Discleimer: Obvio que los nombres no me pertenecen, eso le toca a la verdadera autora Rumiko Takahashi, pero la historia si es cien por ciento mía yo sólo le pedí los nombres prestados a la sensei...


Capítulo 5: El regalo inesperado…

La oscuridad… eterno vacío, un espacio infinito lleno de misterios, pero sobre todo de miedos injustificados en donde hago lo imposible por torturarme a causa de todos mis nefastos pensamientos, los cuales, no quiero recordar y sin embargo siguen ahí, persiguiéndome, atormentándome, pero he llegado a la conclusión de que sólo existen por mi propio gusto porque ellos no nacieron de la nada, yo misma los formé y moldeé y cuando mi obra maestra culminó… simplemente la deseché porque me causó pánico, eso es el miedo, un producto de nuestro pensamiento del cual no podemos despojarnos porque vivimos para él y sólo para él…

Caminaba en la nada, no había nadie, ni aire o sonido, sólo yo, mirando hacia todos lados buscando que alguien me ayudara ¿Quién era yo¿Qué hacía ahí? Olvidé todo por completo y un escalofrío comenzó a recorrerme cobijándome con su helado manto…

-¡¡Kagome!!

Gritó la voz de un hombre.

-¿A quién llamas?

Pregunté entre dientes.

-A ti…

Levanté mi vista ahí estaba él, sonriéndome, un hombre alto y maduro me miraba con ternura suprema y una leve sensación cálida comenzaba ha invadirme alejando esa frialdad que comenzaba a poseerme. Estiré mi mano, tratando de tocar a esa persona pero se alejó, su postura era la misma y la gesticulación de su rostro tampoco cambiaba y entre más me empeñaba en acercarme, él se alejaba una y otra vez, entonces corrí ansiosa y desesperada por su ayuda hasta que la orilla de un horrible precipicio detuvo mi velocidad, no pude controlar mi equilibrio y caí a las oscuras profundidades, mi caída fue tan larga que ni siquiera me percaté de la existencia del agua contra la que me estrellé. El aire me faltaba, mis instintos actuaron de inmediato ordenándome que subiera a la superficie pero no, ella no llegaba y a lo lejos distinguía una leve luz proveniente de arriba y nadé desperada hacia ella, por momentos pensé que no llegaría porque tenía la sensación de que mi cuerpo no ascendía que se encontraba atrapado, prisionero de aquellas aguas oscuras. Choqué con la superficie y por fin pude respirar, miré a mi alrededor me encontraba a la orilla de un río y de inmediato salí aterrorizada de aquellas aguas que ahora extrañamente se mostraban perfectamente limpias y cristalinas. Miré hacia atrás ahora el suelo se mostraba árido y desértico, el río desapareció completamente no quedaba nada más que tierra seca y estéril ¿Qué significaban todos estos cambios¿Acaso alguien se divertía jugando conmigo? Ahora comenzaba a espantarme y retrocedí pero tropecé con algo duro y caí, ese golpe en mi trasero me dolió demasiado tanto que hasta unas cuantas lágrimas salieron de mis ojos y me los tallé, al mismo tiempo que mis manos sentían humedad; cuando los abrí miré mis dedos que estaban cubiertos de sangre y bajé la vista de inmediato y grité del susto al ver que me encontraba encima de una persona, fue con eso con lo que me tropecé… con una mujer y una extraña sensación me invadió, yo la conocía… ella era… ella era mi … hermana… ¡¡Kikyou!! Un torrencial viento irrumpió en la escena que me hizo volar por los aires alejándome de mi hermana herida trasportándome por un camino lleno de recuerdos, toda mi vida se encontraba ahí y yo sólo pedía gritos que todo esto parara que tenía que ayudar a Kikyou… ¡¡Ya no podía más!!

Desperté sobresaltada en un cuarto blanco y de inmediato me enderecé, no pude evitar tomarme la cabeza porque me dolía mucho pero aún con todo y molestia pude reconocer que estaba en un hospital, ahora mi cuerpo llevaba puesto una bata blanca, mi mente trataba de asimilar toda esta confusión, así que tomé iniciativa y salí de inmediato de aquel lugar abriendo con fuerza la puerta para encontrarme después con largo pasillo lleno de doctores y enfermeras, caminé con cierto nerviosismo hasta que una señorita se me acercó…

-Que bueno que ya has despertado pero no deberías estar aquí jovencita…

Dijo dulcemente una enfermera.

-¿Dónde estoy?

Pregunté temerosa y muy nerviosa.

-Estás a salvo y en un hospital.

Contestó ella.

-¿Hospital?

Y entonces reaccioné recordando lo último que habían visto mis ojos, la pelea, ese sujeto tirándome al río yo ahogándome y luego a mi hermana sangrando...

-¿Dónde está mi hermana¿Está bien¿Qué le pasó?

Me encontraba muy alterada e invadía a la pobre enfermera por mis cuestionamientos.

-Tranquilízate, tu hermana está mejor ¿Por qué no regresamos a tu habitación?

-¡¡No¡¡Yo quiero ver a Kikyou¡¡Dígame dónde está!!

No había modo de tranquilizarme, nunca me había pasado esto, no tenía ni idea de dónde demonios sacaba yo todas estas fuerzas. Un médico se aproximaba y la enfermera me sostuvo con fuerza y yo ya me imaginaba lo que tramaban, me iban a sedar. Me solté de las manos de aquella mujer que desconcertada por mi acto no pudo detenerme cuando me eché a correr por el largo pasillo a toda velocidad, sentía que me alcanzaban y me interné en todos los pasillos que a mi paso encontraba hasta que me encontré con un elevador y subí de inmediato. Cuando las puertas comenzaban a cerrarse vi como inútilmente mis perseguidores trataban de detener las puertas del elevador, pero ya era demasiado tarde. No supe ni en que piso se detuvo y bajé de inmediato buscando por todos lados a mí hermana pero no había nadie ¿Dónde estaba¿En qué lugar la tenían? Me encontraba muy sofocada nunca en mi vida había corrido con tanta desesperación y por tanto tiempo yendo de un pasillo a otro. Ignoré por completo a las personas que se encontraban a mí alrededor y sin querer tropecé con una que me sostuvo antes de que cayera, la miré y con sorpresa me encontré con aquellos hermosos ojos…

-¿Estás bien¿Qué te pasa?

Preguntó Inuyasha muy preocupado sin dejar de mirarme ¿Y qué hacia él aquí¿De dónde salió?

-¡¡Ahí está!!

Grito una mujer, era la misma enfermera acompañada del mismo doctor y de otros dos tipos más vestidos de blanco. Cobardemente me escondí detrás de Inuyasha al saber que ya no tenía salida y sólo le supliqué llena de angustia...

-No dejes que me lleven por favor…

Obviamente él se encontraba muy confundido con esa situación y más cuando todas esas personas nos rodearon y de inmediato traté de buscar una salida alterna para librarme de esa gente odiosa pero era imposible.

-Tranquila no te haremos daño, sólo ven con nosotros…

Decía inútilmente aquella enfermera con tono pacífico.

-¡Déjenme en paz¡No quiero!

Les grité molesta y sollozando y el pobre de Inuyasha ya no sabía que hacer al encontrarse en medio de aquella conversación.

-No hagas las cosas más difíciles, tienes que regresar a tu habitación esto que haces te va hacer más daño…

-¡¡No regresaré hasta ver a mi hermana!!

Grité desesperada de que nadie me comprendiera, yo lo único que quería era ver a Kikyou ¿Qué nadie lo entendía? Y en mi distracción uno de esos enfermeros tomó con fuerza mi brazo derecho tratando de separarme de mi protector y atrayéndome hacia el doctor…

-¡¡Déjeme no me toque!!

Exclamé desesperada e Inuyasha de inmediato reaccionó y me alejó de aquel tipo protegiéndome con su cuerpo.

-¡¡No la toques imbécil!!

Gritó Inuyasha que lo miraba amenazadoramente y el hombre retrocedió unos pasos.

-Muchachito es mejor que te quites, no queremos lastimarla, ella está muy alterada…

Dijo con seriedad aquel médico que ya no se mostraba tan paciente como antes.

-Ya la escucharon, déjenla en paz… lo único que hacen es asustarla…

Comentó muy molesto Inuyasha desafiando a todos los presentes, eso hizo que mi corazón brincara de felicidad, él me estaba protegiendo…

-No queremos hacerle daño… nos preocupa su salud, eso es todo.

Decía la enfermera que no perdía en absoluto la paciencia e Inuyasha se volteó y me miró a los ojos.

-Haz lo que te dicen… regresa a tu habitación por favor.

Sus palabras eran muy tiernas, estaba tan emocionada que lo abracé fuertemente y comencé a llorar como una chiquilla.

-Vamos, ve con ellos, no te harán daño, lo hacen por tu bien.

Insistía Inuyasha que correspondía a mi abrazo y me acariciaba el pelo, me trataba de la misma manera que Kikyou lo hacía, eso me hizo recordarla aún más.

-No quiero que me inyecten, me van a sedar… no quiero medicinas…

Repliqué temerosa mientras me escondía más en sus brazos.

-Si prometes calmarte no lo haremos, ahora ven con nosotros…

Insistía el doctor, pero yo no le tenía confianza porque aún seguía amenazándome con esa jeringa en sus manos e Inuyasha se percató de ello.

-Mejor guarde ese sedante porque no le está ayudando en nada…

Le advirtió mi salvador que ya se había desprendido de mi abrazo, y entonces yo comencé a sentirme avergonzada por lo que hice ¡¡Cómo pude atreverme a tocarlo!! Pero él me tomó de la mano con suavidad y me sacó de mis pensamientos.

-Ven te acompañaré, no tengas miedo.

Aquella petición era tan dulce que no pude negarme y lo seguí, aferrándome a su brazo, temerosa de que aquellas personas intentaran algo en mi contra. La enfermera y el doctor iban por delante y los otros dos enfermeros nos cubrían por detrás, así llegamos al ascensor y bajamos hasta el cuarto piso, caminamos entre pasillos y una sala de espera hasta llegar a una reja de alta seguridad ¿De dónde había salido esa reja? No recordaba haber pasado por ella ¿O sí¿Y por qué tanta seguridad? Esta última cuestión obtuvo de inmediato su respuesta cuando miré uno de los letreros que decía: "Psiquiatría Área 1"

Ahora entendía porqué tanta alarma por parte de los doctores y enfermeras, este era el piso de Psiquiatría, por eso es que actuaron así, quizás pensaron que tenía un ataque de locura…

-Muchas gracias jovencito, pero no puedes pasar a esta área.

Le dijo el médico a Inuyasha pero yo me rehusé a separarme de él.

-Anda, estarás bien, yo no puedo pasar…

Insistía él muy amablemente

-No me dejes sola, les tengo miedo.

Y me aferré con más fuerza a Inuyasha.

-Necesitas descansar… estás muy pálida…

Su cálida mano tomó mi rostro, era tan suave…

-Señor deje que el muchacho entre para que la paciente se tranquilice, creo que nosotros tuvimos la culpa de haberla alterado de esa forma…, ella no quiere estar sola.

Comentó la enfermera con cierto tono de culpabilidad.

-Está bien… que el muchacho la acompañe hasta que alguno de sus familiares regrese.

Decía con desesperación y frialdad aquel médico que me miraba con total reprobación. Miré a Inuyasha, nuestros ojos se encontraron una vez más y a diferencia de las otras veces que nos habíamos encontrado en donde él siempre me miraba con desprecio, ahora lo hacía de una manera muy distinta, pero no pude definirla, podía ser tristeza, lástima o melancolía…

Atravesamos aquella reja de seguridad y yo seguí sujetando el brazo de Inuyasha hasta que entramos a mi habitación y tuve que soltarlo, él se hizo aún lado y permaneció en silencio mientras que el doctor revisaba mi temperatura, mis reflejos y presión arterial.

-Bueno por lo visto esto no pasó a mayores, te pido de favor que no vuelvas a intentar otra locura como estas.

Recriminó aquel hombre que no podía ocultar su molestia tras ese rostro de fingida paciencia.

-¿Sabe algo de mi hermana y mi mamá?

Pregunté en tono pacifico ya que mi mente no me permitía pensar en algo más.

-Por lo que sé tu hermana se encuentra en recuperación y en cuanto a tu madre no sé, quizás pueda estar cuidándola en este momento, no creo que tarde mucho en regresar.

-Gracias…

Finalicé con respeto moderando mi tono para no complicar más la situación. El médico y la enfermera salieron de la habitación dejándonos solos a Inuyasha y a mí. No hablamos por mucho tiempo y él comenzaba a impacientarse un poco, yo no me atrevía a dirigirle la palabra, sólo permanecí sentada en mi cama, muy cabizbaja mientras que la sábana blanca cubría mis piernas.

-Creo que ya estás más tranquila, mejor me voy…

Comentó él que ya se disponía a salir.

-Espera Kurosaki…

Lo detuve y él volvió su cuerpo y me miró fijamente.

-Perdón por el mal rato que te hice pasar… no sé por qué lo hice… perdóname soy… una tonta.

Las palabras salían con dificultad de mi boca, la angustia no me permitía mejorar mi tono de voz. Yo pensé que Inuyasha se iría, pero no, al contrario, tomó una silla y se sentó a un lado de la cama.

-¿Por qué lo hiciste?

Preguntó él sin dejar de mirarme y yo rehuí su mirada.

-¿Hacer qué?

Pregunté al no saber a que se refería porque en los últimos minutos hice tantas locuras que ya no sabía distinguir una de la otra.

-A escapar de este lugar…

Confirmó Inuyasha.

-No lo sé, tuve un horrible sueño en donde Kikyou estaba bañada en sangre, me alteré tanto que cuando desperté lo único que hice fue salir a buscarla, la verdad es que no supe distinguir la realidad de la ficción.

-Tuviste mucha valentía ¿No crees?

Aclaró él sin desprender su mirada de mí.

-No, siempre he sido muy miedosa, pero hoy… no sé como explicarlo… me sentí…

-Con fuerzas y no te importó desafiar a los te estorbaban…

Interrumpió Inuyasha dando una respuesta más rápida que mi propia mente.

-Puede ser… pero no creo intentar algo así de nuevo.

-¿Te sentiste satisfecha¿Libre?

-No lo sé…

-Creo que tienes carácter, sólo que aún no te conoces a ti misma pero ahora que ya has conocido un poco lo que es el valor posiblemente hagas mejores cosas.

-¿Valor? Yo no conozco esa palabra porque cuando te vi lo único que hice fue esconderme para que tú me protegieras…

-Tú y yo apenas nos conocemos y no entiendo el porqué me pediste ayuda…

Inuyasha se hallaba muy confundido y yo me avergoncé más al recordar aquel abrazo.

-Lo hice porque actuaste de la misma manera que Kikyou cuando alguien me molesta.

-Pero yo no soy tu hermana.

-Lo sé, pero por un momento sentí que me encontraba a su lado.

-¿Por qué necesitas que alguien te defienda?

Esta pregunta me sorprendió bastante y no supe que contestar y él añadió:

-No siempre tendrás a tu familia a tu lado para protegerte, debes de hacerlo por ti misma, con coraje, de la misma manera que te las ingeniaste para evadir toda esa seguridad de allá afuera.

Inuyasha me sorprendía cada vez más, sus palabras no me ofendían en lo absoluto, al contrario, me hacían sentir diferente y mi interés por seguir escuchándolo se acrecentaba.

-Es la primera vez que me dicen eso y sinceramente no tengo idea de dónde saqué fuerzas para cometer esta locura…

-No es ninguna locura, lo único que querías era estar con tu hermana y con esto que hiciste ¿Te sientes diferente?

-Un poco, aunque sigo siendo una cobarde, sino me hubiera tropezado contigo no sé que sería de mí…

-Fue suerte nuestro encuentro, eso es todo.

Me seguía mirando con sus destellantes ojos ambarinos que me envolvían en un sueño.

-Me imagino que te has de preguntar que hago yo aquí ¿O me equivoco?

Comenté porque sabía perfectamente que esa duda reinaba en la mente de Inuyasha.

-No es necesario que me lo digas, supongo que no te gusta hablar sobre tu situación.

Intervino para evadir el tema por completo pero una vez que mi secreto ya fue revelado no había marcha atrás.

-Es narcolepsia… esa enfermedad es la que me tiene aquí.

Inuyasha me inspiraba demasiada confianza pero no tuve el valor de platicarle mi trágica vida y volví a quedarme callada.

-Yo sólo estoy aquí de visita, vine a ver a mi amigo por eso es que nos encontramos.

Él trataba de justificarse, supongo que lo hacía para que yo no malinterpretara las cosas y lo idealizara como mi flamante príncipe azul montado en su majestuoso corcel.

-Entiendo…

Mi tono era muy tranquilo y desganado, todo esto era demasiada coincidencia aunque no podía negar lo feliz que me sentía, sobre todo al ver que el muchacho arrogante y violento que conocí, en realidad era una persona bondadosa aunque muy solitaria.

-Perdóname…

Comentó Inuyasha y esto me asombró por completo.

-No entiendo… ¿De qué hablas?

Pregunté desconcertada.

-Por haberte tirado aquel día y por… decirte todas esas cosas horribles, estaba tan molesto con otra persona que me desquité contigo.

Inuyasha se mostraba arrepentido y por primera vez dejó de mirarme, se mostraba cabizbajo y ahora era él quien evadía mi mirada.

-No es nada, fue un accidente yo soy la que está muy avergonzada y en nombre de Kikyou te pido perdón por lo que te hizo.

-Fue sólo una tontería… ya no importa.

Y con eso finalizó la conversación, se levantó como señal de que ya quería irse y me gustara o no tenía que aceptarlo.

-Gracias por todo Kurosaki…

-Que no fue nada y mejor descansa para que salgas pronto de aquí no me gusta este lugar para ti.

Nos tendimos la mano y después de eso Inuyasha desapareció detrás de la puerta pero yo me sentía tan feliz a su lado que se me olvidó por completo mi sueño y mi familia. Normalmente cuando me internaban en un hospital siempre me encontraba en Psiquiatría y eso me deprimía demasiado y en mis momentos de angustia llegaban a mi mente pensamientos en los que yo me volvía por completo loca y terminaba internada de por vida en un manicomio. Pero con la visita de Inuyasha eso cambió, y seguiría su consejo… "Ser más responsable para salir de aquí cuanto antes".

Recordé nuestro encuentro, la forma en que me miró y me protegió y sobre todo aquel abrazo tan dulce y cálido, el que mis manos sintieran aquel cuerpo tan firme y fornido, me envolvió por completo en un sueño donde él y yo nos abrazábamos eternamente y después un tierno beso, eso era lo que mi corazón más deseaba. Nunca he tenido novio y por supuesto nadie me ha besado y pedía con todas mis fuerzas que Inuyasha me diera mi primer beso…

-Hola hija que bueno que ya despertaste.

Me dijo mamá muy emocionada cuando volví a despertar, no supe cuanto tiempo permanecí dormida. Su semblante era muy tranquilo y me sorprendía que no se encontrara disgustada con lo que hice.

-¡Mamá¡Ya estás aquí!

Exclamé emocionada y de inmediato la abracé.

-Ya supe lo que pasó ¿Sigues asustada?

Preguntó mientras me acariciaba la cabeza con ternura.

-No, ya no tengo miedo, lo que quiero es salir cuanto antes de aquí.

-Que bueno que ya estés mejor hija pero aún no te han dado de alta.

-¿Pero por qué?

-Quieren mantenerte más en observación, consideran que estás muy alterada y nerviosa como para regresar a casa.

-Soy una tonta no debí hacer eso…

Me culpaba una y otra vez por mis tonterías y las consecuencias fueron peor de lo que esperaba.

-Ya hija no te lamentes, lo mejor es que te tranquilices para que salgas pronto.

-¿Cómo está Kikyou?

Que caso tenía seguir lamentándose por lo ocurrido, después de todo había algo que me preocupaba más que estar encerrada en estas cuatro paredes.

-Tu hermana ya está mejor, sólo que tiene que pasar una semana más en el hospital eso es todo.

-¡Una semana¿Por qué tanto?

-Es una historia larga hija, ya después te contaré con más calma ahora estoy muy cansada para hablar de eso, estos tres días han sido muy agotadores…

-¿Tres días¿Estuve inconsciente tres días?

Esto de mi enfermedad me confundía cada día más, a mi me pareció que fueron sólo un par de horas, pero resulta que no ¡¡Ya estoy harta de todo esto¡¡Odio que el tiempo transcurra sin que me de cuenta!!

-Ay hija, me duele verte así, sé lo que sufres y daría lo que fuera… incluso mi propia vida para despojarte de esa maldita enfermedad.

Mi querida madre comenzó a llorar y un terrible nudo en mi garganta se formó al ver como esa mujer tan valiente y noble se derrumbaba por completo. Muchos años se resistió a derramar lágrimas en frente de nosotras, ocultando su pena y dolor tras esa máscara de gentileza y pasión por la vida. Todo este tiempo fui tan egoísta que no me percaté de los sentimientos de mi madre, el haber perdido a su esposo de una manera tan horrible y haberse quedado completamente sola con dos hijas… debía de ser una carga muy grande para su gran corazón.

-Perdóname mamá, ya no llores no me gusta verte así…

-Lo sé corazón pero el verlas enfermas y sufriendo… me parte el corazón, no puedo evitarlo… ya no puedo más, no sabes la falta que me hace tu padre.

Tan solo el escuchar la palabra "padre" destruía totalmente mi esquema, traté de ser fuerte pero no pude y lloré desconsolada junto con mi madre, ninguna de las dos podía con tanto sufrimiento. Nuestras lágrimas comenzaron a menguarse mientras que mamá y yo permanecíamos abrazadas.

-Me dijeron que un muchacho estuvo contigo…

Comentó ella para olvidar el amargo momento mientras que yo me ponía muy nerviosa.

-¿Quién te dijo eso?

Ya no sabía que hacer ¿Cómo iba a explicarle que Inuyasha estuvo a solas conmigo? Que vergüenza…

-Fue sólo casualidad… él es sólo un compañero del Colegio…

Trataba de justificar lo ocurrido pero el semblante de mi madre comenzaba a denotar cierta curiosidad.

-¿Sólo un compañero? Pues entonces debes de tenerle mucha confianza como para que descubrieran tu secreto, te has empeñado tanto en que nadie de esta ciudad lo sepa y de buenas a primeras dejas que él lo descubra…

-Mamá no es eso… lo que pasa… es que… estaba asustada por todas esas personas desconocidas y cuando lo vi lo único que hice fue pedirle ayuda…

-¿Y lo conozco?

-Si, es el muchacho… con el que… Kikyou se enfrentó el otro día…

-¡Debe ser una broma Kagome¡No lo puedo creer!

Era lógico que se asombrara y que incluso la respuesta le pareciera inverosímil puesto que un día ese muchacho golpea a su hija mayor y días después salva heroicamente a su otro retoño de las garras diabólicas de un desquiciado médico.

-Y eso no es todo… lo más asombroso es que él es uno de nuestros vecinos.

Agregué para darle más emoción a la verdad.

-¿De verdad? Vaya… entonces hay que visitarlo para agradecerle el favor que te hizo…

-¡¡No mamá¡Ni siquiera lo pienses! No podría con la vergüenza por favor…

-No Kagome ante todo están los modales y debes agradecerle que por su oportuna intervención no te hayan sedado…

-De verdad que le di las gracias ¿No es suficiente con eso?

-¿Por qué te alteraste tanto¿Acaso te gusta?

-¡¡Claro que no!! Pero…

-Aja… con que alguien ya cautivó tu corazón.

-¡¡Ay mamá!! Ya no me hables de eso…

Estaba tan avergonzada que escondí mí muy colorado rostro detrás de mi almohada ¿Por qué mi madre era tan persistente ese tipo de temas? No me agradaba cuando se ponía así, el ambiente era demasiado incómodo…

-¡¡Por cierto!! Tus amigos del Colegio han venido a buscarte pero como me imaginé que aún no les contabas lo de tu enfermedad les supliqué que te visitaran en la casa cuando salieras del hospital…

-Gracias, no quiero que nadie más se entere de esto…

-¿Ni siquiera tu salvador?

-¿Mi salvador¿De qué hablas?

-Haber… cual era su apellido… ah sí Sukunami…

-¿Hablas de Kouga?

-Si, él fue quien las rescató de esos rufianes y pidió ayuda, de no ser por él no se que sería de ustedes.

Olvidé por completo ese detalle, vagamente recordaba esas imágenes de cuando caí al río, gritos lejanos y los brazos de alguien que me tomaba entre ellos, luego de eso… la figura de Kikyou ensangrentada.

-Así que fue Kouga quien nos ayudó.

Comenté pensativamente pues mi mente seguía sin creerlo porque… ¿Qué hacia Kouga en ese lugar y en un momento tan oportuno?

-Espero que no te niegues a brindarle tus agradecimientos y respetos a tu héroe, a él menos que a nadie.

-Claro que lo haré, lo que hizo fue grandioso y creo que nunca terminaré por pagarle lo que hizo por nosotras…

Nunca pensé que Kouga fuera un hombre tan valiente y me sentía orgullosa de tenerlo como amigo… pero… la sensación de aquellos brazos me remontaba más a los de otra persona pero yo creo que todavía seguía tan fascinada con Inuyasha que ya mi mente se encontraba muy confundida.

Sólo permanecí un día más hospitalizada, bueno de hecho fue un gran triunfo convencer a mi doctor de que me dejara regresar a casa bajo supervisión y le prometí… (de hecho casi me le hinqué…) para que me creyera de que me comportaría con responsabilidad y no cometería más locuras. Ese día no pude ver a Kikyou por obvia razones, así que me tuve que aguantar para que no me regresaran a ese lugar, pero le mande una carta con mi madre en donde le expresaba lo mucho que la extrañaba y que deseaba con todo mi corazón que se recuperara cuanto antes.

-¿Deseas algo más hija?

Preguntó mi madre una vez que nos hallábamos de vuelta en casa y en mi muy confortable habitación.

-No madre, muchas gracias lo que quisiera es tocar… ¿Dónde está mi violín?

Cuestioné muy emocionada pues mi preciado instrumento era lo más valioso que tenía y no me gustaba tenerlo tanto tiempo alejado de mis brazos. Mi madre no contesto y sólo guardó silencio y me dio la espalda ocultando su rostro.

-¿Pasa algo¿Por qué te pones así?

Esa actitud me desconcertadaza totalmente y caminé hacia ella y la miré de frente pero ella seguía evadiéndome y pude notar algunas lágrimas en su rostro.

-¿Por qué te pones así? Dime que te ocurre…

Yo insistía tanto ¿Qué era eso que mi madre ocultaba? No será que…

-¿Dónde está mi violín?

Mi tono fue más serio y esta vez mi mamá me miró directamente a los ojos. En efecto estaba llorando.

-Kagome… tienes que ser fuerte… tranquilízate…

Decía en un tono desolador, casi en un susurro.

-No puedo… quiero mi violín…

Lo pedía a gritos, me era imposible controlarme cuando se trataba de algo que yo apreciaba mucho

-Es que… no sabemos dónde está tu violín hija…

-¿Qué?

-Cuando te llevaron al hospital ni tu ni Kikyou llevaban sus cosas…

-¿Es una broma verdad?

-Que más quisiera, lo he buscado por todas partes e incluso coloqué avisos por si alguien lo encontraba…

-¡¡Es el violín de mi padre no puede estar perdido!!

Grité fuera de control y muy exaltada y salí corriendo de mi casa en busca de mi preciado tesoro y mi madre angustiada gritaba a mis espaldas pero yo no la escuchaba, mi violín era lo único que me importaba pues continuaba incrédula y me negaba totalmente a su pérdida, debía de ser una mala broma. Abrí el portón y me adentré directo a la calle, hacia aquel río donde por última vez tuve mi instrumento.

-¡¡Kagome detente!!

Volvió a gritar mi madre. Y eso que importaba, mi prioridad era distinta y correr era la única solución para poder conseguirla, pero dos personas me detuvieron, las miré eran Sango y Kouga.

-¡¡Kagome¿Qué te ocurre?

Preguntaba Sango mientras me retenía tomándome de los brazos obstruyéndome el camino.

-Déjame por favor, tengo que ir por él… no puede estar perdido…

Trataba inútilmente de zafarme de aquellas manos que me sostenían con fuerza.

-¿De qué hablas¡Kagome tranquilízate por favor!

-No puedo… ayúdame a encontrarlo… te lo suplico.

-Kagome cálmate te estás lastimando.

Decía Kouga que vanamente trataba de de tranquilizarme.

-¡¡Déjenme pasar¡¡Mi violín!!

-¡¡¡Reacciona, te estás lastimando!!!

Gritó Sango a todo pulmón y eso hizo que despertara de aquel shock emocional. Yo la miraba desesperada y Sango se encontraba totalmente desconcertada y poco a poco fui resbalándome entre sus brazos y cuerpo hasta quedar de rodillas en el suelo.

-¡Hija¿Qué te pasa¡Dime algo!

Mi madre ya se había reunido a mi lado, ahora se encontraba en cuclillas auxiliándome.

-Me han robado lo que me quedaba de vida mamá… lo perdí…

Mis sollozos eran interminables, mis lágrimas se convirtieron en un mar infinito lleno de tristeza y desolación ¿Por qué la desgracia se había convertido en mi fiel compañera¿Desde cuándo le permití quedarse a mi lado?

-Kagome levántate por favor, regresemos a casa…

Insistía mi mamá con sutileza pues sabía perfectamente que la pérdida de mi violín me causaba una terrible conmoción y un gran pesar. Traté de levantarme pero mis fuerzas me abandonaron o mejor dicho, no quise ponerme de pie, ya nada tenía sentido para mí.

-Yo la llevaré… no se preocupe…

Intervino Kouga e inmediatamente me tomó en sus brazos y me llevó directo hasta mi casa y a mi habitación, me recostó en mi cama y aún así no dejaba de llorar ¿Cómo pude haber sido tan estúpida¿Cómo demonios pude perder el tesoro más valioso de mi padre? Simplemente no podía perdonármelo, jamás me lo perdonaría, viviría para siempre con ese remordimiento y sobre todo con el dolor, con el recuerdo punzante en mi mente de aquel día en que lo tuve en mis manos por última vez.

-¿Kagome quieres hablar o prefieres estar sola?

No respondí y todos los presentes interpretaron a la perfección mi silencio, no quería dar explicaciones a nadie, ni siquiera a mis amigos que me detuvieron en mi búsqueda, me sentía molesta con ellos por haberse entrometido en mi camino. Si Sango y Kouga no hubieran estado, quizás en estos momentos, tendrían mi violín en mis manos ya que no me hubiera detenido hasta encontrarlo, incluso, no me importaba sumergirme en aquellas aguas tan escalofriantes ¿Pero qué tonterías digo? Si el agua es uno de mis mayores enemigos ¿Acaso es más fuerte mi amor por mi violín que mis temores?

Permanecí encerrada en mi cuarto todo el día, sentada en un sofá que se encontraba aún lado de mi cama, mirando a través de la ventana aquel cielo, más de dos veces mi querida madre interrumpió mi tranquilidad para obligarme a probar bocado y también por mis asquerosas medicinas. No hablé, seguía renuente a dirigirle la palabra, no sabía por qué, posiblemente por no haberme contado la verdad desde un principio. Miré a mi alrededor, de verdad el ambiente era tétrico, ya había anochecido y lo único que alumbraba mi alcoba era la luna menguante que con su fino halo de luz trataba de reconfortarme un poco, ahora, en estos terribles momentos era cuando más necesitaba de Kikyou ella siempre encontraba las palabras adecuadas para seguir adelante y estoy segura que mi hermana no se hubiera detenido en encontrar mi tesoro aunque tuviera que ir por él hasta el fin del mundo.

Todo era silencio, soledad, tristeza, dolor… aquel enigmático piano comenzó a sonar, apenas y era audible su melodía o mas bien me empeñé en no escucharlo pues con su sonido me remitía más a los tiempos en que yo tocaba, pero ya lo había decidido… jamás volvería a tocar… ocultaría mi talento en las profundidades de mi alma, pues nunca me atrevería a tocar otro violín que no fuera el mío. El piano no dejaba de tocar me incitaba a desahogarme y así lo hice, lloré, maldecí, reproché con todas mis fuerzas hasta cansarme, hasta el punto del hastío cuando mi cuerpo ya no pudiera más con mi dolor, para caer totalmente rendida, agotada por no poder expulsar ni una sola lágrima más.

Dormí en aquel sofá, ni siquiera me di cuenta cuando mis ojos se cerraron para caer en un profundo sueño, los rayos de sol me dieron la bienvenida con su tibieza a la mañana siguiente. Me levanté y salí a respirar aire fresco con una muy leve esperanza de que lo ocurrido el día anterior fuera un sueño ¡Pero que tonta eres Kagome¡Acepta tu realidad de una vez por todas!

Bajé mi cabeza recargando mis brazos sobre el borde de piedra de aquella terraza pensando en todo y a la vez en nada, pero de lo que sí estaba segura es que me sentía igual que cuando perdí a mi padre. Y otra vez comencé a llorar ocultando mi rostro bajo mis manos, así duré mucho tiempo hasta que levanté mi vista al frente para mirar el horizonte y que viera mi cara empapada por el dolor. Después de eso observé el movimiento de una persona en la casa de enfrente y ahí parado en su propio balcón se encontraba Inuyasha mirándome fijamente como siempre, yo sequé mis lágrimas de inmediato ¿Desde cuándo se encontraba ahí¿Acaso vio como me solté a llorar? Y eso que interés tenía ya, después de todo no era la primera vez que él me veía derramar una de mis tantas lágrimas pero sucedió algo que jamás me esperé de él, me saludó con un ademán de su mano. No podía creerlo, incluso me tallé los ojos como para asegurarme que lo que había visto era cierto y no una ilusión, pero no, ahí estaba él y le respondí de la misma manera, traía una taza en sus manos pero desapareció una vez que me saludó detrás de aquella cortina. No cabía duda, Inuyasha era una persona llena de sorpresas y por lo menos ese saludo me animó un poco, al parecer el día no sería tan malo y quizás podría visitar a mi hermana. Volví a entrar a mi habitación y me miré al espejo ¡Que horror! Mis ojos estaban totalmente hinchados, cubiertos de unas enormes ojeras oscuras y para colmo mi habitual color pálido, definitivamente estas no eran las condiciones para presentarme ante Kikyou, ella se preocuparía más y no le ayudaría en nada a su recuperación. Lo mejor era calmarme y permanecer en casa.

Tocaron la puerta pero no contesté, así que se abrió, era mi madre que me buscaba sigilosamente por toda la habitación…

-Aquí estoy mamá.

Le dije con tono lúgubre para que pudiera localizarme.

-¡Que bueno que estés levantada¿Cómo te sientes?

Preguntó ella muy emocionada.

-Igual…

Respondí con frialdad.

-¿Te puedo ayudar en algo?

Repitió mi madre que se empeñaba en levantarme el ánimo de una u otra forma, pero supuse que seguía sintiéndose culpable por lo ocurrido.

-Ya no te preocupes mamá, tengo que resignarme, perdón por haberte angustiado el día de ayer.

También me sentía culpable por lo que le hice a mi pobre madre que no tenía la culpa de nada, ella sólo quería protegerme para que yo saliera pronto de aquel horrendo hospital, esa fue la razón por la que no me mencionó nada acerca del violín.

-Comprendo como te sientes te dejaré sola para que descanses…

-Mamá… ¿Podrías comunicarte con Sango y Kouga para que vengan hoy a la casa? Quiero disculparme con ellos y también… contarles la verdad…

-Lo haré… pero primero tienes que desayunar algo, pediré que te suban tus alimentos a la terraza.

Dijo mi mamá más entusiasmada y yo sólo esperé que la servidumbre me llevara mi desayuno. Mientras eso ocurría me bañe y luego me vestí y en ese mismo instante fue que caí en la cuenta de que Inuyasha me había visto en pijama y con el pelo totalmente alborotado, como quien dice en la desfachatez total… ¡Que vergüenza!

Comencé a desayunar a los pocos minutos, no tenía apetito pero tenía que hacerlo si quería restablecerme más rápido y poder visitar más rápido a Kikyou incluyendo en mi menú a los espantosos medicamentos que me revolvían totalmente el estómago, y por cierto... ¿Qué día era hoy? Perdí por completo la noción de las fechas y desconocía el día en que vivía pero haciendo cuentas… se podría decir que era… ¡¡Lunes¡Ya había trascurrido una semana más! Eso quería decir que Sango y Kouga me visitarían después de clases y pensar que tendía que ponerme al corriente con los apuntes, trabajos y demás tareas… ¡Que horror mi vida era totalmente un caos con esta dichosa enfermedad!

Las horas me parecieron infinitas mientras mis amigos llegaban, no sabía que hacer, mis ánimos continuaban por los suelos y la motivación se había extinto totalmente, no podía salir de mi habitación… ¿Qué caso tenía andar vagando por la casa sin hacer nada? Las salidas estaban prohibidas por el momento y sinceramente no tenía ni la más mínima intención de animarme. Me flagelaba una y otra vez con mis remordimientos y culpas, repitiéndome cada segundo lo inútil, tonta y cobarde que era, así es… soy una "niña mimada" como bien dijo Inuyasha. Otra vez él… ¿Por qué no podía sacármelo de la cabeza? Ya recuerdo… cuando nos conocimos él me parecía un muchacho bastante solitario y con mirada triste, cubierta totalmente por una máscara de salvajismo y brutalidad y en esta segunda ocasión en que nos volvimos a encontrar aquel semblante había cambiado por completo, ahora era más humano… aunque lo único que no cambió fue su mirada vacía… ¿Qué era lo que le provocaba ser de esa manera? Pareciera como si dos personas totalmente diferentes vieran en el mismo cuerpo…

-Kagome…

Dijo en voz baja mi mamá horas después.

-¿Qué pasa?

Pregunté con desgano.

-Tus amigos ya llegaron, te están esperando en la Sala…

-Ahora bajo…

Me levanté de la cama con pesar, me sentía nerviosa… jamás había hecho esto ¿Y si mejor no les contaba nada? No… a estas alturas ya era imposible ocultar algo tan evidente, fui tan estúpida que todo mundo se dio cuenta, incluso el mismo Kouga sospechaba algo el primer día de clases.

-¡Vamos Kagome ten un poco de valor!

Dije en mis adentros al momento de abrir la puerta, pero dudé manteniendo la mano firme y aferrada al pestillo… ¿Valor? Si… Inuyasha me había mencionado algo sobre eso… pero para él era demasiado fácil porque es una persona muy valiente y decidida, pero para alguien que siempre a vivido ocultándose de todo el mundo… yo soy un caso perdido…

-No siempre tendrás a tu familia a tu lado para protegerte, debes de hacerlo por ti misma, con coraje, de la misma manera que te las ingeniaste para evadir toda esa seguridad de allá afuera.

¡¡Ay Inuyasha¿Por qué me haces esto¿Por qué no puedo borrar tus palabras? Yo soy débil, no conozco el valor, soy tan cobarde que hasta yo misma me doy miedo ¿Pero que tonterías dices Kagome? Él es una persona que se ve que no le gusta mentir, si te lo dijo es por algo…

-Inuyasha… creo que no soy lo que piensas pero lo intentaré…

Abrí la puerta con decisión y respiré hondo, después de eso bajé simulando la mayor naturalidad posible y ahí estaban mis amigos que al verme sonrieron y se alegraron.

-¡Kagome que alegría verte!

Dijo Sango emocionada y me abrazó.

-Estaba muy preocupada por ti… ¿Ya te sientes mejor?

-Si Sango no te preocupes, no es nada ya me siento mejor ¿Lo ves?

Esbocé una muy falsa sonrisa que no convenció en absoluto a los presentes.

-No es necesario que mientas Kagome, sabemos perfectamente que no estás del todo bien.

Comentó Kouga mirándome con tristeza pero un sonoro golpe se escuchó en su cabeza, Sango lo había golpeado.

-¡Ya cállate eres un inútil¿Qué no ves que ella está haciendo un gran esfuerzo para que no nos preocupemos¡De verdad eres un bruto¡Ten un poco de tacto!

Gritó Sango muy molesta y fulminado al pobre hombre con la mirada.

-Tiene razón Sango… no puedo fingir algo que no siento… y para eso les pedí que vinieran… quiero explicarles todo…

Bajé mi mirada, ahora ya no había marcha atrás el primer paso ya estaba, seguido por uno mucho más difícil.

-¿Podríamos salir al jardín? No quiero hablar en la casa, me estoy asfixiando…

Sugerí a mis amigos, porque la casa en realidad sí me estaba matando y si no podía salir a la ciudad, tan siquiera un poco de aire fresco no me haría nada mal. Sango y Kouga no se opusieron a mi petición y me siguieron hasta llegar al pie de un árbol y me acosté en el fresco césped de cara al cielo, pero ellos sólo se limitaron a sentarse a mi lado y mirarse continuamente con desconcierto, esperando a que yo hablara…

-¿Ayer los asusté verdad? Lo siento… al parecer es la segunda vez que me pongo así en toda mi vida… pero cuando sientes o sabes que has perdido algo muy valioso puedes enloquecer completamente.

Comenté con suavidad, midiendo mis palabras, respirando con tranquilidad para no ponerme más nerviosa aunque ha medida que las palabras salían, el nerviosismo se menguaba y la confianza comenzaba a invadirme.

-¿Y que es eso que perdiste?

Preguntó Sango con timidez.

-Es una larga historia, un pasado que no ha dejado de atormentarme y que ustedes tienen derecho a saber…

-Kagome si quieres hablamos de esto más tarde, no me gusta verte triste cuando recuerdas tu pasado…

Intervino Kouga que se notaba muy preocupado y un tanto incómodo.

-No Kouga, si no hablo ahora, no creo volver a tener el valor de hacerlo una vez más.

Y así fue como comencé a relatar mi patética vida, la muerte de mi padre, mis enfermedades, mi solitaria niñez, la sobreprotección de Kikyou, mis múltiples días en el hospital y culminé con una de las heridas más profundas… la pérdida del violín.

-Nosotros también lo hemos buscado por todos lados, tu madre nos pidió ayuda, pero como ese día llovió muy fuerte posiblemente haya ya sido arrastrado por la corriente…

Comentó Sango con mucho pesar y noté cómo sus palabras se entrecortaban.

-Estoy segura de que algún día regresará a mis manos, no se cómo ni porqué, pero ese instrumento es un lazo que me une eternamente a mi padre.

Ese era mi único consuelo por el momento, no quería perder ese pequeño rayo de esperanza que aún habitaba en mi corazón.

-Kagome te prometo que yo recuperaré tu violín y también… yo te protegeré… no permitiré que vuelvas a pisar ningún hospital.

Me dijo firme y decidido Kouga mientras me tomaba de la mano, yo lo miré y sólo le sonreí.

-¡Ay si tu! No puedes ni protegerte a ti mismo y quieres cuidar de mi amiga… no señor tú no puedes solo… los dos la cuidaremos ¿Entendido Kagome?

Me sorprendió tanto la actitud de ellos dos, nunca me imagine que tomarían ese tipo de decisiones, los miré por algunos segundos, pero mi vista comenzó a verse borrosa y mis ojos se enjugaron de lágrimas en cuestión de instantes y comencé otra vez a llorar pero esta vez era diferente, mi llanto no fue a causa del dolor y la tristeza sino todo lo contrario, me sentía feliz y sobre todo segura.

-Llora Kagome, lo necesitas y para eso estamos aquí…

Me decía Sango mientras me abrazaba.

-Ya no estás sola ahora tienes mi hombro para poder desahogarte.

Dijo Kouga mirándome con ternura. Por primera vez en mi vida comenzaba a experimentar lo que era la amistad porque la única amiga que he tenido es mi hermana y ahora sin proponérmelo el destino me daba la oportunidad de olvidar mi soledad a lado de estas dos personas tan amables.

-Kagome cuando te recuperes saldremos a pasear, tienes que conocer la ciudad¡Hay muchos lugares aquí en dónde podemos divertirnos en grande¿Estás de acuerdo?

Comentó Sango emocionada pues lo único que quería era verme feliz.

-¡Claro que si! No conozco está ciudad pero me imagino que ha de ser muy emocionante.

Mi tono ya no reflejaba desánimo, me di la oportunidad de hacer a un lado mis problemas, por cariño a las personas que me rodeaban y principalmente por mi misma ¿No es así Inuyasha? Ahora entiendo que la satisfacción de superarse a uno mismo es muy grata, te invita a seguir adelante más y más.

-Oye Kouga ya que estás aquí… quiero agradecerte por habernos salvado a mí y a mi hermana, en verdad eres todo un héroe, sin ti yo creo que estaríamos muertas, no se cómo pagarte.

Agradecí muy contenta mientras sentada de cara a él, lo tomaba de la mano mirándolo fijamente a los ojos.

-No es nada… en verdad yo no hice gran cosa…

Kouga se mostraba algo nervioso y evadía por completo mi mirada incluso me soltó la mano.

-¿Qué ocurre?

Pregunté extrañada.

-Lo que pasa es que este niño es muy modesto y ni conmigo quiere hablar sobre lo que ocurrió ese día, pensé que contigo por fin contaría lo sucedido pero veo que me equivoqué…

Comentó Sango en un tono muy simple como si esa actitud fuera muy normal en él, así que ya no quise insistir más sobre el asunto. Mis amigos se fueron casi al anochecer, permanecimos en el mismo lugar platicando de muchas cosas, sobre mi vida, mi ciudad natal, los múltiples líos de Kikyou con los maestros y directores por sus peleas, en fin, de todo un poco. Su visita me relajó mucho, ya no me sentía vacía ni mucho menos solitaria así que sólo cené un poco y me fui a dormir pues el día de mañana vería a mi hermana, y estaba tan emocionada que me costaba un poco conciliar el sueño ya que ansiaba contarle todo lo que me pasó, lo de Inuyasha, mis amigos y también la noticia más grave de todas… el violín.

-¡¡Kikyou¡¡Te extrañé tanto!!

Grité emocionada al día siguiente cuando por fin pude ver a mi hermana. Se encontraba recostada en su cama y en cuanto me vio ella también se emocionó.

-¡Kagome¿Estás bien¿No estás lastimada¿Por qué no habías venido?

Su rostro aunque muy demacrado, dejó esbozar una sonrisa y fueron tantas sus preguntas que no supe cuál contestar primero.

-Ya no te preocupes, estoy muy bien, tengo muchas cosas que contarte…

Le respondí contenta mientras me sentaba a lado de la cama en una silla.

-Kagome… perdóname… no fui capaz de protegerte.

Dijo Kikyou en un tono lúgubre, su actitud alegre cambió por completo.

-¿Pero de qué hablas?

Pregunté desconcertada.

-Fui una tonta, me descuidé…

-No fue tu culpa, esos sujetos fueron los culpables, hiciste demasiado por mi, a decir verdad es por mi culpa que estás así.

Comprendí que Kikyou se sentía culpable por lo ocurrido ya que fue la primera vez que ella no pudo defenderme.

-¡Tú no tienes la culpa de nada! Yo sólo perdí la concentración y jamás me lo perdonaré…

-Ya no te atormentes más Kikyou, ya todo pasó y no ocurrió nada grave… lo que no entiendo es por qué estás internada…

-¿No te lo dijo mamá?

Preguntó Kikyou con cierta sorpresa.

-No, yo también estuve internada unos días y ella no quiso contarme nada.

Contesté con cierto fastidio, sabía que mi madre por "instrucciones médicas" supongo, no mencionó nada sobre la salud de mi hermana, pero seguía sacándome de quicio que los doctores continuaran haciendo eso a estas alturas de mi vida.

-Si también me enteré que estabas aquí, a duras penas y logré que nuestra madre me lo confesara.

También Kikyou se mostraba algo molesta ¿Cómo era posible que siendo hermanas ninguna de las dos supiera el estado de cada una?

-¿Y entonces por qué sigues aquí?

Volví a cuestionar.

-Me dieron una puñalada en el estómago, por fortuna no tocó ningún órgano, pero según me comentó el médico perdí mucha sangre y necesité de varias trasfusiones.

-¡¡Eso es imposible!! Kikyou no puedo creer lo que me dices…

-Si lo sé, pero no te preocupes más, ya estoy bien, no quiero que sufras ninguna otra recaída, en unos días saldré de aquí y estaré como nueva…

¡Esto ya era colmo¡Ocultarme que mi hermana casi perdía la vida¿Cómo rayos pudieron hacerme eso? Pero traté de tranquilizarme… para no alterar a la convaleciente de mi hermana y principalmente a mí y entonces recordé algo...

-Entonces lo que vi… no fue un sueño…

-¿De qué hablas?

Preguntó intrigada Kikyou.

-Cuando caí al río uno de esos tipos trató de ahogarme pero alguien me salvó, por un momento pensé que eras tú, no recuerdo mucho de eso porque fue muy rápido y todo estaba oscuro… pero la imagen que provocó mi pérdida de conocimiento fue verte a ti, tirada en el suelo en un gran charco de sangre…

Comenté con desánimo porque el volver a recordar esas terribles escenas me provocaba terror y en ese momento Kikyou comenzó a narrar lo que ella vivió y eso hizo que me olvidara un poco de aquella espantosa sensación.

-Todo eso fue muy rápido, cuando esos sujetos me golpearon una y otra vez yo no podía pensar en otra cosa que no fueras tu Kagome, mi mente se bloqueó por completo, no importaba lo que me hicieran, mi prioridad era salvarte pero mi vista estaba tan borrosa y los oídos me zumbaban terriblemente que lo único que recuerdo es la voz de un hombre gritando y golpeando a mis agresores, no vi su cara pero si sentí que me tomaba en sus brazos y me llamaba, yo lo único que hice fue decir tu nombre y después de eso ya no recuerdo nada más…

Yo desconocía esa parte de la historia y en verdad mi hermana fue la que más sufrió con ese ataque aunque lo bueno de todo esto es que ella recordaba que alguien la había rescatado.

-Fue Kouga quien nos ayudó con esos tipos y nos trajo al hospital…

Le confirmé a mi hermana para que se enterara que su salvador no era un desconocido.

-¿Kouga¿Tu compañero de clase?

Su pregunta denotaba un tono muy extraño, como si no lo creyera.

-Si él mismo fue quien nos salvó, me lo dijo mi mamá aunque cuando se lo pregunté se portó muy extraño como si no quisiera hablar de eso…

-Es difícil de creer que él se presentara en el momento más oportuno pero le debemos la vida Kagome...

-Yo ya le agradecí su bondad y valentía pero te repito, Kouga no quería hablar sobre el asunto y todas mis dudas jamás fueron despejadas y preferí no seguir insistiendo.

-Es un chico muy inusual, mira que enfrentarse a todas esas personas y salvarnos al mismo tiempo eso solo demuestra que es una persona muy valiente que para serte sincera me gustaría que perteneciera a nuestra familia…

-¿A nuestra familia¿Acaso te gusta?

Pregunté muy extrañada.

-No él no es mi tipo sólo me gusta pero… como cuñado…

-Ay Kikyou no empieces ya sabes que no es mi tipo.

-Que lástima… se me olvidaba que a ti te gustan los hombres salvajes y primitivos como ese tal Kurosaki.

-¡Kurosaki no es nada de eso! Es un chico muy amable, lo que pasa es que lo odias tanto que tus ojos no te permiten ver más allá de lo que tienes enfrente.

No toleraba que Kikyou siguiera agrediendo a Inuyasha y esta forma de defenderlo provocó inmediatamente la curiosidad de mi hermana.

-¿Y desde cuando lo conoces tan bien?

Kikyou me miraba con detenimiento y de una manera muy picara.

-Es una larga historia…

Comencé a contarle lo ocurrido con Inuyasha hace unos días mientras me encontraba internada, mi sorpresivo escape, aquel encuentro en los pasillos y sobre todo enfaticé con lujo de detalle la forma tan amable en que él me trató y a medida que la historia avanzaba Kikyou no podía ocultar su rostro lleno de sorpresa, hasta que por fin terminé en la parte cuando me desperté y me encontré con mamá…

-¿Estás segura de no haberlo soñado? Lo que me cuentas me es totalmente increíble ¿Cómo es que ese hombre tan violento se comporta repentinamente como todo un ángel?

Era lógico que mi querida hermana se negara a creer los hechos, pero le gustara o no las cosas habían salido perfectamente a mi favor y entonces agregué algo más para lastimar un poco de ese orgullo infundado…

-Ya vez porque te digo que no debes juzgarlo sin antes conocerlo, él es una buena persona pero al igual que tú tiene un carácter demasiado cambiante y explosivo, y por cierto me disculpé en tu nombre por lo de la pelea.

-¡¿QUÉ HICISTE QUÉ?!

Gritó mi hermana enderezándose con algo de violencia y esto hizo que emitiera un leve quejido.

-No hagas eso Kikyou que te vas a lastimar más…

Me levanté para ayudarla a reacomodarse y seguí narrando mi historia…

-Pues como escuchaste… me disculpé por que sabes perfectamente que Kurosaki no tuvo la culpa de nada.

Kikyou emitió un "ajá" como muestra de no querer aceptar su error.

-Él también me pidió disculpas por haberse portado tan grosero ese día.

-No te creo Kagome…

-¡De verdad¿Por qué eres tan testaruda?

-Lo que más me asombra de ti querida Kagome… es que dejaras que ese niño descubriera tu secreto… ¿Tanto lo quieres?

Preguntó mi hermana con cierta intriga pero su pregunta provocó que reflexionara detenidamente… ¿Querer? Quizás un nuevo sentimiento brotaba de mi interior, era algo desconocido y extraño, pero cada vez que escuchaba el nombre de Inuyasha el corazón me palpitaba y un pequeño escalofrío me recorría el cuerpo con su presencia.

-Lo siento hermanita, pero tengo que confesarte que ya estás enamorada.

Intervino Kikyou en mis pensamientos con una sonrisita picarona

-¿Enamorada yo?

Pregunte ingenua.

-Nunca te había visto tan contenta y tu mirada es diferente, es como si anhelaras algo con todas tus fuerzas.

Respondió ella con más suavidad.

-Tienes razón Kikyou… creo que estoy enamorada de ese muchacho pero tengo que olvidarme de él, jamás se fijará en mi.

-¿Y tú como sabes eso¿Ya se lo preguntaste?

-No pero lo supongo, se nota que es el tipo de chico al que no le agradan las mujeres débiles.

-Entiende que tú no eres débil, si sigues creyendo eso lo seguirás siendo toda tu vida, además eres muy bonita cualquier muchacho quisiera tenerte como novia…

-Tú lo has dicho…"Cualquier muchacho" pero no el que yo quiero…

-Pues nada pierdes con intentar acercarte a él…

-¡¡Eso no puedo!! El cuerpo me tiembla cada que estoy cerca de Inuyasha, me pongo tan nerviosa que no se que hacer, dime Kikyou… ¿Qué debo hacer para que él se fije en mi?

-No sé Kagome, la verdad no tengo ninguna experiencia en eso, sabes muy bien que nunca he tenido novio, pero supongo que cuando encuentras a ese alguien especial el destino se encarga de unirlos en algún momento… sólo tienes que tener mucha paciencia…

-Hermana… a pesar de que nunca has tenido un hombre a tu lado hablas como si tuvieras mucha experiencia…

Comenté con total sinceridad al escuchar aquel consejo.

-¿Tu crees? Pues quién sabe, pero al menos yo no he encontrado a mi persona ideal…

Dijo Kikyou sin tomarle importancia a mi comentario.

-Algún día lo harás… mereces ser feliz.

Insistí pues consideraba que el destino no podía ser tan cruel con ella como para dejarla sola para toda la vida.

-Y a todo esto Kagome… ¿Cómo fue que despertaste¿Alguien te ayudó esta vez?

Preguntó mi hermana pues era la única que sabía que cada vez que yo me desvanecía siempre había un detonante que me hacía reaccionar.

-Fueron papá y tú…

Respondí con tristeza al recordar a mi padre en aquel sueño tan extraño.

-¿Viste a papá? Que bueno Kagome…

-Si pero me preocupabas más tú por esa razón fue que salí huyendo como loca inmediatamente que desperté.

-Fueron muchos días de inconciencia, me preocupa cada vez que te ocurre eso, tengo miedo Kagome.

-¿Por qué?

-No me hagas caso… entonces esto es lo que ha ocurrido en mi ausencia…

No comprendí del todo las palabras de mi hermana pero era normal ese comportamiento porque siempre se angustiaba cuando yo perdía la conciencia.

-Hay algo mucho peor Kikyou…

Ya era hora de hablar de una de las mayores desgracias.

-¿De que hablas?

-Perdí mí… violín…

-¿Es una broma verdad?

Kikyou no me creía, es más, pienso que se negaba a creerlo.

-Ojala fuera eso, que más quisiera yo, pero cuando caí en aquel río el violín también lo hizo, al parecer fue arrastrado por la corriente pero no hemos podido encontrarlo.

La melancolía volvió a invadirme y mi voz comenzó a entrecortarse.

-No Kagome, en cuanto salga de este maldito hospital yo misma lo iré a buscar, es el único recuerdo que teníamos de papá, si es posible recorreré por completo ese río nadando, pero lo voy a encontrar.

Kikyou también sufría al igual que yo y no me había equivocado en cuanto a que ella no descansaría hasta no devolverme mi violín, para nosotras tres era muy importante pero ahora ya no estaba en nuestras manos poder encontrarlo.

-Ya no tocaré más un violín…

-¡¡Estás loca¡¡No puedes hacer eso!!

Gritó ella molesta.

-Pero es que yo no puedo tocar otro instrumento que no sea el de mi padre, no puedo…

-Si dejas de tocar papá se sentirá muy triste y nosotras también, no puedes ignorar tus talentos Kagome, naciste con una gran habilidad, es una estupidez que derroches todo lo que nuestro padre te enseñó ¿Ya te olvidaste de nuestra promesa?

-¡¡Ya no me atormentes más Kikyou para mi esto es muy difícil!!

Las dos guardamos silencio, yo no sabía que pensar, ya había tomado una decisión que según yo era irrevocable pero mi hermana me había hecho dudar ¿Qué es lo que debía de hacer? Mi mente estaba muy confundida así que preferí cambiar de tema…

-Oye Kikyou hay algo que me inquieta… ¿La policía no ha venido a interrogarte?

-¿Por lo del ataque? Si ya vinieron pero mi declaración no fue de gran ayuda, lo único que les pude decir es que eran cuatro personas a las cuales ni les vi el rostro ni supe los motivos del por qué me agredieron pero les luego les hice creer que quizás fue un asalto…

-Eso es mentira, no debiste decir eso, esos rufianes no pueden estar libres después de lo que nos hicieron, deben de pagar…

-¡Y lo harán! Yo misma saldaré cuentas cos el desgraciado cobarde que los mandó…

-¿Sabes quién fue?

-Si, estoy segura de que fue esa tal Kagura.

-¿Te refieres a la chica a la que derrotaste en tu clase de gimnasia?

-Si ella misma… ¡Pero me las pagará¡Tengo que buscar su punto débil!

-Por favor deja que la policía se encargue de esto, ya no está en nuestras manos el hacer justicia, suficiente hemos tenido ya, además lo único que provocarás es preocuparnos más a mamá y a mi, no tienes idea lo angustiada que está…

-Lo sé… aunque no me lo dice, su rostro me muestra su preocupación y sufrimiento…

-¿Y aún así continuas pensando en una venganza?

Kikyou no mencionó ninguna palabra más, guardó silencio y evadió mi mirada como siempre, lo que significaba que ella no desistiría hasta hacer justicia por su propia mano. Después de eso me retiré y los días posteriores seguí visitándola después de clases. Aunque mi madre me insistía en que permaneciera más días en reposo yo me negué rotundamente pues me afectaba más estar en mi casa sin hacer nada que estar ocupada en la escuela, por lo menos eso me servía de distracción, pues la compañía de mis amigos me ayudaba mucho. Mi hermana salió del hospital días después, se notaba muy cansada y un tanto pálida, aunque no era para menos, estar encerrada en un hospital era un verdadero martirio.

-Mañana regresaré a clases…

Comentó una vez instalada en su habitación.

-¿Qué¡Pero si es muy pronto para que lo hagas!

Exclamé con total preocupación pues esa idea se me hacia totalmente descabellada.

-No me importa… ya estoy harta de la cama y de estar encerrada, necesito respirar algo de aire puro.

-Pero te puedes lastimar, no puedes andar sola.

-Tranquila, ya sé que no puedo hacer ningún tipo de ejercicio pero por lo menos puedo caminar, además no es tan grave, en unos cuantos días mi herida se cerrará por completo.

-Espérate otro día más, mañana yo tengo ensayo de música y no podré cuidarte.

-Kagome me se cuidar perfectamente, ya no soy una niña y no quiero seguir faltando a clases, me sacaran del equipo de gimnasia si no obtengo un buen promedio en mis calificaciones.

-Pero si lo haces ni siquiera podré estar tranquila en el ensayo…

-¿Y qué estás ensayando? Supuestamente ya no tocarías más ¿Mamá te ha comprado otro violín?

-No ella no me ha comprado nada, me ha insistido mucho en comprarme un nuevo violín pero yo no he querido, por lo mientras estoy usando uno del Instituto.

-Pero necesitas practicar en casa, me sorprende esa manera tan irresponsable de tu parte…

-Eso ya lo sé hasta el mismo profesor ha notado mi falta de entusiasmo pero esta ausencia es más grande que yo… siento como si traicionara la memoria de nuestro padre.

-No digas estupideces Kagome, traicionarlo sería que tocaras un instrumento sólo por cumplir un deber, el no sentir la música, que te penetre hasta por los poros y llegue hasta tu alma… ¡Eso hermanita sí es traición!

Kikyou tenía razón, pero es muy difícil acostumbrarse a algo totalmente nuevo, la emoción ya no es la misma mucho el menos el sentimiento por el violín que tocas. Otra noche trascurrió y yo seguía con el mismo insomnio de siempre, esperé muchos minutos bajo las sábanas de mi cama para que ese misterioso piano volviera a socar, lo hacía todas las noches y escuchando sus melodías era la única forma en que conciliaba el sueño pues me perdía por completo en sus finas notas.

A la mañana siguiente no pude convencer a mi hermana de cambiar su decisión y no tuve más remedio que resignarme. Mamá se notaba preocupada y por primera vez en la vida me pidió que la cuidara y que no permitiera bajo ninguna circunstancia que cometiera una locura. Nos fuimos caminado con tranquilidad, pero yo no me sentía nada tranquila, me daba pendiente que mi hermana tropezara o se lastimara.

-Kagome ya deja de vigilarme no pasará nada.

-¡Pues no puedo¡Esto es demasiado para mí!

-Ya no te preocupes, sólo vine para arreglar unos asuntos… como por ejemplo pedir prestados los apuntes, las tareas pendientes, platicar con los profesores sobre mis faltas y también por lo del castigo…

-¡¡Pero mamá ya habló de eso con el Director y no hay ningún problema!!

-Ya lo sé pero sabes que no me gusta que alguien más resuelva mis asuntos, y ya no me sigas molestando con eso por favor…

Guardé silencio, estaba tan molesta que tuve que contener mis ansias por bofetearla para que reaccionara, su ventaja ahora era que nadie podía decirle nada por su estado pero… en cuanto se recuperara me desquitaría de todo, al fin y al cabo ya conocía que la única forma de hacerla recapacitar era a golpes ¿Qué clase de vida era esa?

Cada quién se fue a su respectivo salón, el ambiente no cambió en nada, al parecer nadie se enteró de nuestro incidente ¡Por fortuna!

-Buenos días Kagome…

Saludó Sango cuando llegué a mi asiento.

-Hola...

Respondí con desgana.

-¿Qué te ocurre? Te escuchas muy extraña.

-Lo que pasa es que Kikyou decidió venir hoy, y me preocupa…

-Tranquila, no creo que comenta una locura, además ella necesitaba salir de aquel encierro ¿Por qué no tratas de comprenderla un poco?

-Eso trato, pero no puedo.

-Debes de tenerle más confianza, tu hermana sabe perfectamente que si algo malo le ocurre tú podrías recaer y eso es lo que menos quiere, si vino es por algo.

-Si, se empeñó mucho en venir…

-¡Vamos amiga arriba ese ánimo!

Desde que confesé mi enfermedad a Sango se portaba más gentil que antes, se preocupaba cuando me veía desganada o agotada en clases y siempre trataba de levantarme el ánimo, como ahora.

Pensé que el día sería largo pero afortunadamente no, terminé mi ensayo de música y en cuanto pude fui a reunirme inmediatamente con Kikyou al lugar acordado, a una banca que se encontraba cerca de la entrada del Colegio y efectivamente ahí estaba pero… había alguien más… era Inuyasha que al parecer sostenía una conversación con mi hermana pues él se encontraba sentado a su lado.

-Ya estoy aquí… ¡¡Pero qué te pasó!!

Exclamé horrorizada al ver que Kikyou llevaba la mano izquierda vendada.

-Me corté con un matráz en el Laboratorio de Química pero no fue nada…

Respondió ella con seriedad.

-No mientas… qué fue lo que pasó…

-Ya te dije la verdad…

-¿A sí¿Y por qué tu mano izquierda no suelta tu herida?

Algo malo había pasado y Kikyou me mentía… ¿Por qué le gustaba angustiarme de esa manera?

-Está bien… en el Laboratorio me caí de un banco y al tratar de sostenerme rompí el instrumental de química que se encontraba sobre la mesa y me cortépero creo que el movimiento fue algo brusco y por eso me duele un poco.

-Pues debemos de ir al hospital para que te revisen.

-No te preocupes ya se me pasará…

-¡¡Dije que iremos al hospital¡¡Me tiene harta tu irresponsabilidad!!

Grité muy enojada e histérica.

-¡No me hables así Kagome!

Exclamaba Kikyou también molesta.

-Te hablo como yo quiera y vámonos de una vez al hospital.

Le ordené con el mismo tono mandón que ella ocupaba cuando me regañaba.

-Mira Kagome mejor iremos a casa, llamaremos al doctor, mamá de seguro estará ahí y si la situación es más grave iremos al hospital ¿Estas de acuerdo?

Dudé mucho en esa proposición… ¿Y si la situación empeoraba en el camino a casa¿Qué podía hacer¡Ay esto era una decisión muy difícil!

-¿Por qué no toman un taxi?

Comentó Inuyasha… ¡Es verdad! Me olvidé por completo de su presencia pues lo único que me importaba en este momento era la salud de mi hermana.

-¡Lo siento Kurosaki! Me olvidé… que estabas aquí…

Me disculpé, estaba tan avergonzada que deseaba que la tierra me tragara, pero él no se molestó, seguía manteniéndose serio, como siempre.

-Kagome llama a un taxi no creo poder caminar hasta la casa.

Intervino mi hermana con tono débil.

-Si lo haré de inmediato…

Corrí a toda prisa a un teléfono público pues la tonta de mí como siempre olvidó su celular en casa y Kikyou por supuesto no tenía un móvil porque los detestaba. Pero para nuestra buena suerte, un taxi transitaba justo enfrente de la escuela y de inmediato lo detuve y le pedí que esperara. De nuevo corrí hacia mi hermana y traté de ayudarla a ponerse de pie pero no podía con ella.

-No hagas eso yo la llevaré, ella no puede caminar… será mejor que las lleve hasta su casa.

Dijo repentinamente Inuyasha y sin previo aviso cargó a Kikyou en sus brazos con total facilidad como si fuera un experto en eso de andar cargando mujeres. Yo pensé que mi hermana se opondría pero no dijo nada, al parecer el dolor había doblegado por completo su orgullo, aunque lo que más me inquietaba era ¿Qué hacían juntos y de qué tanto platicaban¡¡Kagome reacciona, este no es momento para pensar en tonterías!!

Inuyasha la llevó hasta el vehículo y con suavidad la posó en el asiento trasero del lado derecho mientras que yo me sentaba del lado contrario e Inuyasha tomaba el lugar de copiloto. El automóvil avanzó y él le indicaba al conductor por dónde tenía que ir, así llegamos a casa en un abrir y cerrar de ojos. Nos estacionamos frente a ella, yo bajé de inmediato por la puerta izquierda mientras que Inuyasha bajaba por su lado y abría la otra puerta de mi hermana para volverla a cargar en lo que yo le indicaba al chofer que me esperara y que en un momento le pagaría. Inuyasha volvió a tomar a mi hermana en lo que yo llamaba a la puerta y buscaba mis llaves al mismo tiempo… pero una de las sirvientas me ganó y abrió el portón,.

-Sígueme es por aquí Kurosaki…

Entré primero a la casa, le indiqué a la muchacha que saldara la tarifa del taxi y después guié a Inuyasha hasta donde se encontraba la habitación de mi hermana. Subimos por las escaleras, pasamos por enfrente de otras tres habitaciones más hasta que al final del pasillo se encontraba la recamara de Kikyou, entramos e Inuyasha recostó inmediatamente a mi hermana en su cama con sutileza.

-Muchas gracias… no se que hubiéramos hecho sin ti.

Agradecí con una reverencia a Inuyasha como muestra de su gran amabilidad.

-No fue nada y ya me voy.

Contestó con frialdad y de inmediato se dio la vuelta pero…

-Espera… ¿Ni siquiera permitirás que te de las gracias?

Preguntó repentinamente Kikyou.

-No es necesario, se lo difícil que ha de ser para ti…

Respondió el con cierto sarcasmo.

-Puede ser, pero yo se perfectamente la verdad y te doy las gracias por salvarnos la vida…

El tono de Kikyou era muy sospechoso ¿Salvarnos la vida¿Y de qué verdad hablaba? Algo extraño se traían esos dos ¿Pero qué?

-De verdad que no entiendo lo que dices mejor me voy… ahh y otra cosa niña deberías de confiar más en tu hermana ella no te mintió, yo estuve ahí cuando se lastimó y sí te dijo la verdad.

Después de esto desapareció cerrando la puerta, pero me dejó impresionada ¿Y por qué insistía en decirme niña? Me chocaba cuando lo hacía y me ponía de muy mal humor, aunque a decir verdad por un momento sentí celos de Kikyou… no sé por qué razón, quizás porque se preocupó por ella y la tomó en sus brazos y para colmo ella no opuso ninguna resistencia.

Miré a mi hermana que ahora mantenía sus ojos cerrados, al parecer mi madre aún no llegaba de su trabajo puesto que no hizo acto de presencia en la habitación, lo mejor era llamarle al médico cuanto antes. Tomé el teléfono y marqué el número, por suerte el doctor estaba disponible y muy amable me atendió diciéndome que en quince minutos estaría en nuestra casa para atender a Kikyou. Después de eso colgué el auricular y por un momento me quedé un tanto pensativa mirando al suelo.

-¿Qué es lo que te preocupa?

Preguntó Kikyou repentinamente sin abrir los ojos.

-Nada… no me pasa nada…

-No mientas Kagome te noto como si estuvieras molesta…

-¿Yo molesta? No tengo por qué estarlo…

-¿Segura? Yo pienso que fue por lo que ocurrió con ese niño, podría asegurarte que estás celosa…

-¿Yo celosa? Ay por favor Kikyou no exageres… el hecho de que él te ayudara y que tú no te opusieras no es motivo para que yo este celosa.

-¡Lo ves! Eso es lo que te molesta… Kagome no deberías encelarte de mí, sabes que ese niño no me gusta en absoluto y jamás me interesaría en él, aparte tampoco creo que yo sea su tipo, con ese carácter que tiene dudo que una mujer en su sano juicio lo acepte como pareja…

-¿De verdad no te atrae físicamente?

Volví a cuestionar para asegurarme de que mi hermana estuviera diciendo la verdad.

-No… sinceramente yo preferiría a una persona mayor que yo, con más madurez y mucha más experiencia que andarme fijando en mocosos.

Contestó ella con total seguridad y a la vez con un dejo de desprecio hacia los "mocosos" es decir, personas menores a su edad.

-Tú si que estás loca… ¿Acaso piensas casarte con un hombre cuarenta años mayor que tú?

Pregunté un tanto extrañada por los "gustos" de mi hermana.

-¿Casarme? Estás demente, lo último que pasaría por mi mente es el matrimonio y tener hijos, de sólo imaginármelo me enferma más, yo lo que quiero es seguir mi carrera en la gimnasia, viajar por todo el mundo, participar en todas las competencias que pueda, en fin… ser libre… y no estar atada a un marido y a un hogar.

Las palabras de Kikyou me tranquilizaron mucho, sabía perfectamente que no me había mentido, ella jamás lo había hecho, podría meter las manos al fuego por mi hermana, aunque sinceramente no estaba tranquila del todo, había una espinita clavada en mi mente que no me dejaba en paz y era conocer la razón del por qué Inuyasha era tan amable con nosotras.

Mi madre llegó poco después, primero estaba totalmente exaltada y después muy furiosa porque no nos dirigimos inmediatamente al hospital cuando ocurrió el accidente. Comenzó a regañar severamente a Kikyou pero yo intervine e inútilmente traté de cargar con la culpa, pero de nada sirvió por que obvio mamá no me creyó ni una sola de mis palabras. No paraba de decir lo irresponsables que éramos las dos y que ya comenzaba a perder la esperanza de que algún día maduráramos, porque según ella, podríamos tener cuarenta años y seguiríamos con una mentalidad de un niñito de tres años que desconoce la diferencia entre la vida y la muerte. Siguió y siguió hablando, Kikyou se mostraba fastidiada y de vez en cuando nos intercambiamos miradas de hastío y de desesperación, esperando el momento en que mamá se callara aunque sea por unos cinco minutos.

Nuestro gran salvador fue el médico que había hecho acto de presencia lo que provocó de inmediato la completa atención de mamá hacia él. Aquel doctor era una persona de mediana edad, con semblante muy amable y alegre, era delgado y examinaba a mi hermana con suma delicadeza, como si fuera una obra de arte, se notaba que era de esas personas que valoraban el cuerpo humano como si fuera su propia vida.

-No te preocupes tu dolor es a causa del esfuerzo que hiciste por tratar de sostenerte, no es nada grave la herida sigue intacta, lo mejor es que reposes un par de días más, no es bueno andar de arriba para abajo con esta clase de molestias.

Comentó el médico con tono tranquilo

-No puedo, la cama me fastidia, odio estar encerrada.

Replicó mi hermana con su habitual actitud de rebeldía.

-Como gustes jovencita, al fin y al cabo es tu cuerpo y puedes hacer lo que quieras, pero yo sólo te informo que si sigues con la necedad de no acatar mis instrucciones seguirás estando más días en cama, así que tú decides si descansas por lo menos dos días más para mejorar tu curación de lo contrario nos veremos más seguido o lo que puede ser peor volverás a terminar en un hospital…

Kikyou se quedó muda, aquel médico no se contuvo en explicarle de una manera muy realista lo que le puede ocurrir por su negligencia y ella sólo se limitó a quedarse callada mirando con desprecio al señor.

-Espero que con esto sientes cabeza y seas más responsable con tu salud.

Insistió mi madre que no podía contener ni un segundo más la furia acumulada porque lo que más le desesperaba era el silencio rotundo de Kikyou. Aquel hombre salió de la habitación seguido de mamá que obviamente lo acompañó hasta la puerta.

-¿Y que se cree ese hombre como para tratarme de esa manera?

Reclamó Kikyou muy molesta.

-Ya deja de quejarte por favor, pareces una niña, tu irresponsabilidad nos está trayendo problemas y ya me estoy hartando Kikyou.

Contesté muy molesta por la actitud tan infantil y negligente de mi hermana ¿Acaso no le importaba poner en riesgo su vida? Mamá y yo sufríamos al verla enferma y tendida en una cama ¿Tan difícil era entender eso?

-Kagome puedo tolerar el desprecio de nuestra madre, pero el tuyo no, por favor no te enojes.

-Yo no te desprecio, no seas tonta es sólo que me desespera tu ansiedad por no poder mantenerte tranquila, lo que el médico te dijo es la verdad, si sigues retando a tu suerte quizás la próxima vez te abandone por completo y corras un grave peligro.

-Prometo portarme bien a cambio de que tú quites esa cara llena de enojo.

Que remedio había, con mi hermana no se podía, pero por lo menos me quedaba la esperanza de que fuera más responsable con su salud.

Aquellos dos días en los que Kikyou tuvo que guardar reposo pasaron muy rápido, yo misma me encargué de que así fuera, pasaba todo el tiempo a su lado, platicábamos, veíamos la televisión o simplemente le ayudaba con sus deberes escolares y ella a su vez me ayudaba con los míos.

-¿Oye Kikyou piensas ir mañana a clases?

Le pregunté la tarde del segundo día.

-Si.

Contestó tajantemente sin mirarme mientras continuaba escribiendo en su libreta.

-¿Aunque sea viernes?

-No importa, tengo que aprovechar ese día para ponerme al corriente en los estudios y entregar las tareas atrasadas a los profesores.

-Me aterra tu gran sentido de la responsabilidad hacia los estudios ¿No crees que exageras?

-¡Claro que no! Sabes perfectamente que tengo que obtener las mejores calificaciones para poder participar en el Torneo de Gimnasia Olímpica, no quiero que por unas malas notas mis sueños se vengan abajo.

Explicó muy ofendida por mi comentario y continúo escribiendo.

-Tienes razón y sinceramente no creo que necesites esforzarte tanto, eres una chica muy lista y aprendes todo con facilidad.

Comenté tratando de calmar el ambiente.

-Mentirosa, yo no lo sé todo, ni siquiera soy capaz de tocar un violín…

Mi hermana no continuó con su frase porque sabía perfectamente que había tocado un punto que ahora me era totalmente desagradable.

-Lo siento Kagome yo no quise…

-No es nada, ya es hora de que lo supere de una vez por todas.

-Así debe ser, no podemos atarnos al pasado.

Respondió ella con una leve sonrisa el rostro aunque sus ojos denotaban cierta melancolía o mejor dicho lástima.

Una noche más trascurrió, un solitario piano de nuevo emergió de entra las profundidades para armonizar con sus notas el brillo de las estrellas mientras que una luna destellante las recibía cual amante ansiosa por las caricias y los besos de su amado.

-¿En serio tu hermana piensa venir en ese estado?

Me preguntó Sango al día siguiente cuando nos encontrábamos en el exterior de la escuela tomando nuestro refrigerio.

-Ya la conoces, es demasiado terca y nunca me hace caso.

-Oye Kagome si Kikyou ya se siente mejor porqué no salimos los cuatro a divertirnos mañana.

Pregunto Kouga con gran entusiasmo y la idea en realidad no me disgustaba en absoluto.

-¡Estás loco Kouga cómo se te ocurre significante barbaridad!

Reclamó ofendida Sango.

-No es mala idea conocer esta ciudad, me ayudará mucho a restablecerme por completo.

Intervino la inesperada voz de mi hermana que había escuchado nuestra pequeña conversación.

-¿Cuánto tiempo llevas espiándonos?

Pregunté un tanto molesta a Kikyou.

-No mucho Kagome y dime… ¿Me darás permiso para salir con tus amigos?

-No tengo otra opción, aunque te negara mi consentimiento siempre haces lo que a ti se te antoja.

Respondí con absoluta resignación.

-Bueno entonces nos veremos en tu casa a las diez de la mañana Kagome.

Comentó Sango que también comenzaba a mostrarse un tanto entusiasta. La campana sonó y cada alumno se dirigía a su respectivo salón, en cualquier momento la clase de Algebra comenzaría y no quería perdérmelas pues la profesora que las impartía era una mujer muy amable y me agradaba la forma en cómo explicaba sus clases.

-¿Tendrás ensayo de música hoy?

Preguntó Sango al finalizar las clases.

-Si, debo practicar hoy, el no tener el violín en casa me provoca muchos contratiempos.

Respondí con cierto fastidio porque desde el día en que perdí mi violín las clases de música ya no eran las mismas y los ensayos me provocaban cierto pesar.

-Amiga si tan solo pudiera ayudarte en algo, ya se que no te gusta hablar de este tema pero insisto en que deberías pensar ya en comprarte un nuevo violín y dejar de ver estos ensayos como un deber, todo mundo comenta que tu desempeño a decrecido bastante y que tu entusiasmo no es el mismo.

-Ya lo sé Sango no es necesario que me lo digas, eso lo supe desde el primer día, pero no puedo, me cuesta mucho trabajo acoplarme a un instrumento ajeno.

-Ese es tu problema Kagome, que hasta que no encuentres un violín que de verdad te pertenezca así practiques con un centenar de ellos seguirán siendo solo objetos extraños para ti.

-Sango será mejor que mañana me dedique a buscar un violín nuevo ¿Me disculparás si no voy con ustedes como ya lo habíamos planeado?

-No digas tonterías Kagome nosotros te acompañaremos a recorrer todas las casas de instrumentos que existen en este país.

-Gracias Sango no se que haría sin tu apoyo.

Nos despedimos y quedamos de acuerdo en que mañana a las diez en punto comenzaría mi nueva búsqueda. Mis amigos se fueron a sus respectivas casas mientras que Kikyou y yo continuábamos en el Colegio, ella arreglando sus supuestos "asuntos" y yo ensayando en el aula vacía de música. Ya casi nadie se encontraba en el interior del Colegio, esperé algunos minutos a que los que aún quedaban se fueran, no deseaba que nadie escuchara mis ensayos, me daba vergüenza que todo mundo se diera cuenta que la hija de aquel gran famoso violinista no fuera más que un funesto fracaso.

No tenía planeado quedarme mucho tiempo, quizás una hora a lo mucho. Así que tomé uno de los violines que se encontraban en el almacén del salón y comencé a tocar cualquier cosa, pues aquellas notas que emanaban de él eran completamente vacías y sin sentido. Sin previo aviso sentí una extraña presencia y me sentía incómoda aunque en realidad no quería abrir mis ojos y traté de ignorar aquella sensación por completo pero no pude, así que dejé de tocar, abrí mis ojos y me di la media vuelta buscando al causante de aquella sensación y una vez más me encontré con esa mirada ambarina.

-¿Se puede saber que haces aquí espiándome?

Me encontraba molesta, detestaba que las personas me vigilaran a mis espaldas y aunque fuera el propio Inuyasha la situación no lo hacia ser diferente a los demás.

-Que carácter, no cabe duda que las hermanitas se irritan con facilidad.

Contestó él que se encontraba recargado en la puerta, con las manos en los bolsillos de su pantalón.

-No me gusta que irrumpan en mi privacidad eso es todo, tú no tienes nada que hacer aquí.

Repliqué más molesta por su actitud tan arrogante, ni siquiera yo entendía mi comportamiento, quizás era coraje hacia mi misma por ser tan torpe con aquel instrumento y ahora me desquitaba con la persona menos indicada.

-Yo sólo pasaba por aquí, después de todo la escuela es pública así que no tienes derecho a cuestionarme por dónde ando, aunque sinceramente fue una pérdida de tiempo porque escuché rumores de que las señorita Higurashi era una virtuosa en el arte del violín pero con lo que acabo de escuchar me parece que no, tu manera de interpretar la música es detestable y me ofende.

Comentó Inuyasha con burla y sonrisa malévola que provocó por completo mi ira

-¡Quién te crees que eres para juzgarme de esa manera!

-¡Alguien que no soporta que personas como tú se atrevan a manipular un instrumento tan valioso y preciado! Tu interpretación es tan hueca y sin sentimientos que me repugna y lo mejor es que renuncies, porque tú no sirves para la música, hay personas en el mundo que darían lo que fuera por tener entre sus manos un instrumento como ese, anhelan expresar sus sentimientos bajo aquellas cuerdas pero desafortunadamente la vida es tan injusta que permite que seres como tú tengan algo que no les pertenece.

-¿Por qué eres tan duro conmigo¿Por qué me dices cosas tan horribles sin siquiera conocerme?

Pregunté con lágrimas en los ojos porque sus palabras me habían lastimado profundamente.

-Sólo he dicho la verdad, si eso te perturba lo siento, ya deberías darte cuenta que lo que has perdido jamás regresará a ti y si continuas con tu actitud tan vacía lo mejor será que no sigas insultando a la música.

Después de estas últimas palabras se alejó, abandonándome a mitad de aquel salón que ahora me parecía inmenso, con una sensación que oprimía mi pecho con cada lágrima derramada. El peso de mi cuerpo se tornó demasiado denso y me tiré de rodillas sin poder dejar de sollozar… ¿Por qué Inuyasha era así conmigo¿Qué mal le había hecho yo? Pareciera que sólo jugaba conmigo a ser en unos momentos un hermoso ángel y otros… un terrible demonio.

-¡¿Kagome que tienes?!

Preguntó mi hermana preocupada minutos después cuando me encontró encerrada en aquella terrible perturbación.

-Soy un fracaso Kikyou, no puedo tocar, no puedo, el violín me rechaza no deja que lo toque… ayúdame por favor no sé que hacer.

Comenté con dificultad y ella sólo me abrazó con fuerza, ofreciéndome su hombro como siempre para poder descargar en él todo mi dolor. Aquel sufrimiento retumbaba por todo el lugar como si fuera un eco y yo sin poder hacer nada para contenerme.

-Kagome ya no llores, tranquilízate no es bueno para ti ponerte en ese estado por favor reacciona, tú no has perdido nada, sólo está escondido y yo te ayudaré a buscarlo pero por favor deja de llorar que nada arreglas con eso.

Imploró mi hermana que no soportaba verme derrumbada y derrotada de esa manera. Hice lo que me pidió y traté de controlarme secando una y otra vez mis lágrimas, ocultando aquel dolor que aún sentía.

-Quiero irme a casa este lugar me está provocando náuseas.

Comenté mientras mi hermana me ayudaba a ponerme de pie, guardé el instrumento en su lugar, tomé mis cosas y salimos cuento antes de ahí. Durante el camino no mencioné ni una sola palabra de lo sucedido, no quería levantar sospechas en Kikyou sobre quién fue el culpable de mi repentino shock, suficientes problemas llevaba consigo mi hermana como para seguir angustiándola con los míos. Llegamos a casa, me encontraba inapetente y lo único que hice fue dirigirme a mi recamara a descansar.

-Si necesitas algo sólo avísame.

Dijo Kikyou con preocupación antes de cerrar la puerta de mi habitación. No respondí, ni siquiera me encontraba de ánimos para contestar ¿Qué debía hacer? Desde aquel incidente la Kagome que todos conocían había muerto, mis propósitos en la vida habían sido pisoteados, nunca pensé que aquel violín de mi padre fuera una parte tan importante en mi vida como para haberla destruido. Me sentía tan cansada y sin fuerzas que el sueño me venció por completo hasta que volví a escuchar la voz de mi hermana que me llamaba.

-Kagome, Kagome…

Abrí mis ojos con lentitud, miré hacia el ventanal las cortinas habían sido corridas pero entre ellas pude distinguir una resplandeciente luz.

-¿Qué hora es?

-Son las nueve y media…

-¿De la noche? Dormí muy poco tengo la impresión de haber dormido más…

-¿De qué hablas mujer? Si llevas dormida más de quince horas…

-¿Qué? Eso es imposible Kikyou yo no pude haber dormido tanto tiempo.

La cama no estaba desatendida y yo continuaba con el uniforme puesto, miré mi despertador en efecto ya eran las… ¿9:33 AM?

-¿Ya es de día?

-Así es Kagome, ya es sábado y temo informarte que tus amigos están esperándonos allá abajo.

-¡¡¿Sango y Kouga están aquí?!! No puede ser ya es muy tarde.

-¿Y que esperas para bañarte y cambiarte de ropa?

Me presionó aún más mi hermana y de inmediato salté de la cama y me dirigí hacia el baño.

-Les diré que te esperen porque apenas te acabas de despertar.

-¡No les digas eso!

Grité detrás de la puerta.

-Si lo haré, así que apúrate.

La voz de mi hermana ya no se escuchó más. Me di una ducha a una velocidad increíble y en cinco minutos ya me encontraba vistiendo, mi pelo continuaba mojado así que tomé una secadora de pelo para acelerar más el proceso y que mis amigos no notaran que apenas me había despertado. Una vez seco, tomé un listón de color blanco e hice una coleta a mi cabello. Me miré al espejo y una joven con unos jeans azules y una blusa color amarillo le regresó la mirada, sólo corrí al armario y me coloqué unas sandalias sencillas de un color parecido al de mi blusa. Bajé corriendo las escaleras y ahí sentados en la sala se encontraban sentados mis amigos y también mi querida hermana que me miraba con burla.

-Eres lenta Kagome ¿Qué no te da vergüenza hacer esperar a la gente?

Comentó Kikyou para molestarme.

-Disculpen no quise hacerlos esperar tanto.

-Nosotros te debemos una disculpa Kagome, lo que pasa es que llegamos muy temprano porque cierta persona se empecinó en no querer llegar tarde.

Decía Sango mientras fulminaba a Kouga con la mirada.

-¿Ya desayunaron?

Pregunté como cortesía y también como pretexto porque no había comido nada y tenía mucha hambre.

-Si Kagome no te preocupes ya desayunamos pero si gustas te acompañamos porque creo que ustedes dos no han probado alimentos.

En ese momento miré molesta a Kikyou y ella me devolvió una malévola sonrisa.

-Tus amigos son muy comprensivos Kagome así que hay que apurarnos cuanto antes.

Comentó ella con burla y yo me tuve que tragar algunas maldiciones hacia su persona. Nos dirigimos al comedor y una de las muchachas del servicio nos sirvió el desayuno. Prácticamente Kikyou y yo devoramos nuestros alimentos y los presentes se quedaron sorprendidos con nuestra forma tan salvaje de comer, bueno en Kikyou era algo muy natural pero en mi no, ya que en esta ocasión llevaba mucha prisa y no quería hacerlos esperar más de la cuenta. Así que media hora después ya nos encontrábamos en camino hacia la gran urbe, en busca de mi nuevo violín.

Sango era la que mejor conocía la ciudad y me llevaba de un lado a otro; pero había un pequeño problema y es que en todas las casas que visitábamos no encontraba lo que necesitaba y que me hacía mucha falta. Ya habían trascurrido muchas horas, así que decidimos tomar un descanso en un pequeño restauran que se encontraba cerca de la escuela.

-Estoy agotada… ya no puedo más… necesito comer algo.

Gemía Kikyou llena de desesperación pues cuando no comía se volvía una persona muy vulnerable y sensible.

-Tranquilízate, en cualquier momento nos traerán la comida.

Respondí para calmar a Kikyou.

-Disculpa Kagome pero de todos los sitios que has visitado… ¿Ninguno te ha convencido?

Preguntó mi amiga con curiosidad y yo sólo me limité a negar con la cabeza porque sinceramente no tenía ningún sentido seguir buscando en otros establecimientos y comenzaba a resignarme por completo.

-Pero ya visitamos todas las tiendas de esta ciudad hermanita… por favor ya decídete.

Imploró ella, su comentario no me molestó en absoluto debido a que mi hermana perdía por completo la razón y no estaba conciente de lo que decía cuando el hambre la atormentaba.

-Lo siento Kikyou, pero no es tan fácil, y también les pido perdón a ustedes por haberlos hecho caminar en vano por tanto tiempo.

Mis amigos no tenían la culpa de mis indecisiones y el remordimiento me invadía por completo al ver que en sus rostros se reflejaba la misma cara de desilusión que posiblemente yo también tenía.

-No te preocupes Kagome, para nosotros no es ningún sacrificio además el hecho de que por fin te animaras a buscar un nuevo instrumento es un gran paso y eso me hace muy feliz.

Decía Sango mientras me tomaba de la mano mirándome con su habitual ternura y con su placentera sonrisa.

-Si Kagome no te preocupes estamos aquí para apoyarte y no descansaremos hasta encontrar ese violín tan especial.

Comentaba Kouga tratando de elevarme más mi autoestima y por algunos instantes mis queridos amigos lograron que mis ánimos se elevaran un poco.

-Creo que por hoy es suficiente, otro día compraré mi violín además Kikyou no debe esforzarse mucho.

Comenté con voz muy baja y apenas tocando un poco la comida con mis palillos.

-Kagome no digas tonterías no me uses de pretexto, yo me encuentro bien sólo es cuestión de que coma algo y listo, podemos seguir buscando todo el tiempo que necesites.

Le agradecía a Kikyou ese enorme gesto porque a pesar de sus malestares seguía a mi lado, apoyándome como siempre. Pedimos la cuenta y nos retiramos, mi intención ya no era seguir buscando aquel violín sino divertirme con mis amigos visitando otros lugares más agradables. Vimos una película, tomamos un helado y por último descansamos en el suave césped de un parque que se encontraba cerca del Centro Comercial. Ya comenzaba atardecer y lo más prudente era retirarse y regresar a casa cuanto antes ya que no quería volver a sufrir otra terrible experiencia con un nuevo atentado.

Ni Kikyou ni yo conocíamos del todo la ciudad que habitábamos, Sango y Kouga eran nuestros guías yo creo que sin ellos estaríamos completamente perdidas. Doblamos una esquina caminamos un poco más cuando de pronto algo provocó que me detuviera de inmediato.

-¿Qué te ocurre?

Preguntó mi hermana extrañada por mi actitud.

-Silencio…

La interrumpí pues a lo lejos escuché un sonido muy familiar que me volcó por completo el corazón. Sin pensarlo y para sorpresa de los presentes corrí directo hacia aquel sonido que me sobresaltaba cada vez más. Lo único que sabía es que corría en dirección recta hasta que me detuve en una puerta un tanto pequeña y rústica abriéndola de inmediato con brusquedad y vaya sorpresa que me llevé cuando entré en aquel sitio…

-¿Por qué hiciste eso Kagome qué diablos te pasa?

Reclamó molesta mi hermana que se encontraba falta de oxígeno al reunirse a mi lado, pero al escuchar aquella melodía se quedó en seco. Yo comencé a llorar de emoción sin importarme el lugar ni las personas que se encontraban a mí alrededor.

-¿Puedo ayudarlos en algo jovencitos?

Preguntó gentilmente y con una gran sonrisa un anciano que no se mostró inquieto por nuestra extraña actitud, Kouga y Sango también se reunieron con nosotros y su semblante denotaba desconcierto absoluto.

-Disculpe no es nada, perdón por allanar su establecimiento de esa manera…

Me disculpé al mismo tiempo que secaba mis lágrimas del rostro.

-¿Kagome ya te diste cuenta de dónde estamos?

Comentó Sango con sorpresa y entonces miré mi entorno, no podía creer que me encontrara en el interior de una tienda de instrumentos musicales.

-Esto debe ser una casualidad…

Comenté son asombro mientras miraba mi entorno.

-Las casualidades no existen…

Intervino mi hermana. Ninguna de nosotras dejaba de mirar aquel lugar lleno de instrumentos, libros carteles, accesorios, folletos, un sitio demasiado agradable y pacífico. Había algo en ese ambiente que me reconfortaba y a la vez era muy familiar. Quizás no era tan grande y llamativo como las demás tiendas que visitamos con anterioridad pero a pesar de su pequeñez era mucho mejor que las otras.,

-¿Qué hacemos aquí Kagome¿Conocías este lugar?

Preguntó Kouga con ingenuidad.

-En verdad que eres un bruto… ¿Qué no tienes un poquito de cultura general¿Nunca has visitado una escuela para ver que se te puede pegar en esa cabezota? La persona que estás escuchando en estos momentos se trata del reconocido Ryuuho Higurashi, en pocas palabras el padre de Kagome y Kikyou.

Comentaba Sango regañando a Kouga por tener una mente tan primitiva. Pero eso no importaba, el haber escuchado una de las melodías de mi padre me había devuelto la vida y el percibir aquel sonido inconfundible del violín que alguna vez tuve me daba la sensación de volverlo a tener en mis manos y esto provocó más mi emoción.

-Así que ustedes dos son las hijas de este gran músico, es un gran honor jovencitas…

Comentó el anciano con total respeto.

-El honor es nuestro, es muy placentero saber que nuestro preciado padre aún es recordado.

Decía con amabilidad Kikyou que no podía ocultar la emoción y el orgullo que las dos compartíamos. Una campanilla se escuchó y dos personas más entraron. La primera fue un muchacho de escasos dieciséis años que se sostenía con unas muletas, llevaba su rodilla enyesada, las manos vendadas y traía puesto un incómodo collarín. En seguida apareció otro joven ¿Pero que era esto¿Acaso el destino se ensañaba jugando conmigo?

-¿Se puede saber que haces aquí Kurosaki¿Acaso nos estás siguiendo?

Le reclamó Kouga muy molesto, pues era muy normal en él alterarse cuando Inuyasha se interponía en su camino.

-Mira inútil no tengo porqué darte explicaciones de lo que hago pero si te sirve de algo aquí trabajo y yo puedo andar donde me venga en gana, además no tengo intención de andar siguiendo a mocosos como tú…

Kouga estuvo apunto de abalanzarse hacia Inuyasha pero nosotras intervenimos sosteniéndolo de los brazos, entonces el acompañante de Inuyasha intervino…

-¡Pero cuanta hostilidad! Inuyasha… no deberías ser tan grosero con las damas aquí presentes…

Comentó su amigo con tono amable y mirada muy picara mientras nos guiñaba el ojo.

-Miroku si supieras lo que estas "damas" me han hecho no las defenderías.

Respondió Inuyasha con desprecio pues ahora no me quitaba la mirada de encima.

-No veo que mal pueden causar unos ángeles tan perfectos…

Dijo el joven lesionado y continuó su camino para colocarse detrás de unas vitrinas. Inuyasha lo ayudó a sostenerse un poco en su andar; se sentaron en una pequeña mesa y comenzaron a ordenar algunos papeles que ahí se encontraban ignorando por completo nuestra presencia. Mi mente no asimilaba lo que ocurría ¿Por qué tenía que encontrarme precisamente con Inuyasha en este sitio?

-Veo que ustedes se conocen... supongo que asisten al mismo Colegio…

Comentó el anciano para romper por completo aquel ambiente tan denso e incómodo.

-Así es señor y le pido disculpas por la manera tan grosera en que mi amigo se ha comportado, nosotros nos retiramos…

Contestó con profunda vergüenza Sango fulminando a Kouga con la mirada, aunque la verdad no comprendía del todo por qué mi amiga se comportaba de esa manera tan alterada y nerviosa.

-Disculpe señor… nosotros… buscamos un violín para mi hermana lo que pasa es que perdió en un accidente el instrumento que mi padre le heredó.

Intervino repentinamente Kikyou, yo pensé que con la presencia de Inuyasha saldría corriendo de aquel lugar pero no, su actitud era muy normal, como si su terrible enemigo no se encontrara justo frente a sus ojos.

-Que pena haber perdido una pieza tan valiosa pero tengo un catálogo con lo mejor de estos instrumentos, están elaborados en una muy alta calidad, por supuesto que sólo son para personas con verdadero talento y me imagino que la señorita es una maestra en ese arte.

Las adulaciones de aquel anciano me provocaron un cierto cosquilleo en mis entrañas y como consecuencia comencé a sonreír y a sonrojarme.

El señor me extendió una pequeña revista que al momento de abrirla me encontré con una inmensa gama de instrumentos, desde los clásicos hasta los más modernos.

-¿Porqué no te decides por un violín eléctrico? Este blanco me agrada…

Me señaló mi hermana con su dedo a una serie de violines eléctricos que desfilaban uno tras otro.

-No me agradan mucho esos violines siento que el sonido no es tan fino como el tradicional.

Contesté sin dejar de mirar aquel catálogo, hasta que por fin llegó a su fin y una vez más me encontré en el vacío absoluto.

-¿No te agrada ninguno?

Preguntó el anciano.

-No es eso, todos son muy bonitos pero ninguno de ellos tienen lo que necesito.

-¿Y qué es lo que necesitas?

Volvió a preguntar él.

-No sé, quizás es que no he podido desprenderme del recuerdo de mi antiguo violín, mi vida entera estaba unida a él y ahora que no lo tengo me es imposible encontrar un sustituto.

Respondí con cierta tristeza, con la mirada hacia el piso y atenta al fondo musical del cual no me quería desprender, mi violín volvía tocar… de nuevo tenía vida. lo único malo es que ahora sólo era un fantasma, un ser totalmente intangible.

-Pequeña nunca encontrarás un sustituto, jamás podrás borrar el recuerdo del instrumento que te vio crecer como artista y te acompañó en tus logros, pero todo en esta vida tiene un ciclo y nada es eterno, ahora es cuestión de que encuentres un nuevo compañero que camine a tu lado en tus próximas metas.

Estas bellas palabras hicieron que derramara por completo más lágrimas, la nostalgia volvía a invadirme. Esto ya era demasiado para mi, el escuchar las melodías de mi padre me atormentaban por completo, nublaban mi mente, esa era la razón por la que desde mi accidente no me atrevía a escuchar los sonidos de papá, sus notas eran puñaladas en mi alma…

-¡Quiero mi violín¿Acaso es pedir mucho? Lo necesito, el sólo escucharlo me vuelve loca.

Grité con total histeria sin importarme el lugar en el que me encontraba, comenzaba a entrar en shock emocional y el cuerpo se me debilitaba. Kikyou intervino de inmediato y me sostuvo, el anciano ahora se mostraba preocupado al igual que mis amigos, Inuyasha ahora se encontraba cerca de nosotros.

-Kagome no me hagas esto, reacciona, no lo hagas no te duermas, escucha la música tu violín vive ¡Escúchalo!

Gritó con desesperación mi hermana, pero ella no entendía que entre más escuchaba ese violín me mataba una y otra vez.

-No puedo, lo perdí por tonta, soy una inútil, soy una vergüenza en la familia, ni siquiera soy capaz de tocar otro violín, he manchado la memoria de mi padre no soy tan buena como él, como artista soy un absoluto fracaso.

Kikyou me abrazó con fuerza y noté que unas lágrimas se resbalaban por su rostro, aquella situación se había salido de control sin razón alguna, no supe porque elegí precisamente ese momento para entrar en una de mis habituales histerias.

-Mi niña deja de ser prisionera del pasado, abre tu mente, el talento no te ha abandonado, mucho menos tu querido padre, los dos están dentro de ti, no te encierres en un caparazón, sal al mundo explota al máximo ese talento que te distingue de los demás, has honor a lo que has perdido y lucha por esos recuerdos que tanto tiempo te hicieron feliz.

Sequé mis lágrimas y respiré hondo, el anciano tenía razón un nuevo ciclo comenzaba y junto con él un nuevo compañero que me esperaba en algún lugar del mundo dispuesto a compartir conmigo todos mis logros y fracasos. Volví a mirar aquel catálogo una vez más, con mucha atención y tratando de que mi mente estuviera lo más despejada posible para no equivocarme y entre todas esas páginas me encontré con un texto que llamó por completo mi atención…

El violín "The Hammer", fabricado por Antonio Stradivarius en Cremona (Italia) en 1707, saldrá a subasta el próximo mes en Nueva York. El instrumento puede alcanzar un precio de 1. 9 millones de euros, según la firma Christie's, que dirige el evento. El actual récord en subasta para un violín lo ostenta otro stradivarius, el "Lady Tennant" del año 1699, que hace algunos meses alcanzó 1,5 millones de euros. Los expertos de Christie's consideran muy probable que The Hammer supere esa cantidad.

Este violín fue bautizado por su primer dueño, el joyero y coleccionista sueco Christian Hammer. Desde entonces ha pasado por varias manos como su actual propietario, que lo adquirió en 1992, y lo ha prestado, entre otros, a la famosa violinista Kyoto Takezawa para una serie de conciertos.

No quitaba mi vista de aquel reportaje e inmediatamente Kikyou se dio cuenta de lo que ocurría cuando terminó de leer el artículo.

-Kagome no me digas que ese es el que te gusta… ¿Ya viste el precio?

-Lo sé Kikyou yo jamás podría pagar una cantidad tan alta por esta obra maestra, ni siquiera vendiendo mi alma podría tenerlo entre mis manos.

La fotografía de aquel violín me había impactado, no le di interés por haber sido creado en manos de un grandioso maestro, ni siquiera por su costo, lo más valioso en él era su antigüedad, ya que ese violín había pasado por un sin número de personas de las cuales él había sido testigo de incontables historias. Preferí dejar de ver aquella publicidad y buscar algo que se acomodara a mi presupuesto y un poco a mis necesidades. Al final me decidí por un instrumento de gran calidad y bajo costo.

-Le diré a mamá que lo pida para tu cumpleaños, al fin sólo falta una semana para ese gran día.

Decía con gran entusiasmo mi hermana pero con tantos problemas el tema de mi cumpleaños lo olvidé por completo y sinceramente no estaba de ánimos para festejarlo, después de todo a nadie le interesaría un insignificante cumpleaños como el mío.

-¿Kagome de verdad pronto será tu cumpleaños?

Preguntó con gran interés Kouga y yo sólo respondí con un triste si…

-Pero que veo, una muchachita tan joven y tan linda no debería estar triste cuando se encuentra en vísperas de un día tan especial.

Intervino el anciano que no se despojaba de su buen carácter y trataba de levantarme el ánimo después de la escenita que monté. Inuyasha y su amigo permanecían atrás del señor y nos miraban con cierta curiosidad, aunque el más descarado era Inuyasha que me observaba atentamente como si tratara de leer mi mente bajo aquellos ojos penetrantes.

-No es para tanto señor sólo es un día común y corriente que pasará inadvertido para todos.

Respondí con tristeza.

-¿Qué día cumples años?

Volvió a insistir el señor.

-El próximo jueves…

-¡Que bien! Veo que tienes mucha suerte, mira hace poco me llegaron unas cortesías para un evento ¿Te gustaría asistir?

-¿Un evento?

-Si, se trata de la obra maestra de Tchaikovsky… El Lago de los Cisnes, interpretada por el ballet de Kirov.

-¡Por supuesto que acepto!

Grité muy emocionada ya que ese ballet era mi favorito, estaba tan emocionada que incluso se me olvidó por unos instantes la vergüenza y la tristeza que sentía hace unos segundos.

-Entonces toma… son sólo tres boletos para la función nocturna, disculpa que no tenga más para que también tus amigos asistan, lo que pasa es que nosotros también asistiremos me refiero a mis dos nietos y yo por supuesto.

El anciano señaló con la mirada a Inuyasha y al otro muchacho, pero sinceramente no podía creer que esos dos fueran parientes, no se parecían en nada físicamente.

-Bueno Kagome es mejor irnos, ya es muy tarde…

Decía Kikyou que le agradeció con una gran reverencia al anciano aquel regalo de cumpleaños. Yo también hice lo mismo y le prometí que vendría a recoger mi nuevo violín después de mi cumpleaños. Pero una vez más la campanilla sonó y un sujeto de lo más terrorífico entró al establecimiento.

Todos nos quedamos callados ante tal presencia como si súbitamente nos hubieran arrebatado la alegría y la felicidad. El único que reaccionó al instante con aquella espeluznante figura fue Inuyasha que en cuestión de segundos ya se encontraba enfrente de todos nosotros enfrentando a ese hombre.

-¿Qué haces aquí miserable?

Preguntó molesto Inuyasha.

-Tu mal carácter no mejora en nada Inuyasha, sólo vine a visitarlos, saber como están y también verificar si todavía continúan con su necedad de quedarse en este lugar.

Comentaba ese sujeto arrastrando las palabras y con voz sibilante, igual al sonido que emiten las víboras.

-Eso a ti no te importa Náraku, lárgate de una vez, suficiente daño nos has hecho…

Replicó una vez más Inuyasha

-¿Te refieres al accidente que le ocurrió a tu amigo? Yo no tuve nada que ver o quizás si, pienso que se me paso un poco lo mano pero no veo por qué te molestas aún sigue con vida…

-Eres un desgraciado si se te ocurre volver a lastimar a mi familia yo mismo te mataré…

-¿Tú familia? Inuyasha tus inútiles amenazas no me inquietan, un debilucho como tú, humillado por una mujer en batalla… no podría hacerme nada, no eres más que un insecto.

Inuyasha se quedó callado, el cuerpo le temblaba, sus puños cerrados se contenían para no asestar el primer golpe. No entendía nada de lo que ocurría pero nada bueno podía venir de ese tipo, miré a mi hermana ella se encontraba muy seria, veía a Náraku con profundo asco y avanzó hacia él…

-Te crees muy valiente al enfrentar a un hombre Náraku… pero eres un cobarde cuando se trata de una mujer…

Intervino Kikyou en la conversación.

-Mi hermosa Kikyou no tengo idea de qué me hablas.

-Sólo dile a tu hermana que tiene una cuenta pendiente conmigo y que la próxima vez que nos enfrentemos pagará con su propia vida lo que le hizo a Kagome.

-No sé de que hablas, yo jamás intervengo en los asuntos de Kagura pero si te ha provocado algún mal yo mismo le daré su merecido.

-Eres un idiota, sabes perfectamente a lo que me refiero, así que los dos ya están advertidos, la próxima vez que nos veamos a la cara espero que tengan un poco de dignidad y no manden a otras personas en su lugar.

-Estás muy equivocada amor mío, yo jamás permitiría que alguien te tocara, tú me perteneces, eres mía y nadie se mete con lo que yo amo.

-Tus palabras me dan asco, me repugnas, yo jamás me interesaría en un tipo como tú… preferiría estar muerta.

-Tu desprecio es lo que me hace amarte más, eres la única mujer que se ha enfrentado a mí sin ningún temor, eres digna de mi amor.

-Ya cállate basura, no quiero volverte a verte ni mucho menos cerca de mi hermana, si es necesarios tomar la vida de ustedes dos para protegerla con mucho gusto lo haré.

-Eres valiente Kikyou… Inuyasha deberías de agradecerle a la señorita el haberte salvado, si ella no estuviera presente ustedes ya estarían muertos.

Después de esto Náraku se dio media vuelta y salió de la tienda desapareciendo entre la oscuridad. Dejándonos a todos un sabor muy amargo en la boca pero la que se encontraba más inquieta era Kikyou y no era para menos si yo estuviera en su lugar estaría muerta de miedo.

-Kagome regresemos a casa.

Ordenó con voz seria. Así que Sango, Kouga y nosotras dos salimos de inmediato de aquel lugar no sin antes despedirnos del anciano y agradecerle una vez su presente.

-Nunca pensé que ese inútil se buscara problemas con Náraku.

Comentaba Kouga en el camino, obviamente se refería a Inuyasha.

-Y yo ni siquiera estaba enterada de que la ausencia de Ishida en el Colegio fuera a causa de tantas lesiones.

Decía Sango con cierta tristeza y por un momento alcancé a vislumbrar que sus ojos se tornaban vidriosos, pero no quise seguir mirándola y sólo me limité a seguir al grupo. Mi hermana iba al frente de nosotros y miraba de un lado a otro continuamente, la visita de Náraku provocó inseguridad en ella y supuse que se encontraba temerosa de un nuevo atentado.

Tardamos en llegar a casa media hora, en el camino nos separamos de Sango y Kouga que siguieron su propio rumbo. Mamá ya se encontraba muy preocupada y nos reprendió por llegar tarde. Nosotras tratábamos de fingir que nada malo había ocurrido y sólo nos limitamos a ver como mi madre movía continuamente los labios pero ninguna de las dos prestábamos atención a sus palabras porque nuestra mente estaba en otro lado.

Terminado el regaño cada quien subió a su habitación, Kikyou aún consternada por las palabras de su pretendiente se dirigió inmediatamente a su habitación y cerró la puerta. Yo no quise intervenir en su privacidad, lo mejor era dejarla sola para que despejara sus ideas y recapacitara sobre esa amenaza de quitarles la vida a esos terribles hermanos si volvían a interponerse en nuestro camino.

También lo que me causó curiosidad era saber qué clase de problema tenían Inuyasha, el anciano y el otro joven contra Náraku y si de verdad ese sujeto tuvo algo que ver con el estado de salud de ese chico. Y ahora que lo recuerdo… ¿Porqué Sango se impresionó tanto cuando lo vio entrar? Entonces recordé aquella discusión que Kouga y mi amigao sostuvieron cuando recién llegué al Colegio y vagamente el nombre Ishida se me hizo familiar… Ishida… Ishida… ese es el nombre del muchacho del cual Sango estaba enamorada, ahora lo comprendía todo, debió ser muy duro para ella ver a esa persona querida después de mucho tiempo mal herida y sin poder ayudar en nada. Pensé en tomar el teléfono y platicar con ella pero lo mejor era esperar hasta vernos en el Colegio para poder platicar con más tranquilidad. Apagué la luz de mi recamara y me sumí en un profundo sueño. Esa noche aquel piano no sonó y me causó un gran pesar, pero quizás esa persona también debería de tener algún problema como para ausentarse una noche.

El fin de semana trascurrió como si nada, Kikyou se mostraba más tranquila y se encerró todo el día en su recamara poniéndose al tanto de sus estudios y deberes, yo mientras tanto al no tener mi instrumento traté de tocar en el piano de mi madre una de las melodías que noche tras noche escuchaba, pero me fue imposible, el sonido no era el mismo y mucho menos el sentimiento, no me sentía capaz de usurpar algo que no me pertenecía en absoluto y desistí de mis intentos por interpretar esas hermosas melodías.

-¿Y encontraste un violín que llamara tu atención?

Preguntó mi mamá cuando me encontró meditando frente a su piano.

-Si… encontré uno pero es como un sueño inalcanzable.

-¿Por qué lo dices hija?

-Porque se trata de un instrumento muy caro, es "The Hammer"

-Ahora entiendo, por lo que sé va ha subastarse pasado mañana, lo siento Kagome pero que más quisiera cumplir tus deseos y regalártelo pero me es imposible.

-Lo sé madre no es necesario que me lo digas pero quedé en visitar una tienda después de mi cumpleaños.

No había tenido la oportunidad de platicar con mi mamá de mi decisión sobre el nuevo violín ni mucho menos le comenté sobre la existencia de aquellos boletos que el anciano tan amablemente me obsequió. Pero al igual que yo también se emocionó y me pidió la dirección de aquel establecimiento para agradecerle al señor personalmente el regalo. Me insistió en ir, yo no quería porque eso significaba encontrarme con Inuyasha y no deseaba verlo, eran demasiadas coincidencias en tan poco tiempo que no me agradaban en lo absoluto, pero ante la insistencia de mi madre no pude negarme y accedí a acompañarla esa misma tarde.

Me encontraba nerviosa, muy tensa, deseaba que Kikyou estuviera a mi lado para darme fuerzas, después del espectáculo tan deprimente de anoche no tenía cara para mirar de frente a Inuyasha, quizás en esos momentos se burló de mi en silencio como era su costumbre, ha de pensar que soy una niña demasiado patética y muy infantil que llora por cualquier tontería pero… ¿Quién era Inuyasha¿Había una doble personalidad en él? Recuerdo a la perfección todo lo que hizo por mi en el hospital y también me es imposible olvidar todas esas horrendas palabras que pronunció cuando me encontraba en el aula de música, por un lado lo quería porque me gustaba, no sé qué era lo que me atraía de él pero me simpatizaba y también por otro lado había instantes en que lo detestaba con todas mis fuerzas, era demasiado difícil para mí enfrentar a una persona muy querida y no ser correspondida. Faltaba poco para llegar y el corazón retumbaba sin cesar en mi pecho.

-¿Es aquí?

Preguntó mi madre al encontrarnos en el umbral de la puerta yo solo asentí la cabeza y fue ella la que entró primero, mientras que yo dudé varios segundos en seguirla. Ya nos encontrábamos en el interior de la tienda y esta vez fue el propio Inuyasha que nos atendió y yo lo único que hice fue pararme detrás de mi madre para no verlo.

-Buenas tardes.

Saludó él cortésmente, mi madre y yo respondimos el saludo.

-Disculpe joven… ¿Se encontrará el dueño de este establecimiento?

Preguntó mamá.

-No se encuentra, pero con mucho gusto la atenderé yo.

Respondió él.

-Muy amable de tu parte, lo que pasa es que deseaba agradecerle las atenciones que ha tenido con mi hija.

-Si gusta puede esperarlo no creo que tarde mucho, salió desde la mañana y no ha de tardar de regresar, pueden tomar asiento en aquellas sillas.

-Muy bien lo esperaremos.

No puede ser, porqué mi madre me hacía esto, suficiente había sido con venir a este lugar para encima tener que esperar al señor, podíamos volver otro día, nada le costaba a mi madre regresar después. Nos sentamos en dos sillas que se encontraban cerca de la entrada, eran cómodas, mamá tomó una revista y comenzó a hojearla, yo mientras tanto me limité a observar los rincones del lugar. Inuyasha desapareció en un pequeño cuarto que se encontraba al fondo, se escuchaban voces y el movimiento de algunas cajas. Pocos minutos después Inuyasha regresó cargando al menos cinco cajas grandes y las colocó encima del mostrador abrió una de ellas y sacó del interior panderos de diferentes colores y comenzó a colocarlos dentro del mostrador, yo sólo veía cómo trabajaba, jamás pensé que fuera un chico al que le gustara las labores, por su forma de ser me hice a la idea de que sólo se la pasaba vagando por las calles molestando a la gente pero veo que me he equivocado y lo juzgué mal.

Un fuerte golpe se escuchó, varias cosas cayeron e Inuyasha se sobresaltó y salió corriendo hacia el cuarto del fondo. Mi madre y yo también nos alteramos y a lo lejos escuchamos que alguien se quejaba. Mamá como era de costumbre se dirigió hacia aquel lugar sin importarle nada, yo la seguí y cuando nos encontrábamos a escaso un metro de la entrada se escuchaba que aventaban más cosas, nos asomamos y fue entonces cuando observamos con claridad que Inuyasha estaba desesperando por quitar un montón de cajas que se encontraban en el suelo, se habían venido abajo. Quizás estaban apiladas, aunque el horror llegó cuando vislumbre un brazo entre aquellas enormes cajas y sin pensarlo de inmediato ayudé también a quitarlas, mamá hizo lo mismo.

-¡¡Miroku¡¡Miroku!!

Gritaba desesperado Inuyasha al joven que se encontraba tendido en el suelo e inconciente.

-¡Dónde está el teléfono hay que llamar una ambulancia!

Preguntó mi madre sobresaltada.

-Cerca del mostrador.

Contestó Inuyasha que intentaba poner boca arriba al joven. Lo ayudé tratando de que ninguno de los dos lastimáramos más su cuerpo. En su frente había una pequeña herida que sangraba.

-Soy un imbécil no debí dejarlo solo, sabía que se desmayaría en cualquier momento.

Se reprochó con furia Inuyasha.

-Tranquilízate la ambulancia llegará pronto, él está bien.

Traté de calmar un poco su desesperación pero fue inútil.

-No puedo tranquilizarme, Miroku no está bien, si supieras por lo que ha pasado no estarías diciendo tonterías.

No quise contestar su nueva agresión, no era el momento, comprendí que él estaba muy alterado y que no valía la pena discutir.

-La ambulancia viene en camino… ¿Sabes dónde puedo localizar a otro de sus familiares?

Volvió a preguntar mi madre.

-No sé, la única familia que tiene somos nosotros, su abuelo ya se tardó demasiado.

Inuyasha estaba muy preocupado, caminaba de un lado a otro, se tronaba los huesos de las manos de una manera muy insistente y nerviosa, que más hubiera deseado abrazarlo y mostrarle todo mi apoyo, pero tenía que contener esos sentimientos porque simplemente yo seguía siendo una completa extraña para él.

La ambulancia no tardó en llegar y de inmediato atendieron al joven. Lo montaron en una camilla para luego subirlo al vehículo.

-Lo siento muchacho no puedes ir, necesitamos a una persona mayor que se haga responsable del chico.

Comentó uno de los paramédicos a cargo.

-Pero yo soy su amigo su familia no está.

Respondió Inuyasha de mal humor.

-Lo siento no puedes subir, tendrás que esperar a que sus familiares regresen.

Inuyasha maldijo, estaba furioso y entonces mamá intervino.

-Yo iré con él soy amiga de la familia…

-Está bien… suba…

El paramédico no tuvo más opción que aceptar que mi madre acompañara al herido.

-Kagome tú quédate aquí, regresaré por ti después, no quiero que salgas de este lugar ¿Entendido

Ordenó mamá que se mostraba un tanto alterada y nerviosa.

-Si, avísame si me necesitas.

Las puertas de la ambulancia se cerraron y al instante arrancó a toda velocidad. Tanto Inuyasha como yo nos quedamos parados a media calle observando como el vehículo de alejaba. Miré a Inuyasha, no podía contener su furia y sin previo aviso se dirigió hacia un árbol que se encontraba cerca y comenzó a golpear la corteza con todas sus fuerzas. Estaba totalmente enloquecido y no dejaba de asestar sonoros golpes, tratando a ese tronco como si fuera su peor enemigo.

-¡Detente por favor!

Sin importarme lo que ocurriera lo abracé por la espalda y sostuve sus manos para que no continuara golpeándose, se había lastimado mucho ahora sangraba.

-No hagas eso, necesito desquitarme con alguien y no quisiera lastimarte.

Decía con un tono muy agitado.

-Tú no vas a lastimarme, lo sé, ven entremos para que pueda curarte las heridas.

Lo tomé del brazo y caminamos juntos hasta llegar al interior del local, se sentó en una silla mientras que yo buscaba el botiquín en el lugar que él me indicó. Tomé otra silla y me senté frente a él. Mojé un poco de algodón con alcohol y con suavidad lo froté en su mano. Inuyasha no hizo ningún gesto de dolor, su mirada estaba pérdida y evitaba observarme.

-No es necesario que hagas esto, yo puedo solo…

Replicó con su habitual mal humor.

-Lo sé pero no puedo irme de este lugar.

Respondí ignorando por completo su molestia.

-¿Necesitas de tu hermana para poder caminar y salir de este lugar? Puedes llamarle cuando quieras…

Comentó él con burla, esa actitud era lo que más me molestaba de su persona.

-¿Qué es lo que te he hecho¿Por qué eres así conmigo? No entiendo que satisfacción encuentras al jugar conmigo…

Dije aún más molesta necesitaba expresar todo eso que sentía y que me había guardado por tanto tiempo.

-Yo no estoy jugando contigo.

-¿De verdad? A mi me parece que no, siento que te diviertes haciéndome sufrir, me has hecho demasiado daño lastimándome en dónde más me duele, quizás mi carácter sea muy débil pero eso no te da derecho a tratarme como si fuera una debilucha, me juzgas sin siquiera conocerme, te burlas de mi desgracia sin saber por todo lo que he pasado desde el día en que nací. . ¿Crees que a mi me gusta que todo el mundo me proteja¿Crees que me gusta estar enferma? No Kurosaki, serás muy fuerte pero ni siquiera tienes idea de lo que es estar dormida involuntariamente para después despertar y encontrarte con que ya han trascurrido días o semanas. Tú que sabes lo desagradable que es que todo el mundo te esté vigilando a cada paso que das, no soy libre soy prisionera y daría lo que fuera por hacer lo que yo quisiera aunque sea por un solo un día…

Ya no podía contener todo el coraje que sentía hacia él y las palabras fluyeron por mi boca libremente, esta vez sin importarme lo que decía, simplemente expresé lo que sentía en ese momento.

-Kurosaki si tanto te desagrada mi presencia te pediré que no me molestes, tus palabras lastiman demasiado, yo no entiendo porqué desde el día en que llegué a esta ciudad el destino o la casualidad nos ha unido, a mi no me agrada eso, incluso me da miedo encontrarme contigo porque no sé lo que serás capaz de decirme, espero e incluso ruego para que esta sea la última vez en que tú y yo nos encontremos…

-No puedes evitarlo, somos vecinos y asistimos al mismo Colegio…

-Pero podemos ignorarnos, con eso me vasta, desde ahora fingiré que no existes así como tú lo harás conmigo.

-No es necesario ser tan extremista…

-Y que quieres que haga si tú sólo te dedicas a molestarme.

-¿Lo dices por lo que ocurrió el primer día en que nos conocimos y por el incidente en el aula de música?

-Si por eso, aquellas dos ocasiones bastaron para que me hicieras sentir la peor persona del mundo y que no valgo la pena.

-¿Mis palabras provocaron que te alteraras el día de ayer?

-Me lastimaste como nadie lo ha hecho.

-Lo siento no fue mi intención.

-Ya no importa el daño ya está hecho y gracias a ti he derramado muchas lágrimas.

-Discúlpame no sé que me pasa, ni yo mismo entiendo porque me comporto así contigo, quizás porque me gustaría que fueras una persona más fuerte, no me agrada que dependas de lo demás.

-Pero si dependo o no es mi problema, nosotros no somos nada así que no entiendo porque tanta preocupación hacia una persona que apenas y conoces.

-Tienes mucha razón empezamos muy mal y ya me estoy hartando de esta situación.

-¿Y que tal si intentáramos tratarnos con más cordialidad?

Propuse para poner fin a todos estos malos momentos.

-¿Te refieres a una amistad?

Preguntó Inuyasha con inequidad.

-Es una palabra muy fuerte, no suelo emplearla en cualquier persona.

Respondí con cierta frialdad era obvio que difícilmente se podría manejar una amistad entre él y yo.

-Pienso igual no todas las personas son dignas de portar ese don pero podríamos ser compañeros.

Contestó Inuyasha con más frialdad, dejando en claro lo que ya sospechaba.

-Creo que si, esa es la palabra más adecuada.

-Higurashi…

-Dime…

-¿Podría saber por qué te perturbó tanto perder tu violín?

-Es un recuerdo de mi difunto padre.

-Hace algún tiempo me enteré que había fallecido y nunca me imaginé que me encontraría con sus hijas.

-Suele pasar, pero ya estoy acostumbrada… aunque sinceramente hay situaciones en las que no puedo adaptarme.

-No entiendo.

-Será mejor que te cuenta toda mi vida para que al menos puedas comprenderme un poco.

Comencé a narrarle mi infortunada vida, la muerte de mi padre y cómo ocurrió, los dos meses que permanecí en el hospital, mi repentina fobia al agua y la razón por la cual una narcolepsia que no había sido detectada con anterioridad surgió para arruinarme más la existencia. Él me escuchaba atentamente, jamás me interrumpió mientras yo lo seguía curando. También comenté cómo había sido mi vida después de aquel accidente.

-¿Entonces tu familia no detectó la narcolepsia hasta tres meses después?

Preguntó él algo intrigado.

-Así es, siempre me quedaba dormida en clases, casi no prestaba atención a la escuela, me sentía muy débil, al principio los médicos pensaron que era una depresión y desnutrición pues siempre me encontraba triste e inapetente, pero conforme avanzaron los estudios descubrieron cuál era mi enfermedad, es muy raro que se presente en una edad tan temprana, los médicos opinan que si no hubiera sufrido una experiencia tan terrible quizás la enfermedad se manifestaría mucho después.

-¿Y ahora cómo es que te mantienes despierta?

-Gracias al sin número de medicamentos que tomo principalmente vitaminas pero créeme ya estoy harta, pero si no los tomo mi enfermedad podría avanzar más al grado de no poder permanecer despierta cinco minutos, por eso es que mi hermana y mi madre me cuidan tanto y nunca me dejan sola, tienen miedo de que yo desfallezca en cualquier lugar y que ponga en riesgo mi vida.

-¿Todo eso te ocurre cuando tienes emociones muy grandes?

-Sólo cuando algo me entristece o me perturba, como el día en que nos conocimos, tenía miedo de que mi hermana te despedazara porque la conozco perfectamente y sé lo que es capaz de hacer.

-Ahora entiendo por qué te protege tanto.

Terminé de vendarle las manos a Inuyasha y el movió un poco las manos.

-No lo haces tan mal aunque todavía te falta algo de experiencia…

Comentó él mientras miraba su curación.

-Que amable de tu parte… y ya que estamos más en confianza me gustaría saber por qué ese hombre los persigue.

-¿Te refieres a Náraku? Bueno no lo sé a ciencia acierta yo tengo poco de llegar del extranjero, cuando conocí a Miroku y su abuelo el problema ya llevaba bastantes años, pero ninguno de nosotros sabe el por qué.

-¿Entonces tú no eres familiar de ellos?

-No, soy sólo un amigo de Miroku, de hecho es mi único amigo, cuando llegué a Japón fue la única persona que no huyó con mi carácter y desde ese entonces ha estado a mi lado.

-¿Y que fue lo que ocurrió¿Por qué tiene tantas lesiones?

-Náraku lo mandó a golpear, le tendió una trampa y sus secuaces lo emboscaron, pudo haber perdido la vida pero de milagro se salvó, estuvo casi un mes en coma y apenas lo dieron de alta la semana pasada.

-No puedo creer que ese hombre sea tan maligno, también a nosotras nos hizo daño, por eso es que nos encontramos en el hospital aquella vez, al parecer la hermana de ese tipo quiso vengarse con Kikyou y también mandó a unos sujetos a que la apuñalaran afortunadamente mi amigo Kouga llegó para rescatarnos, le debemos la vida y estoy muy agradecida con él.

-¿De verdad crees que ese niño sea un héroe?

Preguntó Inuyasha con sarcasmo, ahora me miraba detenidamente con sus bellos ojos.

-No entiendo porqué lo dices…

-Por nada en especial.

Se miró las manos una vez más, y las movió un poco.

-Creo que no podré tocar en algunos días.

-¿Tocar¿A que te refieres?

-El piano, no creo poder tocarlo en un par de días con estas heridas.

-¿Tú tocas el piano?

-Si.

-Entonces tú eres…

-La persona que escuchas todas las noches, si creo que soy yo…

-¡No puedo creerlo¿Tú?

-¿Tiene algo de malo?

-No para nada, lo que pasa es que pensé de que se trataba de una persona mayor alguien con mucha experiencia para tocar de esa forma…

-No se a que te refieres con eso, yo sólo toco lo que siento, no creo que sean melodías del otro mundo…

-¿Y de quienes son esas melodías?

-De quien más… son mías yo las compuse, aunque mis padres siempre me dicen que son deprimentes, pero yo opino lo contrario.

-Si son algo tristes, pero muy bellas.

-Son sólo mis sentimientos...

Concluyó Inuyasha. Después de eso se escuchó la campanilla, el abuelo había llegado de lo más tranquilo. De inmediato Inuyasha lo abordó y le comentó lo sucedido. El semblante del anciano palideció y me dio la impresión de que desfallecería en cualquier instante.

-¿En dónde está?

Preguntó angustiado.

-No lo sé, todo fue tan rápido que ni me di cuenta de a dónde lo llevaron, la señora Higurashi lo acompaña.

Contestó Inuyasha con la cabeza cabizbaja.

-Llamaré al móvil de mi madre, no se preocupe su nieto está en buenas manos y nada malo le puede ocurrir.

Que otra cosa podría decir, las palabras no eran suficientes para calmar una angustia de tal magnitud, pero yo confiaba en mi madre y sabía perfectamente que nada malo le ocurriría a aquel chico. Por fin la llamada entró y mamá contestó, de inmediato la comuniqué con el abuelo y ya no supe de que hablaron, al parecer nada malo había ocurrido pues el semblante del abuelo comenzó a mostrar cierta tranquilidad. Colgó la llamada y le pidió a Inuyasha que me llevara a casa mientras que él se adelantaría al hospital. Fue más que obvio que esta idea no le agrado en absoluto a Inuyasha, estaba demasiado preocupado por su amigo y a mi tampoco me parecía justo que lo enviaran a cuidarme.

El anciano salió al igual que nosotros dos, Inuyasha cerró el establecimiento y juntos nos encaminamos a casa. Él se mostraba más serio de lo habitual, no lo culpaba, al contrario trataba de buscar en mi mente palabras consoladoras pero no pude encontrarlas.

-Kurosaki no es necesario que hagas esto yo puedo irme sola tú deberías estar con tu amigo él es la persona que más te necesita en estos momentos.

-Aunque quisiera no puedo dejarte sola, Náraku ha estado rondando por aquí y no me agradaría que intentara algo contra ti, si algo te pasa tu familia me mataría, no quiero meterme en problemas…

-Entonces vayamos juntos a verlo…

-¿Te refieres a Miroku?

-Si.

-Higurashi… ¿Hablas en serio? Si lo haces tu madre se molestará.

-Tienes razón pero… no me gusta verte así…

-Lo siento pero no voy a provocarte más problemas, además ya es hora de que estés con tu hermana, la tienes que cuidar, esa herida que le hicieron no es para menos y no creo que deba andar sola tanto tiempo…

-¿Y Cómo sabes que Kikyou tiene una gran herida?

-Me lo imaginé, sabiendo cómo Náraku trató a Miroku no creo que tenga compasión por una mujer…

Inuyasha se mostraba sospechoso y un tanto nervioso, algo extraño ocurría en él cada que tratábamos sobre el tema del atentado, me daba la impresión que Inuyasha sabía mucho sobre el caso, pero no era el momento para preguntarle, su mente estaba en otro lugar. Llegamos a casa, nos despedimos y él de inmediato se alejó corriendo. En cuestión de instantes despareció por completo de mi vista, sentí un vacío en mi pecho, me entristecía que se alejara, que perdiera el tiempo trayéndome a mi casa cuando su corazón estaba completamente agobiado por la salud de aquella persona, en ese momento sentí que en realidad sólo estorbaba.

Kikyou me preguntó que dónde estuvimos todo el tiempo mamá y yo, le conté lo sucedido y no podía creerlo, también se asombró que yo me decidiera a contarle mi vida y mis problemas a Inuyasha, pero que más daba… después de todo no era posible que me lastimara más de lo que ya lo había hecho ahora que ya conocía mi vida entera.

Como era de esperarse Inuyasha no toco su piano aquella noche, de seguro estaría al lado de Miroku, debía de apreciarlo demasiado como para conmocionarse de esa manera. Me es imposible olvidar aquel rostro lleno de desesperación, ni siquiera soy capaz de conciliar el sueño, sólo me limito a dar vuelta tras vuelta, a ratos me levanto y miro tras el ventanal esperando ver a Inuyasha, pero su recamara se mantenía en penumbra quizás no estaba en casa o quizás ya se encontraba en un profundo sueño el cual ni siquiera yo era capaz de recuperar. Pase la noche en vela con la preocupación carcomiéndome, sólo escuché cuando mi madre llegó en la madrugada y de inmediato bajé a cuestionarla, pero ella me dijo que no me preocupara, que el muchacho ya se encontraba sano y salvo en su casa que nada grave había ocurrido afortunadamente. Me pidió que fuera a descansar, no era necesario que lo dijera mi cuerpo se mostraba muy cansado pero simplemente el insomnio se había apoderado de mi por completo. Ya era lunes y era cuestión de horas para que me dirigiera al Colegio, me preguntaba cuál sería la manera más sutil de comentarle a mi amiga Sango lo ocurrido sin que ella se preocupara, pero… era evidente que no existía una frase lo suficientemente fuerte como para calmar su angustia, de todas maneras se preocuparía y no me atrevía a no contárselo puesto que ella jamás me lo perdonaría.

Amaneció de una manera muy lenta y triste el clima era nublado y húmedo, me di un baño y después me coloqué mi uniforme, faltaba mucho para que las clases empezaran así que decidí preparar el desayuno de todos, el de mi hermana, el de mi mamá, también el de mis amigos y por supuesto el mío que era el más pequeño de todos.

-Kagome ¿Se puede?

Preguntó la gentil voz de mi madre detrás de la puerta.

-Adelante mamá, me estoy peinando…

Respondí mientras me amarraba mi habitual coleta en el pelo porque mientras cocinaba se me había maltratado un poco por causa del gorro que me coloqué.

-Hija… ya tengo que ir a trabajar pero quiero pedirte un favor…

-Dime…

-¿Si llegaras a ver a nuestro vecino en el Colegio podrías preguntarle por la salud de su amigo? Tengo entendido que el joven Ishida no podrá asistir hoy pero creo que su amigo sé asistirá…

-¿Qué le pregunte a Kurosaki por su amigo? Pero…

Cuestioné muy asombrada ¿Cómo se le ocurría a mi madre semejante cosa? Simplemente era un favor imposible de hacer, lo menos que deseaba en estos momentos era estar cerca de Inuyasha.

-Kagome… Kagome…

Pronunció mi madre sacándome de mis pensamientos.

-Sí mamá lo haré, si lo llego a ver le preguntaré.

-Muchas gracias sabía que podía confiar en ti hija.

Mi madre se despidió con un beso en la mejilla y después abandonó mi habitación, mientras que yo me quedé sentada frente al espejo tratando de digerir por completo aquel "simple" favor.

Kikyou y yo nos encaminamos a la escuela, no hablamos mucho en el camino, mi mente se encontraba enfocada en mi problema, me daba vergüenza preguntarle a Inuyasha sobre su amigo ¿Y si mal interpretaba las cosas pensando en que yo sólo me dedicaba a acosarlo? Ya habíamos hecho un trato de cordialidad y respeto pero… ¿Podremos cumplirlo?

-Nos vemos en el almuerzo Kagome…

Se despidió mi hermana en las escaleras mientras ascendía hasta su salón, yo respiré hondo y trataba de evitar aquel repentino temblor en mis manos.

-Buenos días Kagome…

Saludó una voz alegre.

-Buenos días Sango ¿Cómo estás?

Ahora me enfrentaba a otro problema quizás mayor ¿Cómo podía confesarle a Sango aquel incidente?

-¿Qué ocurre Kagome pasa algo?

Preguntó ella al ver mi semblante que de seguro debía de ser lúgubre.

-Hay algo que tienes que saber es sobre ese chico que te gusta…

-¿Sobre Ishida¿Le ocurrió algo grave¿Está enfermo?

Sango me bombardeaba con sus preguntas y yo ya no sabía cuál contestar primero. Y en eso mi vista se desvió por completo, ahora mi atención se encontraba en Inuyasha que había entrado por la puerta principal. Nos miramos pero como siempre la timidez me obligo a bajar la cabeza un poco tratando de evadir su hermosa mirada.

-Buenos días…

Saludo con tono seco.

-Buenos días respondimos al unísono mi amiga y yo asombradas de aquella actitud, él por el contrario continuó su andar pero escalones más arriba lo llamé…

-Disculpa Kurosaki… ¿Podría hablar contigo en el receso?

-Si… no hay problema.

Contesto él extrañado por mi comportamiento.

-Te veré en el jardín…

Respondí con los nervios totalmente tensados.

-Bien…

Eso fue lo último que dijo y continúo hacia su destino. Sango me miraba de una manera extraña y entonces intervine antes de que comenzara a divagar.

-No es lo que piensas es solo que quiero preguntarle por la salud de su amigo…

Me justifiqué ante ella.

-¿Qué ocurrió ayer Kagome?

Relaté de una manera serena y tranquila lo que mis ojos habían visto, la verdad no fue mucha la información, después de todo el único que conocía a la perfección el origen de aquel incidente era Inuyasha. Sango se mostraba preocupada a pesar de querer ocultarlo, era evidente su tristeza y en verdad la comprendía porque cuando una persona querida es herida se puede llegar a perder la razón.

Nuestra primera clase fue inglés, no comprendí nada de lo que el profesor explicaba quizás porque me encontraba muy concentrada en mi reunión con Inuyasha…

-¡Vamos Kagome no es tan difícil enfrentarlo!

Comenté mientras movía mi cabeza de un lado a otro en señal de desaprobación.

-Higurashi… ¿Qué es lo que no entiende?

-¿Eh?

Rayos, había pensado en voz alta y ahora todo el grupo tenía puestos los ojos en mi.

-No profesor no es nada…

Respondí con la cara totalmente enrojecida.

-Si vuelve a interrumpir mi clase señorita tendrá que salirse.

-Si profesor… no volverá a ocurrir.

Me disculpé y traté de ignorar aquellas curiosas miradas, el profesor continuó con la clase y yo me propuse a olvidar ese asunto de una vez por todas. Lo más importante en estos momentos era ocupar mi mente en los estudios aunque sabía que sería difícil. La campana sonó y de inmediato Sango y yo salimos del aula, bajamos las escaleras y esperamos a mi hermana como siempre pero…

-¿Dónde está Kouga?

Pregunté extrañada y un tanto asombrada de mi misma por no haber prestado ni la más mínima atención en la ausencia de mi amigo.

-No sé, dijo que saldría de la ciudad, que tenía un asunto familiar que atender.

Contestó Sango sin darle importancia a su ausencia.

-Que lástima y yo que había preparado desayuno para todos.

-No te preocupes Kagome mañana podrás traerle otro o mejor deberías guardar el que ya tienes para que ya no trabajes de más, después de todo ese glotón no sabe diferenciar entre lo fresco o lo podrido.

-No seas tan cruel con él Sango el pobre no me ha hecho nada para merecer eso.

-¿De quién hablan?

Preguntó repentinamente mi hermana que se encontraba a mis espaldas.

-De Kouga… es que no asistió hoy a clases.

Respondí con cierto nerviosismo.

-Ya veo, entonces no te preocupes Kagome yo me comeré su almuerzo…

-Tú no tienes límites Kikyou te preparé un desayuno con el triple de porción así que no te quejes…

Reclamé molesta.

-Como digas pero sabes que no me puedo contener cuando tú cocinas…

-Oye Kagome ¿De casualidad ya olvidaste que tenías que ir a reunirte con alguien?

Me recordó Sango tratando de no ser tan obvia ante mi hermana pero sus actitudes la delataron.

-¿Reunirte con alguien¿Con quién?

-Con Kurosaki…

Respondí algo avergonzada.

-¿De verdad?

Preguntó Kikyou incrédula.

-N…no es lo que piensas… mamá me pidió de favor que le preguntara sobre la salud de su amigo eso es todo…

Kikyou me miró con detenimiento, con esa mirada calculadora que me provocaba calosfríos de tan sólo pensar qué era lo que la mente de mi hermana maquinaba.

-Está bien… Sango y yo nos iremos a almorzar a la cafetería y tú puedes ir tranquila a tu cita hermanita…

Comentó con voz pícara mi hermana.

-¡No es una cita! Además… regresaré con ustedes en unos momentos no tardaré…

Pero inesperadamente mi hermana me extendió dos almuerzos y se acercó más a mí para susurrarme al oído…

-No seas tonta la mejor manera de conquistar a un hombre es por el estómago…

-¿Qué?

-En cuanto coma esto caerá rendido a tus pies Kagome, no desperdicies tu oportunidad…

-Pero Kikyou…

-¡Nos vemos a la salida…!

Gritó mi hermana que se alejó de inmediato con Sango dejándome totalmente perpleja. Ahora si que Kikyou se había vuelto loca ¿Cómo se le pudo ocurrir algo así¿Desayunar a lado de Inuyasha¡Por Dios sólo eso me faltaba!

Permanecí algunos minutos parada en el pasillo esperando, temerosa y muy nerviosa, aunque sinceramente lo mejor era preguntar y salir huyendo cuanto antes de ahí, sí esa es la mejor opción.

Caminé con cierta dificultad, las piernas me temblaban, las manos me sudaban, me imaginaba que en cualquier momento aquellos desayunos sucumbirían con una caída repentina. Ya me encontraba fuera del edificio y busqué a Inuyasha en el jardín, pero había tanta gente que no podía localizarlo hasta que vislumbre una mano que ondeaba de un lado a otro, era Inuyasha que me indicaba que lo siguiera y así fue, lo seguí hasta la parte trasera de unos talleres.

-Creo que este lugar es bueno, aquí nadie molestará… y dime… qué es lo que quieres hablar conmigo.

Preguntó Inuyasha que me miraba con sus bellos ojos color miel. Yo me quedé muda por algunos minutos pero traté de armarme de valor…

-Quería preguntarte sobre la salud de tu amigo, me quedé muy preocupada con lo ocurrido ¿Ya se encuentra mejor?

Traté de ser lo más elocuente posible haciendo un gran esfuerzo porque no se notara mi nerviosismo.

-Si Higurashi no te preocupes, Miroku ya se encuentra mejor ese mismo día salió del hospital no fue nada, sólo sufrió un desmayo a causa de una baja de presión…

Respondió Inuyasha con elocuencia mientras continuaba mirándome.

-¿Pero no sufrió daño con la caída de aquellas cajas?

-No porque estaban vacías, el peso no fue muy grande lo que a mi me preocupaba fue el golpe que se dio al momento de caer, pero mi amigo es fuerte así que mañana ya podrá regresar a clases.

-Me da mucho gusto… cuando lo veas… ¿Podrías saludarlo de parte de nuestra familia? Mi madre también se encuentra un tanto angustiada.

-Si lo haré, no te preocupes.

-Gracias Kurosaki, bueno me retiro y disculpa por haberte robado algo de tiempo.

-Descuida después de todo no tengo nada que hacer, no tenía nadie con quién platicar.

-¿No tienes más amigos?

Pregunté con incredulidad e inmediatamente el rostro de Inuyasha cambió por completo y me dio la espalda.

-No tengo más amigos… con Miroku me basta y me sobra.

-Perdón no quise incomodarte con mi comentario, discúlpame no fue mi intención interferir en tu vida personal es solo que… me… gustaría conocerte más…

Inuyasha giró su cabeza y me miró con desconfianza, con un gesto de cierta desaprobación y yo solo quería que me tragara la tierra por haber sido tan atrevida, mi cuerpo temblaba de miedo, ahora él se daría cuenta de que mis intenciones hacia su persona iban más allá de una simple amistad.

-¿Por qué lo haces?

Preguntó él que ya me miraba de frente y muy inquisidoramente.

-No me hagas caso… estoy loca… soy una tonta no debí decir eso…

Respondí nerviosa e Inuyasha se acercó a mí poco a poco, yo retrocedía, su presencia me intimidaba y una pared obstruyó mi camino.

-Detente, detente, no te acerques…

Gritaba en mis adentros con desesperación, el cuerpo no me respondía. Pero Inuyasha continuaba su camino me tomó con suavidad de la barbilla y me sostuvo la miraba con fuerza, con poder, con un rostro que me demostraba que era él quien tenía el poder y yo simplemente era una esclava. Se acercó más y más, yo temblaba no podía moverme y sólo pude pronunciar con mucha dificultad…

-No te atrevas…

-¿Por qué?

-No te acerques…

-¿Te doy miedo? Vamos Kagome ¿Crees que no me he dado cuenta que yo no te soy indiferente?

-Eso es mentira…

-Claro que no, eres igual que todas las chicas en las escuelas donde he estado…

-No me compares, te crees todo un hombre jugando con los sentimientos de las jovencitas…

-Todas hacen lo mismo sólo las atraigo por el físico, sólo por eso…

-Que pena pero yo no soy así…

-¿En serio?

-No me importa lo que pienses de mí, sin conocerte, sin saber tu edad ni tu personalidad ya me agradabas, tu talento fue lo que me atrajo. Desde el primer día que llegué a esta ciudad te escuché y simplemente me enamoré de tus melodías y me preguntaba por qué alguien tan virtuoso vivía en extrema soledad esa es la diferencia entre las demás y yo, a mi no me interesa el físico así que no vuelvas a compararme con nadie te quedo claro…

Inuyasha me miró de una manera astuta, arqueó su ceja por unos segundos y de improviso me besó, yo me resistí solté lo que traía en mis manos para separarme, alejarlo de mi cuerpo cuanto antes y utilizando todas mis fuerzas le propiné una fuerte cachetada…

-¡Eres un idiota¡Me das asco¿Cómo te atreviste?

Grité ofendida, indignada y muy molesta. Su mejilla estaba enrojecida, yo me encontraba furiosa, desquiciada, me habían ultrajado mi primer beso de una manera salvaje. Inuyasha me miró y sólo sonrió…

-Eres diferente Higurashi, lo he comprobado discúlpame…

-¿Disculparte¿Todo esto lo hiciste para corroborar tu desconfianza¡Eres un desgraciado¡Poco hombre¡Eres un maldito salvaje¡No sabes cuanto te detesto!

-No entiendo porqué te enojas fue sólo un beso sin importancia.

-¿Sin importancia dices¡Para mi era lo más importante! Ese beso estaba destinado para el hombre a quien yo amara y no para una basura como tú…

El aire se me escapaba a causa de la rabia que sentía hacia esa persona, deseaba aplastarlo, pisotearlo, hacerle sentir con mis propias manos el dolor que en estos momentos sentía, la adrenalina que corría por mis venas trataba desesperadamente de liberarse y la única forma era un desvanecimiento…

-¿Higurashi estás bien?

Preguntaba Inuyasha que me sostuvo a tiempo antes de caer, su rostro reflejaba preocupación.

-No me toques…

Contesté con dificultad tratando de alejarlo de mi pero mi vista era un poco borrosa.

-No cierres tus ojos Kagome, perdóname, por favor, haré lo que quieras pero mantente despierta…

Casi no escuchaba lo que Inuyasha me decía yo sólo deseaba que el aire regresara a mi cuerpo. Trascurrió algún tiempo para que yo pudiera establecerme un poco, en lo personal me pareció una eternidad…

-Iré por ayuda por favor tranquilízate…

Decía él sobresaltado.

-No ya estoy mejor, no necesito de tu ayuda…

Contesté con despotismo.

-Pero no puedo dejarte así…

-¡YA BASTA!

Grité con lágrimas en los ojos, me sentía demasiado herida, habían pisoteado mis sentimientos y mi dignidad en cuestión de segundos.

-Kagome perdóname…

-Ya estarás contento, volviste a jugar conmigo ¿Y ahora qué harás? De seguro burlarte de mis enfermedades…

-¡Claro que no¡Yo no me he burlado de ti!

-No lo niegues te diviertes… así que ya déjame en paz.

-Estas equivocada, si te besé fue para comprobar que…

-¿Comprobar qué¿Qué soy una tonta, una chica fácil?

-No.

-¿Entonces?

-Quería asegurarme si esto que siento es verdad.

-¿Sentir¿Acaso eres humano?

-Escúchame por favor Higurashi, mi intención no ha sido jugar con tus sentimientos simplemente no quería equivocarme por eso te puse a prueba y me has demostrado ser sincera y muy diferente a todas las demás...

-Ahora resulta que el remordimiento te provoca tener cierta fijación hacia mi, no Kurosaki sencillamente no te creo a una mujer no se le trata de esa manera.

-¿Y cómo quieres que lo sepa si jamás he tenido una novia?

-Mientes…

-En serio, ni yo mismo se que es lo que siento, pero cada vez que te miro mi corazón se inquieta y siempre hago tonterías, te lastimo, te hago llorar y me siento mal por eso.

-Olvídate de mí Kurosaki, yo no existo, consíguete a otra persona a otra tonta que caiga en tus mentiras.

-No puedo y no quiero, simplemente no puedo olvidarte Higurashi…

-¿Qué dices?

Pregunté incrédula y más molesta con toda esa sarta de barbaridades.

-Me gustas… bueno eso creo… tu forma de ser, tu inocencia, tu personalidad tan cambiante…

Decía Inuyasha con dificultad como si le costara mucho pronunciar todas esas palabras.

-¿Por qué tendría que creerte?

-Porque es la verdad, dame una oportunidad, quiero demostrarte que mis intenciones son serias y que no estoy jugando contigo, si quieres puedes pedirle a tu hermana que me golpee hasta que tu odio hacia mí desaparezca.

-No es necesario y no podré acceder a lo que me pides, no puedo o mejor dicho no quiero…

-¿Por qué?

-Porque ni siquiera nos conocemos es más ni somos amigos, sólo nos hemos encontrado un par de veces…

-Eso para mi fue suficiente para darme cuenta de que eres especial Higurashi…

Ya no quería seguir escuchando más. Como puede traté de levantarme rechazando por completo su ayuda, él ya no sabía como disculparse al ver que mi ira era muy grande.

-Dime qué es lo que piensas ¿Aceptas?

-¿Aceptar que?

-Ser mi novia… serías la primera te lo juro.

-Y que me importa ser la primera o la número mil, has perdido mi confianza y mi respuesta es NO, simplemente no puedes tomar por la fuerza algo que no está destinado para ti y tampoco te sientas tan seguro que puedes tener a tus pies a todas las mujeres que quieras por lo menos a mi no tenlo por seguro, ahora que lo pienso primero muerta antes que estar contigo.

Me alejé de aquel lugar echando chispas, no miré hacia atrás por primera vez en mi vida deseaba golpear a alguien.

-¿Y le dijiste todo eso?

Preguntó mi hermana asombrada cuando nos encontrábamos ya en su habitación, las clases terminaron, estábamos sanas y salvas en casa. No le platiqué lo ocurrido con Inuyasha en el Colegio hasta ese momento. Cuando regresé al plantel escolar después de mi encuentro con Inuyasha el receso ya había terminado y en cinco minutos empezaría las clases así que sólo vi a Sango en el salón pero como yo no quería hablar con nadie lo único que le comenté es que no se preocupara por la salud del chico que todo estaba bajo control y después de eso ya no volví a hablar con nadie.

-Es lo menos que se merecía, mira que besarme sin mi consentimiento.

Vociferé llena de rencor.

-Pero no entiendo porqué te enojas Kagome, es absurdo…

Mi hermana no comprendí la gravedad del asunto.

-No es una tontería ¿Tú no hubieras hecho lo mismo?

-Pues si de hecho yo lo hubiera matado pero la diferencia entre tú y yo es que él sí te gusta y a mi obvio no me interesa.

-¿Insinúas que por el hecho de que me atraiga debo permitir que me toque?

-Ay Kagome no exageres ni que te hubiera despojado de tu virginidad… ¡Por dios sólo fue un beso! Y te aseguro que también te gustó…

-Eso no es cierto, ese tipo es un primitivo, yo no quería que mi primer beso fuera tan violento y él simplemente me lo arrebató porque se le dio la gana.

-Tú si que estás loca Kagome no te entiendo, todos los días te la pasas suspirando por él y cuando por fin lo tienes a tu lado lo desechas…

Esta conversación ya no tenía sentido alguno, no quería discutir más sobre el asunto y preferí guardar silencio, al parecer Kikyou comprendió que no deseaba hablar con nadie así que salí cuanto antes de su recamara. Volví a enclaustrarme en mi habitación, mi mundo. Ahora que ya no tenía violín no sabía en qué ocupar mi tiempo, quizás… podía dedicarme a dibujar un rato, el problema estribaba en que con la dichosa mudanza muchos de mis utensilios de pintura se perdieron entre ellos lápices, pinceles, óleos y paletas.

Tomé mis ahorros y las llaves de mi casa no le avisé a nadie y salí de casa. No me dio miedo enfrentarme a esa ciudad desconocida, al contrario me sentí con cierta libertad de no tener a alguien vigilándome todo el tiempo. Cuando mis amigos, mi hermana y yo salimos aquel fin de semana para buscar el nuevo violín me encontré con varios establecimientos que ofrecían utensilios artísticos, había una cerca del parque que se encontraba a unas cuadras de nuestra casa y que mejor lugar para inspirarse, además no estaría sola habría mucha gente a mi rededor por lo tanto no existía ningún problema en que yo permaneciera solitaria.

Compré sólo un block de papel marquilla con espiral y unos lápices de colores profesional, un grafito HB para bosquejar y una goma para eliminar los errores. Me encaminé rumbo al parque. Había muchos niños, eso era fenomenal y muy favorecedor para un paisaje urbano me senté bajo un árbol y comencé a dibujar a un pequeño grupo de infantes que se divertían construyendo un castillo de arena dentro de aquel gran arenero.

Pasaron las horas, no me preocupaba que mi familia estuviera buscándome por todos lados, aquella sensación de libertad que reinaba en mi interior era mucho mayor y quería disfrutarla por completo ya que quizás una oportunidad así jamás volvería a llegar.

Ya comenzaba atardecer las familias comenzaban a retirarse. Sólo quedábamos una madre con dos pequeños, un hombre que leía una revista sentado en la banca y yo, faltaba poco para que yo terminara mi paisaje no quería dejarlo inconcluso Cuando hube terminado por fin mi obra ya no había nadie y las luces nocturnas comenzaban a encenderse, tome de inmediato mis cosas y comencé a guardarlas con premura…

-¡Dame tu dinero ahora!

Dijo un hombre sucio y mal encarado que me amenazaba con una navaja.

-No tengo dinero… déjeme en paz…

Mi temor era tan grande que apenas y podía hablar, aquella filosa arma me remontaba a lo sucedido hace unos días y pensé que esta sería otra amenaza de Náraku.

-No mientas niña te he estado observando durante horas, dame todo lo que tienes…

Insistía aquel sujeto.

-¡Llévate mis cosas pero déjame en paz!

Aventé mis cosas al suelo, los lápices, el cuaderno y el poco dinero que me quedaba. El hombre comenzó a revisar el contenido pero entre más buscaba más se molestaba y más cuando sólo encontró en el monedero la cantidad de ¥2,000.

-¡Son puras porquerías niña esto no me sirve de nada!

Gritó el sujeto andrajoso con ira.

-¡Le juro que no traigo nada más!

Comenté suplicante y muy temerosa, aquel sujeto me miró de pies a cabeza y una maliciosa sonrisa se esbozó en su rostro.

-Pero tienes un cuerpo precioso, si eres amable conmigo te dejaré ir ¿No te gustaría ser mi amante?

-Es usted un cerdo primero muerta antes que permitir que me ponga una mano encima.

-Como gustes de todos modos serás mía quieras o no…

No fui capaz de reaccionar cuando ese hombre se me abalanzó encima y me tiró de espaldas al césped, trataba desesperadamente separarme de él, su aliento y su olor me causaban un asco total pero mis fuerzas eran menores. Intentaba besarme pero yo me resistía y comencé a gritar pero de inmediato me colocó la navaja en mi garganta.

-Si vuelves a gritar te mataré… mejor coopera es algo que te va a gustar mucho, soy muy bueno en esto de complacer a las damas…

-¡Déjeme por favor¡No me toque¡No quiero!

-¿Virgen muchachita? Que bueno así me gustan más…

-No por favor no lo haga…

Suplicaba entre mi llanto y cuando sentí su asquerosa boca en mi cuello grité con todas mis fuerzas.

-¡AYÚDENME!

-Te dije que no gritaras ¿Quieres morir?

-Prefiero la muerte antes que sentir su asqueroso cuerpo…

Repentinamente aquel sujeto ya no se encontraba sobre mí, alguien lo había tomado por la espalda y lo elevó con violencia por los aires como si fuera una simple pluma…

-¡MISERABLE BASURA A ELLA NO LA TOQUES!

Gritó otro hombre que de inmediato comenzó a golpearlo con todas sus fuerzas, mi agresor ni siquiera pudo reaccionar ante toda esa lluvia de puñetazos y patadas, fue incapaz de defenderse con su insignificante navaja que no le sirvió de nada pues terminó en el césped. Segundos más tarde su cuerpo yacía inerte en el suelo, su cara estaba repleta de sangre.

-¿Estás bien?

Preguntó con preocupación mi salvador. Pero yo no contesté sólo me encontraba de rodillas en el piso sin poder hablar.

-¿Te encuentras bien Kagome?

Volvió a insistir él, mis ojos se humedecieron todavía más y lo único que hice fue abrazarlo con todas mis fuerzas.

-¡Inuyasha¡Tenía mucho miedo ese tipo me quería tocar!

Grité llena de angustia y dolor por esa terrible experiencia.

-No te preocupes estás a salvo yo estoy contigo, no dejaré que nadie te lastime te lo prometo.

Volví a mirarlo, sus bellos ojos centelleaban más con la luz lunar, me miraba con ternura y yo me escondí en su pecho, él me abrazó con más fuerza y me acarició el cabello.

-¿Dónde está tu hermana¿Por qué estás sola en este lugar?

Preguntó Inuyasha extrañado.

-Salí de mi casa quería estar sola y pensé que aquí estaría segura…

-Este lugar es muy peligroso en las noches no vuelvas hacerlo por favor…

-Lo siento…

Respondí cabizbaja mirando al suelo tratando de hundir mi estupidez en la tierra pero Inuyasha levantó mi barbilla.

-No te disculpes fue un accidente, vamos te llevaré a casa…

-¿Y qué pasará con él¿Está muerto?

-Ojala lo hubiera matado se lo merece sólo lo dejé con una gran cantidad de fracturas no podrá levantarse en mucho tiempo, llegando a mi casa reportare el incidente a la policía este hombre va a pagar caro el haberse metido contigo…

-Gracias… pero ¿Qué hacías tu aquí? Acaso estabas…

-¿Siguiéndote? Despreocúpate no es lo que piensas es sólo que la casa de Miroku se encuentra cerca de aquí y el parque me queda de paso.

En verdad que yo era una tonta ¿Cómo se me pudo ocurrir semejante barbaridad? Pensar que Inuyasha me perseguía… ¡Por dios!

-Kurosaki… yo… yo… quería disculparme por lo que te dije en el Colegio la verdad creo que exageré, te traté muy mal y quisiera decirte que…

No termine mi frase ya que el comenzó a negar con la cabeza…

-No digas nada, ya no importa yo fui el tonto…

-Pero…

-Es mejor irnos ya es muy tarde.

Inuyasha no quería hablar más sobre el pasado, recogió todas mis cosas y me las entregó, después me tomó de la mano y comenzamos a andar juntos sin comentar casi nada en el transcurso del camino. Él miraba fijamente al frente y al darse cuenta de que lo observaba sólo me miró y sonrió entonces miré sus manos que ya no estaban cubiertas por los vendajes que yo le había puesto el día anterior.

-¿Aún te duelen las manos?

-No mucho sólo pequeñas molestias que no afectaran mi vida, si hubiera tenido a ese sujeto del parque enfrente de mi el día de ayer créeme que ese pobre árbol no hubiera sufrido tanto pero bueno afortunadamente esa basura ya no dará más problemas…

-¿Por qué lo haces¿Por qué me ayudas?

-No se por que lo preguntas, ya conoces la respuesta.

-Pero yo aún no sé…

-No te preocupes no quiero que me respondas, todavía no es el momento, quiero que estés tranquila.

Estaba tan avergonzada, el sentirlo tan cerca, la calidez de su cuerpo me perturbaba por completo, jamás pensé que algún día Inuyasha se interesaría en mí, siempre pensé que eso sólo era parte de un sueño inalcanzable y ahora de un día para otro pareciera que todo se convertía en una realidad.

-¿Oye tu preparaste ese desayuno?

Preguntó Inuyasha cambiando totalmente el tema.

-No entiendo.

Respondí confundida a tan extraña cuestión.

-Me refiero a los desayunos que tiraste cuando platicamos, supongo que uno era tuyo y el otro era para mí ¿O me equivoco?

-Bueno en realidad era de Kouga pero él no asistió al Colegio así que a mi hermana se le ocurrió la idea de que si íbamos a platicar lo mejor era compartirlo.

-Y yo fui un estúpido que desaprovechó la oportunidad… pero bueno ese es cosa del pasado aunque sinceramente disfruté mucho aquella comida, guisas delicioso Higurashi ¿Ya te lo habían dicho?

Me sentía tan alagada que sólo me limité a sonreír.

-Te ves más bonita cuando sonríes.

Comentó él provocando que me ruborizara aún más y afortunadamente ya habíamos llegado a mi casa nos detuvimos frente al portón negro.

-Muchas gracias por todo y perdón por las molestias.

Dije con mi tono tímido tratando de evitarlo.

-No es nada, descansa.

Inuyasha se despidió con un ademán y dio un par de pasos cuando…

-¡Espera Kurosaki!

Grité repentinamente.

-Dime…

-¿Podrías cerrar tus ojos?

-¿Por qué razón?

-Por favor…

-Está bien.

Posé mis manos sobre sus hombros y lentamente me acerqué a su rostro, el corazón me palpitaba con fuerza, el revoloteo en mi estómago era cada vez mayor y sin darme cuenta mis labios tocaron los suyos. El sin sorprenderse me tomó de la cintura y tiernamente correspondió a mi beso, no supimos cuanto tiempo permanecimos así quizás sólo nos separamos cuando el aire comenzaba a faltar, nos miramos y yo simplemente dije…

-Esa es mi respuesta…

Respondí con firmeza porque ya no podía contener más este deseo, tomé una decisión la cual era irrevocable no me importaba si esta relación no fuera duradera… por el momento sólo me preocupaba el presente.

-¿De verdad?

Preguntó Inuyasha incrédulo.

-Si, estoy segura.

Sonreímos y nos despedimos con otro beso.

-Nos veremos mañana. Buenas noches.

Se despidió él.

-Hasta mañana.

Contesté con alegría. Inuyasha se dio la media vuelta y volvió a mirarme parado a media calle como si todavía no creyera lo que acabábamos de hacer. Yo busqué mis llaves y abrí con lentitud el portón esperando que nadie me oyera, porque sabía perfectamente que mi hermana y mi madre de seguro se encontraban muy molestas y muy preocupadas, pero eso no interesaba ya, sus regaños eran sólo hermosos susurros comparados con la inmensa felicidad que sentía en estos momentos.

Entré con sumo cuidado evitando hacer cualquier ruido. Miré en la sala y en el despacho, mamá no estaba un rotundo silencio se escuchaba en toda la casa. Subí a mi recamara entré pero apenas y la puerta estuvo a punto de cerrarse se volvió a abrir con estrépito y mi hermana hizo acto de presencia…

-¡SE PUEDE SABER DÓNDE DIABLOS ESTABAS!

Gritó enloquecida y fuera de control.

-¡Me tenías muy preocupada Kagome! Es una suerte que mamá todavía no llegue eres una tonta sabes que no puedes salir tú sola a ningún lado y… ¿Qué te ocurre?

Preguntó Kikyou al ver que sólo me reía ya no podía más con esta emoción:

-¡Hermana ya somos novios¡Ya soy su novia!

Grité jubilosa mientras la abrazaba efusivamente.

-¿De qué hablas? Espera… ¿No me digas que estuviste con ese niño?

-Así es, bueno en realidad salí al parque y me lo encontré de casualidad, hablamos y decidimos intentarlo…

-¿Estás hablando en serio¿Pero si hace unas horas lo odiabas?

-Si pero ocurrió algo que me hizo cambiar de opinión ¿No es grandioso Kikyou? Inuyasha es mi novio yo pensé que eso sólo podía existir en mis más descabellados sueños pero no, es una realidad y estoy muy contenta.

Mi hermana al verme tan alegre y feliz también sonreía, su enojo había desaparecido por completo y también festejaba conmigo.

-¿Y a qué se debe tanta alegría?

Preguntó otra voz mamá había llegado en el momento en que nosotras brincábamos en la cama.

-¡Hola mamá!

Saludé y le di un beso en la mejilla y esto causó más sorpresa en ella.

-¿Qué pasó¿Por qué estás tan contenta Kagome?

-Bueno lo que pasa es que… es que…

-Que Kagome ya tiene novio…

-¡Kikyou! Era yo la que tenía que decírselo…

-Lo siento es que no pude contenerme…

Se disculpó mi hermana con semblante pícaro.

-¡Válgame el cielo¿Y quién es el afortunado?

-Se trata de Kurosaki, nuestro vecino.

-¡No es posible!

Exclamó mi madre asombrada e incrédula.

-Lo sé pero es que fue repentino… y ay mamá estoy muy feliz nunca me había sentido tan contenta.

-Me da mucho gusto hija pero espero que ese muchacho venga a pedirme mi autorización sobre su relación…

-¿Hablas en serio?

Pregunté confundida.

-¡Claro que no! mientras tú seas feliz yo también lo seré bueno señoritas yo se que están muy emocionadas pero ya es hora de dormir mañana tienen que ir al Colegio…

-Como digas mamá.

Contesté muy obediente. Kikyou y mamá salieron de la recámara y yo en cambio me tumbe en mi cama pensando y pensando, tratando de asimilar mi realidad, no quería despertar y que esto fuera sólo un sueño. Me recosté en mi cama esperando a que Inuyasha tocara su hermoso piano, no esperé mucho porque sus melodías comenzaron a revivir aquel ambiente oscuro, ahí estaba él deleitándome y para mi sorpresa se trataba de "La Escena de Apertura" de aquel ballet que tanto me gustaba, la tocó completa, sabía que era dedicada a mi porque sólo él podía saber que esa obra era mi favorita. Lágrimas de emoción resbalaron por mi rostro, ahora sentí que mi vida por fin comenzaba a tomar un rumbo.

Dormí de una manera sin igual, tranquila, sin preocupaciones sin sueños que me atormentaran hasta que mi despertador sonó. Me levanté con entusiasmo, me bañe y vestí, arregle mis cosas y me dispuse a preparar el desayuno. Mamá y Kikyou bajaron minutos después…

-Buenos días…

Saludó mi hermana con su acostumbrado aire soñoliento.

-¡Buenos días!

Contesté alegre.

-¡Cuanta emoción Kagome! Irradias dulzura por todos lados pero bueno tratándose de una niña enamorada que puedo esperar…

-No molestes Kikyou.

-No te angusties en unos minutos verás a tu príncipe azul cabalgando en su noble corcel.

-Contigo no se puede.

-Lo siento hermanita pero no pudo evitar molestarte aunque se me olvidó decirte que si ese niño se atreve a propasarse contigo yo misma lo mandaré al infierno.

Comentó mi hermana con el seño fruncido y en tono de amenaza.

-Tranquila, Inuyasha no es capaz de ponerme una mano encima y yo tampoco lo permitiría…

Lo defendí de inmediato puesto que él no parecía un chico pervertido y después Kikyou intervino…

-En eso sí concuerdo contigo por un momento pensé que a tu novio no le gustaban las mujeres pero con el beso que te robó de ayer cambié de opinión… ¡Diablos! lástima que no pude ver esa cachetada hubiera dado lo que fuera por presenciarlo… ¿Y crees que te perdone por eso Kagome?

-No sé… aún me siento muy apenada.

-Tranquila con otro beso lo solucionarás.

-Que chistosita… pero algún día también tendrás a tu novio y entonces será momento de mi venganza.

-Lo siento mucho Kagome pero por el momento no hay sujetos disponibles que pena… tendrás que aguantarme por más tiempo.

Finalizó Kikyou para poder devorar por fin su comida. Desayunamos rápido yo empaque los desayunos de nosotras dos y uno de más…

-¡Ay que linda le está preparando su desayuno!

Exclamó mi hermana en tono muy burlón poniendo un fingido rostro de ternura.

-Ya deja de molestar Kikyou.

-Con una condición…

-¿Cuál?

-Quiero una porción de más…

-Bien con tal de no escuchar tus burlas haré lo que sea.

Y así fue, mi hermana me chantajeo y yo tuve que acceder. Salimos de la casa, ella en su acostumbrada bicicleta y yo como siempre a pie…

-Oye Kagome ahí te esperan…

Comento mi hermana señalando con la cabeza la casa de Inuyasha y ahí estaba él, recargado en la pared esperándome.

-Bueno Kagome… onceavo mandamiento no estorbar… así que me adelanto nos vemos a la salida.

Kikyou se alejó dejándome sola con Inuyasha pero él no se movió ni un centímetro así que yo tuve que ir a su encuentro.

-Hola…

Saludé con timidez. Inuyasha me miró con seriedad no dijo nada, sólo me observaba.

-¿Te sientes bien?

Pregunté inquieta por aquella actitud tan fría.

-¿Qué es lo que quieres niña?

Preguntó él con despotismo, yo sólo lo miré perpleja no podía concebir su actitud tan grosera pero de inmediato su semblante agrio cambió y comenzó a reírse.

-Era una broma… no te preocupes… sólo quería ver que cara ponías.

Respondió Inuyasha con alegría creyendo que había hecho la mejor de las bromas.

-Ah con que otra de tus pruebitas… debí imaginármelo…

Comenté molesta y muy ofendida adoptando una actitud de indignación total.

-¿Estás molesta? Perdóname soy un imbécil por favor no te enojes…

Su semblante alegre de inmediato cambió a uno de preocupación. Yo ignoré su mirada y él trataba inútilmente de disculparse.

-Vamos… no me gusta verte así.

Pero al ver tanta suplica lo mejor era dejar de actuar un enojo que nunca sentí por lo tanto también comencé a reírme.

-Eres un tontito claro que no estoy molesta pero tenía que vengarme después de lo que hiciste.

También él sonrió y me besó repentinamente. Al no estar acostumbrada a que me saludaran de esa forma por un momento me sentí un tanto incómoda pero después mis labios accedieron por completo.

-Buenos días… ¿Dormiste bien?

Cuestionó Inuyasha con una dulce sonrisa después de que nuestras bocas se separaron.

-¡De maravilla! gracias por el concierto de anoche.

Contesté entusiasmada.

-No es nada sólo deseaba que pasaras una noche tranquila.

-Fue muy hermoso pero es mejor irnos o llegaremos tarde Kurosaki…

-¿Kurosaki¿Aún no puedes llamarme por mi nombre?

Preguntó él con aire ofendido por haberlo nombrado por su apellido.

-Lo siento… es que es la costumbre… Inuyasha.

-Eso suena mucho mejor, bueno ya aclarado este asunto debemos irnos.

Tomó mi mochila al igual que mi mano y juntos comenzamos a caminar platicando sobre lo que ocurrió después de nuestro encuentro nocturno, de cómo le había dado la noticia a mi familia y también que Inuyasha se encontraba asombrado de que Kikyou se tomara la situación tan tranquilamente.

-Que raro… y yo que me imagine que tu hermana tumbaría la puerta de mi casa por haberme atrevido a besarte.

Decía Inuyasha incrédulo ante ese carácter tan pasivo poco usual de Kikyou.

-Aunque no lo creas estaba muy contenta nunca la había visto así.

Respondí tratando de convencerlo que Kikyou no era una terrible celadora y pienso que él se quedó un poco más tranquilo. Ya casi llegábamos a la entrada de la escuela y yo solté la mano de Inuyasha.

-¿Y ahora que pasa?

Preguntó él sorprendido por mi acto.

-Es que si nos ven tomados de la mano, comenzaran a murmurar y no me gusta.

-¿Te da vergüenza que te vean conmigo?

-¡Claro que no Inuyasha!

-¿Entonces? No veo cuál es el problema a mi no me importa lo que piense la gente eres mi novia y punto.

Concluyó él volviéndome a tomar la mano y mirándome fijamente, con esa fuerza que lo caracterizaba

-Tienes razón soy una tonta…

En cuanto dimos el primer paso dentro del Colegio las personas que se encontraban a nuestro rededor nos miraban con curiosidad. Ambos caminábamos con paso firme sin prestar atención a nada nos miramos y sonreímos. Inuyasha era capaz de revivir con facilidad aquella fuerza escondida en mi interior.

-¡Buenos días Sango!

Saludé a mi amiga en el pasillo cuando estaba apunto de subir por las escaleras, en cuanto nos vio tomados de la mano no podía creer lo que veía.

-Ho…hola Kagome.

Tartamudeo un poco y con un semblante lleno de sorpresa que casi se le salían los ojos de las cuencas.

-Mira… te presento a mi mejor amiga ella es Natzume Sango.

Le comenté a Inuyasha y él extendió su mano de manera cortes y mi amiga aunque titubeante saludó.

-Sango te presentó a Kurosaki Inuyasha mi novio…

-¿Tu novio¡No puedo creerlo¿Desde cuándo?

-Desde ayer…

Contesté llena de emoción y orgullo.

-Pues muchas felicidades y disculpa mi actitud Kurosaki pero es que esto me tomó por sorpresa…

Se disculpó Sango por la manera tan fría en que lo había tratado.

-No te preocupes es normal lo entiendo y lo mismo va a pasar con algunas personas más pero es algo que poder controlar.

Respondió Inuyasha con amabilidad y dejando aún lado su habitual tono apático, quizás sus actitudes cambiaban con mi presencia o simplemente él quería ser así de vez en cuando.

-Que bueno por ustedes… pero te advierto que si lastimas a mi amiga o la haces llorar yo misma te golpearé…

Lo amenazó Sango con una mano en la cintura y otra señalándolo continuamente y esta actitud provoco otra sonrisa por parte de Inuyasha.

-Si claro, no te preocupes jamás la haré llorar…

Inuyasha pasó su brazo sobre mi hombro y con un abrazo me acercó a su cuerpo.

-¡OYE INÚTIL SUELTA A KAGOME!

Grito una voz molesta, era Kouga y eso significaba problemas Sango reaccionó de inmediato e intervino enfrentándolo antes de que acercara a nosotros.

-Déjalo en paz Kouga no está haciendo nada malo.

-¿Qué no está haciendo nada malo¡Está tocando a mi chica!

-¿Tu chica?

Inuyasha me miró desconcertado Kouga había exagerado demasiado, tuve que intervenir de inmediato antes de que la situación se malinterpretara.

-Tú y yo sólo somos amigos Kouga… no somos nada más…

-Pero Kagome… tú sabes que yo te quiero no puedo verte sólo como una amiga…

-Ya la escuchaste imbécil… no quiero que te le acerques ella no es tu novia ¿Entiendes?

Decía Inuyasha que ya había estampado a Kouga contra la pared tomándolo del cuello de su gakuran.

-Inuyasha no lo lastimes suéltalo por favor…

Intervine antes de que ocurriera una desgracia.

-Tienes suerte inútil si vuelvo a ver que te le acercas a Kagome entonces será mejor que corras porque sino lo haces te aniquilaré.

-No me importa lo que digas Kurosaki no te tengo miedo yo lucharé por su amor y ni tú ni nadie me lo va a impedir…

-¿Por su amor? Que pena pero al parecer ella ya escogió a otra persona… así que te vuelvo a repetir una vez más… ¡NO TE ACERQUES A MI NOVIA!

Puntualizó con estridencia Inuyasha como si pretendiera que esa frase se le quedara grabada para siempre a Kouga en la mente.

-¿Tu… tu novia¿Es una broma verdad Kagome?

Preguntó Kouga incrédulo mirándome con profunda tristeza y decepción.

-Lo siento pero es verdad… Inuyasha y yo somos novios…

Kouga no dijo nada simplemente se alejó y salió del Colegio.

-No tenías que ser tan duro Inuyasha.

Le reclamé un poco molesta por tanta violencia.

-Lo siento pero no me agradó nada que ese tipo me gritara que eras su chica.

Decía Inuyasha mirándome con molestia.

-Tu novio tiene razón Kagome, Kouga rebasó los limites y aunque no tuvieras novio no tiene porqué andar diciendo mentiras… no te preocupes yo hablaré con él más tarde pero por ahora lo mejor será dejarlo solo.

Comentó Sango tratando de aligerar el pesado ambiente.

-Pero me preocupa, después de todo es mi amigo…

Insistía yo ya que el remordimiento era muy grande.

-Tranquila ya se le pasará es sólo un berrinche, te convertiste en un capricho para él y tiene que afrontar su realidad, tú ya escogiste a otra persona y es en él en quien te tienes que preocupar no es justo que lo trates así después de todo es lógico que se moleste…

Sango tenía razón fui una tonta y sin querer no le di el lugar que se merecía a Inuyasha.

-Nos vemos en el receso Kagome en el mismo lugar de ayer quiero hablar contigo…

Inuyasha se despidió con amabilidad y también me besó la mejilla, ascendió por las escaleras y lo perdí de vista.

-Está molesto ay no puede ser… el primer día y ya comenzaron los pleitos.

-No te preocupes, Kurosaki se portó muy bien no creo que esté molesto contigo el problema es con Kouga, mejor deja que se le baje un poco el coraje.

-Si mejor alejemos de aquí… ¡ODIO QUE LAS PERSONAS SEAN TAN METICHES!

Eso último casi lo grité para incomodar a todos esos ojos curiosos que habían observado el espectáculo. De inmediato se dispersaron y nadie se atrevía a sostenerme la mirada.

Las clases pasaron con lentitud y yo más desesperada que nunca. Ansiaba que el bendito receso comenzara para hablar con Inuyasha pero el tiempo conspiraba en mi contra y trascurría de una manera muy lenta. La última clase antes de receso fue Física, el maestro escribía un sin fin de formulas las cuales no me interesaban yo sólo miraba atónita como las manecillas del reloj se acercaban más al número diez, mi espera era agonizante, tormentosa, me tronaba los dedos de las manos, sudaba y sólo podía observar impotente como el tiempo no trascurría al modo que yo deseaba.

-Higurashi… Higurashi…

Una voz gruesa me regresó a la realidad, a un salón de clases donde todos mis compañeros enfocaban su vista en mí y un profesor bastante malhumorado se encontraba al pie de mi banca con las manos en la cintura y el seño fruncido…

-¡Perdón profesor me distraje!

Me levanté de inmediato disculpándome por mi falta de atención.

-Pase al pizarrón a resolver ese problema señorita…

Ordenó con voz firme señalando con su batuta la pizarra blanca. Miré al frente y ahí un problema con una fórmula que jamás había visto en mi vida, no me moví estaba nerviosa, el que yo pasara el frente significaría más vergüenza…

-Le di una instrucción Higurashi…

Insistía el maestro más molesto.

-Lo siento pero no entiendo nada…

-Salga de salón, espero que le sirva de lección para que la próxima vez ponga atención…

Que remedio había, en realidad el profesor me había hecho un favor, aquel encierro me estaba matando por completo así que recargué mi espalda en la pared de aquel pasillo esperando a que el receso comenzara. Quizás el destino se había compadecido de mí sufrimiento porque a los pocos minutos la campana había sonado. Esperé a que el profesor saliera y entré al salón.

-¿Qué pasó contigo Kagome?

Preguntó Sango sorprendida.

-Estoy muy distraída no puedo concéntrame luego te veo Sango.

Tomé los desayunos y de inmediato baje por las escaleras, salí del edificio y me dirigí al lugar indicado pero no había nadie así que sólo me senté recargada en una de las paredes a esperar. Inuyasha llegó cinco minutos después corriendo.

-Perdón… pero… tuve un contratiempo…

Decía con aire jadeante.

-No te preocupes casi acabo de llegar… y dime… ¿De que querías hablar?

-Sobre ese tipo…

-Lo sé, pero no puedo alejarlo de mí de una manera violenta, él es mi amigo y no puedo hacerle eso, desde que llegué me ha apoyado mucho.

-Ya lo sé y sé también que no puedo pedirte que dejes de hablarle no soy tu amo lo que me molesta es que él no te vea sólo como su amiga…

-Pero no es mi culpa…

-También lo sé pero cada vez que se te acerca me enferma…

-¿Estás celoso?

-Si y mucho no me importan los amigos que tengas siempre y cuado sus intenciones sólo sean esas… pero no puedo tolerar que otros sujetos intenten cortejarte.

-Descuida no pienso hacerles caso…

Le acaricié la mejilla y él me abrazó.

-¿Qué es esto que sentimos Kagome?

Preguntó Inuyasha repentinamente.

-No lo sé pero ahora me cuesta más trabajo dejar de pensar en ti, me siento bien cuando me abrazas o cuando simplemente estás a mi lado.

Respondí con el corazón en la mano ya que no encontraba otra respuesta sólida.

-Yo estoy muy confundido por ninguna mujer he sentido esto…

-¿Y qué sientes Inuyasha?

-No se, es algo me cuesta trabajo explicar casi no pude dormir pensando en nosotros, por algunos momentos dudé de sí había tomado la decisión correcta.

-Inuyasha si no estás seguro lo mejor será separarnos.

-El problema es que no quiero… mi parte oscura y enferma me pide a gritos deshacerme de este nuevo sentimiento, de esta extraña sensación… pero por otro lado hay algo en mi ser que se inquieta con tu presencia, jamás estuve tan cerca de una mujer a acepción de mi madre…

-La situación es la misma conmigo, ningún chico se había interesado en mí, siempre he creído que soy poca cosa, que hay chicas mucho más atractivas e interesantes que yo y cuando te vi pensé que serías un sueño inalcanzable y que nunca te fijarías en alguien tan débil.

-Y yo jamás pensé que algún día sentiría esto, esa extraña necesidad de tenerte en mis brazos y de pensar en ti, de disfrutar tus besos, tu aroma ¿Es esto a lo que llaman amor?

Preguntó Inuyasha con cierto tono de desconcierto y confusión.

-¿Amor? No creo que ese sentimiento crezca de la noche a la mañana, en estos momentos lo que sentimos es atracción, apenas nos estamos conociendo es muy pronto para afirmar que estamos enamorados.

Respondí yo incrédula de que un sentimiento tan fuerte comenzara nacer entre nosotros.

-Entonces explícame porque no puedo evitar hacer esto…

Volvió a besarme tiernamente, nuestros labios jugueteaban como si de esa manera encontráramos la respuesta a ese gran enigma con esa sensación agradable cuando él me tomaba de la cintura o esa respiración inquietante y cálida. El sabor que compartíamos en estos momentos era más familiar, ya no me parecía tan extraño y mi cuerpo se estremecía por completo, no quería separarme de su boca deseaba más de ese néctar y al parecer él tampoco pretendía hacerlo, sólo tomábamos aire para poder respirar y entre besos manteníamos una extraña conversación…

-¿Por qué Kagome¿Por qué me atraes tanto?

-No lo sé.

-¿Acaso eres la respuesta a lo que tanto he buscado?

-Y si lo fuera… ¿Permitirías que nos separaran?

-Jamás… si fueras lo que busco no te dejaría, te retendría a mi lado.

-Inuyasha… nunca juegues conmigo no vuelvas a ponerme nunca más a prueba, me lastimarías demasiado.

-No te preocupes no volveré hacerlo.

Aquel deseo de permanecer juntos no se menguaba al contrario entre más nos conocíamos más ansiábamos estar juntos hasta que yo por convicción propia me separé de sus labios y me recargué en su pecho sin dejar de abrazarlo. El sólo recargó su cabeza en mi hombro ahora podía sentir su respiración rozando la piel de mi cuello algo que me estremecía y me inquietaba bastante.

Decidimos tomar nuestro almuerzo. El más animado era Inuyasha que en cuanto lo abrió no pudo evitar que sus ojos centellearan de la emoción, me causó gracia verlo tan entusiasmado parecía un niño pequeño comiendo su golosina favorita y a decir verdad Inuyasha no comía… ¡DEVORABA! Era como ver a mi hermana, la misma glotonería y la misma desesperación, los dos se comportaban como si no comieran en meses. Yo apenas y toqué mis alimentos…

-¡Esto está delicioso Kagome¿No quieres ser mi esposa?

-¿Me pides eso sólo por la comida?

-Puede ser… si fueras mi señora ten por seguro que sería feliz con esta comida pero no te angusties no pienso casarme sino hasta dentro de mucho muchos años, eso del matrimonio no va conmigo.

-¿De verdad? Sinceramente si sólo me quieres a tu lado para que te cocine no me interesaría en lo absoluto ser tu esposa.

-Sólo estoy bromeando… oye… ¿Vas a comerte eso?

Dijo Inuyasha señalando con sus palillos mi almuerzo.

-Toma… yo comeré lo que sobre no tengo mucha hambre.

Comenté resignada al ver que el estómago de ese hombre era insaciable.

-Come tu primero yo me terminaré lo que sobre no quiero que por mi culpa te alimentes mal.

Decía él sin dejar de mirar la comida al parecer le costaba mucho trabajo desaprovechar esa oportunidad.

-Como digas...

Contesté con cierta desgana tratando de digerir con tranquilidad mis alimentos.

-Y dime Inuyasha ¿En dónde vivías antes¿A qué escuela asistías?

Pregunté con mucho interés acerca de su pasado. Guardó silencio por unos segundos como si meditara mucho lo que me contestaría.

-Desde niño hasta hace poco vivía en Italia con mis padres.

-¿De verdad? Sólo una vez estuve en ese país pero no es recuerdo agradable ahí fue donde papá murió.

-Ya veo, sinceramente no es un lugar fuera de lo común no hay muchas cosas interesantes por eso es que siempre anduve vagando de una escuela a otra.

-¿Viajabas continuamente?

-No, me expulsaban, estuve en muchos Colegios pero siempre era lo mismo, ya sabes… soy muy agresivo y no mido mis fuerzas así que por eso decidieron enviarme a Japón para ver si así sentaba cabeza.

-¿Y te gusta esta escuela?

-Al principio me parecía aburrida pero no sé porque de un tiempo para acá me ha parecido un tanto interesante, yo que se, hay algo diferente en este lugar que lo distingue de los demás…

Comentaba él con tranquilidad tratando de ser lo más sincero posible.

-Cuando te vi por primera vez parecías una persona demasiado violenta pero pude darme cuenta que en ti reinaba la soledad y el hastío, quizás esa fue la principal razón para que me llamaras la atención.

Decía yo con cierta nostalgia al recordar la forma en cómo nos conocimos.

-Que extraño… eres la segunda persona que me dice eso, primero fue Miroku y ahora tú y tienen mucha razón antes me sentía fastidiado de la vida, la detestaba por ser monótona y aburrida, nunca encontraba algo que llamara mi atención pero cuando conocí a mi amigo las cosas cambiaron. Sin darme cuenta mi duro corazón comenzó a mostrarse más sensible y ahora que estás conmigo mi carga ya no se siente tan pesada… Kagome… ¿Me ayudarías a sanarlo por completo?

-Si esta en mis manos con mucho gusto, pero no se a que refieras con sanarlo.

-Yo me entiendo no es necesario que te lo propongas, ni tu misma te has dado cuenta lo mucho que me has ayudado, por lo menos a tu lado puedo recordar que aún soy humano y que tengo sentimientos.

-Lo mismo digo Inuyasha, tu sola presencia a menguado aquella gran tristeza y ahora se que por lo menos hay alguien más en este mundo que me aprecia y eso me hace feliz.

-Pero tengo miedo que mi carácter tan vulnerable termine por lastimarte…

-Eso no lo sabemos…. por ahora es mejor vivir al máximo cada día sin preocuparnos por un mañana que no existe.

-Tienes razón…

Concluyó él, a lo lejos se escuchó el sonar de la campana ya era hora de regresar a clases. Inuyasha me ayudó a levantarme o más bien fue sólo un pretexto para estrecharme entre sus brazos. Amaba la forma tan angelical en que miraba y me sentía dichosa no por tener a mi lado a un joven apuesto sino porque yo era una de las pocas personas a las que demostraba su lado humano y sensible.

Una vez más caminamos agarrados de la mano y nos despedimos con un beso en la mejilla ya que si lo hacíamos en la boca nos sancionarían.

-Te esperaré en la salida Kagome…

-Si…

El continuó su camino al segundo piso y yo tomé mi propio rumbo.

-¿Cómo te fue?

Preguntó con curiosidad Sango.

-Muy bien, ahora ya nos conocemos más.

-Que envidia te tengo Kagome tu novio es muy guapo y además al parecer es comprensivo…

-Si inuyasha es una buena persona…

Pasaron dos días las cosas no cambiaron muchos las pláticas con Inuyasha mejoraban bastante y ya no teníamos que escondernos ahora compartíamos nuestro tiempo a lado de Sango, Miroku y Kikyou el pobre de Kouga trataba de mantenerse al margen cuando mi novio se encontraba cerca para evitarme problemas pero de ahí en fuera nuestra amistad seguía igual. No supe a que acuerdo llegaron él e Inuyasha cuando mantuvieron una extraña plática al siguiente día de su pelea pero al parecer se comportaban con mucha madurez y ambos trataban de no incomodarme o preocuparme con sus absurdas peleas.

Para varear a la hora del almuerzo era inevitable una disputa entre mi hermana e Inuyasha por la comida, nos causaba mucha gracia ver como discutían y lo necios que eran. Miroku decía que lo bueno de esto es que Inuyasha me había escogido a mí y no a Kikyou porque si así fuera no durarían ni cinco minutos porque se agarrarían a golpes. La más entusiasmada con el nuevo grupo de amigos era Sango ya que permanecía más tiempo a lado de Miroku, se llevaban muy bien reían por todo, platicaban de cualquier cosa… Kikyou y yo llegamos a la conclusión de que eran una buena pareja sólo bastaba darles un empujoncito aunque el que se mostraba más escéptico era Inuyasha ya que insistía en que su amigo era un mujeriego y que nunca aceptaría derrochar su amor en una sola mujer.

Llegó el tan esperado jueves, mi cumpleaños Ese día no tenía planeado asistir a clases pero lamentablemente apareció un examen sorpresa. Desde la mañana recibí felicitaciones y regalos por parte de mi madre, de mi hermana y mis tres amigos Sango, Kouga y Miroku, pero alguien muy importante al parecer olvidó qué se celebraba ese día… obvio Inuyasha.

Extrañadamente el joven se las ingeniaba para evadirme poniendo un sin fin de pretextos y ni siquiera se tomó la molestia de darme aunque sea un abrazo. En la escuela casi no nos vimos, se desaparecía el muy ingrato y cuando por fin pude atraparlo a la hora de la salida sólo me recordó que en la noche pasarían para nosotras para ir al Ballet al que el abuelo amablemente nos invitó, después de eso desapareció sin dejar rastro. Estaba tan molesta que ni Sango ni Kikyou podían aplacar mi furia.

-Vamos Kagome a lo mejor te tiene preparada una sorpresa.

Decía Sango.

-O a lo mejor se le olvidó, con lo bruto que es…

Comentó Kikyou y eso no me ayudó en nada porque me enfurecí más.

-No sé pero en cuanto lo vea me las va a pagar.

Un día antes del dichoso evento Sango y yo nos dedicamos de tiempo completo a buscar la ropa que nos pondríamos ese día para según nosotras "impactar a los caballeros". Kikyou amablemente cedió el boleto que le correspondía a mi amiga en vista de que Miroku también iría al evento y llegué a la conclusión de que mi hermana últimamente se la pasaba de Cupido en sus ratos libres, primero lo hizo con Inuyasha y conmigo y ahora al parecer sus nuevas víctimas serían Sango y Miroku.

Sango estaba muy nerviosa, estaba desesperada por quedar perfecta, deslumbrante para el supuesto galán. Yo en cambio seguía tan molesta que no tenía ni la más mínima intención de impactar a Inuyasha si por mí fuera hasta iría en pijama al ballet con tal de molestarlo pero obviamente como era un evento de etiqueta mi presentación debía de ser muy distinta.

Tocaron la puerta de la habitación era mi madre que nos avisaba que los caballeros habían llegado por nosotras. Sango enloqueció más y tuve que ayudarla a colocarse una zapatilla y la gargantilla.

-Tranquila mujer no va a pasar nada…

Comenté yo para tratar de tranquilizarla pero fue peor.

-Si claro como tú ya no tienes que conquistar a nadie por eso estás tan tranquila…

No dije nada lo mejor era callarme.

-Kagome insisto en que ese nuevo vestido que te compraste no va contigo…

Comentaba mi amiga al ver mi atuendo. Cambio de planes, en medio de mi furia y para que Inuyasha volteara a verme compré un nuevo vestido de emergencia. El anterior era de color amarillo pálido acorde a una niña de mi edad, pero el que llevaba puesto en estos momentos era de color negro con un escote al frente cubierto por una transparencia del mismo color, mis zapatillas también eran negras con detalles en plateado. La joyería también era de plata, un juego de gargantilla y aretes largos que pertenecía a mi madre, un anillo en la mano derecha y un brazalete en la otra con un bolso negro de mano y fin de la historia. Se me olvidaba que también tuve que ir al salón de belleza para que me ondularan más mi cabello a manera de que parecieran rizos.

Salimos de la recámara y bajamos la escalera hasta llegar al vestíbulo donde mamá nos esperaba algo impaciente. Me despedí de Kikyou que me miraba con triunfo, claro, ella me había ayudado a escoger mi atuendo y todo con tal de darle su merecido al engreído de Inuyasha. Salió mamá, luego Sango y al último yo. Los caballeros se habían dispuesto de una camioneta para colmo negra. El abuelo nos saludó con cortesía y de espaldas se encontraba Inuyasha bebiendo agua en una botella desechable, pero que pena el pobre se atragantó cuado me vio y escupió el agua. Yo sólo sonreí y pasé de largo a su lado con actitud firme y elegante. Subió primero mi madre al vehículo seguida de Sango sentándose en la primera fila de asientos después subí yo. Cuando me hube sentado me percate de la presencia de Miroku que hacía de copiloto dado que por su estado físico no podía bajar a recibirnos. Lo saludé con amabilidad y también Sango aunque un poco nerviosa, después entró Inuyasha, nuestras miradas chocaron pero yo lo ignoré de inmediato. Y él no tuvo otra opción que sentarse detrás de nosotras. La camioneta era conducida por el abuelo que para amenizar el camino comenzó a platicar algunas anécdotas de su vida, eran tan graciosas que no podíamos evitar reírnos. Mamá tampoco se quedó atrás y se mofaba ella misma de todas las tonterías que hizo cuado tenía nuestra edad. En fin el camino fue entretenido pero yo ya no podía más con esa farsa de mujer fuerte ante Inuyasha, sentía que en cualquier momento perdería la batalla pero mi orgullo y dignidad me provocaban que tomara fuerzas de flaqueza y continué sin dirigirle la palabra e Inuyasha al parecer deseaba pasar desapercibido porque no hablo ni hizo el menor ruido aunque no despega su mirada penetrante de mi. Llegamos a nuestro destino Inuyasha bajó primero y me ofreció su mano pero obvio lo volví a ignorar y preferí mirar la fachada del teatro que era hermosa, al estilo barroco con sus tonalidades blancas y sus elaborados detalles. La gente ya comenzaba a congregarse en la entrada así que mamá nos pidió a Sango y a mí que nos adelantáramos…

-¡No puedo creerlo Kagome¡Cómo puedes ignorarlo así¡El hombre se ve genial está guapísimo con ese traje!

Decía Sango emocionada mientras caminábamos.

-Ya lo sé Sango… ¡Estoy temblando! tuve que aguantar su mirada en todo el camino y estoy de acuerdo contigo se ve encantador nunca pensé que podría verse más atractivo.

Era cierto cuando vi a Inuyasha frente a mi casa por un momento llegué a pensar que tenía frente a mí a un súper modelo en persona pero no, era Inuyasha con su deslumbrante Frack negro. Me encantaba, no podía negarlo pero una vez más mi orgullo y mi dignidad fueron mayores.

Sango y yo nos encontrábamos ya en el vestíbulo de aquel edificio, aquella arquitectura era más hermosa por dentro con todas esas pinturas renacentistas, barrocas y neoclásicas, los acabados de las escaleras en mármol al estilo griego y románico, los detalles en dorado de las grandes lámparas que alumbraban el recinto, las grandes puertas de roble en fin en aquel lugar las corrientes artísticas se mezclaban entre sí.

Mamá y los demás llegaron justo cuando anunciaron la Primera Llamada. El abuelo nos entregó nuestros respectivos boletos y cuando comencé a andar Inuyasha me tomó de la muñeca derecha.

-Ya fue suficiente de tu jueguito ahora te sentarás a mi lado… amor…

Esta última palabra la dijo en tono irónico y eso me molestó un poco. Comprendí que estuviera enojado pero no me importaba se lo merecía por haberse olvidado de un día tan importante. Caminamos juntos entregamos nuestros boletos y una edecán nos guió hasta nuestros respectivos asientos. La vista que teníamos era totalmente enfrente del escenario, se podía ver todo con claridad, la orquesta, el telón, el escenario todo era perfecto.

El señor Ishida fue el que se sentó primero, después mamá, inmediatamente Sango, luego Miroku, después yo y al último Inuyasha que se empeñaba en no soltarme la mano.

Segunda Llamada, el espectáculo por fin empezaría estaba emocionada e Inuyasha me miraba mientras que yo perdía mi vista en un par de niños que observaban con admiración los instrumentos de la orquesta. No podía hacer plática con Miroku porque se encontraba muy entretenido charlando con Sango y no quería echar a perder el momento. Tercera Llamada una voz varonil resonó por todo el recinto dándonos la bienvenida e indicándonos que la Obra sería en Dos Actos, también nos indicó las salidas de emergencia y el uso prohibido de cámaras de video y de móviles. Después de eso un pequeño silencio para dar paso a la orquesta que hacía presencia, los recibimos con aplausos esa fue la única manera en que pude librarme de Inuyasha, inmediatamente entró el director de orquesta, volvimos a saludar y a escaso un minuto las luces se apagaron poco a apoco hasta que sólo se distinguía las luces provenientes de los atriles de los músicos y la del director. La primer nota apareció y mi corazón brincó de emoción, me olvidé por completo de mi realidad, también mi enojo con Inuyasha y su presencia. Todo se volvió negro, sólo yo existía como espectador nadie más.

Apareció la reina con un bebé en brazos, después el tiempo trascurrió y ahora era sólo un niño pequeño, después un adolescente que pronto se convirtió en príncipe. El príncipe Sigfrid y la princesa Odette un amor derrumbado por la maldad, dos jóvenes que nunca pudieron amarse con plenitud ni libertad.

El tiempo pasaba, la obra era magnifica, el Ballet esplendoroso como siempre, elegante soberbio, una coreografía y un vestuario perfectos, la música y aquellas danzas me hacían vibrar y emocionarme. Me imaginaba siendo Odette, tan triste, solitaria, incapaz de tener al amor de su vida, hechizada y secuestrada por un brujo maligno, engañada por el hombre que amaba. Comencé a llorar en el último acto cuando la joven princesa se alejaba para siempre de su amado volando como un hermoso cisne dejando en el abandono al príncipe que antes de morir asesinó al brujo causante de sus desgracias, pero el pobre corazón de Sigfrid no soportó tanto dolor y prefirió la muerte que vivir sin su querida Odette.

La obra había terminado majestuosamente, me encontraba en un mar de lágrimas, aplaudía con entusiasmo quizás más que todos, el espectáculo había finalizado y con ello mi hermosa fantasía, era momento de salir y regresar a casa a mi verdadera realidad…

Nos subimos a la camioneta y en el camino comentamos sobre la obra, a todos nos había fascinado y también el abuelo se encontraba sorprendido por mi emoción.

-Nunca había visto que una persona de tu edad se apasionara tanto con esa obra.

-Es que me fascina, la música provoca que me olvidé en dónde estoy y lo que soy, en ese momento no me importa si tengo problemas ni siquiera me preocupo por las personas que se encuentren a mi lado.

Contesté con sinceridad ya que siempre que veía o escuchaba esa obra me trasformaba por completo.

-Es maravillosa esa devoción que tienes por la música espero que así sea siempre.

Decía el señor muy entusiasmado.

-Así será, no dejaría la música por nada del mundo.

Llegamos a casa, nos despedimos agradecí casi de rodillas al abuelo por su grandioso regalo quizás el mejor de todos, no me despedí de Inuyasha mas que con un ademán de mi mano y entré a mi casa. Cual fue mi sorpresa cuando me encontré con una infinidad de arreglos florales en el vestíbulo, eran rosas blancas y había un arreglo gigantesco y magistral que sobresalía de todos se encontraba sobre la mesa, todas aquellas hermosas rosas eran de color blanco matizadas en rojo brillante…

-¿Y esto?

Pregunté sorprendida.

-Llegaron después de que se fueron, creo que quién te las mandó dejó la florería en quiebra porque son por lo menos cincuenta de diferentes tamaños…

Decía Kikyou que aún no podía ocultar su asombro, mucho menos mi madre y Sango que se mostraban totalmente perplejas como si el habla se les hubiera escapado de la garganta.

-Son hermosas… ¿Pero quién las mandó¿No se equivocaron de domicilio?

-No sé Kagome, también llegó una caja enorme y hay una tarjeta encima pero por favor… ¡Ya ábrela que me muero de la curiosidad!

Suplicó mi hermana al mismo tiempo que señalaba con su dedo índice la misteriosa caja. Estaba envuelta en papel tornasol con su gran moño rojo, cerca de ahí se encontraba sobrepuesto un sobre amarillo. Lo abrí y saqué una hoja en color beige que al abrirla contenía un marco dorado con hermosas florituras y un texto en letra script, a decir verdad con una caligrafía excelente en color negro, pero me encontré con unas palabras extrañas…

Kagome:

Io non potevo liberare il Suo tesoro più prezioso, ma in quel momento la Sua vita era esso che più io lo curai, io gli ritorno quello che Lei aveva perso, era io impossibile ripristinarlo completamente così io aggiunsi un partner nuovo così che su conto suo intona di nuovo una bella melodia.

-¿De quién es Kagome?

Preguntaron todas emocionadas incluso las chicas de la servidumbre se encontraban muy atentas.

-No entiendo lo que dice está en otro idioma…

Contesté muy confundida, Kikyou tomó la tarjeta pero no entendió, Sango la tomó en su mano pero el resultado fue el mismo, por último la leyó mi mamá y al parecer ella sí entendía lo que significaba…

-Está en italiano ¿Quieres que lo lea?

-Por lo que más quieras…

Supliqué nerviosa y muy ansiosa. Entonces mi madre comenzó a traducir:

Kagome:

No pude rescatar tu tesoro más valioso, pero en ese momento tu vida era lo que más me importaba, te regreso lo que habías perdido, me fue imposible restaurarlo por completo así que agregué a un nuevo compañero para que en su nombre puedas volver a entonar una hermosa melodía.

-¿Lo que había perdido?

Me cuestioné más confundida que antes.

-¡Hay Kagome abre de una vez esa caja por Dios!

Suplicó con desesperación Kikyou. Y así fue, rasgué con ansiedad la envoltura, abrí la caja y me encontré con un montón de globos rojos y mucho papel metálico plateado saque todo eso y me encontré con un maletín grande. Entre mi madre y Kikyou me ayudaron a sacarlo lo colocamos sobre el piso y entonces lo abrí…

-¡Pero que hermosos!

Exclamó mi madre. Dos hermosos estuches negros de violín brillaban en la habitación, había una nota sobre el estuche izquierdo la abrí y sólo decía…

Abre este primero.

Tomé aquel estuche y lo abrí con nerviosismo levanté la tapa lentamente y…

-¡Que hermoso!

Exclame perpleja al encontrarme con un reluciente violín, limpio, elegante, destellante pero…

-¡No es posible Kagome¿Sabes que violín es?

Exclamó en un grito mi hermana.

-S…si… es… "The Hammer"

Pronuncié con dificultad cuando leí una nota en inglés traducida al japonés en donde me felicitaban por haber adquirido el grandioso violín Hammer.

-Esto es un error, yo nunca… ¿Cómo es posible?

Decía yo asombrada y con las manos temblorosas.

-¿Pero quién pudo gastar tanto dinero en algo tan valioso? Debe ser un millonario…

Comentó mamá que tomó entre sus manos el violín para corroborar que no fuera una broma…

-Abre el otro Kagome de seguro es uno eléctrico.

Insistió Kikyou. Lo abrí y entonces cerré de inmediato el estuche para cargarlo entre mis brazos…

-¡No esto es imposible¡No¡Es un sueño que alguien me despierte!

Exclamé perturbada y llorando, todas se asomaron incluso Hammer dejó de parecer atractivo debido a que todos se preguntaban qué era lo que me había conmocionado de esa manera. Sollozaba desconsolada, entre mis brazos tenía el tesoro por el que lloré tantas noches y que me cambió la vida por completo con su ausencia… el preciado violín de mi padre había regresado a mis manos, mi cuerpo temblaba completamente las lágrimas no cesaban, un gran nudo en mi garganta se hizo presente y no podía hacer otra cosa mas que llorar ¿Cómo había vuelto a mi? Esto era un sueño ¡Por dios esto es demasiado! Y yo sin saber que hacer con tanta emoción.

-¿Qué pasa Kagome¿Qué hay en ese estuche?

Preguntó Kikyou con preocupación. Pero yo simplemente no podía hablar y me aferraba más a mi querido violín.

-Hija por favor ¿Qué te ocurre? Responde me estás preocupando…

Insistía mi mamá así que traté de tranquilizarme un poco y sólo les entregué el violín para que se cercioraran por si mismas. Mamá lo abrió y casi se desmaya del impacto, Kikyou con su destreza alcanzó a sostener el estuche antes de que cayera y Sango sostuvo a mamá. Mi hermana tampoco pudo evitar que las manos le temblaran y veía al violín como si fuera un fantasma.

-Kagome… esto es increíble…

Decía ella que colocó el estuche sobre la mesa rozando con sus dedos la brillante cubierta del instrumento.

-¿No hay más tarjetas¡Necesito saber quién mandó esto!

Grité desesperada y al instante todas nos dedicamos a buscar en todos los arreglos algún indicio del misterioso remitente. Incluso volteamos aquella gran caja para buscar alguna tarjeta, todas nos encontrábamos en el suelo buscando entre el papel y reventando cada globo para ver si en su interior se encontraba algo. Pero nada, aquella persona se había vuelto un fantasma ni siquiera había una dirección de la florería que envío los arreglos. Mamá volvió a leer la nota en voz alta…

-"No pude rescatar tu tesoro más valioso, pero en ese momento tu vida era lo que más me importaba…"

Eso quería decir que la persona que rescato el violín de mi padre fue la misma que me salvó, entonces…

-¡Fue Kouga! Este regalo es de Kouga…

Respondí voz alta al encontrar a tan misteriosa persona.

-¡Claro que no Kagome, Kouga jamás tendría dinero para comprar algo tan valioso!

Decía Sango incrédula con mi conclusión.

-¿Y entonces quien?

Pregunte casi al borde de la locura.

-¡Haz memoria Kagome!

Gritó mi hermana que me miraba calculadoramente. Y así lo hice traté de recordar ese día, los momentos que había decidido no volver a recordar, aquellos hombres, yo golpeando a ese sujeto con mi estuche, mi caída… pero antes de eso una voz… esa voz… esa voz ¡Esa voz era…! Todo encajaba, su extraño conocimiento sobre el accidente, el comportamiento tan frío de hoy, la nota en italiano…

-¡Fue él!

Volví a gritar con más fuerza sorprendida por esa gran verdad.

-¿Ahora lo comprendes? No fue Kouga quien te salvó la vida…

Contentó mi hermana al darse cuenta que por fin había descubierto el gran enigma. Sin pensarlo y a toda prisa corrí con desesperación hacia la calle, la cruce y toque el timbre de aquella casa con ansiedad… abrieron la puerta ahí estaba él que al verme sonrió…

-Vaya… te tardaste mucho…

Comentó con una gran sonrisa.

-¿POR QUÉ NO ME DIJISTE QUE FUISTE TU QUIÉN ME SALVÓ LA VIDA?

Le reclamé entre sollozos y muy histérica.

-Porque no quería que lo supieras hasta este día… ¿Podrás perdonarme por haberte ignorado hoy?

-¡¡INUYASHA!!

Grité al mismo tiempo que me arrojaba a sus brazos llorando sin cesar pero de absoluta felicidad.

-Feliz cumpleaños… mi hermoso cisne…

Continuará...


Se que la espera fue mucha pero aquí tienen su capítulo espero que les guste y para los que pensaban que había lío amoroso con Kikyou pues no lo hubo ni lo habrá jajaja. bueno me despido espero ponerles pronto el capítulo seis ok y sobre todo muchas gracias por su reviews y aunqeu no los pongan no importa, lo que me gusta es uqe lean la historia. Bueno se cuidan Bye bye.