"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! Después de una semana aquí me tienen con un nuevo capítulo. Y si, la señorita inspiración llegó para quedarse, y aprovechando un excelente fin de semana sin exámenes, trabajos o tareas que hacer, este fue el resultado final. Resultado de un capítulo que llevaba formándose desde hace tiempo, tal vez desde por ahí del capítulo 18 o 19.

Y así hemos llegado ya a esta parte del fic, en la que por fin y después de taaanto drama, finalmente veremos qué pasa ahora que nuestros personajes están juntos, solos, ansiosos y lejos de todos. Jamás pensé que el fic llegaría tan lejos, gracias por animarme a seguir escribiendo!

Sobre este cap: ¿Lemon? Sí ¿Explícito? Por supuesto que sí. Han esperado 22 capítulos para verlos juntos por fin de la forma en que todos queríamos, 22 capítulos en los que fueron necios e idiotas y nos desesperaron muchísimo, y lo menos que puedo hacer es entregarles una escena digna del amor que estos dos se tienen. Así que si algo debo advertirles es que es una escena explícita pero llena de amor, por lo tanto, leerla o no queda a su criterio. Así que haciendo justicia por fin a la clasificación de este fic, les dejo el capítulo para que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo, y veamos qué tal le va a nuestro querido Harry ahora que se ha aparecido en la puerta de Hermione.

;)

Lean, comenten, pero sobre todo, disfruten!

Capítulo 23°: Destinados al Amor

~Hermione's POV~

Con mis ojos abiertos de par en par, mi mandíbula desencajada, mi corazón latiendo acelerado y mi respiración agitándose cada vez más, miré los ojos verdes que tenía frente a mí como si fuera un espejismo, incapaz de entender si lo que estaba viendo era real u otro maldito invento de mi cabeza.

Finalmente las palabras llegaron a mis labios y como pude logré conformar una pregunta decente.

-¿Qué…- respiré con profundidad- ¿Qué haces aquí?-

No contestó. Frente a mí y aún parado en el umbral de la puerta, Harry respiraba profundamente, intentando recuperar el aliento mientras las gotas de agua helada resbalaban por su rostro, su cabello y su ropa.

Durante largos instantes, nos miramos sin decir absolutamente nada, atinando a mirarnos con los ojos abiertos de par en par mientras mi cabeza trabajaba a mil por hora, intentando entender si lo que veía era real o una simple jugarreta de mi imaginación.

Fue el ligero escalofrío de Harry, prueba de que se encontraba empapado de agua helada, lo que me devolvió a la realidad y entendí que no estaba alucinando. Dándome cuenta que podía pescar un resfriado o algo peor, me hice a un lado para dejarlo pasar y haciéndola una seña con la cabeza le indiqué que pasara a la habitación.

Sin responder absolutamente nada, hizo caso de mi invitación y una vez que estuvo adentro, cerré la puerta rápidamente para soltar un largo suspiro. Segura de que no podría mirarlo a los ojos sin derrumbarme frente a él o hacerle ver mi evidente confusión, pasé por su lado con la cabeza algo gacha para dirigirme al baño.

-Quítate el abrigo y la camisa, te traeré una toalla para que te seques-

Una vez en el baño y sin tener mucha idea de lo que estaba pasando, tomé una toalla de los estantes y pegándola a mi pecho di media vuelta para encontrarme con mi reflejo en el espejo.

Solo para darme cuenta que tenía los ojos llenos de lágrimas.

Él estaba ahí. Después de semanas soñándolo, extrañándolo y deseándolo como una reverenda idiota, se había aparecido frente a mi puerta para poner mi mundo de cabeza y para volverme completamente loca.

Tomando una larga bocanada de aire, meneé la cabeza y me miré de nuevo con severidad. Tienes que controlarte, Hermione. Me gritó mi conciencia con fuerza y soltando un largo suspiro para armarme de valor, salí del baño para toparme con Harry. Con el torso desnudo, mojado y frente a la chimenea, mirando todo a su alrededor con curiosidad. Y por supuesto, aquello acabó con la poca serenidad que había logrado recuperar.

¿En qué estaba pensando cuando le había pedido que se quitara la camisa?

En el momento mismo que salí, sus ojos se dirigieron a mí y de nuevo aquella suave mirada jade me desarmó por completo. Reprimiendo una maldición, me acerqué a él con la mandíbula apretada y le tendí la toalla que llevaba en la mano con brusquedad.

-Toma-

Sin mirarlo un solo instante me alejé de él como si mi vida dependiera de ello para colocarme a lado del sofá cerca de la chimenea mientras él se sentaba en el borde de la cama para secarse. Con la respiración contenida, lo miré secarse poco a poco el cabello, la espalda y los brazos mientras intentaba hacer que mi cerebro respondiera y mis sentidos me obedecieran.

Y cuando finalmente terminó y me miró de nuevo, mi manó aferró con fuerza el respaldo del sofá a mi lado y recordé que aún no me había contestado.

-¿Qué haces aquí?-

Repetí de nuevo, alzando un poco la barbilla mientras intentaba por todos los medios normalizar el maldito latido de mi corazón desbocado. Tenerlo ahí, después de dos semanas de no verlo, desnudo de la cintura para arriba y mirándome de aquella manera no era bueno para mí ni para mis malditos sentidos, que extrañamente se habían despertado para mandar descargas por todo mi cuerpo.

Recordándome lo mucho que lo amaba.

Sentado frente a mí y con la toalla en sus manos, Harry alzó la mirada y componiendo una sonrisa de medio lado que no supe interpretar, se levantó de su lugar para comenzar a caminar en dirección a mí.

-Creo que es obvio- susurró quedamente, y sin dejar de mirarme se detuvo a unos pasos de mí- Vine por ti-

Aquella simple frase me provocó un escalofrío que tuve que reprimir.

Tomando una larga inhalación, tragué saliva con fuerza y aferré más el respaldo a mi lado con mi mano, luchando por mantener la mirada fija en la suya mientras alzaba la barbilla. No podía permitir que se notara mi confusión y mi turbación, aún cuando por dentro eso era lo único que llenaba mi cabeza.

-¿Cómo…- comencé a alejarme-¿Cómo me encontraste?-

-Luna me lo dijo, me dio la dirección y con un encantamiento localizador no fue muy difícil llegar-

-P-pero si le dije que no te dijera nada-

Haciendo caso omiso a mi evidente deseo por alejarme, Harry sonrió un poco más casi de forma burlona ante el nervio en mi voz, y colocando la toalla sobre sus hombros, dio un paso adelante sin dejar de mirarme.

Y en algún momento la habitación se volvió tremendamente pequeña.

-Lo sé, y te juro que me dio la dirección a regañadientes- se acercó un poco más, yo luché por no dar un paso más hacia atrás- Estuve tentado a hacerle la maldición Imperio. Tu amiga no cede a menos que le den buenas razones-

-No tuviste que haber venido- repliqué suavemente, intentando no delatar la frustración en mi voz-Los dos necesitábamos alejarnos un tiempo y por eso no dije nada, porque necesitábamos estar a solas-

Al parecer aquella aseveración tuvo el efecto contrario. Haciendo caso omiso a mi evidente deseo por alejarme, Harry dio un último paso para terminar de acortar la distancia entre nosotros y finamente quedamos casi pegados frente al fuego de la chimenea.

¿Era mi imaginación o también había comenzando a hacer demasiado calor en la habitación?

Su mirada brillante se cruzó con la mía, y sin dejar de mirarnos fijamente yo tomé una larga bocanada de aire y esperé a que él hablara. Con mi corazón latiendo desbocado dentro de mi pecho.

Y unas enormes ganas por lanzarme a sus brazos, besarlo y olvidarme de todo lo demás.

-Eso lo necesitabas tu, porque lo que yo necesitaba, era estar contigo- llevó su mano a mi rostro, y la convicción en su mirada me sorprendió-Te necesito conmigo, Hermione-

Aquella simple frase me dejó desarmada.

Ese hombre quería volverme loca. Pero yo no estaba dispuesta a permitirlo.

-No, no me toques-

Con mi mandíbula tensa, retiré la mano que había colocado sobre mi rostro con brusquedad en un intento por recuperar la cordura y me alejé de él con rapidez para colocarme detrás del respaldo del pequeño sofá, colocándolo entre nosotros.

Con mis sentidos completamente ofuscados, aferré mis manos al respaldo del sofá en un intento por controlarme y mirándolo con seriedad, esperé a que mi respiración se normalizara.

-¿Por qué has venido? Tú no tienes por qué estar aquí-

Frente a mí y tal como había esperado, Harry soltó un largo suspiro cansado mientras llevaba su mano al cabello. Pero al parecer él tampoco pensaba dejármelo fácil. Después de un momento y con una lentitud digna de premio, Harry se acercó de nuevo lentamente, y sorteando el pequeño sofá que teníamos entre nosotros y que era lo único que me protegía de él, quedó de nuevo frente a mí.

Esta vez a escasos centímetros de mi cuerpo.

-Claro que tengo que estar aquí- dijo con suavidad, pero esta vez no me tocó-Tengo que estar aquí porque quiero estar contigo, porque te necesito y ya no podía estar un segundo más sin ti-

-No- negué con la cabeza, empezando a frustrarme-¿Por qué haces esto más difícil Harry?- pregunté de la manera más suave que pude encontrar, mirándolo casi en un ruego-Tú debes estar con Ginny y con tu hijo, y dejarme a mí en paz-

Al parecer aquello fue la gota que derramó el vaso para Harry. Soltando un bufido de verdadera desesperación, llevó sus manos a mis brazos y aferrándome con fuerza me pegó a él en un santiamén, para mirarme con sus penetrantes ojos verdes.

-No- sentí su cálido aliento contra mi boca y tuve que reprimir un escalofrío- Lo que tú no has entendido es que yo puedo estar con mi hijo pero no puedo estar con Ginny porque no la amo a ella-

-Eso no es asunto mío- lo empujé sutilmente con mis manos para alejarlo–No sé qué rayos sientas por ella o que no. No tenías porque…-

-Y no tengo que estar con Ginny porque ese hijo que espera no es mío, Hermione-

Aquella simple oración me cayó como un balde de agua helada. Abriendo mis ojos de par en par, lo miré durante largos instantes y el silencio fue lo único que inundó la habitación.

"Ese hijo que espera no es mío, Hermione". Las palabras se repitieron en mi mente, una y otra vez, en un recordatorio que me llenó la cabeza mientras miraba al hombre frente a mí. Sin entender que rayos era lo que acababa de decirme. Por un momento creí haber escuchado mal, y volviendo a la realidad en un santiamén, meneé la cabeza de un lado a otro para mirarlo de nuevo.

-¿Qué…- parpadeé varias veces, sin aire-¿Qué has dicho?-

Frente a mí, Harry soltó un largo suspiro. Frustrado o tal vez simplemente cansado, se pasó una mano por el cabello y comenzó a caminar por el pequeño espacio que había entre la cama y la chimenea mientras yo lo miraba con mis ojos abiertos de par en par.

-Draco Malfoy fue a buscarme esta mañana, solamente para decirme que Ginny y él estuvieron juntos hace unos meses, en varias ocasiones- se detuvo para mirarme por fin, yo abrí aún más mis ojos -Ginny me era infiel con Malfoy, Hermione. Me vieron la cara durante meses, todo este tiempo-

No podía creer lo que me estaba diciendo. Aún sin entender que era lo que pasaba ni en qué momento mi vida parecía haber dado un giro de ciento ochenta grados con esa revelación, lo miraba como si estuviera viendo un fantasma, meneando mi cabeza lentamente mientras sus palabras resonaban en mi cabeza.

-Ese bebé no es mío, Hermione. Es de Malfoy- me repitió de nuevo, con sus ojos verdes mirándome serenos-Es de Draco Malfoy-

Me lo volvió a confirmar, y entonces me di cuenta que no había escuchado mal. Ni estaba soñando. Harry me estaba diciendo que Draco Malfoy y Ginny Weasley, su esposa y la que había sido el amor de su vida, lo había traicionado.

Y lo primero que él había hecho había sido salir a buscarme, aún a pesar del clima, aún a pesar de Luna y su promesa, a pesar de mi necedad. Ahora él estaba aquí. Conmigo.

-Pero eso es lo de menos- dijo sereno, avanzando lentamente hacia mi -Lo único que tú necesitas saber, la única razón por la que estoy aquí- se detuvo, y mirándome con sinceridad en sus hermosos ojos verdes, aspiró con fuerza-Es porque no puedo vivir sin ti-

Dio un paso al frente sin dejar de mirarme. Y cuando por fin tuve su rostro, su cuerpo y sus labios a escasos centímetros de mí, me miró con intensidad y yo sentí que podría quedarme sin aire. Y entonces habló.

-Te amo, Hermione-

Aquella revelación, dicha en un simple susurro que pareció acariciarme por fuera, me golpeó tan fuerte que abrí mis ojos de par en par frente a él. Por fuera, el silencio fue lo único que se escuchaba, por dentro, mi corazón palpitaba tan fuerte que hacía el ruido más intenso.

Me amaba. Me lo había dicho por fin. Me lo había confirmado.

Harry me amaba.

Antes de poder asimilar y disfrutar aquella simple revelación, Harry me tomó entre sus brazos y me pegó a él para besarme con tanta fuerza que por un momento creí que me dejaría sin aliento. Abrazándome entre sus brazos con tanta fuerza que parecían dos bandas de acero alrededor de mí, solté un ligero gemido contra su boca y en menos de un instante me había relajado en sus brazos.

Y solo entonces, completamente dominada por la felicidad de saber que me amaba, me dejé llevar. Por completo, sin reservas.

Harry lo entendió de inmediato y soltando un gemido de satisfacción contra mi boca al darse cuenta, llevó sus manos a acariciar mi cuerpo por encima de la seda de la bata, recorriendo mi figura desde los muslos hasta la espalda con delicadeza, delineando mis contornos con suaves caricias desquiciantes. Completamente entregada a ese intenso intercambio de caricias, llevé mis manos a acariciar su espalda desnuda de igual manera hasta detenerme en su cuello, donde me aferré a él con los brazos mientras continuaba el beso y lo dejaba ser.

-Hermione-

Susurró en algún momento y en detuvo sus caricias sugestivas para posar sus manos en el listón de mi bata aún anudado a mi cintura. Sin separarse un instante de mis labios, desanudó el pedazo de tela con delicadeza y en menos de un instante retiró la bata de mis hombros para dejarla caer a mis pies en el suelo.

Dejándome solamente con el fino, pequeño y revelador camisón blanco que llevaba esa noche. Sin poder evitarlo, un temblor se apoderó de mí mientras él volvía abrazarme con fuerza para acariciar de nueva cuenta mi cuerpo, cubierto ahora solo con el fino camisón. Sin prisas y de manera experta, paseó sus manos por mis muslos, mis caderas, mi cintura, mi espalda y mis hombros para después comenzar a bajar por la parte frontal con extremo cuidado y lentitud. Con un solo objetivo en mente.

Rumbo al único lugar que en aquél momento rogaba por sus caricias y que yo misma estaba esperando que por fin tocara. Sin poder evitarlo, gemí contra su boca.

Y cuando por fin su mano se detuvo en uno de mis pechos y lo apretó con suavidad, me separé de sus labios incapaz de continuar con el beso y solté un ligero jadeo de placer. Jamás me había tocado de aquella manera, y el darme cuenta que en aquél momento estaba dispuesto a ir más allá me hizo darme cuenta de la nueva posición en la que nos encontrábamos.

En el rumbo inevitable que aquél intercambio de caricias tomaría.

Y supe que esa noche, en ese momento y en ese lugar, sería suya.

Con una habilidad impresionante, masajeó alternadamente mis senos por encima de la tela de forma lenta, experta y delicada, arrancándome gemidos cada vez más fuertes contra su boca. Conociendo, disfrutando y marcando un territorio, Harry siguió acariciando mis senos con delicadeza hasta que finalmente y haciendo caso a mis suplicas mudas, pellizcó mi erguido pezón entre sus dedos.

Sin poder evitarlo, solté un largo gemido y me aferré a él aún más, incapaz de asimilar lo que estaba pasando.

Pero el parecía no tener suficiente. Sin darme tiempo siquiera a normalizar mi respiración y con su lengua reclamando la mía en un beso arrebatador, retiró sus manos de mis senos hinchados y las llevó hasta los tirantes de mi camisón para bajarlos por mis hombros con delicadeza.

Finalmente el camisón cayó hasta detenerse en mis caderas, dejando mi torso completamente desnudo frente a él. Y mis pechos, anhelantes y excitados a su merced.

Deteniendo el beso, Harry alzó la cabeza para mirarme con ojos profundos y bajó la mirada hasta mis pechos, mirándolos como si no pudiera creer lo que tenía enfrente. Algo apenada, contuve el aliento y esperé a que terminara con su intensa admiración para después mirarme de nuevo a los ojos.

-Hermione-

Susurró mi nombre antes de llevar sus manos a tocar mi piel, y cuando finalmente su mano estuvo en contacto con mi pecho desnudo, solté un largo gemido y me pegué a él aún con más fuerza.

El contacto de su mano contra mi piel desnuda fue demencial.

Sin darme tiempo a más, Harry restregó sus palmas contra mis pechos desnudos y yo me pegué a él en busca de un apoyo para poder seguir en pie, retorciéndome contra su cuerpo mientras seguía besándolo con fuerza. Intentando recordar quién era, intentando pensar en algo coherente mientras sus manos expertas masajeaban mis pechos y pellizcaban mis pezones, sin éxito alguno.

Entonces se detuvo. Dando solamente medio paso atrás para separarse de mí y poder mirarme a los ojos, el semblante de Harry se transformó de inmediato. Con sus ojos verdes oscurecidos y expresión dura por el deseo, tensó sus músculos y me miró con intensidad.

Sin dejar de mirarme mientras yo lo miraba incapaz de entender lo que quería hacer, llevó sus manos a mis caderas y tomó la tela de mi camisón enrollada en mi cintura para comenzar a descender poco a poco hacia mis piernas. Hacia el suelo.

Entonces entendí lo que quería, y estática en mi lugar tomé una larga bocanada de aire.

Solo entonces fui consciente que las bragas que planeaba ponerme cuando había salido de bañarme estaban en el diván al pie de la cama, y que por supuesto, no llevaba nada debajo de la diáfana tela blanca. Una vez que cayera al suelo quedaría totalmente desnuda frente al fuego vivo de la chimenea.

Y él lo sabía.

Conteniendo un escalofrío ante su intensa mirada y su semblante serio pero dispuesta a no titubear, lo miré con la misma intensidad en una muda aprobación a que continuase. Con aquél simple gesto, Harry dio un último jaloncito a la tela, que resbaló sedosa por mis caderas hasta caer al suelo a mis pies.

Y finalmente, quedé totalmente desnuda delante de él.

Expuesta a la luz del fuego y a su intensa mirada verde jade. Con la expresión de su rostro grabada en piedra, Harry se alejó solo un paso de mí y dejó vagar lentamente sus ojos por mi cuerpo, mientras sus ojos antes jade se tornaban esmeralda, oscurecidos por el deseo mientras acariciaba mi cuerpo de arriba abajo con la mirada. Vagando desde mis pechos, pasando por mi vientre, mi cintura, mis piernas…

Su mirada se detuvo en mi entrepierna y brilló unos instantes. Yo me estremecí.

Con el corazón palpitante al darme cuenta del deseo con el que me miraba y mis piernas a punto de fallar, lo miré regresar su mirada a mi rostro en donde nuestros ojos se encontraron por fin. Y todo lo demás pareció desaparecer a nuestro alrededor. Frente a mí, Harry soltó el aire contenido para relajarse y volvió a eliminar la distancia entre nosotros con un paso. Me miró con ternura al tiempo que acariciaba mi mejilla con su mano y yo sentí que podría derretirme de placer con esa mirada tan intensa y suave a la vez. Cuando finalmente habló, estuve segura que podría desfallecer ahí mismo.

-Eres tan hermosa- dijo en un susurro mientras posaba sus fuertes manos en mis caderas, y yo lo miré conteniendo el aliento- Me tienes embrujado, Hermione-

Y antes de que pudiera saborear aquella simple pero tierna revelación, me tomó entre sus brazos y me cargó con delicadeza para caminar con un solo objetivo en mente.

La enorme cama con dosel que estaba detrás de nosotros.

El corazón me dio un vuelco al darme cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir.

Sin dejar de mirarme con suavidad, Harry llegó hasta la cama donde me depositó con cuidado entre los mullidos almohadones, dejándome completamente desnuda, sonrojada y expectante a su siguiente movimiento. No me quito la vista de encima, y con una lentitud que me pareció eterna, se quitó los zapatos y los calcetines y los aventó de una patada para finalmente recostarse a mi lado en la enorme cama.

Con el corazón aún palpitante de expectación, lo miré enderezarse lo suficiente para apoyar todo su peso en un codo y finalmente colocarse a mi lado. Acostada boca arriba y con mi respiración volviéndose cada vez más pesada, Harry dejó vagar su mirada por mi cuerpo como si no creyera lo que veía hasta que nuestras miradas de cruzaron de nuevo.

Y cuando, de la manera más suave comenzó a delinear mi figura con su dedo índice, tomé una larga bocanada de aire.

-Te deseé desde aquella vez que te vi desnuda, cuando salías de bañarte- susurró quedamente, con su dedo recorriendo la piel desde mi cuello para después delinear uno de mis pechos hasta detenerse en la cintura- Eras demasiado hermosa para ser real- dijo en un susurro y yo jadeé quedamente, no supe si por sus palabras o por la caricia de su dedo en mi cadera- Solo pensaba en hacerte mía-

Sin decir más, se acomodó encima de mí y rodeó mi espalda con sus manos para pegarme a su pecho, arrancándonos a ambos un escalofrío que nos recordó que aquello era real. Que íbamos a hacer el amor, después de tantas noches de deseo y de amor contenido.

Que por fin estábamos juntos, para amarnos sin reservas.

Llevados por aquél simple pensamiento, nuestros labios se unieron de nuevo con fuerza, con una urgencia tal que parecíamos creer que en cualquier momento algo podría separarnos. Guiada por completo por sus labios exigentes sobre los míos, abrí los labios para darle acceso a mi boca mientras gustoso, Harry buscaba su lengua con la mía y nos volvíamos a unir en esa danza que tan bien conocíamos.

Harry era fuerte pero gentil, duro y viril pero sumamente cálido, y aquellas dos facetas, tan diferentes como poco comunes, se complementaban tan bien en él que pensar en hacer el amor con ese hombre me calentaba la sangre y me hacía temblar de expectación.

Nos besamos lenta pero profundamente, guiados por el deseo que sentíamos mientras nuestras lenguas se unían y levantaba mi cuerpo a él en una muda petición a que hiciera más. Sin pensarlo, pegué mi pecho a su torso ahora caliente, arrancándonos un gemido de placer. En algún momento aquél beso pareció no ser suficiente para lo que ambos queríamos y haciendo caso a aquella muda exigencia, Harry dejó mis labios para dirigirlos a mi mandíbula, dejando un reguero de besos desde mi cuello hasta mi escote. Se detuvo en el valle de mis senos y que quedó ahí un buen rato, torturándome mientras lamía el camino entre mis pechos que pedían su atención y lo esperaban palpitantes.

Finalmente llevó sus labios a acariciar uno de mis erguidos pezones, rozándolo apenas con su boca, y yo jadeé en respuesta. Después comenzó a lamer lentamente mi pecho hasta la punta, provocándome un escalofrío que no le pasó desapercibido mientras su lengua se entretenía lamiendo mi pezón. Y cuando de manera experta apresó mi humedecido pezón entre sus labios y lo succionó, creí que moriría de placer.

Soltando un gemido, llevé mis manos a su cabello y lo jalé con fuerza.

-Harry-

No me escuchó. Alentado por mi reacción, repitió la misma caricia con mi otro seno, lamiendo, explorando y conociendo todo a su paso, arrancándome largos gemidos de placer mientras sus labios y su lengua se paseaban por mis pechos de manera experta.

-Hermione-

Susurraba mi nombre entre caricias, alternando su paseo de un pecho a otro mientras yo sentía que mi excitación aumentaba a medida que sus caricias se volvían más ávidas y desesperadas y sumaba su mano a la tarea, pellizcando mi pezón mientras su lengua se entretenía con el otro y después alternaba las caricias.

Yo por mi parte solo podía arquearme de placer entre sus brazos, disfrutando sus caricias mientras me llevaba al límite.

Mientras me llevaba al borde para después regresar.

-Harry…-

Finalmente y como si hiciera caso a mis ruegos, se separó un instante de mí para acomodarse mejor sobre mi cuerpo, dejando caer ligeramente su delicioso peso sobre mí mientras me miraba con ternura. Durante unos instantes que parecieron nos limitamos a mirarnos suavemente, como creyendo comprobar que en efecto aquello estaba ocurriendo y no era un sueño o una jugarreta de nuestra imaginación.

Guiado por la hermosa convicción de que en efecto era real, Harry volvió a besarme con fuerza mientras yo lo recibía con mis brazos abiertos, pegándome a él en una muda súplica por sentirlo más cerca.

Incapaz de contenerme, llevé mis manos a acariciar sus brazos firmes que parecían de hierro, para terminar en su espalda dura y musculosa, en donde dejé vagar mis manos por su piel desnuda hasta la deliciosa curva de su trasero aún cubierto por el maldito pantalón. Soltando un gemido frustrado contra sus labios, me limité a acariciar aquella parte de su anatomía aún por encima de la tela, obteniendo a cambio ligeros espasmos que me habrían hecho sonreír de manera triunfal de haber podido.

Pero Harry parecía dispuesto a no dejármelo fácil.

De la manera más suave y delicada posible Harry comenzó a acariciar mis piernas de manera experta. Incapaz de evitarlo, detuve mis caricias y me limité a seguirlo besando, expectante a las caricias que estaban por venir y que me arrancaban ya ligeros gemidos satisfechos. Sin entender aún muy bien que pasaba y completamente dominada por la excitación, sentí sus manos viajar por mis piernas desde mis tobillos, pasando por mis pantorrillas hasta mis muslos, donde se detuvieron por un rato.

Acariciando, tentando, probando…

Y cuando sus manos llegaron al interior de mis muslos y siguieron acariciando hacia arriba, solté un gemido contra su boca y me separé de sus labios incapaz de continuar con el beso, echando mi cabeza hacia atrás al darme cuenta lo que quería hacer.

De lo que estaba por venir.

Cegada por el placer y la expectación, solo fui consciente de sus labios en mi oído mientras sus manos seguían el camino hasta el hueco entre mis muslos, con un solo objetivo.

-Quería hacerte mía- susurró contra mi oído, yo me estremecí de placer-Quería entrar en ti y ver cómo me recibías por completo-

Incapaz de decir nada, lo abracé con fuerza por la espalda y me pegué a él, alzando instintivamente mis caderas a su mano que se acercaba peligrosa a mi entrada.

-Cómo lo estás haciendo ahora, Herms- dijo contra mis labios, llevando su mano a acariciar sugestivamente mi entrepierna- Cómo te entregas a mí ahora-

Susurrando aquello último contra mi oído, tocó el botón de mi excitación con un dedo y por un momento todo a mí alrededor pareció detenerse al instante. Incapaz de decir o pensar algo coherente, solté un gemido extasiado y me aferré a él por el cuello en un intento por recuperar la cordura mientras sus manos comenzaban a acariciar con habilidad el hueco entre mis muslos. Por supuesto que todo fue en vano, y solo fui consciente de su mano acariciándome y conociéndome, explorando todo a su paso.

Precisamente ahí, en el centro de mi placer.

Y cuando, de manera experta penetró con dos dedos mi mojada cavidad, solté un grito sordo y me aferré a él con más fuerza.

-Harry!-

Ante aquél gemido y el movimiento de mis caderas desesperadas por sentirlo más, Harry alzó la cabeza para mirarme y me observó un instante con ojos entrecerrados mientras me acariciaba. Yo fui incapaz de enfocar mi mirada por completo en él, pero pude observar como esbozaba una sonrisa satisfecha y sobre todo muy masculina mientras continuaba con sus caricias. Pasó largo rato admirándome para después y de la manera más arrebatadora bajar su cabeza hasta besarme con fuerza.

Y cuando hundió su lengua en mi boca y comenzó a imitar el movimiento de sus dedos con ella, gemí contra sus labios, sintiendo como todo lo demás daba vueltas a mí alrededor.

Así siguió un rato con su tortura, explorando, acariciando y penetrando mi entrepierna con sus dedos hasta que finalmente comencé a retorcerme de placer debajo de él. Gemía desesperada y aferraba mis manos a sus hombros, en un intento por retener la poca cordura que amenazaba con dejarme por completo. Pero él parecía dispuesto a llevarme al límite, y a conseguirlo a como diera lugar.

Incapaz de continuar concentrada en el beso, eché mi cabeza hacia atrás jadeante mientras sus dedos se perdían en mi interior, entrando y saliendo de mi entrepierna cada vez con más fuerza y rapidez. Antes de que pudiera recuperar el aliento, Harry bajó su cabeza de nuevo pero esta vez hasta mis senos.

Atrapó un erguido pezón entre sus labios y succionó, y yo perdí la razón.

Aquello fue demasiado. Soltando un fuerte gemido que más bien pareció un sollozo, Harry continuó con sus caricias por mi cuerpo. Yo solo era consciente de ellas, de sus dedos hundidos en mi entrada, del roce de su lengua en mis senos, de sus labios succionando mis pezones, de su evidente deseo por hacerme explotar.

En un estado de semiinconsciencia acaricié su espalda, sus hombros y su cabello desesperada, incapaz de hilvanar un pensamiento coherente y mucho menos de decir algo coherente. Durante unos instantes que parecieron interminables, Harry siguió chupándome el pezón al tiempo que llevó la mano libre a acariciar mi otro pecho hinchado mientras me penetraba aún más con los dedos. Y aquello fue más de lo que pude soportar.

Tumbada en las almohadas, mis extremidades dejaron de responder mientras Harry continuaba con sus caricias, y solo entonces fui consciente de la intensa intimidad de aquella situación. De mí, completamente desnuda, con mis muslos abiertos e iluminada por el fuego mientras él me acariciaba. De Harry, encima de mí mientras me acariciaba de la manera más deliciosa y sensual con los dedos y la boca.

Tomé una bocanada de aire y abrí mis ojos, sintiendo el placer embargarme por completo y cada vez con más intensidad.

Y justo antes de alcanzar el límite, de explotar por completo y sentir la maravilla del placer inundarme entera, Harry detuvo sus caricias de manera lenta y delicada para no interrumpir la nebulosa que me inundaba, privándome de alcanzar la cumbre del placer.

Con una ligera mueca de satisfacción, sacó sus dedos de mi cavidad y dejó las caricias en mi pecho para llevar sus manos a mis caderas, de donde me aferró con fuerza mientras separaba su rostro de mi cuerpo solo unos milímetros para mirarme.

El brillo pícaro que alcancé a vislumbrar en sus ojos me dejó expectante y evidentemente entendí que aquello no era todo.

Harry quería hacerme sentir aún más.

Sin poder evitarlo, solté un gemido entrecortado y lo miré reteniendo el aliento. ¿Es que no había visto que estaba a punto de desfallecer ahí mismo?

Pero no escuchó mi callada pregunta. Con una última mirada y una suave sonrisa, Harry inclinó de nuevo la cabeza para besar el valle de mis senos, en donde comenzó a dejar un reguero de besos de manera descendente mientras yo sentía la excitación envolverme de nuevo. Con sus manos aferrando mis caderas firmemente para que no me moviera, lamió sugestivamente el camino desde mis pechos hasta llegar a mi ombligo.

En un despliegue de la ternura que lo caracterizaba, besó mi ombligo para después darle un suave lametón, y yo solté un gemido entrecortado. Harry soltó una risita satisfecha y con extrema calma continuó lamiendo mi ombligo durante largo rato para continuar con el camino trazado por su lengua.

Hacia abajo. Más abajo.

Entonces fui consciente de lo que quería hacer. Sin poder evitarlo, un escalofrío me recorrió entera.

-Harry- lo llamé desesperada, llevando mis manos a su cabeza- Harry!- repetí algo escandalizada, aferrando mis manos a su cabello- No puedes…-

Pero él no hizo caso. Levantó la mirada solo un instante para mirarme, hizo una brevísima pausa y me esbozó una sonrisa traviesa.

-Claro que puedo-

Y finalmente enterró su cara en el hueco entre mis muslos, deshaciendo el mundo a mí alrededor.

Sin poder evitarlo, gemí con fuerza y me arqueé extasiada en respuesta. Con lentas caricias con su lengua, Harry comenzó a lamer suave y sugestivamente mi entrepierna, mientras yo sentía como todo a mí alrededor comenzaba a dar vueltas y solo podía ser consciente de Harry y de su boca haciendo maravillas en mi sexo, lamiendo y explorando todo a su paso.

Que Merlín, Morgana y todos los magos y brujas del mundo me ayudasen. Harry iba a volverme loca de placer, y estaba segura que pronto no tendría noción ni de quién era.

Primero con una lentitud y cadencia realmente desesperantes, Harry se limitó simplemente a conocer lo que encontraba, en una torturante exploración en donde parecía querer memorizar todos y cada uno de mis recovecos y reacciones. Yo por mi parte no podía hacer otra cosa más que jadear, gemir y mover mis manos sobre su cabello, completamente extasiada por las caricias.

Aquello era tan delicioso que podría morir de placer.

De forma experta, suave y tortuosa succionó mi hinchado clítoris, y abriendo mis ojos solo un poco, solté un gemido salvaje y me retorcí debajo de él en respuesta.

-Por Merlín!-

Solté extasiada, en un ruego algo contradictorio que pedía poner fin a la tortura pero aumentar aún más el placer. Pero Harry pareció entender solo la segunda parte porque sin darme tiempo siquiera a recobrarme siguió succionando de manera experta para finalmente enterrar su lengua entre mis pliegues, donde, sin el menor decoro y con toda la intención de desquiciarme, comenzó a penetrar lentamente mi mojada entrada.

Incapaz de pensar en nada más, aferré mis manos a las sábanas debajo de mí, arrugándolas en puños mientras con suaves movimientos levantaba mis caderas en dirección a él. En dirección a su boca, en dirección a ese placer tan desquiciante que me estaba brindando.

Continuó con su tortura. Primero de manera suave y lenta, como interpretando mis reacciones, después cada vez más fuerte y más rápido. Su lengua entraba y salía de mis pliegues con destreza mientras mis piernas apresaban su cabeza con fuerza y mis manos la acariciaban sin delicadeza alguna, aferrando su cabello en unas ocasiones, jalando con fuerza en otras.

Aquello era simplemente increíble. Era incapaz de hilar un simple pensamiento coherente mientras él movía su lengua dentro de mí y mis suaves jadeos se convertían en fuertes gemidos, completamente presa del placer que la lengua de Harry me prodigaba. Con un instinto casi ciego pero perfecto y experto, Harry sabía exactamente dónde y cuándo lamer, chupar o simplemente acariciar para volverme completamente loca de placer.

Sin otro pensamiento que pudiera ocupar mi mente más que la lengua de Harry moviéndose en mi interior, las intensas caricias me deslindaron por completo de la realidad y me llevaron a una sola. A él, dándome placer con expertas caricias, a su cuerpo casi desnudo junto al mío, en una comunión tan íntima y erótica que creía que en cualquier momento despertaría de un sueño.

A Harry, haciéndome el amor.

Y entonces grité. Grité una palabra, grité solo un nombre. Su nombre.

El clímax me alcanzó con una fuerza impresionante, y arqueándome por completo solté un largo gemido de satisfacción mientras Harry se enderezaba para mirarme en el momento justo que alcanzaba la cima. Rendida entre sus brazos toqué el cielo en un instante, pérdida en el éxtasis y en el placer infinito que me inundó, desconectándome de toda realidad. Creí ver estrellas encima de mi cabeza mientras mi mundo se colapsaba en mil pedazos.

Era la maravillosa experiencia del orgasmo.

Y completamente empapada de sudor, caliente y satisfecha llegué a la cumbre del placer segura de que en ese momento no quería compartirlo con nadie más que él.

Con el amor de mi vida. Con Harry.

-Harry…- logré susurrar entre gemidos, mientras intentaba recuperar el aliento y asimilar lo que acababa de sentir.

Lo que siempre había soñado con sentir entre sus brazos, y que había sido mejor que en cualquiera de mis locos sueños eróticos. Harry me miró con una sincera sonrisa e inmensa ternura y depositó un tierno y largo beso en mis labios, aferrándome por la espalda con sus manos para pegarme a él con fuerza.

-Tranquila, estoy aquí-

Antes de dejarme decir algo, me acomodó contra el colchón en donde me dejó desplomarme y me miró durante largo rato mientras mi respiración agitada volvía poco a poco a la normalidad y mi cuerpo dejaba de temblar, aún presa de los espasmos del clímax que acababa de experimentar.

El placer que había alcanzado gracias a él.

Me besó lentamente y con suavidad, y en aquél momento me di cuenta de lo mucho que lo deseaba y lo necesitaba, ya. Sin perder el tiempo y una vez recuperada de los efectos del clímax, correspondí a su beso con fuerza y abrí mi boca para recibirlo por completo, soltando un gemido contra su boca mientras mis manos comenzaban a acariciar su pecho y bajaban por su abdomen con un solo objetivo en mente.

Quitarle esos malditos pantalones cuanto antes.

Y cuando mis manos se detuvieron para acariciar su evidente excitación por encima del pantalón, Harry soltó un largo gemido contra mi boca y reprimió una maldición mientras mis manos ascendían para detenerse en su cinturón.

-Hermione-

-Quítate los pantalones, Harry- dije con voz ronca, y me sorprendí del deseo que marcó mis palabras- No puedo…no sé si pueda…- dije torpemente ante mis infructuosos intentos por desabrochar el cinturón.

Para mi fortuna, obedeció aquella suave orden de manera inmediata. Con rapidez, llevó sus manos hasta el cinturón y ayudándome a abrir el cierre, se quitó los molestos pantalones de un tirón junto con su ropa interior para tirarla al otro lado de la habitación, donde quedó hecha un bulto en el suelo. Entonces, volvió a acomodarse encima de mí para mirarme.

Ahora en igualdad de condiciones.

Yo lo miré a su vez solo que de arriba abajo, admirando la imponente figura desnuda que ahora tenía encima de mí. Sin poder evitarlo, mordí mi labio inferior emocionada al darme cuenta que tal y como siempre había imaginado, Harry era mucho más hermoso desnudo. Era tan grande, firme y musculoso que suponía todo en deleite admirarlo, y por supuesto no fui capaz de negarme aquella oportunidad de hacerlo.

Consciente de que él me veía, dejé vagar mi mirada por su cuerpo, deleitándome con la firmeza de sus músculos desde sus brazos hasta su pecho y finalmente hasta los músculos marcados del abdomen. Y cuando miré más abajo para toparme con su miembro rígido y completamente erecto, tuve que reprimir un gemido de satisfacción al darme cuenta que estaba así por el simple de hecho de que quería estar dentro de mí.

Justo después tuve que reprimir un escalofrío de placer al darme cuenta de lo mucho que lo deseaba dentro de mí, haciéndome el amor.

Al parecer mi muda súplica llego a sus oídos, pues una vez decidió que había tenido suficiente marco visual Harry se acomodó sobre mí de nuevo. Con delicadeza pero agilidad, separó mis piernas con sus manos para acomodarse entre mis muslos y se abrió pasó entre ellas, guiando su erección a mi entrada húmeda.

Cuando finalmente la punta de mi miembro se enterró en mi mojada y palpitante cavidad, arqueé mi cuerpo en respuesta y me aferré a él con fuerza para que continuara, y entonces se detuvo. Incapaz de entender lo que ocurría y a punto de volverme loca de desesperación, Harry bajó la cabeza hasta que nuestras frentes estuvieron pegadas y sentí su cálido aliento rozar mis labios mientras él luchaba por mantener la respiración, inhalando con fuerza.

Entonces sus ojos verdes se abrieron para toparse con los míos en una mirada que me robó el aliento.

-Te amo, Hermione-

Y con aquella simple y última revelación, se enterró en mí hasta el fondo de una ágil embestida. Finalmente lo tuve dentro de mí y solté un largo gemido mientras absorbía aquella nueva realidad.

Colapsando mi mundo por completo.

-Harry!-

Con aliento contenido y sin movernos ni un solo centímetro, lo miré con los ojos abiertos de par en par, absorbiendo aquella nueva realidad y lo que significaba ese momento, ese preciso instante en donde nuestros cuerpos se unían. Conscientes solo de eso.

Consciente del hecho de que estaba dentro de mí. Que como dos piezas perfectas de rompecabezas estábamos unidos. Que éramos uno.

La mera idea me golpeó tan fuerte que sin poder evitarlo, solté un gemido refrescante para aferrarme a él con fuerza en una muda petición a que continuara.

Y entonces comenzó a moverse. Con extrema delicadeza, salió de mi interior para volver a embestirme con lentitud hasta el final de mi entrada, sacándonos a ambos un refrescante gemido de alivio mientras yo dejaba caer mi cabeza en la almohada extasiada. Con mis ojos cerrados ante la deliciosa sensación de tenerlo en mi interior, lo sentí besar mis labios levemente al tiempo que comenzaba, con ligeras arremetidas contra mi entrada, a moverse deliciosamente dentro de mí.

-Harry…-

Fue el único sonido coherente que salió de mis labios, incapaz de pensar ni decir absolutamente nada más. Completamente consciente de mis mudas súplicas, Harry comenzó a moverse de manera lenta y deliciosa, dejando que me acostumbrara a tenerlo dentro de mí mientras él conocía todas y cada una de mis reacciones ante cada envite, ante cada abrazo, ante cada beso.

Yo por mi parte solo podía sentir, sofocada por la increíble sensación de tenerlo dentro de mí. Tal como siempre había imaginado, Harry era grande, duro y viril, y tenerlo dentro de mí llenándome y haciéndome el amor era una realidad mucho más increíble de la que había soñado jamás.

Con mis sentidos agudizados y enfocados solo en él, los ligeros jadeos se convertían en gemidos desesperados mientras sentía como mi estrecho interior lo recibía gustoso, apresándolo y reteniéndolo en su calor. Soltando un ligero jadeo y ansiosa por sentirlo con más fuerza en mi interior, comencé a mover mis caderas contra él a un ritmo suave y cadencioso para sentirlo más cerca, más dentro.

Contra mis labios, pude escuchar el ligero gruñido de satisfacción de Harry antes de volverme a embestir con fuerza y como única respuesta, solté un sonoro gemido y arqueé mi espalda para recibirlo aún más en mi interior.

Aprovechando aquella reacción Harry introdujo una mano entre el colchón y mi espalda baja y elevó mi cadera solo un poco para penetrarme con más profundidad, sacándome un gemido de placer que no pude reprimir.

Y entonces necesité más.

Con un ligero gemido de desesperación elevé mis piernas para abrazar sus caderas con mis piernas, y apoyando las plantas de mis pies en la cara trasera de sus muslos flexioné mis rodillas para permitirle penetrarme más profundamente. El gruñido satisfecho que él soltó contra mi boca y el gemido largo que provino de la mía me indicaron que aquello era justo lo que ambos queríamos, y una vez que tuve toda su longitud dentro de mí, me uní con él en la danza de nuestros cuerpos mientras las penetraciones aumentaban en fuerza, intensidad y rapidez.

Y pronto aquellas arremetidas dejaron de ser lentas y suaves para convertirse en rápidas y fuertes embestidas, mientras nuestros cuerpos se movían ágilmente en una deliciosa sintonía que parecía no tener fin. Tuve que poner fin al beso, incapaz de concentrarme en él. Solo era consciente de aquel vaivén de nuestros cuerpos, unidos en una íntima y deliciosa comunión mientras lo recibía en mi interior y me retorcía de placer debajo de él, gimiendo y gritando cada vez más fuerte, cada vez más alto.

Enloqueciendo de placer.

Para entonces nos movíamos ya de manera frenética y desinhibida, desesperados por sentirnos aún más mientras él me complacía con embestidas fuertes y profundas y yo movía mis caderas contra él para prolongar el placer. Sin tener idea ni de quién era, mordía mi labio inferior para contener los gritos de manera inútil, no cuando él me embestía de esa manera. No cuando me amaba de esa manera.

Todo lo demás había dejado de importar.

Y ahí entre sus fuertes brazos amarrados a mi cuerpo, con su delicioso peso moviéndose encima de mí, sus dulces labios besando los míos y su aliento rozando el mío cada vez con más intensidad, con nuestras caderas chocando en deliciosa sintonía mientras nuestros cuerpos resbalosos se abrazaban en aquella danza exquisita, fui consciente solamente del hecho de que era Harry quien estaba dentro de mí. Era él quien me estaba amando, era él quien me estaba llevando poco a poco a la gloria.

Era él, el hombre que amaba, la que me estaba haciendo suya.

-Harry!-

Y con ese pensamiento en mente, el mundo estalló en mil pedazos.

Justo en ese instante, perdí la noción de quién era y vi estrellas sobre mi cabeza. Sintiendo los espasmos atacarme con fuerza, mi cuerpo se tensó entero arqueé mi espalda para permitir que la maravilla del orgasmo me golpeara con fuerza. Solté un grito que estuve segura pudo haberse escuchado fuera de la cabaña, y desvaneciéndome en sus brazos disfruté del éxtasis por segunda vez aquella noche para llegar a la cima del placer desnuda, sudorosa, satisfecha y enamorada.

Con una última embestida, Harry me siguió en aquél maravilloso caleidoscopio de sensaciones y tomando junto a mí nuestro pedazo de cielo, soltó un último gemido antes de desplomarse exhausto sobre mi pecho. En donde lo recibí con brazos abiertos, viéndolo llegar a la cima del placer y completamente radiante de felicidad.

Y sin poder creer lo que acababa de ocurrir. Tardamos varios minutos en asimilar la realidad.

Sudorosos, temblando y con nuestras respiraciones agitadas intentando volver a la normalidad, nos limitamos a permanecer abrazados durante largo rato sin decir absolutamente nada, incapaces de creer lo que acabábamos de experimentar. Habíamos hecho el amor sin restricciones, habíamos llegado juntos a la cima del placer.

Nos habíamos amado por fin como nos merecíamos, como siempre había sido.

Llevando mis manos a su cabeza acaricié su negro cabello con delicadeza, sintiendo el latido de su corazón normalizarse poco a poco junto al mío mientras miraba el techo iluminado por las llamas de la chimenea. Y solo entonces, abrazada a él y con su delicioso peso encima de mí mientras el sueño comenzaba a vencernos, sonreí de medio lado.

Feliz de tenerlo entre mis brazos, giré mi cabeza y le rocé la sien con los labios antes de abrirlos para hablar.

-Te amo, Harry-

Susurré contra su oído, segura de que él había escuchado perfectamente bien. Era la única verdad que tenía, la única que tenía que decirle.

Y dejando que esas tres simples palabras flotaran en el silencio de la habitación, cerré los ojos antes de dejarme arrastrar por el sueño con Harry entre mis brazos.


~Harry's POV~

Con la suave luz de la mañana penetrando mis párpados, abrí los ojos lentamente mientras despertaba de mi sueño y parpadeé varias veces antes de abrir mis ojos por completo.

Sentía un delicado peso encima de mí que no reconocía como mío, y algo extrañado pero definitivamente agradado por la sensación, me removí en mi lugar y miré el techo de la habitación que no reconocía. Me sentía relajado, aletargado.

No, conocía mejor esa sensación: Me sentía saciado.

Como si me hubieran dado un golpe, abrí mis ojos de par en par mientras el vívido recuerdo de lo que había pasado la noche anterior llegaba a mi cabeza.

Hermione.

La había visto, la había tocado, la había oído gritar de placer, le había hecho el amor. Durante un simple instante que apreció eterno me quedé mirando a la nada, intentando asegurarme de lo que pasaba a mí alrededor mientras me preguntaba si no había soñado.

Y al bajar la vista para encontrarme con la hermosa mujer que, con su indomable cabello castaño esparcido por mi pecho dormía apaciblemente, confirmé que no estaba soñando.

Era Hermione, desnuda entre mis brazos.

Soltando un ligero suspiro, miré el techo de la habitación para dejar que los recuerdos de la noche anterior me asaltaran. Sonreí de medio lado al darme cuenta que todo era real. Que anoche habíamos hecho el amor en más de una ocasión, que ahora la tenía desnuda entre mis brazos, durmiendo serena y tranquila.

Que finalmente Hermione era mía, en todos los sentidos.

La mera idea me golpeó tan fuerte que tuve que inhalar con fuerza, mientras un sentimiento de orgullo y felicidad me llenaba por completo al darme cuenta de lo que significaba.

Mía.

Aún sonriente, recordé las últimas palabras que me había dicho el día anterior. "Te amo, Harry". Había susurrado antes de quedarse profundamente dormida.

Por fin lo había dicho. Lo único que necesitaba era que lo dijera, pues después de todo era algo que ya sabía. Por más arrogante que eso sonara. Pero tener la confirmación de ello por sus propias palabras, después de haberse entregado a mí sin reserva alguna, me elevó por las nubes y me pregunté si no estaría soñando.

Por fortuna, lo único que tuve que hacer fue voltear mi rostro a un lado y mirar su hermoso rostro sonrosado y enmarcado por su cabello enmarañado para convencerme de que todo era real.

Y como si supiera que la estaba mirando, Hermione despertó. Con una sensualidad innata e increíble que tenía incluso dormida, hizo un ligero puchero de satisfacción matinal y abrió sus ojos lentamente mientras se acostumbraba a la luz que se colaba por la ventana. Parpadeó ligeramente unas cuantas veces, intentando definir lo que pasaba a su alrededor, hasta que sus hermosos ojos se abrieron por completo.

Yo esperé, conteniendo la respiración ante el hermoso espectáculo que suponía verla despertar a mi lado. Ya lo había hecho en otras ocasiones, pero esta vez era diferente. Esta vez estaba desnuda, esta vez habíamos hecho algo más que dormir.

Esta vez tenía el placer de saber que me pertenecía y yo a ella, en todos los sentidos.

Lentamente Hermione se desperezó por completo y se enderezó sobre mi pecho para elevar su rostro poco a poco hacia arriba hasta que nuestras miradas se cruzaron.

-Buenos días- dije sin aliento, me había quedado sin aire.

Como única respuesta, Hermione me miró durante unos largos instantes, y contrario a todo lo que jamás hubiera esperado, sonrió. Fue una sonrisa casi invisible, pero el brillo de sus ojos se hizo evidente de inmediato. Su expresión se iluminó por completo y se limitó a mirarme aún tendida desde su lugar, y aquello fue mucho más de lo que pude soportar.

Completamente idiotizado por el placer de verla despertar a mi lado y mirarme de aquella forma, deposité un suave y largo beso en sus labios, como una confirmación del amor y la pasión que horas antes habíamos compartido.

Como una confirmación de que estábamos juntos.

Cuando nos separamos y finalmente pudimos vernos de nuevo a los ojos, Hermione parpadeó y me miró como si fuera una ilusión.

-No puedo creer que estés aquí-

-Tócame y siénteme para que veas que soy de verdad-

Contrario a lo que creía y para mi completa sorpresa y sobre todo deleite, eso fue justamente lo que hizo. Con una suave sonrisa, Hermione se colocó a horcajadas sobre mí y se tendió sobre mi pecho para besarme a sus anchas, y todo lo demás desapareció al instante.

Para sumergirnos en el momento. Para entender y absorber lo que estaba pasando.

Durante largo rato nos limitamos a besarnos tumbados en la cama, con Hermione ahora totalmente encima de mí mientras se fundía conmigo en un íntimo abrazo bajo las sábanas y nuestras lenguas jugaban deliciosamente y sin prisas.

Sin poder evitarlo, llevé mis manos a acariciarla de manera casi perezosa, disfrutando el simple hecho de tenerla tendida sobre mi cuerpo y completamente relajada a mis caricias. Pasaron minutos antes de que alguno decidiera terminar con aquello.

Finalmente y con algo de renuencia, Hermione puso fin al beso y se acomodó mejor sobre mí para mirarme. Entonces recordé que a pesar de todo, aún nos quedaba una plática pendiente. Colocando sus manos sobre mi pecho y su barbilla sobre ellas para mirarme atenta, Hermione fue la primera en hablar.

-Lo que me dijiste anoche de Malfoy y Ginny…-

-Es verdad, Herms- la interrumpí, soltando un ligero suspiro mientras la miraba -El mismo Draco me lo confesó todo ayer-

Con su rostro a escasos centímetros de los míos, sus hermosos ojos brillaron con sorpresa.

-Aún me parece increíble-

-Yo tampoco podía creerlo, pero ahora que lo pienso, todo tiene sentido- dije sin más, acariciando un mechón rebelde de cabello que tenía pegado a la mejilla -La actitud de Ginny…y- hice un ademán con la mano- Todo lo demás-

Durante unos largos momentos y aún tumbada sobre mí, Hermione me miró con ojos brillantes mientras respiraba apacible, y por un momento quise saber que pasaba por su cabeza en esos momentos. Y como si hubiera recordado algo, su mirada se volvió triste y apagada mientras abría su boca para hablar.

-Anoche me dijiste que te vieron la cara todo este tiempo-

-Ginny me engañaba con Malfoy desde hacía tiempo, Hermione- dije acariciando su espalda mientras la miraba- No solo se acostó con él después del divorcio- mis manos llegaron a sus brazos-Se acostaba con él desde mucho antes, y al final ese fue el motivo por el que me pidió el divorcio-

Como única respuesta, Hermione abrió sus ojos de par en par y mirándome como si hubiera recordado algo, se acostó sobre mi pecho para acurrucarse contra mí.

-Siempre creí que el del problema era yo por estar tanto tiempo lejos de casa- continué con las caricias- Pero al contrario, ella lo aprovechaba para acostarse con Malfoy- como única respuesta, Hermione se removió contra mí para abrazarme con fuerza- Fui un reverendo idiota, y los dos me estuvieron viendo la cara todo este tiempo-

Con su rostro aún escondido a mis ojos, Hermione no levantó la mirada ni dijo absolutamente nada. Extrañado ante su quietud, acaricié su cabello con mis manos y levanté la cabeza.

-¿Pasa algo?-

Ante mi pregunta Hermione solo atinó a mirarme, y componiendo una sonrisa despreocupada negó con la cabeza para volver a apoyar su mejilla en mi pecho.

-No, nada- contestó, acariciando distraída mí pecho con la yema de su índice -Me da gusto que Malfoy se atrevió a decírtelo-

-A mí también- solté un suspiro, siguiendo con mis caricias -Ahora que todo se aclaró y que el bebé puede ser de Malfoy, tú y yo podemos…-

No pude continuar. Apenas hube dicho eso, Hermione se tensó entre mis brazos y en menos de dos segundos se enderezó sobre mi pecho para mirarme con ojos desorbitados. Justo entonces recordé las palabras que había dicho y queriendo morderme la lengua ante mi estupidez, esperé a que la tormenta se desatara.

-¿Puede?- preguntó escandalizada - Pero si anoche me dijiste que no es tuyo!-

-Esa fue una pequeña mentirilla que tuve que decir para que dejaras de ser tan necia- la miré travieso -Pero digamos que es casi seguro que sea de Malfoy-

-¿Casi seguro?- replicó alzando la voz -¿Eso quiere decir que…- se detuvo, mirándome como si quisiera traspasarme- que no estás completamente seguro? ¿Qué puede ser tuyo?-

-Sí, hay una ligera posibilidad de que sea mío, después de todo las fechas coinciden en algo- me detuve, pensando en las palabras -Al parecer y por como la vi, ni siquiera Ginny sabe quién es el padre, pero eso se puede arreglar con una prueba en cuanto el niño nazca-

Sin decir absolutamente nada Hermione se limitó a quedarse en su posición mientras me miraba. Segundos después, y tensa como si de una roca se tratara, se alejó de mi abrazo para soltar un largo suspiro.

Obviamente preocupada por lo que acababa de decirle.

Sin poder evitarlo, compuse una suave sonrisa al darme cuenta y acaricié sus caderas sugestivamente por debajo de las sábanas.

-Hey, Hey- la llamé mientras ella alzaba la cabeza para mirarme-Si es mío, no me deslindaré de mi responsabilidad, no soy un desobligado tampoco y tú lo sabes- compuso una mueca- Pero no pienso volver a estar con Ginny, no cuando no la amo, y mucho menos ahora que sé la verdad- la tomé por la barbilla- Durante mucho tiempo estuve con Ginny sin amarla, creyendo que lo correcto era estar con ella por el hecho de ser la madre de mi hijo. Pero aún cuando lo sea, no puedo estar con ella porque no la amo, y puedo hacerme cargo de ese bebé sin tener que estar con ella-

Removiéndose entre mis brazos, Hermione compuso una mueca torturada.

-Pero Harry…-

-No Hermione, no empieces- la corté de golpe, negado por completo a dejarla continuar-Estamos aquí por fin juntos, lejos de todos, en un lugar increíble y en la cama…no lo arruines- continúe con mis caricias en sus caderas-Te amo a ti y solo a ti, y ya no quiero pensar en nadie más-

Una vez dije eso pareció calmarse un poco y, soltando un largo suspiro, alzó la vista para mirarme con ojos brillantes y plantarme un corto beso en los labios.

-Eres un tramposo, Harry Potter- me miró con una sonrisa pícara -Me engañaste para meterme a la cama-

-Culpable-

Ante aquella simple respuesta, ambos soltamos una fresca carcajada y la tensión que momentos antes parecía haber reinado el ambiente desapareció por completo. Para dar paso a una intensa sesión de besos que le aseguraron que no quería que se preocupara por nada.

-Anda preciosa, deja de pensar en eso y relájate- dije mientras me enderezaba en la cama -¿Por qué no mejor te bañas conmigo y después nos vamos al pueblo? Las dos cosas me apetecen mucho-

Como única respuesta, Hermione soltó una risa algo nerviosa y se sonrojó al instante, obviamente sofocada ante la idea de bañarnos juntos. Sin darle tiempo a más y conmovido por su reacción, me puse de pie y anudando la sabana a mi cintura di media vuelta para mirarla.

-Anda, vamos a bañarnos preciosa- sonreí de manera pícara- Estoy seguro que nos caerá bien-

Y sabía que lo haría. Anoche mientras Hermione dormía completamente exhausta, me había aventurado a recorrer la cabaña hasta encontrar el jacuzzi que evidentemente tenía signos de no haberse usado desde que Hermione estaba ahí. Con una sonrisa, había tomado nota mental de cambiar ese hecho por la mañana y había regresado a la cama para seguir durmiendo con Hermione.

Por supuesto, ahora pensaba cumplirlo.

-¿Vamos?-

Sentada en el centro de la cama y con sus brazos abrazando sus rodillas cubiertas por la sábana, Hermione soltó un ligero suspiro y asintió con la cabeza con una sonrisa derrotada, seguramente sabiendo que no pensaba aceptar un no por respuesta.

Componiendo una sonrisa satisfecha ante su respuesta, le di un corto beso en la frente y la miré tiernamente.

-Prepararé el baño-

Y dejándola en la misma posición, di media vuelta y entré al enorme baño para preparar la tina. Tardé unos cuantos segundos en preparar un delicioso baño de espuma- después de todo era algo en lo que tenía experiencia-, utilizando el montón de botellitas que había en el aparador y que al parecer no se habían tocado.

Una vez terminado miré la enorme cantidad de espuma en la tina unos instantes y satisfecho con el resultado, di media vuelta para buscar a Hermione. A quien me topé justo detrás de mí, solo con su bata encima y su cabello revuelto, mirándome con una sonrisa y las cejas alzadas.

-¿Me esperabas?-

Sin poder evitarlo, sonreí ante su pregunta y abrazándola por la cintura le planté un suave beso en los labios.

-Ya sabes que sí-

Sin más respuesta que una amplia sonrisa, me deshice de la sábana que me molestaba para meterme en la tina y una vez sentado en el borde, esperé pacientemente a que me acompañara.

Con una sonrisa demasiado autosuficiente, Hermione se deshizo de su bata hasta que cayó al suelo de manera delicada, y finalmente quedó desnuda frente a mí. Sin poder evitarlo, tragué con fuerza y contuve la respiración desde mi lugar mientras la admiraba como un reverendo idiota.

Aunque anoche la había visto, verla ahora a plena luz del día resultaba un espectáculo fascinante, y me pregunté cuando sería que dejaría de maravillarme al verla desnuda. De todas maneras sabía la respuesta.

Con una ligera sonrisita de autosatisfacción al darse cuenta de lo que provocaba en mí, Hermione entró al jacuzzi con una elegancia y delicadeza impresionante para sentarse en el borde, y demasiado alejada de mí para mí gusto. Sin perder el tiempo tomé de la mano y la jalé hacía mí, y en menos de dos segundos la tuve sentada en mi regazo y completamente pegada a mí.

Hermione soltó una ligera risa que me llenó los oídos. Sin dejar de mirarla, alcé mi brazo hacia atrás para buscar algo a tientas, seguro que lo había visto ahí segundos antes y que ahora me sería muy útil.

-Harry- me llamó divertida- ¿Qué haces?-

-Voy a bañarte- le dije con una sonrisa inocente, tomando por fin la esponja de baño- ¿Qué más?-

Frente a mí, Hermione abrió sus hermosos ojos un poco y tragó nerviosa al darse cuenta que hablaba en serio, y esa vez fue mi turno de reír.

Tal como dije, procedí a enjabonarle el cuerpo desde la punta de los pies hasta la base de sus pechos, tomándome la tarea de bañarla y limpiarla muy en serio. Lo hice de manera lenta y suave, disfrutando de tenerla sobre mí mientras ella seguía el recorrido de mi mano por su cuerpo, completamente absorta. En algún momento y sin tener idea cómo, la esponja terminó tirada en algún lugar para ser sustituida por mis manos, las cuales se lanzaron presurosas a acariciar todo su cuerpo resbaloso por el jabón.

Nuestros labios se unieron en un delicioso beso, tan largo y desquiciante que resultó casi torturante.

Hermione se pegó a mí con fuerza, restregando la suavidad de sus senos contra la dureza de mi pecho para sacarme un gemido de satisfacción. Nos besamos con extrema calma. Sin ninguna prisa, preocupación o problema, disfrutábamos de la sensación de tener nuestros cuerpos desnudos y entrelazados, mientras nuestras lenguas se encontraban de manera deliciosa y desquiciantemente lenta, prolongando el momento.

Pensando que aquello era demasiado bueno para ser real. Y sin embargo lo era.

En algún momento las caricias que comenzaron suaves e inocentes se volvieron más intensas y provocativas mientras como única respuesta Hermione comenzó a soltar ligeros gemiditos de satisfacción contra mi boca. Completamente excitado y alentado ante su respuesta, mis manos se perdieron en acariciarla hasta detenerse sobre sus pechos.

Y la necesidad de entrar en ella se volvió más fuerte, urgente…

Imperiosa.

Guiado por esa idea, apreté sus senos con fuerza y mis dedos pellizcaron sus pezones sin miramientos, arrancándole a Hermione un sonoro gemido de excitación contra mi boca que me volvió loco. Entonces perdí el control.

Sin miramiento alguno y casi de manera brusca, la tomé por las caderas y acomodándola a horcajadas sobre mis piernas, entré en ella de una rápida embestida. Arrancándole un sonoro gemido de placer, Hermione se arqueó entre mis brazos y yo me perdí en el placer de admirarla, esperando a que se recuperara antes de comenzar a penetrarla.

Sorprendido, me di cuenta con tremenda satisfacción que aquello no sería necesario.

Sin necesidad de guiarla y justo un segundo después, Hermione comenzó a moverse sobre mi miembro, subiendo y bajando sobre mi regazo mientras mis manos se aferraban a sus caderas para entregarme al placer de hacerla mía.

De amarla por completo.

Y ahí, completamente unidos dentro de la calidez del jacuzzi, le hice el amor hasta verla gritar de placer.


~Hermione's POV~

Una vez que saliéramos de bañarnos y que nos vistiéramos- más bien que Harry me ayudara a vestirme y viceversa entre besos y caricias- salimos de la cabaña cubiertos para soportar el frío de ese día, que después de la nevada de ayer y la lluvia de la noche, era tan intenso que quemaba el rostro.

Con extrema calma y evidente curiosidad por conocer el pueblo que anoche no había podido apreciar, Harry me tomó por la cintura mientras yo lo guiaba por las pequeñas y hogareñas calles del lugar, mostrándole todos y cada uno de los locales que había conocido en esas dos semanas que llevaba ahí.

Paseamos también por grandes y verdes prados cubiertos de nieve blanca, admirando las enormes montañas contra el cielo celeste y despejado y los lagos a sus pies, algunos congelados y otros a punto de estarlo, mientras caminábamos tomados de la mano y hablando solo cuando era necesario.

Sin poder creer que después de tanto tiempo separados, ahora estábamos juntos para disfrutar de aquél hermoso lugar. Para disfrutar de nuestra compañía, del hecho de estar por fin juntos.

La idea era tan maravillosa que estuve tentada a pellizcarme varias veces para asegurarme que no estaba soñando.

Con una lentitud digna de premio, caminamos tranquilos por las calles del pueblito hasta detenernos en mi lugar favorito para desayunar, un pequeño y colorido local ubicado justo frente a la plaza principal y que se parecía demasiado al que solíamos ir en Londres.

-Te encantará. Sirven una comida deliciosa-

-No creo que me encante más que tú, preciosa- me había contestado con un beso en los labios- Pero no dudo que lo haga, muero de hambre-

Sin atinar a hacer algo más que soltar una carcajada nerviosa, entramos al local y nos sentamos en una mesa pegada al ventanal para poder apreciar el hermoso día y la plaza en donde varias personas caminaban, acostumbradas a aquellos días tan fríos.

Tal como había previsto, el desayuno fue tan delicioso que Harry no pudo hacer más que disfrutar de la comida que nos iban trayendo, y con una sonrisa recordé que probablemente no había probado bocado desde ayer, cuando había ido a buscarme.

Y por supuesto, no habíamos tenido tiempo de comer algo, cuando lo único que habíamos hecho era el amor durante toda la noche.

El recuerdo me provocó un delicioso escalofrío.

Una vez terminamos de comer y después de una media hora de charlar de cualquier cosa, salimos del restaurante para dirigirnos a la plaza que se encontraba justo en frente, donde comenzamos a caminar igual que otras parejas y familias. Caminamos por varios minutos tomados de las manos, disfrutando de la sombra de los altos árboles nevados, el sol que comenzaba a calentar el pueblo, y la tranquilidad del día mientras poco a poco le contaba todo lo que había hecho las últimas dos semanas que había estado ahí.

Radiante de felicidad pero intentando mantener la compostura, le platiqué a detalle la gran cantidad de actividades que había hecho y las hermosas cosas que había visto, hasta que finalmente llegó aquella parte de la conversación que había estado queriendo evitar.

-Todo esto…- comenzó inseguro, apretando mi mano entre las suyas- Este viaje…-

Componiendo una sonrisa al darme cuenta que no podía terminar, aferré su mano con fuerza y tomando un largo suspiro seguí mirando al frente. Le dije que aquél viaje lo había planeado Ron como un regalo de aniversario de bodas, y que por supuesto, lo había mantenido en secreto de todos para que fuera una sorpresa. Durante largo rato, Harry siguió caminando sin voltear a verme en ningún instante, con una ligera sonrisa de melancolía mientras aferraba mi mano con fuerza.

En algún momento nos sentamos en una de las bancas cercanas, y ocultos a la mirada de muchos curiosos, Harry rodeó mis hombros con su brazo y recargó su barbilla en mi cabeza para mirar a la gente pasar de manera despreocupada.

No supimos cuanto tiempo pasó mientras estábamos ahí, disfrutando del simple abrazo de nuestros cuerpos mientras charlábamos de todo y de nada a la vez. En algún momento y sin darme cuenta, aquello se convirtió en una plática que giraba solo en torno a mí, con Harry preguntándome cualquier cosa, desde la más simple hasta la más íntima. Extrañada ante su evidente curiosidad, fruncí el ceño para mirarlo divertida y sin poder evitarlo le pregunté la razón de su casi interrogatorio.

-Quiero conocerte- contestó simplemente, plantando un beso en mi frente mientras me aferraba con más fuerza.

Ante aquella sencilla revelación, solté una carcajada divertida y lo miré alzando las cejas como si se hubiera vuelto loco.

-¿Qué dices? Pero si me conoces de toda la vida!-

Como simple respuesta, Harry me plantó un suave beso en los labios para después mirarme con profundidad.

-Conozco a la amiga, no a la mujer- dijo en un tono deliciosamente íntimo, y yo me estremecí ante su mirada- Quiero saber que te preocupa, con que sueñas, que te gusta, que no, como te gusta que te traten, como te gusta hacer el amor…quiero conocerte por completo, Hermione, en todos los aspectos-

Ante aquella simple pero sincera revelación, yo solo atiné a morder mi labio inferior emocionada por sus palabras. La habilidad que Harry tenía para hacerme sentir interesante y especial era simplemente increíble, y aquél verdadero interés por saber quién era en ese rubro de nuestra relación, aún cuando me conociera de toda la vida, me hacía sentir tan especial que no tenía que preguntarme porque lo había amado tanto tiempo.

Me hacía sentir tan increíble. Tan amada. Tan mujer.

Tan suya. En todos los sentidos.

Sin poder evitarlo, le planté un beso tan descarado y sugestivo que estuve segura habría llamado la atención de los curiosos y provocado el escándalo en los inocentes de habernos visto. Contra mi boca, Harry soltó un gemido de satisfacción mientras yo me separaba lentamente de él para mirarlo a los ojos.

-Eres increíble, Hermione-

-No, Harry Potter- negué con la cabeza, colgándome a su cuello con mis brazos- Ese eres tú y tú habilidad para volverme loca nada más con hablar-

Como única respuesta, Harry solo atinó a soltar una carcajada divertida ante mi alarde de franqueza mientras yo volvía a deleitarme con sus labios.


Con la suave luz de la mañana colándose por la rendija de las cortinas cerradas, abrí mis ojos lentamente y me estiré con pereza debajo de la sábana que cubría mi cuerpo desnudo. Soltando un largo suspiro de satisfacción, volteé mi cabeza para mirar el rostro de Harry quien, tumbado boca abajo a mi lado y con su brazo sobre mí cadera, dormía plácidamente y en igualdad de condiciones.

Sin poder evitarlo, sonreí como una idiota al verlo y me estiré un poco más para seguir tumbada boca arriba y mirar el techo de la habitación.

Había pasado una semana exacta desde que Harry me buscara para decirme que me amaba, y después de tres semanas completas de estar ahí, ese era nuestro último día en Suiza.

Mañana volveríamos a Londres. Volveríamos a nuestra casa. Volveríamos a nuestro trabajo. Volveríamos a los Weasley. Volveríamos a Ginny, a Malfoy y sus engaños.

Volveríamos a la realidad.

Y por supuesto, yo estaba aterrada. Estar ahí había sido simplemente perfecto, pues lejos de todos, en un lugar tranquilo y donde solo estábamos Harry y yo, no había tenido que pensar en nada más que me atormentara mientras me dedicaba a disfrutar solo de él y del hecho de que por fin estábamos juntos.

Suspiré. No quería que eso terminara, y sin embargo lo estaba haciendo.

En aquél momento y como si me hubieran dado un golpe, recordé que llevaba precisamente una semana sin comunicarme con Luna, quién seguramente estaría volviéndose loca pensando que rayos había pasado después de que la muy traidora pero oportuna le hubiera dicho a Harry donde estaba.

Con una sonrisa, decidí que nada me calmaría más que escuchar a mi mejor amiga y retirando con cuidado el brazo que Harry tenía sobre mi cadera, salí de la cama para cambiarme con ropa cómoda y colocarme una manta encima. Afuera aún hacía mucho frío, y la chimenea se había pagado hacía horas por lo que el frío comenzaba a sentirse adentro con más intensidad.

Procurando no hacer ruido para no despertar a Harry, me coloqué la ropa con cuidado y una vez lista miré de nuevo a la cama donde estaba. Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado.

Tumbado boca abajo y completamente desnudo salvo por el pedazo de sábana que cubría solo sus caderas, Harry dormía apaciblemente mientras respiraba de manera pausada y tranquila sin saber que frente a él, yo lo miraba como una reverenda idiota.

Como una completa depravada, dejé vagar mi mirada por su cuerpo desnudo y me mordí el pulgar con una sonrisa satisfecha. Desde los anchos hombros, la marcada espalda, los brazos flexionados debajo de la almohada, hasta sus piernas firmes y masculinas, admiré su cuerpo expuesto y tremendamente viril, provocándome un escalofrío de placer al recordar la deliciosa sensación de tener a ese hombre encima de mí haciéndome el amor.

Sin poder evitarlo, miré la deliciosa curva de su trasero cubierta pudorosamente por la sábana y me mordí el labio inferior en una ligera mueca de aprobación. Harry siempre había sido un hombre muy deseable, pero tenerlo en mi cama completamente desnudo, durmiendo sin saber que yo lo admiraba y sabiéndolo mío, lo hacía aún más.

Después de un minuto y una vez que estuve satisfecha con mi escrutinio, meneé la cabeza para salir de mi ensoñación y entornando los ojos, di media vuelta para caminar hacia la entrada. Con extremo cuidado, tomé el teléfono de la mesita a lado, abrí la puerta con cuidado para no despertar a Harry y dándole un último vistazo a la cama salí para cerrar la puerta detrás de mí de manera sigilosa.

Para hablar con Luna estaba segura que necesitaría estar afuera, a no ser que quisiera que Harry se despertara con sus gritos.

~o~

-Eres…eres…- escuché la respiración agitada de mi amiga y reprimí la risa- Eres la peor amiga del mundo, Hermione Granger!-

Entorné los ojos al escucharla, sonriendo de medio lado.

-Mira que tú tampoco te quedas atrás, Lovegood- me defendí de inmediato- Le soltaste a Harry en donde estaba en un santiamén, eres débil-

-Y no me arrepiento- sonreí al escuchar su seguridad- Uno de los dos tenía que dejar de ser tan cabeza dura, y Harry me dio muy buenas razones para traicionarte, Granger-

Ante aquella sincera declaración, yo solo atiné a soltar una carcajada mientras me enrollaba con más fuerza en la manta y miraba el lago frente a mí.

Después de varios reclamos que llegaron casi a los gritos por parte de mi mejor amiga y una vez que se hubiera calmado, el interrogatorio no se hizo de esperar, y sonriendo ante la indiscreción de mi mejor amiga, meneé la cabeza y me dediqué a contestarle.

-Me da tanto gusto, Herms- dijo sincera, yo sonreí de nuevo- Y también me da gusto que ya vayan a regresar, quiero verte para que me cuentes todo con lujo de detalles! Y cuando digo todo, me refiero a todo-

-Luna!-

Al otro lado de la línea solo pude escuchar la risa traviesa de mi mejor amiga mientras yo entornaba los ojos y meneaba la cabeza. Al parecer Luna nunca dejaría de ser esa niña curiosa, sincera y sobre todo imprudente que había conocido en Hogwarts.

-Cuídate Herms, mándale un abrazo a Harry de mi parte, y vuelvan ya!-

-Lo haré, Luna- sonreí, aferrando mi mano al teléfono con fuerza- Hasta luego-

Sin decir nada más, terminé la llamada y me acurruqué más entre la manta para seguir viendo el lago frente a mí.

Sin poder evitarlo, suspiré largamente al recordar porque esa mañana me había levantado con una rara sensación en el pecho.

Esa mañana me había despertado para darme cuenta que era el día de mi aniversario, y sin poder evitarlo, había sentido el remordimiento atacarme de inmediato al darme cuenta que ni siquiera lo había tenido presente los últimos días.

Y que, por supuesto, estaba pasando mi segunda luna de miel, preparada por él, con nada más y nada menos que su mejor amigo.

Ron había preparado aquél hermoso viaje para nosotros, y sin embargo, era con Harry que lo estaba disfrutando. Era él con quién había recorrido todos aquellos hermosos lugares, era él con quien había dormido en esa cama y disfrutado de aquella hermosa cabaña y esas vistas, era él con quién había hecho el amor la última semana.

Era con Harry con quién estaba disfrutando el regalo de aniversario de mi esposo muerto. Y por más que quisiera evitarlo, no podía evitar sentirme miserable.

Y luego también estaba Ginny. Frustrada, solté un largo suspiro al recordar que aún cuando Malfoy había aparecido para decir todas sus verdades y Harry la había dejado, la posibilidad de que su hijo fuera de él seguía ahí, latente.

Como una espina que me impedía disfrutar al máximo el amor que sentía por Harry.

Harry no había tenido que hacer más que tocar a mi puerta esa noche, empapado, y decirme que me amaba para saber que yo me entregaría a él sin restricciones. Sabía incluso que aún cuando no me hubiera mentido sobre su hijo, aún cuando me hubiera dicho que la posibilidad de que fuera suyo aún existía, me habría entregado a él de cualquier forma, solo por el simple hecho de saber que él también me amaba.

Sin embargo, la posibilidad estaba ahí. Suspiré, ¿Qué rayos iba a hacer si el hijo de Ginny resultaba ser de Harry?

No pude responder a esa pregunta. Antes de que mis malditos pensamientos siguieran atormentándome más, los fuertes y cálidos brazos de Harry me rodearon por detrás mientras su manta se confundía con la mía, y colocando su barbilla sobre mi hombro, miró el lago frente a nosotros para pegar sus labios a mi oído.

-¿Qué haces aquí afuera, preciosa?- susurró juguetón contra mi oído, pegándome más a su pecho- Me dejaste solo en la cama-

Sonriendo ante aquél sutil reproche, me acurruqué más contra él para seguir admirando el hermoso paisaje frente a nosotros. Después de todo aquél sería el último día que lo disfrutaríamos, y en aquellos momentos cuando las dudas y los miedos me acechaban poco a poco, estar con él así era simplemente como un sueño del que no quería despertar.

-Salí a hablar con Luna, no quise despertarte-

-¿De veras?- preguntó juguetón, besando mi oído con ternura-¿Y cómo está esa rubia encantadora a la que le debo mi felicidad?-

-Querrás decir rubia traidora- a mi lado, Harry soltó una carcajada mientras sus brazos se ceñían más a mi cintura- Bastante bien, curiosa e imprudente como siempre-

-¿Y a qué se debió la urgencia de hablarle tan temprano?-

-Quería saber cómo estaba todo por allá- me encogí de hombros- No le había hablado en todos estos días, y después de todo…- suspiré, sin poderlo evitar- Mañana volvemos-

-Lo sé-

Durante largo rato nos quedamos sin decir nada, mirando distraídos el lago frente a nosotros mientras nos abrazábamos debajo de las mantas. A mí alrededor, pude sentir los brazos de Harry aferrarse más fuerte a mí, y en aquél momento comprendí que él tampoco quería irse, no cuando todo era tan perfecto entre nosotros.

-Te amo, Hermione-

Incapaz de contestarle y sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda, yo solo atiné a aferrarme más a sus brazos alrededor de mi cintura y pegarme más contra su pecho.

Deseando que ese día no terminara nunca.


Al fin juntos! ¿Les gustó? Espero lo hayan disfrutado y la espera haya valido la pena!

¿Qué seguirá para ellos? Hasta el próximo capítulo!