"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! Aquí tienen un capítulo más corto que los anteriores, pero ya listo para que lo lean y lo disfruten, que solo quedan dos más para el final! Así es, por fin y después de mucho pensarlo y acomodar mis ideas, decidí que este fic tendrá 27 capítulos, así que ya queda muy poco para el final!
Gracias a todos ustedes por continuar leyendo, siguiendo, criticando, halagando y comentando mi historia, que aunque comenzó como una idea vaga se ha convertido ahora en una historia muy importante para mí y que no pretende más que entretenerlos tanto a mí como a ustedes y de paso mostrar el amor de una pareja tan increíble como es la de Harry y Hermione.
No tengo mucho más que decir, salvo que espero que disfruten el capítulo y aguanten que falta poco para el final!
Por lo pronto, enjoy!
Capítulo 25°: Caminos Separados
~Hermione's POV~
Dos semanas después
-Maldición-
Soltando otro improperio por enésima vez, tiré al escritorio el montón de papeles que había estado mirando sin ver en la última hora y me levanté de mi silla para mirar el paisaje invernal que se colaba por mi ventana ese día.
Un paisaje tan frío y desolado como mis días en esos momentos. Como mi vida desde que él no estaba.
Dos semanas que habían pasado se sentían como una eternidad, y en aquellos momentos no había nada que pudiera levantar mi ánimo, mucho menos cuando estaba sola y por supuesto todos mis pensamientos se iban a él. A Harry.
A quien desde que le había dicho toda esa sarta de mentiras y estupideces y había corrido de mi casa como una verdadera cobarde no había vuelto a ver. Él lo había dicho bastante claro aquella ocasión y tal como yo se lo había pedido, había desaparecido de mi vida aún cuando no entendiera mi decisión. Una decisión que aunque ni yo misma entendía, sabía que era la más correcta, a pesar de que lo amaba con todo mi ser y lo amaría por el resto de mis días.
Porque él era el amor de mi vida, aún cuando ni siquiera yo misma pudiera aceptarlo en voz alta.
Sin poder evitarlo como siempre que pensaba en lo mismo, me crucé de brazos y pegué mi cabeza al borde de la ventana para suspirar un solo nombre. El mismo nombre que siempre mencionaba y que estaba presente en todos mis pensamientos.
-Harry…- miré a lo lejos para después cerrar mis ojos frustrada- Harry…Harry-
Harry por su parte lo estaba haciendo la mar de bien. Según me había enterado por Rose, quien era íntima amiga de Loretta, Harry había decidido tomarse por fin esas vacaciones que tanto había atrasado y sin mayores ceremonias se había tomado las cuatro o cinco semanas seguidas.
Por lo que claro estaba, no nos habíamos visto en la penosa situación de toparnos en los pasillos, o en los elevadores, mucho menos en las juntas de los jefes de departamento o en las oficinas.
Tampoco estaba viviendo en su casa muggle, y eso podía asegurarlo pues, una noche y en un arranque de tremenda desesperación al saber que no se presentaría en el Ministerio por varias semanas- por mi culpa precisamente- me había aparecido justo frente al número 4 de Privet Drive para darme cuenta que todas las luces estaban apagadas, sin señales de que la casa estuviera habitada.
La mera idea que aquel descubrimiento me trajo aún me ponía los pelos de punta. Harry no podía estar viviendo en casa de Ginny, no de nuevo.
Aunque lo más lógico era que quisiera estar cerca de su hijo, sin importar quien fuera su madre.
Con otro largo suspiro y cansada de pensar en lo mismo, di media vuelta para dirigirme de nuevo hacia mi escritorio y me dejé caer en la silla con un resoplido de cansancio. Después miré el escritorio frente a mí y reprimí un gemido de frustración al recordar que días atrás, en aquella mesa y en esta silla que ahora ocupaba, Harry me había hecho el amor hasta hacerme explotar.
Con una mueca de fastidio, cerré mis ojos y me recargué en el respaldo de la silla mientras el recuerdo de sus manos sobre mi cuerpo, de sus labios sobre los míos y de sus deliciosas caricias me llenaban por completo.
Maldito fuera por hacerme el amor de esa manera. Maldito fuera por hacerme amarlo tanto.
-Hermione! ¿Puedo pasar?-
Los toques en la puerta y el sonido de la voz de Rose me hicieron volver a la realidad, y abriendo mis ojos de par en par me aclaré la garganta para responder.
-Adelante Rose!-
-Tengo los reportes que me pediste ésta mañana ¿Los revisamos con los demás?-
Con una sonrisa en el rostro y su actitud amable de siempre, Rose caminó por la oficina con un montón de papeles en las manos hasta detenerse frente a mi escritorio. Sonriendo a fuerzas me levanté de mi silla sin prisas para estirarme mientras esperaba que hablara.
Sintiendo una terrible sensación de mareo y todo dar vueltas a mí alrededor, cerré mis ojos con fuerza y me llevé la mano a la frente mientras tomaba una larga bocanada de aire. Al parecer no comer como debería comenzaba a afectarme severamente.
-Herms!- en menos de dos segundos Rose estuvo a mi lado para tomarme por el brazo- ¿Estás bien? Si no te sujeto te me desmayas!-
-Si si, no te preocupes- sonreí despreocupada- Fue un simple mareo. Ahora, ¿Qué hay de nuevo en los reportes?-
Con una mueca que delataba que no había quedado muy convencida, abrió la carpeta que tenía en las manos para comenzar con la explicación habitual mientras yo intentaba ponerle atención y dejar de pensar de una vez por todas en Harry Potter.
~o~
Horas después y ya en casa, las cosas no fueron mejores.
Los últimos días sentía más cansancio que de costumbre, y completamente hastiada de aquél día de trabajo tan gris, me había deshecho de la ropa en un santiamén y había preparado un baño de agua caliente que esperaba me subiera un poco el ánimo.
En cuanto metí mi cuerpo en la bañera llena de agua caliente para recostarme contra el borde, solté un largo suspiro de alivio y cerré mis ojos para dejar que el agua me tranquilizara.
Diez minutos más tarde y con mi mirada perdida en el techo del baño, mi cuerpo se había relajado pero mi mente seguía siendo un torbellino de pensamientos e ideas cruzadas que no me dejaban en paz.
Y no es como que pudiera ir con alguien para desahogarme y decirle todo lo que sentía en aquellos momentos, pues Luna no era la persona más adecuada para hacerlo en aquellos momentos. Estaba tan frustrada y molesta conmigo que últimamente lo único que hacía era gritarme y recordarme lo idiota que era, y aunque sabía que era verdad, no soportaba que me lo dijera todos los días.
Sin más remedio que aguantarme, solté un largo suspiro mientras dejaba que de nuevo y como siempre, el recuerdo de Harry conmigo, bañándonos todos los días juntos y tomando largos baños de espuma en donde terminábamos haciendo el amor, me golpeara de nuevo con fuerza.
-Basta, Hermione- me recriminé en un susurro para después cerrar mis ojos- Tienes que dejar de pensar en él-
Con una mueca de frustración, recordé que mañana era sábado y por supuesto no habría trabajo que me distrajera un poco. Tenía que hacer algo ese fin de semana, si no estaba segura que me volvería completamente loca de solo pensar en él.
Con mi mirada perdida en el techo de mi habitación, pensé en lo abandonados que había tenido a los Weasley los últimos días, y sobre todo lo abandonado que había tenido a Ron.
Y en lo que parecía que iba a ser un sábado desolador llegó un rayo de esperanza, y decidida a visitar mañana la tumba de mi esposo y de paso a Molly cerré mis ojos con una ligera sonrisa para relajarme en la tina.
Una vez dejé las flores rojas al pie de la lápida, me puse de pie y miré el nombre grabado en el mármol con una sonrisa.
-Hola Ron-
De inmediato me percaté que no había utilizado el obligado "Mi amor" o "Cariño" que solía decirle, y fue entonces que me di cuenta que ahora cada vez que pensaba en esas palabras, era el rostro de Harry el que aparecía en mi mente.
Sin poder evitarlo, solté un largo suspiro de culpa y me crucé de brazos para contarle al pedazo negro de mármol lo mal que la había pasado los últimos días. Después de todo, era en ese lugar donde podía desahogarme por completo, y aún cuando me hubiera costado trabajo hacerlo- como si realmente Ron me estuviera escuchando- le había contado ya todo lo que había pasado entre Harry y yo.
Recordé como había llorado desolada en esas ocasiones, culpable y atormentada por la sensación que sentía de haberlo engañado, dándome cuenta que Ginny tenía toda la razón al decirme que debería estar avergonzada.
El problema era que muy en el fondo y por más que quisiera negarlo, no me arrepentía de lo que había pasado entre Harry y yo. Porque era real. Porque lo amaba, a pesar del dolor que eso me causaba al sentir que estaba traicionándolo a él.
Al que había sido mi esposo.
A pesar del dolor que sentía por saber que él pronto iba a ser padre de un hijo que yo no iba a darle. A pesar del dolor que sentía por haberle pedido que desapareciera de mi vida.
-Ron, Ron…- suspiré su nombre, acariciando la inscripción en la lápida- ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué tuve que amarlo aún cuando no puedo estar con él?
Sabía que él no podía responderme, y sin embargo él tenía la respuesta. Durante largos minutos, miré la lápida frente a mí mientras las ideas se arremolinaban en mi cabeza, solo para darme cuenta que aún después de seis meses, algo me impedía olvidarlo.
Algo me impedía seguir adelante, como si entre él y yo hubiera quedado algo pendiente, algo que aún tenía que hacer, que resolver. Que descubrir.
-Por Merlín, Ron- sonreí al darme cuenta que ni aún en su tumba, ese pelirrojo se podía estar quieto.
-Hermione, querida!-
Antes de poder pensar en algo más, la suave pero fuerte voz de Molly me sacó de mis cavilaciones y limpiando una pequeña lágrima que amenazaba por salir, tomé una larga bocanada de aire y di media vuelta para mirarla.
Con una sonrisa de oreja a oreja que no tardé en corresponder, Molly llegó a mi lado para darme un enorme abrazo maternal.
-Me dijo George que estabas aquí, y no pude esperar a que fueras a la casa!- me tomó de los hombros para mirarme de arriba abajo- Mira nada más que delgada estás, y algo pálida también ¿Has estado comiendo bien?-
Su mirada se detuvo curiosa en mis ojos por largo rato, y por un momento pude jurar haber visto los suyos abrirse un poco más, sin embargo no dijo nada más.
-No te preocupes, Molly- sonreí tranquila- Estoy bien-
-¿Por qué nos tenías tan abandonados, querida?- pasó su brazo por mis hombros para quedar paradas frente a la lápida- Te extrañábamos mucho, ¿No pensabas irte sin saludar verdad?-
-Claro que no Molly!- mirándola con ternura, compuse una sonrisa de medio lado y bajé la mirada a la tumba frente a nosotras -Solo vine a visitarlo primero, hace tiempo que no venía-
Durante unos momentos que parecieron eternos nos limitamos a mirar la lápida de Ron sin decir absolutamente nada, hasta que finalmente, Molly apretó más mis hombros y soltó un ligero suspiro.
-Aún no me acostumbro a su ausencia, querida- comenzó serena- Me parece increíble que ya no éste-
No contesté. Sin saber que decir y notando la fragilidad de su voz, posé mi mano sobre la que ella tenía en mi hombro y la apreté con fuerza como muestra de comprensión.
-Parece como si no se hubiera ido nunca, y sin embargo es así- sonrió de medio lado, con la voz ya quebrada- Me cuesta creer que hace apenas seis meses hubo un funeral aquí-
-Para mí fue todo tan confuso- me sinceré en un susurro, mirándola un instante para volver mi vista a la tumba- Ese día me pareció tan irreal, Molly, tan…imposible de creer-
Poco a poco, los borrosos recuerdos de aquél día llegaron a mi cabeza de manera desordenada y sin sentido alguno, tal y como yo los había percibido ese día. Había estado ausente, fuera de la realidad, incapaz de creer que aquello estaba pasando.
Y aunque recordaba muy pocas cosas de aquél día, si algo recordaba era que había sido un funeral en exceso triste y cargado de dolor, incluso me atrevería a decir ahora- con riesgo de parecer insensible- que había sido tan simple, tan gris, tan…aburrido. Tan lejos de representar lo que Ron era.
Algo que a Ron no le hubiera gustado. No. A Ron definitivamente le habría gustado otra cosa, algo más.
-Lo sé cariño- la voz de Molly me sacó de mis cavilaciones- Todo ese día fue así-
Entonces tuve una idea. Llegó de golpe y de forma inmediata, como una respuesta rápida a las cavilaciones que había tenido antes que llegara Molly. Era una forma para saldar mi cuenta pendiente con Ron, era la idea para hacer algo digno de él y la idea perfecta para distraerme.
Era la forma perfecta de despedirme de él.
-Molly!- exclamé, tomando sus manos con fuerza para mirarla emocionada- Tengo una idea!-
Frente a mí, la que alguna vez fuera mi suegra solo atinó a abrir sus ojos y parpadear sorprendida.
~Harry's POV~
Con el sol poniéndose a la distancia, llevé mis manos a los bolsillos de mi pantalón y solté un largo suspiro para seguir mirando el océano frente a mí.
Aquella tarde era simplemente deliciosa, y aprovechando que ese día el frío no se sentía tan intenso como siempre, había decidido salir por fin de la casa a dar un paseo para despejar mi mente y dejar de pensar en lo mismo.
Caminando por la playa mientras disfrutaba de la sensación de la arena fría bajo mis pies, miraba el mar frente a mí pensando precisamente en lo mismo.
Pensando como siempre en la única persona en la que podía pensar. Hermione.
Y en las últimas palabras que le había dicho antes de salirme de su casa. Había desaparecido tal y como me lo había pedido, y tan pronto como estuve fuera de su casa había arreglado todo para no seguir en mi casa muggle y no tener que ir al Ministerio en un largo tiempo.
Era tan débil que estaba seguro que tarde que temprano la habría buscado en su oficina para zarandearla por necia, para obligarla a aceptar que me seguía amando o para rogarle que volviéramos a estar juntos.
Sin embargo ella había sido muy clara: me quería fuera de su vida. Yo por mi parte también lo había sido, así que en esos momentos lo único que me quedaba por hacer era resignarme a la idea de que tal vez Hermione nunca me buscaría.
-Hermione- dije en un suspiro frustrado- Mujer tan necia y testaruda…-
Seguía sin entender aquella maldita decisión que había tomado de la nada. Se había comportado tan fría y serena, tan decidida a sacarme de su vida que no podía creer que hubiera sido la misma mujer cariñosa que se había entregado a mí con tanta ternura y amor.
Diciéndome que no me amaba, que seguía amando a Ron. Me había mentido de una manera terrible, porque por más que ella hubiera dicho lo contrario, estaba seguro que me amaba como yo la amaba a ella.
Algo tenía que haber pasado con Ginny, algo más que el hecho de asegurarle que su hijo era mío. Pero aún después de tanto tiempo, seguía sin imaginar que podía haber sido y para ese punto estaba seguro que me volvería loco.
Mi mente tomó otro rumbo. Específicamente a mi ex esposa pelirroja que esperaba un hijo. A mi hijo. Un niño mío y que amaría con toda mi alma, aunque fuera un hijo que me habría encantado tener con Hermione.
Por supuesto eso ahora parecía haberse vuelto imposible, así como la idea de que Hermione y yo volviéramos a estar juntos.
-Maldición, Hermione-
Conteniendo las ganas de soltar otra maldición, me detuve para mirar como el sol se terminaba de poner en el océano y solté otro largo suspiro de desilusión al darme cuenta que esos momentos en los que me encantaría estar con ella, estaba completamente solo.
Y al parecer eso no iba a cambiar.
~Hermione's POV~
-¡¿Una fiesta?-
Con sus enormes ojos azules abiertos de par en par, Luna se levantó de la silla que ocupaba frente a mí y se llevó las manos a la cara con espanto.
-Bueno, algo más bien como un homenaje- dije con una sonrisita-Una ceremonia en su honor, pero algo más animada que su funeral-
Sabía lo extraño, retorcido y hasta enfermo que eso sonaba, pero estaba segura que precisamente eso era lo que Ron hubiera querido. Y lo que yo necesitaba para distraerme.
Frente a mí y con su mandíbula desencajada, Luna se dejó caer en su silla sin ceremonia mientras meneaba su cabeza de un lado a otro.
-Tú en verdad te has vuelto loca, Granger-
Tuve que admitir que por primera vez en todos nuestros años de amistad, en aquella ocasión me quedaba mejor a mí el calificativo que a ella. Luna tenía toda la razón y por eso, disfruté por primera vez la sensación de ser yo quien le diera una sorpresa.
A parte de enojos y frustraciones, que de esas Luna ya había tenido bastantes conmigo.
-Tal vez, pero necesito hacerlo, Luna, y también necesito que tú me ayudes- junté mis manos en súplica- ¿Por favor?-
Mirándome aún sin poder creer lo que le decía, entornó los ojos y soltó un largo suspiro antes de levantarse y caminar hacia la barra en donde se encontraba el desayuno. Tomó el enorme plato de tostadas con mermelada y la jarra de té de la barra para dejarla de nuevo sobre la mesa.
Sin embargo no se sentó. Mirándome como si fuera una pequeña niña que ha hecho algo malo, llevó sus manos a la cadera y soltó otro suspiro. Y entonces supe lo que venía.
-¿Qué hay de Harry?- pronunció la pregunta que me hacía a diario- ¿Has sabido algo de él?-
La sola mención de su nombre me puso la piel de gallina. No saber nada de él y tener que conformarme con su recuerdo ya era una tortura, pero que Luna me lo recordara todos los días me ponía peor.
-Ay Luna, por favor- fue mi turno de entornar los ojos- Ya hemos hablado suficiente de eso-
-No, yo he hablado de eso, tu solamente te quedas ahí parada sin hacer nada!- elevó sus manos al cielo- Sin reaccionar!-
-Ya te dije que no tengo que reaccionar, porque no hay nada a que reaccionar!-
-Por supuesto que sí!- soltó en un casi grito para comenzar a caminar como loca frente a mí- Corriste a Harry de tu casa, de tu vida cuando él te ama como nadie!- se detuvo para mirarme y me apuntó con el dedo- Cuando tu lo amas!-
-Ya te dije que no importa cuánto lo ame ni cuánto me ame él- me crucé de brazos para recargarme en la silla- Eso no puede importar porque Ginny está esperando a su hijo, hay un niño de por medio, y no tiene la culpa de nada- evité su mirada, que para ese entonces echaba chispas- Además no iba a durar mucho, todo estaba y estará siempre en nuestra contra-
Ante ese último comentario, Luna solo atinó a soltar un gritito de frustración entre dientes.
-Ay, eres una necia!- miró al cielo como implorando paciencia- De acuerdo, la zorra de Ginny está esperando un hijo suyo, ¿Y eso qué? Él no la ama, grandísima necia! Te ama a ti-
Aquella última aseveración, dicha con tanta firmeza, acabó por completo con mi paciencia y mi tolerancia diaria para escuchar a Luna hablarme de Harry y recordarme lo mucho que lo amaba. Soltando un bufido de exasperación, entorné los ojos para mirarla de nuevo.
-Bueno ¿Quieres dejar el tema por la paz?- Luna abrió la boca para decir algo pero la callé antes de que lo hiciera- Y deberías comerte tu desayuno, se está enfriando-
Sin más remedio que hacerme caso, Luna golpeó el suelo con un pie como una niña a la que han negado un dulce y sin decir más se dejó caer en su silla para comenzar a comer.
-¿Quieres un poco?-
-No, gracias- miré el delicioso desayuno con algo de asco- Come tu-
Con las repentinas nauseas que había tenido esa mañana muy apenas había comido mi desayuno, y estaba segura que si probaba algo del desayuno de Luna seguramente vomitaría sin remedio alguno.
-Bueno, por lo menos tómate tu té- lo señaló con la mirada- Se enfriará-
Segura de que eso si podría soportarlo mi estómago, tomé el té entre mis manos y le di un pequeño sorbo mientras miraba a Luna. Y entonces, creyendo que ya había pasado un tiempo prudente, volví a tocar el tema que habíamos estado hablando antes de comenzar a hablar de…él.
-Bueno, entonces…- volví a juntar mis manos, apoyando mis codos sobre la mesa- ¿Me ayudarás?-
Luna solo soltó un largo suspiro para dejar caer su servilleta sobre la mesa. Con mirada suave pero algo seria, se cruzó de brazos y se recargó en la silla detrás de ella para hablar.
-¿Estás segura de lo que quieres hacer?-
-Completamente- contesté segura.
-Hacer eso…sería recordarlo, Hermione- comenzó serena- Sería…revivir lo que pasó ¿Estás segura que estás lista para eso?-
No sé si fue el maldito té, o las palabras que Luna había pronunciado con tanta sinceridad, pero por alguna razón las nauseas regresaron con una intensidad tan grande que estaba segura que vomitaría.
Maldije para mis adentros. ¿Qué rayos me pasaba?
-Sí- dije simplemente- Estoy segura-
-Podría dolerte más de lo que imaginas, y en lugar de ayudar solo te perjudicaría ¿Qué necesidad de sufrir de nuevo?-
-No Luna, te equivocas- junté mis manos sobre mi boca, para mirarla con ojos brillantes- Al contrario, sería una manera de compensar lo que pasó ese día en el que no presté atención a nada, en el que no tuvo una despedida digna de él- dude un poco- Para compensar el hecho de que no me despedí de él como debería-
-Pero Hermione, no entiendo porque tu necedad por…-
Para entonces, las náuseas fueron tan fuertes que sin poder evitarlo llevé mis manos a la boca y abrí mis ojos de par en par segura de lo que vendría.
-Hermione, te ves terrible ¿Estás bien?-
No contesté. Con mis manos aún en mi rostro, me levanté de mi asiento en un santiamén y tan pronto estuve en el lavabo todo lo que había desayunado y el té que había tomado fueron a parar al caño frente a mí.
Con una expresión de preocupación en el rostro, Luna tomó mi cabello con delicadeza mientras vomitaba y una vez que hube terminado, enjuagué mi boca con algo de agua mientras las nauseas desaparecían poco a poco.
A mi lado, Luna me tendió una toalla y una vez estuve presentable de nuevo di media vuelta para recargarme en el lavabo y llevé una mano a mi frente cansada. Maldita fuera la hora en la que mi depresión me había llevado al punto de enfermarme.
-Hermione- me tomó de las manos, mirándome preocupada- ¿Estás bien?-
-Si Luna, no te preocupes, he estado algo descompuesta últimamente, es todo- compuse una media sonrisa y apreté sus manos con fuerza- Ahora…dime, ¿Me ayudarás?-
Mirándome no muy convencida de mi respuesta y sin más remedio que responder a mi pregunta, Luna entornó los ojos y soltó un largo suspiro resignado.
-¿Tengo otra opción?-
Sin poder evitarlo, sonreí con triunfo.
Una semana después
-No, ahí no George, del otro lado!-
Con el enorme ramo de flores blancas en los brazos, George sonrió ligeramente e hizo una pequeña reverencia para caminar al lado opuesto.
-Como usted diga, jefa-
Sin poder evitarlo, sonreí ampliamente para seguir mirando el avance que llevábamos hasta ahora. Con el verde pasto, los árboles, flores y listones de todos colores por el jardín de La Madriguera, la idea que había llevado en mi cabeza durante días por fin tomaba forma y comenzaba a observarse el resultado.
A principios de Enero, la nieve había dejado de caer pero el pasto seguía algo seco, algo que habíamos arreglado en un santiamén con unos cuantos hechizos para nutrir las plantas del lugar. Por idea mía y de Molly, habíamos hecho crecer unos delgados pero altos árboles por el jardín cuyas ramas se juntarían en algún momento, esperando que en algún momento sus enredaderas comenzaran a crecer.
Por supuesto, habíamos decidido que todo fuera al final del jardín, con la tumba de Ron siendo el centro de toda la decoración.
Faltando una semana para que se cumplieran los siete meses de su muerte, habíamos decidido esperar hasta entonces para llevar a cabo la ceremonia, y aún cuando nada estaba listo, no podía sentirme más satisfecha por el resultado.
Sin embargo, y a pesar de que la última semana había estado ocupada como nunca y por lo tanto distraída, no había habido un segundo de mi tiempo en el que no pensara en él. En Harry.
Apenas habían pasado tres semanas de su ausencia, y ya sentía que me estaba volviendo loca. ¿Qué iba a ser de mí en los días por venir?
Antes de poder seguir pensando y atormentándome con lo mismo, la voz de mi mejor amiga a mi lado me sacó de mis cavilaciones.
-¿Y bien?- colocó los brazos detrás de su espalda y miró todo con una sonrisa- Todo está quedando como lo planeamos, ¿No?-
-No- sonreí de medio lado- Está quedando aún mejor-
-Hey jefas! No se queden ahí descansando y pónganse a trabajar que fue su idea!-
Ante aquél simple grito por parte de George, Luna y yo solo atinamos a entornar los ojos y con renovadas energías nos acercamos a donde todos se encontraban para continuar con la decoración.
Durante varios minutos, entre Fleur, Angelina, Luna y yo seguimos planeando el diseño del lugar, eligiendo las flores, los adornos y los lugares ideales para cada uno de ellos mientras George, Bill y Percy seguían nuestras indicaciones sin chistar.
En algún momento y mientras juntaba flores de distintos colores y formas, Luna fue la primera en romper el cómodo silencio en el que nos habíamos sumergido.
-Así que…Bill- sentí su mirada de reojo-¿Has hablado con Harry?-
La sola mención de su nombre me produjo escalofríos y tensando mi espalda por completo, tomé una bocanada de aire para esperar que Bill respondiera.
-No mucho, la última vez fue hace unos días cuando fui a visitarlo- respondió, y pude notar cómo me miraba de reojo también-Pero dijo que volverá al trabajo en unas dos semanas, y menos mal, porque entre Seamus y yo apenas nos alcanza el tiempo-
¿Había ido a visitarlo? ¿A dónde rayos lo había ido a visitar? ¿Sabía dónde estaba viviendo Harry?
Haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlarme y no lanzarme sobre Bill para hacerle todas esas preguntas, tomé otra bocanada de aire y fingiendo indiferencia, seguí con lo que fuera que estuviera haciendo con las flores.
-¿Fuiste a visitarlo?- preguntó con fingida sorpresa- ¿Pues en dónde está viviendo?-
Contuve un suspiro de alivio y las enormes ganas de agradecerle a Luna que me leyera la mente.
-En mi Refugio de la Playa- la respuesta me tomó por sorpresa, y no pude evitar fruncir el ceño -Bueno, en realidad ahora es suyo, se lo vendí hace unas semanas-
-¿No me digas? ¿En el Refugio de Tinworth?- a mi lado, sentí de nuevo la mirada de reojo de Luna-Vaya, no pensé que fuera Harry él que te lo había comprado-
-Sí, bueno, cuando le dije que me mudaría sin venderlo pareció interesarse por él- se encogió de hombros-Y hace tres semanas cuando pidió sus vacaciones, me dijo que lo quería y decidí vendérselo, quien mejor que él para quedárselo ¿No?-
-Por supuesto, después de todo, Harry es familia-
El tono fuerte y seguro que Luna le imprimió a la última palabra no me pasó desapercibido, y fingiendo no estar escuchando nada de lo que decían, seguí con mi tarea de enredar el listón entre el ramo de flores que tenía enfrente, y que parecía haberse convertido en algo casi imposible de hacer.
-Exacto-
La respuesta de Bill, igual de segura, terminó por sacarme de mis casillas y para entonces, lo único que hacía era jugar con las flores en mis manos mientras intentaba mantener mi postura serena.
-Vaya! Creo que sería bueno ir a visitarlo uno de estos días- esta vez, Luna volteó a mirarme con ojos brillantes y mirada retadora-¿Verdad, Hermione?-
Ante la mención de mi nombre, lo único que atiné a hacer fue a toser con fuerza presa de los nervios y tomando nota mental de matar a Luna cuando estuviéramos solas, seguí con mi trabajo de enredar el listón en las flores.
~Harry's POV~
Con los reportes de las últimas semanas en mis manos, tomé otro sorbo de mi cerveza de mantequilla y seguí leyendo las novedades del Ministerio. Tal como lo había previsto, entre Bill y Seamus se las habían podido arreglar bastante bien en mi ausencia, y por supuesto, en todas las juntas de jefes de departamento alguno de los dos había ido en mi representación.
Todas las juntas en las que por supuesto Hermione había estado presente.
Una vez más y por enésima vez en esos últimos días, me recordé que la decisión que había tomado de alejarme de ella de manera definitiva era lo mejor. Ella no quería verme, y por más que me doliera, no estaba dispuesto a soportar su rechazo.
No podía seguir luchando contra sus miedos y sus culpas, cuando la única que debía hacerlo era ella.
Y a más de tres semanas después de que me hubiera desaparecido de su vida, comenzaba a creer que nunca lo haría.
Soltando un largo suspiro, dejé el tarro de cerveza de mantequilla en la mesa y me levanté para mirar el frío paisaje de afuera. En Enero, el frío que se sentía era un poco menos intenso, sin embargo, los días seguían siendo secos y gélidos.
Con un ligero suspiro, me estiré lentamente para mirar el reloj de la pared a mi lado, solo para darme cuenta que en algún momento de mi lectura la tarde había terminado. Decidiendo que no tenía nada mejor que hacer por el día de hoy, me encaminé a las escaleras para comenzar a subir cuando los ligeros toques en la puerta me detuvieron.
Extrañado, fruncí el ceño. Bill y George, los únicos dos que sabían en donde estaba habían venido a visitarme apenas ayer, así que era imposible que fueran ellos. Durante unos segundos, me limité a mirar la puerta de entrada con la respiración contenida, tratando de averiguar quién rayos me buscaba a esas horas.
Finalmente y después de tres toques más, abrí la puerta para toparme frente a frente con la persona en cuestión.
Sorprendido, abrí mis ojos de par en par.
~Hermione's POV~
Una semana después
Con Fred y Victoire a mis lados y cada uno con un montón de flores de diferentes colores y listones de diferentes diseños, terminé otro arreglo de flores y satisfecha con el resultado, sonreí junto con ellos. Sabía que podía hacer todo eso sin ayuda de la magia, sin embargo, era la única manera que tenía de distraerme y todo tenía que quedar listo para esa tarde.
Mañana sería 17 de Enero, mañana se cumplirían sietes meses de la muerte de Ron. Y mañana por fin él tendría una despedida digna de él.
Mañana sería casi un mes de no ver a Harry, y no sabía cómo iba a hacer para soportar tantos más.
-Quedó precioso, tía!-
-Sí!- mirando todo a su alrededor, Fred juntó sus manitas con emoción- El tío Ron seguramente está muy feliz!-
Ante aquella simple declaración, solo atiné a sonreír de oreja a oreja y revolver su cabello de manera juguetona.
-Eso es lo que espero, mi amor-
Antes de poder decir algo más, Luna apareció frente a nosotros con tres platos del famoso y delicioso pastel de calabaza de Molly y una enorme sonrisa en su rostro.
-Miren lo que les traigo!-
-Pastel de calabaza, que rico!-
Como dos niños que no han comido algo dulce en años, se abalanzaron sobre Luna por el pastel de calabaza y una vez estuvo en sus manos se sentaron a comer en la improvisada mesa de trabajo que teníamos en el jardín de La Madriguera.
Con una sonrisa, continué con mi trabajo con las flores hasta que finalmente una sonriente Luna se detuvo a mi lado y me ofreció el último plato que llevaba.
-Toma, te traje la última rebanada que quedaba-
En el momento justo que el olor de la calabaza impregnó mis sentidos, una sensación de asco me inundó de inmediato. Aún cuando se veía simplemente delicioso, la mera idea de comérmelo me pareció imposible.
-Puaj, que asco- hice un puchero- Aléjalo de mí Luna, por favor!-
-Pero si el pastel de calabaza es tu favorito!- me miró con ojos como platos- Me acabas de decir que querías un pedazo!-
-Pues ya no quiero- miré el pedazo como si fuera venenoso -Es más, no quiero ni tenerlo cerca- incapaz de seguir soportando el olor, me tapé la nariz- Eww, Luna, en serio aléjalo de mí!-
-De acuerdo, de acuerdo, si tanto te molesta- dejando el plato en la mesa a su lado, Luna se cruzó de brazos y me miró con ceño-Que rara que estás Hermione…-
Ignorando el comentario y sobre todo la razón por la que lo decía, me encogí de hombros y seguí juntando las flores en otro arreglo.
-No pasa nada, Luna- sonreí de medio lado, despreocupada- Solo que se me quitaron las ganas de comer-
Haciendo un puchero de duda, Luna me miró con ojos entrecerrados.
-Si no te conociera, podría jurar que…-
Antes de poder continuar, Luna se calló al instante y volteó su rostro para mirar el jardín a la distancia y fruncir el ceño, como queriendo asegurarse que estaba viendo bien.
-Parece que alguien te busca, Herms-
Extrañada al escucharla decir eso, miré en la misma dirección que ella miraba y sin poder evitarlo, abrí mis ojos con algo de sorpresa.
Entrando por verja principal del jardín, un alto hombre apareció frente a nosotras dejándome completamente estática. Y en cuanto sus ojos se cruzaron con los míos, el rubio de ojos grises se acercó con un solo objetivo en mente.
Llegar hasta donde estaba.
Al parecer, Draco Malfoy tenía algo que decirme, y no iba a irse de ahí hasta no hacerlo.
