"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! Aquí les traigo por fin el último capítulo de ésta historia que no puedo creer que ya se haya terminado. Al comenzarla a escribir hace ya más de un año, parecía tan vaga en mi cabeza y creí que no me darían las ideas para una historia larga, y sin embargo, aquí está! Debo decir que escribir esta historia fue algo adictivo y en algo que simplemente tenía que terminar, y en algunos momentos deseé que no terminara pero creo que es hora de que por fin esos dos estén juntos ;).
Quiero agradecer a todos los que me agregaron a favoritos, me dejaron review o simplemente me leyeron, gracias a eso pude continuar esta historia hasta terminarla :). Espero que, al igual que yo disfruté escribiendo, ustedes disfruten de éste capítulo en el que por fin y después de taaanto drama, nuestra adorable parejita será feliz!
No pienso adelantarles nada, solo espero que disfruten!
Capítulo 27°: La Fuerza Del Destino
~Hermione's POV~
Con una última mirada al espejo de cuerpo completo, terminé por alisar mi vestido color blanco y suspiré. Me encontraba terriblemente nerviosa y ansiosa, esperando que todo saliera a la perfección ese día.
Desde el principio hasta el fin, ese día tenía que ser perfecto.
Con la mirada fija en mi reflejo, pasaron varios minutos antes de que reaccionara. Me miraba de arriba abajo, incapaz de creer que en menos de un año, tantas cosas me hubieran pasado.
Desde el divorcio de Harry y la muerte de mi esposo, el embarazo de Ginny y enamorarme de nuevo de mi mejor amigo, hasta el pequeño ser que llevaba y crecía poco a poco en mi vientre, como un recordatorio del amor que existía y existiría siempre entre los dos.
Sin poder evitarlo, me puse de lado y colocando mi mano en la espalda, examiné con cuidado mi aún plano vientre de un escaso mes de embarazo. Gracias a Merlín tenía apenas unas pocas semanas, y con aquél vestido estaba segura que nadie notaría absolutamente nada.
Sonriendo como una reverenda estúpida, di media vuelta hasta quedar de nuevo frente al espejo y toqué mi vientre con emoción, algo que había hecho desde anoche en incontables ocasiones. Mi bebé estaba ahí. Un bebé mío y de Harry.
-Harry-
Suspiré su nombre. Parecía que había pasado una eternidad desde que no estábamos juntos.
Durante largos segundos miré mi reflejo para asegurarme que todo estuviera en orden con mi cabello, que ahora se encontraba peinado en largos y pesados tirabuzones que me caían con ligereza por los hombros, y también para asegurarme de que me encontraba en condiciones para salir de casa.
Mi corazón palpitaba con fuerza, tanto que por un momento creía que se me saldría del pecho.
Tienes que tranquilizarte, Hermione. Pensé, colocando una mano en el pecho mientras aspiraba con fuerza, y como queriendo tomar fuerzas para salir miré la fotografía de Ron en la mesita de noche y guiñé un ojo.
-Bien, Ron, ésta va por ti-
Y recibiendo a cambio otro guiño igual por parte del pelirrojo sonriente de la fotografía, sonreí con ganas y salí de mi habitación para ir directo a la Madriguera donde seguramente todos estaban esperándome.
Media hora más tarde, fue cuando estuve a punto de tener un colapso nervioso.
De pie en la puerta de la cocina que daba al jardín de la Madriguera y sin poder creer lo que veía, contemplé el paisaje que tenía frente a mí boquiabierta y mis ojos abiertos de par en par. Di unos cuantos pasos, sintiendo mis piernas flaquear y los nervios atacarme de nuevo con fuerza. Completamente ofuscada, observé todo a mi alrededor con cuidado mientras absorbía cada detalle.
Aquello era mucho mejor de lo que me había imaginado.
Después de dos semanas de idear, planear y hacer, la decoración había quedado simplemente exquisita, dándole al jardín el toque elegante, tranquilo y a la vez alegre que esperaba.
A mi derecha, y adornada por un montón de flores blancas a sus pies, una larga mesa enfundada con un mantel blanco se encontraba repleta de fotos de Ron, desde aquellas en nuestros primeros años en Hogwarts hasta las de toda la familia en las últimas Navidades. Una foto de ambos en nuestra boda, en ese mismo jardín y riendo completamente sonrojados mientras nos lanzaban arroz se acomodaba casi al centro.
Y en el centro, adornado por un hermoso marco plateado, se alzaba una foto de él enfundado en un pantalón y camisa blanca en el jardín de nuestra casa, con sus manos en los bolsillos mientras sonreía.
Solo él, simple, despreocupado, como siempre había sido.
Con una media sonrisa, dejé de mirar las fotos en la mesa para continuar mi recorrido visual por el jardín, admirando el intenso color verde que se observaba a pesar del invierno. Desperdigados por todo el jardín, montones de árboles se alzaban frondosos, mientras hermosas enredaderas con flores de todos colores se enlazaban unas con otras, creando techados de hojas en algunos lugares. Desde donde yo me encontraba hasta el final del jardín, un sendero marcado por flores azules se extendía por todo el pasto y entre un montón de sillas blancas acomodadas en filas, hasta terminar en un pequeño y sencillo podio de madera cubierto de flores blancas en su base. A un lado de la tumba de Ron.
Donde un altar sencillo, repleto de flores, cartas y recuerdos de todo tipo como sus camisetas, escobas y uniformes se alzaba imponente alrededor de la lápida de mármol negro.
Pero, y a pesar de que la decoración era imponente, aquello no había sido lo que me había hecho abrir mis ojos de par en par maravillada. Era la gran cantidad de gente que había. Desde los Weasley, amigos de Hogwarts, amigos del trabajo y otros tantos del mundo de la magia, el jardín se encontraba repleto de gente vestida de blanco, conversando animadamente en lo que más que otro funeral parecía una fiesta.
Satisfecha, sonreí de medio lado al darme cuenta de que precisamente eso era lo que quería. Y lo que estaba segura que Ron quería.
-Bien- suspiré, armándome de valor- Aquí vamos-
Con una sonrisa sincera plasmada en mi rostro, caminé lentamente por el jardín mientras saludaba a todos con alegría, incapaz de creer que Ron hubiera sido querido y fuera extrañado por tanta gente.
-Hermione!- abrazaba a todos, escuchando sus comentarios emocionados- Esto es divino!-
-Querida!- me saludaban otros, abrazándome con fuerza- Te ves preciosa! Y todo está maravilloso!-
Completamente ofuscada por una dulce y cálida sensación de cariño, saludé a todos los que pude hasta que finalmente encontré un lugar cerca de la mesa completamente solo. Agradeciendo a Merlín la oportunidad de calmarme y dejar que mi acelerado corazón se normalizara, tomé una larga bocanada de aire para tranquilizar mis nervios.
Aunque no por mucho tiempo.
-Tú!- escuché el grito, y sin poder evitarlo, solté un largo suspiro mientras sonreía.
No tuve que alzar la vista para saber que, caminando con rapidez y sus ojos aventando chispas, era Luna la que se acercaba a mí a toda velocidad. Seguramente con un solo pensamiento en su cabeza.
-Hola, Luna- sonreí una vez que estuvo frente a mí- Te ves lindísima-
-Ay amiga!- sonriendo de oreja a oreja, me abrazó con fuerza- Tú te ves aún más- se separó de mí para admirar el resultado de dos semanas, maravillada- Y esto es…ha quedado…simplemente perfecto, Herms. Maravilloso-
-Lo sé, y no sabes lo feliz que me hace-
-Por fin…- me miró de nuevo, aún sonriente- Por fin podrás despedirte de él. Después de todo, él habría querido que lo hicieras y fueras feliz-
Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado para mirarla.
-Luna, créeme que lo seré…- llevé la mano a mi vientre de manera instintiva- Eso te lo puedo asegurar-
No necesité decir más. Boquiabierta y con sus ojos abiertos de par en par, Luna miró la mano que tenia sobre mi vientre mientras movía su boca sin emitir sonido, intentando decir algo coherente.
-Herms…tu, entonces siempre si…- señaló mi vientre con mano temblorosa- Tu…-
-Parece ser que eres una observadora increíble, amiga-
-Ay por Dios…estás…- llevó su mano a la frente- Estás…-
-Sí- sonreí aún más, y tomando una larga bocanada de aire, le aseguré lo que estaba pensando- Estoy embarazada, Luna-
-Por Merlín! Hermione!-
Soltando un grito de verdadera emoción que me pudo haber reventado los oídos, Luna se abalanzó sobre mí con fuerza y dándome un abrazo que me quitó el aliento, comenzó a dar ligeros saltitos de emoción mientras las frases "Voy a ser tía", "Tendremos un pequeño Potter" y otras tantas más salían de su boca sin preocuparse porque alguien la escuchara. Abrazada a ella e intentando mantener la calma y dejar de reír, miré alrededor para asegurarme de que en efecto estábamos solas.
-Shh! Baja la voz, Luna!- regañé por lo bajo mientras nos separábamos- Alguien podría escucharnos!-
-Ay sí, lo siento, lo siento- tomando una larga bocanada de aire para calmarse, Luna me tomó de las manos y sonrió con emoción- Es que…no puedo creerlo! Un bebé, un bebé tuyo y de Harry!- sonreí al darme cuenta de la emoción que sentía al escuchar eso- Estoy tan feliz por ti Herms! Esto es lo que mereces! Y lo que Harry también merece!-
Incapaz de contestarle algo y sintiendo las lágrimas de emoción acumularse de nuevo en mis ojos, sonreí con más fuerza y apreté sus manos entre las mías.
-Tienes que decírselo a Harry, Herms, cuanto antes- durante unos segundos se limitó a mirarme con ojos entrecerrados, esperando respuesta- Porque lo buscarás, ¿Verdad?-
Antes de poder decir algo y dejándome con la boca abierta, George llegó hasta donde estábamos y saludándonos de un fuerte abrazo, me miró con una sonrisa tierna sin soltarme por completo.
-Estás lindísima, Herms- sonreí enternecida mientras George miraba el jardín- Todo está preparado y te están esperando- me miró de nuevo y sonrió- Ya es hora- ante esa simple frase, cerré mis ojos nerviosa y tomé una larga bocanada de aire- ¿Estás lista?-
Con una sonrisa de aliento, George me tomó con ternura de los brazos y sin poder evitarlo, sonreí de igual forma mientras lo miraba a manera de agradecimiento. A mi lado, pude sentir como las casi cincuenta personas vestidas de blanco en el jardín comenzaban a mirarme, esperando que fuera yo la que me parara en el lugar a un lado de la tumba.
Y el darme cuenta que aquél momento era el que definía el final de una vida y el inicio de otra, fue lo único que necesité para asentir.
-Estoy lista-
Con un simple apretón de parte de George en mi brazo, di media vuelta y apretando mis puños con fuerza para mantener mis piernas firmes, comencé a caminar hasta el pequeño altar mientras todos los presentes tomaban asiento en las sillas acomodadas por el jardín.
Fue un recorrido hermoso. Con una ligera sonrisa tímida, caminé por el pequeño sendero entre las sillas con algo de nerviosismo mientras miraba a todos los presentes, topándome con rostros conocidos y sonrisas de aliento, con ojos tiernos y miradas alegres.
Como a Ron le hubiera gustado que fuera.
Con ese pensamiento, llegué hasta el pequeño pódium de madera y una vez frente a todos sonreí para comenzar a hablar.
-Bueno, creo que…- comencé algo tímida- Creo que esto es poco común. En realidad, no sé ni cómo fue que se me ocurrió la idea, y mucho menos cómo me ayudaron a hacer esto- escuché las suaves risas de Luna y George- Pero, creo que es algo que necesitaba hacer…y que muchos necesitábamos-
Miré los rostros de la gente frente a mí, todos con amplias sonrisas y ojos acuosos.
El corazón comenzó a latirme con fuerza.
-Hace siete meses exactos, cuando todos estuvimos aquí, la situación fue muy diferente- tomé aire- Pero sé que es algo que a Ron no le hubiera gustado. Él habría querido que todo fuera distinto, así que esto es para él-
Y ahí, frente a todas las personas que me miraban expectantes, sonrientes y emocionadas y con el corazón a punto de salirse de mi pecho, comencé a hablar…
~o~
No sé en qué momento fue que dejé de prestar atención a mí alrededor, mucho menos el momento en el que olvidé a todas las personas que estaban frente a mí y tu apareciste al fondo del jardín, mirándome con tu hermosa sonrisa y tus brillantes ojos azules. Esos ojos azules que como siempre, me miraban con ternura y con amor.
Podría estar volviéndome loca, Ron, pero no importaba. Mirándote a lo lejos, parado con tus manos en los bolsillos que te daban ese aspecto despreocupado de siempre, te devolví la sonrisa y comencé a hablar.
Les dije todo lo bueno que pude recordar. Desde que éramos unos niños viviendo nuestras aventuras en Hogwarts, hasta aquél hermoso día en el que me convertiste en tu esposa. Les hablé de ti, de todas tus virtudes, de tu sentido del humor, de tu brillo, de cómo iluminabas a todo el que te rodeaba. Sobre todo a mí. Eran tantas cosas que hablé durante largo tiempo, y solo en aquél momento me di cuenta que eran demasiadas las cosas buenas que tenía que decir sobre ti.
No les dije todo, por supuesto. Dejé a un lado las cosas malas, las cosas tristes, la parte complicada. No vinieron a eso. Ellos vinieron a escuchar sobre ti, sobre lo mucho que te extrañábamos, sobre lo mucho que yo te extrañaba. Y te extraño.
Así que no les hablé de los problemas, mucho menos de mis problemas, de mis dudas. No les dije que durante un tiempo te aborrecí por haberte ido y dejarme sola, o que en algún momento tuve ganas de dejar de existir. No les dije que mientras te extrañaba, aprendía a vivir sin ti. Que aprendía también a extrañarte menos, y a disfrutar más mi vida con la gente que me rodeaba y me amaba. No les dije que con tu muerte fue que me encontré a mí misma, a pesar del dolor y la frustración que tu partida me causó. No les dije que fue solo con tu muerte que por fin descubrí quién era, y que en ese proceso, me enamoré otra vez.
Es extraño pensarlo. Él era tu mejor amigo, creo que tu tal vez debiste suponerlo alguna vez. Darte cuenta de lo que sentía por él, sin embargo y a pesar de eso, me entregaste todo de ti. Así como yo te entregué todo de mí. Y me hiciste tan feliz.
No dije nada sobre como el destino tal vez había querido que las cosas fueran así. No les dije que era momento de seguir con mi vida, que todo eso era una manera de saldar nuestro asunto pendiente. Que era el momento de dejarte ir. Era el momento de ir por mi nueva vida. Dejé todos esos pensamientos para mí y lo mantuve simple, ligero. No querían oír hablar de Harry, o de Ginny o Malfoy. Ellos querían escuchar sobre lo mucho que nos amábamos, sobre lo mucho que te amé, sobre como fuiste todo para mí.
Y eso hice.
Esa era la única verdad que tenía para decir. Y es la verdad, una verdad que será así siempre.
Te extraño Ron, te amo y siempre te amaré, por haber sido el hombre más importante de mi vida durante tantos años. Por haber sido el primer hombre en mi vida, por haberme enseñado a ver el mundo de otra forma, por haberme enseñado que el amor no solo se da como en los cuentos de hadas o a primera vista, sino en base a la convivencia, la confianza y la ternura. Te amaré por haberme enseñado a hacer el amor y a entregarme por completo en cuerpo y alma.
Te amaré por eso siempre, pero sobre todo, te amaré por haberme amado como me amaste.
Pero el amor, aún cuando sé que no puede borrarse, puede cambiar. Y eso fue lo que pasó para mí, al enamorarme de nuevo de la misma persona. Del mismo hombre que amé siempre, el que me demostró que mi vida continúa, el que revivió en mi esas ganas de amar de todas las formas posibles, el padre de mi hijo, y sobre todo el amor de mi vida.
Hablé mucho tiempo, mirándote a ti en ocasiones, en ocasiones a tu familia, en ocasiones a nuestros amigos. Él no estaba ahí. Y en algún momento comenzaste a hacerte más lejano y borroso, como si te estuvieras alejando; hasta que finalmente desapareciste por completo. Fue solo entonces que comprendí que esta vez te habías ido. Pero a diferencia de siete meses atrás en tu funeral, esta vez solo pude sentir paz.
Y hasta ese momento entendí lo que todos habían tratado de decirme siempre. Que tú no habrías querido irte, pero lo hiciste. Que me amabas y que, donde fuera que estuvieras, querías verme feliz.
Por fin, sonreí. Y entendí que lo único que me quedaba por hacer para saldar mi cuenta contigo, era ser feliz.
Algo que ahora sí, estaba dispuesta a cumplir.
Unas cuantas horas después, la música antes estridente y las risas de todos los que se encontraban en La Madriguera parecían haber disminuido casi en su totalidad. Con un montón de serpentinas y listones de colores desperdigados por todo el jardín de La Madriguera, ahora solo quedaban los restos de la fiesta que habíamos tenido y dentro de la casa solo unos cuantos amigos cercanos y la familia Weasley eran los que seguían charlando alegremente.
Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado a la fotografía del pelirrojo que encima de su lápida, seguía sonriéndome despreocupado y con ojos brillantes.
En aquél momento, no podía estar más en paz conmigo misma.
Tomando una larga bocanada de aire puro, cerré mis ojos y me hinqué frente a la lápida de mármol para mirar el nombre inscrito con letras blancas. Lo único que me faltaba por hacer ya estaba hecho, y por primera vez dentro de siete meses, sentí verdadero alivio al darme cuenta del hecho.
A partir de ese momento cerraba un capítulo de mi vida, enterraba el pasado para mirar a un futuro diferente y prometedor. Un futuro en donde estaba él. Donde estaba Harry.
Miré la tumba de nuevo. Siempre lo extrañaría, y siempre notaría su ausencia. Sin embargo, ya no dolía.
Porque había entendido por fin que mi lugar estaba con el hombre que amaba, y con el hombre que me había demostrado que me amaba de igual manera. Mi futuro no era solo donde estaba él. Era él.
Sintiendo las gruesas lágrimas rodar por mis mejillas, dejé la rosa que llevaba en la mano al pie de la lápida y me enderecé hasta quedar parada frente a la tumba. En medio de todas las demás flores blancas, la rosa roja quedó plantada como un símbolo de todo lo que sentía en ese momento y lo que siempre sentiría cuando estuviera ahí.
Sintiendo mi vista borrosa, limpié las lágrimas con mi mano y sin poder evitarlo, toqué la foto que se encontraba justo por encima de la lápida, dándome cuenta de que ese era el final.
Era una despedida.
-Adiós Ron- y desde su foto, Ron me devolvió la sonrisa.
Eso fue lo único que necesité decir, y dando media vuelta me alejé de la tumba lentamente mientras sentía mi corazón a punto de salirse de mi pecho.
Y sintiéndome completamente liberada, me alejé del lugar rumbo a mi nueva vida.
~Harry's POV~
Tumbado boca abajo en la enorme cama de sábanas blancas, me enderecé un poco para mirar el reloj de la mesita de noche. Las cinco de la tarde. Sin poder evitarlo, solté un largo suspiro y me volví a tumbar en la cama con fuerza.
Para esas horas, seguramente todos se encontraban en La Madriguera reunidos, charlando y conviviendo alegremente mientras se despedían de mi mejor amigo como se debía. Con alegría, con emoción, con amor.
Y ella, por supuesto, estaba ahí. Ella era la que había tenido la idea, y por un momento pude imaginarla con algún vestido claro y alegre, charlando y sonriendo con todos los que se encontraban con ella, rodeada de los seres que amaba.
Feliz. Sin mí.
Por supuesto, en lo que se refería a nosotros, todo estaba perdido. Ella había tomado su decisión, ella había decidido sacarme de su vida, ella lo había elegido a él.
Y yo tendría que conformarme con amarla durante lo que me restaba de vida, alejado de ella.
Frustrado, golpeé la almohada con un puño y con algo que se asimilaba a la rabia limpié con fuerza las lágrimas traicioneras que amenazaban con salir de mis ojos de nuevo. Para entonces, había lidiado con la idea de que todo estaba perdido durante mucho tiempo, y estaba seguro que lo que menos necesitaba era seguir atormentándome con lo mismo. Otra vez.
Seguro de que lo que necesitaba era aire fresco, me levanté de golpe y poniéndome un ligero sweater bajé hasta la planta baja dispuesto a salir de esa enorme casa que de pronto me parecía demasiado pequeña.
Una vez fuera, miré a mi alrededor y tomando una larga bocanada de aire, cerré mis ojos para disfrutar de la brisa marina de esa tarde e intentar olvidarme de todo en lo que había pensado los últimos días.
Afuera, el paisaje de esa tarde era simplemente impresionante. A pesar de estar a mediados de Enero, el día había amanecido bastante cálido y despejado, y en aquellos momentos cuando el sol comenzaba a ponerse en el horizonte el clima seguía bastante agradable.
Soltando el aire retenido, abrí los ojos para mirar el océano, tranquilo y sereno en aquél día. Encima de mí, el sol pintaba el cielo de colores que iban desde el naranja intenso hasta el lila de la tarde y lanzaba sus últimos destellos al agua de la playa, creando la ilusión de miles de diamantes que brillaban con intensidad.
Llevé mis manos a los bolsillos, mirando maravillado aquello que era casi perfecto. Que debería ser perfecto.
Sin embargo, lo único que necesitaba en aquellos momentos para ser completamente feliz era lo más inalcanzable que tendría jamás.
Incapaz de seguir pensando en lo mismo- otra vez- caminé hacía la playa por el corto sendero de piedras que comenzaba en la puerta de la casa, y una vez que mis pies estuvieron en contacto con la fría arena, tomé otra larga bocanada ante la deliciosa sensación.
Increíble.
Sin ver más que el océano frente a mí y completamente embrujado por el paisaje, caminé hasta que finalmente quedé a escasos centímetros del agua y cerrando mis ojos, disfruté una vez más de la sensación de la brisa en mi rostro.
Y en aquellos instantes, habría dado lo que fuera por compartir todo eso con ella. Con…
-Hermione- susurré su nombre de nuevo, mirando el cielo encima de mí- Mi Hermione-
Porque era mía. Alguna vez había sido mía en todos los sentidos, y ese era el único recuerdo que me quedaba de ella.
Durante largo rato no hice más que mirar al frente y, completamente absorto en el paisaje que se presentaba ante mí, no fui consciente de una presencia hasta que de reojo pude notar que algo se aproximaba en mi dirección. Sin prestar mucha atención, miré a mi izquierda para darme cuenta que alguien se movía, bastante lejos de mí, a lo largo de la playa con una lentitud increíble. Sin poder distinguir siquiera si era hombre o mujer y seguro que no tenía nada que ver conmigo, volví a mirar al frente para seguir disfrutando del paisaje frente a mí.
Lo que fuera siguió acercándose, esta vez sin duda pude distinguir de reojo que la persona caminaba hacia mí.
Extrañado y mirando aún al frente, fruncí el ceño. ¿Una persona?
Volví a voltear, convencido esta vez de que alguien se acercaba lentamente, caminando por la playa de manera lenta y tranquila. Suave.
Y en cuanto mis ojos miraron de nuevo la escena, enfocando ésta vez mejor, no tuve duda alguna. Alguien se acercaba hacía mí, y justo en el instante que me di cuenta de eso y por fin la tuve a una distancia prudente- tal vez unos cuarenta metros-, abrí mis ojos de par en par y contuve el aliento.
Era una mujer, vestida de blanco. Una mujer castaña.
Era…
Se acercaba lentamente, con pasos ligeros y suaves caminaba por la playa en dirección hacia mí, con su indomable cabello castaño meciéndose al viento y su vestido blanco volando ligeramente. Y así, caminando aún a muchos metros de distancia mía, con los rayos del sol sacando destellos dorados de su cabello castaño, su hermoso cuerpo marcado por el vestido blanco pegado a sus curvas y sus piernas y brazos moviéndose con delicadeza, estuve seguro que estaba viendo un ángel.
Por un momento quise pellizcarme, solo para asegurarme que no estaba en un sueño. Solo para asegurarme que ella era real.
Era imposible. Y sin embargo, la hermosa visión se negaba a irse, y la mujer se acercaba cada vez más. Treinta metros de distancia nos separaban, tal vez menos.
Seguramente el extrañarla y desearla tanto me había comenzado a afectar en serio, tanto que ahora estaba alucinando. Tenía que estar alucinando. Aquello era demasiado bueno para ser real.
La miré idiotizado, la sonrisa en su rostro, los suaves movimientos… y finalmente pude ver sus ojos, esos ojos castaños que tanto amaba, fijos en mí. Mirándome como me habían mirado tantas veces, mirándome con aquella calidez que me dedicaban en las noches de amor, en las mañanas de ternura. Veinte metros, y yo estaba seguro que pronto me quedaría sin aire. Y mirándola así, completamente absorto por el movimiento de sus brazos, de sus piernas, de su cuerpo entero y de su cabello rebelde meciéndose al viento, se me antojó como una diosa, una diosa pagana que venía a sacarme del sufrimiento y la soledad que me consumía.
Parpadeé varias veces, incapaz de creer que la mujer que tenía enfrente y que caminaba con decisión hacía mí era ella. Y sin embargo, seguía acercándose. Diez metros, y ahora podía apreciar todo de ella; su cuerpo, su cabello, su rostro, sus ojos.
Esos ojos que me miraban, esos labios que me sonreían. Toda ella, acercándose a mí poco a poco.
Hasta que finalmente, y quedando apenas a dos metros de distancia mía, se detuvo. Y para mí aquello todavía parecía un sueño, era incapaz de creer que tenía frente a mí a esa diosa convertida en mujer, que me miraba y me sonreía a mí.
Durante largos momentos, ninguno dijo absolutamente nada. Me limité a mirarla boquiabierto, mis ojos desorbitados recorriéndola entera mientras intentaba entender si aquello era un sueño. Un maravilloso y perfecto sueño.
Entonces, ladeando su cabeza solo un poco y sonriendo con timidez, abrió sus labios por fin para hablar. Y fue su voz la que salió por sus labios, suave y sedosa…
-Hola, Harry-
Y solo entonces supe que no estaba soñando.
~Hermione's POV~
Con el corazón latiéndome acelerado y furioso, miré los ojos verdes que tenía frente a mí como si nunca los hubiera visto en mi vida.
Él con sus ojos desorbitados y conteniendo el aliento, me miraba de igual manera y por un momento estuve segura de que intentaba asimilar la idea en su cabeza. No dijo nada.
Yo por mi parte, no podía apartar mis ojos de él. Con una lentitud increíble, disfrutando de la visión de tenerlo frente a mí, me maravillé con su cuerpo entallado en unos simples jeans y un sweater masculino, con su negro cabello revuelto cayendo sobre su frente, y sus ojos, sus verdes y brillantes ojos, mirándome con intensidad.
Dios, como lo había extrañado…
Yo por mi parte no podía estar más nerviosa. Parada frente a él hacía ya varios momentos lo había saludado, y para entonces aún esperaba una respuesta.
-Hola-
Frío, seco, distante, aquél saludo fue aún peor que si no me hubiera respondido. Con sus manos aún en sus bolsillos y en actitud completamente a la defensiva, Harry me miraba fijamente aún con aliento contenido, y en ese momento mi mundo se colapsó un poco.
Entonces recordé de nuevo todo lo que le había dicho la última vez que nos habíamos visto. Todo lo que lo había lastimado, y tal vez en aquél momento era demasiado tarde.
El corazón se me rompió en mil pedazos. ¿Ahora qué?
-Yo…- comencé mientras me acercaba, sin saber qué rayos decir- Yo…-
Callé, sintiéndome torpe y estúpida. Durante unos momentos me limité a mirarlo con timidez, y mordiendo mi labio inferior con fuerza, me devané los sesos para encontrar las palabras adecuadas para hablar. Sin embargo, fue Harry quién rompió el silencio.
-¿Qué…- parpadeó varias veces- ¿Qué haces aquí?-
En aquél momento todo lo que había pensado y hasta ensayado para decirle se esfumó por completo, y con la mente totalmente en blanco, lo miré sin tener idea que decir. Sabía que tenía que decir algo pronto, pero el no tener idea de lo que pasaba por su cabeza era simplemente una tortura que no me dejaba pensar con coherencia, mucho menos pronunciar palabra.
Esos ojos, ese cuerpo, por Merlín! Tenerlo en frente sin poderlo tocar, besar o acariciar era el peor distractor del mundo; pero pensar siquiera que aún cuando le dijera todo lo que tenía que decirle no podría hacerlo suponía la peor de las torturas. Ahora lo tenía a apenas un metro de distancia, y las manos me escocían por tocarlo.
Hecha un manojo de nervios y después de un largo silencio en el que por fin recordé como hablar y que decir, le dije lo primero que se me vino a la mente.
-Draco…- comencé, tomando aire- Draco me dijo que el hijo que Ginny espera no es tuyo. Que siempre fue de él- los ojos de Harry se abrieron solo un poco- Me buscó para decirme…- me detuve unos instantes ¿Qué montón de idioteces estaba diciendo?- Me dijo que te avisó en cuánto lo supo-
En cuanto hube terminado con mi nerviosa "explicación" que por supuesto no contestaba la pregunta de Harry en lo más mínimo, cerré mi boca para mirarlo fijamente.
Con expresión impasible, Harry pareció no reaccionar a nada de lo que acababa de decirle y saliendo de su estupefacción inicial, me miró con serenidad durante unos instantes sin decir palabra. Una mirada que no dejaba entrever nada, que no me mostraba nada.
-¿Qué haces aquí?-
Esta vez la pregunta no fue en tono de sorpresa. Fue cortante, segura y demandante. Su mirada serena seguía fija en mí y sus labios antes entreabiertos ahora estaban cerrados en una firme y delgada línea, creando una expresión impasible en su rostro. Y como si fuera posible, mi corazón se encogió un poco más de dolor ante su actitud. Una actitud que no me decía nada, que no me dejaba ver nada y que sin embargo, debí haber previsto que sería hasta obvia de su parte.
Una actitud que sabía muy bien que me merecía.
Pero no importaba. No podía quedarme callada, no ahora que por fin lo tenía frente a mí y mucho menos después de saber toda la verdad. Así que haciendo caso omiso a su mirada y su actitud casi indiferente, tomé una larga bocanada de aire y finalmente encontré la manera de decir algo coherente.
-Vengo a…- me callé y di un paso más- Necesitaba verte y hablar contigo- intenté que mi voz sonará lo más serena posible- Necesito decirte cosas…tantas cosas-
Nada. Ni un cambio en su mirada, en su cuerpo o en su actitud que me alentarán a seguir hablando, mucho menos una respuesta. Sin poder evitarlo, sentí un nudo en mi garganta de manera inmediata y mis piernas se volvieron gelatina. Y por un momento quise salir corriendo de ahí y no ver esa impasible mirada que no me decía absolutamente nada.
Pero eso era algo que estaba fuera de discusión. No me iría de ahí sin decirle lo que tenía que decirle.
Tranquila, Hermione. Me repitió mi conciencia en incontables ocasiones y tomando fuerza interna di otro paso más, acortando la distancia entre nosotros. Ese frente a mí era el amor de mi vida, era el padre de mi hijo, y no pensaba irme de ahí hasta no decirle lo mucho que lo amaba, lo extrañaba y que no quería volver a estar lejos de él nunca más.
Con ese pensamiento en mente y renovada fuerza interna, volví a hablar.
-Fui una estúpida, Harry. Todo lo que te dije y lo que no dije…- meneé mi cabeza, frustrada- Aún no puedo creer que haya sido tan idiota- cerrando mi puño con fuerza, lo miré con seriedad- Necesitas saberlo, aún cuando imagino que ya lo sabes o que no tiene caso, necesito decírtelo-
Me callé, no para esperar respuesta sino para mirarlo, y en el momento justo que mis ojos se encontraron con sus ojos, brillantes y expectantes, todas las dudas y nervios que me habían atacado se esfumaron de pronto. Tomé aire, y preparándome para abrirme a él y decirle por fin todo lo que siempre había tenido que decirle, volví a hablar.
-Te amo, Harry Potter. Eres el único hombre que he amado, amo y seguiré amando en este vida- solté la única verdad que tenía por decirle- No solo por ser quien eres, sino por hacerme a mí quién soy. Has soportado mi indecisión, mis insultos, mi cobardía, mi necedad y me has amado a pesar de eso-
Y en aquél momento no me importó nada más. Lo único que podía hacer era mirarlo a él, y perdida por completo en el brillo de sus hermosos ojos continué hablando. No pensaba, no razonaba, solo sentía. Era simplemente la mujer que amaba como nunca había amado, expuesta, abierta y dispuesta a él.
Como siempre había sido.
-Eres mi amigo, mi compañero, mi confidente, mi amante. Me has demostrado el significado de amar y ser amada por completo, me has abierto los ojos y sobre todo me has salvado de mí misma y de dejarme consumir por el dolor-
Mis ojos se llenaron de lágrimas, y sonriente, miré al cielo para serenarme y después volví a mirarlo a él.
-Eres mi alma gemela, Harry- la seguridad con la que dije aquello acabó con el nudo en mi garganta- El destino siempre fue que tu y yo estuviéramos juntos, aunque para eso tuviera que haber tanto dolor de por medio. Aunque para ello tú tuvieras que amar a alguien que no era yo, aunque para ello yo tuviera que enamorarme de alguien más y casarnos con otras personas-
No sabía de dónde había sacado tanta seguridad, pero eso era lo único que sentía.
-El destino siempre fue que tú y yo nos amáramos, porque nos pertenecemos el uno al otro-
Frente a mí Harry me miraba sereno y sin hacer una sola expresión, y el no tener idea de que rayos pasaba por su cabeza volvió a encoger mi corazón un poco. Pero no me importaba, porque lo que estaba diciendo en aquellos momentos no era más que la pura verdad y necesitaba que lo supiera. Aún cuando él ya no sintiera nada por mí, aún cuando me odiara por haberme comportado como me comporté, necesitaba saberlo.
-Has sido y eres todo para mí, y eres el hombre con quién quiero estar el resto de mi vida- mis ojos se humedecieron- Porque te amo, Harry, con toda mi alma. Y te voy a amar hasta el día que me muera-
Para entonces estaba llorando. Nublando mi vista, gruesas lágrimas caían por mis mejillas mientras una sonrisa surcaba mi rostro, analizando aún las palabras que acababa de decir. Decirlas había traído consigo una revelación que ni yo misma había descubierto antes, y hasta ese momento me di cuenta de lo estúpida que había sido al no darme cuenta de cuánto amaba en verdad al hombre que tenía frente a mí.
Por fin lo había dicho. Con todas sus palabras, de la mejor manera que había podido decirlo. Fue como si me hubiera quitado un peso de encima, sin embargo Harry seguía sin decir absolutamente nada y en ese momento el alma se me vino a los pies.
Durante largos segundos nos limitamos a mirarnos sin decir absolutamente nada, yo con mi respiración agitada, mis ojos húmedos y labios entreabiertos; él completamente sereno, con sus manos en sus bolsillos y su mirada tranquila.
No pude hablar. Por un momento el nudo en mi garganta se hizo insoportable, sin saber que decir mientras lo miraba completamente relajado y mi mente trabajaba a mil por hora pensando en algo coherente que decir. Entonces y antes de que pudiera siquiera decir algo, Harry pareció reaccionar. Sin dejar de mirarme con expresión serena, caminó lentamente en mi dirección y dando apenas dos pequeños pasos terminó por acortar la distancia entre nosotros hasta que estuvimos frente a frente.
Mi corazón comenzó a acelerarse como siempre que él se acercaba a mí, y mordiendo mi labio inferior esperé en mi lugar hasta que se detuvo.
Y solo entonces, cuando tuve su cuerpo, su rostro y sus hermosos ojos a unos centímetros de mí, sonrió. Y mi corazón se detuvo en ese preciso instante. Con esa sonrisa traviesa de medio lado que tanto adoraba, ladeó su cabeza y me miró juguetón para preguntar una sola cosa.
-¿Por qué tardaste tanto?-
No pude reaccionar. Antes de poder siquiera contestar algo, me pegó a él en un beso tan fuerte y tan intenso que por un momento todo a mí alrededor se nubló. Solo fui consciente de sus labios sobre los míos y el ligero gemido de alivio de ambos mientras mi corazón saltaba dentro de mi pecho, enloquecido de emoción.
Y en aquél momento todo lo demás perdió sentido.
Solo entonces me di cuenta que no estaba soñando.
Solo fui consciente de sus brazos alrededor de mi cintura, de su cuerpo pegado al mío, de su calor junto a mí mientras nos besábamos con fuerza. Con la mayor facilidad del mundo me alzó por la cintura para hacerme girar entre sus brazos, y enroscando mis brazos en su cuello y con nuestros labios unidos en un beso tan esperado que ninguno se detuvo a respirar, reímos con ganas con un solo pensamiento en mente.
No dejarnos ir otra vez. Jamás.
Y ahí, besándonos en un hermoso atardecer, con el océano rugiendo agitado al igual que nuestros corazones, con sus brazos en mi cintura y las olas rompiendo con fuerza a nuestros pies, supe que por fin estaba en el lugar correcto. Por fin podría ser feliz.
Porque estábamos juntos, porque él me amaba, pero lo más importante: porque yo lo amaba y lo amaría siempre.
Solo después de varios minutos cuando tuvimos que separarnos para tomar aire y normalizar nuestras respiraciones, nos separamos con una sonrisa boba en nuestros rostros, mientras abrazada a él y con sus brazos enroscados en mi cintura, mis pies seguían sin tocar el suelo. No estábamos dispuestos a separarnos más.
-Eres la mujer más necia, testaruda y obstinada que he conocido en mi vida, Hermione Granger-
Echando mí cabeza hacia atrás, reí con fuerza para después plantarle otro largo e intenso beso, uno de los muchos que nos quedaban por darnos en la vida y como una pequeña muestra del amor que le tenía.
Alcé una ceja para mirarlo con picardía.
-Es una suerte que el destino lo sea aún más ¿No?-
Y con una sonrisa como única respuesta, Harry plantó sus labios sobre los míos en otro largo beso para pegarme a él con más fuerza, como una confirmación de que aquello era real y que a partir de ese momento, lo único que nos quedaba por hacer era estar juntos.
Que ése era nuestro futuro. Nuestro presente. Que siempre había tenido que ser así, y que a partir de hoy así sería siempre.
Porque esa realidad, nuestro amor, era nuestro único e inevitable destino.
~~Fin~~
Se terminó! :( Quiero agradecer de nuevo a todos los que siguieron esta historia de principio a fin, que se emocionaron, se frustraron y disfrutaron de esta adorable parejita que en algunas ocasiones nos quiso sacar canas verdes. Debo darle crédito también a lo que me inspiró a hacer varias escenas de éste fic, entre esas cosas a unas cuantas películas e historias por ahí como el libro/película "P.S. I love you", y la película "Catch and Release" sobre todo para este último capítulo.
Sé lo que muchos están pensando. ¿Eso es todo? Pero si no le dijo que estaba embarazada! Lo sé, y soy totalmente consciente de ello, solo que al escribir ésta última escena me pareció tan hermosa y perfecta que consideré que ese era el final perfecto para estos dos!
Llegué a considerar también algún lemmon final, pero simplemente creí que esto así, más simple y más inocente retrataba mejor el final en donde de esa manera tan simple y sincera se demostraban su amor. Sé que a algunos les podrá parecer perfecto, como a otros insuficiente y hasta me odien por ello. Y sí, debo admitir que al estar escribiendo, un montón de ideas llegaron a mi cabeza y me quedé con ganas de más y algo renuente a dejar la historia, y por ahí no sé si la idea de un epílogo funcionaría!
¿Podría ser?
Bien, como sea aquí han tenido el final. Gracias por seguir ésta historia que solo pretendió sanar un poquito mi frustración al hecho de que nuestra querida J.K. consideró que esta pareja no estaba hecha para ser, mientras yo la considero simplemente perfecta!
Sin más que decir, me despido. Nos veremos en alguna otra historia mis queridos amantes del Harmony ;)
Fer Higurashi
