Disclaimer: Obvio que los nombres no me pertenecen, eso le toca a la verdadera autora Rumiko Takahashi, pero la historia si es cien por ciento mía yo sólo le pedí los nombres prestados a la sensei...
Capítulo 6: Un extraño sentimiento...
Un segundo… en un segundo muchas cosas pueden ocurrir, un nacimiento, un encuentro, un nuevo amor o quizás la muerte. El destino es incierto y sorpresivo, la vida no se tiene comprada y mucho menos garantizada. Vivir o morir pareciera cosa de un juego al que todos estamos destinados a enfrentar nos guste o no. La suerte no es amiga ni enemiga de nadie simplemente existe para mantener un equilibrio en nuestras vidas ya que la felicidad sólo es efímera y nunca existirá por completo…
Me sentía desesperado, impotente al ver a Kikyou al borde de la muerte, su situación había logrado remover un poco o quizás más de lo que me imaginaba la frialdad y la insensibilidad que me caracterizaban. Ella necesitaba ayuda, necesitaba sangre y sólo yo podía salvarla…
-¡Yo tengo ese tipo de sangre!
Le exclamé al médico con premura. El sólo me miró con desánimo y contestó:
-Lo siento muchacho pero no puedes hacerlo, eres menor de edad lo único que tenemos que hacer es esperar un milagro…
Después de eso se alejó matando por completo todas mis esperanzas de poder ayudarla.
-¡Demonios¡Otra vez la maldita edad!
Grité enfurecido. Golpeando la pared con mi puño mientras que el inútil de Kouga sólo se dejaba deslizar por la pared con su semblante mediocre propio de un perdedor.
-¿Qué haré ahora¿Y si se muere? Kagome no resistirá su pérdida…
Comentaba él con total demencia.
-Eres un idiota deja de pensar en tonterías aunque no puedo pedir más de ti porque eres sólo un bueno para nada… un inútil…
Contesté molesto al ver que ese sujeto en verdad se convertía en un completo estorbo cuando más se le necesitaba.
-Tenemos que encontrar pronto a sus familiares…
Comenté pensativo ya que se me ocurría la idea de llamar a mi madre para que le avisara a la señora Higurashi sobre el accidente y en eso…
-¡PROFESOR!
Gritó Kouga, alcé de inmediato mi vista olvidando mis pensamientos por completo vislumbrando para mi desgracia al peor sujeto que puede existir en el mundo… Sesshomaru se acercaba a nosotros¡Lo que me faltaba! tener que aguantar sus insultos e insolencias en momentos tan tensos.
-¿Qué hacen ustedes dos aquí?
Preguntó un tanto sorprendido bajo ese semblante soberbio y agrio. Nos observó de pies a cabeza con su mirada fría y calculadora como si ante él se encontraran unos asquerosos mendigos.
-Ahh ya entiendo de seguro causaste problemas Kurosaki…
Musitó Sesshomaru con su insufrible arrastre de palabras.
-Yo no he hecho nada…
Respondí sosteniéndole la mirada con profundo odio, me encontraba harto de que siempre me culparan de todo lo malo que ocurría a mí alrededor.
-¿Entonces por qué traes la camisa desgarrada y manchada de sangre?
Insistió él con más detenimiento.
-Porque hace unos momentos agredieron a unas compañeras del Colegio…
-¿Del Colegio?
Sesshomaru arqueó su ceja confundido.
-Si se trata de las hermanas Higurashi, una pandilla las atacó.
Confirmé con cierta desesperación al tener que dirigirle la palabra aunque sólo fuera una simple explicación a ese tipo.
-¿Y en dónde están?
-Yo que voy a saber sólo sé que se encuentras detrás de esas puertas.
Contesté de mal humor ante una pregunta tan tonta.
-¿Y sus padres?
-No sé, nadie responde en su casa…
Sesshomaru se alejó para pedir informes pero el médico no comentó nada nuevo sólo que esperaban donantes sanguíneos con prontitud o la chica moriría en cualquier momento. Después de eso la puerta se cerró. Los nervios se me tensaron más y la desesperación me invadió por completo, no sabía que hacer ¿Cómo ayudarla¿Cómo salvarle la vida a Kikyou?
-Regresaré a su casa a buscar a su mamá.
Comentó Kouga y salió corriendo del lugar yo en cambio no dejaba de pensar en alguna solución… entonces una esperanza brillo en mi mente… ¡Mi padre! mi padre era la solución porque ambos coincidíamos en el mismo tipo de sangre, él si podía ayudarla. Ni siquiera lo pensé dos veces, tomé el dinero que aún guardaba en mis bolsillos y llamé a casa. Kaede contestó y de inmediato me comunicó con papá…
-¿Qué pasa hijo?
-Necesito de tu ayuda, tienes que venir al hospital…
-¿Te ocurrió algo¿Estás bien?
-Si yo estoy bien no te preocupes…
-¿Tu amigo tuvo algún problema?
-Miroku está bien, pero necesito que vengas rápido por favor, me encuentro en urgencias.
-Salgo ahora mismo…
La llamada finalizó ahora sólo tenía que esperar sentado en el frío mosaico mientras que ella se debatía entre la vida y la muerte. Sesshomaru también llamaba a alguien por celular pero no supe a quién. Después se sentó lo más lejos posible de donde yo me encontraba y se mantuvo en espera a cualquier noticia. Pocos minutos después apareció inesperadamente Kyo…
-¿Tú que haces aquí?
Pregunté sorprendido al ver su repentina aparición en la escena.
-Eso no importa Inuyasha, quiero que me expliques qué es lo que acaba de pasar Sesshomaru ya me puso al tanto y afirma que tú tuviste algo que ver…
-¡Es mentira!
Exclamé molesto.
-No te alteres por favor, mejor cuéntame que ocurrió y quiero la verdad.
Mi explicación no fue algo que ayudara en mucho, sólo comenté lo que había ocurrido, sobre el ataque y esos sujetos y también que habían lastimado gravemente a las chicas pero sólo eso, no supe si fue un asalto, intento de violación o una venganza.
-Con que es eso… por lo que me cuentas fue un ajuste de cuentas doy gracias que te encontraras en ese lugar, por lo que sé están esperando donantes.
-Papá viene en camino le pedí de favor que la ayudara.
-¡Muy buena idea Inuyasha! Espero que no tarde mucho mientras yo trataré de averiguar donde viven y avisarle a sus familiares…
-Eso no es difícil viven frente a mi casa por si deseas ir, uno de sus amigos fue hacia allá pero al parecer nadie abre el portón.
-Entiendo iré ahora mismo mientras espera a tu padre ¿Entendido?
-Si.
-Y otra cosa… no quiero que tú y Sesshomaru provoquen problemas al menos que la cordura quepa en ti…
-Quizás… pero no te aseguro nada…
Kyo se alejó corriendo, me senté en una banca para esperar a mi padre, miré a mi rededor, Sesshomaru se encontraba ahora parado en un rincón observando hacia el frente. Con su mirada diabólica daba la impresión de que deseaba despedazar al primer incauto que se atreviera a pasar cerca de él. Su mal carácter no había cambiado a pesar de tantos años, sus actitudes continuaban siendo las mismas de cuando tenía diecinueve años.
Había trascurrido media hora desde que llamé a mi padre, no podía evitar dejar de mirar continuamente el reloj, los minutos trascurrían con demasiada lentitud, la desesperación me consumía, el temblar de mis piernas no cesaba a causa de la impaciencia y un mal humor comenzaba a manifestarse. Continuamente me levantaba de mi asiento y me dirigía hacia la salida en busca de papá pero no había nada. Trascurrieron otros diez minutos y entonces la esperanza antes muerta había florecido mi padre venía acompañado de mi madre, los dos corrían desesperados y sofocados a mi encuentro.
-¿Inuyasha que te pasó?
Preguntó mi madre al ver mi aspecto, es verdad no me había dado cuenta… mi ropa estaba ensangrentada, mi camisa desgarrada y para colmo me encontraba todavía mojado.
-No te preocupes mamá no es mi sangre es de una compañera…
-¿Compañera?
Preguntó papá.
-Si la atacaron con una navaja y necesita de un donante… papá por favor ella necesita de tú sangre o morirá…
-¿En donde está?
Preguntó mi padre que accedió de inmediato a mi petición así que guíe a mis padres con el médico responsable. Pero en el camino se encontraron con una no muy agradable sorpresa… Sesshomaru.
Padre e hijo se miraron, mi padre intentó saludarlo pero en cuanto el maldito vio a mi madre se alejó con absoluto despotismo ignorándolos por completo. Noté de inmediato el rostro deprimido de mi madre y ese momento tuve que contener mis ganas por estrangular a Sesshomaru por haberla hecho sentirse mal pero le había prometido a Kyo que me comportaría aunque sinceramente ese tipo se salvaría por corto tiempo puesto que yo no descansaría en buscar venganza y hacerlo pagar con sufrimiento su mala educación.
-No te preocupes Inuyasha… hay cosas que no se pueden olvidar…
Comentó mi madre al ver que mantenía mis puños cerrados y tensos a cauda de la ira. Lo mejor era tranquilizarme y no preocuparla más de lo que ya estaba.
El médico que atendía a las hermanas se alegró de gran manera al ver que ya había un donante así que mi padre entró junto con él a otra habitación mientras que mi madre y yo sólo nos limitamos a esperar.
Obviamente tuve que volver a relatar la triste historia para que ella se convenciera de que yo no tuve nada que ver ni para bien ni para mal sólo pasaba de casualidad por ese lugar y no tuve otra opción más que ayudarlas.
¿Ayudar¿Cuándo esa palabra se había agregado a mi ideología? Últimamente estaba haciendo mucho uso de ella, prácticamente el hospital se había convertido en mi segunda casa… primero Miroku y ahora ellas ¿Por qué mi vida estaba dando un giro tan drástico desde el primer día que llegué a Japón? Me di cuenta de que mi personalidad cambiaba, la frialdad y la insensibilidad de mi persona comenzaban a menguarse
-¿Qué te ocurre?
Preguntó mi madre, a ella no la podía engañar cuando algo me perturbaba me conocía perfectamente.
-Me siento extraño… no se ni porque las ayudo, de hecho debería de odiarlas por todos los malos ratos que me han hecho pasar… pero no puedo…
-Posiblemente sea porque esas jovencitas son especiales.
-¿Especiales?
-Si, quizás no te has dado cuenta pero tu corazón se inquieta cada vez que ellas están presentes y eso fue lo que te motivó a salvarlas.
-¡Ellas no me gustan! Y menos Kikyou…
-¿Lo ves? No puedes evitarlo, tu actitud me dice otra cosa ya te has dado cuenta que esa muchacha es especial.
Seguir engañándome a mi mismo ya no podía ser posible, si me dedicaba a indagar un poco en mi interior me daría cuenta de que Kikyou me provocaba cierto malestar por así decirlo, pero en el sentido de que me inquietaba cada vez que se me acercaba y provocaba una sensación extraña en mi interior ¿Qué significaba esa extraño animal que revoloteaba en mi estómago¿Así es cómo se sentía un hombre cuando se encontraba atraído por una mujer? Comencé a repudiar esta sensación de inmediato e hice lo posible por desecharla de mi cuerpo cuanto antes, afortunadamente y para olvidar lo sucedido mi padre por fin salió, se veía un poco pálido y mantenía su brazo izquierdo flexionado.
-¿Te sientes bien?
Preguntó mamá con preocupación.
-Sólo un poco agotado no te preocupes.
Contestó mientras se sentaba.
-Yo he cumplido con mi parte ahora sólo queda esperar a otro donante, esa niña está perdiendo mucha sangre y la cantidad que doné no será suficiente.
Las cosas no podían ir peor ¿Dónde encontraría otro donante? En ese momento el nombre de un personaje descabellado atravesó mi mente… pero de sólo pensarlo me provocaba calosfríos y jamás me atrevería a pedirle un favor… mi orgullo me lo impedía pero por otro lado la vida de una persona pendía de un hilo y salvarla o dejarla morir dependía de mi decisión.
-Ahora vuelvo…
Comenté a mis padres mientras me levantaba con la intención de buscar a esa persona. Salí del hospital en su búsqueda caminando en la misma en la dirección en la que él se dirigía y ahí estaba… sentado en una jardinera cruzado de piernas y brazos. En cuento escuchó mis pasos abrió sus ojos y me miró con profundidad.
-¿Ahora que quieres?
Preguntó Sesshomaru con fastidio.
-¿Qué tipo de sangre tienes?
Fui directo al grano porque en sí la situación era muy difícil para mi y mantener una larga conversación era lo que menos deseaba.
-¿Piensas que te ayudaré a salvar a esa niña?
Respondió en tono burlón.
-Eso quiere decir que también compartes el mismo tipo de sangre que yo.
-Que imbécil eres Inuyasha… es obvio porque provenimos del mismo padre aunque no me guste.
Ya no podía resistir más sus insultos si continuaba haciendo lo mismo lo degollaría en cualquier instante.
-Mira Inuyasha a mi no me interesa ser héroe en mis ratos libres como tú… odio perder mi tiempo en tonterías y sinceramente me importa poco si esa niña se muere o no…
-¡Pero es tu alumna!
-¿Y eso qué¿Piensas que porque soy un profesor mi deber es estar cuidando de mocosos como ustedes¡No soy una nana!
-¡Pero eres humano¿Qué no tienes corazón¡Ayúdala!
Le grité desesperado y él comenzó a reírse.
-¡Lo que puede provocar una mujer! Jamás me imaginé que tú alguna vez me pedirías un favor… esta bien… lo haré bajo una condición…
-¿Cuál?
-Pídelo por favor y de rodillas.
-¡Estás loco jamás me humillaría ante ti!
-¿Es más importante tu orgullo que la vida de esa jovencita?
-¡No puedes jugar así con la vida de una persona!
-No seas tan infantil… por lo que veo tu sentimentalismo no ha cambiado, sigues siendo el mismo niño de siete años al que desgraciadamente no pude matar.
-¿Por qué me odias tanto?
-No pienso darte explicaciones de mis sentimientos… te odio y punto ¡Tú nunca debiste haber nacido! No eres más que escoria y me avergüenza que por nuestras venas corra la misma sangre.
-No sé porque diablos se me ocurrió pedirte un favor y la verdad ya no importa la razón de tu odio, si no eres feliz es tu problema no mío ¡Yo nunca pedí venir a este mundo si por mi fuera dejaría de existir en cualquier momento! pero para tú mala suerte aquí me tocó vivir y no precisamente con una familia ideal porque tolerar a un hermano frustrado y un padre materialista no es algo de lo que me sienta orgulloso.
-No me vengas con filosofía barata Inuyasha…
-No es ninguna filosofía al menos no me gusta engañarme y sé enfrentar mi realidad al contrario de ti…
-Ahora resulta que eres todo un experto en la vida… no me hagas reír.
-Piensa lo que quieras tu opinión me importa un comino después de todo el que está sólo eres tú no yo, por lo menos a mi lado tengo a la soledad ¿Tú que tienes? Supongo que nada, por eso no puedes vivir en paz…
-¡Con mi vida no te metas Inuyasha!
-¿Tu vida? A nadie le importas Sesshomaru… estás solo… ¿Qué nunca has mirado hacia tras para darte cuenta de que no tienes a nadie?
-¡Si no tengo a nadie es por tu culpa¡Tú me robaste a mi familia!
-Yo no te robé nada, el único que tiene la culpa de querer estar solo eres tú porque te desprecias… y si hablas de familia no te preocupes tampoco existe para mi… hace mucho que dejé de esperar algún cariño por parte de nuestro padre y extrañamente ahora que no lo deseo el señor se encuentra junto a mí tratando de enmendar sus errores…
-Ahora resulta que el viejo ya tiene remordimientos…
-Si tan solo hubieras visto su rostro lleno de tristeza cuando habló sobre ti después de tantos años quizás le darías una oportunidad para que hablaran.
-Hace mucho que dejé de ser su hijo y si la tristeza por lo que me hizo lo carcome merecido se lo tiene, él nunca debió de formar otra familia y olvidar a mi madre…
-¿Y crees que a ella le agrada el ser absurdo y mediocre en que te has convertido?
-¡Si vuelves a mencionar a mi madre te mato!
-Hazlo… ¿Crees que me importa? No tengo nada que perder…
-Eres un imbécil Inuyasha mejor lárgate antes de que termine golpeándote como hace años por haberte metido con lo más sagrado que tengo…
-Tú también lo hiciste, ofendiste a mi madre por lo tanto estamos a mano, no tienes por qué reclamarme, así como para ti tú madre es importante para mi también lo es la mía y si volvieras a meterte con ella también te mataría… no me interesa comprender tu odio infundado hacia nosotros pero le has hecho demasiado daño mucho más del que yo le hice a la tuya.
-¡Te parece poco intentar suplantar a mi mamá!
-Ella jamás intentó hacerlo, sólo quería ser tu amiga lo único que deseaba es cuidarte y quererte como un hijo más pero tú malinterpretaste las cosas, si de verdad la conocieras no estarías sólo por lo menos la tendrías a ella.
-Tonterías… esa señora no puede sentir nada por mí…
-Que fácil es decirlo para ti ¿Tú que hubieras hecho si a tu madre la hubieran humillado y despreciado como tú lo hiciste con la mía por tantos años? Tú no la viste llorar a cauda de tus malos tratos por eso es que te odio yo al menos tengo una razón muy poderosa para despreciarte creo que ni tu propia muerte podrá enmendar el daño que has hecho ¡Aquí el único que da asco eres tú!
-¡CALLATE INUYASHA!
Gritó la voz de una mujer, era mi madre que al parecer había escuchado parte de nuestra conversación. Su rostro denotaba molestia se acercó a mi e inesperadamente me propino una fuerte cachetada…
-Mamá pero…
Estaba confundido con la repentina reacción de mi mamá.
-¡Ya he escuchado suficientes tonterías por parte de los dos¡Nadie les da derecho a jugar con los sentimientos maternos!
-¡Pero no tenías porque golpearme!
Reclamé molesto.
-Te lo merecías Inuyasha yo no soy nadie para reprender a Sesshomaru pero al menos en ti tengo derechos porque yo te di la vida, yo fui la persona que te mantuvo en su vientre por nueve meses, yo que fui la mujer más feliz al esperar con ilusión tu nacimiento ¡Ahora no me salgas con la estupidez de que no pediste venir al mundo¿Es así como desmeritas mi amor?
-Mamá yo…
-¿Culpas a tu hermano por haberme hecho daño¡Tú me acabas de provocar un dolor mucho mayor con esos sentimientos tan diabólicos¡Desear la propia muerte de tu sangre¡Yo no te enseñé eso!
-¿Y que querías que hiciera si él me odia desde que nací? Siempre nos ha culpado porque no ha tenido una familia…
-¡Sólo era un niño cuando perdió a su madre que querías que hiciera¡Él sufría y más cuando llegué como una intrusa a su vida!
-¡Eso no es cierto no has hecho nada malo!
-¡Claro que si! Sesshomaru tiene razón yo intenté ocupar el lugar de su madre, creí que con mi cariño menguaría un poco su ausencia pero fui una tonta no debí hacer eso y he esperado mucho años para pedirte perdón por eso Sesshomaru…
Inesperadamente mi madre se hincó ante él llorando desconsoladamente tanto Sesshomaru como yo nos quedamos estáticos, ambos nos encontrábamos sorprendidos por la intervención de mi madre y más con esa acción. Sesshomaru reaccionó antes que yo y de inmediato se agachó para levantarla.
-No haga eso señora no se humille…
-¿Humillarme? Lo único que hice fue destruir una familia, si no hubiera aparecido entre ustedes Inutashio y tú… estarían juntos…
Sesshomaru levantó completamente a mi madre que no podía dejar de sollozar pero inmediatamente su cuerpo se desvaneció por completo y perdió el conocimiento. Sesshomaru la sostuvo en brazos para evitar su caída.
-¡Mamá¡Mamá!
Grité como loco al verla inconciente.
-¡Ya estarás feliz… mira lo que has hecho con tus tonterías!
Me gritó Sesshomaru mientras cargaba el cuerpo inerte de mi madre en sus brazos, lo miré con odio pero extrañadamente su rostro emanaba preocupación y sin pedir permiso comenzó a caminar con premura hacia al hospital.
-¡Déjala no la toques!
-Idiota tienen que atenderla… es lo menos que podemos hacer después de el daño que le hicimos…
Entonces Sesshomaru sin esperarme entró como un huracán a urgencias con mi madre en brazos y de inmediato pidió ayuda con desesperación, daba la impresión de que en realidad Izayoi no era su madrastra sino su madre.
Un medico y dos enfermeras la tendieron con prontitud, la colocaron en una camilla y la introdujeron en otra sala pero nos impidieron el paso, papá llegó corriendo y asustado.
-¿Qué le ocurrió a tu madre?
Preguntó aterrado.
-No sé… fui un tonto… ¡No quiero que muera por mi culpa!
Estaba tan consternado que de mi boca sólo salían incoherencias y otro golpe se hizo presente en mi mejilla y esta vez fue de Sesshomaru…
-¡Deja de llorar como una niña se un hombre por una vez en tu vida!
Gritó Sesshomaru enfurecido.
-¡Cálmense por dios!
Gritó mi padre que se colocó en medio de nosotros. Una enfermera abrió aquella puerta y mi padre la abordó sin prestar atención a sus hijos. No supe que tanto hablaron sólo vi como él desaparecía junto con la señorita detrás de aquella puerta.
Me quedé recargado en aquella pared e inesperadamente Sesshomaru se colocó a mi lado cruzado de brazos.
-¿No le pasó nada verdad?
Pregunté inconcientemente tratando de buscar un consuelo que por supuesto no iba a encontrar en mi hermano mayor.
-Yo que voy a saber Inuyasha no soy médico…
-¿Por qué la ayudaste? Se supone que la odias…
-Ese es mi problema… yo sé lo que hago…
Ambos permanecimos callados por más de quince minutos hasta que papá volvió a aparecer ante nosotros, en cuanto lo vi comencé a cuestionarlo sobre el estado de salud de mi querida madre.
-No te preocupes ella está bien sólo fue un desmayo su presión se encuentra baja, por el momento tiene que descansar hasta que se restablezca.
-¡Quiero verla!
Insistí con desesperación.
-De hecho tú madre quiere verlos a los dos.
Sesshomaru y yo nos miramos con desconcierto por unos segundos. Caminamos hacia aquella puerta yo fui el primero en entrar, una enfermera nos indicó dónde se encontraba mamá, caminamos un poco al fondo y a mano derecha se encontraba una habitación, ahí estaba ella recostada en una cama, pálida, cansada y con una aguja intravenosa en su mano derecha donde le suministraban suero. Al verla corrí a sus brazos y ella me recibió de igual manera.
-¡Perdóname¡Perdóname por favor!
Me disculpaba con cierta dificultad ya que un gran nudo en mi garganta se hizo presente. Pequeñas lágrimas corrían por mis mejillas que de inmediato fueron secadas por las suaves pero frías manos de mi mamá.
-Fui muy dura contigo discúlpame creo que te preocupé de más…
-Yo soy el tonto no debí decir eso…
-Ya no importa hijo eres lo que más amo en este mundo lo único que deseo es que seas feliz.
Las palabras me eran innecesarias para tales emociones y sentimientos yo sólo permanecí abrazándola por mucho tiempo.
-Inuyasha podrías… dejarme a solas con tu hermano… tengo que hablar con él…
Me miró de un manera tierna y depositó un beso en mi mejilla, después de eso salí para que Sesshomaru entrara y este cerró la puerta completamente para evitar que yo escuchara. La curiosidad fue más grande tenía que saber qué tipo de plática mantendrían mi madre y él, tenía que estar alerta por si Sesshomaru se atrevía a insultarla o lastimarla más de lo que ya estaba.
No me alejé de aquel lugar permanecí con el rostro completamente pegado a la puerta aguzando el oído impaciente por aquella conversación, entonces Sesshomaru habló…
-¿Ya se siente mejor?
-Un poco disculpa el mal rato que te hice pasar pero he estado delicada de salud últimamente…
-Yo sé que no fue un simple desmayo hay algo más… ¿Inuyasha lo sabe?
-No, él no sabe nada no quiero preocuparlo, lo veo tan tranquilo después de tantos años que no tengo corazón para angustiarlo con mis problemas.
-¿Se está desahogando conmigo?
-Quizás… tú padre tampoco sabe nada y yo ya no podía callar más este secreto…
-¿Qué es lo que pretende? No la entiendo…
-No te preocupes Sesshomaru no tengo intención alguna de perturbar tu vida sólo deseaba que supieras lo que sentí cuando te fuiste de la casa y desapareciste, por un momento llegué a pensar que jamás te volveríamos a ver…
-Yo no le importo a nadie ni siquiera a mi padre que fue el que me corrió de su lado y me desconoció como su hijo…
-Tienes razón, Inutashio cometió un grave error y créeme que desde ese día él también cambió como persona, tú ausencia lo afectó bastante y si te sirve de consuelo ni siquiera la compañía de Inuyasha era suficiente para cubrir tu ausencia…
-Mentiras… Inuyasha siempre fue el preferido mientras que yo sólo era un estorbo en la nueva familia.
-Es fácil decirlo porque no estuviste presente estos nueve años pero como bien te dijo tu hermano él no tuvo una infancia feliz, tú padre siempre lo reprendía, nunca le mostraba apoyo pocas veces le sonreía, mi esposo se convirtió en un completo extraño tras tu ausencia…
-Ahora resulta que yo tuve la culpa de todo.
-¡Claro que no! Sólo te lo comento para que sepas que eres una persona muy importante en la vida de Inutashio, los únicos culpables de todo esto somos nosotros… Inutashio por convertirse en una persona amargada y vacía y yo por no tener el carácter suficiente para cuidar de Inuyasha y de ti…
-Yo no soy su hijo ¿Por qué tanto cariño después de todo lo que le he hecho?
-Por que se que en el fondo eres una buena persona y que necesitas de cariño, quizás yo no seré tú madre pero al menos deseaba ser por lo menos una amiga con la que compartieras la alegría y la tristeza pero al parecer fui demasiado soberbia y en lugar de ayudarte terminé destruyendo tu vida.
-Mi vida quedó destrozada el día que mi madre murió usted no tiene la culpa.
-Sesshomaru ¿Por qué no intentas un acercamiento con tu padre? No te pido que olvides tu sufrimiento sólo platiquen y aclaren sus sentimientos en esta situación tanto Inuyasha como yo salimos sobrando.
-No lo sé, no deseo hablar con él no puedo perdonarlo…
-Medítalo yo sé que es muy pronto pero piénsalo, tu padre estaría encantado por volver a platicar una vez más contigo.
-Lo siento mi rencor es mucho mayor y no puedo dejar de maldecirlo ni a él ni a Inuyasha.
-Entiendo…
-Pero… al menos intentaré dejar de verla como una enemiga ya entendí que sólo quería ayudarme.
-Muchas gracias Sesshomaru y respecto a lo que Inuyasha te dijo sobre que tu madre se avergonzaría de ver en la persona que te has convertido no es cierto… al contrario ella debe de estar muy orgullosa por tener un hijo que supo valerse por si mismo y enfrentó al mundo sin ningún temor, lo único que una madre desea es que sus hijos sean felices.
-Gracias señora…
-Sesshomaru podrías ayudarme quiero sentarme.
Se escuchó el roce de las sábanas abrí un poco la puerta y me asomé, mi madre ya se encontraba sentada pero asombrosamente Sesshomaru la tenía abrazada. Ella le acariciaba el pelo como si de verdad tuviera a su hijo en brazos preferí alejarme y dejarlos solos. Aquella plática me sorprendió en gran manera pero también me sentía muy preocupado por la salud de mi madre ¿Qué nos ocultaba¿En verdad se encontraba tan grave que prefirió desahogarse con Sesshomaru en lugar que con su propio hijo?
Me encontré con mi padre a la salida sólo nos miramos, su rostro reflejaba tristeza ahora lo veía más cansado y viejo quizás era porque la mujer que amaba, su compañera de tantos años se encontraba enferma y lo peor de todo es que ambos ignorábamos por completo la verdad.
Sesshomaru salió quince minutos después de mi salida y de inmediato mi padre lo abordó con preguntas:
-¿Cómo está¿Te dijeron algo los médicos?
-Es mejor que entren hay algo que tienen que saber los dos…
La cara de mi padre palideció, en realidad que Sesshomaru era un bruto sin ningún tacto.
-¿Qué tiene?
-No sé que ella te explique… yo tengo que irme.
Contestó Sesshomaru con su habitual despotismo, sinceramente eso era lo que menos me importaba la salud de mi madre era mi mayor prioridad. Pero lamentablemente no nos permitieron el paso porque mi madre tenía que descansar, mientras tanto un médico habló con nosotros en su consultorio.
-La señora presenta un cuadro muy avanzado de anemia su salud es delicada si no se le atiende con prontitud.
Comentó un medico de baja estatura delgado y joven.
-No me importa lo que cueste pero ayúdenla.
Decía mi padre que no podía ocultar su ansiedad y preocupación y todavía continuaba con la creencia de que el dinero lo arreglaba todo en la vida.
-Ese es nuestro trabajo señor no se preocupe pero su esposa también tiene que cooperar ya que al parecer sufre de una depresión que le impide cuidarse.
-¡Eso es imposible¡Mi esposa no puede sufrir tales enfermedades ella se encontraba en perfecto estado!
-Este tipo de enfermedades son silenciosas, nunca avisan cuando se encuentra presentes en nuestro cuerpo y cuando nos damos cuenta a veces es demasiado tarde
-Pero ella se salvara…
-Claro que sí con un buen tratamiento y una excelente dieta la señora podrá restablecerse en pocos meses, por el momento podrá retirarse a su casa en unas dos horas en lo que su presión arterial se nivela, posteriormente comenzaremos a tratarla. Ahora les agradecería mucho que procuraran no alterarla emocionalmente, eviten que haga ejercicios excesivos y sobre todo cuiden su alimentación en este hospital contamos con excelentes nutriólogos que la ayudarán a retomar buenos hábitos alimenticios.
-Así será doctor no escatime en gastos la vida de mi esposa es muy valiosa.
-Señor el dinero es lo que menos nos importa hacemos nuestro trabajo con mucho gusto ahora si me disculpan tengo más pacientes que atender.
El médico se despidió mostrándonos la salida y desapareció entre los pasillos. Papá y yo volvimos a sentarnos en la sala de espera y entonces recordé el motivo por el cual estaba en ese lugar al momento de ver al médico que atendía a las hermanas así que pregunté por su estado de salud.
-Afortunadamente ya tenemos otro donante y la chica está siendo atendida confío en que su vida ya no correrá peligro ahora la que me preocupa es la otra jovencita, no logramos que recupere la conciencia y su presión sigue disminuyendo si continúa así puede sufrir un paro cardiaco.
-¿Pero qué tiene?
Pregunté sorprendido con aquella revelación.
-Desconozco la causa.
Después de eso se alejó dejándome un tanto intranquilo, no me imaginaba que Kagome se encontrara en ese estado yo pensaba que sólo había sido un simple desmayo pero al parecer el incidente la afectó demasiado. En eso otra puerta se abrió y de ella salió Sesshomaru, llevaba el brazo derecho flexionado, ambos nos miramos, él con odio y yo con sorpresa al saber que había accedido a mi petición.
-¡Deja de mirarme!
Gritó molesto y después se alejó saliendo del hospital al parecer no volvería más. Me sentí tranquilo después de todo al menos mi hermanito había contribuido a una noble causa lo único que lastimaba mi orgullo fue el hecho de que fuera precisamente mi madre la que se arrodillara y se humillara ante él y no yo, quizás por eso el joven accedió en el acto humanitario. Volví a sentarme junto a mi padre a esperar la salida de mi madre, me sentía cansado y con algo de frío mi padre colocó su chaqueta sobre mi espalda.
-Hace frío no es bueno que te enfermes hijo.
-Gracias papá…
Me recosté en sus piernas el cansancio me vencía, al parecer mi cuerpo ya no resistiría más tanto estrés y tención emocional que había sufrido a lo largo de estos días. Cerré mis ojos y caí en un profundo sueño. Unas suaves palmadas en mi espalda y un llamado me despertaron, era mi padre.
-¿Qué pasa?
Pregunté soñoliento.
-Tu madre saldrá en cualquier momento ya es hora…
Me desespérese un poco, sentía que no había dormido casi nada el cuello me dolía lo tenía torcido y mientras trataba de recuperar movilidad vislumbre dos siluetas conocidas que corrían hacia donde yo me encontraba. Una de ellas era Kouga y la otra pertenecía a la señora Higurashi que se encontraba angustiada. Pasaron frente a mi sin notar mi presencia la señora pidió informes y logró entrar a ver a sus hijas Kouga se quedó fuera.
-En un momento estoy contigo…
Le comenté a mi padre.
-No tardes Inuyasha.
Me acerqué a Kouga y éste de inmediato hizo una mueca de molestia.
-Pensé que ya te habías largado…
Contestó al verme.
-Eso a ti no te importa ¿Porqué tardaste tanto inútil?
-Porque tuve que esperar bajo la lluvia a que alguien regresara a la casa… tarado.
-¿Le comentaste algo a la señora sobre mi?
-No porque tú presencia no es importante.
-Bien entonces más te vale que no menciones mi nombre, yo no estuve con ustedes fuiste tú el que las rescató y las trajo a este lugar ¿Entendido?
-¿Pero que tonterías dices? No pienso hacer eso.
-Mira animal te conviene así podrías conquistar a la hermana menor y que sea tu novia, si mencionas mi nombre entonces yo mismo te mandaré al hospital y me encargaré de que nunca te levantes…
-Yo no pienso mentirle a Kagome.
-¿Crees que a ella le agradaría saber que yo la ayude? Las dos me odian así que lo mejor será evitarles ese disgusto.
-Me niego.
-Mira inútil sino lo haces créeme que no dejare de molestarlas si cooperas nunca más me acercaré a ellas ¡Quedó claro!
-¿Jamás te acercarás a Kagome?
-Nunca…
-Bien… entonces no diré nada acerca de ti, tú no existes en este problema.
-¡Muy bien! A pesar de ser un tonto comprendes las cosas a la perfección.
-¡Ya lárgate¡Me repudia tu presencia!
-El sentimiento es mutuo.
Una vez aclaradas las cosas me alejé de aquel lugar para reunirme con mis padres. Los tres salimos por fin de ese desagradable hospital y nos encaminamos directo a casa. Mamá continuaba pálida ahora me daba cuenta que se veía mucho más delgada y demacrada que la última vez que la vi en Italia me sentía culpable por ser tan egoísta y sólo pensar en mis ridículos problemas existencialistas en vez de mirar a mi rededor y preocuparme por las personas que me querían.
Ella continuaba dormitando cuando llegamos a casa, papá no quiso despertarla y la cargo en sus brazos con suavidad mientras que yo le abría paso abriendo las puertas. Llegamos a su recamara él la recostó en su cama para después comenzar a desvestirla y colocarle su bata de dormir y que de esa manera permaneciera más cómoda. Me sorprendió que mi madre mantuviera un sueño tan pesado pero era lógico, su cuerpo se encontraba al límite sólo necesitaba un detonador para que tanto mi padre como yo nos diéramos cuenta que algo no andaba bien.
Al día siguiente del ataque volví al lugar de los hechos para encontrar alguna pista sobre él o los culpables del incidente pero no había nada, aquellos sujetos desaparecieron sin dejar rastro como si fueran sólo fantasmas, me acerqué al río recordando cuando rescaté a Kagome de las aguas, ella se encontraba inconciente y era obvio que no sabía nadar porque se sumergía con mucha facilidad, no sé por qué razón aquellos recuerdos me traían nostalgia y el animal en mi interior volvió a manifestarse con sólo recordarlas ¿Por qué siempre me involucraba con ellas? Lo que yo deseaba era alejarme lo más posible de su horrible presencia pero el destino me jugaba sucio y se empeñaba en que yo las mirara por todos lados, comencé a darme cuenta que esos encuentros no eran casuales y que algún extraño propósito debían tener…
-¡Pero qué tonterías Inuyasha ya deja de pensar en ellas! No valen la pena tienes cosas más importantes en qué ocuparte, son sólo mujeres no puedes dejar que perturben tu vida de esa manera.
Me decía en mi mente mientras miraba cómo corría el agua de una manera tranquila y suave. La corriente era mucho más pacífica que la noche anterior, estaba a punto de irme cuando miré un bulto de lodo en mi lado izquierdo me acerqué, parecía un objeto grande pensé que se trataba de un animal muerto pero no, se trataba de un estuche negro. Con mis manos me deshice de la capa de lodo que lo cubría y con agua trataba de limpiarlo, era un estuche de violín ¿Qué hacía ahí¿Quién se había atrevido a deshacerse de él? Lo abrí, mucha agua salió de su interior independientemente del lodo y algo de musgo, piedras y madera. Era una pena ver el estado tan deplorable de ese instrumento que quizás alguna vez había sido magnífico… un momento… recuerdo que hace unos días vi a Kikyou llevando consigo un estuche parecido eso significaba que este instrumento le pertenecía seguramente a ella quizás lo llevaba consigo el día de ayer ¿Pero por qué había terminado aquí? Si su cuerpo se encontraba lejano al río. Cerré el estuche y lo tomé en mis manos ahora ya conocía al dueño de este tesoro y seguramente ella se encontraba angustiada por su pérdida y me imaginé la tristeza en sus ojos al ver la forma en que había terminado su instrumento. Se me ocurrió una idea… podría llevárselo al abuelo para que lo reparara quizás aún se podía hacer algo para rescatarlo aunque las esperanzas no eran muy alentadoras que digamos.
No me dirigí a su establecimiento fui directo a su casa. Toqué la puerta y a los pocos segundos apareció un semblante alegre…
-Buenos días Inuyasha.
-Buenos días abuels ¿Qué tal?
Entré a la casa, era muy reconfortante me agradaba encontrarme en su interior cada vez que la visitaba, quizás no era muy lujosa y grande pero contaba con algo de lo que la mía carecía… paz. Por alguna extraña razón el ambiente era cálido y reconfortante quizás sólo era producto de mi imaginación pero mi gran "hogar" no se comparaba en nada a lo que esta casa me trasmitía.
-Y a que debo tu visita Inuyasha pensé que estarías en la escuela…
-Iba en camino pero me encontré con esto y me gustaría que lo viera.
Le extendí el estuche, él lo abrió y lo analizó profundamente con sus manos ignorando la suciedad que envolvía al pobre violín.
-Es un violín magnífico un Stradivarius que pena que terminara así… ¿Dónde lo encontraste?
-En el río creo que le pertenece a alguien que conozco, dígame ¿Podrá hacer algo por él?
El anciano meditó varios minutos su respuesta mientras continuaba analizando la caja, las cuerdas y el arco hasta que por fin habló…
-Lo siento Inuyasha lo único que se puede hacer es limpiarlo y pulirlo pero en cuanto al sonido y su resonancia en la caja no te garantizo nada este tipo de madera es muy delicada y cualquier anomalía altera su sonido en gran manera, ya nada se puede hacer… su ciclo ha terminado.
-Que pena… me imaginaba que ese sería el resultado pero guardaba la esperanza de que la respuesta fuera todo lo contrario…
-Lo siento.
-No se preocupe pero al menos me gustaría que lo limpiara para regresárselo a su dueña, no me gustaría que lo viera en ese estado, después de todo me imagino que debe de ser algo muy importante.
-Así es Inuyasha un violín es el espíritu del músico, el vínculo que existe entre ellos es inquebrantable y si no hay conexión con el instrumento el sonido será nefasto por muy bueno que sea el artista.
-Tiene razón… bueno lo dejo en sus manos no importa el costo.
-¡Inuyasha por supuesto que no te voy a cobrar!
-Sabía que me diría eso… así que mejor véame como un cliente más y cóbreme lo que su trabajo vale ¿Entendido?
-Siempre te sales con la tuya…
-Nos vemos…
-Suerte en el Colegio…
-Gracias.
Llegué tarde a clases y el profesor de Física a regañadientes me dejó entrar pero apenas y hube colocado el trasero en mi silla…
-Al estudiante Kurosaki Inuyasha del 2º B se solicita su presencia en la dirección en este momento.
Decía la voz chillona y malhumorada de una mujer por la bocina que se encontraba en el salón. ¿Por qué me voceaban de esa manera? De seguro se trataba de la secretaria de Kyo; la tonta pensaba que con esa acción me pondría en vergüenza frente a toda la escuela pero la muy ingenua no contaba con que ese tipo de provocaciones no me afectaban en lo absoluto. Salí muy campante del salón sin dar importancia a la incesante curiosidad de los compañeros de clase, pareciera que su único oficio sólo consistía en ser viejas chismosas y metiches .
Subí a la Dirección me encontré cara a cara con la insufrible secretaria que me miraba con triunfo y malicia.
-El Director te está esperando.
Chilló esa bruja tonta. Abrí la puerta entré y después la cerré con seguro.
-Bonita forma de llamarme… ahora qué hice…
Le reclamé a Kyo que se encontraba sentado en su enorme silla frente al escritorio con una sonrisa en e rostro.
-Lo mismo digo Inuyasha bonita forma de saludar a la máxima autoridad de este Colegio.
Contestó él con sarcasmo mientras me sentaba en una de las sillas con total desfachatez.
-Te ves cansado.
Comentó con preocupación.
-Un poco estas últimas semanas han sido absorbentes…
-Me lo imagino y supongo que ahora la salud de Izayoi es lo que más te preocupa.
-¿Cómo lo sabes?
-Visité tu casa en la noche tanto Izayoi como tú ya estaban dormidos.
-Es verdad lo único que quería era descansar ¿Y dónde estuviste después de que saliste del hospital?
-Primero me dirigí a casa de esas jovencitas y ahí me encontré con otro muchacho.
-Debió de ser el inútil de Kouga.
-Efectivamente se trata del mismo chico al que golpeaste el primer día de clases y me asombró el verlo ahí aunque él también se encontraba sorprendido con mi presencia pero le aclaré que fue Sesshomaru quien me avisó del incidente, después de eso me indicó en qué lugar habían sido atacadas las muchachas. De inmediato fui a ese sitio pero no había nadie ni siquiera los agresores, todo se encontraba muy tranquilo como si nada hubiera ocurrido.
-Eso indica que todo estaba planeado y borraron la evidencias lo que nos deja en el principio al parecer ellas no podrán hacer nada por acusar al responsable porque ya no existe.
Comenté pensativamente tratando de armar el rompecabezas.
-Si… es una lástima aunque me imagino que tendrán alguna sospecha.
-Ni siquiera sé si aún vivan.
-Que catastrófico eres Inuyasha por supuesto que siguen con vida ya he hablado con su madre la transfusión fue un éxito aunque la hermana menor sigue sin reaccionar, su madre no quiso hablar sobre el tema pero parece que ya está acostumbrada a que su hija se mantenga en ese estado, siento que algo ocultan…
-Como sea ese no es nuestro problema, mientras sigan vivas que ellas se las arreglen como puedan.
-¿Qué no se supone que una de ellas te gustaba¡Vaya manera de amar!
-¡Ninguna de ellas me gusta!
-Tranquilo no te sulfures por lo menos ahora las dos están en deuda con los tres hombres de la familia por así decirlo…
-Que ironías, quién iba a imaginarse que ahora esa chica y yo compartimos la misma sangre.
-Fue una suerte que tu padre accediera y un milagro que Sesshomaru ayudara…
-¿Milagro? Ese maldito tiene una cuenta conmigo, logró que mi madre se arrodillara ante él en mi lugar.
-No entiendo Inuyasha.
-Sesshomaru me dijo que aceptaría ayudar a Higurashi a cambio de que yo se lo pidiera de rodillas.
-¿Eso hizo?
-Si.
Kyo empezó a reírse a carcajadas no podía parar, daba la impresión de que se privaría y eso me consternó de gran manera porque tardó varios minutos en restablecerse.
-¿Cuál es la gracia¿Te burlas de que mi madre se arrodilló ante él?
Pregunté con enfado.
-¡Claro que no! Me burlo de la actitud tan infantil de Sesshomaru no puedo creer que hiciera eso…
Respondió él tratando de recuperar el aliento y la calma.
-¿Por qué lo dices?
Cuestioné confundido.
-Por que él fue quien se contactó conmigo después de que se entero de lo ocurrido y me comentó que sólo estaba esperando a que tú te fueras del hospital para poder donar sangre ¡El fue el primero en ofrecerse a ayudarla! Por eso me río no entiendo porque sigue siendo tan infantil…
-¡Ese maldito¡Sólo se estaba burlando de nosotros y por su culpa mi madre desfalleció!
-¿Por su culpa? No creo… además velo del lado positivo si él y tú no hubieran discutido Izayoi seguiría guardando su enfermedad en secreto y las cosas se complicarían más.
Aunque no me agradara Kyo tenía razón al menos el jueguito de Sesshomaru sirvió para ayudar a mamá.
Me retiré de la dirección ya no había más que hablar con Kyo y definitivamente no tenía ni la más mínima intención de seguir asistiendo a clases preferí retirarme a mi casa y estar con la persona que más me necesitaba… mamá.
La vida continuó su camino pasaron otros dos días sin mayores preocupaciones Miroku se restablecía formidablemente y mi mamá ya estaba siendo atendida. Al principio de negaba a aceptar que se encontraba enferma pero ya no podía ocultar más su secreto nosotros ya lo sabíamos y tampoco le reclamamos el por qué de su silencio, al contrario mi padre y yo éramos los menos indicados para reprocharle, después de todo no dejamos de ser unos tontos que jamás se dignaron a mirarla porque nos encontrábamos muy ocupados con nuestros problemas.
Ese día se me hacía un poco tarde por haberme quedado dormido así que tomé un taxi para llegar a tiempo al hospital para visitar a Miroku. Desgraciadamente tomé la decisión equivocada porque tardé en llegar más de cuarenta y cinco minutos gracias al bendito tráfico. El viaje me salió muy caro, aburrido y muy agotador, me encontraba un tanto desesperado y hasta de malas, tuve que tranquilizarme para que Miroku no notara mi mal humor. Tomé el elevador presioné el botón con el número siete y en pocos segundos me encontraba en mi destino. Caminaba como si nada por el pasillo, tenía que girar a la izquierda y luego a la derecha hasta el fondo para llegar a la habitación donde Miroku se encontraba y al doblar en una esquina un cuerpo colisionó con el mío, se trataba de una mujer y tarde algunos segundos en reaccionar y ver que estaba apunto de caer por la inercia del golpe, la sostuve del brazo y nos miramos, me asombré al ver su rostro asustado y sólo se me ocurrió decir:
-¿Estás bien¿Qué te pasa?
Pregunté muy sorprendido y bastante perturbado ¿Qué hacia Kagome aquí¿De dónde salió?
-¡¡Ahí está!!
Grito repentinamente una mujer seguida por tres sujetos más. Al escuchar y ver a esas personas Kagome se escondió detrás mí y sólo me murmuró con temor:
-No dejes que me lleven por favor…
Yo no entendía nada de lo que estaba ocurriendo pero lo que sí me quedaba muy claro es que Kagome huía con desesperación de aquellas personas.
-Tranquila no te haremos daño, sólo ven con nosotros…
Decía en tono pacífico aquella enfermera y Kagome se ocultó más.
-¡Déjenme en paz¡No quiero!
Gritó ella muy molesta pero sin ocultar su miedo ni sus lágrimas yo sólo me encontraba como mediador de aquella persecución y no sabía que hacer.
-No hagas las cosas más difíciles, tienes que regresar a tu habitación esto que haces te va hacer más daño…
Comentó un hombre que al parecer se traba de un médico pero su tono era tan áspero que provocó la ira de la joven.
-¡¡No regresaré hasta ver a mi hermana!!
Volvió a gritar con más desesperación, ahora comprendía lo que ocurría su histeria se debía a causa de Kikyou. Asombrosamente me había olvidado de preguntar cómo seguían de salud estos últimos días pero por lo que veía Kagome se encontraba bien porque contaba con una fuerza increíble que jamás pensé que tuviera aunque no entendí del todo por qué ella se negaba a regresar a su habitación
-¡¡Déjeme no me toque!!
Exclamó aterrorizada cuando uno de los enfermeros la tomó del brazo con fuerza y esa forma tan brutal de tacarla me molestó de gran manera e intervine.
-¡¡No la toques imbécil!!
Grité enfadado alejando su mano del cuerpo de Kagome sin dejar de desafiarlo.
-Muchachito es mejor que te quites, no queremos lastimarla, ella está muy alterada…
Dijo con seriedad aquel médico que ya no se mostraba tan paciente como antes.
-Ya la escucharon, déjenla en paz… lo único que hacen es asustarla…
Comenté muy molesto por la forma en que la trataban
-No queremos hacerle daño… nos preocupa su salud, eso es todo.
Decía la enfermera que muy al contrario del médico no perdía en absoluto la paciencia, así que me di la media vuelta hacia Kagome y la miré detenidamente.
-Haz lo que te dicen… regresa a tu habitación por favor.
Aquel rostro empapado por las lágrimas lleno de temor volcó mi corazón, sentí pena por ella al verla sufrir, no supe por qué esa sensación se había manifestado provocando que palabras extrañas salieran de mi boca.
-Vamos, ve con ellos, no te harán daño, lo hacen por tu bien.
Trataba de tranquilizarla dulcificando mi voz e inesperadamente ella me abrazó con fuerza, permití que me tocara e instintivamente acaricié su sedoso cabello.
-No quiero que me inyecten, me van a sedar… no quiero medicinas…
Rogaba temerosa mientras se escondía más en mis brazos cual niña pequeña que le teme a la oscuridad.
-Si prometes calmarte no lo haremos, ahora ven con nosotros…
Insistía el doctor al que obviamente no le tuve ni la más mínima confianza ya que no dejaba de amenazarla con esa maldita jeringa en sus manos.
-Mejor guarde ese sedante porque no le está ayudando en nada…
Le advertí mientras me separaba de Kagome para enfrentar a ese desagradable médico.
-Ven te acompañaré, no tengas miedo.
No supe porque razón dije eso pero simplemente no podía abandonarla en ese estado. Kagome se refugiaba en mí quizás porque era la única persona que la conocía y eso la hacía sentirse segura. La enfermera y el doctor iban a la delantera mientras que los enfermeros nos custodiaban por detrás cual halcones acechando a su presa. Llegamos al ascensor y bajamos hasta el cuarto piso, caminamos entre más pasillos hasta llegar a una reja de alta seguridad. Me pareció un poco extraño tanta vigilancia pero al ver que en un letrero se encontraba la leyenda "Psiquiatría Área 1" Comprendí lo que ocurría. Fue una gran sorpresa encontrarme con tal revelación ¿Qué clase de enfermedad podía tener Kagome?
-Muchas gracias jovencito, pero no puedes pasar a esta área.
Comentó el médico y Kagome me tomó con mayor fuerza el brazo.
-Anda, estarás bien, yo no puedo pasar…
Le Insistí con amabilidad.
-No me dejes sola, les tengo miedo.
-Necesitas descansar… estás muy pálida…
Toqué con mi mano su pálido y frío rostro, se encontraba muy demacrada y sus ojos reflejaban absoluta angustia y soledad. Aquella mirada me impactó y sentí remordimiento por ella, no era lástima, más bien me sentía culpable de verla así, sabía perfectamente que yo no tenía nada que ver en sus problemas aún así el hecho de que yo me encontrara perfectamente de salud me provocaba culpabilidad.
-Señor deje que el muchacho entre para que la paciente se tranquilice, creo que nosotros tuvimos la culpa de haberla alterado de esa forma… ella no quiere estar sola.
Comentó la enfermera con cierto tono de culpabilidad.
-Está bien… que el muchacho la acompañe hasta que alguno de sus familiares regrese.
Decía con desesperación y frialdad aquel médico que no dejaba de mirar a Kagome con enfado y molestia. Ella me miró nuevamente sus ojos se encontraban muy vidriosos y me causó cierta ternura.
Juntos atravesamos aquella reja de seguridad, Kagome no me soltó ni un segundo. Por fin llegamos a su habitación y esa fue la única manera en que me soltó. El doctor le indicó que se sentara en la cama para inspeccionarla y que todo estuviera bajo control.
-Bueno por lo visto esto no pasó a mayores, te pido de favor que no vuelvas a intentar otra locura como estas.
Reclamó el insufrible hombre que mostraba una paciencia y una cordura demasiado fingidas.
-¿Sabe algo de mi hermana y mi mamá?
Preguntó Kagome, me sorprendí un poco de que no supiera dónde se encontraba su familia era como si acabara de despertar de un largo letargo.
-Por lo que sé tu hermana se encuentra en recuperación y en cuanto a tu madre no sé, quizás pueda estar cuidándola en este momento, no creo que tarde mucho en regresar.
Contestó el médico con frialdad.
-Gracias…
Después de eso tanto la enfermera que nos acompañaba como el doctor salieron de la habitación. Permanecí recargado en la pared por varios minutos sin decir nada pero Kagome sólo se dedicaba a mirar cabizbaja las sábanas sin dejar de mover sus dedos como muestra de desesperación. Ya me estaba impacientando, aquel silencio me enfermaba ¿Para qué me quería ella ahí sino iba a decir nada?
-Creo que ya estás más tranquila, mejor me voy…
Rompí aquel silencio porque ya nada tenía que hacer en ese lugar.
-Espera Kurosaki…
Exclamó Kagome que por fin se dignaba a hablar.
-Perdón por el mal rato que te hice pasar… no sé por qué lo hice… perdóname soy… una tonta.
Noté que le costaba mucho trabajo hablar su mirada triste no cambiaba en absoluto así que tomé la silla que se encontraba a lado de su cama y me senté.
-¿Por qué lo hiciste?
Pregunté sin dejar de mirarla con detenimiento.
-¿Hacer qué?
Cuestionó ella un tanto confundida por mi pregunta.
-A escapar de este lugar…
Respondí a modo de despejar su duda.
-No lo sé, tuve un horrible sueño en donde Kikyou estaba bañada en sangre, me alteré tanto que cuando desperté lo único que hice fue salir a buscarla, la verdad es que no supe distinguir la realidad de la ficción.
¿Un sueño¿En verdad no recordaba lo que ocurrió? Su hermana fue herida y aún así se negaba a ver la realidad, comprendí que la impresión fue demasiado fuerte incluso para mi y eso que yo soy de carácter más frío, era lógico que Kagome tratara de engañarse así misma dando por hecho que todo fue un sueño.
-Tuviste mucha valentía ¿No crees?
Intervine a modo de brindarle un poco de tranquilidad después de todo si ella ignoraba la verdad yo no era la persona indicada para decírselo.
-No, siempre he sido muy miedosa, pero hoy… no sé como explicarlo… me sentí…
-Con fuerzas y no te importó desafiar a los que te estorbaban…
La interrumpí no sé porque razón.
-Puede ser… pero no creo intentar algo así de nuevo.
-¿Te sentiste satisfecha¿Libre?
-No lo sé…
-Creo que tienes carácter, sólo que aún no te conoces a ti misma pero ahora que ya has conocido un poco lo que es el valor posiblemente hagas mejores cosas.
-¿Valor? Yo no conozco esa palabra porque cuando te vi lo único que hice fue esconderme para que me protegieras…
-Tú y yo apenas nos conocemos y no entiendo el porqué me pediste ayuda…
Sinceramente no entendía el carácter de esa muchacha aún después del incidente con su hermana supuestamente debería odiarme pero no, sorpresivamente me pidió ayuda.
-Lo hice porque actuaste de la misma manera que Kikyou cuando alguien me molesta.
Contestó ella sin ocultar su timidez.
-Pero yo no soy tu hermana.
Respondí tajante ante su respuesta.
-Lo sé, pero por un momento sentí que me encontraba a su lado.
-¿Por qué necesitas que alguien te defienda?
Esta pregunta la tomó por sorpresa y como era de esperarse Kagome guardó silencio tras hundir más su mirada en las sábanas así que me tome la libertad de darle un… ¿Consejo?
-No siempre tendrás a tu familia a tu lado para protegerte, debes de hacerlo por ti misma, con coraje, de la misma manera que te las ingeniaste para evadir toda esa seguridad de allá afuera.
Esto era realmente increíble ahora después de ser un "héroe" me dedicaba a ser "psicólogo" ¡Rayos! mi vida comenzaba a tomar un rumbo que no me agradaba en absoluto tal pareciera que comenzara traspirar humanidad por los poros.
-Es la primera vez que me dicen eso y sinceramente no tengo idea de dónde saqué fuerzas para cometer esta locura…
Respondió ella sin prestar atención a mi repentino cambio de actitud porque simplemente las palabras fluían por mi boca y volví a hablar:
-No es ninguna locura, lo único que querías era estar con tu hermana y con esto que hiciste ¿Te sientes diferente?
-Un poco, aunque sigo siendo una cobarde, sino me hubiera tropezado contigo no sé que sería de mí…
-Fue suerte nuestro encuentro, eso es todo.
Era suficiente, guardé silencio lo mío no era precisamente estar ayudando a las almas en pena pero… esta niña me inquietaba, erróneamente la juzgue mal al creer que sólo se trataba de una muchachita mimada y tonta, que equivocado estaba al ignorar la verdad de su sobreprotección y me preguntaba qué clase de enfermedad podía agobiar a una joven de su edad.
-Me imagino que te has de preguntar que hago yo aquí ¿O me equivoco?
Kagome me leyó el pensamiento y no pude evitar sentirme un tanto incómodo e intervine porque supuse que ese era un tema del que no le agradaba hablar con cualquier persona y menos si se trataba de alguien que apenas y conocía.
-No es necesario que me lo digas, supongo que no te gusta hablar sobre tu situación.
-Es narcolepsia… esa enfermedad es la que me tiene aquí.
Respondió ella ignorando mi anterior comentario ¿Por qué lo hacía¿Por qué insistía en tratarme como si nos conociéramos de toda la vida?
-Yo sólo estoy aquí de visita, vine a ver a mi amigo por eso es que nos encontramos.
La interrumpí antes de que continuara hablando porque ya no quería seguir escuchando más sobre su vida, no me agradaba involucrarme el la vida de personas desconocidas aunque sólo fuera por accidente ya que a mí me molestaba de gran manera que lo hicieran conmigo para tratar de "ayudarme".
-Entiendo…
Su tono de voz ya se mostraba mucho más tranquilo pero con desgana y entonces…
-Perdóname…
Dije repentinamente al sentirme culpable por lo mal que la había tratado.
-No entiendo… ¿De qué hablas?
Fue lógico que se sorprendiera con aquella palabra y aunque no me agradaba repetir las cosas tuve que aclararle el por qué.
-Por haberte tirado aquel día y por… decirte todas esas cosas horribles, estaba tan molesto con otra persona que me desquité contigo.
Es verdad el mal humor de aquel día se debía a mi encuentro con Sesshomaru y la que terminó pagando todo fue ella, aunque en realidad Kikyou ya se había vengado con aquellos golpes por lo tanto nos encontrábamos a mano.
-No es nada, fue un accidente yo soy la que está muy avergonzada y en nombre de Kikyou te pido perdón por lo que te hizo.
Respondió ella que después de tanto tiempo se dignó a mirarme fijamente.
-Fue sólo una tontería… ya no importa.
Aquellos ojos me sacudieron sin razón alguna lo mejor era retirarme antes de que algo sucediera.
-Gracias por todo Kurosaki…
Dijo ella con una leve sonrisa en el rostro.
-Que no fue nada y mejor descansa para que salgas pronto de aquí no me gusta este lugar para ti.
¿No me gusta este lugar para ti¡Pero si ella no era nada mío como para preocuparme por su bienestar! Lo único que hice fue tenderle la mano para despedirme pero al sentir su piel que ahora se mostraba más calida una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo provocando que el contacto fuera sólo por algunos segundos mejor abrí la puerta y salí aterrado por aquella terrible sensación y digo terrible porque me di cuenta que era similar a cuando pensaba o me encontraba con Kikyou pero esto que acaba de sentir fue con mucho mayor fuerza provocando que mi corazón se acelerara.
Salí desesperado de aquel lugar, caminé por muchos pasillos confundido y preocupado. Mi mente no dejaba o mejor dicho no deseba reconocer que mi opinión sobre esa chica había cambiado en gran manera.
-¿Qué te ocurre Inuyasha? Estás muy callado…
Preguntó Miroku después de diez minutos de haber llegado a su habitación.
-No es nada, tuve un contratiempo.
-¿Con tus padres?
-No, más bien con una mujer…
-¿Con una mujer¡Es grandioso! Y yo que comenzaba a pensar que no te gustaban las mujeres…
-¿Qué insinúas? No me agrada tu comentario…
Respondí molesto por la insinuación.
-No te enojes lo que pasa es que yo nunca he visto que exista alguna joven que te llame la atención.
-Tienes razón aún no nace la mujer que llame mi atención.
Comenté con firmeza y mirándolo de una manera seria para que terminara convencido de una vez por todas y no siguiera preguntando.
-¿De verdad?
-Si.
-¿Y entonces porque tu mente se encuentra tan perturbada? Desde que llegaste estás en el limbo, si esa mujer no significa nada no hay razón para que te pongas así.
Había caído en el juego de Miroku, a pesar de mis esfuerzos fue imposible porque no podía evadir su cuestionamiento.
-No entiendes… esa niña con la que me encontré va en nuestro Colegio, también es nueva pero cada vez que me encuentro con ella o su hermana siempre ocurre algo malo.
-No entiendo nada Inuyasha, lo único bueno de este asunto es que ya tienes contacto con las mujeres ¿Ella es bonita?
-¡Yo que voy a saber Miroku¡Ni ella ni su hermana me gustan!
-¡Entonces si te gustan! Me encantaría conocerlas porque supongo que para llamar tu atención deberían ser unas bellezas, con cuerpos perfectos, rostros angelicales y serviciales…
-Eres tan iluso si llegaras a conocerlas la realidad sería muy distinta…
-Pero recuerda que yo soy muy persuasivo cualquier mujer mataría por poseerme…
-No empieces con tus arrebatos narcisistas…
-No es narcisismo mi estimable amigo es la realidad…
La conversación fue interrumpida repentinamente cuando tocaron la puerta para después abrirse. Era Kyo acompañado de…
-¿Qué hace él aquí?
Pregunté molesto al ver el desagradable rostro de Sesshomaru.
-¡No puedo creerlo Inuyasha tan temprano y con ese genio!
-No estoy de humor para tus sarcasmos Kyo.
La puerta se cerró y yo me quedé parado aún lado de Miroku.
-¿Cómo se siente joven Ishida?
Preguntó Kyo amablemente.
-B… bien… Señor Director.
¡Es cierto lo había olvidado! Miroku aún desconocía la amistad que existía entre Kyo y yo y el parentesco con Sesshomaru, no había inconveniente en que se enterara de lo primero pero en lo segundo… no deseaba que nadie se enterara.
-¡Me alegra mucho que te estés recuperando! Nos diste un gran susto muchacho…
-Lo siento, no quise ocasionarle problemas, le pido me perdone señor.
Respondió Miroku cabizbajo y apenado.
-No tienes de que preocuparte ni pedirme disculpas de nada, es un gusto y un deber ocuparme de mis estudiantes.
-Gracias señor…
-¿Se puede saber cuál es el motivo de la visita?
Pregunté con seriedad e interrumpiendo la conversación, no me molestaba la presencia de Kyo pero Sesshomaru… eso si me enfermaba. Aún no olvidaba lo ocurrido días pasados. Ambos nos mirábamos con asco, ansiándonos pisotear uno al otro en cualquier momento.
-Bien iremos directo al grano jóvenes, el motivo de mi visita concierne sobre el incidente ocurrido en el Colegio, joven Ishida me sentiría muy agradecido si me brindara algo de información…
Comentó Kyo en tono tranquilo y con un semblante alegre a modo de que mi amigo le tuviera más confianza.
-Lo siento pero… no quiero hablar de eso…
-Entiendo que tengas miedo hijo, pero necesitamos un culpable y que se te haga justicia.
-Yo mismo haré justicia.
Respondió Miroku en tono desafiante.
-Por favor no seas infantil niño… si no fuiste capaz de defenderte mucho menos lograrás la venganza, lo mejor es que hables de una vez por todas…
Comentó Sesshomaru con crueldad e impaciencia y en un tono muy incomodo haciendo sentir mal a mi amigo provocando con eso mi ira.
-¡Ya cierra tu maldita boca¡No tienes nada que hacer aquí!
Exploté contra Sesshomaru y Miroku se asombró de que yo me enfrentara a un profesor de esa manera.
-Inuyasha, Sesshomaru… por favor no empiecen a discutir sus problemas personales que nada tienen que ver con el caso, así que guarden compostura.
Nos reprendió Kyo en tono severo. Era muy difícil o casi imposible que el insufrible de mi hermano y yo permaneciéramos más de cinco minutos en paz.
-¡Es que él no tiene nada que hacer aquí!
Vociferé fuera de mis cabales.
-Tiene mucho que hacer aquí Inuyasha…
-Disculpen… no entiendo nada... ¿Ustedes ya se conocían?
Preguntó Miroku confundido al encontrarse en medio de tan extraña discusión.
-¿No le has contado nada a tu amigo?
Preguntó Kyo sorprendido.
-No, él no sabe nada.
-Lo siento Inuyasha pero no podrás ocultar más tu secreto así que sino se lo dices tú lo diré yo o de otro modo este caso no se resolverá.
No había otra opción, hubiera dado lo que fuera porque Miroku jamás se enterara de la verdad pero ya era más que inevitable. Miré a mi amigo que se mostraba más que confundido por la situación, comprendí que no era justo ocultarle más la verdad, él no se lo merecía.
-El director es decir Kyo es amigo de la familia lo considero como un padre y en cuanto al profesor aquí presente… lamentablemente es mi hermano mayor…
Confesé en tono sereno tratando de conservar la poca calma que me quedaba.
-¿Estás loco Inuyasha?
Respondió mi amigo incrédulo, era obvio que no me creería a la primera.
-Daría lo que fuera porque lo segundo no fuera realidad pero así es.
-Todos me confunden ¿A quién debo creerle ahora?
Decía Miroku en tono desesperado.
-Por el momento no entraremos en detalles muchachos, prefiero que Inuyasha se encargue de explicarte todo cuando salgamos de esta habitación, lo que en verdad me interesa es que nos relates qué fue lo que ocurrió ese día.
Interrumpió Kyo al parecer se mostraba un tanto desesperado bajo ese falso semblante pacífico
-Discúlpeme señor pero no quiero hablar de eso, si lo hago… la persona que más quiero morirá…
Dijo Miroku con voz lúgubre y evitando mirar a los presentes.
-¿Katsuragi te amenazó con matar a tu abuelo?
Comentó intuitivo Sesshomaru quién con aquella pregunta tan repentina logró que Miroku asentara su cabeza en señal de aprobación sin que él mismo se diera cuenta. Fue muy tarde cuando logró reaccionar y una expresión de terror se dibujó en su rostro.
-¿Cómo lo hizo¡Yo… yo no quise decir eso, me encontraba distraído ese sujeto no tiene nada que ver en este asunto!
Exclamó Miroku tratando inútilmente de mentir.
-De nada puedes valerte ya, inconcientemente has confesado jovencito lo único que yo necesitaba era un sí para confirmar mis sospechas…
La actitud Sesshomaru era muy distinta a su carácter acostumbrado, ahora se mostraba mucho más calculador, demasiado sereno y pasible, era como si él ya tuviera mucha experiencia con este tipo de confesiones.
-Bien muchachos veo que están asombrados y al igual que Inuyasha se vio obligado a confesar su secreto también lo hará el señor Nomura, él no es sólo un profesor común y corriente fue enviado como agente encubierto de la INTERPOL a nuestro Colegio…
Confesó Kyo mientras Sesshomaru permanecía callado.
-¿QUÉ¿DE LA INTERPOL?
Exclamamos Miroku y yo al unísono, asombrados con la respuesta ¿Sesshomaru en realidad era un Agente Especial y no un profesor?
-Ahora entienden niños el porqué estoy en su Colegio… porque mi trabajo es vigilar a la familia Katsuragi principalmente al hijo mayor Náraku.
Decía Sesshomaru con un tono más soberbio y presuntuoso de lo normal.
-¿Y qué se supone que investigas?
Pregunté con cierto sarcasmo.
-Eso no te incumbe Inuyasha, lo único que yo quería saber era si Katsuragi tenía algo que ver con éste y los demás incidentes que han ocurrido en las últimas semanas dentro del Plantel.
-¿Hay más accidentes?
Preguntó Miroku sorprendido.
-Si al parecer ese muchacho se dedica a organizar peleas clandestinas en donde las personas se juegan la vida a cambio de dinero mediante apuestas y por lo que tenemos entendido el Colegio ha sido por mucho tiempo una de sus principales cedes, por esa razón me vi obligado a cancelar el Torneo de Artes Marciales.
-¡Pero no puede hacer eso!
Reclamó mi amigo muy molesto al parecer había olvidado quién era la persona que estaba enfrente.
-Tranquilo muchacho eso pensé en primera instancia pero el profesor aquí presente me sugirió que el Torneo continuara su curso con la condición de que los equipos inscritos contaran con un maestro marcial que los representara, de esta manera los entrenamientos serán supervisados.
-Y así no se levantarían sospechas, su fin es que Náraku se confíe y no se sienta amenazado.
-Eres increíble Inuyasha de vez en cuando esa cabezota te sirve de algo.
Comentó Sesshomaru con sarcasmo provocando que la sangre me hirviera con aquella sonrisa burlona.
-Mira rata inmunda mejor lárgate de una vez, nadie lo necesita… "Señor Especial de la INTERPOL…"
Exclamé con burla enfatizando esto último provocando que los ojos de Sesshomaru se ennegrecieran de ira.
-Con ustedes dos no se puede lo mejor será regresar después porque de esta manera no puedo solucionar nada al parecer nunca van a madurar. Inuyasha quiero que esto que platicamos sea sólo un secreto entre caballeros ni siquiera tus padres deben saber quién es en realidad tu hermano por su propia seguridad ¿Entendido?
Kyo salió muy molesto de la habitación dejando tras sí un rotundo silencio. Una última mirada por parte de mi hermano y después de eso desapareció tras cerrar la puerta. Miroku y yo nos quedamos callados por un momento, él con los ojos como platos al verse envuelto en tantas sorpresas y yo con un mal sabor se boca y sobre todo un muy mal carácter.
-Inuyasha… ¿Quién eres en realidad?
Preguntó mi amigo repentinamente, cuestión que me dejo un tanto perturbado por la forma o más bien el tono con que fue formulada.
-Esto será una historia muy larga mi querido amigo…
-Tengo mucho tiempo de sobra…
Y así fue, tardé alrededor de dos horas explicándole a Miroku mi vida entera y confesándole todos mis "secretos". Después de eso él quedó agotado y en poco tiempo calló rendido, era el momento preciso para retirarme.
El ascensor descendía con lentitud, se detuvo y las puertas se abrieron, dos personas entraron, de inmediato reconocí aquel pasillo y pensar que Kagome se encontraba a tan solo unos pasos de mi… ¿Otra vez ella¿Por qué?
-Por que te agrada…
Contestó una vocecita en mi interior la sola idea me horrorizó, eso no podía ser cierto.
-¿Entonces porqué te preocupas por ella?
Preguntó aquella voz.
-No sé…
-Te agrada acéptalo.
-¡Ya déjame en paz no me interesa y no volveré a pensar en ella nunca más!
La voz dejó de escucharse, había desaparecido para mi tranquilidad.
-¿Cómo sigue tu amigo hijo?
Pregunto mi madre aquella tarde cuando hube regresado del hospital, se encontraba sentada en la sala leyendo un libro.
-Mucho mejor, creo que será cuestión de días para que lo den de alta.
-Me alegro por él.
-¿Y tú cómo te sientes mamá?
-Los mareos han cesado un poco y ya no me siento tan cansada como antes.
-Eso me da gusto…
-¿Qué ocurre hijo¿Algo te preocupa?
No podía contarle a mi madre lo ocurrido ese día, deseaba conversar con ella acerca del verdadero oficio de Sesshomaru pero debía mantenerse en secreto y eso me provocaba remordimiento.
-No es nada importante, es sólo que me quedé pensando en otra asunto ya sabes cosas de la escuela.
-¿Puedo ayudarte?
-No mamá creo que nadie puede ayudarme.
Me retiré a mis habitaciones y me tumbé en la cama, mi mente no quería aceptar la realidad ¿Mi hermano un Agente especial…? ahora entendía por qué de su presencia en el Colegio. Comprendí que la familia Katsuragi era un caso muy especial al grado que la INTERPOL se interesara en investigarla. Ahora temía por el bienestar de Miroku y de su abuelo incluso en la seguridad de mis padres lo mejor era convencerlos para que regresaran a Italia. Lo que me pasara a mi no importaba pero no deseaba que Náraku perturbara la vida de las personas que quería.
-¿Miedo Inuyasha?
Me dijo aquella voz, otra vez mi subconsciente me perturbaba.
-Así que esta sensación es el miedo…
Contesté en un susurro mientras empuñaba mi mano, como si de esa manera tratara de aprisionar aquella emoción. No recordaba que alguna vez se manifestara este sentimiento a lo largo de mi corta vida y sinceramente era algo muy desagradable, pero posiblemente la razón se debiera a que nunca antes las personas que se encontraban a mi rededor y que significaran por lo menos algo en mi vida se encontraran en peligro.
-Náraku…así que éste es el ser que ha venido a colisionar mi tranquilidad…
Volví a murmurarme, la rabia se adueñaba de mi mente no me podía permitir que un tipejo de esa calaña se entrometiera en mi vida y tenía que hacer algo cuanto antes.
Hubiera deseado lo que fuera por despedazar a ese hombre al día siguiente en el Colegio. Se encontraba muy campante sentado bajo un árbol rodeado de sus subordinados. El muy infeliz se veía contento cosa que me enfureció, comencé a caminar pero una mano me detuvo del hombro.
-Ni se te ocurra, estropearás todo si lo atacas de esa manera.
-¡Hasta cuando dejarás de fastidiarme!
Le grité furioso a Sesshomaru.
-No me interesa lo que te ocurra Inuyasha, pero si Katsuragi comienza a sospechar de mi todo mi trabajo se vendrá abajo por culpa tuya, no creas que me preocupo por ti.
-Tan egoísta como siempre hermano…
Sesshomaru me tomó del cuello del Gakurán con furia.
-¡No repitas esa palabra aquí¡Si valoras tu vida mejor guarda silencio tú y yo no somos nada!
Me soltó de una manera muy violenta, Sesshomaru abusaba de su situación porque se trataba de un profesor y agredirlo en ese momento provocaría más problemas sobre todo a Kyo. Tuve que quedarme callado e impotente mientras el muy maldito se alejaba pavoneándose como si nada hubiera ocurrido.
-¡Ya estoy harto! Si Kyo no hace algo por controlar a Sesshomaru te juró que lo mandaré directo al cementerio.
Vociferé molesto a Miroku. Como de costumbre me salté las clases ya que después de mi encuentro con mi hermano abandoné la escuela y me dirigí hacia el hospital. Necesitaba descargar todo esta furia.
-Relájate Inuyasha, piensa un poco… eso es lo que pretende tu hermano sacarte de quicio.
-¡No puedo evitarlo!
-Entonces ignóralo, eso es lo mejor que puedes hacer no le des motivos para que él se de cuenta de lo mucho que te afecta su existencia.
-Quizás tengas razón pero es muy difícil.
-¿Y Náraku vio lo ocurrido?
-Me imagino que si, se encontraba muy cerca cuando Sesshomaru me abordó.
-Nunca le deseo ningún mal a nadie, mis padres y mi abuelo me enseñaron a perdonar a mis enemigos y a no guardar ningún tipo de rencor pero Náraku… pero es la persona que más desearía que se encontrara dos metros bajo tierra.
-No eres el único que lo desea.
-Inuyasha… hay algo que quiero contarte es sobre lo que en verdad ocurrió aquel día.
-Miroku si te desagrada tanto hablar sobre el tema no es necesario que me lo cuentes.
-Lo sé… pero necesito sacar esto que siento y tú eres la persona en quién más confío porque sé que de tu boca no saldrá nada.
Me sentí alagado con sus palabras pero no comenté nada sólo me senté a su lado y escuché atentamente.
-Aquél día en la mañana recibí una carta anónima, se encontraba sobre mi banca, tú aún no llegabas Inuyasha, cuando la leí no podía creerlo Náraku me citaba en la noche en el gimnasio para saldar cuentas de una vez por todas. La cita era a las 7:00 PM en ese instante me sentí emocionado porque por fin haría justicia por mi propia mano y la sola idea de derrotar a Náraku permaneció mucho tiempo en mi mente. Cuando nos despedimos noté que no me creías y ahí caí en la cuenta que quizás se trataba de una trampa pero ya era demasiado tarde para retractarme. Permanecí escondido casi dos horas bajo las tribunas para que nadie me encontrara y cuando la hora fijada estaba próxima salí de mi escondite. Náraku no tardó en llegar, primero me agradeció que accediera a su invitación pero en tono sarcástico y después sin previo aviso recibí el primer golpe sin darme cuenta de su rapidez. Después de eso vinieron más, mis esfuerzos eran inútiles por golpearlo, jamás pude ponerle una mano encima. Náraku mencionaba que yo era un tipo demasiado aburrido y que ni siquiera valía la pena luchar contra mí que a quién en realidad esperaba ver era a ti, se había imaginado que tú estarías a mi lado pero no contaba con que yo te protegería y evitaría que te encontraras con él. Lo peor fue cuando le grité que él era mucho más inferior que tú, que sólo se trataba de un sujeto enclenque comparado con tu fuerza. Sus ojos se ennegrecieron y sólo pronunció… "Terminen con él de una vez…". Varios sujetos aparecieron y me rodearon yo me quedé sorprendido porque todos llevaban consigo Katanas de madera y uno de ellos un par de chacos.
-¿Qué significa esto Náraku? Pensé que seríamos sólo tú y yo.
-No seas ridículo Ishida, te cité a este lugar para enfrentarme a Kurosaki y tú sólo eras un pretexto, pero al parecer lo estas protegiendo… entonces dale este mensaje de mi parte: Al gran Náraku nadie lo rechaza, quien lo hace lo paga muy caro.
-No le daré tu ridículo mensaje a Inuyasha no seas cobarde y enfréntame.
-Muchachos no lo maten déjenlo con vida, lo suficiente como para que pueda enviar mi mensaje.
-¡Por mi culpa estas así!
Interrumpí alterado por aquella confesión.
-¡Claro que no! Náraku sólo deseaba un pretexto para terminar conmigo. Después de dar el mensaje me advirtió que si decía algo mi abuelo sería la próxima víctima. Los golpes comenzaron a llegar como lluvia fui incapaz de defenderme lo último que recuerdo es un gran golpe en la cabeza… ¿Ahora entiendes porqué no quería hablar sobre el asunto Inuyasha?
-¡Eres un tonto¿Cómo se te ocurrió arriesgar la vida por mí?
Exclamé molesto.
-Fue mi decisión aunque en realidad deseaba demostrar que yo era fuerte y que podía contra esa sabandija.
-Pero por esa estupidez preocupaste al pobre de tu abuelo y a mí…
-Lo se, todo salió mal el único que ganó aquí fue Náraku.
-Sólo por el momento… la guerra no ha terminado podemos aprovechar el Torneo es una buena oportunidad para aniquilarlo frente a todos.
-Ya escuchaste al director, necesitamos de un profesor calificado que se responsabilice del equipo de otra manera no podremos participar…
-Hablaré con Kyo le pediré que sea él quien nos entrene.
-¿Crees que quiera?
-Supongo que si, él no se negará siempre está cuando lo necesito.
-Espero que tengas razón o de lo contrario perderemos nuestra única oportunidad porque este es el último año de Náraku dentro del Colegio.
-Descuida aunque se esconda en el fin del mundo me vengaré…
-Te estas tomando muy a pecho mis problemas Inuyasha, eso no está bien tú también tienes una familia que proteger no quiero que tú también pierdas a tus padres como yo…
La mirada de Miroku se nubló, un dejo de melancolía se hizo presente.
-Miroku… ¿Puedo preguntarte algo?
-Dime…
-¿Cómo fallecieron tus padres?
Él se quedó callado evadiendo mi mirada y con la cabeza cabizbaja, tardaba tanto en responder que comprendí que había sido una imprudencia de mi parte preguntar algo tan delicado. Me sentía tan abrumado que preferí salir de la habitación para dejarlo descansar. Coloqué mi mano en el pestillo y cuando lo giré para abrir la puerta…
-En un accidente, ellos murieron en un accidente Inuyasha.
Permanecí de espaldas, podía escuchar claramente su voz entrecortada, lloraba y sinceramente no me atrevía a mirarlo, preferí dejarlo hablar…
-Aquella noche, hace diez años viajábamos en carretera, acabábamos de visitar a mi abuelo porque era su cumpleaños pero de regreso a casa algo comenzó a fallar, papá perdió el control del automóvil. Él gritaba que los frenos no servían y una curva se aproximaba, fue inevitable… caímos rodando por un barranco, mi hermana mayor me protegió con su cuerpo mientras el automóvil se volcaba… ¡Ella sólo tenía quince años Inuyasha y murió protegiéndome¿Te das cuenta? Soy una basura porque ella me dio la oportunidad de seguir viviendo y yo por mis tonterías estuve a punto de desperdiciar esa oportunidad apostando mi vida contra Náraku… ¿Por qué yo tenía que salvarme? Mis padres y mi querida hermana murieron al igual que el bebé que venía en camino ¿Y todo porqué? Por culpa de los Katsuragi… estoy seguro que ellos provocaron ese accidente, fue ese maldito Onigumo Katsuragi quién nos mandó a matar y ahora su hijo sigue sus pasos y no descansaran hasta vernos destruidos…
Miroku se encontraba en un profundo llanto, a pesar de que no veía sus lágrimas podía sentir que resbalaban por mis propias mejillas, que era yo quien lloraba y cada gota significaba una puñalada en mi alma. Cerré mis puños con fuerza y con pasó firme y decidido giré mi cuerpo, di unos pasos y abracé con fuerza a mi abatido amigo, él no se daba cuenta que yo lloraba, pero no se trataban de lágrimas de tristeza más bien de odio, de rabia de un deseo incontrolable por matar, si… otra vez ese sentimiento… deseba matar con mis propias manos a Náraku, ansiaba ver la sangre de ese demonio resbalándose entre mis dedos…
-Los dos acabaremos con él… Náraku pagará por todas tus lágrimas… te lo juro… si es posible yo mismo lo mataré…
Le dije a Miroku con voz firme, él me vio con asombro y terror sin decir una sola palabra. Después de eso me fui directo a casa para convencer a mis padres de que se regresaran a Italia, no quería que se vieran involucrados con los Katsuragi, si era necesario correrlos y fingir que los odiaba y que no quería que permanecieran un minuto más en Japón lo haría. Estaba dispuesto a todo aunque eso le provocara un profundo dolor a mi madre, pero era por su bien.
Llegué a casa, se escuchaba un poco de alboroto en el segundo piso así que subí de inmediato. El ruido provenía de la habitación de mis padres, la puerta estaba totalmente abierta y entré. Sobre la cama se encontraban varias maletas, mamá empacaba…
-¿Qué haces?
Pregunté sorprendido.
-Nos regresaremos a Italia mañana, surgió un problema…
-¿Qué ocurrió?
-El establecimiento que se encuentra a lado del de tu padre se incendió, el fuego se expandió y también consumió nuestro edificio, por lo que sé no quedó casi nada.
-¿Cuándo ocurrió eso?
-Esta mañana…
-¿Tú también irás?
-Si.
-Pero estás delicada no puedes hacer un viaje tan pesado.
-No te preocupes hijo estoy bien, además quiero estar junto a tu padre, en estos momentos se encuentra muy abatido por lo sucedido nunca lo había visto así…
-Me lo imagino ese edifico fue construido por su bisabuelo y verlo consumido por las llamas debe ser un gran golpe para él…
-No sé cuanto tiempo permanezcamos allá, pero haré lo posible por regresar cuanto antes hijo…
-Descuida mamá me sé cuidar sólo además me gustaría que por el momento no regresaran.
-¿No te agrada que estemos a tu lado?
-No es eso, pero preferiría vivir solo por el momento, han pasado tantas cosas que me encuentro muy desubicado…
-Entiendo… ¿Te parece bien que regresemos dentro de dos meses?
-Si.
Que afortunado había sido yo con aquel incidente, no fue necesario correr a mis padres, por lo menos se encontrarían seguros en aquel país lejos de mí. Por el momento mi alma descansaba y cuando el plazo se cumpliera me las ingeniaría para que no volvieran hasta que las cosas se arreglaran.
No concilié el sueño aquella noche, ayudé a papá en lo que necesitaba y a las 6:·30 AM ambos partieron rumbo al Aeropuerto, mi madre me brindó un fuerte abrazo, su mirada era tierna sabía perfectamente que ella deseaba estar a mi lado pero yo traté de ser lo mas frío posible para que a ella no le quedaran ánimos de regresar. No quise acompañarlos porque me desagradan las despedidas así que preferí quedarme en casa a descansar.
-¿Gusta que le suba algo a sus habitaciones joven?
Preguntó amablemente Kaede cuando yo ascendía por las escaleras.
-Sí un té verde porque no he dormido nada…
-Enseguida joven.
Me di un baño y cuando salí mi té se encontraba caliente sobre mi buró, me vestí con lo primero que encontré, tomé mi taza y salí a mi balcón para refrescarme. Un sorbo a la taza y mi cuerpo comenzó a tomar energía. La mañana no era tan desagradable miré hacia abajo al solitario jardín y después alcé mi mirada y ahí estaba ella para perturbarme de nuevo. Kagome se encontraba en su terraza con la cara hundida en la piedra al parecer lloraba porque continuamente se secaba sus mejillas. Ella no se percataba de que yo la estaba viendo.
-Ya está mejor… ¿No te da gusto?
Preguntó mi subconsciente. En realidad me daba gusto que ya no se encontrara encerrada en esas cuatro paredes blancas pero su tristeza y soledad aún continuaban a su lado. ¿Qué era lo que la hacía tan infeliz? Permanecí mucho tiempo más mirándola, se veía simpática a pesar de su desgracia, me agradaba que las mujeres fueran más naturales sin tanto maquillaje en el rostro, Kagome se mostraba como era. Alzó su mirada y esta vez sí se dio cuenta de que yo la observaba, lo único que hice fue saludarla con la mano y ella respondió de una manera incrédula y tímida después de eso salí huyendo hacia mi habitación, nervioso y con la ropa mojada por culpa de un té derramado.
-¿Ocurre algo¿Puedo ayudarlo?
Preguntó Kaede al ver mi ropa y el suelo manchados de líquido verde.
-No es nada Kaede sólo tropecé y derramé la taza.
-Lo limpiaré ahora mismo.
-Disculpa las molestias Kaede.
-No es molestia al contrario es mi trabajo cuidar de usted y de esta casa cuando los señores no se encuentran
-Kaede… ¿Cuánto tiempo llevas al servicio de mi padre?
-Muchos años… desde su primer matrimonio, cuidaba de mi ama cuando se enfermaba y también cuidé de su her…
Kaede guardó silencio, se mostraba nerviosa, al parecer había desobedecido una de las instrucciones de mi padre y yo sabía perfectamente la razón.
-Continúa por favor Kaede…
-No puedo hablar de eso…
-Por favor necesito saber cómo era mi padre antes de que yo naciera ¿Cuidaste de Sesshomaru verdad?
-Joven no me pida eso.
-Descuida no le diré a nadie será nuestro secreto.
-Pero…
-Tranquila no pasará nada ahora dime ¿Cómo era la relación entre mi padre y Sesshomaru?
-Bueno a decir verdad, el señor y su primera esposa vivían muy felices junto con mi niño Sesshomaru… le digo así porque yo lo cuidé desde que era un bebé, le tengo un gran aprecio él siempre ha sido bueno conmigo. Su infancia fue muy bonita. El joven Sesshomaru siempre se mostraba alegre, cariñoso, adoraba a su padre tanto como a su madre, eran la familia perfecta porque siempre fue un niño muy bien portado y educado.
-¿Sesshomaru era un niño tierno?
Exclamé con asombro e incredulidad.
-Así es… siempre fue inquieto pero obediente, demasiado curioso, le gustaba saber todo, siempre preguntaba, era la luz de esta casa… pero…
-Pero…
-Todo empezó a cambiar cuando él estaba a punto de cumplir los diez años…
-¿Que ocurrió?
-El niño comenzó encapricharse con la idea de tener un perro, los señores se opusieron totalmente ya que padecía alergia a los animales e incluso estuvo a punto de perder la vida cuando a los tres años cargó a un perro callejero. Lo hospitalizaron dos días y desde ese entonces no se le permitía el contacto con ningún animal en especial con los perros que eran sus preferidos. Años después sin que nadie se enterara el niño escondió a un cachorro en el sótano de la casa, nadie de nosotros conocíamos la razón de por qué repentinamente su estado de salud comenzó a empeorar. Los continuos estornudos, una repentina fiebre que no era normal… por un momento los señores pensaron que otra nueva alergia había aparecido pero no fue así; se descubrió al animal después de una semana cuando comenzó a llorar del hambre ya que el niño no había podido alimentarlo en dos días. Mi señor estaba tan enojado que salió de la casa con el cachorro ignorando las suplicas de su hijo, cuando regresó el perro había desaparecido, nadie supo qué fue lo que hizo con él pero mi niño lloraba desconsolado, le imploraba a su padre que le regresara al perro, que él lo cuidaría y que no molestaría a nadie, que pondría todo su empeño en no volverse e enfermar. El amo lo miraba con desaprobación y le propinó una cachetada, fue la primera vez que lo golpeo y también fue la primera de muchas ocasiones en que Sesshomaru le gritó que lo odiaba. Esa tarde cayó un fuerte torrencial de lluvia el niño me decía que se encontraba preocupado por el perro. Yo le insistía en que por su bien olvidara ese asunto pero él se aferró todavía más. Cuando la señora fue a despedirse de él en la noche, Sesshomaru ya no estaba había desaparecido, dejó una nota diciendo que regresaría a la casa hasta encontrar a su adorada mascota. La señora salió enloquecida a las calles, se encontraba tan perturbada que olvidó en qué lugar se encontraba… la lluvia fue su peor enemiga porque evito que un automóvil se frenara. Mi ama murió instantáneamente no por el golpe sino de un paro cardiaco por el susto, desde pequeña sufría deficiencias con su corazón y necesitaba un trasplante pero fue demasiado tarde porque su corazón no resistió.
-Eso es horrible Kaede ¿Y que pasó con Sesshomaru?
-El niño nunca salió de la casa, se escondió debajo de la cama, dejó la nota sólo como anzuelo para que su padre se preocupara y le devolviera al cachorro de ahí en adelante se desató el infierno. Sesshomaru jamás volvió a sonreír, mi amo lo acusó de asesino acusándolo de la muerte de su madre. Amaba tanto a su esposa que con su pérdida cambió totalmente, depreciaba a su hijo, cada que lo miraba lo regañaba por cualquier tontería y le reprochaba que él era quien debía haber muerto y no su madre. Sesshomaru se sentía tan culpable, tan solo, que perdió las ganas de vivir, dejó de comer y eso al señor no le importaba, estaba tan sumido en su propia tristeza que olvidó a su hijo, técnicamente lo abandonó a su suerte. Y en la única persona en que Sesshomaru encontró apoyo fue en mi, conmigo lloraba y me pedía disculpas por ser un asesino, varias veces me repetía que él debía de estar pagando su castigo en la cárcel, más me preocupe cuando comenzó a pensar en la muerte…
-¿Cómo pudo mi padre hacer algo así?
Pregunté azorado por aquella revelación tan monstruosa.
-No lo sé… pero el señor fue demasiado duro con él, siempre peleaban e incluso llegaron a los golpes y desde ese entonces Sesshomaru lo odia. Toda aquella luz, esa amabilidad, esas risas desaparecieron con la muerte de la señora y jamás se han vuelto a escuchar.
-Ahora entiendo por qué Sesshomaru es tan inhumano y frío, su vida era perfecta pero un error le costó la felicidad…
-El señor volvió a casarse, se fue a vivir a Italia y siete años después alguien tocó la puerta de mi casa, era Sesshomaru que me pedía ayuda y un techo donde dormir, es como mi hijo, el hijo que nunca tuve.
-¿Vivió contigo todos estos años?
-Así es… hasta hace poco cuando mi amo volvió a contratarme pero esta vez para cuidarlo a usted, al principio yo no quería pero su hermano insistió.
-¿Por qué?
Cuestioné sorprendido e incrédulo de que Sesshomaru aceptara tal situación.
-Me dijo que ahora era turno de que yo cuidara de su hermano menor.
-¿Eso dijo?
-No precisamente con esas palabras pero eso es lo que entendí. Desde entonces no lo he vuelto a ver y se que estoy haciendo mal en contarle esto joven pero creo que es necesario que conozca la verdad y el por qué su hermano es de esa manera.
-Kaede me has dejado sorprendido…
-Me retiro joven creo que he hablado de más… ¿Se le ofrece alguna otra cosa?
-No Kaede eso es todo.
Que sorpresas daba la vida, ahora conocía la verdad sobre mi hermano y por primera vez sentí pena por él. Entendí que Sesshomaru no fue siempre ruin y agresivo, la vida fue quien se encargó de convertirlo en ese monstruo y fue fácil comprender por qué tanto odio hacia mí y sobre todo a nuestro padre. Trataba de ponerme en los zapatos de mi hermano pero no existía respuesta alguna, ningún sentimiento a sensación que me ayudaran a captar un poco el sufrimiento de Sesshomaru. Recordé la conversación que tuve con papá hace unos días en aquel sitio campirano: "Yo no odio a tu hermano, jamás odiaría a mi propio hijo pero hay un pasado Inuyasha que aún me duele y del cual no tengo el valor de hablarte… se que él jamás me perdonará y viviré con ese martirio toda mi vida y ni siquiera con la misma muerte podré enmendar el daño que le hice a Sesshomaru".
-Padre ni yo mismo puedo perdonarte el que le destruyeras la vida a tu hijo, pero no me interesa juzgarte, tu castigo lo estás pagando en vida y tienes que aceptarlo ya que yo no estaré para menguar tu sufrimiento.
Me respondía a mi mismo al encontrarme tan enfadado con mi progenitor. Afortunadamente para él, se encontraba muy lejos de mí, de no ser así quizás en estos momentos ambos nos encontraríamos envueltos en una fuerte pelea.
Los días trascurrieron con tal lentitud que me parecieron eternos, pero a la vez afortunados porque en todos esos días no me había topado con las Higurashi, quizás porque no me había tomado la molestia de asistir a clases y prefería pasar mi tiempo junto a Miroku y atender el negocio del abuelo. Mi padre se había ido y con ello su valiosa ayuda en el establecimiento, la mayor parte del tiempo me encontraba en ese lugar mientras que el abuelo se dedicaba a cuidar de su nieto en el hospital.
Las cosas en la escuela no mejoraban ya que Náraku seguía libre y sin culpas, mientras que mi amado director me reprendía por no asistir a clases y me amenazó diciendo que si no me presentaba iniciando la semana me expulsaría del Colegio, cosa que sabía perfectamente que cumpliría ya que ni siquiera me presentaba para desempeñar mi "noble tarea" de realizar la limpieza a causa de aquel castigo que se suspendió por un tiempo debido a que Kikyou se encontraba convaleciente y por lo tanto a Kyo le parecía injusto que sólo yo trabajara; pero por el simple hecho de haber abusado de su generosidad ahora debía de reanudar dichas labores el primer día de la semana. No tuve más remedio que asistir al Colegio dos días después.
Como siempre los mismos profesores odiosos y las mismas clases sosas, el día me parecía eterno. Una clase más terminó y por fin llegaría la última pero…
-Buenas tardes jóvenes…
Era Kuroda quien saludaba a la clase, ese mugre enano que disfrutaba fastidiándome la vida con su simple existencia y sabía perfectamente que no desperdiciaría la oportunidad de humillarme y burlarse de mi enfrente del grupo.
-Vaya… que sorpresa pero si es usted… ¿Y a qué se debe el honor de su visita joven Kurosaki?
Comentó él con tono burlón al percatarse de mi presencia, por lo que vi en su mirada el viejo ya llevaba demasiada ansiedad acumulada por no haberme hecho "sufrir" los últimos días y este era su mejor momento para explotarla.
-Ese es mi problema no moleste…
Respondí con dureza.
-¿Acaso escuché que me llamó entrometido?
Preguntó el enano en un tono incrédulo.
-Va a dar clase profesor o se dedicará a desperdiciar el tiempo de mis compañeros, a ellos no les interesa si asisto o no a clases.
-Cuide esa lengua Kurosaki no intente lucirse porque será el único perdedor….
-Lo sé, así que a los dos nos conviene olvidar este asunto.
Finalicé con actitud arrogante y salí del salón pero antes de eso…
-Si sale de mi clase jovencito estará reprobado en mi materia…
Cerré la puerta, la voz de ese sujeto me provocaba malestar. Caminé por el pasillo hasta descender por la escalera.
-Kurosaki…
Se me congelo el cuerpo con tan solo escuchar aquella voz mandona. Miré hacia atrás y ante mi Kikyou con su habitual semblante enérgico.
-¿Qué haces aquí?
Pregunté sorprendido al verla.
-Obvio que asistiendo a clases…
Respondió ella fríamente.
-Bien por ti Higurashi, pero si me disculpas tengo cosas más importantes que hacer…
-Precisamente de eso quería hablarte, hoy volveremos a trabajar juntos.
-¿En serio? El director me había comentado que te encontrabas indispuesta.
-Ya no… así que andando hay mucho que hacer.
Trataba de ocultar mi sorpresa, apenas hace unos días estuvo a punto de perder la vida y ahora caminaba como si nada hubiera ocurrido.
-¿Qué tanto me miras?
Reclamó ella al percatarse de cómo examinaba su cuerpo.
-Nada niña, no tengo nada que mirarte…
-Pervertido…
-Sería un pervertido si fueras una mujer más agraciada y femenina, de esa manera no quitaría mi vista de ti pero… como no lo eres no tengo ningún interés hacia tu persona.
-Idiota…
-Como digas, viniendo de ti creo que sería un halago.
-¡No entiendo cómo es que mi hermana se ha fijado en un tipo como tú, eres insoportable!
Kikyou se tapó la boca con las manos y yo simplemente me quedé helado con aquella confesión ¿Kagome se interesaba en mi?
-¿Vez lo que provocas? A tu lado sólo digo tonterías, nada de lo que dije es cierto así que olvídalo…
Guardé silencio mientras que Kikyou se mostraba muy nerviosa supuse que se sentía angustiada por haber revelado un secreto de su hermana pero… ¿Por que me sentía inquieto¿Por qué mi corazón se sobresaltó tanto¿Qué significaba este hormigueo en mi estómago?
Ambos continuábamos caminando por los pasillos, yo sólo la seguía, ni siquiera tenía idea a dónde nos dirigíamos hasta que ella se detuvo en una puerta.
-Hoy tendremos que limpiar los laboratorios…
-Eso quiere decir que aunque no nos guste volveremos a trabajar juntos.
-Eso parece… bien manos a la obra.
Trascurrieron dos horas ya habíamos terminado con dos de los Laboratorios de Química ahora restaba uno. Mire a Kikyou, a pesar de sus esfuerzos por no mostrarse cansada y aparentar fortaleza su cuerpo me indicaba lo contrario respiraba rápidamente y casi no podía agacharse o cargar cosas pesadas; yo con todo tacto impedía que lo intentara, no quería verme involucrado otra vez en un rescate, ya estaba fastidiado de esas situaciones. Continuamos limpiando, se escuchó un estruendoso quebrar de los cristales, miré hacia atrás y vi a Kikyou que se sostenía en el borde de una mesa.
-¿Estás bien?
Pregunté preocupado al reunirme con ella.
-Me… me duele…
Con su mano mantenía presión sobre su herida, jadeaba mucho aire y mantenía sus ojos fuertemente cerrados a causa del dolor.
-Te llevaré a la enfermería…
-No puedo caminar…
-Entonces tendré que cargarte, vamos apóyate en mi hombro.
Cargar a Kikyou en mis brazos era como tener a la misma Kagome, las dos eran muy livianas de peso y era fácil trasportarlas de un lado a otro. Llegamos a la enfermería, bajé a Kikyou que se sostuvo en la pared mientras que yo tocaba la puerta pero nadie atendía. En la puerta se encontraba un letrero que decía: "Regreso en dos horas"
-Lo que me faltaba… no hay nadie…
Respondí molesto, Kikyou apenas y podía sostenerse por sí misma.
-Vamos hay que entrar.
-¡Pero no hay nadie no podemos entrar…!
-Eso que importa.
Volví a tomarla en brazos y una vez adentro la recosté en la cama. Se veía pálida y entonces noté que su mano sangraba.
-Te cortaste, bueno creo que en eso sí puedo ayudar…
Me acerqué al botiquín y tomé algodón, gasas, una venda y desinfectante. Con esos materiales curé la herida de su mano, afortunadamente la cortada no era muy profunda y pude hacer algo por ella, pero lo que más me preocupaba es que Kikyou no dejaba de quejarse, no quitaba su mano del costado.
-Creo que es mejor llamar a un médico para que te revise avisaré a un profesor para que llame a una ambulancia.
-No es nada, sólo déjame descansar un momento, fue sólo el esfuerzo no hay de qué preocuparse…
-¿De verdad?
-Si, puedes retirarte permaneceré aquí hasta que llegue la enfermera.
-Bien, mientras iré a terminar de limpiar el salón que falta.
Salí de la enfermería, lo mejor para Kikyou era descansar. Regresé al salón y recogí los vidrios rotos, mientras lo hacía analicé la situación de lo ocurrido. Si Kikyou se encontraba limpiando el instrumental y en el suelo no había nada con qué tropezar lo más probable es que estuviera a punto de desmayarse y por esa razón sufriera aquel percance. Terminé lo más pronto que pude, bien o mal pero lo hice y regresé a la enfermería.
-¿Cómo te sientes?
Pregunté a Kikyou que afortunadamente aún permanecía recostada en la cama. La enfermera no había llegado todavía.
-Mejor…
Respondió con voz débil.
-Insisto en que tienes que ir a un hospital, tu herida en el costado no es cualquier cosa, podría abrirse con cualquier esfuerzo.
-¿Cómo sabes que estoy lastimada de un costado?
Preguntó Kikyou asombrada. Que tonto había sido, se supone que yo no sabía nada de su accidente.
-Te hice una pregunta Kurosaki…
-El director me lo contó, me dijo que te habían apuñaleado.
-Ya veo…
¡Uf! Por poco y esta mujer se enteraba de la verdad.
-Así que fuiste tú y no él…
Murmuró ella que ahora miraba a través de la ventana.
-¿De que hablas?
Pregunté confundido.
-De nada importante, ya me siento mejor, mi hermana me ha de estar esperando.
-¿Quieres que te ayude?
-Estás siendo muy amable, no es normal en ti…
Comentó ella en un tono sospechoso.
-Si quieres puedo dejarte aquí a mi no me importa lo que te ocurra.
-¿Ni siquiera te importa lo que le pase a Kagome?
-No veo porqué deba importarme tu hermana.
-Quien sabe, ella me comentó lo ocurrido en el hospital, fuiste muy noble con ella.
-Sólo pasaba por ahí no es nada, ya se lo expliqué a ella.
-¿Que pretendes con mi hermana¿Te interesa? Si es así no veo porque no se lo has dicho…
-¡Ella no me interesa¡Ninguna mujer me interesa!
-Tranquilo no te exaltes, era sólo un pregunta.
-Tus preguntas no me agradan en absoluto… ¿Quieres que te ayude a salir o no? Porque tengo cosas más importantes que hacer.
-Por esta ocasión ignoraré tu tono de voz niño porque mi dolor es más importante que estar discutiendo contigo.
-Bien entonces te llevaré cargando…
Salimos de la enfermería ya no había alumnos por los alrededores afortunadamente. Kikyou me indicó que se había quedado de ver con su hermana en la entrada del Colegio. Había bancas cerca de ahí y ambos nos sentamos en una de ellas a esperar.
-No tienes porqué quedarte, Kagome no ha de tardar en venir.
Insistió Kikyou.
-No molestes, hago lo que quiero.
-¿Te preocupas por mi o será que quieres ver a mi hermana?
Preguntó ella. Me quedé callado, cómo responderle que de verdad me encontraba preocupado por su salud pero también quería ver a Kagome, necesitaba cerciorarme de que se encontrara mejor de salud. La última vez que la vi se encontraba muy desmejorada y deprimida. A todo esto también me di cuenta que Kikyou ya no me llamaba la atención como antes, el nerviosismo en mi cuerpo cuando me encontraba cerca de ella había desaparecido por completo ni siquiera cuando la cargué en mis brazos sentí aquel escalofrío.
-Eres muy bueno en primeros auxilios…
Comentó ella cambiando totalmente de tema.
-Lo aprendí en mi anterior Colegio, me obligaron a tomar ese curso para poder acreditar una materia y no repetir año…
-Con que es eso… y supongo que también sabes como actuar en caso de fracturas o… hemorragias… ¿Verdad?
-Sólo lo básico, no soy doctor…
Las preguntas de Kikyou eran demasiados persuasivas, era evidente que sospechaba algo, quizás me recordaba cuando la rescaté aquel día pero por qué no decía nada.
-Kagome ya se demoró, sus ensayos no duran tanto y menos ahora…
-Quizás tuvo que quedarse más tiempo.
-No creo, desde que perdió su violín sus horas de ensayo han disminuido considerablemente yo creo que no es ni la mitad del tiempo que ocupaba con su instrumento.
-¿Toca el violín?
Pregunté tratando de no mostrar algún tipo de interés.
-Si, es su vida, pero desgraciadamente lo perdió y desde ese entonces ya casi no sonríe, se encuentra muy deprimida.
-Es lamentable su situación pero todo en esta vida tiene un fin, la vida no es justa en muchos aspectos.
Ahora ya conocía la verdad, realmente pensé que era Kikyou quien tocaba aquel violín que yo encontré y que aún tenía en mi poder, pero resultó que la verdadera dueña era Kagome ¡Que ironías!
-¿Siempre eres así de resentido y frío Kurosaki?
Preguntó Kikyou con curiosidad.
-Si, no veo porqué tenga que cambiar, en realidad sólo vivo porque no tengo otro remedio…
-¿No hay nada que valga la pena en tu vida?
-Nada…
Respondí con frialdad y cierta molestia porque Kikyou se estaba metiendo en asuntos muy privados.
-Ya estoy aquí… ¡¡Pero qué te pasó!!
Exclamó la voz de una mujer que repentinamente apareció de la nada tomándome por sorpresa, era Kagome que al ver la situación de su hermana se horrorizó.
-Me corté con un matráz en el Laboratorio de Química pero no fue nada…
Respondió Kikyou con total serenidad.
-No mientas… qué fue lo que pasó…
Insistió Kagome que no creía absolutamente nada.
-Ya te dije la verdad…
Respondió su hermana con impaciencia.
-¿A sí¿Y por qué tu mano izquierda no suelta tu herida?
Kikyou guardó silencio unos segundos mientras que Kagome la miraba furiosa con las manos en la cintura. Los papeles se habían invertido ahora Kagome era quien reprendía a su hermana mayor y quizás se mostraba más temeraria que la propia Kikyou cuando se enojaba.
-Está bien… en el Laboratorio me caí de un banco y al tratar de sostenerme rompí el instrumental de química que se encontraba sobre la mesa y me corté, pero creo que el movimiento fue algo brusco y por eso me duele un poco.
-Pues debemos de ir al hospital para que te revisen.
-No te preocupes ya se me pasará…
-¡¡Dije que iremos al hospital¡¡Me tiene harta tu irresponsabilidad!!
Gritó Kagome totalmente fuera de sí y furiosa, en realidad me divertía verla con tanto ánimo como para reprender a su hermana de esa manera.
-¡No me hables así Kagome!
Exclamaba Kikyou también molesta.
-Te hablo como yo quiera y vámonos de una vez al hospital.
Le ordenó Kagome en el mismo tono mandón que su hermana ocupaba conmigo.
-Mira Kagome mejor iremos a casa, llamaremos al doctor, mamá de seguro estará ahí y si la situación es más grave iremos al hospital ¿Estas de acuerdo?
Su hermana guardó silencio, al parecer se encontraba tan confundida que no sabía que hacer e intervine…
-¿Por qué no toman un taxi?
Comenté de una manera demasiado tonta quizás para que las hermanitas dejaran de pelearse o también porque deseaba que Kagome se diera cuenta de que yo estaba ahí.
-¡Lo siento Kurosaki! Me olvidé… que estabas aquí…
Se disculpó ella de inmediato un rubor en sus mejillas se hizo presente, estaba tan avergonzada que la pobre ya no sabía dónde meter la cabeza. Yo en cambio me mantuve frío y distante, como siempre.
-Kagome llama a un taxi no creo poder caminar hasta la casa.
Dijo Kikyou con tono débil.
-Si lo haré de inmediato…
Kagome corrió a toda prisa hacia la salida del Colegio se detuvo un momento y después detuvo un taxi que afortunadamente pasaba por ahí. De nuevo corrió hacia nosotros e inútilmente trató de ayudarla a levantarse, otra vez tuve que intervenir o de lo contrario la hermanita lastimaría seriamente a Kikyou.
-No hagas eso yo la llevaré, ella no puede caminar… será mejor que las lleve hasta su casa.
Comenté con frialdad y volví a tomar a la hermana mayor entre mis brazos. Kikyou no opuso resistencia e incluso se aferró a mis hombros con sus brazos y me susurró algo al oído que me sobresaltó…
-¿Crees que mi hermana se encele por esto?
-No se a que juegas Higurashi pero no lo hagas, no me gusta que me toquen.
-Ya veo, pero tengo que hacerlo… sólo mira el rostro de mi hermana.
Miré a Kagome, sus ojos se encontraban ennegrecidos de furia ¿Acaso esa es la mirada de una mujer celosa?
-Ya deberías de reconocer que también sientes algo por ella…
-Mejor ya cállate, tu hermana no me importa.
Murmuré todavía más molesto. Aquella distancia entre la banca y el taxi de me había hecho eterna y más con esa extraña conversación por parte de Kikyou. Con suavidad posé su cuerpo en el asiento trasero del lado derecho del taxi, Kagome se sentó a su lado y yo me senté en el asiento delantero. El automóvil avanzó, le indiqué al conductor a dónde tenía que dirigirse, la escuela no estaba muy lejos de nuestra calle así llegamos a casa en un abrir y cerrar de ojos. Bajé de inmediato del vehiculo para cargar a Kikyou. Kagome tocó la puerta de su casa al mismo tiempo que buscaba algo en su mochila, la puerta se abrió y entró con rapidez.
-Sígueme es por aquí Kurosaki…
Indicó ella, y yo la seguí. Atravesamos otra puerta y un gran vestíbulo, después ascendimos por las escaleras, caminamos por enfrente de otras tres habitaciones más hasta que al final del pasillo se encontraba otra puerta en la que Kagome entró. Supuse se trataba de la habitación de su hermana y en cuanto entré coloqué a Kikyou en su cama con suavidad.
-Muchas gracias… no se que hubiéramos hecho sin ti.
Agradeció Kagome con una reverencia y yo sentí que los colores se me subían al rostro.
-No fue nada y ya me voy.
Contesté con seriedad evitando que Kagome me mirara o se daría cuenta de lo sucedido, di media vuelta dispuesto a salir de aquel lugar cuanto antes pero…
-Espera… ¿Ni siquiera permitirás que te de las gracias?
Preguntó repentinamente Kikyou.
-No es necesario, se lo difícil que ha de ser para ti…
Respondí con cierto sarcasmo.
-Puede ser, pero yo se perfectamente la verdad y te doy las gracias por salvarnos la vida…
Era inevitable, Kikyou había descubierto la verdad pero aún así mantuve mi postura y fingí que no comprendía en absoluto sus palabras.
-De verdad que no entiendo lo que dices mejor me voy… ahh y otra cosa niña deberías de confiar más en tu hermana ella no te mintió, yo estuve ahí cuando se lastimó y sí te dijo la verdad.
Después de estas palabras desaparecí cerrando la puerta, bajé corriendo las escaleras y salí de la casa sin decir nada. Me encontraba tan nervioso por las palabras de Kikyou ahora que ya conocía la verdad. Tanto que me había esforzado porque la verdadera historia nunca se conociera y ahora… seguramente Kikyou se lo contaría a su hermana y Kagome se encontraría más ilusionada conmigo… no… tenía que evitar de cualquier forma llamar la atención de esa niña y principalmente tenía que encargarme de olvidarla porque lo que menos necesitaba mi mente era ocuparse de una mujer.
Regresando a mi casa me encontré con un ambiente un tanto desolador, ya me había acostumbrado a la presencia de mis padres y ahora simplemente la casa se encontraba en absoluto vacío, lo único que rompía aquel rotundo silencio era el piano que a diario tocaba yo por las noches; desde los tres años ese instrumento se ha convertido en un gran compañero, me ayuda a liberar mi estrés pero sobre todo en él puedo plasmar todo lo que siento sin que nadie lo note, para muchos incluso para mis padres la melodías que interpreto son demasiado tristes y deprimentes pero para mi significa mi forma de vida, de pensar y de sentir, no me interesa lo que signifique para los demás porque realmente no he encontrado a ninguna persona que al escuchar mis melodías comprenda su verdadero significado.
Nada bueno podía obtener quedándome en mi casa sin hacer nada, lo mejor era seguir ayudando al anciano con su negocio. Desde que mis padres se fueron me dedicaba trabajar en la tienda de instrumentos musicales del abuelo de tiempo completo. El señor angustiado me imploraba que regresara al Colegio pero yo simplemente no quería regresar, no deseaba ver cómo el maldito de Náraku continuaba libre, así que lo mejor era mantenerme alejado de la escuela por un buen tiempo. Todo era perfecto hasta que llegó mi amado tutor con sus amenazas y de nuevo había regresado yo a las aulas a desperdiciar mi tiempo escuchando a los profesores y tolerando a los demás estudiantes. Lo que mas me intrigaba es que nadie se preguntaba o comentaba el asunto de Miroku. Al parecer Kyo con mucho tacto se estaba encargando de que el incidente no se supiera, me imaginé que la idea provendría de Sesshomaru porque era al que menos le convenía que el Colegio entero se enterará que varios estudiantes han estado apunto de morir incluyendo a mi amigo por culpa de Náraku.
Trascurrieron los días, ya era jueves y me encontraba felizmente platicando con Miroku y su abuelo en el hospital. Le habían dado la noticia a mi amigo de que saldría pronto del hospital al parecer al día siguiente. Asombrosamente yo era el más emocionado pero ni mi amigo ni su abuelo se mostraban tan alegres.
-¿Por qué esas caras¿No les da gusto?
Pregunté confundido.
-Claro que si Inuyasha es sólo que no tengo con que…
Decía el anciano pero se contuvo en continuar su frase.
-¿Qué es lo que ocurre?
-No es nada muchacho, cosas sin sentido…
-Algo ocurre abuelo ¿Ya no me tiene confianza?
Insistí a manera persuasiva.
-¡Claro que si Inuyasha!, incluso te considero como un nieto más en mi familia pero… es que Miroku no puede dejar este hospital todavía.
-¿Por qué?
Pregunté extrañado.
-Acabo de preguntar en caja sobre los gastos en todo este tiempo que ha permanecido internado y es una fortuna, no tengo dinero para pagar ni una cuarta parte.
Comentaba el anciano con total desolación, se mostraba más viejo y cansado que antes por culpa de la preocupación yo sólo posé mi mano en su hombro derecho.
-No se preocupe, usted no tiene que pagar nada… yo lo haré.
-Te lo agradezco hijo pero tus padres jamás consentirían tal acción.
-Es que no pienso pedirles permiso, es mi dinero y yo hago con él lo que quiera y prefiero utilizarlo en Miroku que es casi como mi hermano en lugar de que se esté pudriendo en los bancos.
-¡Es una cantidad muy grande no puedo permitirlo!
-No me importa.
-Pero a mi sí y mucho.
-¿Le confieso algo? Ustedes ya son parte de mi familia, me han brindado amistad, compañía y compresión y créanme que ni con todo el oro del mundo podría pagarles su bondad.
-Inuyasha… yo.
-No se hable más del asunto mañana mismo liquidaré la cuenta.
Finalicé decidido, Miroku me sonreía y el abuelo parecía apunto de llorar, pero se contuvo. Después de eso charlamos algunos minutos más y luego tuvimos que salir para dejar descansar a Miroku que ya se encontraba ansioso por regresar a su casa.
Al día siguiente temprano en la mañana Miroku fue dado de alta, unas muletillas lo sostenían, sus manos ya se encontraban mucho más restablecidas y podía sostenerse sin ninguna dificultad. La factura del hospital quedó saldada en su totalidad y el abuelo aún apenado no dejaba de agradecerme el favor.
-¡Que bien se siente estar en casa!
Exclamó alegre Miroku al entrar en su confortable hogar. Lo ayudé a sentarse en la cama de su habitación mientras que mi amigo miraba nostálgico aquella habitación.
-Siento como si hubiera estado lejos por muchos años, ya casi olvidaba cómo era en realidad mi casa.
Decía Miroku mientas se acostaba plácidamente en su cómoda cama.
-Afortunadamente ya estás aquí, ahora es sólo cuestión de que te repongas.
-Tienes razón Inuyasha el torneo está apunto de empezar.
-Así es mi amigo, y pronto ese miserable odiará el seguir vivo.
Puntualicé con rencor y odio hacia Náraku.
-No sabes cuanto deseo regresar ya el colegio... tendrás que prestarme tus apuntes, estoy muy atrasado…
-Sobre ese asunto, hay un problema…
-¿Cuál?
-Que no tengo ningún apunte desde que te hospitalizaron.
-¿Es una broma verdad?
-No.
-¿Y ahora que haremos?
-No se.
-Reprobaremos este trimestre.
-Al menos tú puedes pedir los apuntes, a mí en realidad no me interesan.
Confesé con total desfachatez y despreocupación al sentarme a su lado.
-¿Piensas reprobar el año?
-Quizás, en realidad me da igual el Colegio.
-Al parecer nunca cambiarás Inuyasha.
Finalizó Miroku con tono resignado.
Ya era viernes para mi fortuna, un día más que trascurría sin ninguna novedad. Las clases finalizaron con rapidez. A pesar de todo el día había sido muy agradable, nadie me había molestado ni yo tenía porqué molestarme por nada. Ahora sólo faltaba cumplir con mi labor de conserje y pronto me retiraría a mi trabajo.
Kikyou y yo trabajamos sin decirnos una sola palabra esta vez, ya que estuvimos separados limpiando algunos estantes de la Biblioteca. Trascurrió una hora y el trabajo que mi me correspondía ya estaba terminado mientras que a Kikyou le faltaba limpiar un estante completo. Podría haberme ofrecido en ayudarla pero me había prometido a mi mismo no vincularme más con esas hermanas. Lo mejor era dejarlas en paz, no ayudándolas ni para bien ni para mal. Salí de aquel lugar y caminé por entre los pasillos pero… entonces un sonido extraño llamó mi atención, un sonido que provenía de la planta alta. Tanta fue mi curiosidad que subí y a medida que avanzaba se hacía más claro y perceptible ¿Quién era¿Quién podía tocar de esa forma?
Ahora me encontraba frente a la puerta del Salón de Música y la abrí poco a poco, asomé mi cabeza y ahí estaba ella. Kagome tocaba aquel violín de una manera extraña, no podía negarlo, se veía hermosa y elegante con ese instrumento en sus manos pero… su rostro reflejaba cierta angustia y dolor. Ella aún no se percataba de mi presencia así que entré y me recargué en aquella puerta una vez cerrada. Escuché atentamente lo que interpretaba y no es que ella fuera una mala violinista porque en primera instancia para cualquier persona esa interpretación era perfecta pero si me dedicaba a indagar en su trasfondo, me encontraba con la desagradable sorpresa de un sonido, hueco, superficial, no existía química entre Kagome y aquel violín, daba la impresión de que ella odiaba terriblemente a su compañero. Eso me enfadó, no supe porque razón, quizás porque nuevamente ella mostraba su debilidad. Ahora que la miraba ya no me parecía una chica fuerte y decidida, volvía convertirse en la misma niña que conocí por primera vez aquel día. Kagome dejó de tocar dejando inconclusa aquella pieza y fue hasta ese entonces cuando se percató de mi presencia. Ambos nos miramos, ella muy sorprendida y yo… ni siquiera supe de que forma la miré.
-¿Se puede saber que haces aquí espiándome?
Preguntó ella molesta con un rostro que dejaba atrás su timidez.
-Que carácter, no cabe duda que las hermanitas se irritan con facilidad.
Respondí con burla, tratando de molestarla quizás esta era mi oportunidad para que Kagome se desilusionara de mi y de esa forma yo también lograría olvidarme de ella para siempre.
-No me gusta que irrumpan en mi privacidad eso es todo, tú no tienes nada que hacer aquí.
Insistió ella todavía más molesta, no comprendía del todo su enojo.
-Yo sólo pasaba por aquí, después de todo la escuela es pública así que no tienes derecho a cuestionarme por dónde ando, aunque sinceramente fue una pérdida de tiempo porque escuché rumores de que las señorita Higurashi era una virtuosa en el arte del violín pero con lo que acabo de escuchar me parece que no, tu manera de interpretar la música es detestable y me ofende.
Aquellas palabras fluyeron por mi boca sin pensarlo, mi corazón era el que hablaba y él al parecer se encontraba muy desilusionado con ella.
-¡Quién te crees que eres para juzgarme de esa manera!
Gritó ella más furiosa y ofendida entonces yo también exploté.
-¡Alguien que no soporta que personas como tú se atrevan a manipular un instrumento tan valioso y preciado! Tu interpretación es tan hueca y sin sentimientos que me repugna y lo mejor es que renuncies, porque tú no sirves para la música, hay personas en el mundo que darían lo que fuera por tener entre sus manos un instrumento como ese, anhelan expresar sus sentimientos bajo aquellas cuerdas pero desafortunadamente la vida es tan injusta que permite que seres como tú tengan algo que no les pertenece.
-¿Por qué eres tan duro conmigo¿Por qué me dices cosas tan horribles sin siquiera conocerme?
Preguntaba Kagome con lágrimas en los ojos, mis palabras la habían herido demasiado pero ese llanto provocó más mi enojo.
-Sólo he dicho la verdad, si eso te perturba lo siento, ya deberías darte cuenta que lo que has perdido jamás regresará a ti y si continuas con tu actitud tan vacía lo mejor será que no sigas insultando a la música.
Di media vuelta cerrando con violencia la puerta, no era mentira lo que le decía, al parecer ella seguía aferrada al recuerdo de un violín que ahora yo poseía. En otro momento quizás se lo hubiera devuelto si ella no estuviera mostrado ese tipo de vulnerabilidad pero ahora pensaba en jamás devolvérselo hasta que Kagome aprendiera a superar sus obstáculos ¿Pero quien era yo para darle lecciones? No soy su familiar mucho menos su amigo, pensándolo bien yo no tenía derecho a criticarla de esa manera, después de todo era su problema y no mío, pero aquel rostro cuando ella mantenía sus ojos cerrados mientras intentaba coordinarse con el violín no podía olvidarlo, era un semblante único furia y catástrofe, tristeza y desconsuelo. Mi corazón se había exaltado de gran manera con solo verla y ahora simplemente me fue imposible olvidarla durante el resto del día.
-¿En quién piensas Inuyasha?
Preguntó el abuelo cuando me encontraba limpiando unos libros en su negocio.
-En nadie en especial…
Respondí con aburrimiento.
-No cabe duda que las mujeres pueden volver loco a un hombre con facilidad…
-No, ella no me vuelve loco lo que pasa es que… ¡Oiga cómo supo que yo pensaba en una mujer!
Exclamé asombrado ya que sin saberlo caí en el juego del anciano.
-Esa mirada lo dice todo Inuyasha, me di cuenta porque es la primera vez que veo ese rostro lleno de incertidumbre, varias veces te llamé y te encontrabas totalmente perdido en tus pensamientos es por eso que fue fácil darme cuenta que había una mujer de por medio.
-Y yo que pensé que nadie se daría cuenta pero… en realidad lo que me preocupa es cómo puedo sacarla de mi cabeza, lo que menos deseo es pensar todo el día en ella…
-Inuyasha es fácil sacar a una mujer de la mente pero, una vez que se instala en el corazón jamás podrás borrarla ni de tu mente y mucho menos de tu alma, deberías preguntarte mejor en qué lugar se encuentra ahora ¿En tu cabeza o en tú corazón?
Difícil pregunta… ¿Dónde se encontraba ella¿Sólo en mi mente? Si, debía de ser sólo en mi cabeza pero también recordé la forma en que mi corazón se sobresaltaba cuando la veía ¿Kagome había llegado a mi corazón?
-Hijo ¿Por qué te niegas a reconocer eso que sientes?
-Me niego porque es un sentimiento que no me gusta y que siempre he tratado de evitar, la gente se vuelve loca por culpa del amor y no quiero que eso me pase, no me gustaría convertirme en su títere.
-Así que tienes miedo de enamorarte…
-No es miedo, es precaución, las mujeres son demasiados peligrosas.
-Si, son peligrosas podría decirse que son el fuego encarnado, si uno se atreve a tocarlo por demasiado tiempo se quema… pero en mi opinión vale la pena quedar calcinado con su poder, poco a poco lo entenderás, el día que te enamores tú mismo te darás cuenta y recordarás mis palabras.
-No deseo enamorarme, no quiero…
-Lo siento Inuyasha pero creo que ya lo estás y ni tú mismo te has dado cuenta.
Finalizó el anciano dejándome boquiabierto ¿Enamorado yo? Eso no era posible porque Kagome no significaba nada para mi ¿O sí?
Cuando regresé a mi casa esta duda aún me calcinaba, es que simplemente yo no podía estar enamorado y menos de una niña tan torpe y débil como ella. Tenía que actuar de inmediato y desechar esta sensación, olvidar a Kagome, odiarla por perturbar mis pensamientos, si… odiarla, de lo contrario como dijo el anciano pronto se instalaría en mi corazón.
Aquella noche no pude dormir ni siquiera fui capaz de tocar el piano, no deseaba escucharme a mi mismo al desconocer lo que mis manos y sobre todo mi corazón eran capaces de interpretar, increíble que esto me ocurriera.
-Tu semblante es espantoso Inuyasha ¿Qué te ocurre?
Preguntó Miroku al día siguiente en la tarde. Ambos nos encontrábamos en su casa jugando video juegos pero extrañamente siempre perdía porque mi mente estaba en otro lugar.
-No pasa nada, sólo estoy cansado.
-Deberías descansar ¿Por qué mejor no te vas a tu casa? yo estaré bien y mi abuelo llegará en unas horas así que no es necesario que te quedes a cuidarme.
-Si regreso a mi casa me aburriré por completo, además nadie me espera y lo que quiero es estar ocupado en algo y dejar de pensar…
-Nunca te había visto tan aturdido ¿Puedo ayudar?
-Que más quisiera pero en esto nadie puede ayudarme.
-¿Se puede saber el motivo?
Dudé algunos segundos en responderle a Miroku, porque cuando se tocaba el tema sobre las mujeres el joven se emocionaba demasiado que cambiaba hasta de personalidad.
-Se trata de… una chica.
-¿Una mujer¿La conozco?
Preguntaba él insistente, los ojos casi se le salían de las cuencas.
-No.
-Que sorpresas me das Inuyasha primero lo de la chica del hospital y ahora esta, eres todo un Casanova.
-Se trata de la misma persona y yo no soy ningún mujeriego como tú.
-Vamos amigo para qué conformarse con una sola si puedes tener a las que quieras.
-Difiero de tu opinión querido amigo y en mi caso yo simplemente quiero olvidarla, no pretendo ningún tipo de relación.
-Eres muy extraño Inuyasha ¿No deseas la compañía de una mujer?
-Es lo que menos quiero, sólo provocan que pierdas la cabeza y el tiempo.
-Se te olvidó el dinero, siempre nos dejan desfalcados por culpa de sus caprichos.
-El dinero es lo de menos, ya te expliqué que sólo quiero deshacerme de su recuerdo ¿Conoces algún remedio o alguna táctica?
-No seas ingenuo para eso no existe cura y la única manera que puede existir creo yo, para que puedas olvidarla es con la ayuda de otra mujer pero por lo que veo eso a ti no te sirve.
-Si… tienes razón, de todos modos yo salgo perdiendo.
-¿Y ella conoce tus sentimientos?
-Afortunadamente no y no es mi intención que se entere, por lo que tengo entendido también siente cierta atracción por mí.
-¿Y cómo te enteraste¿La espías?
-No seas tonto, accidentalmente me enteré por su hermana desde ese día la noticia no ha dejado de dar vueltas en mi cabeza.
-No sería mala idea que lo intentaras, sólo para probar y de esa manera puedas aclarar tus sentimientos a lo mejor es sólo un capricho…
-Quizás sea un capricho pero tampoco me gustaría utilizarla.
-¡Arriba ese ánimo Inuyasha! Mejor vayamos con mi abuelo necesito estirar las piernas un poco, hace mucho tiempo que no salgo a respirar un poco de aire fresco.
-¿Estás seguro? No deberías esforzarte tanto…
-Tranquilo iremos despacio después de todo tiempo es lo que me sobra en estos momentos.
Respondió Miroku impaciente por regresar al exterior, tomó sus muletas cerramos con llave la casa y juntos comenzamos a caminar sin ninguna premura hasta la tienda del abuelo, no quedaba muy lejos de no ser así jamás hubiera permitido que mi amigo se esforzara tanto. En el camino platicábamos de cosas sin sentido, vivencias de la infancia, chistes y tontería y media que se nos venía a la cabeza, de esa forma el trayecto se haría mucho más corto y menos cansado.
Tardamos en llegar casi media hora, ya comenzaba a oscurecer y en cuanto Miroku miró su negocio familiar el rostro se le iluminó por completo. Por lo que pude ver a través de los vidrios había varios clientes así que nos apresuramos un poco para poder ayudar al anciano en lo que necesitara. Entramos, primero Miroku y posteriormente yo y alzar la vista me encontré con un escenario no muy agradable.
-¿Se puede saber que haces aquí Inuyasha¿Acaso nos estás siguiendo?
Reclamó molesto el tarado de Kouga.
-Mira inútil no tengo porqué darte explicaciones de lo que hago pero si te sirve de algo aquí trabajo y yo puedo andar donde me venga en gana, además no tengo intención de andar siguiendo a mocosos como tú…
Respondí molesto, Kouga intentó golpearme pero sus acompañantes lo detuvieron. Había una chica la cual no conocía pero a las otras dos si que las conocía, otra vez las Higurashi se interponían en mi camino.
-¡Pero cuanta hostilidad! Inuyasha… no deberías ser tan grosero con las damas aquí presentes…
Comentó Miroku repentinamente en tono amable, pero su reacción no se debía precisamente a que intentara defenderme o tranquilizar el ambiente hostil, más bien se debía a que el señor se encontraba coqueteando.
-Miroku si supieras lo que estas "damas" me han hecho no las defenderías.
Respondí con tono despreciable sin dejar de mirar a Kagome ya que mi intención era que se diera cuenta que yo no sentía otra cosa por ella mas que desprecio.
-No veo que mal pueden causar unos ángeles tan perfectos…
Insistió el coqueto, después ambos continuamos nuestro camino ignorando a los presentes. Nos encontrábamos ya detrás de los mostradores a lado de una pequeña mesa, ayudé a Miroku a sentarse en la silla y después nos dedicamos a ordenar una gran cantidad de papeles que se encontraban sobre aquel mueble.
-Veo que ustedes se conocen... supongo que asisten al mismo Colegio…
Decía el anciano, a pesar de estar ordenando los dichosos papeles mi oído se encontraba muy atento a la plática.
-Así es señor y le pido disculpas por la manera tan grosera en que mi amigo se ha comportado, nosotros nos retiramos…
Contestó con profunda vergüenza la otra chica desconocida.
-Disculpe señor… nosotros… buscamos un violín para mi hermana lo que pasa es que perdió en un accidente el instrumento que mi padre le heredó.
Intervino repentinamente Kikyou, claro, por qué otra estarían aquí, por fin Kagome se había animado a sustituir su viejo violín.
-Que pena haber perdido una pieza tan valiosa pero tengo un catálogo con lo mejor de estos instrumentos, están elaborados en una muy alta calidad, por supuesto que sólo son para personas con verdadero talento y me imagino que la señorita es una maestra en ese arte.
Comentaba el anciano con su habitual amabilidad y carisma y le extendió uno de los catálogos, pero no era un simple catálogo, se trataba únicamente de aquellos violines exclusivos no aptos para cualquier persona sólo para conocedores. Kagome comenzó a hojearlo miraba con suma atención cada una de las imágenes como si de esa forma esperara que el violín elegido se encontrara oculto entre los demás.
-¿Porqué no te decides por un violín eléctrico? Este blanco me agrada…
Decía Kikyou.
-No me agradan mucho esos violines siento que el sonido no es tan fino como el tradicional.
Respondió Kagome no muy convencida con la idea.
-¿No te agrada ninguno?
Preguntó el anciano un tanto angustiado por no poder complacer a su cliente.
-No es eso, todos son muy bonitos pero ninguno de ellos tienen lo que necesito.
Dijo Kagome un poco desesperada.
-¿Y qué es lo que necesitas?
Volvió a preguntar él.
-No sé, quizás es que no he podido desprenderme del recuerdo de mi antiguo violín, mi vida entera estaba unida a él y ahora que no lo tengo me es imposible encontrar un sustituto.
Su tono de voz había cambiado, denotaba tristeza, bajó su mirada como si de esa manera intentara recuperar su tan anhelado tesoro.
-Pequeña nunca encontrarás un sustituto, jamás podrás borrar el recuerdo del instrumento que te vio crecer como artista y te acompañó en tus logros, pero todo en esta vida tiene un ciclo y nada es eterno, ahora es cuestión de que encuentres un nuevo compañero que camine a tu lado en tus próximas metas.
Ojala yo hubiera utilizado aquella palabras del anciano ayer por la tarde cuando agredí a Kagome diciéndole que sólo era un fiasco en el ambiente musical, pero no pude y era imposible regresar el pasado.
-¡Quiero mi violín¿Acaso es pedir mucho? Lo necesito, el sólo escucharlo me vuelve loca.
Gritó Kagome histérica, vi como su cuerpo se desvanecía un poco, su hermana alcanzó a sostenerla y yo ya me encontraba en un abrir y cerrar de ojos cerca de ella.
-Kagome no me hagas esto, reacciona, no lo hagas no te duermas, escucha la música tu violín vive ¡Escúchalo!
Kikyou trataba de animarla para que no se desmayara y yo continuaba sin entender cuál era el problema o la causa de que Kagome se encontrara de esa forma.
-No puedo, lo perdí por tonta, soy una inútil, soy una vergüenza en la familia, ni siquiera soy capaz de tocar otro violín, he manchado la memoria de mi padre no soy tan buena como él, como artista soy un absoluto fracaso.
Sollozaba Kagome y yo sin poder ayudarla, se aferraba con fuerza al abrazo de su hermana. No entendía del todo la historia pero por lo menos ya sabía que ese violín era un regalo de su padre.
-Mi niña deja de ser prisionera del pasado, abre tu mente, el talento no te ha abandonado mucho menos tu querido padre, los dos están dentro de ti, no te encierres en un caparazón, sal al mundo explota al máximo ese talento que te distingue de los demás, has honor a lo que has perdido y lucha por esos recuerdos que tanto tiempo te hicieron feliz.
El anciano sabía actuar con mucho tacto con ese extraño don que podía lograr calmar una mente perturbada. Kagome secó sus lágrimas y volvió a mirar el catálogo, entonces noté que se detuvo a leer una página pero me encontraba lejos y no sabía cuál era el contenido.
-Kagome no me digas que ese es el que te gusta… ¿Ya viste el precio?
-Lo sé Kikyou yo jamás podría pagar una cantidad tan alta por esta obra maestra, ni siquiera vendiendo mi alma podría tenerlo entre mis manos.
Decía Kagome con desilusión ¿Que clase de instrumento tan caro le había gustado¿Por fin había encontrado a su próximo compañero? Después de eso escogió otro y aunque ella trataba de disimular yo sabía perfectamente que no se encontraba totalmente convencida.
-Le diré a mamá que lo pida para tu cumpleaños, al fin sólo falta una semana para ese gran día.
Decía Kikyou con gran entusiasmo.
-¿Kagome de verdad pronto será tu cumpleaños?
Preguntó con gran interés Kouga y yo comencé a enfurecerme mientras que el animal en mi estómago me imploraba que aplastara a ese sujeto.
-Pero que veo, una muchachita tan joven y tan linda no debería estar triste cuando se encuentra en vísperas de un día tan especial.
Intervino el abuelo que no se dejaba perturba por nada. Kagome notó que yo no podía evitar dejar de mirarla. Nuestros ojos se encontraron por unos instantes y me parecieron bellos con ese toque cristalino y melancólico, pero después de esos escasos segundos ella se volvió para mirar al abuelo…
-No es para tanto señor sólo es un día común y corriente que pasará inadvertido para todos.
-Quizás para ti pasará inadvertido Kagome pero creo que para mi no tanto.
Murmuré en mi interior sin siquiera razonarlo.
-¿Qué día cumples años?
Volvió a insistir el abuelo.
-El próximo jueves…
-¡Que bien! Veo que tienes mucha suerte, mira hace poco me llegaron unas cortesías para un evento ¿Te gustaría asistir?
-¿Un evento?
-Si, se trata de la obra maestra de Tchaikovsky… El Lago de los Cisnes, interpretada por el ballet de Kirov.
-¡Por supuesto que acepto!
Gritó ella emocionada, esa chica si que era demasiado vulnerable en un segundo podía encontrarse hundida en la tristeza y en otro se regocijaba de la alegría.
Desde mi llegada a la tienda continuamente llegaban al negocio invitaciones para eventos y algunas exposiciones de arte, cortesías que el abuelo ganaba por sus ventas, pero nunca supe cuál era la utilidad que el viejo le daba, por lo menos ese regalo sirvió para verla sonreír por primera vez desde el día en que la conocí.
-Entonces toma… son sólo tres boletos para la función nocturna, disculpa que no tenga más para que también tus amigos asistan, lo que pasa es que nosotros también asistiremos me refiero a mis dos nietos y yo por supuesto.
¿Dos nietos¿Se refería a mí? Este comentario logró que por lo menos algunos minutos me olvidara de Kagome por completo. Me sentía honrado de que el señor Ishida me considerara ya como parte de su familia. Mis abuelos tanto maternos como paternos ya habían fallecido cuado yo era un niño, por lo tanto no conviví mucho con ellos y no conocía el cariño que existía entre un abuelo y un nieto. Miré a Miroku y al anciano y por fin me di cuenta que en realidad eran mi verdadera familia, ahora ya contaba con un gran hermano y un abuelo excepcional.
-Bueno Kagome es mejor irnos, ya es muy tarde…
Decía Kikyou mientras miraba su reloj para después agradecer con una reverencia el regalo de cumpleaños de su hermana, Kagome y sus amigos hicieron lo mismo y cuando estaban a apunto de retirarse la puerta volvió abrirse y de inmediato una furia y un odio se hizo presente en mi, era Náraku. Reaccioné de inmediato y lo enfrenté sin ningún temor.
-¿Qué haces aquí miserable?
Grité molesto y con los puños cerrados, retándolo con la mirada.
-Tu mal carácter no mejora en nada Inuyasha, sólo vine a visitarlos, saber como están y también verificar si todavía continúan con su necedad de quedarse en este lugar.
Aquel hombre arrastraba sus palabras en un tono similar al siseo de una víbora que provocaba que mi ira aumentara considerablemente.
-Eso a ti no te importa Náraku, lárgate de una vez, suficiente daño nos has hecho…
Repliqué una vez más.
-¿Te refieres al accidente que le ocurrió a tu amigo? Yo no tuve nada que ver o quizás si, pienso que se me paso un poco lo mano pero no veo por qué te molestas aún sigue con vida…
-Eres un desgraciado si se te ocurre volver a lastimar a mi familia yo mismo te mataré…
-¿Tú familia? Inuyasha tus inútiles amenazas no me inquietan, un debilucho como tú, humillado por una mujer en batalla… no podría hacerme nada, no eres más que un insecto.
Esto ya era demasiado, ese engendro no volvería a humillarme más, si era necesario matarlo en este instante con mucho gusto la haría. Pero la voz de otra persona interrumpió mis intenciones.
-Te crees muy valiente al enfrentar a un hombre Náraku… pero eres un cobarde cuando se trata de una mujer…
Decía Kikyou con profundo odio y la mirada ennegrecida.
-Mi hermosa Kikyou no tengo idea de qué me hablas.
-Sólo dile a tu hermana que tiene una cuenta pendiente conmigo y que la próxima vez que nos enfrentemos pagará con su propia vida lo que le hizo a Kagome.
-No sé de que hablas, yo jamás intervengo en los asuntos de Kagura pero si te ha provocado algún mal yo mismo le daré su merecido.
-Eres un idiota, sabes perfectamente a lo que me refiero, así que los dos ya están advertidos, la próxima vez que nos veamos a la cara espero que tengan un poco de dignidad y no manden a otras personas en su lugar.
-Estás muy equivocada amor mío, yo jamás permitiría que alguien te tocara, tú me perteneces, eres mía y nadie se mete con lo que yo amo.
-Tus palabras me dan asco, me repugnas yo jamás me interesaría en un tipo como tú preferiría estar muerta.
-Tu desprecio es lo que me hace amarte más, eres la única mujer que se ha enfrentado a mí sin ningún temor, eres digna de mi amor.
-Ya cállate basura, no quiero volverte a verte ni mucho menos cerca de mi hermana, si es necesarios tomar la vida de ustedes dos para protegerla con mucho gusto lo haré.
-Eres valiente Kikyou… Inuyasha deberías de agradecerle a la señorita el haberte salvado, si ella no estuviera presente ustedes ya estarían muertos.
Náraku se dio media vuelta ignorándome por completo. A todos nos dejó un muy mal sabor de boca miré a Miroku que se encontraba detrás de su abuelo, su mirada lo decía todo, estaba aterrado y fui de inmediato a su auxilio ni siquiera me di cuenta cuando los demás salieron.
-¿Te encuentras bien?
Pregunté preocupado.
-No mucho, es sólo que ver a ese sujeto me perturbó.
Decía mi amigo con voz débil.
-Miroku te ves muy pálido regresemos.
-Si creo que necesito descansar.
-Pediré un taxi, los tres iremos a mi casa, no estaré tranquilo si regresan los dos solos a su hogar, no quiero que ese tipo les haga daño.
Ninguno de los dos se opuso a mi decisión y al poco rato ya nos encontrábamos en casa. Miroku y su abuelo se instalaron en dos habitaciones diferentes. Mi amigo no había pronunciado palabra alguna, se encontraba perdido en sus propios pensamientos y lo mejor era dejarlo solo para que pudiera descansar.
-¿Hasta cuándo esa familia dejará de molestarnos?
Pronunciaba con desesperación el abuelo cuando nos encontrábamos sentados en la sala. Sus manos se mostraban más temblorosas que antes y no dejaba de mover sus piernas.
-Usted también necesita descansar, si Miroku lo ve así se preocupará más.
-Lo se pero… hay momentos en que siento que exploto, las desesperación y la angustia no me dejan dormir, día a día vivo con el miedo latente de que algo más grave le pueda ocurrir a mi nieto.
Que podía decir yo, ninguna palabra era lo suficientemente fuerte como para tranquilizar a una persona tan perturbada.
-Inuyasha… si algo me pasa prométeme que estarás a lado de mi nieto.
-No es necesario que me lo pida, siempre estaré con ustedes en las buenas o en las malas y deje de pensar en barbaridades a ustedes no les ocurrirá nada, algún día Náraku pagará por todo el mal que ha hecho.
-Hay momentos en que pierdo las esperanzas y pienso que lo mejor es darles lo que ellos piden.
-No lo haga, no les de el gusto hasta que nosotros sepamos qué es lo que buscan de aquel lugar, si es algo material nos lo llevaremos y les dejaremos el negocio. Por lo menos nos quedaremos con la satisfacción de que no se quedarán con aquello que tanto anhelan.
-Se dice fácil pero ellos son muy poderosos y aunque nos escondiéramos en el fin del mundo nos encontrarían.
-No hay que adelantar conclusiones, desde mañana buscaré el tan dichoso secreto y ya después veremos.
-Has madurado mucho desde el día en que te conocí.
-¿Usted cree?
-Si, cuando llegaste tu vida no tenía un sentido concreto mucho menos un objetivo pero ahora todo ha cambiado en ti, sé que tú lo has notado.
-Ya me había percatado de mi cambio pero hay momentos en que yo mismo de doy miedo y no se si esté haciendo lo correcto.
-Haces lo correcto muchacho, mientras aprendas las inclemencias de esta vida y te levantes siempre harás lo correcto para ti.
Después de eso ambos nos retiramos a nuestras habitaciones a descansar y recuperar fuerzas para enfrentar con valor lo que viniera el día de mañana.
Me limitaba a dar vueltas y vueltas sobre mi cama, pensando en tantas cosas que me aturdían por completo y me impedían conciliar el sueño como yo quisiera, en primera me preocupaba Miroku, su entusiasmo y ganas de vivir se habían desvanecido en un segundo por culpa de ese hombre, mi amigo se vio tan afectado emocionalmente que me angustiaba quizás más que cualquier cosa. El abuelo también me preocupaba ya que desde el incidente he notado que ya no goza de la misma salud que antes, ahora se muestra más cansado, ojeroso, mucho más delgado, distraído y demasiado angustiado por el bienestar de su nieto y la tercera cosa que de sólo recordarla provocaba que mis entrañas se retorcieran de la impotencia y la desesperación era Náraku ¿Hasta cuándo llegaría el día de mi venganza? Si el muriera todo se solucionaría pero no, el destino era tan injusto que aún permitía que ese ser inmundo continuara con vida. Recordé aquellas lágrimas de mi amigo sufriendo por la pérdida de sus padres, era más que necesario actuar cuento antes y buscar la manera de estropearle la vida, hacerlo sufrir por el resto de sus días, con una muerte lenta y llena de absoluta agonía ¿Pero cómo lograrlo? Esa era mi mortificación, había tantas cosas que analizar que el más mínimo error derrumbaría por completo mis esperanzas. Me hundí más en mi cama dejando que poco a poco el sueño se apoderara de mí, hasta que por fin perdí por completo la noción de la realidad.
Una voz tierna y suave me despertó a la mañana siguiente, era Kaede que me avisaba que el desayuno ya estaba listo. Cansado y con un fuerte dolor de cabeza me levanté con desánimo. Bajé al comedor sin siquiera bañarme. Miroku ya se encontraba ahí pero no el anciano.
-¿Y el abuelo?
Pregunté sin siquiera dar los buenos días a mi amigo ya que la ausencia del señor me había sorprendido.
-Salió muy temprano me dijo que tenía que ver a un cliente en las afueras de la ciudad y que regresaría hasta en la tarde al negocio.
Contestó Miroku que con desgana mientras pinchaba con los palillos su fruta picada.
-¿Cómo te sientes?
Pregunté con normalidad mientras me sentaba a su lado.
-No muy bien, me duele la cabeza y me siento algo intranquilo.
-¿Puedo ayudarte en algo?
-Si, me gustaría que tú y yo atendiéramos el negocio, estar encerrado me enferma; además aún tenemos que juntar el dinero para pagarte la deuda del hospital.
-Ya les dije que no es necesario, y aunque lo junten no voy aceptarlo.
-¡Por dios Inuyasha no seas tan soberbio al menos déjanos un poco de dignidad!
Gritó mi amigo encolerizado si apartar su vista de mí. Yo me quedé estupefacto por su actitud jamás me había hablado en ese tono.
-No entiendo… ¿Que te pasa?
-Pasa que no es necesario que nos humilles con tu dinero, tenemos un honor que cuidar y no por el hecho de carecer de bienes puedes pisotear nuestro orgullo, ya te dije que te pagaremos y esa es mi última palabra, si insistes en no aceptarla hasta aquí llegó nuestra amistad…
Después de eso Miroku se levantó sin probar un solo bocado.
En otro momento quizás me hubiera levantado y golpeado a mi amigo por su actitud tan infantil pero preferí no seguir con su juego y mucho menos cuestionarlo por su repentino carácter, comprendí que se encontraba alterado y que necesitaba descargar toda su frustración en alguien.
-¿Ocurrió algo joven?
Pregunto Kaede sorprendida.
-No es nada déjalo ya se le pasará.
-Que pena… ni siquiera probó bocado.
-¿No ha comido?
-No joven desde ayer que llegaron en la noche su amigo no ha probado nada.
Ahora su berrinche provocaba que el señor se mal pasara con la comida ¿Qué pretendía? En su estado lo único que lograría es desmayarse en cualquier momento por no ingerir alimentos, su alimentación y sus terapias eran vitales para una pronta recuperación. Miroku se encerró en su habitación y sólo salió para avisarme que ya se encontraba listo para irse. Una hora después ambos nos encontrábamos en la tienda de instrumentos. Miroku seguía sin dirigirme la palabra y yo trataba de no presionarlo, aunque continuamente lo mantenía vigilado en espera de que algo malo ocurriese, ya que su semblante era pálido y ojeroso, caminaba con mucho más lentitud que antes y sus manos se mostraban muy temblorosas.
-Iré al almacén Inuyasha.
-¿Necesitas algo? yo puedo traerlo…
-No, yo puedo solo…
Acto seguido desapareció si dejar huella ¿Qué necesitaba de ese lugar? Ahí sólo se encontraban un montón de cajas vacías apiladas, no existía otra cosa. La campanilla sonó y una señora de cabello oscuro y largo apareció ante mí. Era muy simpática, delgada y de tez clara. Al instante otra silueta apareció detrás de ella y me sorprendí.
-Buenas tardes.
Saludó la señora con cortesía y una sonrisa en el rostro mientras que yo trataba de sobreponerme por la impresión de ver a Kagome.
-Disculpe joven… ¿Se encontrará el dueño de este establecimiento?
Preguntó ella sacándome de mis pensamientos.
-No se encuentra, pero con mucho gusto la atenderé yo.
Respondí en tono amable evadiendo a toda costa la mirada de Kagome.
-Muy amable de tu parte, lo que pasa es que deseaba agradecerle las atenciones que ha tenido con mi hija.
-Si gusta puede esperarlo no creo que tarde mucho, salió desde la mañana y no ha de tardar en regresar, pueden tomar asiento en aquellas sillas.
-Muy bien lo esperaremos.
Ambas se sentaron en unas sillas que se encontraban cerca de la entrada. La señora tomó una revista y comenzó a leerla mientras que Kagome continuaba con su habitual actitud tímida y miedosa. Al parecer aquella señora se trataba de su madre, se parecían bastante, ahora comprendía de dónde Kagome había sacado su belleza ¿Pero que cosas digo? Mejor opté por regresar al almacén para acomodar unos productos que habían llegado hace dos días. Entrando me encontré con que Miroku buscaba algo entre las cajas.
-¿Ocurre algo?
-Nada sólo estoy buscando algo… ¿Llegaron clientes?
-Si pero dicen que esperaran al abuelo.
-Bien.
-¿Miroku en serio te sientes bien?
-Ya te dije que si y déjame en paz Inuyasha.
Protestó Miroku con su misma actitud de la mañana. Tomé lo que necesitaba y salí del lugar. Mi amigo y su arrebato de cólera ya me estaban preocupando. Comencé a sacar los panderos que se encontraban dentro de aquellas cajas, tratando de que mi mente se olvidara por completo de que algo malo ocurría, lo presentía y aun así trataba de que esa sensación desapareciera.
Un fuerte golpe se escuchó, varias cosas cayeron en el almacén, me sobresalté al escuchar el grito de amigo. Cuando entré al lugar había demasiadas cajas tiradas en el suelo y Miroku se encontraba debajo de todas ellas.
-¡¡Miroku¡¡Miroku!!
Grité desesperado removiendo todas aquellas cajas.
-¡Dónde está el teléfono hay que llamar una ambulancia!
Preguntó una voz, aquella señora y Kagome ya se encontraban a mi lado asustadas.
-Cerca del mostrador.
Contestó sin darle importancia mientras trataba de voltear a mi amigo boca arriba para que pudiera respirar. Kagome me ayudó a recostar su cuerpo en el suelo. Miroku se encontraba inconciente.
-Soy un imbécil no debí dejarlo solo, sabía que se desmayaría en cualquier momento.
Me reproché con furia por no prestarle la debida atención ¿Y si la caída traía consecuencias más grandes? Por mi culpa mi amigo se encontraba en peligro…
-Tranquilízate la ambulancia llegará pronto, él está bien.
Comentó Kagome en un tono tan superficial que me molestó demasiado.
-No puedo tranquilizarme, Miroku no está bien, si supieras por lo que ha pasado no estarías diciendo tonterías.
Respondí de manera agresiva porque en efecto, esa niña no tenía ni la más remota idea del estado de salud de Miroku.
-La ambulancia viene en camino… ¿Sabes dónde puedo localizar a otro de sus familiares?
Decía la señora que hacía acto de presencia nuevamente.
-No sé, la única familia que tiene somos nosotros, su abuelo ya se tardó demasiado.
¿Porqué tenía que ocurrir esto cuado me encontraba totalmente solo¿Y ahora que podía hacer? La dichosa ambulancia tardaba demasiado, mi paciencia sobrepasaba los límites y el abuelo aún no llegaba. Como le había dicho a la señora, por el momento yo era el único familiar que podía hacerse responsable de Miroku. El servicio de paramédicos demoró más de lo que yo podía tolerar. Estaba muy preocupado, dentro de aquella habitación tan pequeña, caminando de un lado a otro, tronándome los huesos de las manos como si de esa forma lograra controlar mis nervios. No supe cuantos minutos más pasaron que en realidad me parecieron una eternidad. La ambulancia por fin llegó y los paramédicos montaron a Miroku inconciente en la camilla y de inmediato lo subieron al vehículo y cuando estaba apunto de subirme uno de los camilleros me detuvo.
-Lo siento muchacho no puedes ir, necesitamos a una persona mayor que se haga responsable del chico.
Decía aquel hombre que fulminé con la mirada dispuesto a golpearlo en cualquier momento.
-Pero yo soy su amigo su familia no está.
Reclamé enfurecido.
-Lo siento no puedes subir, tendrás que esperar a que sus familiares regresen.
Maldije en voz alta a ese sujeto, estaba tan encolerizado que si no hubiera sido por la oportuna intervención de la madre de Kagome en estos momentos se encontraría despedazado.
-Yo iré con él soy amiga de la familia…
-Está bien… suba…
El paramédico aceptó de mala gana la compañía de la señora.
-Kagome tú quédate aquí, regresaré por ti después, no quiero que salgas de este lugar ¿Entendido?
Ordenó ella a su hija.
-Si, avísame si me necesitas.
Respondió Kagome. Las puertas de la ambulancia se cerraron y al instante arrancó a toda velocidad. Tanto ella como yo continuamos parados a mitad de la calle y yo sin poder descargar mi furia y sobretodo mi impotencia por no poder estar a lado de Miroku cuando más me necesitaba. Ansiaba golpear, sino lo hacía me volvería loco por completo y mi víctima fue un pobre árbol grande y viejo que tuvo el infortunio de encontrarse conmigo en el momento menos indicado. Comencé a golpear la corteza con todas mis fuerzas imaginándome que el tronco era mi peor enemigo, en mi furia implacable no existía el menor sonido, no había vida a mi rededor, todo era silencio y soledad mientras que mi cuerpo me exigía despedazar a mi presa; pero un abrazo cálido me alejó de aquel mundo nefasto lleno de oscuridad.
-¡Detente por favor!
Gritó Kagome mientras que con sus brazos me rodeaba para sostenerme las manos a manera de que ya no continuara con mi explosivo ataque.
-No hagas eso, necesito desquitarme con alguien y no quisiera lastimarte.
Respondí en tono áspero y molesto porque esa chiquilla había estropeado mis intensiones.
-Tú no vas a lastimarme, lo sé, ven entremos para que pueda curarte las heridas.
Su voz me tranquilizó un poco, ella no se mostraba asustada por lo sucedido, cualquier persona al ver aquella escena debería estar invadida por el pánico pero ella no, simplemente me tomo del brazo y yo la seguí muy confundido y aturdido por su reacción. Ya nos encontrábamos en el interior de la tienda, me preguntó dónde se encontraba el botiquín de primeros auxilios, le indiqué el lugar. Segundos después Kagome tomó una silla y se sentó frente a mí. Abrió el maletín saco algunas cosas y después mojó un poco de algodón con alcohol y con delicadeza comenzó a curarme. No me había percatado del estado tan deplorable de mis manos, se encontraban raspadas y sangrantes pero sencillamente mi cuerpo no percibía ningún tipo de molestia y dolor. Esas heridas eran insignificantes comparadas con lo que sentía en mi interior.
-No es necesario que hagas esto, yo puedo solo…
Replique malhumorado porque lo que me menos necesitaba en esos momentos era tenerla cerca.
-Lo sé pero no puedo irme de este lugar.
Decía ella ignorando por completo mi molestia.
-¿Necesitas de tu hermana para poder caminar y salir de este lugar? Puedes llamarle cuando quieras…
Comenté con burla con la única intención de molestarla y que se fuera.
-¿Qué es lo que te he hecho¿Por qué eres así conmigo? No entiendo que satisfacción encuentras al jugar conmigo…
Su respuesta me dejó aturdido por completo, Kagome había actuado de una manera muy diferente a lo que yo me esperaba. Su tono denotaba molestia y sobre todo reproche, ella tenía razón al reclamarme por la forma en cómo la trataba pero no podía evitarlo ya que continuaba negándome a lo que sentía por su persona, necesitaba apartarla de mi cuanto antes.
-Yo no estoy jugando contigo.
Respondí evitando su mirada al igual que ella lo hacía conmigo al continuar curándome las manos.
-¿De verdad? A mi me parece que no, siento que te diviertes haciéndome sufrir, me has hecho demasiado daño lastimándome en dónde más me duele, quizás mi carácter sea muy débil pero eso no te da derecho a tratarme como si fuera una debilucha, me juzgas sin siquiera conocerme, te burlas de mi desgracia sin saber por todo lo que he pasado desde el día en que nací. . ¿Crees que a mi me gusta que todo el mundo me proteja¿Crees que me gusta estar enferma? No Kurosaki, serás muy fuerte pero ni siquiera tienes idea de lo que es estar dormida involuntariamente para después despertar y encontrarte con que ya han trascurrido días o semanas. Tú que sabes lo desagradable que es que todo el mundo te esté vigilando a cada paso que das, no soy libre soy prisionera y daría lo que fuera por hacer lo que yo quisiera aunque sea por un solo un día…
Permanecí callado sin responder a sus reproches, deseoso de que todo esto terminara y ella se fuera cuanto antes porque no quería saber más de su vida ya que eso significaba que me involucraría más con Kagome, pero el destino me jugaba una mala partida y pareciera que sus intenciones eran muy distintas a lo que yo deseaba.
-Kurosaki si tanto te desagrada mi presencia te pediré que no me molestes, tus palabras lastiman demasiado, yo no entiendo porqué desde el día en que llegué a esta ciudad el destino o la casualidad nos ha unido, a mi no me agrada eso, incluso me da miedo encontrarme contigo porque no sé lo que serás capaz de decirme, espero e incluso ruego, para que esta sea la última vez en que tú y yo nos encontremos…
-No puedes evitarlo, somos vecinos y asistimos al mismo Colegio…
Respondí con cierto sarcasmo.
-Pero podemos ignorarnos, con eso me vasta, desde ahora fingiré que no existes así como tú lo harás conmigo.
-No es necesario ser tan extremista…
¿Cómo podíamos evitar un contacto si siempre nos encontrábamos por todos lados? Eso es lo que yo en realidad quería y para mi fortuna ella también estaba de acuerdo, pero por qué en lugar de haber respondido "buen idea" o "es lo mejor para los dos", tenía que salir con la tontería de que la solución no debería ser tan exagerada al grado de ignorarnos.
-Y que quieres que haga si tú sólo te la pasas molestándome.
Insistió ella por mi fallida y mal intencionada respuesta.
-¿Lo dices por lo que ocurrió el primer día en que nos conocimos y por el incidente en el aula de música?
-Si por eso, aquellas dos ocasiones bastaron para que me hicieras sentir la peor persona del mundo y que no valgo la pena.
-¿Mis palabras provocaron que te alteraras el día de ayer?
Pregunté sorprendido, ahora entendía porque ella denotaba tanta tristeza en su rostro, en parte era por la pérdida de su violín y otro poco por todas las cosas tan bizarras que pronuncié ese día.
-Me lastimaste como nadie lo ha hecho.
-Lo siento no fue mi intención.
En ese momento hubiera deseado pedirle disculpas por todo, pero las palabras no se desprendían de mi boca con facilidad, sentía que mi cuerpo temblaba por los nervios de tenerla tan cerca.
-Ya no importa, el daño ya está hecho y gracias a ti he derramado muchas lágrimas.
-Discúlpame no se que me pasa, ni yo mismo entiendo porque me comporto así contigo, quizás porque me gustaría que fueras una persona más fuerte, no me agrada que dependas de lo demás.
-Pero si dependo o no es mi problema, nosotros no somos nada así que no entiendo porque tanta preocupación hacia una persona que apenas y conoces.
-Tienes mucha razón empezamos muy mal y ya me estoy hartando de esta situación.
-¿Y que tal si intentáramos tratarnos con más cordialidad?
¿Más cordialidad¿Qué pretendía?.
-¿Te refieres a una amistad?
Pregunté con mucha ingenuidad.
-Es una palabra muy fuerte, no suelo emplearla en cualquier persona.
Respondió Kagome con seriedad, afortunadamente no era lo que me esperaba, por un segundo llegue a pensar que ella declararía su fijación en mí pero no, tal pareciera que Kagome deseba más que nadie deshacerse de lo que sentía, un deseo que ambos compartíamos.
-Pienso igual no todas las personas son dignas de portar ese don pero podríamos ser compañeros.
Contesté con más frialdad, dejando en claro que mis intenciones sólo podían llegar hasta ahí, en un simple compañerismo.
-Creo que si, esa es la palabra más adecuada.
Decía ella.
-Higurashi…
-Dime…
-¿Podría saber por qué te perturbó tanto perder tu violín?
-Es un recuerdo de mi difunto padre.
-Hace algún tiempo me enteré que había fallecido y nunca me imaginé que me encontraría con sus hijas.
Recuerdo que hace unos años cuando me encontraba en Italia, mi padre me había comentado de la muerte de un famoso violinista japonés, por lo que supe su fallecimiento fue trágico y repentino, papá decía que era una gran pérdida para el mundo de la música y realmente no entendía por qué siempre me acordaba de este suceso y más ahora, que conocía a sus hijas.
-Suele pasar, pero ya estoy acostumbrada aunque sinceramente hay situaciones en las que no puedo adaptarme.
-No entiendo.
-Será mejor que te cuenta toda mi vida para que al menos puedas comprenderme un poco.
Kagome comenzó a narrarme su escalofriante vida, la forma en cómo había ocurrido aquel accidente en donde su padre perdió la vida; el tiempo que ella permaneció dormida en el hospital y después, las dos terribles enfermedades que desarrolló.
-¿Entonces tu familia no detectó la narcolepsia hasta tres meses después?
Pregunté él algo intrigado.
-Así es, siempre me quedaba dormida en clases, casi no prestaba atención a la escuela, me sentía muy débil. Al principio los médicos pensaron que era una depresión y desnutrición porque me encontraba triste e inapetente, pero conforme avanzaron los estudios descubrieron cuál era mi enfermedad, es muy raro que se presente en una edad tan temprana, los médicos opinan que si no hubiera sufrido una experiencia tan terrible quizás la enfermedad se manifestaría mucho después.
-¿Y ahora cómo es que te mantienes despierta?
-Gracias al sin número de medicamentos que tomo principalmente vitaminas pero créeme ya estoy harta, pero si no los tomo mi enfermedad podría avanzar más, al grado de no poder permanecer despierta cinco minutos, por eso es que mi hermana y mi madre me cuidan tanto y nunca me dejan sola, tienen miedo de que yo desfallezca en cualquier lugar y que ponga en riesgo mi vida.
-¿Todo eso te ocurre cuando tienes emociones muy grandes?
-Sólo cuando algo me entristece o me perturba, como el día en que nos conocimos, tenía miedo de que mi hermana te despedazara porque la conozco perfectamente y sé lo que es capaz de hacer.
-Ahora entiendo por qué te protege tanto.
Yyo que pensaba que mi vida era nefasta y me encuentro con la sorpresa de que hay personas que han sufrido más que yo. Me quejaba siempre del abandono de mi padre y sus regaños pero ahora que conocía la vida de esta muchacha comprendí que mi existencia no era del todo terrible ya que sinceramente no me gustaría estar en el lugar de Kagome. La miré, ella había permanecido unos segundos mirando a través de la ventana, con aquellos ojos oscuros y melancólicos, su tristeza se hacía notar más que otros días, el haber hablado de su vida debió de ser un gran esfuerzo para ella. Después de ese pequeño lapso Kagome terminó de vendarme las manos y nuestras miradas se cruzaron, por un instante sentí una gran necesidad de besarla y estrecharla en mis brazos pero al darme cuenta que era una locura preferí mirarme las manos y evitar a toda costa estos desagradables impulsos.
-No lo haces tan mal aunque todavía te falta algo de experiencia…
Comenté sin mirarla o de lo contrario cometería una tontería.
-Que amable de tu parte… y ya que estamos más en confianza me gustaría saber por qué ese hombre los persigue.
-¿Te refieres a Náraku? Bueno no lo sé a ciencia acierta yo tengo poco de llegar del extranjero, cuando conocí a Miroku y su abuelo el problema ya llevaba bastantes años, pero ninguno de nosotros sabe el porqué.
-¿Entonces tú no eres familiar de ellos?
-No, soy sólo un amigo de Miroku, de hecho es mi único amigo, cuando llegué a Japón fue la única persona que no huyó con mi carácter y desde ese entonces ha estado a mi lado.
-¿Y que fue lo que ocurrió¿Por qué tiene tantas lesiones?
-Náraku lo mandó a golpear, le tendió una trampa y sus secuaces lo emboscaron, pudo haber perdido la vida pero de milagro se salvó, estuvo casi un mes en coma y apenas lo dieron de alta la semana pasada.
-No puedo creer que ese hombre sea tan maligno, también a nosotras nos hizo daño, por eso es que nos encontramos en el hospital aquella vez, al parecer la hermana de ese tipo quiso vengarse con Kikyou y también mandó a unos sujetos a que la apuñalaran, afortunadamente mi amigo Kouga llegó para rescatarnos, le debemos la vida y estoy muy agradecida con él.
-¿De verdad crees que ese niño sea un héroe?
Pregunté con sarcasmo mirándola detenidamente. Por lo que pude darme cuenta Kikyou no le contó la verdad acerca de que no fue ese bueno para nada quién las rescató sino yo, me hubiera gustado que esa emoción y esa sonrisa con la que Kagome se expresaba así de su salvador fueran para mi, ella me seguía mirando con curiosidad.
-No entiendo porqué lo dices…
-Por nada en especial.
Me volví a mirar las manos y comencé a moverlas un poco, ya comenzaba a sentir las consecuencias de mi furia, no es que doliera mucho pero no me agradaba tenerlas así.
-Creo que no podré tocar en algunos días.
-¿Tocar¿A que te refieres?
-El piano, no creo poder tocarlo en un par de días con estas heridas.
-¿Tú tocas el piano?
-Si.
-Entonces tú eres…
-La persona que escuchas todas las noches, si creo que soy yo…
-¡No puedo creerlo¿Tú?
-¿Tiene algo de malo?
-No para nada, lo que pasa es que pensé que se trataba de una persona mayor alguien con mucha experiencia para tocar de esa forma…
-No se a que te refieres con eso, yo sólo toco lo que siento, no creo que sean melodías del otro mundo…
-¿Y de quienes son esas melodías?
-De quien más… son mías yo las compuse, aunque mis padres siempre me dicen que son deprimentes, pero yo opino lo contrario.
-Si son algo tristes, pero muy bellas.
-Son sólo mis sentimientos...
Concluí sin prestar atención a su asombro. Después de eso se escuchó la campanilla, el abuelo había llegado de lo más tranquilo. En un segundo lo abordé y comencé a relatarle lo sucedido. El semblante del anciano palideció y me dio la impresión de que desfallecería en cualquier instante.
-¿En dónde está?
Preguntó angustiado.
-No lo sé, todo fue tan rápido que ni me di cuenta de a dónde lo llevaron, la señora Higurashi lo acompaña.
Contesté avergonzado por no haber sido útil esta vez.
-Llamaré al móvil de mi madre, no se preocupe su nieto está en buenas manos y nada malo le puede ocurrir.
Respondió Kagome mientras llamaba a su madre. La llamada entró y entonces el abuelo comenzó a hablar con la señora, apuntó en una libreta la dirección del hospital, por lo visto no había ocurrido nada grave porque de inmediato su semblante mostró tranquilidad. Colgó la llamada y me pidió que llevara a Kagome a su casa mientras que él se adelantaría al hospital. Obvio que esta idea no me agradó en absoluto estaba demasiado preocupado por mi amigo que sentía remordimiento por haberme olvidado completamente de él cuando conversaba con Kagome.
El anciano salió al igual que nosotros dos, cerró el establecimiento le dije que no tardaría en llegar y después me encaminé junto con Kagome a su casa. Durante el camino no volví hablar, mi mente ya se encontraba muy alejada de Kagome.
-Kurosaki no es necesario que hagas esto yo puedo irme sola, tú deberías estar con tu amigo él es la persona que más te necesita en estos momentos.
-Aunque quisiera no puedo dejarte sola, Náraku ha estado rondando por aquí y no me agradaría que intentara algo contra ti, si algo te pasa tu familia me mataría, no quiero meterme en problemas…
-Entonces vayamos juntos a verlo…
-¿Te refieres a Miroku?
-Si.
-Higurashi… ¿Hablas en serio? Si lo haces tu madre se molestará.
-Tienes razón pero… no me gusta verte así…
-Lo siento pero no voy a provocarte más problemas, además ya es hora de que estés con tu hermana, la tienes que cuidar, esa herida que le hicieron no es para menos y no creo que deba andar sola tanto tiempo…
-¿Y Cómo sabes que Kikyou tiene una gran herida?
-Me lo imaginé, sabiendo cómo Náraku trató a Miroku no creo que tenga compasión por una mujer…
En efecto, yo era la estupidez encarnada, cómo se me ocurrió haber dicho eso, no pude evitar manifestar mi nerviosismo por mis tonterías, Kagome se daría cuenta de la verdad.
Llegamos pronto a su casa, nos despedimos y salí corriendo a toda velocidad de aquel lugar escapando de esa manera de la presencia de Kagome.
Al llegar a la avenida principal tomé un taxi y le indique el destino. Media hora después descendí del vehículo en un hospital diferente al anterior donde Miroku había estado. Era mucho más pequeño y más modesto. Entré por Urgencias y busqué al abuelo, no había tanta gente como en el anterior así que fue sencillo encontrarlo acompañado de la señora Higurashi.
-¿Cómo está?
Pregunté al abuelo.
-Estable, sólo fue un desmayo a causa de una fuerte baja de presión, en estos momentos están esperando a que se estabilice para poderlo dar de alta.
-¿Pero no sufrió ningún daño por la caída?
-En lo absoluto Inuyasha, afortunadamente no fue nada grave.
-Que bien.
-En un momento podemos verlo, así que no te preocupes.
Que alivio, en verdad Miroku si que era muy resistente, deseba hablar con él y preguntarle qué era lo que le molestaba de mí. Me senté a un lado del abuelo que continuaba hablando con la señora de temas que en realidad no captaban un mínimo de mi atención. Pasaron dos horas eternas llenas de aburrimiento hasta que por fin un médico llamó al abuelo, él se levantó dejándome solo con la señora Higurashi.
-Muchas gracias…
Comentó repentinamente la señora.
-¿Disculpe?
Pregunté confundido.
-Por haber ayudado a mis hijas.
-No sé de que habla…
-Lo sabes muy bien, creo que no es necesario que te lo recuerde.
Me imaginé que se refería a la vez que ayudé a Kagome en el hospital y cuando Kikyou se lastimó en el colegio.
-No tiene nada que agradecer después de todo yo lastimé a su hija hace unos días por si no lo recuerda.
-Claro que no me olvidado de ese penoso incidente pero Kikyou también tuvo la culpa principalmente, ese niña pierde las cabeza cuando se trata de su hermana, a veces pienso que ella es más madre que yo.
-No diga eso, es lógico que se cuiden, son hermanas.
-¿Y tú no tienes hermanos?
Callé por algunos segundos pensando que podía responderle.
-No tengo hermanos soy hijo único.
De nuevo negaba a mi propia sangre, una cosa es que la trágica historia de Sesshomaru me conmoviera un poco y otra muy distinta a que de la noche a la mañana comenzara a sentir un cariño de hermano, después de todo ya no compartíamos el mismo apellido, siempre vivíamos lejos así que no existía ningún lazo que me uniera a él, ahora simplemente se había convertido en un profesor fastidioso.
-¿Y tus padres?
Volvió a preguntar la señora.
-Hace unos días tuvieron que viajar a Italia por un asunto de negocios…
-¿Viajan mucho?
-No, viven en ese país, también yo habité en ese lugar desde que era muy pequeño hasta hace unos meses cuando decidieron mandarme a estudiar a Japón.
-Que bien, para haber vivido tantos años en Italia tu japonés es muy fluido y claro. Mi esposo y yo también estudiamos en Italia, fue una época muy bonita pero han pasado demasiados años… que no me atrevo a ir.
Los ojos de la señora se entristecieron, sabía perfectamente cuál era la razón, aquel lugar le recordaba a su difunto esposo y debía de ser muy duro para ella ¿Y por qué me platicaba estas cosas si apenas y me conocía?
-De seguro pensarás que soy una ridícula por platicarte esto, disculpa.
-No se preocupe señora no me molesta en absoluto.
Era muy agradable platicar con ella y sinceramente en cuestión de actitud ninguna de sus hijas se parecía a ella. El abuelo dejó de platicar con el médico y se dirigió hacia nosotros.
-Inuyasha ¿Podrías esperarme un momento aquí? tengo que ir por Miroku, ya está dado de alta.
-Si claro ¿Quiere que le ayude?
-No es necesario hijo muchas gracias.
Poco después, cuatro personas se encaminaban para tomar un taxi. Miroku continuaba callado sin decir una sola palabra. Seguía viéndose pálido, no permitió que nadie le ayudara, él solo subió al vehículo como pudo, yo lo miraba con tristeza que otra cosa podía hacer.
Por fin llegamos a su casa y pasó lo mismo, Miroku se negó a aceptar ayuda y fue directo hacia su habitación, sabía perfectamente que su intención era que lo dejáramos solo pero esta vez siguiendo mis impulsos lo seguí le gustara o no. Cerré la puerta, él se instaló en su cama y se acostó, me seguía ignorando. Permaneció unos segundos callado, dio media vuelta para darme la espalda y luego de eso:
-Perdón…
Murmuró suavemente.
-No me tienes que pedir perdón de nada, lo único que quiero es que te tranquilices y no vuelvas a hacer otra rabieta de ese tipo, me asustaste Miroku.
-Lo sé pero es que estaba tan confundido, me sentía tan impotente y poco hombre cuando Náraku apareció de la nada, sentí rabia por no poderme vengar y darle su merecido.
-Ya habíamos hablado de eso, sabes perfectamente que ese sujeto está al tanto de tu estado y simplemente quiso aparecer para atemorizarte.
-Si, puede ser que tengas razón pero me es imposible contenerme y lo peor es que me desquité contigo diciéndote todas esas tonterías.
-Que no es nada, es más ni siquiera quiero recordarlo porque ese no eras tú.
-Posiblemente si era yo, es decir quien habló fue mi parte oscura y para serte sincero me dio miedo.
-No te preocupes eso llega a pasar en algún momento, te lo digo porque a mi me ocurre muy seguido por si no te habías dado cuenta.
Miroku soltó una leve sonrisa y esta vez se volvió para mirarme.
-¿Sabes? Cuando me encontraba en el almacén pensé en buscar eso que tanto busca Náraku, me imaginé por un momento que por fin podría deshacerme de él pero nunca me imaginé que un montón de cajas me causarían tantos problemas.
-Me asustaste mucho con tu caída pensé que te habías vuelto a lastimar la cabeza, me costó mucho trabajo cargarte, pesas mucho.
-Lo siento, no recuerdo eso perdí la conciencia.
-Es lo mejor, de todos modos ese tipo de recuerdos no son muy agradables.
-¿Qué te ocurrió en las manos?
Preguntó él con interés.
-No es nada me raspé cuando quité las cajas.
-¿De verdad?
-Si.
-No te creo ¿Te peleaste con Náraku?
-No, él no tuvo nada que ver con lo que me pasó.
-Entonces dime la verdad.
-Bien como quieras, cuando te subieron a la ambulancia el paramédico no me dejó ir contigo, estaba tan enojado con ese tipo que necesitaba golpearlo pero la señora Higurashi intervino y evitó que lo agrediera pero como no podía calmar mi furia comencé a golpear el tronco de un árbol y por eso me lastimé las manos.
-Todo por mi culpa.
-No es tu culpa es sólo que aún no puedo contener mis arranques de furia mis padres dicen que es neurosis.
-Pienso lo mismo, pierdes la cabeza con facilidad eso no es bueno.
-Si tendré que trabajar en ello.
-Oye Inuyasha cambiando de tema… ¿Recuerdas a esas chicas de ayer?
-¿Ellas que tienen que ver?
-Me gustaron, en especial la que pidió el violín.
-¡¡¡QUÉ!!!
Exclamé molesto fulminándolo con la mirada y él se empezó a reír.
-Con qué mis sospechas han sido confirmadas... ¡INUYASHA KUROSAKI ESTÁ CELOSO!
-¡Yo no estoy celoso!
-¿Y entonces por qué la molestia?
-No entiendo a dónde quieres llegar…
-Mas bien a dónde pretendes llegar tú con esa joven.
-Yo no pretendo nada.
-¿De verdad? A mi me pareció lo contrario, desde el momento en que llegamos no dejaste de estar al pendiente de su conversación con mi abuelo, según tú acomodabas los dichosos papeles y ni cuenta te diste que algunos estaban al revés o que sólo eran basura, varias veces te hablé pero tú ya estabas en otro mundo.
-¡Eso es mentira!
-Claro que no, te digo la verdad, Inuyasha entiende… esa mujer te trae loco ¿Es la misma de la cual me habías platicado la otra vez?
-Si es ella.
-Entonces no veo cuál es tu problema, es muy hermosa además se ve que es buena persona aunque en realidad para ser tan joven pienso que es una chica llena de tristeza y soledad.
-Si lo sé, no necesitas decírmelo hace mucho tiempo que me di cuenta por eso es que…
No pude terminar mi frase y sentí que los colores se me subían a la cabeza.
-Por eso es que te gusta, porque no es la típica señorita de quince años que piensa que el mundo es color de rosa, que se emociona con cualquier cursilería y que es amante de las historias románticas o que se prepara para conseguirse el mejor de los maridos y convertirse en una gran esposa y madre.
-Vaya que descriptivo eres Miroku, yo no lo hubiera dicho mejor… ¿Pero qué ese no es el tipo de mujer que a ti te agrada?
-No estamos hablando de mí sino de ti Inuyasha, así que porque no te haces un favor y aceptas que te estás enamorando…
-¿Enamorado? El abuelo también me dijo lo mismo ¿Tú lo crees?
-No lo creo, estoy seguro, Inuyasha quizás ella sea la chica que tanto has esperado, alguien diferente.
-Pero es que yo nunca he esperado a una mujer en mi vida.
-No pierdes nada con probar y vivir esa experiencia sino te agrada puedes retirarte y seguir con tu anhelada soltería.
-¿Y cómo pretendes que le confiese que me gusta? Nunca lo he hecho…
-¿Nunca has tenido novia? Es una broma…
-No es broma, nunca me he declarado a una mujer ¿Por qué crees que me cuesta trabajo ordenar mis sentimientos?
-Nunca me lo imaginé de ti, con ese porte de chico enigmático y solitario deberías de tener a las mujeres a tus pies.
-Si lo sé pero es que ninguna de esas niñas mimadas y superficiales me interesa.
-Me sorprende de ti Inuyasha, eres una persona demasiado directa simplemente díselo en la primer oportunidad que tengas, no pierdes nada y si dices que a ella no le eres indiferente las cosas pueden resultar bien.
-Quizás pero tengo miedo.
-Ya inuyasha, tranquilo mejor duerme, platícalo con tu almohada y listo.
Cambiamos del tema porque la cabeza comenzaba a punzarme, a Miroku lo que ahora le preocupaba era le Escuela. Tuve que ofrecerme para asistir al día siguiente y pedir los apuntes ya que si obtenía una baja calificación perdería su beca y se vería en la necesidad de cambiarse a otro Colegio y volver a recursar año. La puerta corrediza se abrió era el abuelo.
-Muchachos creo que ya es hora de comer…
Comentó con una sonrisa.
-Si abuelo enseguida iremos.
Acto seguido el señor se retiró mientras que yo ayudé a Miroku a levantarse para irnos a la cocina. Al abrir la puerta un agradable olor a comida invadió mi olfato.
-Huele delicioso no pensé que el abuelo se esmerara tanto cocinando.
Comentó Miroku embriagado con aquel aroma.
-No hijo te equivocas no fui yo, la señora Higurashi amablemente se ofreció a cocinar para nosotros.
En ese momento la señora salió con dos charolas en las manos, nos sonrió y ambos le devolvimos el saludo.
-Por lo que se no has comido nada jovencito, alguien tan apuesto como tú tiene que estar muy sano para poder conquistar a las chicas.
Comentaba ella entusiasmada refiriéndose a Miroku.
-Tú también Inuyasha ¿Si puedo llamarte así?
-Si claro, no hay problema.
-Te ves cansado.
-No se preocupe señora ya se me pasará.
-Si en cuanto decida declarársele a una chica sus problemas terminaran.
-¡Miroku cállate!
Exclamé molesto fulminándolo con la mirada esta vez se había excedido demasiado con su comentario.
-Vaya con que se trata de una mujer, bueno Inuyasha te deseo la mejor de las suertes, eres muy guapo no dudo que la chica que has elegido te acepte, lo que daría porque mis hijas tuvieran un novio así.
¡Esto no me podía estar pasando! En verdad que esa señora no tenía idea de que era precisamente una de sus hijas la que me interesaba y lo peor que me considerara un novio "ideal".
-Bueno chicos es mejor que se sienten o este banquete se va a enfriar.
Comentó repentinamente el anciano sacándome de aquel gran apuro.
-Miroku, no podemos sentarnos todavía, tenemos que lavarnos las manos.
Comenté arrastrando las palabras porque sólo se trataba de un pretexto para poder alejarnos de la mesa.
-Tienes razón, enseguida volvemos.
Ambos nos encaminamos al baño, primero entró Miroku pero antes de que cerrara la puerta entre yo también.
-¡Oye que te pasa espera tu turno Inuyasha!
-De verdad que eres un animal ¿Cómo se te ocurrió decir eso frente a la señora?
-No veo por qué te enfadas a ella no le interesa ese tipo de comentarios pronto lo olvidará ya verás.
-¿Qué no le interesa? Inútil por si no lo sabías ella es la madre de aquella chica, le acabas de revelar que es precisamente su hija Kagome la que me tiene así.
Miroku palideció todavía más de lo que ya estaba, sus ojos parecían enormes platos, su semblante se tornó un tanto bobo al tener su boca abierta de la impresión. Tardó varios segundos en reaccionar.
-Perdón no fue mi intención discúlpame.
-Ya olvídalo ya no se puede hacer nada, ahora si está decidido jamás me declararé a Kagome.
-Amigo lo siento, además no seas tan extremista.
-Que pena, ya está decidido "amigo" ahora menos que nunca le diré a Kagome lo que siento.
Y salí molesto de aquella habitación dejando a Miroku solo, pero algunos pasos después tuve que regresarme por él para ayudarlo. Después de eso nos sentamos y ambos permanecimos en absoluto silencio mientras que el abuelo y la señora continuaban platicando de lo más alegres.
Los alimentos en otro momento me hubieran parecido deliciosos pero con el coraje que acababa de tener se convirtieron en amargos y agrios. La hora de la comida terminó por fin y Miroku y yo nos volvimos a enclaustrar en su habitación mientras que los señores continuaban platicando en la sala.
-Inuyasha lo siento.
-Ya tranquilízate no es para tanto después de todo no se perdió nada.
-¡Claro que si! Por mi culpa esa chica jamás sabrá tus sentimientos.
-De verdad Miroku, ya no importa.
El remordimiento carcomía a mi amigo, su intención no había sido tan malévola como yo pensé en su momento, era lógico que él no supiera quién era la señora, ya nada se podía hacer.
-Miroku ¿Puedo quedarme hoy en tu casa?
-Claro que si ya sabes que esta también es tu casa.
Había dos razones importantes para no regresar a mi propia casa, la más importante era porque me preocupaba que Miroku y su abuelo permanecieran solos y la segunda que no quería toparme con Kagome por el resto del día. Lo mejor era dejar las cosas como estaban ya mañana sería otro día.
Ya era de noche, para ser exactos las 23:30 cuando dejé a Miroku sólo para que se durmiera, salí de la habitación y me encontré con la sorpresa de que la señora aún no se iba.
-¿Miroku ya se durmió?
Preguntó el abuelo.
-Si ya se durmió por fin.
Respondí en tono aburrido mientras me sentaba junto al abuelo.
-Ha sido un día largo y cansado ¿Por qué no te vas a dormir tu también Inuyasha?
-No tengo sueño abuelo.
-Ya veo… por cierto el violín que me diste a reparar ya esta listo ¿Lo quieres ver?
-¡No!
Exclamé asustado al mismo tiempo que me incorporaba de mi asiento sorprendiendo a los presentes con mi reacción.
-Quiero decir… en este momento no… no estoy de ánimos, mejor otro día.
-¿Tocas el violín Inuyasha?
-Sólo un poco, mis padres me obligaron de niño a que aprendiera a tocarlo pero sólo se lo básico.
-Entiendo, mi hija Kagome ¿La recuerdas? Es una gran violinista, toca precioso mucha gente me ha insistido en que participe en concursos o incluso ha recibido ofertas para las mejores escuelas de música, pero ella no ha querido, dice que no le gusta llamar la atención.
Otra cosa que Kagome y yo compartíamos, a ninguno de los dos nos gustaba llamar la atención con nuestras habilidades, yo también desde niño recibí un sin número de invitaciones para concursos y Colegios de prestigio pero siempre me negué. Mi padre siempre dijo que no le agradaba que derrochara mi talento, que yo podía ser un famoso pianista el mejor del mundo, pero eso sinceramente no me interesaba, tocaba el piano por gusto no para ser recordado en la historia. Eso de recibir aplausos y elogios me fastidiaba por completo.
Una hora después el abuelo pidió un taxi para que llevara a la señora a su casa yo me ofrecí a llevarla pero ella se negó. Nos despedimos con un saludo de manos y después desapareció junto con el vehículo.
-Es una mujer muy agradable, lástima que tenga que pasar por tantos problemas, sus hijas están enfermas y su esposo muerto, pobre…
-Si es una pena, pero quién dijo que la vida era justa.
-Así es.
-Abuelo… quiero preguntarle algo.
-Dime.
-Cuál fue el violín que le gustó a esa chica de ayer.
-Ahh te refieres a ese, es un violín carísimo quizás sobrepase los dos millones de euros.
-¿Y cómo podría conseguirlo?
-¿Hablas en serio? Es mucho dinero Inuyasha.
-No importa, lo quiero.
-Se subastará pasado mañana en Nueva York pero no creo que puedas participar por ser menor de edad.
-¡Diablos!
-Pero hay una manera, tengo un amigo que vive en Washington y se dedica precisamente a comprar instrumentos y obras de arte para después volver a subastarlas, por lo que sé él irá a ese evento.
-Por favor abuelo déme su número telefónico pagaré lo que sea, pero necesito ese violín en mis manos ya.
-¿Se lo regalarás a ellas?
-Si.
-Bien hablaré ahora mismo con él confío en que puedas tenerlo antes de su cumpleaños.
-Muchas gracias.
-¿Tanto la quieres Inuyasha?
-No sé, pero no puedo regresarle el violín ya inservible de su padre… por lo menos quiero sustituir su ausencia con un violín que sea de su agrado.
-Inuyasha nunca te había visto así, si dices que sólo la quieres no imagino lo que ocurrirá si de verdad la amaras.
-Si yo llegara amar abuelo quizás cavaría mi propia tumba.
-Eso dependerá de ti hijo.
Ambos nos retiramos a dormir, extendí un futón en la habitación de Miroku y ahí me recosté porque no pude conciliar el sueño por lo menos en las dos horas siguientes por pensar sólo en ella y cuando por fin logré cerrar mis ojos, la alarma de mi reloj me había despertado a las 6:00 AM, era hora de regresar a mi casa para bañarme y cambiarme. Dejé una nota avisando que iría a la escuela y que regresaría hasta en la tarde. Después salí de la casa, la mañana era un tanto húmeda y hacía un poco de frío algo normal en otoño. Al poco tiempo ya me encontraba en mi casa, Kaede me recibió con una gran sonrisa y como si me hubiera adivinado el pensamiento mi uniforme ya estaba listo al igual que el desayuno.
A las ocho en punto ya me encontraba entrando al Colegio con todo el desánimo posible. Entré al edificio principal y ahí estaba Kagome y su amiga al pie de la escalera platicando. Kagome me miró, yo la ignoré y evadí su mirada, lo único que hice cuando pasé cerca de ellas fue saludarlas:
-Buenos días…
Dije secamente.
-Buenos días
Respondieron ellas al unísono. Yo por el contrario continué mi andar hasta que Kagome me llamó…
-Disculpa Kurosaki… ¿Podría hablar contigo en el receso?
-Si… no hay problema.
Respondí extrañado ¿Qué era lo que quería hablar conmigo?
-Te veré en el jardín…
Decía ella más nerviosa.
-Bien…
Eso fue lo último que dije y continué hacia mi destino. Entré al salón de clases, como siempre el mismo bullicio y las mismas miradas de curiosidad al verme. Las siguientes horas no presté atención a las clases para variar. Me encontraba muy intrigado sobre cuál era la razón de que Kagome quisiera hablar conmigo; por momentos llegué a pensar que ella me declararía sus sentimientos pero eso no era posible porque ambos acordamos en sólo tratarnos con compañerismo, quizás ella sólo quería preguntarme sobre Miroku, si eso decía ser.
La campana sonó y de inmediato bajé al jardín, ella aún no llegaba, tuve que esperarla casi diez minutos hasta que por fin apareció, llevaba consigo dos almuerzos seguramente era el de su hermana y el de ella. Alcé la mano y le indique que me siguiera. Decidí que el mejor lugar para hablar era detrás de unos talleres.
-Creo que este lugar es bueno, aquí nadie molestará… y dime… qué es lo que quieres hablar conmigo.
Pregunté mirándola detenidamente, me di cuenta que ella se encontraba más nerviosa que otras veces, yo también lo estaba pero hacía lo imposible por ocultarlo.
-Quería preguntarte sobre la salud de tu amigo, me quedé muy preocupada con lo ocurrido ¿Ya se encuentra mejor?
Que bueno que sólo se interesara en preguntar por Miroku, después de todo, mi conclusión fue acertada.
-Si Higurashi no te preocupes, Miroku ya se encuentra mejor ese mismo día salió del hospital no fue nada, sólo sufrió un desmayo a causa de una baja de presión…
Respondí con elocuencia sin dejar de mirarla.
-¿Pero no sufrió daño con la caída de aquellas cajas?
-No porque estaban vacías, el peso no fue muy grande lo que a mi me preocupaba fue el golpe que se dio al momento de caer, pero mi amigo es fuerte así que mañana ya podrá regresar a clases.
-Me da mucho gusto… cuando lo veas… ¿Podrías saludarlo de parte de nuestra familia? Mi madre también se encuentra un tanto angustiada.
-Si lo haré, no te preocupes.
-Gracias Kurosaki, bueno me retiro y disculpa por haberte robado algo de tiempo.
-Descuida después de todo no tengo nada que hacer, no tenía nadie con quién platicar.
-¿No tienes más amigos?
Preguntó ella con incredulidad e inmediatamente mis actitudes cambiaron con esa pregunta tan molesta.
-No tengo más amigos… con Miroku me basta y me sobra.
-Perdón no quise incomodarte con mi comentario, discúlpame no fue mi intención interferir en tu vida personal es solo que… me… gustaría conocerte más…
Giré mi cabeza sorprendido, el corazón me brincaba, respiré hondo y traté de que mi semblante fuera lo más frío posible.
-¿Por qué lo haces?
Pregunté con curiosidad ¿Acaso ella deseaba confesarse?
-No me hagas caso… estoy loca… soy una tonta no debí decir eso…
Respondía ella con dificultad a causa de los nervios, noté que su cuerpo temblaba y entonces me acerqué a ella poco a poco. Kagome retrocedía temerosa de mi presencia hasta que una pared la obstruyó. Su semblante temeroso me agradaba, sus ojos se mostraban más cristalinos y oscuros que antes, Yo simplemente me dejé llevar por mis impulsos, con mi mamo derecha tomé su barbilla y le sostuve fijamente la mirada mientras me acercaba más a ella.
-No te atrevas…
Murmuró ella repentinamente con molestia.
-¿Por qué?
-No te acerques…
-¿Te doy miedo? Vamos Higurashi ¿Crees que no me he dado cuenta que yo no te soy indiferente?
-Eso es mentira…
-Claro que no, eres igual que todas las chicas en las escuelas donde he estado…
-No me compares, te crees todo un hombre jugando con los sentimientos de las jovencitas…
-Todas hacen lo mismo sólo las atraigo por el físico, sólo por eso…
-Que pena pero yo no soy así…
-¿En serio?
-No me importa lo que pienses de mí, sin conocerte, sin saber tu edad ni tu personalidad ya me agradabas, tu talento fue lo que me atrajo. Desde el primer día que llegué a esta ciudad te escuché y simplemente me enamoré de tus melodías y me preguntaba por qué alguien tan virtuoso vivía en extrema soledad esa es la diferencia entre las demás y yo, a mi no me interesa el físico así que no vuelvas a compararme con nadie te quedó claro…
Kagome me sorprendió con esa revelación, era la primera vez que alguien de verdad entendía mis melodías de esa forma y eso me emocionó en gran manera y la besé. Era mi primer beso el cual no duró mucho porque ella se separó inmediatamente propinándome una fuerte cachetada.
-¡Eres un idiota¡Me das asco¿Cómo te atreviste?
Gritaba ofendida, indignada y demasiado furiosa. Aquella bofetada si que me había dolido así que me froté la mejilla para aligerar un poco el dolor. Entonces la volví a mirar fijamente y comencé a reírme.
-Eres diferente Higurashi, lo he comprobado discúlpame…
-¿Disculparte¿Todo esto lo hiciste para corroborar tu desconfianza¡Eres un desgraciado¡Poco hombre¡Eres un maldito salvaje¡No sabes cuanto te detesto!
-No entiendo porqué te enojas fue sólo un beso sin importancia.
-¿Sin importancia dices¡Para mi era lo más importante! Ese beso estaba destinado para el hombre a quien yo amara y no para una basura como tú…
¡Grandioso! esta mujer cada vez me emocionaba más con su carácter, se veía tan linda con esa molestia fingida porque sabía perfectamente que si ella no hubiera deseado que la besara desde hace mucho tiempo hubiera corrido, pero no lo hizo, en el fondo también lo anhelaba tanto como yo, pero repentinamente su respiración comenzó ha agitarse y su cuerpo comenzaba a perder fuerza.
-¿Higurashi estás bien?
Pregunté preocupado mientras la sostenía antes de que cayera.
-No me toques…
Contestó con dificultad mientras me alejaba con sus manos.
-No cierres tus ojos Higurashi, perdóname, por favor, haré lo que quieras pero mantente despierta…
Le gritaba angustiado porque sabía que ese era el primer síntoma antes de que perdiera el conocimiento por completo. Yo no sabía si me escuchaba sólo veía como trataba de jadear aire mientras que mantenía su mano derecha firme en su pecho. Quizás le dolía y por mi estupidez ahora se encontraba así. Pasaron quizás dos minutos para que yo volviera hablar.
-Iré por ayuda por favor tranquilízate…
Insistí sobresaltado.
-No, ya estoy mejor, no necesito de tu ayuda…
Contestó con despotismo.
-Pero no puedo dejarte así…
-¡YA BASTA!
Gritó con lágrimas en los ojos, mientras que el corazón se me encogía por haberla hecho llorar.
-Kagome perdóname…
Era la primera vez que la llamaba por su nombre pero eso no le importó.
-Ya estarás contento, volviste a jugar conmigo ¿Y ahora qué harás? De seguro burlarte de mis enfermedades…
-¡Claro que no¡Yo no me he burlado de ti!
-No lo niegues te diviertes… así que ya déjame en paz.
-Estas equivocada, si te besé fue para comprobar que…
-¿Comprobar qué¿Qué soy una tonta, una chica fácil?
-No.
-¿Entonces?
-Quería asegurarme si esto que siento es verdad.
-¿Sentir¿Acaso eres humano?
-Escúchame por favor Higurashi, mi intención no ha sido jugar con tus sentimientos simplemente no quería equivocarme por eso te puse a prueba y me has demostrado ser sincera y muy diferente a todas las demás...
-Ahora resulta que el remordimiento te provoca tener cierta fijación hacia mi, no Kurosaki sencillamente no te creo a una mujer no se le trata de esa manera.
-¿Y cómo quieres que lo sepa si jamás he tenido una novia?
-Mientes…
-En serio, ni yo mismo se que es lo que siento, pero cada vez que te miro mi corazón se inquieta y siempre hago tonterías, te lastimo, te hago llorar y me siento mal por eso.
-Olvídate de mí Kurosaki, yo no existo, consíguete a otra persona a otra tonta que caiga en tus mentiras.
-No puedo y no quiero, simplemente no puedo olvidarte Higurashi…
-¿Qué dices?
-Me gustas… bueno eso creo… tu forma de ser, tu inocencia, tu personalidad tan cambiante…
Decía yo con dificultad la lengua se me trababa estaba, muy nervioso porque por fin le confesaba mis sentimientos.
-¿Por qué tendría que creerte?
-Porque es la verdad, dame una oportunidad, quiero demostrarte que mis intenciones son serias y que no estoy jugando contigo, si quieres puedes pedirle a tu hermana que me golpee hasta que tu odio hacia mí desaparezca.
-No es necesario y no podré acceder a lo que me pides, no puedo o mejor dicho no quiero…
-¿Por qué?
-Porque ni siquiera nos conocemos es más ni somos amigos, sólo nos hemos encontrado un par de veces…
-Eso para mi fue suficiente para darme cuenta de que eres especial Higurashi…
Ya estaba decidido sólo Kagome podía ser mi novia, ninguna otra mujer. Pero ella me ignoraba mientras trataba de levantarse sin aceptar mi ayuda.
-Dime qué es lo que piensas ¿Aceptas?
-¿Aceptar que?
-Ser mi novia… serías la primera te lo juro.
-Y que me importa ser la primera o la número mil, has perdido mi confianza y mi respuesta es NO, simplemente no puedes tomar por la fuerza algo que no está destinado para ti y tampoco te sientas tan seguro que puedes tener a tus pies a todas las mujeres que quieras por lo menos a mi no tenlo por seguro, ahora que lo pienso primero muerta antes que estar contigo.
Si que era difícil convencerla, quizás era más terca que yo al engañarse así misma negando lo que sentía. Se alejó sin decir nada más. Por otro lado yo la observé hasta que se perdió de mi vista, pude haberla seguido pero no era el momento porque sólo empeoraría las cosas. Suspiré hondo miré hacia abajo, aquellos desayunos aún permanecían en el suelo los tomé e impulsivamente los abrí, se veían deliciosos no pude resistir la tentación y los probé y cuando me di cuenta de lo que había hecho ambos recipientes ya estaban vacíos, la persona que había preparado esos alimentos era un genio en la cocina porque sabían deliciosos. Satisfecho tanto en el estómago como en lo emocional porque al fin pude expresar mis detestables sentimientos olvidé la Escuela y fui con Miroku.
-¿Quién te pegó en la cara Inuyasha?
Exclamó Miroku sorprendido, la mejilla aún me ardía por la bofetada. Me miré en un espejo pentagonal que se encontraba a la entrada de la casa y en efecto los dedos de Kagome aún continuaban marcados en mi rostro, en verdad que si tenía la mano muy pesada a pesar de su aparente condición.
-Esto amigo, sucede cuando besas a una mujer a la fuerza.
Respondí con total desgana.
-¡NO¿Te atreviste a besarla si su consentimiento?
-Digamos que de cierta manera si, aunque se perfectamente que ella sólo fingía indignidad, es obvio que en el fondo deseaba que la besara.
-¿Y qué es lo que te dijo?
-Que soy un poco hombre, que le doy asco, un salvaje y arrogante, en pocas palabras una bestia inmunda.
-Vaya, son demasiados adjetivos… ¿Pero por qué la forzaste de esa manera?
-Yo no la forcé si hubiera querido habría huido pero no, prefirió quedarse parada, te digo que ella también lo deseaba.
-Inuyasha es obvio que no sabes nada de mujeres y estoy de acuerdo contigo eres una bestia.
-¿Por qué lo dices?
-Por que lastimaste su orgullo, ese tipo de chicas anteponen ante todo su dignidad y sobre todo el ego, para ella fue un acto insultante que lastimó su amor propio seguramente piensa que ahora la consideras una chica fácil.
-¿Tu crees?
-Por supuesto, a las mujeres se les trata con dulzura y suavidad si es que las quieres tener a tus pies, pero veo que ese ideal no va contigo te gusta la fuerza bruta.
-No pude evitarlo, además me dijo que me odiaba porque ese beso estaba destinado para la persona que ella amara y no para mí.
-¿Lo ves? Quizás ella no siente nada por ti y tu malinterpretaste las cosas.
-Creo que si, por mi culpa estuvo apunto de desmayarse.
-¿En serio?
-Si, su furia era tan grande que casi se desvanece pero no aceptó mi ayuda y se fue, no sé cómo se encuentre ahora.
-¿Estas preocupado?
-Algo, pero no puedo ir a buscarla porque se pondría peor, creo que perdí esta guerra y en definitiva no fue nada agradable eso de las mujeres y su ego, no va conmigo.
-Que pena hermano que tu primera experiencia resultara un fracaso, pero no te desanimes hay muchas mujeres en este mundo.
-Olvídalo no quiero volver a pasar por esto.
-Como digas Inuyasha.
Poco tiempo después llegó el abuelo con una gran noticia, el famoso violín posiblemente estaría en mis manos muy pronto.
-Ya hablé con mi amigo y me comentó que efectivamente asistirá a esa subasta y que el costo ascenderá a medio millón de euros del precio subastado, esa es su oferta ¿Aceptas?
-Si, no importa.
-¿De qué hablan?
Preguntó Miroku confundido; tuve que explicar la historia con absoluta tranquilidad.
-¿Estás loco¡Cómo piensas regalarle algo así a una chica que te odia!
-No importa es algo que decidí, además ella no sabrá nada será un regalo anónimo y fin de la historia.
-Y según tú ya no dejarías que ninguna mujer te perturbara, pero bueno sabes lo que haces ya estas grande como para andarte cuidando.
Seguí conversando con el abuelo hasta que ya casi anochecía era hora de retirarme, en verdad no lo deseaba pero así tenía que ser. Me despedí con cierto pesar en mi ser en realidad era decepción o molestia quizás por haber sido tan bruto con ella y por todo lo que Miroku me dijo, lo mejor era dejar las cosas así.
Caminaba con pereza, con aire taciturno, seguramente mi semblante debía de ser deprimente, ahora confirmaba mi renuencia a conocer eso que llaman amor, era algo demasiado molesto y desagradable para alguien que gustaba de su libertad e independencia. Mis pies me conducían a ningún lugar, ahora atravesaba el parque para cortar camino y llegar pronto a mi casa pero un grito ensordecedor me detuvo.
-¡AYÚDENME!
Gritó una voz que se me hizo conocida corrí en esa dirección y entonces vislumbre dos siluetas bajo un árbol, había una mujer en el suelo forcejeando con un tipo que intentaba propasarse con ella y en cuanto vi el rostro de aquella muchacha enloquecí por completo.
-¡MISERABLE BASURA A ELLA NO LA TOQUES!
Tomé al sujeto de los hombros con absoluta violencia y descargué toda mi ira sobre él con golpes y patadas, deseaba despedazarlo, matarlo por haberla siquiera tocado. Deje de atacarlo cuando mi furia se percató de que ya estaba inconciente, aunque eso en realidad no me importaba. Miré a Kagome su rostro denotaba absoluto terror y por un segundo pensé que se desmayaría.
-¿Estás bien?
Pregunté preocupado. Ella permaneció en silencio, estaba aturdida.
-¿Te encuentras bien Kagome?
Volvió a insistir, vi como sus ojos se humedecieron y entonces me abrazó repentinamente.
-¡Inuyasha¡Tenía mucho miedo ese tipo me quería tocar!
Gritaba llena de angustia y dolor por esa terrible experiencia, por primera vez me llamaba por mi nombre, ahora que la tenía en mis brazos mi corazón revoloteaba de felicidad.
-No te preocupes estás a salvo yo estoy contigo, no dejaré que nadie te lastime te lo prometo.
Kagome me miró con sus ojos oscuros que a la luz de la luna parecían luceros resplandecientes, se acurrucó más en mi pecho como si de esa forma se sintiera más protegida, le acaricié su larga y sedosa cabellera negra.
-¿Dónde está tu hermana¿Por qué estás sola en este lugar?
Pregunté extrañado.
-Salí de mi casa quería estar sola y pensé que aquí estaría segura…
-Este lugar es muy peligroso en las noches no vuelvas hacerlo por favor…
-Lo siento…
Bajó su cabeza, como una niña a la que reprenden por portarse mal pero yo levanté su barbilla.
-No te disculpes fue un accidente, vamos te llevaré a casa…
-¿Y qué pasará con él¿Está muerto?
-Ojala lo hubiera matado se lo merece, sólo lo dejé con una gran cantidad de fracturas y no podrá levantarse en mucho tiempo, llegando a mi casa reportaré el incidente a la policía; este hombre va a pagar caro el haberse metido contigo…
-Gracias… pero ¿Qué hacías tu aquí? Acaso estabas…
-¿Siguiéndote? Despreocúpate no es lo que piensas es sólo que la casa de Miroku se encuentra cerca de aquí y el parque me queda de paso.
Demasiadas coincidencias en esta vida, nuevamente volvía a convertirme en héroe pero esta vez no me causaba ningún pesar al contrario, me sentía satisfecho por defender a una persona que apreciaba.
-Kurosaki… yo… yo… quería disculparme por lo que te dije en el Colegio la verdad creo que exageré, te traté muy mal y quisiera decirte que…
Interrumpí su cometario con un movimiento de mi cabeza…
-No digas nada, ya no importa yo fui el tonto…
-Pero…
-Es mejor irnos ya es muy tarde.
Para que seguir tratando de enmendar el pasado, había cometido un error el cual tuvo su efecto. Recogí las cosas de Kagome que se encontraban tiradas, había lápices de color, un cuaderno y una pequeña bolsa, todo se lo entregué en sus manos. Luego de eso tomé su cálida y temblorosa mano y comenzamos a caminar juntos hacia su casa. Evitaba mirarla por sobre todas las cosas, porque supuestamente me había jurado no volver a insistir sobre el tema ya que ella me había dado una respuesta y debía respetarla.
-¿Aún te duelen las manos?
Preguntó repentinamente Kagome sacándome de mis pensamientos.
-No mucho sólo pequeñas molestias que no afectaran mi vida, si hubiera tenido a ese sujeto del parque enfrente de mi el día de ayer créeme que ese pobre árbol no hubiera sufrido tanto pero bueno afortunadamente esa basura ya no dará más problemas…
-¿Por qué lo haces¿Por qué me ayudas?
-No se por que lo preguntas, ya conoces la respuesta.
-Pero yo aún no sé…
-No te preocupes no quiero que me respondas, todavía no es el momento, quiero que estés tranquila.
Noté un rubor en sus mejillas a pesar de la oscuridad de las calles, y aunque ella se encontrara tranquila ambos habíamos perdido la oportunidad de estar juntos.
-¿Oye tu preparaste ese desayuno?
Pregunté para cambiar de tema.
-No entiendo.
Respondió Kagome confundida.
-Me refiero a los desayunos que tiraste cuando platicamos, supongo que uno era tuyo y el otro era para mí ¿O me equivoco?
Pregunté a manera de sacarle la verdad cuando esa loca idea se me metió e la cabeza momentáneamente, nunca espere que la respuesta fuera afirmativa.
-Bueno en realidad era de Kouga pero él no asistió al Colegio así que a mi hermana se le ocurrió la idea de que si íbamos a platicar lo mejor era compartirlo.
Al escuchar el nombre de aquel tipo se me revolvió el estómago, así que Kagome ahora le preparaba los desayunos a ese inútil bueno para nada, por un momento sentí que apretaba fuertemente su mano pero no mostró ningún signo de molestia, el volver a ver su rostro me hizo olvidar mi malestar.
-Y yo fui un estúpido que desaprovechó la oportunidad… pero bueno ese es cosa del pasado aunque sinceramente disfruté mucho aquella comida, guisas delicioso Higurashi ¿Ya te lo habían dicho?
Comenté con una sonrisa y ella me la devolvió, me sentí feliz por verla sonreír por segunda vez.
-Te ves más bonita cuando sonríes.
Comenté provocando que se intimidara aún más. El trayecto me resultó tan corto que maldije la hora en que llegamos a su casa.
-Muchas gracias por todo y perdón por las molestias.
Dijo ella con tono tímido.
-No es nada, descansa.
Me despedí con un saludo en la mano di media vuelta y entonces…
-¡Espera Kurosaki!
Gritó repentinamente.
-Dime…
-¿Podrías cerrar tus ojos?
-¿Por qué razón?
-Por favor…
-Está bien.
La obedecí, cerré mis ojos y segundos después sentí que ella posaba sus manos en mis hombros, intenté abrir mis ojos pero no pude, un nudo en mi estómago comenzaba a molestarme pero después se tranquilizó al sentir el contacto de unos labios suaves y delicados. Kagome me besaba, yo la tomé de la cintura y continué con el juego. Era la primera vez que besaba a una mujer de esa manera, en realidad era una sensación extraña pero placentera, separamos nuestros labios sólo cuando el aire comenzó a faltarnos, abrí mis ojos la miré detenidamente, su rostro había cambiado completamente, notaba cierta coquetería en su mirada.
-Esa es mi respuesta…
Comentó con una gran sonrisa en el rostro, mi corazón se agitó más con la respuesta. Kagome por fin había aceptado ser mi novia.
-¿De verdad?
Pregunté incrédulo.
-Si, estoy segura.
La volví a besar tiernamente.
-Nos veremos mañana. Buenas noches.
Me despedí sin poder evitar sonreír.
-Hasta mañana.
Contestó ella, di media vuelta, giré mi cabeza para volverla a mirar de una manera incrédula, seguidamente continué con mi camino y entré a mi casa al igual que ella lo hacía en la suya.
-Buenas noches joven…
-Buenas noches Kaede ¿Todo bien?
-Si, su madre habló en la tarde dijo que mañana volvería a hablar.
-¿Te mencionó algo más?
-No, sólo eso.
-Bien, estaré en el Salón no quiero que me molesten por favor.
-Como usted diga.
Kaede se retiró mientras yo me enclaustraba en el Salón, dejé que permaneciera en penumbra no quería prender la luz porque la oscuridad siempre me ha ayudado a pensar mejor las cosas. Tumbé mi cuerpo sobre aquel sofá y así permanecí varios minutos hasta que se me ocurrió la idea de acercarme a mi piano. El sentir las teclas en mis manos me dieron vida y comencé a tocar una melodía que estaba completamente seguro que le agradaría a ella porque se trataba de la Apertura de esa obra que tanto le gustaba. Sabía perfectamente que ella me escuchaba y me imaginé su rostro sonriente y lleno de alegría. No tuve idea de cuanto tiempo duré tocando quizás hasta que me hube cansado o que simplemente esas notas lograran que Kagome durmiera profundamente.
Tuve que retirarme a mi habitación, me acosté sobre la cama sin taparme mirando fijamente el techo preguntándome a cada momento si había hecho lo correcto o si no me arrepentiría. Estas dos simples cuestiones no permitieron que durmiera con tranquilidad, la noche fue tan eterna que ya deseaba que amaneciera para verla.
En cuanto me di cuenta que los primeros rayos del sol comenzaban a asomarse me bañé y cambié para colocarme mi uniforme después de eso bajé, pero cómo era temprano Kaede aún no preparaba el desayuno puesto que no estaba en el comedor así que fui directo a la cocina.
-¡Joven no pensé que ya estuviera despierto!
-No te preocupes.
Dije mientras tomaba una silla y me sentaba en la pequeña mesa de esa habitación al mismo tiempo que observaba como Kaede nerviosa, preparaba los alimentos.
-No sabía que usted tenía que salir temprano disculpe por no tener el desayuno a tiempo.
-Ya te dije que no es nada además sólo me levanté más temprano no tengo que ir a ningún otro lugar.
-Pero no creo que se correcto que usted permanezca en la cocina yo le llevaré sus alimentos al comedor.
-Este lugar es más agradable que estar en ese gran comedor, desayunaré aquí junto contigo.
-Pero joven…
-Es mi última palabra Kaede.
Minutos después ambos nos encontrábamos desayunando con total tranquilidad.
-Perdone mi indiscreción pero… ¿Ocurrió algo ayer? Se ve diferente.
-¿De verdad?
-Si, es que hoy usted… está sonriendo.
Comentaba ella con timidez.
-Bueno en primer lugar quiero que me dejes de hablar con tanta propiedad, no me gusta y en segunda… realmente no me había percatado de mi semblante.
-Me da gusto verlo así…
-Kaede ¿En qué quedamos?
-Lo siento, pero es que es muy difícil.
-¿A Sesshomaru también lo tratas así?
-No, a él tampoco le gustaba que lo tratara con tanto respeto.
-Entonces no tienes opción porque yo insisto en que me llames sólo por mi nombre.
-Bien.
-Falta mucho todavía para ir al Colegio, me estoy desesperando.
Comenté mirando mi reloj porque ya ansiaba verla, no entendía el por qué de esta necesidad pero ahora sentía que Kagome ya era parte de mí.
-¿Puedo ayudarte Inuyasha?
Por primera vez Kaede me hablaba de tú y me sentí con más confianza.
-No creo pero gracias de todos modos aunque quisiera preguntarte algo.
-Dime.
-¿Es normal sentir tanto nerviosismo y temor cuando tienes a tu primer novia?
Kaede sonrió un momento y después me miró.
-Si es lo más normal, uno siempre se pregunta si será la persona correcta o si sólo es algo pasajero, lo único que puedo decirte es que vivas ese momento al máximo porque quizás el día de mañana todo pueda terminar, no te decepciones si no funciona, son experiencias de la vida que tienes que aprender.
Terminé mi desayuno agradecí a Kaede por haberme escuchado y después salí de mi casa, recargué mi cuerpo en la pared a esperar a que Kagome saliera faltaba media hora todavía pero no importaba, aún guardaba la esperanza de que saliera temprano y así fue a los diez minutos la puerta se abrió y la primera en salir fue Kikyou seguida de Kagome que aún no notaba mi presencia pero su hermana le comentó algo y de inmediato volteó a mirarme. Kikyou se despidió de ella y se alejó, tanto Kagome como yo nos quedamos parados sin decir nada, sólo nos miramos entonces ella avanzó hacia mi, cruzó la calle y me saludó con timidez.
-Hola…
Yo la miré con seriedad sin decir nada.
-¿Te sientes bien?
Preguntó un tanto sorprendida por mi repentina actitud.
-¿Qué es lo que quieres niña?
Pregunté con despotismo, ya que quería ver su reacción me gustaba ver su cara de sorpresa, no sabía porqué razón bromeaba de esa manera cuado yo nunca lo hacía pero Kagome era capaz de provocar en mi un sin fin de reacciones.
-Era una broma… no te preocupes… sólo quería ver que cara ponías.
Respondí con una sonrisa pero ella se mantuvo seria.
-Ah con que otra de tus pruebitas… debí imaginármelo…
Comentó molesta y muy ofendida adoptando una actitud de indignación total.
-¿Estás molesta? Perdóname soy un imbécil por favor no te enojes…
Mi bromita fue demasiado estúpida y ahora no sabía como enmendar el problema.
-Vamos… no me gusta verte así.
Dije a manera de contentarla y ella sonrió pícaramente devolviéndome la mirada.
-Eres un tontito claro que no estoy molesta pero tenía que vengarme después de lo que hiciste.
Sonreí y sin previo aviso la tomé de la cintura y comencé a besarla, necesitaba gustar del sabor de su boca, mi acción la tomó de sorpresa por completo porque al principio no aceptaba de tan buena gana mis besos pero después su boca cedió a mis deseos. Nos separamos y entonces la saludé como debí haberlo hecho desde un principio.
-Buenos días… ¿Dormiste bien?
-¡De maravilla! gracias por el concierto de anoche.
Respondió alegre y entusiasmada, el brillo de sus ojos era inexplicable y ahora que los veía ya no notaba su tristeza.
-No es nada sólo deseaba que pasaras una noche tranquila.
-Fue muy hermoso pero es mejor irnos o llegaremos tarde Kurosaki…
-¿Kurosaki¿Aún no puedes llamarme por mi nombre?
Pregunté sorprendido ¿Qué no me tenía confianza?
-Lo siento… es que es la costumbre… Inuyasha.
-Eso suena mucho mejor, bueno ya aclarado este asunto debemos irnos.
Tomé su mochila al igual que su mano y juntos comenzamos a caminar platicando sobre lo que ocurrió un día antes. Me explicó como fue que dio la noticia a su familia sobre nuestro repentino noviazgo.
-Que raro… y yo que me imagine que tu hermana tumbaría la puerta de mi casa por haberme atrevido a besarte.
Comenté porque eso es lo que pensé por algunos instantes y no comprendía del todo la actitud de Kikyou.
-Aunque no lo creas estaba muy contenta nunca la había visto así.
Decía a manera de convencerme de que su hermana no era el ogro que yo me imaginaba. Casi llegábamos a la entrada del Colegio cuando Kagome soltó repentinamente mi mano.
-¿Y ahora que pasa?
Pregunté sorprendido.
-Es que si nos ven tomados de la mano, comenzaran a murmurar y no me gusta.
-¿Te da vergüenza que te vean conmigo?
-¡Claro que no Inuyasha!
-¿Entonces? No veo cuál es el problema a mi no me importa lo que piense la gente eres mi novia y punto.
Concluí tomando de nuevo su delicada mano, mirándola fijamente.
-Tienes razón soy una tonta…
Sonrió y dimos el primer paso en la entrada. Ignoré del todo las miradas curiosas, nuestras ojos se volvieron a encontrar y sonreímos porque esa era la única manera de infundirle un poco de valor a Kagome y que de una vez por todas se dejara de preocupar por lo que ocurriera a su rededor. Entramos al edificio y en cuanto vio a su amiga la saludó.
-¡Buenos días Sango!
-Ho…hola Kagome.
Saludó ella asombrada al vernos tomados de la mano.
-Mira… te presento a mi mejor amiga ella es Natzume Sango.
Decía Kagome, yo por mi parte extendí mi mano con cortesía y nos saludamos.
-Sango te presentó a Kurosaki Inuyasha mi novio…
-¿Tu novio¡No puedo creerlo¿Desde cuándo?
-Desde ayer…
-Pues muchas felicidades y disculpa mi actitud Kurosaki pero es que esto me tomó por sorpresa…
Se disculpaba ella por aquel lapso de confusión, pero su semblante cambió totalmente y ahora me sonreía.
-No te preocupes es normal lo entiendo y lo mismo va a pasar con algunas personas más pero es algo que puedo controlar.
Respondí amablemente.
-Que bueno por ustedes… pero te advierto que si lastimas a mi amiga o la haces llorar yo misma te golpearé…
Comentaba Sango en tono autoritario, como una madre mandona, por un momento pensé que era Kikyou quien hablaba.
-Si claro, no te preocupes jamás la haré llorar…
Posé mi brazo sobre el hombro de Kagome para atraerla hacia mí y abrazarla.
-¡OYE INÚTIL SUELTA A KAGOME!
Grito repentinamente una voz que reconocí de inmediato, era el estúpido de Kouga. Sango se interpuso entre él y yo evitando que lo golpeara por haberme gritado.
-Déjalo en paz Kouga no está haciendo nada malo.
Insistía Sango tratando de controlar a su amigo, pero el muy tonto no entendía razones.
-¿Qué no está haciendo nada malo¡Está tocando a mi chica!
-¿Tu chica?
Miré sorprendido a Kagome ¿Acaso fueron novios y por eso estaba él tan molesto¿O es que estaba jugando con los dos al mismo tiempo?
-Tú y yo sólo somos amigos Kouga… no somos nada más…
Gritó Kagome sorprendida despejando mis dudas, comprendí que ese sujeto no era correspondido.
-Pero Kagome… tú sabes que yo te quiero no puedo verte sólo como una amiga…
Furioso y fuera de mis casillas lo tome del cuello del gakurán y lo estrellé contra la pared.
-Ya la escuchaste imbécil… no quiero que te le acerques, ella no es tu novia ¿Entiendes?
-Inuyasha no lo lastimes suéltalo por favor…
Kagome me tomaba del brazo, su voz y esa mirada llena de temor me regresaron a la realidad y entonces lo solté.
-Tienes suerte inútil si vuelvo a ver que te le acercas a Kagome entonces será mejor que corras porque sino lo haces te aniquilaré.
-No me importa lo que digas Kurosaki no te tengo miedo yo lucharé por su amor y ni tú ni nadie me lo va a impedir…
-¿Por su amor? Que pena pero al parecer ella ya escogió a otra persona… así que te vuelvo a repetir una vez más… ¡NO TE ACERQUES A MI NOVIA!
Grite con fuerza esto último para que jamás pudiera olvidarlo, deseando que mi voz taladrara sus oídos y cabeza hasta que pudiera comprenderlo.
-¿Tu… tu novia¿Es una broma verdad Kagome?
Preguntó Kouga incrédulo sin dejar de mirar a Kagome.
-Lo siento pero es verdad… Inuyasha y yo somos novios…
Respondió Kagome y entonces ese sujeto de alejó de nosotros sin decir nada.
-No tenías que ser tan duro Inuyasha.
Me reclamó Kagome molesta y entonces me enfurecí pero traté de que mi tono de voz fuera de lo más tranquilo.
-Lo siento pero no me agradó nada que ese tipo me gritara que eras su chica.
Contesté con seriedad.
-Tu novio tiene razón Kagome, Kouga rebasó los limites y aunque no tuvieras novio no tiene porqué andar diciendo mentiras… no te preocupes yo hablaré con él más tarde pero por ahora lo mejor será dejarlo solo.
Sango comprendió mejor la situación que Kagome y eso me decepcionó un poco.
-Pero me preocupa, después de todo es mi amigo…
¿Qué le ocurría¿Por qué Kagome no me comprendía¿Por qué le daba más importancia a ese sujeto que a mí?
-Tranquila ya se le pasará es sólo un berrinche, te convertiste en un capricho para él y tiene que afrontar su realidad, tú ya escogiste a otra persona y es en Kurosaki en quien te tienes que preocupar no es justo que lo trates así después de todo es lógico que se moleste…
Decía Sango como si en realidad ella fuera mi novia y no Kagome, tal parece que la amiga me comprendía más que la mujer que yo había escogido.
-Nos vemos en el receso Kagome en el mismo lugar de ayer quiero hablar contigo…
Me despedí con seriedad pero procurando ser lo más amable, reprimiendo mi furia en las entrañas antes de cometer una tontería y echar todo a perder. Un último beso en la mejilla y subí con desesperación las escaleras dejándola sólo con su amiga.
En ese momento no me importaba lo que ella sintiera, mi molestia sobrepasaba ese tipo de preocupaciones, me sentía un tanto humillado y demasiado ridículo, esta era una de las principales razones por las que siempre me apartaba de las mujeres, el vivir este tipo de sensaciones me mataba. Lo peor de todo fue cuando me di cuenta cuál era la clase que me tocaba… Cálculo.
Ese engendro de Kuroda me fulminaba con la mirada mientras exponía su tema y de vez en cuando no dejaba de torturarme con sus insufribles indirectas, desgraciadamente mi clase duraba dos horas, horas que parecieron siglos y que me molestaban en muchas cuestiones, de buena gana me hubiera levantado de mi asiento y salirme de la clases pero amablemente el profesor me amenazó al inicio de su clase. Si me atrevía una vez más a ignorarlo y salirme del aula como si fuera yo el dueño del colegio me expulsaría.
Por obvias razones tuve que fingir temor ya que sabía perfectamente que para ese tipo de medidas drásticas se necesitaba la orden del Director por lo tanto, el asunto no llegaría más lejos, Kyo jamás me expulsaría por lo menos no por las tonterías de Kuroda. Y en vista de que yo ya estaba reprobado en el trimestre y muy probablemente me encontraba a un paso del examen extraordinario mi despreocupación por las clases, apuntes y tareas fue más descarada que de costumbre, en fin era lo menos que podía hacer para liberar mi enojo.
Mi infierno terminó "aparentemente", Kuroda me llamó antes de salir del salón y me ordenó que lo siguiera.
-Verás muchachito no siempre se puede hacer de la vida lo que uno quiere, hay reglas que se implementan para el mejoramiento de una sociedad.
-¿Y eso que tiene que ver conmigo?
-Mucho Kurosaki, creo que aún no has comprendido muy bien lo que he tratado de explicarte desde el primer día en que llegaste aquí, piensas que por ser joven puedes hacer lo que te apetezca, pero no, recuérdalo muy bien, no puedes pisotear y manipular a tu antojo las reglas de este maravilloso Colegio, muchos matarían por tener un lugar aquí y tú sólo lo desperdicias en tonterías, no eres mas que escoria y por eso te remitiré directamente con el Director, por lo que sé sus métodos han mejorado un poco tu conducta, pero opino que necesitas más "educación especial" y él es la persona más indicada.
Tan solo veía que Kuroda movía la boca, no me interesaba lo que proviniera de ese enano, mi mente aún continuaba en Kagome y simplemente yo lo seguía por inercia y porque no tenía otro remedio, las estupideces que pronunciaba ese sujeto iban y venían en mi cabeza como agua turbia y asquerosa la cual estaba dispuesto a desechar por el caño.
Llegamos a la Dirección y entramos.
-Disculpe señor Director necesito tratar un asunto urgente…
-¿Y ahora qué hizo este niño Kuroda? Ya estoy fastidiado de él… ¿Podría solucionar este problemas usted solo?
-Perdone que lo moleste, pero es que este alumno insiste en violar el Reglamento de este Colegio a toda costa y es algo que no podemos tolerar, podría influenciar a los demás alumnos y entonces…
-Si Kuroda… ya sé, pero no creo que Kurosaki tenga la capacidad ni el entendimiento necesario para armar algún tipo de Revolución, ahora dígame qué fue lo que pasó y rápido porque tengo muchas cosas que hacer.
-Verá señor, el muchacho, no asiste a mis clases, no entrega tareas, tampoco trabaja en el salón y mucho menos participa, se atrevió a enfrentarme frente a la clase humillando mi dignidad.
-¿Ya lo castigo por esas acciones?
-Si, lo reprobé el trimestre, pero al parecer no le importa.
-Entonces mándelo automáticamente a extraordinario.
-Es lo que estaba pensando pero necesito de su consentimiento.
-Lo tiene, ahora Kuroda si me disculpa tengo cosas que hacer…
-¿Mientras que hago con el muchacho?
-Que se presente a su siguiente clase o mejor… déjelo aquí… Kurosaki quiero que tomes seis libros del estante y que los apiles en tu cabeza parado en aquel rincón.
-Excelente castigo señor pero no sería mejor algún método más drástico.
-No creo Kuroda, por el momento supongo que no podrá tolerar tanto peso en su nuca por más de dos horas.
-Como usted guste señor… Kurosaki el director dio un orden.
Ahora si Kyo se había excedido en sus dotes actorales, pero todo se solucionaría en cuanto ese enano saliera. Me dirigí al gran librero que había a un lado de la puerta y tomé los seis libros.
-Kurosaki… tomarás los más pesados.
Ordenó Kyo con voz áspera, Kuroda sólo rió malévolamente y con desgana tomé los libros más pesados que vi y los coloqué sobre mi cabeza, pesaban demasiado pero sólo era un tormento que duraría unos cuantos segundos. El pigmeo de Kuroda se retiró con una reverencia y muy contento porque no dejaba de esbozar una gran sonrisa. Kyo y yo nos quedamos solos. Él se sentó en su habitual silla y comenzó a leer de mala gana ciertos documentos que se encontraban en el escritorio, en cuanto consideré prudente me comencé a deshacer de los dichosos libros.
-Nunca dije que te los quitaras Inuyasha…
Dijo Kyo repentinamente con voz seca sin dejar de mirar sus documentos.
-¿No hablas en serio verdad? No pensarás que me quedaré aquí parado con estos libros.
-No es una broma Inuyasha, ahora sí es un castigo de verdad.
-¿Pero por qué?
-Por descuidar tus estudios por eso.
-Kyo por favor esto pesa demasiado…
-El conocimiento suele ser en algún momento una carga pesada.
-No estoy de humor para tus sarcasmos.
-Y yo tampoco estoy de humor como para andar de niñera.
-¿Qué te ocurre? Tú no eres así…
-Si lo soy, sucede que esta vez me hiciste enojar ¿Acaso no te preocupa tu futuro?
-Ya hemos hablado de eso sabes que no.
-¿Pretendes convertirte en un bandolero?
-No necesariamente, pero no veo por qué tenga que estudiar.
-¡Jamás creí que tu boca pronunciaría tal estupidez!
-Pareciera que estuviera escuchando a mi padre…
-Recuerda que soy tu tutor así que tengo todo el derecho de reprenderte cuando te lo mereces.
-No fue mi culpa Kuroda me provocó.
-Eso no importa Inuyasha, habías prometido controlarte y no seguir provocando a ese sujeto pero veo que no entiendes, confío en que este castigo te sirva de lección.
-¿Cuánto tiempo duraré así?
-Una hora.
-Grandioso…
-Si no te parece entonces dejaremos que se han dos, tú decides…
-Olvídalo.
Estaba al borde de la locura, primero lo de Kagome, ahora esto ¿Qué el mundo complotaba en mi contra?
Tocaron la puerta, Kyo permitió el acceso de esa persona… ¡Demonios lo que me faltaba!
-Vaya que sorpresa… ¿Entrenando Inuyasha?
-Vete al infierno Sesshomaru.
-Como digas…
Sesshomaru se volvió hacia Kyo y su semblante cambió.
-Tenemos un problema, otro incidente esta vez fue una muchacha, la encontraron inconciente en el borde de la piscina, su cuerpo mostraba muchos golpes…
-¡No puede ser! Con esto el número haciende a tres en una semana, esto se me está saliendo de las manos, Sesshomaru te juro que ya no puedo con tanta presión…
-Lo sé pero desgraciadamente Katsuragi siempre tiene una coartada y nunca deja pruebas.
-Es un chico demasiado listo… ¿Pero atacar también a las jovencitas? Sólo una mente monstruosa puede hacer algo así.
-¿Puedo hablar? Hay algo que tienen que saber los dos.
Comenté desde el rincón interrumpiendo aquella conversación.
-Inuyasha no es momento para que escuchemos tus tonterías, además estás castigado…
-Sesshomaru contrólate por favor, tampoco es el momento para que empieces con tus arranques de odio… Inuyasha puedes quitarte esos libros… siéntate por favor.
Comentó Kyo señalando con su mano la silla vacía que se encontraba justamente al lado derecho de mi querido hermano frente a su escritorio. Coloqué los libros en su lugar y después tomé asiento.
-Bien Inuyasha ¿Qué es lo que sabes?
Preguntó tranquilamente Kyo.
-Recuerdan a la chica que apuñalearon hace unos días.
-Si claro, cómo olvidarlo.
Respondió Kyo ansioso.
-Bueno por lo que sé no fue un asalto o un ataque pandillero, al parecer Náraku y su hermana tuvieron que ver.
-¿Qué dices¿De dónde diablos has sacado eso?
Cuestionó Sesshomaru incrédulo.
-El sábado en la tarde esas hermanas y dos de sus amigos visitaron el negocio de los Ishida, poco después llegó Náraku de nuevo a amenazar a esa familia, pero se encontró con Kikyou y ella inmediatamente lo culpó a él y a su hermana frente a todos por el atentado que habían sufrido, Náraku no negó ni afirmó culpabilidad, después de eso yo le reclamé lo que le había hecho Miroku y ahora sí admitió que fue él quien planeo todo.
-¿De verdad¿Hubo testigos?
Preguntó impaciente Sesshomaru.
-Si, los Ishida, las hermanas Higurashi y sus dos amigos y por supuesto yo.
-¿No había nadie más?
-No.
-Demonios eso no ayuda mucho, el testimonio de unos estudiantes carece de fidelidad, quizás nos sirva el anciano pero no creo que podamos hacer mucho. Náraku saldría librado de esto muy rápido. Por lo menos esto explica mejor las cosas, ahora se puede comprender que es la hermana quien realiza todo el trabajo mientras que su querido hermano sólo alza el dedo.
Comentaba decepcionado Sesshomaru al ver su única esperanza nublada.
-Eso parece.
-Vaya Inuyasha no pensé que tu comentario nos ayudara en algo.
Comentaba sarcásticamente el engreído de mi hermano.
-Di lo que quieras pero al menos mi testimonio te sirve para que dejes de vigilar sólo a Náraku y pongas más atención en sus demás familiares.
-A mi no me das órdenes Inuyasha, yo ya sospechaba desde antes de su hermana, sólo quería corroborar… inútil.
-Si como digas…
-¿Podrían calmarse ya? Estoy muy estresado y escuchar sus absurdas peleas me inquieta más.
-Lo siento.
Comenté apenando mientras que Sesshomaru guardaba absoluto silencio.
-Bueno sólo vine a informarte sobre esto, tengo que regresar a dar mis clases Kyo.
-Bien.
Sesshomaru salió dejándonos solos a Kyo y a mí.
-¿Puedo ayudarte en algo?
-Ojala se pudiera, pero gracias de todos modos…
-Te ves muy agotado, tu carga es muy pesada por qué no aceptas que te ayude.
-Porque no quiero involucrar a más gente es este asunto, Sesshomaru y yo arreglaremos esto.
-¡Por favor¡Mírate! Te has descuidado bastante…
-¿Tan mal semblante tengo? Demasiado, si no quieres levantar sospechas mejor cuídate más o de lo contrario Náraku te tomará como enemigo débil.
-En eso tienes razón pero bueno ya no hay que hablar de esto… y dime ¿Es cierto el rumor que escuché hace unas horas?
-¿Cuál rumor?
-De que ya tienes novia…
De inmediato los colores se me subieron al rostro.
-¿Quién te dijo eso?
-Bueno en realidad nadie, sólo lo escuché de unas chicas que lo comentaban mientras me dirigía hacia el audiovisual.
-Vaya… los chismes en este colegio corren muy rápido.
-¡Entonces es cierto! Nunca espero algo así de ti ¿Quién es la afortunada?
-Kagome Higurashi.
-¡No¡Es imposible¿Qué no se odiaban?
-Al parecer ya no pero en realidad es algo sin importancia.
-¿Qué no le de importancia? Pero si tu siempre te negaste a las mujeres ¿Por qué el cambio?
-Lo mismo me pregunto, creo que cometí un error, siento que me arrepentiré de esto por toda mi vida…
-No hables así, suenas como un sujeto despechado y abandonado.
-Así me siento, pienso que he perdido una parte de mi y que me he vuelto débil al dejarme envolver por la presencia de una mujer.
-Pero tarde o temprano tenía que ocurrir, te servirá de experiencia, si los beneficios o la desgracias que trae el amor no van contigo, simplemente puedes ignorarlo y despojarte de él, siempre y cuando estés a tiempo, porqué después aunque pasen mil años jamás podrás borrarlo de tu alma.
-¿Alguna ves te has enamorado?
-Muchas, de jóvenes tu padre y yo éramos unos casanovas hasta que llegó a nuestra vida una mujer…
-¿Qué mujer¿La conozco?
-No Inuyasha ya no tuviste la oportunidad de conocerla, ella murió hace años.
-Que pena¿Y aún sigues pensando en ella?
-Con toda mi alma, aunque no fue destinada para mi nunca pude olvidarla.
-¿Y porqué no luchaste por ella?
-Porque quise respetar su decisión, yo no fui el elegido así que preferí por lo menos conservar su amistad, tampoco era mi intención perder a mi mejor amigo por eso.
-¿Tu mejor amigo¿Te refieres a…?
-Si Inuyasha a tu padre…, la mujer que siempre amé y que seguiré amando toda mi vida es Sonomi Nomura, la primera esposa de Inutashio.
-¿Y cómo pudiste soportar eso?
-No lo sé, por momentos pensaba que debería luchar por ella y enfrentarme a mi propio amigo, pero por otro tenía que reconocer que en el amor no se manda y simplemente ella no estaba destinada para mí.
-Eso es muy triste¿Papá lo sabe?
-Si, tuve que confesárselo hace algunos años, me había jurado que me llevaría ese secreto a la tumba para no hacer sufrir a las dos personas que más quería ya que ellos se amaban intensamente, pero… cuando ella murió todo terminó ya no era necesario cargar con ese peso que tanto daño me hacía.
-¿Y qué dice Sesshomaru?
-Eso muchacho me sorprendió. Cuando llegó a Japón después de pelearse con tu padre se lo confesé también, en ese momento pensé que me haría trizas pero su respuesta me dejo impresionado.
-¿Qué te dijo?
-Que daría todo con tal de que yo fuera su padre.
-Entonces esa es la razón por la cual nunca te casaste ni tuviste hijos…
-¿Quién te dijo que no tengo hijos?
-¿En serio tienes hijos, quiénes son?
-Veo que no me conoces, por supuesto que tengo dos, demasiado problemáticos pero al fin y al cabo los considero como míos aunque no los haya engendrado.
-No entiendo.
-Me refiero a Sesshomaru y a ti por supuesto, realmente ustedes dos son un gran dolor de cabeza pero vale la pena porque en el fondo, muy en el fondo… ambos son buenas personas.
-Yo también te considero como un padre, quizás te estimo más que el que me engendró y más ahora que sé la forma tan repugnante en que trató a Sesshomaru después de que su madre murió.
-No deberías juzgarlo, Inutashio ya está pagando por lo que hizo y vaya que lo está sufriendo, la vida se ha encargado de cobrarle ese error, Sesshomaru jamás lo perdonara eso está claro, pero al menos tú deberías tratar de comprenderlo un poco, no justifico lo que hizo yo mismo me dediqué a darle su merecido por todo lo que le hizo a tu hermano pero él simplemente enloqueció cuando perdió a la mujer que amaba, quizás cuando te enamores lo comprendas…
-Yo jamás despreciaría mis hijos, simplemente no puedo entenderlo.
-Ese es tu punto de vista Inuyasha, pero no todas las personas pensamos lo mismo y eso siempre trae una consecuencia ya sea buena o mala.
-¡Por eso es que no quiero enamorarme¡No quiero perder la cabeza!
-Tranquilo Inuyasha no necesariamente tienes que enamorarte del primer amor, quizás esto que estas viviendo sólo se pasajero así que no te atormentes.
-Es que no creo que sea pasajero, Miroku y el abuelo afirman que yo ya me enamoré.
-Dime Inuyasha ¿Estarías dispuesto a dar todo de ti, incluso la propia vida con tal de que ella fuera feliz?
-Si, estaría dispuesto con tal de que siempre sonriera.
-Entonces… sí estas enamorado.
-¿Aunque tenga poco tiempo de conocerla?
-Eso no importa, el tiempo es lo de menos cuando una persona está destinada para ti es irreversible.
-Creo que por fin ya me estoy dando cuenta aunque, una parte de mi insiste en negarse a este sentimiento
-Me imagino el conflicto por el has de estar atravesando, creo que últimamente tu vida ha sido muy volátil, hace unos meses llegaste con la idea de seguir siendo ese ente oscuro e inhumano, un ser que carecía de cualquier sentimiento y que se odiaba así mismo pero ahora… tus ojos lo dicen todo, por fin hay vida, existe un pequeño rayo de luz que te indica que no todo es oscuridad, ahora tienes a tu lado más personas que te aprecian, amigos, familiares, una novia, todos ellos sin darse cuenta le han dado un rumbo a tu vida que jamás hubieras podido encontrar por ti mismo.
-El abuelo también me lo ha dicho, yo también llegué a esa conclusión pero sigo teniendo miedo a la decepción ¿Y si todo esto es pasajero? La alegría llegó repentinamente a mi vida, pero así como llegó también puede desaparecer en cualquier instante.
-Tranquilo Inuyasha ¿Qué puede ser tan grave? Ahora tienes una oportunidad única para vivirla al máximo, aprovéchala y procura no pensar en la fatalidad.
-Bien, bueno Kyo esta plática fue muy fructífera pero ya me tengo que ir no quiero seguir quitándote el tiempo.
-Te aseguro que no me quitas el tiempo…
-Bueno hasta luego…
-Inuyasha…
-Dime.
-Nunca te dije que podías retirarte, aún no cumples con tu castigo.
-¿Podrías olvidarlo?
-No, es algo que te mereces y es justo que por lo menos alguna vez en tu vida cumplas aunque sea con alguna regla.
-Como digas.
-Perfecto, yo te avisaré cuando puedas retirarte.
-Que gentil…
Exclame sarcásticamente, y yo que pensé que me libraría del castigo con aquella plática a corazón abierto pero conociendo a Kyo era evidente que no lo engañaría fácilmente. Los minutos trascurrieron con tal lentitud que por momentos estuve a punto de quedarme dormido. La actitud de mi maestro era impresionante porque tal pareciera que yo no existía en esa habitación. Se encontraba tan perdido en sus asuntos que cuando miré mi reloj ya habían trascurrido diez minutos de la hora en que acordé de verme con Kagome.
-Kyo… ¿Puedo irme?
-No Inuyasha, te quedarás hasta que termine el receso.
-Pero es que…
-No insistas, me sorprende que seas tan terco con tus sanciones, nunca te habías quejado.
-Lo sé, si quieres continuo con mi condena más tarde pero es que me quedé de ver con Kagome y me debe estar esperando en estos momentos.
-¡Que barbaridad y por qué no me lo habías dicho¡Deja esos libros no debes dejar esperando a tu dama!
-Ahora resulta que yo tuve la culpa…
-Como sea ya vete no te recomiendo hacer enojar a una mujer.
-Créeme Kyo he visto enojada a esta mujer y la experiencia fue terrible.
-Como digas…
Salí corriendo a toda prisa de la Dirección, bajé los escalones en saltos y en pocos segundos ya me encontraba saliendo del edificio como desesperado. Llegue a mi cita con Kagome un tanto sofocado. Pero con tan solo ver su rostro se me olvidó mi repentino cansancio.
-Perdón… pero… tuve un contratiempo…
-No te preocupes casi acabo de llegar… y dime… ¿De que querías hablar?
Comentó Kagome con desgana yéndose directo al grano sin pedirme ninguna explicación por mi retardo, gesto que en verdad le agradecía.
-Sobre ese tipo…
Contesté repentinamente con cierta seriedad de tan solo recordar a ese hombre.
-Lo sé, pero no puedo alejarlo de mí de una manera violenta, él es mi amigo y no puedo hacerle eso, desde que llegué me ha apoyado mucho.
-Ya lo sé y sé también que no puedo pedirte que dejes de hablarle no soy tu amo lo que me molesta es que él no te vea sólo como su amiga…
-Pero no es mi culpa…
-También lo sé pero cada vez que se te acerca me enferma…
-¿Estás celoso?
-Si y mucho no me importan los amigos que tengas siempre y cuado sus intenciones sólo sean esas… pero no puedo tolerar que otros sujetos intenten cortejarte.
-Descuida no pienso hacerles caso…
Posó su mano sobre mi mejilla y entonces no contuve mis deseos por abrazarla.
-¿Qué es esto que sentimos Kagome?
Pregunté repentinamente, necesitaba saber qué era lo que ella pensaba y sobre todo cuáles eran sus verdaderos sentimientos sobre esta repentina relación.
-No lo sé pero ahora me cuesta más trabajo dejar de pensar en ti, me siento bien cuando me abrazas o cuando simplemente estás a mi lado.
Decía ella estrechándome más con sus brazos, deseosa de que no me apartara de su cálido cuerpo.
-Yo estoy muy confundido por ninguna mujer he sentido esto…
-¿Y qué sientes Inuyasha?
-No se, es algo me cuesta trabajo explicar casi no pude dormir pensando en nosotros, por algunos momentos dudé de sí había tomado la decisión correcta.
-Inuyasha si no estás seguro lo mejor será separarnos.
-El problema es que no quiero… mi parte oscura y enferma me pide a gritos deshacerme de este nuevo sentimiento, de esta extraña sensación… pero por otro lado hay algo en mi ser que se inquieta con tu presencia, jamás estuve tan cerca de una mujer a acepción de mi madre…
-La situación es la misma conmigo, ningún chico se había interesado en mí, siempre he creído que soy poca cosa, que hay chicas mucho más atractivas e interesantes que yo y cuando te vi pensé que serías un sueño inalcanzable y que nunca te fijarías en alguien tan débil.
-Y yo jamás pensé que algún día sentiría esto, esa extraña necesidad de tenerte en mis brazos y de pensar en ti, de disfrutar tus besos, tu aroma ¿Es esto a lo que llaman amor?
Pregunté con inocencia, ansioso de que Kagome pudiera darme la respuesta que necesitaba.
-¿Amor? No creo que ese sentimiento crezca de la noche a la mañana, en estos momentos lo que sentimos es atracción, apenas nos estamos conociendo es muy pronto para afirmar que estamos enamorados.
Es verdad, muchas veces se puede llegar a confundir las emociones y los sentimientos pero en mi caso había momentos en los cuales mis impulsos me indicaban realizar acciones que en verdad me sorprendían.
-Entonces explícame porque no puedo evitar hacer esto…
Tiernamente volví a besarla, necesitaba del sabor de sus labios y de su calidez, su aroma me volvía loco, desde un principio Kagome había logrado impregnarse en mí sin que yo me diera cuenta o es que simplemente me negaba a la atracción oculta que sentía por ella. Mis labios experimentaban una sensación placentera, la bestia en mi estómago se revolcaba de felicidad por su contacto, mi deseo por disgustar más de su boca al parecer era insaciable, mi intención no era separarme en ningún momento de esa fuente de felicidad y mientras la besaba comencé a pensar en voz alta…
-¿Por qué Kagome¿Por qué me atraes tanto?
-No lo sé.
-¿Acaso eres la respuesta a lo que tanto he buscado?
-Y si lo fuera… ¿Permitirías que nos separaran?
-Jamás… si fueras lo que busco no te dejaría, te retendría a mi lado.
-Inuyasha… nunca juegues conmigo no vuelvas a ponerme nunca más a prueba, me lastimarías demasiado.
-No te preocupes no volveré hacerlo.
Esa necesidad por tenerla entre mis brazos por acariciar su suave cabellera, por sentir el contacto de su piel no se menguaba en absoluto y entonces fue Kagome la que logró poner fin a esta extraña pasión. Se recargó en mi pecho mientras que yo recargaba mi cabeza en su hombro, ahora podía sentirla más cerca, miré su cuello y me preguntaba si ella se molestaría por atreverme a besarlo noté que Kagome también se sentía un tanto incómoda así que lo mejor por el momento era separarnos.
Pude percatarme que mi querida novia llevaba consigo dos almuerzos, y esta vez ese desayuno no era precisamente para ese bobo, sino para mí su único y verdadero novio. No lo pensé dos veces y de inmediato lo abrí y sin pensarlo comencé a devorarlo ignorando la cara de sorpresa de Kagome que finamente y con toda clase disfrutaba de sus alimentos mientras que yo devoraba todo como una vil bestia.
-¡Esto está delicioso Kagome¿No quieres ser mi esposa?
-¿Me pides eso sólo por la comida?
-Puede ser… si fueras mi señora ten por seguro que sería feliz con esta comida pero no te angusties no pienso casarme sino hasta dentro de muchos… muchos años, eso del matrimonio no va conmigo.
-¿De verdad? Sinceramente si sólo me quieres a tu lado para que te cocine no me interesaría en lo absoluto ser tu esposa.
-Sólo estoy bromeando… oye… ¿Vas a comerte eso?
Comenté con tono hambriento señalando su desayuno.
-Toma… yo comeré lo que sobre no tengo mucha hambre.
Decía con cierta voz de resignación.
-Come tu primero yo me terminaré lo que sobre no quiero que por mi culpa te alimentes mal.
Respondí con cierta vergüenza pero es que mi ojos no podían despegarse de esa grandiosa comida, me costaba mucho trabajo.
-Como digas...
Dijo ella con desgana.
-Y dime Inuyasha ¿En dónde vivías antes¿A qué escuela asistías?
Guardé silencio, la felicidad que había sentido segundos antes se había desvanecido porque aún no me sentía preparado para contarle a Kagome sobre mi pasado, por un segundo se me ocurrió cambiar de tema, pero no era justo para Kagome ya que ella días antes me había abierto su corazón y lo menos que podía hacer era corresponderle de la misma manera y entones comencé a relatar mi funesta vida.
-Desde niño hasta hace poco vivía en Italia con mis padres.
-¿De verdad? Sólo una vez estuve en ese país pero no es recuerdo agradable ahí fue donde papá murió.
-Ya veo, sinceramente no es un lugar fuera de lo común no hay muchas cosas interesantes por eso es que siempre anduve vagando de una escuela a otra.
-¿Viajabas continuamente?
-No, me expulsaban, estuve en muchos Colegios pero siempre era lo mismo, ya sabes… soy muy agresivo y no mido mis fuerzas así que por eso decidieron enviarme a Japón para ver si así sentaba cabeza.
-¿Y te gusta esta escuela?
-Al principio me parecía aburrida pero no sé porque de un tiempo para acá me ha parecido un tanto interesante, yo que se, hay algo diferente en este lugar que lo distingue de los demás…
-Cuando te vi por primera vez parecías una persona demasiado violenta pero pude darme cuenta que en ti reinaba la soledad y el hastío, quizás esa fue la principal razón para que me llamaras la atención.
Las palabras de Kagome denotaban cierta nostalgia y yo recordé con claridad el momento en que la vi por primera vez, ahora ya no me parecía indiferente la forma tan grosera en que la había tratado sinceramente me sentía una basura.
-Que extraño… eres la segunda persona que me dice eso, primero fue Miroku y ahora tú y tienen mucha razón antes me sentía fastidiado de la vida, la detestaba por ser monótona y aburrida, nunca encontraba algo que llamara mi atención pero cuando conocí a mi amigo las cosas cambiaron. Sin darme cuenta mi duro corazón comenzó a mostrarse más sensible y ahora que estás conmigo mi carga ya no se siente tan pesada… Kagome… ¿Me ayudarías a sanarlo por completo?
Ella y Miroku al parecer eran las únicas personas con la facultad de cambiar mi mundo, ahora ellos eran las personas que más apreciaba y por las que estaba dispuesto a dar la vida con tal de que siguieran viviendo, pero había algo que Miroku no podía darme y que sólo Kagome podía brindarme, cariño y deseo.
-Si está en mis manos con mucho gusto, pero no se a que refieras con sanarlo.
Respondió ella desconcertada al no entender mis palabras.
-Yo me entiendo no es necesario que te lo propongas, ni tu misma te has dado cuenta lo mucho que me has ayudado, por lo menos a tu lado puedo recordar que aún soy humano y que tengo sentimientos.
-Lo mismo digo Inuyasha, tu sola presencia a menguado aquella gran tristeza y ahora sé que por lo menos hay alguien más en este mundo que me aprecia y eso me hace feliz.
-Pero tengo miedo que mi carácter tan vulnerable termine por lastimarte…
-Eso no lo sabemos… por ahora es mejor vivir al máximo cada día sin preocuparnos por un mañana que no existe.
-Tienes razón…
Concluí, a lo lejos se escuchó el sonar de la campana ya era hora de regresar a clases. Ayudé a Kagome a levantarse pero aproveché la situación para volverla a estrechar en mis brazos. Me agradaba mirarla, explorar sus ojos, aquellos ojos oscuros llenos de enigma y misterio, una mirada que era capaz de pronunciar mil palabras sin necesidad de hablar. Nos tomamos de la mano y juntos caminamos hacia el Colegio, un beso en la mejilla y después la despedida.
-Te esperaré en la salida Kagome…
-Si…
La dejé en el primer piso, vi como se alejaba y se adentraba a su aula después de eso yo continué con mi rumbo.
Ya en la tarde fui a visitar a Miroku como de costumbre, bueno casi, porque llegué mucho más tarde de lo normal ya que Kagome y yo nos habíamos citado en el parque y las horas trascurrieron sin que nos diéramos cuenta.
-Hola Inuyasha pensé que no vendrías ¿Pasó algo?
Comentó Miroku al verme.
-No fue nada malo, sólo se me hizo tarde por estar con alguien.
-Que bueno… ¿Y con quién estabas?
-Con mi novia.
Miroku agrandó sus ojos, pensé que se saldrían de sus cuencas.
-¡Es una broma Inuyasha¿Tú con una novia? No lo creo… eso es imposible.
Decía mi amigo en carcajadas pero en vez de que me molestara me causaba también algo de gracia.
-No es ninguna broma hermano… hablo en serio, Kagome aceptó ser mi novia.
-¿Después de la cachetada que te dio?
-Si, al menos sirvió de algo ese dolor.
-¡Que bien amigo te felicito! Aunque te envidio ella es muy bonita ojala yo tuviera a mi lado una mujer así, aunque su hermana también es hermosa…
-Te conviene no involucrarte con ella, Kikyou es una fiera y nunca podrás domarla no tienes la capacidad.
-¿Y qué me dices de su amiga?
-¿Hablas de Sango?
-No se, no la conozco, hasta hoy Kagome me la presentó pero se ve que también es de armas tomar.
-Bueno nadie dijo que las guerras fueran fáciles.
Miroku no tenía remedio, era un obsesivo de las mujeres pero el muy tonto tenía la culpa por no tener compañía a su lado, era demasiado infiel y pervertido como para que una mujer en su sano juicio lo tomara en serio. Después de un par de horas salí de su casa. Cuando llegué a mi hogar lo único que hice fue interpretar una melodía para Kagome como todas las noches y después me recosté.
A la mañana siguiente fui por Miroku hasta su casa para irnos juntos al Colegio ya que el señor anhelaba profundamente regresar a retomar sus clases. Yo insistí en tomar un taxi pero él se negó rotundamente. Al llegar a la entrada del Colegio me encontré con Kagome y su hermana, ambas saludaron a mi amigo y él como de costumbre empezó a coquetear, poco después llegó Sango, la amiga de Kagome y juntos caminamos hacia el edificio principal. Las chicas fueron las primeras en ascender primero las escaleras, cada una a su respectivo salón mientras que Miroku y yo subíamos con absoluta lentitud hasta el segundo piso.
Cuando por fin llegamos al salón, la impresión del grupo fue exactamente lo que me esperaba. Todos se sorprendieron al vernos entrar, pero sobre todo al ver a Miroku tan lesionado, murmuraban unos con otros mientras que nosotros ignorábamos por completo sus comentarios, después de todo ninguno de ellos se había preocupado por preguntar sobre su ausencia y eso me molestaba.
-No les hagas caso Inuyasha, son unos tontos y egoístas, lo único que hacen es criticar, seguramente han de suponer que fuiste tú quien me lastimó.
-Si es lo más seguro, pero bueno, ya estás aquí así que disfruta tu estancia Miroku mientras yo me duermo.
-No tienes remedio…
Las clases empezaron, Miroku se mostraba entusiasmado mientras que yo aburrido y fastidiado como de costumbre, pensando únicamente en el momento de poderme reunir de nuevo con Kagome en el receso. Cuando llegué al Colegio no pude saludarla como yo hubiera deseado pero sabía que ella entendería perfectamente mis razones. La campana sonó ya era receso, Miroku y yo de inmediato nos levantamos y salimos de aquel terrible salón y al bajar por las escaleras me encontré con Kikyou que me saludó con alegría.
-¡Pero si es mi cuñado preferido cuánto tiempo sin verte!
-No sé porque dices eso de cuñado preferido, que yo sepa soy el único… ¿O es que hay alguien más?
-No lamentablemente no lo hay, pero bueno nada puedo hacer…
-Eres toda una dulzura hermanita…
Comenté con sarcasmo ya que a Kikyou le molestaba que la llamara de esa forma.
-Kagome nos espera, tengo tanta hambre que podría comerme todos esos desayunos…
Decía ella con desesperación mientras se frotaba el estómago, sus intenciones con esa comida me molestaban
-Ni se te ocurra tocar mi desayuno Kikyou es lo último que puedes hacer en tu vida.
Dije en tono amenazador.
-Quisiera ver que lo intentes, cuando se trata de algo preparado por Kagome nada me detiene.
-Eso lo veremos…
Bajamos con cuidado esperando a mi amigo y en el primer piso nos encontramos con Kagome, Sango y también…
-¿Quieres morirte inútil? Te dije que te alejaras de Kagome.
Comenté molesto con la presencia de Kouga.
-Tranquilo Inuyasha Kouga sólo desea hablar contigo eso es todo…
Intervino Kagome.
-¿Y que es lo que quieres decirme? Dilo rápido y lárgate.
-Preferiría que fuera a solas…
Respondió ese sujeto arrastrando los dientes. Las chicas y Miroku se alejaron con todo tacto. Kouga y yo permanecimos solos en el descanso de aquella escalera.
-Bien te escucho…
-Kurosaki sabes muy bien lo mucho que te detesto y que también fue un golpe muy bajo el que me diste al lograr que Kagome aceptara ser tu novia…
-¿Y eso qué?
-¡Me hiciste una promesa! Prometiste alejarte para siempre de Kagome a cambio de que yo mintiera sobre el accidente.
-Tienes razón Kouga, pero no te pediré disculpas por eso, simplemente las cosas sucedieron sin que ella y yo nos lo esperáramos ¿Te utilicé? Probablemente así fue, mi verdadera intención siempre fue que ella jamás supiera la verdad, yo deseaba alejarme de su presencia pero el destino se empeñó en unirnos.
-No seas ridículo… sólo juegas con ella, tú eres incapaz de amar.
-Dices eso porque no me conoces y la verdad no me interesa si me crees, sólo te digo que ahora Kagome ya es parte de mi y yo de ella no permitiré que tipos como tú se le acerquen.
-Ella no es posesión de nadie.
-Eso lo sé, pero es la mujer que escogí y a la que le guardo un profundo cariño, si tú estuvieras en mi lugar harías exactamente lo mismo.
-Eso quiere decir que te encargaras de terminar con nuestra amistad…
-Estás muy equivocado y se lo aclaré muy bien a Kagome, a mi no me molesta su amistad, simplemente no me agradan tus intenciones para con ella, así que te pediré que mientras yo esté cerca te mantengas al margen. Ya se que la estimas mucho pero tienes que aceptar que no fuiste el elegido y créeme es mejor que te resignes porque no pretendo separarme de ella nunca.
-¿Tanto la amas?
-Si.
-En ese caso, tendré que aceptar definitivamente mi derrota porque sé muy bien que Kagome se enamoró de ti desde el primer día en que te vio, contra eso no puedo luchar Kurosaki, independientemente de que lo hago por su bien, sé que sufre cuando nos pelamos y que ambos la lastimamos porque a los dos nos guarda un gran cariño, por eso he decido guardar cordura, sólo por ella.
-Que bueno que lo entiendes y estoy de acuerdo en tu idea de guardar un poco de sensatez por parte de ambos pero sólo hago esto porque sé que eres su amigo, prometí nunca hacerla llorar.
-Si por alguna razón me entero que la has lastimado me encargaré de hacértelo pagar Kurosaki.
-Descuida no será necesario, nunca la lastimaré mi única intención es hacerla feliz.
-Supongo que ya conoces su pasado y la razón de sus enfermedades, ella últimamente ha estado muy delicada.
-Lo sé muy bien y por esa razón la protegeré de quien sea.
-Es bueno escuchar eso, pero no olvides que seguiré odiándote por el resto de mi vida Kurosaki.
-El odio es mutuo, ahora si me disculpas me esperan.
Después de esa conversación Kouga se mantuvo alejado los siguientes días de nuestra presencia. Y desde el momento en que Kagome se convirtió en mi novia, no volví a encontrarme con aquella mirada triste y solitaria. Y así trascurrió parte de la semana, ya era miércoles mañana sería el cumpleaños de Kagome y ya me estaba impacientando porque aún no tenía a Hammer en mis manos. Ya estaba pagado y ahora me pertenecía pero el servicio de paquetería se demoraba, supuestamente tardaría un día en llegar pero al parecer las cosas no habían salido como yo esperaba.
-Oye Inuyasha ¿Por qué Kagome no quiso que la acompañaras?
Decía Miroku la tarde de ese día cuando nos encontrábamos en la tienda de instrumentos.
-Dijo que quería ir de compras con su amiga, ya sabes cosa de mujeres demasiado fastidiosas para mí.
-Eso si, no entiendo cómo es que pueden demorarse tanto en comprar ropa.
-Miroku… tú eres igual, a veces pienso que eres más vanidoso y perfeccionista que cualquier mujer.
-¿Tu crees?
-Y a todo esto Inuyasha aparte de regalarle los violines que más le darás.
-Sólo eso.
-¿No piensas que el detalle es un tanto frío por así decirlo?
-No entiendo…
-Verás ¿Por qué no le pones más emoción a la escena? Podría ser que llegaras con un ramo de flores y una carta para después entregarle sus violines.
-Miroku eso es demasiado cursi y además es algo que todo mundo hace, yo quiero algo diferente por eso es que escogí darle los violines.
-Bueno si así lo prefieres Inuyasha lo respetaré.
-Aunque pensándolo bien Miroku, quisiera escribirle algo… pero no se qué.
-Bueno yo puedo ayudarte en eso soy un experto.
-No gracias, ya sé que no tengo nada de experiencia en esto pero si escribiré algo quiero que sean mis sentimientos.
-Muy bien, si necesitas ayuda aquí estaré.
Comentó Miroku dejándome solo detrás del mostrador mientras él se sentaba a un lado de la mesa. Tomé un cuaderno y un bolígrafo y comencé a escribir.
Sólo el omnipotente sabía los problemas que tuve que atravesar para escribir unas cuantas líneas, desperdicie medio centenar de hojas en nada. Definitivamente yo no servía para el arte poético, eso me quedaba claro, traté de concentrarme y reflexionar en lo que sentía y sobre todo en lo que deseaba demostrarle con palabras, así que sólo dejé que mi mano y corazón manipularan aquel bolígrafo. Unas cuantas líneas y todo había terminado. De inmediato se lo mostré a Miroku.
-¿Y esto que significa Inuyasha? No entiendo nada.
-Sabía que no lo entenderías, lo escribí en italiano.
-¿Y eso que significa?
-Significa:
Kagome:
No pude rescatar tu tesoro más valioso, pero en ese momento tu vida era lo que más me importaba, te regreso lo que habías perdido, me fue imposible restaurarlo por completo así que agregué a un nuevo compañero para que en su nombre puedas volver a entonar una hermosa melodía.
-Vaya… sencillo pero a la vez elegante, no eres tan malo después de todo Inuyasha.
-Que bien, ahora sólo agregaré la nota, pero antes tengo que mandar a imprimir el texto y quizás seguiré tu concejo de las flores.
-Buena idea pero para eso necesitas los violines.
-Si, por lo menos ya tengo el que el abuelo restauró ahora sólo falta Hammer, ese es el que más me preocupa.
-Relájate Inuyasha quizás llegue mañana temprano aún estamos a tiempo.
-Trataré de calmarme aunque la verdad no se si pueda dormir bien.
-Ya verás que si podrás.
-Bueno amigo es mejor cerrar el establecimiento mañana será un día un tanto agotador, recuerda que al menos yo no he podido escoger el regalo para tu novia ¿Me acompañas?
Decía mi amigo con cierta preocupación por el presente para Kagome. Miroku y yo salimos a dar un paseo por un bazar que se encontraba cerca. En ese lugar se encontraba todo tipo de cosas, ropa, calzado, joyería, ornamentos, en fin, muchas cosas agradables que volverían loca a cualquier mujer pero no a Kagome.
-¿Qué clase de cosas le gustan a Kagome? Podría regalarle unos pendientes o quizás una gargantilla.
-No creo, Kagome no ese tipo de mujeres que se complacen con las joyas, ella es diferente.
-Si Inuyasha me has repetido hasta el cansancio que ella es muy distinta a todas las demás mujeres del mundo y que por esa razón te enamoraste de ella, por eso mismo te estoy preguntando qué es lo que le gustaría.
-No lo sé.
-Se supone que tú la conoces mejor que yo y ahora resulta que no sabes nada sobre sus gustos…
-Al decirte que no sabía que podías regalarle es porque aún no he visto algo en este lugar que pueda ser de su agrado.
-¿Qué te parece si le regalo este cuadro?
Miroku señaló a un establecimiento en donde se exhibían imitaciones de obras de arte. En este caso el cuadro que señalaba era "La Ola" de Katsushiko Hokusai.
-Olvídalo amigo, Kagome detesta el mar y todo lo que tenga que ver con el, ese cuadro la perturbaría por completo.
-Bien ¿Y ahora que hago?
-Espera… creo que por fin he encontrado algo que sí le va a gustar.
-¿Partituras¿Qué clase de regalo es ese Inuyasha?
-No has visto muy bien mi estimable amigo, no son cualquier tipo de partituras… se trata de el "Grito del Diablo" de Guisseppe Tartini, la sonata más difícil que puede existir para un violinista.
-Eso ya lo sé pero estoy seguro que Kagome ya conoce esa obra, todos la conocen.
-Quizás tengas razón pero por lo que yo sé, ella jamás ha intentado interpretarla.
-Eso quiere decir que no le interesa.
-¡Por supuesto que le interesa! Sólo que le da miedo no poder superar ese reto.
-¿De verdad?
-Claro que sí, bien entonces no tiene caso comprarla porque la tenemos en el establecimiento, mejor le comparare unos pendientes.
-Como gustes.
Pagamos la prenda y después de eso dejé a Miroku sano y salvo en su casa. El abuelo ya se encontraba ahí y me informó que lamentablemente el envió del violín había sufrido un pequeño retraso pero que quizás mañana en la tarde ya lo tendría en mis manos.
Con desilusión y pesar me dirigí a mi casa. Cuando llegué a mi habitación lo primero que hice fue tomar una siesta, no sabía por qué razón me sentía cansado, confiaba en que sería algo pasajero.
La mañana llegó repentinamente cuando abrí mis ojos con asombro, jamás pensé que dormiría toda la noche, se me había hecho tarde para entrar a la primera clase y recordé que la noche anterior no había tocado el piano, seguramente Kagome se encontraría preocupada y más porque aún no asistía al Colegio ni mucho menos la había felicitado.
Me cambie de inmediato y rápidamente me dirigí al Colegio, cuando llegué al salón el profesor de Ética me permitió el acceso. Era un sujeto muy amable y que nunca molestaba a nadie.
-¿Por qué llegaste tan tarde?
-Me quedé dormido…
-Kagome está molesta, me preguntó por ti y no supe que decirle, dice que te estuvo llamando a tu móvil y que jamás contestaste.
-¿Está muy molesta?
-Algo.
-¡Diablos! Si le digo que me quedé dormido me va a matar.
-Es lo más probable, recuerda que para ella este día es muy especial y supongo que esperaba que el primero en felicitarla fueras tú.
-Tienes razón, pero tengo una mejor idea…
-¿Cuál?
-No voy a felicitarla, me esconderé de ella, fingiré que este día no es importante para mi, me servirá para que pueda desaparecerme algunas horas y preparar una sorpresa que se me ocurrió en el camino ¿Tienes tiempo después de clases?
-Si, el tiempo que tú gustes amigo pero presiento que te estas metiendo con fuego al jugar de esa manera con sus emociones…
Finalizó Miroku. Asombrosamente el tiempo trascurrió muy rápido, en cuanto escuchamos el sonido de la campana Miroku y yo salimos lo más rápido posible, bueno lo más que se podía porque el estado actual de mi amigo no me ayudaba mucho.
Cuando ambos logramos salir del edificio sin que nos vieran y estábamos a un paso de la salida escuché una voz que me congeló por completo, sentía como los cabellos en mi nuca se erizaba del escalofrío que sentía. Era Kagome que me miraba furiosa.
-¿Se puede saber dónde has estado todo este tiempo Kurosaki?
Preguntaba Kagome que ya se encontraba detrás de mí a escasos dos metros de distancia. Me di cuenta que estaba molesta porque sólo me llamaba por mi apellido cuando en verdad se encontraba muy enojada. Ella se mantenía parada con las manos en la cintura esperando una respuesta.
-Ah hola Kagome ¿Cómo estás?
Pregunté nervioso.
-Te hice una pregunta…
-Pues no se a que te refieres pero bueno Kagome tengo que irme, hay algo urgente que tengo que hacer. Pasaré por ustedes en la noche para ir al Ballet. Nos vemos.
Después de eso Miroku y yo nos fuimos ignorando la molestia de Kagome, tomamos un taxi que transitaba cerca y ascendimos de inmediato.
-Inuyasha eres hombre muerto… no te garantizo que sobrevivas después del ballet.
-No te preocupes tengo todo planeado, se que me perdonará, ahora dime dónde se encuentra la mejor florería de esta ciudad.
-En el centro.
-Perfecto.
-¿Qué planeas?
-Ya lo verás.
Llegamos al centro aproximadamente en una hora por el tráfico, bajamos y entramos a una gran florería, de inmediato una chica nos atendió amablemente.
-Buenas tardes, mi nombre es Subaru ¿En qué puedo servirles?
Se mostraba muy sonriente era una chica muy joven quizás de mi edad, delgada de cabello negro y lacio hasta los hombros.
-Buscaba un arreglo floral.
-Es muy raro ver a chicos tan apuestos, ven sígueme te mostraré lo mejor que tenemos.
Miré a Miroku extrañado y él sólo sonrió, esa chica me tomó de la mano como si me conociera de toda la vida, me sentí tan incómodo que deseba salir de ese lugar cuanto antes.
-Mira esto es lo mejor que tenemos ¿Qué te parecen¡Son preciosos!
Y tenía razón eran los arreglos más bonitos que había visto, el color de aquellas flores salían de lo cotidiano. Había rosas de color azul, moradas, violetas, naranjas, verdes, negras y muchas matizadas con dos tonalidades diferentes.
-Mira Inuyasha yo pienso que le gustarán más las azules.
-Si son muy bonitas pero me gustan más las blancas matizadas con rojo.
-Puedes llevarte los dos.
Intervino la muchacha.
-¿Qué tamaños manejas?
-Mira estos que ves son medianos, en total trabajamos 6 tamaños que van desde el mini hasta el jumbo.
-Bueno entonces quiero treinta arreglos medianos y treinta grandes, veinte pequeños y uno jumbo, todas serán rosas blancas matizadas en rojo.
-¡QUÉ!
Exclamaron sorprendidos al mismo tiempo Miroku y la dependienta.
-Inuyasha ¿Estás loco?
-No estoy loco, quiero comprar todos esos arreglos.
-¿Es para algún tipo de celebración?
-Si un cumpleaños.
-Bueno entonces creo que podríamos tenerlos para mañana.
-Lo siento, pero los necesito para hoy en la noche.
-Preguntaré con mis superiores si podemos solventar este pedido.
-No importa lo que cueste pagaré lo que sea.
-Eres un chico muy lindo y detallista.
La chica se alejó y entonces me acerqué más a Miroku.
-¿Y a esta loca que le pasa¿De dónde ha sacado tanta confianza?
-Creo que le gustas Inuyasha…
-Lo que me faltaba, bueno espero que eso sirva para que me atiendan mejor y pueda regalar esas flores hoy mismo.
La chica y un señor se acercaron a nosotros.
-Disculpe ¿Es usted quién hizo el pedido joven?
-Si ¿Hay algún problema?
-No ninguno sólo deseaba conocer al autor de este gran encargo, no se preocupe su pedido estará listo a la hora que ordene.
-¡Que alivio! Muchas gracias en seguida le proporcionaré los datos.
Comenté contento por la noticia, en verdad que estos regalitos me estaban produciendo muchos nervios pero Kagome lo valía, eso y más. Di mi nombre, la hora y el lugar de entrega, pagué con la tarjeta de crédito y listo.
-¿Los arreglos llevarán alguna tarjeta?
Pregunto curiosa la chica.
-No ninguna, más bien quisiera saber si también envuelven y entregan otro tipo de regalos.
-¡Claro que si! Sólo sería cuestión de que escogieras el tipo de envoltura que te gustaría.
-Mejor regresaré más tarde con los demás regalos, mientras tanto deseo que me impriman este mensaje.
Le entregué la hoja cuadriculada con el texto que un día antes había escrito y anexé otra leyenda, las dos se imprimirían por separado. La muchacha me mostró un catálogo con diversos tipos de papel e impresión de la leyenda. Escogí una fuente tipográfica dorada, en cursiva y un papel texturizado de color Ivory y sepia. Todo quedó saldado sólo era cuestión de esperar los violines y entonces recibí una llamada en mi móvil del abuelo. Me avisó que Hammer por fin había llegado, le pregunté que si podía traerme ambos violines hasta la florería, el aceptó y después colgó.
-¿Y cómo te llamas?
Preguntó la chica más entusiasmada.
-Kurosaki Inuyasha.
-Es un nombre extraño pero agradable y dime qué te gusta hacer en tus ratos libres.
-Nada en especial, no suelo salir mucho de mi casa, hace poco regresé de Italia así que no conozco muy bien la ciudad.
-¡De Italia! Eso es genial, me gustaría ir algún día pero no te preocupes con gusto yo seré tu guía, hay lugares muy agradables en donde podríamos divertirnos mucho.
-Gracias eres muy amable.
-Mira este es mi número telefónico sólo llámame.
-¿No crees que vas muy rápido?
-¿Acaso te ofendí?
-Claro que no es solo que…
-Eres muy tímido, me gustan los hombres así.
Definitivamente este era uno de los momentos en que más deseba que Kagome estuviera conmigo para alejar a esta mujer que rebasaba los límites de lo atrevido. Su miraba me incomodaba pareciera que sus ojos fueran rayos X, me miraba continuamente de pies a cabeza: Miroku sólo permanecía callado medio sonriendo o quizás conteniendo la risa. Comencé a imaginarme la situación si fuera Kagome la que estuviera a mi lado, seguramente en estos momentos estaría fulminando o estrangulando a esa mujer, de solo imaginármelo me causo gracia.
-Te ves más atractivo cuando sonríes.
Comentó repentinamente esa chica sacándome de mis pensamientos.
-¿Y dime tienes novia?
-Subaru… necesitan que atiendas a unas personas yo me encargaré de atender a los jóvenes.
Ordenó una señora de edad media que se acercó repentinamente a nosotros, la muchacha accedió de mala gana alejándose del lugar.
-Disculpen si me entrometí, pero he estado escuchando todo, les pido disculpas por la falta de respeto por parte de esta niña, es demasiado coqueta.
-No se preocupe señora, sino hubiera llegado a tiempo quizás en estos momentos tendría yo un repentino desmayo para poder apartarla de mi amigo.
Comentó sarcásticamente Miroku.
-No será necesario yo me encargaré de atenderlos, Subaru ya no los molestará con sus tonterías, después de todo si continúa así no creo que dure mucho en este lugar.
-No es para tanto, no hay de que preocuparse.
Intervine yo un tanto avergonzado por la situación desagradable en la que me vi envuelto.
-Eres un chico fiel, eso habla bien de ti, tu novia es afortunada.
-¿Cómo lo supo?
-He trabajado aquí toda mi vida y es lógico que si un joven atractivo entra a una florería es porque piensa complacer a una mujer, en tu caso la mirada lo dice todo, no puedes ocultar tu entusiasmo, sólo que esta niña tonta de Subaru no quiere darse cuenta de la realidad.
-Vaya es usted muy analítica.
-Es mi trabajo conocer a mis clientes, en realidad nunca había visto a Subaru tan emocionada con un cliente.
-Lo mejor Inuyasha, es que no le digas que ya perteneces a otra persona le romperás el corazón.
-Si sigue insistiendo tendrá que saber la verdad.
-Eso es cierto.
Finalizó la amable señora, mientras que yo observaba como Subaru la fulminaba con la mirada. Poco después llegó el abuelo trayendo consigo un baúl de tamaño mediano forrado en terciopelo de color olivo, con incrustaciones doradas en forma de placa en su contorno simulando algunas florituras. De inmediato lo ayudé al ver que era un tanto pesado.
-¿Y esto que es?
Pregunté extrañado por el gran objeto.
-Bueno Inuyasha este es un regalo por parte de tu proveedor, aquí se encuentran ambos violines.
-Es perfecto… ¿Puedo verlos?
-Claro que si.
Abrí el baúl y después los dos estuches negros de los violines, no quise sacarlos, se encontraban tan relucientes y hermosos que me sentí incapaz de tomarlos con mis manos impuras, la única con el derecho de tocarlos era Kagome, nadie más. Pocos minutos después las impresiones que mandé hacer estaban listas. Coloqué una pequeña nota sobre Hammer y después cerré el baúl para que nadie más mirara el contenido. Subaru muy curiosa intentó mirar pero no se lo permití.
-Vaya Inuyasha tu madre estará muy contenta con esos regalos.
-No son para mi madre…
-¿Ah no?
Cuestionó confundida arqueando la ceja su tono de voz había cambiado totalmente.
-Este baúl y las flores son para la futura madre de mis hijos ¿Tu crees que le agrade a mi prometida este regalo?
Subaru se mostró tan sorprendida que no pudo ocultarlo y de inmediato su semblante se tornó molesto.
-Vaya… eres demasiado detallista con esa mujer.
-No es sólo una mujer, es la persona que amo.
-Como digas pero opino que es demasiado afortunada para ese tipo de regalos.
Después de eso se alejó sin despedirse y yo comencé a reírme. Miroku tampoco se contuvo. No supe porque contesté de esa forma a Subaru, tan solo llevaba poco menos de una semana de noviazgo con Kagome y ya había declarado que sería mi esposa. Entendí que fue un impulso, impulso que me dictó mi corazón y quizás ese era su verdadero deseo. Mi ser anhelaba continuar a lado de Kagome, desconocía el futuro de nuestra relación pero el imaginarse una vida junto a ella no era tan desagradable, al contrario la idea me agradaba bastante.
-Eres la maldad encarnada Inuyasha ¿Cómo te atreviste a decir eso?
-Eso le pasa por hastiarme en un día tan especial, bueno ya es hora de irnos aún tengo que asegurarme sobre el alquiler de la camioneta y también conseguir el Frack que llevaré puesto.
Después de este altercado salimos de aquel lugar para dirigirme en busca de mi atuendo. No me agradaba la idea de vestirme tan formal pero si no lo hacía obviamente jamás me permitirían la entada a dicho evento lo que significaba que no podría estar junto a Kagome.
Ya había anochecido, todos mis asuntos quedaron solucionados a tiempo, los regalos de Kagome, el trasporte, mi vestimenta, en fin sólo quedaba escasos minutos para volver a verla y me cuestionaba continuamente cómo se vería, cuál sería su atuendo, no me gustaría verla con la cara repleta de maquillaje como si pretendiera ser una geisha. Kagome normalmente no llamaba la atención con su atuendo, siempre vestía de manera sencilla, supuse que quizás llevaría un vestido sencillo y de color pastel, lo que normalmente llevaban las chicas de su edad. En fin no me importaba lo que tuviera puesto de todos modos siempre se veía hermosa.
-¿Ya estás listo Inuyasha?
Preguntó Miroku mientras se asomaba a mi habitación en lo que yo me acomodaba la camisa y el moño. Detestaba mi apariencia similar a la de un pingüino
-Si, ya es hora, me están temblando las manos Miroku, no se por qué…
-¿Estás nervioso? No lo creo…
-De verdad, supongo que es porque no sé que decirle a Kagome para justificar mi ausencia.
-Inuyasha tranquilo, verás que viendo tus maravillosos regalos la tendrás a tus pies y se le olvidará, créeme…
-Si tú lo dices…
-Chicos la camioneta llegó es hora de ir por las damas…
Intervino el abuelo con una sonrisa. Los tres salimos y ayudamos a Miroku a subir en la camioneta que se encontraba estacionada frente a la casa de Kagome. El abuelo sería el conductor en esta ocasión. Una vez instalado Miroku del lado del copiloto el abuelo tocó la puerta avisando nuestra llegada mientras que yo permanecí de pie a un lado de la camioneta observando la entrada de aquella casa. Mis nervios se incrementaban, sentía que el corazón me estallaba porque en unos segundos por fin la vería. Para tranquilizarme un poco tomé una botella de agua para calmar un poco mi sed, mi ansiedad era tan grande que la garganta se me secaba, alcancé a vislumbrar una silueta de mujer y repentinamente di la espalda, cerrando mis ojos un último trago y entonces la figura de una mujer deslumbrante apareció frente a mí. No pude evitarlo me atraganté ¿Era Kagome? No, eso es imposible se veía mayor, con esa vestido negro aunque no podía negar que era distinguida, elegante, el cabello era distinto, ahora llevaba rizos esa no podía ser mi novia. Sólo cuando caminó junto a mi me di cuenta que sí se trabaja de ella. Me ignoró por completo, su miraba denotaba cierto desprecio y arrogancia como si sólo fuera yo un vil mendigo pidiendo limosna a su majestad.
Después de Kagome dos personas más pasaron junto a mí, una de ellas era la madre de Kagome que me saludó amablemente y con una gran sonrisa y la otra mujer era Sango que a diferencia de Kagome vestía de una manera sencilla acorde a su edad.
Las damas ascendieron al vehículo y yo las acompañé al último, mi mirada chocó con la de Kagome al momento de subir pero nuevamente me ignoró. Me senté detrás de ella y permanecí en silencio entre las sombras, sólo observándola con aquel vestido negro, esas joyas y su hermoso cabello. Deseba estrecharla en mis brazos, besarla hasta hartarme, embriagarme con su aroma que de por si era más delicioso y fresco que antes.
La actitud de Kagome era sobreactuada al tratar de omitir mi presencia, sabía perfectamente que podía sentir mi mirada, mis ojos clavados observando su esbelta figura y sobre todo su lindo rostro, notaba su nerviosismo y eso me provocaba diversión¡Lo que una simple mirada podía provocar!
Llegamos a nuestro destino, las damas bajaron primero mientras que yo permanecía a lado de Miroku para ayudarlo a bajar. Cuando alcé mi vista vi como Kagome y Sango se alejaban a toda prisa.
-Inuyasha… vete despidiendo de este mundo ¿Cuál es tu última voluntad?
-No es gracioso, no puedo creer que me ignore.
-Mira por lo que veo Kagome no tiene intenciones de permanecer a tu lado quizás hasta pueda romper su noviazgo.
-Eso está por verse, Kagome me está retando y no sabe lo que le espera…
-Siento que llevas las de perder, apuesto 3000 yenes a que no te va a dirigir una sola palabra durante las próximas tres horas.
-Apuesta aceptada amigo espero que tengas dinero para pagarme.
-Cambiando de tema… Kagome se ve preciosa, parece toda una mujer.
-Oye recuerda que estás frente al novio de esa belleza.
-Si… lástima por ella, no entiendo como puede desperdiciar su tiempo en alguien tan bruto como tú.
-Ese es su problema.
-También Sango se me muy bonita ¿Has visto esas caderas? Jamás pensé que una diosa así se encontrara tan cerca de mí.
-Si opino que ella también se ve simpática pero no tanto como Kagome.
-Si lo que digas Inuyasha, es lo menos que puedo esperar de ti.
Continuamos nuestro camino y entramos al teatro que a mi parecer resultaba un tanto exagerado en sus detalles, claro era de estilo barroco y el movimiento en todos sus elementos era su principal objetivo. Era tanta la ornamentación que me sentí un poco mareado al no saber dónde mirar primero. Pero eso no importaba, lo primordial era encontrar a mi novia. Y ahí estaba de pie, formada y un tanto ansiosa por entrar. Se escuchó el anuncio de la primera llamada al mismo tiempo que el abuelo me entregaba mi respectivo boleto. Kagome comenzaba a avanzar pero la retuve antes de que continuara…
-Ya fue suficiente de tu jueguito ahora te sentarás a mi lado… amor…
Me miró con más desprecio y molestia, su mirada recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, no dijo nada y juntos avanzamos al interior del teatro. Una edecán recogió nuestras entradas y nos condujo hasta nuestros respectivos asientos. En ningún momento solté la mano de Kagome y me aferraba más a ella, nos sentamos uno a lado del otro pero tenerla a mi lado era como si estuviera junto a un témpano de hielo, apartaba su vista de mi, me evadía y a pesar de mis esfuerzos por llamar su atención no pude lograrlo, al parecer el escenario que se encontraba frente a nosotros era mucho más interesante que mi aburrida existencia. Quizás aquellos chiquillos que curiosos miraban aquellos instrumentos y atriles valían más la pena que voltearme a ver aunque sólo fuera por un segundo. Me encontraba molesto, por momentos tuve la intención de levantarme y mandar todo al diablo haber si de esa forma Kagome aprendía la lección pero comprendí que después de todo el culpable era yo al hacerla sufrir con mi repentino desinterés por su cumpleaños.
Segunda Llamada y después Tercera, entró la orquesta todos aplaudimos y presentí que Kagome se sentía un tanto agradecida de su llegada porque fue la única manera en que se libró de mi mano y me sentí un tanto agobiado por no sentir aquella calidez de su mano. Posteriormente se presentó el director de orquesta, otro aplauso, después el silencio y continuación las primeras notas, a pesar de que el lugar se encontraba oscuro casi en su totalidad podía notar un repentino cambio de actitud en Kagome, ahora sonreía, se encontraba entusiasmada, no dejaba de observar el escenario ni un segundo, pareciera que no parpadeaba y tampoco se percataba que movía sus manos al mismo compás que el director, daba la impresión de que Kagome se imaginaba siendo la directora de orquesta. No quise perturbarla ni siquiera cuando casi concluía la obra y varias lágrimas resbalaron de sus mejillas, comprendí que Kagome se había encerrado en un mundo en el cual yo no existía. Nunca puse atención a la obra, mi interés durante esas dos horas y media eran exclusivamente para Kagome porque nada era más importante que ella, necesitaba conocerla más a fondo y ahora que la observaba me daba cuenta que la decisión que había tomado era la correcta y que ella era la mujer indicada por tener la capacidad de querer y odiar al mismo tiempo.
Las luces se encendieron, Kagome secó sus lágrimas y se levantó de su asiento dejándome solo, al parecer aun continuaba en su mundo. Ya no tenía caso seguir insistiendo, había perdido y entonces miré a Miroku que mostraba un semblante de los más ambicioso, claro ahora el joven había ganado una apuesta de 3000 yenes. Ascendimos por la camioneta, los adultos platicando no se que tantas cosas sin sentido y yo sin dejar de mirarla. Sin darme cuenta ya habíamos llegado a nuestras casas. El abuelo y yo bajamos para ayudar a las damas pero Kagome no aceptó mi ayuda para descender de la camioneta. Se despidió del abuelo y cuando estaba apunto de entrar a su casa se giró y de despidió de mi con un ademán de lo más falso, lo que me hizo sentir más miserable todavía.
Desaparecieron sin dejar rastro y me sentí triste, ahora mis esperanzas por contentarla se encontraban en aquellos regalos que seguramente ya habían llegado a su destino y que en estos momentos estaría viendo.
-Te ves desolado Inuyasha…
Comentó Miroku mientras el abuelo estacionaba la camioneta en el garaje de la casa, ya que esta noche serían mis huéspedes.
-¿Qué no viste cómo me trató? Esa mujer parece un ángel pero puede convertirse en un demonio al instante.
-Si me di cuenta de eso amigo, y sinceramente siento pena al verte así.
-No te preocupes confío en que dentro de unos minutos esto cambie.
Los tres nos sentamos en la sala a descansar y desperezarnos un poco mientras que continuamente miraba el reloj preguntándome por qué Kagome tardaba tanto en llamar por teléfono o tocar a mi puerta. Me levanté y comencé andar de un lado a otro.
-Inuyasha me estás poniendo nervioso casi puedo sentir que soy yo quien está esperándola impaciente y no tú.
-No puedo ¿Por qué se tarda tanto?
-Dale tiempo apenas lo está asimilando, de seguro todavía no se da cuenta quien fue el emisor de los regalos por la sencilla razón de haber omitido tu nombre, yo en su lugar estaría loco.
-Si, comienzo a pensar que el asunto del nombre misterioso no fue buena idea… ¿Sabes que? Mejor iré a verla y explicarle todo ya no puedo más con esto.
En cuanto di el primer paso tocaron desesperadamente el timbre de mi casa.
-¡Es ella!
Grité emocionado. Salí corriendo y antes de abrir la puerta respiré hondo para relajarme y denotar cierta tranquilidad. Abrí la puerta y ahí estaba ella con lágrimas en los ojos y semblante perturbado.
-Vaya… te tardaste mucho…
Comenté con una gran sonrisa al verla.
-¿POR QUÉ NO ME DIJISTE QUE FUISTE TU QUIÉN ME SALVÓ LA VIDA?
Reclamó llorosa y un tanto histérica.
-Porque no quería que lo supieras hasta este día… ¿Podrás perdonarme por haberte ignorado hoy?
-¡¡INUYASHA!!
Gritó emocionada mientras yo la recibía con los brazos abiertos.
-Feliz cumpleaños… mi hermoso cisne…
Comenté alegre por sentirla otra vez junto a mí, la emoción simplemente era indescriptible.
-¿Por qué no me lo habías dicho¿Por qué lo callaste tanto tiempo?
-Es una historia larga que después te contaré pero ahora quisiera saber si me perdonas.
-¡Por supuesto! Me has hecho la mujer más feliz, me has regresado la mitad de mi vida, soy yo la que te pide perdón por ser tonta y pensar que ya me habías olvidado.
-Jamás lo haría, todos los días no dejé de pensar en esta fecha pero eso no importa… muchas felicidades y deseo que este se uno de los muchos cumpleaños que me gustaría compartir contigo.
-Inuyasha…
Su rostro volvía a ser amable y tierno como siempre, sus ojos centelleaban, irradiaban felicidad bajo aquellas lágrimas y simplemente no pude contarme ante tanta hermosura y la besé con ternura y la vez con cierta desesperación por probar sus labios después de un día tan agotador y lleno de emociones fuertes pero que al final habían valido la pena.
Continuará...
Bueno como hoy si tuve un tiempito prolongado les puse dos capítulos seguidos y completitos, porque el que sigue estará lleno de sorpresas...
Cuídense mucho bye bye.
