Capítulo 4: La confusión…
La ira, una emoción que te consume y te destruye poco a poco como fuego ardiente, devorando tu alma provocando el más mínimo desprecio por lo que te rodea, incluso de ti mismo y tu existencia. No mides las consecuencias y pierdes por completo la cabeza, el deseo de herir y lastimar se incrementa. Desquitarte de lo que te han hecho es tu único objetivo…
Así es como me sentía, todo se me había juntado… el problema de Miroku, la confesión de Náraku, las ofensas de Sesshomaru, las repentinas amenazas de Kyo al defender a Náraku y ese incidente con aquellas muchachas.
Yo bajaba plácidamente las escaleras mientras inundaba mi mente con pensamientos y maldiciones hacia todos pero más a Náraku, tenía que encontrarlo y hacerlo pagar por lo que le había hecho a Miroku. Ni siquiera me importaba si hace unos minutos el "señor director" me había ordenado ir a su oficina para reprenderme de algo que aún no sabía el por qué le molestaba.
Escuché rumores de que se llevaría acabo una pelea en el gimnasio al parecer otra escuela había retado a la nuestra por culpa de Náraku. No era de esperarse que todo Japón tuviera problemas con ese tipo y cualquier pretexto era bueno para saldar cuentas. Yo tenía que ir a ese lugar quería ser testigo de si el contrincante de Náraku era superior a él, es más si era posible yo mismo detendría aquella pelea porque la única persona capaz de darle su merecido a ese engendro del demonio era yo.
Salí aprisa del edificio, había pocos estudiantes en el exterior de seguro el Colegio entero se encontraba congregado en el gimnasio, sólo había unos cuantos estudiantes vagando por los jardines y las canchas. Incrementé más mi paso estaba punto de llegar a mi destino cuando alguien me empujó y caí al césped. Conmocionado y aturdido por tan inesperado golpe permití que esa persona me golpeara el rostro una y otra vez. Trataba de defenderme pero no podía aquellos puñetazos eran muy rápidos y fuertes que ni siquiera me permitían ver a mi agresor…
-¡¡¡Ya déjalo Kikyou!!!
Gritó una chica y reconocí su voz de inmediato se trataba otra vez de ella. Me armé de fuerza y aventé a esa persona lejos de mí y en ese momento fue cuando pude ver con toda claridad a esa mujer… a Kikyou. Los dos nos levantamos al mismo tiempo, ella me miraba con absoluto odio y yo seguía desconcertado por su agresión…
-¡¡¡¿Qué diablos te pasa, estás loca?!!!
Le grité molesto mientras trataba de limpiarme la sangre que salía por mi boca.
-¡Eso te pasa por golpear a Kagome maldito!
¿Por golpear a su hermana¿De que tonterías me hablaba? Pero nuevamente se abalanzó sobre mí arremetiéndome patadas, yo sólo trataba de defenderme, no quería golpearla, no podía, ella era una mujer…
-¡¡Ya déjalo Kikyou¡¡Lo vas a matar!!
Exclamó su hermana tratando de defenderme pero era inútil.
-Es lo menos que se merece…
Respondió Kikyou y la fuerza de los golpes se intensificaron aun más y olvidándome totalmente de mis prejuicios de que si yo era hombre y ella mujer la tomé del tobillo e hice que su cuerpo girara por los aires para que su rostro se estampara con el pasto. Me levanté con bastante dificultad, mi boca sangraba en abundancia y mi ropa se encontraba cubierta de ella, mi agresora aún permanecía en el suelo a causa del golpe que se dio.
-No sé que diablos te pasa, pero si quieres pelear… ¡¡Hazlo como los hombres no como una cobarde atacando por la espalda…!!
-No me vengas a dar lecciones de ética.
-Entonces pelea, porque no me importa si eres mujer…
Le grité desafiante, ya no me importaba las consecuencias, me irritaba las personas que atacaban de una manera tan baja y ruin como ella lo había hecho conmigo. El enfrenamiento se intensificó al igual que la violencia, nos queríamos despedazar el uno al otro como si nos jugáramos la propia vida en ello. Pero cometí un error y me descuidé, Kikyou aprovechó ese momento y me propinó un fuerte puñetazo en el estómago sacándome el aire y logrando que cayera al césped. Mi cuerpo se encontraba inmóvil, apenas y lograba respirar y sabía perfectamente que Kikyou no desperdiciaría ese instante… pero Kagome se interpuso entre nosotros, ahora ella era la que me protegía con su propio cuerpo.
-¡¡Déjalo!!
Gritó Kikyou que apenas y tuvo el tiempo suficiente para detener su ataque y no pegarle a su hermana.
-¡¡No!!
Contestó Kagome con múltiples lágrimas que resbalaban por sus mejillas
-¿Por qué lo haces¿Cómo puedes defenderlo?
Kikyou estaba fuera si y bufaba de furia. Kagome se levantó y se dirigió hacia su hermana deteniéndose frente a ella e inesperadamente sonaron dos fuertes cachetadas que enrojecieron las mejillas de Kikyou y provocaron que ésta cayera al suelo. Ella estaba muy desconcertada por el ataque repentino de Kagome.
-Kagome… pero…
Kikyou no podía sobreponerse de su asombro y con dificultad articulaba las palabras.
-Eres una tonta… ¿Por qué no me escuchaste¿Por qué lo lastimaste?
Le reclamó con voz solloza su hermana menor.
-Porque se atrevió a tocarte…
-¡¡¡Es que él no me hizo nada!!! Todo fue un accidente…
-¿Accidente?
-Si ese golpe es producto de mi caída en la mañana…
-Pero fue ese idiota el que te tiró así que él tiene la culpa…
-¡¡¡Que no¡¡Yo me pegué con tu zapato por eso me hice este golpe!!!
Kagome gritaba desesperada mientras le enseñaba a su hermana un golpe que yo desconocía por completo, pero entonces mi furia comenzó a renacer ¿Todo esto había sido por un malentendido¡No podía ser¿Me habían lastimado y golpeado sin ninguna razón?
-Entonces él no te golpeó…
-No hizo nada, pero tú no me escuchaste y mira lo que le has hecho…
Kagome me miraba con tristeza pero yo al contrario la miraba con desprecio por decir la verdad cuando ya era demasiado tarde. Permanecí estático en el piso, sangrando, apenas y podía mirar lo que ocurría, mis ojos no se podían abrir más a causa del dolor…
-Kurosaki… ¿Te puedes levantar? Tengo que llevarte a la enfermería…
Me pregunto Kagome con un repugnante tono de dulzura que ya comenzaba a detestar.
-Déjame… no me toques… no sabes cuanto te odio… las odio a las dos…
Contesté con dificultad, pero eso sí, mis palabras denotaban un rabia total.
-Perdóname… yo no quería… que…
-¡¡¡Ya cállate niña estúpida!!!
Me fastidiaba ver la cara de ternura de esa niña, con su semblante tan tranquilo como si nada hubiera pasado.
-¡¡No tienes por qué gritarle a ella¡¡Si con alguien te tienes que desquitar es conmigo…!!
Me gritó Kikyou que aun después de saber la verdad todavía tenía el descaro de seguirme gritando.
-¡¡Ya déjenme es paz!! Tu hermana es una tonta… pero tú lo eres más todavía…
Esto no podía quedarse así, tenía que gritarle a esa mujer todo lo que sentía, mi coraje, mi impotencia por no poder golpearla como se merecía.
-¡¡Por lo menos te hubieras disculpado por haberla tirado!!
-¡Yo no voy a pedirle disculpas a una niña mimada y mensa que ni siquiera es capaz de caminar por si sola!
Mi furia había explotado, no media mis palabras, lo único que quería era herir y lastimar de igual manera que lo hicieron conmigo. Kikyou no toleró las palabras dirigidas hacia su hermana y me tiró al piso pero reaccioné más rápido que ella y comencé a golpearla. Ya no me importaba nada, tanto coraje acumulado ansiaba salir y que mejor que con ella, quizás no era Náraku pero ella se había convertido ya en una nueva enemiga.
-¡¡¿QUÉ CREEN QUE ESTÁN HACIENDO?!!
Gritó una voz a la cual no alcancé a distinguir mi furia no me permitía concentrarme en otra cosa que no fuera golpearla a ella, se escucharon más voces pero ninguno de nosotros dos cedía y fue entones cuando sentí como dos manos me tomaban por los brazos con fuerza y me regresaban a la realidad…
-¿QUÉ CLASE DE COMPORTAMIENTO ES ESTE?
Ahora reconocía esa voz el hombre que me sostenía era Kyo. Miré a mi alrededor Kagome y ese inútil de Kouga estaban espantados y lo que más coraje me dio fue que Sesshomaru estaba presente, sosteniendo a Kikyou que realizaba inútiles esfuerzos por desprenderse de él. Traté de mirar a Kyo pero me fue imposible, la forma en que me sostenía me impedía el menor movimiento pero era de imaginarse que estaba hecho una furia.
-¡Ella me atacó yo sólo me defendí!
Grité tratando de defenderme ya que la victima era yo y no esa sinvergüenza.
-¡Las explicaciones vendrán después¡Están metidos en un serio problema¡Vayan a la enfermería y de inmediato quiero verlos en la dirección!
Exclamó con tono severo Kyo.
-Pero…
La tonta de Kikyou también quería defenderse.
-Se le ha dado una orden señorita no está en condiciones para discutir con el Director…
¡Por Dios¡Hasta que Sesshomaru hacia algo bueno en su vida! Callar a esa mujer. Kyo me soltó y por fin pude mirar su rostro tal cual me lo había imaginado… lleno de ira y severidad, con una mirada tan fría como el mismo hielo y sin piedad alguna.
-Profesor Nomura quiero que vigile a estos jóvenes mientras son atendidos en la enfermería…
-Como diga Señor…
Contestó Sesshomaru con su habitual tono áspero mientras me miraba detenidamente disfrutando de mi desgracia y mi semblante patético, era de pensarse que por dentro el señor se revolcaba de felicidad al ver que una mujer me había dejado en semejantes condiciones.
-¡¡Y les advierto que si vuelven a intentar hacer otro numerito como este yo mismo me encargaré de que no vuelvan a ser admitidos en ninguna escuela cuando los expulse de aquí…!!
Gritó con más severidad Kyo con una faceta que yo desconocía de él, porque nunca se había portado así conmigo, necesitaba hablar con él y explicarle lo que había ocurrido quizás esas actitudes las toleraba de mi propio padre, es más hasta las ignoraba pero de Kyo… simplemente no podía soportarlo…
-¡¡MUEVANCE RÁPIDO!!
Ordenó con voz firme el inútil de Sesshomaru que se regodeaba de su autoridad como profesor. Su tono y su actitud arrogante era como si mi querido hermano acabara de salir del propio ejército y sin más opciones todos comenzamos a caminar pero…
-¿Y adónde creen que van ustedes dos?
Preguntó con fastidio a Kouga y a Kagome.
-Ella es mi hermana…
Respondió ella con temor, era de esperarse que la presencia de Sesshomaru la intimidara.
-¿Y usted?
Le preguntó a Kouga.
-Yo sólo estoy acompañando a mi amiga…
Contestó tartamudeando y cabizbajo el baboso ese, dando una muestra más de su cobardía.
-Entonces regrese a su salón este no es asunto suyo.
Finalizó Sesshomaru dándose media vuelta y caminado a paso lento mientras nosotros lo seguíamos. Inesperadamente cuanto más nos acercábamos al edificio principal nos encontrábamos con mucho más gente que hace unos minutos. Sesshomaru caminaba muy despacio con la malvada intención de exhibirnos en público dando la sensación de que éramos viles presidiarios. Caminábamos entre los pasillos, yo ignoraba por completo las miradas curiosas puesto que no era la primera vez que esto me ocurría y ya me encontraba acostumbrado a estas situaciones y al parecer la más afectada era Kagome pues su andar era más torpe de lo normal y mantenía la cabeza agachada evitando que las personas la reconocieran, más sin en cambio Kikyou tenía la misma actitud que yo y eso quería decir que ella también estaba acostumbrada a este tipo de exhibiciones. Sesshomaru nos condujo a la entrada de la enfermería pavoneándose por todo el Colegio como si fuera el propio Director, tocó la puerta y una mujer la abrió y al ver nuestro estado y nuestras heridas no pudo evitar exclamar:
-¿¡Por dios quien les hizo eso?!
Nadie hizo caso de sus exclamaciones y entramos. La enfermera de inmediato se dio a la tarea de curarnos, primero a Kikyou y luego a mi. Los golpes y los rasguños no me dolían en absoluto lo que más lastimado tenía era el orgullo y la dignidad. Sesshomaru me vigilaba constantemente y no perdía ni uno sólo de mis movimientos. No quise que me examinaran más y menos frente a ellas y Sesshomaru no permitiría que me humillaran más de lo que ya estaba.
-¿Eso es todo señorita?
Preguntó Sesshomaru con desesperación.
-Si señor, pueden retirarse cuando gusten…
Respondió tímidamente y muy sonrojada la enfermera que obviamente había caído ante los encantos de Sesshomaru mientras yo me preguntaba qué era lo que las mujeres le veían.
-Ya escucharon niños… muévanse porque el director los espera…
Ordenó agresivamente él profesor su actitud me estaba desesperando y lo único que deseaba era apartarme de ese tipo cuanto antes.
Y una vez más nos encaminamos a la dirección, yo salí con algunos vendajes en los brazos y en la mano izquierda y algunos vendoletes en la cara. Nos encaminamos a la dirección subiendo las escaleras hasta el cuarto piso, caminamos por un pasillo y Sesshomaru se detuvo en la puerta del fondo, tocó y una voz seria respondió permitiéndonos el paso.
-Muévanse que no tengo su tiempo…
Volvió a ordenar el tipo ese. Pero olvidándome por completo de mi caballerosidad entré yo primero con paso decidido y sin temor, pero la impresión que recibí cuando entré fue la peor de todas en ese día. Mi padre había llegado y se encontraba sentado justo en frente de Kyo mirándome con reproche como era usual en él. Y entonces recordé que Sesshomaru se encontraba detrás de mío lo que significaba que mi padre y su hijo mayor se habían reencontrado por primera vez después de tantos años. Ninguno de los dos dijo nada, sólo se miraron con profundidad, mi padre con indiferencia y su hijo con desprecio, inmediatamente Sesshomaru abandonó el recinto y se fue. Aquel encuentro había sido de lo más frío las palabra no fueron necesarios para darse cuenta de que ninguno de los dos había olvidado lo sucedido y se seguían odiando.
-¿Y bien¿Quién de ustedes se dignará a darme una explicación?
Preguntó repentinamente Kyo sacándome de mis pensamientos para tratar sobre el asunto por el que verdaderamente me encontraba ahí.
-Muy bien si son tan cobardes para no responder entonces comenzaré yo con el interrogatorio…
Comentó impaciente la autoridad del Colegio con los dedos de sus manos enlazadas al ver que ni Kikyou y yo estábamos dispuestos a hablar, yo no sabía que hacer ni que responder, después de todo el problema había sido por culpa de la niña esa.
-Yo sólo defendí a mi hermana…
Comentó Kikyou con firmeza y con absoluto descaro pues se aferraba a que el único culpable de todo era yo.
-¿Por qué razón?
Preguntó Kyo con frialdad mientras me miraba.
-Porque este sujeto la ha estado molestando…
Declaró ella mientras me dirigía una mirada de absoluto desprecio y yo estallé en cólera.
-¡¡¡ERES UNA MENTIROSA ESO NO ES CIERTO!!!
No podía permitir que me saboteara de esa manera tan ruin siendo que yo era la verdadera víctima.
-Silencio Kurosaki, modere el tono de su voz este lugar no es un circo para montar otro más de sus espectáculos…
Me calló Kyo, su actitud hacia conmigo era tan fría, me trataba con cierto desprecio y provocaba que me sintiera avergonzado ante él.
-Señorita explíqueme que pasó en realidad y por qué acusa al joven de atacar a su hermana…
Todo esto era tan ridículo, me sentía como en un tribunal siendo juzgado por matar a alguien cuando era totalmente inocente. Kikyou relato lo sucedido pero a su manera porque omitió el detalle más importante de todos que fue el de atacarme a traición, guardó silencio, ahora era mi turno de contar toda la verdad y muy al contrario de ella yo sí relataría todo lo que en realidad pasó.
-Bueno Joven Kurosaki ahora quiero escuchar su versión de los hechos…
Ordenó el directivo con la misma seriedad y frialdad. Comencé a contar los hechos y lo mejor fue que puse en vergüenza a Kikyou enfrente de todos al no omitir el ataque por la espalda…
-¿¡¡Es cierto eso!!!?
Exclamó indignada una mujer que se encontraba sentada del lado contrario que el de mi padre, obviamente se trataba de su madre.
-¡Te hice una pregunta!
Repitió la señora indignada del crimen tan bochornoso que cometo su querida hija. Kikyou afirmó su culpabilidad, su mamá enrojeció pero de vergüenza tapándose la cara con una de sus manos ni siquiera se atrevía a mirar a su hija mucho menos a nosotros pues ahora se sabía que la culpable era Kikyou
-Por lo que veo las dos partes coinciden en su totalidad y por lo tanto los dos tienen la culpa…
-¡¡¡Pero si yo fui el agredido!!!
Reclamé asombrado por el comentario de Kyo me sentía indignado de que no se hiciera justicia.
-Pero usted jovencito no debió de agredir a la señorita, debió de mantener la calma…
Recalcó el director con más severidad.
-¡¡Pero si sólo me defendía!!
Era increíble lo que me ocurría, me encontraba muy molesto con Kyo.
-Aún así como caballero no debió de continuar la pelea tomando en cuenta de que ella es una mujer…
Esos comentarios eran totalmente irracionales ¿Por qué se había puesto del lado de ella¿Qué hice para que se molestara conmigo? Si hasta hace unas horas él me sonreía y me pedía ayuda.
-¡Pues dígaselo a ella que se nota que no sabe de modales ni mucho menos de moral…!
Mi carácter estaba fuera de sí apunto de explotar nuevamente y avalanzarme sobre ella por el mal rato que me había hecho pasar pero al ver mi semblante que de seguro era muy amenazador mi padre me tomó de la mano y con una seña me pidió que me tranquilizara. Cerré mis ojos y traté de respirar hondo para que la calma llegara.
-También ella es culpable por no respetar el lugar que le corresponde al enfrentarse sin ningún motivo a un hombre sin tomar en cuenta las consecuencias que esto conllevaría, por lo tanto sólo hay dos soluciones…
Decía Kyo en tono un tanto pacificador para que de esa manera tratara de relajarme un poco.
-¿Y cuáles son esas alternativas?
Preguntó muy serio mi padre que por fin hacía acto de presencia.
-Una es su respectivo castigo el cual consiste en realizar labores de limpieza durante el trimestre completo después de terminar sus clases y la segunda opción es que se ofrezcan una disculpa mutuamente y que esto que ocurrió jamás se vuelva a repetir porque entonces me veré forzado a expulsarlos definitivamente de este Colegio.
¡¡¿Qué¡¡¿Qué¿Disculparme yo? Kyo había perdido totalmente la cordura al hacerme tal petición, por supuesto que no me disculparía con ella primero muerto antes que rebajarme todavía más.
-¿Y bien cuál es su respuesta?
Preguntó Kyo impaciente pues ninguno de los acusados contestaba.
-Yo no voy a disculparme.
Respondí tajante e indignado.
-Mucho menos yo… ya me rebajé demasiado pelando con un debilucho como para encima pedirle una disculpa…
Comentó esa ingrata provocándome más con sus palabras y sus ofensas.
-Como gusten, les di una buena opción y la desperdiciaron por orgullo, entonces se atendrán a las consecuencias, a partir de mañana comenzará su castigo y lo harán juntos sin recibir ayuda de nadie ¿Entendido Kurosaki?...
Esto último lo recalcó con más énfasis Kyo porque de seguro estaba informado de que Miroku me ayudaba con el castigo que Kuroda me había impuesto hace unas semanas.
-Entendido…
Respondí de muy mala gana, ahora comprendía que hubiera sido mejor ofrecer una tonta disculpa que estar el resto del trimestre acompañado de esa mujer.
-Señores de familia espero que estén de acuerdo con este castigo ya que la soberbia de estos jóvenes es infinita y por lo visto ninguno de los dos cederá, después de todo esto les servirá de lección para que entiendan de una vez por todas que ocupar las artes marciales llevados por los impulsos conlleva a resultados muy negativos y nada prometedores.
Ambos padres aceptaron y no objetaron nada, de inmediato aquella señora se levantó se despidió cordialmente del Kyo y mi padre para llevarse por fin a sus desagradables hijas. Mi padre en cambio no se movió y Kyo me hizo una seña para que me sentara en el lugar que la señora había ocupado momentos antes, espero a que la puerta se cerrara y volvió a hablar:
-Inuyasha ¿Qué fue lo que te pasó¿Por qué perdiste así la cabeza?
Ahora su tono era amable se comportaba como yo lo conocía.
-Que mas da lo que me halla pasado de todas maneras estoy castigado ¿O no? Así que deja de fingir que no estás molesto conmigo porque tu falsedad me irrita más de lo que ya estoy.
Respondí molesto por los cambios emocionales de Kyo, ansiaba salir de ahí cuanto antes por que supuse que mi padre me reprendería con sus gritos y reclamos por lo que había hecho.
-¿Estás así por lo que ocurrió con Katsuragi en la sala de maestros?
Preguntó Kyo dando en el clavo.
-Demasiado molesto… ¿Por qué no me dejaste que le diera su merecido? Ya confesó que fue él el responsable de que mi amigo esté en un hospital lo menos que se merecía eran unos buenos golpes.
-Tienes razón Inuyasha pero esa no es la forma de hacerlo pagar, tienes que ser paciente y esperar a que tu amigo recobre la conciencia y pueda declarar en contra de ese muchacho.
-¿Esperar¿Y que tal si Miroku se queda así por años¿Quién se encargará de denunciar a su agresor? Lo siento pero eso no va conmigo... ¡¡Náraku es quien debería estar en la cárcel pagando su crimen o mejor dicho él debería estar ocupando el lugar de Miroku!!
Grité furioso por la justificación tan absurda que Kyo me dio y sin más me di la vuelta y salí del la dirección estampando la puerta dejándolo tanto a mi padre como a él con la palabra en la boca. Comencé a correr desesperado, escapando del Colegio y perdiéndome entre una inmensidad de calles hasta que llegue al hospital…
Mis instintos me llevaron hacia la única persona que siempre me sonreía y me apoyaba cuando me encontraba molesto, pero ahora esa persona… mi amigo… no me respondía… dormía en un sueño que parecía eterno.
Deseaba platicar con Miroku, no me importaba si él no podía contestarme pero algo en mi interior me afirmaba que quizás si podría escucharme, tenía que verlo a como diera lugar. Ya tenía un pie en la entrada del hospital cuando el vigilante me detuvo.
-Buenas tardes ¿Viene a consulta?
Me preguntó amablemente pero mirándome de pies a cabeza sin pasar por alto mi aspecto.
-No, vengo a ver a mi amigo.
Respondí con cierta impaciencia y dando un paso hacia delante ignorando a aquel sujeto, pero detuvo mi andar con su brazo impidiéndome el paso.
-Lo siento joven pero no puede entrar en esas condiciones.
¡¡¡DIABLOS SÓLO FALTABA QUE ME PARTIERA UN RAYO PARA ARRUINAR MÁS MI DÍA!!! No tuve otra opción que regresarme por el camino por el que había venido, era lógico que por mi insalubre aspecto no me permitieran la entrada. Así que si en verdad quería ver a mi amigo no tenía otra opción que regresar a la casa y cambiarme, aunque eso significara volverme a encontrar con mi padre.
Tardé una hora en llegar a mi casa, me regresé caminando, había muchas cosas en qué pensar. Introduje mi mano en la bolsa de mi pantalón para buscar mis llaves, pero… las perdí no estaban así que toque el timbre. No tardaron mucho en escucharse unos pasos y cuando Kaede abrió la puerta no pudo evitar un gesto de terror.
-¡¡¡¿PERO QUÉ LE PASÓ JOVEN¡¡¡¿QUIÉN LO HA GOLPEADO?!!!
Gritó escandalizada.
-No es nada, estoy bien y por favor no me hagas más preguntas.
Contesté en un tono de fastidio.
-Como diga joven…
Kaede guardó silencio y su rostro denotó cierta tristeza, me había portado de una manera muy grosera con ella y el remordimiento comenzaba a punzarme
-¿Mi padre ya regresó?
Pregunté de una manera más educada.
-Si, lo está esperando en el despacho…
Ni hablar, no podía evitar esa "conversación" con mi papá así que entré a la casa y después al despacho sin previo aviso…
-Me dijo Kaede que quieres hablar conmigo.
-Así es hijo, por favor siéntate.
Mi padre se mostraba muy tranquilo y sobre todo amable y eso me provocaba más temor. Por mucho tiempo el silencio reinó, yo no tenía la menor intención de tomar iniciativa para comenzar la plática, sólo tenía que esperar a sus reproches y reclamos…
-Inuyasha ¿Tanto significa ese muchacho para ti?
Preguntó repentinamente mi padre mirándome fijamente a lo ojos, su extraña pregunta me desconcertó totalmente y tardé algunos segundos en digerir por completo aquellas palabras pero mi respuesta fue firme y sincera…
-Mucho… es el único amigo que he tenido en toda mi vida.
-¿Y Kyo ya no lo es? Antes me reprochabas que él, era la única persona que te escuchaba.
-Lo sé pero no me refiero a eso, Kyo siempre será mi amigo y maestro pero Miroku… papá… es el primer amigo que tengo que es de mi edad y que no huye con mi presencia y ahora… él está…
Empuñaba con fuerza mis puños el cuerpo me temblaba de impotencia e ira, sentía que la sangre me hervía y que estallaría en cualquier momento…
-Desahógate Inuyasha… al parecer los golpes que propinaste y que recibiste el día de hoy no fueron suficientes para aliviar tu dolor.
Esas palabras me dolieron más que nada. Lo miré con coraje, él se levantó de su asiento caminó y se detuvo frente a mi para después arrodillarse y abrazarme. No opuse resistencia a aquella repentina muestra de afecto, su cuerpo era cálido ya no soporté más y ni siquiera pude contener las lágrimas que comenzaban a resbalar por mi rostro. Lo que más me dolía era no poder ayudar a mi amigo, hubiera preferido estar en su lugar… ser yo quien yaciera inerte en una cama de hospital alejado del mundo terrenal. Mi padre no comentó nada, sólo dejó que me desahogara y sinceramente no sentí vergüenza llorar en sus brazos.
-¿Por qué no puedo ayudarlo¿Por qué no puedo darle a Náraku su castigo?
Gritaba desconsolado una y otra vez, mi voz y mi llanto retumbaban por toda la casa, necesitaba sacar todo ese dolor o terminaría por explotar y entre toda mi angustia pude sentir las manos de mi padre acariciándome la espalda, como si de esa manera tratara de quitarme de encima esa gran loza que me pesaba cada vez más.
-Papá… ¿Dime que hago¿Por qué todo mundo me impide darle su merecido a ese mal nacido?
El tomó mi rostro con ambas manos y volvió a mirarme fijamente.
-Por que pondrías más en riesgo la vida de tu amigo Inuyasha… por eso Kyo tuvo que actuar de es manera.
-No entiendo…
Respondí mientras me limpiaba mis lágrimas.
-Mira hijo… desgraciadamente ese joven… tu amigo… aún está inconciente y su agresor sabe perfectamente que si habla lo mandarán directo a la cárcel, Kyo y yo suponemos que siendo un sujeto de lo más peligroso tratará de desaparecerlo del mapa ¿Me explico? Kyo ya me contó lo sucedido cuando trataste de golpear a ese malhechor en el Colegio pero él tuvo que fingir molestia hacia ti para que ese tipo no sospechara que estaba de tu lado.
-Pero… ¿Y por qué no me dijo eso?
-Por que estabas tan enojado que ni siquiera le diste la oportunidad de explicarte y preferiste huir.
-De nada sirvió porque no me dejaron entrar al hospital.
-Lo supuse por eso en lugar de seguirte preferí venir a la casa porque sabía que tarde o temprano regresarías.
-¿Y no estás enojado por lo que pasó con la muchacha esa?
-Un poco, pienso que no es correcto pelear cuando nuestros sentimientos nublan nuestra mente como les pasó a ustedes dos, por eso se les impuso ese castigo, si hubieran dialogado antes nada de esto ocurría y tú no tendrías todos estos golpes.
-Quizás me desquité con ella de mi coraje hacia Náraku…
-Es lo más probable… y aún así mira como te dejó… tienes que entrenar más hijo…
Comentó con una leve sonrisa.
-Ya no me digas eso, que es vergonzoso que una mujer me humillara de esa manera.
-No malinterpretes mi comentario Inuyasha, me refiero a que tienes que entrenar más tu mente para que puedas concentrarte en cualquier pelea, estoy seguro que eres más fuerte que esa muchacha pero tu mente y corazón estaban tan resentidos que perdiste…
-Creo que hasta no ver a Miroku sano y salvo no podré despejar mi mente.
Contesté melancólicamente.
-Tomate tu tiempo y lo mejor es que te des un baño y comas algo para que ahora sí puedas estar cerca de tu amigo.
-Gracias… papá.
-No es nada…. Ahh se me olvidaba aquí está tu mochila los olvidaste en tu salón.
Esa acción me hizo recordar a Miroku cuando me advirtió la segunda ocasión que olvidé mis útiles en la escuela que a la tercera quizás ya no estaría él para dármela… y eso me entristeció todavía más.
-¿Pasa algo?
Preguntó inquieto mi padre al ver que contemplaba una y otra vez aquel objeto.
-No nada, ya me voy.
Sentí que me quitaban un peso de encima al salir de aquella habitación, era la primera vez que hablaba tan tranquilamente con mi padre, sin peleas y reclamos, me di cuenta de que Kyo tenía razón al decir que mi papá aún era un ser humano sólo que por mucho tiempo se olvidó de quién era en realidad.
Traté de evitar encontrarme con mi madre porque de sólo imaginarme la cara de espanto que pondría y sus múltiples preguntas llenas de angustia por lo ocurrido desvanecerían por completo aquellos momentos en el despacho y provocarían que me sintiera más miserable. Entré a mi recamara, aventé mi mochila y me di un baño. Cuando hube terminado y ya vestido me recosté en la cama, me sentía muy cansado y con el cuerpo adolorido. No era para menos, esa chica sí que golpeaba muy fuerte, nunca me había topado con una contrincante así y eso me provocaba cierta emoción y algo de inquietud. Era la primera vez en mi vida que una mujer ocupaba mi mente.
Dormí algunas horas, ya había oscurecido cuando desperté, en mi reloj eran las 8:·35 PM me levanté sobresaltado y me maldije una y otra vez por haber dormitado de esa manera cuando debería estar cerca de mi amigo. Me apresuré a cambiarme de ropa, tomé algo y dinero y bajé las escaleras de mi casa corriendo.
-¿A dónde vas Inuyasha?
Preguntó mi padre extrañado por mi actitud tan apresurada.
-Al hospital, se me hizo tarde y…
-No puedes ir en este momento.
-¡¡¿Por qué?!!
Pregunté extrañado.
-Porque Kyo se encuentra ahora mismo con el familiar de tu amigo y recuerda que no deben verlos juntos…
-¡Eso no es justo¡Yo tengo que estar con él!
-Mañana podrás ir, por ahora es conveniente que descanses o de lo contrario no rendirás con eficiencia ¿Comprendes?
Mi padre tenía razón una cosa era tener el entusiasmo muy en alto y otra muy diferente que el cuerpo me respondiera de la misma manera. Y comencé a percatarme que las dolorosas consecuencias de mi disputa ya hacían efecto en mi y ahora me sentía débil, cansado y adolorido.
-Si tienes tarea que hacer mejor hazla para que puedas tener más tiempo libre.
Comentó él de lo más tranquilo como si no pasara nada.
-No tengo tarea…
En realidad no sabía si existía esa palabra en mi vocabulario porque raras eran las ocasiones en que yo realizaba tal acción. Las únicas veces que hice la tarea fue cuando me encontraba en el negocio de Miroku, ahí los dos aprovechábamos el tiempo y debatíamos sobre si lo que realizábamos estaba bien o mal pero desde aquel accidente no volví a tomar ni un solo lápiz o pluma, es más no tenía conocimiento alguno de si el fin de semana tenía labores que hacer.
-¿Y mi mamá?
Pregunté al percatarme de su ausencia y también para cambiar el tema.
-Fue a visitar a algunos de sus viejos amigos, creo que no llegará a dormir el día de hoy…
Respondió él con tono aburrido.
-Que bueno… por lo menos no me torturará con sus preocupaciones el día de hoy.
-No hables así, es lógico que se preocupe por ti, todos lo hacemos hasta la misma Kaede, bueno en realidad ella siempre ha sido buena persona con todos nosotros pero con el que más se ha identificado es con Sessho…
Mi padre no terminó su frase y su semblante se mostró serio al instante. Me di cuenta que después de todo aún guardaba cierto cariño por su hijo mayor pero su orgullo no le permitía mostrar esas pequeñas debilidades.
-Ya es tarde, mejor vete a dormir, yo mientras…
Mi padre ya no sabía que hacer se puso nervioso y entonces se me ocurrió…
-¿Por qué no cenamos juntos?
Le pregunté y al escuchar esto mi padre se asombró sobre manera porque era la primera vez que yo le hacía una invitación así.
-¿Juntos¿Tú y yo?
-Bueno si no quieres no hay problema…
-No claro que no hay problema es que….
-¿Qué pasa?
-Me siento extraño… siempre estamos peleando y ahora pareciera que ha nacido una nueva persona en ti Inuyasha…
-Deja de decir tonterías o harás que me arrepienta y me encierre en mi habitación.
-No te molestes por eso¿Y a donde quieres ir?
-No se, me da igual.
-Bueno conozco un lugar muy tranquilo, espero que aún exista.
-Bien entonces vamos…
Mi padre tomó su abrigo del perchero y buscó su cartera pero no estaba ahí…
-Espérame un momento dejé el dinero en el escritorio.
-¿Y quién te dijo que vas a pagar tú? Yo te invité y el que paga soy yo.
Respondí con una sonrisa en el rostro misma que me devolvió mi padre. Salimos de la casa y subimos a un vehículo negro, supuse que mi padre lo había alquilado para su estancia en este país.
Él condujo por calles desconocidas, en una zona muy tranquila sin tanta gente y comercios. Se estacionó frente a un café de estilo tradicional y entramos. Era un lugar muy tranquilo con un aroma dulce y exquisito. En lugar de grandes mesas y sillas sólo había pequeñas mesillas con dos cojines a los lados. Al parecer mi padre me leyó el pensamiento porque nos sentamos en el lugar más alejado y escondido.
-¿Y bien que quieres pedir?
Me preguntó mi padre mientras una señora nos entregaba la carta.
-Sólo un café y un pastel.
Contesté con desgana porque sinceramente no tenía apetito.
-Creo que también pediré lo mismo…
La señora tomó la orden y se fue, tanto mi papá como yo nos quedamos callados, era difícil para mí hablar, porque la persona que tenía enfrente era desconocida desde cierto punto y aún seguía cuestionándome qué pudo haber pasado para que repentinamente cambiara de actitud.
-Me imagino que pasa por tu mente Inuyasha…
Comentó mi padre y yo me quedé un poco helado con ese tono ¿Tan obvia fue mi curiosidad?
-Te has de estar preguntando que fue lo que pasó entre Kyo y yo cuando llegué de Italia… ¿O me equivocó?
Me conformé con asentar la cabeza.
-Bueno cuando Izayoi y tú salieron hacia el hospital Kyo y yo estuvimos a punto de comenzar una riña, yo propiné el primer golpe que él esquivó con facilidad y después me tomó del cuello y me paralizó por completo…
-Si me lo imagino… sé lo que se siente cuando él paraliza de esa manera a su contrincante.
Comenté al recordar la forma en que me detuvo cuando me encontró peleando con aquella mujer…
-Como sea… no voy a contarte que pasó después porque no es importante debido a que me tuve que tranquilizar o terminaría asfixiado. Después de eso platicamos bastante sobre mi forma tan materialista y superficial de ser y lo mucho que estaba perdiendo por el dinero…
Yo no comenté nada sólo escuchaba, pero sabía perfectamente a qué se refería.
-Estuve perdido muchos años hijo, fueron tantos que ya ni siquiera recordaba lo que era reírse y ser feliz con mi familia, me obsesioné tanto en absurdos ideales que los estaba perdiendo por completo a ustedes y en especial a ti… Kyo me dijo que el culpable de que tú seas así soy yo y que por eso me desprecias…
¿Qué podía contestarle? Pude haberle dicho… "No te preocupes papá te perdono y olvidaremos todo lo ocurrido…" o "Estás equivocado yo nunca te despreciaría…" no tuve el valor de mentirle de esa forma y él lo sabía perfectamente porque para mi era casi imposible olvidar el pasado de la noche a la mañana…
-Nunca podremos recuperar el tiempo perdido y creo que ya es algo tarde para tratar de enmendar mis errores porque tú ya tienes una personalidad formada, un carácter propio y yo simplemente no puedo seguir entrometiéndome más en tu vida Inuyasha…
-Puede que tengas razón en muchas cosas… pero opino que no todo está perdido si has decidido cambiar que bueno, sinceramente para mi este cambio fue muy repentino y aún no lo asimilo bien y puede que me lleve algo de tiempo pero te agradezco que reaccionaras y sobre todo que cambies no para nosotros sino para ti…
Él volvió a sonreírme y cambiamos de tema. Continuamos hablando de diversos temas por mucho tiempo hasta que mi padre pidió la cuenta y salimos de aquel lugar.
-Hay un sitio de que me gustaría que conocieras.
Dijo cuando ya nos encontrábamos en el interior del automóvil.
-¿Y dónde queda eso?
Pregunté extrañado.
-No muy lejos de aquí es un lugar muy tranquilo y despoblado ahí fue donde Kyo y yo nos la pasamos la noche anterior.
-Como digas.
Contesté con desgana porque no me interesaba estar en el mismo lugar donde a mi padre quizás tuvieron que golpearlo para reaccionara.
El automóvil continuaba su camino y me dio la impresión de que nos alejábamos cada vez más de la ciudad porque a nuestro alrededor había menos casas y más terrenos despoblados y oscuros.
-¿Oye me quieres llevar a otra ciudad?
Por un momento pensé que mi padre me había secuestrado para que nos regresáramos a Italia, pero si esas eran sus intenciones lo lamentaría porque yo encontraría la manera de escaparme porque de Japón nadie me sacaba ni siquiera con una pistola en la cabeza.
-No te asustes no es nada malo, ya casi llegamos…
El automóvil comenzó a disminuir su velocidad hasta detenerse en un terreno pedregoso a pocos metros de la carretera. Mi padre bajó y yo por unos momentos dudé en seguirlo pero no tenía otra opción y también descendí del vehículo.
La noche era fresca y clara, el viento soplaba con delicadeza refrescando hasta el último poro de mi cuerpo invadiéndome con su aroma campestre y natural.
-Sígueme hay que caminar…
-Está bien…
Este jueguito comenzaba a cansarme y las intenciones de papá cada vez me intrigaban más. Seguimos andando, internándonos un poco en el bosque. Yo me tropezaba continuamente con algunas raíces de los árboles muy al contrario de mi padre que parecía que conocía el lugar perfectamente como si nunca se hubiera ausentado de este país.
Minutos más tarde en nuestro andar, la cantidad de árboles comenzaba a disminuir poco a poco hasta que nos encontramos en un llano totalmente despejado a mitad de bosque dónde el viento soplaba con un poco más de intensidad.
-¿Y bien¿No te gusta?
Preguntó mi padre emocionado y sonriente al mismo tiempo que se acostaba en el fresco pasto de aquel lugar.
-No entiendo ¿Qué es este sitio?
Volví a cuestionarlo por el extraño lugar al que me había traído.
-Pues a simple vista no tiene nada de especial pero si te recostaras y miraras el cielo encontrarías muchos significados.
Obedecí aquellas palabras y me recosté boca arriba mirando a las estrellas. Era la primera vez en mi vida que hacía algo así, nunca le di importancia a ese tipo de fenómenos…
-¿No tienes la sensación de sentirte liberado?
Preguntó él con los ojos cerrados como si viviera su propio sueño.
-Mas bien me siento algo extraño esto es nuevo para mí.
-No te preocupes sólo déjate llevar y disfruta del momento, aquí puedes hacer lo que quieras nadie vendrá a molestarte…
-¿Cómo es que conoces este lugar?
-Yo vivía cerca de aquí cuando era niño y cuando conocí a Kyo los dos descubrimos este lugar mientras jugábamos y desde ese entonces este sitio ha sido como una especie de guarida secreta para nosotros. Cada vez que algún problema nos sobrecogía veníamos siempre aquí para platicar o pelear según fuera el caso…
-No me imagino la infinidad de cosas que se vivieron aquí.
-Tienes razón… todo este ambiente ha sido testigo de innumerables experiencias…
Él volvió a cerrar sus ojos y se relajó completamente, yo en cambio miré las estrellas y comencé a buscar formas en ellas. Aquellos puntos de luz se unían como arte de magia formando un sin fin de figuras pero tuve que detener su juego por que la silueta de una mujer apareció entre ellas.
¿Qué diablos me ocurría¿Por qué pensaba en ella¿Qué significaba esta sensación¿Coraje? No, no lo era… mucho menos venganza o rencor era… ¿Atracción…?
¡¡No, no, no y no¡¡Tenía que borrar a Kikyou de mis pensamientos…!! Kikyou… ese es su nombre… no pude olvidarlo y comenzó a retumbar en mi mente una y otra vez. Este sentimiento me provocó miedo y enderecé mi cuerpo violentamente como si acabara de despertar de una horrible pesadilla
-¿Qué te ocurre? Estás muy inquieto… ¿Ya quieres irte?
Preguntó papá al percatarse de mi actitud.
-No, no es eso… es que… hay algo que no me deja en paz…
-¿Y puedo saberlo?
-No sé, ni yo mismo se cómo explicarlo… pero tiene que ver con ella…
-¿Con una mujer? Vaya Inuyasha ya te habías tardado en interesarte en las mujeres… ¿Y quién es la afortunada que te ha cautivado?
-¡¡Ella no me ha cautivado!! No malinterpretes, es sólo que…
Grité sobresaltado pero volví a quedarme callado al no encontrar las palabras indicadas para describir lo que me sucedía.
-¿Es la primera vez que te ocurre esto?
Yo asentí con la cabeza mis sentimientos estaban totalmente confundidos.
-Es lógico que te asustes, cuando me enamoré por primera vez sólo tenía 12 años, pero sólo era un amor platónico porque esa chica ya se encontraba cursando su último año de preparatoria…
-Yo no me he enamorado, de eso estoy seguro.
-Entiendo… pero aunque trates de fingir, eso que ha comenzado a nacer en ti ya comienza a tener un nombre…
-No quiero enamorarme, ese sentimiento me repugna, todo mundo hace tonterías "en nombre el amor" detesto que las personas sean tan débiles como para dejarse llevar por sensaciones tan superficiales…
-Oye sólo tienes dieciséis años y ya hablas como un viejo amargado y solitario.
-Pues eso es lo que pienso y te juro que ese sentimiento no perturbará mi vida.
-¿Seguro? Ya veremos que ocurre después de algún tiempo.
-Te lo aseguro, sacaré a esa mujer de mi mente además ni vale la pena fijarme en ella…
Mi padre sonrió y volvió a perderse en su propio mundo mientras que yo me quedé con la firme decisión de no dejarme embaucar por el amor…
-Y ya que nos estamos sincerándonos hay algo que he querido saber durante muchos años…
Pregunté cambiando de tema y aprovechando que estos momentos con mi progenitor afloraban como nunca antes.
-Dime… ¿Qué quieres saber?
Contestó él sin abrir los ojos y de lo más tranquilo.
-¿Por qué odias tanto a Sesshomaru?
Un viento helado caminó sobre nosotros como advirtiéndome que había metido la pata y que en cualquier momento la antigua personalidad de papá regresaría por mencionar aquel nombre prohibido. El silencio reinó por mucho tiempo, fue tan largo que pensé que nunca obtendría una respuesta pero…
-Yo no odio a tu hermano, jamás odiaría a mi propio hijo pero hay un pasado Inuyasha que aún me duele y del cual no tengo el valor de hablarte.
-Perdón si te incomodé… pero pienso que si nosotros comenzamos a arreglar nuestras diferencias también podrías hacerlo con tu hijo mayor.
-Algún día lo haré, aunque se que él jamás me perdonará y viviré con ese martirio toda mi vida y ni siquiera con la misma muerte podré enmendar el daño que le hice a Sesshomaru.
Una pequeña lágrima resbaló por una de sus mejillas y me sentí mal por haberlo hecho recordar esos momentos tristes.
-Será mejor irnos ya, es más de media noche…
Comentó él levantándose para después retomar el camino que lo conducía hacia su automóvil.
-Como gustes.
Contesté sin reclamos. Nadie volvió a pronunciar palabra alguna mientras el automóvil se dirigía a casa. Los momentos tranquilos y sinceros que por primera vez compartía con mi padre terminé destruyéndolos por mi estupidez.
Llegamos a la casa con el mismo silencio que nos seguía persiguiendo desde aquel lugar…
-Buenas noches, que descanses…
Se despidió mi padre con seriedad y volvió a encerrarse en su despacho. Yo no tuve más remedio que regresar a mi habitación con el remordimiento carcomiéndome y con la inquietud de que quizás mi papá volvería a ser el mismo de siempre cuando el amanecer llegara. Me tumbé en la cama y comencé a dormir…
Soñaba con una sangrienta pelea en donde una persona gritaba, yo no entendía nada, apenas y podía escuchar pero a medida que avanzaba hacia aquellas sombras los sonidos y las imágenes se hacían mas audibles y nítidas, mi corazón se aceleraba, el joven gritaba ¿Quién era?
-¡¡Inuyasha¡¡Inuyasha!!
Gritó otra voz y yo desperté sobresaltado y sudando.
-¿Hijo que te pasa?
Preguntó la voz de una mujer y tardé varios segundos en asimilar mi realidad.
-¿Mamá?
Dije confundido al ver el rostro preocupado y aterrorizado de mi madre y aún lado de ella también se encontraba papá.
-¿Te sientes bien¿Te duele algo?
Preguntaron ambos al mismo tiempo.
-Estoy bien, no me duele nada ¿Por qué ponen esas caras?
Cuestioné consternado al ver sus rostros llenos de confusión.
-Es que nos asustaste… comenzaste a gritar y cuando entramos te retorcías en la cama.
Explicó ella mientras limpiaba el sudor de mi frente con su mano.
-¿Gritar? Yo no he gritado… sólo tuve un sueño extraño pero nada más…
-¿Estás seguro?
Preguntó mi padre no muy convencido.
-En verdad, no estoy mintiendo sólo fue un sueño insignificante.
Volví a insistirles para que no se siguieran preocupando por mí.
-Debes de estar muy estresado hijo tienes que descansar más, no me gusta verte así.
Comentaba mi madre con preocupación.
-¿Qué hora es?
Pregunté al ver en mi ventana que ya comenzaba a amanecer y eso me extrañó porque tenía la sensación de haber dormitado sólo unos cuantos minutos.
-Son poco más de las 6:00 AM
Contestó ella.
-¡¡Tengo que ir al hospital!!
Y me levanté abruptamente.
-Primero tienes que asearte y desayunar, también tu madre quiere hablar contigo sobre lo ocurrido ayer Inuyasha.
Dijo con firmeza mi padre y abandonó la habitación sin decir nada más dejándome a solas con mamá.
-Tu padre ya me contó lo que ocurrió ¿Ya no te duele el cuerpo?
Preguntó ella con cierta timidez.
-Aún me siento algo adolorido pero no es nada ya se me pasará.
Contesté sentado a un lado de ella con el cuerpo encorvado y mirando hacia el suelo en la orilla de mi cama.
-Inuyasha… mañana nos regresaremos a Italia.
-¿Qué¿Pero por qué? si apenas llegaron…
-Lo sé pero… tu padre cree que nuestra presencia te incomoda y lo que menos quiere es perturbarte.
-¿Y por qué no me lo dijo él?
Reclamé algo molesto.
-No tuvo el valor… a él le duele más que a nadie abandonarte en estos momentos… o ¿Acaso te gustaría que nos quedáramos más tiempo a tu lado?
Preguntó ella con cierto brillo en sus ojos que denotaban emoción, pero yo no contesté porque simplemente no sabía que decir ya que una parte de mi deseaba la compañía y el apoyo de mis padres pero mi otra mitad ansiaba desesperadamente volver a su soledad y alejarse cuanto antes se aquellas personas.
Mi madre bajó su mirada se levantó y al ver mi indecisión interpretó mi silencio como una negativa y salió de mi alcoba sin decir ni una sola palabra. Me tumbé en mi cama pensando una y otra vez en lo que realmente quería pero no llegué a ninguna conclusión y cuando miré el despertador ya había pasado más de una hora. Ya no quería seguir perdiendo el tiempo y rápidamente me di una ducha y bajé a desayunar. Ninguno de nosotros mencionó ni una sola palabra en el comedor como si de repente todos hubiéramos perdido el habla. Terminé mis alimentos y di las gracias…
-¿No irás a la escuela hoy?
Preguntó con tono serio papá.
-Hoy no, iré a ver a Miroku…
Respondí con frialdad.
-Sólo te recuerdo que tienes un castigo que cumplir Inuyasha….
Me recordó él y por su actitud me di cuenta que volvía a ser el mismo de siempre.
-Lo sé, estaré puntual para cumplir mi castigo, adiós…
Repliqué con fastidio de tan sólo volver a escuchar su habitual tono autoritario. Me di la media vuelta, avancé unos pasos y…
-Espera hijo… yo te llevaré, quiero conocer al abuelo de tu amigo y darle las gracias…
-¿Las gracias¿De qué?
Pregunté confundido.
-Por que gracias a ellos has cambiado y ya no estás sólo.
Yo no me opuse a su proposición y dejé que me acompañara. Una hora más tarde ya nos encontrábamos en el hospital y en esta ocasión sí me dejaron entrar sin ningún problema. Subimos por el ascensor hasta el quinto piso donde se encontraban todos los pacientes de Terapia Intensiva. Salimos por un pasillo largo y estrecho y pocos metros después nos encontramos con la Sala de Espera. No había muchas personas y el Abuelo no se encontraba en ese lugar quizás estaría con algún médico preguntando por la salud de su nieto y tanto mi padre como yo nos sentamos a esperar en silencio. El tiempo me parecía tan eterno, todo era calma, médicos y enfermeras yendo de un lugar para otro, todo resultaba muy tranquilo sólo había una persona sentada a poca distancia de nosotros que se dedicaba a leer su periódico tranquilamente y un intendente que se paseaba de un lado a otro mirando hacia todos lados.
-Hola Inuyasha ¿Cómo estás?
Preguntó una voz senil y pacífica.
-Hola Abuelo que gusto verlo.
Dije algo asombrado porque repentinamente el anciano apareció de la nada atrás de mí.
-¿Qué te pasó¿Por qué tienes tantos golpes?
Preguntó él preocupado.
-No es nada, fue sólo un entrenamiento en la escuela…
-Entiendo… Miroku me comentó que su nuevo maestro de artes marciales es una persona agresiva pero no pensé que fuera para tanto…
Mi padre rasgó su garganta al escuchar ese comentario negativo hacia su hijo y fue en ese momento cuando el Abuelo se percató de su presencia e intervine de inmediato…
-Él es mi padre acaba de llegar hace unos días de Italia…
Comenté a manera de presentación y mi padre le extendió la mano cortésmente.
-Mucho gusto soy el señor Inutashio Kurosaki es un placer conocerlo por fin… no tiene idea lo preocupado que mi hijo ha estado estos días.
-Lo sé señor Kurosaki, Inuyasha le tiene una gran estima a mi nieto y gracias a él aún está con vida… ¡Pero que tonto! No me he presentado mi nombre es Tsukasa Ishida.
Y una vez más los señores se volvieron a dar la mano y luego se sentaron en sus respectivos asientos.
-¿Y cómo sigue Miroku?
Pregunté preocupado y esperanzado de que las noticias que me dieran fueran buenas…
-Ay Inuyasha sigue igual…, aún no reacciona, precisamente acabo de hablar con el médico que lo atiende y me comentó que mi nieto no quiere responder al tratamiento, es como si deseara no despertar…
-¡Eso es imposible! Miroku no desearía su propia muerte…
Comenté indignado porque un tonto doctor se atreviera a decir que los deseos por sobrevivir de mi amigo se habían menguado cuando en realidad Miroku amaba y valoraba por sobre todas las cosas su vida y me causaba coraje que lo consideraran un cobarde…
-Yo también pensé lo mismo… pero… la vida de mi nieto no ha sido nada fácil… perdió a sus padres cuando sólo tenía seis años y toda su vida lo único que ha anhelado es ser más fuerte para vengarse de los Katsuragi pero con este atentado… siento que él mismo ha de pensar que es débil e incapaz de dar justicia por su propia mano…
Jamás me imagine que Miroku atravesara por tantas tribulaciones y me acababa de enterar de que sus padres estaban muertos… nunca se me ocurrió preguntarle a mi amigo acerca de su familia porque supuse que sus progenitores se encontraban viviendo en otro país como los míos, independientemente de que no me gustaba preguntar sobre ese tipo de temas ya que a mi me disgustaba que lo hicieran conmigo.
-Que pena que siendo tan joven tenga que pasar por todo esto.
Comentó mi padre con pensar.
-Lo sé pero Miroku es fuerte y sé que reaccionará de un momento a otro.
Contestó con entusiasmo el Abuelo y lo envidiaba por tener el ánimo tan elevado porque yo me sentía triste y se me hacía imposible creer que detrás del rostro de Miroku lleno de alegría y amor por la vida se escondiera un pasado tan oscuro.
Mi padre y el abuelo cambiaron de tema y comenzaron a conversar sobre cualquier cosa pero yo no puse atención me perdí en mis propios pensamientos miré a mi alrededor y todo seguía normal, no había rastros de Náraku por los alrededores salvo las mismas personas que se encontraban cuando llegamos. Cerré mis ojos… otra vez esos gritos… aquellas imágenes borrosas, avancé, seguía sin distinguir nada, pero mi deseo por descubrir el origen de aquellas voces era más fuerte, mi corazón se aceleró. Poco a poco las imágenes comenzaban a aclarase, ahora ya distinguía a un grupo de personas golpeando a alguien y ese alguien pedía auxilio, corrí y corrí y entonces…
-¡¡¡Inuyasha ayúdame, no me abandones!!!
-¡¡Miroku!!!
Grité horrorizado ¡¡La persona que gritaba y a la que golpeaban era él!! No lo dudé y corrí en su auxilio desesperado pero alguien me tomó por lo brazos y me detuvo miré hacia atrás ¡Era Náraku! El muy infeliz me sonreía mientras los otros desgraciados seguían golpeando a mi amigo. Como pude me zafé de sus asquerosas manos y cuando lo miré de frente para enfrentarlo me asestó una fuerte puñalada en mi estómago retorciendo una y otra vez la navaja en el interior de mi cuerpo agrandando más mi herida y dolor… yo gritaba, mis manos estaban totalmente enjugadas en sangre y Náraku me susurró al oído… "Yo seré quien termine con tu vida…"
Desperté sobresaltado y bañado en sudor…
-¿Te pasa algo Inuyasha?
Preguntó mi padre con la misma preocupación que en la mañana.
-No, es sólo ese horrible sueño otra vez…
Comenté con cierto temor al recordar mi sueño, fue tan real que todavía podía sentir aquella arma destruyendo mi interior. Volví a mirar mi entorno el sujeto que antes leía el periódico había desaparecido muy al contrario del intendente que me miraba atentamente y entonces…
-¡¡¡Doctor tenemos una emergencia!!!
Gritó una enfermera fuera de si y de inmediato más de un médico atendieron su llamado.
Yo me levanté sobresaltado e instintivamente corrí porque presentía que algo grave le había ocurrido a Miroku y esta vez no se trataba de un sueño.
-¡¡Es el paciente Ishida necesitamos ayuda!!
Tanto papá, el Abuelo y yo corrimos hacia donde se encontraban todas esas personas. Estábamos muy alterados pero nadie nos daba explicaciones… todo mundo corría y entonces alcancé a escuchar…
-¡¡¡Es un infarto!!! Muévanse rápido… lo perdemos…
¡¡¡¿Qué¡¡Un infarto!! Y sin pensarlo corrí hacia aquella habitación en donde trataban de salvarle la vida a mi amigo pero un tipo me detuvo…
-No puede pasar es zona restringida…
Yo lo miré furioso y de inmediato alejé su mano de mi hombro.
-¡¡ES MI AMIGO DÉJEME PASAR… ME NECESITA!!
Grité con demencia, me encontraba muy alterado, mi sueño, esta situación ¿Cuál era mi verdadera realidad?
-Si no se aleja tendré que sacarlo de aquí…
Me amenazó con seriedad aquel tipo que me superaba por mucho en estatura.
-¡Es mi amigo¡Me ha pedido ayuda!
-Lo siento mucho joven… pero los médicos hacen todo lo que está en sus manos para salvarle la vida a su amigo… por favor comprenda la situación…
Al escuchar estas palabras detuve mis fallidos intentos por acceder hacia aquella sala. Yo me encontraba totalmente consternado era como si el mismo Miroku me hubiera avisado que se encontraba en peligro por medio de mi sueño ¿O sólo era casualidad? Miré a mi padre, estaba serio, como si quisiera llamarme la atención por mi imprudencia pero luego mi vista se concentró en otra persona que de encontraba justo detrás de él era el mismo intendente que sonreía y se guardaba algo en su bolsillo y al ver su rostro se me hizo familiar, pero no lo recordaba, yo sabía que en algún lugar había visto esa cara ¿Pero Dónde? Traté de recordar una y otra vez hasta que vinieron a mi mente los recuerdos de aquella pelea en mi trabajo… ese sujeto se parecía mucho a uno de los secuaces de Náraku… no…, no… se parecía… ¡ERA EL MISMO TIPO!
La ira y la locura se apoderaron totalmente de mí y me abalancé sobre él y comencé a golpearlo con todas mis fuerzas sin tener piedad alguna. Mis movimientos fueron tan rápidos que ni siquiera le dio tiempo a ese sujeto de correr…
-¡¡¡INUYASHA DETENTE¿QUÉ DIABLOS TE PASA¿ESTÁS LOCO?
Gritó mi padre que ignoraba por completo el por qué de mi comportamiento tratando de alejarme de mi presa, pero estaba tan molesto que no le hice caso, ya nada me importaba…
-¡Este tipo le hizo algo a Miroku¡¡¡NÁRAKU LO MANDÓ PARA MATARLO!!!
Y seguí golpeándolo cada vez con mayor intensidad.
-¡Por dios ya déjalo lo vas a matar!
Decía Inútilmente mi padre que trató una vez más de detenerme jalándome de la cintura pero no contaba con que mis fuerzas fueran superiores a él y otras personas al ver que no podía conmigo se sumaron para alejarme de ese maldito que ya estaba inconciente y sangrante.
-¡Inuyasha hijo ya cálmate!
Entre doctores, enfermeros y mi padre trataban de evitar que cometiera una locura, pero mi ira sobrepasaba a la razón y a la cordura, lo único que yo quería era verlo muerto por lo que le había hecho a mi amigo pero de repente comencé a sentirme débil… sin fuerza…, la vista se me nublaba y la oscuridad comenzaba a invadirme, las fuerzas me abandonaban. Todo fue tan rápido que ni siquiera me di cuenta cuando uno de los doctores me inyectó un sedante mientras yo peleaba porque era la única manera de tranquilizarme, sólo alcancé a ver el rostro horrorizado de mi padre y después la oscuridad y el silencio se apoderaron de mi ser.
Comencé a despertar poco a poco abrí mis ojos, todo estaba oscuro me sentía adormecido ¿Dónde estaba? Enderecé mi cuerpo y me froté los ojos para tratar de que mi vista se aclarara.
-¡¿Pero que hago aquí?!
Exclamé asombrado al reconocer que me encontraba en mi habitación, todo fue tan rápido que me costaba trabajo asimilar los hechos. Yo sólo recordaba que hasta hace unos momentos me encontraba golpeando a un tipo en el hospital ¿Y por qué aparezco repentinamente en mi casa…? Más fue mi asombro cuando miré a través de la ventana y me encontré con la sorpresa de que ya era de noche. Me encontraba totalmente confundido ya no sabía si esto que estaba viviendo era real o tan sólo otro maldito sueño, traté de levantarme de mi cama a pesar de que mi cuerpo se encontraba totalmente adolorido y algo adormecido, más aparte lo mareado que me sentía cuando por fin pude ponerme en pie. Tambaleándome y con mucho esfuerzo pude llegar a la puerta y la abrí… el pasillo se encontraba oscuro, ni un solo ruido se escuchaba, sólo el choque del viento con los ventanales. Todo me daba vueltas y mi boca estaba totalmente seca, lo único que deseaba era encontrar a mi padre para que me diera una explicación, ni siquiera me sentí con fuerzas para llamarlo porque cuando lo intenté apenas y podía emitir unos leves sonidos por mi boca, lo único que salía de ella eran balbuceos.
Ya me encontraba bajando lentamente las escaleras aferrándome fuertemente con mis manos del barandal para no caerme pero di un mal paso… no pude sostenerme más y rodé por los escalones…
Golpe tras golpe me preguntaba ¿Cuándo despertaría de este horrendo sueño? Eso era lo que mi corazón pedía… que todo esto fuera sólo un sueño…
-¡¡¡Inuyasha¡¡¡Responde¡¡¡Háblame!!!
Gritaba enloquecida mi madre pero yo sólo la miraba sin poder hablar, ni mucho menos moverme.
-¡¡Inutashio¡¡Kaede¡¡Que alguien me ayude!!
Los gritos estridentes de mi madre resonaban por toda la casa y para mi era como si me estuvieran perforando la cabeza con un taladro.
-¡¡¿Qué pasa qué son esos gritos Izayoi?!!
Mi papá acaba de llegar y cuando me vio tendido en el suelo se horrorizó aun más.
-¡¡¡Inuyasha!!!
Él no podía creer lo que me ocurría y se arrodilló en mi auxilio pero yo seguía sin responder sólo miraba cómo desesperados trataban de ayudarme.
-¡Se cayó de las escaleras¡Hay que llamar a una ambulancia!
Decía mi madre con lágrimas en los ojos.
-¡¡Kaede ¿Qué esperas pide ayuda?!!
Gritó fuera de sí papá.
-No…
Por fin pude articular una palabra.
Mi papá volvió a mirarme y sin previo aviso me tomó en sus brazos y me llevó cargando hasta mi habitación y tras él iban Kaede y mi madre. Con una patada abrió la puerta y de inmediato me colocó en la cama.
-¡¡Izayoi llama al doctor… Inuyasha tienen fiebre…!!
Volvió a gritar papá.
-Papá…
Pronuncié con dificultad.
-No se vayan… no me dejen…
Fue lo último que dije y una vez más la oscuridad me llenó y en esta ocasión no hubo sueños, todo era tranquilidad pero con absoluto vacío. Sentía que alguien me tocaba y que a la vez hablaba. Una leve lucecilla comenzó a filtrarse por mis pesados párpados que trataban con desesperación abrirse…
-Ya estas reaccionando muchacho… que bueno…
Comentó la voz de un hombre totalmente desconocida para mí.
-¿Quién es usted?
-Es el médico hijo… ha venido a revisarte.
Contestó con dulzura mamá que se encontraba parada del lado contrario.
-¿Fue un sueño?
Pregunté al recordar lo mal que me sentía anteriormente y también… que rodé por las escaleras…
-No Inuyasha, te caíste de las escaleras… afortunadamente sólo fueron unos cuantos escalones y nada grave te ocurrió…
Dijo mi madre que ahora ya se mostraba menos preocupada que antes.
Yo traté de enderezarme y ella me ayudó, pero una fuerte punzada en mi cabeza hizo que comenzara a frotármela.
-No te preocupes es normal que sientas que la cabeza te esté estallando, la dosis que te inyectaron fue muy fuerte es un milagro que esto no haya pasado a mayores…
Explicó amablemente el médico.
-¿Y por eso me siento así? Todo me da vueltas y tengo mucho asco…
Comenté porque sentía mi cuerpo totalmente extraño como si no fuera yo…
-Lo que pasa es que estás drogado, pero con reposo y estos medicamentos que te mandaré para eliminar todas esas toxinas volverás a sentirte como nuevo, pero aclaro… necesitas mucho reposo, nada de andar corriendo, brincando o peleando… ¿Me expliqué?
Preguntó con severidad el doctor enfatizando lo último.
-Si… ya entendí…
Respondí con cierta vergüenza porque me trataban como un bebé.
-Que bueno… ahora me retiro que pasen buena noches…
Decía aquel señor que ya se encontraba en la puerta.
-Muchas gracias por todo… si algo pasa lo volveré a llamar.
Rectificó mi padre.
-No se preocupe señor, sólo vigílenlo para que no ande solo… con su permiso…
Concluyó el médico. Mi padre se despidió y ordenó a Kaede que lo acompañara a la salida.
Los tres nos quedamos solos y…entonces recordé el motivo por el que me volví loco… ¡¿Cómo pude haber sido tan imbécil y olvidarme por completo de la salud de mi amigo?!
-¡¡¿Y MIROKU¡¡¿CÓMO ESTÁ?!!
Pregunté sobresaltado.
-Tranquilízate no pasó a mayores, aún vive pero…
-¿PERO QUÉ?
Insistí desesperado de que me dieran tantas largas.
-Pudieron salvarle la vida, pero su estado ha empeorado…
-¿Qué? y ¿Qué más¿Qué fue lo que pasó?
Me estaba alterando e impacientado demasiado ¿Por qué los adultos no hablan claro cuando se les pide?
-No se hijo, después de que te sedaron nos alejaron del lugar y ya no pude enterarme más, antes de traerte a la casa trate de averiguar algo junto con el señor Ishida pero la información es confidencial ahora ni siquiera el propio Abuelo puede saber la condición de su nieto.
-¡¡¡Demonios¡¡Ese Maldito de Náraku me las va a pagar!!!
Vociferé lleno de odio e ira.
-Hay otra cosa que tienes que saber y creo que esto es lo que más va a dolerte…
-¡¡Por Dios habla de una vez papá no soy un niño de cuatro años ya dime lo que sea!!
Grité molesto.
-Que tienes prohibido visitar a tu amigo, ni siquiera puedes estar en la Sala de Espera…
-¿QUÉ¿PERO POR QUÉ?
Esa sorpresa fue mucho peor que haber sido apuñalado por Náraku en sueños.
-Por el escándalo que armaste, tu pelea alteró a muchas personas e incluso a algunos pacientes, por tal motivo no puedes entrar…
Yo me quedé callado, estaba tan impresionado… ¿Acaso fui tan violento que las demás personas me veían como una amenaza?
Nos quedamos callados, el silencio fue eterno, mi cabeza pensaba en todo y a la vez en nada porque el dolor de no poder ver a Miroku me había bloqueado la mente por completo.
-¿Quieres hablar o prefieres descansar?
Preguntó papá con amabilidad.
-No quiero dormir… tengo mucho que hablar…
Contesté con desanimo y tristeza.
-Muy bien hijo te escuchamos…
Dijo mamá que ahora se encontraba sentada a lado de mí, ella me abrazó y yo me recargué en su pecho mientras dejaba que me acariciara el pelo.
Yo comencé a platicarles sobre mi sueño y el ataque de Náraku con aquel puñal y también expliqué el por qué golpeé sin piedad a ese desgraciado…
-Todo fue tan rápido que no sabía que hacer, tu repentino ataque me tomó por sorpresa y sobre todo tus fuerzas… nunca te había visto tan enojado… éramos seis personas contra ti y no podíamos detenerte, por eso tuvieron que sedarte…
Papá me explicaba lo ocurrido y yo también seguía asombrado de haber perdido el control y la cabeza de esa manera, miré mis manos como sin en ellas encontrara todas mis respuestas…
-¿Y que hicieron con ese tipo?
-No lo sé, la policía esta investigándolo porque al parecer ese muchacho no era trabajador del hospital puesto que nadie lo conocía.
-Me volví loco, por primera vez en mi vida tuve el deseo de matar a una persona…
Comenté en voz alta al desconocer esa parte endemoniada que nunca antes había aflorado en mí ser.
-Lo hiciste por defender a tu amigo, es normal querer proteger a las personas que queremos…
Decía mi mamá tratando de consolarme pero ni con esas palabras pude tranquilizarme.
-Hijo… hay algo que uno de los médicos me comentó y que yo también pienso…
-¿Y ahora qué es?
Pregunté con desenfado y fastidio.
-Tienes serios problemas para controlar tu ira… puede ser que tengas síntomas de Neurosis…
-¿Neurosis?
Dije con una leve sonrisa incrédula y con la mirada clavada en las sábanas.
-Es sólo una hipótesis pero no estaría mal que te realizaras algunos exámenes para descartarla…
-No lo sé, tengo miedo de que esto se vuelva a repetir y… termine convirtiéndome en un asesino…
-No digas tonterías no es para tanto, pero si eso es lo que quieres evitar… ya conoces la solución…
Insistió una vez mi padre.
-Creo por hoy es todo… lo mejor es que descanses…
Mi madre me dio un último beso en la frente y me tapó con el edredón mirándome con su habitual ternura que la caracterizaba y salió de la habitación dejándome solo con mi padre.
-También me retiro hijo, hoy ha sido un día muy agitado…
Comenzó a dar unos cuantos y…
-Espera… necesito que me ayudes a bajar…
-¿Bajar¿Para qué? el doctor te mandó reposo…
-Por favor papá… quiero salir de esta habitación…
-¿Piensas encerrarte en aquel cuarto toda la noche?
Yo asenté con mi cabeza y él resignado al ver que su hijo terco y testarudo no cambiaría de opinión se vio obligado a aceptar. Me ayudó a ponerme en pie y a descender sano y salvo las escaleras…
-¿Fue muy grande mi caída?
Comenté al ver el camino por el que bajábamos que ahora ya no parecía tan inmenso como antes.
-Tu madre fue la que vio todo, dice que comenzaste a caer desde aquí…
Señaló con su dedo índice el escalón e instintivamente comencé a contar y en conclusión mi "aparatosa caída" fue de tan sólo nueve insignificantes escalones.
-¿Quieres estar solo?
Preguntó mi padre una vez que nos encontramos al pie de aquella puerta.
-Si, muchas gracias… pasaré la noche aquí…
-Como digas… ¿Deseas algo más?
-No, aquí tengo lo que necesito… sólo lápiz y papel…
Me adentré hacia aquella gran habitación que estaba totalmente oscura, ahora sólo existíamos yo y el regaló de mamá. Mientras escribía…, una melodía comenzó a sonar de entre las profundidades… tan terrible y hermosa a la vez, con delicadas notas que describían con precisión mi estado de ánimo como también, mis frustraciones, mi tristeza y soledad, pero sobre todo la gran desesperación que en mi reinaba…
Desperté un par de horas después de mi último trazo recostado en el sofá cama que había en un rincón de la habitación en vuelto en una frazada que obviamente yo no puse ahí, lo más seguro es que alguno de mis padres la colocaran mientras yo dormía.
Ya me sentía mucho mejor, los mareos y los ascos habían desaparecido aunque no tanto el cansancio. Salí de aquel lugar y me encontré con ruidos en el comedor.
-¡¡Por fin despiertas hijo!!
Decía mi madre que de inmediato se levantó de su asiento y me ofreció una silla.
-No mamá no tengo hambre, además tengo que ir a la escuela y ya es tarde…
-Como gustes… pero yo opino que mejor tendrías que descansar…
-Estaré mejor allá, la casa me aburre y me fastidia.
-Bien, tu madre y yo tenemos que atender algunos asuntos y de paso te dejaremos en el Colegio ¿Está bien?
Comentó papá que ya había finalizado su desayuno.
-Si…
Subí a mi habitación a darme un baño rápido, después me vestí con mi uniforme y tome mi mochila que obviamente no había abierto desde hace dos días y bajé las escaleras. Mis padres ya me estaban esperando y subimos al coche negro, el portón comenzó a abrirse y el auto arrancó… y segundos después se detuvo a mitad de la entrada…
-¿Qué pasa?
Pregunté extrañado a mi padre.
-Se me olvidaron unos papeles…
Dijo, y salió corriendo hacia el interior de la casa, nos quedamos esperando y no sé por qué razón se me ocurrió mirar hacia una casa vecina y ahí estaba ella… parada en un balcón… Kikyou me miraba… ¡¡Demonios!! Esto no puede estar pasando. Moví desesperadamente mi cabeza de un lado a otro como si tratara de despertar de aquella ilusión y cuando volví a mirar hacia la misma dirección ella ya no estaba… ¿Acaso ya me estaba volviendo loco?
-¿Pasa algo Inuyasha
Preguntó mi mamá que me observaba por el espejo retrovisor.
-No nada, estoy bien…
Afortunadamente llegó papá y me salvó de no dar más explicaciones y salimos directo al Colegio. Pocos minutos más tarde descendí del vehículo, me despedí de mis padres con un ademán y me perdí en el Colegio. Pero lo que ellos no sabían es que yo no tenía ni la más mínima intención de tomar clases, así que sólo tuve que esperar a que el auto desapareciera y salí corriendo de la escuela en dirección al hospital. Mi único objetivo era ver a Miroku, no sabía el por qué esa desesperación pero algo en mi corazón me dictaba que él me pedía ayuda bajo aquel profundo silencio.
No me importaba si me prohibían la entrada yo buscaría la manera de evadir cualquier tipo de seguridad porque supuse que con el ataque de ayer la vigilancia se intensificaría.
La única manera era disfrazarme… ¿Pero de qué? ahora si me enfrentaba a un gran problema. Para mi fortuna el vigilante no era el mismo de hace dos días y pase inadvertido, el primer paso ya estaba dado, ahora venía lo más difícil… me mantuve en la Sala de Espera del primer piso mirando hacia todos lados buscando la manera de poder adentrarme al quinto piso. Así me mantuve por más de una hora hasta que por fin la esperanza brilló en mi cuando vi que dos camilleros cambiarían de turno, era ahora o nunca…
Los seguí de manera discreta hasta los vestidores, ellos desaparecieron detrás de una puerta blanca, me acerqué y en medio de ella había un letrero que decía: "No entrar. Sólo personal autorizado"
-¿Y usted quién es?
Preguntó una voz dura detrás de mí. Yo me quedé en seco con la mano a punto de abrir aquella puerta.
-Le hice una pregunta.
Giré mi cuerpo y frente a mi se encontraba un hombre de estatura alta no mayor de cuarenta años, moreno, de cabello negro y corto con facciones toscas pero con una mirada inquisitiva y penetrante.
-Nada… me perdí…
Contesté sosteniéndole desafiante la mirada, sin mostrar ningún tipo de debilidad.
-No te creo… y ahora que te veo bien… tú eres el muchacho que ayer armó una trifulca en el quinto piso ¿Verdad?
Ahora si estaba perdido, ya me habían reconocido y en cualquier momento llamarían a seguridad y me echarían del hospital y mis padres se enterarían, me reprenderían y por supuesto me castigarían por desobedecer sus órdenes y faltar a la escuela.
-Si soy yo… pero yo lo único que quiero es ver a mi amigo…
Respondí con voz firme y sin inmutaciones pues no me largaría de ese lugar sin lograr mi objetivo.
-Sabes que tienes prohibida la entrada ¿Y aún así pretendes evadir toda la seguridad que ahora vigila a ese paciente? Tienes agallas muchacho pero la intención no será suficiente para que lo puedas ver.
Decía aquel sujeto en tono irónico
-Ya lo sé, pero necesito estar con él, es mi único amigo y no me iré sin antes verlo…
Repliqué desafiante y sin temores. Aquel señor se quedó pensativo, a ratos me miraba y luego se volvía a perder en sus propios pensamientos.
-Al parecer el destino está a tu favor, precisamente cambiarán al paciente de habitación… mira es muy arriesgado y puedo perder el trabajo pero…
-Haré lo que sea, no importa…
-Bueno te conseguiré un uniforme, no te prometo mucho pero me ayudarás a trasladarlo, por lo menos tendrás unos minutos para verlo…
Dio un último suspiro ya que con aquella proposición se estaba jugando su trabajo y libertad.
-Espérame en el sanitario de varones, ahí te alcanzaré.
-¡¡Muchas gracias!!
Exclamé alegre y emocionado¡Por fin vería a Miroku!.
Esperé en los baños tal y como aquel hombre me dijo, no fue mucho tiempo cuando volvió a aparecer con un uniforme azul cielo.
-Espero que te quede, es lo más cercano que encontré a tu talla.
Comentó con la respiración entrecortada y algo nervioso ofreciéndome aquellas prendas.
Inmediatamente me cambié y dejé mis cosas escondidas en el ducto de ventilación que pasaba por encima de los retretes.
-Ponte esto para que no te reconozcan…
Me extendió un cubre bocas y una cofia para el cabello.
-Bien andando, actúa lo más natural posible, no mires a nadie, actúa como si estuvieras aburrido o molesto.
-Está bien…
Salí vestido de enfermero. En mi cuello llevaba colgando un gafete que pertenecía a un tal Katsushiro Hokusai al parecer no era mayor que yo quizás unos dos años pero parecía muy joven y la diferencia no era mucha.
-El único problema con esa foto son los ojos, el color de los tuyos es muy extraño pareciera que fueran dorados…
Comentó el señor al ver como contemplaba aquella identificación.
-Si lo sé, es gracias a eso que las personas me identifican y se acuerdan de mi al instante, de tener otro color yo creo que pasaría desapercibido como cualquier mortal.
Contesté a manera de tranquilizar mis nervios con aquella conversación y mirando una vez más la foto. En nada nos parecíamos aquel sujeto y yo y rogaba a todos los dioses que no me descubrieran porque ahora también ya tenía la preocupación de provocarle un problema mayor a aquel amable señor por mi culpa.
Ascendimos por el elevador, las puertas se abrieron y tal como me dijeron no miré a nadie, pero alcance a ver a lo lejos al Abuelo que se encontraba sentado. Seguimos caminando, aquella habitación estaba cada vez más cerca pero ¡Oh sorpresa! Al pie de la misma se encontraban instalados dos centinelas, unos monigotes como de dos metros, vestidos de traje negro y con semblante asesino mirando hacia todos lados cual si fueran halcones acechando a su presa. Nos detuvimos delante de ellos…
-Identificaciones por favor…
Ordenó uno de ellos, el más osco. Sentí que el mundo se me venía encima y que nos descubrirían yo traté de actuar lo más natural posible pero evadía su mirada. Cuando enseñé mi falso gafete comencé a preocuparme más porque el guarura me miraba de pies a cabeza, como si sus ojos fueran de rayos X…
-Quítate el cubre bocas.
Me ordenó con el ceño fruncido, y los pies me temblaron de tan solo escuchar eso.
-Disculpe señor pero no podemos hacer eso, va contra nuestras reglas de sanidad.
Intervino hábilmente mi salvador.
-Está bien… el doctor está esperando el traslado avísenle cuando hayan terminado.
Contestó déspota y molesto el gorila ese.
-Vamos…
Me dijo el señor y me tomó por el brazo. El corazón me palpitaba hasta el punto de estallar. La puerta se abrió, cerré por un momento los ojos y respiré hondo, luego volví a abrirlos y ante mi la escena más triste y deprimente que jamás haya visto. Ahí estaba él, inerte en esa gran cama, con aparatos, tubos y agujas por todos lados. Me acerqué más, su cara estaba cubierta por una máscara de oxígeno pero se podía distinguir un rostro de lo más pálido, podría pasar por un muerto eso sin mencionar que la parte alta de su cabeza estaba rodeada de vendas.
-Miroku…
La voz se me entrecortaba. No sabía si gritar o llorar.
-Pobre chico… tan joven y que le tenga que pasar esto…
Comento mi acompañante con tono no muy lejano de lo que podría ser la lástima y la compasión. Me acerqué más a mi amigo toqué su mano, estaba helada.
-Hola amigo… ¿Cómo sigues?
Pregunté sabiendo que no recibiría ninguna respuesta, mucho menos una sonrisa de su parte.
-Te dejaré un minuto a solas pero no tardes no tenemos mucho tiempo, iré a revisar la otra habitación.
Acto seguido el señor salió. Y yo me acerqué más a Miroku…
-Oye… por favor despierta… vamos… sé que me escuchas, tú me llamaste en sueños y aquí estoy, todos estamos preocupados por ti… amigo… qué no te das cuenta de que te necesitamos… que yo te necesito… no tengo con quien platicar… no he reído desde que estás dormido… Miroku por favor despierta…
Una lágrima resbaló por la mejilla de mi amigo lo que me demostraba que sí me escuchaba y que él al igual que yo estaba sufriendo más que nadie.
-No llores… ya no estás solo, me tienes a mí y no descansaré hasta hacer pagar a Náraku por lo que te hizo, te lo juro, su vida no bastará para compensar un poco, lo mucho que te ha hecho sufrir.
Con mis dedos sequé las pequeñas gotas amargas que comenzaban a resbalar por su rostro.
-¡Se acabó el tiempo, vamos tenemos que trasladarlo!
Dijo repentinamente aquel extraño compañero. Desconectó algunos aparatos y mientras el sacaba la cama de la habitación yo conducía el equipo al ritmo de mi compañero para que no se desconectaran. Y así trasladamos todo a otra habitación mucho más grande pero la más alejada y oculta de todas. Instalamos a Miroku, el tiempo apremiaba y teníamos que salir pronto antes de que algún médico llegara y me reconociera…
-Listo, vámonos ya…
Ordenó mi compañero.
-Nos vemos Miroku, la próxima vez que nos veamos ahora sí podremos hablar…
Me despedí de mi amigo y hubiera deseado que por lo menos su rostro esbozara una leve sonrisa pero no, seguía igual, ojala y mi visita haya servido de algo para hacerlo reaccionar. Salimos sin problemas del segundo piso y cuando estábamos en el elevador los dos suspiramos al mismo tiempo.
-Vaya esto si que estuvo para morirse… ¿Y dime ya estás más tranquilo?
Preguntó aquel señor mientras se secaba el sudor del rostro con su gorro.
-Bastante, ahora puedo confiar en que él despertará pronto, yo lo sé…
Me encontraba ya muy seguro y mucho más relajado. Volvimos a entrar al baño, recogí mis cosas y me cambie de atuendo, de ser un enfermero pasé de nuevo a ser un simple estudiante común y corriente.
-Muchas gracias por todo… creo que no tengo con que pagárselo…
Agradecí amablemente y de la manera más sincera pues lo que había hecho conmigo no tenía nombre.
-No te preocupes muchacho lo hice con mucho gusto.
Me tendió la mano, nos despedimos y salió sin mencionar una palabra más desapareciendo detrás de una puerta…
-¡Que estúpido ni siquiera le pregunté su nombre…!
Exclamé en mis adentros, pero cuando salí él ya no estaba, se había esfumado, así como apareció también desapareció, sin dejar rastro…
Miré mi reloj, tenía que apresurarme a llegar a la escuela antes de que notaran mi ausencia aunque conociendo a Kyo de seguro ya se había percatado de mi inasistencia.
Mientras corría entre una calle y otra me preguntaba de dónde había salido aquel hombre tan extraño, no es muy común encontrarse a personas tan amables hoy en día y sospechaba que la mano "angelical" de alguien que yo conocía estaba detrás de todo esto.
Llegué al Colegio, faltaba poco para el receso, había gente en todos lados y muchos cuchicheaban cuando pasaba junto a ellos, de seguro hablaban de mi numerito de hace unos días. Los ignoré por completo y seguí con mi andar hasta que una fémina silueta captó mi atención, era ella, estaba sentada bajo un árbol, sola… ¿Sola¿Y dónde estaba su hermana¿Estaría enferma? Bueno… yo la vi muy mal… ¿Y eso a mi que me importaba? Si la niña esa estaba tendida en una cama… no era mi problema. Pero aún así no dejaba de mirar a Kikyou…
-¿Te gusta verdad?
Yo me sobresalté al escuchar esa voz y de inmediato giré mi cuerpo de manera muy torpe como si me acabaran de encontrar haciendo una de mis peores travesuras.
-¡No me espantes así!
Le reclamé molesto a Kyo mientras que mi pobre corazón aún no se recuperaba del susto.
-Oye tranquilo… no pensé que mi voz te impactara tanto… o ¿Será que lo que te dije es cierto…?
Comentó con voz burlona.
-¡No digas tonterías!
Exclamé avergonzado.
-¿Y entonces por qué estás tan nervioso?
Kyo se gorgojeaba de lo lindo porque no recibió respuesta alguna y más cuando yo evitaba su mirada.
-¿Qué no se supone que deberías estar en la dirección?
Traté de cambiar de tema para que olvidara lo ocurrido.
-¿Acaso no tengo derecho de pasearme por la escuela y saludar a uno de mis alumnos más problemáticos?
Preguntó él con aire ofendido.
-Por favor no me vengas con esas tonterías…
Repliqué incrédulo de aquellas palabras tan más falsas.
-Piensa lo que quieras pero al menos estoy en todo mi derecho de preguntar el por qué te has ausentado a clases el día de hoy…
-Si ya sabes para qué preguntas…
Kyo me miró con seriedad y luego dijo.
-Te espero en la dirección, llegaré en un momento porque tengo que buscar a tu her… bueno a uno de tus profesores.
Él se alejó y yo respiré profundo, tratando de sobreponerme a una sensación tan desconocida para mí. Volví a mirar hacia el árbol y ella aún seguí ahí, ahora me miraba fijamente pero yo no pude resistir más y me alejé con prisa rumbo a La Dirección con la cabeza baja renegando una y otra vez a estas sensaciones.
Esperé tal y como dijo mi maestro, pero fuera de la dirección, porque la "amable" de su secretaria no me dejó pasar y me tuve que conformar con mirar a través de las ventanas para evadir las miradas continuas llenas de desaprobación por parte de aquella mujer, y el tan esperado director no llegaba…
-¿Estás seguro que el director te espera?
Preguntó ella con el ceño fruncido y voz chillona.
-Que si…
Respondí entre dientes sin mirarla.
-Mejor regresa a tus clases porque el Señor Director no tiene tiempo para estarlo perdiendo con alumnos fracasados como tu…
Su tono era más chirrearte y nefasto
-¡Ya cállese y deje de molestar!
Exclamé ya fastidiado pero sin darle la cara. Y en eso escuché como se levanta con violencia de su silla y me gritaba enfurecida:
-¡¡Mira niño tú no tienes derecho a ofenderme¡¡Esto lo sabrá el Director y ya verás como te va a ir!!
-Me importa un comino sus "influencias"…
Respondí desafiante y también para enfurecer más a la tipa.
-Tú no durarás mucho aquí… hay muchas personas que te desprecian… y el Director es una de ellas… así que mejor ve buscándote alguna escuela para reclusos donde te puedan aceptar..
-¡¡CON UN DEMONIO YA CIERRE EL PICO ME TIENE HARTO!!
Grité ya fuera de mis cabales.
-¡¡KUROSAKI QUÉ RAYOS LE PASA!!
Exclamó Kyo muy molesto.
-Señor este joven desde que llegó me ha estado ofendiendo… tiene que castigarlo…
Chillaba la vieja esa con fingidos sollozos donde ni una lágrima salía. Yo me quedé callado, en verdad ni valía la pena seguir discutiendo por algo tan insignificante.
-Yo arreglaré esto… puede regresar a sus labores…
Comentó él y lo que no esperaba es que Kyo me tomará de la parte trasera de mi Gakuran (chaqueta de cuello alto normalmente de color negro que utilizan los estudiantes varones hasta la preparatoria) y me llevara a rastras hasta la Dirección como si fuera yo un vil costal y este acto obviamente causó gran satisfacción a la "señorita" que me miró con absoluta superioridad. Ya en el interior del recinto y una vez cerrada la puerta Kyo me soltó.
-¿Te lastimé?
Preguntó él ya con tono pasivo cuando me soltó para después sentarse en su gran silla marrón detrás del escritorio.
-Algo… ¿Hasta cuando tendremos que hacer esto?
Comenté mientras me frotaba el cuello a causa del dolor.
-Perdóname pero tengo que hacerlo, ella es una espía…
Respondió él con cierto tono de aburrimiento.
-¿Una espía¿De quién?
-De Kuroda…, ese hombre lleva tiempo vigilándome esperando que en cualquier momento cometa yo un error y así poder quedarse con mi puesto.
-Ese enano… todavía me debe unas cuantas…
Mi sed de venganza no se había menguado en lo absoluto y mi desprecio por aquella basura tampoco.
-Pero ya no hablemos de cosas insoportables… dime ¿Cómo está tu amigo¿Pudiste verlo?
-¡Lo sabía…! tú tuviste algo o mucho que ver para que yo pudiera ver a Miroku.
Mis sospechas eran acertadas, el haber encontrado a ese amable enfermero no fue simple casualidad.
-Sólo te di un empujoncito…
Respondió él con satisfacción por su proeza.
-¿Y quién era ese "hombre misterioso"?
-Un viejo conocido, cuando me enteré que te habían prohibido la entrada le pedí ese pequeño favor…
-¿Tan predecible soy que adivinaste lo que tenía planeado?
-Te conozco muy bien Inuyasha… podrás engañar a tu padre pero a mi no… ¿Crees que no me di cuenta cuando llegaste al Colegio e inmediatamente saliste corriendo no sin antes esperar a que tus padres se fueran?
-Pues me lo imaginé, pero aún así fue muy arriesgado pedirle a ese hombre que me ayudara, pudo haber perdido su trabajo o incluso ir a la cárcel…
-¿Te arrepientes de lo que hiciste?
-No…
-¿Entonces de qué te preocupas? Mira… si mi amigo no te considerara una persona confiable y sincera no te hubiera apoyado ni aunque yo mismo se lo hubiera pedido de rodillas ¿Comprendes? No fue mi influencia la que te ayudó a poder ver a ese muchacho, fueron tus deseos por ayudar a tu amigo…
Con esas palabras comencé a sentirme más confortado, incluso con algo de orgullo, era muy agradable sentir de vez en cuando ese tipo de sentimientos.
-¿Y cómo lo viste?
-Muy mal, pero estoy seguro que me escuchó y pronto volverá con nosotros, es sólo que está atrapado en aquel mundo lleno de confusiones.
-Pobre chico… no me gustaría estar en su lugar… ha sufrido demasiado…
-Si lo sé… y hablando de otras cosas ¿Qué hacen esos dos gorilas custodiando la entrada de esa habitación?
-Ahhh pues verás los envió la policía ayer a causa del conato de asesinato…
-Supongo que el culpable fue al tipo al que golpeé…
-Así es, pues entre sus ropas encontraron el medicamento que le suministró al paciente…
-¿Y que medicamento era como para provocarle un infarto?
-Sólo supe que era una droga en una dosis muy alta, los médicos no quisieron hablar de ello y a pesar de que lograron restablecer al joven Ishida no descartan la posibilidad de algunos daños neurológicos.
-¡¡Y todo por culpa de Náraku!!
-Ya lo están investigando… pero no se puede hacer mucho si el agredido aún no declara, sólo debemos confiar a que él recobre el conocimiento y se haga justicia, es el único que sabe lo que en realidad pasó.
-Es verdad, pero me desespera ver que ese maldito siga pavoneándose por la ciudad como si nada…
Empuñé con fuerza mis manos, tan sólo escuchar el nombre de ese mal nacido me trasformaba completamente.
-Y cambiando de tema… ayer no te presentaste a tu castigo…
-¿Ni tú ni mi papá pueden olvidar eso? Obvio que ayer no me presenté porque estaba sedado…
-No te enojes conmigo por recordarte que tú mismo tuviste la culpa de lo que pasó, esa chica trabajó doble, así que si eres un poco caballeroso y para estar a mano deberías por el día de hoy hacer la parte que le toca…
-Ya que… y mejor me voy porque con sólo recordar el dichoso castigo me irrito…
-Entonces regresa a clases…
Salí de la dirección ignorando la presencia de aquella irritable mujer por completo y me dirigí directamente a mi salón. Al entrar todos guardaron silencio y como siempre a murmurar. Me senté y fijé mí vista en el horizonte para perderme por completo en mis pensamientos, en un mar lleno de confusiones donde mi mayor preocupación y prioridad era el bienestar de Miroku y también de vez en cuando Kikyou ocupaba un pequeño espacio. Las horas pasaron y yo apenas y puse atención a las clases, yo sólo veía que los maestros hablaban, anotaban y borraban cosas del pizarrón, pero nada de lo que escribían me interesaba. Sonó la campana, fui el último en salir, ahora mi misión era buscar a Kikyou porque yo no tenía ni la más remota idea de lo que teníamos que limpiar…
Pero la sola idea de tenerla tan cerca de mi me aterraba ¿Pero por qué¡Es sólo una mujer¿Qué de malo puede tener? Mucho… porque ahora ya no podía apartarla de mis pensamientos ¿Por qué ella¡Habiendo tantas mujeres precisamente tenia que ser ella! Porque… es la primera persona que se ha enfrentado a mi sin ningún temor.
-¿Qué no oyes cuando uno te habla?
Desperté del sueño en el que me vi invadido repentinamente y ahí, enfrente de mí, estaba ella, con su mirada fría y su semblante molesto.
-¿Qué quieres?
Pregunté fingiendo algo de molestia para que no notara mi distracción.
-Que si hoy te vas a dignar a cumplir con tu trabajo o puede que seas tan miserable para largarte otra vez y dejarme sola…
-Cuida tu tono, a mi no me hables así que no estoy de humor para aguantar tu fastidiosa voz.
Su comentario me había molestado y me regresaron a la realidad y recordé que aún le tenía bastante rencor por lo que me había hecho.
-¿Por lo menos puedo saber por qué no te presentaste ayer?
Decía ella más molesta con su tono mandón.
-Eso es algo que a ti no te importa y mejor dime que tengo que hacer, quiero acabar rápido porque tengo cosas más importantes que hacer que estar aguantando tu horrible presencia.
Ella me miró con más furia y empuñó sus manos, luego cerró sus ojos y respiró hondo, después me aventó la escoba que llevaba en las manos.
-Hay que limpiar los salones de primero…
Dicho esto dio media vuelta y comenzó a caminar, yo la seguí. Llegamos al pasillo de los primeros y ella entró en una de sus aulas.
-¿Por qué me sigues?
Decía ella con fastidio.
-Por que se supone que tenemos que limpiar ¿O no?
-¿Creíste que haríamos equipo? De veras que eres un idiota… yo limpiaré este salón y tú harás otro… lo menos que quiero es compartir mi tiempo contigo…
Yo me enfurecí aún más ¿Tanto era su odio hacia mi? Estuve a punto de aventarle la dichosa escoba en su cara, no sin antes propinarle una buena dosis de groserías y maldiciones, pero me tuve que controlar para que no me siguieran castigando, los trabajos de limpieza ya me tenían harto. La ignoré, le di la espalda y de un portazo abrí de mala gana otro salón, estuve apunto de tirar la puerta pero afortunadamente no pasó a mayores y de inmediato me puse a hacer mi trabajo.
Terminé en media hora y haciendo cuentas si en total eran seis salones, nos correspondía por lo tanto tres salones a cada uno, así que sólo me faltaban dos y pronto me largaría de ahí. Cerré el salón ya limpio y mientras me trasladaba hacia la otra aula pasé por donde Kikyou se encontraba y cual fue mi sorpresa con el numerito que me encontré… mis ojos no podían creer que siendo una mujer fuera un desastre para la limpieza, incluso yo lo hacía mejor que ella, el salón estaba encharcado de agua y jabón y ella obviamente muy desesperada porque el salón no se secaba… pero como rayos quería que se secara si lo único que hacía era meter una y otra vez el trapeador al recipiente pero sin exprimir…
-¿QUE TANTO MIRAS?
Gritó ella furiosa.
-Nada… solo pasaba por aquí, pero yo te aconsejaría que exprimieras un poco el trapeador a lo mejor con eso te puedes librar del agua…
-¡¡LÁRGATE DE AQUÍ!!
Y esta vez además de sus gritos me aventó la cubeta con lo que quedaba de agua, pero fue algo fácil de evadir…
-Que pena… ahora tendrás que limpiar también el pasillo y ni creas que voy a ayudarte…
Comenté en tono burlón y esto la enfureció aún más que cerró con furia la puerta haciendo que algunos cristales vibraran. Ni hablar, la histeria de esa mujer sobrepasaba los límites, lo mejor era ya no hacerle caso. Otra hora trascurrió y mi trabajo terminó, recogí mis utensilios, volví a pasar por el territorio de Kikyou y al parecer seguía enclaustrada en aquella habitación. Me importaba un comino lo que le ocurriera, mi trabajo ya estaba hecho y era su problema si aún no terminaba.
Salí del Colegio y mis pies inconscientemente me llevaron hacia mi trabajo, pero estaba… ¿Abierto¿Por qué el abuelo abriría el negocio? No pude con la curiosidad y entré…
-Buenas tardes joven… ¿En qué puedo servirle?
-¿Mamá¿Qué haces aquí?
Pregunté asombrado, no podía creer que ella se encontrara en este lugar.
-¡Hola Inuyasha¿Cómo te fue en la escuela?
¡No podía ser¿También papá estaba aquí¿Qué clase de broma era esta?
-¿Te sientes mal?
Preguntó mi mamá al ver mi rostro pasmado.
-No, estoy bien… pero díganme ¿Qué hacen ustedes dos aquí?
-Pues nos ofrecimos a ayudarle al señor Ishida ya que anda algo preocupado por los gastos del hospital…
Respondió mi padre.
-¿Y porqué no me dijo nada¡Yo puedo pagar todo!
-Lo mismo le dije pero no aceptó y no hubo poder humano que lo convenciera por eso me ofrecí a ayudarle de esta manera… aunque francamente… dudo que con lo que se vende aquí pueda cubrir con los gastos…
Decía él con pesar y desilusión mirando su entorno.
-Hablaré con él… y lo haré recapacitar…
-Como gustes, pero te recuerdo que…
-No puedo entrar al hospital… ¡Ya lo sé papá no tienes porqué recalcármelo a cada rato!
Interrumpí molesto y fastidiado.
-¿Ya comiste?
Intervino mi mamá cambiando de tema y dando por finalizada la discusión.
-No¿Ustedes ya?
-Kaede traerá en un momento la comida si quieres puedes comer aquí con nosotros.
-Está bien…
El día llegaba casi a su fin y la noche comenzaba a anunciar su presencia, todo el tiempo estuve acompañando a mis padres, que negociantes inexpertos en esta materia, no tenían ni la más mínima idea sobre los productos, precios y ventas, pero conociendo la habilidad de papá mis enseñanzas ya serían inútiles para el siguiente día, aún así, la noble acción que mis padres realizaban me indicaban que su regreso a Italia tardaría más de lo esperado y reconocí que todo esto lo hacían por mi. El negocio cerró y los tres regresamos a casa un tanto exhaustos y yo lo único que pedía a gritos era mi cama, pues llegando a mi habitación fue lo primero que hice. Y otro día más, lleno de completo vacío culminó para dar paso a otro lleno de monotonía…
Como todos los días me levanté, bañe, vestí y bajé a desayunar con la misma apatía de siempre, me despedí de mis padres y me encaminé al Colegio y al salir de la casa…
-¡¡¡Apúrate Kagome!!!
La sangre se me heló por completo al escuchar esa voz, más fue mi asombro cuando la vi parada del otro lado de la cera con mochila al hombro, violín y bicicleta en mano. Me negaba a creer lo que mis ojos me mostraban, Kikyou estaba ahí, justo a pocos metros de mi saliendo de la casa vecina y ella al sentir mi presencia de inmediato volteó a verme y al igual que yo se quedó helada y nos miramos perplejos y estupefactos por mucho tiempo hasta que llego la hermana menor que también me miró con la misma sorpresa o quizás hasta más. Algo murmuraron entre si y Kikyou como era natural en su carácter aventó su bicicleta hacia el interior de su vivienda y tomó a su hermana de la mano y las dos se fueron prácticamente corriendo sin decir nada. Mucho fue el tiempo, a mi parecer, en que me quedé completamente estático y con la mente más confundida que siempre ¿Pero cómo era posible que no me diera cuenta que ellas eran mis vecinas¡¡¡Qué perdido me encontraba del mundo!!! Y entonces tuve un recuerdo vago, aquella conversación con mi mamá en el hospital el mismo día que llegó a Japón:
-"…nuestros vecinos ya no son los mismos, muchos se han mudado, precisamente ayer una familia se cambió a la casa de enfrente, vi a dos niñas con su madre, supongo que nunca han estado aquí porque una de ellas se veía algo asustada…"
Más claro no podía ser, aquellas "niñas" que vio mamá eran ellas y era lógico pensar que la miedosa era esa muchachita llamada Kagome. El mundo era demasiado pequeño y jamás pensé que esas chicas estuvieran tan cerca de mí, a tan solo unos pasos. Se me fueron por completo las pocas ganas que tenía para ir a la escuela pero no había de otra tenía que asistir, por lo menos para cumplir mi castigo. No deseaba en absoluto encontrarme con ninguna de ellas aunque era inevitable ver Kikyou. La mañana trascurrió de manera rápida, las clases terminaron y como siempre no puse atención a ninguna de ellas. Ahora mi siguiente paso era buscar a mi "adorable" compañera de limpieza pero en cuanto me vio puso su típica cara de desprecio. La rutina fue la misma, ahora nos tocaba limpiar los salones de segundo, ella se encerró en un aula y yo por el contrario termine mis tres correspondientes salones cuando ella ni siquiera llevaba uno. Salí de inmediato de la escuela y por alguna extraña razón en lugar de ir hacia mi trabajo fui directo a casa dónde Kaede me recibió totalmente emocionada…
-¡¡Joven Inuyasha por fin llega!!
-¿Y ahora que pasa?
Pregunté desconcertado pues no distinguía si esos gritos eran de emoción o un mal augurio.
-¡¡Ya despertó!!
-¿De que hablas?
-Acaban de hablar del hospital… ¡¡El joven Miroku por fin ha despertado!!
Dejé a Kaede con la palabra en la boca porque salí corriendo a toda velocidad hacia el negocio de los Ishida ¡¡Por fin reaccionaste Miroku¡¡Lo hiciste!! Gritaba en mis adentros, estaba emocionado, alegre, feliz, lleno de júbilo, por momentos deseaba gritar lleno de emoción pero mi garganta se había cerrado por completo a causa del frenesí. Seguía corriendo sin detenerme, sin fijarme si golpeaba a los transeúntes o si cruzaba correctamente las calles, eso no importaba, mi exaltación estaba tan elevada que llegué al establecimiento con total brutalidad que estuve a punto de tirar la puerta…
-¿INUYASHA QUE TIENES¿QUÉ TE PASÓ?
Preguntó alarmado mi padre por la forma tan bestial en que llegué, pero estaba tan agitado y me faltaba el aire que apenas y un hilo de voz emanaba por mi boca…
-Ya… des…pertó… Miro…ku… lo… hizo…
-¿Qué tanto dices? no te entiendo… relájate y toma aire hijo…
Suspiré profundo a manera de que mis agitados pulmones retuvieran por fin algo de oxigeno.
-Llamaron del hospital… Miroku ha… reaccionado…
Los ojos de mi padre se desorbitaron por completo, parecían platos, se quedó completamente helado y mudo por algunos segundos…
-¿Estás seguro¿Quién te dijo eso?
Preguntó él muy emocionado con una sonrisa en su rostro.
-Kaede me lo acaba de decir… ¡Tenemos que irnos ya!
Insistí emocionado y demasiado desesperado.
-Ayúdame a cerrar esto y nos iremos de inmediato.
Bastaron sólo cinco minutos para cerrar por completo el negocio y montarnos en el vehículo de papá. Íbamos muy rápido, podría asegurar que él se encontraba mucho más nervioso que yo…
-Te van a multar si no bajas la velocidad…
Le aconsejé y afortunadamente me hizo caso.
-Pensé que deseabas llegar cuanto antes.
-No tienes idea cuanto, pero si nos detienen perderemos mas tiempo… y a todo esto… ¿Dónde está mamá?
Se me olvidó por completo la existencia de mi madre, fue tanta la emoción y la impaciencia que no me acordé de ella.
-Fue al hospital desde la mañana a llevarle algo de almorzar al señor Ishida, supongo que ella habló a la casa y le aviso a Kaede.
-¡Te vas a pasar un alto!
Grité sobresaltado a mi distraído padre y afortunadamente alcanzó a frenar.
-Mejor yo manejo.
-No Inuyasha gracias, quiero vivir…
-¿Qué insinúas?
Repliqué molesto.
-Que eres menor de edad y no tienes licencia y también porque… manejas como loco…
-Por lo menos yo si me fijo en las señales rojas…
Esa pequeña conversación nos sirvió para menguar un poco, tanta tensión. Llegamos al hospital, nos estacionamos, bajamos a toda prisa, entramos y subimos hasta el quinto piso y ahí en la Sala de Espera estaban muy contentos mi mamá, Kyo y el abuelo que al verme me abrazó emocionado…
-¡Es un milagro Inuyasha¡Mi nieto regresó a la vida!
Yo sólo sonreí, tenía una cantidad de sentimientos encontrados que no supe que decir, lo único que se me ocurrió fue corresponder el abrazo.
-¿Ya puedo verlo?
Pregunté ansioso.
-Aún no, tenemos que esperar hasta mañana, me dijeron que quizás hasta en la tarde…
Respondió el abuelo con cierto tono de desilusión y compartí con él ese sentimiento. Era lógico pensar que las visitas siguieran prohibidas, aunque Miroku no se encontrara ya en coma seguía delicado. Ahora lo único que podía hacer por él era simplemente esperar. Casi todos permanecimos toda la noche en vela a excepción de Kyo que tuvo que irse a las seis de la mañana a su casa y luego a la escuela.
-¿No irás a la escuela verdad?
Preguntó Kyo amablemente.
-No… hasta ver a Miroku.
-Bueno entonces por el día de hoy levantaré el castigo de limpieza porque sería otra grosería de tú parte dejar a esa dama plantada, eso no es muy cortés que digamos…
El tono de Kikyou era demasiado comprometedor y me miraba pícaramente, ahora que conocía la atracción que sentía yo hacia Kikyou no me dejaría en paz…
-Inuyasha mejor nos regresamos a la casa, necesitamos descansar tu madre está muy cansada…
Miré a mamá, el cansancio era más que notorio y no se diga en mi papá, no tuve más remedio que acceder pues el sueño también me vencía. Regresamos a casa, dormí algunas horas hasta que mi madre fue a despertarme para regresarnos al hospital.
-¿Qué hora es?
Pregunté soñoliento.
-Casi ya son las 3:00 PM.
Contestó ella.
-¡Tanto dormí!
Exclamé asombrado porque a mi me pareció sólo unos instantes el tiempo que dormité. Me levanté de inmediato y me lave la cara con agua fría para quitarme lo adormilado y diez minutos después ya nos encontrábamos de nuevo los tres en el automóvil.
-Trataré de arreglar algo con los médicos para que puedas entrar a ver a Miroku.
Comentó mi padre mientras conducía.
-¿Y ahora por qué no puedo verlo?
Reclamé molesto y fastidiado.
-Por que eres menor de edad y está estrictamente prohibida la entrada a Terapia Intensiva…
-Y otra vez con la edad… ya estoy fastidiado… ¿Por qué no dices que dentro de pronto cumpliré los 18?
-¿Me pides que mienta?
-No… pero… a mí tampoco me gusta la idea pero si es para ver a Miroku estoy dispuesto a… mentir…
-No creo que sea necesario… además tú no pareces un muchacho de 16… más bien de 14…
-¿Qué dices?
-Es sólo una broma hijo… no te enojes…
Después de ese momento "gracioso" de mi padre di gracias por haber llegado tan rápido al hospital. Ahí nos encontramos sólo con el abuelo y lo saludamos…
-¿Hay noticias?
Pregunté con ansiedad.
-Ya podemos pasar a verlo, sólo estoy esperando al médico.
Contestó muy emocionado. Y en eso llegó el tan esperado doctor al que mi papá inmediatamente abordó para que me diera su consentimiento de ver a mi amigo y después de charlar más de quince minutos el médico autorizó la entrada aunque sólo serían sólo cinco minutos…
Esperé a que el abuelo saliera media hora después, ya era mi turno y estaba muy nervioso no se por qué razón. Primero entré a una habitación donde me tuve que colocar un cubre bocas, una bata y un gorro por cuestiones salubres hacia el paciente.
-Procura que no hable mucho, está muy cansado…
Me aconsejó el médico cuando nos hallábamos al pie de la puerta dónde los gorilas seguían vigilando y uno de ellos al parecer trataba de acordarse de mí porque me miraba muy detenidamente.
-Está bien…
Respondí con suavidad ignorando aquellas miradas. Me costaba mucho dar el primer paso y abrir aquella puerta, tenia miedo sin saber la razón, pero el tiempo apremiaba y me tenía que dar prisa. Tuve que armarme de valor y traspasar aquella muralla y así fue, pude vencerla sin grandes dificultados y ante mi una cara sonriente que me devolvió el alma que hasta hace unos días perdí…
-Hola…
Saludó débilmente Miroku detrás de aquella máscara de oxígeno y conectado a todos esos aparatos.
-Hola amigo… por fin regresas…
Estaba yo tan emocionado que se me hacía un nudo en la garganta que me impedía hablar.
-Tú me lo dijiste… "la próxima vez que nos veamos ahora sí podremos hablar…"
-¿Entonces escuchaste todo lo que te dije?
Pregunté incrédulo.
-Eso me ayudó a regresar…
-¿De verdad?
Él asintió su cabeza y yo me emocioné más, su semblante seguía siendo de lo más deprimente pero el brillo de sus ojos y su habitual sonrisa expresaban sus grandes deseos por vivir.
-Me duele todo…
Dijo con tono muy adolorido mientras trataba de moverse un poco porque el estar acostado en la misma posición tantos días era de seguro, un completo martirio.
-Pareces niña… ni que fuera gran cosa lo que te pasó… tan sólo tienes algunas costillas rotas, también unas cuantas esguinces cervicales y una luxación en la rodilla, más a parte todos esos golpes…
Comenté bromeando para liberar un poco la tensión.
-Se te olvidó el golpe en la cabeza…
Rectificó él.
-Ah sí, eso también…
-Que patético… ¿Verdad?
Un indicio de melancolía comenzó a formarse en su rostro.
-Ya no hables, te estas comenzando a cansar…
Interrumpí para que Miroku no recordará esos terribles momentos
-Tienes razón… me siento muy… cansado…
-Se terminó el tiempo hijo…
Me avisó el médico.
-Tengo que irme, tú descansa…
Me despedí de él, di media vuelta y sentí como una mano cálida me tomaba del antebrazo...
-Inuyasha ¿Vendrás a verme?
Preguntó ilusionado mi amigo.
-Claro que sí tonto, vendré a verte todos los días…
Y salí de aquel lugar con cierta tristeza por no poder seguir hablando con Miroku. Pasaron cuatro días más para que trasladaran a mi amigo a otro piso, ya había salido del peligro, lo único que faltaba era el restablecimiento de su muy mancillado cuerpo…
-¡Ya estoy harto de esta cama…!
Reclamó Miroku con fastidio una tarde que me encontraba de visita. Ya se encontraba mucho mejor, más restablecido, aunque su pierna derecha seguía colgando del cabestrillo de la cama y eso era lo que más le fastidiaba, también las sospechas que los médicos tenían acerca de esos daños neurológicos se desvanecían, pero aún continuaban manteniéndolo en observación.
-Deja de quejarte y juega…
En mis visitas para animar un poco al desvalido de mi compañero nos poníamos a jugar damas chinas, ajedrez o naipes y esta vez le tocó turno a los naipes.
-Volviste a perder.
Miroku había ganado por décima vez y yo seguía en ceros y había dos cuestiones… ¿O el señor era muy bueno con las cartas o había gato encerrado aquí?
-¿Qué hay debajo de esa sábana?
Pregunté muy suspicaz sin quitar mi vista de mi objetivo.
-Nada Inuyasha sabes perfectamente que aún no puedo mover bien mis manos, lo único que hay debajo de esta sábana son mis piernas…
Contestó con tono comprometedor y una muy falsa inocencia.
-No te creo…
Y de un solo tirón levanté la sábana y en efecto no había nada más que las raquíticas piernas del joven…
-Tus piernas parecen de pollo ¿No te da vergüenza?
Comenté burlonamente.
-Eso es porque apenas estoy en vías de desarrollo…
-No seas payaso…
-¡Hablo en serio Inuyasha! ya verás… dentro de unos años este cuerpo se convertirá en el más perfecto y todos me envidiarán…
-Que iluso…
Murmuré conteniendo la risa para no lastimar el ya muy elevado autoestima de la "reencarnación de Adonis…"
-¿Qué has dicho?
Preguntó él con seriedad.
-Nada…
Contesté con inocencia.
Tocaron la puerta, era una enfermera que traía la comida de Miroku y para desgracia del "Don Juan" era una señora rechoncha y alta que podría decirse que tenía ya la cincuentena por lo menos, mal encarada, con exagerada rectitud y mirada muy penetrante. Observaba a su desvalido paciente como si le causara asco.
-Es hora de que el joven coma…
Gruño con voz gruesa y depositó la charola sobre la mesita plegable y se disponía a darle de comer a mi amigo que de inmediato esbozó una cara de terror al ver aquellas manos regordetas.
-Yo lo hago no se preocupe…
Intervine antes de que al joven le volviera a dar otro infarto. La mujer me miró con agudeza y entre cerrando los ojos como preguntándose si yo contaba con las capacidades necesarias para darle de comer a Miroku.
-Está bien… volveré después por los trastes sucios.
La mujer salió de la habitación dando zancadas largas y gruñendo de nuevo.
-¡Que susto¿Puede existir una mujer así? Parece como si la acabaran de trasladar de un campo militar ruso…
Comentó Miroku tratando de recobrar el aliento.
-O uno alemán…
Agregué yo. Miroku miró su grandiosa comida y de inmediato su cara llena de asco se hizo notar.
-Que remedio…
Trató de levantar con sus débiles manos sus dos palillos, pero no pudo…
-Ay Miroku sabes que no puedes hacer eso… dame esos palillos.
Él no podía aun mover mucho sus manos, porque una de ellas se encontraba torcida y en la otra tenía fracturado un dedo.
-Yo lo hago Inuyasha, todo esto es demasiado vergonzoso para que encima me des todavía de comer en la boca…
-Que raro… ¿Por qué no le dices eso a las demás enfermeras que te atienden?
El sólo soltó una leve sonrisa y comenzó a comer de mi propia mano.
-Esto sabe horrible… si no me morí con esa golpiza de seguro será de hambre.
Reclamó él con tono sarcástico. Desde el día en que Miroku recobró la conciencia nadie hablo sobre el tema de sus agresores, mucho menos que mientras se encontraba en coma trataron de matarlo, los médicos lo prohibieron y todos nosotros evitábamos a toda costa sacar a la luz esos momentos y al parecer el mismo Miroku lo comprendía porque no mencionaba palabra alguna sobre el asunto.
Otro día más pasó sin ninguna novedad, Náraku seguía libre, Miroku no hablaba y la policía comenzaba a desesperarse. Yo me encontraba en la escuela con mis labores de limpieza una vez más. Esta vez se nos hizo muy tarde porque nos tocó podar el césped de las tres canchas de fútbol que había. La actitud de Kikyou no había cambiado para conmigo, cada vez se mostraba más grosera, mandona y odiosa. Tomó ventaja sobre mí y utilizó la podadora mientras que yo me tenía que resignar a barrer las sobras por llegar tarde a la repartición de herramientas. La noche comenzaba caer y ya se distinguía el atardecer en el horizonte. Recogimos todo lo más rápido que pudimos y después de eso cada quien para su casa. Miré mi reloj ya casi daban las 7:00 PM y no me daría tiempo de ir a visitar a Miroku, ni modos, será otro día. Caminaba por entre las calles muy tranquilamente tomando otro camino para no encontrarme con mis "adorables" vecinas ya que desde el día en que supe que vivían justo enfrente de mi salía más tarde de mi casa y cuando salía de la escuela diario pasaba a ver a Miroku regresando ya tarde a mi casa y por supuesto no las veía en el camino. Normalmente pasaba siempre por una solitaria calle donde un río fluía a su lado, no me impresionaba su oscuridad pues diario transitaba por ahí, pero en esta ocasión percibí una sensación extraña y me apresuré a caminar.
Se escuchaban algunos gritos y mucho escándalo, era evidente que alguien se estaba peleando, no distinguía quién era y tampoco me importaba, giré mis talones y caminé en sentido contrario para ir por otra calle pero…
-¡¡¡Kagome¡¡¡Kagome¿Dónde estás?
¿Kagome? Esa voz era de… ¡Kikyou! Di media vuelta y mis pies comenzaron a correr por si solos, por instinto natural. Mientras corría las imágenes se aclaraban y ahí estaba ella, siendo sostenida por dos tipos de ambos brazos mientras otro le propinaba una serie de puñetazos en el estómago. Me enfurecí, la sangre me hervía, la ira comenzaba a resurgir en mí.
-¡¡DÉJENLA EN PAZ MALDITOS!!
Grité encolerizado y comencé a golpear a esos engendros asquerosos, la bestia que dormía en mi interior había resurgido, ansiosa de despedazar a su presa. Y así lo hice, en cuestión de segundos aquellos gusanos quedaron inconcientes en el suelo y apenas me dio tiempo para sostener a Kikyou en mis brazos…
-Oye ¿Estás bien¡Responde!
Pequeños hilos de sangre se deslizaban por su boca y con dificultad entre abrió sus pequeños ojos y me miró por unos segundos…
-Ka… go… me…
Murmuró débilmente.
-¡¡Ayúdenme¡¡Kikyou¡¡Que alguien me ayude!!
Gritó otra voz desesperada y angustiada, era Kagome. Dejé a Kikyou sobre el suelo y busqué desesperado el origen de esos gritos, pero yo no veía nada hasta que alcancé a divisar algo de movimiento detrás del montículo que dividía la calle y el agua. Corrí otra vez sin pensarlo, nunca pensé que Kagome también estuviera en peligro. Los gritos se escuchaban entre cortados, cuando logré subir había un tipo hincado a la orilla del río sumergiendo una y otra vez a la muchacha para que se ahogara. Le propiné un inesperado golpe con todas mis fuerzas en la nuca y también callo rendido, pero Kagome había desaparecido, no había de otra, ella se había hundido y entré al agua. Nunca pensé que aquel insignificante río que a diario veía fuera tan profundo, buscaba a tientas con mis manos porque todo estaba oscuro y no veía nada hasta que sentí algo sólido e instintivamente lo jalé hacia mí, era ella, ya no se movía, comenzaba a faltarme el aire y subí a la superficie. Cuando sentí el choque del agua inhalé aire profundamente, nadé hasta la orilla con ella en brazos que ya comenzaba a moverse un poco y a respirar, con dificultad escalé el montículo. Tenía que cargar con mi peso y con el de ella, escuché un leve gemido por su parte, me costaba mucho trabajo subir pues todo estaba muy resbaloso a causa del lodo que se había formado. Por fin logré subir, escuché un horrendo grito que me ensordeció, era Kagome llamando a su hermana e inmediatamente de desmayó, instintivamente giré mi cabeza ¡No podía ser! Kikyou estaba sangrando, había un gran charco de sangre que provenía de uno de sus costados. No se de dónde tomé fuerzas para cargar a Kagome, bajar y correr a lado de Kikyou. ¿Quién la había apuñaleado? Miré a mí alrededor, faltaba uno de los tres tipos que la estaban golpeando...
-No te muevas…
Una filosa navaja permanecía inerte y mortal en mí yugular, era él, el agresor.
-¿Te crees muy valiente? Por tu culpa tu amiguita pagó las consecuencias de esta manera, si no hubieras intervenido habría muerto sólo por los golpes
-Eres un miserable…
Murmuré sin ningún temor pero sí muy molesto.
-Lo siento niño pero ahora que me has visto la cara no tengo más remedio que matarte a ti también…
Acercó más la navaja a mi piel, listo para degollarme en cualquier momento pero reaccioné más rápido y le saqué el aire del estómago con un fuerte codazo, el retrocedió unos pasos y yo le quité la navaja de sus manos con una patada el tipo salió huyendo y yo detrás de él. Pero recordé que Kikyou estaba herida, el sujeto había escapado, la miré, sangraba en abundancia y para colmo comenzó a llover repentinamente. Grandes gotas de agua descendían del oscuro firmamento, la sangré no se detenía y lo único que se me ocurrió fue quitarme el Gakuran de mi uniforme y rasgar por completo una de las mangas de mi camisa, eso era lo único que me podía servir para hacer presión, pero la sangre comenzaba a filtrarse por la tela, tuve que presionar más. Necesitaba ayuda, no había nadie y el idiota de mi olvidó el celular en la casa¿Qué hago¿A quién le pido ayuda?
-¿QUÉ DIABLOS LES HAS HECHO MALDITO?
Y recibí un fuerte golpe en la cara que me derribó al suelo, de inmediato respondí a la agresión pero me detuve al ver aquel rostro. Era ese inútil de primero llamado Kouga ¿Qué diablos hacía aquí?
-¡Te hice una pregunta!
Volvió él a insistir.
-Yo no hice nada idiota…
Me defendí molestó.
-No te creo… ¡¡Kagome!!
Gritó como loco al ver a su amiga inconciente en el piso, pero sinceramente ella me preocupaba mucho menos que Kikyou
-No me interesa lo que pienses.
Rectifiqué sin darle importancia al sujeto y seguí deteniendo la hemorragia mientras que Kouga le lloriqueaba a Kagome tratando de hacerla reaccionar con sus inútiles llamados.
-¿Traes contigo un celular?
Pregunté desesperado por que la cosa se ponía peor.
-¿De que hablas?
-¡Si serás inútil¡Llama a una ambulancia¿Qué esperas?
Grité histérico para que el baboso de Kouga por fin saliera de su absurdo letargo o mejor dicho de su estupidez hacia su "amada", marcó el número de emergencia, pidió auxilio y la llamada terminó, ahora sólo era cuestión de esperar.
-¿De verdad no hiciste esto?
Insistía incrédulo él.
-Que no… fueron estos desgraciados que ves tirados… pero llegué tarde…
-¿Las asaltaron?
-Yo que sé… ¡Demonios la ambulancia tarda mucho!
Mis manos se ensangrentaban cada vez más y la lluvia empeoraba aún más la situación y el desgraciado de Kouga en lugar de ayudarme con Kikyou que era la persona más afectada seguía aferrado al cuerpo de esa chiquilla. Yo estaba muy atento a cualquier aviso de las sirenas, aguzaba mis oídos para poder escuchar cualquier indicio de que los paramédicos se acercaban. Mi desesperación estaba al límite, incluso hasta llegué a pensar en llevármela yo mismo hasta el hospital más cercano, pero mis intenciones fueron destruidas cuando me percaté de que la sirena se acercaba cada vez más hacia nosotros. Trascurrió un minuto quizás, hasta que la ambulancia llegó a donde nos encontrábamos. De inmediato bajaron los paramédicos con una camilla y me apartaron de Kikyou para atenderla, al igual que a Kouga lo separaron de Kagome.
-¿Qué pasó aquí?
Preguntó un auxiliar.
-No lo sé cuando las encontré las estaban agrediendo estos tipos.
Respondí señalando a los sujetos esos que seguían sin moverse.
-¿Son tus compañeras de Colegio?
Volvió a preguntar.
-Si… son mis compañeras…
Confirmé sin rodeos, después de todo aunque no eran mis amigas sí eran compañeras de Colegio.
-Una de ellas va en mi salón.
Interrumpió el atarantado.
-¿Saben dónde viven? Necesitamos avisar a sus padres.
Inquirió el mismo hombre.
-Yo sé dónde viven, iré a avisarle a su mamá…
Kouga se me adelantó antes de que yo dijera que vivían justo enfrente de mí casa, pero el muy ingrato salió corriendo hecho una bala y me dejó sólo.
-La chica está muy grave ha perdido mucho sangre… debemos irnos ya…
Aclaró el socorrista. Subieron a Kikyou a la camilla y en otra a Kagome, la torrencial lluvia seguía cayendo sobre nosotros, ya casi todos se encontraban arriba del vehículo y entonces otro de mis impulsos se hizo presente…
-Yo iré con ustedes…
Dije sin pensarlo porque la salud de esa chica me preocupaba mucho. El paramédico aceptó y subí con ellos. La ambulancia no podía ir muy rápido a causa de la lluvia y el tiempo nos preocupaba a todos porque entre mas trascurrían los minutos mayor era la cantidad se sangre que Kikyou perdía. Todo este espacio me parecía eterno. Miré a Kikyou, estaba pálida y su semblante no era nada parecido a lo que yo estaba acostumbrado a ver, a una mujer fuerte a la que nadie podía vencer, pero ahora se veía tan desprotegida, tan sola. Tomé su mano que obviamente estaba fría, ahora al sentir su piel un extraño sentimiento surgió en mí, como si una bestia viviera en mi estómago, no podía dejar de mirarla…
-¿Es tu novia?
Preguntó uno de los camilleros. Yo no pude contestar, más bien no supe que decir y por momentos tuve la impresión de que mi boca respondería afirmativamente, inconcientemente claro está.
-No te preocupes, todo saldrá bien…
Volvió a comentar. Por estar admirando a Kikyou no me di cuenta cuando llegamos, bajé y después los camilleros bajaron las camillas y todos entramos corriendo a urgencias, transitábamos por un pasillo bastante ancho, un médico y varias enfermeras se acercaron y dieron varias órdenes.
-Hasta aquí puedes llegar…
Me detuvo el mismo camillero de antes. No puse objeción, ahora ya no estaba en mí salvarla a ella… ¿Un momento? Este lugar se me hacia conocido… ¡No podía ser! Este hospital era el mismo donde Miroku se encontraba hospitalizado, ahora esto también era una "coincidencia" o azares del destino.
Me recargué en la pared y esperé ahí por más de una hora, pero no había noticias y en eso vi que Kouga llegaba corriendo.
-¿Qué pasó¿Dónde están sus papás?
Pregunté extrañado al ver que nadie venía acompañándolo.
-Nadie me abrió, estuve todo el tiempo esperando fuera de su casa, pero no había nadie.
-¡Pedazo de animal te hubieras esperado!
Grité impaciente y lo sujeté de la camisa con fuerza, estaba yo muy enojado.
-No pude, estaba muy preocupado por Kagome…
Chillaba el muy inútil con cara de espanto y eso me enfureció todavía más.
-¡¡Ya deja tu maldita obsesión por Kagome¡Ella se encuentra bien¡La que se está muriendo es Kikyou¿Qué no importó lo que le hicieron?
Ya me encontraba fuera de mis cabales por tener enfrente de mí a un sujeto de lo más estúpido y patético.
-Lo siento… pero es que… ¡No puedo pensar en otra cosa!
Gritó con tono angustiado y estuve a punto de propinarle un fuerte golpe pero se salvó…
-¡Jóvenes guarden silencio¡Están en un hospital!
Nos llamó la atención una enfermera que se encontraba muy molesta con mi escándalo. Yo traté de tranquilizarme y solté a Kouga con brusquedad alejándolo lo más posible de mí, su presencia me producía un asco total. Afortunadamente salió uno de los médicos que me hizo olvidar por completo el incidente y de inmediato lo abordé con preguntas…
-¿Cómo está Kikyou? La chica que llegó herida…
Él me miró de arriba abajo y me preguntó:
-¿Eres su familiar?
-No, soy un compañero de escuela, yo vine con ella.
-¿Y sus familiares?
Volvió a preguntar con seriedad.
-No he podido localizarlos… ¿Cómo se encuentra Kagome?
Intervino el payaso ese que seguía sin reaccionar.
-Bueno por lo que veo son amigos de esas muchachas, está bien les diré… a la joven que llegó inconciente no hemos podido hacerla reaccionar, sus signos vitales son normales opino que sólo fue un shock emocional y que en cualquier momento despertará pero la otra jovencita es la que más grave se encuentra…
-¿Pero por qué?
Pregunté yo muy preocupado.
-Perdió demasiada sangre y lo peor es que su grupo sanguíneo es b- y en estos momentos necesitamos donadores porque lo que tenemos en el hospital es insuficiente.
Esto no podía estar pasando ¿Por qué Kikyou tenía tan mala suerte¡Pero que tonto soy¡Yo tengo ese tipo de sangre…!
Continuará...
Bueno pues muchas gracias a todas esas personitas que amablemente me han dejado sus reviews, les agradezco sus comentarios y perdón por la tardanza pero es que casi no entro mucho al FanFiction y pues ahorita que tuve algo de tiempito decidí actualizar pronto le spondré los capítulos 5 y 6 que ya están terminados ok. Me despido bye bye.
