Hola perdon por no haberme presentado el capítulo anterior pero es que soy nueva aquí y todavía no conozco mucho este foro. Este es mi segundo fic y espero que les guste, sinceramente los capitulos son demasiado extensos (espero no aburrirlos jejeje, de todos modos gracias a las personas que amablemente han leído esta historia y me han mandado reviews. Quiero aclarar que esta historia será contada desde dos puntos de vista muy diferentes, es decir, que Kagome contará un capítulo e Inuyasha relatara otro. OK aquí les dejo el capítulo 2 que le corresponde a Inuyasha:
CAPÍTULO 2: Una búsqueda invisible…
¿Qué es la vida? Han sido incontables las veces que me he cuestionado esto y nunca obtengo una respuesta. Desde que tengo uso de razón mi existencia ha sido un fastidio, aburrida, sin sentido, sin propósito alguno… vivir por vivir… eso es lo que pienso, sólo tengo que esperar el momento en que eso que todos llaman "vida" desaparezca totalmente con mi muerte…
Mi nombre… a decir verdad no es importante para nadie ni siquiera para mí, porque no significa nada. Aún así mis padres deshicieron nombrarme Inuyasha…, sí, ese es mi nombre Inuyasha Kurosaki, tengo 16 años y soy el menor de dos hijos. Sinceramente me aburre hablar sobre mi familia porque no tienen nada en particular; es increíble para muchos que a pesar de que tengo unos padres que me aprecian y se preocupan por mí y que no carecemos de ninguna necesidad económica yo sea una persona tan solitaria e infeliz. Hasta el momento no ha llegado a mi vida algo que pueda llenar el vacío que yo siento en mi interior; por años he tratado de encontrar esa parte de mi ser que tanta falta me hace pero ya no, me he dado por vencido, ya no me importa lo que pueda pasar a mi alrededor. Mis padres me dicen que no entienden por qué me he vuelto tan inhumano, en una persona que no siente compasión, piedad, tristeza, dolor o amor…, ni siquiera yo mismo puedo responderme a esa pregunta ¿En qué momento mi esencia me abandonó? No lo sé, ahora sólo me limito a vivir como cualquier persona de mi edad, ir a la Escuela, estudiar, practicar deporte…, etc.
Yo nací en el sur de Japón en Okinawa, pero desde que tenía cinco años he vivido en Italia. En ese país fue donde mi padre decidió vivir después de que yo naciera. Como ya lo había mencionado antes, mi familia no es de aquellas que sobresalgan de las demás por ser la mejor. El oficio de mi padre consiste en la compra y venta de instrumentos musicales de todo tipo, desde los clásicos hasta los más contemporáneos. Mi madre por el contrario sólo se dedica al hogar y a cuidar de mi y de mi padre, también hubo una temporada en que procuró a mi hermano mayor, aunque a decir verdad él no es su hijo, ya que él fue fruto del primer matrimonio de mi padre…
Mi hermano mayor se llama Sesshomaru y es un tipo osco, pedante, engreído y presumido, siempre ha sido así, le gusta ser siempre el mejor en todo y nunca tolera perder, para muchas chicas es el hombre perfecto porque según ellas "tiene una gran personalidad" ¡Qué ingenuas¡No se que le pueden ver! sólo es un sujeto alto de pelo largo y negro que le llega a la cintura, y para colmo nos parecemos en tres cosas… una es el color de piel morena clara, la segunda es el carácter agresivo y la tercera y más evidente el color de ojos… ¡Miel! casi tirándole a amarillo, aún sigo preguntándome ¿Por qué mi familia cuenta con esa característica? No lo sé pero si pudiera borrar esa evidencia en mi cuerpo que me asemeja físicamente a mi querido hermano la cambiaría hasta por mi propia vida…
Después de que mi padre enviudara conoció a mi madre y se casaron…, por lo tanto es lógico pensar que dadas las circunstancias yo no me lleve bien con mi medio hermano o mejor dicho no nos soportamos en absoluto. El odio es mutuo entre hermanos. Cuando yo nací Sesshomaru ya tenía 12 años y siempre me ha guardado rencor por que según él yo soy el consentido de papá, así que después de 7 años de mi nacimiento decidió irse de la casa porque no soportaba la presencia de mi madre y mucho menos la mía. Es comprensible que él rechazara a mi mamá por creer que estaba suplantando un lugar que no le correspondía, aún así mi madre nunca lo trató mal y siempre le tuvo mucha paciencia y mucho cariño cada vez que Sesshomaru se mostraba grosero con ella, por eso es que yo también comencé a odiarlo, por la forma en cómo la trataba y desde ahí nuestros problemas comenzaron…
Siempre peleábamos y discutíamos de todo, nuestros golpes iban totalmente a los extremos porque en varias ocasiones pudimos habernos matado. A él no le importaba si yo tenía sólo 7 años y el 19, me consideraba como un simple insecto que ansiaba pisotear cuanto antes, este siempre fue el principal problema de mis padres porque ya no sabían cómo controlarnos debido a que los dos teníamos el mismo carácter explosivo y agresivo, nunca pudimos permanecer quietos en el mismo lugar y yo lo odiaba cada día más, cada vez que veía su horrible rostro todos los días y escuchaba su repulsiva voz, independientemente de los golpes y disputas. Afortunadamente Sesshomaru tuvo la sensatez de largarse de la casa y no volver jamás, y con esto quiero decir que se distanció totalmente de la familia porque nunca volví a saber de él, ni siquiera mi propio padre…
Con todo esto es muy comprensible que mi vida sea un total fracaso…, siempre he tenido problemas de conducta por mi carácter tan explosivo, y ese fue otro "problemita" para mis amados progenitores porque constantemente me tenían que cambiar de Escuela (para ser sinceros creo que las recorrí todas), pero como mi nombre ya era reconocido en todo lo ancho y largo del país en muchas de ellas ya no me aceptaban por todos los escándalos que provocaba…, por eso es que mi madre sugirió que regresara a mi país natal y culminara por lo menos la preparatoria en alguna Escuela de ahí. Esta idea no le pareció tan mala a mi padre, aceptó y de inmediato me dirigí a este país…
Sinceramente estar en un país u otro no me importaba en lo absoluto, me daba igual así que tampoco me opuse a la idea. Mis padres arreglaron todo lo necesario, Escuela, viaje, gastos y la casa donde viviría, yo hubiera preferido un departamento pero ellos se opusieron y me pidieron que me instalara en su antiguo hogar…
Mi viaje fue muy pesado, fueron muchísimas horas de Italia a Japón y cuando por fin pude instalarme en la nueva casa llegué totalmente rendido y lo único en que pensé fue en recostarme en la primera cama que vi.
Al día siguiente de mi llegada no me di cuenta del tiempo y cuando me fije en la hora ya eran las tres de la tarde. Con pereza y desgane me levanté y me dirigí al balcón de la recamara en la que inconscientemente ya me había instalado. Abrí la puerta corrediza y al instante un freso aire invadió la habitación meciendo las delgadas cortinas de color blanco a un ritmo fino y elegante, al mismo tiempo que sus delicadas ondulaciones atraparon totalmente mi atención. No se cuanto tiempo permanecí así, pero no me importó, por lo menos había recibido una bienvenida afectuosa por parte de este país al cual casi no conocía.
Los días trascurrieron y sólo me dedique a instalarme completamente en aquella mansión y digo mansión porque en realidad era muy grande, demasiado a mi parecer, tenía sirvientes que amablemente me atendían a todo lo que yo quisiera pero de los cuales nunca encontraba ningún tipo de compañía ya que nuestro trato sólo era de amo y sirviente, nada mas.
A las tres semanas de mi llegada a Japón ya me encontraba en camino a mi nueva Escuela… en una mañana veraniega sin nada en especial. Mi andar era como siempre, cotidiano, aburrido, fastidioso sin esperanza alguna en encontrar en aquel lugar ese vació que tanto anhelaba llenar.
Las calles comenzaron a parecerme más cortas a medida que yo avanzaba, miraba a uno y otro lado de la acera y podía observar a varios estudiantes con el mismo uniforme que yo, se veían contentos… no se por qué.
A los pocos minutos ya estaba dentro del Instituto, mi trayecto era recto, sin distracciones, siempre mirando al frente e ignorando las miradas y los cuchicheos de los demás alumnos. Me dirigí a mi nuevo salón desganado y totalmente despreocupado, comencé a ascender por las escaleras hasta llegar al segundo piso y encontrar mi aula, y así fue como el tiempo pasó más rápido de lo normal y yo ya me encontraba en el umbral de la puerta. Obviamente no puede ignorar las miradas fervientes y curiosas de los sujetos con los cuales compartiría el salón de clases, y digo sujetos porque eso es lo que son para mi y nada más. Personas que no tenían nada en especial y eran aburridas igual que en las muchas Escuelas en las que había estado…, yo no encontraba ninguna diferencia entre este salón y los anteriores. Así que con total pereza entré y avancé hacia una butaca que se encontraba solitaria al final del salón aún lado de la ventana, ni siquiera me preocupé en que ese lugar ya estuviera ocupado, simplemente me gustó y me senté…
-Disculpa… ese lugar es mío...
Me dijo tímidamente un tipo de cabello corto y semblante estúpido.
-Búscate otro… este es mío…
Le contesté con indiferencia. Aquel muchacho se intimidó con mi actitud, recogió sus cosas y se alejó de mí sentándose al otro extremo del salón y hasta adelante como si yo lo estuviera persiguiendo.
-Idiota…
La verdad me desesperaban las personas tímidas y tontas que se dejaban amedrentar por cualquiera. No se hicieron esperar los murmullos de las chicas que se encontraban a mí alrededor mirándome con semblante reprobatorio.
Para mi esto era de lo más normal pues siempre era lo mismo en cada Escuela nueva que pisaba así que un salón más un salón menos daba igual. Subí mis pies a la mesa los crucé y comencé a balancearme en la silla con mis manos en la nuca con total despreocupación, preferí cerrar mis ojos para evitar de alguna manera a los curiosos. La campana sonó y de inmediato mis compañeros se apresuraron a sentarse y recibir al maestro…, yo en cambio, seguí en la misma postura y ni siquiera me levanté cuando el profesor llegó…
-¡Buenos días a todos!
-Buenos días profesor…
-Pueden sentarse… jóvenes.
El sujeto ese (el profesor) era de estatura baja y complexión rechoncha, llevaba en su cabeza un horrible bisoñé negro el cual desde luego ni siquiera tuvo la molestia de acomodarlo porque estaba totalmente fuera de lugar. Su traje era negro, mal planchado y lustrado con una camisa blanca desabotona del cuello que era más que evidente que no le quedaba y sólo era sostenida por una corbata mal hecha y horrenda de color vino¡Qué tipo tan deprimente…!
-Primero que nada quiero darles la bienvenida a este su nuevo ciclo escolar…
Y ahí va…, típico sermón de inicio de clases en donde los maestros me prometen mucho y tratan de elevar mi autoestima¡Que asco! mejor opté por mirar a través de la ventana que no tenía nada en especial pero era mucho más importante que estar escuchando la aburrida oratoria de mi profesor.
-Joven… joven…
-Te hablan a ti…
Me dijo un chico que se sentaba aún lado de mí. Yo lo miré con desprecio por atreverse a tocarme y de inmediato alejé su mano de mi brazo con repudio.
-Joven… ¿Puso atención a todo lo que dije?
Preguntó el maestro con semblante molesto.
-No, no me interesa…
Le contesté como si nada y con todo el cinismo del mundo.
-Usted es el nuevo estudiante… ¿Podría presentarse ante la clase?
-No quiero, me importa muy poco si mis compañeros saben quien soy…
-¡Pero que falta de respeto¿Cuál es nombre?
-¿Va a castigarme?
Pregunté con una leve sonrisa en mi rostro mientras me seguía meciendo en mi silla una y otra vez…
-¡Hágame el favor de sentarse correctamente!
-No puedo estoy muy cómodo…
-¡Insolente¡¡Salga del salón ahora mismo!
Me gritó con ojos desorbitados aquel enclenque sujeto.
-Será todo un placer.
Contesté con alegría mientras bajaba mis pies de la mesa y para provocar más su furia al momento en que me levanté comencé a estirarme placenteramente…
-¡Deje de hacerse el payaso y salga ahora mismo!
-¡Está bien…¡Que genio…! por eso su peluca esta mal acomodada porque nunca tiene la cabeza quieta…
De inmediato las risas de mis compañeros de clase no se hicieron esperar y tal como esperaba el profesor comenzó a acomodarse su mal elaborado peluquín, eso fue lo más gracioso que había vivido desde mi estancia en aquel salón, cerré la puerta del salón y caminé sin ninguna premura por el pasillo…
No me presente en las siguientes clases de ese día y me dediqué a perder el tiempo en la azotea de la Escuela, afortunadamente no había nadie y eso me agradaba demasiado. Amaba mi soledad más que a mi propia vida, por lógica yo nunca tenía amigos, nunca los tuve y tampoco espero tenerlos porque lo único que dan son problemas.
Estuve mucho tiempo meditando sobre lo asqueroso de mi existencia sentado plácidamente en el suelo y disfrutando de una mañana tranquila cuando la campana que anunciaba el descanso sonó y a los cinco minutos mi lugar ideal, mi hermoso refugio, comenzó a concurrirse y a contaminarse de gente extraña que sonreía estúpidamente. Al no soportar una situación así, me levanté y salí de inmediato de aquel lugar. Bajé con tranquilidad las escaleras y comencé a buscar un lugar apropiado para poder estar solo, pero estaba tan distraído en mis propios pensamientos que ni siquiera me fijé que mis pies me conducían al peor lugar de cualquier Escuela… la cafetería…
Un lugar totalmente abominable a mi parecer, porque estaba atestado de personas que reían, gritaban y se saludaban unos a otros. El olor de la comida y el bullicio me fastidiaron en cuestión de segundos así que de inmediato traté de huir de aquel terrible lugar; bruscamente me di la vuelta y sin proponérmelo golpee accidentalmente con mi cuerpo a uno chico y éste cayó de espaldas…
-¿Qué te pasa¡Fíjate por dónde vas!
Me reclamó molesto mientras seguía tirado en el piso mirándome amenazadoramente.
-Yo no tengo la culpa de que seas tan débil para caer tan fácilmente con cualquier golpe…
-¿Me estás llamando débil?
-Si no lo fueras no te habrías caído…
Le dije con tono burlón.
-Vamos a ver quien de los dos es el más débil…
Y al decir esto último de un solo impulso se levantó del piso y comenzó a agredirme con sus piernas. Yo de inmediato me defendí y también solté varios puñetazos…
Mi primera pelea había comenzado, tenia que reconocer que ese sujeto no era tan malo en la pelea pero yo sabía perfectamente que era muy superior a él. Con nuestros cuerpos y golpes destruíamos todo lo que a nuestro paso se encontraba, yo escuchaba mucho bullicio pero no podía detenerme a mirar que tanto gritaban las demás personas, aunque ya me imaginaba que era…
Nosotros seguíamos peleando pero quien llevaba las de perder era ese tipo pues para mi era más fácil esquivar sus patadas a que él lo hiciera con mis golpes; en una de sus tantas patadas logré tomarlo de una pierna por el tobillo, me aferré con fuerza y él me miró asustado, pues pensaba que le destruiría su extremidad. Por segundos permanecí quieto y mirándolo fijamente, pero fue tan grande mi desilusión de que me tuviera miedo que sólo me limité a tomar con más fuerza su tobillo, giré mis manos hacia la derecha y provoqué que su cuerpo se elevará por los aires y diera varias vueltas en sí mismo hasta que se impactó contra el suelo cayendo estrepitosamente boca abajo. El chico no pudo moverse más, se había pegado fuertemente en la nariz y ahora sangraba por ella…
-¿Qué pasa aquí¿Por qué tanto alboroto!
Al instante reconocí aquella voz, la persona que había gritado era el profesor con el que me enfrenté en mi primera clase…
-¿Otra vez tú¿Ahora que has hecho?
De inmediato bajó su vista y se encontró con la figura de aquel sujeto que seguía tendido en el piso sin poder levantarse del dolor y con una abundante hemorragia.
-¿Alguien que lleve a la enfermería a este muchacho!
Gritó ese tipo muy exaltado y preocupado. Dos personas obedecieron de inmediato aquella orden y levantaron a mi contrincante con cuidado. Sinceramente creo que se me pasó la mano con aquel muchacho y sólo me desquité con él.
-¡Acompáñame a la dirección!
Me gritó el maestro fuera de si. Los dos salimos de la cafetería, el profesor iba delante de mi advirtiéndome que con él había encontrado al horma de mi zapato, ya que alumnos como yo eran expulsados inmediatamente del Instituto para que siguiera conservando su prestigio y no fuera corrompido por personas como yo. Después de aquel sermón vino otro en el cual se la pasaba renegando de lo inmaduros y estúpidos que somos los jóvenes de hoy en día y que en sus tiempos todavía se le daba importancia al respeto y la moral. Su conversación era de lo más aburrida, no me decía nada nuevo, esas palabras ya me las habían mencionado muchísimas personas antes que él. Siguió y siguió hablando hasta que llegamos a la puerta que me conducía a la dirección, fue en ese momento cuando por fin se calló. El maestro tocó y a los pocos segundos se escucho la voz fuerte de un hombre que nos permitía el paso. Primero entró el tipo bajito y luego yo…
-Disculpe la molestia Director… pero tenemos un problema con un alumno…
El Director se encontraba sentado en su silla y me miró con seriedad, se levantó de su asiento y caminó hacia mí. Cuando se encontraba a tan solo medio metro me miró con severidad examinándome con mucho detenimiento…
-¿Qué fue lo que hizo?
Preguntó él con tono severo.
-Nada…, es este profesor que le gusta molestarme.
Contesté con tranquilidad
-¡Eres un ingrato¿Cómo te atreves a sabotearme de esa manera?
-Sólo dije la verdad…
-Querido alumno creo que el profesor no se merece que le contestes de esa manera.
Me dijo el Director de lo más pacífico y sin alterarse.
-Pero es que yo no hice nada malo sólo me defendí de los golpes de ese idiota…
-¡Más respeto que estas frente a la máxima autoridad!
Gritó con furia el enano.
-Kuroda… tranquilízate ¿Por qué no te relajas? Estas muy tenso…
Contestó con tono relajado el Director.
-¡Este joven no tiene absoluto conocimiento de lo que es el respeto! Y no conforme con eso, acaba de pelearse con un joven de primero… entiende… ¡De primero! Eso es tomar ventaja siendo que él ya está en segundo…
-Con que es eso…, no te preocupes yo hablaré con él…
-¡Pero tiene que ser castigado! Ha roto demasiadas reglas escolares y ante todo debe estar el prestigio…
-…y la reputación del Instituto…, si Kuroda lo sé, por algo soy el Director de esta Escuela y yo me encargaré de este alumno, ahora si me permites quiero hablar a solas con él…
El Director le extendió la mano a Kuroda señalándole la puerta. Kuroda estaba a punto de explotar de furia, sus ojos centelleaban odio hacia mi y al Director y para avivar más el fuego le sonreí plácidamente, esta acción lo ofendió todavía más y salió de inmediato de la dirección azotando fuertemente la puerta.
La máxima autoridad del Colegio (el Director) no tuvo reacción alguna frente a la grosería que el sujeto bajito había tenido hacia su puerta, sólo respiró hondo y me volvió a mirar con cautela y seriedad, pero no pudo evitar permanecer más segundos así y de inmediato comenzamos a reírnos…
-¡Vaya Inuyasha no pensé que me visitarías tan pronto!
-Es que tenía que buscar un buen pretexto para poder verte…
Resulta que el Director de mi nuevo Colegio era uno de los mejores amigos de mis padres o mejor dicho casi hermano de mi papá porque se conocían desde la infancia y para ser sincero quizás él era el único amigo que tenía porque sabía escucharme y sobre todo trataba de comprenderme.
Él era una persona alta y corpulenta toda su vida se ha dedicado a las artes marciales de todo tipo, es su pasión, de hecho fue él mi entrenador cuando pasó una larga temporada en Italia, me enseñó todo lo que yo sé, de ahí nuestra amistad. Nunca me he podido explicar el por qué siempre tiene una sonrisa para todo, nunca lo he visto triste o preocupado, siempre toma lo positivo de la vida y aunque las cosas vayan de mal en peor siempre encuentra algo bueno en ellas. Así es como vivía mi maestro, su nombre es Mijara Kyo…, y a pesar de que anteriormente he hablado muy bien de él y de lo dulce que puede ser… también tiene su lado negativo, porque como profesor es muy disciplinado y estricto, su lema siempre ha sido "Supérate a ti mismo por cada suspiro que des" en pocas palabras que siempre tengo que ser mejor cada segundo que pasa y a decir verdad inconscientemente este tipo de filosofía se quedó grabada en mi mente desde el primer día que la escuché y ahora me es imposible desprenderme de ella. Kyo y yo nos miramos por algunos segundos y después se dio media vuelta para observar a los estudiantes que se encontraban parloteando en el patio a través de la ventana.
-Y bien Inuyasha… ¿Ahora que fue lo que te hicieron?
-Lo siento, pero no estaba de humor y perdí el control…
-Me lo imaginé, ese siempre ha sido tu problema, a pesar de lo años en los que has sido mi discípulo aún no has aprendido a controlar tus impulsos y tu fuerza…
-Es que no se que me pasa… siempre me desquito con los demás de mis problemas personales…
-¿Aún sigues con esa mentalidad? Cuando acepté recibirte en esta Escuela aún a pesar de tus antecedentes escolares tuve por unos momentos la falsa idea de que madurarías un poco más, pero veo que no Inuyasha, sigues con esa actitud petulante que te caracteriza…
-Maestro yo…
No sabía como disculparme, sentía vergüenza de estar frente a él. Kyo dejó de ver lo ocurrido por la ventana y comenzó a caminar hacia mí sin premura, sin dejar de mirarme con sus ojos penetrantes…, hasta que se detuvo delante de mí. Yo no pude resistir más la forma en que me observaba y preferí evadirlo mirando hacia otro lado
-Contadas han sido las ocasiones en la que me llamas maestro… y eso me da gusto porque por lo menos existe una persona en el mundo a la cual respetas sinceramente…
-No lo sé, creo que has sido la única persona que en verdad me ha sabido escuchar y jamás me ha recriminado nada y me acepta tal y como soy, por eso es que te tengo respeto… porque, porque…
-No digas más Inuyasha yo sé el trabajo que te cuesta abrir tu corazón, así que tampoco te fuerces a ti mismo…
Me dijo mientras posaba sus manos sobre mis hombros y me miraba paternalmente.
-Ni tus padres ni yo hemos encontrado una respuesta lógica a tu forma de ser o el por qué de tus impulsos, pero te puedo asegurar que aunque tú mismo me afirmes que ya has abandonado tu búsqueda y ahora sólo te limitas a vivir, no te creo…
-¿Qué caso tienen seguir buscando algo que jamás llegará?
-Inuyasha cuantas veces te he dicho que la vida es una constante lucha y batalla contra uno mismo…
-Lo sé, pero hay algo… no se que es…
-No te preocupes te daré un descanso de tres días para que medites sobre ti mismo…
-¿Vas a suspenderme?
-Como Director no puedo pasar por alto este suceso y tengo que hacer valer mi autoridad, aunque tú y yo sabemos que sólo es en apariencia y que no recibirás ningún castigo, yo hablaré con tus profesores sobre tus inasistencias y tus deberes escolares ¿Estás de acuerdo?
-Esta bien aunque eso le causará gran satisfacción a ese viejo…
-¿Te refieres a Kuroda? Si ese pequeño está un tanto alterado y amargado pero no puedo hacer nada más, si no aparento un castigo tendré muchos problemas y ya no podré protegerte más, tú sabes lo mucho que te aprecio y si alguien llega a malinterpretar nuestra amistad entonces todo se vendrá abajo…
-No te preocupes trataré de mejorar mis actitudes…
-Por lo menos tengo la satisfacción de que ahora lo estás intentando y eso me da gusto, me has alegrado el día…
-No digas tonterías…
-No es ninguna tontería… y por cierto ¿Qué pasó con el muchacho que golpeaste?
-Pues…
-Se te pasó la mano ¿Verdad?
-Algo…, pero ya se lo llevaron a la enfermería…
-¿A la Enfermería¿Hasta allá llegó…?
-Bueno, es que…
-Ay Inuyasha…, está bien, lo hecho, hecho está… al rato bajaré para ver como sigue…, espero no tener problemas con los padres de este joven…
-Lo siento…
-Ya no te preocupes yo arreglaré este asunto, además se irán con la finta de que estás castigado…
-Como digas…
Los dos nos reímos como si fuéramos grandes hermanos, y así era, yo veía en mi maestro al hermano que nunca tuve y aún padre que se preocupaba más que el verdadero. Salí de la dirección y caminé sin rumbo fijo e ignorando las miradas de los demás, mis pies no me conducían a ningún lado, me adentré totalmente en mi mundo y perdí la noción de la realidad cuando menos me di cuenta ya me encontraba en camino a casa, miré hacia atrás, ya estaba muy lejos de la Escuela ¿En que momento me ausente del mundo? no lo sé… pero la plática con mi maestro me había servido de mucho y sus palabras retumbaron una y otra vez en mi cabeza por los siguientes tres días…
En ese lapso de tiempo me dediqué a practicar mis artes marciales y a buscar un empleo, quizás eso me serviría para distraerme y no seguir pensando más en lo rutinario de mi vida. Afortunadamente encontré un empleo que por lo menos cumplía con mis expectativas, quizás la paga no era gran cosa, ya que el dueño del negocio pensaba seriamente en cerrar, pero como ya era viejo y había dedicado toda su vida a la prosperidad del mismo, tuvo que recurrir a la ayuda de una mano joven. Obviamente no me importó si me pagaban o no, lo que me interesaba era mantenerme ocupado y de inmediato acepté el empleo; aún recuerdo la cara de felicidad del anciano por haber encontrado un ayudante que lo auxiliara en su tan preciado negocio. Después de mi primer tarde de trabajo volví a la soledad de mi casa, entré a mi habitación. Estaba fría, sola, oscura…, lo único que parecía tener vida eran las cortinas que ondeaban de un lado a otro al ritmo del suave viento, me dirigí hacia el balcón y salí, traté de mirar el firmamento pero desafortunadamente ninguna estrella centelleaba porque la oscuridad de las nubes opacaba su brillo…
A la mañana del cuarto día, me encontraba camino a la Escuela despreocupado e infeliz como siempre, sin nada en las manos, por que ni siquiera llevaba mis útiles escolares. Los había olvidado en el salón el día de mi suspensión, pero era algo que en realidad no me importaba y ni siquiera me preocupé en recuperarlos. Lo único que me desesperaba y me inquietaba es que de ahora en adelante toda la Escuela se la pasaría murmurando y curioseando a mis espaldas por todo el numerito que monté.
A los diez minutos ya me encontraba entrando al Instituto, y efectivamente mi intuición no me fallo en absoluto y al momento en que atravesé la entrada del Colegio todos y cada uno de esos tontos estudiantes me miraban con curiosidad y algunos con desaprobación.
Como siempre yo hice caso omiso y me dirigí a mi aula de clases. Subí tranquilamente por las escaleras hasta el segundo piso, a lo lejos podía escuchar el bullicio de mis compañeros de clase (demasiado escandalosos a mi parecer) pero todo eso cambió cuando entré…
Todos los presentes se quedaron en seco y con la boca abierta con mi presencia al momento de que pisé el aula, los miré atentamente. Decenas de ojos me miraban meticulosamente, como si fueran una especie de Rayos X, observaban atentamente cada unos de mis movimientos, desde que entré hasta que me senté. Mis pasos retumbaban por toda la habitación, el silencio era absoluto, daba la impresión de que ni siquiera estaban respirando. Sus miradas eran de desprecio e incertidumbre y por primera vez en mi vida sentí que había hecho algo mal y me sentí incómodo y cierto escalofrío invadió mi ser¡¡No podía creerlo¿Cómo era posible que unos simples y estúpidos estudiantes me provocaran tanto temor? Tengo que reconocerlo… tuve miedo, y era tal la pesadez del ambiente que preferí mirar a través de la ventana sin decir nada. Ahora me sentía pequeño, como si estuviera en medio del inmenso océano. Abandonado y solo, así es como me sentía…
-Disculpa…
Una voz me sacó de mis pensamientos y de aquellas terribles sensaciones. La persona que me había llamado era un chico no más alto que yo, de cabello castaño y corto, con semblante inocente y tranquilo, llevaba en sus manos una mochila que ya había visto antes…
-Este… me tomé la libertad de llevarme tus cosas… espero que no te moleste… pero como no regresaste decidí tomarlas para que no se perdieran…
La forma en que ese muchacho se dirigía hacia mi no era de miedo, era como si se disculpara por haberme interrumpido en algo importante. Yo sólo lo miré de pies a cabeza una vez más, tomé mis cosas sin prestar atención a los murmullos de los demás de que alguien tuviera el valor civil de dirigirme la palabra…
-¿Cómo te llamas?
Le pregunté en un tono extrañamente amigable del cual yo mismo me sorprendí…
-Ishida Miroku…
Contestó con una leve sonrisa en el rostro. Me entregó mis cosas con amabilidad, se dio la media vuelta y se dirigió hacia su asiento sin ni siquiera darme tiempo de darle las gracias…
¿Gracias¡Yo, el joven mala cara, señalado por todo el mundo como el peor sujeto del mundo dando agradecimientos!. Una de dos, o estaba soñando… o de plano ya había perdido completamente la razón…, por un instante sentí coraje conmigo mismo y nuevamente el mal humor que me caracterizaba se hizo presente.
La campana sonó y al instante un profesor que nunca había visto hizo acto de presencia en la clase y afortunadamente esto había distraído a mis compañeros, pues ahora toda su atención ya era para con sus libros y cuadernos y no para mi…
Abrí mi mochila y un pequeño papel resbaló desde el interior de la misma hasta caer en el suelo. Dudé algunos segundos en levantar aquel trozo de papel pero fue más grande mi curiosidad que decidí tomarlo. Cuando lo tuve entre mis manos miré a mi alrededor cerciorándome de que nadie me observara y para mi gran suerte ninguno se había percatado de lo que había ocurrido. Desdoble el papel, era una nota que decía…
"Te espero a la hora del descanso en la parte trasera del gimnasio, no faltes por favor…"
Ishida Miroku
Al terminar de leer la nota miré a Ishida que se encontraba a unas pocas bancas de mí. ¿Para que me quería si apenas me conocía?. Por un instante pensé que podría ser algún tipo de broma pero ese chico no me había dado la impresión de que fuera ese tipo de persona.
Cuatro clases mas tarde la campana que anunciaba el descanso había sonado, Ishida se levantó de su asiento y salió sin decir ni una sola palabra, es más ni siquiera me miró…
Rápidamente guardé mis cuadernos y libros en mi mochila sin fijarme en la forma tan brusca que lo hice. Me importaba más reunirme con Ishida y saber de una vez por todas lo que quería de mí…
Salí del salón, él ya no estaba se había perdido completamente. El problema ahora era encontrar el dichoso gimnasio, pues por obvias razones no lo conocía y jamás me hubiera atrevido preguntárselo a alguien, así que opté por salir de la Escuela y dirigirme hacia donde encontrara las canchas de fútbol o basketball, con esas señales por lógica encontraría el tan esperado lugar…
No fue tan difícil encontrar a estudiantes practicando deporte, caminé un poco más y al dar vuelta en lo que me pareció que era la alberca techada, estaba el enorme gimnasio. Había mucha gente saliendo, muchos adoloridos y muy golpeados, al parecer acababa de terminar algún tipo de torneo marcial por sus golpes y gemidos, pero lo que más me asombró fue ver sus rostros llenos de temor, lo que significaba que alguien muy fuerte había derrotado a todos a aquellas personas que no podían ocultar su miedo y cobardía…
Sin perder más el tiempo y olvidando lo sucedido, caminé hacia la parte trasera de aquel lugar y cuando di la vuelta ahí estaba Ishida, recargado en la pared sin ninguna preocupación, con los ojos cerrados, como si estuviera meditando, meditación que fue interrumpida por mis pasos…
-¡Vaya por fin llegas¿Por un momento pensé que no vendrías!
Me dijo con un semblante alegre como si él y yo nos conociéramos de toda la vida…
-¿Para qué me citaste en este lugar?
Contesté con seriedad, porque me sentía muy incómodo con su actitud…
-Sígueme, quiero que veas algo…
Abrió una puerta gris que se encontraba a tan sólo unos pasos de él y entró. No tuve más remedio que seguirlo…
Cuando penetramos en aquel lugar se podía escuchar a lo lejos muchos gritos y golpes, era indiscutible de que una pelea se estaba realizando pero todo estaba oscuro y continuamente chocaba con las cosas...
-¿A que viene tanto misterio?
Reclamé un tanto molesto porque mi mente aún no entendía el verdadero propósito de ese tipo.
-Perdón por no dar explicaciones, pero primero quiero que veas a alguien, de eso depende tu respuesta hacia una propuesta que tengo en mente.
-No me interesan tus propuestas, mejor explícame lo que haces o me largaré y en mi vida volveré a dirigirte la palabra…
Estaba molestándome cada vez más pero esto no intimidó a Ishida, al contrario siguió caminando y caminando hasta que se detuvo enfrente de otra puerta pequeña.
-¿Acaso me estas escuchando?
Volví a exclamar molesto.
-Si te escucho… ¡Listo! Ahora si sabrás el motivo por el que te traje aquí…
Comento con cierto brillo de alegría en su rostro cuando rompió la manija de la puerta. Primero asomó su cabeza como cerciorándose de que no estuviera nadie y después me hizo una seña con su mano para que lo siguiera. En otras circunstancias lo hubiera mandado al diablo por traerme de un lugar a otro sin darme ni la más mínima explicación, pero algo había en mi que insistía en que lo siguiera, de ello dependía de que me enterara de algo importante.
No tuve más remedio que seguirlo y cual fue mi sorpresa al atravesar el arco de aquella puerta cuando me encontré que aquel lugar era la parte baja de las gradas del gimnasio. Estábamos debajo de por lo menos dos docenas de estudiantes que se encontraban sentados en las tablas que se encontraban sobre nosotros.
-¿Me puedes explicar qué es todo esto¿Acaso crees que soy tu burla?
Lo tomé del cuello de la camisa con mis manos, estaba muy molesto, pero Ishida no mostró signos de temor, al contrario su mirada era seria y desafiante…
-Tranquilízate, no es ninguna broma, jamás me atrevería a bromear contigo, te traje aquí para que observes el espectáculo…
-¿Espectáculo¿Qué espectáculo?
-Se que es extraño para ti el que trajera a este lugar tan raro, pero no se me ocurrió un sitio mejor en el cual pudiéramos estar tranquilos y sin ser molestados…
-¿Molestados por quién?
-Como ya te habrás dado cuenta, desde hace mas de tres días has sido la comidilla de la Escuela, y no se habla de otra cosa mas que de ti, por lo tanto consideré impertinente traerte a este lugar públicamente, es decir que yo no podría hablar contigo placidamente con todos esos cuchicheos y miradas curiosas hacia ti…
No supe que decir, era como si este muchacho me adivinara los pensamientos y una vez más provocó que me estremeciera y trate de evadir su mirada, así que fingí interesarme en una raquítica pelea (según yo) que estaba a punto de comenzar.
Primero apareció un tipo alto como de dos metros, muy corpulento, parecía más un luchador vulgar y exótico que un estudiante de preparatoria. Muchas aplaudían a su favor, victoreándolo como si fuera un ser invisible. En realidad el tipo era un asco y daba risa ver que sólo le gustaba ser un simple payasito de circo. Pero en cuestión de segundos los gritos y la alegría se esfumaron…, un rotundo silencio se hizo presente y todos miraban atentos al contrincante de aquel tipo.
Era totalmente lo contrario al paquidermo que se encontraba a mitad de gimnasio. Aquel sujeto era alto, quizás no tanto como su contrincante pero por lo menos más que yo. Su complexión era delgada (podría afirmar que yo tenía más grasa y pellejo que ese tipo). Tenía el cabello largo, ondulado y negro en forma de media cola, pero lo que más me asombró fue su semblante. Su cara era pálida como si estuviera enfermo; su mirada tirana y su semblante era como ver a un muerto, parecía más vampiro que humano y para "amenizar" más su personalidad su traje era completamente negro. Podría asegurar con mis propios ojos que ese sujeto era el mismo demonio en persona.
Algunos de los presentes comenzaron a abuchearlo, poco a poco el rechazo se fue incrementando y el apoyo era totalmente hacia el cirquero que se encontraba a tan solo un par de metros de él.
-¡Mátalo¡Mátalo!
Gritaron al unísono un pequeño grupo de fanfarrones que lo apoyaban incondicionalmente desde las gradas. El cirquero solo sonrió y miró con desprecio a su contrincante, menospreciándolo por su tamaño y físico.
-Observa atentamente, ese tipo se ha echado la soga al cuello.
Comentó Ishida muy concentrado en el centro de la plataforma del gimnasio, donde en cualquier momento comenzaría una nueva pelea.
-¿Quién es ese sujeto de negro?
Pregunté muy interesado.
-Muchos no se atreven a mencionar su nombre…
-¿Por qué? Estoy de acuerdo que parece el mismo Lucifer pero no creo que sea para tanto…
-Tú lo has dicho, es el mismo diablo en persona y su nombre es Katsuragi… Katsuragi Náraku…
Concluyó Ishida con seriedad, por un momento puede observar en su rostro una mirada de total desprecio y profundo odio, al mismo tiempo que sus puños se encontraba fuertemente cerrados como si su cuerpo tuviera la enorme necesidad de salir de entre las gradas y aniquilar a Katsuragi…
Yo no entendía por qué todo mundo lo odiaba, pero a simple vista se notaba que ese hombre era de cuidado y demasiado peligroso.
Segundos más tarde el sujeto corpulento atacó primero con un puñetazo, mismo que fue esquivado con gran facilidad y destreza por su enemigo. Katsuragi sólo había movido su delgado cuerpo unos pasos, tenía los ojos cerrados y se dejaba guiar por los sonidos, ni siquiera era necesario que observara los movimientos de su contrincante, sabía con total exactitud dónde, cuándo y cómo atacaría su enemigo.
Aquel gigante dotado de gran cuerpo y fuerza parecía sólo un simple juguete a lado de Katsuragi, se encontraba ya muy fatigado y cansado, había empleado todas sus fuerzas en golpes fallidos e imprecisos, era más que obvio que su rival sólo intentaba cansarlo para que en cualquier momento diera su golpe final.
No pasó mucho tiempo cuando inesperadamente Katsuragi tomó desprevenido a su enemigo por el brazo izquierdo, lo elevo por los aires con gran facilidad como si sólo se tratara de un muñequito de tela y lo aventó hasta el otro extremo del gimnasio estrellándolo contra la pared haciéndolo perder totalmente la conciencia por el fuerte golpe. El combate había finalizado…
-¿Cómo es posible que tenga tanta fuerza? Se necesitaría una grúa para levantar a ese payaso…
-Te lo dije, no es bueno retar a Náraku y mucho menos en público como lo hizo ese idiota…
-¿Sólo me querías para ver todo esto?
-No, hay algo más…
-¿De que se trata?
-¿Has pensado participar en el torneo de Artes Marciales?
-No, no me interesan esos estúpidos jueguitos de niñas…
-Que lastima que pienses eso…
-¿Por qué lo dices?
-Te vi pelear el otro día y tengo que reconocer que eres muy bueno y pensé en que a lo mejor podrías unirte a mi equipo…
-¿Equipo¿Qué te hace pensar que aceptaría una propuesta tan tonta?
-No lo sé, pensé que te gustaba pelear, pero veo que no…
-Claro que me gusta pelear, pero sólo cuando alguien me molesta no me interesa participar en campeonatos y exhibirme como esos idiotas…
-Te entiendo…
Comentó él con tono resignado y triste.
-¿Y cuántas personas hay en tu equipo?
-Contándome a mi y si tú aceptas, bueno… seríamos sólo dos…
-¿Qué¿Acaso estás loco? Deja de burlarte de mi… es más… ¡Me largo! No entiendo por qué acepté venir contigo, sólo perdí el tiempo… hasta nunca…
Estaba muy molesto, me di la media vuelta y comencé a caminar.
-¡Kurosaki espera¡¡Por favor!
Gritó Ishida desesperado.
-Te lo pido por favor, te necesito, necesito de tu cooperación, yo sólo no podría…
-¿No podrías que?
-Acabar con… Náraku…
El silencio reinó por mucho tiempo y yo sólo me limité a mirar fijamente a Ishida…
-¿Piensas usarme para tus sucios propósitos?
-¡No! No es eso, no me mal interpretes… pero poder entrar al Torneo necesito de un equipo de cinco personas y yo solo no puedo participar…
-Pero a mi no me interesa, es más ni me importa, consíguete a otro imbécil que te haga el favor, no cuentes conmigo…
Él ya no supo que contestarme y en su rostro reinaba la desilusión y me sentí mal por haber pronunciado todas esas palabras…
-No volveré a quitarte tu tiempo y te haré el gran favor de no dirigirte la palabra nunca más para no perturbar tu vida, muchas gracias por haber venido… hasta luego…
Ishida caminó desilusionado hacia la salida, sus pasos retumbaban en mi cabeza y la culpabilidad me carcomía…
-Espera…
Le dije, y él detuvo de inmediato su andar.
-No te prometo nada pero lo tomaré en cuenta, aunque sigo pensando que estás totalmente desquiciado y que esto no funcionará…
-Gracias… amigo…
-Yo no soy amigo de nadie, no vuelvas a repetir esa palabra en mi presencia…
-Lo siento… Kurosaki…
-Sólo basta con decir Inuyasha odio que me llamen por mi apellido…
-Muy bien… Inuyasha… no olvidaré lo que me acabas de decir…
-No te ilusiones tanto Ishida porque puedo negarme y será peor para ti si ya tienes contemplada mi aprobación
-Dime Miroku, a mi tampoco me gustan las formalidades y presiento que tu respuesta será afirmativa...
Me dijo con una gran sonrisa en su rostro.
-Como quieras…
Contesté con desgana. Me encontraba mirando fijamente a través de las gradas, cuando me topé con la imagen de una persona extraña. Caminé sin quitar mi vista de aquella imagen…
-Oye Miroku… ¿Quién es ese sujeto?
Pregunté señalando a un hombre que se encontraba sentado en las gradas de enfrente con cara de fastidio.
-AHH ¿Te refieres a él? Es nuestro nuevo maestro de Artes marciales
-¿Seguro?
-Por supuesto ¿Pero por qué el interés?
-Siento que lo conozco, que lo he visto en algún lado…
Aquel enigmático hombre era joven, menor de treinta años. Iba vestido con una playera blanca y pantalón deportivo de color azul, el cabello era lacio y negro sobrepasando por mucho su cadera…, estaba cruzado de brazos y muy aburrido mirando con desprecio al grupo de fans de aquel payaso derrotado al cual trataban inútilmente de levantar.
-A lo mejor te topaste con él cuando llegaste, por eso lo conoces…
Comentó Miroku al ver mi gran interés hacia ese profesor.
-No, de eso estoy seguro…
Miré con más atención y detenimiento a ese maestro y cuando giró su cabeza y dirigió una aguda mirada hacia dónde nos encontrábamos lo reconocí de inmediato…
-¡Que me parta un rayo¡¡No puede ser!
Exclamé con asombró al punto del infarto. Salí corriendo de aquel lugar a toda prisa dejando a Miroku con la palabra en la boca por mi repentina huída…
Corrí con todas mis fuerzas lleno de desesperación y furia, atravesé los campos deportivos, entré a la Escuela y subí a toda velocidad por las escaleras hasta llegar al cuarto piso para llegar cuanto antes a la Dirección Escolar. La puerta se encontraba al fondo del pasillo y entré por ella con estrépito.
Kyo se encontraba de lo más tranquilo con su secretaria que tomaba notas en su pequeña libreta, pero al ver la forma en que entré no pudo evitar sobresaltarse y levantarse de su asiento…
-¿Qué pasa!
Preguntó con preocupación. A mi me faltaba el aire…
-Necesito… hablar… es… urgente…
-Está bien… señorita ya puede retirarse, quiero ese informe para las 4:00 P.M. ¿Entendido?
-Si señor…
La secretaria se apresuró a salir de la habitación no sin antes dirigirme una mirada de desprecio por mis "buenos modales…", la puerta se cerró y quedamos solo Kyo y yo…
-¿Me puedes explicar qué es todo esto?
-De hecho tú eres el que me tiene que explicar qué diablos hace él aquí…
Le reclamé molesto.
-No te entiendo…
-No te hagas el gracioso… lo sabes muy bien…
-Te refieres a tu maestrote Artes Marciales…
-Si a él, explícame… por que mi mente no puede asimilarlo… ¿Qué demonios hace Sesshomaru aquí!
Grité airado, deseaba con todas mis fuerzas que sólo fuera producto de mi imaginación…
-Lo siento Inuyasha no pude evitarlo, el antiguo maestro renunció a última hora y el Comité se vio en la enorme necesidad de conseguir un reemplazo cuanto antes…
-¿Y por que no me lo dijiste!
-Porque si lo hubiera hecho tú jamás habrías aceptado venir aquí…
-Por supuesto que no… ¿Por qué no lo impediste, él no tiene nada que hacer aquí…
-Inuyasha yo sólo estoy aquí como autoridad escolar, la Directiva fue quien lo escogió su rango es mucho mayor al mío y nada puedo hacer al respecto con las decisiones que ellos toman…
-¿Pero por qué?
-Porque era un excelente candidato y no podían desaprovechar un talento de tal magnitud…
-Pero para que él entrara en esta Escuela se necesitaba de tu aprobación ¿O no?
Kyo guardó silencio por unos momentos y esa actitud tan pacifista que tomaba incrementaba cada vez más mi ira…
-Tienes toda la razón para estar molesto conmigo pero como Director me vi obligado a dar una opinión crítica que fuera objetiva y profesional… Inuyasha tu hermano es un excelente peleador y no pude negarme ante semejantes cualidades…
-Él no es mi hermano, no es más que un idiota ¿Te das cuenta del peligro al que no has expuesto a todos?
-¿Peligró?
-Si, Sesshomaru no se tienta el corazón para acabar con sus contrincantes toma a todos por igual… sean niños o adultos… ¿Qué no recuerdas que me mandó al hospital cuando sólo tenía siete años?
-Lo recuerdo muy bien… pero tú también tuviste la culpa… lo provocaste…
-Porque ofendió a mi madre…
-Pero tú también lo hiciste con la suya…
No pude refutar aquel comentario. Era cierto… hace años que había ocurrido aquella pelea. Sesshomaru y yo nos peleamos por eso… por ofender a las mujeres que nos habían dado la vida…
Yo me molesté con él porque había sido muy grosero con mi mamá cuando ella le imploraba con lágrimas en los ojos que no se fuera de la casa sujetándolo fuertemente de la mano para retenerlo, pero él la empujó y le reclamó que no tenía ningún derecho de exigirle tal cosa puesto que no era su madre, no era más que una inmunda usurpadora que intentaba ocupar un lugar que no le correspondía y del cual no era digna por ser una cualquiera…
Esto fue lo que detonó la pelea, yo me enfurecí y comencé a golpearlo, él me tomó del cuello de mi playera como si fuera un muñeco y me aventó con violencia hacia mi madre diciéndome que estaba harto de nosotros dos y que le dábamos asco. Con ese comentario mi ira creció y comencé a decirle que era él quien daba pena y asco por ser sólo un vil engendro de una maldita mujer la cual prefirió morir antes de seguir viendo como la escoria de hijo que había engendrado crecía…
No medí la gravedad de mis palabras y él se abalanzó hacia mí golpeándome con todas sus fuerza, con un rostro lleno de furia. Ansiaba desquitarse de todo ese rencor que sentía hacia mí y yo le di un muy buen motivo para hacerlo y antes de que me matara fue detenido por mi padre que llegó a tiempo para separarnos y correrlo de la casa gritándole con todas sus fuerzas que estaba avergonzado de tener a un hijo así y que lo desconocía como tal. A partir de ese día Sesshomaru murió para mi papá y estaba estrictamente prohibido pronunciar aquel nombre en su presencia, todos estos años se hizo a la idea de que su hijo mayor había muerto…
-Sé que es duro para ti, pero no pude evitarlo…
Comentó Kyo en tono paternal y tratando de que conservara la calma.
-¿Y mis padres lo saben?
-Sí, apenas se enteraron hace dos días…
-¿Y qué dijeron?
-Tu madre no dijo nada y sólo me pidió que te cuidara para que no cometieras una tontería pero tu padre… ¡Dios mío! Doy gracias de que se encuentra en otro país por que si estuviera en Japón yo creo que estaría muerto…
-¿Tanto así?
-Con decirte que me colgó el teléfono no sin antes advertirme que en mi vida le volviera a dirigir la palabra…
-Eso si es grave….
-No te preocupes ya se le pasara, de todos modos tiene que contactarse conmigo puesto que yo soy ahora tu tutor y esta obligado a tratar todos tus asuntos conmigo…
-¿Eres mi tutor?
-Así es… ¿No te lo había dicho ya?
-No… tienes la pésima costumbre de omitir las cosas importantes…
-Lo siento, creo que la vejez me ha alcanzado…
-Insisto en que no es buena idea que Sesshomaru esté aquí… piensa en tus alumnos, no aguantaran su entrenamiento…
-¿Y se puede saber desde cuando te preocupas por los demás?
Guardé silencio, no supe que contestar ¿Por qué dije eso? Estaba avergonzado y me sentí incómodo…
-Si que estás cambiando ¿Me pregunto por qué será?
-Olvídalo, ahora es tu responsabilidad y tendrás que atenerte a las consecuencias…
-Quien lo diría… ¿Cuándo se ha visto que un discípulo reprenda a su maestro?
-Tú y yo somos la excepción y estoy en mi justo derecho de hacerte ver la realidad tal y como tú lo haces conmigo…
-¿Y ahora que harás…?
Preguntó él sin prestar atención a mi último comentario.
-Irme de esta Escuela, no puedo estar en el mismo lugar que Sesshomaru…
-¿Huirás de tu hermano?
-Él no es mi hermano, yo nunca lo he considerado como tal y no importa si piensas que sólo estoy huyendo…
-Como gustes, pero que pena que te dejes vencer por un pequeño obstáculo…
-Mejor me voy, esta plática ya no tiene sentido…
-Si cambias de opinión, llámame…
-No lo creo, ya está decidido, hablaré con mis padres para regresarme cuanto antes a Italia…
-Como gustes… Inuyasha…
Mi maestro pronunció con profunda tristeza aquella frase mientras miraba por la ventana, ya se le había hecho costumbre hacer eso, pero era una forma en la que él trataba de controlarse y relajarse.
Salí de la dirección y también de la Escuela, no regresé a mi casa, vagué el resto de la mañana por las calles sin ningún rumbo fijo, hasta que recordé que tenía un gran compromiso con un anciano y que el trabajo me llamaba…
Ya me había retrasado mucho, llegué una hora más tarde de mi horario de entrada, y no tuve más remedio que aguantarme la pena y esperar algún regaño de mi nuevo jefe…
-Buenos días…
Saludé con desgana al ver al dueño del local que se encontraba detrás del mostrador…
-¡Buenos días¡¡Benditos los dioses que por fin has llegado estaba preocupado!
Me saludó aquel anciano con total alegría y emoción como si yo fuera parte de su familia. Mi jefe era un señor de más de 70 años, de estatura baja y cabeza calva. Siempre era muy amable y sonreía con satisfacción a todas las personas que visitaban su negocio, a mí siempre me trataba con afecto como si me conociera de toda la vida y se preocupaba por mi bienestar a pesar de que sólo tenía dos días de conocerme…
-Lo siento… se me hizo tarde… tuve algunos problemas…
Me disculpé por mi impuntualidad.
-¿Estás bien?
Preguntó él un tanto inquieto.
-Sí…
Le mentí. Era más que evidente de que yo no me encontraba bien, mi cara lo decía todo. Cuando vi mi horrible semblante reflejado en el pequeño espejo que se encontraba a la entrada del local no pude evitar sentir lástima de mi mismo al ver esa cara deprimente con patética existencia…
-Si quieres puedes tomarte el día para que te relajes, mañana será otro día…
-No gracias, lo que quiero es… estar ocupado… y olvidar mis problemas…
-Mejor sígueme será mejor que tomemos una taza de té…
-¡Pero no podemos dejar el negocio solo¿Quién lo atenderá?
-No te preocupes, sólo voltea el letrero de la entrada y listo…
-Pero no podemos cerrar y menos por mi culpa…
-¡Que Caray! Tan joven y tan estresado…
Ya no podía negarme a su invitación, si el propio dueño del lugar me exigía cerrar, no podía contradecirlo, así que acaté la orden del anciano y le di la vuelta al letrero de la entrada que decía "ABIERTO" para que cambiara a uno de "CERRADO".
El anciano se dirigió a la parte trasera del negocio y tardó bastante, supuse que estaba preparando el té. Diez minutos más tarde ya se encontraba a mi lado con un juego de té de porcelana sobre una charola, charola que tuve que tomar porque las frágiles manos del anciano ya no la aguantaban.
-Lo siento… pero hasta para cargar una charola soy un inútil…
Se disculpó el viejo muy avergonzado por lo que había ocurrido y sólo me limité a decir…
-No hay problema para eso estoy… para ayudar…
¿Que rayos me estaba pasando? De cuando acá ayudaba yo a la gente y sobre todo a los ancianos, no sabía el por qué, pero algo tenía aquel hombre que me provocaba cierta compasión y hasta algo de ternura, quizás era su semblante senil e inocente, aunque también podría ser su amabilidad, nadie aparte de Kyo o mi madre me había tratado con tanto aprecio…
Nos sentamos en un rincón del local en el cual había extendido un tapete y dos cojines quedando de esa forma uno frente al otro. Por mucho tiempo guardamos silencio, yo no sabía que decir y el anciano posiblemente esperaba a que yo iniciara la plática, pero… ¿De qué podía hablarle yo a él¿De mis problemas? Creo que no…
Mientras yo seguía en absoluto silencio y sin haber tomado una sola gota del té, el anciano dio el primer sorbo y lo hacía de una manera muy elegante y respetuosa y a pesar de que sus manos temblaran con el peso de la taza eso era algo que no le impedía continuar con el ritual sagrado de la hora del té…
-Solo quería avisarle que… hoy es mi último día de trabajo…
El viejo no habló, tomó otro sorbo de té y después depositó con delicadeza su pequeña tasita sobre el tapete y entonces me miró fijamente, pero con cierta tristeza…
-Vaya, vaya, no me esperaba esto, pero… ¿Se puede saber la razón?
-Problemas familiares… tengo que regresarme a Italia…
-¿Italia? Eso está muy lejos… aunque no niego que es un maravilloso país, yo viví algunos años en un pequeño poblado cerca de la capital…
-Si, es un país agradable y desde muy pequeño he vivido ahí…
-¿Tus padres viven ahí?
-Si, me regresaré a vivir con ellos…
-¿Acaso alguno de ellos está enfermo?
-No, ellos gozan de buena salud, pero ya no puedo seguir aquí, hoy me enteré de algo muy grave y eso es algo que me impide continuar viviendo en este lugar…
-Las verdades a veces duelen y más cuando no las aceptamos, pero no creo que sea tan importante como para que abandones el país que te vio nacer…
-Créame, si estuviera en mi lugar haría lo mismo…
-Sigo sin entender…
Extrañamente comencé a platicarle mi vida al anciano que muy atento no perdía ni un solo detalle de mi historia, jamás me interrumpió y eso hacia que yo me desahogara completamente con él. Le conté sobre mis padres, mis problemas de conducta y también mis confusiones existencialistas y por último hablé del problema que había provocado que yo tomara la decisión de regresarme con mis padres, y ese problema tenía un nombre… Sesshomaru.
-Si que son unos hermanos problemáticos pero haciendo aún lado eso ¿Por qué le sigues temiendo?
-Yo no le tengo miedo…
Le contesté ofendido.
-Claro que lo tienes y lo sabes muy bien… aunque te cueste trabajo reconocerlo…
-Él y yo no podemos estar juntos ni unos cuantos segundos porque terminaríamos matándonos…
-Pero han pasado muchos años desde aquel incidente, posiblemente este reencuentro no sea una simple coincidencia…
-¿Que quiere decir?
-Que puede ser una oportunidad única para que tú y él arreglen de una vez ese mal entendido que por tanto años los ha torturado…
-Pero yo no pienso pedirle disculpas y mucho menos llevarme bien con él, nunca he sentido afecto hacia mi medio hermano y a estas alturas eso es imposible…
-No me malinterpretes, yo no he dicho tal cosa, a lo que me refiero es que tu actitud de miedo es por la culpabilidad…
-¿Culpabilidad?
-Si, porque ofendiste la sagrada memoria de su madre…
Me quedé callado y sin palabras en la boca. Por años había buscado el significado de mi rechazo hacia Sesshomaru y nunca encontré una explicación lógica a ese maldito recuerdo. El viejo tenía razón, no era por miedo a su golpes u ofensas era el miedo de pedir disculpas por haber agredido a su madre ¡Esa era la razón!
-Pero yo… no puedo, no puedo disculparme, no quiero…
-¿Y por eso huyes?
Volví a quedarme callado.
-Créeme esa no es la solución, así viajes hasta el fin del mundo te seguirás encontrando con tu hermano hasta que no arregles ese asunto, no quieras ser una golondrina porque no naciste para serlo…
-Quizás tenga razón, pero es muy difícil para mi, no estoy listo…
-Mejor piénsalo antes de tomar una decisión precipitada, además ya es momento de que te establezcas en una sola Escuela porque el único perjudicado eres tú, ni a tus papás, ni a tus maestros mucho menos a la gente que te rodea le afecta el que tú andes vagando de Colegio en Colegio…
-Lo se…
Guardamos silencio otra vez, muchos personas habían hablado conmigo tratando de hacerme recapacitar de que la Escuela no era un juego y que de eso dependería mi futuro me gustara o no… pero como siempre, nunca presté atención a aquellas palabras y las ignoraba por completo, pero hasta el día de hoy ese consejo se había establecido ya en mi mente y se aferraba a no escapar…
Mientras meditaba sobre el asunto me di cuenta que todo el tiempo que duró nuestra conversación yo aún sostenía entre mis manos mi taza llena, seguía caliente, así que me animé a darle el primer sorbo. ¡No podía creerlo! nunca en mi vida había probado algo tan exquisito, su sabor y calor me reconfortaban totalmente, no sabía cual era su sabor, para mi era totalmente desconocido, pero no me importaba su procedencia porque a medida que lo tomaba me sentía más tranquilo y relajado…
-¿Te sientes mejor?
Preguntó el anciano al ver que mi actitud era mucho más relajada que antes.
-Sí…
-Espero que este té te haya ayudado a despejar más tus ideas…
-¿Qué sabor es?
-Es un secreto de la familia, tardé más de veinte años en lograr que el sabor y el aroma fueran perfectos…
-Eso es mucho tiempo…
-Pero la satisfacción que he tenido al momento de que lo probaste es mi mejor recompensa…
-Tiene usted razón es una sustancia perfecta para reconfortar…
-Bueno muchacho será mejor volver a abrir el negocio o los clientes no volverán…
-Gracias…
Le contesté sonriéndole mientras le ayudaba a levantarse…
-¿Por qué?
-Por cerrar su negocio para escuchar los patéticos problemas de un inmaduro…
-No es nada, estoy acostumbrado… mis hijos y mis nietos salieron con mi mismo carácter y siempre he estado ahí para comprenderlos y escucharlos…
-¿El mismo carácter?
-Así es… me recuerdas mucho cuando yo tenía tu edad, el mismo carácter agresivo y violento, las mismas confusiones y los mismos problemas, muchos años vagué como un alma errante por el mundo para encontrar el significado de mi existencia, hasta que lo encontré…
-¿Y cuál fue el resultado?
Pregunté entusiasmado al haber encontrado a una persona que fue igual o peor que yo en su juventud…
-Si te lo dijera no tendría sentido, tú sabrás reconocerlo cuando te encuentres frente a frente con él, así que no te desesperes porque todavía te falta por recorrer un largo camino lleno de obstáculos y nuevas experiencias, pero ten en cuenta que tus pasos siempre deben ser hacia adelante… si retrocedes entonces estarás perdido…
¡No podía creerlo! Nunca nadie me había dicho tales palabras ni siquiera Kyo con sus consejos había provocado tales sensaciones en mi…
-Te vuelvo a repetir, si quieres tomarte el día, adelante…
-¡Claro que no! Prefiero estar aquí, que en mi casa donde nadie me espera…
-Como gustes…
Comentó contento el anciano.
De inmediato cambié el letrero de "CERRADO" y el negocio nuevamente estaba abierto. El dueño comenzó a hacer su habitual contaduría sentándose en una pequeña mesita que se encontraba del lado contrario de dónde yo estaba, muy cerca de la puerta porque al señor le gustaba de vez en cuando contemplar a los transeúntes que pasaban caminando frente a su establecimiento.
Pero yo no me podía quedarme mirando todas esas cuentas, así que comencé a limpiar algunas cajas que se encontraban sobre el mostrador, eran productos nuevos…
-Esto está muy silencioso, no te gustaría un poco de música…
Comentó cinco minutos después el viejo, sinceramente ya se había tardado en decir eso porque no sabía vivir sin música…
-Como guste ¿A quién quiere escuchar?
-Ummm me parece que hoy me gustaría deleitarme con… Mozart.
-Muy bien.
Busque de entre todos los discos compactos que el dueño tenía (muy moderno para su edad). Eran demasiados y todos eran de música clásica, podría afirmar que tenía una colección completa de todas las obras clásicas que han existido en este mundo. Tomé el primero que vi de Mozart y lo coloqué en el pequeño reproductor de discos que se encontraba justo a lado de toda la colección.
Y cuando la primera Sinfonía comenzó a sonar el semblante del anciano cambió al instante, ahora la forma en hacer sus cuentas iban más acorde a la música que a sus propios movimientos.
Así permanecimos mucho tiempo, el haciendo cuentas y yo limpiando hasta que media hora después sonó la campanilla de la entrada. Yo me encontraba agachado detrás del mostrador acomodando los productos nuevos, pero al escuchar que un cliente había llegado de inmediato me enderecé y me quedé asombrado cuando vi a aquella persona…
-¿Tú¡¿Qué haces aquí!
Exclamamos asombrados aquel sujeto y yo, no podía creerlo…
-¿Se conocen?
Preguntó amablemente el dueño.
-¿Qué haces aquí Inuyasha?
-Es lo mismo que quiero saber ¿Acaso me estás siguiendo?
-No tengo porqué…
-No mientas Miroku…
-En serio, sólo vine a ver a mi abuelo y no tengo porque andarte siguiendo…
-¿Tu abuelo?
-Ejem…
Tosió el anciano interrumpiendo nuestro interrogatorio…
-Perdón abuelo ¡Buenas tardes!
Se disculpó Miroku mientras hacia una reverencia
-Por un momento pensé que mi querido nieto comenzaba a ignorarme…
-Eso no es verdad, lo que pasa es que me sorprendió mucho ver a Inuyasha aquí…
-¿Y de dónde se conocen?
-De la Escuela…
Contestamos al unísono Miroku y yo…
-¡Que pregunta tan tonta, pues si llevan el mismo uniforme… es más que obvio, hasta apenas me di cuenta de tu uniforme Inuyasha…
-Y yo jamás pensé que Miroku fuera su nieto…
-¿Que pequeño es el mundo no crees Inuyasha?
Comentó sarcásticamente Miroku.
-Bastante, por hoy he tenido demasiadas sorpresas…
-A propósito de sorpresas… me dejaste preocupado con tu repentina salida…
-AHH lo siento pero tenía que arreglar unos asuntos muy importantes…
-¿Y de casualidad no se te olvida algo más?
-Pues…
-¿Pero que clase de estudiante eres¿Cómo es posible que se te haya olvidado dos veces llevarte tu mochila?
Me reclamó él en broma mientras sonreía plácidamente.
-Y supongo que ese reclamo significa que otra vez la tienes en tus manos…
-Exacto…
-No te hubieras preocupado, de todos modos son sólo cuadernos en blanco y unos cuantos libros…
-Pero podrían tener un contenido si tú quisieras…, toma, aquí tienes y espero que no la vuelvas a olvidar porque entonces si se podría perder…
Me dijo Miroku extendiéndome mi mochila en el mostrador.
-Esta bien…
Contesté de mala gana mientras recuperaba mi mochila.
-¿Y desde cuando trabajas aquí?
Preguntó curioso Miroku.
-Desde hace dos días…
-Entiendo…, hubieras visto lo feliz que estaba mi abuelo cuando me comentó que había encontrado un ayudante excepcional…
-¿Y por qué lo dices?
-Por que nadie había aceptando el trabajo, muchos lo consideran aburrido y porque la paga no es muy buena…
-Para mi no, me gusta…
Conteste sin titubear y de manera muy sincera.
-Que bueno…, ya no te interrumpo, mejor continua con tu trabajo o por mi culpa te descontarán el día…
-Como quieras…
Después de eso Miroku se dirigió hacia su abuelo y comenzó a platicar con él, yo en cambio volví a mi trabajo y a los cinco minutos volvió a sonar la campanilla pero esta vez no era una sola persona la que había llegado eran varias…
Habían entrado al establecimiento cinco hombres mal encarados y con pinta de peligro, iban comandados por un líder salido de ultratumba. ¡Una sorpresa más¿Cómo era posible eso?
-¿Qué demonios quieres aquí Náraku…!
Gritó molesto Miroku, su semblante había cambiado totalmente. Su alegría y entusiasmo se habían esfumado por completo. Aquel rostro lleno de odio y desprecio que vi en él cuando nos encontrábamos bajo las gradas del gimnasio había regresado, pero con mucho mayor intensidad.
-¿Así es como recibes a tus clientes Miroku? Eso es muy descortés de tu parte…
-Deja de decir tonterías y lárgate de una vez…
Náraku comenzó a mirar el establecimiento con sus ojos de serpiente hasta que nuestras miradas chocaron…
-¡Pero que veo¡Es el mismo Kurosaki en persona…!
Yo me quedé helado al escuchar su fría voz… ¿Y cómo es que sabía mi apellido?
-A él no lo molestes, no tiene nada que ver en esto…
Miroku salió en mi defensa antes de que yo le respondiera a Náraku.
-No es necesario que lo defiendas Miroku…, el sólo puede hacerlo y lo demostró frente a toda la Escuela en su primer día de clases ¿No es así Inuyasha?
¡También sabía mi nombre! Era más que obvio que mi semblante era de total incertidumbre pues Náraku sonrió malévolamente y volvió a hablar…
-No deberías estar del lado de los perdedores ¿Por qué mejor no derrochas tu talento junto a nosotros? Tendrías todo a tus pies y serías temido y respetado por todos…
-Gracias… pero mi tiempo y mi talento son muy valiosos como para perderlos con bufones como ustedes…
El rostro de Náraku se llenó de furia y me miró con sus horribles ojos penetrantes, como si quisiera estrangularme con ellos…
-Muchachos ya saben que hacer…
Los cuatro tipos que acompañaban a Náraku sacaron de entre sus ropas unos enormes palos de béisbol y comenzaron a romper con ellos lo que a su paso se encontraban.
Al ver sus malditas intenciones instintivamente salté de entre el mostrador y comencé a pelear con esos estúpidos gorilas antes de que terminaran destruyendo el lugar. Miroku intentó ayudarme pero yo lo detuve…
-¡No te acerques¡Cuídalo a él!
Le grité para que protegiera a su abuelo. Él me hizo caso y lo protegió con su cuerpo mientras miraba impotente mi pelea.
Todo fue demasiado sencillo a los cinco minutos los cuatro "amenazadores sujetos" se encontraban inconcientes en el piso y con sus bocas sangrantes. Pero Náraku se había mantenido al margen de la lucha y en ningún momento tuvo intenciones de defender a sus subordinados, simplemente se había dedicado a observar detenidamente aquella pelea con su horripilante mirada. Pero su semblante cambió totalmente cuando a lo lejos comenzaron a escucharse sirenas de patrullas, ni tardo ni perezoso Náraku salió como relámpago del lugar, se subió con gran habilidad a su automóvil y arrancó dejando las marcas de sus llantas plasmadas en el pavimento por la gran aceleración.
-¿Están bien?
Pregunté ya más tranquilo mientras me aseguraba de que esos gorilas en verdad estuvieran inconcientes y no muertos.
-Si…
Contestaron Miroku y su abuelo que aún se encontraban muy sorprendidos por el numerito que arme.
A los pocos segundos la policía llegó y de inmediato cuatro de ellos se abalanzaron sobre mí creyendo que yo era el delincuente…
-¡No a él déjenlo es mi amigo¡El no ha hecho nada!
Les gritó con desesperación Miroku a los tipos que se encontraban sobre mí. De inmediato se levantaron y a decir verdad me dolieron mucho más aquellos empujones y apretones por parte de esos cuatro "Policías" que mi pelea con aquellos gorilas…
-¿Que pasó aquí?
Preguntó uno de ellos al parecer era el jefe
-Señor el joven no tuvo nada que ver, él nos defendió de estos sujetos que están tirados en el piso por si no se había percatado de ellos…
Comentó el anciano algo ofendido por su agresividad hacia mí. El "Defensor de la Ley" no contestó a esto último porque sólo arremetieron contra mí y no con los verdaderos culpables que ignoraron por completo su llegada, de los cuales se enteraron de su existencia hasta que el anciano se los mencionó…
-¿Pero quién hizo todo esto!
Preguntó asombrado el policía.
-Yo lo hice.
Contesté tajante y sin temor.
-¿Tú solo?
Comentó incrédulo aquel tipo que se negaba a creer que un joven a simple vista algo "enclenque", se atreviera a luchar contra cuatro monigotes que aparentemente se veían mucho más fuertes que yo.
-Creo que el muchacho merece una disculpa…
Dijo el anciano para inquietar más al señor.
-Lo siento, pero pensamos que el joven era el causante de todo esto…
Se disculpó el policía, no podía ocultar su vergüenza ante tal imprudencia.
-¿Estás bien?
Preguntó preocupado Miroku
-Dentro de lo que cabe creo que si, aunque por un momento pensé que perdería una parte de mi cuerpo con tanto jaloneo….
Comenté en voz alta mirando con repulsión a los sujetos que tuve que cargar sin ningún consentimiento…
El anciano le explicó lo sucedido al policía mientras Miroku y yo permanecíamos en silencio mirando como los demás agentes se llevaban a los criados que Náraku abandonó…
-¿Por qué lo hiciste?
Me preguntó Miroku con curiosidad.
-Por que ese tipo no me agrada…
Contesté con mentiras, en realidad mi reacción fue porque sentía la necesidad de protegerlos a ellos puesto que el abuelo y el nieto sin haberme conocido habían sido muy amables conmigo y no merecían que yo les pagara con cobardías…
-Perdona que te lo diga Inuyasha pero… ¿Te has dado cuenta del alacrán que te has echado encima?
-Lo se y no le tengo miedo, pero mi pregunta es… ¿Cómo es que llegó la policía tan rápido?
-AHH te refieres a eso, lo que pasa es que mi abuelo contrató hace unos días un sistema de seguridad y hay una alarma que avisa a la Estación de Policía más cercana que el establecimiento está siendo robado o saqueado y eso era algo que Náraku no se esperaba…
-Entiendo…
Minutos más tarde la policía desapareció junto con aquellos maleantes, pero aún así Miroku y yo notamos que el anciano estaba triste…
-Abuelo no te pongas así, estamos vivos lo demás no importa…
-Pero rompieron las cajas nuevas y eso me costó mucho dinero…
-No se preocupe esas cajas están vacías…
-¿Qué?
-Si, coloqué la mercancía dentro del mostrador de enfrente ¡Lo ve!
Le dije señalando el lugar que yo ya había limpiado y acomodado.
-¡Bendito seas Inuyasha¿Pero porqué las colocaste en ese lugar si ya tenía planeado colocar la mercancía en el aparador de la entrada…?
-Lo sé, pero como son productos muy caros pensé que serían demasiada tentación, y es mejor tenerlos resguardados en un lugar más seguro…
-¡Pero que inteligente eres¡Yo no podría haberlo hecho mejor!
Los comentarios del anciano me halagaban y me hacían sentir muy bien.
-Lo que esos tipos rompieron fueron sólo las cajas vacías que se encontraban encima del mostrador, ellas ayudaron a que no se rompieran por completo los vidrios…
Aclaré un tanto enorgullecido por mis acciones.
-Lo ves abuelo, no se perdió nada sólo hay que reponer algunos cristales estrellados y listo.
-Tienes razón creo que el susto me hizo perder los estribos…
-Díganme una cosa ¿Por qué Náraku los atacó?
Pregunté con curiosidad al no entender por qué ese hombre se mostraba tan agresivo con ellos.
-Por que quiere este negocio…
-¿Pero para qué?
-No lo sabemos, desde que mi abuelo y uno de sus amigos compraron este local, la familia de Náraku se ha encargado de molestarnos por más de cincuenta años…
-¡Pero eso es demasiado¿Cómo es que han podido soportar tanto tiempo?
-Porque hice una promesa…
-¿Promesa?
Pregunté confundido por aquella respuesta…
Por más que mi mente trataba de asimilar que una promesa fuera la culpable de haber atormentado a una familia por más de cincuenta años se me hacía algo imposible de creer y totalmente inverosímil…
-Por esos gestos llenos de confusión es mejor que te cuente esta historia, pero júrame por lo más sagrado que tengas que jamás se lo dirás a nadie…
Comentó el anciano al ver mi semblante perturbado.
Yo le prometí que de mi boca no saldría ni una sola palabra aunque no podría jurarlo por lo más sagrado porque no tenía a nadie en mi vida que ocupara ese puesto…
El viejo comenzó a narrarme su historia. Supuestamente en sus años de juventud tenía un gran amigo, casi su hermano, capaces de dar la vida el uno por el otro puesto que su lazo de amistad era muy grande e inquebrantable. De tal manera que cuando crecieron y se preguntaron ¿Qué harían con su futuro…? decidieron establecer un negocio como socios
Se establecieron en Tokio y comenzaron su más grande sueño. Mucho tardaron en encontrar un establecimiento que cumpliera con sus expectativas y sobre todo con su economía hasta que al fin la suerte les sonrió y compraron este establecimiento del cual el dueño ansiaba deshacerse de él cuanto antes…
Estaba tan desesperado que aceptó de inmediato el dinero que se le ofreció y desapareció sin dejar ningún rastro, pero estos dos amigos jamás se imaginaron que con esa compra conocerían el mismo infierno…
Sus vidas cambiaron completamente, cuando ya tenían instalado su establecimiento con la mercancía y los aparadores listos para la gran inauguración, un grupo de mafiosos irrumpió el lugar con violencia una tarde antes de la apertura y destruyeron todo lo que encontraron a su paso. El anciano y su amigo no pudieron hacer nada más que observar impotentes como su sueño se derrumbaba por completo ya que se encontraban amenazados por dos maleantes que les apuntaban con la pistola en la cien. Pero al no encontrar lo que buscaban simplemente se fueron como si nada hubiera pasado, aun así las visitas de esos mafiosos eran constantes y las agresiones cada vez mayores…
-¿Pero nunca le dieron una razón del por qué quieren este negocio?
Pregunté cuando el anciano finalizó su relato.
-Nunca lo supimos, mi amigo murió hace algunos años y se llevó esa duda a la tumba…
-Si esos mafiosos ansían tanto este lugar ¿Por qué no se los vende?
-No puedo Inuyasha, algo me impide hacerlo, además estoy seguro que hay algo escondido aquí que atemoriza a esos hombres, y que temen que alguno de nosotros se entere…
-Pero entonces ¿Cuál es la promesa que lo retiene en este lugar?
Pregunté intrigado y tratando de armar el rompecabezas que se había formado en mi mente…
-Se lo prometí a mi amigo en su lecho de muerte y no puedo retractarme…
-¡Pero esta arriesgando a su familia, los pueden matar…!
Otra vez abrí mi bocota y provoqué que el anciano se entristeciera… ¿Por qué simplemente no puedo quedarme callado?
-Entiendo lo que me dices Inuyasha pero cuando conozcas el verdadero significado de la amistad entonces me comprenderás…
Ya no quise seguir discutiendo sobre el asunto porque el anciano se mostraba firme en su decisión y nada ni nadie lo harían cambiar de opinión. Yo seguía sin entender que una promesa provocara tantas atrocidades, pero el anciano bien me dijo que hasta que yo no conociera el significado de la AMISTAD jamás lo entendería…
Después de que la conversación terminó Miroku y yo nos dedicamos a reparar el lugar el resto de la tarde hasta que todo quedara más o menos en su lugar porque aún restaba comprar algunas cosas para las reparaciones.
-Ya es suficiente Inuyasha, no tienes que hacer todo esto…
Me dijo apenado el anciano después de varias horas.
-No es nada, además yo también fui culpable de que varias cosas se rompieran con mi pelea y tengo que reponerlas…
-¡Pero que tonterías dices muchacho si tú nos salvaste la vida!
Exclamó el viejo sorprendido.
-Inuyasha no tienes que hacer esto, mejor regresa a tu casa está a punto de anochecer y no vaya ser que Náraku aún te esté esperando en las sombras para atacarte…
-No lo creo Miroku… además, no es más que una vil gallina, en cuanto escuchó las sirenas no dudó en escapar sin importarle el destino de sus compañeros…
-Él es así, nunca hace el trabajo sucio, no le gusta mancharse las manos y prefiere que otros lo hagan.
-Inuyasha por favor ya es tarde y no quiero que algo malo te pase…
-Señor no se preocupe nada malo me puede ocurrir…
-Lo dices con demasiada tranquilidad… Náraku no se quedará de brazos cruzados después de lo que le acabas de hacer, buscará venganza y ya debe de considerarte como uno de sus enemigos más poderosos, así que no se tentará el corazón haciéndote sufrir hasta pagar lo que has hecho…
-Pero yo no hice nada Miroku, sólo me defendí...
-Lo rechazaste, rechazaste su oferta de tener todo lo que tú quisieras y ese tipo de desprecios se pagan con la propia vida…
-No seas tan extremista, ese hombre no puede hacer tanto daño no es mas que un sucio traposo…
-Ay Inuyasha…, tu arrogancia la paso por alto porque eres nuevo, pero conforme trascurra el tiempo te darás cuenta de que Náraku no es sólo un molesto insecto que puedes aplastar cuando tú quieras…
-Al parecer le tienes mucho miedo, por la forma en cómo te expresas…
-No es miedo, lo he vivido en carne propia, el me hecho sufrir hasta conocer el infierno…
-Miroku ya no sigas, no es el momento…
-Tienes toda la razón abuelo, creo que he hablado demasiado…
Por momentos pude observar como los ojos de Miroku se mostraban cristalinos, como si hiciera un gran esfuerzo por contener las lágrimas. Al ver esto preferí irme porque era lo más prudente. Me despedí de ellos, tomé mi mochila y abrí la puerta para salir cuando…
-¡Espera Inuyasha!
Gritó Miroku que caminaba aprisa hacia mí.
-¿Qué pasa?
-Toma…
Miroku me ofreció sus cuadernos pero yo no quise tomarlos…
-No es necesario…
-Llévatelos, vas muy atrasado en la Escuela, te servirán para que esa mochila tenga un verdadero contenido y no sólo cuadernos en blanco…
No puede negarme, no podía rechazar aquel ofrecimiento, no me atreví a confesarle de que ya no volvería más a esa Escuela y que me iría para siempre. Tomé los cuadernos le di las gracias y los guardé en mi mochila.
-Nos vemos mañana Inuyasha…
Comentó al despedirse y yo me limité a decir…
-Está bien.
Comenzaba a oscurecer ya casi eran las 8:00 PM pero no me apuraba llegar tarde o temprano a mi casa porque no había nadie que me reclamara por ello. Como siempre caminé despacio, meditando sobre lo ocurrido aquel día, sobre todas esas "sorpresas"… Sesshomaru, la hora del té…, Náraku…, Miroku y su abuelo, pero sobre todo me cuestionaba una y otra vez acerca de mi decisión… ¿Debía o no irme con mis padres?
Llegué a mi casa sano y salvo, al parecer Miroku estaba paranoico con todas aquellas recomendaciones y advertencias que me dio acerca de Náraku. Al entrar una mujer me recibió con una leve sonrisa.
-Bienvenido a casa joven Inuyasha…
Ella era una señora de edad avanzada, estatura baja y de fisonomía rechoncha, su pelo largo y cano era sostenido en media cola por un listón negro. Llevaba una blusa blanca con pequeño bordado de flores en el pecho y una falda negra que le llegaba hasta las rodillas, sus zapatos eran bajos y también negros, muy común en señoras de su edad. A mi me extrañó su presencia porque nunca la había visto así, que comencé a interrogarla…
-¿Y usted quién es¿Qué hace en mi casa?
-Disculpe…, no me presentado, mi nombre es Kaede y soy su nueva ama de llaves…
Respondió la anciana haciendo una reverencia.
-¿Ama de llaves? Pero si yo no solicité ese servicio…
-Lo sé joven, su señor padre me contrató hace un día, pero como yo vivía en Okinawa el viaje me retrasó y llegué apenas hoy en la mañana, le pido disculpas por eso…
-Con que fue mi padre…, no entiendo por qué rayos le gusta malgastar su dinero de esa forma…
-Perdone joven, pero si lo he molestado con mi impuntualidad con gusto dejaré el trabajo…
-No se preocupe, además no creo que sea buena idea quedarnos parados en el umbral de la puerta conversando…
-Tiene usted razón disculpe…
La anciana cerró la puerta y entramos a la casa. Pero cual fue mi sorpresa cuando me encontré con ambiente muy distinto al de hace unos días, ahora la casa estaba alumbrada, la chimenea estaba prendida e invadía con su calidez el ambiente, el aroma era diferente, más fresco, con más vida…
-¿Quiere que le sirva la cena?
Preguntó Kaede al ver lo enajenado que me encontraba con el nuevo cambio.
-No gracias, no tengo apetito…
-Entonces me llevaré sus cosas a su habitación…
-No es necesario yo puedo solo, muchas gracias…
-Como guste…
La mujer realizó otra reverencia y se alejó. La verdad no me agradaba la idea de tener sirvientes a mi cuidado, me hacían sentir un verdadero inútil porque ellos no estaban por gusto atendiéndome más bien por necesidad y eso no me gustaba. Esas personas me daban lástima y por momentos deseaba obsequiarles parte de los muchos millones que poseía, a mi ese dinero no me servía en absoluto sólo se encontraba pudriéndose en los bancos, más sin en cambio estas personas necesitaban de un capital y nada me costaba desprenderme de lo que poseía con tal de que tuvieran una vida mejor y más tranquila, de esa forma yo me sentiría mas a gusto, a que estuvieran haciendo las cosas por mi, como si fueran sólo máquinas y no humanos…
Subí a mi habitación a diferencia de las noches anteriores esta vez se encontraba alumbrada y cálida y un leve fragancia a lavanda invadía el ambiente…
-Espero que no le moleste señor, me tomé el atrevimiento de otorgarle algo de vida a esta casa, estaba muy lúgubre…
Me comentó el ama de llaves.
-No hay problema así me gusta…
Le contesté muy agradecido, en verdad que este día estaba lleno de sorpresas, al parecer algunas personas se habían puesto de acuerdo para hacerme sentir bien…
-A propósito, su padre llamó, quiere que se comunique cuanto antes con él…
-Lo llamaré al rato, después de darme un baño y yo creo que si comeré algo, no he probado nada en todo el día.
-¿Qué se le apetece?
-Café, cereal con leche y algo de fruta…
-Enseguida se lo traeré…
La mujer salió de mi habitación, yo en cambio tomé mi mochila y la coloqué encima de la cama, me tumbé en ella boca arriba y otra vez a pensar. Duré algunos minutos así hasta que el teléfono sonó, me enderecé y tomé el teléfono inalámbrico que se encontraba sobre mi buró…
-Hola…
-¿Se puede saber dónde andas jovencito?
-Ahh eres tú, papá… se te agradece el saludo…
Comenté sarcásticamente ya que en lugar de que mi padre se dignara a saludar a su "querido hijo" comenzó a reprenderme…
-¿Por qué llegas a estas horas a la casa?
-Estaba trabajando…
-¿Trabajando?
-Si…
-¿En la Escuela?
-No, en un establecimiento… trabajo como dependiente…
-¿Es una broma Inuyasha?
-Estoy hablando en serio…
-¿Y se puede saber cuál es la razón? Tú no necesitas dinero…
-Lo sé… pero es sólo para distraerme, no tengo nada que hacer aquí…
-¿Qué no tienes nada que hacer? Estás ahí para estudiar, sólo para eso y no estar perdiendo el tiempo en tonterías…
-¿Papá sólo hablaste para regañarme? Porque he tenido un pésimo día y lo que menos quiero es escuchar tus reclamos…
-No me hables en ese tomo que soy tu padre…
Al escuchar eso miré el techo y me preguntaba que crimen cometí para tener un padre así…
-¿Me estás escuchando?
-Lo siento, me distraje…
Fruncí la boca.
-Te decía… que quiero que te regreses cuanto antes con nosotros…
-¿Y porqué?
-¿Cómo que porqué? En esa Escuela hay un hombre que te odia y no quiero que te haga daño…
-Ese hombre también es tu hijo y se llama Sesshomaru.
¿Por qué lo defendía¿Acaso era tan grande mi culpa que ahora veía a mi "hermanito mayor" desde otra perspectiva?
-No quiero discutir eso contigo y tú no tienes ningún hermano… hace mucho que dejó de serlo…
-Mira… a mi no me metan en sus problemas, además ni siquiera me he encontrado con él y no ha pasado algo catastrófico como para que yo me regrese…
-¡Inuyasha no te estoy preguntando SI QUIERES O NO REGRESAR, tomarás el primer vuelo a Italia y punto…
-No me quiero ir de aquí…
¡Asombrosamente e impulsivamente ya había tomado mi decisión! …quedarme…
No me gustaba la forma en cómo se comportaba mi padre, siempre queriendo hacer su voluntad, independientemente de que ya no quería estar a lado de él para soportar su genio.
-Inuyasha… no me saques de mis casillas…
-¿Y si lo hago que harás?
-No tendrás ni un solo centavo de mí…
-No lo necesito, tengo mucho más que tu…
-¿Acaso te crees todo un hombre?
-No, pero no quiero irme de un lugar en el cual por primera vez me siento a gusto y tranquilo ¿O es que también vas a desconocerme como tu hijo, como lo hiciste con Sesshomaru por no obedecerte?
-Este no es el momento hijo… los dos estamos muy alterados…
-Yo estoy muy tranquilo, pero al parecer es tu conciencia la que te impide razonar con más claridad…
-Mira tu madre y yo iremos a visitarte, llegaremos en dos días y así hablaremos mejor…
-Como quieras, pero yo no me moveré de aquí…
-Entonces hasta luego… hijo…
-Como digas…
Y de inmediato colgué el teléfono, me fastidiaba lidiar con mi padre, él siempre ha sido de opiniones muy radicales y no le gusta ver más allá de los que sus ciegos ojos ven, nunca comprende, nunca pregunta, nunca escucha…
Pero ya no quería pensar en la futura visita de mis padres, lo que más me importaba era el por qué inconcientemente decidí quedarme aquí. Al escuchar los reclamos de mi progenitor, me enfurecí y me dejé llevar por mis impulsos, pero ya estaba decidido, no huiría de nadie me quedaría aquí hasta hartarme, ni siquiera el recuerdo viviente de Sesshomaru provocaría que yo me alejara de este lugar. Me sentí más tranquilo y un gran peso que llevaba sobre mi espalda había desaparecido totalmente. Me levanté de mi cama y me di una ducha. El cuarto de baño también mostraba un ambiente cálido, su aroma, aquella luz tenue, el color ambarino en las pareces, todo era muy abrigador y me hacían sentir humano y no el ser extraño y solitario que minutos antes vagaba por las calles tratando de resolver sus confusiones.
Me encontraba de cierta manera contento porque al fin había tenido el suficiente valor de decidir lo que quería, lo que en verdad deseaba y era quedarme en este país porque como bien lo dijo el anciano "…no nací para imitar a una golondrina…".
Las suaves gotas del agua recorrían mi cuerpo desnudo llevándose consigo mi esencia inmunda y catastrófica, ya no quería seguir huyendo, ahora sabía con certeza que en este lugar encontraría lo que tanto he buscado y ahora no me detendría hasta obtener mi respuesta…
Terminé de darme mi baño y salí con el cuerpo más refrescado y relajado, mi cena ya estaba servida en una pequeña mesa que supuse que Kaede había traído especialmente para mi, me senté y comencé a disfrutar de mis sagrados alimentos, después de media hora encendí la televisión que se encontraba frente a mi cama, pero no había nada entretenido y solo me limitaba a recorrer todos los canales con el control remoto sin establecerme en uno fijo, pero tanto el aburrimiento como el cansancio comenzaban a invadirme así que me levanté de la cama y levanté el gran edredón y las suaves sábanas para acostarme… pero al alzar mi vista observé a lo lejos mi mochila, estaba en el otro extremo de la cama, en un pequeño escritorio que se encontraba en un rincón de la recamara diseñado especialmente para realizar trabajos escolares, la tomé entre mis manos y la abrí. Los cuadernos de Miroku seguían allí, prendí la pequeña lámpara que se encontraba ahí, saque tanto las libretas de él como las mías y comencé a copear los apuntes, en verdad si que estaba atrasado y terminé mis labores hasta las dos de la madrugada, ni siquiera me di cuenta del tiempo, sólo cuando terminé miré mi reloj y me di cuenta de la hora, ya era muy tarde y yo entraba a las 8:00 AM al Colegio, así que me acosté y descansé plácidamente en mi suave cama…
El despertador sonó a las 7:00 AM, yo no quería pararme pero tampoco me gustaba andar a las carreras preocupado por llegar a tiempo a la Escuela. Me lave la cara y el pelo, me vestí con mi uniforme de velatorio y bajé a desayunar. La señora Kaede me recibió con otra sonrisa y me preguntó amablemente lo que quería para desayunar. A los 10 minutos el desayuno ya estaba servido en la mesa del comedor y yo lo devoré sin importarme si mi forma de comer era correcta o no, la verdad estaba muy rico y quería más, pero mi estómago no aguantaría, así que lo dejé por la paz, me levanté tomé mis cosas y salí de la casa rumbo a la Escuela no sin antes esperarme a que la anciana me entregara un pequeño envoltorio de tela en donde se encontraba mi almuerzo, lo tomé y lo guardé en mi bolsa para después reanudar mi camino. A los pocos minutos ya me encontraba otra vez en el Colegio, con mi habitual aire de despreocupación y con una gran pereza acuestas, estaba tan cansado que ni ganas de caminar tenía…
Subí por las escaleras rumbo al salón cuando…
-¿Pero que veo¿Tú aquí?
Giré mi cuerpo a donde había escuchado esa voz, y la verdad no tenía ánimos de hablar con esa persona y escuchar sus sarcasmos…
-¿Que pasó Inuyasha yo pensé que ya habías llegado a Italia?
Me comentó Kyo en tono burlón
-No empieces con tus bromitas… además no me iré…
-Que bueno, sabía que no lo harías…
-¿Por qué lo dices?
-Por que por primera vez vi en tus ojos la indecisión…
-No entiendo…
-Que dudaste en tus propias palabras y no creí.
-Bueno ya estarás contento ¿O no?
-Mucho, por lo menos me has alegrado el día…
-Si tú lo dices…, ah y apropósito te conviene hacer tu testamento lo antes posible…
-¿Por qué lo dices!
Exclamo él algo sorprendido.
-Porque mis padres van a venir, así que ve pensando a quién le dejarás todos tus bienes…
-Ummm con que mi amiguito va a venir…
Comentó Kyo pensativo.
-Si, quiere convencerme de que me vaya de esta Escuela…
-Y deberías seguir su consejo… ¿No crees?...
Comentó otra voz, y el mundo se me vino encima de tan sólo escucharla…
Sesshomaru se encontraba detrás de mí, había escuchado nuestra conversación. Nos miramos uno al otro y el silencio reinó, nuestros ojos sólo expresaban odio, quizás más él que yo…
-¿Por qué no te vas? Sería un alivio para nosotros el no tener que soportar tu presencia…
Dijo Sesshomaru arrastrando las palabras y con su tonito engreído.
-Eso no te importa, tú no eres nadie…
Exclamé molesto ante sus provocaciones.
-Cuidado en como se dirige a un profesor jovencito…
-Entonces "PROFESOR"… usted no tiene porque meterse en conversaciones que no le incumben…
Repliqué molesto al darme cuenta que Sesshomaru no había cambiado en absoluto, su arrogancia se había incrementado y más con el puesto tan "importante" que ocupaba haciéndolo un tipo todavía más presumido, pero lo que más me agradó fue que el no pudo refutarme el último comentario que hice y obviamente no le agradaba quedarse callado…
-Muchachos porque no se tranquilizan, este no es el momento para arreglar sus problemas familiares…
-¡NO SOMOS FAMILIARES!
Exclamamos con enojo y al mismo tiempo él y yo, tal parece que eso era en lo único que estábamos de acuerdo, en renegar de nuestro horrendo parentesco…
-Bueno si así lo prefieren no puedo hacer nada… ¿Quería tratar algo conmigo profesor Nomura?
Preguntó Kyo cambiando de tema, antes de que las llamas del odio y el rencor se avivaran y Sesshomaru y yo termináramos destruyendo el Instituto…
-Si, se trata de un alumno…
Respondió Sesshomaru.
-¿Así, y de quién se trata?
-Del joven Katsuragi…
-Muy bien. Entonces si es tan amable de acompañarme a mi despacho… ahh Inuyasha, te espero a la hora del descanso en la dirección quiero hablar contigo…
-Esta bien…
Contesté con desgana mientras veía como se alejaban Sesshomaru y Kyo rumbo a la dirección. Pero ¿Por qué Kyo lo llamó Nomura¿Y por qué Sesshomaru quería hablar sobre Náraku con el Director? En verdad que cada día que pasaba me encontraba con muchas sorpresas…
Llegué al salón y me senté en mi banca como si nada, fingiendo ignorar a un tipo que se encontraba a mi lado, el cual no me dejaba de mirar…
-Ya deja de mirarlo tanto Takeya… ¿O es que te gusta Inuyasha?
Todos rieron a carcajadas por el comentario de Miroku.
-¡No digas estupideces Ishida…!
-Entonces si tanto te molesta la presencia de Inuyasha, te cambio el lugar…
-Es una buena idea…
El tipo enclenque se levantó y cambió lugar con Miroku.
-No tenías por qué hacer eso… ¿Además quién te dijo que te sentaras a mi lado?
Le dije molesto por el momento tan embarazoso que me hico pasar.
-Nadie…, pero deberías agradecérmelo…
-No veo el por qué…
-Entonces dejare que el bello Yakotzu se deleite con tu virilidad…
-¿Acaso es gay?
Pregunté algo sorprendido al darme cuenta que el horrible hombre me acechaba con su mirada desde el antiguo lugar de Miroku…
-¿No te habías dado cuenta?
Comentó él sarcásticamente.
-Claro que no, si apenas llevo dos días en este salón…
-Bueno por lo menos ya te previne y será mejor que te apartes de él lo más que puedas porque puede ser mil veces peor que una mujer obsesionada por un hombre…
-Que amable de tu parte me lo hubieras dicho antes de haber pasado esta vergüenza…
-Bueno por lo menos tienes el consuelo de que alguien se fijó en tu "simpatía"
-Ya cállate… y toma tus libretas…
Le grité molesto mientras le devolvías sus apuntes al inútil de Miroku…
-¿Y si los usaste?
-Obvio o con que otro propósito me desvelaría hasta las dos de la mañana…
-Tienes razón, me da gusto que ya estés al corriente.
-Como digas…
-Oye es viernes que te parece si salimos a divertirnos un rato después del trabajo, podríamos invitar algunas chicas…
-No gracias, no me interesa ese tipo de diversión y mucho menos las mujeres.
Al escuchar esto último Miroku hizo una mueca de repulsión…
-No espera..., no es lo que te imaginas pervertido…
Me apresure a decir por aquel malentendido.
-¿A no? Entonces… ¿Cómo se le puede llamar a eso?
-Olvídalo… contigo no se puede lidiar…
Afortunadamente la charla terminó y el maestro llegó, pero mi mala suerte seguía persiguiéndome porque el profesor que entró era nada más y nada menos que el chaparro de Kuroda…
-Buenos Días jóvenes…
-¡Buenos días!
Saludamos todos de pie, y de inmediato el tipo me miró algo extrañado por mi presencia.
-Pero quien diría que el rebelde de Kurosaki cambiaría sus modales y ahora se dignaría a saludarme…
Comentó sarcásticamente, yo en cambio lo miré fijamente sin decir nada, aguantándome las ganas de contestarle, pero no quería darle gusto con sus provocaciones y permanecí quieto.
-Tal parece que el Director te aplicó un buen castigo y te hizo recapacitar para que cambiaras tu conducta…
Comentó el muy ingenuo al creer que el señor "Director" me había crucificado para que yo cambiara de actitud.
-Idiota…
Murmuré en un tono muy leve, pero Miroku si me alcanzó a escuchar y soltó una leve sonrisa, sonrisa que de inmediato tuvo que cambiar a un estornudo fingido para que el enano no se diera cuenta.
-Muy bien jovencito, esa actitud me gusta, todos pueden sentarse y habrán su libro de Cálculo en la lección que nos quedamos…, espero que vaya al corriente con los apuntes Kurosaki…
-Si profesor, los tengo todos…
-Muy bien, cuando te lo propones puedes ser muy responsable…, entonces ¿En qué ejercicio nos quedamos?
Una chica se acercó al profesor y le señaló en su libro el ejercicio pendiente, aunque yo no tenía ni la más remota idea cuál era…
-¡AHH es cierto, es el ejercicio que nadie pudo realizar¿Qué podremos hacer…?
El maestro me miró, tramaba algo y yo ya me imaginaba que…
-Kurosaki ¿Porque no pasa al frente y nos resuelve este problema?
Ya sabía que diría eso, pero lo que ese tipo no sabía es que se había topado con pared, y si no podía molestarlo con mi conducta podía hacerlo con el conocimiento…
Así que el maestro anotó esto en el pizarrón:
∫ x sec² x dx?
¿Ese era el gran problema que nadie entendía? No podía creerlo… era algo demasiado sencillo ¿O quizás el maestro me ponía a prueba y todos los demás estaban de acuerdo y solo fingían? Ya no importaba porque a los pocos segundos la respuesta ya estaba en el pizarrón:
Solución: x tan x-L│sec x │ + C
Cuando me di a vuelta todos se encontraban con la boca abierta y casi con los ojos fuera de sus cuencas, entre ellos Miroku. El maestro sólo me miraba con cierto desprecio, porque su intento de humillarme frente a todos había fallado.
-Muy bien Kurosaki ¿Y que tal si resuelve este otro?
El maestro borró el problema anterior y anotó otro, al cuál también le di solución. Después de ese siguieron más y más y con un grado de dificultad mucho mayor, así nos la pasamos casi toda la clase y en ninguno de ellos me equivoqué, el chaparrito ya estaba desesperado y después de cuarenta minutos de duelo se dio por vencido y me ordenó de mala gana que me sentara en mi lugar…
-Bueno jóvenes después de que su compañero nos ha demostrado sus dotes matemáticas creo que no habrá problema si aplico un examen la siguiente clase sobre los ejercicios que él resolvió…
De inmediato comenzaron los reclamos y las miradas de odio hacia mí, el idiota de Kuroda de alguna u otra manera se tenía que vengar de lo que le hice, pero esta vez había jugado muy sucio provocando que todo el salón se volviera contra mí…
-¡SILENCIO! Si él pudo resolverlos ustedes también, sólo tienen que estudiar…
Gritó Kuroda con los ojos desorbitados.
-¡Pero nosotros no tenemos la culpa! No es justo, yo aún no entiendo su materia apenas tenemos una semana de clases por favor no lo haga…
Le suplicó muy angustiada una chica que se sentaba hasta enfrente, pero sus intentos fueron en vano.
-Jovencita ese no es mi problema, eso les pasa por no estudiar y perder el tiempo en tonterías…
-Pero…
-¡No hay peros, habrá examen y punto!
La campana anunció el final de la clase y de inmediato el profesor se dio a la fuga ignorando a los desesperados estudiantes que lo seguían implorándole algo de piedad. La chica que le había reclamado se me acercó furiosa y con lágrimas en los ojos…
-¡Eres un imbécil Kurosaki¡¡Por tu culpa voy a perder mi beca y no podré seguir en este Colegio!
-Yo no tuve la culpa el me obligó a pasar al frente…
-¡Pero podrías haber fingido que no sabías y no estar de presumido frente a todos!
-Tranquilízate por favor…
Miroku intervino tratando de calmar a la mujer histérica.
-¿Cómo quieres que me tranquilice cuando esta materia es un infierno para mi? Lo único que ha traído este tipo son problemas y ahora nos mete a todos en sus enfrentamientos con el profesor…
-Ya te dijo que el no tiene la culpa…
Le explicó inútilmente a la muchacha que sólo destellaba odio y no era la única, todos me miraban con repulsión y si antes no me odiaban, ahora tenían un muy buen motivo para hacerlo…
La chica se fue y yo me sentí un tanto incómodo, después de todo yo no tuve la culpa, fue Kuroda el que cambió la jugada de la manera mas vil, jamás creí que fuera capaz de llegar a esos extremos, el poner a todo el grupo en mi contra.
-¡Kuroda es un imbécil… ¿Por qué nos hace eso!
Reclamó muy molesto Miroku y azotando su libro de Cálculo en el suelo.
-Yo lo provoqué, y ahora todos van a pagar por mi arrogancia hacia un superior…
-Eso no tiene nada que ver Inuyasha, él es un pésimo maestro, nunca enseña nada y nosotros siempre tenemos que buscar por nuestros propios medios una solución a su materia, simplemente la trae contra ti y encontró un buen pretexto, es sólo eso…
-Si es tan malo como docente no debería estar aquí…
-Casi toda la Escuela ha implorado porque desaparezca de este país, pero es una persona muy influyente y nada ni nadie lo sacará de aquí, ha estado en este Colegio desde hace veinte años así que ya perdimos la esperanza de que se largue, después de todo es más fácil que nosotros nos cambiemos de Escuela o lo aguantemos…
-Si que es un tipo odioso…
Ese fue mi último comentario, porque otra clase había empezado y con ella, otras dos más, hasta que el receso llegó…
-¿Quieres que desayunemos juntos?
Preguntó Miroku con amabilidad.
-No gracias, tengo que ir a la dirección…
-¿Y por qué?
-No lo sé, el Director me pidió que fuera a verlo…
-Espero que no tengas ningún problema con él, es una persona muy amable…
-¿De verdad? A mi no me lo parece…
-¿Lo dices por el castigo?
-Si ese tipo no me cae bien…
No tenía más remedio que fingir desprecio por mi amigo, pero era para no levantar ningún tipo de sospecha y evitar que Kyo tuviera problemas por mi culpa. Salí del salón y me dirigí hacia el cuarto piso, llegué al pasillo principal y me detuve enfrente de la puerta del fondo, la secretaria no estaba así que toque…
-Adelante…
Ordenó la voz de Kyo detrás de la puerta y yo entré.
-¡Que bueno que vienes Inuyasha!
Exclamó al verme entrar por la puerta.
-¿De que querías hablar conmigo?
-Sobre tu estancia en este lugar…
-Ya te dije que voy a quedarme.
-Pero tu padre no está de acuerdo y quiere que te regreses.
-¿Y cómo lo sabes, ya hablaste con él?
-Bueno no precisamente, con la que hablé fue con tu mamá, ella me contó todo…
-¿Y ella que dice?
-¿No lo sabes?
-No, porque papá y yo discutimos y le colgué el teléfono, por eso ya no pude hablar con ella.
-Bueno ella dice que no tratará de convencerte de que te vayas aún después de que tu padre le ordenó que lo hiciera, prefiere que estés en un lugar donde te sientas cómodo y si es en este Colegio estará más tranquila…
-¿Aún después de que sabe la verdad?
-Si, ella confía en que Sesshomaru ya tiene la madurez suficiente y que no te hará daño…
-Que extraño… y hablando de Sesshomaru… ¿Por qué lo llamaste Nomura?
-Porque ese es su apellido.
-Su apellido también es Kurosaki…
-No ya no, hace muchos años que ese apellido desapareció de su nombre…
-¿Se cambió de nombre!
Pregunté muy asombrado al no creer lo que escuchaba.
-Sólo de apellidos, cuando tu padre lo corrió y lo desconoció como su hijo, Sesshomaru le tomó la palabra y adoptó los apellidos de su querida madre.
-No puedo creerlo, pero creo que yo haría lo mismo, odio este apellido…
-¿Tanto rencor le tienes a tu padre?
-Él sólo se preocupa por mí económicamente, pero él nunca me apoya, mucho menos me comprende por eso su presencia me fastidia…
-Si, tienes razón, aunque es mi amigo y nos conocemos desde que éramos unos niños no se que le pasó, él no era así…
-Bueno eso no importa¿Eso era todo lo que tenías que decirme?
-Si Inuyasha eso era todo, si quieres puedes retirarte…
-Aún no hay algo que quiero hablar contigo, es sobre Kuroda…
-¿Y ahora que hizo?
Preguntó Kyo algo fastidiado de tan solo escuchar su nombre. Yo le expliqué lo ocurrido hace unas horas y le pedí que hablara con él para que cancelara ese estúpido examen…
-Haré lo que pueda aunque no sé cuales sean sus condiciones, pero estoy de acuerdo en que fue una injusticia, lo que te aconsejo Inuyasha es que no lo provoques de esa manera o tus compañeros serán los que paguen las consecuencias como ya te habrás dado cuenta…
-Todo se arreglaría si se largara…
-Que mas quisiera yo, pero es el mejor amigo del dueño del Colegio así que no creo poder hacer mucho…
-Bueno ya veré la forma de deshacerme de él…
-Inuyasha me das miedo cuando hablas así, ya no te metas en problemas o no podré ayudarte, por favor.
-No te preocupes, nadie sabe de nuestra relación y por lo menos me estoy encargando de que todos piensen que te odio…
-¡Que consuelo!
-Pero sólo es en apariencia, sabes que no es verdad, y creo que no soy el único, he escuchado algunos comentarios muy favorables hacia ti, así que debes de estar tranquilo.
-Bueno Inuyasha mejor vete o harás que me ruborice…
-Si, mejor me voy, aún me quedan diez minutos más antes de la siguiente clase.
-Esta bien, cuídate y procura no lidiar mucho con Nomura.
-No te preocupes eso pasará hasta la próxima semana porque es cuando tengo clase con él.
-Bien, por lo menos tendré un fin de semana tranquilo…
-Como digas, adiós…
Salí de la dirección y bajé al patio para disfrutar el tiempo que me quedaba antes de entrar a clase. Había mucha gente y yo traté de buscar un lugar no tan concurrido…
-¡Inuyasha!
Gritó una voz, era Miroku que se acercaba a mí.
-¿Te fui bien?
-No mucho, me advirtió que si me seguía metiendo en problemas realizaría servicios escolares hasta que el año terminara…
-¿El Director te dijo eso?
Preguntó asombrado Miroku que no creía que Kyo fuera capaz de algo así, pero era una mentira piadosa para cubrir a mi gran amigo…
-Y a todo esto Miroku, sobre el incidente de ayer ¿Náraku no te ha vuelto a molestar?
-No, no lo he visto afortunadamente, creo que no vino, se ha de estar escondiendo como la vil rata cobarde que es…
-¿Es por eso que quieres enfrentarlo en el Torneo¿Por lo que le ha hecho a tu familia?
-Si, quisiera estrangularlo con mis propias manos y esa es una buena oportunidad…
-¿Y que ganarás con eso?
-Respeto y demostrarle a los demás que Náraku es un cobarde y que no hay que tenerle miedo…
-No creo que sea buena idea, tendrías que matarlo o de lo contrario él lo hará contigo…
-Lo sé, pero es que no sé que hacer estoy desesperado…
Miroku se pasó los dedos de su mano entre su cabello, estaba muy angustiado y no era para menos, después del numerito que Náraku armó…
-Está bien… acepto…
-¿Qué?
-Ya me oíste no me hagas repetirlo o me arrepentiré…
-¿Estarás conmigo?
Yo lo miré firmemente y asentí con la cabeza.
-Gracias Inuyasha…
-Ya deja de agradecer tanto porque puedo cambiar de parecer…
-Está bien, ahora el problema es encontrar a otros tres integrantes…
-Yo no conozco a nadie, creo que tendrás que encargarte de ello, eso sin contar que muchos no aceptarán por mi reputación…
-No importa ya veré como me las arreglo…
Él estaba contento y yo no pude evitar sentirme un poco entusiasmado, me había contagiado con su alegría y sin pretenderlo… Miroku se había convertido en mi compañero…
Así trascurrieron dos semanas más, no hubo más sorpresas mis padres no fueron a visitarme porque extrañamente mi querida madre se enfermó repentinamente y no podía viajar en ese estado, aunque yo sabía muy bien que eso no era cierto, sólo lo hizo para evitar que mi padre me regresara a rastras a Italia. Tampoco hubo más atentados por parte de Náraku, todo marchaba en paz y armonía, sólo lo vi algunas veces en el Colegio pero los dos nos ignorábamos. Con Sesshomaru no hubo problemas, bueno por así decirlo… porque a la hora de clase se desquitó conmigo obligándome a hacer ejercicios físicos muy forzados, todos se dieron cuenta que yo no era el consentido del profesor, pero supusieron que era por mi "respetable personalidad" ese día llegué muerto y a la mañana siguiente no podía levantarme de mi cama…, y en cuanto a Kuroda, bueno, canceló aquel examen a cambio de que yo hiciera servicios escolares y tareas extras durante el primer trimestre. Yo accedí y salvé a mis compañeros de la muerte aunque ellos no lo supieran. Cuando Kuroda les dio la noticia brincaron de felicidad si saber quién había sido su salvador y continuamente se preguntaban por qué el enano había cambiado de parecer. El único que estaba al tanto era Miroku que amablemente se ofrecía a ayudarme después de las clases, claro está, sin que Kuroda se diera cuenta porque entonces el castigo sería peor y en un día de esos…
-Inuyasha ¿Por qué no te vas? Yo terminaré con esto.
Me dijo Miroku cuando nos encontrábamos limpiando el salón de música.
-No, es mi trabajo mejor vete tú con tu abuelo porque iba a llegar mercancía nueva y no podrá con eso.
-Prefiero que vayas tú…
Miroku se comportaba de un amanera extraña.
-¿Qué te pasa? Tú no eres así…
-Es que… bueno… yo…
-Habla…
-Lo que pasa es que me quedé de ver con una chica…
-¿Vas a una cita?
-Sí…
-¿Y en esas fachas?
-No importa…
Algo extraño le pasaba a Miroku, yo no le creí ese cuento de esa cita, si era cierto que se encontraría con una mujer su comportamiento sería distinto, estaría emocionado y arreglándose como loco en su casa para impresionar más a la dama, mas sin en cambio se encontraba ayudándome…
-¿Estás seguro Miroku?
-Si, anda vete y yo termino…
-Pero…
Dudé, tenía un extraño presentimiento. Discutimos muchos minutos hasta que por fin me convenció para ir con su abuelo o mejor dicho me chantajeo con que "si yo seguía demorándome algún accidente podría posarle al anciano con aquellas cajas…", y de solo imaginármelo no tuve mas elección que irme…
Llegué a mi trabajo, todo estaba en orden y no hubo ningún problema con la entrega.
-¿Y mi nieto dónde está?
Preguntó el abuelo extrañado por la ausencia de su querido Miroku.
-Salió, me dijo que llegaría tarde porque tenía una cita con una chica…
-Que extraño, no me dijo nada, el siempre avisa cuando sale.
-No se preocupe lleva su celular…
Pero tanto el anciano como yo intuimos que Miroku había mentido y que no se encontraba precisamente con una mujer. El resto de la tarde me la pasé preocupado, mi mente estaba en otro lado y no ponía atención en el trabajo. Tampoco el anciano, estaba muy nervioso pues se paseaba de un lado a otro mirando de vez en cuando a través de los ventanales con la esperanza de ver a su nieto venir…
Se dieron las 7:00, Miroku no aparecía, ni una llamada, estaba apunto de anochecer y ni rastro de él…
Las 8:00 el anciano ya no sabía que hacer para ocultar más su preocupación pues se encontraba parado en la acera esperando a su nieto. Yo en cambio me tronaba una y otra vez los dedos de la angustia, tomé mi celular y lo llamé, pero nadie contestaba…
Las 9:00, ya era demasiado, mi paciencia había llegado a su límite…
-Voy a buscarlo…
Le avisé al anciano mientras me ponía mi chaqueta, hacía mucho frío¡Mal presagio! porque para ser septiembre era una noche demasiado lúgubre y helada…
-Inuyasha ve con cuidado…
-No se preocupe, lo haré…
Caminé por las calles mirando como loco hacia todos lados con la esperanza de encontrarlo, fui a los sitios que frecuentaría Miroku cuando tiene sus citas (centros comerciales, cines, teatros, restaurantes) pero nada… el mundo me pareció tan grande y yo tan pequeño, hasta que una imagen extraña me vino a la mente, la Escuela…
Miré mi reloj, ya eran las 10:30, no quise perder más el tiempo y corrí como loco rumbo a la Escuela, media hora más tarde me encontraba frente a la entrada de la misma. Estaba todo oscuro y cerrado, no tuve más remedio que brincarme la barda, los edificios principales estaban totalmente cerrados, tanto puertas como ventanas, no había forma de entrar, seguí buscando pero nada, el Colegio me parecía tan inmenso en la oscuridad que ya no sabía por donde buscar. Volví a tomar mi celular y marqué el número de Miroku y a lo lejos alcancé a escuchar un sonido, ese era el tono de su celular lo que significaba que él se encontraba dentro de la Escuela. No cancelé la llamada para que el sonido continuara y poder seguir su rastro, corrí por todo el césped atravesando las canchas de fútbol y voleibol, el sonido se aproximaba cada vez más hasta que se hizo más audible y con sorpresa me encontré frente al gimnasio, no estaba cerrado, la puerta estaba entre abierta, la abrí completamente pero todo estaba oscuro y un escalofrío me invadió…
-Ay Miroku ¿Qué has hecho?
Exclamé con miedo¡Sí¡Tenía miedo, no quería entrar, no quería ver, el celular seguía sonando, sabía perfectamente que él se encontraba dentro, así que me armé de valor y entré, el eco de aquel sonido era ensordecedor así que cancelé la llamada. Como pude busqué el interruptor de luz, pero no conocía bien el lugar así que mi búsqueda fue a ciegas y a tientas, el tiempo se me hizo eterno sentía que alguien me vigilaba y la piel se me enchinaba hasta que por fortuna encontré el interruptor y lo encendí. El gimnasio se iluminó, aquellos reflejos de luz me cegaron por unos instantes…
Cuando recuperé la vista, me encontré con una escena terrible, en el centro de la duela se encontraba inconciente y mal herido Miroku, yo corrí a su auxilio. Cuando vi su imagen sentí que el mundo se me vino encima porque sangraba por la boca, en su cabeza tenía una gran herida donde también sangraba, no pude ver su rostro, estaba boca abajo. Me agaché y lo tomé en mis brazos, estaba helado…
-¡MIROKU¡¡MIROKU¡¡CONTESTA! SOY YO…
Era inútil, por más que lo llamara él no me respondía, yo me encontraba desesperado, no sabía que hacer y lo único que se me ocurrió fue llamar a Kyo…
-Hola…
-¡Ven rápido, tengo un problema…!
-¿INUYASHA EN DÓNDE ESTÁS!
Preguntó sobresaltado al escuchar mi desesperación…
-Estoy en la Escuela ven rápido…
Kyo colgó, yo seguía con Miroku en brazos, no podía creerlo ¿Quién le había hecho eso? Jamás había sentido tanta desesperación por alguien, por uno instantes se me ocurrió llevármelo a algún hospital, pero no podía hacer eso, porque lo lastimaría más, sería un gran imprudencia. No se como ni de que forma pero después de diez minutos escuché el rechinar de unas llantas y al poco tiempo Kyo entró desesperado y quedó impactado con aquella terrible escena…. Miroku mal herido al borde de la muerte y yo manchado de su sangre...
-¿Qué paso aquí!
Me cuestionó él horrorizado
-¡No lo sé… yo acabo de llegar…!
Respondí con la voz entrecortada, tenía muchas ganas de llorar…
-¡Pero si es un alumno!
Sin pensarlo más Kyo tomó su celular y llamó al servicio de emergencias…
Veinte minutos más tarde, Miroku era llevado en una camilla hacia una ambulancia, sus signos vitales eran casi nulos, según nos dijo el paramédico…
-¿Quién irá con él?
Preguntó un camillero…
-Yo iré…
Dijo Kyo.
-Inuyasha tu avisa a su familia lo que pasó, llévate mi auto…
Kyo me aventó sus llaves y se fue en la ambulancia, yo corrí hacia el vehículo, lo abrí, entré en él y lo encendí, manejé como loco, saltándome altos y con exceso de velocidad hasta que las llantas rechinaron enfrente de mi trabajo…
Bajé del auto y cuando el anciano me vio, hizo una expresión de terror. No me había dado cuenta, tenía la ropa manchada de sangre y obviamente eso impactó más al débil señor…
-¿Qué te pasó¿Qué te hicieron y ese auto¿Dónde está mi nieto?
Preguntaba con desesperación el abuelo.
-Se lo llevaron al hospital…
-¿QUÉ!
-Lo encontré en la Escuela, será mejor que nos vayamos…
El abuelo y yo nos subimos al auto, pero el problema llegó cuando recordé que no sabía a que hospital se habían llevado a Miroku, tomé mi celular y llamé a Kyo…
-¿Qué sucede Inuyasha?
-¿En dónde están?
-En el Centro Médico Internacional de Japón…
-¿Y cómo llego?
-¿Estás manejando?
-Si…
-¡Pero no tienes licencia!
-Pero sucede que mi tutor me prestó su vehículo y ya déjate de tanta plática y dime cómo llego…
-¿Va alguien contigo?
-Si, el abuelo de Ishida me acompaña…
-Mira, mejor toma un taxi porque te pueden detener por eso, además una persona mayor va contigo y temo por su vida…
-¿Qué insinúas?
-Que conozco la forma en que manejas y más si estás desesperado…
-¿Sabes qué? olvídalo, sólo pierdo el tiempo hablando…
Y colgué, seguía manejando sin rumbo fijo…
-¿Dónde está el Centro Médico Internacional?
Le pregunté al anciano al no tener ni la más mínima idea de por dónde andaba.
-Tienes que girar a la derecha en la siguiente desviación…
-¿Cuál…¿Ésta…?
Y giré el volante bruscamente hacia la derecha porque estuve apunto de pasar aquella desviación, el anciano sólo cerró los ojos temiendo que su días se acabaran por mi culpa…
-Lo siento…
-No te preocupes, entre mas pronto lleguemos mejor¿Inuyasha que fue lo que paso¿Y porque estás manchado de sangre¿Estás herido?
-No, no es mi sangre es de Miroku…
No medí mis palabras y el viejo se preocupó más…
-¿Pero qué le hicieron a mi nieto?
-No lo sé, lo encontré mal herido en la Escuela…
-¿En la Escuela¿Y que hacía ahí?
-Lo desconozco, no tengo ni la más remota idea de porque Miroku estaba ahí y mucho menos quién lo agredió, el único que nos puede dar respuestas es él pero eso será hasta que lo veamos…
El anciano estaba triste, angustiado pero aun así se mantenía sereno y procuraba no perder la calma, me dio mucha pena verlo así, aunque no era para menos…
A los cuantos minutos llegamos al hospital, entramos por el Área de Urgencias y de inmediato el anciano preguntó por su nieto en la recepción. La señorita buscó en su base de datos y le indico que el estado del paciente era crítico. El señor casi se desmaya de la impresión y pidió con desesperación que le indicara en que parte del hospital se encontraba su nieto, ella amablemente le explicó a qué pasillo llegar y con qué medico hablar. Ni tardos ni perezosos nos apresuramos y al dar la vuelta en un pasillo nos encontramos con la sala de espera, con la mirada busqué a Kyo hasta que vi cómo ondeaba su mano indicándome dónde se encontraba…
-¿Cómo está?
Le pregunté preocupado.
-No lo sé, están examinándolo, es cuestión de esperar…
-¿Pero no te han dicho nada los médicos?
-Sólo que su estado es algo crítico pero no me dieron el informe completo, me pidieron que esperara aquí y que ellos me avisarían…
-¿Tan mal está mi nieto?
Preguntó el abuelo con semblante angustiado.
-Usted debe de ser su abuelo, no se preocupe, él es joven se repondrá debe de confiar en la fuerza de su nieto…
-Pero no entiendo nada ¿Qué clase de mal viviente pudo haberle hecho eso?
-Yo tampoco lo sé y créame que no descansaré hasta encontrar al culpable…
-¿Es usted policía?
-¡Claro que no! Pero es lógico que me preocupe…
El anciano hizo un gesto de confusión, no comprendía por qué tanto interés a su nieto…
-Kyo, el señor no tiene ni la más remota idea de quién eres… creo que has olvidado presentarte…
Le comenté a mi amigo ya que con tanto ajetreo ninguno de los dos nos dignamos a explicarle al anciano quién era Kyo y por ende el abuelo no comprendía la situación.
-¡Cuánto lo siento! Pero que descortesía de mi parte… soy el profesor Mijara o mejor dicho el Director del Colegio al que su nieto asiste…
Kyo trataba de disculparse al mismo tiempo que se presentaba alegremente y con la sencillez que lo caracterizaba, pero el anciano no podía creerlo…
-¿Usted es el Director?
-Así es…
-¿Y cómo es que se enteró de todo esto?
-Fue gracias a Inuyasha, el es el verdadero héroe, sin su ayuda no se que habría sido del joven Ishida y la verdad ni quiero imaginármelo…
-Inuyasha jamás creí que mantuvieras amistad con el Director de tu Colegio…
-Es un viejo amigo, nos conocemos de toda la vida, él es el culpable de que yo esté aquí…
Respondí un tanto ruborizado con eso de "héroe".
-Que pequeño es el mundo, pero de todos modos les agradezco que se preocupen por la salud de mi nieto…
-No se preocupe es mi obligación cuidar de mis alumnos, además no es ninguna molestia lo hago con mucho placer…
-Gracias…, y tu Inuyasha…
El anciano me miró con sus pequeños y rasgadas ojos, estaban cristalinos…
-Te debo la vida, salvaste a mi nieto, no se como puedo agradecértelo…
-Eso no importa yo no espero nada a cambio porque Miroku es mi ami…
No pude continuar la frase, estuve a punto decir aquella palabra que tanto odiaba "amigo", pero lo dije sin pensar y de manera sincera, algo extraño en mí…
-Inuyasha que te parece si me acompañas al estacionamiento, quiero ver en que estado dejaste mi auto…
Me dijo Kyo al darse cuenta de mi extraña e inusual actitud.
-Pero…
Yo no quería irme a ningún lado.
-Ve Inuyasha yo esperaré noticias aquí sentado, ya has hecho demasiado por nosotros…
-Ya que… pero volveré, no pienso tardarme mucho…
-Estaré aquí…
Me dijo el anciano con cara de agradecimiento.
Kyo y yo nos alejamos y caminamos rumbo al estacionamiento del hospital…
-¿Para qué me sacaste del hospital?
-Por qué quiero que me digas la verdad… ¿Qué le sucedió a tu compañero?
-Ya te dije que no sé…
-Inuyasha por favor no quieras encubrirlo esto es muy importante, la vida de tu amigo está en juego…
-Te estoy diciendo la verdad, yo tampoco sé que rayos fue lo que pasó, la última vez que lo vi fue en la escuela, me estaba ayudando con mis labores pero después yo me fui y él se quedó…
-¿Y por qué se quedó?
-Según él porque iba a encontrarse con un chica…
-¿Con una chica¿Y quién es ella?
-No creo que esa mujer exista, pienso que él mintió porque estaba muy raro y nervioso…
-¿Nervioso?
-Sí, como si no quisiera que nadie supiera en dónde y con quién iba a estar…
-¿Y tienes alguna idea de con quién se pudo haber enfrentado?
-El único que se me ocurre es… Náraku…
-¿Katsuragi?
-Sí, hemos tenido algunos enfrentamientos con él…
-¿Hemos¿Tú también has pelado con ese muchacho?
-Nunca he peleado con él, sólo con sus compinches…
-Esto está muy raro, pero tendremos que esperar a que el mismo Miroku despierte y nos diga la verdad…
-Si, yo también tengo muchas preguntas que hacerle y bastantes cosas que reclamarle a ese tonto…
-Inuyasha no seas tan duro con él, además es tu amigo…
-Pero el muy idiota nos tenía preocupados¿Qué no pensó en su abuelo y en lo preocupado que me tenía…?
Yo estaba muy molesto, quería desquitarme con alguien, vengarme por lo que le habían hecho a Miroku pero desafortunadamente no tenía pruebas de quién era el culpable de todo esto…
-Es la primera vez que veo la angustia en ti…
Comentó Kyo.
-¿De qué hablas?
-Cuando te vi con tu amigo en brazos tu semblante era de miedo y de locura…
-No se por qué me pasó eso…
-Por que ya tiene un significado en ti, ya dejó de ser una simple persona y ahora comienza a ocupar un lugar especial en tu corazón…
Era cierto, desde que conocí a Miroku mi vida cambió, ya no me sentía tan solo, él siempre estaba alegre y lleno de entusiasmo y me hacía reír con sus tonterías, pero cuando lo vi tan indefenso en la Escuela no pensé en otra cosa mas que ayudarlo…, de ser un compañero de clase se había convertido en un nuevo amigo…
-A propósito Inuyasha…
-Que…
Kyo me sacó de mis pensamientos.
-Mis llaves…
-¡Cuánta desconfianza!
-Es más bien precaución, solamente Dios sabe cómo trataste a mi bebé…
-Es solo un auto…
-¡No es sólo un auto! No le hagas caso… él no sabe lo que dice…
Decía Kyo en tono meloso mientras frotaba suavemente y con cariño al auto con su mano, como si en realidad fuera una persona. Había momentos en que Kyo me parecía todo un ejemplo a seguir pero existían otros en que de plano lo desconocía y parecía más bien un niño, como en este caso….
Después de la niñería de Kyo volvimos a urgencias, pero no había ninguna novedad y Kyo y yo nos sentamos junto al anciano y a esperar…
Una hora más tarde, el médico encargado salió y con él las malas noticias…
-Familiares de Ishida Miroku…
Dijo el hombre en voz alta mientas sostenía unos documentos en sus manos.
-Yo soy su abuelo…
Contestó el anciano que de un solo salto se levantó de su asiento.
-¿Cómo está mi nieto?
Le interrogó impaciente al doctor.
-Lamento decirle que el joven ha entrado en coma…
-¿QUÉ!
Gritamos los tres en conjunto.
-Tranquilícense por favor, el muchacho presenta un severo traumatismo craneal y posiblemente eso provocó que cayera en ese estado, además…
-¿Además qué!
Grite exaltado y fuera de control con ganas de tomar al médico del cuello y estrangularlo para que ya no siguiera hablando…
-El muchacho tiene tres costillas rotas, esguinces cervicales y una luxación en la rodilla, sin contar la enorme cantidad de golpes en su cuerpo, al parecer fue agredido por varias personas…
-No puedo ser…
El anciano no pudo contener más su angustia y comenzó a llorar amargamente.
-¿Pero se va a salvar?
Preguntó Kyo mientras yo trataba de consolar al pobre viejo.
-Eso depende del muchacho, de las fuerzas que tenga por vivir… mientras, lo mantendremos en terapia intensiva pero no podrán visitarlo…
-¿Pero por qué?
Reclamé furioso.
-Porque debe de estar totalmente aislado, de tal forma que por el momento las visitas quedan restringidas…
-Déjeme verlo, aunque sea de lejos, es mi nieto, el no tiene a nadie mas que a mi, por favor…
-Lo siento señor, no sabe cuanto lo lamento, pero es mejor para su nieto, eso ayudará a una pronta recuperación…
Comentó el médico con tono triste ya que en estos momentos no estaba en sus manos el futuro de Miroku
-Está bien, pero no me moveré de aquí hasta que mi nieto despierte…
-Yo le recomendaría que regresara a su casa a descansar, no tiene caso estar aquí, nosotros le avisaremos si algo pasa…
-No me importa, mi lugar es estar cerca de mi nieto y de todos modos en mi casa no estaría tranquilo…
-Como guste…
Dicho esto el médico se despidió amablemente y desapareció detrás de la puerta. Todos nos encontrábamos perturbados y yo en lo personal no podía todavía asimilar que Miroku estuviera al borde de la muerte, si tan solo lo hubiera acompañado en lugar de haberme largado…
-¿Por qué no lo hice¿Por qué no lo detuve? Todo es mi culpa…
Exclamé en voz alta…
-Inuyasha cálmate no es el momento…
Me dijo Kyo al ver como me agarraba mi cabeza de la desesperación mientras me balanceaba en el asiento una y otra vez.
-¡Yo tuve la culpa, pude detenerlo y no lo hice…!
El remordimiento me mataba me carcomía y yo sin poder hacer nada, mientras mi amigo se debatía entre la vida y la muerte.
-Nadie tuvo la culpa, simplemente pasó y no podemos lamentarnos por el "…si hubiera hecho esto o si hubiera hecho lo otro…", lo importante es enfrentar ese problema y no caer en la debilidad…
Comentó el anciano mientras posaba su mano en mi espalda para reconfortarme y tranquilizarme. Me di cuenta que yo aún seguía siendo débil, por eso no me agradaba tener amigos, porque no quería vivir esta angustia, esta preocupación, era tan cobarde que escapa a estas emociones. Pero si un hombre entrado en años que tenía a su más preciado tesoro al borde la muerte mostraba más entereza, confianza y serenidad… ¿Por qué no podía hacerlo yo? Un mejor ejemplo no podía tener.
Los tres pasamos la noche en vela, sin ninguna novedad, el estado de Miroku era le mismo, yo le rogué al anciano que se retirara se veía muy cansado y no había dormido en toda la noche, eran ya las 7:00 AM y los tres estábamos muy cansados, o más bien algo fastidiados de estar sentados en la sala de espera, no habíamos comido nada y ni siquiera llevábamos alguna chamarra o abrigo con qué cubrirnos del frío…
-Inuyasha ¿Por qué no vas a descansar? ya has hecho mucho, además debes de asearte porque no puedes estar con esa ropa manchada en este lugar…
Me comentó amablemente el anciano. Y tenía razón mi estado era demasiado deplorable…
-Está bien iré a mi casa a cambiarme pero prométame que cuando regrese usted hará lo mismo…
-Te lo prometo hijo… anda vete…
-Yo te llevaré Inuyasha, no tienes en qué irte y supongo que tampoco tienes dinero en las bolsas…
Se ofreció Kyo amablemente. Yo accedí y los dos nos fuimos rumbo a mi casa en su auto. Llegamos a ella y de inmediato fui recibido por la señora Kaede…
-¿Joven está usted bien?
Preguntó ella muy angustiada.
-No pasa nada, sólo hubo un imprevisto con un amigo…
-¡Pero está herido!
-Yo estoy bien sólo está manchada de sangre y no es la mía…
-Lo siento señor, pero es que estaba tan preocupada porque no llegó en toda la noche entonces yo…
-¿Qué pasó…?
La anciana bajo la mirada estaba algo mortificada y llena de culpa y no podía hablar.
-Lo siento… pero… llamé a su padre…
-¿QUÉ!
Exclamamos Kyo y yo al unísono.
-Perdón, pero no supe que hacer…
-Ahora si estaré en problemas…
Decía mientras me pasaba la mano por el pelo de sólo imaginarme la tormenta que se avecinaba.
-¿Y me lo dices a mi?
Comentó Kyo todavía más preocupado de lo que estaba, porque era obvio que mi padre malinterpretaría las cosas y estallaría.
-Voy a llamarlo…
Dije con premura antes de que una catástrofe llegara.
-No es necesario que lo hagas…
-¡Ay no!
Exclamé cuando escuché la voz de mi padre en vivo y a todo color. Tanto Kyo como yo sentimos que una montaña de hielo se nos venía encima.
-¿Así es cómo recibes a tu padre? De haber sabido que mi presencia te molestaría tanto no hubiera venido…
Comentó mi papá con reproche y en un tono muy molesto.
-No es eso, pero…
-¿Pero qué?
-Y por qué mejor no hablamos dentro la casa… Inuyasha y yo te explicaremos todo…
Le aconsejo Kyo mirándolo con seriedad pero manteniendo la paciencia e ignorando el comportamiento tan áspero de su amigo.
Todos entramos a la casa y nos sentamos en la sala, mi papá no dejaba de mirarme con reproche así que tuve que hablar antes de que ardiera Troya pero fui interrumpido por los gritos llenos de angustia de mi madre…
-¡Inuyasha hijo¿Qué te pasó¿Dónde estabas¿Quién te hizo eso?
El interrogatorio de mi mamá y sus asfixiantes abrazos me impedían responder y hablar con claridad.
-Tranquilízate mamá, no me pasó nada…
-Ya déjalo Izayoi o terminarás matándolo y no podrá darme una explicación del por qué llega a estas horas y sin avisar…
Le ordenó su esposo y ella inmediatamente me soltó y se sentó a mi lado, era lógico que se preocupara por mí pero… hay momentos en los que exagera…
-¿Cómo es qué llegaron tan rápido de Italia?
-Las preguntas las hago yo muchachito y tengo varias…
Respondió mi papá con su habitual tono autoritario y orgulloso.
-¿Con quién peleaste?
-Con nadie…
-No mientas… ¿Fue Sesshomaru verdad?
-¡Claro que no!
-No te creo, no quieras encubrirlo…
-Él sólo es mi maestro y me ha tratado como lo que soy… sólo un alumno y nada más, no hemos tenido problemas, es más ni siquiera nos hemos dirigido la palabra en las clases.
-Tu hijo ha madurado mucho y ya no es el joven al que corriste de tu casa…
Le comentó Kyo a mi papá.
-¡Tú no te metas, todo esto ha sido tu culpa!
-¿Mi culpa? Perdóname, pero no quieras responsabilizarme por tu fracaso como padre…
Kyo había ido demasiado lejos al decirle eso, pero era la verdad mi padre había llegado a un estado en el cual no se podía hablar decentemente con él…
-¿Tú que sabes? nunca has tenido hijos, ni siquiera sabes lo que es cuidarlos y educarlos…
-Que extraño tú no me decías eso cuando por muchos años yo conviví con tus dos hijos… cuando yo los tuve en mis brazos y eran sólo unos bebés y yo los cuidaba o cuando me pedías que los entrenara para protegerse mientras tú te ocupabas de tus negocios…
-Yo me ocupaba de mis negocios porque era el bienestar de mi familia…
-¡Tú nunca has tenido una familia!
Grité molesto, ya estaba harto de que ese señor se diera baños de pureza y presumiera de tener una excelente familia cuando la realidad era totalmente distinta.
-Hijo por qué mejor no continuamos esta charla después, por favor…
-No mamá ya estoy harto y este señor tiene que saber sus verdades… todo lo que me he callado durante tantos años…
-Ahora resulta que soy el peor padre del mundo…
Decía él en un tono sarcástico, pero no contaba con que esa pequeña burla se la iba yo a regresar mil veces peor…
-¿Apoco no te habías dado cuenta? Digo… por algo tus dos hijos se han apartado de ti y son más felices cuando no están a tu lado…
Esto fue un golpe demasiado bajo a su orgullo y su ego, ya era momento de que alguien le hiciera ver su realidad y que mejor que uno de sus hijos…
-Inuyasha… ya no sigas, lo lastimas…
Rogaba mi madre porque tuviera algo de piedad pero no…
-Mamá y cómo quieres que me calme, he tenido una noche espantosa, mi amigo se está muriendo en un hospital y este señor sólo viene a reclamarme del por qué no estuve en la casa, ni siquiera pregunta que fue lo que sucedió…
-Inuyasha será mejor que regreses al hospital yo tengo que hablar mucho con Inutashio…
Dijo Kyo que ahora mostraba un semblante serio y severo, algo inusual en su personalidad…
-¡Tú no vas a ningún lado hasta que me expliques que hiciste en toda la noche!
Gritó muy digno el señor ignorando lo que su amigo había dicho momentos antes.
-Mira estuve en vela toda la maldita noche en un hospital porque golpearon a mi amigo en la Escuela y ahora está en coma y créeme que me importa más su salud que estar aquí perdiendo el tiempo contigo… ¿Eso es lo que querías saber?
-¿Y esa sangre qué significa?
-Es de él, no es mía…
-¿Y qué hacías con ese muchacho¿Acaso provocaron alguna disputa?
-¿Por qué siempre tengo que ser yo el que tenga la culpa?
-Porque siempre es lo mismo, ese ha sido tu problema, tu conducta…
Decía petulante el señor porque no creía una sola de mis palabras y entonces Kyo ya no soportó más y también estalló…
-¡Pues para que te enteres Inuyasha no tuvo nada que ver en ninguna pelea, él estaba trabajando, pero cuando vio que su amigo no regresaba del Colegio fue a buscarlo y lo encontró mal herido y créeme si no hubiera sido por él ahora ese muchacho estaría muerto…!
A Kyo casi se le salían los ojos de las cuencas y una pequeña vena palpitaba en su sien, eso sólo pasaba cuando se encontraba muy molesto y ésta era la segunda vez que lo veía así en toda mi vida. Mi padre ya no supo que contestar, no podía creer que yo salvara a una persona.
-¿Y quién fue el culpable?
Preguntó él con un tono más tranquilo.
-No lo sabemos, pero tenemos un posible sospechoso.
Contestó Kyo de mala gana y a regañadientes.
-Eso quiere decir que ese muchacho no es una buena compañía, porque se anda metiendo en problemas…
-¡Él no es nada de eso, lo hizo para proteger a su familia porque afortunadamente Miroku sabe lo que eso significa y no le importó dar su vida con tal de salvarla!
Estallé encolerizado al darme cuenta de que no se podía discutir más con ese hombre y sobre todo que emitiera juicios negativos a una persona que ni siquiera conocía pero que yo apreciaba mucho.
-¡Oye Inuyasha no me hables en ese tono que me debes respeto¡¡No eres nadie para gritarme!
Gritó mi padre furioso, totalmente fuera de sí, y de un salto se levantó del sofá para pegarme pero Kyo se interpuso y mi padre se inmutó ante su presencia.
-Hazte aún lado este no es asunto tuyo…
Le dijo entre dientes a Kyo, y yo sabía perfectamente que era una muestra de miedo porque la única persona capaz de provocarle terror era su mejor amigo.
-No lo haré, si lo que quieres es pelear… mejor hazlo con alguien de tu tamaño.
Amenazó Kyo, pero yo me adelanté y enfrenté a mi padre…
-El respeto y la admiración se ganan y créeme que tengo todo el derecho de reclamarte porque soy tu hijo ¿Entiendes? O te lo explico con manzanas haber si de esa forma tu mente tan bloqueada lo comprende…
Le reclamé, tenía muchas cosas que decirle, muchas, gritarle en su cara todos sus defectos y lo infeliz que he sido por culpa de su incomprensión.
-Inuyasha es mejor que te vayas, tú padre no va a entender y tu amigo te necesita más…
Decía Kyo que seguía interponiéndose entre su amigo y yo.
-Tienes razón, Miroku vale más que este señor…
Me di la media vuelta y ya no supe que fue lo que ocurrió en la sala, subí las escaleras y me dirigí a mi habitación pero fui alcanzado por mi mamá.
-¿Te ayudo en algo hijo?
Mi madre me asombró, pensé que también me regañaría por hablarle así a su esposo¡Pero no! estaba a mi lado apoyándome y eso significaba mucho para mi…
-Gracias mamá… ¿Podrías preparar algo de comer? el abuelo de Miroku no ha probado nada de comida, mientras, yo me iré a bañar para regresarme.
-Pero tienes que descansar te ves muy cansado…
-¿Y quién podría descansar a gusto en este momento?
Ella ya no me contestó. Yo sabía muy bien que mis palabras también le habían afectado y supuse que pensaría que yo no la quería, pero eso no era cierto; lo único que me molestaba de su persona es que siempre era muy sumisa y hacía todo lo que su esposo le decía sin tener decisión propia, eso era lo que no me agradaba de ella, pero a la vez sentía lástima por su forma de ser, así que la abracé…
-Tú no tienes la culpa, yo te quiero mucho y por ti si daría mi vida…
Mi madre se soltó a llorar y me abrazó más fuerte, mi comentario le había llegado al corazón y sollozaba amargamente. Dejé que se desahogara, a mi me dolía verla así y me aguantaba las ganas de llorar, no soportaba ver a una mujer llorando y más si era mi madre…
Después de mucho tiempo sus lágrimas se terminaron y su semblante estaba más tranquilo.
-¿Ya estás mejor?
Le pregunté amablemente.
-Si… y no tienes idea lo feliz que me has hecho… ¡Pero que tonta soy! Tú tienes que irte y yo sólo te entretengo…
-No te preocupes…
Un último abrazo y después cada uno tomó su camino. Yo me bañe y me cambié de ropa, bajé media hora después y mi madre ya me estaba esperando al pie de la escalera con lo que le había pedido.
-Gracias mamá…
-¿Puedo acompañarte?
Me pidió ella con su habitual mirada tierna.
-¡Claro que si!
Exclamé alegre. Salimos de la casa sin decir nada, ni siquiera me cercioré si mi padre y Kyo seguían discutiendo en la sala, sólo tomé lo que necesitaba y escapé de aquella horrible presencia. Nos subimos a un taxi pero llegamos una hora más tarde de lo esperado porque desgraciadamente había mucho tráfico y yo como era de esperarse ya estaba desesperado y al borde de la locura pero me tranquilicé y al fin llegamos a nuestro destino. Como no podíamos entrar con alimentos al hospital decidimos irnos al Área de Espera que se encontraba cerca de urgencias en donde las personas podían sentarse en pequeñas mesas con sus respectivas sillas a platicar, comer o esperar…
Entré por el abuelo Ishida, se veía muy cansado y pálido, lo convencí de que saliera para que probara algo de comer y afortunadamente me hizo caso porque bien sabía él que matándose de hambre no ayudaría a tener las fuerzas necesarias para resistir tantas horas de espera. Caminamos a donde mi madre se encontraba sentada y cuando vio al abuelo le sonrió amablemente.
-Le presento a mi mamá, mamá el es el abuelo de Miroku…
Los presenté y como era de esperarse el anciano hizo gala de su cortesía.
-Mucho gusto, es un placer conocerla…
Saludó el anciano al mismo tiempo que le besaba la mano a mi madre como muestra de respeto, a lo cual mi mamá solo se sonrojó.
-Es un gusto para mí y dígame ¿Cómo sigue su nieto?
Preguntó ella porque en realidad si estaba preocupada por la salud de Miroku.
-Igual, no me han dado informes…
-Que pena que le haya ocurrido eso siendo tan joven…
-Si es una situación muy grave pero sino fuera por su hijo no sé que sería de nosotros ahora.
-¿En verdad!
Exclamó mi madre orgullosa de que se expresaran así de mí. Ella aún no sabía la historia completa, sólo lo poco que alcanzó a escuchar cuando discutía con mi padre, era una mujer a la que no le gustaba entrometerse en la vida de los demás, siempre esperaba paciente a que uno platicara con ella pero el anciano se me adelantó y de inmediato la puso al tanto de lo que ocurrió, desde el día en que me conoció hasta el atentado de Miroku y mi desvelo de esta noche en espera de que él reaccionara. Y entre más contaba el señor ella se entusiasmaba cada vez más, muy contenta porque al fin yo había encontrado un lugar al cual pertenecía y sobre todo porque estaba contento y rodeado de personas muy amigables y sencillas.
Comimos lo que mi madre había preparado y no podía negar que era muy rico aunque también pude encontrar que Kaede había cooperado con la preparación porque su sazón era inconfundible.
Convencí al anciano que se fuera a descansar y que yo esperaría nuevas noticias. Kyo aún no llegaba y supuse que era porque aún continuaba "dialogando" con mi papá. El señor se fue en un taxi seguí preocupado por su nieto pero desgraciadamente no podía hacer nada, todo estaba ya en manos de mi amigo. Mamá y yo entramos a la sala de espera y comenzó a hacerme plática…
-Inuyasha ¿Eres feliz aquí?
-Feliz no… pero te puedo asegurar que estoy más a gusto en este país.
-Que bueno hijo y no sabes lo orgullosa que estoy de ti por lo que has hecho y por la forma en que has ayudado a esa familia…
-Sólo sigo mis instintos y lo que quiero, eso es todo…
-Como me hubiera gustado que tu padre escuchara esta plática…
Comentó ella algo triste.
-Eso no me importa, una plática más o una plática menos no cambiaran su actitud…
-Él no era si, cuando éramos jóvenes y vivíamos aquí, todo era distinto pero ahora con tantos negocios se ha convertido en una persona totalmente distinta.
-Pues deberías dejarlo… por su culpa tú tampoco eres feliz.
-Hay muchas que me unen a él y aún espero que el hombre del que me enamoré regrese…
-Mamá no formes castillos en las nubes, él no quiere cambiar.
-Hay muchas cosas que se hacen en el nombre del amor…
¿Amor¿Y esa palabra que significaba? Yo no lo conocía, nunca he tenido una mujer a mi lado, siempre he hecho lo posible por alejarme de ellas y de ese sentimiento llamado AMOR que muchos nombran. Algunos dicen haberlo vivido y ser tocados por él, pero yo aún seguía sin conocerlo. No me preocupaba en absoluto encontrarlo puesto que no era un elemento importante en mi vida y tampoco quería acercarme a él porque no quería perder la cabeza y cometer tonterías "en nombre del amor…"
-Como ha cambiado esta ciudad y el vecindario…
Comentó mi madre para cambiar la plática.
-Yo que voy a saber, no recuerdo nada de esta ciudad…
-Si tienes razón, nuestros vecinos ya no son los mismos, muchos se han mudado, precisamente ayer una familia se cambió a la casa de enfrente…
-¿Y cómo sabes eso?
Pregunté sorprendido.
-Porque vi a dos niñas con su madre, supongo que nunca han estado aquí porque una de ellas se veía algo asustada…
-No me refiero a eso mamá… lo que quiero saber es ¿Cómo sabes eso¿Qué no llegaron de Italia hoy?
-No hijo llegamos ayer al medio día al aeropuerto.
-¿Y por qué no me avisaron?
-Queríamos darte una sorpresa, tu padre pensaba irte a buscar al colegio a la hora de la salida pero lo convencí de que saliéramos a dar un paseo por la ciudad.
-Y que bueno que lo hiciste, porque no me hubiera agrado verlo en la entrada de la Escuela esperándome como si fuera un niño de cinco años…
-No me gusta que hables así…
-Es la verdad, mejor me hubieran buscado en el trabajo…
-Pero no sabíamos donde localizarte, ni siquiera a Kaede le has dado esa información y al ver que no llegabas nos habló por teléfono para saber si estabas con nosotros, nos tenías muy preocupados porque no llegabas e incluso tu papá llamó a la policía…
-¿A la policía?
-Si pero no pudo hacer gran cosa porque pedían cuarenta y ocho horas de desaparición y tú sólo apenas tenías unas cuantas…
-Ya me imagino su cara de enfado…
-Demasiado, pero cambiando de tema me di cuenta que no has usado ese artefacto que tanto te gusta, aún sigue cubierto por una sábana blanca…
-No he tenido ánimos de usarlo eso es todo, me he dedicado a entrenar para un Torneo…
-Ya veo… yo pensé que aún te interesaba mi regalo…
-No es eso mamá, claro que tu regalo ha sido uno de los mejores pero hay momentos en los que hasta tu gran pasión, llega a fastidiarte y no quieres saber nada de él…
-Tienes razón…
Con esto la plática finalizó y las horas continuaron sin cesar, ni una noticia, solo el maldito silencio y la incertidumbre. El abuelo regresó más o menos como a las 7:00 PM ya más descansado y despejado, mi madre y yo nos retiramos y le prometí que regresaría en la mañana a relevarlo. Salimos del hospital y tomamos un taxi para regresar a la casa, yo no quería pero tenía que hacerlo, la verdad es que no tenía ánimos de aguantar a mi padre. Llegamos a la casa y para nuestra sorpresa no había nadie, ni Kyo ni mi padre…
-¿A dónde habrán ido?
Preguntó extrañada mi madre.
-El amo salió, me dijo que no lo esperaran porque estaría acompañando al señor Mijara…
Comentó Kaede que nos había recibido al entrar.
-¿A Kyo?
Pregunté incrédulo¿Cómo era posible que hicieran las pases tan rápido?
-Si joven, por lo que entendí tenían que arreglar muchos asuntos pendientes…
-Puedes retirarte Kaede o mejor… te ayudaré a preparar la cena…
Comentó mi madre entusiasmada de meterse a la cocina y descargar su talento culinario. Yo en cambio me dirigí a un habitación que se encontraba al fondo de la casa, me detuve frente a la gran puerta de madera tallada a mano, la abrí, alcancé a apreciar la leve luz lunar que se filtraba por entre los ventanales que rodeaban la parte delantera de este cuarto, miré al centro y ahí estaba… el regalo que mi madre me dio cuando yo había cumplido tan solo cuatro años, me acerqué a él, retiré aquella sábana blanca que lo cubría y comencé a tocarlo con mis manos, recordando la sensación que sentí cuando lo tuve por primera vez entre mis dedos. A pesar de que sólo era muy pequeño, recordaba perfectamente aquel momento y jamás lo olvidaría.
La noche era clara y en el firmamento brillaban múltiples e incontables estrellas y después de eso… una melodía maravillosa comenzó a sonar, muy triste para muchos, pero que reflejaba la soledad y los sentimientos más profundos de su autor, yo la había escuchado muchas veces así que simplemente me dejé llevar por ella porque no podía apartarla de mi mente…
Al día siguiente mi padre y Kyo llegaron en la mañana justo a la hora del desayuno de lo más tranquilos sobre todo mi padre, que no estaba nada alterado…
-Buenos días hijo…
-Buenos días…
Contesté desconcertado… ¿Me saludó¿Y por qué estaba tan calmado? Si que esa actitud extraña me dio miedo.
-¿Ya desayunaron?
Preguntó mi made alegre y entusiasmada.
-No cariño…
Al escuchar esa última palabra no pude evitar escupir de mi boca mi sorbo de café…
-¿Te pasa algo?
Preguntó él preocupado.
-No nada…
Me sequé las gotas que escurrían de mi boca con una servilleta¿Qué diablos le ocurría¿Y por qué tan amoroso con mi madre? Nunca había escuchado que él le hablara con palabras sutiles y amorosas.
Ya no quise saber nada más, para mi el ambiente era muy extraño y demasiado denso así que comí lo más rápido posible para huir de ahí cuanto antes…
-Inuyasha necesito que te presentes temprano el lunes…
Comentó Kyo, se veía muy cansado y pálido.
-¿Y eso?
-Convoqué a una junta de maestros y es prescindible tu presencia.
-¿Y yo por qué?
Comenté con desgana aunque me imaginaba cual era la respuesta.
-Porque fuiste el único testigo ¿Podrías hacerme ese favor?
-Está bien…
El desayuno terminó, Kyo se fue, estaba muy extraño y demasiado callado, algo lo perturbaba y no era para menos suponer cual era la causa, a cualquiera se le rompería la cabeza tratando de solucionar un problema tan grave. El día continuó sin ningún problema, mis padres salieron a dar una vuelta y yo en cambio me dirigí al hospital. Pero mi presencia al parecer no era tan necesaria el estado de Miroku era el mismo. Volví a quedarme hasta pasada la noche, me regresé a mi casa y a dormir.
El despertador sonó… ya era lunes y tenía que ir al Colegio una hora más temprano de lo habitual por culpa de la dichosa junta. Me bañé, me vestí y bajé a desayunar, mi madre ya estaba levantada y me esperaba en el comedor y asombrosamente también mi padre estaba presente, se encontraba muy atento leyendo el periódico en busca de las últimas noticias urbanas, algo inusual en él, porque la única sección que leía en un periódico era la de Economía y Finanzas. Terminé y salí de la casa, ahora me apresuraba un poco en llegar porque ya se me había hecho tarde y si quería llegar temprano lo mejor era correr…
Diez minutos más tarde me encontraba sin aire y cansado en la entrada de la Escuela, respiré hondo y entré. De inmediato me dirigí a la sala de maestros, toqué y se escuchó la voz de Kyo que me permitía la entrada pero cuando abrí la puerta la sala estaba vacía el único que existía en ese lugar era Kyo…
-Buenos días…
Saludé algo extrañado porque se supone que me citó temprano por la junta.
-Hola Inuyasha, cierra la puerta por favor…
-¿Qué no se supone que había una junta?
-Lo siento, es que quería hablar contigo pero sin que tus padres se enteraran…
-¿Y ahora que pasa?
-Tengo una mala noticia que darte…
-Ya déjate de rodeos.
-Hace tiempo me comentaste que entrarías al Torneo de Artes Marciales…
-Si te lo dije hace semana ¿Y eso que tiene que ver?
-Que ya di la orden para cancelarlo…
-¿Qué¿Estás loco?
-Lo siento pero desde el año pasado se han presentado algunos incidentes en el gimnasio pero ninguno tan grave como el de tu amigo por eso tuve que tomar una medida drástica…
-¡Eso no es justo!
Grité enfadado por tal decisión.
-Cálmate Inuyasha es lo mejor, no quiero que más estudiantes se vean involucrados…
No podía calmarme, mi única oportunidad que tenía para despedazar a Náraku frente a todos se esfumó por completo.
-Y pensar que todos los alumnos se me vendrán encima cuando se enteren…
Comentó con fastidio Kyo, se notaba muy desesperado y sentí pena por el.
-¿Te puedo ayudar en algo?
-Ojala alguien pudiera ayudarme, esta situación me tiene al borde de la locura…
-¿Y por qué no me habías dicho que ya habías tenido problemas en el gimnasio?
-Por que no pensé que te importara y supuse que nunca participarías en un evento así…
-¿Y que otros problemas se han suscitado del de Miroku?
-Algunas peleas y desperfectos de pequeños grupos de muchachos que cuando los encontramos alegan que están entrenando para el Torneo pero yo pienso que son peleas clandestinas en donde apuestan dinero…
-¿Pero quién organiza todo eso?
-El principal sospechoso es Katsuragi, pero nunca lo hemos atrapado a él, sólo a sus seguidores…
-Si, sería muy estúpido de su parte revelarse así mismo públicamente, todo lo calcula fríamente y tiene demasiada suerte
-Por eso tomé esta decisión y lo peor de todo es que mi secretaria falto y tengo que entregar estos sobres…
-Yo lo hago…
Al verlo tan desesperado no podía hacer otra cosa más que darle todo mi apoyo moral y aunque no me gustaba la idea de hacer favores era mi amigo y me necesitaba…
-Mejor déjalo Inuyasha no es tu trabajo además cada sobre es para un profesor diferente y te tardarás mucho en buscarlos y no puedes faltar a clases por mi culpa…
-No te preocupes aún me queda mucho tiempo para las clases y lo haré rápido confía en mi…
-Muchas gracias Inuyasha…
-Ya deja de dar las gracias y mejor me voy…
Salí de aquella Sala y miré la gran cantidad de paquetes que tenía en la mano, eran por lo menos 40 sobres y cada uno era para un dueño diferente lo que significaba que andaría de arriba para abajo por toda la Escuela. Así me la pasé más de media hora miré mi reloj y ya eran las 7:45 y muchos alumnos comenzaban a llegar así que me apresuré lo más pronto posible pero como estaba tan distraído mirando el nombre del siguiente maestro tropecé con alguien y todos los sobres se me cayeron…
-Fíjese por donde camina Kurosaki.
Me reclamó una voz muy molesta para mí.
-No me di cuenta de su presencia profesor Nomura…
Comencé a recoger los sobres que se me habían caído y Sesshomaru sólo me veía con satisfacción.
-¿Y que se supone que esta haciendo?
-Son asuntos míos…
Respondí de mala gana, pero Sesshomaru se me adelantó y recogió algunos sobres y para colmo había tomado el que era dirigido hacia él…
-No creo que un sobre que está dirigido a un profesor sea asunto tuyo¿Dé dónde sacaste esto?
-EL director me pidió de favor que los entregara, eso es todo…
-Que interesante… parece que ya has encontrado tu vocación Kurosaki, es bueno saber que por lo menos sirves para algo, aunque creo que el puesto de mensajería es demasiado para alguien de tan pocas capacidades…
Comentó burlonamente porque el muy desgraciado lo disfrutaba como nunca.
-Bueno Kurosaki continúe con sus labores porque lo pueden despedir si lo ven platicando por ahí…
Sesshomaru comenzó a reírse y yo tuve que contenerme para no abalanzarme sobre él apretando la paquetería que se encontraba en mis manos con todas mis fuerzas, ese maldito se aprovechaba de las circunstancias.
-Eres un idiota, abusas de que eres un maestro y no puedo golpearte pero recuerda que a mi se me puede ocurrir decir que somos hermanos y que estuviste apunto de matarme cuando era niño, no creo que los padres de familia estén tranquilos sabiendo que el profesor que educa a sus hijos es muy violento…
-No te atreverías Inuyasha…
-Claro que si y más si se trata de un insecto como tú…
El semblante de Sesshomaru cambió al instante, ya no se mostraba tan burlón porque sabía perfectamente que yo contaba con un arma muy poderosa, la cual podía utilizar de la forma que mas me conviniera.
-¿Qué pasó profesor no tiene algo más que agregar?
Ahora era yo el que me burlaba.
-Pues entonces si lo haces considérate reprobado por todo el año, tengo entendido que esta escuela te gusta mucho, pero como tendrás una materia reprobada es obvio que tus padres te sacarán de aquí… que pena.
¡Maldito Sesshomaru¿Por qué siempre encontraba la manera de no quedarse callado¿Acaso no le tenía miedo a nada?
-Por tu cara veo que no te agrada la idea, pues entonces creo que a los dos nos conviene quedarnos callados… ¿No crees?
Su semblante era insoportable y su risa era demasiado odiosa, ya no seguí haciendo caso y me di la vuelta bruscamente. Estaba furioso, harto de no poder ganarle aunque sea una vez. Yo seguía caminando por entre los pasillos, empujando gente sin prestar atención a sus reclamaciones, estaba tan enojado que no escuchaba nada y apretaba con más fuerza los sobres como si de esa manera pudiera desquitar mi coraje, di la vuelta violentamente en un pasillo y choqué con fuerza con una persona.
Era una niña que nunca había visto y accidentalmente la tiré, era de lo más normal que nunca la hubiera visto en mi vida porque lógico no conocía a toda la escuela. Esta chica y yo nos miramos por un momento y para su mala suerte los útiles de su bolsa de salieron y se encontraban regados alrededor de ella.
-¡Oye idiota, mira por dónde vas!
Me reclamó otra muchacha de carácter fuerte que acompañaba a la otra chica, eran muy parecidas casi gemelas, pero esta segunda chica me impactó con su mirada fría y calculadora destellante de odio, nunca la había visto, pero no pude evitar impresionarme… ¿Yo¿Dejarme impresionar por una mujer¡Eso era imposible! No pude con esto y salí huyendo de aquel lugar, sin disculparme si quiera por haber tirado a la otra niña…
Salí corriendo, como espantado por aquella mirada, nunca antes me habían mirado de esa forma, normalmente las chicas me veían ilusionadas de que yo las volteara a ver y les hiciera caso y otras me veían con repulsión por mi firma de ser. Salí a tomar un poco de aire y a relajarme pero los ojos de esta muchacha no se borraban de mis pensamientos, respiré hondo y permanecí bajo un árbol al menos unos cinco minutos en lo que volvía la normalidad, miré mis manos y aún llevaba cuatro sobres más que tenía que entregar y para mi fortuna tres dueños de aquellos sobres entraban al Colegio, de inmediato les entregué lo que les correspondía, ahora sólo me faltaba uno pero cuando vi el nombre maldecí a los dioses por tener tan mala suerte, pero no tenía más remedio que entregárselo a Kuroda. Como no sabía dónde encontrarlo tuve que fijarme en los horarios hasta que encontré el salón dónde estaría dando clase. Subí por el primer piso y comencé a buscar la dichosa aula, hasta que escuché su chillona voz proveniente del Salón 1 A.
Toque la puerta y cuando dijo "adelante" la abrí… ¡NO PODÍA CREERLO! Ahí estaba esa niña que tiré, parada enfrente de todos, ella me miró algo extraño pero yo la ignoré.
-Disculpe la interrupción, pero el profesor Mijara me pidió que le entregara esto…
Le extendí el sobre a Kuroda de mala gana, con mi actitud de indiferencia sin prestar atención a unos cuantos murmullos que se alcanzaron a escuchar al fondo del aula y sobre todo a la mirada de esa muchacha.
-Kurosaki espera un momento, señorita podría continuar…
¿Qué se cree? Lo que me faltaba… ahora hasta se da el lujo de hacerme esperar si yo solo tenía que entregarle el maldito sobre y largarme no había motivo por el cual me quedara. El grupo estaba totalmente en silencio y la chica permanecía callada sin decir nada…
-¿Pasa algo?
Preguntó Kuroda a la niña que permanecía muda y quieta, algo desesperante.
-Mi nombre es… Higurashi Kagome, nací en ciudad Sendai y hasta hace unos días me instalé en Tokio, la verdad es la primera vez que estoy en esta ciudad pero espero llevarme bien con todos ustedes…
Ahora entendía por que no la había visto antes, era una alumna nueva.
-Cuando quieras te puedo llevar a pasear para que conozcas mejor la ciudad…
¿Ese idiota también iba en este salón? Exprese en mi interior cuando vi al inútil que golpee el primer día de clases y luego su absurdo comentario me dio más risa ¿Qué se creía¿Un Don Juan?
-Sukunami silencio, es sólo una presentación, no una cita…, bien si eso es todo… puede tomar asiento Higurashi…
¡Hasta que el chaparrito había hecho algo bueno… callar a ese idiota! La niña se sentó y yo volví a ignorarla atendiendo el asunto por el cual me habían mandado.
Kuroda abrió el sobre y sacó algunos papeles de los cuales alcancé a ver el nombre de Miroku…
-¿Qué le pasó a este muchacho?
Preguntó él asombrado mientras seguía leyendo el informe.
-Lo golpearon…
Contesté de mala gana¿Qué su cerebro era tan pequeño que no le permitía usar la lógica? Digo era más que obvio que a Miroku lo habían golpeado.
-¿Es tu amigo verdad?
-Si.
-Dile al señor Director que en cuanto comience el receso me reuniré con él.
-Está bien.
Fue lo último que dije y salí de ese lugar porque tanto la mirada de ese estúpido del fondo y la niña nueva me tenían harto. Regrese de muy mal humor a la Sala de Maestros Kyo seguía ahí…
-¿Todo bien?
Preguntó él con su habitual sonrisa.
-Más o menos, pero te pido de favor que la próxima vez le entregues personalmente tus mensajes a Sesshomaru…
-Ahh ya veo, por eso estas así.
-Sí y ya me voy a clases.
Sólo tomé con violencia mi mochila y salí de aquel lugar para dirigirme a mi salón. Llegué y tomé asiento, todo estaba muy tranquilo al parecer no sabían lo de Miroku porque nadie había preguntado por él, mucho menos escuché comentarios de su inasistencia, en eso un extraño olor llegó a mí, pensé que era alguna chica que estaba cerca pero no ¡Era yo! Ya sólo faltaba que me partiera un rayo ahora olía a mujer…
Las horas pasaron y el maestro salió diez minutos antes de clase, supuse que era por lo de la junta. Yo no aguanté mi curiosidad y bajé a la sala de maestros pero al abrir la puerta no había nadie…
-¿Acaso buscas algo que robar?
Preguntó una escalofriante voz y de inmediato giré mi cuerpo. Era Náraku…
-¿Qué quieres?
-Sólo preguntarte una vez más si te unirás a mi bando…
-Ya te dije que no y deja de molestar.
-Como gustes, pero recuerda que el que me rechaza lo paga con creces…
-No tengo miedo a tus amenazas.
-Pues deberías o sino terminarás muerto en el gimnasio.
-¡Fuiste tú¡¡Tú agrediste a Miroku!
Recordé la imagen de mi amigo cuando lo encontré y la sangre comenzó a hervirme y sin previo aviso tomé a Náraku por el cuello y lo estrellé contra la pared, pero él sólo reía y yo apretaba más mi mano, quería estrangularlo…
-¡Déjalo Inuyasha!
Gritó Kyo con fuerza provocando que muchas personas que no se habían dado cuenta de que estaba ahorcando a Náraku volvieran sus miradas hacia nosotros. Yo no quería soltarlo él tenía que pagar…, por su culpa mi amigo estaba postrado en una cama.
-¡Suéltalo de una vez Kurosaki o tendré que expulsarte!
Esa actitud de Kyo era totalmente desconocida para mí, nunca me había gritado de esa forma, su mirada era severa y estaba furioso. Yo solté a Náraku y este salió huyendo como la vil rata que era. Estuve apunto de gritarle a Kyo cuando…
-Te espero en la dirección jovencito…
Ordenó con el mismo tono que mi padre usaba cuando me regañaba y después de esto pasó a mi lado de manera altanera y sin decir nada, yo me quedé helado por unos momentos pero cuando giré mi cabeza para verlo ya había desaparecido. Dudé por escasos segundos acatar su orden pero Kyo tenía que darme una explicación de su actitud. No quise demorarme más y ascendí por las escaleras pero... ¡OTRA VEZ! Esa mujer ya me tenía harto…
-Oye niña, ya deja de fastidiarme que no estoy de humor para estar soportando tu torpeza.
Era el colmo de que fuera tan tonta y que sólo se la pasara tropezándose conmigo y ahora ya sabía quién era la causante de ese fastidioso olor impregnado en mi ropa.
-Mejor cállate, es más ni que valieras tanto la pena como para que yo me tomara la molestia de andar tropezándome contigo a propósito…
Eso me enfureció más de lo que ya estaba ¿Con que derecho se atrevía a decirme eso?
-Entonces quítate de mi camino que mi tiempo es mucho más valioso que tu horrible presencia, ah y hazme un favor cuando se te ocurra toparte conmigo otra vez no vuelvas a ponerte ese horrible perfume, tu desagradable olor se impregna en mi ropa y no lo soporto…
Perdí totalmente los estribos, sus palabras habían derramado el vaso, pero ella comenzó a llorar estaba tan molesto que no medí mis palabras y eso la afectó mucho…
-¿Qué le has hecho mi hermana estúpido!
Gritó una voz que hizo que me sobresaltara, era ella, mirándome otra vez de esa manera… haciéndome sentir miserable. Ahora comprendía porque tanto enfado, esa niña de olor asqueroso era su hermana menor y para colmo también estaba presente ese idiota de primero. La niña de inmediato al ver el semblante de su hermana se interpuso entre ella y yo
-No pasa nada, él no me ha hecho nada créeme…
Me defendía la chica que hice llorar, no recordaba su nombre pero aún después de lo que hice, abogaba por mí…
-¿Y entonces por qué lloras?
Le preguntó su hermana que me miraba con furia.
-Bueno es por… por…
La niña titubeo era obvio que no sabía mentir y su hermana se dio cuenta.
-¿Qué le hiciste¡Contesta!
Gritaba la mayor fuera de si y yo ya estaba harto de esta absurda pelea…
-Ya Déjalo, no paso nada, no tiene caso, no puedes pelear aquí por favor tranquilízate…
Decía suplicante la menor era muy notorio que le tenía miedo a la mayor pero yo ya no quería estar un minuto más cerca de ellas.
-Tu hermana es una tonta que se ha pasado todo el día molestándome con sus torpezas, no quiero pelear contigo, no estoy de humor así que déjame pasar…
Comenté con total descaro haber si de esa manera me dejaban en paz pero fue peor por que la mayor aventó a su hermana caminó hacia mí y propinó un gran golpe del cual sólo escapé por pura suerte
-¡No Kikyou!
¿Kikyou¿Así se llamaba? Ahora ya tenía por lo menos un nombre aquella inquietante mujer...
-Eres lenta…
Sólo lo dije para ocultar mi miedo mientras permanecía con los ojos cerrados y fingir que ella era muy inferior a mi cuando era totalmente lo contrario porque si ese golpe hubiera dado en mi rostro lo hubiera despedazado…
-¡Inuyasha eres un maldito¿Por qué la hiciste llorar?
¿Y ese por qué se metía? No era asunto suyo y más le valía callarse por que yo llevaba a cuestas muchas ganas de desquitarme con alguien y él era el candidato perfecto.
-Kikyou déjalo por favor, no tiene caso no vale la pena, vámonos de aquí o todos tendremos problemas, te lo suplico…
La chiquilla le rogaba pero noté que su semblante cambió, ahora había palidecido y se agarraba el pecho como si le faltara el aire, estuvo apunto de caerse pero la pared la sostuvo y sólo dejó que su cuerpo se deslizara hacia abajo…
-¡Kagome¿Qué te pasa?
Gritó Kikyou histérica estaba muy asustada por su hermana la otra sólo alcanzó a decir con dificultad…
-Mis… mis… medici… nas…
-¿En dónde están?
Pregunto aquel tipo que también se mostraba preocupado
-En… mi mochila…
El otro corrió sin perder el tiempo mientras que Kikyou seguí gritándole a su hermana para que no perdiera el conocimiento aunque yo la veía muy mal, su mirada era perdida cómo si sus cinco sentidos comenzaran a debilitarse.
-¡Kagome¡¡Mírame¡¡No te duermas, no cierres los ojos¡¡Mírame!
¿Para qué seguía gritando Kikyou como desquiciada? Eso no ayudaba a su hermana así que la hice aún lado y cargué a la niña para llevarla a la enfermería
-¿Qué te pasa¡Déjala!
Me reclamaba Kikyou.
-No seas tonta, en lugar de que te pongas a gritar como loca deberías de llevar a tu hermana a la enfermería…
Le argumenté aunque no me agradaba la idea de tener a su hermana en mis brazos.
-¿Qué clase de hermana eres? ya deberías de haber ido a pedir ayuda…
No comprendía su actitud, su hermana estaba muy mal y ella sólo se preocupaba por seguirme molestando.
-No… no quiero ir a la enfermería… por favor… no me lleves… no quiero que se enteren, por favor…
Dijo repentinamente la menor apenas en un susurro y con mucha dificultad porque le faltaba el aire.
-¿Estás loca?
Comenté incrédulo de lo que acababa a escuchar.
-No, no es eso, pero si me llevas todos sabrán mi secreto te lo suplico…
En verdad que estas hermanitas estaban muy locas ¿Y de qué iban a enterarse¿Qué ocultaban?
-El tiene razón Kagome no puedes seguir haciendo esto tengo que llevarte al hospital…
-¡No! No quiero, no quiero más estudios, no quiero más medicinas, estoy harta de los doctores, no lo hagas Kikyou…
¿Kagome? Ya recordaba… ese es su nombre pero era tanto su temor cuando escuchó la palabra hospital que se aferró con fuerza a mi, era como tener una bebé indefenso en brazos y las lágrimas volvieron a brotar.
-¡Aquí están tus medicinas!
¡Hasta que llegó ese inútil… se había demorado mucho! Yo bajé a Kagome al suelo y quedó sentada recargada en la pared, su hermana le dio sus medicamentos y después de algunos minutos Kagome comenzó a recobrarse.
-¿Ya estas mejor o prefieres que llame a mamá?
-No, no tiene caso que la preocupes, ya estoy mejor
-¿Qué fue lo que te paso?
Que metiche es este tipo… ¿A él que le importaba? No era su problema…
-No fue nada… es solo que se me baja la presión cuando me altero…
Eso no era ninguna baja de presión…, Kagome ocultaba algo más grave que eso pero de nuevo ese bueno para nada habló…
-¡Ya vez lo que provocas pedazo de idiota¡¡Tú tienes la culpa de lo que le paso!
Estuve apunto de romperle la cara por haberme gritado pero Kagome lo salvó…
-Kouga por favor déjalo, no ha pasado nada mejor ayúdame a regresar al salón…
Vaya hasta que alguien había tenido la sensatez suficiente de acabar con este jueguito.
-¿Crees que te voy a dejar hacer eso? No hermanita tu y yo nos vamos inmediatamente para la casa, no puedes seguir así, tú sabes las consecuencias así que ya deberías tomar con mayor seriedad estos ataques…
Le aconsejaba Kikyou, en realidad parecía más su madre que su hermana.
-Si tu hermana se siente mejor déjala que haga lo que quiera, al fin y al cabo es su vida y ella sabe lo que hace, tú también deberías entender que ya no es una niña…
Hice ese comentario porque no soportaba que sobreprotegieran a las personas porque se volvían demasiado dependientes de sus protectores como era el caso de estas hermanas…
-Mejor lárgate de aquí esto no es asunto tuyo, si no te interpusieras en su camino ella no estaría así, mejor vete y deja de molestarnos que tu horrible presencia no nos ayuda en nada…
Era cierto, yo tenía mejores cosas que hacer, así que me di la vuelta y las ignoré eso me pasaba por ser de vez en cuando amable con las personas, pero ya no…
CONTINUARÁ...
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO ESTE SEGUNDO CAPÍTULO NOS VEREMOS PRONTO CON LA TERCERA PARTE... BYE BYE
