Capítulo 3: El enfrentamiento y la pérdida

Un mal entendido… simples palabras capaces de provocar la destrucción de una persona, sensaciones que te hunden en el vacío y en la soledad, la desesperación por ser débil y no saberse explicar… circunstancias que se vuelven contra nosotros…

Nadie había hecho estremecer mi corazón y mis deseos como lo hizo ese muchacho, pero ahora por un mal entendido, por ser tan miedosa y no hablar… provoqué que esa persona se alejara y tuviera la peor impresión de mi…

Inuyasha se alejaba cada vez más de mí pero no podía hacer nada, hubiera deseado levantarme del suelo y explicarle todo y el por qué mi hermana era tan grosera y agresiva con él pero hasta mi propio cuerpo estaba en mi contra porque no podía mantenerme en pie mientras miraba triste como él desaparecía…

-Vamos Kagome te llevaré al salón…

Se ofreció amablemente Kouga.

-Gracias… pero no te molestes si puedo caminar todavía…

Kouga intentó llevarme en sus brazos pero por alguna extraña razón no acepté, mi mente me dictó que eso no era correcto algo que no pasó con Inuyasha cuando me tuvo entre sus brazos…

-Kagome tenemos que ir a la enfermería no al salón…

Comentó mi hermana con tono severo.

-Ya estoy bien Kikyou sólo tengo que descansar…

-Entonces iremos a la casa…

-Que no es necesario ya me siento bien, además no me va a pasar nada…

-Tu hermana tiene razón además te tienen que examinar ese golpe…

¡¡¡Ayy no!!! Kouga metió la pata¿Por qué no pudo quedarse callado como me lo prometió?

-¡¡¿Cuál golpe?!!

Era inevitable el rostro de Kikyou lo decía todo y con ello el fin del mundo…

-No te preocupes no es nada, Kouga está exagerando…

-No mientas Kagome… ¿De qué golpe habla?

-De ninguno

-¡¡Por favor no mientas Kagome!!

-¡¡Auch!!

Grité de dolor cuando Kikyou en su arrebato de desesperación me tomó por los brazos y me lastimó más de lo que ya estaba…

-Quítate el suéter…

Ordenó con severidad ella, no me gustaba cuando me miraba así.

-No quiero.

Respondí rotundamente.

-¡Que te lo quites!

Gritó con más fuerza, no tenía otra opción más que quitármelo o de lo contrario ella lo haría por la fuerza y me dolería todavía más. Me lo desabotoné y cuando ella vio mi brazo intuí que el Apocalipsis se avecinaba…

-¡¡¿Quién te hizo eso?!!

Exclamó fuera de sí y con los ojos desorbitados.

-Nadie… fue un accidente.

-¿Fue él verdad?

Yo no respondí me quedé callada ¿Cómo había adivinado que ese golpe fue consecuencia de mi caída cuando choqué con Inuyasha?

-Lo sabía… por eso estabas llorando…

¿Qué¿Y eso que tenía que ver¡Ay no! Kikyou malentendió las cosas y ahora pensaba que Inuyasha me había pegado…

-¡¡No es cierto¡¡Él no me ha tocado!!

Yo traté de defenderlo a toda costa pero ella no me escuchaba.

-No Kagome esto no se queda así… ahora mismo me las va a pagar…

Y de un solo brinco se levantó del piso y corrió rumbo a la misma dirección que había tomado Inuyasha.

-¡¡¡No Kikyou espera… es un mal entendido…!!!

Grité desesperada pero ella no me hizo caso. No supe cómo pero me levanté de inmediato y corrí tras de ella…

-Espera Kagome… ¿Inuyasha te hizo eso?

Preguntó Kouga que no entendía nada.

-No, este golpe fue porque me caí pero no se lo dije a Kikyou para no preocuparla…

-Pues entonces hay que detenerla antes de que ocurra una desgracia…

Kouga y yo llegamos corriendo a la planta baja pero Kikyou ya no estaba. La buscamos por todos lados pero no la veíamos hasta que miré detrás de una de las ventanas, estaba en el patio y sin pensarlo más tiempo corrí hacia ella.

Salí del edificio y ella sólo miraba por todos lados, supuse que eso era porque estaba buscando a Inuyasha…

-¡¡¡Kikyou… espera!!!

Grité casi sin aire, pero al verme se echó a correr…

-No puede ser ¿Por qué corre?

No podía alcanzar a mí hermana ella era muy rápida y yo demasiado lenta para correr, pero Kouga se adelantó y la alcanzó a mitad de una cancha de fútbol. Ella no tuvo más remedio que detenerse…

-¿Qué… crees… que haces…?

Le pregunté casi sin aliento cuando me reuní con ella.

-Buscando a ese maldito desgraciado…

-¿Estás loca?

-¡¡¡Estoy que me lleva el demonio Kagome¿Qué no puedes comprender eso¡¡Deja de defenderlo!!

Gritó totalmente histérica y furiosa ella.

-Es que no es lo que tu piensas, es un malentendido mira yo te puedo explicar…

-Ya te vi imbécil…

Murmuró mi hermana y se volvió a echar a correr. Cuando fijé mi vista hacia la dirección donde iba mi hermana pude vislumbrar de lejos a Inuyasha que caminaba como si nada por el césped. Se me paralizó el corazón de solo pensar lo que mi hermana estaba apunto de hacer…

Corrí desesperada para poder detenerla pero sólo pude observar como ella aventaba a Inuyasha con fuerza haciéndolo caer con violencia al pasto, este ataque fue sorpresivo porque él estaba de espaldas, pero no conforme con eso mi hermana lo volteó con fuerza, se montó sobre él y comenzó a golpearle la cara una y otra vez. Yo me quedé inmóvil, mi hermana me dio miedo nunca la había visto comportarse de esa manera, sus golpes eran tan violentos y fuertes que Inuyasha ya sangraba de la boca…

-¡¡¡Ya déjalo Kikyou!!!

Traté de detenerla pero mis diminutas fuerzas no podían contra ella. Kouga también la tomó de la cintura para separarla de Inuyasha pero las fuerzas de ella eran tan grandes que a los dos nos aventó con sus brazos. Yo caí de espaldas y me pegué en la cabeza y cuando alcé mi vista sólo pude ver como Inuyasha se quitaba a mi hermana de encima tirándola aún lado. Los dos se levantaron, ella lo miraba con odio y él estaba totalmente desconcertado…

-¡¡¡¿Qué diablos te pasa, estás loca?!!!

-¡Eso te pasa por golpear a Kagome maldito!

Y sin previo aviso lo golpeó con todas sus fuerzas en el estómago sacándole el aire, el no pudo evitar encorvarse, el dolor era muy fuerte y Kikyou lo volvió a empujar para tirarlo y comenzó a patearlo

-¡¡Ya déjalo Kikyou¡¡Lo vas a matar!!

Grité desesperada y con lágrimas en los ojos.

-Es lo menos que se merece…

Respondió ella y cuando estuvo apunto de dar el próximo puntapié él la tomó del tobillo e hizo que su cuerpo girara por los aires para que su rostro se estampara con el pasto…

Inuyasha se levantó con dificultad sangraba mucho por la boca, su ropa estaba manchada y Kikyou permanecía inmóvil en el piso…

-No sé que diablos te pasa, pero si quieres pelear… ¡¡Hazlo como los hombres no como una cobarde atacando por la espalda…!!

-No me vengas a dar lecciones de ética.

-Entonces pelea, porque no me importa si eres mujer…

Le gritó desafiante Inuyasha y Kikyou se puso en guardia y la pelea se volvió a reanudar y esta vez mucho peor que antes, los dos se golpeaban mutuamente parecía que se querían matar el uno al otro…

-Kouga has algo… detenlos…

Pero él sólo me miró con tristeza era obvio que no podía hacer nada, nadie en su sano juicio se atrevería a separarlos. Se escuchó un fuerte golpe e Inuyasha terminó en el piso, ya no se podía mover y mi hermana no iba a desaprovechar esa oportunidad. Instintivamente corrí, me arrojé al piso y abracé su cuerpo protegiéndolo con el mío para que fuera yo la que recibiera el golpe y no él, pero por fortuna Kikyou pudo detenerse a tiempo…

-¡¡Déjalo!!

-¡¡No!!

Grité molesta, mis lágrimas aún resbalaban por mi rostro y mi respiración era agitada…

¿Por qué lo haces¿Cómo puedes defenderlo?

Preguntó mas furiosa pero yo me levanté muy molesta y…

¡¡¡Plaf¡¡¡Plaf!!!

Dos cachetadas…, eso fue lo que recibió mi hermana como respuesta, he hice que cayera al césped. Ella me miraba desconcertada porque nunca en mi vida me había atrevido a golpearla, yo lo sentí en lo más profundo del alma y me dolía pero tuve que hacerlo para hacerla reaccionar…

-Kagome… pero…

Estaba desconcertada y sus ojos comenzaron a humedecerse…

-Eres una tonta… ¿Por qué no me escuchaste¿Por qué lo lastimaste?

-Porque se atrevió a tocarte…

-¡¡¡Es que él no me hizo nada!!! Todo fue un accidente…

-¿Accidente?

-Si ese golpe es producto de mi caída en la mañana…

-Pero fue ese idiota el que te tiró así que él tiene la culpa…

-¡¡¡Que no¡¡Yo me pegué con tu zapato por eso me hice este golpe!!!

Le grité desesperada a mi hermana enseñándole el moretón que tenía…

-Entonces él no te golpeó…

-No hizo nada, pero tú no me escuchaste y mira lo que le has hecho…

Yo lloraba de coraje y de tristeza, Kikyou permaneció inmóvil mirándome fijamente pero después su miraba tenía otro objetivo… Inuyasha.

El permanecía estático en el piso, sangrando, me sentía tan mal por verlo así, tenía que ayudarlo y comencé a llamarlo pero apenas y podía mirarme con sus débiles ojos que no se podían abrir más a causa del dolor…

-Kurosaki… ¿Te puedes levantar? Tengo que llevarte a la enfermería…

Dije muy preocupada pero él no me respondió y comenzó a enderezar su cuerpo yo intenté ayudarlo pero el me empujó…

-Déjame… no me toques… no sabes cuanto te odio… las odio a las dos…

Me despreciaba… sus palabras partieron mi corazón mientras que su mirada destellante de odio provocaba escalofríos en mi cuerpo…

-Perdóname… yo no quería… que…

-¡¡¡Ya cállate niña estúpida!!!

-¡¡No tienes por qué gritarle a ella¡¡Si con alguien te tienes que desquitar es conmigo…!!

Le gritó Kikyou que aun después de saber la verdad seguía enojada.

-¡¡Ya déjenme es paz!! Tu hermana es una tonta… pero tú lo eres más todavía…

Gritó Inuyasha totalmente furioso y con toda la razón del mundo.

-¡¡Por lo menos te hubieras disculpado por haberla tirado!!

-¡Yo no voy a pedirle disculpas a una niña mimada y mensa que ni siquiera es capaz de caminar por si sola!

Kikyou volvió a molestarse, una vez más lo tiro al piso pero antes de que ella lo golpeara Inuyasha había recobrado fuerzas y alcanzó a darle un puñetazo en la cara, ahora la pelea se había convertido totalmente en callejera, ni a Inuyasha ni a Kikyou les importaba si eran de sexos opuestos, era como ver a dos hombres tratándose de matar el uno por el otro…

-¡¡¿QUÉ CREEN QUE ESTÁN HACIENDO?!!

Gritó furioso un hombre que se acercaba a ellos, al aparecer era un maestro y de inmediato intentó separarlos, pero no pudo, ellos seguían ignorando su orden así que él tomó a Inuyasha con fuerza y lo contuvo con dificultan. Mi hermana intentó embestirlo pero otro hombre la tomó con fuerza de la cintura y ya no la soltó, al parecer este tipo era muy fuerte porque mi hermana no pudo moverse, la forma en que la tomó la inmovilizó por completo. Era deprimente ver a Kikyou y a Inuyasha, los dos sangraban y sus prendas estaban manchadas de la sangre de ambos.

-¿QUÉ CLASE DE COMPORTAMIENTO ES ESTE?

Volvió a gritar el primer hombre, sus ojos se le salían de las cuencas y bufaba de lo enojado que estaba.

-¡Ella me atacó yo sólo me defendí!

Respondió Inuyasha mientras que varias gotas de sangre brotaban por su boca.

-¡Las explicaciones vendrán después¡Están metidos en un serio problema¡Vayan a la enfermería y de inmediato quiero verlos en la dirección!

Exclamó aquel hombre.

-Pero…

Mi hermana intentó defenderse pero el profesor que aún la sostenía habló…

-Se le ha dado una orden señorita no está en condiciones para discutir con el Director…

¡Dios mío¡Era el Director! Ahora si estábamos metidos en un gran problema, podían expulsarnos por esto ¿Qué explicación le daríamos a mamá?

El director soltó a Inuyasha, ya estaba más tranquilo pero no dejaba de mirar a Kikyou con absoluto odio…

-Profesor Nomura quiero que vigile a estos jóvenes mientras son atendidos en la enfermería…

-Como diga Señor…

Contestó el profesor con un extraño tono de voz áspero, miraba detenidamente a Inuyasha y me dio la impresión de que le causaba satisfacción ver su estado deplorable…

-¡¡Y les advierto que si vuelven a intentar hacer otro numerito como este yo mismo me encargaré de que no vuelvan a ser admitidos en ninguna escuela cuando los expulse de aquí…!!

Dicho esto se dio la media vuelta y nos dejó solos pero con esto último que dijo sentí que el corazón se me detenía por completo, deseaba con todo mí ser que esto fuera un mal sueño pero la realidad era totalmente distinta…

-¡¡MUEVANCE RÁPIDO!!

Ordenó con voz firme aquel tipo, su voz retumbó por todo el lugar dándole una apariencia más escalofriante. Todos comenzamos a caminar pero…

-¿Y adónde creen que van ustedes dos?

Nos preguntó con seriedad a mí y a Kouga…

-Ella es mi hermana…

Le respondí con miedo, su presencia era en verdad imponente y daba miedo.

-¿Y usted?

Le preguntó a Kouga.

-Yo sólo estoy acompañando a mi amiga…

Contestó tartamudeando y cabizbajo.

-Entonces regrese a su salón este no es asunto suyo.

Kouga no dijo nada y con cierta tristeza y remordimiento veía cómo nos alejábamos de aquel lugar.

A medida que nos acercábamos al edificio principal nos encontrábamos con mucha gente. Cuando ocurrió la pelea asombrosamente no había curiosos y me preguntaba yo el por si la escuela era muy grande y con una gran cantidad de alumnos. Pero ahora todo era distinto y había muchos estudiantes en el exterior tal pareciera que el maestro lo había hecho a propósito para exhibirnos públicamente, me sentí como si fuera una delincuente condenada a la horca.

Caminábamos entre los pasillos, yo con la cabeza baja y procurando no mirar a la decena de curiosos que nos observaban detenidamente, mas sin en cambio mi hermana e Inuyasha caminaban como si nada, petulantes, insensibles a lo que ocurría en su rededor. El maestro nos conducía a la enfermería también su actitud era arrogante y caminaba muy despacio para que todos y cada uno de los presentes nos observara con detenimiento hasta que por fin nos detuvimos en una puerta blanca arriba de ella había un gran letrero que indicaba obviamente que se trataba de la enfermería así que entramos. La enfermera se asustó cuando vio el estado deplorable de los heridos y de inmediato los atendió, mi hermana se sentó en una cama e Inuyasha en otra mientras que el maestro permanecía en medio de las dos camas vigilando que no ocurrieran nuevos ataques. Mi hermana fue a la primera que tendieron y a pesar de sus heridas en la cara y en la boca no mostró ninguna seña de dolor, simplemente dejó que la curaran y limpiaran. Luego fue turno de Inuyasha y al igual que Kikyou tampoco exclamó dolor ¡¡Que parecidos eran!!

Los dos eran muy insensibles, violentos, impulsivos y groseros… ahora si que Kikyou se había encontrado con la horma de su zapato.

-¿Eso es todo señorita?

Preguntó el profesor con su tono áspero y frío a la enfermera.

-Si señor, pueden retirarse cuando gusten…

Respondió tímidamente y muy sonrojada ella, al parecer ese hombre la intimidaba mucho.

-Ya escucharon niños… muévanse porque el director los espera…

Ordenó agresivamente el profesor ¡Ya me tenía harta!, a pesar de que era un tipo exageradamente apuesto daba a entender con sus actitudes que lo que tenía de guapo lo tenía de amargado.

Y una vez más nos encaminamos a la dirección, Kikyou salió con varios vendoletes en la cara, ahora era visible el gran moretón que se le había formado debajo del ojo derecho, eso sin contar los que posiblemente tendría en el cuerpo porque la señorita no dejó que la enfermera la examinara completamente alegando que saliendo de clases iría a un hospital para que la revisaran. aL principio la señorita no creía en las palabras de mi hermana porque dejarla en ese estado sería una negligencia de su parte así que la obligó prácticamente a firmar una carta responsiva en donde se aclaraba que Kikyou estaba obligada a ser examinada por un médico profesional y capacitado y lo peor de todo es que tenía que ser firmado por mi mamá y en caso de que no cumpliera con este requisito no tendría derecho a participar en ninguna actividad física hasta traer un comprobante lícito en donde se estipulara que su salud era perfecta. Por lógica esto causó una gran impresión en Kikyou porque eso significaba no practicar ningún deporte y eso para ella es más que la propia muerte.

También Inuyasha no dejó que lo examinaran y al igual que Kikyou se comprometió a visitar a un médico.

Subimos por las escaleras hasta el cuarto piso, caminamos por un pasillo y el profesor se detuvo en la puerta del fondo, tocó y una voz seria había respondido permitiéndonos el paso. Yo no quería entrar pero era más que necesario…

-Muévanse que no tengo su tiempo…

Volvió a ordenar el tipo ese.

Fui la última en entrar no había alzado la mirada y seguí caminado como si nada hasta que tropecé con mi hermana que se había detenido en seco…

-¿Por qué te detienes así?

Le reclamé algo molesta. Pero cuando alcé mi vista y vi por entre el hombro de mi hermana sentí que el mundo se me venía encima... ¡¡No podía ser¿Cómo había llegado mi mamá tan rápido?

Ahí estaba ella, sentada en una silla que se encontraba al frente del escritorio del director. Nos miraba con absoluta desaprobación y del lado contrario también se encontraba otro hombre que sin lugar a dudas tenía que ser el padre de Inuyasha porque tenía los mismos ojos que él…

Ambos padres nos miraban con reproche quizás era por ver el semblante tan espantoso de sus hijos. El profesor que momentos antes nos acompañaba desapareció tras asegurarse de que los tres hubiéramos entrado a la dirección sin esperanza alguna de poder escapar. El silencio se hizo presente por mucho tiempo, nadie hablaba sólo miradas acusadoras y molestas…

-¿Y bien¿Quién de ustedes se dignará a darme una explicación?

Preguntó el señor director muy serio, recargando sus codos sobre el escritorio con los dedos de las manos entrelazados.

-Muy bien si son tan cobardes para responder entonces comenzaré yo con el interrogatorio…

Comentó impaciente la autoridad del colegio, yo no sabía que hacer ni que responder, después de todo el problema había sido por mi culpa pero Kikyou me hizo señas de que no hablara…

-Yo sólo defendí a mi hermana…

Comentó Kikyou con firmeza.

-¿Por qué razón?

Preguntó él.

-Porque este sujeto la ha estado molestando…

Declaró ella mientras le dirigía una mirada de absoluto desprecio a Inuyasha

-¡¡¡ERES UNA MENTIROSA ESO NO ES CIERTO!!!

Estalló encolerizado Inuyasha que no estaba dispuesto a cargar con un delito que no le concernía en lo absoluto.

-Silencio Kurosaki, modere el tono de su voz este lugar no es un circo para montar otro más de sus espectáculos…

Le ordenó el director. Los padres sólo escuchaban, ninguno hablaba y eso era demasiado aterrador porque sólo los dioses sabían lo que maquinaban sus mentes.

-Señorita explíqueme que pasó en realidad y por qué acusa al joven de atacar a su hermana…

Aquello parecía un juicio, me incomodaba y avergonzaba estar ahí ansiaba irme de ese lugar cuanto antes pero Kikyou comenzó a relatar lo sucedido paso por paso salvo que omitió un pequeño detalle en su versión de la historia. Mi hermana en cuanto finalizó su explicación guardó silencio, ahora le tocaba a la contraparte defenderse…

-Bueno Joven Kurosaki ahora quiero escuchar su versión de los hechos…

Ordenó el directivo con la misma seriedad y frialdad con la que había tratado a mi hermana. El relato de Inuyasha era el mismo que Kikyou… bueno casi… porque él si no omitió la parte en donde ella lo atacó a traición…

-¿¡¡Es cierto eso!!!?

Mi madre por fin había hablado, su silencio y su serenidad se habían roto por completo….

-¡Te hice una pregunta!

Repitió ella indignada de que su hija se atreviera ha realizar algo tan bajo y ruin. Kikyou la miró con seriedad y se limitó a afirmar con su cabeza sin decir nada más. Mi madre guardó silencio de nuevo, podía asegurar que detrás de esa cara apacible y llena de paciencia se encontraba una mujer fúrica y ofendida.

-Por lo que veo las dos partes coinciden en su totalidad y por lo tanto los dos tienen la culpa…

-¡¡¡Pero si yo fui el agredido!!!

Reclamó indignado Inuyasha de que también lo encontraran culpable.

-Pero usted jovencito no debió de agredir a la señorita, debió de mantener la calma…

-¡¡Pero si sólo me defendía!!

Exclamó más molesto todavía él.

-Aún así como caballero no debió de continuar la pelea tomando en cuenta de que ella es una mujer…

-¡Pues dígaselo a ella que se nota que no sabe de modales ni mucho menos de moral…!

Inuyasha estaba fuera de si y mi hermana sólo lo miraba con odio como si lo estrangulara dentro de su mente.

-También ella es culpable por no respetar el lugar que le corresponde al enfrentarse sin ningún motivo a un hombre sin tomar en cuenta las consecuencias que esto conllevaría, por lo tanto sólo hay dos soluciones…

Decía el director un poco más sereno pues ahora sólo era cuestión de esperar la sentencia que les esperaba.

-¿Y cuáles son esas alternativas?

Preguntó muy serio el padre de Inuyasha.

-Una es su respectivo castigo el cual consiste en realizar labores de limpieza durante el trimestre completo después de terminar sus clases y la segunda opción es que se ofrezcan una disculpa mutuamente y que esto que ocurrió jamás se vuelva a repetir porque entonces me veré forzado a expulsarlos definitivamente de este colegio.

Esta segunda solución era la más razonable después de todo habían corrido con suerte en vista de que todo había sido un malentendido pero ni Kikyou ni Inuyasha dijeron nada, lo pensaban mucho…

-¿Y bien cuál es su respuesta?

Preguntó el director en definitiva para terminar este asunto cuanto antes.

-Yo no voy a disculparme.

Respondió tajante Inuyasha.

-Mucho menos yo… ya me rebajé demasiado pelando con un debilucho como para encima pedirle una disculpa…

Comentó mi hermana que hervía de furia por la forma tan prepotente de Inuyasha.

-Como gusten, les di una buena opción y la desperdiciaron por orgullo, entonces se atendrán a las consecuencias, a partir de mañana comenzará su castigo y lo harán juntos sin recibir ayuda de nadie ¿Entendido Kurosaki?...

Esto último lo recalcón el director con mayor fuerza como si conociera de sobra las posibles mañas de Inuyasha.

-Entendido…

Respondió él de muy mala gana.

-Señores de familia espero que estén de acuerdo con este castigo ya que la soberbia de estos jóvenes es infinita y por lo visto ninguno de los dos cederá, después de todo esto les servirá de lección para que entiendan de una vez por todas que ocupar las artes marciales llevados por los impulsos conlleva a resultados muy negativos y nada prometedores.

Ambos padres aceptaron y no objetaron nada, la mirada que mi madre le dirigía a Kikyou era indescriptible, ni yo misma entendía si lo hacía con coraje, lástima o tristeza.

Mi madre y nosotras dos salimos de la dirección. Inuyasha se quedó dentro con su padre a petición del Director no supe nada más de ellos y antes de cerrar aquella puerta dirigí una última mirada a Inuyasha que se encontraba sentado en una silla y de cara al Director, lo demás es un completo misterio para mi, no podía quedarme y escuchar lo que acontecía detrás de aquella puerta. Mi madre al ver mi indecisión me llamó a que la siguiera, no tuve más opción que obedecer y continuar mi camino. Tanto Kikyou como yo recogimos nuestras cosas y salimos de la escuela mi madre estaba muy preocupada por la salud de las dos y pidió permiso para que pudiéramos salir temprano e ir cuanto antes al hospital, yo no quería pero simplemente no tenía el valor de contradecir a mi mamá después de aquella vergüenza.

Subimos al auto, Kikyou iba como copiloto y yo en el asiento trasero mirando con desánimo a través del cristal aquella triste ciudad a medida que el coche avanzaba por avenidas y calles muy extrañas para mí. Yo me seguía sintiendo extraña, aún no me acostumbraba a ese lugar donde tanto la gente como los edificios me provocaban una sensación de vacío.

Media hora después ya nos encontrábamos a la entrada del hospital por el lado de Urgencias, en donde nos sentamos a esperar nuestro turno para ser atendidas pero lo que mi madre ignoraba era que yo había tenido un desvanecimiento en la escuela, nadie mencionó una palabra sobre ese asunto, ni siquiera mi hermana, sólo mi madre me había llevado para que me hicieran un chequeo general y ver que todo estuviera dentro de lo "normal".

La que entró primero al consultorio fue mi hermana acompañada de mi mamá mientras yo me limitaba a esperar fuera. Afortunadamente la consecuencia de aquella pelea no fue tan grande porque Kikyou salió muy rápido y de lo más tranquila…

-¿Qué pasó?

Le pregunté asombrada de que ella mostrara esa gran fortaleza, como si nada hubiera pasado.

-No es nada, son sólo unos cuantos golpes que desaparecerán en una semana y será mejor que entres porque es tu turno hermanita…

Contestó Kikyou con desgana y fastidio mientras se tumbaba en el asiento en el que yo me encontraba con anterioridad. No tuve más remedio que avanzar me gustaran o no los médicos. Entré, cerré la puerta suplicando que no descubrieran que me había desmayado hace algunas horas, pero mi semblante pálido me delataba y en cuestión de mentiras era muy mala.

-Hola Kagome ¿Cómo te sientes?

Preguntó un doctor con semblante amigable y muy sonriente, yo pienso que trataba de inspirarme confianza pero por el simple hecho de ser médico me resistía a creer en su amabilidad.

-Kagome ¿Te molesta algo?

Preguntó él al notar mi silencio.

-No es nada, sólo estoy algo cansada y quisiera dormir un poco…

Respondí con mentiras para tratar de ocultar el verdadero motivo de mi distracción.

-¿Y desde cuando te sientes así?

-Hace algunos minutos….

Volví a mentir.

-Tu madre me ha comentado sobre tu Narcolepsia, Kagome sabes que no puedes mentirme… te has desmayado… ¿Verdad?

¡Demonios¿Por qué a los médicos no se les podía engañar? Yo sólo miré a mi madre por unos momentos y después bajé la cabeza, no sabia que decir…

-Mira Kagome en estos momentos sólo estoy de guardia cubriendo a un colega, normalmente no me encuentro aquí, mi especialidad es la Psiquiatría y de ahora en adelante yo atenderé tu caso así que humildemente te suplico que colabores conmigo para que esta enfermedad no te siga provocando tantos problemas…

-Que caso tiene… al fin y al cabo es una enfermedad irreversible y se que cuando crezca mis problemas serán aún mayores… ¿Cree que no se eso? Ningún médico puede ayudarme…

No sé porque dije eso, posiblemente porque sentí la necesidad de desahogarme y de expresar el infinito rechazo que sentía hacia mis enfermedades y a la vida…

-Sé que esta etapa de tu vida es muy difícil porque quisieras que tu vida fuera como la de cualquier jovencita de 15 años pero sabes muy bien que tu realidad es otra y que si eres negligente contigo misma nunca lo superarás…

Yo no contestaba, sólo escuchaba y dentro de mí renegaba de las palabras y consejos ese de hombre ¿Qué sabía él de una vida como la mía? De mis problemas, de mis miedos… él no entendía nada y me sentía molesta por sus comentarios fuera de lugar…

-Bueno señorita por lo que veo no estás en ánimo de responder mis preguntas lo mejor es que descanses y otro día hablaremos con más tranquilidad, te daré dos días de incapacidad…

-¿Dos días? Pero yo no quiero faltar al Colegio, es mucho tiempo…

-Pero tienes que reposar…

-Por favor… no lo haga, mañana despertaré como si nada se lo ruego…

-Lo siento… pero al menos yo me tomo muy en serio tu problema y esta decisión es irrefutable.

-Hija entiende que es por tu bien…

Ya no contesté, al fin al cabo todos decidían sobre mi vida, lo que yo opinara no valía nada porque nadie me hacía caso. El doctor extendió una receta y después de eso salimos. Anhelaba tanto alejarme de ese horrible lugar que cuando sentí la frescura del aire en el exterior volví a tener vida. Nos subimos al auto y en todo el trayecto hacia la casa nadie dijo nada, ni siquiera mi mamá. Llegamos y de inmediato bajé del vehículo y corrí hacia mi habitación, quería estar sola y que nadie me molestara…

-Kagome ¿Se puede?

Preguntó tímidamente mi hermana detrás de la puerta. Ya habían pasado 6 horas y era tarde casi comenzaba a anochecer.

-Adelante…

Respondí con un tono muy leve no tenía ganas ni siquiera de hablar. Kikyou entró y se sentó en la orilla de la cama.

-¿Cómo te sientes?

-Bien.

-¿Sigues molesta conmigo?

-No sé si esté molesta contigo… a decir verdad es con todo lo que me rodea y de esta vida.

-Perdóname… por mi culpa pasaste un mal rato.

-Ya no importa, no se puede cambiar el pasado ¿Y tú cómo te sientes?

-Bien.

-No mientas a mi no me engañas ¿Te peleaste con mamá?

-Un poco, me dijo cosas que me hicieron sentir muy mal y lo peor de todo es que tiene razón.

-¿Qué te dijo?

-La verdad no quiero hablar de eso, me enferma el solo recordarlo…

-Como quieras… ¿Te presentarás mañana en la escuela?

-Aunque no quiera, tengo que ir por lo menos para cumplir con el castigo.

-¿Por qué lo odias tanto?

Le pregunté muy intrigada, la curiosidad me carcomía…

-No se Kagome, ese tipo… tengo un mal presentimiento…

-¿Presentimiento?

-Sí, siento que el haberlo conocido nos traerá muchos problemas, además no soporto su insufrible carácter, no se cómo pueden aguantarlo en su casa…

-¡¡Pero si tienen el mismo carácter tu y él!!

-No es cierto, de hecho él fue quien empezó…

-Eso es mentira, todo fue un accidente… incluso se preocupó por mi cuando estuve a punto de desmayarme…

-¡¡¡Ayy Kagome¿Ya te enamoraste?

Comentó mi hermana con una expresión de fastidio.

-¡Claro que no¿Estás loca?

Respondí renegando absolutamente ese comentario pero… ¿Tan evidentes eran mis sentimientos por Inuyasha¿Por qué me estremecía cada que lo veía¿Qué significaba esto?

-Kagome…

Pronunció mi hermana mientras pasaba su mano enfrente de mí para hacerme reaccionar.

-¿Ya vez? Con solo mencionarlo te pierdes por completo, además no se que le ves, no tiene gran chiste, tiene un semblante horrible…

-¡Eso no es cierto Kikyou! Se necesita estar muy ciega para no darse cuenta de lo atractivo que es…

-Para mí no lo es… y lo peor de todo es que tendré que pasar insoportables horas a su lado por culpa de ese maldito castigo…

-Ojala pudiera auxiliarte pero ya vez que el Director te prohibió cualquier tipo de ayuda…

-Ya sé que estarías ENCANTADA de estar en mi lugar, pero lo siento hermanita es mejor así, por lo menos estarás alejada de él… ya te dije que no me gusta y presiento peligro…

-No alucines… lo que pasa es que lo odias tanto que cualquier pretexto es bueno…

-Olvídalo Kagome contigo no se puede, mejor hablemos de otras cosas…

Con eso Kikyou terminó nuestra conversación acerca de Inuyasha y no volvimos a tocar el tema en todo el tiempo que permanecimos platicando. Las horas pasaron y ya era casi media noche. Kikyou se despidió de mi y cada quién se fue a descansar a su respectiva cama…

Una leve luz se reflejó en mi rostro provocando mi despertar, yo tenía mucho sueño, había caído totalmente rendida, no sabía que hora era, pero quizás no pasaban de las 9:00 AM. Con pereza me levanté de la cama, estiré mi cuerpo y abrí el ventanal de mi balcón para refrescarme un poco. La mañana era muy tranquila y no se diga del vecindario que siempre permanecía en total paz, nada lo perturbaba y a decir verdad el silencio era algo que no me agradaba en absoluto mientras el leve sonido de una melodía se había manifestado en mi mente, repentinamente recordé aquellas tristes notas el día en que llegué y me cuestionaba el paradero de aquella canción deseando volver a escucharla. Media hora después bajé a desayunar, en la casa no había nadie más que los sirvientes, supuse que Kikyou estaría en el Instituto y mi mamá en su trabajo, no me quedó más remedio que desayunar sola.

Probé mis alimentos con calma, me sentía aburrida, no me gustaba estar en casa sin hacer nada… ¡Todo por culpa de un doctor!, yo me sentía perfectamente pero eso nadie lo tomaba en cuenta.

Opté por retirarme a mi habitación y sentarme en la terraza a leer un libro, pero algunos minutos después se me ocurrió tomar mi violín, no lo había hecho desde que llegué y me sentí culpable por tenerlo abandonado tantos días siendo que era lo más valioso que tenía en la vida. Comencé a afinarlo y poco a poco las notas comenzaron a tomar vida y sin darme cuenta me encontraba en medio de la terraza tocando mi violín. Las horas pasaron y yo seguía envuelta en mi propio mundo musical, nunca me cansaba de tocarlo ni mucho menos me pesaba estar parada tantas horas del día…

-¡No quisiera ser ese violín! Ya déjalo descansar…

Dijo la voz de una mujer.

-¿Qué haces aquí?

Pregunté extrañada de verla a estas horas del día, se supone que Kikyou debería estar en la escuela.

-Ya quita esa cara de sorpresa, sólo me escapé un rato para saber como seguías.

-No era necesario que vinieras, pudiste haber llamado por teléfono.

-Ya sabes que no me agradan esos aparatos y no estaría tranquila.

-Muchas gracias, estoy bien, pero mejor regrésate no quiero que tengas más problemas por mi culpa.

-No me importa, además un castigo más o uno menos no me afecta.

Dijo Kikyou como si no tuviera ningún significado los castigos.

-Nunca cambiarás hermanita… ¿Qué no le tienes miedo a nada?

-Ayer lo tuve… y ya no sigas diciendo tonterías… mejor me voy antes de que empieces de melosa…

A Kikyou no le agrada mostrar su lado vulnerable ante los demás y con la única persona que llegaba a manifestarlo en esporádicas ocasiones era conmigo.

-Está bien mejor olvídalo… y mejor apúrate porque te tengo una sorpresa cuando regreses de clases…

Comenté con semblante feliz tratando de cambiar de tema y para que ella no siguiera sintiéndose incómoda.

-Eso me agrada… bueno Kagome nos vemos…

Kikyou se regresó al colegio y yo fui a bañarme y cambiarme de ropa, ya era más de medio día y yo seguía despeinada y con mi pijama. Me sentía muy fastidiada, el no estar en la escuela me afectaba mucho permanecer sola en casa siempre me aburría y me desesperaba, pero sólo tenía que esperar algunas horas para que Kikyou y mamá llegaran y así olvidarme completamente de mis problemas.

Salí de mi ducha, me coloqué vestimenta cómoda y de inmediato me dediqué a prepararle a Kikyou su platillo favorito. Me fascinaba estar en la cocina, los olores entre mezclados que se formaban a medida que preparaba el guiso me emocionaban en absoluto. No dejé que una de las sirvientas me ayudara, es más me irritaba que alguien más perturbara mi preparación de alimentos, así que le di permiso para que realizara lo que ella quisiera mientras yo cocinaba. Al principio ella no quería, pero no contaba con mi persistencia y técnicamente la obligué a salirse de la cocina, no supe que hizo en todo el tiempo que permanecí adentro de esa fabulosa habitación, pero después de dos horas le permití acceder a mi pequeño territorio, ya todo estaba listo sólo era cuestión de minutos para que Kikyou regresara del colegio.

Se escuchó un fuerte estruendo en el vestíbulo, asustada corrí para saber la causa, pero apenas y pude ver a mi hermana que se dirigía furiosa al gimnasio. Estaba muy enojada, no era necesario que lo expresara porque siempre que se encontraba en ese ánimo desquitaba todo ese coraje realizando ejercicio. No se necesitaba ser un adivino para saber cuál era la causa de su molestia que tenía por nombre Inuyasha…

Kikyou no comió, mamá llegó una hora después que ella y comimos juntas. Mi hermana a veces era tan predecible que no fue necesario poner a mamá al tanto de lo que ocurría, así que dejamos que Kikyou descargara su furia en el gimnasio a que lo hiciera con nosotras…

Ya había anochecido y yo seguía sin saber nada de mi hermana, quizás aún continuaba furiosa en el gimnasio y no me atrevía molestarla, pero es que mi curiosidad era más grande y quería saber qué le había sucedido con Inuyasha. Bajé por las escaleras estaba algo oscuro sólo había una leve luz que provenía de la chimenea de la sala y otra tenue lucecilla en el estudio de seguro ahí se encontraba mi mamá. Comencé a caminar por el pasillo que me conducía al gimnasio cuando escuché ruidos provenientes de la cocina, pensé que era uno de los sirvientes pero miré el reloj y ya eran las 9:00 PM por lo tanto la servidumbre ya se había retirado de la casa porque sus servicios fueron contratados sólo de entrada por salida. Sentí un poco de miedo por un momento pensé que se trataba de algún ladrón y estuve a punto de gritarle a mamá para que me ayudara pero pensé que podría ser ella porque se veía la silueta de una mujer que caminaba de un lado a otro por la cocina así que me armé de valor y entré y por fortuna se trataba de mi hermana…

-¿Qué haces aquí?

Le pregunté sorprendida al verla. Ella se sobresaltó un poco y dejó caer un vaso de vidrio al suelo.

-¡¡¡Kagome no me espantes así!!!

Me reclamó ella mientras recogía los pedazos de vidrio que se encontraban en el piso.

-Lo siento… no fue mi intención…

Pocas veces alguien lograba espantar a Kikyou y eso sólo sucedía cuando algo le preocupaba o se encontraba muy concentrada en algo. Ese secreto sólo lo sabía yo y no fue porque ella me lo dijera sino que lo descubrí poco a poco a través del tiempo.

-Pensé que estabas entrenando…

Comenté como si nada, fingiendo que no sabía que se encontraba molesta.

-Termine hace media hora… y me dio hambre…

¡¡¡Por Dios¿De dónde sacaba esta mujer tantas fuerzas? Llevaba horas encerrada en ese lugar y por lo que veo nunca se detuvo porque estaba totalmente empapada de sudor…

-Espero que te guste, lo hice especialmente para ti…

No quería alterar a mi hermana y en verdad me daba gusto que se sirviera del guiso que elaboré y con el primer bocado su semblante cambió totalmente, ahora lo disfrutaba y sonreía. Si algo volvía loca a Kikyou era lo que yo le preparaba nadie más podía lograr tanto mérito en el arte culinario como yo.

-¡¡Esto está delicioso¿Cómo pude perdérmelo cuando se encontraba recién preparado?

Exclamó con emoción y devorándolo como si no hubiera comido en semanas, se atascaba la boca de comida y no conforme con eso se sirvió cuatro porciones más ¿En dónde le cabía tanto si estaba muy delgada?

-Come despacio o te vas ahogar…

Le advertí al conocer los hábitos alimenticios de mi hermanita.

-No me limites Kagome… sabes que no puedo evitarlo…

Contestó ella, yo sólo me limité a mirarla en silencio esperando que me platicara lo que había ocurrido con Inuyasha.

-Ese idiota tiene la culpa…

Dijo mi hermana de repente cuando por fin había terminado y reposaba el banquete que se había devorado.

-¿De quién hablas?

Pregunté fingiendo incredulidad y por fin me enteraría de lo sucedido.

-Hay Kagome no te hagas la desentendida sabes a quién me refiero…

Dijo Kikyou que no me creía en absoluto en mi muy fingida torpeza.

-¿Y ahora que te hizo?

-¡No me ayudó en nada¡El muy imbécil se fue y me dejó sola!

-¿Se fue? No lo puedo creer… ¿Entonces tú hiciste todo el trabajo?

-Si tuve que limpiar una de las aulas de Arte yo sola…

-Que pena… ¿Y por qué se habrá ido?

-Porque es un maldito cobarde y un macho, de seguro piensa que eso sólo es trabajo para mujeres.

-No lo creo.

-Kagome… ¿Lo sigues defendiendo?

-Que no… mejor ya no digo nada porque todo lo mal interpretas.

-No se que le ves Kagome…

-¿Y si cambiamos de tema?

Ya no quise seguir hablando sobre el asunto porque Kikyou comenzaba a alterarse de nuevo y por fortuna ya conocía el motivo de su molestia.

-Como quieras….

Respondía ella contenta de no seguir recordando su mal momento.

-Tienes razón ¿Adivina qué?

El rostro de Kikyou cambió por completo y se mostraba más sonriente.

-¿Qué pasó?

Pregunté muy intrigada.

-Alguien me preguntó por ti…

Dijo ella en tono pícaro y burlón.

-¿Quién?

Pregunté emocionada creyendo por un segundo que podría ser Inuyasha.

-El muchacho que va en tu salón…

-¿Kouga?

Contesté algo desanimada y muy desilusionada.

-¡Pero mira lo que son las cosas¡Ya hasta lo tuteas!

Mencionó Kikyou con alegría y burla.

-¡Él me dijo que lo llamara así! No malinterpretes las cosas…

No pude ocultar mi pena, no era necesario que tuviera un espejo en frente para saber que mi rostro se encontraba muy colorado…

-No puedes evitarlo… fue amor a primera vista Kagome…

-¿Y qué te preguntó?

-Que porque no habías asistido hoy a la escuela, le dije estabas bien, así que me pidió permiso para poder venir a verte y…

-¿Le diste nuestra dirección?

-Lo siento hermanita… pero es mejor que te arregles mañana porque tendrás visitas…

-Ay Kikyou… ¿Por qué lo hiciste?

-Porque él se portó como todo un caballero con nosotras independientemente de que me cae muy bien, él si te merece y me gustaría tenerlo como cuñado…

-¡No digas esas cosas tan horribles!

-Tranquila, no te alteres además eso me hace pensar que si te interesa.

-¡Claro que no…! él no me gusta, es sólo mi compañero de clase y punto.

-Pues él no piensa lo mismo, mejor deberías fijarte en ese muchacho en lugar de andar suspirando por aquel inútil bueno para nada…

-¡Inuyasha no es un inútil!

-¡Está bien cálmate que no quiero pelearme contigo por alguien que no vale la pena!

-Lo mismo opino y mejor me voy a mi recámara… ¡Buenas noches!

Estaba muy molesta con Kikyou por lo que había hecho, además esto ocasionaría un mal entendido y Kouga pensaría que en realidad sí me intereso en él. No podía negar que era un chico muy amable y bien parecido pero aún así no podía pensar en él como mi pareja, en realidad en mi corazón y mente ya existía otra persona que al parecer se quedaría para siempre…

Una noche más comenzaba a transcurrir y yo acostada en la oscuridad total de mi habitación meditaba continuamente de todo lo acontecido en el día y sobre todo en la advertencia de Kikyou acerca de Inuyasha y de un inminente peligro…

Una melodía triste comenzó a sonar a lo lejos, ahora no era mi imaginación, había vuelto y la escuchaba con más claridad que antes. Salí a la terraza siendo recibida por un frío helado que me hizo temblar de pies a cabeza, me dio miedo, la oscuridad, la melodía, no pude evitarlo y preferí correr y refugiarme en mi cama. Deseba con todas mis fuerzas que aquella melodía cesara pero parecía interminable, como si su propósito fuera clavarse en lo más profundo de mi mente y jamás salir…

No pude dormir en toda la noche, aquel sonido se negaba a borrarse de mi mente y me preguntaba continuamente que clase de monstruo se atrevería a tocar de una forma tan diabólica aquel piano. La primera vez que lo escuché me había fascinado pero ahora sentía temor de escucharlo de nuevo. Miré el reloj ya eran las 6:00 AM y yo sin poder despegarme de aquellas notas, me encontraba muy intranquila y sentía que me asfixiaba en mi recamara, salí una vez más a la terraza a tomar un poco de aire, recargué mis manos en el petril de piedra blanca que rodeaba la orilla de aquel inmenso balcón. Me encontraba observando las demás casas cuando miré que la que se encontraba enfrente comenzó a abrir su garage y de él salió un vehículo negro, por unos minutos se detuvo y el conductor bajo de él a toda prisa y entró a la casa. Era un señor el que corría y dentro del automóvil se encontraban dos personas más, pero obviamente no sabía quiénes eran y en vista de que eso no importaba preferí regresar a mi cama y tratar de dormir un poco después de esa noche tan terrible…

Por mas intentos que hice, no pude conciliar algo de sueño, solamente me dediqué durante varios minutos a dar vueltas en mi cama, me sentía tan incómoda que lo mejor era levantarme y tratar de despejarme aunque me resultara imposible olvidar aquellas notas opté mejor por darme un baño así que llené la tina con agua caliente y ahí permanecí mucho tiempo, varias horas, meditando acerca de lo ocurrido hace dos días y también sobre la advertencia que el médico que me había hecho acerca de mi Narcolepsia ¿En verdad eran tan grande mi deseo por no seguir viviendo que me había vuelto tan irresponsable? No puedo negar que lo único que me mantenía aún con vida era la promesa que le hice a mi padre antes de morir: "Ser una mujer fuerte y feliz…" pero… papá… lamento decirte que nunca he sido fuerte y mucho menos soy feliz ¿Acaso algún día conoceré el significado de la "felicidad"? Yo sólo soy un estorbo… mi madre y hermana sufren por mi y ni siquiera pueden tener una vida propia por dedicarse a cuidarme, sobre todo Kikyou, que al parecer solo vive también para cumplir tus deseos y protegerme por sobre toda las cosas olvidando que también ella es humana…

Lágrimas de tristeza y soledad resbalaron por mi rostro, sintiéndome tan poca cosa, tan inútil, comencé a resbalar por la pared de la bañera sin darme cuenta, hasta que sin darme cuenta el agua me llegaba un poco más arriba del labio y cuando mi nariz sintió aquel líquido me sobresalté y sentí que me ahogaba y me imaginé en medio de un inmenso mar, el mismo mar de aquel día… mi fobia al agua había ya sobrepasado los límites…, ahora ni siquiera me permitía permanecer en una pequeña bañera y salí huyendo de su interior, con el cuerpo desnudo y mojado, con la respiración entrecortada y con una sensación de pánico y horror me tiré de rodillas al piso y con mi débil puño comencé a golpearlo una y otra vez renegando de mi patética existencia, me sentía una basura…

-Señorita Kagome… ¿Se encuentra bien?

Preguntó una de las sirvientas que se encontraba detrás de la puerta, yo tardé varios segundos en reponerme antes de contestar:

-Esto bien, sólo me estoy dando un baño puedes retirarte,

-Como guste señorita.

Aquella mujer se fue y nuevamente el silencio regresó, me levanté del helado piso y me coloqué mi bata de baño y salí de ahí dejando todo hecho un desastre porque había agua por todos lados pero no me importó y así salí a la terraza y me senté en una de las sillas. Estaba conciente de que por realizar tal acción podría enfermarme pero… ¿Por qué no podía hacer eso? Todas las personas lo hacían y simplemente quise darme ese privilegio sintiendo aunque sea por unos instantes que estaba viva y que era una jovencita común y corriente.

Desperdicie toda la mañana pensando en todo y a la vez en nada mi cabello estaba hecho un desastre, todo enmarañado y áspero a causa de permitir que se me secara bajo los rayos del sol así que, ya era hora de vestirme. Regresé a mi alcoba y me senté frente al tocador mirando mi patético aspecto tan deprimente y miserable es lo menos que se podía esperar de una muchachita tan llena de defectos y sin ningún logro en la vida…

Aún no tenía apetito y me limité a colocarme unos jeans deslavados de color azul y una pequeña blusa de color amarillo, ni siquiera me tomé la molestia de arreglar mi cabello como Dios mandaba sólo tomé una peineta azul que se encontraba en el interior de uno de mis cajones y con ella sostuve mi pelo a manera de una coleta. Como seguía aburrida tomé mi violín de la misma manera que el día anterior, primero permanecí dentro de la habitación, luego se escuchó el sonido del timbre, alguien había llegado, aún así seguí tocando por mucho más tiempo y sin darme cuenta cuando comencé a tocar una de las melodías de papá, ya me encontraba en la terraza y me comencé a sentir viva de nuevo tocándolo con más ímpetu y emoción que antes. Me perdí por completo en aquellas notas sin tomar ninguna noción del tiempo con el único objetivo de finalizar aquella obra maestra de una manera espectacular, imaginándome en medio de un gran teatro y una multitud de personas escuchándome hasta que por fin llegó el gran final… mi objetivo de había cumplido y se comenzaron a escuchar aplausos… ¿Aplausos? No pensé que mi imaginación llegara tan lejos… pero si… se escuchaban el aplaudir de unas palmas abrí mis ojos y para mi sorpresa ahí estaba él, bajo mi balcón mirando y aplaudiendo con gran satisfacción…

-¿Inuyasha?

Me dije a mi misma, no podía creer que se encontrara ahí pero repentinamente aquel rostro cambió y la realidad fue muy distinta.

-¿Kouga¿Qué haces aquí¿Cuándo llegaste?

La presencia de mi compañero me había impactado y aún no me reponía del susto de haberlo visto parado a mitad de jardín y sobre todo que estaba tan obsesionada por Inuyasha que ya hasta alucinaciones tenía, lo mejor era tranquilizarme y tratar de no pensar más en él aunque eso fuera imposible.

-Hola Kagome vine a visitarte… ¿Te encuentras mejor?

Preguntó él con una gran sonrisa desde la planta baja.

-En seguida bajo… espérame…

Me había olvidado por completo de la visita de Kouga, pensé que sólo era una broma de Kikyou y no le di importancia pero creo que estaba equivocada. Baje apresurada y le abrí la puerta de la casa invitándolo a pasar.

-Tu casa es muy bonita.

Comentó él mientras contemplaba cada rincón de mi hogar.

-¿Porque no me avisaste que habías llegado?

Le pregunté intrigada al no saber cuánto tiempo había permanecido afuera esperándome…

-No quise interrumpirte, sería una grosería de mi parte distraer a la mejor violinista que he escuchado en mi vida.

-No digas tonterías… no soy tan buena.

-¡Por supuesto que lo eres! Bueno siendo hija de un gran músico no podía esperar menos de ti.

-Gracias por el halago, aunque insisto en que exageras… y dime ¿Desde cundo estás aquí?

-Llegué hace dos horas…

-¡¡¿Dos horas?!!

Exclamé horrorizada por aquella respuesta pero al parecer para Kouga no fue nada.

-¿De qué te asombras? No fue mucho tiempo…

-¿Qué no fue mucho tiempo? Si estuviste parado en el jardín por varias horas y yo ni siquiera me di cuenta… bueno escuché el timbre, pero nadie me avisó que eras tú.

-Yo le dije a la muchacha que me recibió que no te molestara y que me quedaría disfrutando de aquel concierto hasta que se terminara.

-Eres muy amable… pero sigo avergonzada…

-No es para tanto… además más tarde llegará otra persona a verte, sólo que tuvo que hacer algunas cosas en el colegio antes de venir.

-¿Quién vendrá?

Pregunté curiosa por aquella visita.

-Se trata de Natzume ¿Si te acuerdas de ella? Es la jefa de grupo.

-¿Es aquella muchacha que me recibió cuando llegue al salón?

-Así es… se trata de ella.

Cuando Kouga me aviso de aquella inesperada visita por un momento pensé que sería Inuyasha, pero eso era algo totalmente absurdo porque ellos dos no se llevaban bien, mi corazón estaba tan ansioso por verlo una vez más que me provocaba sueños inalcanzables.

-Kagome ¿Estás bien?

Preguntó Kouga al ver mi momentánea ausencia.

-Si estoy bien… es que me estaba acordando de otras cosas…

Le respondí tratando de aparentar la mayor naturalidad posible.

-Ah, bueno Kagome me retiro, estás sola y no es correcto que permanezca mucho tiempo en tu casa.

-Tienes razón… se prestaría a malos entendidos… muchas gracias por venir y sobre todo por esperarme tanto tiempo.

-Fue un placer Kagome… ¿Irás a clases mañana?

-Si, es lo que más deseo, estar en casa me aturde completamente.

-Muy bien… entonces hasta mañana…

Nos despedimos de mano, él salió de la casa de lo más feliz y yo me senté en un sofá de la sala, miré el reloj y ya eran más de las tres de la tarde, Kikyou llegaría en cualquier momento, eso sin contar de que Inuyasha la hiciera enfadar otra vez.

El timbre sonó y acudí de inmediato a la puerta, una cara inocente y sonriente me recibió…

-Hola Higurashi ¿Cómo estás?

-Que tal Natzume… pasa… estás en tu casa.

Ella había llegado y se instaló cómodamente en la sala, estaba muy contenta.

-¿Por qué no te has presentado a clases? Estaba muy preocupada…

-Es que tuve un poco de resfriado, pero ya estoy mejor…

-Te ves algo cansada y pálida… ¿Segura que sólo es eso?

-Claro que si, no te preocupes ya estoy como nueva y mañana regresaré rozagante al colegio.

No podía decirle la verdad, no me sentía preparada para revelar aquel secreto y mucho menos a alguien a quien apenas conocía.

-Tu casa es muy grande y muy bonita.

-Gracias Natzume.

-Dime Sango, me siento extraña cuando alguien me habla tan apropiadamente.

-Esta bien Sango y a cambio tú también puedes llamarme Kagome.

-Eso suena mejor, ah se me olvidaba…

Sango buscó entre su bolsa algo y segundos después sacó algunas libretas y libros.

-Toma, te presto mis apuntes, tienes que estar al corriente porque ya casi tenemos un mes de clases.

-¡¡¡Muchas gracias Sango!!! Me has salvado la vida, la verdad no sabía a quién pedírselos.

-Bueno Kagome, yo me retiro, tengo muchas cosas que hacer, nos vemos mañana, cuídate mucho y descansa.

-Lo haré no te preocupes y me apresuraré a transcribir los apuntes.

-Está bien, nos vemos luego.

Sango se despidió, su visita fue muy corta hubiera preferido que se quedara más tiempo y así poder platicar acerca de cómo era la escuela y algunas dudas que aún no podía despejar.

Una hora más tarde llegó Kikyou, su semblante denotaba algo de fastidio pero sin ningún tipo de enfado.

-¿Cómo te fue?

Le pregunte muy ansiosa.

-Se puede decir que bien… ese bueno para nada por fin dio la cara.

-¿Y te explicó porque faltó ayer?

-No, el muy cretino me dijo que eso era algo no me importaba y que no me daría ninguna explicación.

-Ayy Kikyou ¿Crees soportar tantas groserías de su parte?

-No lo sé, ya sabes que no soy paciente y en cualquier momento podría explotar otra vez…

-No hables así, me das miedo.

-Tranquila, tratare de no cometer otra tontería.

-Siempre me dices eso, ya no se si creerte.

Kikyou no prestó atención a esto último y de inmediato se dirigió a la cocina. Su glotonería no tenía límites y eso ocurría cuando no estaba relajada.

Una noche más había pasado y por fin pude descansar, aquel espantoso piano no volvió a sonar para mi fortuna. En cuanto desperté y vi que el sol apenas comenzaba a emerger de entre la oscuridad me levanté muy animada y contenta de no estar perdiendo el tiempo en casa.

Kikyou, mamá y yo desayunamos de lo más tranquilas, quizás yo era la que más me encontraba animada esa mañana.

-Kagome… ¿Te vas a llevar eso al colegio?

Preguntó mi hermana extrañada cuando vio que llevaba conmigo mi preciado violín en su hermoso estuche negro.

-Si, hoy es mi primera clase de música.

-Pero si tú no necesitas eso Kagome, hace siglos que deberías de ser ya Directora de Orquesta.

-No seas tonta, apenas estoy aprendiendo y en realidad esas clases me sirven para liberar la tensión.

-Como quieras…

Mi hermana ya se encontraba en la entada de la puerta con bicicleta en mano. Era evidente que no estaba dispuesta a caminar muy aparte de que yo no tenía la intención de contradecirla. Ya estábamos afuera de la casa a punto de partir cuando recordé que se me olvidaban las libretas que Sango me había prestado el día anterior.

-Espérame… no te vayas.

Le dije a mi hermana mientras le entregaba el violín y mi mochila. Entré corriendo como loca a la casa y subí los escalones lo más rápido que pude, entré a mi habitación y tomé los cuadernos.

-¡¡¡Apúrate Kagome!!!

Gritó Kikyou con su tono de impaciencia que la caracterizaba

Volví a bajar a toda velocidad y en cuanto estuve a lado de mi hermana le dije:

-Ya tengo todo, ahora sí vamonos…

Pero mi hermana no se movió ni un centímetro, es más ni me escuchaba, sólo miraba fijamente hacia el otro lado de la acera y cuando fije mi vista en ese lugar simplemente no lo creía…

-Kikyou… ¿Estoy soñando?

Comenté atónita y perdida igual que mi hermana.

-No Kagome… es él…

¡¡¡No podía ser cierto¡¡Era Inuyasha!! Estaba parado enfrente de nosotras mirándonos fijamente y con el mismo asombro con el que Kikyou y yo lo observábamos.

-Lo que me faltaba… ¡¡¡Es nuestro vecino!!!

Exclamó sorprendida y a la vez molesta Kikyou. Yo simplemente no sabía que contestar porque aún no creía que Inuyasha viviera justamente en frente de mi casa.

-Vámonos de aquí…

Kikyou aventó con violencia su bicicleta hacia adentro de la casa y me jaló de la mano con brusquedad como si fuera yo una chiquilla.

-Espera… me estás lastimando.

Pero ella no se detuvo y me agarró con más fuerza, estaba furiosa y lo que más temía era que cometiera una locura con el violín que aún llevaba en la mano. Caminábamos muy aprisa como si el mismo diablo nos estuviera siguiendo. Me costaba mucho trabajo seguir el paso de Kikyou puesto que ella se negaba rotundamente a soltarme de la mano, como si de esa forma tratara de evitar una de mis tantas locuras. Ya habíamos llegado a la escuela y ella no pronunció palabra alguna en el trayecto, miré hacia atrás para cerciorarme si Inuyasha venía detrás de nosotras pero no estaba.

-No puedo creerlo… ¿Cómo es posible que no me diera cuenta antes?

Vociferaba ella muy molesta.

-Tranquilízate, yo también estoy asombrada pero creo que estás exagerando.

Comenté en tono tranquilizador aunque en realidad aún no me reponía de la impresión.

-Tienes razón no se porqué me afectó tanto ver su espantosa cara…

Comentó ella con aire más tranquilo mientras se recargaba en la pared mirando hacia el techo como si preguntara el por qué había actuado de esa forma tan inusual y absurda.

No pude concentrarme en las primeras dos horas de clases pensando sobre lo mismo y lo mismo, apenas y puse atención cuando Kouga y Sango me saludaron de lo más alegres en cuanto llegué al salón. Las clases trascurrieron con una lentitud increíble. La campana sonó y mi clase favorita estaba a punto de comenzar, sólo tenía que dirigirme al Salón de Música. Mis nuevos amigos caminaban a mi lado, entablaban una conversación de la cual apenas y puse atención.

-Kagome ¿Te sientes bien? Te noto muy ausente… ¿Algo te preocupa?

Preguntó Sango en tono serio.

-No pasa nada… es que todavía no me acostumbro a esta escuela…

Afortunadamente esta mentira dio resultado y amablemente Kouga y Sango me brindaron su apoyo diciéndome que me acostumbraría rápido y que me lo tomara con calma sin saber cuál era el verdadero motivo de mi distracción.

-¿Desde cuándo tocas el violín?

Preguntó muy curiosa Sango.

-Desde que tengo tres años, nunca he dejado de tocarlo.

Respondí con alegría.

-¿Y tu papá fue quien te regaló ese hermoso instrumento?

No supe que contestarle a Kouga, ese tipo de preguntas me seguían afectando después de tantos años, era como revivir aquellos recuerdos en los que mi amado padre y yo compartíamos interminables sesiones musicales en nuestro antiguo hogar.

-Estás en lo correcto Kouga… este violín era de mi padre, es el único recuerdo valioso que tengo de él.

-Lo siento, no quise incomodarte perdóname.

Kouga trataba de disculparse al ver mi semblante triste y melancólico; tanto él como Sango comprendieron que no me agradaba en absoluto hablar sobre ese asunto, mucho menos de la forma en cómo mi padre me había "regalado" su mayor tesoro puesto que en realidad lo tengo entre mis manos porque el falleció, de otro modo seguiría siendo de él.

Seguimos nuestro andar, hasta llegar al aula de música. Era un lugar muy grande con un gran espacio donde se podía notar en un rincón un hermoso piano de cola de color negro y al fondo del salón había otra sala contigua, seguramente era donde se almacenaban los demás instrumentos, como chelos, violines, flautas, clarines, etc. Todos nos instalamos alrededor del aula esperando la llegada del profesor. Minutos más tarde un hombre de estatura promedio, de cabello corto, test morena y con anteojos redondos entró.

-Buenos días.

Saludó cordialmente.

-Buenos días.

Contestamos todos. Después de eso comenzó a tomar lista de asistencia y sabía perfectamente que este profesor al igual que los que he tenido anteriormente se asombraría al leer mi nombre…

-Akagi Satoshi…

-Presente.

-Chrno Maya.

-Presente.

-Higura…

Lo sabía, como todos sus antecesores guardó silencio y me miró con curiosidad. Como si el señor no acabara de creer que tuviera a un descendiente de los Higurashi como alumna…

-Higurashi Kagome…

-Presente.

Contesté como si nada y el profesor dejó de observarme continuando con los demás alumnos.

-Natzume Sango.

-Presente.

-Sukunami Kouga…

-Presente…

Y la lista siguió continuando hasta que por fin terminó.

-Bueno muchachos quiero informarles que a partir de esta semana comenzarán los ensayos para la presentación de fin de año. Como ya les había explicado con anterioridad todos los años el Colegio selecciona a los más selectos alumnos en esta materia con motivo de la celebración decembrina, así que espero que en este curso varios de ustedes sean seleccionados para dicho evento y a partir de esta semana comenzaran las inscripciones y los exámenes de selección ¿Me expliqué bien o hay alguna duda?

No entendía nada de lo que el profesor estaba diciendo ¿Un concierto en navidad¿Con orquesta¿Y que melodías se tocarían?

-Profesor…

Dijo repentinamente Sango.

-¿Qué pasa Natzume?

-¿Cuál es el número de vacantes?

-Tenemos planeado que sean cien.

-¿Cien¿Están locos¿De dónde vana a sacara a tantos alumnos para algo así?

Murmuró Kouga que se encontraba a mi lado.

-No se preocupen muchachos también habrá coro por si alguien gusta mostrar sus dotes vocales por lo tanto los exámenes que se les impondrán serán difíciles y sólo los mejores tocaran ese día, no se preocupen esto no es obligatorio así que no afectara en sus calificaciones.

-¡Pero no todos sabemos tocar instrumentos!

Comentó una chica que se encontraba en el otro extremo del salón.

-Entiendo… levanten la mano cuántos saben tocar un instrumento musical.

De las veinte personas que había en mi grupo sólo ocho levantamos la mano y entre ellas también se encontraba Kouga.

-Está bien aprovecharé esta clase para practicarles los exámenes correspondientes.

Y de esa forma la selección dio inicio. Primero paso un chico de aspecto arrogante y semblante presuncioso a tocar el piano, era obvio que a nadie le agradaba su participación pero cuando comenzó a tocar nos dejó a todos con la boca abierta. El muy ingrato tocaba muy bien, como todo un experto lo que significaba que desde niño había practicado para tener tan gran habilidad. Así continuaron pasando más y más candidatos, nadie conocía el veredicto final y el profesor era muy exigente porque no toleraba ningún error, mucho menos una desafinación o una mala lectura de la partitura.

Cuando menos me di cuenta sólo quedábamos Kouga y yo. Él como todo un caballero me cedió el lugar pero el profesor le ordenó que iniciara él. Su instrumento era la flauta traversa y cuando comenzó a tocar aquellas hermosas notas me impactaron mucho, Kouga tocaba muy bien y mientras trascurría su melodía que era totalmente desconocida para mi no dejaba de mirarme como si me la estuviera dedicando. Cuando finalizó todos aplaudimos con entusiasmo y el maestro esbozó una leve sonrisa era obvio que él sería seleccionado.

Ahora me tocaba a mí, sinceramente yo no quería participar pero que remedio había, tenía que hacerlo por la reputación de mi apellido, sería una vergüenza que siendo hija de tan maravilloso músico me diera miedo participar en un evento así. Abrí mi estuche, saqué mi lustroso y bien cuidado violín y me coloqué en el centro del aula. Todo mundo guardó silencio esperando a que comenzara a tocar, pero de repente la mente se me vino en blanco y no sabía que melodía tocar, me dio miedo estar frente a tantas personas desconocidas.

-¿Qué pasa Higurashi?

Preguntó el profesor.

-Nada… es que…

Que vergüenza, no sabía que hacer y entonces sentí una mano en mi hombro y una voz gentil me susurró:

-Toca lo mismo de ayer, necesito que me vuelvas loco con tu elegancia y tu talento.

¡¡Que atrevido era Kouga!! Nadie escuchó lo que me dijo, pero esos halagos me regresaron la seguridad que por momentos perdí. Cerré mis ojos y comencé a dejarme llevar con la primer nota y después las demás comenzaron a fluir solas, recorriendo e inundado cada espacio del aula, haciéndome vibrar, provocando que me sintiera viva, libre, con el poder absoluto. No se cuanto tiempo trascurrió y el violín volvió a guardar silencio. Abrí mis ojos y todos tenían los ojos como platos, casi saliéndose de las cuencas y con la boca abierta…

-¡¡Maravilloso¡¡Bravo!!

Gritaron Sango y Kouga muy felices. Mi amigo me guiñó un ojo y yo le correspondí con una sonrisa. El profesor aún no salía de su asombro. Sango corrió y me abrazó con suma emoción, estaba llorando…

-Tocas precioso, me has hecho llorar.

-Tranquilízate no es nada…

Le dije algo extrañada por su actitud.

-¡¡¡Excelente Higurashi¡¡Ha sido una presentación magnánima!! Y lo he decidido usted tendrá una presentación especial en el evento y será acompañada por un piano…

¡¡¿Qué¿Y yo por qué? Ni siquiera me pidió opinión de si aceptaba el proyecto o no.

-¿Hay algún problema Higurashi?

-No profesor ninguno…

Que remedio había, después de todo para mi era obligatorio, creo que me emocioné demasiado por lo que Kouga me dijo que me olvidé por completo de que sólo era una prueba y no un concierto.

-¿No te agradó la idea verdad?

Me preguntó Sango al terminar la clase mientras ella, Kouga y yo nos encaminábamos a la cafetería. El receso había comenzado y muchos estudiantes comenzaban a salir.

-No mucho, me molesta que tomen decisiones sobre mi persona sin consultármelo.

Contesté resignada mientras miraba discretamente a todos lados tratando de buscar a Inuyasha.

Entramos a la cafetería Sango y Kouga se formaron para tomar su desayuno y yo me senté en una de las mesas que se encontraban justo a la mitad el lugar. Estaba esperando Kikyou pues ella se había quedado con ambos desayunos y la verdad ya tenía mucha hambre. Sango y Kouga llegaron con sus respectivas charolas y se sentaron a disfrutar de lo lindo sus alimentos.

-¿No vas a comer?

Preguntó Sango.

-Si sólo estoy esperando a mi hermana, ella es la que tiene nuestro desayuno.

-Entiendo.

Afortunadamente Kikyou llegó al instante, llevaba puesto su uniforme deportivo al parecer sus clases deportivas acababan de finalizar.

-Perdón por llegar tarde pero tuve un contratiempo.

Se disculpó ella mientras me entregaba el desayuno.

-¿Tuviste problemas?

Pregunté despreocupada, ya estaba acostumbrada porque ¿Cuando será el bendito día en que mi hermana no tenga conflictos?

-Si, me están molestando…

-¿Otra vez Inuyasha?

Preguntó en tono molesto Kouga, era lógico que pensara eso después de lo que había pasado hace dos días.

-No no es él… se trata de…

En eso las grandes puertas que se encontraban en medio de la cafetería se abrieron con estrépito. Todo mundo guardó silencio mientras mirábamos aun grupo de jóvenes mal encarados comandados por un tipo que parecía más un cadáver que un ser vivo. Ese sujeto nos amenazaba a todos con su mirada siniestra y asesina. Mire a mi alrededor y la mayoría de los estudiantes mostraban terror en su rostros yo no entendía porqué tanto pavor hacia ese hombre pero era de suponerse que era un tipo de lo más despreciable puesto que todos le guardaban un gran temor. Inmediatamente la silueta de una mujer delgada y demacrada emergía de entre las profundidades de aquella pandilla.

-¿Quiénes son?

Pregunté intrigada a Sango.

-Son Náraku y Kagura "El dúo Infernal".

-¿Dúo infernal?

Preguntamos al unísono Kikyou y yo.

-Si, son los hermanos más peligrosos que pueden existir, son personas muy agresivas y malvadas, entre los dos han mandado al hospital a una tercera parte del Colegio entre hombres y mujeres…

-Me causan escalofríos.

Comenté mientras me frotaba los brazos, pues aquel lugar que anteriormente se encontraba lleno de euforia y vida, se había vuelto frío y vacío con la llegada de esos hermanos.

-Esa mujer… ¿Ahora que quiere?

Dijo mi hermana que miraba con repudio a la famosa Kagura y ésta al sentir la mirada persistente de Kikyou también la miró.

-¿Es ella?

Le preguntó con voz fría su hermano. Kagura sólo asintió y de inmediato los dos comenzaron a caminar lentamente hacia nosotros. Sus pisadas resonaban por todo el lugar, eran demasiado pesadas, como si el suelo fuera totalmente hueco. A mi el corazón me palpitaba rápidamente y cuando estaban a unos cuantos pasos de nosotros mi hermana se levantó y los enfrentó sin ningún temor…

-¿Qué quieren¿Qué no ven que estoy desayunando? No quiero perder el tiempo con insectos como ustedes…

Kouga, Sango y muchas personas más ahogaron un grito de horror por aquellas palabras tan directas e insolentes. Náraku alzó su mano e intentó propinarle una cachetada a Kikyou pero ella pudo detener el tiempo aquel golpe y sostuvo con fuerza la mano de Náraku. Muchos a nuestro alrededor murmuraban y se escandalizaban, algunos hasta se encontraban contentos por la hazaña de mi hermana. Yo pensé que Náraku enfurecería e intentaría seguir agrediendo a Kikyou pero no lo hizo. La miraba con detenimiento mientras esbozaba una pequeña sonrisa llena de satisfacción que por cierto me causó más terror que verlo con su semblante serio.

-Eres buena, me gustas…

Comentó él con su helada voz.

-¿A qué has venido?

Volvió a preguntar Kikyou con seriedad mientras soltaba con desprecio la mano de aquel tipo, como quién se desprende de una repugnante cucaracha.

-Sólo quería conocer a la única persona que ha podido vencer a mi hermana.

Contestó él mientras realizaba una reverencia en señal de respeto hacia Kikyou.

-Bien, ya me conoces, ahora aléjense de mí, me irrita su presencia.

-Por el momento me alejaré, pues no me gustaría inquietar a una hermosa criatura como tú, mi querida Kikyou…

¿Cómo sabía el nombre de mi hermana? Tuve la impresión de que eso significaba un total peligro porque ese sujeto dio a entender que podía saber todo sobre nosotras.Después de esto Náraku dio media vuelta y se alejó junto con su hermana de la cafetería. Trascurrieron muchos minutos antes de que el bullicio renaciera.

-¿Fuiste tú quién derrotó a Kagura en el gimnasio?

Preguntó Sango asombrada.

-Sí, no es más que una habladora, es muy inferior a mí.

-¡¿Te diste cuenta de que Náraku se inclinó ante ti?!

Comentó extasiado Kouga.

-Es un hipócrita, supongo que lo hizo para lucirse delante de los demás.

-Estás muy equivocada, ese hombre no respeta a nadie ni mucho menos mostraría interés por alguna persona.

Replicó Sango en tono lúgubre.

-No me interesa ese sujeto, mientras no se meta con Kagome todo está bien.

Yo me sentí muy orgullosa de mi hermana, siempre se preocupaba por mi y no le importaba en absoluto si las personas que se encontraban a su alrededor la odiaban o la querían, lo único que le importaba a Kikyou era que yo estuviera tranquila y sonriente, que nada perturbara mi paz.

El receso terminó, pero no con ello las miradas curiosas y las habladurías de muchas personas mientras mis amigos, mi hermana y yo caminábamos hacia nuestra aula. Nos miraban como bichos raros y más a Kikyou pues por lo que pude notar algunos no pensaban que una mujer con un cuerpo aparentemente "frágil" haya logrado poner a sus pies al temible Náraku. Era sorprendente ver la velocidad con que los chismes corrían, pues en cuestión de minutos lo ocurrido en la cafetería era la noticia del día y todo el colegio ya estaba enterado.

-Tendrás que acostumbrarte, los alumnos de esta escuela son demasiado morbosos y por el momento tu hermana será el centro de atención durante muchos días.

Me comentó Sango un tanto emocionada por el valor de Kikyou pero también con cierto fastidio al ver que docenas de ojos nos miraban de la manera más descarada posible. Para mi fortuna las siguientes horas se me pasaron como agua, ni siquiera me di cuenta del tiempo y la campana que anunciaba la salida había sonado.

-¿Qué tienes planeado hacer hoy?

Me preguntó Sango mientras descendíamos por las escaleras.

-Nada en especial, por le momento tengo que esperar a mi hermana y después me dedicaré a realizar la tarea.

-Bueno, yo pensaba invitarte a ti y a tu hermana a comer en mi casa y…

-¿Y a mí no piensas invitarme?

Le reclamó Kouga ofendido.

-¡Pero si tú te la vives en mi casa¡Ya no sé que hacer para que te vayas!

Comentó Sango burlonamente mientras apretaba con su brazo el cuello de Kouga y al pobre le comenzaba a faltar el aire. Ellos dos se trataban de una manera muy familiar, había mucha confianza entre ellos, quizás eran parientes.

-¿Y desde cuando se conocen?

Pregunté curiosa poniendo fin a la manera tan brutal con que Sango trataba a Kouga.

-Pues desgraciadamente conozco a este zángano desde que tengo uso de razón.

Contestó Sango de lo más feliz.

-Oye no me digas tan feo yo no soy un zángano…

-Pues lo parece porque en todos estos años nunca has podido ganarme una pelea.

-No digas tonterías eso lo hago porque eres mujer y no quiero lastimarte…

-¿A sí¿Me consideras débil?

-No claro que no… yo sólo…

Sango estaba dispuesta a pegarle de nuevo a Kouga pero yo intervine antes de que la desgracia cayera sobre aquel chico.

-No es necesario que discutan, además no quiero provocar un problema en su relación…

Intervine tímidamente para salvar a mi amigo.

-¿Relación¿De qué hablas?

Preguntó Sango desconcertada.

-Pues que ustedes son novios y no quiero que discutan por mi culpa…

Al instante los dos se miraron fijamente a los ojos y después comenzaron a reírse como locos casi revolcándose en el piso por mi comentario. Pasaron varios minutos antes de que alguno de ellos recobrara su cordura.

-Oye Kagome estás mal, primero muerta antes de que este tipo fuera mi novio ¿De dónde sacaste eso?

-Bueno yo pensé, como se llevan tan bien y tienen mucha confianza…

-Sólo somos amigos aparte Sango no tiene ojos para otra persona que no sea Ishida…

-¡¡Cállate Kouga!!

Le gritó Sango molesta, pero él no guardó silencio y comenzó a parodiar a su amiga imitando su voz y gestos…

-¡Oh Ishida eres lo máximo¡Eres mi héroe! Estoy tan preocupada por ti… ¿Porqué no has venido en toda la semana¿No sabes que sin ti me muero?

-Kouga… ¡Maldito desgraciado me las vas a pagar!

Sango estaba furiosa y empuñaba su mano mientras la vena de su cien estaba a punto de reventarse de tanto coraje acumulado.

-¡Ay Miroku, Miroku¿Dónde estarás?

Volvió a canturrear Kouga, pero Sango dejó que se desplayara y se burlara por completo de ella, yo la vi más calmada, incluso muy sonriente pues al parecer ya tenía un arma con qué atacar al inofensivo de su amigo…

-Mi querido Kouga creo que es normal ver a una mujer suspirar eternamente por un hombre… pero tú… eres la ridiculez andando…

Y al instante Sango comenzó a personificar el papel de Kouga.

-¡Oh Kagome, Kagome¡No sabes lo preocupado que estoy¿Qué mal te pudo haber ocurrido para que faltaras dos días¿Qué no sabes que mi corazón se destroza cuando no estoy contigo? Aunque sólo tenga tres días de conocerte me enamoré de ti desde que te vi…

-¡¡YA CÁLLATE¡¡NO SIGAS!!!

El rostro de Kouga estaba exageradamente sonrojado y lleno de pena. Sango se había desquitado de una forma muy cruel al mofarse del extraño y repentino amor que él sentía por mí.

-Eso te pasa por jugar conmigo… ¡¡¡Vamos, síguete burlando¿O qué¿Tienes vergüenza?

Kouga no contesto y evitó por completo mi mirada. Yo me sentía incómoda e incrédula de que alguien se fijara en mi, pero me sentía un tanto feliz al ver que después de todo no era tan indiferente para los chicos.

-Mejor vámonos, tengo cosas más importantes que hacer.

Comentó él con tono severo.

-Esta bien, nos vemos mañana Kagome.

-Muy bien hasta mañana.

Me despedí de ellos aunque para ser sinceros sólo de Sango porque Kouga no se dignó a mirarme ni a dirigirme la palabra. Me tuve que limitar a esperar a mi hermana encerrada en la biblioteca pues no tenía otro lugar a donde ir y para aprovechar aquellas dos horas de espera preferí ocuparme con la tarea.

El tiempo pasó muy rápido, al igual que los días ya había trascurrido otra semana y yo como sierre encerrada en la biblioteca esperando a mi hermana. Ese día me dejaron muchos deberes y lo más asombroso fue que Kikyou tuvo que sacarme casi a rastras de aquel lugar porque estaban a punto de cerrarlo porque ya eran las 6:30 PM. Recogí mis útiles y salimos rumbo a casa platicando a lo largo de todo el camino lo ocurrido en la escuela. Pero para sorpresa la calle que nos conducía a nuestra casa estaba cerrada, había ocurrido un accidente automovilístico.

-No pueden pasar señoritas tomen una vía alterna.

Nos informó un policía en tono amable.

-Que remedio tendremos que ir por la otra calle.

Comentó mi hermana resignada.

-Pero está algo oscura y ya anocheció.

Le dije con cierto temor.

-No pasa nada, todavía es temprano aparte no perdemos nada con conocer estos rumbos…

-Como quieras.

Comenzamos a andar por el camino que Kikyou había escogido hasta que…

-Un río…

Exclamé con temor y comencé a retroceder. En aquella calle corría un río de una anchura considerable. Me aterraba ver tanta cantidad de agua y más en la noche que parecía casi negra y más amenazadora que en el día.

-Cálmate, ya no mires, nos regresaremos por otro lugar tu tranquila…

Me dijo tiernamente mi hermana colocándose enfrente de mí para taparme aquella horrible vista, pero su rostro cambió de inmediato y su semblante ahora serio…

-¿Qué pasa?

Pregunté extrañada por aquel cambio tan brusco de actitud.

-No te muevas, nos tienen rodeadas…

Comentó casi en un susurro mirando hacia todos lados.

-Corre…

-¿Qué?

-¡Que corras!

Me tomó con fuerza de la mano y corrimos como desesperadas, pero unos tipos nos obstruyeron el paso…

-¿Por qué tanta prisa?

Preguntó un sujeto de horrible semblante.

-¡¡Déjanos pasar!!

Gritó Kikyou.

-¡¡A mi ninguna mujer me grita!!

Y le lanzó un puñado de tierra a su rostro cegándola por completo.

-¡¡Kikyou!!

Grité angustiada mientras ella tosía y trataba de quitarse el polvo de la cara.

-¡Tu vienes conmigo preciosa¡Nos vamos a divertir mucho…!

Dijo otro sujeto de lo más abominable mientras me sujetaba de la cintura pero al sentir sus asquerosas manos lo único que se me ocurrió fue golpearlo con el estuche de mi violín en la cabeza y esto provocó que le brotara sangre de la frente. Yo me aleje de él y cuando miré hacia atrás estaba al borde de aquel río y me entró el pánico.

-¡¡¡Kagome¡¡¡Kagome¿Dónde estás?

Gritaba Kikyou con total desesperación ignorando lo que ocurría a su alrededor pero otros dos sujetos se acercaron a ella y comenzaron a golpearla, mi hermana se defendía inútilmente porque perdió por completo la concentración en la lucha al no saber lo que me estaba pasando ni dónde me encontraba.

-¡¡Déjenla en paz¡¡¿Qué diablos quieren de nosotras?!!

Grité histérica y con lágrimas en los ojos.

-De ustedes nada, sólo nos mandaron para darle un escarmiento a tu hermanita… y ya se cuál es su punto débil…

Comentó con una gran sonrisa en el rostro el tipo al que había golpeado momentos antes.

-¿Quién los manda?

Pregunté ansiosa al desconocer al autor de significante bajeza.

-Eso no lo puedo decir… y ahora que lo recuerdo… me acabas de golpear así que es mi turno de vengarme…

Y sin darme cuenta aquel sujeto me propinó un fuerte puñetazo que me hizo caer el vacío mientras escuchaba que otro hombre gritaba:

-¡¡DÉJENLA EN PAZ MALDITOS!!

Yo caí al río y al estar en contacto con el agua, mi miedo y mi desesperación se incrementaron.

-¡¡Ayúdenme¡¡Kikyou¡¡Que alguien me ayude!!

Grite con todas mis fuerzas, llena de pánico por estar en aquel lugar en donde me hundía más y más por no saber nadar pero nadie venía en mi auxilio y con mucho esfuerzo logré aferrarme a la orilla del río y entonces el mismo sujeto me tomó de la cabeza y comenzó a hundirme para que me ahogara. Yo no podía hacer nada, me faltaba el aire y enormes bocanadas de aguas entraban por mi garganta. Hasta que dejé de sentir aquella mano sobre mi cabeza y a lo lejos escuché el grito de ese sujeto. Estaba mareada y sin energía en cualquier momento me desvanecería, pero sentí como alguien trataba de sacarme de aquel lugar, no sabía quien era pero cuando logré enfocar un poco mi vista sólo puede distinguir la horripilante escena de Kikyou bañada en sangre e inconciente. Grité el nombre de mi hermana con todas mis fuerzas y después de eso… la oscuridad total llegó.

CONTINUARÁ...

Espero que les haya gustado la conti y muchas gracias a Inu to ahome, Karure, Kagome yumika, lore.it92, serena tsukino chiba, la miko de hielo ahome, yume lime, ferpechi-14, immpasiveblue; qu ebueno que este fic sea de su agrado y la verdad es que pronto vendrán muchas sorpresas...