"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Hola mis lectores! Pues como lo mencioné en el final que publiqué hace unas cuantas semanas, la idea de un epílogo se quedó rondando en mi cabeza desde entonces, e incapaz de despedirme así como así de esta historia y gracias a un ataque de inspiración increíble, aquí me tienen con el epílogo que además de todo tendrá dos partes! Creo que mis asuntos pendientes con esta historia eran más de los que imaginaba, y al igual que vi en muchos de sus reviews, yo también sentí que el final quedó algo incompleto y creo que se merecen un poquito más de lo que leyeron, pues por fin y después de tanto drama nuestros personajes al fin están juntos y bastante enamorados!
Claro que como siempre, en este capítulo hay una dosis de desesperación (esta vez bastante sana, se los prometo) y si, bastante lemmon pesadito. Por algunas razones que irán leyendo y que me parecieron tiernas y hasta algo cómicas, nuestra parejita tendrá momentos bastante picantes para compensar la falta de ellos en la historia, en los que los vimos verdaderamente juntos solo en algunos cuantos capítulos.
Sin más que decir, esperen pronto la segunda parte y ahora sí, la final de esta historia y mientras tanto disfruten de esta que yo me pasé un rato increíble escribiendo!
Enjoy!
Epílogo Parte 1: Nuevas Realidades
~Hermione's POV~
Dos semanas después
Tomados de las manos, con el sol ocultándose en el océano frente a nosotros y la suave brisa de la tarde golpeándonos con fuerza, Harry y yo caminábamos a lo largo de la playa mientras observábamos el atardecer.
Después de una extensa semana de trabajo, aquél viernes parecía prometer una verdadera tarde y noche en la que podríamos relejarnos y olvidar las preocupaciones laborales.
Y con suerte, podría ser la tarde en la que por fin le diría que estábamos esperando un hijo. Porque efectivamente, después de dos semanas, aún no le había dado la pequeña "noticia".
Antes de poder pensar en algo más, Harry se detuvo frente a la que ahora era nuestra casa y girándome de frente al mar, se colocó detrás de mí y rodeó mi cintura con sus brazos para apoyar su barbilla en mi hombro.
-Me encanta estar así, contigo-
Sin poder evitarlo, llevé mi mano a acariciar su mejilla y me pegué más a su pecho cálido y bastante cómodo.
-Lo mismo digo, Señor Potter-
Con una sonrisa estúpida en mi rostro, seguí mirando el océano frente a mí mientras mi mente se perdía en los recuerdos de los días pasados. Las últimas dos semanas, después de nuestra reconciliación- aún me sonrojaba ante el recuerdo de esa noche- habían sido simplemente maravillosas, increíbles y mucho más perfectas de lo que jamás había podido imaginar.
Estar juntos por fin, vivir juntos, despertar a su lado en las mañanas, mirar sus ojos mientras hacíamos el amor en las noches- o las mañanas o cualquier hora del día-, verlo reír y relajarse ante una buena película o simplemente al conversar conmigo en el sofá, cada día siendo aún mejor que el otro, era una realidad que más bien parecía un sueño. Momentos que creía que jamás viviría eran ahora una rutina de todos los días, y a su lado, ningún día era igual que el otro.
A su lado, una vida monótona y sin amor no existiría. Jamás.
-¿En qué piensas, preciosa?- sentí el beso de Harry en mi nuca y sonreí- Estás muy callada-
-Sólo me relajaba- me pegué más a su abrazo- Fue una larga semana de trabajo-
Y ahí relajados, también pensaba en que precisamente ése era el mejor momento para decirle- o intentar decirle- que estaba embarazada. Después de todo, la cuarta o quinta tenía que ser la vencida ¿No?
-Hmm, tienes razón- besó mi hombro con ternura- ¿Sabes algo? En este momento, se me están ocurriendo otras maneras de "relajarnos" ¿Te parece si las ponemos en práctica?-
Dijo con aquella voz que me volvía loca, y tuve que reunir toda mi fuerza de voluntad para ignorar sus palabras y sus dulces besos que ahora vagaban por mi cuello. No. Tenía que decirle algo bastante importante.
-Me encantaría. Solo…hay algo importante…- sentí su beso en mi oreja y contuve el aliento- Que tengo que decirte-
¿Qué iba a decirle?
-Te escucho- mintió descaradamente, sus brazos pegándome a él con más fuerza, y yo contuve un bufido exasperado. Me estaba distrayendo con tantas caricias!
-Bueno, es sobre…- finalmente logré recobrar algo de compostura y tomando una bocanada de aire di media vuelta para mirarlo- Es sobre…-
Me quedé callada unos instantes, pensando en la mejor manera de decirle. Pero antes de poder abrir mi boca otra vez, Harry sonrió de oreja a oreja y me miró travieso.
-Será luego!- exclamó juguetón- Ahora a la casa!-
-¿Qué?- fruncí el ceño y antes de poder pensar en algo más ya me había levantado en sus brazos- Harry! No, espera…Harry!-
Y sin darme tiempo a nada más mientras me silenciaba con un largo beso, dio media vuelta para caminar rápidamente hasta la casa y cerrar la puerta detrás de nosotros.
~o~
El sueño que me embargó esa mañana era simplemente delicioso como para despertar.
Era un sueño bastante erótico, y por tanto, dejar de soñar no era una opción en esos momentos. Seguía soñando.
Tumbada en la cama y desnuda salvo por la camisa de Harry, sentía sus labios recorrer mi cuerpo mientras yo lo dejaba ser, completamente perdida en el placer de dejarlo amarme. Era una mañana brillante y el sol brillaba fuera de nuestra ventana, mientras encima de mí y enredados en las sábanas, Harry me besaba con exquisita calma mientras sus manos acariciaban mis muslos desnudos.
-Hmm, eso se siente bien- ronroneé agradada al Harry de mi sueño, que seguía con sus caricias sobre mi cuerpo.
Sentí los besos vagar desde mis pechos hasta mi estómago en dirección hacia abajo y entre sueños, gemí agradada ante la sensación de los labios de Harry sobre mi piel. Pero cuando sentí su lengua poniéndose en contacto con mi sexo, di un respingo y despertando de golpe me arqueé con fuerza y baje la mirada para descubrirlo entre mis piernas, dándose un festín.
Aquello no era un sueño.
-Harry!-
Como única respuesta Harry alzó la mirada y lanzándome una mirada traviesa mientras sonreía, siguió con su tarea de darme placer con sus labios y su lengua, arrancándome sonoros gemidos de placer.
Vaya manera de comenzar el día.
Antes de poder pensar en algo más, sentí su lengua hacer círculos alrededor de mi clítoris para después enterrarla en mi entrada, y decidiendo que aquella era una dulce tortura, eché mi cabeza hacia atrás y mordí mi labio inferior para no gritar. Aquél hombre sabía cómo volverme loca de placer, y completamente entregada a sus caricias llevé mis manos a acariciar su negro cabello mientras él seguía lamiendo mi sexo en lo que resultó ser un muy erótico saludo de buenos días.
-Harry…- gemí, sintiendo mi clímax cerca- Harry-
Y en aquél momento, se detuvo y se alejó. Completamente contrariada y sobre todo frustrada, abrí mis ojos para mirarlo y reclamarle pero antes de poder decir algo se acomodó sobre mí y solté un largo gemido de placer.
Con una desquiciante calma, Harry se deslizó lenta y deliciosamente dentro de mí, colapsando mi mundo por completo.
Invadida totalmente por la increíble sensación de tenerlo dentro de mí, eché mi cabeza hacia atrás y me arqueé hacia él en una muda demostración de placer, cerrando los ojos y soltando un gemido de alivio mientras arrugaba las sábanas debajo de mí con fuerza.
Oh, Harry. Mi Harry.
Comenzó a embestirme. Suave y deliciosamente, con una cadencia que me sacaba gemidos acompasados a él, un gemido por cada estocada que poco a poco iban aumentando en rapidez e intensidad. Y en algún momento, logrando encontrar cordura en mi embotado cerebro, decidí cambiar de lugar para cobrarle su delicioso asalto matutino y de paso, sentirlo muchísimo mejor.
Con deliberada lentitud, coloqué mi mano sobre su pecho para empujarlo hasta dejarlo de espaldas a la cama. Y colocándome encima de él, me senté a horcajadas sobre sus caderas y me empalé sobre él con fuerza. Solté un gemido largo.
Increíble. Perfecto. Delicioso.
Abriendo más las piernas para tenerlo más dentro de mí, comencé a moverme sobre él lenta y tortuosamente, disfrutando de la sensación de verlo rendido y disfrutando mientras bajaba y subía sobre su miembro en una danza que conocíamos perfectamente.
-Ah…Harry-
Los movimientos se hicieron más rápidos y fuertes, y desesperado por aumentar el ritmo Harry alzaba su cadera mientras yo bajaba, elevándome de nuevo mientras nos acoplábamos a la perfección. En algún momento me tomó por las caderas para ayudarme, enterrándose en mí con embestidas fuertes. Y en algún momento dejé de pensar. Con movimientos cada vez más constantes, dejé que la nebulosa de placer me inundara y arqueando mi espalda hacia atrás, la maravilla del orgasmo nos golpeó con fuerza y juntos disfrutamos de nuestro paraíso particular.
Como siempre, donde nadie ni nada más importaba más que nosotros dos, haciendo el amor.
Volviendo a la realidad, con mi respiración entrecortada, mi cabello revuelto y mis labios entreabiertos, bajé la mirada hasta encontrarme con un travieso Harry mirándome con una sonrisa de satisfacción personal.
-Buenos días, amor- acarició mis muslos lentamente, y sin poder evitarlo, sonreí junto con él.
-Buenos días cariño- me agaché sobre él para plantarle un largo beso y sonreí- Muy buenos días-
Ante aquella simple frase, Harry soltó una fresca risa contra mis labios y me miró con picardía.
-Me encanta que vayas arriba, preciosa-
Coqueta, deslicé mi dedo índice desde su estómago hasta el final de su pecho y le guiñé un ojo.
-Y a mí me encanta que me despiertes de esa manera-
Como única respuesta, Harry alzó las cejas y soltó una ligera risa ronca bastante sensual. Algo renuente a separarme de él, me elevé hasta que estuvo fuera de mí y me recosté de nuevo en la cama a su lado. Con una sonrisa, Harry se puso de lado y recargando su codo en la cama me miró de arriba abajo con ternura y paseó su dedo por mi cuerpo expuesto.
Después de todo, lo único que llevaba encima era su camisa que había llevado ayer al trabajo. A Harry le encantaba que durmiera con ellas.
-Hay que arreglarnos- me dio un ligero beso en los labios antes de enderezarse en la cama y levantarse- Ya es tarde-
-¿Tarde?- lo miré abrir el ropero- ¿Para qué?-
Mirándome casi ofendido y como si me hubiera vuelto loca, Harry alzó las cejas y yo tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para mirar su rostro y no su cuerpo completamente desnudo. Aún cuando acabábamos de hacer el amor, todavía quería más. En realidad, los últimos días en lo único que pensaba al ver a Harry, era en sexo. Sexo loco y desenfrenado. Malditas hormonas de embarazada. Me recriminé fastidiada, obligándome a verlo a los ojos.
-¿Cómo que para qué? Para la fiesta de tu sobrino! Es hoy!-
Me enderecé sobre la cama, colocando mis codos sobre el colchón mientras recordaba que era domingo y que la fiesta de nuestro sobrino favorito sería en unas cuantas horas. Seguramente el pequeño Fred estaba loco de emoción.
-Es cierto!- sonreí, ladeando mi cabeza mientras lo admiraba de arriba abajo- ¿Quieres meterte a bañar ya o ponerte algo encima? Me distraes!-
Como única respuesta, Harry soltó una deliciosa risa ronca y se trepó a la cama para colocarse encima de mí y plantarme un tierno beso en los labios.
-Iré a bañarme ¿Me alcanzas?- sugirió en un tono bastante sensual, sacándome un escalofrío -Que no se te olvide tomar tu píldora, amor-
Y con ese simple recordatorio y un ligero beso sobre mis labios, salió de la cama y entró al baño para cerrar la puerta detrás de él, dejándome a mí sola para luchar con mi conciencia. Reprimí una risa irónica al darme cuenta que no serviría de nada tomar mí píldora anticonceptiva, no cuando ya estaba bien embarazada.
Y por supuesto, él aún no lo sabía.
Aquello me hundió en una terrible miseria. Al recordarme que me tomara mi anticonceptivo, me indicaba que la noticia podría no serle muy agradable. ¿Cómo iba a reaccionar?
Frustrada, me dejé caer con fuerza sobre la almohada y cubriendo mis ojos con mi antebrazo solté un quejido de frustración. ¿Cuándo rayos encontraría la manera de decirle que estábamos esperando un hijo? Soltando un largo suspiro, coloqué mi mano disponible sobre mi vientre donde crecía mi bebé y lo acaricié con ternura mientras sonreía.
-Tranquilo mi amor, ya hallaré la forma y el valor para decirle a papá que vienes en camino-
-¿¡Qué que! ¿¡Cómo que aún no le has dicho!-
Previniendo que aquella reacción era precisamente la que iba a tener por parte de Luna, cerré los ojos y solté un largo suspiro cansado. Gracias a Merlín estábamos en un rincón del jardín de La Madriguera, bastante lejos de todos y sobre todo de Harry, quién con una enorme sonrisa jugaba con los niños de la fiesta y aventaba a Fred por los aires.
Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado al verlo y llevé mi mano a mi vientre.
-Han pasado dos semanas…- la voz de Luna me trajo de vuelta a la realidad- Dos semanas desde que están juntos de nuevo, y tu no le has dicho nada! ¿Qué acaso piensas decirle hasta que tu barriga le obstruya la vista del televisor?- solté una sonora carcajada al oírla decir aquello-Por Merlín ¿Qué te detiene?-
-No sé Luna! He intentado decírselo miles de veces pero por alguna tonta razón nunca puedo-
-¿Nunca puedes? Sí claro! Sí han estado juntos desde entonces, todos los días y a todas horas ¿Cómo vas a poder?- soltó irónica, y yo entorné los ojos- Además ¿Me vas a decir que en su "reconciliación" no pudiste decirle?-
-Pues…no…- dije simplemente, sonrojándome ante el recuerdo de esa "reconciliación" en la que hablamos poco e hicimos mucho- Comenzamos a hablar de otras cosas y…-
-Hermione, a mí no me engañas!-
-Ay está bien, Luna!- acepté con voz chillona, pateando el suelo con mi pie -Me da terror decirle! Me entran unos nervios espantosos cada vez que intento tocar el tema!-
Frente a mí y a punto de soltar una carcajada, Luna me miró con ojos desorbitados.
-¿Estás bromeando verdad? ¿Hermione Granger tiene miedo de eso?- para entonces, Luna ya reía con fuerza -¿Qué crees? ¿Que saldrá huyendo cuando le digas?-
-No tonta! Yo sé que Harry no me dejaría nunca! Me refiero a que…- haciendo un puchero ante su evidente humor a mi costa, me crucé de brazos- No sé, ¿Y si no le agrada la noticia? ¿Si no reacciona como espero? Tal vez no le agrade que sea tan rápido, tan inesperado-
Antes de que pudiera seguir hablando, Luna me cortó colocando su mano frente a mí rostro.
-Tonterías!- dijo aquello con voz firme-Se pondrá loco de emoción, Hermione! Tienes que decírselo ya!-
No contesté, pero no pude estar más de acuerdo con Luna ante esa última declaración. Soltando un largo suspiro, miré de nuevo en dirección a Harry para encontrarlo platicando con George mientras tomaban una cerveza de mantequilla, y completamente extasiada por el simple hecho de verlo, admiré su delicioso cuerpo enfundado en aquellos jeans desgastados y camisa entreabierta hasta detenerme en la curva de su trasero.
Frustrada, contuve un gemido y me obligué a tranquilizarme. Era el colmo que con solo verlo me excitara tanto.
-Hermione!- la voz de Luna a mi lado llamó mi atención- Regresa a la tierra!-
-Perdón Luna, es que no puedo dejar de ver a Harry- admití sin importarme, y sin poder evitarlo, mordí mi labio inferior mientras lo miraba- Así como se ve, me dan ganas de agarrarlo, llevarlo a cualquier habitación y…-
A mí lado, Luna soltó una burbujeante carcajada que me sacó de mi ensueño y extrañada, dejé de ver a Harry para volverme a ella.
-¿Qué pasa?-
-Son tus ahora alocadas hormonas, cariño- sonrió con picardía -Creo que estás en esa etapa del embarazo en la que estás caliente todo el tiempo y te conviertes en una adicta al sexo-
Con una ligera mueca, fruncí el ceño y miré a Harry mientras le daba la razón a Luna mentalmente. Últimamente lo único que quería era sexo, y hacerle el amor se convertía en lo único que dominaba mis sentidos cuando lo veía.
Al darme cuenta de lo mucho que lo deseaba, miré a mí alrededor y me repetí a mi misma por enésima vez esa mañana que estábamos en un lugar no apropiado para hacerlo. Y completamente frustrada al darme cuenta de ese hecho, miré con ceño al hombre ojiverde que conversaba con George queriendo largarme de ahí cuanto antes con él para hacerle un montón de cosas que estaba segura deberían considerarse ilegales.
Reprimiendo un gemido de frustración al darme cuenta que eso solo podría ser hasta que estuviéramos en casa, entorné los ojos y tomé una larga bocanada de aire para seguir hablando con Luna.
~o~
~Harry's POV~
Una vez que Fred y los demás niños se alejaron de nosotros para seguir jugando a las escondidas, George y yo nos acercamos a la mesa de bebidas en donde de manera clandestina George hizo aparecer dos cervezas de mantequilla para beber.
Sonreí de medio lado. Después de todo, aquella era la fiesta de Fred y por supuesto, de niños.
Una fiesta que por más sencilla que fuera, estaba disfrutando como nunca. Era la primera fiesta de los Weasley a la que Hermione y yo habíamos asistido por fin como una pareja, y ser capaz de demostrar frente a todos que nos amábamos y que por supuesto toda la familia Weasley se alegrara por nosotros era para mí un bálsamo que estaba disfrutando de lo lindo.
Aunque no habíamos tenido mucho tiempo para demostrarnos lo mucho que nos amábamos. En el momento justo que habíamos llegado y con una actitud algo seria, Hermione se había mantenido alejada de mí casi toda la fiesta para platicar con Luna. Y si no la conociera mejor, podría jurar que me estaba evitando.
Y no era por vergüenza con los Weasley, después de todo ya nos habían visto juntos unos días antes. Era algo más. En realidad, había estado extraña los últimos días. Diferente.
Con una sonrisa boba en el rostro, miré a la mujer que amaba conversando con Luna y reprimí un suspiro.
-¿Y bien?- la voz de George, serena y cómplice me sacó de mi ensueño- ¿Lo conseguiste?-
Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado y mirando una última vez a Hermione di media vuelta para quedar de espaldas a ella.
-Sí, McGonagall me dijo en donde estaba. Lo traigo aquí- reprimí mis ganas de voltear -¿Hermione no está mirando hacia acá?-
-No, puedes mostrármelo-
Algo renuente pero emocionado, saqué de mi bolsillo la cajita de terciopelo verde esmeralda que había estado cargando durante la última semana y con cuidado la abrí para mostrarle a George el contenido. Montado en el terciopelo, un hermoso anillo de oro blanco con un gran diamante al centro brillaba con fuerza, mientras a cada lado, dos esmeraldas de corte redondo y más pequeñas acompañaban a la piedra principal.
-Wow- fue lo único que alcanzó a decir George- Tu padre sí que se lució con tu madre, en verdad-
Sonreí. Ese no era cualquier anillo. Era el anillo de compromiso que mi padre le había dado a mi madre hacía ya casi treinta años, y el que había ordenado sacar de mi cámara de Gringotts en cuanto supe su ubicación. Cuando me había casado con Ginny ni siquiera había hecho el más mínimo intento por buscarlo y le había comprado uno bastante caro e imponente pero realmente frío. Pero ahora todo era diferente.
La mujer a la que le pediría que fuera mi esposa era Hermione. Solo ella merecía llevar aquél anillo.
-¿Cuándo se lo pedirás?-
-Estoy esperando el momento correcto- susurré, tomando otro sorbo de mi cerveza de mantequilla-Quiero que sea especial-
En realidad, la última semana había intentado decírselo en algunas cinco ocasiones pero siempre por alguna u otra razón o simplemente el hecho de que no consideraba que era un momento y ambiente adecuado, no había podido hacerlo.
-Te entiendo, hermano- coincidió George conmigo- Pero tengo que serte muy sincero. Ningún momento o lugar te parecerá suficientemente perfecto nunca-
Con un suspiro contenido, miré a Hermione quien ahora jugaba con Fred y una cálida sensación se apoderó de mi pecho al darme cuenta que no podía esperar para verla así. Con un hijo mío.
-Así que solo pídeselo, Harry-
Las siguientes horas pasaron volando.
Entre pláticas, risas, juegos y comida la mañana pasaba con rapidez y yo por mi parte no podía estar más intrigado por la actitud de Hermione. Aún algo distante, la notaba ansiosa y aún cuando seguía evitándome la había sorprendido mirándome incontables ocasiones, algo que por supuesto me agradaba en exceso.
En algún momento terminamos codo con codo en un pequeño círculo conformado por Luna, George, Angelina, Neville, Bill y Fleur mientras, charlando de cualquier cosa, la notaba cada vez más ansiosa y extraña.
-Muy bien, una cerveza de mantequilla para mí- llegó George con varias cervezas en la mano- Una para Harry, Bill y Fleur. ¿Y tú no quieres Hermione? No has tomado nada en todo éste rato-
Frunciendo el ceño, miré las manos vacías de Hermione para darme cuenta que en efecto no había tomado una sola gota de alcohol en ese rato. A mí lado, Hermione sonrió ligeramente y negó con la cabeza.
-No George, gracias- de su otro lado, Luna le dio un ligero codazo- Estoy bien así-
Así pasaron otros quince minutos de diversión para mí a lado de Hermione.
Mi mero contacto la ponía nerviosa, y entretenido por sus evidentes escalofríos, disfruté viéndola moverse hasta que finalmente abrió la boca para hablar.
-Iré a la cocina a ayudarle a Molly con la comida- sonrió casi a la fuerza- Con permiso-
Y sin más se alejó del grupo y en menos de cinco segundos estuvo dentro de la casa, sin siquiera mirarme un instante.
Divertido e intrigado ante su evidente intención de irse del grupo, esperé unos cuantos minutos prudentes y excusándome con ir al baño, seguí a Hermione y entré a la cocina de la casa que estaba completamente vacía.
Salvo por mi preciosa mujer que, de espaldas a mí y cerca del armario de manteles tomaba una larga bocanada de aire y parecía estarse intentando tranquilizar. Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado y la abracé por la cintura para plantarle un casto beso en la curva de su cuello.
-¿Qué pasa, amor? ¿Te sientes bien?-
No contestó. Dando media vuelta, finalmente quedó frente a mí para sonreírme con picardía.
-Sabía que vendrías-
Con aquél susurro coqueto se acercó a mí para pegarse a mi cuerpo y plantarme un beso que me dejó sin aire. Estático pero sin duda alguna agradado con ese beso, le correspondí con fuerza mientras ella parecía buscar algo detrás de ella, desesperada.
En cuanto encontró la perilla del armario abrió la puerta de la estrecha alacena de manteles y con una sonrisa pícara me arrastró dentro para cerrar la puerta detrás de nosotros. Y como unos meses antes, quedamos encerrados en aquel diminuto armario en donde entre nosotros apenas cabía un alfiler.
-¿Hermione?-
La llamé con una sonrisa pero sin darme tiempo a más volvió a plantarme un largo beso que me dejó sin aire y sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo por encima de la tela, excitándome al instante.
Actuaba desesperada y ansiosa, como si hubiera estado esperando una eternidad para eso. Y dejándola ser, gemí agradado para pegarla aún más a mí.
En algún momento sacó mi varita del bolsillo del pantalón y susurrando un simple "Muffliato" quedamos completamente inaudibles a los demás. Sorprendido abrí mis ojos de par en par sin dejar de besarla. Yo sabía perfectamente bien lo que ese hechizo significaba en esa situación.
-¿Te acuerdas de esa vez que me besaste en este armario?- susurró contra mis labios, acariciando mi pecho por encima de la tela- Me quede con unas ganas terribles de hacerte el amor-
Sorprendido y divertido ante su revelación, solo atiné a responderle el beso con furia mientras ella guardaba mi varita de nuevo en el bolsillo.
-Y esta vez no pienso dejar que se repita-
Sentí su mano sobre mi zipper, acariciando mi excitación por encima de la tela.
-Hermione- susurré divertido, sonriendo con cejas alzadas- ¿Aquí?-
Sin poder creer la actitud juguetona y sobre todo atrevida de Hermione, la miré mientras me besaba con fuerza y yo solo atiné a seguirle el juego. Aunque normalmente era yo el que siempre ideaba lugares y formas de hacerle el amor, que fuera ella quien tuviera la iniciativa era sin duda algo que aunque me sorprendía resultaba tremendamente excitante.
-Sí- susurró con deliciosa sensualidad contra mi boca, y sus manos bajaron mi zipper hasta liberar mí erección- Aquí-
Antes de poder decir algo y dejándome completamente boquiabierto, Hermione se hincó hasta quedar a la altura de mi cintura y sin previo aviso, tomó mi miembro entre sus manos para acariciarme con deliberada lentitud. Se movió hacia atrás y adelante durante largo tiempo, para después apretar ligeramente y sacarme un gemido entrecortado. Aquello fue como un ramalazo de placer y reprimiendo un gemido de agrado, la miré levantar su mirada traviesa antes de darme un beso en la punta. Y seguir su tortura con su lengua.
Todos mis músculos se endurecieron como el acero y apreté mi mandíbula con fuerza.
Con un demonio ¿Pero que se creía que estaba haciendo esa mujer?
Lamió aquella parte mi anatomía con tortuosa calma hasta llegar a la punta donde depositó un beso de lo más sugestivo, arrancándome un gemido de placer.
-Maldición, Hermione-
Aquello pareció alentarla más, y cuando, con una simple mirada traviesa me metió por entero en su boca y succionó, aferré mis manos con fuerza a los estantes detrás de mí, seguro que desfallecería ahí mismo. Y luego aumentó la tortura. Con increíble habilidad jugueteó con mi miembro en su boca a su antojo, lamiendo ligeramente, moviéndose hacia atrás y hacia adelante sobre mi glande, humedeciendo todo con su lengua que se movía en delicados círculos, volviéndome loco de placer.
-Hermione-
No me escuchó. Seguía con su deliciosa tortura, llevándome al límite.
Maldición. Esa mujer quería matarme. Y de seguir estaba seguro que llegaría al clímax en su boca, algo que no pensaba ni quería hacer.
-Fue suficiente-
Solté entre dientes aquello, y sin darle tiempo a seguir con ese jueguito que estaba seguro me habría hecho alcanzar el clímax en un instante, la tomé por los brazos y alzándola hasta dejarla de nuevo a mi altura la pegué contra los estantes del pequeño y precario armario para besarla con desesperación.
Varias cosas se cayeron a los lados.
Sin importarme comencé a acariciar su cuerpo por encima de la tela para arrancarle quejidos de placer. Y lo que ella había comenzado como un jueguito de caricias ahora se había convertido en una necesidad de hacerla mía, en ese lugar y en ese momento.
Algo que ella no tardó en comprender y soltando un delicioso gemido de placer rodeó mi cintura con sus piernas de un salto y pegó su entrepierna a mi miembro listo para entrar en ella y hacerle el amor cuanto antes.
Con aquél simple pensamiento en mente, llevé mis manos a acariciar sus pechos y haciendo a un lado el maldito sostén de seda pellizqué sus erectos y sensibles pezones para después llevármelos a la boca y succionar con fuerza, obteniendo a cambio un grito de placer que de no ser por el hechizo habría llegado hasta la puerta de la cocina sin lugar a dudas.
-Merlín- gimió contra mi oído para después morder mi lóbulo con deliciosa lentitud- Te deseo, Harry-
Completamente excitado solté un gemido de satisfacción contra sus pechos mientras mis manos seguían su recorrido hacia abajo, hacia ese lugar que para entonces se encontraba caliente y húmedo. Esperando por mí.
-Maldición, Hermione- gruñí- Estás tan húmeda-
A cambio, ella solo gimió en respuesta.
No entendía esa nueva actitud de Hermione, pero me encantaba. Estaba llena de vida, tan sensual, tan bella y tan fogosa como nunca la había visto. Diferente. Y también en lo físico. Admiré sus pechos, que me parecían más grandes y rellenos en mis manos, y subiendo mi mirada hasta toparme con la suya encontré la coherencia para hablar.
-Estás tan diferente- susurré contra sus labios, besándola con desespero mientras la acariciaba- Tan hermosa…-
Aquello solo pareció encenderla más. Soltando un gemido de satisfacción, me plantó un beso para callarme y siguió con sus caricias desesperadas sobre mi pecho y mis hombros, restregando su intimidad contra mi erección de una forma tan deliciosa que me volvió loco.
Con rapidez, con fuerza y casi con desesperación, Hermione intentaba arrancarme sin éxito la maldita camisa mientras mis dedos se perdían en su intimidad; y soltando sollozos de placer que eran como música para mis oídos, se retorcía entre mis brazos mientras movía sus caderas para recibir mejor mis dedos, en una muda petición a que continuara.
O a que reemplazara mis dedos por aquella parte de mi anatomía que quería estar dentro de ella. Aunque yo estaba desesperado, los movimientos de Hermione me indicaban que ella estaba peor que yo, y saber eso elevó mi ego hasta el cielo y me excitó todavía más.
-Por favor Harry, no puedo más- sollozó contra mí oído, mientras mis dedos la penetraban con fuerza- Hazme tuya, Harry-
Aquello me volvió loco. Despertando el animal posesivo en mí y perdiendo por completo mi autocontrol, hice a un lado sus bragas y me enterré en ella con una fuerza tal que soltó un grito sordo con mi nombre. Y por dentro, agradecí a todos los cielos que hubiera puesto ese hechizo en la puerta.
Entonces, de manera bastante indiscutible, le recordé porque en efecto era mía. Completamente mía.
Mi Hermione. Mi dulce Hermione.
-Agárrate de los estantes detrás de ti- ordené y ella me obedeció al instante- Así, eso es-
Perfecto.
No fuimos suaves, ni cuidadosos.
La penetraba con enérgicas embestidas, moviéndonos en un vaivén bastante acompasado en el que ella subía y bajaba a mi encuentro, permitiéndome entrar y salir con fuerza de ella mientras sus gemidos iban en aumento y se retorcía entre mis brazos en una deliciosa agonía.
-Ah…Harry! Por Merlín!- mordía su labio inferior, extasiada- Harry!-
Hermione se retorcía, gemía y gritaba sin inhibiciones, tan llevada por el momento y la idea de hacer el amor que no se limitaba en demostrarme lo mucho que estaba disfrutando. Aunque no podía quejarme en lo más mínimo, tenía que admitir que Hermione no solía ser tan expresiva verbalmente al hacer el amor, y que hiciera eso en aquellos momentos, mientras la hacía mía en esa pequeña alacena en la que apenas cabíamos, iba a volverme completamente loco.
-Ah Harry, más rápido, por favor- me suplicaba al oído ante cada embestida, sus uñas arañando mi espalda con fuerza- Oh por Merlín. Eres mi vida, Harry-
Las embestidas aumentaron de ritmo, rapidez y fuerza, mientras entre mis brazos, Hermione parecía dispuesta a llevarnos al límite con sus gemidos, sus movimientos y sus caricias desesperadas. Tres embestidas más tarde, Hermione alcanzó su orgasmo de manera violenta y soltando un grito de placer con mi nombre se deshizo entre mis brazos para dejar caer su barbilla en mi hombro y pegar sus labios a mi oído.
-Soy tuya, Harry-
Aquello fue lo único que necesité escuchar de sus labios para alcanzar la cima. Con un ligero gemido que acallé en su boca, el orgasmo me alcanzó unas cuantas embestidas más tarde y sin tener idea como habíamos llegado hasta ese punto, dejé caer mi cabeza en su hombro para normalizar mi respiración.
Intentando recobrarme de aquél increíble lapso.
-Eso…- comencé con aliento entrecortado, con mi frente enterrada en la curva de su cuello- Eso fue…-
A mi lado, escuché la ligera risita satisfecha de Hermione quien plantándome un tórrido y delicioso beso, deshizo su amarre de mis piernas para arreglarse con una enorme sonrisa en los labios. Con cuidado, arregló mis ropas y mi cabello hasta que estuvimos listos y una vez presentables me miró con picardía.
-No vayas a hacer más desorden del que ya hay, amor-
Y con un último beso y un guiño coqueto, abrió la puerta del armario para salir de la cocina con paso suave, dejándome boquiabierto, exaltado y sobre todo con una sonrisa de bobo en el rostro.
Lo que sea que trajera Hermione, no podía quejarme en lo más mínimo.
~Hermione's POV~
Dos días después
Sentados en el mullido sofá frente a la televisión y con un bowl de palomitas entre nosotros, mirábamos la película enrollados en una manta y completamente acurrucados. Afuera el frío de Febrero era más fuerte que el de los años anteriores y ahí adentro, con nuestras piernas y brazos entrelazados no teníamos nada de qué preocuparnos mientras disfrutábamos de la película en ese día de asueto.
Mientras por dentro, yo me devanaba los sesos intentando encontrar la manera de decirle que estaba embarazada.
Después de siete intentos fallidos aquella tenía que ser por fin la vencida. Sin poder evitarlo, me removí nerviosa entre las mantas y reprimí un escalofrío.
-¿Tienes frío?- la voz suave de Harry me sacó de mis cavilaciones- Ven, pégate más a mí cariño-
Una vez estuve tan pegada a él que entre nosotros no cabía ni un solo alfiler, alcé la cabeza y mordiendo mi labio inferior miré la curva de su cuello hasta que Harry notó mi escrutinio y bajó su mirada. Sonriente, me dio un ligero beso en la frente y me miró con ternura.
-¿Pasa algo?-
Aquello me cayó como un balde de agua fría y durante unos instantes lo miré sin articular palabra. Es la oportunidad perfecta, por el amor de todos los magos Hermione, habla! Me gritó mi conciencia frustrada y tomando una larga bocanada de aire para calmarme, abrí la boca por fin para hablar.
-Harry…hay algo que…- tragué en seco- Hay algo que quiero decirte- esperó a que siguiera hablando- Es sobre…-
Antes de poder continuar, los golpes en la puerta rompieron el momento y soltando un largo suspiro resignado, esperé a que Harry se levantara para caminar a la puerta y abrirle a quien fuera que hubiera interrumpido otro intento por decirlo.
Era George, solo para decirnos que Ginny acababa de tener a su hijo, que era niño y que tal como el padre, había salido con ojos grises y cabello rubio. Sin poder evitarlo, los tres reímos con fuerza ante aquella obra del destino que sin duda y después de todo, habría acabado con la farsa de Ginny y eventualmente hubiera descubierto todo de todas formas.
-Bien, solo venía a decirles eso- con una sonrisa, George se levantó de su lugar y miró la pantalla con la película en pausa- Disfruten el asueto, par de románticos empedernidos-
Como única respuesta, solo atinamos a reír con fuerza mientras Harry acompañaba a George a la puerta y yo esperaba paciente en el sofá a que regresara y me preparaba mentalmente para lo que tenía que decirle.
Extrañada de que tardara en regresar, miré a la puerta en donde George parecía decirle algo en voz muy baja y frunciendo el ceño, esperé intrigada hasta que Harry cerró la puerta y finalmente regresó a mi lado para meterse conmigo entre las mantas.
Antes de poder decirle algo y dejándome con la palabra en la boca, me besó de una manera tan deliciosa que todo a mi alrededor dejó de importar.
-Wow- dije en cuanto nos separamos, pegándome a él- ¿Y eso por qué fue?-
-Porque te amo…- sonrió, besándome en el cuello- Porque aún cuando suene horrible, agradezco que el niño de Ginny no fuera mío- otro delicioso beso en el hombro- Porque ahora somos y podremos ser felices-
Bien, ese era el momento. Tomando una larga bocanada de aire, intenté no prestar atención a sus deliciosos labios sobre mi cuello y hombros para comenzar a hablar.
-Sobre eso…hay algo que tengo que decirte-
-Dime- murmuró besando travieso el lugarcito detrás de mi oreja y yo reprimí un gemido agradado.
-Es sobre…-
Antes de poder decir algo más, sus labios volvieron a mi rostro donde me plantó otro beso que me dejó sin aliento.
-¿Sobre lo mucho que me amas?- me dio otro beso- ¿Así como yo a ti?-
Incapaz de evitarlo y algo atontada por sus deliciosos besos, cerré mis ojos ante la sensación. Demonios. ¿Es que no se podía estar quieto un momento? Necesitaba decirle que él también iba a ser papá! Hermione, concéntrate.
-No!- casi grité aquello, pero fue lo único que dio resultado- Bueno, claro que te amo y mucho- sonreí al mirar sus ojos como platos, claramente asustado por mi grito- Pero lo que tengo que decirte es sobre…-
De nuevo y como si alguien quisiera verme sufrir en serio, el maldito patronus de Seamus apareció en la mesita de la sala frente a nosotros para comunicarle a Harry que en la oficina había un desastre debido a la fuga de varios reos de Azkaban y que después de sus largas vacaciones, lo necesitaban ese día en el Ministerio a pesar del asueto.
Y así como apareció, el patronus se desvaneció de la mesa y yo tuve que reprimir un grito de frustración. Primero mi miedo, luego George y el hijo de Ginny, ahora Seamus y el Ministerio. ¿Qué rayos más iba a impedirme decirle?
-Demonios- a mi lado, Harry se enderezó un poco- Creo que tengo que ir preciosa- colocó un mechón de cabello detrás de mi oreja- Hablaremos cuando regrese ¿De acuerdo?-
Sin darme tiempo a decir nada más, me plantó un largo beso y se levantó para caminar hacia la escalera.
-Iré a arreglarme-
Y sin más, subió para dejarme sola, confundida y sobre todo frustrada en el sofá.
-Maldición-
Y completamente frustrada ante otra evidente oportunidad desperdiciada, me dejé caer en el sofá y reprimí un gemido de frustración.
~Harry's POV~
-Buenos días, Harry!-
-Buenos días Parvati-
Devolví el saludo rápidamente y volviendo a fruncir el ceño, continué con mi camino. Con un solo pensamiento en mente, caminaba por los pasillos del departamento de leyes mágicas rápidamente mientras rezaba a todos los magos de la historia porque Hermione estuviera en su despacho.
No podía esperar un momento más. Tenía que decirle cuanto antes lo que había querido decirle los últimos días. Tenía que pedirle ya que fuera mi esposa, sin importar que ese no fuera el momento adecuado.
Soltando una larga exhalación, llevé mi mano al bolsillo de mi pantalón para asegurarme que la caja de terciopelo que había cargado las últimas dos semanas seguía ahí y finalmente me detuve frente a la puerta del despacho de Hermione.
-Bien, aquí vamos-
Toqué dos o tres veces y escuchando el característico "Adelante" de Hermione con aquella suave voz, abrí la puerta del despacho y una vez dentro caminé hasta ella sin esperar a que levantara la vista del escritorio y me mirara.
Como siempre, su semblante se iluminó por completo al hacerlo y con una enorme sonrisa en el rostro, se levantó de su asiento para venir a mi encuentro.
-Harry!-
Antes de poder decirle algo, nos alcanzamos a mitad del despacho y una vez que estuvimos juntos se abalanzó sobre mí para darme un largo beso y aferrarse a mi cuello con sus brazos.
Sin poder evitarlo, gemí agradado ante la sensación y tomándola por la cintura la elevé un poco para devolverle el beso.
-Hola cariño! ¿Qué haces aquí?- meneó la cabeza sonriente, sus brazos aún aferrados a mi cuello- No es que me moleste, claro!-
-Hermione, cariño, quiero decirte algo…-
-Después! Mientras dame otro beso! Te he extrañado todo el día como loca!-
De nuevo, me pegó a ella en un delicioso beso que me dejó sin aliento y jugueteando durante un rato con su lengua sobre mis labios y dentro de mi boca se alejó de nuevo dejándome completamente aturdido.
-Wow-
-Odio esto de estar separados todo el día en el trabajo- con un puchero malcriado, acarició mi torso con su índice -¿Por qué no ponen nuestros departamentos más cerca? ¿No te gustaría?-
-Me encantaría preciosa, pero…-
Otro beso que me dejó sin aliento. Sonriendo como un idiota durante unos instantes, meneé la cabeza para despejarme e ignorar sus deliciosas atenciones.
Maldición, necesitaba pedirle que se casara conmigo! Harry, concéntrate.
-Preciosa, hay algo…- comencé de nuevo una vez que nos separamos- Muy importante que quiero decirte…-
-¿En serio?- ladeó la cabeza y en ese instante pareció recordar algo-Yo…yo también tengo algo importante que decirte- se mordió el labio inferior-En realidad, es muy importante, es sobre…-
-No, no lo digas ahora- la corté antes de que siguiera hablando- ¿Qué te parece si lo platicamos ésta noche? ¿Saldrás temprano hoy verdad?-
Algo sorprendida por mi evidente cambió de conversación y de planes, Hermione parpadeó en repetidas ocasiones y me miró durante unos instantes. Aún cuando yo había llegado apenas momentos antes con la intención de hablar con ella de una vez, descarté la idea en cuanto la tuve entre mis brazos y decidí que definitivamente necesitaba una ocasión especial.
Hermione la merecía.
-Sí, en cuanto termine con un asunto de Azkaban- jugó con el cuello de mi camisa –Prepararé tu cena favorita y…- me miró coqueta- Alguna sorpresa, ¿Qué tal?-
Sin poder evitarlo, un escalofrío me recorrió entero ante tan sugestiva invitación y decidí que las horas parecerían siglos hasta que estuviera en casa.
-Me parece perfecto. Hablaremos ésta noche entonces- junté mi nariz con la suya- Sé que los dos hemos querido platicar desde hace días y no lo hemos podido hacer por cualquier razón, pero ésta noche lo haremos sin falta-
Volvió a anclar sus brazos alrededor de mi cuello y sonrió.
-¿Prometido?-
Sin poder evitarlo me perdí en el brillo de sus ojos, tan intenso y mucho más fuerte que nunca. Tan diferente. Era un brillo que la iluminaba por completo y la hacía ver tan hermosa, tan llena de vida, tan plena.
-Prometido- sonreí junto con ella- Ahora ¿En que estábamos?-
Y cómo única respuesta, mi mujer sonrió aún más para después darme un beso que me dejaría satisfecho las siguientes horas.
~o~
-Maldición-
Completamente molesto, fastidiado y sobre todo frustrado, miré el reloj que se encontraba en la recepción del Ministerio y conteniendo las ganas de soltar un gemido de frustración le ladré un saludo a la recepcionista para salir a la fría noche de Londres.
Eran las once de la noche. Y por supuesto, yo todavía no estaba en casa. Donde seguramente Hermione me esperaba.
Estúpida junta de resultados. Pensé con ceño mientras caminaba hasta la esquina habitual para aparecerme. Esa misma tarde y justo media hora antes de salir- había estado mirando el reloj como loco las últimas dos horas- Bill había entrado a mi despacho para "recordarme" que la junta sería esa misma tarde, y que como jefe del departamento, tenía que estar presente.
Claro ¿A quién más le iban a presentar los resultados sino a mí? Pensé irónico, recriminándome a mí y a mí sentido del deber que como siempre, me había impedido cancelar la junta que ya llevaba programada varias semanas y que se había cancelado por mí las últimas dos ocasiones.
Una vez en el oscuro callejón tomé una larga bocanada de aire y me aparecí en casa en un santiamén. Una vez dentro, miré la suave luz que provenía de la sala y con cuidado caminé por el pasillo de las escaleras hasta llegar a la habitación en donde una deliciosa cena me esperaba en la mesa del centro.
Y en donde, hecha un puñito y recostada con su bata negra de seda, Hermione dormía apaciblemente en el sofá. Reprimí un gemido de culpa.
Me acerqué a ella e hincándome para quedar a la altura de su rostro coloqué mi mano sobre su mejilla. Despertó lentamente.
-Hey-
-Hey- se talló los ojos y me miró parpadeando-¿Qué hora es?-
-Son más de las once- susurré con dulzura-La junta duró más de lo pensado y te quedaste dormida en el sofá-
-Lo siento cariño-
-No preciosa. Yo lo siento- sin darle tiempo a decir nada más, la tomé en brazos y la acurruqué contra mí- Vamos, te llevaré a la cama-
-Pero…la cena- murmuró adormilada mientras subíamos las escaleras- Y…hablar…y…-
Sonreí divertido ante su incoherencia y una vez dentro de la habitación la deposité en la cama con cuidado.
-Shh, mañana será- planté un suave beso en su frente- Ahora a dormir-
Una vez acurrucada, le quité su bata solo para darme cuenta que debajo de ella un negro y sexy baby doll casi transparente cubría a medias su torso mientras unas pequeñísimas braguitas de encaje del mismo estilo cubrían apenas su entrepierna. Me excité al instante.
Al parecer, Hermione en serio pensaba sorprenderme cuando llegara a casa.
Y sin poder evitarlo, maldije mentalmente la estúpida junta de resultados que me había tenido en el Ministerio hasta tan tarde.
En el momento mismo que pensé aquello, Hermione se removió entre los almohadones y soltó un ligero bostezo mientras se estiraba, haciendo que la diáfana tela transparente se abriera para dejarme ver su coqueto ombligo. Tallando su ojo en un estado entre el sueño y la conciencia me miró con los ojos entreabiertos para después estirar sus brazos en mi dirección.
Maldición, podía ser tan sensual en cualquier momento y situación. Incluso semidormida.
-Ven aquí- susurró sensualmente, haciendo añicos mi autocontrol.
Sin darme tiempo a más, pasó sus brazos por mi cuello para besarme con un delicioso ardor que me sacó un gemido de satisfacción y pegándose a mí con fuerza, acarició mi cabello con delicadeza mientras se perdía en la tarea de besarme.
No tardé mucho en comprender que, como yo, se encontraba igual de ansiosa y sin perder tiempo y con ayuda de sus movimientos algo torpes por el sueño, quedé desnudo en un santiamén para meterme con ella por debajo de las colchas.
Con una lentitud increíble que me excitó aún más, nos besamos con intensidad mientras nuestras manos se movían por todos lados, recorriendo aquellos recovecos que también conocíamos y sacándonos gemidos de placer.
En algún momento y recuperando algo de cordura, me separé de ella y colocando mi mano izquierda debajo de su espalda, la alcé un poco para admirarla de arriba abajo mientras ella parecía seguir en su aletargamiento.
-Es muy bonito…te ves hermosa- le susurré, guiando mis dedos por su estómago hacia arriba con lentitud- Pero…en realidad- coloqué mis dedos en el coqueto listón anudado en un moño que se encontraba entre sus pechos para comenzar a estirarlo- Me gusta más esto-
Con un último tirón, deshice el moño y haciendo a un lado la transparente tela, finalmente sus redondos y perfectos pechos quedaron expuestos y a mi merced. Con una urgencia que me desesperaba, llevé mi boca a acariciar sus sensibles senos y en cuanto hube atrapado un pezón entre mis labios, succioné con fuerza hasta arrancarle un alto gemido de placer.
-Ahhh…Harry- acarició mi cabello con fuerza, arqueándose entre mis brazos- Por Merlín…-
Así me entretuve un rato, acariciando sus pechos con mis labios y mi lengua mientras le arrancaba ligeros suspiros entrecortados que sonaban como música en mis oídos. Y cuando finalmente me hube saciado de aquellas curvas que me volvían loco, llevé mis manos hasta su entrepierna donde, retirando lentamente sus braguitas hasta sacarlas de sus piernas, acaricié la piel entre sus muslos solo para darme cuenta que estaba húmeda. Lista para recibirme.
Gimiendo complacido, enterré dos dedos en su interior, y ella se arqueó en respuesta.
-Harry, no puedo más- jadeó desesperada al sentir mi pulgar acariciando su clítoris- Por favor, hazme tuya-
No necesitó decirme más. Estaba seguro que de todos modos no habría soportado un momento más fuera de ella, y plantándole un largo beso, me acomodé entre sus piernas y me hundí en ella de una fuerte y lenta embestida que nos sacó un gemido a ambos.
Empecé a moverme al instante, lento, suave y con fuerza.
Plantándole suaves y largos besos, no aumenté la rapidez de mis embestidas en ningún momento. La conocía lo suficientemente bien para saber cuánto le gustaba que a veces fuera lento, y como, aún con aquellas lentas pero intensas arremetidas, la podía llevar a la gloria con la misma intensidad.
En pocas palabras, le hacía el amor.
La penetraba a un ritmo constante, disfrutando de sus gemidos y suspiros en mi oído mientras la amaba debajo de las sábanas, disfrutando del placer de amarla de esa manera, saboreando cada centímetro de ella. No podía creer lo afortunado que era de tenerla, mucho menos creer que siempre estuviera ahí, dispuesta a mostrarme su amor.
Ella era mi refugio, mi vida. Mi todo.
-Ah…Harry- gemía lentamente- Por Dios-
Recostados y enlazados ahí, en nuestra cama, no había prisas, y de no ser por lo mucho que me encantaba estaba seguro que podría amarla toda la noche de aquella manera. El ambiente se había calentado de manera inmediata, envolviéndonos en una nube húmeda y afrodisiaca que me embotaba los sentidos y me hacía perder la razón.
Lento, suave, ella se movía a mí compás, y sentía como se amoldaba a mí en perfecta sintonía mientras la hacía mía. Y así, con suavidad, lentitud y sin prisa alguna, alcanzamos la gloria, llegando a nuestro cielo particular al mismo tiempo.
Con mi respiración agitada volviendo a la normalidad mientras ella se recuperaba del clímax, le planté un largo beso en los labios y salí de ella para tumbarme a su lado, completamente exhausto.
A mí lado, y soltando una mezcla de suspiro y bostezo, Hermione se acurrucó a mí lado y plantándome un tierno beso en el pecho, se acomodó sobre mí para seguir durmiendo.
-Te amo, Harry- logró decir entre bostezos- Buenas noches cariño-
Aquella simple frase me sacó una sonrisa. Por más cansada que estuviera, Hermione jamás hacía el amor conmigo sin decirme aquello, algo que yo apreciaba mucho más de lo que ella podía imaginar.
Enternecido hasta la médula por aquella mujer tan increíble, capaz de sacarme las sorpresas más agradables aún estando casi dormida, la estreché entre mis brazos hasta colocarla en mi pecho y solté un largo suspiro cansado y algo frustrado.
Otro día más había pasado, otro día más en el que, por alguna u otra razón, simplemente no podía pedirle lo que había querido pedirle los últimos días.
-También te amo- planté un suave beso en su cabeza- Duerme, preciosa-
Y sin decir más, me dejé guiar por el sueño convencido de que aquella increíble mujer que tenía entre mis brazos tenía que ser mi esposa cuanto antes.
Sentado frente a mí en una mesa de las Tres Escobas, George tomó otro sorbo de su cerveza de mantequilla y me miró exasperado.
-Excelente, ¿Así que no se lo has dicho? ¿Se puede saber que tanto estás esperando?-
Tuve que retener un gemido de frustración. La verdad es que para esas alturas, ni yo mismo lo sabía. Después del intento fallido de anoche por decirle, aquella era la cuarta o quinta vez que lo intentaba sin éxito alguno, y que George se mostrara desesperado tampoco ayudaba demasiado.
-Ya te dije, la ocasión perfecta-
-Y yo ya te dije que no hay ocasión perfecta, Harry- me repitió exasperado- Hay momentos, y en realidad, cualquier momento ya es bueno en tu situación-
-Lo sé- dejé escapar en un suspiro- Pero es que con tanto trabajo, y luego ella también, no sé- me detuve, algo frustrado- Ha estado tan diferente…-
Sin poder evitarlo, recordé de nuevo los últimos días con Hermione y sonreí de medio lado. Además de lo que había pasado esa mañana en la Madriguera- el recuerdo de cuando habíamos hecho el amor en la alacena aún me causaba escalofríos de placer- Hermione había estado diferente los últimos días.
No solo la había notado nerviosa en ocasiones, sino algo descompuesta, cansada y cambiante.
Mientras algunas noches llegaba completamente exhausta y sin más que un beso de buenas noches se acurrucaba sobre mí para dormirse enseguida, otras llegaba con la única intención de hacer el amor y acabábamos desnudos, entrepiernados y jadeantes en cualquier parte de la casa. Lugares como la mesa de la cocina, la regadera, el sofá en la sala, y algunos otros habían sido testigos ya de esas noches en las que mi mujercita perdía todo decoro y me pedía que le hiciera el amor en donde fuera.
Sonreí de medio lado al recordarlo. No es que me quejara, por supuesto.
-¿Diferente?- frunció el ceño- ¿Bien diferente o mal diferente?-
-Bien diferente- susurré de inmediato Oh, sí, definitivamente bien- No lo sé, siento que ella también quiere decirme algo, pero nunca me dice nada concreto-
Frente a mí, George frunció el ceño.
-Pues sea como sea, eso no debe importarte. Por el amor de todos los magos, solo pídeselo Harry, mi madre me está volviendo loca con tanta insistencia en que te repita que le pidas matrimonio ya-
Y con ese último comentario, terminamos nuestra cerveza y pidiendo otra al mesero continuamos con nuestra conversación hacia otros temas.
~Hermione's POV~
Días después
-Esto es el colmo!-
En búsqueda de algún consuelo divino, levanté mis brazos al cielo y reprimiendo un gemido frustrado seguí caminando por los pasillos del Ministerio. No podía ser posible que después de casi un mes de estar con Harry, todavía no le hubiera dicho que estaba embarazada.
Que dentro de poco más de sietes meses, íbamos a convertirnos en nada más y nada menos que papás. Algo simple y sin chiste, Hermione. Bromeó mi conciencia irónica, y cerré mis labios en una línea para seguir caminando con fuerza.
No podía entenderlo, pero por alguna u otra razón que a veces tenía que ver conmigo, con él o con el momento, no había podido decirle, y para entonces estaba segura que terminaría por darse cuenta cuando viera mi enorme vientre de embarazo que aún no daba señas evidentes de aparecer.
Y para colmo, aquél intenso día de trabajo sin verlo solo había terminado por amargarme. A las cinco de la tarde, lo único que quería en aquellos momentos era que la hora de salida llegara para ir a casa e intentar decirle a Harry- de nuevo- la noticia de que iba a ser papá.
-Hola, Herms- me saludó Rose en cuanto estuve cerca de la puerta de mi despacho- ¿Todo bien en la junta?-
Hice una mueca de fastidio.
-Sí Rose, gracias-
-¿Mal día, eh?- frunció los labios en una expresión de consideración- Pero creo que hay algo que está a punto de mejorarlo-
La sonrisa y la mirada brillante de Rose me hizo fruncir el ceño.
-Te llegó un paquete hace unos minutos- se mordió la lengua con emoción- Del departamento de Aurores-
Ante aquél simple anuncio, di media vuelta a mi puerta como una loca desquiciada y sin darle tiempo a decir más cerré la puerta detrás de mí para mirar al frente. Con el corazón palpitante y la emoción embargándome me acerqué hasta el lugar en cuestión donde, apiladas por tamaño, tres cajas adornadas por un moño verde esmeralda me esperaban para abrirlas junto a un gigantesco ramo de rosas rojas.
Arriba había una nota.
Como una niña emocionada, mordí mi labio inferior con emoción y abrí la nota con desesperación.
Por supuesto, era de Harry.
"Adentro de estas cajas encontrarás tres objetos que son solo para ti y que espero luzcas ésta noche. A las siete pasará tu cita a recogerte a tu despacho.
Ésta noche será solo tuya y mía. Te amo.
Harry."
Sin salir de mi asombro y con mi cuerpo rebosante de emoción, pegué la pequeña pero hermosa nota a mi pecho y miré las tres cajas que tenía delante de mí mordiéndome el labio. Harry me las había mandado, y esperaba que las usara para ésta noche.
En una cita.
Conteniendo mis ganas de gritar deshice el nudo del listón verde y coloqué las tres cajas una a lado de la otra mientras pensaba cual abrir primero. Decidiendo ir por la mediana, cogí la caja y la abrí para observar su contenido.
En donde un par de zapatos de tacón de aguja confeccionados en satín verde esmeralda y a mi medida esperaban a que me los pusiera cuanto antes. Estilizados, sexies y coquetos, eran el sueño de toda mujer. Abrí mis ojos de par en par.
Después seguí con la más grande para darme cuenta que, entre varias capas de papel un vestido del mismo color se encontraba doblado. Conteniendo un grito de emoción, lo saqué de la caja para extenderlo y lo coloqué sobre mi cuerpo para admirarlo.
Confeccionado en seda lisa verde esmeralda, el vestido de cocktail era entallado, de escote pronunciado en V y tirantes delgados. Me llegaba hasta la rodilla y se pegaba completamente a mis curvas mientras del lado derecho, tenía un ligero pero sexy tajo que llegaba poco más arriba de los muslos.
Era simplemente exquisito.
Por Merlín, ese hombre sí que sabía conquistar a una mujer.
Sonreí de medio lado al darme cuenta que todo era en color verde, mi color favorito. En aquél momento me pregunté si sabría la razón por la que el color me gustaba tanto, y sus brillantes ojos aparecieron en mi mente. Sí, siempre había sido y sería mi color favorito.
Cuando llegué a la última y más pequeña caja, me quedé boquiabierta y sin poder evitarlo solté un chillido de emoción.
-Harry!-
Adentro, una hermosa gargantilla de eslabones de plata y piedras blancas- que juraba eran diamantes- brillaba con fuerza mientras al centro, brillando sobrio, sencillo pero elegante, un hermoso dije en forma de lágrima color verde terminaba el collar. Era una esmeralda.
Por el amor de Merlín, eso debía haberle costado una fortuna.
Incapaz de creer que todo aquello fuera mío para lucirlo, recordé que tenía que estar lista a las siete y soltando un saltito de alegría miré el reloj en la pared a mi lado. Marcaba las cinco de la tarde. Hice una mueca de fastidio.
-Al demonio con eso-
Mandando la maldita hora al demonio e incapaz de soportar un momento más, saqué todas las prendas de sus cajas mientras me desnudaba y me las puse en un santiamén.
Sabía que aún faltaban dos horas para mi cita pero no me importaba en lo más mínimo, después de todo lo único que haría sería esperarlo hasta entonces. Una vez lista, me miré en el espejo de cuerpo completo en una esquina de mi despacho y sonreí satisfecha con el resultado.
Con mi corazón rebosante y mis nervios alterados ante la idea de una cita con ese hombre que me volvía loca y me hacía perder la razón, caminé hasta mi escritorio para retocar mi maquillaje de ese día.
Y en ese preciso instante, una alterada Rose entró a mi oficina para después mirarme con sus ojos abiertos de par en par.
-Por Merlín! Estás hermosa, Hermione!-
-Gracias, Rose- me sonrojé y después recordé su prisa al entrar- ¿Qué pasa?-
-¿Qué?- reaccionando, Rose meneó la cabeza y volvió a mirarme preocupada- Ah sí! Una emergencia, Herms. Una especie de fuga de dementores de Azkaban, se volvieron locos y ahora se encuentran todos alrededor del castillo de Hogwarts, han atacado a varios alumnos y profesores- se acercó a mí un poco más- Se comunicaron pidiendo refuerzos al Ministerio. Y te necesitan allá de inmediato-
Sin poder evitarlo, la miré compungida e hice una mueca de disgusto. Aquello tenía que ser una broma.
-¿Qué? ¿A mí?- Rose me miró comprensiva- Pero…-
No podía creer mi mala suerte. Por un momento estuve tentada a decirle que ese día se las tendrían que arreglar sin mí, pero por supuesto, el sentido del deber y la culpa al saber que seguramente Neville había sido el que me había llamado, me hicieron pensarlo mejor. Miré el reloj a mi lado.
Aún faltaban dos horas para mi cita, y probablemente Harry también estaría allá. Seguramente todo terminaría pronto, y él y yo podríamos irnos a lo que fuera que él tuviera planeado.
Así que soltando un largo suspiro, tomé la varita de mi cajón y salí con Rose detrás de mí para dirigirme al castillo.
~o~
Media hora más tarde y reunidos todos en el Gran Comedor, los profesores, aurores y personal del Ministerio que nos encontrábamos ahí discutíamos la mejor manera de dividirnos.
Entre Bill, Seamus, Dean, Neville, George, Parvati, Susan y muchos otros más del Ministerio y profesores del castillo, y después de quince minutos de planeación estaba todo listo. Nos dividiríamos en pequeños grupos en diferentes partes del castillo, y para entonces, todos sabíamos nuestra posición y lo que teníamos que hacer.
De Harry no había rastro.
-Bien, perfecto- gritó Neville entre la multitud- Todos sabemos que hacer. Cualquiera que necesite ayuda sabe que debe mandar su patronus o lanzar chispas rojas con su varita-
Y con un último deseo de buena suerte, todos los presentes nos dispersamos por el lugar y salimos al pasillo principal. Y en ese momento, el grito de Parvati a mi lado me hizo voltear de inmediato.
-Harry!-
Y sin poder evitarlo, abrí mi mandíbula a todo lo que daba al verlo ataviado en un elegante traje negro y camisa blanca entre abierta mientras caminaba con prisa hacía nosotros. Se veía simplemente delicioso.
-Harry, que bueno que llegas- a mí lado, Neville le dio una palmada rápida.
-Lo que sea por ayudar, amigo- me miró de reojo, sonriendo con emoción contenida- ¿Ya están todos en posiciones?-
-Sí, estaría bien que tu rodearás el perímetro por los aires, junto con George ¿Te parece?-
-Perfecto, comenzaré por el Lago Negro-
-De acuerdo-
Dicho esto, todos los que estaban a nuestro alrededor se dispersaron hasta que finalmente quedamos solos Harry y yo. Frente a mí y con mirada brillante, Harry me observó de arriba abajo con deleite y me sonrió travieso.
-Hola señorita, déjeme decirle que está simplemente hermosa- me miró de nuevo- ¿Tiene alguna cita?-
Sonriendo ante su jueguito, coloqué mis manos en las caderas y lo miré coqueta.
-Así es, una muy importante- me crucé de brazos.
-Espero que este contratiempo no intervenga en ella- sonrió coqueto- Aunque de todas maneras yo podría llevarla a una cita con mucho gusto-
-Hmm no sé si a mi novio le gustaría- le seguí el juego- Pero igual podríamos hacer otras cosas ¿Sabe? Definitivamente usted es mi tipo- me acerqué a él algo descarada- Alto, fornido, de ojos verdes- paseé mi índice por su pecho mientras Harry sonreía con picardía, y me mordí el labio inferior- Hmm sí, definitivamente podríamos hacer otras cosas-
-Me parece perfecto ¿No habrá problema con su novio?-
-No lo creo, no es celoso-
Como única respuesta, Harry se soltó una deliciosa risa ronca y diciéndome que me veía simplemente hermosa con todo lo que me había comprado, me dio un suave beso mientras juntaba su frente con la mía.
-Tendremos nuestra cita, preciosa- me sonrió con ternura, acariciando mi mejilla- Te lo aseguro-
-¿Prometido?-
-Prometido-
-Harry! Te necesitamos!-
El grito de Neville a la distancia nos sacó de nuestro ensueño, y soltando un bufido nos separamos a regañadientes. Y diciéndome que nos veríamos más tarde, me plantó un largo y delicioso beso para salir disparado en dirección contraria a la mía.
~o~
Cuatro horas más tarde, completamente cansada y agotada y después de ahuyentar a fácil algunos cien dementores, no podría sentirme más exasperada.
Aquello tenía que ser una broma.
Sentada en las escaleras de la entrada principal del castillo, masajeé mis tobillos con una mueca de dolor mientras miraba mis zapatos verdes que hasta ese entonces estaban intactos, al igual que mi vestido y mi maquillaje.
Con muchísimo esfuerzo había logrado realizar el trabajo duro sin salir demasiado afectada en el proceso, sin embargo, no podía decir lo mismo de mí ánimo o mi estado emocional. Miré el reloj a mi lado.
Las diez de la noche. Oficialmente mi cita estaba arruinada.
-Maldición- mascullé de nuevo, acomodando mi indomable cabello.
-Hermione! Cuidado!-
El grito de Parvati me puso en alerta y poniéndome de nuevo de pie, empuñé mi varita y fijé mi vista en los cuatro dementores que se acercaban peligrosamente hacía mí.
-Expecto Patronum!-
Al instante, mi nutria plateada salió despedida de mi varita y ahuyentó a los dementores de inmediato quienes quedaron fuera de los límites del castillo. Al parecer, esos eran de los últimos que quedaban.
Con un largo suspiro, elevé mi mirada hasta posarla en George y Harry quienes por los aires lanzaban hechizos protectores alrededor del castillo. Al parecer todo había terminado y apuntando mi varita al cielo estrellado comencé a recitar los mismos hechizos junto con ellos para terminar de asegurar nuestro alrededor.
Lo único que quería era terminar con lo que había arruinado mi cita con Harry, y por supuesto, arruinado mi oportunidad de decirle lo que tenía por decirle.
-Y el último está fuera!-
El grito de Neville resonó por toda la entrada y mientras todos a mí alrededor e incluida yo soltábamos un grito de triunfo, nos dirigimos al Gran Comedor en donde todos los que habíamos estado ayudando las últimas horas nos reunimos para festejar el logro.
Al final entraron George y Harry, quien al igual que yo, tenía una ligera mueca de fastidio en su expresión. Me buscó con la mirada de inmediato; intranquilo, impaciente y sobre todo desesperado y en cuanto su vista se posó en mí, soltó una larga exhalación y caminó hasta quedar casi pegado a mí.
Nos miramos profundamente.
-Bueno…Supongo que oficialmente nuestra cita está arruinada-
Sonriendo ligeramente con comprensión, Harry llevó su mano a mi mejilla y me acarició con ternura mientras todos los demás seguían festejando. Seguramente cualquier reservación en algún restaurante estaba cancelada y a esas horas no creía que hubiera ningún lugar abierto.
Y justo en ese instante, la mirada de Harry se iluminó de golpe. Con una sonrisa miró alrededor y una vez que se asegurara que nadie nos escuchaba tomó mi mano con firmeza entre las suyas.
-Acompáñame-
Y con aquél simple susurro, me arrastró fuera del Gran Comedor hasta que las risas y las pláticas de los demás dejaron de escucharse.
Caminamos en silencio y tomados de las manos, y con una sensación entre ansiosa y curiosa lo dejé guiarme por los pasillos del castillo mientras miraba todo a mí alrededor. Aún después de diez años la sensación de seguridad y tranquilidad que me brindaba el castillo era la misma, y tomada de la mano de Harry no podía sentirme más serena.
-Harry…- lo llamé por fin cuando dio media vuelta en un pasillo muy conocido- ¿A dónde vamos?-
Y antes de poder contestar estuvimos frente a aquella pared que habíamos tenido frente a nosotros tantas veces. Confundida, miré a Harry con una ceja alzada.
-¿La Sala de Menesteres?-
-Así es- me sonrió y apretó mi mano- Ahora espera-
Sin saber que responder, obedecí mientras él cerraba sus ojos y la puerta frente a nosotros aparecía, seguramente lista ya para lo que Harry le había pedido. Lo que fuera que le hubiera pedido.
-Bien, adelante señorita-
Con un gesto caballeroso por parte de Harry, entré por la enorme puerta de madera con él detrás de mí.
Una vez que estuvimos adentro y la puerta desapareció detrás de nosotros, abrí mis ojos de par en par.
La enorme sala que normalmente estaba llena de chucherías era ahora una espaciosa habitación con paredes en color crema, en donde una chimenea recién encendida irradiaba calor frente a nosotros. Frente a la chimenea y desperdigados alrededor de una baja mesita de caoba, un montón de cojines de diferentes colores y texturas cubrían el suelo mientras de lado derecho el mismo enorme y cómodo sofá de esa vez que nos quedamos encerrados nos invitaba a sentarnos en él.
Sin poder evitarlo, me sonrojé ante el recuerdo de lo que habíamos hecho en ese sofá y seguí mirando todo a mí alrededor.
En las paredes, montones de candelabros de cristal alumbraban toda la habitación con una muy tenue luz amarilla, dándole un aspecto muy sensual al lugar. De fondo, una suave y ligera música se escuchaba a través de las paredes mientras en la mesita de caoba, una botella de vino y dos copas nos esperaban.
-Wow…- fue todo lo que logré decir mientras a mí lado, Harry me quitaba mi abrigo y se quitaba el suyo para dejarlos colgados en el perchero a nuestro lado.
-Ésta sala nunca nos decepciona, ¿Verdad?-
Guiñándome un ojo coqueto, me guió por la hermosa habitación hasta que quedamos parados frente a la chimenea y una vez ahí, llevó su mano a acariciar mi mejilla con deliberada lentitud. Una caricia tan tierna, inocente y sensual a la vez que me hizo estremecerme. ¿Qué poder tenía sobre mí que era capaz de encenderme con el simple roce de su mano?
Antes de poder tomar aire y pensar con claridad, rodeó mi cintura con sus brazos y pegándome a él tan cerca que mi pecho rozaba su torso, comenzó a moverse lentamente al compás de la música de fondo.
Lo miré boquiabierta.
-Harry Potter bailando, esto no se ve todos los días-
Con su nariz pegada a mi frente, Harry río entre dientes.
-Siempre por ti y solo por ti preciosa, no lo olvides-
Ese simple comentario me derritió por completo. Aquella era una de las tantas cosas que él estaba dispuesto hacer por mí hacía por mí, aún cuando las odiara, en una muda demostración de cuánto me amaba. Maldición, lo único que yo podía hacer era amarlo cada vez más.
Durante largo rato nos limitamos a movernos y balancearnos suavemente, mirándonos con intensidad mientras en mi mente un montón de ideas se arremolinaban. Tenía que decirle ya. No había otra opción, y de mi cuenta corría que no saldríamos de ahí hasta que él supiera que íbamos a tener un hijo.
-Estás hermosa-
Sonreí, mi yo interno sintiéndose más feliz y orgulloso que nunca.
-Gracias a ti- me pegué aún más a él suavemente, colocando mis manos en sus brazos- Por cierto, no te he agradecido por mis regalos- paseé mi dedo por su pecho- ¿Cómo te gustaría que lo hiciera?-
Aferrándome más a su pecho, Harry soltó una risa ronca.
-Tengo algunas ideas en mente, señorita Granger-
-Estaré más que dispuesta a llevarlas a cabo, Señor- y en un arrebato de coquetería, añadí- Puede ser en casa, o incluso aquí, donde guste-
Frente a mí y mirándome con ojos abiertos de par en par por la sorpresa, Harry soltó una risa traviesa y me besó ligeramente.
-Me parece más que perfecto, preciosa. Pero primero…- y en aquél momento, su mirada se volvió seria- Primero necesito hablar contigo-
Parpadeé varias veces con rapidez para después mirarlo con ceño fruncido. Y solo en ese momento recordé que hace varios días él también había querido decirme algo, y por supuesto, no había podido decírmelo.
Sin saber porque, me puse nerviosa.
-¿Hablar?-
-Sí, necesitamos hablar-
El tono de su voz, serio e impasible, me tensó por completo y sin poder evitarlo me quedé estática en mi lugar de inmediato. Frente a mí, Harry pareció intuir mi nerviosismo y como queriendo hacerme sufrir aún más, sonrió de medio lado.
-Ah- dije como entendiendo, aunque no entendía nada- ¿Entonces por eso querías que saliéramos ésta noche?-
-Así es- acarició mi mejilla -Se trata de algo serio-
De acuerdo, aquello definitivamente me puso en alerta. ¿Qué podría decirme que fuera serio? Algo recelosa, fruncí el ceño mientras miraba a Harry.
-Harry, no me asustes-
Pareció no escucharme. Con una suave sonrisa y mirada tierna, Harry colocó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y me pegó a él de nuevo.
-Te amo tanto, Hermione ¿Lo sabes, verdad?- fruncí el ceño confundida ¿De qué iba todo eso? -Por eso cuando te dijera esto quería que fuera especial, creí que todo estaba arruinado, pero esta sala nunca me decepcionará- se detuvo un poco -Creí que importaría donde lo dijera, o cuando lo dijera, o cómo lo dijera, pero George tenía razón- ¿George? -Estaba muy equivocado-
Y en aquél momento, perdida en sus brillantes ojos verdes, por fin hice caso a sus palabras y algo pareció tener significado. Algo que hizo que mi corazón comenzara a palpitar con fuerza. Mientras mi mente parecía querer ignorarlo.
Era demasiado pronto. No podía ser…¿O sí?
-¿Decirme qué?-
-Lo único que importa es que eres tú, y es contigo con quien quiero pasar el resto de mi vida-
Para entonces, mi corazón latía con tanta fuerza que parecía que en cualquier momento se saldría de mi pecho.
"Es contigo con quien quiero pasar el resto de mi vida". Las palabras se repitieron en mi cabeza una y otra vez, como un dulce augurio de lo que estaba por decirme.
-Harry…-
Entonces, sin darme tiempo a más, con su cuerpo a escasos centímetros del mío y sus brillantes ojos verdes mirándome con ternura, soltó una sola oración.
-Cásate conmigo, Hermione-
Me quedé helada, procesando lo que acababa de decirme e incapaz de creer que me hubiera dicho esas palabras.
Que me las hubiera dicho tan pronto.
No esperaba aquello, esperaba todo menos aquello. Y en aquél momento no pude sino sentirme la mujer más feliz del planeta mientras saboreaba las palabras de Harry en mi interior.
Harry me estaba proponiendo matrimonio.
Quería convertirme en su esposa.
-Ha…Harry…-
Antes de poder siquiera contestar, Harry metió una mano a su bolsillo y extrayendo una cajita de terciopelo verde que colocó en su mano frente a mí. El corazón me latió aún más fuerte al darme cuenta lo que esa cajita contenía.
-Es lo que había querido decirte todos estos días- me miró con ojos brillantes -Es lo que quería decirte ésta noche-
Entonces la abrió para revelar un hermoso anillo de oro blanco, con un gigantesco diamante y dos esmeraldas a sus lados. Era simplemente precioso.
-Harry!-
-Sé mi esposa, Hermione-
Y entonces no pude más. Mirando aún boquiabierta el hermoso anillo frente a mí, las lágrimas de alegría arremolinadas en mis ojos comenzaron a fluir sin remedio, lágrimas de alegría que iban combinadas con un sentimiento de culpa al darme cuenta que no podía contestarle.
No hasta que no le dijera lo que yo también tenía que decirle, algo demasiado importante para no decirlo.
-Oh Harry…-
-¿Hermione?- me miró preocupado- Por Merlín, tranquila- me abrazó con fuerza -¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras?- besó mi cabello con fuerza y yo me aferré a su abrazo- Si no quieres…si es muy pronto, yo lo entiendo-
Sin poder evitarlo, sonreí al escucharlo. Era tan dulce, tan noble y tan comprensivo que ahora entendía porque cada día lo amaba más. En ese momento me di cuenta que me había pedido matrimonio antes de decirle que estaba embarazada, y aquello me elevó por los cielos.
Quería casarse conmigo por su voluntad, y no porque un bebé se lo imponía.
Pero tenía que saberlo tarde que temprano, y aquél era el momento.
-No! No es eso!- contesté de inmediato -Claro que quiero ser tu esposa!- aquello pareció tranquilizarlo- Solo que…hay algo que yo también tengo que decirte, algo que debes de saber antes de…-
Antes de poder continuar abrió los labios para comenzar a hablar, y estuve segura que en aquél momento lo golpearía. ¿Cuándo me iba a dejar decirle, por el amor de todos los magos?
-Hermione…amor, tranquila- deshizo su abrazo para mirarme- Si es por el tiempo que ha pasado, no te preocupes-
-Harry…-
-Puede ser después, o si es por lo que puedan decir a mí no me importa-
-Harry…-
-O si no quieres que nadie se entere podemos casarnos en Londres- volvió a interrumpirme-Podemos mudarnos de nuevo a mi casa muggle y…-
-No creo que en tu casa muggle haya tanto espacio para tres personas como en el Refugio-
-O podemos decirle solo a los Weasley y a Luna, y a Neville y…¿Qué?-
Se calló de inmediato para mirarme. Parpadeó rápidamente, sus brillantes ojos verdes abiertos de par en par mientras su respiración parecía haberse detenido. Con aliento contenido al igual que él, lo miré tímida mientras el parecía procesar lo que acababa de decirle.
-¿Qué dijiste?- meneó la cabeza ligeramente, como creyendo haber escuchado mal-¿Dijiste…tres personas?-
En ese momento, las gruesas lágrimas que había estado derramando se habían detenido, y solo entonces, llevé mis manos a mi ya no tan plano vientre donde se encontraba la "noticia" de Harry.
-Eso es lo que he querido decirte desde hace días, Harry-
-Por Merlín…- miró mi vientre y luego a mí, su mandíbula desencajada y sus ojos abiertos de par en par- Estás…-
-Sí. Estoy embarazada, Harry-
~Harry's POV~
Completamente helado frente a una tímida Hermione, la miré de arriba abajo durante unos instantes, procesando la información que acababa de escuchar, intentando decir algo coherente mientras saboreaba la idea en mi mente. Mientras intentaba entender si aquello era un sueño, una jugarreta de mi imaginación o la realidad.
"Estoy embarazada", la frase se repitió una y otra vez en mi cabeza, y solo entonces supe que no estaba soñando.
Un hijo. Iba a ser papá. Hermione estaba esperando un hijo mío.
Su madre era nada más y nada menos que la mujer que soñaba que fuera desde hacía meses, cuando creía que Ginny esperaba un hijo mío, la que creía que jamás tendría mis hijos, y sin embargo aquí estaba frente a mí, tímida, con ojos brillantes, su rostro sonrojado y una mano sobre su vientre.
Sonriéndome expectante.
La mujer que amaba como un desquiciado, y que si era posible, amaba ahora aún más.
-Embarazada…-
Repetí la frase, mirando a Hermione atónito mientras ella esperaba pacientemente mi respuesta, y quizás un poco nerviosa. No dijo nada, se limitó a mirarme con sus ojos brillantes y cristalinos por las lágrimas, y fue entonces cuando por fin reaccioné.
-Embarazada…- repetí de nuevo, y esta vez la jalé contra mi pecho para abrazarla y hundir mi nariz en su cabello- Dios…estás embarazada-
Antes de dejarla decir algo, me separé de ella y tomando sus mejillas entre mis manos alcé su cabeza para besarla con fuerza. Una fuerza tan impresionante que por un momento nos dejó sin aire, y solo entonces Hermione se relajó entre mis brazos, rodeando mi cuello con sus brazos mientras sus manos se perdían en acariciar mi cabello.
Dios, amaba tanto a esta mujer que no quería dejarla irse de mis brazos nunca.
En algún momento nos separamos para tomar aire e impidiéndole verme a los ojos, la abracé de nuevo para esconder mi rostro en su cuello y su cabello. Necesitaba un momento para recomponerme, para absorber y saborear aquella nueva realidad que jamás creí que llegaría a tener.
Hermione y yo juntos, formando un futuro. Formando una familia. Aquella era una realidad ahora, no un sueño que hace unos meses parecía tan lejano y distante.
Entonces, tomando mi cabeza entre sus manos, Hermione se separó de mí para mirarme con incredulidad mientras yo la veía algo borrosa. Me di cuenta entonces que era porque tenía los ojos vidriosos.
-¿Harry?- me llamó preocupada mientras acariciaba mi rostro- ¿Qué pasa?-
-Te amo, Hermione. Te amo como a nadie en este mundo. Gracias- la volví a abrazar-Gracias por lo feliz que me haces-
-Oh Harry…- murmuró con voz quebrada, sus ojos cristalinos también -Yo también te amo, Harry-
Y nos abrazamos de nuevo, sumidos en aquella realidad que parecía paralela y sin embargo era bastante tangible. Era mi realidad. Nuestra realidad.
Después de unos momentos interminables, deshice mi abrazo y la miré sin soltar mi amarre de su cadera.
-Ahora todo tiene sentido. Por eso actuabas diferente, por eso tu cuerpo está cambiando, por eso estabas tan cansada estos días, por eso no querías tomar alcohol…- recordé los días pasados y un pensamiento me llegó con fuerza- Pero…cómo- recordé que solo llevábamos unas semanas de nuevo juntos y di un respingo -¿Desde cuándo?-
Frente a mí, Hermione compuso una tímida sonrisa y mordió su labio inferior con culpa.
-Casi dos meses-
-Dos meses! Por Merlín Herms!-
Solté entre sorprendido y molesto, abriendo mis ojos de par en par mientras la tomaba por los hombros. Hermione se removió nerviosa entre mis brazos y pude jurar haber visto una pizca de culpa asomar en sus hermosos ojos.
Tenía casi dos meses de embarazo, lo que quería decir que sabía de su estado desde hace varios días, o peor aún, antes de ir a buscarme al Refugio de Tinsworth. Me tensé ante ese pensamiento. ¿Por qué había esperado tanto para decírmelo?
-¿Por qué no me lo habías dicho?-
-Lo intenté, muchas veces! Pero siempre había algo que lo impedía!-
-Pero preciosa!- la miré con ojos como platos- Algo así…tan importante!-
Frente a mí, Hermione se encogió un poco y después pareció decidir las palabras correctas para hablar.
-También…tenía algo de miedo- sin poder evitarlo, fruncí el ceño ante su revelación -Me ponía a pensar que, no sé…es que es tan prematuro, Harry- se detuvo un poco -Quiero decir, apenas llevamos un mes juntos y no sabía si tu, bueno, es tan rápido- para entonces estaba balbuceando incoherentemente -A mí me hace muy feliz tener un hijo tuyo, pero me ponía a pensar que tal vez tu no…-
Incapaz de seguirla escuchando decir toda esa sarta de tonterías, la tomé por los hombros y la zarandeé levemente algo frustrado.
¿Pero qué rayos pensaba esa mujer que era? ¿No se daba cuenta que me hacía el hombre más feliz del mundo?
-Hermione, Hermione, Hermione- se detuvo y me miró con ojos desorbitados-¿Quisieras por primera vez en tu vida hacer el favor de callarte, dejar de decir tonterías y de inferir cosas sin sentido, señorita insufrible? ¿Cómo rayos se te ocurrió que no iba a ponerme feliz?-
-Yo…no sé, es que, es tan pronto que…-
-Hermione, deja de hablar-
Cual niña obediente, cerró su boca de inmediato para mirarme de nuevo con sus ojos abiertos de par en par. Sin poder evitarlo compuse una sonrisa de superioridad y rodeándola por la cintura con firmeza, la pegué a mí de nuevo hasta que nuestros rostros quedaron a escasos centímetros.
-Me haces el hombre más feliz del mundo- dije en una afirmación total- ¿No te das cuenta?- una sonrisa volvió a iluminarme- Llevas a mí hijo en tu vientre! A nuestro hijo. Un pedacito de ti y un pedacito de mí. Estamos unidos para siempre ¿Cómo podría eso molestarme? ¿Cómo podría eso no hacerme feliz?-
-Oh Harry…- con lágrimas en sus ojos, Hermione acarició mi rostro con delicadeza.
-Eres la mujer de mi vida, con la que quiero compartir el resto de mis días, y si es posible ahora te amo mucho más-
No contestó. Se limitó a mirarme con sus ojos brillantes y acuosos, con una sonrisa de lado a lado.
-Ahora, solo necesito que me contestes lo que te acabo de pedir, porque debo recordarte que aún no lo has hecho y me vas a volver loco con tanta espera-
Separándome de ella solo un poco, volví a sacar la cajita de terciopelo verde de mi bolsillo y la retuve en una mano frente a su pecho mientras la miraba. Abrí la caja de nuevo, revelando el brillante diamante y las esmeraldas en el aro de oro blanco y tomé el anillo entre mis dedos.
-Hermione Granger, aparte de brindarme el honor de ser la madre de mi hijo ¿Me harías el extraordinario honor de convertirte en mi esposa?-
Subí la mirada para encontrarme con la suya.
Brillante, dulce y borrosa por las lágrimas, y entonces, una simple sonrisa acompañando a una respuesta.
-Sí- sonrió aún más- Por supuesto que sí, Harry-
Y aquella doble afirmación me elevó por los cielos. Sonriendo de igual manera que ella, saqué el anillo de su montura y lo deslicé delicadamente por el estilizado dedo anular de Hermione solo para darme cuenta que tal como había esperado, encajaba perfecto en su mano.
Entonces me miró. Una mirada brillante, expectante y sobre todo emocionada que me dejó desarmado, y sin poder evitarlo, la tomé entre mis brazos para darle un largo beso que quería que nos dejara sin aliento.
Dentro de mí, la noticia que me había dado y su respuesta afirmativa danzaban en mi cabeza mientras un futuro que antes parecía tan lejano se acercaba hasta convertirse en mi realidad, pura y absoluta.
Hermione casándose conmigo. Hermione embarazada de mi hijo.
Y en aquél instante, aquello que jamás había tenido y que siempre había anhelado se materializaba frente a mí: Una familia.
Pero sobre todo, Hermione y yo juntos, por fin y de una vez por todas.
-Te amo, Harry- murmuró con emoción contenida, sus brazos anclados a mi cuello y su frente pegada a la mía -Me haces la mujer más feliz del mundo-
-No Hermione, tú me haces el hombre más feliz del mundo. Y no puedo esperar a compartir mi vida contigo, te amo más que mi vida-
Limpié una lágrima traviesa que surcaba su mejilla y sonreí. Durante largos instantes nos quedamos abrazados, yo con mis brazos alrededor de sus caderas y ella con sus brazos anclados a mí cuello y con nuestras frentes pegadas. No necesitamos decir nada más.
En algún momento salí de mi ensueño y mirando la acogedora habitación, recordé con una media sonrisa lo que habíamos dejado pendiente antes de comenzar con las noticias.
-Ahora, volviendo a lo importante- comencé y Hermione alzó su cabeza para mirarme -Creo que tenías una deuda conmigo-
-¿Una deuda?-
-¿En dónde te gustaría agradecerme por los regalos entonces?- frente a mí, Hermione hizo una "O" con sus labios y sonrió traviesa -Porque yo pienso agradecerte también ¿Sabes?-
Ante esa simple revelación, Hermione alzó las cejas y sonrió con picardía mientras mis labios comenzaban a recorrer la curva de su cuello.
-Y espero que no estés pensando en dormir, porque pienso agradecerte toda la noche-
Como única respuesta, Hermione soltó un ligero gemido de agrado.
~Hermione's POV~
Con Harry desnudo y tendido sobre mí por debajo de las sábanas en nuestra cama y con su mejilla apoyada sobre mi vientre, acariciaba su cabello negro con suavidad, completamente invadida por la felicidad de nuestra nueva realidad y el futuro que nos esperaba.
Sin poder evitarlo, admiré de nuevo mi hermoso anillo de compromiso mientras sentía mi corazón acelerarse un poco al recordar que había sido de su madre. Harry me había dado el anillo de compromiso de su madre, una de las pocas pertenencias que seguramente tenía de ellos.
Y me lo había dado a mí.
Componiendo una sonrisa boba, bajé la mirada y lo miré con ternura.
-¿Qué te gustaría que fuera?- pregunté en un susurro dulce, obteniendo a cambio un ligero suspiro.
Esbozando una sonrisa con su mejilla contra mi piel, Harry se enderezó un poco para plantar un suave beso en mi vientre y apoyando su barbilla sobre mí estomago, me miró con ojos brillantes mientras acariciaba mis caderas desnudas.
-Una niña- contestó con seguridad- Que tenga tu sonrisa- sonreí junto con él- Tu cabello…tus ojos-
-Ah no, eso sí que no!- reí ligeramente, negando con la cabeza- Tiene que tener tus ojos verdes y brillantes, igual de hermosos que los tuyos-
-De acuerdo, pero que solo tenga mis ojos, en lo demás tiene que parecerse a ti- plantó otro suave beso en mi vientre, mirándolo maravillado- ¿A ti que te gustaría?-
Ante aquella simple pregunta, sincera y escondiendo la promesa de un futuro simplemente maravilloso, solté un suave suspiro relajado. Con una sonrisa me enderecé lentamente sobre la cama, y separándose de mi vientre para imitarme quedamos sentados en el centro de la cama, completamente desnudos y cubiertos simplemente por las sábanas blancas.
Completamente cautivada por ese hombre tan increíble y maravilloso al que amaba como nadie, acaricié su rostro con delicadeza, recorriendo sus facciones completas como si quisiera aprenderlas de memoria. Admirándolo, acariciándolo, amándolo.
Llevado por mis caricias, Harry depositó un suave beso en mi mano para mirarme, esperando mi respuesta.
-Lo único que quiero en esta vida…Harry- me perdí en la calidez de su mirada- Es estar siempre a tu lado, con nuestro hijo, sin importar que sea, y con todos los demás que vayamos a tener- sonreímos juntos- Es estar con la familia que vamos a formar, pero sobre todo, compartir todo eso contigo-
Con una sonrisa que me derritió por completo, Harry tomó mi mano y besó mis nudillos con ternura, mirándome con ojos brillantes.
-No podría haber dicho mejores palabras, señorita Granger. Ahora solo falta saber una cosa…-
Sonriendo de lado a lado, Harry me tomó entre sus brazos para sentarme en su regazo y quedando enredados entre las sábanas de seda, lo miré expectante.
-¿Cuándo nos casaremos?-
Primera parte: terminada! Esperen la segunda y última ;)
