"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis amantes del Harmony! Aquí les traigo, -y ahora sí oficialmente- el capítulo final de este fic que jamás pensé que terminaría y un año y medio después, aquí está! La segunda y última parte del epílogo que espero calme nuestros deseos de saber qué pasó con Harry y Hermione después del final y por supuesto de estar comprometidos y embarazados ;)

En especial, me encantó escribir esta segunda parte, y espero que a ustedes también les agrade!

Sin más que decir, los dejo disfrutar y nos leemos al final del capítulo! Enjoy!

Epílogo Parte 2: Más Que Para Siempre

~Harry's POV~

Dos meses después

Ese domingo pintaba para ser de lo más tranquilo.

Después de informarme de todo lo que pasaba en el mundo de la Magia, terminé de leer la última página del periódico y una vez listo cerré "El Profeta" para dejarlo en el sofá a mi lado y seguir con los reportes que tenía que leer para ese día.

Ese domingo de Abril era uno de los primeros en los que el clima era realmente agradable, y después de desayunar Hermione y yo planeábamos pasar el día en Londres para nosotros solos después de tanto trabajo.

En el instante en que pensé en ella, subí la mirada de los reportes y sonriendo como un verdadero idiota, miré a mi mujer pasearse por la cocina mientras preparaba el desayuno con una gigantesca sonrisa y tarareando alguna canción divertida. Para el bebé, me recordaba cada que la escuchaba. Sonreí aún más.

Ataviada con un simple camisoncito de maternidad en color blanco, completamente descalza y con su pancita de cuatro meses de embarazo asomando por la transparente tela, estaba seguro que nunca habría otra imagen que me fascinara más que esa.

Mi esposa en mi cocina, radiante, hermosa y esperando a nuestro bebé.

Llevábamos apenas un mes de casados y hasta ahora había sido increíble. Después de nuestra boda y una corta pero intensa luna de miel en Irlanda habíamos vuelto a nuestra rutina, a nuestro trabajo y a nuestro hogar.

La única diferencia era que ahora, todos sabían que estábamos juntos y por supuesto, esperando un hijo.

Después de discutirlo la noche de nuestro compromiso, habíamos decidido casarnos en Marzo y ahí mismo en Tinsworth, en una ceremonia pequeña pero significativa donde habían asistido todos nuestros seres más cercanos. En realidad, yo había sido él que había propuesto que fuera lo antes posible para que Hermione se sintiera cómoda en nuestro día y en su vestido; y con ayuda de Luna y los Weasley todo había quedado listo para casarnos en menos de un mes.

Con una sonrisa, cerré mis ojos y dejé que el recuerdo de ese día me llenara por completo.

~Flashback~

-¿Nervioso?-

Parado a mi lado en el altar y con una sonrisa burlona, mi padrino acomodó un botón de mí saco mientras yo miraba el final del sendero en donde pronto aparecería mi prometida vestida de blanco.

Encima de nosotros y a pesar de ser una playa, arboles con enredaderas y flores blancas adornaban el lugar, prueba irrefutable de lo buenos que eran Luna y Neville con los hechizos botánicos, mientras las sillas blancas de los invitados se encontraban a cada lado de un pequeño pasillo conformado por una alfombra azul.

Sin poder evitarlo, solté un largo suspiro y sonreí junto con él. Era la segunda vez que me casaba y sin embargo, jamás había sentido unos nervios como los que sentía ahora.

-Ansioso-

Frente a mí, George ensanchó más su sonrisa.

-Ese es el espíritu-

Del otro lado del altar y vestidas de satín azul marino, Luna, Fleur y Angelina ya se habían acomodado en sus respectivos lugares como las radiantes damas de honor. Con una sonrisa traviesa, Luna me guiñó un ojo para mirar al pasillo entre las sillas blancas y yo la imité.

Los acordes suaves y delicados del Canon de Pachelbel comenzaron a resonar por el lugar y contuve el aliento hasta que finalmente y caminando por la arena hacia la playa en donde se encontraba el altar, mi prometida y su padre hicieron su entrada.

Contuve un suspiro. Estaba simplemente hermosa.

En un vestido blanco marfil strapless y una falda de muy poco vuelo, con su cabello suelto y acomodado en suaves tirabuzones y su largo velo cayendo por su cabeza, me pareció una visión. Con tres meses de embarazo, aún no se notaba nada a través del vestido salvo sus preciosas curvas, que ahora solo resultaban más hermosas en su estado.

Tímida y con una sonrisa ligera en sus labios, caminó por el sendero entre las sillas donde todos nuestros seres queridos se encontraban, mirándola con sonrisas radiantes. A mí lado, George y Neville sonreían mientras la esperábamos y yo por mi parte sentía que me había quedado sin aire.

Entonces subió la mirada para encontrarse con la mía. Y sus ojos se iluminaron mientras nuestras sonrisas se ensanchaban.

Cualquier miedo desapareció al instante y con miradas brillantes y sonrisas cómplices, Hermione terminó el recorrido hasta que finalmente su padre tomó su mano para dármela a mí.

-Harry-

Fue el único susurro del padre de Hermione mientras con un simple asentimiento de cabeza por parte de los dos tomé la mano de Hermione entre las mías y nos miramos de frente en el altar.

Sonreímos con emoción contenida.

Entonces el sacerdote frente a nosotros inició su discurso, y parados frente a él y con nuestras manos entrelazadas, tomé una larga bocanada de aire y seguí mirándola mientras hablaba.

Todo fue rápido, pero perfecto. Sin mayores ceremonias dijimos nuestros votos, que por supuesto no fueron los comunes y ensayados de todas las bodas, no estábamos para ellos. Prometiendo frente a todos nuestros seres queridos lo que tan bien sabíamos, nos colocamos nuestros anillos con sonrisas contenidas y finalmente el sacerdote pronunció aquellas palabras que había querido escuchar las últimas semanas.

-Yo los declaro marido y mujer-

Con una sonrisa, miré sus lágrimas acumuladas en sus ojos y sin mayores ceremonias la tomé entre mis brazos para besarla mientras todos los presentes prorrumpían en aplausos y gritos de felicidad.

A partir de ese momento estábamos unidos de todas las maneras posibles, a partir de ese momento comenzaba nuestra nueva vida juntos.

-Ahora sí…- murmuré contra su boca al separarnos- Eres mía en todos los sentidos, Hermione-

-Para siempre, Harry-

Y sonriendo junto con ella, la besé de nuevo mientras los invitados seguían aplaudiendo.

~Fin del Flashback~

Con mi mirada en el techo, volví a la realidad sin poder sacar de mi cabeza el recuerdo de ese día. Todo había salido perfecto. Desde la increíble fiesta que habíamos tenido ese mismo día; con alcohol, música, risas y baile por todos lados hasta nuestra increíble noche de bodas que habíamos compartido en la cabaña en Irlanda.

Por supuesto que jamás olvidaría la sorpresita que Hermione había guardado debajo de su vestido para nuestra noche de bodas. La visión de ella enfundada solo en un corsé de satín blanco, bragas de encaje, liguero, medias de seda hasta mitad del muslo y sus zapatos blancos de novia aún me hacía temblar de emoción.

Sin poder evitarlo, sonreí como idiota ante el recuerdo.

-¿Harry?- hasta ese entonces me di cuenta que Hermione se encontraba frente a mí, mirándome con curiosidad- Harry!-

Meneé mi cabeza de lado a lado para mirarla con una sonrisa.

-Lo siento preciosa- sonreí aún más- ¿Qué pasa?-

Frente a mí, Hermione frunció el ceño y me miró divertida.

-El desayuno está listo cariño- sonrió y ladeó la cabeza- Te llamé varias veces y nada que respondías…¿Qué pasa?-

Devolviéndole una enorme sonrisa, alcé mis brazos hacia ella y Hermione se sentó en mi regazo para abrazarme por el cuello mientras me miraba curiosa.

-Nada, preciosa- coloqué un mechón de cabello detrás de su rostro- Solo recordaba el día de nuestra boda-

-Recuerdos felices entonces. Me agrada cariño- me besó tiernamente- Ese fue un día inolvidable-

-En eso tienes toda la razón- consentí mientras besaba su hombro con ternura y la acunaba más entre mis brazos- Te veías hermosa con tu vestido de novia, jamás olvidaré eso- besé el lugarcito detrás de su oreja, causándole un escalofrío- Y esa noche también te veías hermosa, si me dejas recordarte-

Frente a mí y tal como había previsto, las mejillas de Hermione se tornaron de un rojo intenso mientras me miraba con sus ojos brillantes.

-De todas maneras, ningún atuendo le ganará jamás al placer de verte y tenerte desnuda-

-Harry!-

Chilló escandalizada y dándome un ligero manotazo en el brazo que respondí con un largo beso, la pegué más a mi regazo y entre mis brazos. Con una sonrisa emocionada, mis manos fueron a parar a su abultado vientre de embarazo que apenas sobresalía en el camisón y con una sonrisa maravillada lo acaricié con cuidado.

En donde, aunque no tenía la certeza, estaba casi seguro que había una niña.

-Bien, a desayunar Señora Potter- con un último beso, la insté a pararse mientras yo me paraba detrás de ella- Nuestro día en Londres nos espera, y te tengo una sorpresa-

-¿Sorpresa? ¿Qué sorpresa?-

-Tú espera y verás-

Con un guiño y una ligera palmada en el trasero a mi curiosa esposa que le sacó un gemidito de sorpresa, caminamos a la cocina para disfrutar del desayuno.


~Hermione's POV~

Semanas después

-Buenos días, Herms!-

-Hola Susan!-

Con aquél simple saludo y una enorme sonrisa en mis labios, seguí caminando por los pasillos del Ministerio, muy lejos de mi departamento y con el objetivo de llegar al departamento de Aurores. Específicamente a la oficina del jefe del departamento. De mi esposo.

Sin poder evitarlo, sonreí como idiota al saborear esa palabra y seguí caminando mientras saludaba a los conocidos que me topaba y que me felicitaban al verme. Con casi cuatro meses y medio de embarazo mi vientre ya comenzaba a notarse por debajo de mi ropa, que aunque era bastante disimulado y decente ya no me permitía utilizar mis faldas de siempre y mi ropa muy ajustada.

Ese día había optado por llevar un corto vestido en color melón, ni muy apretado ni muy holgado que me caía en el cuerpo graciosamente y delineaba mis curvas de manera delicada, mientras los zapatos de tacón a juego complementaban mi atuendo del día.

-Hola Herms, estás guapísima hoy!-

-Gracias Dean!-

Una vez que llegué al piso que me correspondía, bajé del elevador y seguí caminando por el largo pasillo del departamento, esperando que Harry estuviera ahí. Doblé una esquina para seguir caminando.

Estar todo el día lejos de él y sumida en el trabajo me hacían extrañarlo como loca, y ese día había decidido sorprenderlo en su oficina e invitarlo a comer a nuestro lugarcito de Londres que tanto nos gustaba. Seguro no se negaría.

-Por favor, que estés en tu oficina, que estés en tu oficina…-

Diciendo aquello entre dientes, doblé una esquina más hasta llegar al pasillo del jefe de departamento solo para darme cuenta con emoción que Harry se encontraba justo afuera de su oficina, conversando con Romilda Vane. Una muy- como siempre con Harry- efusiva y cariñosa Romilda Vane. Otra vez.

Era la tercera vez en varios días que los veía platicando.

De manera casi inmediata, mi emoción se desvaneció por completo para transformarse en fastidio y tomé una larga bocanada de aire.

Romilda Vane, con su largo y negro cabello ensortijado y sus ojos azules, estaba guapísima como siempre y claro, con un cuerpo espectacular. Confundida por pensar lo último, fruncí el ceño y meneé la cabeza ¿Desde cuándo me preocupaba el cuerpo que tuvieran las mujeres con las que platicaba Harry?

Sin detenerme a pensar más en eso, recordé de golpe su obsesión por Harry cuando estudiábamos en Hogwarts y sin poder evitarlo, alcé mi mandíbula un poco y comencé a caminar hacia ellos con paso decidido.

Aún no se habían percatado de mi presencia.

Los miré reír alegremente mientras de la manera más inocente del mundo Romilda se inclinaba hacía él con demasiada confianza y colocaba una de sus manos en su brazo. Sin poder evitarlo, el bichito de los celos me atacó y me enfurecí de inmediato ¿Pero quién rayos se creía esa coqueteándole a MI marido?

Antes de poder pensar en algo más y como si mi sola presencia lo llamara, Harry alzó la vista y con una enorme sonrisa ignoró lo último que Romilda le decía y extendió sus brazos al verme.

-Hola amor!- me atrajo a sus brazos para plantarme un beso en la mejilla- Qué sorpresa!-

-Hola cariño- acepté su beso- Hola Romilda-

Aunque el saludo me salió algo seco, logré componer una sonrisa aceptable mientras me separaba de Harry para quedar plantada entre los dos y con la mano de Harry en mi cintura. Si Romilda se dio cuenta de mi tono no hizo nada por demostrarlo y con una enorme sonrisa me miró con ojos brillantes.

-Hermione! Justo hablábamos de ti!-

-¿Ah sí?-

El tono de mi pregunta fue entre curioso y acusador, y a mí lado Harry tensó un poco su mano sobre mi cintura. De acuerdo, al parecer él ya había notado mi evidente recelo hacia la mujer, y darme cuenta de eso me hizo sonrojarme un poco. ¿Qué me pasaba?

-Sí, le decía a Harry que me da mucho gusto que se hayan casado- miró mi vientre y después a mí -Y lo de su bebé! Felicidades! Estás radiante-

-Gracias-

De nuevo el tono seco que hizo que a mí lado, mi esposo me mirara con ceño fruncido y una ligera sonrisa de medio lado. De acuerdo, tenía que aceptar que no me estaba comportando a la altura de las circunstancias, cuando frente a mí, Romilda me felicitaba sincera.

Pero también estaba coqueteando con mi marido, y sin saber porque, sentí la necesidad de marcar mi territorio de inmediato. Yo, Hermione Granger, la mujer más tranquila y racional del mundo, territorial y posesiva con Harry.

-Bueno- la voz de Romilda me sacó de mi ensueño- Los dejo, hasta luego Harry, un placer saludarte- me dedicó otra dulce sonrisa que me hizo sentirme culpable -Hasta pronto Hermione-

-Hasta luego, Romilda-

Y con un ligero asentimiento de cabeza, Romilda pasó a mí lado para caminar por el pasillo y dar la vuelta en la esquina hasta perderse de vista, dejándonos a Harry y a mí solos en el lugar.

Antes de poder decirle algo y mirándome aún con ceño fruncido y una sonrisa suave que parecía esconder un regaño, Harry me tomó de la mano y entró a su oficina para cerrar la puerta detrás de nosotros. Una vez solos, Harry me abrazó por detrás y colocando su mentón en mi hombro me plantó un beso en la oreja y soltó un suspiro agradado.

-Qué linda sorpresa, amor- besó mi mejilla- No te esperaba-

Componiendo una sonrisa sincera, di media vuelta entre sus brazos para quedar frente a él y rodeé mi cuello con sus brazos para plantarle un ligero beso en los labios.

-Vine para invitarte a comer a nuestro lugarcito de Londres ¿Qué dices?- la sonrisa y el brillo de sus ojos al instante me indicaron que tendría un "Sí" rotundo.

-Me parece excelente! Iré por mi chamarra y nos iremos enseguida, muero de hambre!-

Con una sonrisa de idiota mientras lo esperaba en el centro de su oficina, lo miré tomar su cartera, su celular y unas llaves del cajón de su escritorio y colocarse su chamarra mientras intentaba no mencionar nada de mi extraño comportamiento afuera o el encuentro con Romilda, que él parecía haber olvidado.

Claro que fue una misión no exitosa.

-Qué curioso ver a Romilda por estos pasillos…de nuevo-

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera evitarlo y queriendo morderme la lengua por idiota, me crucé de brazos y tragué en seco.

-Ah sí! Está viniendo a dejar unos reportes, su asistente está de vacaciones- dijo despreocupado mientras terminaba de colocarse su chaqueta de cuero que me encantaba -Me la he topado por accidente en ocasiones-

-Últimamente esa tal Romilda te ha topado "accidentalmente" muchas veces ¿No?-

De acuerdo, ahora sí me había excedido. Tenía que aceptar que yo no era así. Pero de nuevo las palabras- y esta vez en un tono bastante agresivo- habían salido involuntariamente de mis labios y frente a mí, Harry subió la mirada y frunció el ceño de nuevo para acercarse a mí con expresión confundida.

Esta vez no sonrió. Demonios, metiste la pata Granger! Me espetó mi conciencia enfurruñada y una vez que Harry estuvo frente a mí y con ceño fruncido, tuve que darle la razón.

-Pues eso fue lo que hicimos, toparnos. Solo conversábamos- el tono de Harry fue algo seco y a la defensiva, su ceño se frunció aún más -Me estaba diciendo justo lo que ella te dijo-

-Claro- entorné los ojos y me crucé de brazos -¿Y para decirte lo que tiene que decirte te tiene que toquetear tanto?-

Frente a mí y al parecer con ganas de sonreír con sorna, Harry se cruzó de brazos también y me miró entre receloso y sorprendido. Por Merlín, ¿Pero que me pasaba?

Las hormonas, Hermione. Me espetó mi conciencia a modo de regaño. Mis locas y disparatadas hormonas de embarazada, que al parecer ahora estaban en su etapa de ponerme celosa y posesiva respecto a Harry.

-Hermione Granger- intentando permanecer serio, dio un paso al frente -¿Acaso estás celosa?-

-¿Celosa, yo?- fingí asombro- Por Merlín! ¿Por qué estaría celosa?-

-No lo sé- dio otro paso al frente, un amago de sonrisa en sus labios -Pero no tienes razón para estarlo. Solo estábamos platicando-

-Pues sea como sea, es evidente que esa tipa pretende algo contigo, Harry. Le has gustado desde que estudiábamos en Hogwarts, incluso intentó darte una poción de amor!-

Aquello pareció ser suficiente para Harry quien abriendo sus ojos de par en par, soltó una estruendosa carcajada mientras yo lo miraba recelosa. De acuerdo, sí, me muero de celos Potter, porque eres mío! Gritaron mis hormonas de embarazada.

Pero antes de que pudiera decirle algo me arrastró a sus brazos para pegarme a su pecho y plantarme un beso en la frente.

-Mi amor, no seas tonta- con aquella ternura que lo caracterizaba levantó mi barbilla para que lo mirara -Romilda es solo una compañera de trabajo, y sí es guapa y todo eso pero ¿Eso qué? Tú eres mil veces más hermosa, y es a ti a quién amo-

-Pues tal vez ahora no, con esto de que ahora estoy gorda y grande y…fea- dije en un tono casi malcriado y di media vuelta para cruzarme de brazos -Seguramente no debo gustarte nada-

Sabía que estaba siendo tonta, hipersensible e irracional, pero no podía evitarlo. Los últimos días al verme en el espejo no podía evitar sentirme algo triste y recelosa al mirar mí figura, que aunque no era desagradable, ya no era la misma. Y por supuesto, pensar en que tal vez a Harry ya no le gustaba como antes me ponía de un humor de los mil demonios.

Detrás de mí, Harry soltó una risita algo burlona pero al parecer entendió que aquello era un punto sensible debido a mi estado y plantando un beso en mi nuca, me rodeó por detrás y apoyó su barbilla en mi hombro.

-Mi amor! No digas tonterías!- exclamó divertido-Estás más hermosa que nunca, simplemente exquisita- besó mi mejilla- Y si es posible me encantas aún más-

Conteniendo un gemido de emoción al escucharle decir eso, di media vuelta de nuevo entre sus brazos hasta quedar frente a él y me mordí el labio inferior mientras lo miraba. No podía enfadarme con él.

Mi dulce y tierno Harry. Cómo lo amaba.

-¿De verdad?-

-De verdad- sonrió aún más, pegando su nariz a la mía- Ahora, ya aclarado el asunto ¿Qué te parece si nos vamos a comer?-

Como única respuesta, rodeé su cuello con mis brazos y le planté un largo beso.

~o~

Esa misma noche y sentada frente a la televisión con un gigantesco bowl con frutas de todos los sabores y colores entre mis piernas, le cambié una vez más al televisor sin encontrar nada decente que mirar y me llevé un trozo de manzana a la boca.

Aunque en aquellos momentos, lo único que rondaba en mi mente era lo mucho que deseaba que Harry llegara pronto a casa.

Con una ligera sonrisa me miré de nuevo en un intenso escrutinio mientras observaba mi atuendo con ojo crítico, así como mi pancita bastante decente. Esa noche había decidido ponerme una sexy camisola de embarazo, y quería asegurarme que se viera perfecta.

En cuanto había llegado a casa había decidido ir por lo más sexy que tenía en mi armario para mi estado, pues quería estar linda para Harry cuando llegara. Después de todo quería disfrutar con el todo el tiempo que fuera posible, ya que era consciente una vez que el bebé naciera no tendríamos tanto tiempo para nosotros como ahora y las noches apasionadas serían más escasas.

Además tenía que admitir que después de la escena de celos con Romilda ese día y a pesar de lo que Harry me había dicho después, mi ego estaba un poco herido. Y por supuesto no solo necesitaba, sino que demandaba reponerse.

Así que esa noche había decidido verme bien para él y seducirlo como hace varias semanas no hacía, aunque tenía que admitir que en mi estado no tenía mucha idea cómo y me daba una pena tremenda.

Hermione, serénate. Me aconsejó mi yo interior y tomando una larga bocanada de aire volví a cambiar de canal. Era Harry, y aún en mi estado, seguíamos teniendo el sexo más desenfrenado que nunca así que no debería haber problema alguno.

Antes de poder pensar en algo más, el sonido de la puerta abriéndose me sacó de mis cavilaciones y sin poder evitarlo me removí en el sillón como una colegiala nerviosa. Maldición, era increíble que aún tuviera ese efecto en mí.

-Ya llegué amor! ¿En dónde estás?-

-Aquí, en el sofá de la sala!-

Con una sonrisa, Harry llegó a la sala y mirándome con algo de sorpresa ante mi revelador atuendo, su semblante se iluminó y se acercó a mí para plantarme un delicioso beso.

-Hmm, sabes a fresas- con una sonrisa pícara, miró el bowl que tenía entre mis piernas y después a mí con mirada traviesa- ¿Un antojo?-

-No tienes idea- susurré coqueta para plantarle otro beso.

Soltando una ronca carcajada que me hizo estremecerme de emoción, Harry tomó el bowl entre mis piernas para dejarlo en la mesita y se trepó en el sillón para abrazarme contra su pecho. Sin darme tiempo a decir nada y con delicadeza pero algo de desesperación, me plantó otro largo beso y me sentó en su regazo, abriendo mis piernas a cada lado de las suyas y pegándome a él con un deje de necesidad.

-Te extrañé- susurró contra mi cuello y sin dejar de besarme tomó el control para apagar la tele- Te extrañé mucho-

Solté una risita.

-También yo-

-¿De veras?- preguntó travieso con sus labios pegados a mi hombro- No creo que tanto como yo-

No pude contestar. Con esos labios tan expertos y deliciosos sobre mi cuello y detrás de mi oído, pronto resultó difícil concentrarme y con un quejido agradado dejé que siguiera con sus besos mientras sus manos se perdían en acariciarme por encima de la camisola.

La sensación era deliciosa.

-Quiero hacerte el amor- susurró contra mi oído, y yo me estremecí- Tenemos que aprovechar el tiempo que tenemos solos, porque creo que en unos meses alguien nos dará algo de trabajo-

Sonriendo contra mis labios, llevó su mano a acariciar mi vientre donde crecía nuestro "trabajo" y sin poder evitarlo solté una ligera risa y rodeé su cuello con mis manos al darme cuenta que pensaba lo mismo que yo.

-Soy toda suya, Señor Potter-

Aquello pareció encender algo inmediato y sin darme tiempo a más, Harry me tomó entre sus brazos para cargarme hasta nuestra habitación a la cual llegamos en un santiamén. Una vez dentro y con las luces a medio encender en la habitación, me depositó en la cama con cuidado e hincándose a mi lado se quitó los zapatos, calcetines y camisa y los lanzó al otro lado de la habitación.

-Espera- le dije mientras me hincaba frente a él, deteniendo sus manos que estaban en el zipper- Yo quiero encargarme de estos-

Soltando una risita traviesa ante mi proposición, Harry se dejó hacer entre mis manos y acariciándolo sugestivamente por encima y debajo de la tela, me deshice de sus pantalones y sus bóxers en un santiamén para tirarlos al otro lado de la habitación.

Sin poder evitarlo, llevé mis ojos a admirar su figura desnuda y me mordí el labio inferior con aprobación. Maldición, era perfecto.

-Esa es mi chica- se pegó a mí- Ahora me toca a mí-

Sin darme tiempo a más, me volvió a depositar en la cama y colocándose encima de mí con cuidado de no aplastarme, me retiró la camisola y las bragas para dejarme completamente desnuda ante él.

Con una mirada suave y cargada de deseo, me miró de arriba abajo mientras sus manos se anclaban a mis caderas. Me observó largo rato, como memorizando todos y cada uno de mis recovecos, y sintiendo mi piel arder ante su simple mirada lo dejé admirarme con timidez.

-No te avergüences, cariño- me besó ligeramente- Estás hermosa-

Y en ese preciso instante, el incidente de esa mañana con Romilda quedó enterrado en el lugar más recóndito de mi cerebro.

Entonces llevó a sus labios a acariciar mi cuerpo. Con delicadeza, tranquilidad pero con deseo, sus manos recorrieron mis curvas de esa manera que él sabía que me volvía loca hasta que finalmente y haciendo caso a mis jadeos y ruegos, sus manos acunaron mis senos palpitantes y sobre todo sensibles. Con manos expertas, sus pulgares acariciaron mis pezones hasta dejarlos erectos para después pellizcarlos entre sus índices y pulgares.

Sin poder evitarlo, solté un largo gemido y me arqueé en respuesta, en una demostración de placer bastante intensa. En mi estado y con esta nueva sensibilidad en mis senos, la caricia resultaba simplemente alucinante.

De acuerdo. Tenía que corregir sensibles por muy sensibles.

-Harry- gimoteé desesperada, y entonces sus labios suplieron a sus manos- Oh Harry!-

Susurrando contra mi piel que le encantaba lo grandes que se habían puesto, besó, lamió y succionó mis pechos que ahora estaban así por el embarazo y sin saber que responder lo dejé seguir con sus caricias hasta que estuve segura que perdería la razón.

Pronto sus labios decidieron cambiar de objeto de adoración y moviéndose hacia abajo hasta llegar a mi vientre, se separó un poco de mí y lo miró maravillado.

-Hola bebé- comenzó a hablar con ternura- Papi y mami están ansiosos porque llegues, y espero que seas una niñita hermosa como tu madre-

Completamente embelesada ante la escena, contuve el aliento con emoción mientras lo miraba hasta que finalmente Harry subió su mirada para encontrarla con la mía. Y en un instante cambió. Se volvió oscura, cargada, profunda. Llena de deseo.

-Sigues hermosa, Hermione. Y te deseo como nunca-

Diciendo aquello en un susurro verdaderamente tierno, depositó un ligero beso en mi pancita que a pesar de todo seguía siendo pequeña y discreta, y yo contuve un gemido de emoción. Era simplemente increíble como Harry tenía ese don para hacerme sentir tan amada y deseada en cualquier momento o situación, y con aliento contenido, lo miré seguir con las caricias de sus labios sobre mi vientre hacia abajo.

Más abajo. Ese lugar que lo esperaba ansioso desde hacía bastante rato.

-Ha…Harry-

Gemí sin aliento al sentir sus labios sobre mi sexo, y completamente excitada, arrugué la sábana entre mis manos mientras él comenzaba con su tortura. Con movimientos expertos y sabiendo exactamente como hacerme gritar de placer, su lengua comenzó a hacer círculos alrededor de mi clítoris y completamente fuera de mí tuve que morder mis labios para no gritar.

Maldición, estaba tan sensible que llegaría al clímax en cualquier momento. Pero aquello no era precisamente lo que quería. Quería llegar, pero con él dentro de mí.

Me estaba volviendo loca.

-Harry, por favor- suplicaba con todo mí ser, mi cuerpo temblando- Por favor-

El pareció entender aquello porque en ese instante se detuvo y se enderezó en sus talones. Con ojos oscuros y consumidos de deseo, me miró unos instantes como decidiendo cual sería su siguiente movimiento y estuve segura de oírlo mascullar un "No quiero lastimarte" casi con furia. Yo abrí mis ojos de par en par sorprendida ¿Tanto me deseaba?

Entonces me habló con voz ronca.

-Ponte de rodillas y de frente al respaldo de la cama-

Obedecí sin chistar. Una vez acomodada y con mi cuerpo temblando de expectación, lo sentí colocarse detrás de mí y en cuanto sentí su erección rozar mi sexo por atrás, me sacudí en un delicioso escalofrío y gemí calladamente.

Por Merlín. Lo necesitaba dentro de mí, ahora.

-Ahora abre las piernas amor-

Eso hice, y colocando sus manos en mis caderas para guiarse, Harry se deslizó dentro de mí hasta llenarme. La sensación fue alucinante y aferrando con fuerza los barrotes del respaldo con mis manos, solté un gemido de satisfacción y me arqueé hacía atrás en una muda demostración de placer.

-Eso es-

Salió de mí y tomándome por las caderas de nuevo, volvió a penetrarme esta vez con fuerza, casi con violencia, sacándome un sonoro gemido de placer. Eché mi cabeza hacia atrás y la apoyé en su hombro.

-Oh Harry-

Y solo entonces comenzó a embestirme, primero con suavidad y delicadeza, después con fuerza y rapidez al escuchar mis gemidos y sentir mis ligeros espasmos. En algún momento me empujé hacia atrás para encontrarme con él y absorberlo de lleno, deseosa de sentirlo hasta el fondo de mi mojado y palpitante interior.

Me llenó por completo, y la deliciosa sensación de plenitud me hizo gemir alto.

-Por Merlín- respiró Harry contra mi cabello- Hermione-

Con sus manos aún en mis caderas, continuó con las fuertes estocadas mientras yo me unía con él en aquella danza, oprimiéndome contra él, moviéndome hacia adelante para permitirle salir y luego hacia atrás para recibirlo por completo, toda su longitud dentro de mí a cada embestida.

Hasta el fondo, llenándome por entero. Amándome por completo.

-Harry, Harry-

Aferrada a los barrotes de la cama con tanta fuerza que podría quebrarlos y con mi frente apoyada en mi brazo derecho, me escuché gemir con fuerza mientras continuaba con sus embestidas, cada vez más fuertes y desenfrenadas. Yo por mi parte jadeaba y me retorcía frente a él, gimiendo en ocasiones, gritando con fuerza en otras al sentirlo llegar al final de mi entrada.

Maldición, ese hombre podía simplemente matarme de placer.

En algún momento sus manos rodearon las mías, aferrándose a los barrotes de la cama mientras enterraba su rostro en mi cuello. Los gemidos y jadeos cada vez más fuertes, las embestidas más constantes y aceleradas, nuestros cuerpos temblando.

Y eso fue todo lo que necesitamos.

-Ha…Harry!-

Con un fuerte gemido, alcanzamos el clímax al mismo tiempo y de manera violenta. Rodeando mi torso por debajo de mis pechos con un solo brazo, Harry se pegó a mí en un abrazo mientras dejábamos que el orgasmo nos envolviera en esa nebulosa de placer y amor que tan bien conocíamos. Jadeantes, sudorosos y cansados, estuvimos en esa posición por largo tiempo mientras Harry descansaba su frente en mi espalda, intentando normalizar nuestras respiraciones.

Una vez calmados, Harry se inclinó para besar mi hombro con ternura y salió de mí para tumbarnos en la cama de nuevo. Lo seguí sin rechistar y una vez acostada me acurruqué contra su pecho y sonreí complacida mientras jadeábamos exhaustos.

-Eres increíble, Hermione-

Besé su pecho con ternura, con una sonrisa satisfecha.

-Tú lo eres aún más, Harry- dije sincera- Lo que me haces sentir…siempre, wow- me quedé sin palabras y él soltó una suave risa- Eres simplemente…fantástico-

Lo era siempre. Solo él podía hacerme sentir tan deseada y amada. Solo él podía hacerme estallar de placer en sus brazos. Solo él podía hacerme el amor de esa manera. Siempre.

-¿Estás bien?- escuché el susurro preocupado en mi oreja- Quiero decir…¿No te lastimé, verdad?-

Sin poder evitarlo, sonreí de medio lado contra su pecho, sintiéndome completamente plena y feliz. Oh Harry, siempre preocupado por mí, siempre cuidando de mí. Mi Harry.

-Claro que no, al contrario. Fue bastante…alucinante-

Dije con timidez, y escuché su risa traviesa mientras plantaba un dulce beso en mi cabello. Sin poder evitarlo, levanté mi rostro para mirarlo y recargando mi barbilla en su pecho toqué su nariz con dulzura.

-A veces eres increíblemente dulce ¿Sabías eso?-

-Eso me han dicho- sonrió tímido, y yo le devolví una sonrisa traviesa- Pero me encanta que lo repitas- con un ligero beso en mi coronilla, me acomodó en sus brazos- A dormir, preciosa-

-Te amo, Harry- susurré plantando un beso en su pecho- Buenas noches-

-También te amo, preciosa, siempre. Buenas noches- colocó su mano en mi vientre y acarició con dulzura- Buenas noches para ti también, bebé-

Y sonriendo con emoción al escucharlo, me dejé arrastrar al mundo de los sueños entre sus brazos.


~Harry's POV~

Un mes después

-Aquí están los documentos, Harry ¿Todo en orden?-

-Si Loretta, perfecto, muchas gracias- sonreí desde mi silla- Puedes retirarte-

-Cualquier cosa me avisas-

Con una suave sonrisa, mi asistente salió de mi oficina y cerrando la puerta detrás de sí volvió a dejarme solo con mis pensamientos. En algún momento dejé de entender lo que leía y sonriente, dejé de mirar los documentos que tenía en la mano mientras la conversación con mi esposa la noche anterior llegaba a mi memoria.

-Jean Potter-

-¿Jean? No, ni hablar!- enderezándose en la cama, Hermione me miró con sus ojos abiertos de par en par- No quiero que se llame como yo!-

-Pero si nadie te llama por ese nombre, preciosa- sonreí exasperado- Además es un nombre precioso, a mi me gusta-

Recostados sobre la cama y sin poder dormir, habíamos comenzado a proponer nombres para nuestro bebé mientras nos acariciábamos bajo las mantas.

-Sea como sea, no quiero que se llame como yo- volvió a acurrucarse contra mí pecho- Además, ni siquiera sabemos si va a ser niña-

Bueno, ahí tenía un punto a su favor. A pesar de tener más de cinco meses y medio de embarazo aún no sabíamos si nuestro bebé sería niño o niña, pues en las ecografías siempre parecía esconderse perfectamente bien para mantenernos en suspenso.

Sin embargo y a pesar de eso, yo estaba completamente seguro del sexo de nuestro bebé, y sabiendo que sería niña, ponerle Jean se había convertido en mi meta principal.

-Será una niña-

-¿Cómo puedes estar tan seguro?-

-Solo lo estoy, preciosa- le di un ligero beso en la frente- Ahora ¿Vas a acceder a ponerle Jean?-

El suspiro de mi esposa me indicó que convencerla no sería nada fácil. De todas maneras yo estaba dispuesto a lo que fuera para convencerla, y casi una hora más tarde, jadeantes y exhaustos en la cama, estuve seguro de que mi plan de convencimiento eventualmente daría resultado.

Meneé la cabeza y volví a la realidad en un dos por tres para mirar el reloj a mi lado. Precisamente ese día Hermione tenía cita con su obstetra en Londres, y en aquella única ocasión y debido a la inmensa carga de trabajo no había podido acompañarla.

Aunque Hermione me había calmado diciendo que no pasaba nada y que no era necesario que fuera, no estar con ella en ese momento me había desanimado en exceso y ahora esperaba que regresara cuanto antes.

Y como si la hubiera invocado, el teléfono celular a mí lado comenzó a vibrar como loco mientras la canción "Iris" de Goo Goo Dolls comenzaba a sonar. Era el tono que tenía para Hermione.

-Hola amor- contesté con una media sonrisa.

-Ha…Harry- comenzó entrecortadamente, casi sin habla.

Y entonces me di cuenta que estaba a punto de llorar. Aquello me alertó de inmediato.

De manera inmediata y abriendo mis ojos de par en par, me levanté de mi silla y contuve el aliento preocupado.

-¿Hermione? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?- comencé a caminar hacia la puerta con prisa- ¿Pasa algo con el bebé?-

Al otro lado de la línea, Hermione pareció hipar un poco y un escalofrío recorrió mi espalda. Sin importarme nada, salí de mi oficina como alma que se la lleva el diablo y consciente de que todos me miraban comencé a caminar con rapidez hasta el elevador.

-Sí, todo está bien, no te preocupes. Está…perfecto- dijo tranquila, y eso me calmó un poco a mí- ¿Crees que podrías venir al consultorio? Hay…hay algo que quiero que veas…-

-No tenías ni que pedírmelo- dije con aliento entrecortado cuando salía por la puerta del Ministerio- Voy para allá-

Colgué la llamada y corrí el tramo que quedaba hasta la esquina que utilizaba para aparecerme en donde los metros parecieron kilómetros. Cinco minutos más tarde y casi sin aliento, entré estrepitosamente por la puerta doble del consultorio y corrí hasta la recepción donde una menuda mujer rubia me miró con ojos como platos.

-Hermione…- tomé aire mientras descansaba mis manos en el alto escritorio- Hermione Potter, por favor-

-Ah, Señor Potter- sonrió encantadora- La señora Potter se encuentra en la sala de ultrasonido, puede pasar-

Sin molestarme en darle las gracias siquiera, caminé con prisa por el pasillo rosa hasta encontrar la puerta del lugar en cuestión y sin tiempo para tocar abrí la puerta para encontrarme con Hermione tendida en la camilla y mirando la pantalla del ultrasonido mientras la doctora Parker pasaba el aparatito por su abultado vientre desnudo.

En cuanto me miró, los ojos de Hermione se abrieron de par en par y brillaron a través de las ligeras lágrimas que se acumulaban en sus ojos.

-Harry!-

-Señor Potter, llega usted justo a tiempo-

-¿Qué pasa?- aún preocupado, llegué hasta donde Hermione se encontraba y tomé su mano para mirarla- Hermione, cariño ¿Qué pasa?-

Mirándome como si no hubiera nadie más en el universo, Hermione llevó mi mano a su mejilla y con las lágrimas rodando por sus mejillas me dijo que me amaba como a nadie. Y aunque me encantaba que me lo dijera, en aquél momento no estaba para suspensos y mucho menos para palabras que tal vez solo pretendían aligerar alguna mala noticia.

-¿Qué? ¿Por qué me dices eso? ¿Qué está pasando?-

-Harry, cálmate- comenzó Hermione- No pasa nada-

-¿No pasa nada? Me hablas llorando y llego y te encuentro así…-

-Harry...-

-Y luego me dices que me amas y me miras como si…-

-Señor Potter…-

-Si algo le pasa a…-

-Harry!- el grito de Hermione me calló de inmediato- ¿Quieres hacer el favor de callarte y escuchar lo que la doctora tiene que decir?-

Solo en aquél momento me di cuenta que la obstetra me miraba con una sonrisa conciliadora y decidiendo hacerle caso, me enderecé para mirarla lo más sereno que pude aparentar.

-Bien…¿De qué se trata?-

-De esto-

Sin perder su sonrisa, la doctora oprimió un botoncito del tablero frente a ella para congelar la imagen del ultrasonido en donde por primera vez, mi hijo se encontraba perfectamente visible en la pantalla. O tal vez debía decir mí…

-Parece ser que tiene un muy buen sexto sentido, Señor Potter- la suave voz de la doctora me sacó de mis cavilaciones -Felicidades, tendrán una niña-

Sin poder evitarlo, dejé caer mi mandíbula mientras las palabras se repetían en mi mente y miraba la pantalla con ojos desorbitados.

Una niña.

Después de meses de incertidumbre y apuestas, de afirmar que nuestro "él" era una "ella", nuestro hijo era una niña.

El ligero apretón en mi mano por parte de Hermione me sacó de mi ensueño y cuando bajé la mirada para toparme con ella pude mirar sus ojos brillantes y sus lágrimas de alegría mientras me sonreía con ternura. Sin poder evitarlo, bajé mi cabeza para besarla con intensidad mientras sentía que no podía amarla más.

A ella, a mi esposa, a la mujer de mi vida y a la madre de mi hija. Que me hacía el hombre más feliz del mundo.

-Gracias- le susurré en cuanto me separé de ella, limpiando una lágrima traviesa de su rostro- Te amo, Hermione-

-Harry…- me abrazó por el cuello- Yo también te amo-

Y abrazados en la pequeña salita de ultrasonido, la doctora Parker salió sigilosa para dejarnos disfrutar de nuestro momento en donde todo era perfecto.


Tres meses después

Esa mañana me encontraba bastante inquieto.

Sentado en la sala de conferencias del cuartel de Aurores más grande del mundo, la sensación de que algo no andaba bien no dejaba de atormentarme y por más que intentaba concentrarme en lo que exponía la persona frente a mí, simplemente era inútil.

Estaba en nada más y nada menos que el sur de Inglaterra, a casi dos horas de Londres, mientras mi muy embarazada esposa se encontraba sola en casa.

Con ocho meses y medio de embarazo- unos días más tal vez- Hermione había pedido su licencia de maternidad desde semanas antes para mi tranquilidad, y por supuesto, yo procuraba que tuviera todo de manera fácil para que se cuidara como debía.

Por supuesto, mi mujercita no me lo ponía nada fácil y alegando que no era una inválida seguía yendo de arriba abajo a pesar de mis ruegos, los de Molly, los de Luna o cualquiera que le dijera que descansara.

"Todo está perfecto, dejen de exagerar", era la frase favorita de Hermione los últimos días, y aunque era cierto, no quería correr ningún riesgo. Por eso cuando el día de ayer Kingsley me había pedido que asistiera a la maldita sesión de conferencias, juntas de resultados y reunión de aurores de todo el mundo que se hacía anualmente, había estado a punto de decir que no.

De no ser porque Hermione se enteró antes- gracias al chismoso de Bill- y dándome un sermón acerca de mis responsabilidades como jefe de departamento me había obligado a venir, ahora estaría en casa. A su lado. Cuidándola.

Afuera de la sala Loretta se encontraba esperándome así como todos los demás asistentes y acompañantes de los aurores que se encontraban en la reunión, y eso era lo único que me tranquilizaba.

Le había dejado mi celular a cargo, y aún cuando era mal visto que alguien interrumpiera las sesiones, le había ordenado avisarme de inmediato si Hermione o cualquiera que hablara respecto a algo relacionado a mi esposa se comunicaba.

Mi esposa. Mi necia esposa.

Con una mueca de fastidio, recordé la última plática que habíamos tenido esta mañana y dejé de escuchar lo que el mago barbón en un pésimo inglés decía frente a mí.

~Flashback~

Terminando de anudar mi corbata frente al espejo, miré a Hermione quien tendida en la cama y mordiendo su labio inferior me miraba como si fuera el espectáculo más interesante del planeta.

-¿Segura que estarás bien sola?-

Por enésima vez, Hermione entornó los ojos y soltó un bufido exasperado.

-Por enésima vez, cariño- se enderezó para sentarse en el borde de la cama y levantarse- Ya te dije que sí-

Sin darme tiempo a decir nada, se colocó sus pantuflas y se acercó a mí lentamente hasta que quedó justo frente a mí delante del espejo. Sonriente, llevó sus manos a mi corbata para terminar de arreglarla y me miró soñadora.

-No es necesario que vaya ¿Sabes?- insistí, obteniendo a cambio otro gesto exasperado- Puedo decirle a Bill y Seamus que me suplan y quedarme aquí-

-Ni hablar!- me cortó de inmediato, sus manos alisando mi corbata- Vas a ir porque tienes que ir! Esta reunión es muy importante. Eres el jefe del departamento y tu deber es estar ahí-

-Soy tu esposo y mi deber es cuidarte también- contraataqué, mirándola alisar las mangas de mi camisa blanca.

Con aquella simple oración, Hermione cambió su expresión de desesperada a tierna y pasando sus brazos por mi cuello, me plantó un suave beso en los labios.

-Estaré bien mi amor, ya te dije que no hay de que alarmarse. Solo estoy embarazada, por Merlín!-

-Pero podrías necesitar ayuda- insistí mientras la abrazaba por la cintura y su vientre se pegaba a mí- En tu estado, y además faltando tan poco…-

-Tengo a Luna, vendrá a quedarse conmigo hoy- me cortó mientras acariciaba mi cabello- Además estoy programada para dentro de casi dos semanas, así que no hay nada de qué preocuparse-

-Pero…-

-Estaré bien, Harry, en serio- se llevó las manos a su vientre- Tengo a nuestra pequeña a salvo aquí adentro y tu esposa estará bien cuidada- me aseguró, y dándome un último y largo beso, se alejó de mí para mirarme sonriente- Ahora vamos abajo, quiero prepararte algo de desayunar-

Y sin aceptar un "No" por respuesta, tomó mi mano y me guió hacia abajo mientras era mi turno de entornar los ojos. Esa mujer necia iba a sacarme de quicio.

~Fin del Flashback~

Y ahora, seis horas más tarde y completamente distraído, lo único que podía hacer era pensar en ella.

"Estaré bien mi amor", "No hay nada de qué preocuparse". Repetí las frases de mi esposa en mi cabeza una y otra vez, y al parecer dieron algo de resultado. En aquél momento por fin pude entender algunas de las cosas que el mago barbón decía frente a mí y soltando un ligero suspiro lo miré fijamente.

Hasta que, quince minutos después e interrumpiendo por completo la paz y tranquilidad de la sala, una de las puertas de caoba se abrió para dejar pasar a una mujer pelirroja que conocía muy bien. Loretta.

Mirándome con sus ojos abiertos de par en par, su respiración agitada y sus labios queriendo decir algo.

Me quedé helado.

Durante unos instantes, todos los presentes en la sala voltearon a mirarla con superioridad y fingida ofensa hasta que finalmente la ignoraron y siguieron atentos a lo que decía el maldito barbón parlanchín. Todos menos yo, quien mirándola fijamente, la obligué a decirme lo que tuviera que decirme, como fuera.

Completamente roja, Loretta tragó grueso y finalmente volvió a mirarme a mí.

Me estaba volviendo loco.

Entonces recurriendo a una simple mímica de labios, finalmente logró comunicarse y con aliento contenido pude leer la palabra "Hermione" de sus labios. La única que formaron sus labios.

Y fue lo único que necesité para levantarme de golpe de mi asiento. Con mi corazón a punto de salirme del pecho y con todas las miradas puestas en mí, comencé a caminar hacia la salida mientras en el centro de la mesa el mago barbón me miraba con ceño.

-Señor Potter, le recuerdo que no puede…-

-Al demonio-

Provocando gemidos de ofensa y cuchicheos incesantes por toda la sala, llegué hasta donde estaba Loretta y tomándola por el codo la saqué de inmediato cerrando la puerta detrás de nosotros.

-Harry, perdón por interrumpir, pero…-

-No importa, ¿Qué pasa?-

-Se trata de Hermione-

Reprimí un gemido de frustración. Sabía perfectamente que se trataba de Hermione! Harry, cálmate. Me ordenó mi conciencia, y tomando una larga bocanada de aire, miré a Loretta de nuevo.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa con Hermione, Loretta?-

-Luna…Luna me llamó para decirme, que está en el hospital- mi corazón se detuvo- En trabajo de parto desde hace casi una hora…- la solté de inmediato y di media vuelta en redondo- Harry!-

Y antes de poderla escuchar decir algo más, salí de ahí casi corriendo con un solo objetivo en mente. Aparecerme cuanto antes.

No pensaba tomar un tren.

~o~

Diez minutos más tarde y con el corazón latiéndome como loco, abrí las puertas de vidrio de par en par y entré corriendo a la recepción con la desesperación consumiéndome por completo.

Necesitaba ver a mi esposa cuanto antes.

-Harry!-

Con aquél grito por parte de una rubia que conocía muy bien, di media vuelta para encontrarme con Luna, Neville, Parvati y todos los Weasley, quienes apiñados en la pequeña salita de espera se levantaron de inmediato al verme y vinieron a mi encuentro.

Todo era rápido y caótico.

-Luna!- acorté la distancia entre nosotros y los miré sin aliento- ¿Dónde…dónde está?-

-En una habitación, lleva ahí buen rato esperándote y yo salí para llamarte de nuevo-

A mí lado, Molly se acercó y me miró con ternura.

-Dijo que no quería entrar y que no entraría al quirófano hasta que llegaras, cariño-

De haber tenido la coordinación necesaria, habría sonreído. Mi mujercita necia y testaruda. Debía haberme quedado, y en estos momentos no la tendría esperando sola en una cama de hospital mientras necesitaba a su marido ausente. Pero ahora estaba ahí, y ella me necesitaba.

Y entonces la idea me llenó de golpe. Estábamos a punto de convertirnos en padres.

-Iré a verla- di media vuelta para comenzar a correr por el pasillo, y detrás de mí, lo último que escuché fue el grito de Luna entre todos los Weasley.

-Habitación 102, al final!-

En cuanto llegué a la habitación y abrí la puerta, pude ver a unas cuantas enfermeras caminar por todos lados en la larga habitación con cortinas y varias camillas que se encontraban vacías. Todas excepto una.

Recostada aún con su ropa en la camilla, algo sudorosa, despeinada, asustada y mirando en todas direcciones mientras controlaba su respiración, mi esposa no podía verse más hermosa en aquél momento. Y en cuanto sus ojos grandes y asustados se posaron en mí, brillaron con fuerza y sonrió con alegría.

-Harry!-

-Hermione!-

Atravesé la habitación corriendo y una vez que estuve a su lado, me arrodillé en el piso y tomé su mano para besarla con fuerza.

-Oh Harry! Mi Harry!-

Con los ojos llenos de lágrimas tal vez de alegría o de confusión, aferró mi mano con fuerza y sonrió abiertamente.

-Oh Harry, tenía que verte- sudorosa, ajetreada y con respiración cansada, me miró con sus ojos brillantes y una gran sonrisa -No podía entrar ahí sin verte, no podía…-

-Lo sé mi amor, lo sé, shh tranquila- besé su frente-Aquí estoy, aquí estoy-

No pudo contestarme. En aquél momento una contracción la atacó de golpe y aferrando mi mano con tanta fuerza que podría partirla, tomó aire para esperar a que el dolor pasara.

Demonios. Era tan fuerte, tan hermosa y tan llena de vida que en aquél momento me pareció más grande, más increíble a mis ojos que solo pude admirarla y amarla más. Si es que eso era posible. Y en aquél momento, me di cuenta que algo muy bueno tenía que haber hecho en otra vida para merecerme a una mujer como ella.

-Tranquila, lo estás haciendo excelente- sonreí para calmarla, aferrando su mano- Tranquila mi amor, eso es, respira-

-¿Señor Potter?-

Detrás de mí, escuché la suave voz de la doctora Parker y sin soltar la mano de Hermione me enderecé para mirarla.

-Doctora ¿Cómo está mi esposa?-

Dudando un momento, la doctora Parker miró a Hermione quien estaba concentrada en el dolor y me alejó un poco para comenzar a hablarme en voz baja. Maldición. Eso no me gustaba.

-Hasta ahora no ha dilatado lo suficiente para llevarla a quirófano, pero…hay una situación- se detuvo un poco- El bebé se encuentra en una posición difícil para un parto natural y su esposa está dilatando demasiado lento, llegó bastante nerviosa al hospital-

La miró y yo contuve una maldición. Había llegado nerviosa porque no estaba con ella. Por eso. La voz de la doctora me sacó de mis cavilaciones.

-Propongo que hagamos una ce…-

-No- a un lado de nosotros, la voz de Hermione nos sacó de la conversación- Quiero que sea natural, por favor-

-Pero, Hermione- comencé, no quería ponerla en riesgo- Tal vez sea mejor…-

-No, esperemos por favor- recostada en la camilla, Hermione aferró mi mano y me miró en un ruego- Por favor Harry-

~o~

Casi ocho horas más tarde Hermione continuaba recostada en la camilla mientras a su lado y aferrado a su mano, no podía sentirme más impotente. A pesar del tiempo que había pasado, Hermione no había dado señales de dilatar lo suficiente y para entonces, se encontraba bastante cansada y agotada.

Yo a su lado solo podía estar con ella, mirándola luchar contra el dolor mientras sentía cada vez más impotencia. Maldición, era tan fuerte y yo me sentía tan inútil.

Y sobre todo necia. Bastante necia. Por más que la doctora Parker y yo habíamos insistido en hacer la cesárea, Hermione se había negado rotundamente mientras continuaba soportando las contracciones, diciendo que quería hacerlo natural.

Por enésima vez en los últimos minutos, la doctora Parker entró a la habitación de nuevo y acercándose a nosotros para observar el montón de monitores que estaban conectado a Hermione, tomó unas cuantas notas y nos miró de nuevo.

Esta vez con una mirada que no iba a aceptar negativas.

-Hermione, han pasado diez horas de labor de parto y no hay mucho cambio- comenzó- Necesitamos hacer una cesárea, ya-

A su lado, yo solté un suspiro de alivio. Lo que fuera por no verla sufrir más.

-Pero, no- neceó Hermione- Quiero ser yo la que…-

-El bebé está en riesgo, Hermione- la cortó de inmediato, y pude sentir como Hermione apretaba más mi mano- Tenemos que hacerlo, ya-

-Vamos Herms- llevé su mano a mi mejilla y la miré en un ruego- Por favor, haz lo que dice la doctora-

Frente a mí y con sus ojos llenos de lágrimas, sudorosa, ojerosa y sobre todo cansada, Hermione me miró con ternura y cerró sus ojos para dejarse caer de nuevo en la camilla derrotada.

-De acuerdo-

A su lado, solté un largo suspiro de alivio y besé su mano.

-Gracias-

-Excelente-

Con aquella simple respuesta la doctora Parker se alejó para comenzar a dar un montón de instrucciones.

Y todo se volvió un verdadero caos.

Desconectándola de todos los aparatos y tomando la camilla entre dos enfermeros, comenzaron a mover a Hermione con rapidez hasta llegar al pasillo rumbo a la sala de quirófanos mientras yo caminaba a su lado sin soltar su mano.

-Señor Potter-

El llamado de la doctora Parker sonó detrás de mí y sin más remedio, solté la mano de Hermione y me detuve mientras la camilla seguía avanzando.

-¿Harry?- me llamó presa del pánico, volteando su vista a todos lados- Harry-

Hice un esfuerzo sobrehumano para no seguir corriendo a su lado.

-Señor Potter, debe cambiarse para entrar- dijo y llamó a una de las enfermeras con una seña- Su esposa lo necesitará, el bebé está en riesgo y ella también- aquella simple frase me dejó helado- Vaya con la enfermera-

Y sin esperar un momento más, seguí a la enfermera casi corriendo para colocarme todas esas cosas que usaban los médicos y regresar con Hermione cuanto antes.

Dos minutos más tarde entré al quirófano donde reinaba un verdadero caos. Frente a mí, todos se movían bastante rápidos y sincronizados mientras en la camilla del centro, con sus ojos desorbitados y asustados, Hermione miraba en todas direcciones ajetreada buscando a alguien.

Buscándome a mí.

Antes siquiera de que pudiera verme, estuve a su lado y tomé su mano de nuevo con fuerza.

-Harry…- la aferró con todas sus fuerzas, mirándome asustada- Tengo miedo-

-No preciosa, no tengas miedo- besé su frente, mi Hermione no podía tener miedo, no mi fuerte Hermione- Todo estará bien, estoy aquí-

No la abandoné en ningún momento. Trabajando con rapidez y precisión mientras seguían las instrucciones de la doctora Parker, en menos de dos minutos Hermione estaba sedada y una vez que se aseguraron que todo estaba en orden, pude ver el bisturí en la mano de la doctora y yo alejé mi mirada para posarla en Hermione.

-Harry…-

-Tranquila, mi amor- susurré con mi nariz pegada a la suya- Tranquila, todo está saliendo de maravilla-

Y sin dejar de mirarla, todo pasó en un suspiro. La mirada de Hermione se contrajo en algún momento y después el sonido de un fuerte llanto inundó la habitación. Abriendo nuestros ojos de par en par, me enderecé un poco para mirar el lugar de donde provenía el llanto.

Y ahí, envuelta en una simple manta mientras la doctora terminaba de observarla y limpiarla, se encontraba mi hija. Nuestra hija.

-Felicidades, es una niña-

En menos de unos segundos la tuve en mis brazos y cargándola como si fuera lo más delicado del mundo, la miré maravillado. Como algo fuera de este mundo. Como algo tan bello para poder ser real. Ya tranquila y aún cubierta de restos de sangre, mi hija era simplemente lo más increíble y hermoso que había visto jamás. A parte de su madre.

Comencé a ver borroso debido a las lágrimas.

-Jean…mi preciosa Jean-

Con lágrimas en los ojos, me agaché un poco hasta dejar a nuestra pequeña en manos de Hermione quien en cuanto la vio se deshizo en llanto y la acunó ligeramente contra su pecho.

-Hola mi amor- susurró entre llanto y sonrió abiertamente- Aquí está mami, sí- acarició su manita y una lágrima cayó en la carita de Jean- Aquí están papi y mami- me miró unos instantes antes de volver su mirada a ella- Es hermosa-

Yo solo pude verlas maravillado, incapaz de creer que aquello fuera real. Frente a mí estaban mi mujer y mi hija juntas por fin. Las dos mujeres que más amaba en el mundo. Mi familia. Y en aquél momento no podía sentirme más feliz. Más agradecido con quién me había dado éste regalo.

Más agradecido con ella. Con la mujer de mi vida y la madre de mi hija.

-Gracias, Hermione- susurré en su oído y ella volteó a mirarme- Te amo-

-Yo también te amo, Harry-

Sin poder resistirlo y con las lágrimas bajando por mis mejillas, la besé ligeramente y frente a nosotros, nuestra hija soltó un sonidito extraño y abrió un poco los ojos.

Maravillados, abrimos los ojos de par en par al mirar los suyos y contuvimos el aliento.

Eran del mismo color que los míos.


~Hermione's POV~

Dos años después

Ese sábado, el clima era simplemente perfecto.

Estábamos a principios de Agosto, y para entonces, el verano se había adueñado de todo. Sentados entre los verdes árboles y el pasto de La Madriguera en una enorme manta de picnic, todos charlábamos alegremente mientras los niños jugaban alegres por todo el jardín.

Ese día habíamos decidido tener un almuerzo al aire libre y sentada entre Luna y Fleur, los Weasley y algunos amigos de Hogwarts con sus familias como Seamus, Parvati, Dean, Neville y por supuesto Luna conformábamos un enorme círculo de pláticas amenas y suaves risas.

A lo lejos y entre todos mis sobrinos, George y Bill; mi esposo y mi hija jugaban y reían como nunca.

Harry y Jean.

Mis personas favoritas en todo el mundo. Mis dos grandes amores.

-Papi! Papi!-

Sin poder evitarlo, dejé de escuchar lo que Luna y Fleur conversaban mientras me perdía en el placer de admirarlos. Corriendo con una rapidez increíble para sus escasos dos años, Jean se deleitaba gritando la primera palabra que había salido de sus labios desde que comenzara a hablar- o intentar hablar- mientras su queridísimo papá la cargaba y daba vueltas con ella por todo el jardín.

Contuve el aliento al mirar la escena.

En brazos de su padre y riendo con una alegría contagiosa, mi pequeña Jean era simplemente hermosa. Con su piel blanca y suave, de mí había heredado el cabello castaño y algo rebelde mientras de su padre había heredado sus hermosos ojos verdes, tal como yo había soñado. Contrario a lo que había pensado, mi pequeña había resultado ser increíblemente extrovertida, risueña y también algo necia.

"Heredado de su madre", repetía Harry cada que tenía ocasión.

Y cuando se trataba de estar con Harry mi pequeña niña era extremadamente tierna y dulce, prueba fehaciente de cuanto adoraba a su padre. Su relación era simplemente maravillosa. Harry la adoraba y por supuesto, Jean lo amaba por igual.

Con él, mi pequeña siempre estaba riendo alegre y jugaba hasta cansarse, y como buen padre, Harry era extremadamente sobreprotector y cedía con ella en cualquier cosa. Entre ellos había una unión tan fuerte que se notaba incluso en sus gestos y ademanes -que por supuesto eran idénticos- y yo pasaba los mejores momentos viéndolos jugar y reír.

Por supuesto, yo adoraba a mi pequeña niñita tan independiente y testaruda. Y a mí tierno y dulce esposo que había resultado ser un excelente padre.

Después de todo, ellos dos eran las personas que más amaba en este mundo.

Sin poder evitarlo llevé mi mano a mi vientre plano y sonreí. Pronto serían tres, solo que hasta el momento ni siquiera Harry lo sabía.

-Hermione- a mí lado, la voz de Luna me distrajo- Tierra llamando a Hermione!-

Solo en aquél momento meneé la cabeza distraída y entornando los ojos, volteé a ver a mi embarazada amiga rubia que me miraba con una sonrisa burlona.

-Lo siento, Luna, estaba distraída-

-¿No me digas?- miró la escena de Jean correteando por el jardín mientras Fred y Harry intentaban atraparla- Aunque no te culpo, es un deleite verlos- sonrió con ojos brillantes.

-Así es- le dije mientras llevaba mi mano a su pancita de cuatro meses- Ya me entenderás en unos meses, radiante mamá-

-Mira quién habla- susurró Luna por lo bajo- Alguien lo volverá a ser en unos ocho meses-

-Luna! Shh!- miré a todos lados para comprobar que nadie nos escuchara- Aún no se lo he dicho a nadie!-

Con una sonrisa apenada, Luna me hizo señas para acercarme más a ella y alejándonos lo suficiente del círculo para no ser escuchadas, nos sentamos en el borde de la manta para hablar a gusto.

-¿Cuándo se lo dirás?-

-Ésta noche- contesté mientras miraba a Harry atrapar a Jean y a Fred entre sus brazos- Jean se quedará con mamá y papá, y aprovecharé para decirle-

Frente a mí, Luna alzó las cejas y me dedicó una mirada pícara.

-Y para celebrarlo como se debe ¿Verdad?-

Sin poder evitarlo, me sonrojé con fuerza y la miré con ojos desorbitados.

-Luna!-

-Ay ya no seas mojigata- bromeó y yo solté una carcajada- Sea como sea ya dile hoy, hace días que te enteraste. Como te encanta mantener el suspenso!-

Con una suave sonrisa, elevé mi mirada al claro y celeste cielo de ese día y dejé que el recuerdo de ese día me llenara.

~Flashback~

Sentadas en la sala de espera del consultorio de mi obstetra y el de Luna, con Jean en mi regazo mientras jugaba entretenida con uno de sus peluches favoritos, miré el escritorio de la recepción de nuevo mientras comenzaba a golpear el suelo repetidamente con mi pierna.

Esa mañana había ido con Luna a su cita con la doctora Parker con un motivo aparte del de acompañarla mientras Rolf trabajaba. Desde hacía días, los síntomas que había experimentado las primeras semanas de mi primer embarazo se habían hecho presentes, y decidiendo que mataría dos pájaros de un tiro, la había acompañado para hacerme una prueba de sangre ahí mismo.

A mí lado, Luna sonreía de oreja a oreja radiante y tomó mi mano para enlazarla con la suya.

-¿Te imaginas si tu también estás embarazada de nuevo?- me susurró para que Jean siguiera con lo suyo- Ay qué emoción! Estaríamos embarazadas juntas!-

-Basta Luna!- sonreí con ella, aunque no pude esconder mi emoción- No hay que hacernos ilusiones, tal vez es una falsa alarma-

Pero dentro de mí, algo me decía que no estaba equivocada y de nuevo estaba esperando un hijo de Harry. Sin poder evitarlo, abracé más a mi pequeña contra mi regazo para recibir a cambio un abrazo por parte de sus pequeños bracitos que se enredaron en mi cuello.

Besé su cabecita llena de rizos y sonreí.

Antes de que Luna me pudiera decir algo más, la suave voz de la recepcionista caminando hacia nosotros con un sobre en sus manos nos sacó de nuestras cavilaciones.

-Hermione Potter. Aquí están sus resultados-

Me levanté de mi lugar antes de que llegara a nosotras, y dejando a Jean en brazos de Luna, tomé el sobre de las manos de la recepcionista quien con una suave sonrisa se retiró para dejarnos solas. Sentada y con Jean jugueteando feliz en sus brazos, Luna me miró emocionada.

-Anda, ábrelo ya!-

-Basta Luna- dije mientras removía nerviosa el sobre en mis manos- No me presiones!-

Frente a mí, Luna entornó los ojos y finalmente y entre mis dedos resbaladizos el sello del sobre cedió hasta que pude tener el papel con el resultado en la mano. Conteniendo el aliento, leí la palabra "Positivo" y sin poder evitarlo solté un ligero gritito de alegría.

-Es...-

-Es positivo! Estoy esperando otro bebé de Harry!-

-Aahhh!- soltando aquél gritito emocionada, Luna se levantó con una sorprendida Jean en sus brazos- Qué emoción!-

Sin tener idea de que pasaba pero claramente divertida por nuestro entusiasmo, mi pequeña comenzó a reír con fuerza y uniéndose a nosotras a la celebración, comenzó a aplaudir mientras entre Luna y yo la lanzábamos al aire y soltábamos gritos de alegría.

Estaba segura que cuando conociera a su hermanito, su alegría sería la misma.

~Fin del Flashback~

-Sí, ya sé- volviendo a la realidad, miré a Luna y asentí con una sonrisa- Se lo diré ésta noche-

Esa noche en la que, tal como Luna había dicho, había planeado todo minuciosamente para celebrar la noticia como se debía. Miré a Harry y me mordí el labio inferior emocionada. Estaba ansiosa.

Aún cuando nuestras noches de amor seguían siendo igual de hermosas, intensas y apasionadas, tenía que admitir que con Jean esas noches eran ahora más cortas o escasas. Así que tener la casa para nosotros solos por una noche y todo el día de mañana me llenaba de una emoción que no podía controlar.

Maldición, aún lo deseaba como si fuera el primer día.

Antes de poder pensar en algo más y como si se hubiera dado cuenta que lo observaba, Harry se agachó lo suficiente para susurrarle algo a Jean al oído mientras los dos me miraban y yo sonreí de oreja a oreja al darme cuenta de lo que planeaban.

-Ahora ve con mamá! Corre!-

Con una enorme sonrisa y su cabello meciéndose al viento, Jean corrió hasta donde yo me encontraba y en menos de dos segundos la tuve sentada en mi regazo y con sus brazos alrededor de mi cuello.

-Mami!-

-Hola preciosa!- soltando una suave carcajada, abracé a mi pequeña con fuerza y le planté un beso en la cabecita- ¿Cómo está mi princesita traviesa?-

Como única respuesta, Jean sonrió mostrando sus pocos dientes y yo no pude evitar soltar otra carcajada. A mí lado, Luna se había acomodado de nuevo en el grupo para seguir conversando y, caminando detrás hacía nosotras con paso lento, Harry llegó hasta donde estábamos para sentarse a mí lado y plantarme un beso en los labios.

-Hola preciosa-

-Hola papá increíble- Harry sonrió de medio lado- ¿Agotado?-

-Algo- confesó mientras me plantaba otro beso y acariciaba la cabecita de Jean- Pero nada que unos minutos de reposo no arreglen-

Con las mangas de su camisa celeste arremangadas, su cabello despeinado y completamente descalzo, mi esposo presentaba un espectáculo simplemente delicioso y sin contenerme lo admiré embelesada mientras cerraba sus ojos y se dejaba caer en la manta.

Al parecer mis hormonas de embarazada estaban teniendo el mismo efecto que habían tenido en mi embarazo anterior, cuando Harry gritaba la palabra "Sexo" a cada paso que daba y solo pensaba en hacerle el amor.

Las horas que faltaban para esa noche me parecieron eternas.

-Mami!- la voz de mi pequeña me sacó de mi ensueño- Allá-

Con su dedito regordete apuntó la enorme mesa de comida que se encontraba a unos metros de nosotros y sonreí de medio lado. Mi pequeña tenía hambre y era hora de su comida.

-Vamos a comer preciosa- volteé a mirar a mi esposo quién tendido en la manta nos miraba atento- ¿Vamos, cariño?-

-Por supuesto, yo también muero de hambre-

Con una suave sonrisa y Jean en mis brazos, me levanté junto con Harry para comenzar a caminar hacia la mesa con Jean entre nosotros, quien tomada de la mano de los dos se balanceaba felizmente y sonreía alegre.

Una vez que estuvimos en la mesa los tres solos, Harry y Jean devoraron todo lo que tenían a su alcance mientras yo me deleitaba con verlos hacer las mismas expresiones al comer. Una vez satisfechos, Jean me dio un ligero besito en la mejilla y dándole otro a su papá salió disparada hacia el jardín donde sus primitos estaban sentados y jugando –por fin- tranquilamente.

Y ahí en la mesa, alejados de la vista de todos, Harry y yo nos quedamos solos.

Con una sonrisa pícara, mi marido se levantó de su lugar en la mesa y abrazándome de la cintura por detrás, colocó su barbilla en mi hombro y miramos embelesados a nuestra hija jugar y reír con los demás.

-Ay preciosa- suspiró en mi oído y me plantó un beso detrás de la oreja- Soy tan feliz, muchas gracias por todo-

Con emoción contenida al escucharlo decir aquello, sonreí abiertamente y giré en sus brazos para quedar frente a él. Con mirada soñadora, rodeé su cuello con mis brazos y lo besé ligeramente.

-Gracias a ti cariño, tú y Jean me hacen la mujer más feliz del mundo- sonrió con timidez- Y hablando de eso…-

Antes de poder decir algo más, la mirada de Harry se movió un poco hacia abajo y lo miré fruncir el ceño mientras miraba la silla a nuestro lado. Curiosa, seguí su mirada hasta toparme con mi bolsa en donde un largo pedazo de tejido de bebé en color blanco sobresalía.

Era el tejido del suetercito blanco que había comenzado a hacer en mis ratos libres para mi bebé junto con Luna. ¿Cómo rayos había quedado a la vista?

-¿Qué es esto?- curioso, Harry tomó el suetercito casi terminado en su mano y me miró con las cejas alzadas.

Maldición. ¿Qué iba a decirle para distraerlo? Tal vez sea tu oportunidad de decirle, Hermione. Me dijo mi conciencia en un susurro y por un momento me quedé callada mientras consideraba la idea y se afianzaba en mi mente.

Podría decirle ahora y celebrar de todas maneras en la noche ¿No? Nada cambiaría eso.

Entonces lo decidí. Sonriendo con fingida inocencia, miré el tejido en sus manos y mirándolo soñadora me encogí de hombros como si fuera cualquier cosa.

-Ah, eso- me volví a encoger de hombros- Luna y yo hemos estado tejiendo para distraernos en nuestro tiempo libre, y de paso hacer algo de ropita para los bebés-

Frente a mí, Harry formó un simple "Oh" con sus labios y frunciendo el ceño ligeramente, miró de nuevo el tejido en sus manos con evidente curiosidad. Conteniendo el aliento, mordí mi labio inferior mientras esperaba nerviosa a que terminara de inspeccionar mi trabajo a conciencia.

-¿Es para Jean?- lo miró de todos lados y luego a mí- Está muy pequeño para que ella lo use ¿No crees amor?-

Mordiendo mi labio inferior con más fuerza para no reír, meneé la cabeza de un lado a otro y sonreí traviesa.

-No es para Jean-

-Ah- dijo como si entendiera todo de pronto- ¿Entonces es para el bebé de Luna?-

Sin poder evitarlo, entorné los ojos y sonreí con sorna mientras miraba su mirada inocente. ¿Podría mi esposo ser más tonto y despistado?

Al parecer tendría que ser más directa, porque al paso que íbamos, mi marido no daría con la respuesta jamás.

-No- con emoción contenida, negué con la cabeza y tomé el tejido de sus manos -No es ni para Jean, ni para el bebé de Luna-

-¿Entonces?-

No contesté. Con una enorme sonrisa y mi corazón latiendo acelerado, tomé su mano entre las mías y sin dejar de mirarlo la posé en mi vientre junto con el suetercito blanco. Pareció pasar una eternidad mientras Harry bajaba su mirada hacía mi vientre y lentamente la subía de nuevo hasta mi rostro.

Entonces, abriendo sus ojos de par en par por la impresión, me miró boquiabierto y con ojos brillantes. Y aquella simple reacción fue la única que necesité para darme cuenta de que aunque inesperado, estaba extasiado.

Durante largos instantes no dijo nada. Se limitó a mirarme con expresión vacía y sin quitar la mano de mi vientre, hasta que finalmente las palabras parecieron llegar a él.

-Hermione…- susurró sin aliento- Estás…-

-¿Embarazada?- sin dejar de sonreír traviesa, planté un suave beso en sus labios- Sí mi amor, estamos esperando otro bebé. Volveremos a ser padres-

-Por Merlín! Hermione!-

Con aquél simple grito de emoción pura, Harry aventó el suetercito de nuevo a la bolsa y sin mayores preámbulos me abrazó por la cintura para cargarme en sus brazos y plantarme un largo beso que me dejó sin aliento. Con una enorme sonrisa de emoción, giró conmigo entre sus brazos y anclándome a su cuello reímos con fuerza mientras girábamos como dos niños pequeños por el jardín.

Y dejábamos que esa nueva y hermosa realidad nos llenara por completo.

-Gracias- me dijo una vez que nos detuvimos y me besó con fuerza- Gracias, gracias- me besó todo el rostro- Me haces tan feliz, mi amor- me abrazó con fuerza contra él- No sabes cuánto te lo agradezco- su mirada cambió un poco y sus brazos se volvieron acero alrededor de mi cintura- Me gustaría demostrarte lo feliz que me haces…y cuanto te amo-

Bien. Aquello abría un camino perfecto para mis planes de esa noche.

Sin poder evitarlo, solté una risita emocionada y anclando de nuevo mis brazos a su cuello, lo miré coqueta y me mordí el labio inferior.

-Pues eso se puede arreglar- Harry me miró con ceño fruncido- Jean se quedará con sus abuelos ésta noche, planeaba decírtelo hoy mismo en casa- acaricié su pecho con mi dedo índice- Así que ésta noche tendremos la casa para nosotros solos-

Con una sonrisa de medio lado, Harry alzó las cejas en un gesto de "Ya entiendo" y me pegó a él lentamente.

-¿Solos?- preguntó de manera sugestiva, mirándome con esa mirada que me causaba escalofríos de placer- ¿Toda la noche?-

Me pegué más a él para mirarlo con profundidad.

-Para hacer todo lo que quieras-

Frente a mí y sorprendido por mi sugestiva declaración que escondía la promesa de una noche de sexo desenfrenado, Harry soltó una risa ligera y me plantó otro largo beso con el que selló nuestro pacto mudo.

-Me parece perfecto, preciosa- pegó su boca a mi oído para que solo yo pudiera escucharlo- Estaré esperando ansioso todo lo que tienes planeado. Yo mismo tengo algunas ideas, todas te incluyen desnuda-

A pesar del escalofrío de placer que me provocó escuchar aquello, no pude evitar que los nervios se apoderaran de mí y echando mi cabeza hacia atrás solté una carcajada nerviosa para abrazarlo con más fuerza.

Mi Harry. Tan dulce y tierno pero increíblemente seductor y posesivo a la vez. Aquellas dos facetas tan opuestas como increíbles y que se complementaban tan bien en él.

Por eso lo amaba y lo amaría siempre.

Pero sobre todo, lo amaría siempre porque él me amaba. De manera incondicional.

Durante largo rato, nos limitamos a quedarnos abrazados mientras mirábamos a nuestra pequeña Jean jugar divertida por todo el jardín, absorbiendo aquella felicidad y dejando que nos llenara sin necesidad de rellenar los momentos con palabras innecesarias.

Pero entonces tuve la necesidad de decirle algo.

Algo que llevaba guardado en mi pecho durante mucho tiempo, y que necesitaba que él supiera.

Lentamente, subí la mirada para observar su hermoso perfil mientras me perdía en admirarlo. Lo amaba tanto. Tanto que me agobiaba, tanto que me dolía, tanto que me parecía imposible sentir lo que sentía, tanto que jamás podría agradecerle lo feliz que me hacía.

En algún momento Harry se dio cuenta de mi escrutinio y bajando su mirada para encontrarse con la mía, me abrazó con más fuerza por la cintura y su mirada se volvió suave. Tal vez como respuesta a lo que interpretaba de la mía.

-¿Qué pasa, preciosa?-

Llevó su mano a mi mejilla y me miró con ternura, tal vez percatándose de las lágrimas que amenazaban por salir de mis ojos. Lágrimas de felicidad.

Entonces lo dije. Lo único que quería decirle, lo poco que podía decirle para demostrarle lo que sentía.

-Gracias, Harry Potter- dije en un susurro, y él abrió sus ojos de par en par- Gracias por salvarme de mí misma, gracias por ser el padre de mis hijos, gracias por amarme tanto- para entonces, las lágrimas rodaban por mis mejillas -Gracias por ser el amor de mi vida-

Durante unos instantes Harry se limitó a mirarme con aliento contenido, procesando las palabras que le había dicho. Con ojos brillantes, tomó una larga bocanada de aire y llevó sus manos a mis mejillas para limpiar las lágrimas que no dejaban de caer.

Entonces habló. Una frase simple pero que me decía todo.

-Te amo, Hermione Granger- pegó su frente a la mía -Y te amaré por siempre-

-¿Hasta el día que muera?-

-No, Hermione- negó con la cabeza -Aún después de eso…aún después-

Como única respuesta solo atiné a besarlo con fuerza mientras nos perdíamos en un largo abrazo y las lágrimas rodaban por mis mejillas.

Y entonces supe que al igual que yo, él me amaba y me amaría siempre. Que esa era nuestra realidad, y que a pesar de todo lo que había pasado, seríamos felices.

Porque ese era nuestro destino.


Ahora sí! Finito! Con esta segunda parte con la que su autora ha quedado satisfecha, espero que pase lo mismo para ustedes mis lectores! No era capaz de terminar esta historia sin mostrar un poquito más de la vida de Harry y Herms después del final en la playa, y creo que al final me emocioné tanto que terminé poniendo mucho más de lo que esperábamos!

Y si, por supuesto, el segundo bebé de Harry y Herms fue un bello varoncito tal vez pelirrojo al que decidieron ponerle Ron. ¿Por qué no? Los dejo a su criterio mis queridos lectores!

Después de un año y medio de escribir, por fin esta historia ha llegado a su fin con la que simplemente quise calmar una frustración mía debido al final original que para mí fue algo deprimente.

Para mí, Harry y Hermione eran y son perfectos el uno para el otro y con esta historia en la que efectivamente terminan juntos y felices espero haber transmitido mi visión de las cosas.

Por supuesto, muchas gracias por haberme leído, agregado a favoritos y dejarme reviews! Y por alentarme a seguir con la historia! Espero verlos en alguna otra historia Harmony o de cualquier otro género de HP que me anime a escribir!

Fer Higurashi.