SUPERNATURAL: WINCHESTER BUNCH
Adam: 13 años
Sam: 16 años
Dean: 20 años.
- Solo tiene 13 años, es un niño (John pensó en voz alta, apartando el plato del delante).
- ¿papá? (Sam salió de su ensimismamiento)
- Dean, ¡o incluso tú!, erais mucho más maduros que él cuando teníais su edad.
- Si algo le hubiera pasado a Dean no creo que lo hubiera llevado tan bien como lo está llevando Adam. Papá, acabemos con este trabajo y volvamos a casa (apartando también su plato).
- Tienes razón, Acábate eso, y vamos para casa de Jeff, hemos de acabar de prepararlo todo. Jeff dice que las cosas empiezan a moverse sobre las siete. Nos quedan unas tres horas (mirándose el reloj) para prepararnos. Mientras tú acabas yo llamaré a Bobby a ver si ha podido traducir aquello del Bhao Khandan.
- No tengo, más hambre (dejando la servilleta encima la mesa y empezándose a levantar).
- Estás creciendo, acábatelo. Vamos, tenemos tiempo.
- ¿Qué perra te ha dado ahora con que coma? (Sam dijo irritado sin darse cuenta con quién estaba hablando. Tanto momento paternal le debía haber mareado. John solo tuvo que mirarlo fijamente para meter el miedo en el cuerpo al muchacho). Lo siento, señor (volviendo a acercarse el plato y agarrando el tenedor de nuevo)
- ¿No querrás desmayarte en medio de un conjuro? (Sam pensó, por supuesto eso es lo único que le preocupa que me desmaye y le fastidie el trabajito) Además estás creciendo, necesitas comer. ¡Alimento para el cuerpo y la mente! (sonriéndole mientras John ponía la voz de un antiguo locutor de radio. Sam sonrió, pocas veces su padre hacía imitaciones, eso le gustaba, le hacía sentir como si John fuera un padre normal y corriente. De repente el teléfono de Sam sonó. Sam nervioso corrió a contestar, sin hacer caso a los protocolos que John les había enseñado a él y a Dean)
- ¿Si?, Hola Rebbeca (Sam resplandecía), si, ¿los has vistos? (Sam le indicó con su padre que salía para hablar con el teléfono, pero John con el dedo le indicó que volviera a sentarse. Después de intentar la mirada de cachorrito abandonado sin éxito, finalmente se sentó). Si, yo también. Mucho. Claro. Si, yo también. No sé. Por ahora no. ¿Eh? ¡Estás de broma! ¡No, te creo! ¿En serio?. ¡Eso es genial! Ya, yo también. (John comenzaba a irritarse mucho, cuando les dio los teléfonos a sus hijos se suponía que debía ser solo para emergencias o cosas serias, no para flirtear con chicas. ¿En qué momento Sam se había convertido en Dean? La última que revisó, Sam no estaba interesado en las chicas, solo en los libros ¿no? 16 años. Sam puso otra mueca, Sam estaba creciendo, no solo físicamente, estaba haciéndose mayor. Ahora ya incluso tonteaba con chicas. Quizás era hora que tuviera "la otra charla" con Sam. John les había hablado del sexo seguro, pero Sam era aun un crío, cuando Dean empezó con las chicas. Dean fue muy adelantado. Así que no había tenido la charla de las relaciones. Ellos podían salir con chicas, pero debían de saber, que llegado el momento deberían irse dejándolas atrás. Esa no iba a ser una agradable charla padre e hijo) Claro, se lo diré. ¿si? No, no te creo. Jajajaja Si, me gustó. Mucho (¿Sam estaba poniendo ojitos de borreguito y vocecitas? John no podía creérselo). OK, ahora tengo que colgar, Ya sabes, trabajo (John se puso serio. Se suponía que no debían contar a nadie a que se dedicaban) si, yo también. Si, no puedo decirlo, hay gente, (mirando a su padre) venga Rebbeca, por favor, ok, yo también. Ok, ok, te echo de menos. Si, si. Jajaja. Ok. te quiero, un beso. Adiós (colgó rápido. Sam estaba rojo como un tomate, acababa de decirle a una chica te quiero delante de su padre. Bebió un poco de agua y disimuladamente miró a su padre. O, John, no se veía tan alegre como hacía unos minutos, definitivamente, nada alegre).
- Dame el teléfono (John le dijo en un tono muy regio y alargándole la mano).
- papaaaa (empezó Sam pero John le paró en el acto)
- ¡Ahora Samuel! (Sam le entregó el teléfono preocupado. Efectivamente John empezó a mirar el registro de llamadas y los mensajes)
- ¡Papá, eso es personal! (Sam alzó un poquitín la voz)
- Este teléfono, lo pagó yo, es mío (Sam pensó en decirle con tarjetas de crédito falsas, ero se lo calló). Todo lo que hay en él es mío. Y se supone que solo debes de utilizar para cosas serias, no para jugar al Romeo con esa…Rebbeca (Sam estaba ahora furioso ahora, no le gustaba como había dicho Rebbeca como si fuera una fresca) ¿Estos es lo que has estado haciendo desde que llegáramos? ¿Escribirte obscenidades con esa chica? Creí que tu tenías más cabeza que tu hermano, ¡Está claro que no! (John estaba ahora en un mensajito realmente caliente) Cuando lleguemos a casa, ya restringiré las llamadas, para que solo puedas usar el teléfono para lo que te lo di (John dijo mortalmente serio) . Y tú y yo hablaremos de un par de cositas, y me explicarás en que maldito momento te dio tiempo a…hacer esas amistades. (Sam tragó saliva, Dejó de estar cabreado por la intromisión de John y empezó a estar un poco asustado, no había manera de explicarle como había conocido a Rebecca y había empezado a salir con ella, sin ponerse una soga en su propio cuello) Esto es algo que me hubiera podido esperar de tu hermano, ¿pero de ti? Esperaba más de ti Samuel.
- ¿En serio? ¿Qué esperabas? Que me mantuviera célibe para el resto de mi vida? (dijo en un tono muy calmado. Sam no sabia que narices se le había cruzado para decirle eso a su padre) Ni siquiera tú, conseguiste mantener tu bragueta cerrada por mucho tiempo, ahí está Adam ¿no?, ¿y quién sabe cuantos más para demostrárnoslo?.
- ¡Samuel John Winchester! (John alzó la voz y golpeó con el puño cerrado la mesa, haciendo bambolear todo lo que había sobre la mesa. Toda la gente de la cafetería se giró y les miraron).
- Lo siento, no quise decir eso (Sam aterrizó de golpe en el mundo real. Acababa de gritarle todas esas cosas a su padre en medio de la cafetería. Sam tragó saliva y creyó que se mearía encima del miedo cuando miró los ojos grises llenos de furia de John) papá, yo...
- Agarra tus cosas, nos vamos (dejando un puñado de billetes sobre la mesa. Sam se quedó paralizado del miedo).
- ¿Qué pasa muchacho, no me has oído? He dicho que agarres tus cosas que nos vamos (marcando cada silaba como si estuviera mascando vigas de acero)
- si, si, señor (John conseguiría amedrentar a un oso Grizzly con aquella pose. Sam agarró la chaqueta y se levantó. John lo agarró por la nuca fuertemente y lo hizo salir por la puerta bajo la mirada de todos los clientes y camareras de la cafetería).
- ¡SUBE! (rugió John, si las miradas matasen, Sam estaría muerto incluso para el Dalai Lama. Sam obedeció y subió a la furgoneta. John subió después de él y cerro de un tremendo portazo) No sé que narices te ha pasado ahí dentro. Pero déjame que te deje una cosa clara hijo. Ningún hijo mío me hablará de la manera que me acabas de hablar. Soy tu padre, Samuel, no uno de tus amiguitos (como si tuviera amigos, pensó Sam), me debes un respeto, jovencito (oh no, acaba de decir jovencito, eso nunca es bueno, Sam, veía peligrar su integridad física, para ser más exactos, de una parte de su anatomía en concreto).
- Lo siento papá, no sabía lo que decía.
- ¿Qué no sabías lo que decías? ¡Qué no sabías lo que decías! ¡Samuel tienes 16 años no 3 añitos! (John estaba gritándole de nuevo) ¡Sabías perfectamente lo que estabas diciendo y a quién se lo estabas diciendo!
- No pensé.
- De eso estoy seguro, muchacho. No pensaste. Pero ya no eres un niño, Samuel, si tienes edad para esas cosas (refiriéndose a Rebbeca) tienes edad para saber guardarte tus opiniones para ti mismo. Sobretodo cuando nadie te ha pedido tu opinión y cuando lo haces de una forma tan insolente y ofensiva como lo has hecho ahí en la cafetería. ¡MALDITA SEA, SAMUEL! EN MEDIO DE LA CAFETERÍA. ¡Como un maldito Niño de 3 años en plena pataleta! ¡Tienes suerte de no ser un maldito mocoso, porque te hubiera puesto sobre mis rodillas ahí mismo y dado unas buenas nalgadas para enseñarte un poco de respeto y buenas maneras! (Sam se sorprendió que su padre no lo viera como un mocoso).
- Lo siento (agachando la cabeza y sonando realmente arrepentido)
- Eso ya lo has dicho. Si vuelves alguna vez a hablarme así, en público o a solas, te juro que no lo dudaré y que haré lo que cualquier padre haría ante una pataleta de un mocoso malhablado.
- No volverá a pasar, señor (Sam sonaba como si fuera a romper a llorar en cualquier momento).
- Más vale que no. Sino el culo de tu hermano no será él único que tenga una charla de tú a tú con mi cinturón. ¿Estamos? (John había bajado el tono, pero seguía sonando cabreado)
- Si, señor (bajando aun más la mirada).
- Muy bien, ahora vamos para casa de Jeff, ¡quiero salir ya de este maldito pueblo!
- si, señor (y el teléfono de Sam volvió a sonar. John gruñó. Sam no se atrevió a contestar. Pero al cabo de unos segundos volvió a sonar).
- Contéstale y dile que ahora no puedes hablar, después la llamarás.
- ¿señor?
- No puedes pasar así de una chica, ellas, son diferentes, hay que tratarlas bien (apaciguándose y mirando a la carretera). No importa lo que te haya dicho Dean. Si la chica te importa lo más mínimo, debes de tener la mayor consideración para con ella (Sam miraba a su padre como si fuera un alienígena. ¿John Winchester le estaba dando un consejo de cómo tratar a las chicas?).¡Muchacho, contéstale y deja de mirarme como si tuviera 3 cabezas (Sam obedeció sin dejar de mirar a su padre, flipando aun).
- Hola Rebbeca, si, lo siento, ahora no puedo hablar, te llamó cuando pueda, si, claro. Vale, si. Yo también. Hasta luego (Sam tímidamente colgó y puso el teléfono en modo vibración. De repente se hizo un silencio muy incómodo en la furgoneta).
