estado pensando los últimos días.
Solo para preguntarme que podría estar haciendo en aquellos momentos en los que yo lo extrañaba como loca.
~Harry's POV~
Una semana después
Soltando un bufido frustrado, dejé caer mi cabeza en el respaldo de la silla detrás de mí para mirar a Luna cansado.
Dos semanas. Dos largas semanas habían pasado desde que Hermione se fuera y que no tuviera una sola noticia de ella. Para entonces, estaba al borde de la locura y me importaba un reverendo sorbete que Luna se diera cuenta de mi desesperación.
-Maldición, Luna- solté entre dientes frustrado, recibiendo a cambio una mirada compungida por parte de mi amiga.
-Lo siento, Harry- se disculpó por enésima vez- Pero no puedo decírtelo!- aunque sentí como siempre que su desesperación era real, no pude evitar mirarla con algo de recelo- Pero volverá en una semana, lo juro-
Aquello fue lo último que pude escuchar de sus labios y frustrado, llevé mis manos a mi rostro mientras soltaba un largo gemido frustrado.
-Una semana!- incapaz de continuar en mi lugar, me levanté rápidamente y comencé a caminar por la habitación- Una semana!- repetí, elevando las manos al cielo como buscando consolación divina- Luna, yo me volveré completamente loco en una semana, así que si esa es tu manera de reconfortarme, te informo que no funciona para nada-
-Lo sé, Harry, pero es lo mejor- repitió también por enésima vez- Los dos necesitan un tiempo a solas para que todo se tranquilice, después de lo que ha pasado es lo más sano-
Y aunque yo también sabía que era lo mejor, no pude evitar soltar otro suspiro cansado mientras me dejaba caer de nuevo en la silla detrás de mí. Sabía que Luna tenía razón, y aunque si bien no me gustaba el hecho de que Hermione se había ido sin despedirse ni decirme nada, la entendía por completo. Pero el no saber siquiera donde rayos estaba y no tener una sola noticia de ella en dos semanas era lo que me tenía completamente enloquecido. Porque ¿Quién me aseguraba que regresaría tan pronto? ¿Quién me aseguraba que estuviera solo en un viaje de vacaciones, y no hubiera tomado la ridícula decisión de quedarse para siempre en donde fuera que estuviera?
Hermione tendía a tomar decisiones equivocadas cuando era por el bien de los demás, sobre todo cuando se trataba de nosotros y nuestra relación.
-Ya lo sé, Luna- la miré frustrado, intentando hacerle ver que entendía esa parte de la ecuación- Pero no saber nada de ella me está matando, y tú estás ayudándola con sus tonterías!-
Frente a mí, Luna compuso una mueca algo compungida y me miró con ternura. Sabía que me entendía y al parecer compartía mi frustración ante la actitud de Hermione y sin embargo, también parecía entender que no decirme nada era lo mejor para los dos. Sinceramente, yo no tenía idea de cómo aquello podía ser bueno. Para ninguno de los dos.
-Te entiendo, Harry- dijo tranquila, y se adelantó en su silla para sentarse en el borde- Pero…- sentada frente a mí, tomó mi mano con delicadeza y la apretó entre las suyas, obligándome a levantar la vista y mirarla- Pero te prometo algo…- continuo- Si Hermione no regresa justo el día que ella me dijo que regresaría, yo misma te acompañaré a buscarla y la traeremos de regreso así sea a regañadientes ¿De acuerdo?-
Incapaz de contenerme, la miré de la misma manera y aferré su mano con fuerza, seguro de que Luna no estaba diciendo más que la pura verdad. La conocía lo suficiente para saber que estaba dispuesta a hacer eso y más, todo con tal de que Hermione dejara de ser tan necia y obstinada.
-De acuerdo-
Sin poder evitarlo, esbocé una media sonrisa y apreté su mano con ternura, pensando en que sería de mí si Luna no estuviera ahí para mí.
Y sobre todo, en como rayos haría para soportar una semana más sin saber de Hermione.
~o~
Cuando entré a la casa, titiritando y con las extremidades agarrotadas por el intenso frío, solté un suspiro de placer al darme cuenta de lo cálido de la habitación y comencé a quitarme el montón de abrigos que llevaba encima. A principios de Diciembre, el frío que parecía haberse estado reteniendo en algún lado se había soltado con fuerza por fin en Londres, como un augurio de que aquél invierno sería en efecto tan crudo como siempre.
-Ginny, estoy en casa!-
Grité como de costumbre mientras tiraba las llaves en la mesita de recibidor y me dejaba caer con fuerza en el sofá de la sala. Durante unos segundos esperé una respuesta que no llegó, y fue entonces cuando recordé que me había dicho que estaría en Hogwarts arreglando unas cosas para la siguiente temporada de quidditch.
Y a pesar de mi insistencia porque se quedara en casa a descansar pues estaba casi ya en su sexto mes de embarazo, se había excusado diciendo que necesitaba distraerse y sin más había dejado la casa desde muy temprano dejándome completamente solo. Por supuesto, había aprovechado para hacerle aquella visita a Luna, así que en aquellos momentos en los que estaba solo, lo único que quería era relajarme y disfrutar de mi soledad mientras dejaba que mi mente tomara cualquier rumbo.
Aunque siempre llegaba al mismo: Hermione.
Cansado y aún tumbado en el sofá de la sala, coloqué mi antebrazo encima de mis ojos y solté un suspiro cansado. Mi visita a Luna había terminado tan frustrante como siempre, y sin poder evitarlo, golpeé con fuerza el almohadón a mi lado para desahogarme aunque fuera un poco.
-Hermione- susurré su nombre, llevando mi brazo de nuevo a mis ojos- Ay Hermione-
Me salió en un suspiro, y sabiendo que nada ganaría con mencionarla, decidí detener mis pensamientos mientras miraba el techo encima de mí. Durante largos minutos, me limité a permanecer con mis ojos cerrados en aquella habitación sola y callada, escuchando solamente el constante tic tac del reloj en la pared mientras me relajaba poco a poco.
Estaba a punto de quedarme dormido, cuando unos largos y constantes timbrazos a la puerta me sacaron de mí en sueño y sobresaltado, me enderecé de mala gana del sofá para mirar la puerta a unos cuantos metros atrás de mí. Las personas de confianza como los Weasley, Luna, Neville y algunos amigos más podían aparecerse dentro de la casa sin la necesidad de timbrar, y por supuesto, no conocía a nadie que soliera timbrar de aquella manera tan extraña.
Tan...decidida.
Extrañado, me levanté de mi lugar con ceño fruncido y caminé hacia la puerta incapaz de imaginar quien podría estar detrás y porque rayos tocaba de aquella manera. Soltando un suspiro de cansancio, me miré en el espejo del pasillo para asegurarme de que estaba presentable y giré el picaporte de la puerta para finalmente abrirla.
Y de todas las personas que podrían haber estado detrás de esa puerta, jamás pensé en toparme con la persona que en esos instantes me miraba desde el umbral. Sin poder evitarlo, abrí mis ojos de par en par.
Con sus ojos grises y su cabello rubio platinado peinado con formalidad como siempre, el hombre frente a mí me miró con serenidad y yo fruncí el ceño.
-¿Malfoy?-
-Buenos días, Harry- saludó secamente y me miró con seriedad- ¿Puedo pasar?-
Aquello terminó por sacarme por completo de terreno. Desde que saliera de Hogwarts, no había tenido trato con Malfoy más que en dos o tres ocasiones y todas por trabajo o de manera extremadamente formal, así que el hecho de que en aquellos momentos estuviera ahí y pidiendo pasar a la casa, era tan bizarro que por un momento me pregunté si no se estaría equivocando de lugar.
Pero había mencionado mi nombre claramente, así que tenía que ser a mí al que buscaba.
-Eh…- dudé durante unos instantes, frunciendo aún más el ceño mientras me hacía a un lado- Claro, pasa-
Una vez estuvo dentro, cerré la puerta sin dejar de mirarlo con ceño, incapaz de entender que rayos quería Draco Malfoy conmigo cuando jamás habíamos tenido trato alguno. Con actitud algo renuente, lo seguí hasta que ambos quedamos de pie en la sala y finalmente él dio media vuelta para mirarme directamente a los ojos.
Y aunque sabía que estaba siendo algo grosero por no invitarlo a sentarse, me limité a mirarlo con ceño fruncido mientras cruzaba los brazos sobre mi pecho, esperando a que hablara en vano. Sin decir nada, Draco comenzó a caminar tranquilo por la habitación y mirar todo a su alrededor, pasando sus manos por los objetos de las mesitas mientras los miraba con atención.
Como analizando, recordando…reconociendo todo a su paso.
Sin poder evitarlo, me tensé de inmediato y lo miré con severidad al darme cuenta de ese simple hecho, y con algo de fuerza, carraspeé ligeramente para llamar su atención. Que yo supiera Draco jamás había estado en mi casa de casado, y el simple hecho de que pareciera conocer todo me puso los nervios de punta.
-¿Y bien?- mirándolo con insistencia, esperé hasta que él me mirara y le devolví la misma mirada seria- ¿Qué quieres?-
Con gesto impasible y expresión pétrea, Malfoy dejó caer la mano que acariciaba un marco de la mesita a su lado y me miró con sus penetrantes ojos grises antes de abrir sus labios por fin.
-Vengo a hablar contigo- dijo simplemente, sin dejar esa expresión severa- De Ginny-
Mirándolo como si hubiera dicho algo incomprensible, fruncí el ceño aún más y mi rostro adoptó la misma expresión pétrea de él.
-¿De Ginny?-
Incapaz de contenerme, repetí su nombre con fuerza y apreté mi mandibula. ¿Qué rayos hacía Draco Malfoy en mi casa, pidiendo hablarme de Ginny?
-Así es-
Confirmó de nuevo, y sin dejar su expresión impasible, se acercó solo un paso hasta que ambos quedamos parados frente a frente en la sala.
Ambos serios, ambos fuertes, ambos tensos y en alerta.
-Es hora de que sepas quien es tu ex esposa, Harry- dijo simplemente, mirándome con serenidad- Es hora de que te diga toda la verdad-
Como única respuesta, solo atiné a mirarlo con ceño.
