SUPERNATURAL: WINCHESTER BUNCH

Adam: 13 años

Sam: 16 años

Dean: 20 años.

- ¿Papá?

- Olvídalo Sam. (Ahora no quería hablar con el muchacho de cuestiones paternales) Vamos a desayunar, tenemos muchas cosas que hacer.

- Si, señor.

El desayuno fue muy quieto. John no entendía a Adam. Se suponía que estaba triste por la perdida de Eve. Y en vez de triste se comportaba como un mocoso malcriado. Adam era un chico de modales exquisitos. Kate siempre estaba tan orgullosa de él. Era listo, de buen corazón y jamás se le tenía que repetir las cosas dos veces. Y John cuando estaba con ellos, siempre se quedaba fascinado de los buenos modales que tenía. Dean y Sam tenían buena maneras, pero era más bien al estilo militar. Respetaban a sus mayores y obedecían órdenes. John comenzaba a cuestionarse si había algo que no estuviera haciendo bien. Un chico no puede cambiar tanto en tan poco tiempo. Claro que había perdido a su madre y a su hermana y había vivido una experiencia muy traumática. Pero ¡colgarle! Y esa manera tan irrespetuosa de hablar. Ahora que Dean había dejado de comportarse como el rey del mundo y que Sam parecía calmarse también, llegaba Adam, con lo peor de Dean y de Sam y mucho de propia cosecha. John no se veía con fuerzas para lidiar con los cambios de la adolescencia por 5 o 6 años más. John se comía los huevos revueltos intentando alejar esos negros pensamientos y concentrarse en lo que les había llevado hasta allí.

- En cuanto tengas la localización, me llamas. Iremos y salaremos y quemaremos los huesos.

- Si, señor.

- A ver si podemos regresar antes del jueves.

- ¿creí que dijiste que volveríamos el jueves por la mañana?

- Si, pero si nos damos prisa y si no nos encantamos, quizás podemos regresar el miércoles al mediodía. ¿No te gustaría eso?

- Si, claro (Sam sabía perfectamente que esa repentina prisa por acabar el trabajo tenía mucho que ver con la llamada de antes). Papá, ¿Cuándo mamá murió Dean estuvo…estuvo difícil, no sé, diferente?

- Tu hermano estuvo varios meses sin a penas hablar. Ya sabes lo alegre que es tu hermano ¿no? (Sam asintió con una sonrisa en la cara. No se imaginaba a su hermano callado, no sin comida o la lengua de una chica en la boca). Solo lo había visto tan calladito cuando había estado con fiebre. Aquello me rompía el corazón No sabes que peso se me quitó de encima cuando volví a oír su risa socarrona.

- Quizás esa sea la manera de Adam de mostrar el dolor por su perdida, ya sabes, con ese cambio de actitud (John se quedó mirándolo fijamente a Sam).

- Quizás (le respondió desanimado y volviendo a la comida que había en su plato).

- Seguro, que podremos acabar antes de lo que pensábamos, ¡ya verás! No hay nadie mejor que yo cuando se trata de libros y documentación (sonriéndole e intentando animar a su padre) Por algo Dean me llama bookworm . Bueno aparte de para meterse conmigo, claro (John no pudo hacer otra cosa que reírse al ver la cara de resignación de Sam).

- jejeje muy bien bookworm, acábate ese desayuno de campeón y te dejo para que me maravilles con tu labor de investigación.

- Ya acabé, no tengo más hambre.

- Buen intento (sonriéndole), acábate todo lo del plato (esta vez el tono de John aunque aun era afable no dejaba lugar a discusión).

- ¿el bacón también? (poniendo una mueca)

- el bacón también, no habértelo pedido.

- es que todos venían con bacón.

- Sammy (respirando hondo)

- Que no pasa nada, yo me lo como, ves (metiéndose un buen trozo de bacón en la boca) Solo es que (John levantó al ceja y lo miró fijamente y le sonrió). Pero después no pilles todas las curvas en la furgoneta ¿vale? Que conste que yo te he avisado.

- Lo tendré en cuenta, (viendo que Sam había metido la directa y estaba comiendo al estilo Dean) Samuel, Mastica bien.

- si, señor (casi atragantándose, así que tuvo que dar un trago largo a la leche).

Sam se puso con todos los sentidos en búsqueda de los planos y registros donde pudiera encontrar la ubicación del cementerio extramuros, donde se enterraban a los malditos, los condenados a muerte, suicidas y desconocidos. Afortunadamente, la cara de niño y esos ojitos le abrían muchas puertas. Sobretodo cuando se trataba de adorables bibliotecarias solteronas ya mayores con varios gatos como mascota. O de la secretaria del teniente de alcalde, que tenía un par de chicos de la edad de Sam pero que en vez de estudiar se pasaban, el día, enganchados a la tele y la videoconsola. Si Dean era un imán para las nenas, Sam era un imán para las mamás y las abuelas.

John hizo un estudio completo de la casa, como Jeff le había dicho la actividad paranormal se daba sobretodo en el salón y en el estudio. John hizo unos cuantos agujeros en al pared e introdujo unos saquitos para quitar fuerza a los espíritus que habitaban la casa. También dijo unos cuantos conjuros de protección y dijo la oración de san Jorge un par de veces en voz alta, y dejó esparcidas por todas las estancias de la casa flores de Malvas y Salvia. Les pidió a Jeff y a su familia que se tomaran la noche libre, que esa noche tenían pensado hacer la "limpieza" general de la casa. Y ellos le dejaron las llaves y decidieron ir a cenar a casa de unos buenos amigos que también tenían dos hijos que iban a la misma clase que su hija. Sabían que ese tipo de cenas se prorrogaban hasta altas horas de la madrugada.

El cementerio de los sin nombre, estaba ubicado a 12 millas del centro del pueblo, justo a la salida actual del pueblo. Según los mapas, estaba un poco antes de lo ahora era una especie de vertedero municipal. Aquello era perfecto, un sitio poco concurrido, donde podrían tranquilamente salar y quemar los restos de los 17 suicidas. No les fue difícil encontrarlo y efectivamente aquello estaba abandonadísimo. Eran las tres de la tarde cuando acabaron de salar y quemar el último de los suicidas. John estaba tan orgulloso de Sam y contento porque aquello estaba yendo tan bien. Sin discusiones, sin contratiempos, sin distracciones. Estaban siguiendo el protocolo al pie de la letra. Y todo estaba saliendo a las mil maravillas. Sam y él hacían finalmente un buen equipo. John pensó si no debió insistir más a Sam para que les acompañara a más salidas. En vez de intentar excusarlo de ir, y dejándolo en casa o en el motel, siempre que se podía y como venían haciendo Dean y él, desde que entrara en la fase anti-sobrenatural. Y anti-John.

- Qué te parece si comemos algo y nos preparamos para la limpieza ¿ok? (Sam asintió) Hoy has trabajado muy bien, quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti (Sam puso una mueca pero volvió a asentir). Si sigues así, puede que me replantee dar por saldado tu castigo (John dijo como quien dice hace falta comprar leche).

- ¿En serio? (A Sam se le iluminaron los ojos)

- Si, me estás demostrando que has madurado y que puedo volver a confiar en ti. Pero no te emociones tan pronto, he dicho si sigues así me lo replantearé, no hay nada en firme aun.

- Si, señor (pero sin poder borrar la sonrisa de la cara).

La alegría inicial de que se le levantara el castigo. Pronto se esfumó durante la comida Sam y su manía de analizarlo todo hasta el infinito. Hizo que esa alegría pasara a cierto sentimiento de pena. ¿Porque la única forma de acontentar a su padre era con la caza? Porque no podía sentirse orgulloso y contento por sus méritos académicos o por portarse como un buen samaritano. Cualquier padre estaría henchido de orgullo de tener un hijo que fuera el primero de su clase, que se preocupara por los demás, por el medio ambiente y por la lucha de las injusticias. Pero John, no, para John solo importaba lo bueno que fueras cazando y obedeciendo ordenes. Sam se recreó un buen rato en pensamientos tristes y deprimentes mientras fingía estar concentrado en las noticias de la televisión.

John por su parte no estaba tampoco muy centrado. Su cabeza en esos precisos momentos estaba lejos de ahí, No paraba de darle vueltas al hecho que Adam le hubiera colgado el teléfono. Quizás haberse ido tan temprano de caza había sido una cagada monumental. Pero tarde o temprano tendría que retomar sus obligaciones. John comprendía el dolor de Adam, él mismo estaba tan lleno de dolor que la única razón por la cual no se volaba la tapa de los sesos ahí mismo era que sus chicos lo necesitaban y que había hecho la promesa solemne de encontrar aquello que se había llevado a su Mary y acabar con él para siempre. Adam y Eve eso era lo único que ocupaba los pensamientos de John cuando no estaba concentrado en la caza. Eve ya no estaba, no estaría más, no tendría su primer beso, su primer baile, su fiesta de graduación, su primera ruptura sentimental, su boda, hijos. Ninguna de esas cosas que todo padre piensa que podrá ver de su hija. Nada, Eve ahora solo era un recuerdo. La amargura le llenó los ojos, el corazón y la boca, arruinando así su apetito. Y Adam. Adam volvía a su pensamiento otra vez. Aquel comportamiento no era propio del muchacho. Si había demostrado ser un poco mimado, bastante impulsivo y muy cabezota. Pero Adam jamás se había mostrado irrespetuoso con sus mayores, y mucho menos con desconocidos. Sam podía tener razón, quizás esa era la forma de Adam de mostrar su dolor. Y si así fuera como debía enfrentarse a eso. Cuando Dean perdió a su madre Dean era muy pequeño, solo estaba muy triste, lloraba y a veces de noche llamaba a Mary para que lo achuchara hasta que volviese a quedarse dormidito. Le llevó meses hacerse a la idea a que su madre no volvería jamás. Y que a partir de entonces ya solo serían ellos 3. Había tristeza en los ojos de Dean, no odio ni rabia como en los ojos de Adam. John reconocía esa mirada, y no le gustaba, era su propia mirada. Claro que había tristeza, pero John solo pensaba en la venganza, en acabar con todo aquello que le había robado todo lo bueno y bonito de su vida. Su felicidad, su amor, su familia, su vida. John odiaba más que Sam, si cabía, lo sobrenatural, pero su odio no era nada comparado con su determinación de proteger a su familia y no permitir que nada malo les pasara. Nunca más, nunca más algo así, les pasaría. Pero justo les había acabado de volver a pasar. Una vez más la desgracia les había alcanzado y había vuelto a ser algo sobrenatural. Quizás por eso John había aceptado ese trabajito, aunque no fuera gran cosa. John odiaba lo sobrenatural y quería acabar con todo aquello que fuera sobrenatural. Era su obsesión. Sam, odiaba lo sobrenatural y quería huir de todo aquello que fuera sobrenatural. Y Dean era él único de los tres que hacía aquello porque realmente creía que así ayudaba a los demás, y por eso le gustaba, porque así protegía a su familia y a otras familias. Nada le hacía más feliz que saber que cada bastardo que se cargaban significaba que otra familia más continuaba feliz y segura.