"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis lectores! ¿Cómo han estado? Aquí les traigo un nuevo capítulo, más corto que los anteriores, sí, pero consideré que era suficiente para éste. No quiero decir mucho para no arruinarles ni adelantarles nada, lo que si les puedo decir es que disfruten el capítulo en el que- por fin- las cosas cambian para estos dos, y que esperen el siguiente capítulo que promete estar tres veces más largo que éste ;). La señorita inspiración ha estado un poco floja estos días, pero parece haberse renovado en los días pasados así que espero poderle traer el siguiente capítulo más pronto de lo que espero.

Sin más que decir, los dejo disfrutar! :)

Capítulo 22°: La Única Verdad

~Harry's POV~

Aún sin tener mucha idea de que rayos pasaba, miré los ojos grises que tenía frente a mí y sin poder evitarlo meneé la cabeza confundido. Las palabras que me había dicho se repitieron en mi mente, como una especie de acertijo que no tenía idea de que trataba.

¿Verdad? ¿Ginny?

¿Pero qué rayos le pasaba a Malfoy?

Parado todavía en el centro de la sala con Malfoy frente a mí, con expresión impasible y serena, yo solo atiné a fruncir el ceño aún más mientras seguía preguntándome si no había un error o el tipo se había vuelto completamente loco.

Pero había estado seguro de escuchar mi nombre y el de Ginny, y aunque no podía entender que maldita relación había entre ella y el hecho de que Malfoy estuviera en mi casa, me limité a mirarlo firme desde mi lugar.

"Es hora de que sepas quién es tu ex esposa, Harry". Lo había dicho claro y sin tapujos, y sin poder evitarlo, mis puños se cerraron con fuerza al recordarlo.

-¿De qué rayos estás hablando, Malfoy?-

Frente a mí y casi como si estuviera deseando alargar el momento a propósito, Malfoy miró el silloncito detrás de él un instante para después volver a mirarme. Pareció meditarlo un momento y finalmente se limitó a seguir caminando por la sala.

-Creo que no es necesario que me siente, no tengo mucho que decir-

-Como quieras- escupí sin ceremonia, a esas alturas, su actitud comenzaba a enfadarme- Mientras me digas de una buena vez que rayos haces aquí-

Con la espalda tensa y expresión impasible, me quedé parado en el centro de la sala mientras lo miraba con recelo. Malfoy parecía demasiado tranquilo, no con aquella actitud arrogante y altanera que siempre lo había caracterizado.

Con la cabeza gacha y una ligera sonrisa, miraba todo a su alrededor con melancolía. Demasiado sereno, demasiado pensativo.

Dolido.

Y por más extraño que pareciera, era precisamente esa actitud inusual de él la que me estaba enfadando. Porque sabía que lo que tenía que decir no era precisamente para hacerme la vida imposible, como hacía siempre que estudiábamos en Hogwarts.

-Ya te dije- me miró aún con demasiada serenidad para mi gusto- Vengo a hablarte de Ginny-

-Eso ya lo dijiste- espeté, cruzando los brazos sobre mi pecho para mirarlo con cara de pocos amigos- Lo que quiero saber es que rayos es lo que tienes que decir de ella-

En el momento justo que terminé de decir eso, Malfoy alejó su mirada para soltar un bufido algo sarcástico. No necesitó decir nada, aún así pude haber jurado que ese bufido en realidad decía un "Si supieras".

Aquella simple expresión, demasiado natural para calificarse como un intento de hacerme enfadar más, me puso en alerta de manera inmediata mientras mi mente se ponía a trabajar a mil por hora. Haciendo un rápido recuento de nuestros días en Hogwarts, intenté recordar alguna ocasión en la que hubiera visto a Ginny y a Malfoy dirigirse la palabra, o por lo menos la mirada.

Frustrado llegué a la conclusión de que jamás lo habían hecho, porque como todos en Gryffindor, Ginny detestaba a Malfoy y no podía siquiera verlo.

Hasta donde yo sabía.

-No hay mucho que decir- volteó a mirarme de nuevo, y su voz me sacó de mis pensamientos.

-Ya lo dijiste- repliqué entre dientes, con la mandíbula tensa- Así que lo que tengas que decir sobre mi mujer escúpelo ya, Malfoy-

No sabía porque había utilizado éste término para referirme a Ginny, pues no la había vuelto a tocar desde que la hubiera embarazado y por supuesto ya no era mi esposa. Pero por alguna extraña razón que no alcanzaba a descifrar, la actitud de Malfoy me había puesto en una alerta casi instintiva y sin poder evitarlo sentía la necesidad de marcar un territorio.

Un territorio que ni siquiera sabía cuál era.

-Tu…"mujer"- usó el término con evidente ironía, pero no fue hiriente ni cínico, mientras miraba una foto de la mesita para después mirarme de nuevo- Está embarazada ¿Verdad?-

En el momento justo que dijo aquello, me tensé de inmediato.

-¿Y eso a ti que más te da?-

No contestó. Componiendo otra mueca que no sabía descifrar si era irónica, burlona o simplemente dolida, Malfoy dejó de mirar los objetos en las mesas y finalmente subió los ojos para mirarme. Y aunque no conocía a Malfoy lo suficiente para afirmarlo, podía asegurar que en esa mirada no había cinismo, como hubiera imaginado.

-Eso depende. Tenía entendido que se divorciaron, entonces me causa algo de…- se encogió de hombros, escogiendo sus palabras antes de continuar hablando- Curiosidad, el hecho de que supuestamente esté esperando un hijo tuyo-

Aún cuando no lo creía posible, mis hombros se tensaron aún más al escucharlo decir aquello. ¿Había dicho supuestamente? Sin poder evitarlo, cerré mis nudillos con tanta fuerza que sentí mis manos dormirse mientras lo miraba.

-¿Supuestamente?-

-Dime, Potter ¿Cuántos meses de embarazo tiene Ginny?-

La pregunta, tan directa como sencilla, me dejó boquiabierto y por un momento que pareció eterno me limité a mirarlo como si no hubiera escuchado bien. Pero la pregunta era simple y por la mirada de Malfoy podía ver que requería una respuesta. En aquél momento, un extraño presentimiento me inundó por completo.

Haciendo cuentas sencillas en mi cabeza, lo miré con ceño y apreté más mis puños.

-Casi…casi seis meses-

-¿Estás completamente seguro, Harry?-

Había tenido suficiente. No era estúpido como para no entender lo que Malfoy intentaba hacer o decir, y después de minutos interminables de devanarme los sesos intentando entender que rayos quería buscándome en mi casa, ahora solo tenía muchas más preguntas que respuestas mientras nos mirábamos parados en la salita de la casa.

-¿Qué insinúas, Malfoy?-

-Lo qué te imaginas- soltó sereno, metiendo las manos a las bolsas de su abrigo-Lo que estoy insinuando es si estás seguro que tu eres el padre de ese niño que espera tu ex esposa-

-¿Por qué no habría de estarlo?-

Defendí de inmediato, pero justo hasta ese momento me daba cuenta que jamás me había cuestionado sobre la paternidad del bebé que Ginny esperaba, porque simplemente no había nada que cuestionar.

Malfoy compuso una sonrisa irónica de nuevo y me miró sin perder la compostura.

-Porque creo que no eres el único que puede alegar la paternidad de ese bebé-

-¿Qué?-

-Lo que quiero decir…- se detuvo, y finalmente sus fríos ojos grises se abrieron para toparse con los míos- Es que ese bebé puede ser de cualquiera de los dos-

Me quedé helado.

Durante unos instantes que parecieron eternos, lo miré con mis ojos abiertos de par en par y mandíbula desencajada, intentando absorber lo que acababa de decirme.

Como si acabara de contarme una historia repugnante, lo miré con ceño fruncido mientras de manera casi inconsciente aferraba mis manos a los bordes del sofá que tenía frente a mí y que era lo único que me mantenía a distancia. "Ese bebé puede ser de cualquiera de los dos". Como un disco rayado, las palabras se repitieron en mi mente una y otra vez, incapaz de asimilar lo que acababa de decirme de la forma más natural posible.

Incapaz de entender si aquello se trataba de una broma de mal gusto o de una verdad demasiado cruel.

-¿Qué…- comencé, incapaz de articular media palabra decente mientras lo miraba con mis ojos abiertos de par en par -¿Qué rayos estás diciendo?-

-Lo que escuchas- replicó sereno, con sus manos aún en los bolsillos de su abrigo- Ese bebé puede ser mío-

-No, no puede…- tomé aire -No puede ser-

-Creo que será mejor que me explique y tu esperes a que termine, Potter- dijo simplemente, mirándome con sus ojos impasibles-La última vez que estuve con Ginny fue un mes después de tu divorcio, pocas semanas antes de que Ron muriera- escupió con la mayor naturalidad del mundo, yo sentí que podría matarlo en ese instante-Si mis cálculos no me fallan, es un poco más del tiempo que Ginny tiene de embarazo, así que de igual forma bien puede ser hijo mío-

Había tenido suficiente. Completamente enloquecido, me acerqué a él en tres pasos y con rabia contenida lo tomé por las solapas del abrigo para acercarlo a mí, mirándolo con mis ojos cegados por la ira.

-Escucha Malfoy- escupí entre dientes, acercándolo aún más mientras lo aferraba por el cuello de la camisa -No sé qué clase de estúpida broma es ésta o que plan retorcido tienes en mente- lo zarandeé un poco mientras continuaba hablando -Pero te lo advierto, no juegues conmigo-

-No juego, Potter- replicó entre dientes con furia-No tengo necesidad de inventar que ese niño puede ser mío- colocó sus manos fuertes encima de las mías, intentando zafarse de mi amarre-¿Qué rayos ganaría con eso?-

No escuchaba. Cegado por la furia, lo zarandeaba con fuerza sin soltar el cuello de su camisa, intentando por todos los medios contener las enormes ganas que tenía de golpearlo o simplemente se sacarlo a patadas de mi casa.

-¿Y esperes que te crea semejante estupidez?- apreté más su camisa entre mis puños -¿Qué te crea que a tan solo un mes de divorciados ella aprovechó para meterse contigo, con alguien con quién jamás tuvo contacto?- me reí irónico, en un intento por recobrar la serenidad- ¿Qué mi esposa recién divorciada de mí se acostó contigo una vez…-

-Ahí es donde te equivocas, Harry-

Con aquél comentario, tan simple como directo, Malfoy me dejó completamente desarmado. Abriendo mis ojos de par en par, callé de golpe y solté el cuello de su camisa para alejarme solo un paso de él.

Sin poder decir absolutamente nada, lo miré para que continuara.

-Ginny no se acostó conmigo solo una vez, y por supuesto no lo hizo por primera vez después de divorciarse de ti-

Sus palabras recién dichas volvieron a mi cabeza "La última vez que estuve con Ginny…" llegaron a mi cabeza con una fuerza tal que tuve que menear la cabeza, incapaz de creer lo que estaba escuchando.

Tenía que ser una broma. Tenía que estar jugando con mi mente.

-¿Qué?- lo miré con ceño, completamente confundido-¿Pero qué demonios estás diciendo? Si ustedes dos ni siquiera…-

-La primera vez que la vi desde que salimos de Hogwarts fue hace dos años, en una reunión en común de un grupo selecto de escritores del Profeta- comenzó, mirando las fotos de la chimenea mientras se movía frente a mí-Ginny era una de las columnistas más reconocidas del periódico, le iban a otorgar un reconocimiento- caminaba sereno y tranquilo, mirándome de vez en cuando mientras continuaba su recorrido -Como asociado de la publicación, yo estuve ahí y comenzamos a charlar- sonrío de medio lado de nuevo, casi irónico -No pienso entrar en detalles, cuando lo único que tienes que saber fue que desde entonces ella y yo nos seguimos encontrando en otras ocasiones, muchas de ellas no fueron por casualidad-

Se detuvo un instante, buscando de nuevo las palabras adecuadas, y finalmente me miró.

-Por supuesto, no solo nos veíamos para charlar-

Aspiré con fuerza al escuchar aquello.

Como si estuviera en alguna realidad paralela, lo escuchaba sin decir media palabra, intentando entender la información que me daba poco a poco mientras caminaba frente a mí. Lo miraba sin decir absolutamente nada, escuchando la anécdota como si me estuviera hablando de otra persona, de otra mujer. De otra Ginny.

De una mujer que no podía ser aquella con la que me había casado.

-Finalmente y después de que ustedes dos se divorciaran, poco antes de la muerte de Ron, Ginny me dijo que se había arrepentido de haberse divorciado de ti- continuó sin dejar de mirarme-Me pidió que me largara, y justamente eso fue lo que hice. Regresé apenas hace una semana para enterarme que está embarazada-

Ginny.

La mujer que había sido mi esposa, la que había soñado como la madre de mis hijos, la que había amado con toda mi alma durante años y a la que le había entregado mi ser por completo, se acostaba con Draco Malfoy mientras aún estábamos casados.

Se revolcaba con él en mi casa, en mis habitaciones, tal vez en mi propia cama mientras yo sufría por su indiferencia. Me rehuía a la hora de hacer el amor, y lo achacaba a la maldita razón de que yo viajaba demasiado, que la descuidaba demasiado, cuando en realidad ya tenía a otro que le hiciera el amor.

Me decía que estaba esperando un hijo mío, cuando bien podía ser de Malfoy.

-Entonces…- miré a la nada, moviendo mi mano conforme recordaba los meses antes del divorcio-Su actitud…la razón por la que me pidió el divorcio…-

-Todo fue por eso, Potter- me cortó de golpe, mirándome sereno a unos cuantos pasos de mí-Ginny y yo éramos amantes desde un año antes de que se divorciaran-

Me había engañado, una y otra vez. Era mía y de otro al mismo tiempo. Me juraba amor incondicional mientras Malfoy la hacía suya en mi ausencia. Me había mostrado indiferencia durante meses, haciéndome sentir un miserable por no estar siempre ahí para ella. Haciéndome sentir poco hombre, incapaz de merecer su amor.

Mientras Malfoy le hacía el amor.

El simple pensamiento me causó náuseas, y por un momento el ambiente a mí alrededor se volvió pesado y borroso, impidiéndome respirar con normalidad y ver con claridad.

Me había traicionado. De la manera más baja que podría haberme traicionado jamás.

-El único motivo por el que Ginny se divorció de ti…fue por mí-

-Imbécil!-

Aquello fue lo último que pude escuchar de labios de Malfoy. Cegado por la rabia, la impotencia y el dolor me abalancé sobre él para soltarle un golpe que lo tiró al piso, y en menos de dos segundos me encontraba encima de él, con mis puños aferrados al cuello de su camisa y mis músculos tan tensos que parecían de acero.

-Eres un maldito!-

Sin darme cuenta siquiera lo que estaba haciendo y con sus palabras repitiéndose en mi mente una y otra vez, le solté un puñetazo con tanta fuerza que le partió el labio inferior de manera inmediata mientras la sangre comenzaba a correr por su mandíbula de manera escandalosa

Caímos al suelo en algún momento.

-Adelante- logró decir, componiendo una mueca irónica- Me lo merezco después de todo-

Lo golpeé de nuevo, incapaz de pensar de manera racional en aquellos momentos, y lo tomé por las solapas de su abrigo para levantarlo solo un poco.

-Por supuesto que sí- escupí contra su rostro-Te acostabas con mi mujer!-

Debajo de mí, Malfoy se deshizo del amarre de mis manos y de un ligero empujón me quitó de encima para rodar sobre el piso, forcejeando por liberarse mientras yo seguía golpeándolo, descargando mi rabia en mis puños contra su rostro.

No podía hablar, no podía pensar. No podía sentir más que rabia.

Ira.

Dolor.

-Escúchame, Potter!-

Me gritaba con fuerza, intentando retener mis puños quietos mientras yo forcejeaba, incapaz de escucharlo. Rodamos varias veces por el piso de la habitación, tirando todo a nuestro paso mientras seguía tirando golpes a diestra y siniestra.

Otro puñetazo. Un vidrio se rompió a nuestro lado. Malfoy intentaba detenerme sin éxito alguno mientras yo seguía descargando mi rabia en los golpes, con sus palabras quemándome la mente y nublando mi razón por completo.

Sintiendo la impotencia, la frustración y el dolor quemarme poco a poco al darme cuenta de lo iluso que había sido. De lo tremendamente estúpido que había sido al creer en Ginny, al sentirme mal por amar a otra mujer.

Al dejar ir a Hermione sin hacer nada por evitarlo. Al privarnos del amor que nos teníamos por la culpa que sentíamos.

-No tengo nada que escuchar, imbécil!-

Ni siquiera escuché el sonido de la puerta principal abriéndose, ni los pasos ligeros pero apresurados de la persona que acababa de entrar hasta que finalmente se detuvo frente a nosotros, soltando un ligero gritito de angustia.

-Harry! Draco!-

Era Ginny.

-Por Merlín, deténganse!-

No la escuché. Suponía que la escena que estábamos armando era escandalosa, sobre todo cuando casi todos los objetos de las mesas estaban en el suelo y completamente quebrados. Hasta entonces me di cuenta que en ningún momento había dejado de golpear a Malfoy, aún cuando él había hecho lo imposible por detenerme y él me había soltado otros golpes más.

-Harry!- finalmente, sentí su mano aferrarse a mi brazo- Basta! Suéltalo! Vas a matarlo!-

Aquél simple grito me devolvió a la realidad y fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, mirando a Malfoy debajo de mí mientras yo seguía con mi puño al aire.

Solo entonces me detuve. Con la respiración ajetreada y los puños apretados, solté el cuello de la camisa de Malfoy quien debajo de mí y con la sangre aún escurriendo por su cuello se limpiaba el labio con la manga del abrigo.

Durante unos cortos segundos lo miré con evidente desdén y desprecio mientras mi respiración se normalizaba y él hacía lo mismo, tumbado aún debajo de mí y con una mueca en su rostro que no supe interpretar. No era coraje, no era sarcasmo.

Si no lo conociera mejor, podría jurar que también era de dolor.

Entonces di media vuelta y finalmente la miré a ella, quien con sus ojos abiertos de par en par dejó de mirar a un casi inconsciente Malfoy en el suelo para después enfrentar mi mirada. No tenía idea como era que podía verla en esos momentos, como podía soportar siquiera si presencia.

Y el destello de miedo y culpa que pude ver esos ojos castaños, esos ojos que conocía a la perfección, hizo que todos los miedos que Malfoy había sembrado se confirmaran.

-¿Supongo que no tendrás el descaro de preguntar porque estábamos peleando, verdad?-

Frente a mí, Ginny un paso hacia atrás, mirándome aún con sus ojos abiertos de par en par.

-Harry…-

-¿O tal vez no lo sabes?- me acerqué a ella, tan cerca que mis rostro quedó a unos centímetros del suyo -¿Tal vez hay una remota posibilidad de que Malfoy este mintiendo?-

-Harry…-

Sus ojos se habían llenado de lágrimas, como una muda pero clara señal de que todo lo que había escuchado de boca de Malfoy no era más que la pura verdad. Pero necesitaba escucharlo de su boca, necesitaba que fuera ella la que me dijera lo que Malfoy acababa de decirme, necesitaba escuchar de sus labios la verdad.

Por más dolorosa que fuera.

-Niégame todo lo que acaba de decirme Malfoy, Ginevra- dije sereno, tomándola de los hombros para pegarla a mí lo suficiente- Niégame que te revolcaste con él mientras eras mi esposa, niégame que me mentiste durante meses, que hacías el amor conmigo mientras pensabas en él. Niégalo, por favor-

Se lo decía en serio. Aún a pesar de todo lo que Malfoy me había dicho los momentos pasados, me negaba a creer que la mujer a la que conocía como la palma de mi mano, a la que había amado y admirado toda mi vida podría ser capaz de hacer algo así.

Hacerme algo así a mí, cuando se suponía que me amaba.

Pero al ver sus ojos anegados en lágrimas, sabía que mi esperanza era una esperanza vacía. Rota.

-Niégame que traicionaste el amor que te tuve durante años, que me traicionaste a mí-

No contestó. En aquél momento, lágrimas gruesas que había estado conteniendo momentos antes comenzaron a resbalar por sus mejillas e incapaz de seguir enfrentándome, bajó la cabeza para evitar mi mirada.

Y aquél simple gesto, fue peor que si hubiera reconocido todo. Todo estuvo perfectamente claro.

Como una película, los últimos meses de nuestro destrozado matrimonio desfilaron por mi mente, como un recordatorio y una confirmación de que aquello era cierto. Era la única explicación que había, y yo había sido lo suficientemente estúpido para dudarlo.

Sin decir absolutamente nada y con mis ojos abiertos de par en par, me alejé de ella lentamente mientras soltaba el amarre de sus brazos para dejar caer los puños a mis costados, completamente derrotado. Sin decirme nada me había dicho todo, y para entonces solo me quedaba una duda por resolver. Con suma calma y apretando mis nudillos con fuerza para no cometer una estupidez, tomé una bocanada de aire y la miré con seriedad.

-¿De quién es el hijo que estás esperando?-

Frente a mí, Ginny subió su acuosa mirada, abriendo sus labios para intentar decir algo. En ese momento, su semblante de confusión se volvió más evidente, mientras intentaba pronunciar una palabra coherente.

-Harry…-

Frustrado, la tomé de los hombros con fuerza para pegarla a mí.

-Contéstame!- grité frustrado, zarandeándola en el proceso- ¿De quién rayos es?-

-Yo…-

No dijo nada. Durante lo que fueron tal vez unos cuantos segundos o largos minutos, la miré en espera de una respuesta que parecía jamás iba a llegar. No porque no quisiera, sino porque simplemente no la sabía.

De todas formas, yo no estaba dispuesto a esperar a que lo dijera. Había tenido suficiente de ella, de Malfoy y de sus malditos engaños torcidos y crueles. Soltando una risa irónica, la solté de golpe, mirándola como si fuera el ser más despreciable que hubiera conocido jamás. Después de todo, ahora era una mujer desconocida para mí.

-Perfecto- espeté, sonriendo sarcástico- No te preocupes querida, no te obligaré a contestarme-

Dejándola con los labios abiertos y sin emitir sonido alguno, di media vuelta para comenzar a caminar hacia la salida de esa maldita casa, sintiendo los pasos de Ginny detrás de mí mientras llegaba a la entrada y abría la puerta.

-Harry! No, espera…- intentó detenerme inútilmente, tomándome por la manga del abrigo-¿A dónde vas?-

Volteé a mi lado, y soltándome de su amarre con un movimiento brusco, aspiré con fuerza y la miré con frialdad.

-A hacer lo que debí haber hecho hace mucho tiempo-

Sin darle tiempo a nada más, di media vuelta para salir de la casa y cerrando la puerta de un portazo, comencé a caminar hacia la calle con un solo objetivo en mente.

Con la imagen en mi mente de la única mujer a la que amaba y necesitaba en esos momentos.

Hermione.


~Luna's POV~

Los toques rápidos y fuertes de la puerta me sacaron de mi lectura y soltando un respingo miré el pedazo de madera con ceño fruncido. Quien fuera que estuviera tocando se notaba completamente desesperado, y algo asustada ante la insistencia dejé el libro en la mesita a mi lado y me levanté para caminar hacia la puerta.

-Ya voy!-

Finalmente llegué a la entrada preguntándome quién rayos podría ser que tocara de esa manera y algo renuente pero curiosa abrí la puerta para toparme con quién menos esperaba ese día, de nuevo en mi casa.

-Harry!-

Frente a mí, con la respiración agitada, el cabello revuelto y los ojos brillantes, Harry abrió su boca para decir algo y la volvió a cerrar inmediatamente, tragando con fuerza. Segundos después, pasó a mi lado para entrar a la casa y caminar hacia la sala con tal velocidad que parecía que se fuera a acabar el mundo.

Sin entender que rayos pasaba, lo miré con ceño fruncido mientras cerraba la puerta detrás de mí para seguirlo a la sala.

-Harry…-

-Quiero…- logró decir al fin, con su respiración volviendo la normalidad- No. Necesito que me digas en donde está Hermione, Luna- no era una pregunta- Ahora-

Esta vez fue mi turno para abrir la boca sin emitir sonido. No habían pasado ni dos horas desde que le dijera a Harry que no podía decirle el paradero de Hermione, y ahora estaba aquí demandando que le dijera exactamente eso.

Parecía exaltado y desesperado, y aunque intentaba entender su actitud, la rabia, el coraje y la frustración eran tan evidentes en él que por un momento solo pude mirarlo sorprendida. ¿Pero qué rayos le pasaba a Harry?

-Creo que debo recordártelo, Harry- comencé algo renuente, pasando por su lado hasta que estuvimos parados en la sala- Pero te dije que no puedo decírtelo porque…-

Antes de poder decir algo, Harry me interrumpió sin delicadeza alguna y comenzó a caminar por la salita frente a mí. Parecía como si tuviera prisa, como si el tiempo se le estuviera escapando de las manos.

Completamente desesperado por ver a Hermione.

-Porque Hermione te lo pidió, ya lo sé- se pasó la mano por el pelo, frustrado- Pero necesito que no hagas caso de lo que Hermione te pidió, Luna- me miró con ojos brillantes-Necesito que me digas en donde ésta-

-Harry, sé que estás desesperado, pero ya te dije que si no vuelve en una semana, yo misma te acompañaré a bu…-

No pude terminar de hablar. Con desesperación pero con cuidado de no lastimarme, Harry se acercó a mí y me tomó de los brazos con algo de fuerza para obligarme a mirarlo. Sorprendida por su actitud tan extraña, abrí mis ojos de par en par, y comencé a creer que Harry se había vuelto completamente loco.

-No puedo esperar una semana, Luna!- dijo enérgico, con sus manos aferradas a mis brazos-¿No lo entiendes? Necesito verla de inmediato-

Aquello no hizo más que ponerme aún más alerta. La desesperación de Harry estaba empezando a ponerme nerviosa, y por un momento consideré la idea

-Harry, yo tampoco estoy de acuerdo con Hermione- comencé algo temerosa- Pero sabes que ella tiene razón- tomé aire al mirar como cerraba los ojos frustrado- Necesita un tiempo a solas y tu deber es estar con Ginny porque…-

Aquello pareció ser suficiente para él. Con la mandíbula tensa y la respiración agitada, Harry soltó una maldición entre dientes para después zarandearme ligeramente contra él. Al parecer había llegado a su límite.

-Al diablo con lo que dice Hermione, Luna!- me gritó frustrado, y yo solo atiné a abrir mis ojos de par en par-Yo no puedo seguir con Ginny!- se debatió un momento- Por la única y sencilla razón de que su hijo puede o no ser mío-

Aquello me cayó como un balde de agua helada.

-¿Qué?-

-No tengo mucho tiempo para explicarte, Luna- eso podía notarse-Pero lo único que tienes que saber es que yo no le debo nada a Ginny, y no tengo que estar con ella porque lo único que ella ha hecho ha sido mentirme durante mucho tiempo-

No podía creerlo. Con mi mandíbula desencajada y mis ojos abiertos de par en par, miraba a Harry como si se hubiera vuelto completamente loco, incapaz de entender en su totalidad lo que me estaba diciendo.

¿Ginny lo había engañado? ¿Se había acostado con otro? ¿El hijo podía o no ser suyo?

Durante unos largos segundos, me limité a mirarlo sin saber qué rayos decir, intentando procesar la idea que Harry acababa de escupirme sin delicadeza alguna y lo que significaba. Para él, para Hermione.

Para los dos.

-Yo necesito…- Harry continuó, serenando su respiración sin dejar de mirarme mientras buscaba las palabras correctas- Tengo que estar con Hermione, porque es a ella a quién amo y ya tuve suficiente de esta farsa que solo nos ha lastimado a los dos-

En el momento justo que dijo aquello, solté un largo suspiro de alivio al darme cuenta que por fin, no importaba de que manera, Harry había tenido el valor de poner en su lugar a esa mujer necia y testaruda. Con mis ojos brillantes y completamente radiante, miré a mi mejor amigo frente a mí y sonreí ligeramente.

Al fin Harry había entendido, al fin pondrían fin a esa absurda idea de estar separados.

-Harry-

Al parecer aquél gesto fue suficiente para Harry quien, una vez tranquilo, colocó una de sus manos en mi mejilla y me miró suplicante.

-Necesito verla y hablar con ella, Luna- me miró con serenidad-Y para eso necesito que tú me digas en dónde está, por favor-

Sin más remedio que admitir que no sabía quién era más necio de los dos pero definitivamente de lado de Harry en esta ocasión, sonreí abiertamente ante la petición de mi amigo.

Que no tuvo que volver a repetir.


~Hermione's POV~

Soltando un ligero gemido de satisfacción, llevé mi mano a masajear mi cuello mientras el agua deliciosamente caliente caía sobre mí y me lavaba, devolviendo el calor a mi cuerpo y relajándome por completo.

Ese día había sido particularmente frío, cuando sin previo aviso, una hermosa pero intensa nevada había azotado el hermoso pueblito mientras tomaba un café en un pequeño y acogedor local del centro. Después de admirar la blanca nieve mientras daba un paseo por las calles y completamente agotada, había decidido darme una ducha con agua caliente antes de meterme a la cama.

Y como en todas las ocasiones que tenía tiempo para pensar sin nada que me interrumpiera, mis pensamientos habían llegado al mismo lugar que siempre llegaban.

A la única persona que no podía sacar de mis pensamientos.

Harry.

Lo extrañaba como una idiota, y sonriendo ante la ironía de mi situación, llevé mis manos a mi rostro para tallarme los ojos frustrada. Había llegado a creer que estar lejos de él sería algo bueno para ambos, que poco a poco iría extrañándolo menos, solo para darme cuenta que dos semanas después seguía en la misma situación.

Tal vez extrañándolo más. Si eso era posible.

-Harry-

Solté su nombre en un suspiro, y derrotada al darme cuenta que era inútil dejar de pensar en él, cerré la llave del agua caliente y salí de la ducha para envolverme en una toalla. Completamente agotada y con ganas de tirarme a la cama para dormir, me sequé rápidamente el cuerpo para después ponerme el ligero camisón blanco que usaba para dormir y terminar de asearme el rostro.

Había encendido la chimenea hace ya tiempo, y a estas alturas, la temperatura de toda la cabaña era deliciosamente caliente y agradable. Exquisita para relajarme y poder dormirme de manera rápida. Eso era lo único que necesitaba, porque estaba segura que si seguía pensando, extrañando y deseando a Harry me volvería completamente loca.

Una vez lista, me miré al espejo y compuse una mueca que quiso asimilar una sonrisa, sin éxito alguno. Suspiré de nuevo.

Secando mi cabello con una toalla, salí del baño para entrar a la acogedora habitación iluminada solamente por la luz del fuego mientras miraba el oscuro paisaje de la noche por la ventana. Afuera y después de una intensa nevada la lluvia caía con fuerza sobre el lago y las hermosas montañas, que muy apenas podía distinguir en la oscuridad y a través de las gruesas gotas de agua.

Al parecer, esa noche prometía ser bastante helada.

Con un suspiro, no pude evitar preguntarme qué clase de noche estaría haciendo en Londres, y por supuesto, que podría estar haciendo Harry en aquellos momentos.

En el momento justo que pensé eso, unos fuertes golpes en la puerta me interrumpieron de inmediato y asustada, di un respingo y miré el pedazo de madera detrás de mí. Creyendo que había sido una jugarreta de mi mente o un simple ruido del exterior, me quedé estática durante unos instantes, mirando la puerta mientras contenía la respiración.

Y cuando los mismos golpes volvieron a escucharse de nuevo, reprimí un gritito de miedo y miré la puerta con ojos desorbitados.

No lo había alucinado. Alguien estaba tocando a mi puerta.

Una vez pasado el susto inicial, tomé una larga bocanada de aire para calmarme y fruncí el ceño extrañada mientras me colocaba la bata blanca que estaba tendida en el sofá frente a la chimenea. ¿Quién rayos podría estarme buscando a esas horas, con el frío que estaba haciendo y la intensa lluvia que caía afuera?

Una vez anudé mi bata sobre la cintura, miré la puerta de nuevo con algo de desconfianza. A esas horas y con ese clima, era imposible que la casera viniera a buscarme para decirme algo que tal vez me podía decir mañana.

Los golpes continuaron, cada vez más fuertes e insistentes, y por un momento estuve tentada a tomar mi varita del cajón de la mesita de noche. Quienquiera que fuera parecía desesperado, y sin tener idea de quien rayos podría ser comencé a caminar hacia la puerta mientras terminaba de secarme el cabello.

Sin tener idea de porqué, los nervios se adueñaron de mi de manera inmediata, temerosa y a la vez curiosa de ver quién se encontraba detrás de esa puerta.

-Un momento- otro golpe insistente- Un momento!-

Soltando un bufido algo frustrado, tomé el picaporte de la puerta para girarlo lentamente y abrí la puerta para mirar a la persona que estaba detrás. Y aquellos ojos verdes, brillantes y hermosos que tanto había extrañado aparecieron frente a mí para robarme el aliento y cortarme la respiración.

Con el corazón latiéndome a mil por hora, me quedé de una pieza, y mis ojos se abrieron de par en par.

-Ha…Harry-

Tenía que estar soñando, no podría haber otra explicación.

Con la ropa empapada, las gotas de lluvia cayendo de su cabello, su respiración agitada y semblante cansado, el hombre que había estado robándome el pensamiento todo ese tiempo me miró suavemente en cuanto nuestras miradas se cruzaron.

Entonces comprendí que no era un sueño. Era real. Estaba ahí.

Todo a mí alrededor desapareció al instante.


Y como muchas lo habían pedido, al fin nuestro querido Harry se puso los pantalones para ir a buscarla!

¿Quieren saber que pasará en el siguiente?

Solo puedo decir que el fic está en la categoría "M" por una buena razón, que esperemos descubran muy pronto. aunque no creo que sea difícil ;).

¿Review?