"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola a todos mis queridos lectores! Aquí les traigo un capítulo largo y bastante interesante (¿Queríamos saber cómo les fue después de Suiza, no?) con el que me estanqué unos días pero que después fluyó como el agua. Cada vez falta menos para el final! ¿Cuántos capítulos? Aún estoy algo indecisa, pero lo que sí puedo decir es que son pocos. Debo advertir que aún no sé cuando publicaré el siguiente cap, pues aunque las ideas ya están en mi cabeza, no sé si el tiempo me dé para hacerlo. Casi llegó al final de mi semestre y con tareas, trabajos y exámenes finales no sé cómo me trate el tiempo y la inspiración para hacerlo.

Esperemos y sea pronto!

Mientras tanto, aquí les dejo otro capítulo con su buena dosis de picante, alegrías y por supuesto una pizca de drama que tanto nos gusta ¿verdad?

Sin nada más que decir, los dejo disfrutar!

Capítulo 24°: Una Oportunidad Para el Amor

~Hermione's POV~

Días después

Parada debajo del chorro de agua caliente, terminé de quitarme el jabón que cubría mi cuerpo mientras llevaba las manos a mi cabeza pare retirar los restos del shampoo.

Esa mañana había despertado más tarde de lo habitual, solo para darme cuenta que se me haría tarde para llegar al trabajo y dejando a Harry seguir durmiendo a mi lado, me levanté para meter a bañarme en un santiamén.

Sin poder evitarlo, solté un largo suspiro y masajeé mi cuello lentamente mientras los pensamientos me embargaban, como siempre que estaba sola. Era extraño que me bañara sola y hoy era una de esas mañanas en las que recordaba porque me gustaba más bañarme con Harry.

Había pasado una semana desde que habíamos regresado de Suiza y salvo por Luna, George y Neville, nadie más sabía que ahora estábamos viviendo juntos en mi casa.

La casa que alguna vez había sido mía y de Ron.

Todo había sido maravilloso hasta ahora. Estar con él, disfrutar de su compañía, de sus caricias, de su risa y de su amor había sido mucho mejor que lo que jamás había imaginado, y por supuesto cuando estaba con él me olvidaba de todo lo demás y me dedicaba a amarlo como siempre había querido.

No pensaba en nada más que en verlo feliz y en disfrutar de tenerlo para mí, y con él me divertía como no lo hacía en mucho tiempo, olvidándome de todo lo demás.

Pero cuando estaba sola…

Antes de poder pensar en algo más, escuché la puerta corrediza abrirse detrás de mí y cerrando sus fuertes brazos alrededor de mi cintura, Harry se unió conmigo bajo el chorro de agua.

-¿Por qué te estás bañando solita, princesa?-

-Es que no quería despertarte, te veías tan tranquilo durmiendo que decidí dejarte dormir un poco más-

-Dormir solo o bañarme contigo- susurró contra mi oído, pegando su pecho a mi espalda- ¿Crees que necesito decidir sobre eso? ¿En serio?-

Como respuesta, yo solo atiné a soltar una carcajada risueña y di media vuelta para pegarme a él como una espora. Pasando mis brazos alrededor de su cuello, le di un largo beso de buenos días y aplasté mis senos contra su pecho mientras Harry soltaba un ligero gemido agradado.

Con una lentitud increíble, paseó sus manos por mi cuerpo desnudo hasta detenerse en mi espalda baja, acariciando sugestivamente mi trasero debajo del chorro de agua. El ambiente se calentó al instante, como siempre que me tocaba.

Terminando el beso lentamente, Harry se separó para mirarme con una sonrisa pícara, con sus labios abiertos a escasos milímetros de los míos.

-Creo que es muy tarde para juguetear un rato ¿Verdad?-

-Creo…- tragué saliva excitada- Creo que sí- le dije con ganas de que hiciera caso omiso a mis palabras y me hiciera el amor.

-Será mejor que te salgas y te vistas de inmediato entonces, antes de que me ponga como loco, te haga el amor y lleguemos mucho más tarde-

Reímos con fuerza y de nuevo le planté un enorme beso para salir de la ducha y vestirme mientras lo dejaba para que terminara de bañarse. Una vez fuera y con una toalla alrededor de mi cuerpo, me paseé frente a mi armario para decidir que ropa ponerme, y estuve tanto tiempo ensimismada en mi tarea que ni siquiera me di cuenta cuando Harry salió de la ducha con una toalla anudada a su cintura para cambiarse también.

-Mujeres…-

Lo escuché mascullar con dulzura detrás de mí mientras lo escuchaba sacar sus cosas para cambiarse, sacándome una sonrisa de oreja a oreja.

Sin fijarme mucho en lo que hacía, tomé un delicado y sexy conjunto de seda verde- uno de los favoritos de Harry- del cajón y dejando caer la toalla al suelo, me lo puse en un santiamén para seguir con la ropa.

Apurada al darme cuenta que en serio llegaríamos tarde, me paseé por la habitación en ropa interior mientras buscaba algo decente que ponerme, pasando los ganchos uno tras otro sin que nada me convenciera.

-¿Negro o azul, cariño?- pregunté al aire mientras miraba las blusas, buscando su practicidad en esos momentos- ¿O rojo, quizás?-

Al darme cuenta que no contestaba, di media vuelta para descubrir que ya cambiado y sentado en la silla del otro lado de la habitación, Harry me miraba idiotizado y con expresión boba en el rostro. Yo sonreí con algo de satisfacción femenina.

-¿Harry?-

-Eh…- pareció reaccionar, meneando su cabeza de un lado a otro- Azul, me gusta la azul-

-Gracias cariño-

Una vez que el gran dilema de mi ropa estuviera resuelto y consciente de que Harry me miraba atento, me coloqué las prendas lentamente hasta que estuve lista y me miré al espejo satisfecha con el resultado.

Con un Harry aún algo desorientado, bajamos a la cocina para comer algo aprisa y sin mayores ceremonias salimos de la casa tomados de la mano para ir a la esquina que siempre utilizábamos para aparecernos.

A principios de Diciembre, el frío era tan intenso que calaba hasta los huesos y sin poder evitarlo, me enganché más a su brazo y me pegué a él en su abrazo para seguir caminando, con una enorme sonrisa de oreja a oreja. Eran esos momentos, cuando estaba con él y me sentía segura y querida, los que disfrutaba como nadie y sin pensar en nada más.

Sin pensar en algo que opacara nuestra felicidad, aún cuando en el fondo, esos dos pelirrojos se aparecieran en mi mente para atormentarme.


~Harry's POV~

Caminando por el pasillo del departamento de Leyes Mágicas con algo de prisa, saludaba a todos los que me encontraba con un único objetivo en mente. Llegar a la oficina de Hermione y rápido.

-Hola, Harry!-

-Que tal, Parvati!- saludé ansioso con una sonrisa y retomé mi recorrido al despacho de la jefa de departamento, donde estaba seguro que Hermione se encontraba.

El tramo que me faltaba me parecía eterno, y sorprendido por mi ansiedad aceleré el paso mientras intentaba no distraerme con nadie a mi paso. Aunque era un día de trabajo como todos los demás, en donde no veía a Hermione y cada quien se ocupaba de sus asuntos, no había podido dejar de pensar en ella toda la maldita mañana, intentando concentrarme en hacer mi trabajo y escuchar lo que me decían los demás sin éxito alguno.

Desde esa mañana que la había visto vestirse frente a mí y ponerse ese maldito conjunto de lencería que ella bien sabía era mi favorito, simplemente no podía sacármela de la cabeza, y durante las últimas horas no había pensando en otra cosa que hacerle el amor.

Ahora, lo único que quería era verla y si podía robarle un beso que me calmara durante el día hasta que estuviéramos en casa. En donde sin duda alguna le haría el amor toda la noche.

Finalmente llegué a la puerta de su oficina, y sonriendo con satisfacción al darme cuenta que Rose no estaba cerca, miré a todos lados para procurar que nadie me mirara y abrí la puerta de caoba frente a mí con desesperación.

Sin mayor ceremonia entré al despacho cerrando la puerta detrás de mí para mirar a Hermione. Parada detrás de su escritorio y de brazos cruzados mientras miraba a través de la ventana, dio un respingo al escuchar el sonido de la puerta abriéndose y dio media vuelta para mirarme.

En cuanto sus ojos se cruzaron con los míos, compuso una enorme sonrisa y se iluminó al instante. Sin poder evitarlo, contuve un escalofrío de emoción al darme cuenta de lo hermosa que se veía cuando hacía eso.

Y sobre todo cuando lo hacía por mí.

De manera inconsciente, eché el seguro de la puerta detrás de mí.

-Harry- me llamó algo extrañada al darse cuenta- ¿Qué haces aquí?-

No contesté, guiado por una fuerza superior a mí que me atraía como un imán hacía ella, caminé hasta toparme con ella frente a su escritorio y sin mayor ceremonia le estampé un beso en los labios que la dejó sin aliento.

-Quería verte- respondí simplemente, aferrándola por el trasero mientras la pegaba a mí- Te he extrañado como un loco este día-

Componiendo una sonrisa triunfal, Hermione alzó una ceja y me miró con aire arrogante.

-¿De veras?- preguntó juguetona- No pensé que fuera tan indispensable-

Dijo en un susurro, mientras sus manos me tomaban de igual manera por el trasero y me acercaban a ella tanto que nuestras caderas chocaron de manera deliciosa. Sin poder evitarlo, reprimí un escalofrío al sentir como se amoldaba a mí de manera instantánea, acomodando mi erección en el hueco de sus piernas.

-Cállate-

Antes de que pudiera componer otra sonrisa, volví a besarla con una fuerza y una ansiedad tan grande que por un momento Hermione se limitó a quedarse estática, algo sorprendida de mi extraña y palpable desesperación. Momentos después, Hermione salió de su sorpresa y correspondió a la caricia de igual manera, rodeando su cuello con mis brazos mientras se pegaba a mí de aquella manera que tan bien conocía y que sabía que me volvía loco.

Pronto aquél deseo que había tenido toda la mañana cambió de inmediato, convirtiéndose en una necesidad tan imperiosa que por un momento intenté recordarme a mí mismo que lo único que necesitaba era un beso para calmar mis instintos.

Pero cuando, de manera extremadamente sensual y casi instintiva, Hermione restregó su cadera contra mi evidente excitación, perdí el control por completo y toda esa estúpida idea de esperar hasta la noche para hacerle el amor se enterró en algún lugar oculto de mi cabeza.

Necesitaba hacerle el amor ahora. Sin importar el momento ni el lugar en el que estábamos.

-¿Harry?- logró llamarme mientras nos separábamos para tomar aire, y extrañada ante la forma en que la miraba, frunció el ceño- ¿Qué pasa?-

No contesté. Con una desesperación que estaba a punto de convertirse en locura, mis labios volvieron a juntarse a los suyos en un beso tal que por un momento creí que nos quedaríamos sin aire y sin poder evitarlo llevé mis manos a vagar por su cuerpo, acariciándola sobre la tela de la ropa que llevaba. Y cuando Hermione soltó un gemido contra mis labios claramente agradada, mandé al demonio todo el autocontrol que me quedaba.

Soltando un gruñido de satisfacción contra su boca, la tomé por las piernas y con una increíble facilidad la cargué hasta pegarla contra la pared más cercana, donde la seguí besando con desesperación mientras ella me respondía aún sorprendida pero con ganas.

-¿Harry?- preguntó en tono algo juguetón, rodeando mi espalda con sus brazos mientras yo la besaba en el cuello- ¿Qué haces?-

-Te hago el amor- respondí sincero, besando el escote entre sus pechos mientras mis manos la aferraban por el trasero- Es lo que he querido hacer desde esta mañana que me torturaste, poniéndote esa diminuta ropa interior enfrente de mí-

Como única respuesta, Hermione soltó un gemido entrecortado y de un salto rodeó mi cadera con sus piernas para comenzar a acariciar mi cabello con desesperación. Sin separarme de ella, saqué mi varita del bolsillo y mascullando un simple "Muffliato" a la puerta detrás de nosotros, la guardé de nuevo para continuar con mi tarea de seguirla besando mientras desabrochaba desesperado los botones de la blusa azul que llevaba ese día.

-¿Harry?- me llamó de nuevo, extrañada al darse cuenta de que había insonorizado la oficina de cualquier ruido.

-No quiero que nos oigan, amor-

Sin darle tiempo a más estampé de nuevo mis labios contra los suyos en un beso, Hermione soltó otro gemido extasiada para relajarse en mis brazos y dejarse llevar por completo. Y, agradeciendo a todos los magos de la historia que por fin no habría más interrupciones, seguí besándola con desesperación.

Finalmente con algo de ayuda de Hermione y con mis manos escociendo por tocarla, terminé de desabrochar la hilera de botones que en aquél momento me pareció tortuosamente interminable para dejarme apreciar por fin el sostén de seda verde que me había robado el pensamiento toda la mañana.

En realidad, lo que había debajo de él.

Y agradeciendo a aquél que había inventado los sostenes con broches por delante, desabroché con facilidad el que tenía enfrente para darme acceso a sus deliciosos pechos, que en un momento estuvieron expuestos para mí y pude degustar a placer. Con prisa, llevé mis labios a succionar sus erectos pezones obteniendo a cambio ligeros gemidos por parte de Hermione, quien se aferró a mí con piernas y brazos mientras se arqueaba entre mis brazos, permitiéndome disfrutar más.

Con una necesidad acuciante y que no podía esperar más, una de mis manos que estaba acariciando sus piernas viajó traviesa hasta el interior de su falda, donde acaricié ligeramente las caras internas de sus muslos mientras la otra la aferraba del trasero para mantenerla pegada contra la pared.

-Hermione-

Susurré su nombre, sintiendo los ligeros escalofríos de su espalda mientras mi mano se aventuraba debajo de su falda y mis labios seguían con sus caricias en sus pechos. Y cuando mordí sus pezones, me tomó del cabello y tiró con fuerza, sofocando un sonoro gemido que seguramente habría atravesado las puertas sin el hechizo y que solo logró excitarme más.

Y por supuesto, no pensaba quedarme de brazos cruzados.

Completamente desquiciado y con brusquedad, llevé mi mano a su intimidad y haciendo a un lado la molesta ropa interior enterré dos dedos en su sexo de golpe. Como respuesta, Hermione soltó un sonoro gemido y arqueó su espalda, enterrando sus uñas en mi espalda con fuerza.

-Por Merlín, Harry!-

Sin mayor ceremonia, comencé a mover mis dedos dentro de su resbaloso interior mientras ella gemía desesperada y se aferraba a mí con brazos y piernas, sintiendo como sus pliegues se contraían con fuerza alrededor de mis dedos, pidiéndome más con sus ligeros espasmos y gemidos tímidos.

Con Hermione entre mis brazos, permitiéndome acariciarla de aquella manera en su oficina y en pleno horario de trabajo, me parecía un sueño erótico demasiado bueno para ser real. Actuaba rápidamente y de manera salvaje, casi con un instinto animal, guiado por mi único deseo de poseerla mientras mis dedos se perdían en su interior a un ritmo rápido y constante.

Por Merlín, la deseaba tanto que dolía.

-Harry!-

Ante el sonido de mi nombre de aquella manera tan sensual, lo único que atiné a hacer fue gruñir con fuerza y enloquecido de pasión la aferré con mi único brazo con fuerza y la llevé hasta el escritorio detrás de nosotros donde, sin mucha delicadeza la senté en el borde para seguir con mis caricias en su entrepierna.

-Por Merlín, Hermione- gruñí frustrado al darme cuenta de lo mojada que estaba.

Siempre estaba tan húmeda. Y tan caliente. Para mí.

Aquella idea me volvió loco de deseo.

-Harry, por favor- gimió Hermione en una súplica, llevando sus manos a mi cintura de manera torpe- Por favor-

Sin entender muy bien que estaba haciendo, la miraba mover sus manos alrededor de mi cintura sin rumbo fijo. Finalmente, con manos temblorosas y presa de la excitación mientras mis dedos la penetraban, llevó sus manos al zipper de mi pantalón hasta bajarlo con prisas, dejando libre por fin mi erección entre sus piernas. Sin poder evitarlo, solté un gruñido de placer al darme cuenta de lo que quería.

-Harry, por favor-

Me suplicó de nuevo, y respondiendo a medias a su tácita petición, la tomé por las piernas para acomodarme entre ellas y la arrastré hasta el borde del escritorio. Sin embargo no la penetré, y decidido a torturarla, retiré mis dedos de su entrepierna y subí su falda lo suficiente para darle a entender que sabía lo que quería, sacándole un gemido de frustración que me excitó aún más.

-Dime Herms- susurré sereno contra su oído, con la punta de mi miembro tocando su aún cubierta intimidad- ¿Qué es lo que quieres?-

-Te…- tomó una larga bocanada de aire- Te quiero a ti, dentro de mí-

Aquello fue lo único que necesité escuchar. Soltando un gruñido de satisfacción contra su oído, la aferré de los muslos y haciendo a un lado la ahora molesta prenda interior entré en ella de una rápida embestida, arrancándole un grito de placer que me llenó los oídos.

Con una fuerza pero lentitud increíble comencé a penetrarla, disfrutando de sus pliegues contrayéndose a mí alrededor y de su cuerpo arqueándose de placer ante cada envite, que podía notar como poco a poco comenzaba a parecerle insuficiente. Después de unos instantes y contrario a lo que ella esperaba, continuaba con aquellas fuertes pero lentas arremetidas en su interior, comenzando a aumentar en ella su deseo de ir más rápido y su frustración al darse cuenta que no lo hacía.

Y aunque me moría por ir más rápido y acabar con esa terrible agonía también, no podía evitar torturarla un poco, disfrutando de la visión de su cuerpo moviéndose y su cadera alzándose anhelante contra mí, en una suave petición a aumentar el ritmo.

En una muda entrega a mí. Completamente guiado por aquella idea y en un intento por aumentar su frustración, salí por completo y la penetré de nuevo una sola embestida con fuerza, arrancándole un gemido entre satisfecho y frustrado que me llenó los oídos.

-Harry, por favor- se quejó en una súplica- Por favor, deja de hacer…-

-¿Hacer que, Hermione?-

No contestó. La penetraba a un ritmo lento y constante, con la suficiente fuerza para mantenerla excitada y anhelante pero no con la rapidez para tenerla satisfecha. Torturándola. Quería apreciar todas y cada una de sus reacciones, quería que se entregara a mí por completo.

-Dime lo que deseas, Herms-

-Quiero que vayas más rápido-

Ante aquella petición tan simple, solté un ligero gemido contra su pecho y obedeciendo a sus deseos y a los míos, aumenté el ritmo de mis penetraciones poco a poco, escuchando como los gemidos de Hermione iban en aumento mientras la hacía mía en su oficina, encima de su escritorio, a plena luz del día y con todos los demás trabajando detrás de esas puertas.

Y en aquél momento, di gracias a Merlín y a todos los magos que habían inventado el hechizo insonorizante, pues estaba seguro que con los ligeros grititos de Hermione nos habrían descubierto en un santiamén.

-Harry-

Incapaz de pensar en más al escuchar mi nombre de sus labios, bajé mi vista para mirarla desesperada y anhelante, moviéndose debajo de mí en un intento por sentirme aún más. Decidiendo que tenía que cumplir aquella necesidad, busqué con la mirada hasta toparme con la silla que teníamos a un lado y la idea llegó a mí en un santiamén. Satisfecho y ansioso, sonreí de medio lado y la tomé por los brazos para ponerla en práctica.

Estaba seguro que ninguno de los dos se decepcionaría.

Arrastrándola conmigo como si fuera una pluma me senté en la silla detrás de su escritorio y tomándola por la cintura la senté a horcajadas sobre mí, enterrándome en ella de una fuerte embestida. Entre mis brazos, Hermione arqueó la espalda de placer y soltó un gemido refrescante que me inundó los sentidos y me hizo perder la razón.

-Ha…Harry- susurró en un gemido entrecortado, mirándome con ojos cegados por placer.

Y tomando una iniciativa inesperada, Hermione se alzó solo lo suficiente para que saliera de ella y después de unos segundos de agónica tortura se dejó caer sobre mi miembro para envolverme de nuevo en su estrecho interior, arrancándonos a ambos un gemido de satisfacción que no tardó en indicarnos que aquello era la gloria misma.

Maldición, era tan estrecha que podría volverme loco de placer.

-Ahora muévete, Herms-

No necesité pedirle más. Con una lenta pero deliciosa cadencia, Hermione hizo exactamente lo que le rogué y comenzó a moverse sobre mí de manera desquiciante, recibiendo mi miembro entre las paredes de su sexo mientras se contraía sobre mí, volviéndome completamente loco.

-Hermione-

Como única respuesta, solo obtuve un gemido entrecortado mientras se pegaba a mí con fuerza, restregando sus apenas descubiertos pechos contra la dureza de mi pecho que hervía de calor debajo de la maldita camisa. Una camisa que me habría encantado quitarme para sentir la suavidad de su piel sobre mi piel desnuda, pero en aquellos momentos, entrar en ella se había vuelto lo único que ocupaba mi mente.

Hacerla mía, poseerla por completo. Amarla sin reservas.

Aferrada a mí, Hermione subía y bajaba sobre mi miembro en una danza deliciosa mientras sus movimientos aumentaban en rapidez y mis embestidas aumentaban en fuerza. Mis manos se movían libremente por su cuerpo, acariciando sus piernas, aferrando su trasero, o tomándola por la espalda mientras mis labios mordían y succionaban los erectos pezones de sus perfectos pechos, arrancándole suaves y deliciosos gemidos mientras sus uñas se enterraban en mi espalda como prueba de su placer.

-Harry…Harry-

Y en algún momento perdí la razón. Necesitaba poseerla por entero, y con aquél simple pensamiento en mente la tomé por las caderas para ayudarla a moverse más rápido sobre mí y para embestirla aún con mayor fuerza.

En algún momento, aquellas embestidas que habían empezado como un juego lento y tortuoso pronto se volvieron rápidas, frenéticas y desesperadas, mientras los gemidos de Hermione iban en aumento y yo me limitaba a esconder mi cabeza en su cuello, completamente enloquecido por el cúmulo de sensaciones que el roce de nuestros cuerpos me causaba. Nuestras caderas chocando ahora en una deliciosa sintonía, permitiéndome salir cuando ella subía y entrar con fuerza cuando bajaba, permitiéndome maravillarme por la forma en la que me recibía dentro de ella. Permitiéndome amarla a mi gusto.

Y con aquél simple pensamiento en mente, sentí la maravilla del orgasmo al mismo tiempo que ella quien, soltando un largo gemido de placer y arqueando su espalda entre mis brazos, se dejó caer sobre mí con su respiración agitada, mirándome como si no pudiera creer lo que acababa de suceder.

Durante unos momentos que parecieron eternos, nos limitamos a mirarnos con nuestros pechos subiendo y bajando rápidamente y sentados y abrazados aún sobre la silla, intentando normalizar nuestras agitadas respiraciones.

-Eso…- comenzó Hermione, mirándome con ojos desorbitados e intentando tomar aire- Eso fue…-

Sin dejarla continuar, le di un suave beso en los labios y sonreí de medio lado al darme cuenta que aún se encontraba aletargada debido al clímax.

-Cuando gustes, preciosa-

-¿Hermione?-

Sacándonos de la burbuja en la que nos encontrábamos, se escuchó la voz de Rose detrás de la puerta a tiempo que se escuchaban unos ligeros toques en la puerta. Ambos dimos un respingo, y miré a Hermione respirar con dificultad mientras, aún encima y alrededor de mí, daba media vuelta hacia su escritorio, tomaba su varita y apuntaba a la puerta.

-Diffindo- susurró en un gemido entrecortado.

Y de manera inmediata el muffliato que yo había aplicado desapareció, y fui capaz de oír con claridad los sonidos del exterior. Levanté la vista lo justo para ver a Hermione tomar aire y dirigirse a la puerta.

-Di…- jadeó ligeramente cuando, sin previo aviso, mi dedo índice rozó su seno derecho- Dime Rose…-

Dijo aquello de golpe y yo me limité a disfrutar de su expresión de gozo cuando pellizqué un rosado pezón y ella mordió su labio inferior, conteniendo un gemido.

Mientras Rose esperaba afuera.

-Tengo…- dudó, yo sonreí de medio lado contra la piel de Hermione- Tengo los papeles que necesitabas…si quieres…podemos checarlos ahora que…-

Reprimiendo un gemido asustado, Hermione volteó su rostro lo justo para mirar la puerta, y tomando el aire suficiente para volver a hablar, se alejó de mi para impedir que siguiera con mis caricias sobre sus senos desnudos, que sobresalían deliciosos de su blusa completamente abierta.

-N-No- dijo entrecortadamente, yo disfruté mirándola, intentando decir algo coherente mientras yo seguía enterrado en ella- No es necesario Rose, ve a comer-

-Pero…-

-En serio, no te preocupes- logró decir, alejándose de mí lo suficiente para impedir que la tocara- Nos vemos en un rato-

Hubo un silencio de unos cuantos segundos.

-De acuerdo- dijo no muy convencida- ¿No vienes?-

Sin dejarla contestar, la tomé por la espalda para acercarla a mí de nuevo, y dirigiéndole una simple mirada traviesa, mi boca se apoderó de uno de sus senos y mordí su pezón sin miramientos.

Miré hacia arriba solo para admirarla en el momento justo cuando, conteniendo un grito, Hermione mordió su labio inferior y cerró los ojos mientras echaba su cabeza hacia atrás. Gimió quedamente, y sus manos se posaron detrás de mi nuca para jalar mi cabello con desesperación.

Poniendo fin a la tortura, me alejé de ella y la miré tomar el aire suficiente para exclamar otra oración coherente.

-En seguida te alcanzo…provecho -

Segundos después se escucharon los pasos de la mujer, suaves y delicados, resonaron por todo el pasillo, bajando de intensidad hasta que finalmente desaparecieron.

Con mi rostro enterrado entre los senos de Hermione, no pude evitar soltar una risa divertida al tiempo que mis manos la abrazaban por la cintura. Y segundos después, cuando todo había terminado, la escuché soltar un suspiro aliviado.

Sonriendo al escucharla, besé el valle de sus senos, pensando que aquello había sido lo más excitante que me había pasado jamás.


~Hermione's POV~

-¿Estás loco? Pudo haber intentado entrar!-

Frente a mí, Harry soltó una carcajada divertida y acarició mis caderas por encima de la tela para después conformar una pícara sonrisa.

Yo aun me encontraba algo aletargada por lo que acababa de pasar, e intentando no soltar una carcajada, comencé a abrochar los botones de mi blusa con rapidez.

-Pero no lo hizo preciosa- me besó con rapidez- Además, tienes que admitir que fue…divertido-

Divertido. Excitante. Increíble. Todo lo que vivía con el cabía en una de esas tres categorías, pero algo renuente a aceptarlo, solo atiné a soltar una risita risueña mientras Harry terminaba de abrochar mi blusa.

Una vez que toda la ropa estuvo en su lugar, nos separamos con algo de renuencia y poniéndonos de pie para terminar de alisar nuestra ropa, Harry acomodó mi despeinado cabello con esmero y yo hice lo mismo con el suyo, sonriendo de manera cómplice.

-Bien, creo que ahora podré sobrevivir lo que resta del día- me pegó a él, colocando sus manos en mi cintura- Y así por fin queda claro lo que puedes causar cuando te paseas en ropa interior frente a mí-

Sin poder evitarlo, solté una carcajada y llevando mis manos a acariciar su cabello, le planté un largo y delicioso beso que duró más de lo esperado. Una vez separados, satisfechos y serenos nos miramos una sonrisa de reverendos idiotas plasmadas en nuestros rostros.

-Te veré en casa, preciosa- me plantó un suave beso en la frente- Te amo-

Sin esperar a que contestara y componiendo una sonrisa suave, Harry apretó mi mano con ternura y dio media vuelta para salir de mi oficina, cerrando la puerta detrás de él con cuidado.

Dejándome a mí en las nubes y con ganas de llegar a casa cuanto antes.

~o~

Esa misma noche, sentada en el sofá frente a la televisión mientras miraba una película, escuché el sonido de la puerta abrirse y en menos de dos segundos un agotado Harry entró a la sala, sacándome una sonrisa al instante.

Componiendo una mueca de alivio al mirarme, se quitó el abrigo que llevaba para tirarlo a un lado y quitándose los zapatos de una patada me dio un beso en la frente.

-Hola preciosa-

En menos de dos segundos se metió conmigo entre las mantas, y acurrucándose contra mi pecho soltó un largo suspiro de satisfacción para seguir mirando la película.

-Hola, cariño. Te ves cansado- comencé a juguetear con su cabello con delicadeza- ¿Todo bien?-

-Bastante bien- se movió un poco para abrazarme, colocándome encima de él- Solo quería llegar a casa y estar contigo-

Como única respuesta, solo atiné a sonreír de oreja a oreja para plantarle un beso en los labios y acomodarme contra su pecho. Durante largo tiempo, nos limitamos a mirar la película sin decir absolutamente nada, mientras la misma idea que me había estado rondando cuando estaba sola, volvía a instalarse en mi cabeza.

Y sin poder evitarlo, hice la pregunta que hacía casi todos los días.

-¿Has…- subí mi rostro para mirarlo- ¿Has hablado con Ginny?-

Como siempre que mencionaba el tema, Harry solo atinó a entornar los ojos y soltar un bufido cansado.

-No- contestó simplemente, acariciando mi espalda baja distraído- No he hablado con ella-

Sabía que le molestaba y a esas alturas, estaba segura que estaba harto de que le preguntara por Ginny cada y tanto, sabiendo que mi verdadera intención era saber quién rayos era el padre del bebé que Ginny estaba esperando.

Por supuesto, a Harry le molestaba más que nada, pero yo no podía evitar preguntarle lo mismo todos los días.

-Harry…- comencé algo indecisa, acariciando su pecho- Mi amor, deberías hablar con ella para…-

-Lo sé, Herms, lo sé- me interrumpió algo serio- Ya te dije que si ese bebé es mío, me haré responsable de todo. Pero también quedamos ya en que eso no nos afectaría ¿Verdad?-

-Lo sé, pero…-

-No Hermione, nada de peros- me cortó de inmediato- Hablaré con Ginny a su debido tiempo, por lo pronto, lo único que me importa es estar así, contigo-

Me acarició con ternura y sin decir absolutamente nada, volví a bajar mi cabeza y me acurruqué contra su pecho para seguir mirando la película mientras sus manos se deslizaban por mi cuerpo, haciéndome sentir segura, amada y feliz.

Y negada a la idea de volver a pensar en Ginny y su hijo, me quedé dormida entre sus brazos.


~Harry's POV~

Días después

-No tío, no hagas ruido! Victoire, tía Herms y las demás nos descubrirán!-

Pegado a mi pierna y con una sonrisa traviesa, Fred asomó la cabeza por el tronco del árbol que nos ocultaba y volvió a esconderse detrás de mí con una sonrisa de emoción. Como única respuesta, yo solo atiné a permanecer en el lugar que tenía mientras con mi dedo en la boca le pedía a Fred que guardara silencio.

-Ahí están! Tía Herms, Lucy, Molly, ahí están!-

En el momento justo que Victoire gritó eso, Fred y yo salimos de nuestro escondite para comenzar a perseguir a las tres pequeñas y a Hermione por el jardín de La Madriguera mientras a lo lejos, los demás Weasley terminaban de recoger los platos del almuerzo.

Esa mañana era simplemente excelente y después de un delicioso almuerzo y una charla amena en La Madriguera, Fred, Victoire y los demás nos habían convencido a Hermione y a mí para jugar un rato. Ahora, completamente despreocupados, descalzos y algo desaliñados, jugábamos a las escondidas por todo el jardín.

-Por aquí, tío! Tu ve detrás de mi tía Hermione, yo voy por Lucy!-

No tuvo que pedirlo dos veces. Con un simple guiño de ojo a mi sobrino, salí a la caza de la hermosa mujer que descalza, con el cabello revuelto y las mejillas sonrosadas corría por el jardín hasta internarse en los arbustos detrás de los árboles.

Perfecto. Pensé con una sonrisa de triunfo y en menos de dos segundos, la alcancé hasta tomarla de la mano y de un solo tirón la pegué a mí con fuerza.

-Atrapada-

Rodeados por el montón de árboles y arbustos quedamos completamente invisibles a todos los demás, lo que lo hacía al lugar el escondite perfecto. Sin darle tiempo a decir nada, le planté un dulce e intenso beso en los labios para pegarla a mí con fuerza.

-Harry!- exclamó divertida, mirando hacia atrás entre risueña y asustada- Alguien podría vernos!-

-Nadie va a vernos- le di otro beso, acariciando su espalda baja- Estamos escondidos de todos-

Por supuesto, aún no le habíamos dicho a nadie que estábamos juntos. Tanto Hermione como yo habíamos preferido esperar un poco a que las cosas se calmaran, y aunque sabíamos que nadie lo criticaría y que incluso George ya lo sabía, estábamos seguros que lo mejor era mantenerlo en secreto por ahora.

Pero ver a Hermione tan cerca y a la vez tan lejos, sin poder tocar, abrazar o besar había sido simplemente una tortura. Sin poder evitarlo, le planté otro intenso beso y esta vez Hermione respondió con fuerza, introduciendo su lengua en mi boca de manera experta, para volverme loco de deseo.

-Te he extrañado toda la mañana- dije sin aliento, pegándola más a mí- Queriendo besarte y tocarte, es una verdadera tortura-

-Entonces hay que aprovechar este momento, cariño-

Y sin darme tiempo a más, rodeó su cuello con mis brazos para darme un beso que estuve seguro me dejaría satisfecho por el resto de la mañana.

~o~

Ese domingo desperté demasiado tarde. Soltando un bostezo miré el reloj de la mesita de noche que marcaba las diez de la mañana y con una sonrisa, volteé mi cabeza hacia un lado para darme cuenta que estaba solo.

Abajo, una fuerte y movida melodía resonaba por toda la casa.

Extrañado ante el sonido, me levanté y una vez que me puse el pantalón del pijama bajé a la planta baja donde el sonido se intensificó hasta que pude reconocer el ritmo movido de una canción que a Hermione le encantaba. Caminé rumbo a la cocina, donde se escuchaba el claro sonido de utensilios y el aroma de panqueques recién hechos inundaba el ambiente.

Solo para toparme con la escena más sensual, sexy y divertida que hubiera visto jamás.

De espaldas a mí, lavando los trastes sucios y con un ligero camisón de seda azul, Hermione se movía al ritmo de la canción de manera suave, lenta y tan desinhibida que derrochaba una sensualidad increíble. Creía que Hermione no podía ser más sensual de lo que ya era, pero al parecer había estado completamente equivocado.

Verla bailar de aquella manera, moviendo sus caderas, su cintura, sus brazos, ajena al mundo, divertida y sobre todo creyendo que nadie la veía, era en definitiva algo excitante.

Sin hacer un solo ruido crucé mis brazos sobre el estante vacío que tenía a mi lado y apoyé mi barbilla en ellos con la mandíbula desencajada, mirándola como un reverendo idiota.

Incapaz de creer que esa mujer, tan hermosa, sensual y brillante era mía.

Aquello solo confirmaba el amor que sentía por ella, al verla bailar de aquella manera, robándome el aliento y la serenidad. Excitándome poco a poco.

Aunque sabía que Hermione me amaba como yo a ella, no había vuelto a decírmelo con palabras desde aquella noche en la cabaña. Yo lo decía cada que tenía oportunidad, y aunque no necesitaba una respuesta, las últimas veces lo había dicho sin esperar que me respondiera, consciente de que no respondería.

En realidad, la única ocasión en la que lo había dicho no podía contarse debido a que Hermione no estaba segura que yo la hubiera escuchado. Lo había dicho segundos después de alcanzar la cima de nuestro amor y nuestro placer, y aunque estaba seguro de sus palabras, ella no tenía idea si yo las había escuchado o no.

Aquello me perturbaba. Estaba seguro de su amor, y sin embargo, no podía evitar sentirme un poco inseguro al respecto. Y yo sabía perfectamente que todo se debía a Ginny y a mi posible hijo, pero no podía dejar que eso se interpusiera entre nosotros.

Sin poder soportar más verla sin tocarla, me acerqué a ella hasta quedar a sus espaldas y rodeé sus caderas con mis brazos para apoyar mi barbilla en su hombro. Como única respuesta, Hermione soltó un ligero gritito y saltó ligeramente, sacándome una sonrisa mientras yo comenzaba a moverme al vaivén de sus caderas.

-Buenos días, preciosa- susurré contra su oído, apretándola contra mí- ¿Sabías lo peligroso que resulta que seas tan sensual y que bailes de esa manera frente a mí?-

Como única respuesta, sus mejillas se colorearon y sonrió nerviosa mientras detrás de ella, la evidencia de mi excitación le confirmaba en efecto lo peligroso que era.

-Creo…- tragó saliva, acariciando mí cabello con una de sus manos- Creo que me puedo dar cuenta-

Soltando una sincera risa, la besé lentamente mientras ella me respondía suavemente y daba media vuelta para quedar frente a mí. La canción se había acabado y para entonces nos limitábamos a besarnos tranquilamente, hasta que finalmente nos separamos.

-¿Qué te apetece hacer hoy?- pregunté una vez separados- Podríamos ir a…-

Antes de poder decir algo más y como si alguien quisiera hacerme la vida difícil, el patronus de Seamus apareció en la cocina frente a nosotros para comunicarme que necesitaba reportarme en el Ministerio con carácter de urgente. Frustrado y una vez que el maldito patronus se hubiera ido, volví a mirar a Hermione y solté un largo suspiro.

-Maldición- susurré entre dientes, para después mirar a Hermione y componer una sonrisa- Creo que tengo que ir, preciosa-

-Creo…- me dio un ligero beso en los labios, componiendo una mueca de desilusión- Que sí-

-¿Por qué no te pones un vestido lindo y te arreglas? Quiero llevarte a cenar ésta noche-

-¿A cenar?- Hermione parpadeó con una sonrisa- ¿Ésta noche?-

Sin responder de inmediato, me limité a asentir mientras la aferraba más a mí. Llevarla a cenar a un lindo restaurante, comprarle unas flores y simplemente sacarla a tener una cita decente me parecía lo mejor para ella. Para ambos.

Que se olvidara de Ron, de Ginny, de Malfoy, de mi posible hijo y de las culpas que la embargaban era lo mejor que podía hacer en esos momentos.

-Así es- contesté por fin- Me acabo de dar cuenta que nunca hemos tenido una cita decente, y tengo ganas de consentir a mi novia ¿Qué dices?-

Como única respuesta, Hermione aferró mi cuello con sus brazos y plantándome un dulce beso en los labios se separó para componer una sonrisa.

-Lo único que digo, es que espero que llegues pronto. Tu cita estará esperándote impaciente-

Soltando una carcajada la abracé contra mi pecho y besé su frente con ternura, esperando que lo que fuera que necesitaran en el Ministerio fuera rápido.


~Hermione's POV~

Cuando terminé de arreglarme, el reloj marcaba poco más de las cinco de la tarde. Debido al invierno afuera ya se encontraba oscuro, perfecto para salir a cenar. Con el corazón en un puño y mariposas en el estómago di otra vuelta más frente al espejo para mirarme con ojo crítico.

Había decidido ponerme un vestido sencillo pero provocativo en color azul marino, unas medias en color negro y unos zapatos de tacón de aguja del mismo color complementaban el atuendo, que encima llevaría mi abrigo negro.

Arreglando mis pestañas y colocándome brillo labial por última vez, me miré al espejo y satisfecha con el resultado, suspiré nerviosa. La última vez que había tenido una cita había sido hacía más de cuatro años y con Ron, y la idea de volver a tener una cita con nada más y nada menos que Harry me causaba unos nervios tan terribles que no podía dejar de moverme agitada.

-Tranquila, Hermione-

Con una última sonrisa al espejo salí de la habitación para bajar a la sala y esperar a que Harry llegara, cuando el sonido del timbre en la puerta resonó por toda la casa.

Fruncí el ceño. Harry se había llevado la llave, así que era imposible que fuera él. Extrañada, bajé las escaleras y abrí la puerta para toparme a la persona que menos esperaba encontrarme y por la que había preguntado la última semana, mirándome con serenidad.

Y con su enorme barriga de embarazo sobresaliendo por su abrigo.

-Ginny…-

-Hola, Hermione- me miró de arriba abajo para después dirigir su mirada adentro de la casa- Espero no interrumpir ¿Puedo pasar?-

Intentando no perder la serenidad que comenzaba a irse poco a poco, la miré seriamente y asentí con la cabeza. Por dentro, me sentía completamente contrariada.

-Em…sí- me hice a un lado- Pasa-

Sin mayor ceremonia y componiendo una casi invisible sonrisa, pasó por mi lado y entró a la casa mientras yo la seguía, mirando todo a su alrededor como buscando algo. Mejor dicho a alguien. Una vez que se hubo asegurado que ese "alguien" no estaba y llegamos al centro de la sala, dio media vuelta y me miró.

-Veo que vas a salir- volvió a mirarme de arriba abajo- No te preocupes, no te quitaré mucho tiempo-

No contesté. Completamente tensa en mi lugar, la miré fijamente mientras ella se paseaba un poco por la sala. Su mirada se encontró con una fotografía en la chimenea detrás de mí, y esa vez sonrió sincera. Supuse que era la única foto de Ron que aún quedaba en ese lugar, como un recordatorio de lo mucho que todos lo extrañábamos.

-Supongo que saldrás con Harry, ¿No?- se llevó las manos a su abultado vientre- No es un secreto que los dos están juntos, no han sido muy...- buscó las palabras- Cuidadosos, después de todo-

Cerré mis ojos cansada. Ya se había tardado en aventar su veneno como siempre, y al parecer, aquella vez no iba a ser la excepción. Aunque esa vez había una diferencia abismal. Parecía sinceramente preocupada, no solo con el afán de molestar esta vez.

Eso no me agradó nada.

-¿A qué viniste, Ginevra?-

-Había pensado hablar con Harry, digo, le he estado hablando todos los días y no me contesta- miró al sillón a su lado donde se encontraba una camiseta para dormir de Harry, la tomó entre sus manos y sonrió- Ahora entiendo porque…- miró de nuevo a su alrededor- Estaba haciendo esto, contigo-

De nuevo me quedé sin contestar. Incapaz de pensar en nada coherente que decirle, la miré mientras dejaba la camiseta de nuevo en su lugar y volvía a mirarme.

-Pero creo que lo mejor será hablar contigo, si no cabe la cordura en él, por lo menos que quepa en uno de los dos-

-¿Qué pretendes, Ginny?-

-No, Hermione ¿Qué pretendes tú?- soltó de inmediato, y su semblante cambió por completo- Jugando a la casita feliz con Harry y revolcándote con él, y ahora si no puedes negármelo- apuntó a la camiseta- Pretendiendo que todo está bien, cuando no lo está-

Se llevó las manos al vientre y de inmediato, todos los miedos, preocupaciones y dudas que había tenido toda la semana volvieron a instalarse en mi cabeza, mientras mi corazón comenzaba a latir con fuerza.

-¿Sabías que Harry no sabe quién es el padre de su hijo verdad? O déjame adivinar- me miró serena- ¿Te aseguro que era de Malfoy para poderte meter a la cama por fin?-

Ahora fue mi turno de sonreír. Aún cuando por dentro me moría de la angustia por lo que Ginny fuera a decirme, no podía darle el gusto de verme así.

-Te equivocas, Ginevra. Harry me dijo que no estaba seguro quién era, pero no pensamos permitir que eso nos afecte-

-Vaya! Menuda sorpresa me has dado, Herms. Al parecer eres más…práctica de lo que pensaba-

-Y tu peor de lo que imaginaba, acostándote con Malfoy y engañando a Harry de esa manera-

Al parecer eso dio en el clavo. Abriendo sus ojos de par en par ante mi agresiva respuesta, Ginny parpadeó rápidamente, tal vez incapaz de creer que por una vez le hubiera regresado la bofetada. Pero había llegado al límite de mi paciencia, y no pensaba permitir que siguiera con su veneno.

-Así que basta, Ginny. ¿Qué es lo que quieres? ¿No crees que ya le has hecho suficiente daño a Harry? ¿No crees que lo has engañado lo suficiente ya?- me crucé de brazos y alcé mi barbilla- Acostándote con otro, haciéndole creer que el hijo que esperas es suyo y…-

-El hijo es de Harry, Hermione-

Aquello me cayó como un balde de agua helada. Había pensando muchas veces en cómo reaccionaría si al final de cuentas el hijo si fuera de Harry. Creía que después de todo lo que habíamos pasado juntos y por lo mucho que lo amaba, no permitiría que aquello me afectara, tal y como le había prometido a Harry.

Ahora me daba cuenta que había sido una promesa falsa.

-Me acosté con Draco, sí, lo hice- se llevó las manos al vientre- Es por eso que estoy aquí. Porque sé que no merezco que Harry me ame o este conmigo, pero el bebé que estoy esperando es de Harry, de eso no hay duda alguna-

No contesté. Con mis ojos abiertos de par en par y el corazón en un puño, la miré dar unos cuantos pasos por la sala mientras sus manos acariciaban su vientre, mirándome mientras esperaba una respuesta que no llegaría.

El hijo era de Harry. Ese bebé era de Harry, y yo había sido una idiota al ilusionarme con lo contrario.

-Aunque imagino que te da igual si es de él o no, después de todo tu ya sabías que podía ser de él, creo que no puede darte igual lo que le estás haciendo a Ron- entrecerró un poco los ojos-¿No te da vergüenza lo que haces, Hermione?-

De nuevo no hubo respuesta. Con los ojos anegados en lágrimas, tomé una larga bocanada de aire y me obligué a controlarme mientras Ginny volvía a hablar.

-Me imagino que después de lo que pasó Harry fue a buscarte a Suiza-

-Cómo…- parpadeé sorprendida-¿Cómo sabes que yo estaba ahí?-

-¿Qué cómo sabía? Por Merlín, Hermione- entornó los ojos-Si yo misma le ayudé a mi hermano a planear ese viaje-

-¿Qué?-

-Pocas semanas antes de que muriera, Ron me habló para decirme que pronto cumplirían cinco años de casados- me miró con intensidad-Quería darte una sorpresa. Yo misma le di la idea de llevarte ahí, y con mi ayuda separó ese viaje y lo demás para sorprenderte-

Me limité a quedarme callada.

-Ese viaje lo planeó para los dos ¿Y tú qué hiciste? Acostarte con su mejor amigo, Hermione. Su mejor amigo. En el lugar que mi hermano planeó para ti, para los dos- me apuntó con el dedo-Disfrutar con Harry cuando mi hermano no lleva más de seis meses en su tumba, metiéndote con su mejor amigo, vivir con él en la casa que fue de tu esposo, durmiendo con él en su propia cama. Mientras otra mujer espera un hijo suyo-

Se detuvo unos instantes, mirándome serena.

-Tú no eres mejor que yo, Hermione-

Aquello fue lo último que pude escuchar. Con la rabia, la impotencia y el dolor plantados en mi interior y a punto de estallar, la miré con mis ojos encendidos y acuosos y tensé mi mandíbula, negada a seguir escuchándola.

A escuchar cosas que por más que me doliera aceptarlas, eran verdad.

-Basta, Ginevra. No tengo por qué seguir soportándote-

Sin esperar un momento más, caminé hasta la puerta y la abrí con fuerza, y sin mirarla me aferré al picaporte con fuerza.

-Te ruego que te vayas de mi casa-

-Está bien. Me iré- aferró su bolso al brazo-Después de todo te he dicho todo lo que tenía que decirte-

Dio unos cuantos pasos hasta quedar frente a mí y en el umbral de la puerta. Y dirigiéndome una última mirada serena, ladeó la cabeza y sonrió ligeramente.

-Hasta luego, Hermione-

Sin decir nada más, siguió caminando hasta que finalmente salió. Apretando mis labios con fuerza, cerré la puerta de un portazo y sin más me recargué sobre ella mientras la conversación que habíamos tenido momentos antes resonaba en mi cabeza, partiéndome poco a poco.

Estrujando mi corazón y mi cabeza.

Y solo entonces, dejé que las lágrimas rodarán libres por mis mejillas.


~Harry's POV~

Entré a la casa con una extraña sensación. La junta del Ministerio se había alargado más de lo normal, y en aquellos momentos lo único que quería era ver a Hermione y pasar con ella una velada para olvidarme de todo y de todos.

Todo estaba oscuro salvo por la luz de la sala, y con un gigantesco ramo de rosas blancas y rojas en la mano, caminé hasta el lugarcito para toparme a Hermione. Quien parada a un lado del sillón, con su cabello revuelto y el mismo camisón que llevaba esa mañana, me miraba serena desde su lugar con los brazos cruzados.

Y en el momento justo que vi sus ojos castaños sin brillo, el miedo me atacó de inmediato.

-Cariño ¿No te has arreglado? Llevas el mismo camisón de ésta mañana!-

-Tenemos que hablar, Harry-

Aquella simple frase así como el tono frío de su voz, me dejó helado. Se veía demasiado serena y tranquila en su lugar, mirándome como si mirara a cualquier extraño mientras esperaba a que yo reaccionara.

Con cuidado, dejé las rosas en la mesita del centro y me acerqué a ella extrañado, mirándola de arriba abajo mientras intentaba descifrar la expresión de su rostro.

-¿Qué pasa, Herms? ¿Por qué no te arreglaste? Tenemos que ir a…-

-No, Harry. No me arreglé porque no iré contigo a ningún lado-

-¿Qué estás diciendo?-

-Lo que estás escuchando, Harry - continuó impasible- Lo que estamos haciendo es un error, yo…- se detuvo un instante, con su semblante aun sereno- Yo no puedo…no quiero seguir contigo-

Me quedé de una pieza. Si aquella era una broma, Hermione estaba interpretando su papel de maravilla y con una naturalidad increíble. Si no lo era…

Sin poder evitarlo, di un paso al frente hasta quedar a escasos centímetros de ella y hablé con ceño fruncido.

-¿Qué rayos estás diciendo? ¿Es una broma verdad?- sonreí y coloqué ambas manos sobre su rostro- Preciosa, por favor, deja de…-

-No- retiró mis manos con brusquedad y se alejó por completo- Estoy hablando muy en serio, Harry. No podemos seguir juntos-

Aquello me dejó de una pieza. Hermione estaba hablando en serio. La falta de brillo en su mirada, su semblante frío y distante, sus brazos cruzados sobre el pecho, todo me indicó que no mentía, y por un segundo todo a mi alrededor se nubló.

¿Qué maldito mosco le había picado? Por supuesto, la respuesta llegó de inmediato y frustrado, me acerqué a ella para tomarla de los hombros con delicadeza.

-¿Pero qué rayos te pasa, Herms? ¿Cómo puedes decirme que no podemos seguir juntos? Si tu y yo…-

-No podemos seguir juntos porque simplemente no quiero Harry- me cortó, sin un rastro de turbación en su rostro- Porque no te amo. No le veo la complicación a eso-

Aquello fue demasiado.

Bien pudo haberme dado un golpe y hubiera salido más entero que después de lo que acababa de decirme. Sabía que estaba mintiendo, y sin embargo, si expresión segura me indicaba que no podía estar hablando más en serio.

Confundido, sorprendido y sobre todo herido, la zarandeé levemente entre mis brazos para pegarla más a mí.

-No te creo- murmuré entre dientes- Dime, ¿Acaso es por lo del dichoso asunto de Ginny y mi posible hijo?- la apreté por los brazos y solté un bufido- Sinceramente ese temita está comenzando a hartarme, Hermione. Quedamos en que si ese niño es mío…-

-Es tuyo-

Como si me hubiera aventado un balde de agua helada, me quedé estático en mi lugar y durante unos segundos no pude hacer más que abrir la boca sin pronunciar sonido. A escasos centímetros de mí, con la barbilla alzada y los ojos algo nublados, Hermione me miró con profundidad.

Y aquella idea, que me había comenzado a parecer imposible y sin importancia pues había comenzado a creer que en efecto no era cierta, me golpeó de con fuerza. Mío. El hijo de Ginny era mío.

-Qué …- parpadeé repetidamente- ¿Qué estás diciendo? Cómo es que…-

-Ginny me lo dijo hoy. Ese bebé es tuyo Harry-

Durante unos largos segundos me limité a quedarme parado en mi lugar sin decir nada, mientras entre mis brazos Hermione se removía lentamente para liberarse de mi amarre hasta que finalmente mis manos cedieron, convirtiendo mi amarre en un suave encierro.

Saliendo de mi estupefacción inicial, suspiré y ablandé mi mirada.

-Sabíamos que era una posibilidad, Herms- acaricié su rostro de nuevo con ternura- Pero acordamos que eso no nos afectaría. Ya te dije que me haré cargo de todo y…-

-¿Es que no lo entiendes? No se trata solo de eso! Simplemente me di cuenta que no quiero seguir contigo-

De nuevo y sin una pizca de confusión en su semblante se zafó de mi amarre con brusquedad y me miró con expresión impasible. Y solo entonces sentí miedo. Hermione hablaba en serio, y lo peor de todo es que lo hacía con una seguridad tal que no podía entender que rayos le pasaba.

Ahí había algo más.

Frustrado, me llevé una mano al cabello y la miré conteniendo una exhalación.

-No te creo, Hermione- me acerqué demasiado pero no la toqué- ¿Qué más fue lo que te dijo Ginny? Algo más tuvo que decirte para que estés así, no creo…-

-No me dijo nada más- se alejó solo un paso- En realidad, lo que Ginny me dijo no tiene nada que ver con mi decisión. Solo me di cuenta que no te amo, alguna vez lo hice cuando éramos niños, pero ya no- dijo segura- Que solo estaba confundida. ¿Qué tan difícil es eso de entender?-

Aquella simple frase, dicha de una forma tan fría y tan seria, me dolió más que se me hubiera realizado la maldición Cruciatus en ese instante. Si Hermione se había propuesto a lastimarme, lo estaba logrando a la perfección.

-¿Qué? ¿Pero qué estás diciendo, Hermione? Si nos amamos!-

-¿Amarnos?- soltó una risa irónica- Por favor, Harry! ¿Puedes llamarle a esto algo serio? Tu recién divorciado de la mujer que amaste desde que eras adolescente, y yo viuda del amor de mi vida. Tardé mucho en entenderlo, pero esto no es ni podrá ser nunca nada serio- aquella última frase me dolió aún más- Lo de Ginny solo terminó por aclararme todo-

Había tenido suficiente. Herido hasta lo más profundo y completamente fuera de mí, me acerqué de nuevo a ella para tomarla por los brazos y apretándola con fuerza entre mis manos, la zarandeé levemente con furia.

"Viuda del amor de mi vida". La frase se repitió como disco rayado en mi mente, quemándome por dentro.

-¿Te has vuelto loca?- escupí entre dientes, con la rabia a flor de piel-¿A quién rayos quieres engañar con eso?-

-No estoy engañándote Harry- intentó zafarse de mi amarre- Todo esto que pasó entre tú y yo…todo fue por Ron. Estaba tan sola, tan deprimida que me dejé llevar. Solo necesitaba a alguien…-

-Mentira- gruñí, zarandeándola tan fuerte que ella compuso una mueca de dolor- ¿Me vas a decir que te entregaste a mí porque "necesitabas a alguien"? ¿Qué me dejaste hacerte mía en incontables ocasiones porque te sentías sola?-

Había perdido la razón. Completamente dolido y frustrado, la pegué a mí con tanta fuerza que por un momento temí partirla en dos, y con mis manos aferradas a sus brazos la miré con los ojos echando chispas.

-Harry, suéltame- se quejó entre mis brazos, intentando zafarse- Me estás lastimando-

No la escuché. Desesperado, la pegué a mí hasta que su pecho quedó pegado al mío y sin delicadeza alguna lleve mis manos posesivas a su cadera.

-Estás mintiendo, Hermione. Tú me amas, de otra manera no habrías permitido que te hiciera mía-

Susurré contra su oído, acariciando sugestivamente sus caderas hasta la curva de su trasero sin obtener respuesta alguna de su parte. Ni un estremecimiento, ni un escalofrío. Nada. Aquello simplemente me puso peor y frustrado, la tomé de nuevo por los brazos para tomarla con fuerza.

-Te entregaste a mí sin reservas, ¿Y ahora me vas a decir que fue solo porque estabas confundida?-

-Harry, suéltame- replicó molesta, empujándome con furia- Me haces daño-

La ignoré. Estaba completamente cegado. Llevado por la rabia y la frustración y sin darme cuenta de lo que hacía, la zarandeé de nuevo entre mis manos, obteniendo a cambio otro rechazo aún peor.

-¿Me vas a decir que fue puro sexo?-

Finalmente dejó de luchar y subiendo su mirada fría y vacía, se puso de puntillas hasta quedar con su rostro a escasos centímetros de los míos y alzó la barbilla para hablar.

-Sí- escupió- Ahora suéltame que me estás lastimando-

Sin darme tiempo a nada más, me empujó con fuerza hasta que estuvo fuera de mi amarre, y mirándome con algo que solo podía describirse como enojo, se alejó de mí lo suficiente para asegurarse que no volviera a tocarla.

Con la rabia a mi límite, alcé la voz tanto que solo un grito resonó por la habitación.

-No te creo!-

¿En verdad no le creía? ¿Era tan ciego y tan estúpido para no recordar que en todo ese tiempo no me había dicho que me amaba?

-Pues no me importa si me crees o no! Piensa lo que quieras- pasó por mi lado con un ligero empujón y dio media vuelta para verme- Me tiene sin cuidado, es tu problema-

No pude decir nada más. Durante unos momentos que parecieron eternos, nos limitamos a mirarnos sin decir nada, parados en el centro de la sala mientras el silencio nos aplastaba como una fuerza que me impedía respirar.

No podía entender por qué rayos Hermione se estaba empeñando en alejarme de su vida, y sin embargo, parecía que no podía hacer nada por evitarlo.

Segundos más tarde, con su expresión impasible después de todo, sus ojos secos y su mirada hueca, Hermione tomó aire para volver a hablar.

Solo para decir unas cuantas palabras que me destrozarían por completo. Unas palabras que me dejarían desarmado, solo y completamente herido.

-Yo amo a Ron, Harry- un hubo una pizca de titubeo en su voz-Aún cuando este enterrado, él fue y será el hombre de mi vida, y lo seguiré amando solo a él-

No moví ni un solo centímetro de mi cuerpo. Parado frente a ella y con mis brazos laxos a cada lado de mi cuerpo, miré al techo de la habitación mientras luchaba por contener las lágrimas y sonreí de medio lado con sorna.

Después bajé la vista para mirarla.

No podía mostrarle lo vulnerable que me sentía, lo dolido que estaba. Lo mucho que maldecía el hecho de que ella fuera tan necia, el hecho de que yo la amara tanto.

-Perfecto- la miré con serenidad-Espero que entiendas lo que acabas de decir, y lo que acabas de hacer con nosotros-

Fue su turno de quedarse callada. Con ganas de zarandearla de nuevo, tomé aire y di un paso al frente para mirarla con serenidad antes de hablar.

-Espero que te des cuenta de lo que acabas de destrozar, Hermione-

-Lo único que quiero- con su mandíbula tensa, su mirada implacable alzó su barbilla antes de escupir entre dientes- Es que desaparezcas de mi vida, Harry-

Lo había pedido, claro y simple. Me quería fuera de su vida, aún cuando estaba seguro que mentía, que me amaba como yo a ella. Y que como siempre, su maldita necedad se interponía de nuevo en el camino, atormentándola a ella y dañándome a mí.

Haciéndonos daño a los dos. Pero había llegado a mi límite, y no había nada más que yo pudiera hacer para cambiar el destino que ella estaña eligiendo. Que nos estaba imponiendo.

Me acerqué a ella un simple paso más, lo suficiente para quedar a menos de medio metro de distancia, pero no la toqué.

-Sé que estas mintiendo, pero no puedo estar contigo si sigues dejando que cualquiera se meta en el camino a arruinarlo- dije simplemente, con voz impasible-No puedo estar contigo si no estás segura de que quieres estar conmigo, aún cuando sé que me amas-

Había llegado a mi límite, y por más que quería tomarla entre mis brazos, besarla y hacerle olvidar todo, sabía que de nada serviría mientras sus dudas siguieran ahí, atormentándola, impidiéndole amarme.

-Siempre pones a los demás antes que a ti, y al hacerlo me lastimas a mí- confesé sin más-Crees que lo haces por el bien de Ginny y el de mi hijo, o por la memoria de Ron, pero en realidad lo único que tienes… es miedo de ti misma, Hermione-

No esperé respuesta, aunque sabía bien que no me la daría. Con un último vistazo a las flores a un lado de nosotros, volví a mirar a Hermione quien seguía implacable y con una última inhalación le dije lo último que tenía por decirle.

La única verdad que me quedaba, por más que me doliera.

-Cuando no tengas miedo de amar y entregarte por completo a mí, búscame- murmuré sereno-Mientras tanto, desapareceré tal y como me lo has pedido-

Sin darle tiempo a nada más, di media vuelta para caminar hasta la puerta para abrirla y salir de ahí en un santiamén antes de que las tímidas lágrimas pugnaran por salir de mis ojos.

Y aún cuando sentí como me quebraba poco a poco, no miré atrás en ningún momento.


¿A quién odiamos más en estos momentos? ¿A Ginny? ¿A Hermione? ¿O a ésta autora? ¿A Las tres?

Dejen review y esperen el siguiente capítulo! Falta poco!