"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! Aquí les traigo un nuevo, y aclaro, PENULTIMO capítulo! Siento si confundí a pocos, muchos o la mayoría cuando dije que serían 27 capítulos. Yo me base en el número de capítulo que aparece al inicio de cada uno, no en los marcados por ff. La nota de autora, que vendría siendo el capítulo 2, lo omití al contar.
Así que, como pueden ver- y espero les alegre-, este no es el final!
Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo. Debo admitir que para mí fue un capítulo muy emotivo y lleno de verdades que me conmovió al escribir, espero el título ayude un poco. Aun no puedo creer que el fic haya llegado hasta aquí!
Sin más que decir, los dejo disfrutar antes del siguiente que será nuestro último capítulo y - ahora sí- el final!
Capítulo 26°: Enterrando el Pasado
~Hermione's POV~
Tenía que estar perdiendo la vista, o probablemente estaba alucinando.
Estática en mi lugar y sin poder registrar el hecho de que Draco Malfoy era el hombre que caminaba hacia nosotras, fruncí el ceño y parpadeé repetidamente mientras frente a nosotras, él acortaba la distancia con pasos largos, firmes y serenos.
A mi lado, Luna me dio un ligero codazo con expresión de sorpresa, limitándonos a permanecer paradas sin hacer nada hasta que finalmente, Draco Malfoy estuvo a apenas un metro de distancia de nosotras.
Mirándome fijamente con sus profundos ojos grises.
-Buenos días-
Sintiendo otro ligero codazo de Luna en el costado, me di cuenta que tenía que responder.
-Hola, Draco-
Sin saber qué rayos más decir, cerré la boca y permanecí impasible en mi lugar. Entonces, y como si alguien me hubiera dado un golpe, recordé que ese rubio que me miraba impasible había sido la razón por la que Harry había pasado por tanto dolor.
Sin poder evitarlo, tensé mi cuerpo de manera inmediata.
-¿Qué haces aquí?-
-Necesito hablar contigo- pareció querer decir mi nombre, pero se contuvo- No tomará mucho tiempo-
-¿Conmigo?- el tono fue más grosero de lo que hubiera querido- ¿Qué rayos tendrías tu que hablar conmigo?-
A mi lado, Luna me miró de forma significativa, pero no me importó. Sabía que estaba siendo demasiado grosera y prepotente, sin embargo en aquellos momentos en los que no podía dejar de pensar en Harry, me tenía sin cuidado.
Por otro lado, tenía que admitir que el hecho de que Draco Malfoy estuviera frente a mí, pidiendo hablar conmigo, me había sorprendido tanto que seguía sin creerlo. Sin poder evitarlo, algo pareció saltar en mi interior, presa de la excitación.
Frente a mí, Malfoy parecía totalmente inmune a mi evidente rudeza, e ignorando por completo mi mirada fría soltó un suspiro cansado.
-Podría no decirte nada de lo que vengo a decirte, en realidad a mí no me beneficia en nada- se encogió de hombros, indiferente- Pero supongo que tienes derecho a saberlo-
No contesté. Mirándolo con ceño y con evidente desconfianza, me crucé de brazos en actitud defensiva mientras a mi lado, Luna pasaba su mirada de uno a otro sin decir palabra. Frente a mí, Draco llevó sus manos a los bolsillos de su abrigo y me miró con frialdad.
-Si quieres escucharme o no sinceramente me da igual, Granger- espetó- Yo no gano nada con esto y no tengo todo el día para esperar a que te decidas, así que si no te interesa puedo irme y se acabó-
Altanero, arrogante e indiferente como siempre, Malfoy llevó sus manos a los bolsillos del abrigo y se limitó a mirarme con expresión serena. A mi lado, Luna me propinó tal codazo que tuve que voltear a verla, y abriendo sus ojos para reprenderme con la mirada, me dio a entender que más me valía escuchar lo que Draco tenía que decir.
Aún cuando me molestara.
Pero sabía que no iba a dejarlo ir. No cuando se había tomado la molestia de buscarme. No cuando tenía algo que decirme. Algo que me llenaba de incertidumbre, y que tenía que saber de inmediato sino quería volverme loca.
Solté un largo suspiro.
-De acuerdo, hablemos adentro-
Y dirigiéndole una última mirada significativa a Luna, caminé por el jardín con Malfoy detrás de mí hacía La Madriguera, mientras mi cerebro trabajaba a mil por hora, con mil preguntas rondando en mi cabeza y mi corazón latiendo acelerado.
Y una sola pregunta repitiéndose una y otra vez.
Aprovechando que nadie se encontraba en la pequeña y acogedora salita de los Weasley caminé hasta el sofá frente a la chimenea y con un simple gesto de mano lo invité a tomar asiento en el sillón individual a mi lado, sin preocuparme siquiera por ofrecerle una taza de té.
Tendría algo que decirme, pero aún con todo Malfoy era por mucho una de mis personas menos preferidas en el mundo.
Con una mueca que no supe interpretar y con esa postura altanera que lo caracterizaba, miró algo receloso el pequeño pero acogedor lugarcito hasta detenerse en el lugar que le había indicado, y tomando una suave bocanada de aire, me imitó hasta que finalmente los dos estuvimos sentados de frente en la habitación.
Durante unos segundos que parecieron eternos, Draco se limitó a mirar a su alrededor con evidente incomodidad mientras por dentro, la incertidumbre y la curiosidad estaban matándome.
-¿Y bien?- rompí el silencio abruptamente- ¿De qué quieres hablarme?-
-Vaya Granger, al parecer no has cambiado nada- sonrió de medio lado y se acomodó en el sillón- Sigues siendo la misma mandona de siempre-
Ante mi mirada para nada amigable y mi evidente tensión al escucharlo decir aquello, Malfoy entornó los ojos y soltó un bufido algo burlón y despectivo, que me recordó al niño mimado y altanero que había conocido en Hogwarts.
-E igual de aburrida-
-Al grano, Malfoy-
-Bien, creo que no es necesario andar con rodeos- se encogió de hombros- Seré breve. Estoy aquí para decirte que tu adorado Potter es un hombre completamente libre, así que no hay nada que te impida estar con él-
Aquella oración dicha con tanta naturalidad y de forma rápida, me pareció como algo dicho en otra realidad. Para empezar, no tenía idea como era que Malfoy estaba enterado de lo mío con Harry, pero en aquellos momentos eso era lo que menos importaba.
¿Draco había dicho libre?
-¿A qué te refieres con eso?-
-Vaya Granger, debo decir que me decepcionas- sonrió con una arrogancia que casi me provocó rabia- Te recordaba un poco más lista-
Incapaz de hacer caso a sus insultos tontos y burlones, fruncí el ceño y lo miré con algo que supe no podía ser confusión, y que estaba segura por la mirada de Malfoy se notaba en todo mi rostro.
-¿De qué rayos estás hablando?-
-De que el bebé que Ginny está esperando nunca fue de Harry, es mío-
Soltó de golpe, de manera sencilla y sin rodeos.
Por un momento no pude hacer más que quedarme estática en mi lugar, incapaz de procesar lo que acababa de decirme. Y aquello me pareció un sueño de lo más extraño. O más bien un chiste de lo más cruel.
-Draco…por favor- por un momento quise reírme, sin saber bien porque-Me imagino que haces esto porque la quieres, o sientes por ella…lo que sea que sientas- fruncí el ceño y negué con la cabeza confundida-Pero no tiene caso que te hagas responsable de eso solo para…-
Antes de que pudiera decir algo más, Draco me interrumpió con una larga inhalación y sentándose en el borde del sillón, se inclinó hacia adelante para hablar con serenidad y lentitud.
-Hermione, no me estás escuchando- era la primera vez que decía mi nombre -Estoy diciéndote la verdad, ese bebé es mío, y tengo pruebas de que así es-
No pude contestar nada. Tensando mi espalda, me enderecé en el asiento y lo miré aún sin creer que estuviera hablando en sus cinco sentidos.
¿Pruebas?
-¿Qué?-
-Ginny tiene ocho meses de embarazo, su doctor me lo confirmó- se detuvo un momento y tomó aire-Ron murió hace apenas siete meses, para ser más exacto, Ginny estuvo con Harry hace siete meses-
Durante unos segundos que parecieron eternos, me limité a mirarlo sin decir nada mientras mis ojos se abrían lentamente hasta quedar como dos platos. Entonces él soltó otro suspiro, y obviamente convencido de que no diría nada, sonrió de medio lado.
-Creo que puedes hacer las matemáticas tú sola-
-Pero, lo que Ginny me dijo…-
-Ginny te mintió- me cortó de inmediato, entornando los ojos- Supongo que en su último intento porque Harry y tú se separaran, al ver que él ya no volvería con ella por lo del bebé- se encogió de hombros, casi burlón antes de continuar-Aunque supongo que fue una medida muy desesperada. Era obvio que Harry no iba a quedarse de brazos cruzados y aceptar que era suyo sin comprobarlo después de saber que yo también podía ser el padre-
Sonriendo, se arrellanó en el sillón y me miró fijamente.
-Aunque claro, contaba con que no sería él quien se alejara, sino tú. Tú con tu buen sentido de la justicia, la bondad y todas esas tonterías de los Gryffindor- sonrió aun más- Y no se equivocó-
Yo seguía en una especie de trance. Procesando lo que acababa de decirme, lo que eso significaba. Después de unos largos instantes, subí mi mirada y las palabras volvieron a mis labios.
-Pero…entonces Ginny…-
-Ginny siempre supo que el bebé era mío Hermione, jamás tuvo una duda al respecto-
-¿Qué?- desencajé mi mandíbula- Entonces todo este tiempo, ella…-
-Todo este tiempo le hizo creer a Harry y a todos que era de él-
De nuevo al grano. La idea que se había formado en mi cabeza y que Draco acababa de escupirme me golpeó con una fuerza impresionante, y durante un momento me quedé mirando a la nada mientras pensaba en Ginny.
En una Ginny que no conocía, capaz de hacer algo tan bajo y desesperado sin importarle el dolor que podía causar. El dolor que le había causado a Harry, a Draco, y a mí. Personas a las que se suponía que amaba.
-¿Cómo…cómo pudo hacer algo así?-
Mi pregunta fue sincera. Necesitaba una respuesta, algo que me ayudara a comprenderla.
-Porque tenía miedo, Hermione- al ver mi evidente confusión, continuó- Cuando supo que estaba embarazada de mí, le aterró pensar en lo que todos dirían, pues tenía apenas un mes divorciada y ya estaba esperando un hijo de otro- se encogió de hombros- Obviamente se diría que ella había sido infiel-
Al ver que no tenía intención alguna de contestar o decir algo, soltó un suspiro y prosiguió.
-Así que me inventó una excusa tonta de que no me quería, que todo había sido solo sexo y que se sentía mal por lo que habíamos hecho y por su divorcio con Harry, y me pidió que me alejara- explicaba todo con serenidad-Me dijo que no quería estar conmigo, que lo único que había sido para ella era alguien con quien tener sexo y experimentar lo prohibido- sonrió de medio lado, tal vez recordando todo- Me fui por un tiempo, pensando que me decía la verdad, de haber sabido que estaba embarazada jamás me habría ido-
-Entonces…- comencé por fin, y él salió de su trance- Cuando estuvo con Harry…¿Ella ya sabía que estaba esperando un hijo tuyo?-
-Así es, justo en el momento que me fui murió Ron- soltó sin más -Ella recién me había alejado y sabía que estaba embarazada, y en un ataque tal vez de desesperación, buscó a Harry y vio la oportunidad perfecta-
De nuevo se encogió de hombros, haciendo caso omiso de mis ojos abiertos de par en par.
-Supongo que todo se acomodó a su favor y así Harry estaría seguro que el bebé era suyo-
-Pero…si dices que tiene ocho meses- me detuve un momento, moviendo mi dedo mientras contaba- ¿Cómo planeaba hacerle creer a Harry eso? Harry sabe contar, se habría dado cuenta que nacería un mes antes!-
-Un parto adelantado, las madres primerizas suelen tenerlos- se encogió de hombros de nuevo-Algún accidente, atrasar el parto, después de todo solo se trataba de unas cuantas semanas- entornó los ojos- Que sé yo Hermione! Nosotros los hombres solemos ser muy estúpidos de vez en cuando, y perdona que te lo diga, pero Potter es tan malditamente noble que suele ser más que los demás-
Potter. La sola mención de su apellido me trajo su recuerdo de vuelta y tomando una larga bocanada de aire con mis ojos abiertos de par en par, me di cuenta de la estupidez que había cometido cuatro semanas antes cuando, creyendo que ese niño era suyo y que no podía crecer sin un padre de tiempo completo, lo había corrido de mi casa y de mi vida sin más.
Había sido una reverenda estúpida.
Antes de poder pensar en algo más, recordé lo que Malfoy acababa de decirme, algo que precisamente era él quién tenía que escuchar. Darse cuenta por fin y de una vez y por todas, que no había nada que lo atara a Ginny.
Que no iba a tener ningún hijo. Que era libre.
-Te agradezco que me lo hayas dicho, Draco- comencé solemne, intentando parecer serena-Pero creo que debiste habérselo dicho a Harry antes que a mí-
-Harry ya lo sabe, Hermione. Lo busqué en el refugio de la playa y se lo dije hace dos días, en cuanto me enteré de que el niño es mío y Ginny ya no pudo negarlo-
Aquella noticia que debió haberme dejado satisfecha y tranquila, hizo exactamente todo lo contrario. Incapaz de decir nada, tomé una larga bocanada de aire al darme cuenta de lo que eso significaba, y sin poder evitarlo, un sentimiento de decepción me embargó por completo.
Harry ya lo sabía.
Y no había venido a buscarme.
-¿Ya lo sabe?- pregunté lo obvio, y me sentí estúpida.
-Sí. Se lo dije de inmediato, después de todo era él quién debía saberlo-
-Claro, claro- sonreí de medio lado, intentando no demostrar mi evidente decepción- Por supuesto-
-Como sea, ahora todo está aclarado- se levantó de su lugar, y yo lo imité- Quería venir a decírtelo porque sé que estas enamorada de ese idiota ¿Qué le viste, eh?-
Solo en aquella ocasión me permití sonreír. Por una parte, me parecía casi increíble el cinismo burlón de Malfoy, hablando de Harry de aquella manera cuando lo había dañado tanto. Por otra parte, recordé de nuevo a ese hombre tan maravilloso que amaba como a nadie, y a quien había sacado de mi vida sin más, lastimándolo de aquella manera cuando él solo se había desvivido por que estuviéramos juntos.
Por amarme.
Y ahora era un hombre completamente libre al que por supuesto, había perdido por toda mi estupidez.
-Bien, creo que ya no tengo nada que seguir haciendo aquí- la voz de Malfoy me sacó de mis cavilaciones- Creo que ya hice mi buena obra del día o probablemente de mi vida, lo que decidas hacer es tu asunto-
Miró a su alrededor con aquella típica mirada altanera y con ese aire de superioridad que lo caracterizaba, sonrió de medio lado a modo de despedida y dio media vuelta para irse. Y antes de que pudiera dar un paso más, hablé con fuerza para detenerlo.
-¿Draco?- se giró para mirarme con una ceja alzada-Sé que no me incumbe pero…¿Qué harás con respecto a Ginny?-
Ante la sola mención de su nombre su mirada se suavizó de inmediato y contrario a lo que hubiera pensado, su semblante perdió todo rastro de dureza que lo caracterizaba.
-Estaré con ella, y por supuesto con mi hijo- dijo con serenidad- A pesar de todas las tonterías que hizo, se que las hizo por miedo. De todas maneras la amo…- se detuvo unos instantes, meditando sus palabras y sonrió- Creo que conoces el sentimiento-
Sonreí junto con él.
-Hasta luego, Hermione-
Y con un simple movimiento de cabeza, dio media vuelta para dirigirse a la puerta y dejarme completamente sola en la pequeña salita.
Parada en mi lugar, completamente estática y con mil ideas llegando a mi cabeza de manera desordenada, miré el suelo gastado de la salita sin moverme un solo centímetro, pensando en todo lo que acababa de descubrir.
Un hijo de Ginny, pero no de Harry. Un lazo roto, algo que lo liberaba por completo. Malfoy. Ron. Todo llegando a mi cabeza a velocidad vertiginosa, pero por sobre todo, la imagen de él grabada con fuego dentro de mí.
Fue entonces cuando me dejé caer en el sofá detrás de mí, con mi mirada perdida y una sola verdad repitiéndose en mi cabeza una y otra vez.
Había sido una estúpida.
Media hora más tarde, parada en medio del intenso frío del jardín ya adornado y listo para lo que vendría mañana, miré la tumba una vez más y contuve el aliento. Había dejado de llorar hace unos minutos, y gracias al aire fresco que poco a poco me había tranquilizado, por fin podía acomodar mis ideas y pensar con la cabeza más clara.
Nada más había visto ese nombre grabado en la piedra y me había soltado a llorar como una estúpida, con sentimientos encontrados en mi interior. Felicidad y tristeza. Liberación y culpa. Todos al mismo tiempo, pensando en Ron y nuestro asunto pendiente. Pensando en Ginny y su hijo y en como ya no les debía absolutamente nada.
Pensando en Harry, en cuanto lo amaba, en cuanto me gustaría estar frente a él estos momentos y decírselo.
Sin embargo, estaba aterrada. ¿Qué haría si lo hiciera? ¿Me aceptaría? ¿O me mandaría al demonio gracias a mi maldita indecisión y a mis culpas?
Sinceramente, no lo culparía de ser así.
Aún sin poder creer lo que Malfoy acababa de decirme, y que sin embargo, me había venido a mover mi mundo de cabeza. Me había aclarado todo de una manera impresionante, que estaba segura que cualquiera que me viera podría decir que me habían cambiado por otra.
Solo podía tenerlo a él en mi cabeza, y la increíble realidad que me había golpeado con fuerza hace unos minutos. Harry había tenido razón siempre, había sido tan ciega, tan obstinada, tan necia. Tan incapaz de ver lo que tenía frente a mí, del amor que él estaba dispuesto a brindarme siempre, sin importar nada.
Yo lo había alejado. Y él había sido muy claro. Cuando estuviera lista…cuando pudiera entregarme a él por completo…
Sin embargo, ahí, frente a la tumba de Ron, algo parecía anclarme a la tierra, recordándome la promesa que le había hecho a él hacía apenas dos semanas en ese mismo lugar. Terminar con lo que teníamos pendiente, despedirme de él.
Pensé en todo lo que había hecho las últimas semanas, y que se encontraba listo detrás de mí alzándose imponente en todo el jardín y suspiré. ¿Sería suficiente? Mañana, cuando todo terminara ¿Podría dejarlo ir?
¿Podría dejar ir a Ron y ser feliz con Harry de una maldita vez?
Antes de poder pensar en algo más, sentí un cálido y conocido brazo rodear mis hombros, sacándome una ligera sonrisa al instante. Sin necesidad de voltear a ver a la persona a mi lado, dejé que me envolviera en su cálido abrazo y me limité a quedarme callada, sintiendo una paz interior que nada podía quebrar.
Molly siempre tenía el mismo efecto en las personas.
-Me dijo Luna que Draco Malfoy acaba de irse- me tensé solo un poco, y rogué que no lo notara- ¿Ha hablado contigo?-
No supe porque, pero estuve segura de escuchar un tono bastante sugestivo, casi como si Molly estuviera rogando que así hubiera sido.
-Sí, hablamos- hice un movimiento con mi mano, restándole importancia- Solo venía de pasada-
Dándose cuenta que prefería dejar el tema por la paz, sentí su mirada algo inquisitiva pero decidió cambiar de tema. Agradecí el gesto mentalmente.
-Todo ha quedado maravilloso, cariño- dijo en un susurro, sonriente- Estoy segura que mañana será maravilloso-
-Tuve mucha ayuda, Molly. Y todo fue gracias a ti- la miré y sonreí- Pero sí, todo se ve fantástico- giré mi cabeza para mirar el jardín, satisfecha-Mañana será perfecto-
-Será la despedida perfecta-
Aquella oración tan corta y pronunciada con tanta seguridad, me puso en alerta al instante. Aún cuando era la única razón que realmente rondaba en mi cabeza al hacer todo esto, no le había dicho nada a nadie sobre mis razones, mucho menos a Molly.
Pero lo que más me había sorprendido, era el tono. Sonaba tan sereno y tan seguro. Tan definitivo.
Que en aquél momento estuve segura que aquella era la razón por la que hacía esto. Sin embargo el miedo aún me carcomía, pensando si aquello sería suficiente.
-Todo esto que has hecho cariño, ha sido tan maravilloso- volteó a mirarme-Y sé que Ron está feliz con esto, muy feliz- se detuvo, pensando en las palabras correctas- Pero también sé que él hubiera querido que tú fueras feliz, sin importar nada-
-Lo sé-
Al parecer aquella fue la respuesta equivocada. Como implorando paciencia o tal vez dándose cuenta de que no se había dado a entender, Molly negó con la cabeza y soltó un largo suspiro mientras yo la miraba confundida. Antes de poder decir algo, Molly soltó su abrazo y dando media vuelta tomo mis manos con fuerza.
Obligándome a mirar sus ojos dulces y maternales. Que en aquél momento me miraban con ternura y comprensión.
-Es por eso que debes hacerlo, Hermione, sin importarte lo que digan los demás. Y dejar de sentir ese miedo de ser feliz- se detuvo unos instantes-Con Harry-
Abrí mis ojos de par en par, y por un momento creí no haber escuchado bien. ¿Había dicho Harry?
¿Hablaba de ser feliz con Harry?
-¿Qué?- parpadeé varias veces y sus manos se aferraron con más fuerza a las mías.
-Cariño…- suavizó su mirada- Sé que amaste a Ron con toda tu alma- era una afirmación, una que me llegó hasta lo más profundo-Pero él se ha ido, y tú no puedes…- se detuvo, buscando mejor sus palabras- No debes negarte la oportunidad de ser feliz con Harry-
De nuevo, por un momento pensé no haber escuchado bien, sin poder creer que Molly me estuviera diciendo aquello. Que me estuviera hablando de dejar ir a Ron. De ser feliz con Harry.
-¿Q…qué?- meneé un poco la cabeza-Molly, tú…-
-Siempre lo supe, querida- aquella afirmación fue como una bofetada-Harry y tu son como mis hijos, y una madre siempre sabe todo- sonrió ligeramente-Entiendo porque callaste y porque quisiste ser tan discreta, pero debes saber que nada me daría más felicidad que verlos juntos-
No podía creer lo que me estaba diciendo. Era tan increíble, tan extrañamente correcto que me dijera aquello en esos precisos momentos y sobre todo tan importante, viniendo de ella. De la madre del que había sido mi esposo, quien no me decía aquello como si me estuviera dando permiso para ser feliz.
Me estaba alentando a ser feliz. Con Harry. Con el hombre que amaba.
-Así como se que Ron hubiera querido lo mismo, nada podría dejarlo más tranquilo que sabiéndote con él-
-Mo…Molly-
Maldición. Estaba llorando otra vez.
-No había querido decirte nada, por respeto a tu dolor, por respeto a los dos- pude ver las lágrimas acumuladas en sus ojos- Pero ahora que sabes la verdad, que sabes que Harry no es el padre del hijo que mi Ginny espera, no puedo seguir callando por más tiempo-
En aquél momento, estaba segura que mi mandíbula no podía estar más desencajada. Al parecer todo ese tiempo Molly había sabido absolutamente todo, y por supuesto, no pude evitar regañarme al darme cuenta que la conocía lo suficiente para suponerlo, y sin embargo nunca lo había hecho.
Había estado tan cegada para verlo, para imaginar que ella sospechaba, sabía.
-Es momento de que entierres tu pasado, querida, Ron no habría querido que vivieras en él- miró la tumba frente a nosotras-Que te consumieras por el dolor de su recuerdo- me miró de nuevo y sonrió- Él habría querido que fueras feliz-
Eso fue lo último que tuvo que decirme.
-Oh…Molly-
Sin poder evitarlo, y agobiada por tantas verdades y sentimientos descubiertos en tan poco tiempo, abracé a Molly con fuerza mientras pensaba en lo que acababa de decirme.
No necesitaba más para darme cuenta de lo estúpida que había sido, para darme cuenta cuanto amaba a Harry, lo suficiente para decidir ser feliz de una vez por todas.
Con él.
-No te niegues la oportunidad de ser feliz, cariño, y búscalo-
Y abrazadas frente a la tumba de Ron, lo único que atiné a hacer fue a sonreír con fuerza.
~o~
No supe cuanto tiempo pasó desde que Molly, una vez que nos hubiéramos separado del abrazo, se fue y me dejó ahí sola de nuevo frente a la tumba de Ron.
Lo único que sabía era lo que tenía que hacer. Por más miedo que tuviera, por más insegura que estuviera sobre lo que haría. Porque por un lado estaba lo que yo quería, lo que haría.
Por otro lado estaba él, y todo el dolor que le había causado.
Antes de poder seguir pensando en algo más, los suaves e inconfundibles pasos de mi mejor amiga se escucharon detrás de mí hasta detenerse a mi lado. Con sus brazos cruzados detrás de su espalda, una sonrisa pícara en los labios y expresión triunfal me miró de reojo mientras yo componía una sonrisa sin dejar de mirar la tumba frente a mí.
-Fui una estúpida, Luna-
Ante esa simple afirmación, Luna pareció entrar en un ataque de adrenalina y elevando sus brazos al cielo, miró hacia arriba para soltar un suspiro de alivio.
-Vaya! Por fin te das cuenta!- casi saltó a mi lado de la emoción-Lo siento amiga, pero desgraciadamente en eso no puedo contradecirte. Por Merlín, gracias por abrirle los ojos a esta necia!-
-¿Crees que me perdone?-
-Eso solo lo averiguarás si lo buscas y le pides perdón, Herms-
Sabía que eso era lo que tenía que hacer. Era lo que iba a hacer, y sin embargo, estaba asustada de lo que pudiera pasar. Lo había lastimado tanto…
-Le dije cosas tan horribles, Luna- dije sin dejar de mirar la tumba -Le dije que lo quería fuera de mi vida, le dije que no lo amaba-
-Pues por eso mismo debes ir a buscarlo! Tienes que ser tú la que vaya ahora, tienes que ser tú la que le diga que lo amas!-
Y eso era lo que iba a hacer. Mañana, cuando todo terminara. Cuando me despidiera de él.
Mañana empezaba mi vida con Harry.
-Lo sé- suspiré-Es lo menos que él se merece-
Antes de decirme algo más, mi mejor amiga se colocó frente a mí y tomando mis manos con fuerza, me miró con sus ojos azules brillando con intensidad.
-Ve con Harry, Hermione- declaró con seguridad-Búscalo, retira lo que has dicho, dile la verdad, dile que lo amas, y permítete ser feliz de una buena vez- imploró con mirada compungida-Es lo que tú mereces y lo que Harry merece- sonrió antes de corregir-Lo que siempre han merecido-
Sonreí con ternura, incapaz de decir algo. No sabía que sería de mí en aquellos momentos de no ser por esa mujer, que siempre había estado a mi lado. En las buenas y en las malas.
-Debes estar con él. Mucho más ahora que puedes estar…- meneó la cabeza- Ahora más que nunca! Así que búscalo!-
No escuché la última frase, ni siquiera le presté atención.
Aún procesaba las palabras de Luna, aquella frase a medio terminar, que por supuesto había captado a la perfección. Pero eso no podía ser.
Luna tenía que estar equivocada, o tal vez la había interpretado mal. Yo no podía estar…
Suponer lo que estaba suponiendo Luna era simplemente una idea disparatada, pues Harry y yo habíamos tomado precauciones al hacer el amor. Al menos casi siempre…
Conteniendo una exclamación de sorpresa, el recuerdo de aquella ocasión en mi oficina me asaltó de golpe, cuando, demasiado desesperados y deseosos como para concentrarnos en otra cosa, no habíamos tomado ninguna precaución al hacer el amor.
Y como si algo quisiera confirmarme aquello que rondaba por mi cabeza, me di cuenta de algo más. Algo de lo que no había sido consciente en esos días, algo de lo que con tanto ajetreo y tantas cosas en mi cabeza ni siquiera había podido notar, demasiado ocupada siquiera para recordar una pequeñez como esa.
Una pequeñez que de pronto se había convertido en todo. Sin poder evitarlo, aferré con más fuerza las manos de Luna, procesando la idea.
Tenía más de una semana de retraso.
Y dándome cuenta de ese hecho, miré los ojos azules frente a mí con mis ojos abiertos de par en par.
~Harry's POV~
Sentados en la mesa de la cocina y con una jarra de cerveza de mantequilla en las manos, di otro sorbo del tarro y miré al pelirrojo que tenía frente a mí. Y en algún momento, pude imaginar que aquél que tenía frente a mi era mi mejor amigo, con el que solía hacer eso cada vez que nos veíamos.
-Así que ¿Todo está listo para mañana?-
Ante mi pregunta, George solo atinó a soltar un suspiro de satisfacción que me respondió de forma inmediata.
-Sí, todo está listo, y quedó perfecto debo decir- dijo con una sonrisa-Claro que Hermione nos ha traído como elfos domésticos, te juro que ni Dobby sufrió tanto bajo las órdenes de los Malfoy-
Sonreí de medio lado al imaginar la escena, y sin poder evitarlo, la pregunta se me escapó de los labios antes siquiera de poder darme cuenta.
-¿Cómo está?-
-Bien. Tan mandona, obsesiva y acelerada como siempre- sonrió con algo de ternura -Y encantadora, por supuesto. Casi podría decir que está más linda que antes-
No contesté. Sabía que eso era imposible, pero por un momento, pude deleitarme en imaginarla más hermosa, brillante e increíble que antes. Ante esa simple visión, solo atiné a sonreír de medio lado mientras tomaba otro sorbo de mi tarro.
-Entonces…- frente a mí, George me miró con ceño fruncido- ¿Es definitivo? ¿No piensas ir?-
-No- respondí de forma cortante e inmediata- No creo que a ella le gustaría que estuviera ahí-
-Ron era tu mejor amigo, Harry. No- se retractó- Era tu hermano- dijo con seguridad- Hermione sabe eso, y no le gustaría que…-
Antes de que pudiera decir algo más, me levanté de la mesa con el tarro en mi mano y caminé hasta la ventana, mirando el océano que tenía frente a mí con melancolía.
-Hermione fue muy clara, George. Me quiere fuera de su vida- dije sin dejar de mirar el paisaje afuera -Fuera de su vida se refiere a todo lo que le concierne, y eso también involucra a Ron- solo entonces di media vuelta para mirarlo-Así que no, no iré-
Era algo definitivo. Por más que me gustaría estar ahí, no podría soportar estar ahí. No cuando, de alguna forma u otra, sabía que la culpa me golpearía con fuerza una vez estuviera frente a la tumba de Ron, sabiendo que su esposa y su mujer, había sido mía también.
Pero sobre todo no podría soportar verla, y saberla tan lejos de mí.
Frente a mí y como queriendo sacar fuerzas de algún lado, George soltó un largo suspiro y se cruzó de brazos para mirarme con serenidad.
-El bebé de mi hermana no es tuyo, Harry-
Dijo simplemente, como claro recordatorio de que lo único que se nos separaba ya no existía, y al parecer, no había nada más que nos impidiera estar juntos. Por supuesto, fui incapaz de responder y frente a mí, George soltó otro largo suspiro.
-Malfoy mismo vino a confirmártelo hace unos días- continuó -Lo sabes ya, y eso era lo único que los separaba. No entiendo porque ustedes dos siguen separados y aferrados a…-
-Porque…- tomé una larga bocanada de aire- Porque eso no es todo lo que nos separa- me llevé una mano al cabello, frustrado -Hermione me sacó de su vida, George. Fue muy clara el decirme que no me quiere en ella, y yo debo respetar eso- lo miré derrotado -Así de sencillo-
-Pero si ella supiera, si le dices, tal vez…-
-Entiende George. Es ella la que debe decidirlo, no ser yo quien la presione a decidirlo!- me apunté con rabia-No pienso obligarla a sentir o hacer algo que no quiere-
Antes de dejarlo o poder decir algo más, y completamente frustrado conmigo mismo y con ella, me dejé caer en la silla que ocupaba antes y soltando un largo suspiro resignado, recargué mis codos sobre la mesa y lleve mis manos a la cabeza.
Agotado de pensar en lo mismo.
-Por Merlín, Harry…-
No dijo más. Solo entonces subí mi mirada, y con mis manos aún en la cabeza, lo miré con expresión cansada.
-¿Sabes lo duro que es para mí competir contra él, George?- solté sin más, incapaz de contener la frustración que sentía- ¿Amar a la misma mujer que fue de mi mejor amigo y saber que aún…así, ella lo prefiere a él?-
Frente a mí, esta vez fue momento de George para quedarse callado, mirándome esta vez con algo que más que parecía lástima, era comprensión.
-No puedo obligarla, no puedo forzar las cosas, no con Hermione-
Cruzando sus brazos, George solo atinó a soltar un suspiro derrotado y mirarme recargado desde su lugar.
-¿Entonces? ¿Qué piensas hacer?-
-Lo único que puedo hacer, George- sonriendo de medio lado sarcástico, lo miré -Aceptarlo, esperar…- tragué con fuerza- O resignarme-
Y aunque no dije nada, estaba seguro que lo último que había dicho sería lo que terminaría haciendo.
~Hermione's POV~
Vestida solo con mi camisón para dormir y con los nervios de punta, caminaba de un lado a otro en el pequeño espacio del baño de mi recámara mientras retorcía mis manos nerviosa.
Por Merlín. Iba a volverme loca de desesperación.
A mi lado y encima del lavabo, la prueba de embarazo que había comprado hacía apenas quince minutos se encontraba lista para marcar el resultado en unos momentos.
Y aquella espera de cinco minutos no podía parecerme más agónica.
Como había sido desde que había hablado con Luna, y desde que me había abierto los ojos.
Me había despedido de todos en La Madriguera hacía apenas media hora y una vez me hubiera aparecido en Londres, había comprado la prueba de embarazo en un santiamén. Había decidido comprarla en una farmacia de Londres a la que solía ir con mi madre de niña, segura de que ahí nadie me reconocería.
Estaba segura que comprarla en Hogsmeade, donde todo mundo me conocía y los chismes corrían como pólvora, habría sido lo peor que hubiera podido hacer.
Apenas había llegado y leído el maldito instructivo con las manos temblorosas había seguido las pocas instrucciones desesperada, sin tener idea de lo que estuviera haciendo fuera lo correcto. Estaba tan nerviosa que jamás en la vida algo me había parecido tan complicado de leer, de entender, y de hacer.
Y ahora ahí estaba. Unos minutos después.
Segura de que en cualquier momento me volvería loca, queriendo reírme de la desesperación al darme cuenta que los segundos pasaban demasiado lentos. Con las palabras de Luna retumbándome en la cabeza, con los acontecimientos de los días pasados regresando a mi memoria.
Pronto todo había hecho sentido. Los mareos, las náuseas y el asco, los vómitos, el cansancio tan extremo. Mi mente se negaba a registrarlo por completo, mientras mi corazón y mi cuerpo me dictaban otra cosa.
Y finalmente, después de largos minutos de espera en los que había caminado mucho más de lo que hubiera imaginado, la prueba estaba lista y finalmente me quedé estática en mi lugar. Cerrando mis ojos con fuerza, tomé una larga bocanada de aire y me acerqué al lavabo hasta quedar frente al espejo.
El corazón comenzó a palpitarme con fuerza.
Solo entonces abrí mis ojos. Con respiración agitada, sostuve el pequeño instrumento blanco entre mis manos y miré las dos líneas rosas en el centro del indicador que marcaban el resultado.
No una.
Dos líneas.
Era positivo.
Estaba esperando un bebé.
Estaba esperando un hijo de Harry.
Esa realidad me golpeó tan fuerte que abriendo mis ojos de par en par, llevé ambas manos a mi vientre de manera instintiva. Ahí, donde crecía mí bebé. Incapaz de detener las lágrimas de alegría que comenzaron a rodar por mis mejillas sin control, levanté la mirada hasta posarla en el espejo, asimilando la idea que dentro de mí había vida, que iba a tener un bebé de Harry, que iba a ser mamá.
Y con sus ojos castaños brillando de emoción a través de las lágrimas y su mandíbula desencajada de la emoción, la mujer del reflejo frente a mí me devolvió una enorme sonrisa.
