Disclaimer: Obvio que los nombres no me pertenecen, eso le toca a la verdadera autora Rumiko Takahashi, pero la historia si es cien por ciento mía yo sólo le pedí los nombres prestados a la sensei...


Capítulo 7: Cielo e infierno...

Felicidad y tristeza sentimientos polares, diferentes entre sí y a la vez tan parecidos. Uno no puede vivir sin el otro ambos necesitan de un ser en quién gobernar. Todos en algún momento de nuestra vida nos preguntamos por qué existe la tristeza, esa sensación de vacío y soledad, esa esencia intangible que no deja de carcomer nuestra alma poco a poco, instalándose en nuestro corazón de manera permanentemente, cobijándonos con esa frialdad que la caracteriza. No es posible buscar ayuda en la tristeza debido a que ni ella misma puede con sus propias penas y aún así continua existiendo junto a su hermana la felicidad que siempre procura estar cerca de ella para consolarla a pesar de que la tristeza jamás le permite abrazarla porque ni así puede encontrar su propio consuelo.

La felicidad la deseamos todos, con nuestros más profundos y desesperados deseos. Quisiéramos retenerla para siempre a lo largo de nuestra vida, pero ella es la única que puede decidir cuánto tiempo permanecer en el corazón humano. Este ser analiza, manipula y tortura con su presencia a sus víctimas para después alejarse sin dejar rastro, despareciendo en la nada para jamás volver…

La felicidad era el sentimiento que me invadía en estos momentos. No deseaba saber cuánto tiempo permanecería a mi lado, de lo que estaba segura es que no permitiría que esos instantes placenteros se desperdiciaran porque precisamente una persona a la cual le profesaba un profundo cariño me sostenía entre sus brazos mientras yo lloraba sin cesar, no se trataban de lágrimas amargas más bien eran un reflejo del inmenso júbilo que albergaba mi cuerpo.

-¿Por qué no me lo habías dicho¿Por qué lo callaste tanto tiempo?

Cuestionaba a Inuyasha aún confundida por lo ocurrido, por momentos pensaba que todo esto era un sueño, pero no, el calor de su cuerpo me demostraba que me encontraba dentro de la realidad.

-Es una historia larga que después te contaré pero ahora quisiera saber si me perdonas.

-¡Por supuesto! Me has hecho la mujer más feliz, me has regresado la mitad de mi vida, soy yo la que te pide perdón por ser tonta y pensar que ya me habías olvidado.

-Jamás lo haría, todos los días no dejé de pensar en esta fecha pero eso no importa… muchas felicidades y deseo que este se uno de los muchos cumpleaños que me gustaría compartir contigo.

-Inuyasha…

No podía dejar de mirar su rostro, sus ojos cristalinos denotaban alegría, un centellar que quizás también existía en mi mirada. Era la primera vez en mi vida que una felicidad así me invadía, podía sentir mi acelerado corazón, agitado y muy sobresaltado al punto de colapsar, pero no me dejaría vencer, debía impedir que esta gran emoción terminara con este momento mágico. Inuyasha levantó con suavidad mi rostro y me besó tiernamente. Deseaba tanto ese momento, todas estas horas estuve esperando sus labios con ansiedad, un deseo que había permanecido muy oculto en mi corazón ya que fue opacado por el orgullo y el egoísmo. El contacto con aquellos labios, su sabor, la paciencia con que exploraba mi boca, todo eso me envolvía en un mundo mágico e impenetrable en donde sólo él y yo existíamos.

Aquel bello momento terminó y ambos nos estrechamos fuertemente, sin ninguna intención de separarnos. Había tanto de que hablar, verdades que explicar, pero por ahora lo único necesitaba era tenerlo junto a mi para olvidar lo estúpida que fui.

-Kagome… ¿Qué es lo que sientes en estos momentos?

Preguntó Inuyasha con suma tranquilidad.

-Dicha, algo que posiblemente nunca antes había experimentado.

Respondía mientras me acurrucaba más en su pecho.

-Yo igual Kagome, no tienes idea el infierno que sufrí el día de hoy por tratarte de esta manera, pero deseaba darte una gran sorpresa, algo que nunca olvidaras.

-Y vaya que lo has logrado, jamás esperé algo así, simplemente no estaba preparada y por un momento pensé que me volvería loca.

-Lo se, creo que me excedí un poco.

-No importa pero tendrás que complacerme con algo más para que pueda perdonar tu indiferencia.

-No importa, haré lo que sea…

-Acompáñanos esta noche a nuestra casa, quiero que juntos compartamos este día.

-¿Eso es todo? Yo pensé que se trataría de algo más difícil…

-Por el momento me conformo con eso puesto que no te salvarás de tu castigo.

-Lo que digas Kagome…

Volvimos a besarnos y segundos después tomé su mano para caminar hacia mi casa pero él se detuvo.

-Espera… ¿Miroku y su abuelo pueden acompañarnos?

-¡Por supuesto!

-Bien, entonces entra a mi casa, hace un poco de fresco no quiero que te enfermes.

-No Inuyasha tengo que volver y avisar de su llegada.

-Como gustes en unos minutos estaremos ahí.

-Gracias…

No es que tuviera miedo de entrar a su casa, al contrario sentía curiosidad por conocerla pero recordé que mi casa en estos momentos se encontraba en un absoluto basurero por la búsqueda del remitente de esos regalos. Regresé corriendo a mi hogar y Kikyou fue la primera en recibirme.

-¿Y bien?

-Inuyasha y los Ishida vienen a cenar tenemos que recoger este tiradero…

-No te preocupes por eso, ya había pensado en esa posibilidad, mamá está dando órdenes para que todos tengamos una cena fenomenal.

-¡Gracias hermana!

-No hay por qué Kagome, con tal de seguir viendo ese rostro lleno de alegría soy capaz de todo.

-¿Sabes lo mucho que te quiero Kikyou?

-Si, lo sé tontita y no te pongas cursi sabes que eso me desagrada además no hay que perder el tiempo tienes que ayudar en algo.

Ambas entramos a la casa, el vestíbulo ya estaba limpio sólo quedaban sobre la mesa los dos estuches de violín y la tarjeta. Miré con melancolía mi violín, mi gran tesoro, lo abrí y al sentirlo otra vez en mis manos una electricidad invadió mi cuerpo lo saqué de su estuche el cual ya no era el mismo de antes, éste era totalmente nuevo quizás el anterior quedó destrozado e inservible a causa del agua y el lodo pero ya no quise imaginarme más, el posible estado deplorable en que pudo haberse encontrado mi hermoso violín.

Permanecí embelesada con su belleza, admiraba esa cobertura de madera y ese brillo, siempre me había gustado y más ahora que la madera se encontraba perfectamente pulida, daba la impresión de ser nuevo, tomé el arco y me coloqué en posición para volverlo a tocar, deseaba tanto este momento, con tanta desesperación porque volvía a sentirme viva y justo cuando me encontraba a punto de dar la primera nota una mano cálida me sostuvo el arco.

-No te recomiendo que lo intentes, su sonido podría desilusionarte…

Era Inuyasha que repentinamente apareció de la nada.

-¿Pero cómo llegaste tan pronto?

Pregunté sorprendida por su repentina presencia.

-Pensé que había demorado demasiado.

Contestó él con una sonrisa sin dejar de sostenerme la mano.

-No escuché cuando llegaron.

-Me di cuenta Kagome, volviste a encerrarte en tu mundo, igual que lo hiciste en el teatro.

-Así que te percataste Inuyasha.

-No despegué mi mirada por un segundo.

Sonreímos de nuevo sin dejar de mirarnos.

-Perdonen la interrupción de este momento tan romántico pero mamá quiere hablar con Inuyasha.

Intervino Kikyou y entonces tanto Inuyasha y yo caímos en la cuenta de que todos absolutamente todos los presentes nos miraban con curiosidad. A los dos se nos subió el color al rostro.

-¡Vaya sorpresa que nos diste Inuyasha¡Eres demasiado creativo!

Exclamaba emocionada mi madre.

-No… es nada… señora.

Contestaba Inuyasha con nerviosismo.

-Eres un chico demasiado modesto no deberías de menospreciarte.

-¡Mamá no lo molestes!

Reclamé incómoda.

-Lo siento es que estoy tan emocionada… bueno porqué mejor no pasamos al comedor a cenar.

En realidad yo no deseaba cenar, más bien lo que ansiaba era tocar mi violín y perderme por completo con sus notas para recordar los momentos felices antes de su desaparición, me hacía tanta falta que ya no quería desprenderme de él.

-Vamos Kagome ya tendrás oportunidad para poder tocar el violín.

Decía Inuyasha mientras me quitaba el instrumento de las manos y lo colocaba dentro de su estuche otra vez, me inquietaba esa insistencia suya tratando de evitar que yo tocara ese violín.

-¿Qué quieres decir con que me desilusionaría del sonido?

-La caja se estropeó, a pesar de que el abuelo hizo todo lo posible perdió por completo la resonancia y jamás se volverá a escuchar como antes por tal razón te suplico que no intentes tocarlo, no quiero verte triste de nuevo.

-Ya suponía que eso ocurriría pero no puedo evitar sentirme un poco triste, pero por lo menos lo tengo de nuevo a mi lado y eso es más que suficiente ahora tengo a un compañero nuevo al cual también debo de amar.

-Así es… de nada valdría tener un violín tan antiguo e histórico si su dueño no lo aprecia.

Culminó Inuyasha mientras nos dirigíamos hacia el comedor para disponer de nuestra cena. Mi madre se sentó al centro de la misma mientras que sus dos hijas nos sentábamos en ambos lados. Por supuesto que Inuyasha permaneció a mi lado seguido del abuelo mientras que Sango y Miroku se colocaban a lado de mi hermana. En realidad no podía asimilar lo ocurrido, necesitaba platicar con Inuyasha a solas y que me explicara todo con lujo de detalle puesto que esta curiosidad me quemaba las entrañas, mis sentimientos eran muy confusos. En momentos me llenaba de alegría absoluta pero en otros muy esporádicos… la molestia me invadía al sentirme engañada y usada en el juego de Inuyasha del cual ni siquiera estaba enterada. Constantemente mi madre lo bombardeaba con preguntas sobre los violines y el accidente, pero Inuyasha era una persona de pocas palabras cuando se encontraba en público y contestaba muy poco o quizás al igual que yo deseaba un momento de soledad para ambos y poder explicar la verdadera historia.

La cena fue satisfactoria, no puedo negarlo pero asombrosamente Inuyasha había comido muy poco comparado con lo que devoraba cuando yo le preparaba los desayunos, se encontraba un tanto taciturno, nervioso y cuando tomé una de sus manos para mostrarle mi apoyo noté que sudaba.

-¿Te sientes bien?

Pregunté preocupada en un susurro para que nadie escuchara.

-No mucho… necesito hablar contigo a solas o me volveré loco.

Respondió con cierta desesperación.

-Yo también lo deseo pero no me gustaría llamar la atención…

-De todos modos se darán cuenta, es lo que todos esperan, que diga la verdad.

-Bien entonces acompáñame al jardín…

Ambos agradecimos nuestra cena y nos alejamos de la concurrencia, atravesamos el vestíbulo y salimos de la casa. Inuyasha sólo me seguía mientras que yo me acercaba a mi lugar preferido para conversar, en el cobijo de aquel gran árbol en el que días antes fue testigo de mi confesión con Sango y Kouga cuando por fin me animé a decirles la triste verdad sobre mi vida, nos recostamos en el césped viendo las estrellas, sitiando la frescura de aquella suave brisa que nos invadía.

-Aquí nadie molestará Inuyasha, ahora… ¿Podrías explicarme qué fue lo que pasó en realidad¿Y por qué motivo Kouga mintió diciendo que él nos había ayudado?

-Yo obligue a ese tipo a que te mintiera…

-¿Pero cómo? Kouga no se dejaría amedrentar con una simple amenaza.

-En realidad fue una promesa tonta que hicimos, yo no quería que ustedes supieran la verdad, recuerda que en aquellos días nuestra relación era demasiado caótica y realmente lo que deseaba era apartarme de ustedes dos, me encontraba confundido, así que le prometí a Kouga que jamás me acercaría a ti a cambio de que él mintiera. Él sabía perfectamente que yo era un obstáculo para poderte cortejar y la idea en primera instancia no me pareció desagradable, después de todo lo único que yo necesitaba es que no supieran la verdad para no verme más comprometido. Pero después cuando nos encontramos en el hospital… las cosas cambiaron totalmente, en un principio llegué a pensar que era Kikyou quien me gustaba… cada vez que la veía una opresión en mi pecho se manifestaba… pero, aquel día cuando te encontré en el hospital mi opinión cambió totalmente, te vi tan sola, vulnerable, desprotegida que sentí remordimiento por ser tan duro contigo sin haberte conocido primero. Desde ese entonces fui incapaz de olvidarte, no tienes idea de lo mucho que me atormenté al negarme que sintiera algo especial por ti Kagome.

-Así que mi hermana también te gustaba…

-De cierto modo quizás, porque me agrada que sea una mujer fuerte, decidida y sobre todo que no refleja ningún temor hacia sus oponentes, por eso me confundí llegué a pensar que era única, pero cuando llegaste tú todo se trasformó y le diste un vuelco a mi vida que jamás hubiera esperado, no quiero que por esto desconfíes de mi, a quien quiero es a ti, nunca más he vuelto a pensar en tu hermana ni me acerqué a ti con ese propósito, todo esto te lo menciono porque tienes el derecho a saberlo y sé que nunca me perdonarías que te ocultara algo así.

-Lo sé, no tienes que aclararme nada, además Kikyou y tú no hubieran hecho una buena pareja.

-Tienes razón lo más probables es que termináramos golpeándonos a los cinco minutos.

-Pero también ¿Cómo es que Kouga aceptó algo así? No lo entiendo.

-Porque el ingenuo creía que con eso te conquistaría, con su dote de héroe pero no, bueno también tengo que reconocerlo él ayudó mucho esa vez que las lastimaron, cuando me dirigía hacia mi casa vi como unos sujetos golpeaban a Kikyou me enfurecí y la ayudé, después la tomé en mis brazos y lo único que susurró fue tu nombre y al instante escuché tu grito de auxilio, otro hombre intentaba ahogarte en aquel río, le propiné un fuerte puñetazo provocando que cayera al agua y que se lo llevara la corriente después de eso tu despareciste, te habías hundido, entré a buscarte y mientras intentaba ponerte a salvo no pude evitar que apuñalearan a Kikyou, tú sólo gritaste y te desmayaste, te cargué en mis brazos y te coloqué en el suelo, luego corrí para auxiliar a Kikyou desgarré mi camisa para hacer presión en su herida y que no se siguiera desangrando y en eso apareció Kouga de la nada, reclamándome por haberlas lastimado. Discutimos bastante tiempo hasta que él se dignó a llamar una ambulancia y poco después ustedes ya se encontraban camino al hospital, tu hermana se encontraba muy mal pensé que moriría, me preocupaba mucho y no sabía por qué, a ti sinceramente no te presté mucha atención porque pensé que sólo había sido un desmayo de la impresión.

-Era lógico que pensaras eso, aún no sabías sobre mi enfermedad.

-Yo pensé que estarías bien en cualquier momento pero cuando le pregunté al médico sobre tu estado sólo me explicó que habías caído en shock y que no se explicaba por qué tu presión arterial disminuía cada vez más, me asustó cuando me confesó que podrías sufrir un paro cardiaco.

-Creo que sin querer te dimos muchos problemas Inuyasha pero afortunadamente todo salió bien y doy gracias que ustedes dos se encontraran ahí. De otro modo mi hermana podría estar muerta y yo seguiría encerrada en aquellas cuatro paredes.

-Perdóname por mentirte Kagome pero es que no quería admitir lo que sentía por ti.

-Ya no importa, ahora estamos juntos y eso nada ni nadie podrá cambiarlo al menos en este momento.

-Llevamos apenas una semana de noviazgo y tenga la sensación de que son años, me acoplé muy rápido a ti, es extraño ¿No lo piensas Kagome?

-Tan extraño como el que nos agrademos Inuyasha, a decir verdad nuestras personalidades son demasiado dispersos, parecemos el agua y el aceite, es un tanto ilógico… pero no me arrepiento de nada, cuando llegué a Tokio nunca pensé que tantas cosas ocurrieran.

-Tengo el presentimiento Kagome de que de ahora en adelante nuestras vidas sufrirán un gran cambio.

-¿Por qué lo dices Inuyasha, acaso piensas que podría ser algo negativo?

-No lo sé, no tengo ni la más remota idea de si será bueno o malo pero de algo estoy seguro, de que tú y yo compartiremos mucho tiempo juntos.

Permanecimos callados mientras mirábamos las estrellas, yo me cuestionaba si de verdad permaneceríamos juntos hasta la eternidad, buscaba una respuesta mientras me dedicaba a observar las figuras de los astros luminosos, me dejaba envolver con la frescura el aire, cerré mis ojos y entonces sentí una suave presión en los labios la cual correspondí, tan cálida y agradable… esta manera impredecible de Inuyasha era lo que más me agradaba.

-Es hora de regresar ¿No crees?

Decía Inuyasha con una gran sonrisa.

-Aún no, hay algo más que quiero saber…

-Dime.

-¿De dónde sacaste el dinero para todos esos regalos¡Es una fortuna Inuyasha!

No habló, permaneció callado y serio mientras se recostaba con los brazos flexionados posando sus manos bajo la nuca. Miró una vez mas el cielo pensé que no me respondería nunca.

-De ningún lado Kagome, mis padres no me lo dieron, los regalos los compré con mi herencia.

Respondió él al fin rompiendo aquel gélido silencio.

-¿Herencia?

Cuestioné intrigada y muy sorprendida.

-Si por parte de mis abuelos paternos y maternos.

-No entiendo Inuyasha…

-Cuando mis abuelos maternos fallecieron me dejaron a mí todos sus bienes: casas, inversiones en la bolsa y en el banco y otros negocios, negocios que para serte sincero no entiendo nada y ni me interesan… en fin, fue demasiado dinero lo que mis abuelos me heredaron pero todo lo hicieron con el propósito de que mi padre jamás recibiera un solo centavo de su fortuna, nunca lo aceptaron por su forma ambiciosa de ser, así que no lo consideraban digno de su hija, para ellos mi padre sólo era un oportunista que ambicionaba su dinero, pero como no pudieron disolver ese matrimonio su mejor venganza fue dejármelo todo a mi y no es que yo les gradara mucho, la verdad casi no los recuerdo, yo sólo fui su objeto de negocios, mi madre misma me ha contado que nunca fueron a visitarla a nuestra antigua casa y que tampoco deseaban fraternizar conmigo, sólo cuando ella iba a visitarlos me llevaba consigo pero como no les agradaban los niños lo que hacían era contratar a una niñera para que me mantuviera sólo en los jardines fuera de la casa y su presencia, no se por qué mis abuelos se sentían tan ofendidos con mi padre si ellos eran más ambiciosos y materialistas.

-¿Y quién maneja todo ese dinero?

-Mi madre, ella estudió Economía así que es la que se encarga de manejar todo mi dinero, esa fue la condición de mis abuelos en su testamento, la única persona que puede administrar esa herencia hasta que yo tenga la edad suficiente es ella, cuando obtenga la mayoría edad toda la responsabilidad caerá sobre mi y si alguna vez se me ocurriera obsequiárselo a mis padres entonces perderé todo y se donará a una beneficencia pública, en lo personal hubiera preferido que desde un principio donaran ese dinero a tantas personas que lo necesitan. Pero como te repito mis abuelos no eran muy bondadosos así que prefirieron dejárselo a su despreciable nieto que a unos huérfanos.

-Eso es horrible Inuyasha, no creo que tus padres sean tan malas personas.

-Yo que sé Kagome… son cosas de adultos pero desde ese día mi padre me guarda mucho resentimiento porque confiaba en que ese dinero pasara a sus manos por medio de mi madre y así iniciar un gran negocio.

-¿Y tu qué piensas¿Te agrada poseer tanto dinero?

-En realidad no, pero por alguna extraña razón no he podido deshacerme de él, suena muy egoísta y se que hay mucha gente que lo necesita pero… hay algo que me lo impide… quizás heredé la parte inhumana de mi familia.

-¿Y tus padres saben sobre el gasto que hiciste?

-Mi madre está enterada, ella fue la que me ayudó a realizar las trasferencias y el que yo pueda utilizar una tarjeta de crédito a mi edad.

-Pero si esa es la herencia que tus abuelos maternos te dejaron qué ocurrió con la otra parte.

-Bueno ese es un asunto aparte mis abuelos paternos nos dejaron todo a mi hermano mayor y a mí, también es una gran fortuna de la cual mi padre tampoco obtuvo nada.

-¿Tienes un hermano?

-Si pero Kagome por favor no me sigas preguntando más sobre ese tema, no me agrada en absoluto… algún día pienso contártelo pero no ahora, hay muchas cosas que desconoces de mi en realidad, cuando empieces a conocerme verás que no soy lo que piensas.

-No te preocupes Inuyasha ya no insistiré, esperaré paciente a que tú mismo te animes algún día a contármelo y la verdad es que no te tengo miedo.

-Gracias Kagome, bien creo que ya es hora de entrar a la casa, además me gustaría escucharte tocar tu nuevo violín.

-Lo haré con una condición.

-¿Cuál?

-Que tú toques el piano junto conmigo.

-Por favor no me pidas eso, no me agrada tocar en público.

-Inuyasha prometiste que cumplirías mis caprichos… ¿Lo recuerdas?

-Eso es jugar sucio Kagome no es justo…

-Andando y ya deja de llorar.

Me entusiasmaba tanto tocar a lado de Inuyasha y sobre todo estrenar mi violín que casi llegamos corriendo a la casa. Cuando entramos la cena ya había terminado y todos se encontraban sentados en la sala.

-¿Dónde andaban? Pensamos que nunca regresarían…

Comentó mi mamá.

-En el jardín necesitaba hablar de algunas cosas.

-Entiendo…

-Señorita hay algo que quisiera pedirle…

Comentó repentinamente el anciano refiriéndose a mí.

-Dígame.

-Podría honrarnos con alguna melodía por parte de ese violín.

-¡Claro que sí! Eso pensaba hacer en cuanto entré ¿Verdad Inuyasha?

Él sólo asintió la cabeza de manera seria, sabía perfectamente que la idea no le agradaba en absoluto pero no importaba después de todo el joven debía de pagar su justo castigo por haberme ignorado hoy.

Saqué a Hammer de su estuche. Por unos segundos tuve miedo de tomarlo entre mis manos al pensar que lo rompería o lo descompondría pero inmediatamente esa sensación desapareció al recordar que debía brindarle mi absoluta confianza a mi nuevo instrumento de no ser así Hammer a pesar de ser el violín mas caro y maravilloso del mundo en mis manos no sería menos que basura…

Todos esperaban ansiosos que comenzara y nadie se había percatado de que Inuyasha ya se encontraba sentado frente al piano dispuesto a tocar. Sostuve con firmeza aquel arco inclinándolo un poco para dar paso a la primera nota. Instintivamente comencé a interpretar la melodía que escuché el primer día que llegué a Tokio, si… la melodía de Inuyasha. Lo miré y él no se mostraba extrañado, al contrario al parecer sólo esperaba a que llegara el compás perfecto para poder realizar su entrada, un inicio que no demoró demasiado porque inmediatamente aquel piano comenzó a resonar provocando una gran sorpresa entre los presentes.

Las notas bailaban a nuestro propio ritmo tanto Inuyasha como yo nos acoplábamos perfectamente como si ambos hubiéramos ensayado aquella pieza durante meses, yo misma me asombraba de lo ocurrido pero aún así no podía detenerme Hammer me incitaba a no hacerlo, me retenía en sus cuerdas con una fuerza sobrenatural, podía sentir que la sangre me hervía y que una repentina euforia se apoderaba de mi cuerpo. Aquella era una sensación única que jamás había experimentado y ahora me daba cuenta de que el violín que mantenía entre mis manos no era un simple compañero… era un amante que ansiaba devorarme por completo para no dejar rastro de mi existencia. De la misma manera ocurría con Inuyasha que parecía un demonio cerca de aquel piano y al igual que yo se había perdido por completo en su melodía, mantenía sus ojos cerrados y aún así sus manos jamás cometían ningún error, era la primera vez que lo miraba tocar y en realidad era algo maravilloso porque él era capaz de trasmitir sus emociones bajo aquel instrumento y lo que ahora me indicaba es que Inuyasha se encontraba contento. Ambos nos habíamos envuelto en un mundo de notas y compases en donde éramos los absolutos soberanos y nadie más existía, un mundo raro, especial para dos almas que buscaban un lugar al cual pertenecer. Los dos terminamos al mismo tiempo y los instrumentos dejaron de sonar dando paso al silencio. Tanto Inuyasha como yo repentinamente caímos en la realidad y nos percatamos de que en aquella sala había más personas que nos miraban asombrados y con las bocas abiertas. No sabíamos que hacer en el momento porque simplemente nos habíamos vuelto locos olvidando por completo a nuestras respectivas familias hasta que por fin el abuelo rompió por completo aquel hielo con un aplauso…

-¡Que maravillosa interpretación¡Ambos son magníficos!

Gritaba emocionado el abuelo que inmediatamente fue seguido por más elogios por parte de los demás. A mi se me subieron los colores al rostro mientras que Inuyasha se mostraba más nervioso como si buscara un agujero en donde enterrar el rostro.

-¿Por qué nunca me habías dicho que tocabas el piano Inuyasha?

Reclamaba Miroku que al parecer todavía no asimilaba que su mejor amigo fuera tan excelente músico a su corta edad.

-No es nada importante Miroku, de verdad que no lo es.

-¿Qué no es importante¡Por favor! Si casi me arrebatas el corazón, por un momento llegué a pensar que romperías alguna cuerda.

-No exageres.

Era obvio que Inuyasha se sintiera incómodo por los comentarios ya que a él no le agradaba mostrarse en público y mucho menos con algo tan personal, pero al menos yo me sentía muy satisfecha por haberlo acompañado, quizás me comportaba de una manera egoísta al pensar sólo en mis deseos, pero no podía evitarlo, deseaba tanto este momento que en verdad no quería que terminara.

-Vamos muchachos toquen algo más…

Comentó mi mamá e Inuyasha me miró espantado.

-Mamá ya es muy tarde y mañana tenemos que asistir a clases, otro día será.

Interrumpí antes de que mi querida madre cometiera alguna tontería y claramente pude observar como Inuyasha suspiraba con tranquilidad. Minutos después ambos nos despedíamos con un beso en la mejilla, que más hubiera deseado besarlo en la boca pero no me atrevía hacerlo al encontrarse mi familia cerca.

-Fueron demasiadas sorpresas hoy, este día realmente fue muy extraño…

Comentaba Kikyou con semblante fatigado.

-Tienes razón, nunca pensé que él fuera alguien tan detallista, por un momento comenzaba a pensar que nunca recibiría alguna rosa de su parte por su manera tan fría, pero me doy cuenta que aún no lo conozco y que me falta mucho para saber quién es Inuyasha Kurosaki en realidad.

-No te preocupes eso será con el tiempo además es obvio que hacen una muy buena pareja incluso hasta en la música se acoplan muy bien es increíble lo que hicieron hoy con esa melodía, ustedes nunca la ensayaron mas sin en cambio parecía que llevaban toda una vida interpretándola.

-No sé qué fue lo que pasó hermana pero simplemente nos conectamos en un mundo diferente, yo tan solo dejaba que mis dedos se deslizaran en las cuerdas y nada más me importaba, después de mucho tiempo volví a sentirme viva, aquella oscuridad que me aquejaba parece estar desapareciendo cuando él se encuentra junto a mí.

-Pase lo que pase Kagome prométeme que esa sonrisa y esa felicidad que inunda tu rostro no desaparecerá, por favor prométemelo, si tú eres feliz yo también lo seré…

-Te lo prometo Kikyou pero creo que ya es hora de dormir.

-Buenas noches Kagome…

Ambas nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones a descansar. En realidad hubiera deseado permanecer más tiempo despierta pero el cansancio me vencía y mi cuerpo imploraba a gritos posarse cuanto antes en la cómoda cama. No tardé mucho tiempo en conciliar el sueño mientras soñaba con danzas y música. Las melodías de Inuyasha me envolvían en mundo mágico donde yo era la reina absoluta, aquellas notas sólo eran mis amables súbditos que con su sonido se complacían en honrar a su soberana.

Los siguientes días no fueron cómo yo me lo esperaba. Inuyasha y yo simplemente no podíamos estar alejados uno del otro. En veces lo acompañaba en su trabajo con los Ishida o en otras nos dedicábamos a platicar en aquel parque sobre cualquier tema mientras yo me dedicaba a dibujar. Lo que más me asombraba es que nunca lo veía realizando los deberes escolares, nunca hablaba sobre sus compañeros de clase o los maestros, mucho menos de temas que tuvieran que ver con los estudios. La única vez que le pregunté del por qué descuidaba tanto el Colegio me comentó que lo hacía para molestar a los adultos y que además la educación es lo que menos le interesaba en estos momentos, si ahora continuaba manteniéndose en el Colegio era para estar más cerca de mi.

Por supuesto que el castigo que compartían él y Kikyou seguía en pie y todas las tardes ambos se dedicaban a dicha tarea mientras que yo continuaba ensayando para la futura presentación decembrina. Ahora que tenía mi nuevo violín procuraba no separarme de él mucho menos divulgaba su procedencia y para muchos no era mas que otro violín del cual se podía disponer en cualquier establecimiento. Todo esto lo hice con la finalidad de que nadie se enterar de su verdadero origen y evitar que la noticia se divulgara por todo el país e intentaran comprármelo, robármelo o lo peor de todo destruirlo.

Sinceramente los ensayos no eran nada fáciles en vista de que mi desagradable compañero se incomodaba con mi presencia, en un principio llegué a pensar que su rechazo se debía a que el joven era demasiado ególatra y prácticamente se creía la reencarnación de Beethoven, por consiguiente siempre recibía insultos y ofensas por parte de él. Este problema no quise comentárselo a nadie más ya que lo tomé como algo sin importancia y además no quería ocasionar un problema mayor con los profesores encargados del evento y el Colegio, así que me mantuve en silencio esperando paciente mi oportunidad para poder aplacar a ese sujeto.

-¡No, no, no¡Higurashi lo estás haciendo todo mal!

Gritaba neurótico aquel sujeto.

-¡No lo estoy haciendo mal!

Respondí molesta después de media hora de ensayo. Al parecer el joven hoy venía más enfadado que de costumbre.

-¡Es que no estás siguiendo el compás¡No estás dentro del ritmo!

-¡Por supuesto que voy al compás y sigo la partitura correctamente!

-Lo intentaremos una vez más Higurashi y esta vez presta mucha atención…

Rechiné mis dientes, conteniendo mi furia. Volví a tomar el arco y ambos comenzamos a tocar pero no trascurrieron más de tres compases cuando repentinamente se escuchó el tecleo brutal o más bien bestial de aquel pobre piano.

-¡Maldita sea Higurashi¿Te cuesta mucho seguir el compás?

-¡Lo estoy siguiendo, estoy leyendo perfectamente la partitura!

-¡Es que todo lo haces mal!

-Tú eres el que está mal yo sigo todo al pie de nota…

-¡Es que es MI compás el que debes seguir¿Te cuenta mucho comprender eso? entiende niña estúpida es mí compás no el tuyo el que se debe seguir, recuerda que tú sólo eres una tonta que no comprende el verdadero significado de la música aquí el maestro soy yo…

-¡OYE IMBÉCIL A ELLA NO LE VAS HABLAR DE ESA FORMA!

Gritó repentinamente una voz colérica y antes de que pudiera reaccionar Inuyasha ya avanzaba a gran velocidad hacia Takeya, de un solo tiró lo levantó del banquillo y lo sostuvo fuertemente del cuello de su Gakurán.

-No… no… me hagas nada Kurosaki… no me pegues…

Decía Takeya con absoluto temor ante la mirada fiera de Inuyasha.

-¡Óyeme muy bien pedazo de animal vuelves a gritar o insultar a Kagome de esa manera y te juro que terminarás muy pronto dos metros bajo tierra!

Vociferó amenazante Inuyasha emanando furia por todo el cuerpo y por vez primera vi aquellos ojos dorados que ahora parecían tornarse rojos como lava ardiente.

-Es que la culpa la tiene ella Kurosaki… es una pésima intérprete yo no puedo hacer nada…

-Aquí el inútil eres tú, tu eres pésimo cuando tocas ese piano me das tanto asco que no se quién diablos te dijo que eres el mejor…

-¿Y tú que sabes de música? Ni siquiera has asistido a una clase de música en todo el curso así que un ignorante como tú no puede venir a criticar mi talento.

-¡INUYASHA ES MUCHO MEJOR QUE TÚ!

Grité colérica, no podía permitir que un bueno para nada menospreciara el grandioso talento que poseía Inuyasha.

-Kagome no sigas… no tiene caso que gastes tus palabras en esta basura, larguémonos ahora mismo de este lugar, aquí apesta a rata…

Y en seguida soltó a Takeya provocando que cayera en su propio trasero no sin antes haberse golpeado con el mismo banquillo del cual no pudo sostenerse. Inuyasha me tomó de la mano y con suma destreza recogió mis cosas, ni siquiera me dio tiempo de guardar el violín en su estuche.

-Inuyasha… espera me estás lastimando.

Protesté cuando bajábamos las escaleras, me fulminó con aquella mirada rojiza y me soltó, no dijo nada más y yo sólo me limité a seguirlo. Cuando ya nos encontrábamos fuera de la escuela Kikyou nos esperaba con una sonrisa, sonrisa que inmediatamente desapareció al ver la cara de Inuyasha.

-¿Ahora que ocurrió?

Preguntó sorprendida.

-Tuve que gritarle a un inútil que quiso pasarse de listo con Kagome.

Respondió él de mala gana.

-¿Quién fue Kagome¿Qué te hicieron?

Preguntó alterada mi hermana mientras me tomaba de los hombros, supuse que por la forma tan sutil de Inuyasha de explicar los sucesos Kikyou había pensado lo peor, así que traté de tranquilizarla antes de que también ella estallara en cólera.

-No es nada, es sólo que la persona con quien estoy ensayando no me soporta y comenzó a gritarme cosas horribles, en ese momento llegó Inuyasha y lo puso en su lugar…

-¿Pero por qué te estaba molestando?

Insistió mi hermana con cierta desesperación.

-Porque es un tonto, la verdad no se porque me odia, siempre me ha molestado desde le principio.

-¿Y porqué no me lo habías dicho?

Preguntaron al unísono Inuyasha y Kikyou.

-Por que era algo sin importancia, no quería que esto se volviera un problema mayor suficiente tienen con sus problemas para encima tener que cargar con lo mío, además ese hombre ni siquiera vale la pena.

-¡Es que no entiendo cómo puedes tolerar que alguien te trate así Kagome!

Decía Inuyasha alzando más la voz sin ocultar su enojo e interrumpiendo a Kikyou.

-¡Ya dije que lo siento no se volverá a repetir!

Comente con cierta desesperación.

-Por supuesto que no volverá a ocurrir de ahora en adelante estaré presente en todos tus ensayos ¿Entendido?

Ordenó Inuyasha en un tono autoritario que me molestó por completo.

-¡No tienes que exagerar Inuyasha ya te prometí que no permitiré que ese tonto me falte al respeto!

-¡Es que no se trata de eso Kagome, prometer es muy fácil para cualquier persona, ese sujeto no va a entender con tus advertencias!

-¿Qué tratas de decir?

-Que por tu carácter es obvio que Takeya no tomará en cuenta tus palabras y seguirá faltándote al respeto, por eso tengo que estar presente para ponerlo en su lugar.

-Yo no necesito que nadie me defienda y es mi problema si alguien me insulta o no… Inuyasha ¡Tú no eres quién para mandar en mi vida mucho menos eres MI PADRE para andarme cuidando!

Acto seguido di media vuelta y salí del Colegio corriendo sin un rumbo fijo. La verdad no podía pensar en otra cosa más que en alejarme de aquel lugar, necesitaba un sitio donde poder desahogarme y descargar mi furia. Inuyasha se había excedido al considerarme una persona de carácter enclenque a la cual todo mundo podía manipular a su antojo. Estaba tan molesta que había tomado la decisión de terminar nuestra relación cuanto antes, no tenía caso seguir a lado de una persona que me consideraba débil.

Perdí por completo la noción del tiempo y sobre todo la ubicación del lugar en donde me encontraba, ya había oscurecido y desde hace varios minutos había yo dejado de llorar por la estupidez de Inuyasha, en realidad no me importaba si me encontraba sola porque no quería hablar con nadie mucho menos escuchar la voz de Inuyasha. Yo sólo podía mirar la pared que se encontraba frente a mí, apenas comprendía que me encontraba en un pequeño callejón semioscuro. La única luz que llegaba un poco a su interior provenía de un anuncio espectacular que se encontraba justo en el edificio de enfrente. No tenía ánimos de levantarme pero tenía que hacerlo porque ya era tarde y seguramente tanto mi hermana como mi madre me estarían buscando.

Extrañamente en estos momentos no tenía miedo porque aún transitaba bastante gente por la acera así que sólo podía tomar un taxi que me llevara a casa. Me levanté y limpie mi uniforme del polvo pero ya era demasiado tarde se encontraba muy sucio. Salí del callejón y caminé junto a los demás transmutes con la mente en blanco y con el único fin de que este día terminara. Aunque una vez más el destino me jugaba sucio y sentí una mano cálida que me tomaba del brazo.

-¿Podemos hablar?

Era Inuyasha, su rostro se mostraba totalmente diferente, aquella molestia había desaparecido por completo y en su ligar se encontraba el remordimiento. No me sorprendí al verlo, sabía perfectamente que me había seguido y desde hace un par de horas lo había visto al otro lado de la calle esperando el momento a que saliera de mi escondite pero mi intención era que él se desesperara y se fuera, pero al parecer esa táctica no funcionaba en un alma tan testaruda como la de Inuyasha.

No respondí a su pregunta ni siquiera un leve sonido, sólo lo miré molesta e indiferente y me limité a seguirlo cuando me tomó de la mano con suavidad. A pocos metros había una pequeña plaza circular, en medio había una fuente pequeña y alrededor de ella se encontraban unas bancas de color verde olivo en donde poderse sentar.

-Se que estás muy molesta, lo siento soy un tonto.

Decía Inuyasha cuando nos sentamos, yo evadía su mirada y sólo buscaba una salida para desaparecer de aquel lugar cuanto antes

-Inuyasha… lo único que quiero es regresar a casa, no tengo ánimos de hablar además mi familia me está esperando y no me he tomado mis medicamentos.

Respondí con pesimismo sin prestar atención a sus disculpas.

-Bien, entonces te llevaré.

-No, quiero estar sola…

-Kagome no puedo dejarte ir sola.

-¡No te estoy pidiendo permiso Inuyasha, dije que iré sola y así será…!

De un tiró me solté de su mano y caminé hacia la avenida principal, afortunadamente un taxi transitaba y lo abordé de inmediato dejando solo al perturbado Inuyasha.

El camino a casa en realidad no fue tan largo, cuando llegué sólo di instrucciones a la muchacha del servicio para que pagara e inmediatamente me dirigí hacia mi alcoba.

-Kagome…

Llamó Kikyou en cuanto me vio cerca de mi habitación, su voz era un susurro, como si de esa manera pretendiera no perturbarme más.

-Ahora no por favor no tengo ánimos de hablar…

-Lo se muy bien, mejor descansa y por favor no olvides tomarte tus medicamentos.

-¡Ya lo sé no es necesario que me lo recuerdes!

Y de un portazo dejé sola a mi hermana. Ya estaba cansada de que todo el mundo me cuidara como si fuera una niña pequeña ¿Tan difícil era entender que necesitaba mi propio espacio? Que más daba… la cabeza comenzaba a punzarme con fuerza y opté por olvidarme de todo y de todos para poder dormir aunque sea con tranquilidad.

Esa noche era la primera en la que deseaba no escuchar el piano de Inuyasha, ansiaba desesperadamente que el silencio siguiera rondando a mi rededor para poder de esa manera sumergirme en un mar pacífico y profundo, lo que necesitaba era paz.

Un despertador sonó, era hora de levantarse e ir al colegio. Con pesar y absoluta desgana me levanté mientras que mis pequeños pasos, lentos y a la vez pesados me aproximaban a mi ducha. Minutos más tarde bajé a desayunar, en realidad probé muy poco y tanto Kikyou como mi madre evitaban hacerme plática, gesto que en realidad agradecía demasiado al no poseer yo el más mínimo ánimo para conversar.

Al poco tiempo nos encontrábamos a la entrada del Colegio, a petición mía rogué a Kikyou que saliéramos más temprano de lo normal para no encontrarme con Inuyasha. Ya habían llegado algunos alumnos al Colegio y en realidad eso carecía de importancia ahora.

-Kagome huyendo de los problemas no se soluciona nada.

Insistía Kikyou.

-Yo no estoy huyendo de nadie, simplemente estoy muy molesta y no deseo ver a Inuyasha en estos momentos.

Respondí con más enfado y aceleré mi paso para llegar cuanto antes a mi aula.

-Bueno días Kagome…

Saludó mi amiga Sango minutos después cuando nos encontrábamos a poco tiempo de iniciar las clases.

-Buenos días…

Contesté sin ánimo alguno, con el cuerpo y los brazos recargados en mi mesa y con ese aire soñoliento que me caracterizaba.

-¿Te sientes mal¿Puedo ayudar en algo?

-Muchas gracias Sango, no te preocupes no me siento enferma es solo que… ayer tuve un problema con Inuyasha…

-¿Y ahora que ocurrió?

-Perdóname no quiero hablar de eso, aún sigo molesta y el sólo recordarlo me enfurece más, cuando me tranquilice te platicaré.

-Como digas Kagome, ya sabes que cuentas conmigo.

-Gracias…

Las clases comenzaron y los segundos trascurrían como si fueran horas, poca atención mostraba a las clases, ni siquiera me quedaban ánimos de poder pensar en una solución para mi problema, por momentos pensaba que todo esto era una tontería y que debía hablar con Inuyasha pero al instante, al recordar sus palabras mi ira renacía y nublaba por completo cualquier posibilidad de reconciliación.

Todo carecía de interés para mí, miraba a mis profesores pero sólo de sus labios podía observar el movimiento de unas palabras inaudibles para mí, el sonido no existía, sólo yo en un profundo abismo, vacío y frío. A lo lejos alcancé a percibir un sonido, demasiado pequeño pero audible. Era la campana que anunciaba el descanso, poco a poco los alumnos se levantaban de sus asientos y salían acompañados de sus amigos, sonriendo y conversando con total libertad.

-¿Kagome quieres salir o prefieres estar sola?

-Perdón Sango pero prefiero quedarme…

-Bien nos vemos luego, le avisare a Kikyou para que no se preocupe.

Sango salió del aula y yo por otro lado me quedé algunos minutos con la mente en blanco, después tomé una de mis libretas, un lápiz y comencé a dibujar cualquier cosa.

-Hola Kagome ¿Cómo estás?

Saludó una voz repentina que me sobresaltó. Era Miroku que observaba atento mi dibujo.

-Ho…hola Miroku…

Respondí apenas reponiéndome del susto.

-Dibujas muy bien, Inuyasha ya me había comentado de tu talento pero nunca lo había visto con mis propios ojos.

Al escuchar aquel nombre una molestia se manifestó en mi rostro.

-Me comentó que ayer discutieron…

-Miroku perdóname pero no quiero hablar de eso…

Me levanté de mi asiento comencé a guardar mis cosas con el único propósito de salir de ahí.

-Pero yo si Kagome, desconozco que fue lo que ocurrió porque Inuyasha no quiso hablar conmigo sobre ese asunto.

-Si él no quiso hablar, comprenderás que este asunto sólo nos incumbe a los dos.

-De verdad que ambos son muy testarudos, su orgullo es tan grande que si continúan evadiéndose nunca solucionaran nada.

-Ese sería nuestro problema, además poco le importo a Inuyasha después de las tonterías que dijo.

-Por lo visto no lo conoces en absoluto, si tú no le importaras… ¿Crees que estaría a tu lado? Vamos Kagome no me vengas con eso… ni siquiera viste su semblante ayer por la noche cuando llegó a mi casa, por un momento pensé que le habían arrebatado la mitad de la vida ¿Dices que no eres nadie en su vida? No hables de lo que no conoces… yo estoy a su lado cada vez que trata de complacerte para que seas la mujer más feliz. Desconoces absolutamente la vida de Inuyasha antes de que tú aparecieras.

Comentó Miroku con seriedad, conservando la calma si mostrar ningún tipo de alteración.

-Tienes razón Miroku no se nada de él, lo desconozco y por más que he tratado de acercarme no puedo él siempre pone una barrera entre nosotros, si a tu lado puede desahogarse que bueno, por lo visto yo no soy tan indispensable en su vida.

-Veo que no entenderás nunca lo que te quiero decir, sólo quiero que sepas algo Kagome… en la vida de Inuyasha sólo existen dos personas muy importantes y por las cuales daría todo, una soy yo y la otra por supuesto… eres tu, ambos somos la razón de que Inuyasha por fin encontrara un propósito en la vida, si he venido aquí a platicar contigo en contra de los deseos de mi amigo es porque él significa mucho para mi, es mi hermano y no puedo permitir que tonterías como estas destruyan lo que tanto trabajo le ha costado a Inuyasha descubrir de sí mismo.

Ciertamente esas palabras provocaron un gran laberinto en mi mente y nunca pensé que Miroku significara tanto para Inuyasha, lo observé detenidamente, su rostro era muy severo algo anormal en su personalidad, nunca había visto un semblante tan serio, incluso lo veía mucho más alto que de costumbre a pesar de sus muletas.

-Miroku yo… no entiendo… si dices que soy tan importante por qué me trata como si fuera tan sólo una bebé que no es capaz ni de caminar sola.

-Porque Inuyasha es un estúpido al querer sobreproteger a las personas, conmigo lo hace siempre pero es su forma de demostrar su interés hacia el ser querido, es miedo lo que tiene Kagome, miedo de que algo malo nos ocurra a ti y a mí, por eso es que te defiende tanto.

-¿Inuyasha temeroso? Siempre lo he visto como una persona indestructible.

-Aunque no lo creas, Inuyasha es quizás más débil que tú y yo juntos, sólo que oculta esa parte con una máscara de frialdad y desinterés.

-Ya no sé que pesar de él, no entiendo su forma de ser.

-Es que no es cuestión de entenderlo, nuestro único trabajo es estar a su lado y apoyarlo cuando nos necesite.

-Vaya ¿Y ahora que haré? No puedo llegar y pedir disculpas, además no me siento con el valor de verlo a los ojos, fui muy tonta.

-¿Qué fue lo que pasó Kagome? A lo mejor puedo ayudar en algo.

-Ayer mientras ensayaba me encontró discutiendo con mi compañero de evento, él siempre me insulta y me hace sentir la peor de las mujeres cada que puede, yo no he podido erradicar su ofensas y tampoco entiendo ese odio que tiene hacia mi. Inuyasha escuchó todo, se molestó y por poco lo golpea, después salimos del Colegio y me reclamó del por qué nunca le había dicho nada, yo simplemente le dije que no quería provocar más problemas… pero eso lo enfureció y más y prácticamente me dijo que era una tonta y débil que siempre necesitaba que alguien la protegiera y que para eso estaba él, para cuidarme… eso me molestó mucho y salí corriendo sin decir nada, permanecí mucho tiempo escondida en un callejón hasta que todo terminara, Inuyasha me había seguido y esperado todo ese tiempo, pero mi coraje fue mucho mayor así que en cuento lo vi abordé el primer taxi hacia mi casa y me fui sola, lo dejé sin darle si quiera una oportunidad de arreglar el problema.

-Ya veo… ¿Y quién es ese sujeto que te ofende?

Preguntó curioso Miroku.

-Se llama Takeya… Takeya Yakotsu

Una risa estridente resonó por todo el salón, era tan fuerte que incluso los vidrios de la ventana vibraban. Miroku se carcajeaba como si hubiera escuchado el mejor chiste del mundo, no se detenía. Fue tan largo el momento que su propio cuerpo tuvo que detenerlo porque el estómago comenzaba a molestarle por tan prolongada risa.

-No le encuentro lo gracioso Miroku…

Reclamé con enfado.

-P... Pee… perdón Kagome es que… esto es tan gracioso…

-No te entiendo, explícate…

-Es que ese sujeto es un compañero de clase y la verdad ahora entiendo por qué te odia tanto.

-¿Por qué?

Pregunté ingenua por un momento pensé que Inuyasha también había tenido problemas con ese hombre, quizás cuando llegó al colegio tuvieron alguna disputa pero nunca pensé que la realidad fuera tan diferente.

-Lo que pasa es que Takeya esta enamorado de Inuyasha desde el primer día que llegó, es por eso que te odia tanto porque tú eres la novia de su amor platónico y eso le molesta en gran manera, lamentablemente para él mi amigo nunca lo tomó en serio.

La noticia me cayó como un balde de agua fría, jamás pensé que ese sujeto tuviera ese tipo de preferencias y lo peor de todo es que Inuyasha era su objetivo.

-Lo ves Kagome… tu novio es capaz de levantar hasta las más bajas paciones.

-¿Pero en hombres?

Respondí con cierto asco.

-¿Por qué no¿Preferías que fuera una mujer?

-No… creo que es mejor dejarlo así, no me agradaría tener que soportar un montón de víboras acechando a Inuyasha.

-Si, en este caso puedes sentirte tranquila porque Inuyasha jamás pondrá sus ojos en ese pervertido.

-¿Inuyasha lo sabe?

-Si, por eso le molesta mucho hablar sobre el asunto.

-Y por eso es que ayer se molestó más de lo debido, creo que después de todo no fue una exageración de su parte.

-Ambos tuvieron la culpa por no hablar y tenerse más confianza, pero descuida este problema se puede solucionar muy fácil.

-No he salido del salón en todo el día y no le visto por ningún lado.

-Ni lo verás en el Colegio… hoy no vino…

-¿No asistió a clases?

-No.

-Me imagino que ha de estar molesto.

-Eso no lo sé Kagome ¿Por qué no lo visitas en su casa?

-¿Crees que esté ahí? La verdad es que nunca he entrado, además no me parece apropiado, él vive solo.

-No tan solo Kagome su ama de llaves siempre está ahí, si quieres yo te acompaño para que no te sientas incómoda.

-Gracias…

El receso había terminado y ahora me encontraba desesperada por ver a Inuyasha y aclarar de una vez todo este problema. Miraba impaciente el segundero de aquel reloj, ahora el tiempo trascurría con mucho mayor lentitud que antes, por unos instantes tuve el gran impulso de abandonar las próximas clases y así fue, en cuanto terminó la primera hora guardé mis útiles.

-¿Vas algún lado Kagome?

Preguntó sorprendida Sango.

-Si, tengo que ver a Inuyasha, por favor avísale a mi hermana que estoy bien, que sólo fui a resolver un problema que tengo con él y también dile a Miroku que me disculpe pero que preferí arreglar esto sola.

-Está bien Kagome, sólo cuídate.

Sin esperar ni un minuto más apresuré mi salida y en pocos segundos ya me encontraba corriendo rumbo a la casa de Inuyasha, la verdad es que no estaba acostumbrada al ejercicio y muy a pesar de mi figura delgada podía sentir cómo el aire se me escapaba de los pulmones, al principio no me importaba, pero cuando comencé a sentir una molestia en el costado de mi estómago y a marearme comprendí que llegar corriendo a su casa y en ese estado sólo preocuparían más a Inuyasha. Faltaban pocas cuadras para llegar, así que comencé andar tranquila y sin ninguna prisa. Mi cansancio ya era más que evidente, las piernas me temblaban, había esforzado mi cuerpo al máximo, casi no me quedaban fuerzas para tocar el timbre. Tan sólo vi cómo se abría la puerta, la silueta de una mujer y después oscuridad.

Me sentía extraña, el aroma de mi ambiente era diferente, no era dulce ni tampoco desagradable, más bien cálido y reconfortante, mi piel podía sentir la suavidad y comodidad de algo que aún desconocía, traté de abrir los ojos, poco a poco mis párpados comenzaban a separarse, una luz me encegueció por un momento y cuando hube recuperado un poco la vista noté un techo blanco y paredes azules, un ventanal del cual provenía aquella luz y varios muebles desconocidos ¿Dónde me encontraba? Trataba de moverme pero el cuerpo me dolía, comenzaba a asustarme y desesperada enderecé mi cuerpo provocando un terrible mareo y un repentino dolor de cabeza.

-No te asustes tranquila… todo está bien…

Me decía una voz calmada.

-¿Inuyasha?

Pregunté confundida ¿Era esto un sueño?

-¿Dónde estoy¿Por qué estoy aquí?

-Estás en mi casa, te desmayaste en cuanto Kaede abrió la puerta ¿Cómo te sientes?

-Muy mareada, con náuseas, me duele la cabeza y el cuerpo, además tengo la boca muy seca.

Inuyasha vació agua de una jarra de cristal en un vaso pequeño también transparente, me lo ofreció y cuando lo tomé en mis manos casi se derrama, pero gracias a que Inuyasha reaccionó antes que yo ese accidente no ocurrió porque lo tomó antes de que yo lo soltara, hasta un simple vaso parecía plomo entre mis manos.

-¡Qué ridículo! Ahora ni siquiera puedo con el peso de un vaso.

Me reclamé molesta.

-No es tu culpa es normal que no tengas muchas fuerzas.

El mismo Inuyasha ahora me daba de beber y me sentí avergonzada.

-¿Qué hora es?

Pregunté al encontrarme perdida en el tiempo. Por lo que veía a través de aquel ventanal aún era temprano pero desconocía la hora exacta.

-Casi son las tres de la tarde, mejor descansa estás muy pálida.

-¿Cómo es que llegué aquí? Sólo recuerdo que abrieron la puerta pero nada más…

-Yo estaba entrenando en el gimnasio cuando escuché que Kaede gritaba desesperada, cuando llegó a mi me comentó muy asustada que te habías desmayado sin pensarlo salí corriendo y cuando te vi en el piso el corazón se me detuvo, pensé que algo grave te había ocurrido, lo único que se me ocurrió fue cargarte y recostarte en un sofá de la casa, no reaccionabas y yo me encontraba en la histeria total, sino fuera por Kaede que fue la que me tranquilizó quien sabe que clase de tontería hubiera cometido. Me dijo que lo mejor era que te recostara en una cama y llamara a un médico y así fue, mientras el doctor llegaba te subí a mi habitación para que estuvieras más cómoda, espero que no te moleste.

-No te preocupes, muchas gracias y disculpa por haberte preocupado no era mi intención.

-No es nada, afortunadamente no pasó a mayores, el médico dijo que sólo fue una baja de presión a causa del cansancio y de la fiebre.

-¿Fiebre?

-Si, cuando llegó el médico ardías en fiebre ¿No te sentiste extraña hoy en la mañana?

-Un poco, el cuerpo me dolía y me sentía muy cansada pero no le tomé importancia porque me ocurre seguido, quizá fue porque ayer no me cubrí adecuadamente.

-Es lo mismo que opino el doctor lo que necesitas es descansar, al parecer la fiebre ya disminuyó con el medicamento, tuvieron que ponértelo vía intravenosa para que surtiera más efecto.

-Ya veo… ¿Y mi hermana¿No sabe lo que me ocurrió?

-Por supuesto en cuanto se fue el médico salí corriendo al Colegio por ella, hubieras visto su cara, parecía el mismo demonio incluso es más rápida que yo corriendo porque en cinco minutos ya se encontraba a tu lado.

-¿Y dónde está?

-Fue con Kaede a conseguir tu medicina, por causa de tu narcolepsia tienen que tener mucho cuidado en qué van a recetarte pero creo que ya se demoraron un poco, supongo que conseguirla ha sido un poco difícil.

-¿No sabes si mi mamá está enterada?

-Si, Kikyou ya habló con ella y la tranquilizó después de todo esto sólo fue por culpa de un resfriado y un desmayo nada que ver con tu enfermedad así que dijo que estaría aquí lo más pronto posible.

-Gracias Inuyasha…

-No tienes que agradecerme nada, después de todo yo me siento culpable…

-Tú no tienes nada que ver en esto.

-¡Claro que si! Si no te hubiera dicho todas esas tonterías el día de ayer tú no estarías enferma.

-Ya no importa, yo soy más culpable por dejarme llevar por los impulsos y no pensar antes en las consecuencias, perdóname ayer fui muy dura y exageré la situación, tú lo único que querías era protegerme.

-Pero esa forma de protegerte no es correcta, me comporté muy sobre protector y eso no es bueno para nadie, tú eres la que debe aprender a defenderse y yo no puedo estar siempre a tu lado para cuidarte, ya no eres una niña, pero desgraciadamente eso ayer no lo comprendí.

-Vaya… nuestra primer pelea… espero que sea la última no me agradan este tipo de situaciones.

-Eso no se puede evitar Kagome, además las diferencias entre dos personas siempre van a existir, la cuestión estriba en cómo saber resolver esos problemas.

-Entonces ¿Asunto arreglado?

-Por supuesto Kagome.

Nos miramos por algunos segundos y lentamente acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios chocaron y se besaron con timidez. Aquel beso comenzó a prolongarse y tanto él como yo ya nos encontrábamos abrazados siendo ésta una forma de pedirnos perdón por ser tan ingenuos y tontos. Anhelaba tanto el sabor de su boca… y ahora que lo meditaba desde hace pocos días nuestros besos comenzaban a mostrarse más diferentes… como decirlo, quizás más apasionados. Ambos nos exigíamos más, mi cuerpo ahora se estremecía completamente cada vez que sentía su boca… ¿Qué significaba esto¿Qué era esta sensación? Una sensación que me impulsaba a pedir más de él, a desearlo más… a no separarme ni un instante de su aroma, de su calor y sobre todo de su sabor.

Ahora le permitía a Inuyasha que me besara el cuello mientras que un fuego ardiente recorría mis venas arrasando con cada centímetro de mi piel.

-I… Inuya… sha… no… por favor no lo hagas.

Inuyasha se apartó de mi muy apenado por el momento y ambos nos mirábamos asombrados por dejarnos llevar por el momento.

-¡Perdóname Kagome no sé que me diablos me pasó, discúlpame no quise faltarte al respeto de esa forma!

Se disculpaba él apenado y con el rostro más enrojecido que de costumbre.

-Perdóname tú a mi es sólo que me asusté…

Respondí todavía azorada por aquella escena.

-No volverá a ocurrir te lo prometo.

-¿Por qué lo hiciste Inuyasha?

-Me dejé llevar por mi instinto, comprendo que sea algo desagradable para ti Kagome.

-No fue desagradable, más bien me gustó, pero sentí temor a la vez ¿Tú que sentiste?

-Emoción y satisfacción.

-Yo igual.

Ambos sonreímos ruborizados pero aquel momento fue roto cuando mi hermana entró a la habitación.

-¡Kagome por fin despiertas estaba tan preocupada!

Mi hermana se abalanzó sobre mi y me abrazó con fuerza, por un momento sentí que el aire me faltaba.

-Ki…Kikyou me estás… ahogando…

Rápidamente mi hermana se apartó de mí para que yo volviera a recobrar el aliento.

-¿Cómo te sientes¿Por qué no me habías dicho que te sentías enferma?

-Porque pensé que era algo normal, pero ya estoy bien Kikyou no exageres más.

-Sólo me preocupo, no tiene nada de malo.

-Creo que lo mejor es irnos ya a casa, la fiebre ya bajó así que puedo salir.

-No puedes, la fiebre podría volver en cualquier momento.

-No pasa nada, sólo vamos a cruzar una calle y listo, si me abrigo bien la fiebre no va a volver.

-Eres imposible Kagome.

-Igual que tu hermanita.

Inuyasha ayudó a levantarme de la cama mientras que Kikyou tomaba mis cosas y me abrigaba con una chaqueta enorme que ella misma trajo de la casa. Minutos más tarde ya me encontraba recostada en mi propia cama, ahora me sentía más tranquila y en confianza puesto que la habitación de Inuyasha me había provocado cierto nerviosismo y la situación al menos para mi se había tornado un tanto hostil. No podía olvidarme de aquel momento cuando nos besamos ni mucho menos de esa sensación en mi cuerpo. Me encogí más en mi cama tratando de conciliar el sueño y olvidarme del asunto después de todo Inuyasha tampoco se había sentido muy cómodo.

Cerré mis ojos y dejé que mi cuerpo se relajara, no tarde mucho en conciliar el sueño esta vez no hubo nada, todo en blanco, así es como me gustaba dormir, sin sueños o pesadillas que me atormentaban continuamente. Sentí que apenas había cerrado los ojos cuando escuché a lo lejos que me llamaban:

-Kagome hija… despierta… Kagome.

Lentamente abrí mis párpados estaba oscuro y aunque reconocía la voz de mi madre me costaba un poco de trabajo enfocar su imagen entre la oscuridad de mi habitación, me encontraba muy soñolienta.

-¿Mamá¿Qué pasó?

Pregunté mientras me sentaba en mi propia cama.

-No es nada hija ¿Cómo te sientes¿La medicina surtió efecto?

Preguntó ella con ternura.

-Creo que si, ya casi no me duele el cuerpo aunque tengo mucho sueño.

-¿Tienes apetito?

-No mucho, aún tengo un poco de náuseas.

-Aunque sea come un poco de cereal o fruta no puedes dormir con el estómago vacío.

Insistió ella con aire de preocupación mientras me acariciaba el pelo

-Bien, entonces me gustaría comer un poco de melón y manzana.

Respondí con pereza.

-Ordenaré que te lo preparen, después de eso toma tus medicamentos, precisamente para eso te desperté pero no puedes tomártelos en ayunas.

-Si mamá gracias.

-Bien hija en unos momentos subiré con tu cena.

Mamá salió no sin antes dejar la luz encendida, a los pocos segundos entró Kikyou.

-¿Ya estás mejor?

-Si muchas gracias.

-Te ves muy pálida.

Kikyou me tomaba la temperatura corporal con su mano pero a juzgar por su semblante todo estaba en orden.

-Kagome sé que no es el momento pero… ¿Arreglaste las cosas con tu novio? Te digo esto porque aún noto cierta incertidumbre en tu rostro como si algo te molestara todavía.

-Inuyasha y yo arreglamos ya ese problema, pero hoy cuando me encontraba en su habitación ocurrió algo que me inquietó…

-¿Qué es?

Preguntó ella curiosa.

-Para reconciliarnos… nos besamos… pero hoy fue de una manera distinta, atrevida por así decirlo, tuve una sensación extraña y me dio miedo.

-¿Miedo¿Y qué sensación era esa?

-No sé cómo explicarlo, era como una gran electricidad un deseo infinito por no dejar de besarlo.

-Bueno Kagome eso es normal porque ambos se agradan.

-Pero tengo miedo que esto se repita, no me gustaría que esto rebasara las fronteras ¿Qué puedo hacer?

-Entiendo tu inquietud hermana pero creo que esta vez no podré ayudarte en mucho, le preguntas a la persona equivocada, en cuestiones del amor no se nada y eso que tratas de explicarme no lo entiendo del todo, pero algo te puedo decir sólo sigue a tu corazón, disfruta los momentos que compartes con él y no tengas temor, después de todo los dos se quieren mucho.

-Lo sé pero es que este deseo me causa cierto pesar.

-Ay hermanita, relájate es sólo una reacción natural de tu cuerpo cuando te encuentras a lado de la persona querida, además… de ti depende hasta dónde puede llegar Inuyasha si esto no te agrada díselo, él comprenderá.

Mamá entró a la habitación con una mesita plegable de madera. Kikyou y yo tuvimos que finalizar aquella conversación ya que me provocaba cierta vergüenza hablar de estos temas con mi madre.

En silencio me dispuse a probar mi fruta y en cuanto terminé tomé mis respectivos medicamentos y me volví a dormir.

Después de aquel incidente y esa terrible discusión mi relación con Inuyasha se había fortalecido más, ahora él compartía más de su vida conmigo, me agradaba conocer más sobre él y en cada revelación me encontraba con muchas sorpresas sobre su persona, casi diario nos dedicábamos horas enteras a practicar con nuestros respectivos instrumentos. Mi madre alguna vez hizo el comentario de que uno de nuestros vecinos se encontraba muy intrigado por saber de dónde provenían aquellas melodías y quiénes eran esos magníficos músicos (según él) pero mi mamá a petición nuestra nos mantuvo en el anonimato y el vecino tuvo que quedarse con su curiosidad. También mis ensayos con Takeya habían mejorado un poco porque Inuyasha y Kikyou se encontraban junto a nosotros, vigilando cada movimiento de ese engreído, esperando con avidez a que se atreviera a levantarme tan siquiera la voz para poder despedazarlo como era debido. Yo le imploraba a Inuyasha que hiciera lo imposible por quedarse en lugar de Takeya, a mi no me importaba hablar con los profesores. Si era necesario tratar este asunto con el mismo Director lo haría porque yo sabía perfectamente que Inuyasha era muy superior a Takeya y que su interpretación sería perfecta. Pero Inuyasha se negaba una y otra vez y en cada oportunidad que debatíamos sobre el asunto, él simplemente me evadía y terminábamos platicando sobre otras cuestiones.

En el Museo de Arte últimamente había mucho trabajo desde que mamá tomó la Dirección. Inuyasha, mi hermana, mis amigos y yo continuamente visitábamos las exposiciones que ella organizaba, a veces dichas exposiciones eran presentadas en otras ciudades y esta vez le tocaba el turno a Sendai, nuestra ciudad natal. Mamá estaba tan emocionada que no cabía en sí de la felicidad, ella deseaba que todo saliera perfecto por tal motivo se ausentaría durante quince días dejando a Kikyou a cargo de mí y del hogar.

Sucedió un día en donde Kikyou no asistió a clases por un resfriado y por tanto le ordenó a Inuyasha que cuidara bien de mí en su ausencia. Me encontraba en clase de Educación Física cuando por enésima vez la profesora me reprendía por no tomar las clases de una manera apropiada, siempre era la última y la más torpe en todo, ni siquiera era capaz de competir contra una tortuga, así que de castigo tuve que correr tres veces por toda las pista de carreras enfrente de todos. Terminé tan exhausta y sudando que mis piernas apenas y me respondían, Sango y yo llegamos a los vestidores en último lugar porque tuvo que ayudar a sostenerme. Mi amiga me reprendía por no decir la verdad a los profesores sobre mi enfermedad pero yo insistí en que eso se mantuviera en secreto. Nos cambiamos de uniforme de una manera fugaz, dejando a muchas de nuestras compañeras atrás, ya casi nos encontrábamos entrando al edificio principal cuando miré mi muñeca, faltaba mi pulsera… la que Inuyasha precisamente me había obsequiado el día de ayer.

-¡Ay no puede ser¡Soy una tonta!

Exclamé dolida.

-¿Qué pasa?

Preguntó Sango desconcertada.

-Perdí mi pulsera, me la regalo ayer Inuyasha.

-No te preocupes Kagome debe de estar cerca, ven te ayudaré a buscarla…

Recorrimos con nuestra vista todo el trayecto que caminamos, desde la entrada del edificio hasta la zona deportiva.

-Mira Kagome yo buscaré en la pista de carreras mientras tú buscas en los vestidores.

-Bien.

Me dirigí hacia los vestidores, entre y busqué entre mi estante la pulsera pero no estaba, mire el suelo pero tampoco, tuve que ponerme de rodillas para buscar debajo de los muebles y en ese momento se escuchó la puerta y muchas risas de mujeres, no sé por qué razón me oculté detrás de una fila de estantes.

-Vaya Megumi si que te encontraste un tesoro…

Comentaba una chica de voz plagosa.

-Quizás… lástima que su dueña no lo considere así…

-¿Y que harás?

Preguntó otra.

-Voy a quemarla, tirarla sería un verdadero desperdicio, de hecho esta pulsera nunca debió de pertenecerle.

Reconocía esas tres voces se trataban de unas compañeras de mi clase, una era Megumi y por lógica tenía que venir acompañada de sus tres inseparables amigas Saya, Hitomi… y no recordaba el nombre de la otra, nunca me había llevado bien con ellas. Anteriormente Sango me había advertido que ese grupo siempre hablaba mal de mi y a mis espaldas, nunca le presté atención porque no me interesaban, pero permanecí escondida para averiguar de una vez por todas por qué tanto rencor hacia mi.

-Higurashi es una estúpida mira que perder algo así.

Decía Saya.

-¡Para mi ángel! Que cursi… nunca pensé que Kurosaki fuera de esas personas. No entiendo qué le vio a esa mujer.

Reclamaba Megumi burlándose del mensaje que Inuyasha había grabado debajo de la pulsera.

-Quizás lo embrujó con algún hechizo, basta con mirarla para darse cuenta que es una bruja, sólo mira su cabello, es horrendo.

Comentaba otra amiga

-Y es tan delgada que la rama de un árbol sería más agradable para los hombres.

Dijo Hitomi.

-Kurosaki es un tonto, habiendo mujeres tan femeninas e interesantes como yo, tuvo que fijarse en esa desdichada.

El odio de Megumi era evidente, todas esas palabras dirigidas hacia mi me enfurecían y a la vez me provocaban tristeza

-¿No sabes que hace con las cartas que le dejas¿Nunca te ha respondido?

Preguntaba con curiosidad una de ellas ¿A qué cartas se refería?

-No pero ya me fastidié y estoy pensando seriamente en enfrentarlo y demostrarle lo que es una verdadera mujer, Higurashi no cuenta con el cuerpo, ni la personalidad necesaria para retener a un hombre como a Inuyasha, lo más probable es que esté a su lado por lástima la verdad es que no entiendo cómo puede permanecer junto a ella todo el día, debe ser un sacrificio para él soportarla, supongo que como caballero que es no ha roto esa estúpida relación por consideración a herirla, pero algún día se fastidiará y entonces yo estaré ahí para permanecer a su lado.

Las intenciones de Megumi eran tan perversas que me daba asco.

-Higurashi es una tonta, demasiado hombre para ella, ni siquiera sabe deporte, no puede dar dos pasos sin antes caerse, Kurosaki es tan atlético y varonil…

No pude contener más mi molestia y salí de mi escondite para enfrentarlas. Y ahí estaban ellas, no me había equivocado Megumi y su séquito de arpías. No se asombraron al verme y me devolvieron la misma mirada amenazadora. Miré mi pulsera en las manos de Megumi y enfurecí más.

-Dame eso…

Ordené señalando mi pulsera.

-¿Buscas esto Higurashi? No seas ridícula…

Decía con burla Megumi.

-Te dije que me lo des…

-No te lo daré y supongo que has escuchado todo lo que hablamos sobre ti.

-Eso es algo que no me interesa Megumi.

-Mira Higurashi hagamos un trato.., yo te devuelvo tu mugrosa pulsera y a cambio tú te alejas de Kurosaki para siempre, seamos razonables Kagome sólo mírate no eres nada comparada con él.

-Tú que sabes de nosotros.

-En realidad no hay que usar mucho la imaginación, así que te advierto si no te apartas de Kurosaki lamentarás la consecuencias.

-Inuyasha jamás pondría los ojos en ti aunque fueras la última mujer en el mundo.

-Eso está por verse ¿Y qué dices¿Aceptas el trato?

-Puedes quedarte con la pulsera, tírala, quémala, haz lo que te plazca con ella yo en cambio puedo pedirle a Inuyasha que me regale otras más puesto es conmigo con quien está.

-¡Higurashi eres una estúpida engreída¡Ninguna mujerzuela como tú puede ganarme!

-Que te quede muy claro Megumi, Inuyasha no es ningún trofeo así que te prohíbo que vuelvas hablar de él como si fuera tu juguete porque no es ningún objeto.

Y salí a zancadas grandes de aquel terrible lugar, por mis ojos resbalaban lágrimas de furia y tristeza. Cuando me encontré con Sango sólo le pedí que me abrazara, me sentía tan mal y tan poca cosa, esas mujeres tenían razón yo era tan poquita cosa... Inuyasha se merecía a una verdadera mujer.

-¿Ya te sientes mejor?

Preguntó Sango algunos minutos después cuando me secaba las lágrimas.

-Si, gracias Sango…

-¿Qué pasó?

-No quiero hablar de eso me duele mucho, es mejor que regresemos a tomar las clases no quiero que por mi culpa te reprendan.

-Eso no importa Kagome, yo sólo quiero ayudarte.

-Lo sé, pero ahora no, la verdad es que necesito… bueno a decir verdad no sé lo que quiero, lo mejor es regresar al salón.

Volví a mi aula, Megumi y compañía llegaron antes que nosotras y me miraban con semblante triunfador e intercambiaban palabras. Yo me sentía tan enclaustrada y sin salida en aquellas cuatro paredes que estuve a punto de gritar llena de rabia. Pero una campana me volvió a la realidad, las clases habían terminado. Sango y yo salimos para reunirnos con Inuyasha y Miroku pero en cuanto lo vi no pude sostenerle la miraba y lo evadía, esto obviamente fue muy notorio y Sango al ver mi reacción intervino.

-Miroku… ¿Sería mucha molestia si estudiáramos juntos…? es que no entiendo algunas cosas sobre Algebra…

-Si Sango como digas…

-Ven vamos a la Biblioteca…

Ambos se alejaron dejándonos solos.

-¿Qué ocurre?

Preguntó Inuyasha al ver mi semblante.

-No es nada, quiero irme de aquí cuanto antes.

Respondí con cierto fastidio evitando verlo a la cara.

-¿Y a dónde quieres ir?

Cuestionó él

-No sé… me gustaría tocar un poco para liberar este estrés.

-Bueno vayamos a tu casa.

-No, a tu casa, mi hermana está resfriada y no quiero molestarla con nuestro escándalo.

-Como gustes.

En el trayecto no hablé y mantuve mi mirada fija en el piso. Cuando llegamos a casa de Inuyasha asombrosamente no había nadie quien nos recibiera esta vez.

-¿Y Kaede?

Tuvo que salir me pidió un par de días, al parecer un primo suyo se encuentra muy grave e Okinawa y fue a visitarlo al hospital.

-Ya veo, entonces ¿No hay nadie en tu casa?

-No.

Respondió mientras se sentaba en aquel sofá que se encontraba en el Salón de Música, yo dejé mis cosas en el suelo con la misma desgana y me senté en el banquillo del piano mientras tecleaba sin sentido con mi dedo índice buscando el momento y la forma para contarle a Inuyasha lo que me había ocurrido.

-¿Qué ocurrió Kagome? Estás muy rara…

Se había adelantado, era normal en él, siempre era muy intuitivo.

-Inuyasha… ¿Por qué no me habías dicho que recibías cartas de una chica del Colegio?

Pregunté con cierto tono molesto o más bien celoso.

-Te refieres a eso… bueno no le di importancia, en realidad nunca he abierto esas cartas, las guardo en ese estante para regresarlas algún día a su dueña. ¿Cómo es que te enteraste?

-Esa mujer me lo dijo, hoy perdí la pulsera que me regalaste, ella la encontró, se burló de mí y me confesó que está enamorada de ti y que haría lo imposible por separarnos porque yo soy muy poca cosa.

-No le prestes atención a esas tonterías Kagome.

-¡Es que no son tonterías¡Mírame! Soy muy pequeña, demasiado flaca, no tengo un cabello perfecto y ni siquiera una personalidad, no soy capaz de levantar el gusto de un hombre… soy tan poca cosa comparada contigo.

-Ven Kagome… siéntate.

Obedecí, me senté a su lado sobre un sofá cama que se encontraba a dos metros del piano, él me abrazó y yo comencé a llorar.

-No seas tontita claro que eres bonita, eres hermosa, tú me gustas mucho, además yo estoy a tu lado porque eres especial y diferente no prestes atención a las palabras de esa bruja.

-Pero es que Inuyasha… tú te mereces algo mejor, una mujer con buen cuerpo, inteligente, simpática…

-Y por eso es que tú eres mi novia… porque cumples con todo lo que un hombre desearía, eres linda, tierna, inocente, gruñona y terca pero no por eso dejas de ser una mujer inteligente y con un maravilloso talento.

-¿De verdad?

-¿Quieres que te demuestre que eres capaz de enloquecer a un hombre?

-¿Inuyasha, de qué hablas?

Inesperadamente se acercó a mi y comenzamos a besarnos lentamente, sus labios eran suaves y tiernos mientras posaba su mano sobre mi mejilla, podía sentir con más claridad su respiración bajo aquel rotundo silencio que envolvía aquella espaciosa habitación. No quería separarme de su cálida boca, la sensación era cada vez más extraña en mi ser, un deseo repentino por seguir besándolo se hacia presente en mi al encontrarnos totalmente solos, sentados en aquel enorme sofá para sólo demostrarnos lo mucho que nos queríamos. Ahora comprendía que mis sentimientos por Inuyasha rebasaban por completo un simple cariño y sin darme cuenta ya nos habíamos recostado. Inuyasha no dejaba de besarme y acariciarme tiernamente el rostro mientras que yo correspondía acariciando su sedoso cabello.

-Me gusta tu piel suave… el sabor de tu boca, tu delicioso aroma…

Decía en un susurro provocando que mi corazón se estremeciera completamente. El romanticismo se incrementaba al grado de permitir que Inuyasha comenzara a besarme el cuello otra vez, no me importó en lo absoluto, al contrario, la sensación era muy placentera y mi cuerpo enloquecía con el roce de su boca húmeda. Ya no sólo me conformaba con acariciarle el cabello sino que ahora recorría son mis manos su amplia y fornida espalda. Inuyasha tampoco se encontraba satisfecho con sólo besarme, ahora se dedicaba a acariciarme la cintura y la cadera mientras me sonreía con un dejo de satisfacción. Mi corazón palpitaba sin cesar, el calor se incrementaba y entonces…

-Kagome… quiero que seas mía…

Propuso Inuyasha mientras continuaba besándome. Yo simplemente permanecí estática, helada de pies a cabeza ¿Ser su mujer? Pero si sólo éramos unos niños y apenas teníamos poco más de un mes de novios, yo ni siquiera estaba preparada. Inuyasha notó de inmediato mi incertidumbre y me miró de una manera penetrante.

-Inuyasha yo… no… estoy preparada y además somos muy jóvenes para pensar en eso… no creo que sea buena ide…

No terminé aquella palabra que fue sellada con un beso ardiente y apasionado.

-Yo te quiero, te necesito y no importa si somos sólo unos niños, simplemente quiero seguir lo que mi corazón me dicta y a mis instintos ¿Tú no lo habías deseado?

Preguntó él con aquellos ojos hermosos clavados en mí, eran tan lindos y deslumbrantes que me envolvían en un mundo mágico, y su sonrisa… Dios su sonrisa era tan linda ¡Cómo no desear que ese hombre me acariciara!

-Yo… no sé que decir… esto es muy… inoportuno ¿Ya habías hecho esto antes?

Cuestioné con cierta inocencia.

-¡Claro que no! nunca pensé que desearía poseer a una mujer pero… me hace feliz el sólo pensar que tú eres parte de ese deseo.

Volvió a besarme con mayor ímpetu, la razón y la moral me dictaban que me detuviera pero algo más fuerte y profundo me exigía entregarme por completo a la pasión. El temblar de mi cuerpo no cesaba, la frialdad en mi piel se hacía cada vez más notoria Inuyasha tomó mi mano derecha y comenzó a brindarle pequeños y delicados besos…

-Tranquila… sólo confía en lo que sientes ¿Tienes miedo?

-Mucho.

-Yo igual, tampoco puedo dejar de temblar pero este deseo que me provocas es más grande, quiero explorarte, sentir que eres sólo mía y de nadie más, que tu cuerpo y tu amor sólo me pertenecen a mi y que no habrá nadie más que se atreva a tocarte.

-Inuyasha… por favor no sigas… o harás que pierda la cordura por completo.

-Eso es lo que quiero.

-¿De dónde sacas todas esas palabras?

-No lo sé, sólo nacen de mi interior, desde hace mucho tiempo ya te deseaba y ahora no quiero desaprovechar esta oportunidad porque sé que tú también me deseas.

Ya no podía resistir más ante esas palabras susurradas en mi oído, palabras que me excitaban y me enloquecían con el transcurrir del tiempo. Inuyasha comenzó a desabotonar mi suéter con ansiedad en un segundo se deshizo de él tirándolo al suelo al igual que con mi corbata.

-Despacio Inuyasha, no llevamos prisa.

-Perdón, pero es que estoy tan nervioso que me emociono con facilidad.

-¿Esto es lo que ocurre cuando dos almas vírgenes se encuentran?

-Creo que si, disculpa que sea tan torpe.

-No importa…

Mi piel se estremecía de sólo sentir como sus manos me tocaban. Con lentitud acarició mis piernas por debajo de mi falda yo simplemente no pude evitar exhalar un pequeño gemido y esto lo motivo aún más a recorrer con la yema de sus dedos cada centímetro de mis muslos. Siguiendo también mis instintos lo despojé de su gakuran y lentamente desabroché su camisa para encontrarme con un dorso suave y rígido, quizás aún no se encontraba muy marcado por su temprana edad, sus brazos apenas comenzaban a tener un poco de forma, aún así eso no me desilusionó en absoluto porque como antes lo habíamos dicho tan sólo éramos unos niños tratando de descubrir el arte de amar.

Recorrí su pecho con mis propias manos, besándolo y probando por primera vez el sabor de su piel, que a decir verdad era agradable, su aroma de hombre me envolvía y me incitaba a explorarlo más. Mi amado disfrutaba de mis caricias y suspiraba lleno de placer mientras que con mis dedos recorría su espalda. La ropa estorbaba a mis propósitos y de inmediato me deshice de aquella molesta camisa blanca. Ahora Inuyasha se encontraba semidesnudo sobre mí rindiéndome tributo con sus besos en mi cuello, explorándome con absoluto descaro con su lengua, provocando que arqueara mi cuerpo y me entregara más a él. Yo simplemente me dejaba llevar por el momento, ahora podía sentir su virilidad inquieta por mi presencia que lejos de asustarme me sorprendía, era algo excitante que me confirmaba que en verdad Inuyasha sí me deseaba como mujer y esto abrió paso para que yo me entregara más a su brazos.

Poco a poco él desabrochó mi blusa con lentitud, con paciencia sin ninguna premura hasta que mi pecho quedó al descubierto. Inuyasha me contempló por algunos segundos y sonrió, con la palma de sus manos comenzó a acariciarme. Mis pechos se endurecieron al instante cuando sintieron que un ser ajeno a mi cuerpo los exploraba con sutileza. Inuyasha me tomó por la espalda y con agilidad me sentó sobre él a horcajadas mientras que mi amante se dejaba desvanecer en el respaldo de aquel sofá. Ahora podíamos amarnos con un poco más de libertad.

-¿Te agrada preciosa?

Tan sólo escuchar la palabra preciosa me había enloquecido y comencé a besarle el cuello de la misma manera pasional y ansiosa con que él lo había hecho conmigo, hundiendo mi rostro en su piel, dejando un rastro de placer con mis labios. Inuyasha enloquecía y me abrazaba con fuerza y posteriormente con sus manos deslizó mi blusa por mis hombros y brazos hasta lograr que abandonara mi cuerpo y finalizara en el suelo.

Recorrió con sus dedos cada centímetro de mi espalda y como juego comenzaba a rasguñarme con suavidad.

-¿No te agradaría dejarme marcada o sí?

Comenté entre intensos suspiros.

-Es sólo para dejarte un recuerdo y que sepas que sólo eres mía.

El estremecimiento era total e Inuyasha se encontraba ansioso por deshacerse de mi otra prenda. Mis pechos quedaron al descubierto cuando él desabrochó mi sostén que se resbalaba con lentitud por mis brazos. Ahora contemplaba mi dorso desnudo y con sus manos comenzó a recorrer lentamente mi cintura y vientre.

-Eres perfecta Kagome, tus pechos son pequeños y redondos... justo lo que me imaginaba…

-¿Lo que te imaginabas? Así que me desnudabas con tu mirada y yo sin saberlo.

-Reacción masculina, era natural que lo hiciera… ¿Me pregunto a que sabrán tus senos?

-¡No Inuyasha no lo hagas!

Fue demasiado tarde porque me tomó de la cadera y me acercó a su boca mientras que yo hacía fuerza con mis brazos tratando de apartarlo, mi propio cuerpo no pudo negarse a la delicia que ahora Inuyasha me brindaba y terminó por traicionarme por completo a causa de sus suaves masajes y besos, no pude resistirme más, su lengua ávida recorría mis pezones ya endurecidos provocando más gemidos de mi parte y más cuando me acercó a su cuerpo para poder gustar del sabor de mis pechos ya sensibles. La humedad y frescura de su boca, así como sus movimientos me enloquecían, aquel placer provocaba que me aferrara más a él, deseaba que continuara más y más, con mis manos acariciaba su cabello al mismo tiempo que lo incitaba a que explorara más de mi y me provocara mayor placer hasta el punto de volverme loca.

Igualmente Inuyasha se encontraba enloquecido no podía dejar de besar y acariciar ambos senos, jugueteaba haciéndome suspirar intensamente, él sabía perfectamente lo que a mi cuerpo provocaba ya comenzaba a conocer aquellas partes que me hacían vibrar y perder el control, se divertía con aquellos puntos erógenos y ponía mayor empeño en ello, por segundos sentía que el corazón se me detenía pero él mismo se entretenía haciéndome sufrir besando un lado u otro.

-Inuyasha esto es maravilloso me preguntó que será si tuvieras la experiencia.

-No te preocupes ya tendremos mucho tiempo para entrenar ¿No crees?

-Así que planeas hacer esto seguido.

-Si por mi fuera… sería diario y a todas horas.

-Eres muy pervertido mi querido Inuyasha, yo te consideraba una persona muy seria.

-Yo también Kagome, te consideraba una muchacha muy recatada pero por lo que veo eres toda una fiera.

Mi excitación se encontraba en su límite y una vez más Inuyasha me cargó en sus brazos para recostarme sobre el sofá. Se despojó de su pantalón quedando sólo en ropa interior yo por el contrario hice lo mismo con mi falda. Se posó sobre mí y acarició mis piernas poco a poco hasta llegar a mi intimidad, un lugar que hasta hace unos momentos había dejado de ser privado debido a que ahora el hombre que amaba, deseaba conocer esa parte que por tanto tiempo había sido custodiada celosamente.

No pensé que aquellas caricias con sus suaves manos fueran capaces de ofrecerme tanta magia, me provocaban tanta dicha y más cuando no dejaba de mover su mano sobre mi pantaleta y besarme al mismo tiempo los senos. Inuyasha tenía que detenerse mi cuerpo ya comenzaba a incrementar su temperatura pequeñas gotas de sudor ya podían manifestarse en mi rostro y una ligera humedad se hizo presente en mi parte íntima.

-Veo que esto te agrada.

Decía el con malicia.

-No presumas de tus dones, has comenzado a comportarte un tanto engreído.

Inuyasha rió a carcajada suelta y volvió a besarme con una mayor intensidad.

-Tus pechos están muy enrojecidos e irritados.

-Me pregunto quién será el culpable de tal desastre.

-Un loco desenfrenado que sólo desea complacerte.

La ropa interior estorbaba demasiado en nuestras intenciones así que Inuyasha me despojó lentamente de mi prenda íntima igual que yo con la suya. Miramos nuestra desnudez, ambos asombrados y embelesados con nuestros cuerpos. Era la primera vez que veía a un hombre desnudo y obviamente no pude evitar percatarme de su inquieta masculinidad. Inuyasha volvió a posarse sobre mí, ahora me besaba con mucha ternura como si estuviera relajándose para el gran momento. Con sus dedos recorría mi cintura, mis piernas, mis muslos, continuamente volvía a tocar mi intimidad mientras me besaba el rostro y susurraba palabras pasionales a mi oído. Ya no podía resistir más a tantas caricias pero un repentino miedo comenzó a invadirme provocando que Inuyasha no pudiera colocarse en una posición adecuada para poseerme, mis piernas se negaban a abrirse y sólo permanecían estiradas y tensas.

-Tranquila, no tengas miedo… ¿Quieres que me detenga?

Afirmé con mi cabeza al entrar en pánico quería detener esto, pero Inuyasha sólo sonrió, al parecer esa pregunta sólo fue sarcástica a juzgar por el tono en que lo dijo y las intenciones que ahora manifestaba. me indicaban que él pensaba todo lo contrario. Mi renuencia no fue un problema para mi preciado amante, al contrario al parecer se excitaba más, así que enlazó sus manos con las mías para colocarlas a ambos lados de mi cabeza dejándome indefensa por completo sin poder moverme mientras él sepultaba su rostro y boca en mi cuello dejando un hilo mágico de placer total, segundos más tarde hacía lo mismo con mis pechos, yo sólo gemía y apretaba con mis débiles dedos sus manos, ahora el tenía absoluto control sobre mi cuerpo, sus besos me excitaban más y más , el éxtasis me invadía y sin darme cuenta mis piernas ya se encontraban rodeando su cintura por completo, soltó mis manos y permaneció quieto, ahora fue él quien se mostró serio e indeciso.

-¿Ocurre algo?

-¡Grandioso ahora soy yo el que tienen miedo y no sabe que hacer¡Soy un fracaso!

Decía mientras se sentaba en el borde de sofá. Esto me dejó muy perturbada, habíamos llegado tan lejos y para nada, yo me senté a su lado y lo abracé.

-Quizá nos estamos presionando mucho.

-Puede que tengas razón pero es que de verdad yo quiero amarte Kagome, ansío tanto demostrarte mi amor.

-Entonces hazlo Inuyasha no tengas miedo.

-Pero… es que ¿Y si no soy suficiente para complacerte?

-Eso no la sabremos hasta que lo intentes ven…

Nos recostamos y ahora yo era quien trataba de infundirle confianza a mi frustrado amante acariciando su cuerpo y besando sus hombros y pecho. Inuyasha me correspondió y me abrazó con fuerza, entrelazamos nuestras piernas y de nuevo él se colocó entre mis muslos.

-Cierra tus ojos por favor.

Dijo con seriedad, obedecí, sabía lo que pretendía y el corazón explotaba de la emoción, sentí como tocó mi intimidad con su hombría firme como el acero, mientras trataba de buscar el lugar al que debía irrumpir, yo mujer inexperta no supe qué hacer para ayudarlo hasta que un dolor provocó un gran grito de mi parte y no puede evitar abrir mis ojos.

-¿Te lastimé¡Perdóname por favor soy un imbécil!

-No te preocupes Inuyasha continua.

-Pero…

-Te lo pido ya es tarde para arrepentirnos.

Inuyasha dudó un segundo, acaricié su rostro con ambas manos animándolo a que no desistiera así que volvió a embestirme, lentamente comenzó adentrase en mi provocando más dolor y unas cuantas lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas, el desfloramiento había llegado por fin

-No te muevas por favor…

Le supliqué esperando que aquella molestia desapareciera.

-Descuida no pienso hacerlo.

Comentó mientras me besaba y secaba con su boca mis lágrimas.

-¿Te duele mucho?

Preguntó preocupado.

-Un poco pero ya está pasando.

Lo abracé y presioné su cintura con mis piernas mientras besaba sus hombros. Inuyasha comenzó a moverse dentro de mí y aquella molestia empezaba a desaparecer. La firmeza de aquel nuevo ser me hizo olvidar por completo aquel dolor a medida que resbalaba con lentitud para penetrarme por completo. Por fin nuestros cuerpos se encontraban totalmente unidos e Inuyasha comenzaba a moverse con más intensidad dentro de mí haciendo que mis gritos se incrementaran al igual que el calor. Mis uñas rasguñaban su espalda a causa de sus suaves embestidas mi mente aún no asimilaba que Inuyasha me estuviera haciendo el amor, que se encontrara unido a mi, que ambos disfrutáramos de este éxtasis. El también gemía y gritaba, disfrutaba como nunca antes y su reacción me excitaba más.

-Que maravilloso placer ¿Esto es tener sexo?

Pregunté entre cortadamente a causa de nuestro movimiento que ya se encontraba muy sincronizado.

-No Kagome, lo que tú y yo hacemos es el amor, si sólo fuera sexo hace mucho que ya habríamos terminado ¿No crees?

Nos besábamos sin cesar, cada parte de nuestro cuerpo comenzaba a ser explorada. La sensación dentro de mi era maravillosa abracé con fuerza a Inuyasha cuando incrementó la velocidad de sus movimientos pero al parecer no se encontraba satisfecho y volvió a cargarme sin separarse de mí. Mi cuerpo era tan ligero que me daba la impresión de que Inuyasha sólo manipulaba con sus manos una suave pluma, me recargó en la pared, él de pie y yo simplemente aferrada a su cintura con mis piernas y rodeando su cuello con mis brazos. Me hacía el amor de una manera única y exquisita, mi cuerpo no dejaba de sudar, nuestros rostros y cabello se encontraban empapados de sudor a causa del esfuerzo placentero. Inuyasha incrementaba el ritmo y después lo disminuía para después volver a intensificarlo provocando una sensación mucho mayor en mí, esta acción me sorprendió mucho ¿De dónde había aprendido esto?

-Estamos locos…

Comentaba entrecortadamente sin dejar de poseerme.

-Lo sé amor pero no me importa no dejes de hacerme tuya Inuyasha.

Volvimos a nuestra antigua posición sobre el sofá, no supe cuánto tiempo más duramos amándonos de una manera u otra hasta que en un segundo mi cuerpo perdió el control y el placer me paralizó por completo, sentí por unos momentos que el corazón se detenía mientras que le imploraba a Inuyasha que no se detuviera que continuara complaciéndome sin perder su ritmo, necesitaba todo él, devorarlo si era posible ya que aquel éxtasis era maravilloso. Inuyasha me complacía en todo lo que yo pedía, me hacía mujer con sus caricias, con sus besos, con sus suspiros… deseaba que continuara hasta que por fin sentí que mis sentidos tocaban por completo el paraíso exhalando un profundo grito y un fuerte apretón de piernas. Inuyasha también había llegado a su clímax al sentir que se había derramado dentro de mí. Ambos gritábamos y nos retorcíamos llenos de placer. No nos separamos, continuamos besándonos a pesar de encontrarnos sofocados. Inuyasha me abrazó con fuerza estaba totalmente emocionado.

-Eres maravillosa Kagome… te amo, te amo, te amo…

No dejaba de repetir esas bellas palabras mientras me besaba y comencé a llorar de emoción.

-¿Me amas?

-Te adoro, ahora sé que eres lo que tanto he buscado.

-Gracias por haberme hecho mujer… yo también estoy comenzando a amarte o quizás ya te amaba desde el principio.

Nuestros cuerpos permanecían unidos e Inuyasha se recargó en mi pecho mientras yo le acariciaba el cabello.

-¿Peso mucho?

Preguntó con ingenuidad.

-Claro que no, me agrada tenerte así, nunca pensé vivir esta experiencia.

-¿A pesar de ser novatos?

-No me arrepiento en lo absoluto Inuyasha, además seguiremos entrenando hasta volvernos los mejores amantes.

-Eres insaciable Kagome… ¿Estás muy adolorida?

-Algo… o mas bien bastante, pero sé que pronto me acostumbraré a ti y ya jamás volverá a doler, aunque sentí que me partías en dos de adora en adelante hacer el amor contigo será algo maravilloso, es cuestión de práctica.

-Creo que fui muy agresivo contigo, no debí forzarte tanto, mírate estás exhausta y yo te exprimí sin ninguna consideración.

-Eso que importa, el placer que me has dado lo compensa todo, ahora ya me siento más mujer, me siento plena.

-¿Sigues pensando en que no eres capaz de motivar a un hombre?

-Eso ya quedó descartado… si esa bruja supiera en dónde me encuentro en estos momentos probablemente se moriría del coraje.

-¿Y en dónde estás ahora Kagome?

-En el Edén, contigo, con nuestro amor…

El cansancio me venció y provocó que me durmiera en sus brazos llena de absoluto placer. Una pequeña brisa recorrió mi cuerpo, desperté y mi amado aún continuaba abrasándome, dormía con un rostro angelical, lleno de paz y felicidad, nuestros cuerpos se encontraban cubiertos con una manta blanca que supuse había sido colocada por el propio Inuyasha para cubrir nuestra desnudez. Aquel suave soplo provenía de un ventanal que se encontraba abierto, una cortina blanca ondulada a su propio ritmo, ya había anochecido era hora de regresar a casa.

Besé a Inuyasha en la frente y me senté sobre el sofá dispuesta a vestirme, entonces sentí que rodeaban mi cintura…

-No te vayas por favor…

Suplicaba él aferrándome con sus brazos.

-Ya es tarde y Kikyou se va a preocupar…

-¿Crees que tu hermana no se imagina lo que acabamos de hacer Kagome?

-Probablemente… pero me pregunto si de verdad hicimos lo correcto…

Inuyasha enderezó su cuerpo y se sentó detrás de mí, su pecho pegaba con mi espalda y sus piernas rodeaban las mías mientras que sus brazos abrazaban mi pecho. Tiernos besos eran depositados en mis hombros y entonces…

-¿Qué es correcto Kagome?

-Seguir lo que el corazón dictamina…

-¿Y qué fue lo que tu corazón te dictó?

-Que tenía que amarte a como diera lugar…

-Entonces no tienes por qué preocuparte no has hecho nada malo…

Sus besos se mostraron más pasionales que antes y sus manos ahora ya más experimentadas acariciaban mi cuerpo desnudo, no podíamos dejar de besarnos. Volvimos a hacer el amor pero esta vez con más desenvolvimiento con más pasión experimentando nuevas posiciones, nuevas caricias, más sensaciones que despertaran por completo nuestros sentidos. Inuyasha era un excelente amante, siempre procuraba que yo me sintiera cómoda y sobre todo que disfrutara del momento, ahora éramos uno. Me había entregado al hombre que más amaba, la experiencia simplemente fue maravillosa me imaginé que me encontraba en el mismo Paraíso, lo demás no interesaba, la necesidad de continuar amándolo era mucho más imponente que los prejuicios, no me arrepentía de nada después de todo lo nuestro era un amor puro y sano.

Regresé a mi casa cerca de las dos de la mañana, Inuyasha me llevó hasta la puerta de mi casa y ahí continuó besándome, pero tuvimos que detenernos o terminaríamos desnudos en la calle a causa de nuestra pasión desenfrenada.

-Hasta mañana… espero que sueñes conmigo.

Le susurré al oído.

-¿Soñar? No creo poder hacerlo ya que sólo estaré esperando con ansia nuestro próximo encuentro amoroso.

Un último beso y cerré la puerta. Entré con cautela, la casa se encontraba en total oscuridad y cuando comencé a ascender por las escaleras una luz se encendió en el vestíbulo, era Kikyou que se encontraba en pijama.

-¿No crees que es un poco tarde para llegar a casa?

Preguntó con sarcasmo y mirándome con detenimiento. Yo no dije nada, la verdad no me interesaba si me regañaba, sólo permanecí desafiante al pie de la escalera. Después Kikyou suspiró hondo y su semblante serio cambió totalmente.

-Tu mirada no miente Kagome al igual que tu rostro.

Comentó con cierta resignación.

-¿Ya eres su mujer verdad?

-S…Si.

Contesté asombrada y muy sorprendida por la actitud de mi hermana.

-Me alegro por ti hermana, pero sólo dime algo para que me quede tranquila…

-¿Qué es?

-¿Al menos se protegieron?

¡Ay no! el mundo se me vino encima como una montaña de hielo. Que tonta había sido al no pensar en las consecuencias…

-¿Y que harás si quedas embarazada? Ustedes aún son muy jóvenes para cuidar de una familia.

Decía mi hermana con cierto tono de enfado.

-No me asustes Kikyou yo todavía no quiero ser madre…

-Tranquila sólo hay que rogar para que esto no pase a mayores, pero lo próxima vez ya sabes que tienes que cuidarte, ya habrá tiempo para formar una familia pero por el momento no es lo mejor.

-Y cómo supiste que él y yo…

-¿Tuvieron relaciones? lo supe desde el principio, ustedes son almas gemelas era inevitable que consumaran su amor de esa manera, estoy tranquila porque él te ama y jamás de dejaría sola, nacieron el uno para el otro y por favor no te arrepientas de nada…

-Gracias por tu compresión hermana….

-Es mejor que te des un baño y descanses, confío que la próxima vez no sean tan brutos para no cuidarse, ya dejaron de ser unos simples adolescentes… ya es hora de empezar a madurar.

No podía negar esta felicidad que ahora sentía, todo me parecía perfecto y mágico, mucho más con el apoyo incondicional de mi hermana. Entré en mi habitación, se encontraba oscura, solitaria con aquella cama tendida y el balcón cerrado. Me recargué un poco en la puerta mientras sonreía recordando este maravilloso día. Hice caso al consejo de mi hermana y me di una ducha.

Mientras sentía las gotas tibias deslizándose por mi cuerpo recordaba las caricias y los besos de Inuyasha, anhelaba tanto volver a estar entre sus brazos, sentir su piel, su aroma, todo, necesitaba tenerlo entero sólo para mi, ahora no permitiría que nada ni nadie se le acercara, era mío, se entregó sólo a mi y eso nadie podrá borrarlo.

Mi primera vez no fue nada a lo que yo había idealizado, esos sueños de adolecente superficial… aquellas velas aromáticas, las sábanas de satín, pétalos de rosas, vino, una cena romántica, el vestido de noche, un baile, la luz de la luna… todo eso ahora me parecía una real y verdadera tontería porque se encontraba muy lejos de la realidad. Esas fantasías efímeras no eran más que una porquería comparadas con la hermosa experiencia que había vivido junto a Inuyasha. Si bien mi primer encuentro amoroso estuvo lleno de sorpresas no pude negar que tuvo sus momentos cómicos, me había divertido y disfrutado de nuestra inocencia pero sobre todo me complacía el saber que lo había hecho un hombre muy feliz.

Salí del baño sequé mi cuerpo y lo humecté con crema, me coloqué mi bata de dormir, de color blanco y corte liso, de un largo que no llegaba a mis rodillas, sostenido por unos pequeños y delgados tirantes que dejaban al descubierto mis hombros y parte de mi pecho. Tomé mi cepillo para desenredar mi cabello, mientras lo hacía salí al balcón con la esperanza de ver a Inuyasha. Pero todo se encontraba oscuro, en su habitación no había ni un destello de luz, seguramente ya se encontraba dormido. Pero un repentino halo de luz comenzó a moverse en el balcón de su habitación. Inuyasha sostenía una luz de bengala y comenzó a dibujar formas con ellas en el aire para después comenzar a escribir algunas palabras.

-Hola.

Fue su primera palabra y yo sonreí saludándolo con un ademán como respuesta.

-Ven.

Volvió a dibujar. Con mis manos y mi cabeza le indiqué que era imposible y lo mejor era dormir.

-No.

Respondió.

-Te amo.

Finalizó el. Deseaba tanto gritarle que yo también lo amaba, que lo necesitaba tanto y entonces se me ocurrió una locura, le hice la seña a Inuyasha que me esperara. Entré a mi alcoba, tomé una pequeña maleta y en ella guardé mi uniforme limpio del Colegio y algunos objetos personales. Tomé un cuaderno y bolígrafo y le dejé una nota a mi hermana, diciéndole que me disculpara pero que lamentablemente ya no podía pasar ni un minuto más separada de Inuyasha, que pasaría toda la noche a su lado y que por favor no le dijera nada a mamá.

Salí con mucha cautela de la casa, cerré el portón con cuidado para no despertar a Kikyou y crucé la calle corriendo. Toqué el timbre desesperada e Inuyasha no tardó en abrir y en cuanto lo vi lo abracé y me abalancé sobre él. Inuyasha me recibió con los brazos abiertos mientras me sostenía de las piernas para que no cayera, dejando que mi maleta cayera con todas las cosas.

-Te extrañé mucho Kagome.

Decía Inuyasha mientras entraba a la casa conmigo en sus brazos.

-Yo también amor mío me pareció una eternidad.

Ascendimos por las escaleras sin dejar de besarnos, entramos a su recámara y suavemente me colocó en la cama, ahora es cuando me daba cuenta que había salido en bata de dormir a la calle. Con la ansiedad ni siquiera tuve la delicadeza de cambiarme de atuendo.

Inuyasha comenzó a besarme y la pasión volvió a desatarse.

-Tu pelo está húmedo y huele delicioso, tu piel es tan suave y sabe tan bien.

Susurraba en mi oído mientras inhalaba y se embriagaba con el aroma de mi cabello.

-Inuyasha… ¿Por qué me vuelves loca?

-Por la misma razón que tú me haces perder el control, quiero amarte todo la noche, hacerte estallar, morir juntos de puro placer si es posible.

Desgarró mi bata sin ningún apuro y me despojó de lo que quedaba de ella.

-Inuyasha mi ropa… ¿Ahora que haré?

-Lo siento pero me estaba molestando demasiado.

Se escuchó otro desgarré, había ya destrozado mi prenda íntima.

-¿Eso también te molestaba?

-Mas que cualquier cosa, estoy comenzando a odiarlas.

-Tendrás que reponer lo que has roto.

-Que bueno, de ahora en adelante yo escogeré tu ropa íntima.

Hundió su rostro en mi cuello y hombros, así permaneció unos minutos volviéndome loca. Hasta que comenzó a masajear mis senos y probarlos. Mi placer era tan grande que rasguñaba su espalda y acariciaba su cabello.

Inuyasha se despojó de su pantalón de dormir, era lo único que traía encima y me sorprendió que no llevara ropa interior.

-¿Ya estabas preparado?

-La verdad es que no, yo siempre duermo así y lo mismo digo de ti, duermes sin sostén.

-Las mujeres nunca dormimos con sostén.

-Eso no lo sabía.

Se colocó entre mis piernas y yo lo recibí gustosa, me penetró con suavidad y nuestros cuerpos comenzaron a moverse al mismo compás.

-Oh Inuyasha te adoro.

-Yo simplemente no puedo vivir sin ti.

Inuyasha se adentraba una y otra vez en mí, mis gritos eran ensordecidos por sus besos, su lengua exploraba mi boca. Sus movimientos se intensificaron y nuevamente volvió a sostener mis manos. Yo no podía más, me aferraba con mis piernas a su cuerpo enlazándolas para que mi amante no se escapara hasta que con unos últimos movimientos ambos sucumbimos en la plenitud. Sudando, jadeando y con los cuerpos temblorosos comenzamos a reírnos como niños. Adoraba el sudor de su cuerpo sobre el mío, me excitaba tanto ese tipo de baños.

-Inuyasha eres muy insaciable… ¿Qué no te duele el cuerpo?

-No pero te aseguro que cuando me levante mañana tendrás que ayudarme.

-Tan joven y quejándote.

-Disculpe usted mi hermosa dama pero su príncipe también es humano.

-Adoro esa parte de ti.

Permanecimos abrazados uno a lado del otro, Inuyasha jugueteaba con su dedo índice en mis brazos, realizando figuras invisibles y entonces recordé lo que mi hermana me había dicho acerca de la responsabilidad de pareja.

-Inuyasha… hay algo que quiero decirte.

-Dime…

-¿No te has dado cuenta que podría quedar embarazada?

Los besos de Inuyasha sobre mis hombros cesaron y sus ojos se agrandaron un poco.

-No lo había pensado…

-Sé que nos amamos pero yo aún no deseo ser madre ¿Qué haríamos con un hijo a esta temprana edad?

-¿Un hijo? No Kagome eso no es agradable.

-Lo sé, por mucho dinero que tengas y que puedas solventar una familia no contamos con la madurez para traer un bebé al mundo.

-¿Y si ya has quedado embarazada?

-Yo ruego porque no sea así, además tenemos una ventaja… hace un par de días terminó mi periodo.

-Eso no es garantía, son sólo mitos Kagome, además yo fui el tonto por no cuidarse.

-Pero esto no fue planeado.

-Que más da, debimos habernos detenido y esperar.

-¿Te arrepientes?

-¡Claro que no Kagome! Eres lo más grandioso que me ha ocurrido en la vida, es sólo que estoy preocupado por ti, la manutención es lo de menos, a estas alturas de la vida qué clase de vida le podríamos dar a un bebé.

-Descuida yo estaré bien y me encantaría ser la madre de tus hijos pero ahora no… tengo otras metas.

-¿Que metas?

-Convertirme en una gran concertista y viajar por todo el mundo ¿Y tú Inuyasha qué proyectos tienes para tu vida?

-No lo había pensado…

-Deberías de comenzar.

-Suenas como los adultos.

-Lo siento, no te molestes.

-Contigo no podría molestarme más.

Me estrechó en sus brazos y me besó con ternura hasta que el sueño nos venció. Un cálido beso me despertó, era tan tierno que parecía de ensueño, vislumbre el rostro de Inuyasha sonriente ya había amanecido la luz del alba se filtraba por las cortinas azules.

-Si esto es un sueño no me despiertes por favor.

Comenté en un susurro abrazándolo del cuello para acurrucarme en su pecho.

-No es un sueño, puedes seguir durmiendo todo lo que quieras.

Respondió él dándome un beso en la nariz.

-Inuyasha esta escena figura como unos recién casados.

-Entonces imaginemos que así es, por cierto vino tu hermana…

-¡¿Kikyou estuvo aquí?!

Pregunté sorprendida y asustada por la noticia mientras enderezaba mi cuerpo con brusquedad golpeando accidentalmente a Inuyasha en el rostro.

-Lo siento mucho…

-Tranquila no es nada, además sólo vino a traerte tus maletas, dijo que ya no puedes volver a la casa…

-¡Eso es imposible¡Tengo que hablar con ella!

-Relájate era sólo una broma, en realidad sólo vino a ver cómo habías amanecido, amablemente le conté que fue en mis brazos y que dormías feliz de la vida.

-Espero que eso sea también una broma.

-No, eso si es verdad.

-¡Inuyasha!

Grité mientras lo golpeaba con la almohada.

-¡No puedes decirle eso¿Ahora qué pensará de mí?

-Pues en cuanto se lo dije se carcajeó como una loca, quería subir a espantarte diciéndote que tu madre había llegado pero se arrepintió en el último momento, como sea, dejó dicho que te da permiso para que te tomes el día libre y que puedes quedarte aquí lo que resta de la semana hasta que tu mamá regrese.

-No te creo…

-De verdad, puedes llamarla, dejó dos maletas con ropa y objetos personales para que puedas cambiarte.

-¡Esto es increíble Inuyasha¿Te das cuenta¡Pasaremos la semana juntos como si fueran vacaciones!

Exclamé emocionada mientras lo abrazaba llena de júbilo.

-Yo también no puedo creerlo Kagome estoy más que feliz.

-Eso quiere decir que tendremos mucho tiempo para entrenar…

-Eres muy pervertida…

-Tú me perviertes…

-Bueno como tienes el día libre ¿Qué quieres hacer?

-Salgamos de compras.

-¿De compras?

-Oh si, recuerda que rasgaste mi ropa y prometiste comprarme una nueva, además mencionaste que de ahora en adelante escogerías mi ropa interior.

-Eso era una broma, yo no voy a escoger prendas intimas además si por mi fuera preferiría que no las llevaras puestas, así se me facilitarías más las cosas.

-Eso es muy sucio de tu parte Inuyasha, pero lo siento tendrás que acompañarme.

-Bien lo haré, pero nada de meternos en tiendas de lencería.

-Lo prometo.

Comenté con una inocencia falsa en la cual Inuyasha había caído.

-Y ya qué tenemos resuelta la tarde qué vamos a desayunar, me muero de hambre.

Decía Inuyasha mientras se frotaba el estómago con cierta ansiedad.

-Eres un glotón.

Respondí resignada aunque en realidad yo también tenía mucha hambre.

-Lo sé Kagome, pero ya sabes que me encanta cómo cocinas.

-Bien bajaré a preparar el desayuno.

Inuyasha se acercó a mí y me besó tiernamente mientras nos recostábamos en la cama una vez más.

-Oye y en la noche qué haremos…

Preguntó él en tono seductor mientras recorría mis piernas con sus manos y me despojaba poco a poco de la sábana que me cubría.

-En la noche tienes permiso para que hagas de mi lo que quieras.

Contesté de la misma manera sensual al mismo tiempo que acariciaba su rostro.

-¡Eso me parece genial!

-Pervertido.

-Sólo un poco, tú eres la culpable por provocar a la bestia que hay en mí.

-Ahora resulta que yo tengo la culpa de todo.

-No tienes idea cuanto, me has ayudado a descubrir una personalidad en mi interior que yo desconocía totalmente, jamás había necesitado de la presencia de alguien a mi lado mucho menos de una mujer para poder sentirme pleno, pero llegaste tú y cambiaste mi esquema en cuestión de segundos.

-No sabía eso de ti y aún me cuesta trabajo creer que yo cambiara tu forma de ser ¿Aún sigues teniendo el mismo miedo de antes?

-Ahora más que nunca, tengo temor de herirte, de lastimarte con alguno de mis arranques de hastío y soledad, no me gustaría que vieras esa parte insoportable de mi.

-Pero todo va muy bien entre nosotros ¿Qué problema podría haber?

-No lo sé, quizás llegue a desesperarme por perder parte de mi esencia nefasta, hay momentos en los que voy a necesitar estar solo, por eso es que no me agradan los compromisos Kagome, esa es la razón de que nunca había tenido una novia, porque todo eso requiere de atención y tiempo y como ya lo has notado en estos momentos ahora sólo vivo para complacerte y me he olvidado de mi ¿Qué pasará mañana cuando mi parte oscura vuelva?

-Cuando ese mañana llegue yo esperaré paciente y te daré el espacio que necesitas, Inuyasha yo no puedo ser todo en tu vida, tú también tienes planes, metas, espacios, si estamos juntos es sólo para acompañarnos, desahogarnos y sobre todo amarnos, nuestro amor no es una atadura.

-Kagome ¿Crees soportar esa parte de mi?

-Espero que si, la única cosa que lograría separarme de ti sería una traición.

-¿Traición?

-Así es, si algún día desearas estar junto a otro persona preferiría que lo dijeras, yo con tal de que seas feliz me haría a un lado, pero si pretendes tener mi amor y el de otra persona al mismo tiempo, eso jamás te lo perdonaría, nada en este mundo lograría que volviera a ti, morirías para siempre.

-Eso es muy cruel de tu parte, pero es bueno saberlo… después de todo no creo que exista otra mujer en este mundo que llame mi atención, tú me das lo que necesito.

Me besó con pasión, con la misma entrega posándose sobre mí. Yo aún permanecía desnuda bajo a aquellas sábanas. Inuyasha recorría mi cuerpo con sus manos, mientras me complacía besando mi cuello. Ya comenzaba a notar su excitación y tenía que detenerlo antes de que ambos volviéramos a caer en las redes de la irresponsabilidad.

-I… un... Inuya… yasha… por favor ya hablamos de esto… no… podemos hacer el amor sin antes… cuidarnos.

-Ya lo sé, no tienes que recordarlo por eso he salido temprano a comprar unos preservativos…

-¿Qué¿A qué hora¿Cuándo?

Pregunté muy nerviosa y sorprendida alejando su cuerpo del mío con las manos.

-Estabas dormida así que aproveché para salir.

-Eres tan impredecible… siempre te gusta dar sorpresas.

-Lo sé, ya no tienes que preocuparte de nada, ahora nuestro amor será muy responsable, fue muy difícil para mí tenerte a mi lado toda la noche sin haberte hecho mía otra vez.

-Somos demasiados pasionales.

-Opino lo mismo, pero esto es parte de descubrirnos como pareja ya dejamos de ser sólo unos simples novios, ahora ya somos amantes.

-Amantes… esa palabra se escucha hermosa en tus labios Inuyasha…

Acaricié su rostro mientras me dejaba deslumbrar por sus ojos color miel, esos ojos enigmáticos que podían manifestar un sin fin de emociones, me acerqué a su rostro y lo besé con ternura, posando besos en su frente, en sus mejillas, en su nariz y culminar en sus labios con un beso profundo y delicado que recorría cada centímetro de su boca para disfrutar de su sabor.

A Inuyasha le agradaba tener el control en la cama y yo me dejaba domar con su poder. Hábilmente me colocó boca abajo y comenzó a besar mi espalda, recorriéndola con sus frescos labios dejando un rastro voraz por mi piel. Se escuchó el rasgar de un plástico seguramente del preservativo, no quise voltear, preferí cerrar mis ojos y disfrutar del momento. Para cuando volví a sentir su piel sobre mí, él ya comenzaba a irrumpir en mi interior provocando una locura en mi cuerpo, sus movimientos eran lentos pero exquisitos, tan delicados y suaves que me volvían loca, ambos gemíamos de placer. Me tomaba del vientre para acercarme más a él, para hacerme explotar con su virilidad mientras me besaba desesperado el cuello, los hombros y la espalda. Mis manos se aferraban a las sábanas como muestra de mi gran placer, las mordía, las cerraba en mi puño hasta el punto de desgarrarlas. Necesitaba tocar a Inuyasha, besarlo, recorrer sus brazos con mis manos, sentir su suave cabello. El fuego que encendía comenzaba a consumirme poco a poco el cuerpo y yo tan necesitada de su persona que sólo podía limitarme a los deseos de mi amo.

-Inuyasha por favor… necesito estrecharte en mis brazos…

-Lo siento… pero esta vez yo estoy al mando.

-Eso es muy frío de tu parte… ¿Por qué me castigas así?

Al escuchar esto se apartó de mi inmediatamente y hábilmente me medio la media vuelta. Se colocó entre mis muslos y volvió a penetrarme, yo amante ansiosa y desesperada recorría su piel, lo besaba por cada rincón que él me permitía.

-¿Sigo siendo igual de frío?

-No amor… no te detengas.

El ritmo se aceleraba y ambos gemíamos como leones en celo, él mordiendo mis labios y yo enterrando mis uñas en su espalda, reteniendo ese placer esperando ese momento cumbre, ansiándolo con desesperación. Enlazamos nuestras manos en un último acto de amor al sentir como nuestros cuerpos se elevaban al mismo cielo para perder la vida.

Estábamos sofocados, sudorosos, muy satisfechos. Con mis manos retiraba las gotas de sudor del rostro de Inuyasha, mientras qué él acariciaba mi cabello.

-Inuyasha creo que por hoy ha sido suficiente, cuando me haces tuya me olvido del dolor de mi cuerpo pero cuando terminamos regreso a mi realidad y la verdad ya no puedo moverme.

-Lo mismo pienso, me duele el cuerpo, esto es peor que los entrenamientos en la escuela.

Respondió él mientras me abrazaba con fuerza por la espalda.

-¿Es muy pesada esa materia de Artes Marciales?

-Para un estudiante normal no lo sería… pero para alguien como yo que es odiado por su profesor es la muerte.

-Nunca he visto a ese maestro… ¿Cómo es?

Pregunté con curiosidad, ya había recibido algunos rumores sobre él… que era muy estricto y que pocos toleraban su materia.

-Un tipo muy desagradable, ya lo conoces, fue el hombre que nos separó a Kikyou y a mi cuando nos peleamos ¿Recuerdas?

Como olvidar a ese personaje si disfrutó exhibiéndonos a los tres por el Colegio como castigo.

-¿Es él?

Pregunté sorprendida.

-Si.

-Es muy joven para ser profesor, yo pensé que quizás impartía algún taller, es un hombre muy apuesto.

-¿De verdad?

Inuyasha arqueó la ceja y me abrazó con más fuerza, tensando su cuerpo, se encontraba celoso… agoraba esa faceta de su persona.

-Si y ahora que lo recuerdo sus ojos son muy parecidos a los tuyos ¿Es extraño no crees?

Continué a manera de cambiar el tema.

-No veo lo extraño, muchas personas contamos con este color de ojos.

Respondió Inuyasha con seriedad.

-Yo nunca había visto a japoneses con ese color Inuyasha, los europeos o americanos quizás lo tengan, pero esa no es una característica de nosotros los orientales.

-Que mas da Kagome, ya no quiero hablar de ese sujeto… es mejor que nos demos un baño, si quieres hazlo tu primero.

Decía tajante Inuyasha concluyendo aquella conversación, al parecer estaba molesto con la comparación de físico que hice entre él y su profesor.

-Yo pensé que lo haríamos juntos Inuyasha.

Comenté en tono pícaro para olvidar ese desagradable momento.

-Me temo que no, si lo hacemos no resistiré y te volveré hacer el amor Kagome.

-Correré el riesgo…

-Acabas de mencionar que estas muy adolorida.

-Quizás puede resistir un poco más.

-Eres una bribona… ven aquí.

Inuyasha me tomó en sus brazos y juntos entramos a su lujoso baño, era muy grande, jamás me imaginé que en él hubiera un jacuzzi. Me bajó y abrió los grifos de aquella gran tina. El agua entraba burbujeante en ella e Inuyasha me tomó de la mano. Se sentó en el borde de aquel jacuzzi recubierto por azulejos amarillos. Yo me posé en su regazo y él me acariciaba el cabello mientras esperaba a que se llenara por completo de agua aquella enorme tina.

-Es la primera vez que lo voy a usar, jamás me he bañado en él.

Comentó Inuyasha más sonriente.

-No lo sabía.

Mis palabras mostraban cierto nerviosismo, no me agradaban los espacios cubiertos por agua aunque sólo fueran pequeños. Pero no dije nada, no quería estropear el momento, Inuyasha se veía muy contento y entusiasmado con la idea. Minutos después entramos juntos, él me mantenía en brazos y posteriormente se sentó, manteniéndome aferrada a sus brazos como si fuese yo un bebé.

El agua estaba tibia, era agradable y por ni un segundo me solté de Inuyasha que con sus manos humedecía mi cuerpo y cabello.

-Tranquila Kagome… se que tienes miedo, no creas que me olvidado de tu fobia al agua.

Yo agrandé mis ojos y lo miré con sorpresa, yo imaginaba que Inuyasha había olvidado mi fobia.

-¿Entonces por qué lo haces?

Cuestioné sorprendida.

-Para que al menos le pierdas el miedo a estanques pequeños.

Comenzó a soltarme y yo me aferré más a su cuello con mis brazos.

-¡No me sueltes!

-No lo haré, mira verás que no está muy hondo.

Y de improviso de levantó provocando a su vez que yo lo hiciera.

-¿Ves?

-El agua apenas llega a mis rodillas.

Comenté estupefacta al encontrarme parada, comprendiendo ene se momento que sólo había provocado una tormenta en un vaso de agua.

-Bien ahora salgamos para bañarnos como es debido.

Decía Inuyasha tomándome de la mano.

-Espera ¿Sólo lo hiciste para que dejara de preocuparme?

-Así es.

-¿Y desperdiciarás toda esa agua por una lección?

-Lamentablemente creo que si.

-Me opongo, ahora quiero asearme en este lugar, no me agrada desperdiciar el agua.

-Cada vez me sorprendes, pero si eso es lo que quieres, con gusto lo haré.

Inuyasha tomó unos envases de shampoo y comenzó a masajearme el pelo mientras que yo permanecía sentada entre sus piernas jugueteando con el agua. La escena parecía la de un padre e hija. Con sus manos enjuagó mi cabello hasta eliminar cualquier rastro de. Posteriormente tomó una esponja y jabón líquido para el cuerpo y comenzó a frotarme el cuerpo provocando que me estremeciera.

-No lo haces tan mal, por lo menos podrás bañar a tus hijos.

Comenté para olvidar la idea de poseerlo en ese momento.

-Hablas mucho de hijos Kagome, eso no me agrada tal pareciera que ya te urge ser madre.

-Es verdad, no es bueno hablar ni de familia ni de matrimonio a estas alturas.

Tocó mi turno para bañarlo, estaba tan nerviosa que me mostré un tanto torpe e Inuyasha tuvo que hacerlo por si mismo. Comenzamos a juguetear salpicándonos de agua o enjabonándonos uno al otro. Inuyasha era demasiado travieso conmigo y le gustaba irrumpir en lugares que me provocan muchas cosquillas. Yo también intervine pero al parecer mi cuerpo era mucho más sensible que el suyo. En un rápido moviendo Inuyasha me sentó sobre él para besarme. Nuestros cuerpos se encontraban húmedos, enjabonados, una escena muy erótica a mi parecer. Inuyasha comenzó a besarme el pecho y después los senos. Yo mientras tanto enterraba mis dedos en su cabellera húmeda.

-Te dije que no iba a resistir Kagome…

Decía sin dejar de gustar de mi sabor.

-Eso lo sabía, por eso te lo pedí, esta vez quiero ser yo lo que te de placer.

-¿De verdad? Tú siempre me das placer Kagome.

-Bien entonces salgamos de aquí para reponer energías porque en la noche tengo algo planeado para ti.

-Suena interesante pero no suelo ser muy paciente… ¿Podrías adelantarme ahora un poco de ese momento?

Bajé mi mano y busqué su virilidad entre las aguas, Inuyasha estaba muy inquieto y esbocé una sonrisa llena de satisfacción al encontrarlo tan excitado.

-Lo siento pero tendrás que esperar…

Inuyasha mostró un rostro lleno de absoluta frustración y eso me encantó. Salimos del jacuzzi y secamos nuestros cuerpos con toallas. Ya en su alcoba comencé a vestirme con la ropa de las dos maletas que Kikyou había traído. Inuyasha hacía lo mismo. Cuando me vi al espejo no podía creer lo que me mostraba. Mi cabello estaba hecho un desastre, totalmente enredado y no se diga de mi semblante… demasiado ojeroso para variar y un tanto pálido ¡Cómo es que Inuyasha podía encontrarme atractiva de esa forma! Soy un desastre…

Tardé casi quince minutos en desenredarme el cabello completamente hasta que por fin quedara lacio y húmedo. Utilicé una diadema amarilla para adornar mi cabeza y después tanto Inuyasha y yo bajábamos muy felices de la vida a la cocina.

La casa de Inuyasha o mejor dicho la mansión era muy lujosa y hermosa, demasiado amplia y con un muy buen gusto, supuse que la decoración era obra de su madre, lo único extraño es que en ningún lugar existían fotografías o retratos de la familia, sólo pinturas u obras de artistas muy reconocidos, pero nada más.

-¿Cómo puedes vivir solo en esta lugar? Es demasiado grande Inuyasha…

Comenté un tanto sorprendida de que sus padres le permitieran vivir solo y con tan gran responsabilidad.

-Yo siempre he preferido un departamento, esta casa es muy grande para una sola persona pero ellos insisten en que permanezca aquí, esa es la condición para que yo siga viviendo en este país, no entiendo por qué lo hacen pero Kaede es una gran ayuda, se encarga de todo, gracias a ella la casa se mantiene en orden de no ser así yo no podría con tanto trabajo.

-Entiendo… ¿Y cuándo regresarán tus padres?

-No lo sé, quizás dentro de algunos meses, surgieron algunos problemas con el negocio de mi padre y por lo que sé va a necesitar de un tiempo un tanto prolongado para solucionarlo.

El tono de Inuyasha había cambiado totalmente ahora se mostraba muy serio y pensativo, casi nunca hablaba de su familia y en las raras ocasiones en que lo hacía su semblante se tornaba muy frío.

-¿Qué quieres de desayunar?

Pregunté para cambiar de tema.

-No sé, lo que tú gustes.

Entramos a la reluciente cocina, con muebles blancos y un desayunador muy amplio. La estufa era eléctrica y de cuatro parrillas incluyendo un gran horno. Inuyasha se sentó en una silla como todo un amo.

-¿Piensas que yo voy hacer esto sola?

Reclamé indignada por su actitud tan machista.

-Um… si, yo no sé cocinar.

Esa fue una justificación muy absurda por parte de él, así que consideré conveniente comenzar con algunas lecciones de vida.

-Entonces tendrás que aprender, tienes que ayudar Inuyasha.

-Eres muy mandona…

-Es sólo lo justo, si quieres comer tienes que ganártelo…

Se levantó de la silla y caminó hacia mi me tomó de la cintura y comenzó a besarme.

-¿Con esto lo habré ganado?

Preguntó con aquella mirada sensual, estuve a punto de sucumbir ante sus encantos pero mi orgullo fue más poderoso.

-Aún no, quizás seas un soberano en la cama, pero el la cocina la que manda soy yo y aunque trates de seducirme con tus encantadores besos no lo lograrás.

Respondí tajante y adoptando una actitud fría y autoritaria.

-Vaya… si que eres toda una mujer, me agrada la forma en cómo estableces lo límites.

-Bien entonces manos a la obra.

Estos momentos eran tan placenteros que aún continuaba creyendo que sólo era un hermoso sueño, tenía miedo de despertar y encontrarme recostada en mi cama, pero… aunque así lo fuera, este seria el mejor de mis sueños.

Inuyasha era demasiado torpe en estos haberes culinarios. Las cosas se le resbalaban, los huevos constantemente se estrellaban por su fuerza brutal, se había cortado un dedo con el cuchillo y realmente ya no sabía si hacía todo esto a propósito para enfadarme o simplemente era un completo caos como cocinero. Su ayuda no era de gran cosa y preferí hacer la labor yo sola y que él permaneciera sentado hasta que el desayuno estuviera hecho.

-Nunca te había visto cocinar Kagome, eres muy hábil ¿Quién te enseñó?

-Mi madre nos ha enseñado desde pequeñas a mi hermana y a mí, pero Kikyou es igual o peor que tú, nunca le gustaron los deberes femeninos y cambió los sartenes por las pesas y el ejercicio.

-Pero tú si aprendiste muy bien se ve que te gusta mucho.

-Si, disfruto hacerlo.

Transcurrió media hora para que ambos pudiéramos disfrutar de un desayuno en forma. Mi querido novio comía con total desesperación, como si no lo hubiera hecho en meses y terminó por comerse todo en vista de que yo desayunaba muy poco. Mientras probábamos nuestros alimentos platicamos de muchas cosas: sobre la escuela, nuestra relación, los amigos.

-¿Qué crees que estén haciendo Inuyasha?

Pregunté con curiosidad al imaginarme a nuestros amigos en el Colegio.

-Ni idea... pero… ¿Crees que Kikyou les comentará sobre dónde estás y porqué no fuiste hoy al colegio?

Permanecí callada un rato e Inuyasha me adivinó el pensamiento.

-¡Grandioso! Ahora tendré a Miroku sobre mí todo el tiempo, no me dejará en paz si no le cuento todo con lujo de detalle.

-Lo mismo digo… tanto Sango como mi hermana querrán saber de la a la z, ya me las imagino, inclusive tengo la sensación de que las escucho.

-Mira Kagome como no quiero andar comentando sobre nuestras intimidades te propongo que hoy salgamos todo el día de compras y a divertirnos, no regresaremos hasta en la noche, lo siento por ellos, porque se que estarán pegados al timbre de la entrada pero por lo menos hoy voy a disfrutar este día contigo, las explicaciones vendrán después porque sé que serán inevitables.

-¡Es buena idea Inuyasha!

Comenté muy emocionada y esperando ansiosa nuestra salida. Terminamos nuestros alimentos, descansamos un poco en la sala y posteriormente ambos salimos para tomar un taxi y que nos llevara al Centro Comercial.

-¿Qué haremos primero?

Pregunté entusiasmada al llegar a nuestro destino.

-Lo que quieras, hoy cumpliré tus caprichos.

Respondió Inuyasha con una ligera sonrisa en sus labios.

-Bien entonces quiero ver una película.

Llegando a los cinemas verificamos la cartelera e Inuyasha me señaló una película que era la ovación entre las chicas de mi edad, un terrible film romántico, sólo para enamorados…

-No Inuyasha odio esas películas mejor una de acción, me gusta ver sobre samuráis o personajes legendarios o alguna de misterio y terror.

-Yo pensé que te gustaban las películas románticas.

-Se nota que todavía no me conoces…

-Bien entonces veamos una de Samuráis.

Y así fue, entramos a ver una película realizada en los años 60's. Quizás era vieja pero sinceramente era fenomenal, todo un clásico. A diferencia de esas parejas que en cuanto se apagan las luces de la sala se dedican a entretenerse con sesiones de besos nosotros nos olvidamos uno del otro, si acaso llegamos a tomarnos de la mano fue mucho, ambos permanecíamos atentos a cada escena, después de todo compartíamos la idea de que los lugares públicos no son para exhibir el amor que nos profesábamos.

Dos horas y media duró la cinta y a nosotros aún nos quedaba mucho tiempo para que la noche llegara así que de nuevo compramos más boletos para ver ahora un largometraje tailandés, obviamente se trataba de una película de suspenso y terror.

Era increíble que este tipo de películas no me causaran ningún temor, yo siempre había dicho que les tenía más miedo a las personas que a los monstruos ya que éstos últimos no existían.

Cuando miré mi reloj ya eran las cuatro de la tarde, el tiempo volaba cuando me encontraba junto a Inuyasha. Él me cumplía mis caprichos y nunca ponía objeción en lo que yo pedía.

-Vamos a comprarte tu ropa.

Comentó él cuando salíamos de un restauran.

-No te preocupes sólo era una broma.

-Vamos Kagome.

-Pero es que no tengo dinero.

-Te dije que yo te la compraré y es mi última palabra.

-Como digas…

Respondí con cierta sumisión aunque inmediatamente la codicia invadió mi pensar, después de todo él tenía que reponer lo que había rasgado.

Entramos a una Boutique muy grande, la ropa en ese lugar era genial, pero muy cara, había tantas cosas que me agradaban que ya no sabía por dónde empezar. Una chica amablemente nos atendió y me ayudaba a escoger lo más adecuado. La señorita no tuvo ningún reparo en tolerarme y estar parada junto al vestidor por más de dos horas para que yo por fin me decidiera. Me gustaba ver la cara de Inuyasha cada que salía cuando le modelaba lo que llevaba puesto y era él quien decidía si le agradaba o no. Esta vez quise darle gusto en todo y para mi buena suerte ambos compartíamos los mismos gustos.

Cuando salí por última vez con una falda larga color ópalo y una blusa blanca de manga corta él ya no estaba sentado en aquel sillón rojo.

-¿Dónde está Inuyasha?

Le pregunté a la chica que aún sostenía algunos jeans y blusas en sus manos.

-Dijo que en un momento regresaba, recibió una llamada y salió.

Respondió ella con amabilidad.

-Entiendo, bueno ahora vienen lo más difícil… tener que escoger que me llevaré.

Comenté con resignación al ver todas esas hermosas prendas extendidas ante mis ojos.

-No se preocupe señorita, a usted cualquier cosa le sienta bien, cuenta con mucha personalidad.

-Es que todo me gusta pero tengo que elegir cuál será, no puedo llevármelo todo.

Mientras me encontraba envuelta en mi conflicto, escuché unas diabólicas risas. Giré mi cabeza hacia la izquierda y ahí para mi desgracia y mala suerte, se encontraban Megumi y sus amigas ¿Qué hacían aquí?

Instintivamente traté de esconderme para que no me vieran pero como lobos hambrientos olfatearon inmediatamente a su presa y caminaron hacia mi con sus semblantes llenos de malicia. Yo giré mi cuerpo para ignorarlas, sabía cuáles eran sus intenciones y lo mejor era salir de ahí cuanto antes, no deseaba tener que soportarlas una vez más.

-Vaya Higurashi, el mundo es muy pequeño.

Saludo Megumi arrastrando las palabras, con esa hipocresía que la caracterizaba.

-Desgraciadamente si es muy pequeño.

Respondí con seriedad sin dirigirle la palabra. Megumi bajó su mirada y observó detenidamente toda la ropa que ahí se encontraba y tomo entre sus manos una blusa azul que a mi me había encantado.

-Tienes pésimo gusto Higurashi, bueno es normal, no se puede pedir mucho de ti, pero la verdad no entiendo por qué molestas al personal de la boutique, si nada es de tu etilo. Lo tuyo quizás sea ropa para monjas o de doble uso…

Comentó con sarcasmo seguido de nefastas y abominables risas por parte de ella y sus amigas.

-Ese es mi problema.

Contesté arrebatándole la blusa de las manos.

-Yo le llamaría derroche de dinero.

-No me interesa tu opinión Megumi.

Entonces ella miró a hacia todo lados como si buscara a alguien, yo sabía perfectamente a quién.

-Inuyasha no está contigo ¿Verdad? Es una lástima… me pregunto… ¿Dónde se encontrara? O mejor dicho ¿Con quién estará en estos momentos…?

La muy ingenua trataba de envenenarme en contra de Inuyasha sin saber la verdad. Cómo me hubiera encantado restregarle a la cara que él y yo ya éramos más que novios, pero tuve que guardarme ese secreto por respeto al propio Inuyasha y a mi misma, después de todo si lo hacía estaríamos en boca de todo el Colegio al día siguiente por ser unos estudiantes inmorales.

-Nadie te dijo que podrías llamarle por su nombre, para ti sólo es Kurosaki.

La familiaridad con que lo trataba me molestaba completamente y no iba a permitir que una víbora de su categoría se tomara atributos que no le correspondían.

-¡Por favor Kagome! No me vengas con cursilerías yo quiero llamarle Inuyasha porque así me apetece, después de todo tengo que acostumbrarme ya que él me regaló esto…

Con un rostro de maldad Megumi extendió su muñeca. Con asombro y repudio miré mi pulsera perdida, la llevaba puesta la muy desgraciada.

-Casi todo el Colegio se ha enterado de que él me regaló esto, si vieras que todo mundo te profesa una profunda pena por haber sido engañada todo este tiempo creyendo que tu novio es el hombre más fiel de este país.

Estuve a punto de abalanzarme contra ella pero alguien me detuvo del hombro, era Inuyasha. Su rostro era serio y fulminaba a esas mujeres con la mirada pero después me regresó una sonrisa.

-Lo siento mucho Kagome no quise dejarte sola.

Comentó él con un tono apacible, entonces volvió a fijar su vista en Megumi y las demás.

-¿Amigas tuyas?

Preguntó él con la ceja arqueada.

-No, afortunadamente no.

Respondí con desprecio mientras lo tomaba de la mano.

-Hoo… hola Kurosaki…

Saludó con fingida timidez y algo de coquetería Megumi. Inuyasha la miró de pies a cabeza y sólo saludó con una sonrisa, después de eso se dirigió hacia mi.

-¿Ya escogiste lo que te vas a llevar?

Preguntó él con una gran sonrisa.

-No, es que no me decido.

-Bien entonces llévatelo todo.

-¿Todo?

-Si te dije que cumpliría todos tus deseos así que apúrate aún nos faltan muchas tiendas que visitar.

-Pero esto es mucho Inuyasha…

-Nada es suficiente para la mujer más hermosa de este mundo.

Las mejillas se me sonrosaron, miré a Megumi, su rostro reflejaba sorpresa y también demasiado odio. Inuyasha pagó la cuenta y nos alejamos de aquel lugar, me sentía avergonzada por haber abusado de se generosidad, lo que me había comprado era demasiado aunque no sabía cómo manifestar tanta emoción y permanecí callada. Inuyasha salió con al menos cinco bolsas en las manos y dos cajas grandes. No me permitió que lo ayudara.

Nos sentamos en una cafetería que se encontraba cerca y pedimos un té para cada uno, en especial yo para tranquilizarme, mi ira continuaba aunque de vez en cuando el recordar el rostro de Megumi lleno de impotencia me causaba una gran satisfacción.

-¿Ella es la mujer que te molestó ayer verdad?

Preguntó Inuyasha con seriedad sacándome de mis pensamientos.

-Si, ella es Megumi… ¿Pero cómo lo supiste?

-Escuché todo, me encontraba detrás de ellas y después caminé hacia ti sin que nadie se diera cuenta, también vi que lleva la pulsera que te di.

-Si… ahora todo el Colegio piensa que me engañas con ella.

-No por mucho tiempo…

-¿Qué pretendes?

Pregunté curiosa y un tanto preocupada.

-Mañana lo verás ¿Tienes alguna hora libre entre clases?

-Si a las 11:00 el profesor de Química avisó que no asistiría.

-Perfecto, mañana espérame en tu salón a esa hora, esa niña sabrá quién soy yo.

-¿La golpearás?

Pregunté con sorpresa al ver que su rostro se llenaba de cierta satisfacción un tanto diabólica. Inuyasha comenzó a reírse a carcajada suelta.

-No Kagome no tengas miedo, no voy a golpearla.

-Que bueno ya me estaba espantando.

-¿Piensas que me gusta maltratara a las mujeres?

-¡Claro que no! Pero te he visto enojado y no mides las consecuencias, a ti no te importa ni el tamaño, ni la edad mucho menos el sexo de tu contrincante, la verdad es que no quiero que tengas problemas, ya te levantaron por fin el castigo que tenías con mi hermana y que por mi culpa de nuevo tengas otro altercado me angustia un poco.

-Tranquila, esta vez no usaré la fuerza para poner a esa bruja en su lugar.

-¿Podrías adelantarme algo?

-Lo siento pero tendrás que esperar…

Inuyasha se había vengado de mí al utilizar las mismas palabras que yo cuando él ansioso, me preguntaba lo que yo pretendía hacer en la noche.

Después de eso Inuyasha me compró más ropa, zapatos, libros, artículos de arte y otras cosas más.

-Inuyasha vámonos por favor esto ya es demasiado, llevamos muchas cosas para mi, tú no te has comprado nada.

-Es lo que menos importa, para mi es muy poco ¿Deseas visitar otra tienda?

Rápidamente mi vista se enfocó a un establecimiento de lencería y corsetería pero él al verlo retrocedió inmediatamente y se sentó.

-¿No piensas acompañarme?

-Te dije que no entraría a ese lugar.

-Por favor…

El rostro de Inuyasha se encontraba enrojecido y evitaba que lo mirara. No había remedio tuve que entrar sola pero con desgana absoluta, estar sola no era tan divertido, si Inuyasha estuviera a mi lado esto sería más entretenido. Duré algunos minutos dentro de aquel lugar pero ya nada me interesaba así que salí sin comprar nada. Inuyasha permanecía sentado en aquella banca.

-¿No te gustó nada?

-No es eso pero yo quería que estuvieras junto a mí.

-No te enojes por eso Kagome, mira aproveché para comprarte esto…

Me extendió su mano y en ella había un estuche cuadrado de terciopelo, lo abrí y dentro de él se encontraba una pulsera de oro con incrustaciones en pedrería, estaba hermosa.

-¡Inuyasha no puedo aceptarlo esto ya es demasiado! Además… no quiero perderla otra vez.

-No te preocupes Kagome mañana tendrás de nuevo esa pulsera entre tus manos.

-Inuyasha has gastado mucho dinero en mí, no puedo aceptar todo esto.

-Kagome yo gasto lo que quiera, sólo me gusta complacerte además deberías aprovechar, porque sinceramente no soy un hombre al que le agrade estar viniendo a estos lugares todos los fines de semana.

-Si eso lo sé, te fastidian las personas y estos lugares, por eso me siento un tanto apenada.

-La mejor forma en que me puedes pagar Kagome… es seguir a mi lado.

Finalizó él mientras tomaba de nuevo las compras en sus manos. Tomamos un taxi y nos dirigimos a casa. Inuyasha no se había comprado nada, todo fue para mí. Por momentos pensé que derrochaba su dinero y me sentí culpable con tantos lujos, pudiendo haber ayudado a alguien con ese dinero me limité a satisfacer mi egoísmo.

Minutos más tarde entrábamos a su casa, subimos hasta su recamara y colocamos las cosas en el piso.

-Estoy muy cansado.

Decía Inuyasha mientras se tumbaba en la cama boca arriba con los ojos cerrados y entonces aproveché el momento. De las bolsas saqué unas mascadas negras, me acerqué a él, subí a la cama y le vendé los ojos.

-¿Por fin mi sorpresa está llegando?

Preguntó sin inmutarse.

-Así es.

Contesté con cierta coquetería tratando de que mi voz se mostrara un tanto sensual.

Lo despojé de su camisa negra y acaricié su rostro recorriendo con mis dedos su pecho, besándolo sin cesar, tomé dos mascadas más y lo até a la cabecera de la cama por las muñecas.

-Oye me estás asustando Kagome ¿Qué planeas?

-Tranquilo que esto es sólo el principio, esta vez yo tengo el mando.

¿Pero qué locuras hacía¿Cómo es que podía hacer algo de tal magnitud? Ni yo misma entendía del por qué de esta fantasía, había algo en mi interior que me trasformaba cada vez que Inuyasha se encontraba a mi lado, me convertía en una mujer pasional y desquiciada. Deseos y sensaciones pervertidas albergaban mi ser en estos momentos.

Lo besé con pasión mientras que con mis manos desabrochaba su pantalón, en pocos segundos me deshice de él, así como de todo los demás hasta que quedara completamente desnudo para mí. Lo contemplé por algunos instantes acariciando sus piernas y besando aquel tórax. Me posé sobre él y de nuevo me dediqué a complacerlo en su pecho. Lo besé sin premura, explorando con mis labios cada milímetro de su boca, disfrutando de su sabor con mi lengua, jugueteando con la suya. Podía observar cómo Inuyasha intentaba deshacerse de sus ataduras, lo estremecía por completo, podía sentir su cuerpo tembloroso y ansioso por tomarme en sus brazos. Bajé mis manos con suavidad él jamás esperó que tomara entre mis dedos su hombría ansiosa. Exhaló, un gemido y se retorció con los masajes que yo le brindaba.

-Kag… Kagome por favor…

Me encantaban sus suplicas, ver su cuerpo a mi merced, a mi voluntad. El estar junto a él provocaba en mí sentimientos y sensaciones que en otro tiempo jamás hubiera pensado siquiera, el hecho de haberlo atado a la cama para hacerlo mío me provocaba una gran satisfacción y sin pretenderlo sólo siguiendo mis instintos besé aquella espada firme haciendo que Inuyasha enloqueciera más. Quizás para muchos esta acción era asquerosa y depravada, yo misma lo hubiera pensado si alguien me lo hubiera contado, pero… cuando uno de encuentra con el ser amado en lo único que se puede pensar es en hacerlo feliz. El ver como Inuyasha se revolcaba, jadeaba y gemía por el roce de mis labios y mis caricias en su virilidad era exquisito, el recorrer con mi lengua esa parte tan sensible en el ser humano no era del todo tan desagradable.

-Deten… detente Kagome…

-No lo haré…

-Me estás volviendo loco… por favor.

Omití sus suplicas mientras me dedicaba a saborear de su ser, de disfrutarlo sólo para mi. Pero al encontrarme tan absorta en mis acciones lujuriosas no me percaté de cuando Inuyasha se había desatado y quitado de los ojos aquellas vendas y con una acción rápida me tumbó de espaldas en la cama sosteniéndome de las muñecas.

-Te has excedido demasiado traviesa…

Me decía mientras me besaba con desenfrenada pasión.

-Aún no he terminado Inuyasha…

-¿Crees que sólo tú puedes jugar? Yo también jugaré con tu hermoso cuerpo.

Tomó la misma mascada que llevaba en los ojos momentos antes y me ató las manos. Por un momento parecía un animal salvaje ansioso por poseer a su hembra. Con ferocidad se deshizo de toda mi ropa, destrozando mi blusa y la ropa íntima.

-Ya se te está haciendo costumbre romper la ropa.

Pero Inuyasha me silenció con un beso profundo.

-Esta vez no hablaremos… permaneceremos callados, lo único que quiero escuchar son tus gritos pidiéndome más placer.

Comentaba Inuyasha mientras se deleitaba capturando en su boca mis senos, recorriéndolos con su lengua, haciéndome gemir. Con sus manos recorrió mi vientre hasta bajar a mi intimidad y acariciarla, el calor de mi cuerpo se acrecentaba y el movimiento de esos dedos me perturbaba por completo. Se colocó entre mis muslos y yo esperaba ansiosa recibirlo pero me lleve una gran sorpresa cuando comenzó a recorrer con su lengua y sus labios mis piernas dejando un rastro de voracidad por todos lados. De improviso me levantó un poco de las caderas enlazó sus manos en mis piernas y comenzó a explorar mi intimidad con su boca por primera vez. Al instante lo rechazaba con mis manos, tratando de alejar su rostro de mí, me avergonzaba al pensar que me encontraba sucia, pero esos pensamientos fueron opacados por el enorme placer que en esos momentos sentía. Inuyasha me recorría con esa ardiente lengua dejando hilos de lava a su paso. Yo gritaba desesperada y él sonreía al ver mi rostro enrojecido y perturbado por ese goce. Ahora sabía en carne propia lo que Inuyasha había sentido cuando lo amarré, esa impotencia, ese vacío… yo deseaba acariciarlo, besarlo, tocarlo, pero sólo podía limitarme a observar cómo él se entretenía bebiendo de mí. Sus caricias eran una locura, sentía que mis venas en cualquier momento explotarían, que el corazón se me detendría, deseaba más de él pero a la vez en mi interior imploraba que se detuviera o moriría en el acto.

Por momentos sentía que el contacto era tierno y suave pero en otros me daba la impresión de que Inuyasha me devoraría por completo. Nos besamos, con nuestras lenguas explorábamos sin cesar cada rincón de nosotros y cuando menos me di cuenta ya tenía las manos desatadas y sin esperar un segundo más acaricié con lentitud su cuerpo ya no con esa desesperación por poseerlo sino con paciencia, ahora lo tenía sólo para mi. Nuestra aceleración y desesperación redujo su nivel a lo mínimo. Inuyasha me acariciaba y besaba de una forma delicada, como si en sus manos sostuviera una obra de arte. El tiempo se había detenido y con mis dedos recorría su espalda, sintiendo su piel como mía, con aquel sudor que emanaba cual manantial fresco. Lentamente Inuyasha me penetró pero a diferencia de las veces anteriores permaneció quieto, no se movía y se dedicaba a hundir su cara en mi cuello, continuamente depositaba pequeños besos en mis rostro hasta que por fin nuestras caderas comenzaron a moverse el mismo vaivén, nos mirábamos a los ojos, con deseo, con lujuria y con amor. Así permanecimos mucho tiempo, era como mantener una plática silenciosa y a la vez un juego en el que tratábamos de adivinar lo que el otro pensaba.

Inuyasha con cada embestida gozaba sin igual, cerraba sus ojos, se mordía los labios, gemía y cuando yo trataba de emitir algún sonido era inmediatamente ensordecido por sus besos. El sentirlo en mi interior de esa forma era inexplicable, no sabía que podía hacerse el amor de una manera tan tierna y paciente, me aferré a su hombro evitando clavar mis uñas mientras esa sensación recorría mis venas. Sus movimientos se aceleraron y con ellos los gritos, Inuyasha no se detenía y me volvía loca, mis gemidos le indicaban el disfrute que sentía y aceleró más su cuerpo hasta que ambos estallamos en un profundo y delicioso orgasmo manteniéndonos fuertemente abrazados para dejar que el placer recorriera nuestros cuerpos.

Inuyasha estaba muy sofocado y sudaba más que antes, permaneció en mi interior y se apoyó en uno de sus codos mientras que con su mano acariciaba mi pecho.

-Esto es lo que pasa cuando juegas tú sola Kagome…

-¿No te agradó lo que hice?

-Me volviste loco, perdí el control por completo al encontrarme atado y sin poder acariciarte.

-Esta vez fue muy sorprendente Inuyasha, fue tan lindo…

-Fue hecho con amor y paciencia, como debe ser, ya estamos aprendiendo que no sólo es copular y ya, hay más cosas que disfrutar.

-Inuyasha nunca pensé que fueras tan buen amante ¿Siempre será así?

-Siempre será mejor…

Inuyasha se apoyó en mi pecho y se durmió de inmediato se encontraba muy cansado, habíamos abusado mucho de nuestros cuerpos por complacer nuestros deseos. En poco tiempo también caí rendida en sus brazos y no despertamos hasta que una terrible pesadilla abordó mi mente. En ella se revivía el día en que perdí a mi padre, todo era tan real, los gritos, la gente corriendo, el humo… mi padre cargándome y yo sin poder despertarme. Sentía que sujetaban mi cuerpo, que me llamaban y con mucha dificultad por fin pude abrir mis ojos. Ahí estaba Inuyasha muy asustado mirándome con preocupación. Por mis ojos resbalaban lágrimas y una gran presión en mi pecho se hizo presente, lo único en lo que pensé fue en abrazarlo y llorar desconsolada como si mi padre hubiera muerto hace unos minutos, no entendía del por qué de este sueño, ni mucho menos la razón y la necesidad por derramar amargas lágrimas. El sólo se limitó a abrazarme sin decir nada, los minutos que trascurrieron para que pudiera calmarme se me figuraron una eternidad.

-¿Te sientes mejor?

Preguntó él angustiado.

-Si… pero quiero agua…

Al instante él se levantó, se colocó un pantalón, salió de la recamara corriendo y cuando regresó traía consigo una jarra grande con agua y una vasode vidrio, me sirvió el agua y yo la bebí desesperada, tomé otros dos vasos más pero mi sed no se saciaba y esto me espantó.

-Tranquila Kagome te puedes ahogar.

Comentó Inuyasha al ver la forma ansiosa con la que bebía.

-¡Inuyasha la sed no se va, necesito más agua!

Otros dos vasos pero nada, había entrado en una crisis y ahora por causa del temor ya no reconocía el lugar en el que me encontraba lo único que deseaba era salir y sin previo aviso me levanté de la cama pero antes de que pudiera salir alguien me retenía, era un hombre… ¿Quién era?

Como pude me solté de sus manos y busqué una salida, pero él me lo impedía así que vi una ventana y traté de salir por ella pero me sostuvo de la cintura y me abrazó con fuerza. Algo pronunciaban sus labios pero no lo entendía, forcejeaba con él para que me soltara, cuando pude deshacerme de su horrible presencia miré mi cuerpo desnudo y enloquecí más ¿Qué me había hecho¿Dónde estaba mi ropa? lo único que hice fue permanecer llorando en un rincón de aquella terrible habitación. Vi como ese sujeto tomaba un teléfono, gritaba con desesperación algo y después salió corriendo, cuando vi la puerta abierta lo único que hice fue salir pero no sabía a que dirección hasta que por fin vislumbré unas escaleras pero al tratar de bajar en ellas una mujer se encontraba al pie de la misma.

Subió corriendo y yo desesperada volví a encerrarme en aquella habitación, pero ambas personas me habían ganado y evitaron que cerrara la puerta, se encontraban acechándome, la mujer caminó hacia mi y me sostuvo de los brazos, sus ojos me aterraban, y por su boca comenzó a salir sangre y de tan sólo verla me desmayé.

De un sobresalto desperté de aquella terrible pesadilla, estaba sudando y la respiración estaba entrecortada.

-¿Qué pasa?

Preguntaba Inuyasha. En su rostro había un aire de temor que nunca había visto.

-Tuve un mal sueño.

Respondí con dificultad, jadeando con brusquedad el aire. Cuando miré mi cuerpo llevaba puesto un pijama.

-¿Cuándo me puse esto?

Cuestioné confundida.

-Yo te lo puse, estabas temblando en la madrugada pensé que tenías frío y no te quise despertar.

-Inuyasha tuve un sueño extraño…

Pero cuando traté de explicárselo ya lo había olvidado, no recordaba nada.

-¿Cuál fue tu sueño Kagome?

Decía Inuyasha.

-Ya… lo he olvidado, perdón pero esto siempre me pasa, tengo pesadillas pero cuando trato de recordarlas se me olvidan por completo. No te preocupes ya no es nada… ¿Qué hora es?

-Son más de las seis de la mañana.

Pronunció él.

-Ya es hora de ir al Colegio creo que voy a bañarme.

-Como gustes Kagome.

El tono de Inuyasha era muy extraño, había algo en él que no encajaba, pero no podía explicar qué era ese algo.

Me di una ducha y cuando casi terminaba Inuyasha había entrado.

-Ya casi termino…

-No te preocupes…

Cuando hube concluido él continuó para asearse y yo salí para vestirme. En quince minutos ya estaba lista e Inuyasha apenas salía con una toalla en la cabeza y otra envuelta en la cintura…

-Prepararé el desayuno en lo que tú te vistes…

Pero justo cuando iba a salir Inuyasha me tomó de la mano y me estrechó en sus brazos.

-Perdóname, soy un inútil cuando más me necesitas.

Lo miré y en sus ojos se notaba cierta tristeza.

-¿Por qué lo dices? Te has comportado muy extraño desde que despertamos.

-No es nada, es que me entró un poco de melancolía.

-¿Melancolía?

-No lo sé creo que últimamente estoy muy sensible, pero no me hagas caso.

Una sonrisa se formó en su rostro y eso me devolvió el ánimo.

Como lo había dicho, preparé el desayuno en lo que Inuyasha se vestía, minutos más tarde bajó él y comimos. Aún faltaba mucho para encaminarnos hacia el Colegio así que aprovechamos para conversar un poco más. Cuando la hora casi llegaba salimos juntos con nuestros uniformes y mochilas en mano.

Mi hermana no estaba, seguramente ya se encontraba rumbo al Colegio y así fue, cuando llegamos Inuyasha y yo, ella se encontraba en la entrada de la misma. Y en cuanto me vio corrió hacia mí y me abrazó.

-¡Hermanita cuánto tiempo sin verte!

No era que mi hermana fuera muy afectuosa sabía que lo hacía por otros motivos.

-No te vi ayer en todo el día, eres muy mala por no querer abrirle la puerta a tu hermana, con eso de que ya tienes nueva casa.

-¡Kikyou te va a escuchar alguien!

Respondí asustada mirando a los lados por si alguien había escuchado algo.

-¡Kagome que alegría verte!

Gritó Sango entusiasmada.

-¡Tenemos que platicar¡Tienes que contármelo todo!

Lo sabía, ya mis amigos estaban enterados de lo ocurrido.

-¡Hola Inuyasha¡Hermano te ves muy cansado¿Por qué será?

Decía Miroku con picardía mientras palmeaba fuertemente la espalda de Inuyasha.

-Que bueno es verte… pero no entiendo a qué viene tu cometario Miroku…

Decía Inuyasha con una sonrisa falsa mientras el técnicamente golpeaba a su amigo en la espalda como una señal de molestia.

-Es obvio que sus amigos quieran saber lo que hicieron.

Comentó Kikyou dirigiéndose a Inuyasha y a mí.

-¿Tú que piensas Kagome?

Preguntó Inuyasha con seriedad.

-Por mi parte permaneceré callada, la verdad es que no entiendo a que e refieren.

Todos reímos y en eso el sequito de Megumi caminaba frente a nosotros e Inuyasha inmediatamente clavó una mirada asesina en esa arpía.

-Te veo al rato Kagome como quedamos…

Dijo él repentinamente.

-Bien.

Las clases comenzaron y todo a diferencia de otros días ocurrió muy rápido. Cuando llegó el descanso mi hermana y Sango me abordaban con preguntas sobre el día anterior, pero yo respondía muy poco, me encontraba muy nerviosa con tanta gente a rededor. Por otro lado Miroku se las había ingeniado para llevarse a Inuyasha lejos de mí, seguramente él también se encontraba bombardeado por sus cuestionamientos.

-Oye Kagome hay algo que tienes que saber… es sobre Megumi, ayer gritó a los cuatro vientos que Inuyasha y ella mantenían una relación.

Comentaba Sango son cierta seriedad y molestia.

-Lo sé… desgraciadamente me la encontré en el Centro Comercial y me lo dijo.

-¿Y qué harás?

-Nada, Inuyasha dijo que se encargaría.

-Eso espero porque los dos se encuentran en boca del Colegio entero.

El receso terminó, no vi a Inuyasha y retornamos todas a nuestros salones. Él me había dicho que llegaría a las once así que esperé paciente a su llegada. A pesar de ser hora libre no se nos permitía salir del aula y teníamos que permanecer encerrados. Afortunadamente mi grupo no era muy inquieto y solo permanecían platicando de manera modera en sus diferentes grupos. Megumi me miraba de soslayo y con cierto aire de satisfacción ¿Qué era lo que pretendía Inuyasha?

La puerta corrediza se abrió y todos miramos hacia ella, Inuyasha había llegado y sin pedir permiso entró y se dirigió hacia mi. Todos permanecieron callados.

-Hola señorita… ¿Me extrañó?

Saludó él de lo más sonriente y despreocupado por las miradas insistentes de mis compañeros.

-Un poco, no estuviste con nosotras en el receso.

Le reclamé con una fingida molestia. Él tomó una silla y se sentó frente a mi, algunos comenzaron a ignorar su presencia y retomaron sus propias conversaciones, así permanecimos platicado junto con Sango sobre las películas que ayer habíamos visto.

En eso Megumi se levantó de su asiento y caminó de una manera muy sugerente y coqueta hacia Inuyasha.

-Hola Kurosaki ¿Cómo estás?

De inmediato el salón se quedó en absoluto silencio y yo estuve apunto de gritar llena furia. Inuyasha me tomó de la mano haciéndome una seña de que no intentara nada y permaneciera sentada.

-Yo me encuentro de maravilla… Megumi.

Respondió Inuyasha con una gran sonrisa y eso provocó que un extraño dolor de estomago me atormentara, eran celos.

-Que lindo se escucha mi nombre en tus labios y dime tienes planeado hacer algo esta tarde podríamos divertirnos mucho, yo te enseñaría la verdadera diversión.

Esto ya era el colmo, no podía soportar más tanta humillación pero Inuyasha insistía en retenerme.

-Lo siento pero ya estoy comprometido.

Contestó él con seriedad clavando su mirada en mí.

-Bueno tú dime qué día puedes.

-Ninguno.

Dijo rotundamente Inuyasha.

-¿Perdón?

Al parecer Megumi comenzaba a tener problemas auditivos o quizás su cerebro no podía asimilar que un hombre la rechazara.

-Mira niña que te quede bien claro, yo no saldría contigo aunque fueras la última mujer del mundo, si te preocupas por mi diversión no es necesario Kagome y yo nos divertimos en grande.

-Inuyasha yo sólo lo decía en plan de amistad, mis intenciones no son otras.

-Que yo recuerde nunca te he dado permiso para llamarme por mi nombre, para ti sólo soy Kurosaki, no eres mi amiga ni mucho menos mi novia para que me hables con tanta familiaridad.

Megumi se encontraba furiosa e Inuyasha le esbozaba una gran sonrisa llena de triunfo y yo simplemente no podía dejar de sonreír también.

-No tienes que faltarme al respeto, además esa niña no es nada comparada conmigo.

-Kagome es muy superior a ti en muchos aspectos, por principio de cuentas es más hábil e inteligente… tú sólo bueno… quiero pensar que no quieres desperdiciar la última neurona que te queda, no eres mas que una chiquilla superficial, caprichosa y mediocre demasiado mediocre como para que yo intente perder el tiempo con una nefasta relación.

-No te permito que me…

-¡LO QUE YO NO TE PERMITO ES QUE ANDES MINTIENDO¡AHORA DAME ESA PULSERA QUE LE ROBASTE A KAGOME!

Gritó Inuyasha furioso levantándose de su asiento provocando que el corazón se me volcara al ver de nuevo esa mirada enrojecida por la ira, un color que solo se manifestaba cuando se encontraba muy molesto, tenía pavor de que Inuyasha cometiera una locura.

-Yo no robé nada.

Se defendió Megumi mientras retrocedía llena de temor.

-Por supuesto que si, ella la perdió hace dos días, tú la encontraste, pero no la regresaste y te dedicaste a pregonar ante los demás de que yo te obsequié eso.

-Que mas da una pulsera Kurosaki, además yo te puedo demostrar que…

-Tú no tienes que demostrarme absolutamente nada niña tonta, no eres más que una caprichuda y yo no soy juguete de nadie, así que regrésale esa pulsera a mi novia.

-¡Higurashi es una tonta, te ha embrujado…!

-¡KAGOME ES LA MUJER QUE AMO! Y no te permito que la ofendas en mi presencia tú no significas nada, no se de que te jactas, la verdad es que no eres atractiva y si un hombre se atreviera a estar a tu lado sólo puede ser por dos razones o es un ciego o de plano es más estúpido que tú.

Megumi alzó su mano e intentó propinarle una bofetada a Inuyasha pero él hábilmente la detuvo y yo brinqué para detenerlo al pensar que la golpearía.

-¡Suéltame, me estás lastimando!

-Tú me agrediste primero ¿Pensaste que por ser mujer no me atrevería a defenderme? No serías la primera a la que yo me enfrentara por defensa propia, no te agradaría tenerme como enemigo…

Inuyasha soltó su mano con todo el asco y desprecio posible, como si acabara de estrujar al peor de los insectos.

-¿Me estás amenazando?

Decía Megumi incrédula fingiendo desafío.

-Yo no amenazo, prometo así que si quieres enfrentarme hazlo, no te tengo miedo.

-Te reportaría con los profesores y el Director.

-¿Crees que te tengo miedo? Ya me han castigado por eso… pero si tienes el valor de acusarme por despecho entonces yo tendré que publicar esto.

Y de su ropa Inuyasha sacó un pequeño paquete de sobres, Megumi al verlos retrocedió y agrandó los ojos como si deseara que se salieran de sus cuencas.

-No te atreverías…

-Claro que lo haré, todo el Colegio se encontrará muy entusiasmado al saber que tú… la chica más popular y "hermosa"… coquetea con un hombre que ya tiene novia, eso no habla muy bien de ti, arruinaría tu reputación y más si le anexamos que pecas de ladrona…

-¡Dame esas cartas!

-Claro que no lo haré, no tienes idea de cómo nos hemos reído Kagome y yo al leerlas, eres tan cursi, sosa, hueca demasiado hueca a mi parecer.

Megumi estallaba en lágrimas y el cuerpo le temblaba de coraje, Inuyasha sonreía malévolamente y entonces ella se desprendió de la pulsera y me la aventó con furia al rostro.

-¡¡Ahí tienes tu porquería Higurashi no la necesito cualquiera puede regalarme algo mucho mejor!!

-Cualquiera podría regalártelo pero no yo, y eso es lo que te frustra, que por primera vez en tu vida alguien te rechazó de esta manera, aunque lo niegues en el fondo ardes de furia porque no me tienes a tu lado, pero no contabas con que yo soy humano y claro, mucho más inteligente, así que si vuelves molestar a Kagome o a inventar más mentiras sobre una relación que no existe y que nunca existirá entre nosotros tendré que darle un uso a estas ridículas cartas.

-¡¡Esta humillación lo pagarás muy caro Kurosaki no te saldrás con la tuya tan fácilmente¡¡NO SABES CUANTO TE DETESTO!!

-Que bueno que lo mencionas frente a tantos testigos… si algo extraño le ocurriese a Kagome o a mi por muy insignificante que sea te haré responsable de ello, me has amenazado en público, así que no tienes más opciones que quedarte callada, después de todo lo que te dicho no han sido humillaciones sino verdades.

-¡ERES UN IDIOTA!

Y salió del salón echando chispas con sus tres amigas que inútilmente trataban de consolarla. Inuyasha se desplomó en la silla lleno de satisfacción. Los demás nos observan con curiosidad, por mi parte apenas y lograba reponerme de la impresión el cuerpo me temblaba por la impresión.

-¡Y ustedes que tanto ven, el espectáculo ya terminó…!

Gritó Inuyasha con fastidio y de inmediato los demás dejaron de mirarnos, provocando que se sintieran avergonzados.

-Inuyasha…

Comenté reponiéndome apenas de lo que había sido testigo, estaba muy sorprendida.

-¿Ya estás mejor? Te dije que esa bruja se iba arrepentir.

Decía con gran satisfacción él mientras me miraba detenidamente.

-Creo que te excediste.

Respondí en un susurro al sentir por un segundo un poco de lástima por esa mujer.

-De hecho me quedé corto Kagome, pude haberle gritado muchas cosas más, pero al menos dejará de molestar.

-Gracias Inuyasha…

Lo tomé sólo de la mano porque sabía perfectamente que a él le molestaba besarnos en público o mostrar algún indicio de cariño, esa era una de sus condiciones para poder seguir juntos y lo aceptaba con gusto, después de todo cuando nos encontrábamos solos se comportaba muy distinto a lo que el mundo pensaba sobre su persona.

Aquel día comenzaba a ser un tanto agotador. Por un lado el incidente con Megumi y por otro el tener que soportar los interminables cuestionamientos de Sango y Kikyou. Pero ante mi negativa por no contar nada tuvieron que resignarse y Kikyou un tanto molesta me dijo que por envidiosa las vacaciones se habían suspendido y que tenía que regresar a casa esa misma tarde, yo resignada no quise protestar e Inuyasha tampoco dijo nada. Si esa era la condición para que nos dejaran en paz con gusto la aceptábamos pero ese comentario no fue sino otra bromita de mi hermana.

-¿Qué le dijiste a mamá sobre mi ausencia?

Pregunté preocupada.

-Que tu amiga Sango te había invitado a que pasaras toda la semana en su casa.

-¿Y lo creyó?

-Si, dice que estará hablando a tu móvil todas las noches después de regresar de la exposición.

-Que bueno.

-Oye Kagome ya en serio, me gustaría hablar contigo pero a solas.

-Si yo también quiero platicar contigo.

-¿Sabes? Tu rostro ha cambiado, te ves viva Kagome.

-Es que por fin encontré un motivo por el cual enfrentar a la vida.

Kikyou sonrió y me brindó un fuerte abrazo al que yo correspondí.

-Nos vemos hermanita.

Finalizó al despedirse en la entrada de la Escuela. Ese día no tenía ensayo de música así que Inuyasha, Miroku y yo nos encaminamos al negocio de su abuelo. Inuyasha quería disculparse por no haber asistido el día de ayer a su trabajo. En cuanto llegamos el abuelo nos recibió con el mismo cariño de siempre y le insistía a Inuyasha que no se preocupara por nada, que él podía tomarse todo el tiempo que quisiera, pero aún así Inuyasha no prestó atención a estas palabras y de inmediato comenzó con sus labores, yo quise ayudarlo pero él me lo impidió y me dijo que mejor terminara de hacer mi tarea. Yo muy obediente lo hice, para aprovechar el tiempo y disfrutar mis ratos libres junto con mi amado.

La noche había caído y ambos regresamos a casa; cuál fue nuestra sorpresa que al abrir la puerta Kaede nos recibiría. Yo enrojecí de inmediato y deseaba que la tierra me tragara. Seguramente ya sabía la verdad; ella sólo nos sonrió.

-Bienvenidos.

Saludó con una reverencia.

-Hola Kaede ¿Cómo te fue en Okinawa?

Preguntó Inuyasha de lo más despreocupado mientras entrábamos al vestíbulo.

-Bien, mi primo ya se restableció aunque la verdad ya se encuentra desahuciado… la diabetes acabó muy rápido con su cuerpo, ayer tuvieron que amputarle una pierna.

-Es una tragedia Kaede, lo siento mucho.

-Muchas gracias Inuyasha y díganme ¿Ya cenaron?

Preguntó en tono maternal y ambos negamos con la cabeza.

-Entonces serviré la cena.

Kaede se alejó y yo seguía aferrada al brazo de él.

-Inuyasha creo que lo mejor es que me vaya a mi casa.

-¿Por qué?

Preguntó asombrado.

-Es que ahora no estaremos solos y me da un poco de vergüenza.

-Kagome no te preocupes, Kaede no dirá nada si eso es lo que te preocupa, es una mujer muy discreta y jamás nos juzgaría.

-Pero…

-Bien, si no te sientes cómoda entonces regresemos a tu casa.

-¿Estás seguro que tus padres jamás sabrán de esto?

-Muy seguro, confía en mí, además Kaede es muy buena compañía, sirve de que la conoces un poco más.

-Pero tendremos que dormir en habitaciones separadas y olvidarnos de…

-¿Hacer el amor? Eso ni lo sueñes Kagome, no te librarás de mi tan fácilmente, tampoco tendría caso que te cambiaras de habitación es obvio que Kaede ya se dio cuenta, recuerda que tu ropa está en mi alcoba, al igual que el desastre que dejamos.

-Entonces…

-Permanecerás a mi lado hasta que esta semana termine, ya después veremos qué hacer, mientras tanto señorita quiero que deje de preocuparse por tonterías.

-No son tonterías Inuyasha es sólo que me siento culpable al haberle faltado el respeto a tu casa y a la confianza que tus padres te han brindado.

-Mira, tarde o temprano tenía que pasar… son las leyes de la vida y no me arrepiento, si nuestros padres se enteraran yo los enfrentaría y les gritaría lo feliz que soy cuando estoy contigo, no me importa si me desheredan o si me desconocen como su hijo o si tu madre me odia más que nadie en este mundo, estando a tu lado soy capaz de todo.

Yo sólo le sonreí, me agradaban esas palabras que pronunciaba, pero había que poner los pies en la tierra… la vida no es nada sencilla y de ahora en adelante muchas cosas cambiarían a causa de nuestras decisiones.

Aquella semana fue maravillosa y qué decir de los momentos placenteros que Inuyasha y yo compartíamos. Nuestros amigos a cada instante nos decían que nuestros rostros reflejaban absoluta felicidad, una luz que en nadie habían visto nunca. Cómo decirles que lo que ellos miraban era sólo una pequeña muestra de nuestro amor.

Mi madre regresaría de su viaje la noche del último día y yo me encontraba muy triste, tampoco Inuyasha podía ocultarlo, la noche anterior yo lloraba en sus brazos, sentía que jamás lo volvería a ver y él me repetía una y otra vez que algún día estaríamos juntos de nuevo, pero que todo era a su tiempo, por el momento tenía que regresar a casa y continuar como si esta semana hubiera sido sólo un sueño. La realidad había regresado y con ello el hecho de tener que regresar a mi vida habitual.

Kikyou y los muchachos me ayudaron a empacar mis cosas y regresarlas a mi casa, ese día nos dejaron solos a Inuyasha y a mí para que disfrutáramos nuestra última tarde juntos. Salimos a divertirnos al cine en la mañana y por la tarde Inuyasha me había comentado que tenía una gran sorpresa para mí.

Caminamos entre calles por una zona habitacional de clase media, yo me preguntaba continuamente qué pretendía Inuyasha. Entramos a un edificio, tomamos el ascensor; descendimos en el tercer piso y caminamos en línea recta por un pasillo, luego a la derecha y después Inuyasha se detuvo frente a una puerta que se encontraba en el fondo.

-Cierra los ojos.

Lo hice, se escuchó el tintineo de llaves y segundos después habían abierto la puerta.

-Sígueme, no abras los ojos.

Volvió a insistir Inuyasha mientras me tomaba de la mano, yo me encontraba inquieta y desesperada por abrir mis ojos.

-¿Dónde estamos?

-Pronto lo sabrás…

-Inuyasha por favor ya no aguanto esta desesperación.

-Está bien… ábrelos.

No podía creer lo que mis ojos observaban.

-¿Dónde estamos?

Pregunté con curiosidad al ver ese pequeño departamento.

-Estamos en nuestro departamento…

-¿Qué¿Pero por qué¿Cómo?

Cuestionada incrédula, asombrada y muy perturbada.

-Renté este lugar para que aquí podamos amarnos sin miedo a ser descubiertos, de ahora en adelante estas paredes serán testigos de nuestro amor.

-Inuyasha yo… es que… esto es imposible…

-No lo es, es obvio que ya no podremos estar más en mi casa y que mejor permanecer alejado un poco del mundo que nos rodea.

-¿Pero cómo es que encontraste este lugar, con qué lo pagaremos?

-Por el alquiler no te preocupes, la cuota no es muy cara y puedo pagarla con la mensualidad que recibo y cómo lo encontré… bueno Miroku, Sango, Kaede y hasta Kikyou me ayudaron…

-¿Pero cómo?

-Ellos se dedicaron a buscarlo, quería que fuera sorpresa, si lo hubiera hecho yo me hubieras descubierto al instante puesto que no nos separamos ni un segundo.

-¡Inuyasha eres grandioso!

-No tanto como tú…

-Entonces tendré que agradecerles a todos por este hermoso regalo.

Inuyasha me tomó en sus brazos y se encaminó hacia lo que era la recamara, allí se encontraba una cama matrimonial con un edredón beige y vivos sepia. Me recostó y en pocos segundos ambos quedamos desnudos para sucumbir en un derroche pasional.

Ya casi anochecía e Inuyasha y yo salíamos de aquel departamento, me entregó las llaves para que yo viniera a este lugar cuando me apeteciera y por el motivo que fuera, ahora ya era mío.

Una hora más tarde Inuyasha me había dejado en la puerta de mi casa, nos despedimos y de nuevo a la vida normal al momento de cerrar la puerta.

-¡Mamá por fin has regresado¿Cómo te fue¡Cuéntanos todo!

Exclamé emocionada al ver a mi madre. Aunque toda la semana estuve acompañada del amor de mi vida no negaba que por momentos extrañaba a mi familia y los cariños de mi madre.

Al parecer todo había salido perfecto y la exposición fue un gran éxito, también cabía la posibilidad de que dicha exposición realizara una gira por todo el mundo para mostrar a diferentes naciones nuestra hermosa cultura. Lo único que no le agradaba a mi madre es que ahora permanecería más alejada de nosotras por sus constantes viajes pero Kikyou le hizo ver que ya se había dedicado mucho tiempo a sus hijas y que ahora era el turno de disfrutar de su éxito profesional, nosotras ya estábamos grandes y podíamos hacernos responsables de nuestra propia vida.

Mamá titubeó un poco, sabía que yo era la que más le preocupaba por mis enfermedades pero la convencí de que últimamente me sentía muy bien y que además tenía a mi hermana, a Inuyasha y a mis amigos para que me vigilaran por si algo salía mal. Eso la convenció un poco más y le dio fuerza para que sus proyectos no se truncaran por mi culpa.

Trascurrió una semana más sin ninguna novedad, las cosas en el Colegio comenzaba a tornarse un tanto inquietantes, las preliminares para el Torneo de Artes marciales se acercaban e Inuyasha y Miroku se encontraban desesperados por no encontrar un profesor que los supervisara. El equipo de Inuyasha había crecido y ahora Sango, Kikyou y Kouga se habían integrado al equipo, todos con el mismo fin… darle su merecido al detestable Náraku. Inuyasha y Kikyou eran los más excitados por la idea de humillarlo frente a todos pero a mí esto del dichoso Torneo me provocaba cierto malestar, una inquietud, un extraño presentimiento, algo en mi interior me decía que nada saldría bien, pero no quise decirlo preferí callarlo y no arruinar las ilusiones de los demás.

Ya habían trascurrido dos semanas más y un día en la mañana recibí un mensaje de texto en mi móvil de cierta persona que me citaba en la parte trasera del Colegio en unos salones que habían sido abandonados y que ahora sólo eran un almacén de muebles viejos y dañados.

Fuera del lugar no había nadie y el candado de la puerta seguía en pie, lo único que podía conducirme a su interior era una ventana que no se encontraba sellada, no lo dudé más y entré, todo estaba oscuro, la única luz que alumbraba un poco el lugar era la de aquella ventana.

-¿Estás aquí?

Pregunté un tanto temerosa. Nadie contestó.

-No te escondas…

Pronuncié con cierto temor y de inmediato una mano cubrió mi boca. Alguien me abrazaba.

-No te espantes soy yo… has demorado demasiado.

-Lo siento, es que tuve que ingeniármelas para librarme de Inuyasha.

-Tu noviecito es muy posesivo ¿No crees?

-Sólo un poco, él dice que lo hace porque me ama…

-¿De verdad?

-¿Para que querías verme?

-Para esto…

De improviso comenzó a besarme con desesperación, en un arrebato de lujuria.

-Espera… ¿Qué haces?

Dije apartando un poco su cuerpo de mí.

-Hago lo de siempre Kagome… ¿No te agrada?

Antes de que pudiera tan siquiera responder me tomó de las caderas y me cargó para posarme en un viejo escritorio. Comenzó a explorara mis piernas a meter sus manos bajo mi falda.

-Espera aquí no… nos pueden descubrir.

-¿Tienes miedo de que Inuyasha venga?

-Podría matarnos si nos ve juntos.

-¿Tanto miedo le tienes preciosa?

-No es miedo, pero no me gustaría que te pasara algo.

-¿A quién prefieres más Kagome a él o a mi?

-Sabes perfectamente que es a él a quien amo pero también me gusta estar contigo

-No puedes tenernos a los dos.

-Entonces te elijo a ti.

-¿Y qué harás con Inuyasha?

-No lo sé seguramente nos veremos más al rato.

-¿En ese departamento?

-Sí.

-¿Y cuándo me llevarás para conocerlo?

-Es muy peligroso, Inuyasha también tiene la llave y podría llegar en cualquier momento.

-Correré el riesgo, es mejor que sepa de una vez quién es el hombre que te hace suspirar.

-No espera… detente.

Demasiado tarde. Mi amante comenzaba a unirse a mí y yo trataba de evitar gritar para que nadie me escuchara, sus besos eran abrasivos y pasionales. El momento y el lugar eran la adrenalina total, aún así no podía dejar de disfrutar de esos movimientos tan gozosos.

Perdí la noción del tiempo y mí querido amante permanecía abrazado a mí.

-Kagome no tenemos remedio… estos jueguitos de seducción nos llevarán a la ruina.

-Tú eres al que le gusta estar actuando y fingiendo ser quien no eres… Inuyasha.

-Bueno me gusta ser así y dime… ¿Me hubieras cambiado por alguien más?

-Quizás… si encontrara a un hombre mayor, más experimentado, elegante, con clase, mucho más rico que tu… si quizá si podría cambiarte.

-Eres muy ambiciosa Kagome.

-Sabes perfectamente que a ti no te cambiaría por nada pero ¿Sabes algo? Es mejor irnos, en el departamento podemos hacer lo que quieras Inuyasha.

-Esa voz me agrada.

Nos vestimos y salimos de aquel lugar, miré hacia atrás, ese salón que había sido testigo de nuestra lujuria y pasión desenfrenada. ¿A dónde habíamos llegado con esto¿Acaso era normal¿Nos habíamos convertido en unos enfermos? Probablemente si… esta situación se estaba tornando viciosa y un poco incómoda para mí al darme cuenta que estábamos sobrepasándonos con nuestros deseos. Las pláticas, la convivencia, los ensayos de música… todo, todo lo que antes nos divertía había pasado a un segundo plano para ser sustituido por el deseo carnal. No es que me molestara estar en la intimidad con él, al contrario disfrutaba estar a su lado porque me sentía feliz, tenía que reconocer que para todo había un tiempo y que en el último mes habíamos perdido nuestra individualidad. Ya casi no convivíamos con los amigos y yo había descuidado por completo a mi hermana, a mi violín y un poco los estudios. Tenía que poner un alto cuanto antes o de lo contario esto se saldría de su cauce y tarde o temprano mi madre y el Colegio entero podría enterarse. Por esta ocasión nos habíamos salvado de no ser descubiertos, pero no siempre contaríamos con la misma suerte.

Esa noche antes de acostarme me dirigí a la recámara de mi hermana. Ella aún continuaba con sus deberes y en cuanto me vio esbozó una sonrisa. Lo primero que me esperaba de ella es algún tipo de reclamación por dejarla en el olvido. Me senté en el borde de su cama y esperé en silencio a que algo ocurriera, no entendía del por qué ahora me costaba trabajo entablar una conversación con Kikyou.

-¿Ocurre algo Kagome?

Preguntó ella sin dejar de apartar la vista de sus libros.

-Nada… todo bien… sólo quería platicar contigo hace mucho que no lo hacemos…

Respondí con timidez y remordimiento.

-Tienes razón, siento que ha sido una eternidad desde la última vez que conversamos.

Decía ella sin cambiar su tranquilo y suave tono de voz que no denotaba ni tristeza ni mucho menos enojo.

-Lo siento, de eso precisamente quería hablarte, siento que ya no soy la misma desde que bueno tú sabes… desde que estoy con Inuyasha.

-Es obvio que no eres la misma Kagome, tu vida ha tomado un rumbo distinto de nuevas experiencias y decisiones. Mamá y yo no siempre podremos estar a tu lado, necesitas conocer a más personas para poder crecer.

La actitud de mi hermana era muy ecuánime.

-Eso lo sé pero es que esta situación ha sido muy volátil, todo ha ocurrido tan rápido, el repentino noviazgo, mi entrega a él, los costosos regalos…

-¿Tienes miedo Kagome?

-Si, por momentos pareciera que esto es un espejismo o que vuelo muy alto y que en cualquier momento me cortarán las alas; mi caída sería demasiado dura.

-Kagome no puedes adivinar el futuro, quizá tengas razón en que tu noviazgo va muy rápido a veces pienso que el día de mañana llegarás con la noticia de que te casarás… pero como te dije la otra vez, no te arrepientas de lo que has vivido Kagome, disfrútalo. Por muy dura que sea tu caída tienes que levantarte, si Inuyasha el día de mañana se fuera para siempre ¿Qué harías¿Encerrarte en tu habitación¿Llorar por el resto de tu vida?

-No lo había pensado…

-Deberías Kagome, nada en esta vida es eterno.

-Tienes razón Kikyou…

Guardé silencio, ella continuaba escribiendo y copiando textos de sus libros hasta que en mi mente llegó un tema del cual no había tratado desde el día en que conocí por primera vez al abuelo Ishida.

-Y dime Kikyou… ¿Ese hombre te sigue molestando?

-¿A quién te refieres?

Preguntó ella cambiando su voz por completo, ahora se tornaba un tanto molesta.

-A ese sujeto llamado Náraku.

Kikyou dejó a un lado sus deberes y me miró fijamente.

-No me gusta hablar de eso Kagome.

-Lo siento.

Más silencio, era increíble que con mencionar el nombre de ese sujeto la atmosfera se tornara un tanto hostil. Incluso el frío y la gran incomodidad recorrían mi cuerpo.

-Ese hombre me pidió que fuera su novia el día de hoy…

Respondió ella con pesar y frialdad, incluso su rostro reflejaba asco. Permanecí callada, no me atrevía a pronunciar palabra alguna.

-Obvio que mi respuesta fue negativa… tan sólo le dije que no era más que un insecto al cual ansiaba aplastar, lo único que respondió es que a él nadie lo desprecia y que de alguna u otra forma lograría por cualquier método que yo lo aceptara.

-Eso es monstruoso Kikyou ¿No tienes miedo?

-No, mi único deseo es darle su merecido en el Torneo de Artes Marciales.

-Es muy peligroso jugar con ese tipo.

-Kagome ya te dije que no le tengo miedo…

-Eso lo sé, tú no le tienes miedo a nada, lo mismo pasa con Inuyasha y los demás, todos me preocupan, tengo el extraño presentimiento de que alguna tragedia ocurrirá dentro de poco.

-Kagome tranquila no ocurrirá nada.

-No puedo estar tranquila, recuerda que esas personas son muy peligrosas, ya vez lo que nos hicieron hace unos meses.

-Kagome… si sigues diciéndome eso entonces lograrás que mi paranoia se incremente ¿Crees que no lo sé? Vivo con ese terror todos los días, no quiero que algo malo te ocurra, he tratado de tranquilizarme, de ver las cosas con más calma y procurar no ser tan extremista, por esa razón te pido que deseches esos presentimientos infundados.

-No son infundados, son reales y lo sabes muy bien, siempre me regañas porque huyo de mis problemas y ahora mírate… estás haciendo lo mismo tratando de evadir una terrible realidad…

Inmediatamente salí de su habitación molesta, sin decir más, me costaba trabajo creer que Kikyou se tomara tan a la ligera esta situación, jamás la había visto actuar de una manera tan irresponsable y esto me aterraba ¿O es que quizás Kikyou tramaba algo contra Náraku? Una cuestión así era mucho más preocupante, mi hermana una vez lo había amenazado de muerte y ella no era de esas personas que sólo advertían, siempre cumplía lo que prometía y quitarle la vida a cualquiera de esos dos hermanos era una promesa.

No deseaba seguir pensando en calamidades, mi cabeza de por si ya se encontraba envuelta en un mar de confusiones como para anexarle otro problema más.

A la mañana siguiente desperté con un pesar y una opresión en el pecho, mis ánimos por levantarme de mi cama se encontraban por los suelos, deseaba no asistir a clases. Esa actitud era normal, había momentos en los que perdía por completo el interés por el mundo que me rodeaba y este era uno de esos días.

Al llegar al Colegio y entrar a mi aula donde ya se encontraba la mayoría de mis compañeros de clase noté que en mi asiento se encontraba una nota dirigida a mi persona.

"Te espero en la piscina terminando tu ensayo de música, no faltes por favor, tienes que saber algo sobre Inuyasha…"

Ese era el texto anónimo que se encontraba escrito, mi día no podía haber sido peor, ahora alguien se dedicaba a realizar bromitas sobre Inuyasha. Pero esta vez decidí actuar por propia cuenta, no comenté nada sobre el asunto ni siquiera con Inuyasha. La idea ocupó mi mente todo el día, no podía evitar dejar de dar vueltas al asunto, en mi ensayo de música apenas y presté un poco de atención. Tanto Inuyasha como mi hermana me miraban de una manera extraña. En cuestiones de mentiras era la peor en emplearlas y me era imposible fingir o pasar desapercibido que algo que de verdad me preocupaba. El ensayo terminó afortunadamente y segundos después bajábamos por las escaleras. Salimos del edificio principal y cuando estábamos a punto de salir…

-Adelántense por favor se me ha olvidado algo…

Comenté tratando de actuar lo más natural posible.

-¿Qué se te olvidó ahora?

Preguntó Kikyou extrañada.

-Unos libros, tengo que pedir prestados unos libros de la Biblioteca…

-Entonces vamos…

Comentó Inuyasha.

-No, no se preocupen enseguida los alcanzo, adelántense por favor…

-¿Qué ocurre Kagome? El día de hoy has actuado muy extraño…

Decía mi hermana con la ceja arqueada mirándome fijamente.

-No es nada Kikyou, descuida estoy bien sólo son los exámenes lo que me tienen preocupada… mis calificaciones pasadas no fueron muy buenas y esta vez quiero elevar mi promedio…

-¿No mientes Kagome?

Insistió mi hermana.

-Ya sabes que no se mentir… por favor adelántense, enseguida los alcanzaré.

Di media vuelta y entré al edificio, miré hacia atrás nadie me seguía, el pasillo se encontraba desierto así que fingí entrar a la Biblioteca por si algunos de los dos me seguía. Me interné en los estantes y salí por la puerta de emergencia a otros pasillos para llegar a la otra salida del edificio. Atravesé los campos deportivos y llegué a donde se encontraba la piscina techada. La puerta se encontraba entreabierta, dudé en entrar, volví a mirar hacia atrás pero me encontraba sola. Algo en mi interior me decía que no lo intentara, que retrocediera y regresara junto a Inuyasha y Kikyou, pero la curiosidad me invadía y terminó por vencerme, así que entre a ese lugar. De no ser por la luz de la tarde que atravesaba los ventanales aquello se encontraría en absoluta oscuridad, no había nadie. Caminé buscando al emisor de aquel mensaje. Al parecer todo fue una broma de mal gusto ¿Pero con qué objeto¡Que más daba!, lo mejor era regresar y fingir que nada había ocurrido y que sólo fue una pérdida de tiempo. Miré la piscina, aquel terrible estanque repleto de agua oscura, tan tranquilo y siniestro. Sólo imaginarme la profundidad de sus aguas comenzó a temblarme el cuerpo, el agua parecía tan oscura a mis ojos perdiendo por completo ese tono azul que por algunos segundos me pareció mirar al momento de entrar. Retrocedí temerosa unos pasos pero al instante sentí que tropezaba con alguien. Asustada me aparte y le di la cara, cual fue mi asombro al verme rodeada por Náraku y su terrible hermana.

-Hola Kagome me da gusto que vinieras…

Saludó Náraku con ironía, con esa voz escalofriante que lograba que la piel se me congelara.

-¿Qué quieres¿Tú me citaste?

Pregunté en un tono que a mi parecer denotaba desafío, pero la realidad fue muy distinta ya que Náraku no se intimidó, sólo permaneció serio.

-En efecto, fui yo quien te cité…

Respondió él.

-¿Qué es eso que tienes que tratar sobre Inuyasha?

Volví a cuestionar con seriedad.

-¿De Inuyasha? No Kagome… eso sólo fue un pretexto, la verdad es que el inútil de tu novio no me interesa en lo absoluto, hace mucho que perdí el interés en su persona, lo que en realidad quiero tratar contigo es sobre tu hermana…

-¿Qué tiene que ver Kikyou?

-Mucho… como sabrás desde que llegó al Colegio me ha impactado en gran manera, ha ocupado mi mente noche y día y en lo único en que puedo pensar es en el momento de estrecharla en mis brazos…

-Eso es muy asqueroso de tu parte… mi hermana ya te dijo que jamás se fijaría en ti.

-Precisamente eso es lo que me gustaría saber y que mejor de tus labios puesto que eres su hermana, dime Kagome… ¿Kikyou está enamorada de alguien?

-No tengo por qué responderte.

-Sabía que no me lo dirías… y por lo que veo jamás lo harás, entonces no me queda más que hacer esto…

Con un movimiento rápido me tomó del cuello y me detuvo contra la pared. Sus ojos reflejaban poder, malicia y locura.

-¿Q… qué… pre…ten…des?

Se me dificultaba mucho hablar a causa de la presión de sus manos pero él no respondió, su semblante diabólico me aterraba.

-Kagura… dame las esposas…

Ordenó él y de inmediato su hermana que sonreía con la misma malignidad le extendió un par de esposas. Náraku las tomó y con habilidad sujeto con ellas mis manos y pies. Yo estaba horrorizada ¿Qué pretendía este sujeto de mí?

-Haz de saber Kagome que nadie le dice NO al poderoso Náraku, el mismo Inuyasha lo sabe perfectamente, el muy idiota se atrevió a negarse a mi oferta... como castigo tuve que dejar moribundo a su mejor amigo, ahora tu hermosa hermana me ha despreciado y su castigo será lastimar a la persona que más ama, no te preocupes no te mataré esto sólo será una advertencia… sólo quiero que le des mi mensaje…

-¡Yo no haré tal cosa, eres un monstruo, un vil demonio!

-Lo sé querida, lo sé… por eso es que yo tengo el poder, si sólo fuera un ser mortal como todos ustedes significaría que soy débil, así que adviértele a tu hermana que le daré una segunda oportunidad, si me vuelve a rechazar entonces lo pagará muy caro…

-¡Jamás le diré nada a Kikyou… primero muerta antes que verla en tus brazos!

-Te di la oportunidad Kagome… mi intención era únicamente dejarte encerrada en este lugar… pero si lo que prefieres es morir te daré ese honor y si por alguna extraña razón lograras sobrevivir… que lo dudo mucho… tendrás que permanecer callada, si de tu linda boca sale alguna palabra en contra mía mataré a tu hermana…

Náraku me amordazó antes de que yo pudiera protestar, me cargó en sus hombros como si fuera yo un vil bulto. Mi cuerpo temblaba, sabía lo que pretendía y yo no podía hacer nada, mis golpes y mis patadas no servían de nada. Cuando menos me di cuenta mi cuerpo caía con lentitud y en pocos segundos sentí como el agua me cubría por completo. Ni siquiera tuve tiempo de tomar aire, no podía moverme, me hundía más y más yo luchaba inútilmente, estaba asustada, aterrada, esto era peor que estar hundida en aquel río, todo era oscuro me imaginaba dentro de las fauces de un gran lobo siendo devorada lentamente, el aire me faltaba… el poco oxígeno que mantenía en mis pulmones se escapaba, ya no podía luchar con esta fuerza terrible, todo se ennegrecía… ya no supe nada más de mi existencia…

Una luz blanca encegueció mis ojos cundo traté de abrirlos, no se escuchaba ningún sonido. Posé mi mano sobre mis ojos a manera de protegerlos y así recobrar mi vista poco a poco. Cuando logré enfocar la mirada para mi gran sorpresa me encontraba en una habitación de lo que parecía ser un hospital… ¿Era un sueño¿Qué había pasado¿Dónde estaba?

Permanecí recostada en la cama sin hacer ni un solo movimiento tratando de analizar lo que me ocurría… sólo recordaba con temor el momento en que ese sujeto me había arrojado a la piscina, después de eso mis fallidos intentos por liberarme ¿Y luego¿Qué había pasado?

Traté de levantarme, pero el cuerpo me dolía un poco, mi espalda se encontraba entumida y mi boca estaba seca, tenía mucha sed. La puerta se abrió, una enfermera había entrado…

-Por fin has despertado.

Decía ella con una gran sonrisa en el rostro.

-¿Qué hago aquí?

Pregunté mientras frotaba mis sienes, una pequeña punzada se hacía presente en un costado de mi cabeza.

-Tuviste un accidente en tu Colegio, casi te ahogas pero afortunadamente lograron salvarte…

Respondió ella mientras examinaba la bolsa del suero que se encontraba colgada.

-¿Quién me ayudó?

-No lo sé señorita… simplemente llegó inconsciente del Colegio, eso es todo lo que sé…

-¿Cuánto tiempo llevo dormida?

-Una semana...

No era extraño para mí ese tipo de respuestas, después de todo era algo muy normal. Cada vez que recibía una impresión muy violenta permanecía dormida por un periodo extenso y ya comenzaba a acostumbrarme a mis periodos de letargo que no causaban ya un mínimo de impresión.

-Avisaré al médico para que te revise, después podrás ver a tu familia, han estado muy preocupados por ti.

-Bien…

El tono de mi voz se encontraba lejos de la emoción, todo indicaba que había sobrevivido una vez más a un atentado de Náraku e inmediatamente recordé sus terribles palabras. Si yo hablaba Kikyou moriría… no podía permitir que la vida de mi hermana fuera arrebatada por mi culpa, tenía pavor al saber que Náraku cumplía lo que prometía y lo mejor que se me ocurrió fue quedarme callada y fingir cierta amnesia, después de todo terminarían por creerme ya que por lo general solía olvidar los hechos anteriormente ocurridos antes de mis colapsos.

En esta ocasión me sentía con la fuerza y el valor para mentir puesto que la vida de mi hermana se encontraba en peligro, nadie sabría la verdad, una verdad que me llevaría a la tumba, al fin y al cabo continuaba con vida…

Un médico se presentó en la habitación seguido por aquella misma enfermera, examinó mi cuerpo y mis reflejos. Al parecer todo estaba normal salvo el dolor inminente de cabeza. Una migraña intensa que provocaba cierto mareo y que incluso provocaba que mi apreciación por lo colores cambiara en algunos momentos.

-Bien señorita creo que todo está en orden por el momento, pero aún tenemos que mantenerla en observación; mientras tanto avisaré a sus familiares para que puedan visitarla cuando su cefalea disminuya, por ahora no es conveniente.

-Entiendo… la verdad… me gustaría que no les dijera nada por ahora, deseo descansar un poco, si veo a mi familia tanta emoción provocará que mi dolor se intensifique y no quiero preocuparlos.

-Como gustes… la verdad había pensado en lo mismo.

-Gracias Doctor…

-Por cierto… hay un muchacho que ha estado noche y día en este piso desde hace unos días ¿Es tu esposo?

-¿Mi esposo?

Pregunté un poco confundida, sabía perfectamente que el médico se refería a Inuyasha pero aquel título me incomodó un poco.

-Disculpa, fue una falta de respeto preguntarte algo tan personal pero ese chico se encuentra muy preocupado por ti no tienes idea como se las ha ingeniado para entrar a verte.

-Así es él, pierde muy fácil la cabeza.

-Yo lo llamaría amor, por ese sentimiento se hacen muchas locuras, bien es mejor que te deje descansar, esperaré un par de horas y regresaré para saber sobre tu estado.

-Está bien.

La puerta se cerró, mientras que yo me senté sobre la cama con las rosillas encogidas y hundiendo mi rostro en ellas ¿Qué habías hecho esta vez Inuyasha¿Qué otra locura habías cometido?

Independientemente de estos cuestionamientos necesitaba mucho en que pensar, idear un plan que fuera perfecto para cubrir la verdad, convencer a todos con mi mentira ¡Qué difícil era esta situación! Y más cuando se era demasiado torpe para engañar.

Perdí por completo la noción del tiempo cuando por fin logré armar mi propio rompecabezas, la llegada del médico a mi habitación me indicaba que al menos ya habían trascurrido más de dos horas y yo aún continuaba con mi cefalea.

-¿Cómo te sientes¿Descansaste?

Preguntó él sonriente.

-No mucho, la verdad estuve pensando en muchas cosas pero al menos el dolor ha disminuido un poco con la medicina que me dio.

-¿Deseas descansar más?

-No, la verdad quiero ver a mi madre y mi hermana.

-Como gustes, en unos minutos estarán contigo.

Suspiré hondo tratando de liberar toda mi tención para poder relajarme un poco; de esa manera podía adoptar un actitud creíble y lo más sincera posible, aunque todo se tratara de una terrible farsa.

-¡Kagome¡¡Estaba tan preocupada!!

Gritó histérica Kikyou mientras me estrujaba con fuerzas, por un momento sentí que el aire se me escapaba. Mamá sólo permanecía sonriente detrás de ella con lágrimas en los ojos.

-A mi también me da mucho gusto verlas.

Respondí emocionada cuando Kikyou se apartó de mí.

-¿Cómo te sientes Kagome¿Ya estás mejor?

Bueno ya sabes tengo los síntomas de siempre el dolor de cabeza, los mareos y un poco de nauseas.

-¿Ya probaste alimentos?

Cuestionó mi hermana.

-No, tengo un par de horas de haber despertado…

-Entonces pediré que te den algo de comer…

-Tranquila Kikyou no estamos en ningún hotel… los médicos sabrán cuando alimentarme, además tengo el suero y por el momento no tengo apetito.

-Eres imposible Kagome siempre tratando de fingir que todo está bien con tu cuerpo, pero no sabes lo feliz que me siento de que estés con bien.

-Hija estuvimos muy preocupadas por ti, nos diste un gran susto.

Comentó por fin mi madre con angustia mientras me acariciaba el rostro.

-Lo siento mamá pero la verdad no recuerdo nada de lo que pasó, lo ultimo fue que…

-Descuida hija después vendrán las explicaciones, además ya sabemos que es normal en ti olvidar los momentos previos a tus desmayos, así que por el momento nadie te interrogará sobre el asunto hasta que tú misma logres aclarar tus recuerdos y nos relates lo sucedido.

Interrumpió mi madre, su tono se mostraba serio como si fuera un tipo de advertencia.

-Gracias mamá trataré de recordar todo lo que pueda, por alguna extraña razón me siento muy inquieta y nerviosa, mis manos no dejan de temblar pero ¡Es que no recuerdo nada!

No podía creer que por primera vez en mi vida se me diera bien fingir de esta manera.

-Tranquila Kagome no debes forzarte, eso te hará daño.

Insistía Kikyou tomándome la mano en señal de apoyo.

-Ya lo sé Kikyou pero imagínate cómo me siento, esta impotencia de no saber que rayos pasó ese día, desde que desperté e intentado una y otra vez pero entre más lo hago más me aterro.

-Por favor Kagome deja de pensar en eso o de lo contrario nunca saldrás de este lugar si los médicos te ven tan alterada, además no te preocupes tu vida nunca volverá a estar en peligro porque yo estoy a tu lado.

Repentinamente mi hermana me abrazó cual madre a una hija y yo correspondí… ¿Cómo explicarle a Kikyou que era ella quien peligraba¿Cómo no poder gritar la verdad? Quizás mi silencio era la única manera en que podía protegerla.

-Lo siento, perdonen mi histeria, tienen razón debo tranquilizarme y despejar mi mente y díganme ¿Qué ha pasado en estos días?

Pregunté cambiando el tema.

-De todo Kagome… por el momento el Director del Colegio esta furioso con la familia por ocultar lo de tus enfermedades, no te imaginas la forma en que reprendió a mamá, afortunadamente tu incidente se guardó en secreto porque nadie ha comentado sobre el asunto y bueno… ya te imaginarás… tu novio estaba fuera de control cuando te vio inconsciente en brazos del profesor Nomura.

-¿Que?

-Si, después de que te fuiste a la Biblioteca Inuyasha y yo decidimos esperarte en la entrada del Colegio, pasaron quizás unos veinte minutos o más y tú no llegabas así que entramos a buscarte pero no te encontramos, duramos así unos diez minutos, desistimos de buscarte en ese lugar y salimos a los pasillos y entonces hubo un gran alboroto de profesores y el Director bajaba las escaleras corriendo. Pasó justo a mi lado, estaba enloquecido y después apareció de la nada el profesor de Artes Marciales contigo en brazos, estabas desmayada y con… con…

-¿Con qué Kikyou?

Pregunté con inocencia.

-Llevabas tanto en los tobillos como en las muñecas de las manos esposas, Inuyasha y yo corrimos hacia ti pero ese hombre nos impidió acercarnos y entró a la enfermería junto con el director y cerró la puerta bajo llave. Inuyasha y yo golpeábamos la entrada para que nos abrieran, queríamos saber que te había pasado. El director salió y nos pidió cordura y que en cualquier momento llegaría una ambulancia por ti, pero no nos permitió entrar, poco después llegó la ambulancia y te trasladó a este hospital…

-Que relato tan horrible Kikyou…

-Espera… aun hay más… Inuyasha robó el automóvil del Director…

-¡¿Qué hizo qué?!

Esta noticia no me la esperaba y me sobresalté en gran manera.

-Si… no sé cómo se las ingenió para conseguir las llaves pero cuando el Director se fue junto contigo en la ambulancia Inuyasha me gritó que lo siguiera, corrimos hasta el estacionamiento y entramos en ese auto. Yo no sabía de quién era y no me importó así que te seguimos. En verdad que manejaba como loco, en sentido contrario, no despertó las señales de tránsito y todo con tal de ir tras esa ambulancia. Entonces un oficial en motocicleta nos empezó a seguir y le indicaba a Inuyasha que se detuviera pero no prestó atención y poco después ya teníamos a dos patrullas siguiéndonos como si fuéramos fugitivos, llegamos al hospital y bajamos dejando el auto encendido y con las llaves puestas y entramos, apenas te estaban bajando de aquel vehículo, llevabas una máscara de oxígeno y continuabas inconsciente…

-¿Qué pasó después?

Cuestioné muy ansiosa por el relato.

-Bueno, nos detuvieron; estuvimos tras las rejas tres días por robo y desacato a la autoridad.

-¡Eso es imposible!

-Aunque no lo creas Kagome es verdad, si no hubiera sido por el abogado que contrataron los padres de Inuyasha posiblemente ya estaríamos en un reclusorio.

-¿Y tú que hiciste mamá?

-No supe que hacer hija, estaba tan preocupada por ti, mas bien por las dos, pero el Director del Colegio dijo hacerse cargo de Inuyasha y de tu hermana y me pidió que estuviera al tanto de ti.

-Es muy extraño que el Director esté tan involucrado en este asunto…

Comenté analizando la situación y preguntándome del por qué tanta atención sobre mi familia.

-Lo mismo pensamos, hay algo que ese Director y el profesor Nomura ocultan, diario se encontraba preguntando sobre tu salud y si habías despertado.

-Todo esto que me cuentan es terrible, me cuesta mucho trabajo creerlo…

-Espera aún no termino Kagome.

-¿Hay más?

Ya estaba fastidiada de tantas sorpresas no deseaba saber más sobre la historia que de por sí ya era terrible.

-Inuyasha al menos ha intentado una docena de veces entrar a verte, nunca lo había visto tan enloquecido, en una ocasión tuvieron que detenerlo entre cinco personas y decidieron sedarlo. Uno de los médicos incluso pensó en internarlo porque según él su desesperación se había convertido en demencia, pero sólo estuvo un día en cama y amarrado... nuestros amigos, mamá y yo nos turnamos para vigilarlo y que dejara de cometer estupideces o de lo contrario terminaría en un psiquiátrico.

-Pobre Inuyasha, debió ser muy duro para él…

-Bastante, le ha afectado demasiado, no ha dormido desde que salimos de la agencia policiaca, ha comido muy poco y por ende ha faltado toda la semana al Colegio.

-Quisiera verlo…

-Ya te habías tardado mucho en pedirlo, le diremos que entre… se pondrá muy feliz.

-Gracias por todo y cuídense mucho.

-Hasta luego hija vendremos mañana a verte…

-Hasta pronto…

Kikyou y mamá salieron sin ninguna premura. Algunos minutos después la puerta se abría y ante mi el semblante más desolador y deprimente que jamás viera en mi vida.

-Inuyasha…

Susurré con tristeza al verlo parado en aquella puerta mientras la cerraba.

-Kagome…

Respondió él con su mirada completamente perdida, me asustó verlo de esa manera y él de inmediato corrió para abrazarme.

-¡Por fin has despertado¡Te extrañé tanto¡Me has hecho tanta falta!

Exclamaba desesperado sin dejar de abrazarme. Su cuerpo estaba frío, su semblante era ojeroso y pálido lo notaba más delgado y desaliñado, sus ojos parecían hundirse en sus cuencas, con las pupilas opacas y dilatas.

-Inuyasha a mi también me da gusto verte…

-Pensé que moría si continuaba un minuto más separado de ti.

Decía sin dejar de abrazarme

-Tranquilo Inuyasha no ha pasado nada estoy aquí contigo.

-Perdóname… soy un exagerado.

-Mi hermana ya me contó lo ocurrido en estos días, Inuyasha no debiste perder la cabeza de esa manera.

-No me critiques por favor, tú no Kagome, todo el mundo lo ha hecho, me han juzgado y reprendido sin entender mis sentimientos y lo que menos que necesito es que tú también lo hagas.

Inuyasha parecía un niño pequeño en mi regazo, me abrazaba y se acurrucaba en mi pecho como si yo fuera su madre, como si buscara mi protección y una paz que al parecer no había podido encontrar hasta hace unos momentos. Yo acariciaba su pelo y rosaba con mis dedos su mejillas, él sólo cerró sus ojos, estaba muy cansado.

No tuve idea de cuánto tiempo permanecimos así hasta que él rompió el silencio.

-Perdóname si te he angustiado…

-No importa Inuyasha pero quiero pedirte un favor…

-Lo que quieras…

-Quiero que duermas y comas adecuadamente, no me agrada verte así ¡Sólo mírate! estás hecho un guiñapo y eso me entristece y preocupa, por favor si no lo quieres hacer por ti por lo menos hazlo por mi.

-¿Tan deprimente me veo?

-Mucho, no eres el Inuyasha que conozco.

-Es que nunca había estado enamorado como para perder la cordura… ¿Pero sabes? Estar en tus brazos y sentir tu calor me ha devuelto la energía, ahora siento que yo también he despertado de un largo sueño.

-Descansa amor, ya tendremos tiempo de sobra para platicar, yo también tengo muchas dudas…

-¿Has olvidado lo que sucedió?

-Si... ¿Pero cómo lo supiste?

-Tu madre me comentó que siempre es lo mismo, que nunca recuerdas nada.

-Así es, me siento muy mal por eso, no sabes cuanto deseo saber lo que pasó.

-¿De verdad no recuerdas nada?

Esta vez abrió sus ojos y me miró de una manera penetrante e inquietante, escudriñando en mi semblante y mirada la verdad. No supe de dónde obtuve fuerzas para soportar significante tensión y al fin me animé a continuar con mi teatro de lo más tranquila…

-Lo que deseo más que cualquier cosa es recordar ese incidente, por primera vez en mi vida ansío conocer ese pasado. Normalmente cuando esos malos recuerdos se apoderan de mi mente automáticamente trato de despojarme de ellos, pero esta vez Inuyasha… daría lo que fuera por descubrir la verdad.

Mi respuesta fue convincente e Inuyasha lo creyó al darme cuenta que su forma de mirar tan intuitiva cambiaba a la resignación.

-Yo me encargaré de vengar lo que te hicieron.

-No me gusta cuando hablas así, me das miedo Inuyasha.

-No puedo evitarlo, la brutalidad es parte de mi, yo no se arreglar las cosas de otra forma.

-Ya no quiero hablar más sobre el asunto, me duele demasiado la cabeza como para seguir con lo mismo.

Permanecimos abrazados un tiempo prolongado hasta que una enfermera irrumpió en la escena con un carrito pequeño de ruedas en donde llevaba comida sobre una charola.

-Es hora de su comida, el médico recomendó que se alimentara lo mejor posible para que saliera lo más pronto de aquí.

¿Quién en su sano juicio podía encontrar deliciosa aquella comida tan desabrida y cruda?

Mi grandioso menú consistía en un pequeño tazón de caldo con verduras, un agua sinsabor de lo que seguramente podría decirse que era melón y un filete de pescado sin rastros de algún condimento que mejorara su sabor.

La enfermera dejó la charola sobre la mesa plegable y después salió tras aquella puerta.

-Esto es horrible… creo que el suero me resulta un verdadero banquete comparado con esto.

Dije con repulsión ante aquellas cosas.

-Tienes que comer para recuperar fuerzas Kagome.

Comentó Inuyasha que continuaba sentado a mi lado observando mi desagradable comida.

-Recuperar fuerzas… ¡Yo me encuentro perfectamente bien! Es mas… podría salir hoy mismo del hospital… no entiendo por qué siempre demoran tanto en darme de alta.

-Porque te tienen que mantenerte en observación, no pueden correr el riesgo de que te debilites…

Fruncí mi boca en señal de desaprobación y dirigí el primer bocado a mi boca. Obvio que no sabía a nada…

-¿Ya comiste Inuyasha?

-No… pero en cuanto salga lo haré…

-¿Desde cuándo nos probado alimentos?

Pregunté con seriedad mirándolo con firmeza, pero él continuaba callado sin responder.

-Te hice una pregunta…

-Desde hace dos días…

Por un momento imaginé oír mal aquella respuesta y deseaba que sólo fuera una broma pero al mirar el físico de Inuyasha no había duda de que decía la verdad, por un momento pensé en reprenderlo por tanta irresponsabilidad pero recordé que momentos antes me había suplicado que no juzgara sus acciones.

-Ten… creo que esto te hará más bien a ti que a mi Inuyasha…

Le dije ofreciéndole mi comida de buena manera, tratando de que mi tono de voz no denotara ningún tipo de molestia.

-No Kagome, no puedo hacer eso, ya te dije que saliendo de aquí comeré, me asearé y me dormiré para regresar a ser el mismo de antes.

-De verdad Inuyasha, apenas y puedes mantenerte en pie, por favor come algo dentro de un par de horas me volverán atraer más comida, no creas que sólo me mantendrán a pan y agua, al menos recibo cinco alimentos al día lo único malo es que no son muy agradables…

Nos miramos fijamente como si de esa forma escudriñáramos nuestras mentes. Inuyasha dio un gran suspiro y extendió su mano derecha para tomar los palillos que llevaba en mi mano…

En un segundo la comida había desaparecido por completo, era lógico que Inuyasha se encontrara muerto de hambre. Tan solo verlo así tan débil y solitario me provocaban unas terribles ansias por llorar y tenía que contenerme para no angustiarlo. Me miró por algunos segundos y me abrazó, ya no pude resistir más y desaté un mar de lágrimas sobre sus hombros, abrazándolo con fuerza, como si la vida se me fuera en ello.

-No vuelvas hacer esto Inuyasha, por favor no por mi… me siento tan mal por todo lo que has hecho, de verdad que no vale la pena, sólo mírate en vez de ayudarme me preocupas más.

-Ya sé que soy un verdadero estúpido, no necesitas decírmelo, por fin lo comprendí en cuanto te viM; de nada sirvió mi demencia, fue sólo un lapso de idiotez; tú te encontrabas bien, nada malo de ocurría y yo… no supe esperar y mírate por mi culpa estás llorando…

-Prométeme que jamás en tu vida volverás a descuidarte de esta manera, júramelo.

-Te lo prometo Kagome, jamás volverá a ocurrir… mañana me verás como nuevo…

-No se trata de eso Inuyasha, tu salud me preocupa, te matas unos días de hambre y al siguiente finges que nada ha pasado.

-Calla por favor… calla…

Y comenzó a besarme tiernamente ¡Cuánto anhelaba sus besos y el sabor de su boca! Desde que lo vi en el umbral de la puerta era lo que más deseaba. Los besos de Inuyasha a diferencia de otras veces eran diferentes, esta vez fueron demasiado cálidos, tiernos y un tanto temerosos, como si en cada movimiento de sus labios me pidiera perdón, daba la impresión de que en su interior lloraba amargamente y era obvio que él jamás lloraría, a cambio de eso, yo decidí continuar derramando lágrimas en su lugar para compartir el mismo dolor y culpa.

Cuando nos separamos él se mostraba serio y más callado que siempre.

-Es mejor que descanses Kagome… mañana regresaré.

-Descansa por favor…

-Lo haré en cuanto llegue a casa.

Por último me besó en la frente con ternura y poco a poco se fue alejando de mí hasta desaparecer detrás de aquella puerta blanca. Por un momento sentí una terrible ansiedad de ir tras él y no separarme ni un minuto más de su persona, pero tuve que ahogar mi deseo para no empeorar más la muy deprimente situación.

Aquellos tres días que permanecí encerrada me parecieron eternos, estaba tan aburrida, sin nada que hacer; tenía que limitarme solamente a la compañía de mis amigos y familia, pero cuando se alejaban la quietud me albergaba y con ellos una terrible desesperación por querer salir de aquellas cuatro paredes.

Ahora que me encontraba en mi casa me sentía más oprimida que antes quizás por el miedo y el remordimiento de ver la desesperación de mi familia por descubrir quién me había agredido. Como buena cobarde que soy evadía el problema y salía huyendo omitiendo las miradas calculadoras de Inuyasha y Kikyou. Lo que restaba de aquella semana no quise regresar a clases, a cambio de eso permanecía enclaustrada en mi habitación, ni ánimos que quedaban para ver a Inuyasha o a los amigos, nada podía menguar este dolor y angustia, este miedo que carcomía mis entrañas despedazándome poco a poco el alma. Tan sólo de recordar el rostro de Náraku provocaba un temblor y calosfrío incontrolable en mi cuerpo. Inuyasha se sentía impotente por no poder ayudarme en lo que me aquejaba y siempre recibía evasiones de mi parte, al parecer comenzaba a sospechar que algo ocultaba porque sus preguntas cada vez eran más concretas y la presión que ejercía su mirada sobre mí provocaba por algunos segundos a que yo me decidiera a contar la verdad.

-¿Es que no me tienes confianza Kagome?

Preguntaba Inuyasha indignado.

-Sabes muy bien que si, pero es que las preguntas que me haces no puedo responderlas porque ni yo misma las sé.

Comenté con el corazón dolido al saber que mis mentiras cada vez traicionaban más la confianza que Inuyasha depositaba en mí.

-Kagome es que entiende, hay muchas cosas que no concuerdan y la verdad me estoy volviendo loco al no saber quién es el culpable.

-Ya deja de presionarme Inuyasha, tú sólo piensas en tu dolor y tu venganza ¿Y yo qué¿Qué pasa con mis sentimientos y emociones¿Acaso no cuentan? Soy un ser humano y no es mi culpa no poder recordar nada.

Inuyasha comenzaba a cansarme con sus malditas obsesiones, desde aquel día en su cabeza sólo existía la venganza y el odio. Cuando nos encontrábamos juntos era su único tema… buscar al culpable… darle su merecido… hacerlo sufrir… deshacerse de él…; ideas tan abominables que por un momento menguaba mi amor por él. Se había convertido en un ser egoísta, su mirada ya no reflejaba aquel brillo, se encontraba ahora perdida, aturdida, sin luz.

-Lo siento Kagome no puedo evitarlo, es parte de mi, sé perfectamente que el culpable de todo esto es Náraku a mi no me engañas y me duele mucho que no sea un candidato digno de tu confianza.

Dicho esto salió de mi habitación cerrando con brusquedad la puerta. Una discusión más en donde al parecer la única que tenía la culpa era yo, yo era el problema cuando realmente era lo contario. Inuyasha se había encerrado en un mundo de obstinación y terquedad impenetrable, ninguna de mis respuestas lograba convencerlo de lo contrario.

¿Por qué las personas creían que lo mejor para solucionar sus problemas era por medio del odio y el rencor¿Por qué la fuerza sobrepasaba la inteligencia? Ni Inuyasha, Kikyou y mis amigos se habían dado cuenta de que habían caído en el juego astuto de Náraku, un ser demasiado inteligente que con solo mover un dedo era capaz de colapsar el mundo.

Dos días más trascurrieron y no había visto a Inuyasha, ni una visita, una llamada o el sonar de su piano, era como si hubiera desaparecido porque tampoco se había presentado al Colegio, ni el propio Miroku sabía de su existencia. Inuyasha se había negado abrir la puerta a cualquier persona, las cortinas de su habitación permanecían corridas. Al anochecer su casa daba miedo al encontrarse totalmente oscura. Ahora comprendía cuando él me había advertido sobre esos momentos en los que necesitaba de su espacio y alejarse de todos los seres que apreciaba. Muchas veces estuve tentada a llamar por teléfono o tocar el timbre de su casa, pero me había prometido a mi misma y a él que no intervendría en su decisión y que sabría esperar el momento en que él regresara a mi lado.

-Kagome… ¿En verdad no te preocupa el estado de Inuyasha?

Preguntaba mi hermana cuando regresaba del Colegio.

-No tienes idea cuanto… ha pasado ya una semana desde que discutimos… siento que muero…

-Si yo estuviera en tu lugar olvidaría esa absurda promesa e iría a buscarlo…

Insistió Kikyou.

-No puedo, además él nunca me abriría la puerta así me mantuviera al pie de la misma todo el día…

-Kaede fue ayer a visitar al abuelo Ishida, dice que Inuyasha está encerrado en su recamara y que sólo abre la puerta para recibir sus alimentos, le ordenó que no respondiera el teléfono ni mucho menos abriera la puerta, esta muy preocupada por él…

Permanecí callada ¿Qué podía hacer?

-Kaede te dejó esto…

Kikyou extendió su mano ofreciéndome unas llaves.

-¿Qué es esto?

Pregunté confundida.

-Las llaves de su casa… eres la única que puede hacerlo entrar en razón.

Una esperanza había renacido y la oportunidad de hablar con él no iba a ser desperdiciada. Sin decir más me levanté de mi cama y salí de casa corriendo. Tardé un poco en encontrar la llave que abriera la puerta principal hasta que por fin lo logré y entré. Fue muy sencillo abrir la segunda puerta puesto que no se encontraba bajo llave. Ya estaba en el vestíbulo y ahora no sabía por dónde buscarlo…

-Está en su habitación…

Dijo repentinamente una voz, era Kaede que me sonreía…

Yo sólo asentí con mi cabeza y subí las escaleras, el corazón me brincaba con mayor fuerza a cada paso que daba. La puerta de su alcoba ahora me parecía una muralla impenetrable. Tuve que armarme de valor y afrontar las consecuencias de mis actos, abrí con lentitud la puerta y ahí estaba él, recostado en su desordenada cama mirando hacia la ventana. Permanecía de espaldas a mí, quizás se encontraba dormido, así que entré… y permanecí recargada en la puerta sin el valor de acercármele.

-Por lo visto Kaede me ha desobedecido, le ordené que no quería ver a nadie, a ti menos que a nadie Kagome…

Dijo repentinamente él en tono severo, no se había movido de su lugar en lo absoluto.

-¿Cómo supiste que era yo?

Pregunté asombrada.

-Tu aroma es inconfundible, desde antes que abrieras la puerta sabía que eras tú…

Respondió con tono seco.

-Inuyasha… me encontraba muy preocupada por ti, no has llamado ni salido de tu casa, estaba desesperada.

Pero él no respondió permaneció callado.

-Sé que te había prometido no intervenir cuando este momento de soledad llegara, pero ya ha pasado una semana y…

-Rompiste una promesa Kagome… de eso no hay duda, la ultima vez que nos vimos me reclamaste que te presionaba demasiado, ahora tu haces lo mismo… ¿Por qué no me das mi espacio?

Sus palabras denotaban rencor y despecho, era evidente que se encontraba ansioso por reclamarme.

-Inuyasha por favor entiende… esto es totalmente diferente no quieras comparar las situaciones.

-Yo no comparo nada…

Se levantó de su cama y caminó hacia mi, cuando estuvimos cara a cara me obstruyó el paso con sus brazos acorralándome; con esa mirada gélida y carente de sentimientos, la misma mirada de cuando lo conocí por vez primera.

-Es mejor que me vaya… creo que no tiene caso hablar.

-No irás a ningún lado hasta escucharme…

Ordenó él de manera tajante.

-Por favor Inuyasha esta situación se está yendo de las manos, siento que cada día te pierdo mas y más, te veo y me parecieras una sombra… un completo desconocido.

-Mírame bien Kagome porque esto es lo que soy… ¿Te doy miedo?

-Mucho.

-Entonces ya nada tenemos que hacer juntos, esta es sólo una pequeña faceta de lo que soy, si eres incapaz de tolerarla entonces no vale la pena que sigas a mi lado.

-¿Estás terminando nuestra relación¿Pero por qué?

-No volveré a repetirlo Kagome, tú no me tienes confianza y te doy miedo, así que lo demás ya no importa.

-¡Eres muy injusto! Eso es un vil chantaje de tu parte, eres demasiado egoísta Inuyasha.

-Llámalo como quieras ya nada me importa…

-¿Nada te importa¡Qué fácil es para ti salir huyendo y dejar atrás todo lo que hemos vivido¿Y yo dónde quedo¿Acaso piensas que soy de madera como para no sentir que me estás matando?

-A eso también se le llama chantaje…

Estaba tan furiosa y herida que Inuyasha recibió una fuerte bofetada de mi parte.

-¡Eres un idiota¡No te burles de mis sentimientos! Desde que estuve hospitaliza en ti sólo existía la sed de la sangre y venganza, te olvidaste de mi, de mis preocupaciones y sólo porque te aferras a unas ideas que no existen, porque me crees mentirosa, porque dices que no te tengo confianza ¿Sólo por eso? te he dado todo de mi, me entregué al amor que te profeso, por primera vez me sentía viva y con un propósito, por fin mi vacío había desaparecido… pero de un día para otro el joven se siente tan ofendido y desilusionado que prefiere dar la espalda y no darle importancia ¡Eres un maldito cobarde Inuyasha!

Mis lágrimas eran incontrolables y él permanecía inmutable, como si nada de lo que había dicho llegara a sus oídos.

-¿Ya has terminado? Porque ahora es mi turno…

-¿Tu turno¿Qué es lo pretendes¿Voltear la situación a tu conveniencia para que la villana del cuento sea yo? No Inuyasha no te daré ese gusto y si lo que quieres es terminar nuestra relación hazlo, pero ten en cuenta que yo si te amo y te amaré por siempre y nada de lo que he dicho es mentira, ni mis besos ni mis caricias fueron falsedad y estoy aquí diciéndotelo en tu cara, sin ninguna vergüenza y remordimiento, es una lastima darme cuenta que sólo jugaste conmigo y me hiciste caer en una hermosa ilusión…

Escapé de aquel cerco que me impedía moverme y traté de abrir la puerta pero Inuyasha me lo impedía, aún permanecía con las manos recargadas en ella.

-¡Déjame salir¡Suficiente daño has hecho¿Qué más quieres de mí?

Pero él no se movía, no respondía, su silencio eran puñaladas en mi corazón al darme cuenta que nunca formé parte de su vida, sus sentimientos malditos eran mucho más poderosos que yo.

-No irás a ninguna parte Kagome… tu lugar es aquí… a mi lado.

Rápidamente me tomó de la mano y me acercó a su cuerpo para besarme. Yo inmediatamente lo rechacé e hice lo imposible por separarme de sus besos tan agresivos golpeando con fuerza su pecho y hombros Fue inútil, él me estrechaba con fuerza entre sus brazos hasta que mi cuerpo terminó por traicionarme para ceder ante sus pasionales besos.

¡Sí! Lo besaba con locura, con desesperación, con mis manos recorría con ansiedad su cabellos, su rostro, su espalda, deseando todo de él, su cuerpo, su amor. Inuyasha exploraba con sus manos mi cadera, mis pechos; me besaba el cuello con lujuria, con esa pasión desenfrenada que lo caracterizaba. Mi pequeña blusa había volado por los aires así como mi sostén, yo simplemente sucumbí a sus caprichos. Inuyasha me levantó en brazos y me recostó en la cama, ahí se dedicó a adorar mi pecho, capturando en su boca aquellos pequeños botones que se agitaban desesperados por ser poseídos y devorados.

Que locura tan grande era sentir en mis venas el fluir de la pasión y del deseo. El sentir cómo mi cuerpo casi explotaba cuando me penetró, caer rendida al escuchar cuando pronunciaba mi nombre a cada embestida, como si su intención fuera grabar por siempre en mi piel aquel momento y perder casi la vida al momento de ver cómo culminaba él en un profundo clímax; sentir su cuerpo aferrado al mío con absoluta satisfacción observando con emoción aquella mirada ambarina llena de luz y vida, mi Inuyasha había regresado de las tinieblas y mi única reacción fue llorar de felicidad.

Él simplemente me abrazó sin separarse un segundo de mi interior, dejó que humedeciera sus hombros con esas gotas amargas llenas de dolor. Las palabras sobraban, nada de lo que dijera podía servir para disculparme o reclamar. Una vez más me había entregado sin duda al amor, qué importaba si esta era la última vez que disfrutaba de su presencia.

-¿Por qué Inuyasha¿Por qué tienes que herirme primero y después elevarme al cielo?

-Porque soy un idiota que no sabe pedir perdón…

-¿Qué te ocurre¿Por qué te alejaste tanto de mí?

-Por que tenía muchas cosas en qué pensar y otras tantas que aclarar…

Inuyasha no dejaba de besar mi rostro mientras que yo recorría con mis manos su espalda.

-Ahora cada vez te admiro más Kagome…

-No entiendo…

-No te importo sacrificar nuestra relación a cambio de proteger a un ser querido… ya no es necesario que me lo ocultes Kagome ya he armado el rompecabezas, Náraku fue quién te atacó y te amenazó con matar a alguien si hablabas…

-No Inuyasha... te equivocas yo…

-No trates de mentir… eso no va con tu personalidad¿Dime quién corre peligro¿Yo o tu familia?

-Por favor Inuyasha no insistas, no quiero involucrarte en este problema suficiente tengo con esta preocupación…

-¿Es Kikyou?

Permanecí en silencio y lo abracé con fuerza.

-Descuida… ya no cargaras tú sola con esta pena, ambos la cuidaremos, pase lo que pase no dejaremos que Náraku le ponga una mano encima… lo prometo.

-Inuyasha no cometas una locura por favor…

-No lo haré… eso también lo prometo.

-¿Esta fue otra de tus pruebas?

-Creo que inconscientemente lo hice, no pude evitarlo y me dejé llevar por el impulso.

-Habías prometido no volver a herirme.

-Tienes toda la razón en reclamarme, soy un patán contigo…

-Que más da, no se puede regresar el pasado.

Evité su mirada, ahora me encontraba muy molesta e indignada con él por caer en su juego a pesar del placer que me había brindado minutos antes ¿Qué era lo que ocurría conmigo¿Hasta dónde había caído mi dignidad? Más me enfurecía darme cuenta que había sucumbido ante los brazos de un hombre dejando a un lado los motivos que tenía para despreciarlo y abandonarlo por completo…

-¿Sigues molesta?

Preguntó él al percatarse de mi silencio.

-Mucho… pero es conmigo misma con quien estoy enojada.

-¿Nunca me perdonarás lo que hice?

-No lo sé… por un momento pensé que todo había terminado entre nosotros y por primera vez sentí odio hacia ti.

-Entiendo, no te culpo y tampoco voy a justificarme porque es algo que me gané… pero adoro esa parte oscura de ti, esa capacidad que tienes de amarme y odiarme al mismo tiempo…

-Por favor Inuyasha… no es para que te burles.

-Hablo en serio Kagome…

-Ya tengo que irme…

Comenté mientras trataba de liberarme del cuerpo de Inuyasha. No quería seguir escuchando más tonterías y continuar sintiendo ese asco hacia mi persona, pero él no se movía y continuaba posado sobre mi pequeño cuerpo.

-¿Tu madre te espera?

-No ella regresa en dos días…

-Entonces quédate otro poco más…

-Pero…

-Por favor…

Y así fue, permanecí recostada junto a Inuyasha el resto del día, no habíamos vuelto a hacer el amor, de hecho ambos permanecimos en silencio, alejados… cada quien en su mundo. Continuamente me preguntaba cuáles serían los planes de Inuyasha, pero descubrir tales enigmas era una misión imposible y aunque se lo preguntara él me ocultaría la verdad para no preocuparme. De por sí mi angustia se había acrecentado en gran manera, sabía que ahora que Inuyasha descubrió mi secreto los problemas empeorarían porque no tenía un dominio completo sobre su carácter, perdía con facilidad la cabeza y el raciocinio lo abandonaba por completo. Me di la media vuelta y lo abracé. Estaba de espaldas a mí, pero cuando sintió mis brazos sobre su piel me tomó de la mano, se dio la media vuelta y me abrazó hasta que el sueño nos venció…

-Kagome… despierta…

Dijo una voz. Abrí mis ojos y con sorpresa vi que mi hermana me miraba, enderecé mi cuerpo sobresaltada mirando hacia todos lados.

-¿Qué hago aquí¿Fue un sueño?

Pregunté asustada.

-No Kagome, tranquila… Inuyasha te trajo hace unas horas, estabas profundamente dormida.

-¡Pero yo no me di cuenta!

-Lo sé, relájate Kagome, Inuyasha te trajo porque recordó que tenías que tomarte tus medicamentos así que prefirió que descansaras aquí.

-¿Y dónde está él?

-Probablemente está en su casa…

-Detesto estar tomando tantos medicamentos…

-Ya lo sé, pero nada podemos hacer al respecto.

-Las cosas con Inuyasha van de mal en peor…

-¿Por qué lo dices?

-Por que desde que salí de ese hospital es otra persona, un desconocido, hoy que lo vi tuve mucho miedo, era como tener a mi mayor temor frente a mi, siento que lo pierdo día a día.

-Kagome eso es muy triste… ¿Y él lo sabe?

-No fue necesario decirlo, se dio cuenta… ambos sabemos que esta relación se tambalea…

-Bueno ya sabemos que no todo es perfección en esta vida, pero estoy segura que esto se solucionará.

-¿Por qué estás tan segura?

-Porque los dos se aman…

Después de eso mi hermana salió dejándome completamente sola, la verdad ya estaba fastidiada de tanto pensar, de nada valía romperme la cabeza porque nada funcionaba y por fin había decidido ya no darle importancia a las cosas y dejar que las situaciones se deslizaran a su ritmo.

Al día siguiente asistí al Colegio, pero Inuyasha de nuevo se ausentó, tanto Sango como Miroku me agobiaban con preguntas sobre él y les era imposible creer que yo siendo su novia no estuviera enterada sobre la vida de Inuyasha.

-¿Por qué no vamos todos a verlo?

Decía Sango tratando de infundir cierto ánimo, pero de inmediato la idea quedó descartada al saber que nos topábamos con una persona de carácter difícil.

-Es mejor dejarlo solo y que él nos busque cuando quiera…

Comenté con cierta tristeza y una gran opresión en el pecho.

-¿Estás segura Kagome?

Preguntó Miroku asombrado.

-Si… Inuyasha ha preferido alejarse de nosotros y es mejor respetar su decisión.

Todos guardaron silencio, ninguno de los presentes se atrevía hacer algún tipo de comentario quizás para evitar herirme o simplemente porque no había nada más de qué hablar.

Trascurrieron las clases con normalidad, esta ocasión me había propuesto prestar mi total atención a los estudios y olvidarme por completo de Inuyasha y también… de Náraku. De ese ser que con sólo recordar su asqueroso nombre provocaba que el cuerpo me temblara, tenía miedo de que algo le ocurriese a mi hermana por culpa de ese engendro del demonio, pero Kikyou no había comentado nada de él estos últimos días y eso no era algo que me aliviara del todo ya que con la última conversación que tuvimos mi hermana y yo, ella evitaría a toda costa hacer algún tipo de cometario o insinuación sobre Náraku.

Ese mismo día en la tarde regresando del Colegio Kikyou se encontraba entrenando en el gimnasio y yo me encontraba resolviendo algunos problemas de Algebra pero el haberme ausentado tantos días en el Colegio había traído como consecuencia que no entendiera la mayoría de ellos y tampoco podía pedirle ayuda a mi hermana porque solía molestarse cuando alguien la interrumpía en sus entrenamientos. Quizás si buscaba algún libro en su habitación me ayudaría a solucionar mi gran problema después de todo ella no se enfadaba si yo entraba a su recamara sin permiso. Así que no quise perder más el tiempo y decidí buscar ayuda. En verdad que Kikyou contaba con una biblioteca en su recamara y afortunadamente encontré algunos libros que podrían servirme. Los tomé y en ese instante había entrado una pequeña ráfaga de viento por el ventanal provocando que algunas hojas volaran y cayeran, no tuve más opción que recogerlas y acomodarlas en su lugar. Había muchas cosas escritas en ellas, problemas de física y química y algunos de matemáticas. Ya todo había quedado una vez más en su lugar salvo una pequeña bola de papel que al parecer mi hermana por error había tirado en el piso y no en su cesto de basura. Estaba completamente arrugado y estrujado; por curiosidad la abrí, había un escrito… un tipo de carta, pero estaba incompleta y no se entendía muy bien del todo, al parecer hacía referencia a un amor imposible por la manera en que estaba escrita supuse que se trataba de algún fragmento de algún libro pero…

"…no puedo evitar desmoronarme al saber que ella es la dueña de tu amor, un amor que desearía fuese para mí. Imploro cada noche a las estrellas porque alguna vez dirijas tú hermosa mirada a esta mujer que te ama… desearía ser dueña aunque sea por algunos segundos del dorado de tus ojos… Inuyasha…"

Leí una y otra vez aquel fragmento y simplemente no podía creerlo, el aire se me escaba del cuerpo, estaba agitada, perturbada totalmente, impresionada al descubrir esta verdad, jamás había pensado que Kikyou se encontraba enamorada de mi novio. Permanecí de rodillas en el piso sosteniendo aquel pedazo de papel entre mis manos temblorosas tratando de engañarme a mi misma que esto no era verdad…

-Vaya Kagome es raro verte en mi habitación ¿Necesitas algo?

Preguntó mi hermana de lo más tranquila sin prestar atención a lo que llevaba en mis manos.

-Hoy entrené bastante, espero estar lista para el próximo campeonato… será en Rumania… estoy ansiosa porque ese día llegue…

Comentaba Kikyou de lo más tranquila.

-Kikyou… ¿Por qué¿Qué significa esto?

Pregunté con lágrimas en los ojos.

-¿De qué hablas?

Pero su alegre rostro cambió totalmente al ver lo que llevaba en mis manos…

-Dame eso Kagome.

-¡No¡Quiero que me expliques que demonios escribiste!

Grité histérica levantándome del suelo estrujando más aquella abominable carta.

-¡No tienes ningún derecho de hurgar en mis documentos personales!

Explotó enloquecida avanzando hacia mí.

-¡Tengo todo el derecho!

-¡Dame esa hoja Kagome!

Y como un león enfurecido mi hermana se abalanzó sobre mí tratando de quitarme aquel papel, yo me resistí con todas mis fuerzas y me aferraba a no entregarle ese texto sin que antes me diera una explicación. Luchábamos con frenesí, era la primera vez que Kikyou y yo peleábamos de una manera tan violenta, ambas habíamos perdido la cordura cayendo en la demencia, por primera vez la veía como mi enemiga…

-¡Eres una maldita Kagome no tenías por qué leerlo!

-¡Aquí la única maldita eres tú por mentirosa e hipócrita Kikyou

-¡Eres una tonta¡Tú que sabes de mi vida!

La carta se rompió y ambas nos quedamos con un pedazo de ella.

-¡Ves lo que has hecho¡Eres una estúpida Kagome!

-¡Te odio Kikyou¡Todo este tiempo me has estado engañando!

-¡Cállate! Tú que sabes de sufrimiento… tú siempre has tenido todo, la atención desmesurada de la familia, mi amor, mis cuidados, no eres más que una chiquilla caprichosa y berrinchuda que no puede hacer nada sin mi y lo peor de todo es que maldigo la hora en que Inuyasha se fijó en ti… ¡¡Maldigo que seas mi hermana¡¡No sabes cuánto te odio Kagome!!

Una bofetada resonó en aquella habitación, estaba tan molesta con Kikyou que lo único que deseaba era despedazarla. Pero increíblemente Kikyou me regresó el golpe y con mucha mayor fuerza logrando que yo cayera al piso. Froté mi mejilla y un hilo de sangre se hizo presente en mi mano derecha, el golpe de Kikyou fue tan grande que me abrió el labio inferior.

Kikyou permaneció en shock, yo no supe que hacer y entonces sucedió un hecho insólito… los ojos de mi hermana se habían vuelto cristalinos y húmedos.

-Kagome…

Fue lo único que pronunció y después de eso corrió para abrazarme…

-¡¡Perdóname, perdóname!!

El llanto de mi hermana era amargo y lleno de dolor, lloraba como nunca antes la había visto, ni siquiera cuando nuestro padre murió la había visto llorar de esa manera tan horrible.

-¡No es cierto Kagome, nada de lo que te dije es cierto, tú eres lo que más quiero en este mundo… jamás podría odiarte, por favor perdóname!

Kikyou no dejaba de estrecharme entre sus brazos pidiéndome que la perdonara; simplemente yo no hice nada, ni siquiera tuve el reparo por corresponder su abrazo, estaba tan perturbada que deseaba que fuera una más de mis pesadillas.

-Suéltame… no quiero que me toques…

Pronuncié con sequedad, con una extraña frialdad, con mi mirada totalmente perdida. Mi hermana se apartó de mí, en su rostro figuraba un absoluto dolor y más lágrimas y horribles llantos se desataban en su ser.

-¡No Kagome no me desprecies por favor te lo ruego¡Soy una tonta me deje llevar por el coraje!

No quise responder, ya ni siquiera sabía que clase de sentimiento me albergaba en este preciso momento, no era odio ni mucho menos compasión, simplemente no era nada…

-¡Di algo Kagome¡Lo que sea, no me importa pero di algo!

-¿Por qué Inuyasha¿Por qué de todos los hombres del mundo precisamente te tenías que enamorar de él?

-Ni yo misma lo sé... simplemente pasó… y es un sentimiento que me atormenta día a día porque sé que él nunca será para mí…

-No te creo… en tus letras hay mucho dolor y también un gran amor…

-¡Y que importa lo que diga ese maldito papel, simplemente fue escrito en un momento de desesperación…!

-¡Ya deja de fingir y enfréntame como mujer!

Grité encolerizada, Kikyou se enjugó sus lagrimas respiro hondo y me miró fijamente, decidida a darme la cara, con ese semblante que adoptaba cuando se encuentra frente a un rival.

-¿Quieres que te enfrente como mujer? Está bien… si, lo amo, lo amo con todas mis fuerzas y no hay día en que no desee estar en sus brazos… ¿Satisfecha?

-¿Qué pretendes¿Interponerte en nuestra relación?

-Se ve que no has entendido Kagome, eres demasiado ingenua y poco astuta, si yo hubiese querido interponerme entre ustedes hace meses que lo hubiera logrado, pero no quise… ¿Sabes por qué? Por que él no me escogió a mí, porque su amor nunca será mío y principalmente porque estaba tú felicidad de por medio. He pagado muy caro el pecado de amarlo en silencio traicionando lo más valioso que tengo… tú; Kagome eres mi mayor tesoro y a pesar de mi sufrimiento mi única recompensa ha sido tu felicidad, por eso he desistido a mis sentimientos y a la arrebatadora idea de luchar por él… porque Inuyasha te ha hecho la mujer mas feliz del mundo, porque nunca había visto en tu rostro tanta paz y tranquilidad, una tranquilidad que jamás podré brindarte yo aunque lo deseara y si quieres o no creerme ya no importa…

-No tienes porque tener ninguna compasión de mi hermanita… puedes luchar por él, desde hoy seremos rivales…

-Vaya que los celos y la ira te ciegan completamente, no quieres entender razones Kagome y para serte sincera no participaré en tu juego. Inuyasha jamás sabrá lo que siento por él, es un secreto que me llevaré a la tumba y primero preferiría estar dos metros bajo tierra antes de empañar tu relación, no tienes nada de qué preocuparte, yo nunca te he considerado una rival, tú eres y siempre serás mi querida hermana…

-Mi relación con Inuyasha se ha vuelto muy débil podrías aprovechar esta oportunidad Kikyou…

-No me interesan tus migajas Kagome… eres demasiado bruta y exageras las cosas…

-No exagero nada es la verdad, además puede que él y tú se lleven mejor, yo sólo tengo que hacerme a un lado…

-Te desconozco Kagome… no cabe duda que en esta ocasión te has vuelto una completa cobarde y no me uses a mí como pretexto para terminar con tu novio porque no participaré en tu juego.

-Tienes razón, soy una cobarde y siempre lo he sido, es por esa razón que ya no tiene caso esta conversación Kikyou, desde ahora tienes mi autorización para conquistarlo, quizás contigo sea más sincero y sepa pedirte perdón en lugar de lastimarte…

-Es una pena que no puedas aceptarlo completamente y no tienes idea la tristeza que me da ver como desechas a un abismo la felicidad que él te brinda, puedes hacer lo que quieras Kagome, puedes abandonarlo cuando te plazca pero te vuelvo a repetir que yo no recogeré tus migajas…

-Estoy segura que en el fondo estarías encantada por recoger esos pequeños pedazos…

-Piensa de mi lo que quieras, con el tiempo te darás cuenta que todo lo que estás pensando y haciendo es lo equivocado, sólo espero que no sea tarde para el pobre de Inuyasha…

Salí de su habitación, no deseaba seguir en la casa y sin previo aviso me dirigí hacia la calle sin ningún rumbo fijo. Caminé no sé por cuántas avenidas, calles y callejones, más de dos veces transité por la misma acera, mi mente estaba bloqueada y completamente perdida. Comenzaba a briznar, la gente aceleraba su paso para resguardarse de la lluvia mientras que yo permanecía inmune al agua que caía sobre mi cabeza y hombros. Ese líquido frío que resbalaba por mis mejillas y comenzaba a confundirse con mis repentinas lágrimas provocadas por la tristeza y la furia. La lluvia se acrecentaba y no me importaba en lo absoluto, había decidido sentarme en el suelo recargando mi espalda en el borde de una pequeña fuente. Soporté el horrible estruendo de los rayos y a la gran cantidad de agua que se dispersaba por todos lados. Por un momento deseaba ser como esa fuente… ser de piedra para no sentir nada, para olvidarme de lo que eran los sentimientos y las emociones.

Horas después la lluvia había cesado, la noche caía y el cielo permanecía nublado, enormes charcos figuraban en lo ancho y largo de aquella calle desconocida; la gente ahora transitaba con total tranquilidad mientras cubrían sus cuerpos con amplias gabardinas y chaquetas; algunos llevaban en sus manos sombrillas húmedas con vestigios de aquella triste lluvia, nadie se había percatado de mi presencia, había permanecido escondida en mi refugio con el uniforme puesto y un cuerpo húmedo, agotado y fracasado.

Emprendí el regreso a casa, quizás tarde sólo minutos u horas ¡Qué mas daba…! al fin y al cabo no deseaba llegar y encontrarme de nuevo con mi hermana. Para cuando toqué el timbre fui recibida por esa persona no deseada…

-¿Dónde has estado Kagome¡Son más de las once de la noche!

Preguntaba molesta Kikyou.

-No te importa…

Y con paso decidido entré a mi casa y antes de llegar a las escaleras que me conducirían a mi fría habitación me encontré con otra figura nada agradable. Inuyasha se encontraba parado frente a mí, con un semblante indescifrable. Ni siquiera tuve el reparo de saludarlo, simplemente continué mi camino y él me detuvo del brazo.

-¡Kagome estábamos preocupados por ti, mírate estás empapada... te puedes enfermar!

Reclamaba él, acto que me enfureció más todavía.

-¿Enfermar? He vivido muchos años luchando contra enfermedades, un simple refriado no significa nada…

Respondí con brusquedad apartándolo de mi camino.

-¿Kagome qué te ocurre¿Por qué me respondes de esa forma?

Insistía él reteniéndome el brazo con fuerza.

-Suéltame Inuyasha… no quiero hablar con nadie quiero estar sola…

-No me pidas eso Kagome… de verdad que estaba muy angustiado por ti y…

-¡Vaya que estabas preocupado por mi! Que fácil fue para ti esperarme aquí cómodamente en tan agradable compañía mientras yo me encontraba afuera bajo la lluvia y el frío…

Grite furiosa, llena de celos de tan sólo imaginarme como él y mi hermana podrían haber conversado o el pensar que pudo haber sucedido algo más en mi ausencia.

-¡Kagome no sigas por favor!

Imploró mi hermana pero, el tan sólo ver su rostro acrecentó mi furia.

-Tuviste una oportunidad excelente Kikyou… espero que no la desaprovecharas.

-¿De qué hablan?

-No es nada Inuyasha… por favor déjanos solas…

Intervino Kikyou que se empecinaba en silenciar mis palabras.

-¡Por mi no hay problema sigan platicando… sirve de que se relacionan más!

Contesté de manera irónica.

-Kagome no sigas por favor…

-¿Qué no siga¡Pero si eres tú la que deseaba con todas su fuerzas estar junto a Inuyasha!

-¡Cállate!

Gritó ella.

-¡Explíquense por favor que no entiendo nada!

Insistía Inuyasha que continuaba consternado por la pelea.

-Es fácil Inuyasha, hoy descubrí que mi hermana lleva meses enamorada de ti, es por esa razón que estamos peleadas…

Mi hermana se llevó sus manos a la boca para ahogar su grito e Inuyasha permaneció perplejo mirando detenidamente a Kikyou, logrando con ello que los celos renacieran…

-No veo por qué te asombras Inuyasha si tú también llegaste a sentir algo por ella… así que por mi no hay problema pueden hacer lo que quieran…

-Kagome te estás comportando de una manera muy ruin e injusta…

Reprochaba Inuyasha molesto, Kikyou sólo permanecía cabizbaja y callada.

-Eso es lo menos que ambos se merecen, los dos son unos mentirosos e hipócritas, no saben cuánto los odio…

Grité furiosa mientras corría hacia mi recámara cerrando con furia la puerta. Dejando que la oscuridad de ese lugar me absorbiera olvidando mis temores, sintiendo como un extraño ser se apoderaba de mi cuerpo y espíritu, deseando al mismo tiempo que Inuyasha derribara aquella puerta para disculparse, para pedirme perdón… pero no fue así a él no le importó seguirme y trascurrieron horas en absoluto silencio.

Ahora me encontraba sentada en mi balcón, apretujada en una esquina contra el pretil de piedra, con el cuerpo encogido y la ropa húmeda. Simplemente dejaba que el tiempo continuara a su propio ritmo. Nuevas gotas de lluvia comenzaban a inundar mi cuerpo, de nuevo llovía, al parecer mis lágrimas se habían secado por completo y en su lugar aquellas gotas inundaban la ciudad como signo de mi sufrimiento.

Que patético debía de ser mi semblante, con esa cara hundida en mis rodillas, con esos brazos que no tenían a nadie más a quién estrechar sino así mismos.

-Vaya que disfrutas con la autocompasión…

Dijo repentinamente una voz. Una voz que ya no deseaba escuchar, que no necesitaba… pero sin embargo ahí estaba para atormentarme…

-¿Ahora que quieres?

Respondí con rudeza alzando mi mirada. Ahí estaba su figura, erguido y desafiante como siempre, como cuando lo conocí, la lluvia no lo perturbaba ni siquiera cuando resbalaba por sus rostro.

-No busco nada en especial…

Decía Inuyasha mientras avanzaba y se sentaba a mi lado, no me abrazó ni siquiera me tocó, simplemente adoptó mi misma posición a un lado mío y con la vista perdida en el interior de mi recámara…

-¿Qué es lo que quieres Kagome¿Qué provecho pretendes sacar con este berrinche?

Preguntó él.

-Déjame en paz, no estoy de humor para tus sermones…

-No me importan tus palabras… yo sólo quiero permanecer a tu lado bajo esta hermosa lluvia… me agrada compartir estos momentos tristes contigo…

-No es necesario que te compadezcas de mi soledad…

-Mi dulce Kagome… ¿Te cuesta mucho comprender que si estoy aquí es sólo por ti?

Ahora me abrazaba, podía sentir su mirada sobre mí, perforando cada uno de mis poros, provocando lo que sólo él podía lograr… estremecerme.

-Ya deja de pensar en tonterías Kagome, si lo que querías escuchar es la palabra perdón… así será, te pido perdón por las lágrimas del pasado, te pido perdón por estas lágrimas que ocultas bajo esta lluvia, te pido perdón por amarte…

Decía él con suavidad rompiendo por completo aquella muralla que nos dividía.

-Inuyasha… ¿Qué hice? Me dejé llevar por la ira y los celos, arruiné todo…

-No lo has hecho, yo sigo a tu lado, no me importa si dices que me odias, sé que tu corazón dicta lo contrario…

Insistía él con una amplia sonrisa en el rostro.

-Me siento sola, vacía…

-Es normal… eres humano, pero es tu decisión seguir permaneciendo encogida o levantarte.

-Ya no puedo levantarme, no tengo fuerzas para nada…

-Entonces… yo te levantaré a como de lugar.

Me cargó en sus brazos y entramos a la habitación resguardándonos de la lluvia.

-Estás empapada…

Dijo con una leve risa.

-Tu igual…

Inuyasha me sentó en el borde de mi cama y después se dedicó a buscar en mi armario ropa seca.

-Toma es mejor que te cambies…

Me ofrecía un cómodo y reconfortante piyama amarillo de algodón, pero sólo lo tomé y lo coloqué a un lado mío.

-Por lo que veo tendré que cambiarte como si fueras una bebé.

Comentó sonriente mientras me despojaba de mi húmeda ropa.

-Tú también estás muy empapado.

-No importa… vamos tienes que cambiarte… hay una persona que te espera abajo… me dijo que necesita de ti…

¿Con qué cara podía enfrentar ahora a mi hermana¿Cómo disculparme después de la estupidez que cometí?

-Descuida Kagome si hay alguien en este mundo incapaz de juzgarte es precisamente Kikyou…

Dijo Inuyasha como si me adivinara el pensamiento y la forma en que el remordimiento me carcomía.

-Pero…

Dudaba de todo incluso de mi misma.

-Anda sólo tienes que pedir una disculpa Kagome…

-¡No es tan fácil Inuyasha¡Revelé su secreto¿Te das cuenta de eso?

-Y que importa si lo has revelado… eso no ha cambiado en nada, tú eres a quien quiero y ella es sólo una buena amiga… además no perdonaría que por mi culpa ustedes rompieran ese gran lazo de hermandad.

-Tú no tienes la culpa de nada Inuyasha.

-Aparecí en sus vidas y eso es más que suficiente.

Decía en tono frío e incluso pensativo.

-Bien… será mejor arreglar esto cuanto antes.

Ya estaba decidida por fin. Salí de mi habitación, caminando hasta las escaleras que ahora me parecían profundas e inmensas. En cada peldaño que descendía mil navajas eran incrustadas en mi pecho, la inmensa opresión y el temor que me embargaban eran agobiantes... mi respiración se tornaba muy inquieta; el ambiente era sofocante mas sin en cambio mis piernas se negaban a detenerse, al parecer aún quedaba un poco de valor en mi interior.

Todo estaba oscuro, el vestíbulo, el comedor, la cocina el despacho… todo era penumbra salvo la sala en donde una pequeña lámpara permanecía encendida y al lado de ella una mujer triste y melancólica que miraba detenidamente una fotografía familiar, una fotografía donde nos encontrábamos ella y yo de pequeñas.

-No es bueno que permanezcas mucho tiempo bajo la lluvia Kagome, podrías enfermarte…

Ya no podía contener más esta culpabilidad y el dolor que me carcomía las entrañas.

-¡Perdóname por favor!

Grité entre sollozos mientras me hincaba apoyando mis manos y rostro en sus rodillas, no me atrevía a mirarla a los ojos. Kikyou no se inmutó y sólo se dedicó a acariciarme el cabello.

-Llora, llora todo lo que puedas hermana, desecha todo ese dolor que te agobia…

Mis gritos eran ensordecedores ¿Qué era lo que me ocurría¿Por qué tanto dolor¿Por qué tanta angustia¿Qué significaban estos sentimientos tan confusos?

-Soy una estúpida, perdóname, sólo dije tonterías, traicioné tu confianza y le revelé a Inuyasha…

-Descuida no es nada, tarde o temprano esto pasaría pero ya deja de atormentarte con algo insignificante, deberías estar contenta de tener a tu lado a un hombre tan bueno y comprensivo.

Levanté mi mirada, el rostro maternal de mi hermana me había devuelto la paz, no estaba enojada ni mucho menos desilusionada, ella me sonreía, la misma sonrisa que siempre esbozaba desde que éramos niñas, la sonrisa que me reconfortaba después de que alguien me lastimaba…

-Ven Kagome…

Decía mi hermana con dulzura mientras yo me recostaba en el sofá y recargaba mi cabeza en sus piernas, ella no dejaba de acariciarme el cabello. Mi entorno comenzaba a mostrarse más claro y aquellas nubes de la desgracia comenzaban a dispersarse lentamente.

-¿Recuerdas cuando ese niño de cuarto te golpeó en la cabeza con barro húmedo?

-Si lo recuerdo… en esa ocasión te suspendieron toda una semana por haberle roto dos de sus dientes…

-Mamá estaba furiosa.

-Creo que sus hijas han sido un verdadero dolor de cabeza ¿Tú que piensas Kagome?

-Eso es cierto… aún así ella nos quiere del mismo modo en que papá.

-Juré ante su tumba que te protegería por sobre todas las cosas y que jamás te haría daño… rompí mi promesa.

-No Kikyou, aún estás aquí preocupándote por mi bienestar, no has roto tu promesa es sólo que yo exageré demasiado las cosas.

-Eso que importa yo ya lo estoy olvidando, hoy no ocurrió nada.

-Tienes razón no ocurrió nada y me alegra que seas mi hermana Kikyou.

-A mi también, y ya es mejor dormirnos en unas horas tendremos que ir al Colegio.

-¿Qué hora es?

-Son más de las tres de la madrugada.

-El tiempo vuela cuando uno se separa de la realidad.

Comenté mientras me acurrucaba en las rodillas de mi hermana para caer rendida del cansancio, un cansancio tanto físico como emocional. Deseaba por lo menos disfrutar las pocas horas que aún que quedaban de sueño. Ni siquiera me interesaba si Inuyasha seguía o no en la casa ya que él era otro asunto pendiente.

Me costó un poco de trabajo levantarme cuando mi hermana me despertó, ya era hora de prepararse para ir al Colegio y yo permanecía recostada en la sala con una manta.

-¿No quieres ir hoy al Colegio?

Preguntó mi hermana.

-No… la verdad no tengo ánimos me siento muy cansada todavía…

-Entonces descansa yo hablaré con tus profesores.

-¿Mentiras por mi?

-No tengo porqué decir mentiras, te encuentras muy agotada y no estás en condiciones de asistir al Colegio.

-A eso yo le llamaría pereza Kikyou.

-Pero la pereza puede disfrazarse de muchas maneras Kagome.

Dicho esto ascendió hacia el primer piso para enlistarse. Yo por el contrario sólo subí a mi habitación y volví a recostarme en la cama, con las cortinas de la ventana corridas que impedían cualquier paso de luz.

No me percate de cuando Kikyou salió de la casa al caer en un profundo sueño. Si alguien había entrado y salido de la misma tampoco me di cuenta, mi conciencia quedó totalmente perdida de la realidad hasta el momento en que mi espalda comenzaba a inquietarse con un ligero dolor y ardor por estar tantas horas acostada. Cuando entre abrí mis ojos miré el despertador de mi buró, ya eran más de las cuatro de la tarde. ¡Si que había dormido! Y realmente no contaba con el más mínimo propósito por levantarme de aquel lugar, pero no había otra opción así que salí de mi habitación y bajé para saludar a mi hermana al suponer que ya había llegado.

-Buenas tardes señorita ¿Se le ofrece algo?

Preguntó amablemente la muchacha del servicio.

-Buenas tardes… ¿Mi hermana ha llegado?

-No aún no.

-Ya es muy tarde…

Comenté con cierta preocupación ya que por lo general ella llegaba antes de las tres de la tarde. Aquel silencio fue roto por dos voces que discutían, la puerta se abrió con estrépito y entró mi hermana furiosa seguida por Inuyasha.

-¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer Inuyasha!

-¡Es que tú no tienes que hacer nada con ese tipo!

-¡Es mi problema yo sé defenderme¡No necesito de ti!

-¡Eres demasiado terca!

-¡T tú demasiado curioso no tienes el derecho a involucrarte en mi vida!

-¡Yo no hice nada malo, sólo te protegía!

-¡Me has humillado frente a Náraku y eso jamás te lo voy a perdonar¡Eres un inútil no quiero volver a ver tu maldita cara!

Ambos combatientes me ignoraron por completo y Kikyou sólo se limitó a subir hacia su habitación bufando de coraje no sin antes dar un portazo como muestra de su ira. Inuyasha permanecía quieto, lleno de enojo y con su mirada de fuego.

-¿Se puede saber qué rayos les pasa a ustedes dos?

Pregunté un tanto asombrada y a la vez molesta por la escenita.

-Náraku volvió a molestarla el día de hoy y yo intervine… por eso está furiosa.

Decía Inuyasha arrastrando las palabras, al parecer no encontraba la manera de descargar su furia.

-¿De nuevo Náraku?

Cuestioné con preocupación al imaginarme en el peligro inminente en el pudo haberse encontrado mi hermana.

-Si otra vez él, pero soy un estúpido por tratar de defenderla.

-Kikyou no tolera que alguien se inmiscuya en sus problemas.

-Ya me di cuenta de eso Kagome…

-Pero no pasó a mayores ese enfrentamiento… ¿Verdad?

-No… afortunadamente no pero ese tipo volvió a amenazarnos, dijo que muy pronto ella y yo conoceríamos el infierno…

-Inuyasha no debieron enfrentarlo, me aterro de sólo imaginar lo que ese hombre puede hacer…

-Ya no te preocupes por eso son sólo amenazas… además mi día no podía ser peor… primero lo de Sesshomaru y ahora esto…

-¿De quién hablas?

-¡Pues de quién más Kagome del idiota de mi hermano!

Gritó descontrolado y yo traté de guardar la calma.

-¿De tu hermano?

Inuyasha permaneció callado y evadió mi mirada.

-Es mejor que me vaya estoy muy alterado…

Respondió serio y cabizbajo.

-¡Tú no te vas hasta darme una explicación!

Grité furiosa, detestaba que este hombre siempre me ocultara las cosas para no "preocuparme".

-No hay ninguna explicación que dar no es algo que te incumba.

-¿Qué no me incumbe¡Pensé que éramos novios!

-¡Kagome deja de presionarme por favor ya estoy harto de esta situación!

El silencio reinó en el vestíbulo, ambos nos mirábamos fijamente, yo permanecía con los puños apretados, encajando mis uñas contra mi piel.

-Mira Kagome otro día hablaremos… no es el momento y yo…

-"Nunca es el momento para ti" y tienes mucha razón yo también ya estoy harta de esta situación y lo mejor será separarnos.

-¿Qué¿Estás loca?

-No Inuyasha digo la verdad, desde este momento tú yo dejamos de ser novios y también… amigos.

-Kagome por favor no seas tan drástica... sólo te pido tiempo…

-¡Ya te he dado el suficiente tiempo Inuyasha! Tú nunca quieres hablar sobre tu vida, aparentas siempre lo que no eres… ¡Ya estoy fastidiada!

-¡Yo no estoy de acuerdo!

-No me interesa ya tu opinión… ahora por favor vete de mi casa no quiero que vuelvas a poner un pie aquí, desde hoy no eres mas que un extraño…

-Kagome estás siendo muy injusta.

-Si hablamos de injusticias tú eres el primero en no entender lo que significa, vete de aquí por favor…

Inuyasha tensó más sus músculos y sus puños parecían reventar en cualquier momento, suspiró profundamente y después de eso dio media vuelta.

-Espero que no te arrepientas de esto Kagome porque ya no habrá remedio, tú y yo nos hemos separado para siempre…

-Que así sea Inuyasha…

La puerta se cerró y yo caí de rodillas al piso, el temblor de mis piernas ya no pudo soportar más mi actitud fingida. Por dentro sentía que el corazón se me calcinaba, acababa de arrojar de mi lado al hombre que más amaba en este mundo pero estaba claro que yo no podía seguir junto a un completo extraño. Me dolía en el alma separarme de él, la sola idea de que jamás volvería a sentir su calor, sus abrazos, sus besos y sobre todo su compañía me aquejaban profundamente; ahora los hermosos momentos que juntos habíamos vivido no eran mas que terribles estacas que se incrustaban en mi cuerpo de sólo recordarlos. Deseaba no seguir llorando pero simplemente se volvió una misión imposible, me era incomprensible que esta relación se terminara tan súbitamente, con un fin agresivo e hiriente lleno de palabras tristes. Ahora el remordimiento me invadía y por un segundo la necesidad de correr tras de él y pedirle perdón se hizo latente pero al recordar sus últimas palabras sabía perfectamente que todo había terminado en un profundo abismo.

¿Qué ocurrió el resto del día? No lo supe, ni siquiera cuando mamá llegó de su viaje tuve el reparo de darle la bienvenida, sólo permanecí encerrada en mi recamara una vez más. Posiblemente mamá pensó que me encontraba dormida durmiendo una siesta y no quiso perturbarme. No quería ser molestaba por nadie y poco me interesaba ahora si el viaje de mi madre fue un éxito o no.

Llegó el desastroso siguiente día, era hora de enfrentarme ante él, de verlo sólo como un alumno más, fingir que nunca existió relación alguna entre nosotros, comportarme como si él no existiera…

-Kagome… ¿Quieres que hablemos?

Preguntó mi hermana con suavidad camino al colegio, era obvio que estaba al tanto de la situación después de todo se encontraba en casa y mi discusión con Inuyasha había resonado hasta en el último rincón.

-No hay nada de que hablar, ya no se puede solucionar el pasado…

Respondí con tristeza y un terrible nudo en la garganta se empecinaba en aparecer.

-Vamos Kagome no te desanimes, este problema se puede arreglar tienes que considerar la posibilidad de una reconciliación.

-Aunque la considere sólo será una ilusión, el mismo Inuyasha me advirtió que ya no había marcha atrás una vez tomada la decisión.

-Inuyasha suele decir muchas tonterías y cuando está perturbado no piensa las cosas correctamente, tú lo conoces bien.

-Tienes razón en eso… quizás si hablo y aclaramos las cosas pueda haber una solución.

-No todo está perdido Kagome ¡Arriba esos ánimos!

Ya habíamos llegado a la entrada del Colegio y Sango ya se encontraba esperándonos en el mismo lugar de siempre, bajo un gran roble en el jardín principal.

-¡Hola Kagome… ¿Te encuentras bien?!

Pregunto ella desconcertada al ver mi rostro triste y demacrado.

-No mucho Sango… hay algo que tengo que contarte…

-Amiga me preocupas… si en algo puedo ayudarte ya sabes que cuentas conmigo.

Decía mientras me abrazaba fraternalmente.

-Lo sé Sango muchas gracias…

Respondí tratando de que las lágrimas son resbalaran por mi rostro. En ese momento Inuyasha había hecho acto de presencia. Caminaba en línea recta rumbo al edificio principal con la mirada fija en un solo punto y un andar lento. La esperanza de una reconciliación quedó descartada cuando él caminó de largo frente a nosotras, no saludó, me ignoró por completo, lo que indicaba que sus palabras sí fueron ciertas y que nuestra ruptura no se trataba de un juego o algún tipo de chantaje.

-¿Qué le ocurre? Ni siquiera nos saludó…

Decía Sango desconcertada y yo comencé a llorar, de inmediato Kikyou me abrazó con fuerza.

-¡Quiero irme de aquí¡No puedo enfrentarlo!

Exclamé ahogando mis sollozos en el pecho de mi hermana para que nadie me viera.

-No te acobardes Kagome, tienes que ser fuerte…

-¡No puedo¡No puedo tolerar su forma tan fría de tratarme!

-Kagome es mejor entrar a clases sirve de que te distraes un poco.

Intervino Sango que no tenía ni la más remota idea de lo que ocurría aunque muy probablemente se imaginaba que Inuyasha y yo teníamos un serio problema por la forma en que me ignoró.

-No creo tener cabeza para poder pensar en otra cosa Sango.

-La tienes que tener Kagome, no puedes dejarte abatir sólo porque la tormenta ladea un poco tu embarcación.

Enjugué mis lágrimas y juntas entramos al edificio tratando de conservar la calma. Mi amiga Sango continuaba muy confundida y pensativa pero se reservaba cualquier tipo de comentario. Al llegar al salón fui saludada por Kouga que de inmediato notó mi terrible semblante pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra Sango se había encargado de distraerlo y alejarlo de mí cuanto antes.

Con pesar me senté en mi lugar y saqué mis libros y cuadernos de la primera clase, pero sólo para aparentar que nada ocurría y ocultar el dolor que me aquejaba. El mirar a través de la ventana no dejaba de ser persistente e incluso muy prolongado. Había dedicado la primera clase a observar lo que el mundo me mostraba. Ese mundo continuo e interminable, la forma en que las personas se desenvolvían dentro de él como si la vida fuera simplemente eso… sólo un trascurrir. Ese vaivén que día a día acongoja y enriquecía a las pobres almas que se encuentran a su paso. Ahora el mundo pareciera tan pequeño e inservible a la vez… ¿De qué servía continuar con esta existencia? Ni siquiera contaba con el valor suficiente para desprenderme de este ser terrenal. Una campaña sonaba ¿Qué anunciaba? No lo sé… había perdido la noción del tiempo.

-Kagome el receso ya comenzó…

Dijo Sango acercándose a mí.

-En un momento te alcanzo Sango quiero estar sola por favor…

-Bien, cualquier cosa estaremos en el jardín principal.

Reiteró ella amablemente.

-Gracias…

En menos de un minuto el salón fue desalojado, sólo quedaba yo y de nuevo las lágrimas y el dolor. Necesitaba algo con qué desahogarme o mejor dicho alguien con quién hacerlo… pero esa persona ya no se encontraba a mi lado… entonces un papel y lápiz se convirtieron en unos buenos compañeros de soledad. Tomé mi carpeta de dibujos y comencé a esbozar lo que me venía a la cabeza. Para cuando el último trazo de mi lápiz fue dado el dibujo de un niña sonriente y feliz mirándose al espejo pareciera sólo una ilusión… porque el reflejo de si misma no era más que un ser triste y ennegrecido. Después le siguió un violín destruido y luego el piano de Inuyasha. Lucía majestuoso, aunque sólo se encontrara en tonalidades grises; por momentos sentía que mi cuerpo y alma se encontraban ese lugar e incluso pareciera que en ese instante se encontraba Inuyasha sentado frente a él tocando su hermosas melodías. Más lágrimas corrían por mi rostro, guardé de inmediato aquellas hojas sueltas en su carpeta; no quise dejarla en el salón por miedo a que alguien se atreviera a ver mis dibujos así que sequé mi cara con el puño de mi camisa y me dispuse a reunirme con Sango y mi hermana. Mi mente, mirada y andar estaban lejos de la realidad, enclaustrados en un mundo sin fin lleno de tinieblas, ni siquiera sabía por dónde me conducían mis pies, sólo pude sentir cuando había tropezado accidentalmente con alguien.

-Lo siento…

Musité mi disculpa sin mirar a ese ente puesto que mi carpeta había resbalado y con ello aquellos dibujos se dispersaban por todo el suelo. Recogí algunos de ellos y los guardé de inmediato en su lugar; aquella persona me ayudó a recoger los que aún quedaban.

-Gracias…

Comenté son sequedad sin prestar atención a ese sujeto pues me mantenía cabizbaja para que no notara que había llorado.

-Ten más cuidado…

Esa voz me impactó sobre manera, una voz que había implorado no escuchar, una voz que me atormentaba. Tan sólo volver a ver el rostro de Inuyasha había avivado más ese dolor que con tanto esmero trataba de oprimir, mis lágrimas se aferraban a salir pero yo las reprimía ya fuese por orgullo o estupidez; e incluso tuve que luchar contra una fuerza sobrenatural que me ordenaba que me arrojara a sus brazos para sentir una vez más la tibieza de su cuerpo. En su lugar permanecí parada, sin hablar, evitando a toda costa su mirada.

Su semblante era serio, frío… incluso arrogante mientras que yo me sentía cada vez más pequeña e indefensa aferrando mis manos y brazos a esa carpeta como si perdiera la vida en ello.

-No deberías andar sola… Higurashi.

¿Higurashi¿Ahora me llamaba de una forma tan impersonal¿Tan rápido me había olvidado?

-He estado sola mucho tiempo no tienes por qué preocuparte Kurosaki…

Respondí llena de rencor e indignación.

-Bien…

Y dicho esto ascendió por las escaleras dejándome completamente sola.

-¿Ya estás mejor?

Preguntó Sango cuando me reuní con ella y mi hermana en el jardín.

-Me… acabo de encontrar con él…

Comenté con tristeza y por el semblante ellas omitieron cualquier tipo de comentario.

-Kagome me tomé la libertad de explicarle a Sango la situación pensé que no te agradaría hablar sobre el tema.

-Gracias Kikyou… yo no hubiera tenido la fuerza para contar esa terrible historia.

-Amiga la verdad me es imposible creer que ustedes ya terminaron, es inconcebible que ese gran amor concluyera en la nada.

-Ya todo está perdido… perdí a Inuyasha para siempre.

Respondí sibilante, ya no deseaba saber si existía o no una posibilidad… mi derrota era inminente.

-Kagome por favor no te desanimes, verás que encontraremos alguna solución si es posible yo hablare con él y…

-No Sango… hacer eso empeoraría más las cosas, Inuyasha no es ese tipo de persona.

-Sólo dale tiempo Kagome, por el momento es precipitado que traten de solucionar sus diferencias quizás en unos días ambos se encuentren más relajados y despejados, así podrán platicar.

Decía mi hermana tratando de infundir cierta esperanza, una esperanza que ya no la consideraba en mis cálculos y por lo tanto me resultaba inverosímil.

-Es mejor que me vaya… ya no puedo con esto…

Respondí tajante mientras me levantaba de mi lugar sin desprenderme de mi carpeta que aún llevaba en brazos.

-¿A dónde vas Kagome?

Preguntó Kikyou preocupada.

-Descuida estaré en casa, quiero estar sola.

Di media vuelta y corrí hacia la salida. Corría y corría por las calles sin percatarme de mi rededor. Tan sólo seguí mi camino de regreso a casa como una simple rutina, una acción automatizada que me había traído con bien a mi hogar.

Al entrar en mi habitación lo único que se me ocurrió fue tomar mi violín, ese hermoso regalo que recibí del hombre que más amaba y que por estúpida perdí. Toqué llena de desesperación y angustia. No me detenía, la sensación era simplemente demoniaca, un demonio ansioso por devorar la sangre de su presa. Trataba de morir bajo aquellas cuerdas en dónde solamente podía encontrarme conmigo y de esa forma encontrar un poco de paz.

Ya había trascurrido una semana desde mi ruptura con Inuyasha, la situación en el Colegio fue demasiado intensa, por un lado la presión y el dolor de ver a Inuyasha todos los días; él continuaba ignorándome y viceversa. Miroku como muestra de amistad permanecía cerca de su amigo y de vez en cuando se acercaba a nosotras para platicar de temas totalmente ajenos a mi fallida relación, se empañaba haciéndonos reír o molestando a Sango con su coquetería y sabía perfectamente que su intención era por lo menos robarme una sonrisa entre tanta depresión. Por otro lado Kouga se mostraba mucho más amigable conmigo y prácticamente se había convertido en mi sombra, siempre trataba de alegrarme o distraerme, juntos estudiábamos los terribles problemas de algebra que a mí tanto se me complicaban, su compañía por lo menos me ayudaba a no pensar tanto en Inuyasha. También se encontraba el problema latente de Megumi, que no había perdido la oportunidad para mofarse de mi desgracia en público, humillándome con palabras e insultos hirientes frente a la clase.

En esa semana Inuyasha no había tocado su piano ni una sola vez y por el contrario yo me aferraba más tocando mi violín como muestra de desahogo y un aliciente que me ayudaba a superar un poco mi desdicha y quizás también quería demostrarle a Inuyasha entereza, aunque ésta sólo fuese fingida.

También se había acercado la fecha en que Kikyou debía de viajar a Rumania para concursar en el Campeonato Gimnástico y por consiguiente se ausentaría por espacio de quince días. Mi madre también tenía que viajar a Hong Kong en vista de que la exposición sobre el arte japonés comenzaba a realizar su gira por todo el mundo. Ambas se preocupaban por no dejarme sola debido a mi estado anímico pero yo las convencí de que estaría bien y que permanecería sólo en la escuela y en casa.

-Kagome no me tranquilizan tus palabras…

Insistía Kikyou que ya había decidido no asistir al campeonato.

-Por favor Kikyou ve a tu campeonato tienes que ganar el primer lugar, sea como sea tienes que ganarlo promételo o de lo contrario jamás te dirigiré la palabra…

-Eso es muy tramposo de tu parte pero no tengo más remedio que reconocer que por esta vez te daré ese gusto.

-Mucha suerte hermana cuídate mucho.

Decía yo mientras me despedía de ella un viernes en la mañana en el autobús que la llevaría hacia el aeropuerto. Sentí tristeza por su partida pero por un lado debía de sentirme contenta porque al menos ella se encontraba realizando su sueño igual que mamá que dos días antes había emprendido también su viaje. Ahora si que había quedado completamente sola… salvo la compañía de Sango, Miroku y Kouga.

Esa misma tarde habíamos quedado en reunirnos después de clases al fin y al cabo sería viernes y podíamos ir a ver una película juntos.

-¡Que emocionante sería que tu hermana ganara el primer lugar¿No crees Kagome?

Comentaba emocionada Sango.

-Si.

Respondí con tono aburrido y serio, en otra situación compartiría el mismo entusiasmo que mi amiga pero hoy mis ánimos estaban muy por debajo de lo normal.

-Vamos Kagome no te preocupes ellas regresarán muy pronto sólo son unos días.

Decía Sango al ver mi desinterés por su comentario, era más que obvio que extrañaba a mi familia en estos momentos.

-Es que nunca me había alejado de ellas tanto tiempo.

Insistí yo con cierto dolor.

-No te preocupes ya verás que hoy nos divertiremos en grande.

-Si tienes razón Sango es mejor que me anime un poco…

El receso había terminado y las clases continuaban. Horas después mis amigos y yo nos despedíamos.

-Pasaremos por ti a las cuatro.

Comentó Kouga emocionado.

-Si, hasta luego.

Cada quién se dirigió a su casa, la verdad es que yo me encontraba aburrida y con pocos ánimos de salir pero no podía desairar a mis amigos puesto que ellos se empeñaban en animarme.

Ya eran las 3:45 PM y mi móvil comenzó a vibrar, era un mensaje de texto, un mensaje de Inuyasha…

"Te espero en el departamento a las 5:00 PM necesito platicar contigo ya no puedo más con este dolor…"

No sabía si gritar de la emoción o llorar ¡Por fin Inuyasha había accedido a mis deseos y por fin solucionaríamos nuestras diferencias y quizás todo regresaría a la normalidad!

De inmediato me comuniqué con Sango y cancelamos nuestra cita. Como loca busqué la mejor ropa que podía tener, me arreglaba para gustarle a Inuyasha. Tardé casi una hora en alistarme, salí vestida con una falda larga de mezclilla bordada con pequeñas flores ocre y verde olivo en el costado derecho y una blusa de tirantes color amarillo pastel así como unas zapatillas del mismo tono. Me había maquillado y perfumado exclusivamente para que me viera hermosa y que él desistiera de la idea de arrepentirse en el último momento.

Tomé un taxi fuera de mi casa y en pocos minutos ya me encontraba frente al condominio. Pagué la tarifa y en cuanto di un par de pasos alguien me había colocado un pañuelo en la boca y me sostenía con fuerza de los brazos. Trataba de defenderme pero al sentir como aquel terrible olor penetraba por mis pulmones mi cuerpo se desvaneció poco a poco hasta que sólo quedó la oscuridad.

Cuando desperté me encontraba sobre una mullida cama atada de manos y piernas con una soga, para colmo me encontraba amordazada. Miré a mi rededor, me costaba un poco de trabajo distinguir el lugar en el que me encontraba pero el olor nauseabundo a cloaca era persistente, la habitación estaba alumbrada sólo por un foco ubicado en la parte central y que continuamente hacía falso contacto alumbrando de manera intermitente el lugar, al parecer no había nadie. En la pared de enfrente había una vieja y oxidada puerta de hierro, traté de levantarme pero no podía así que fue inevitable mi caída. El piso estaba terriblemente sucio, lleno de ratas, cucarachas, arañas y otras alimañas de las cuales no me interesaba saber su nombre al ser tan horrendas. El ambiente era horripilante y mis gritos eran ensordecidos por aquel pedazo de tela incrustado en mi boca. La puerta se abrió y varios sujetos entraron. Dos de ellos llevaban arrastrando un cuerpo… era Inuyasha que sangraba de la ceja y la boca.

-¡Kagome!

Gritó angustiado mientras trataba de librarse de sus captores. Yo también pronuncié su nombre que fue más un quejido que palabra.

-Vaya por fin despiertas Kagome…

Aquella voz provenía del mismo Náraku que me sonreía con malicia, se encontraba parado frente a mí con los brazos cruzados y su típico semblante vampírico.

-¡Déjala en paz!

Gritó Inuyasha nuevamente.

-Recuéstenla en la cama.

Ordenó el maldito a dos tipejos que se encontraba detrás de él y acto seguido me levantaron y colocaron sobre el pútrido colchón.

-¡Qué es lo que quieres de nosotros maldito!

-Ya te dije que sólo quiero divertirme un rato Inuyasha…

-Deja ir a Kagome ella no tienen nada que hacer aquí.

-Ella tiene mucho que hacer en este lugar, es parte de mi venganza… te advertí que pagarías muy caro haberte entrometido en mi dulce conversación con Kikyou el otro día y ella a su vez pagará por despreciarme una segunda vez…

Pronunció con rencor y rabia aquel hombre.

-De mi has lo que quieras pero deja en paz a Kagome.

-No Inuyasha, golpearte y matarte sería muy aburrido… quiero que sufras, quiero que Kikyou sufra y que mejor sufrimiento que ver el dolor de su querida Kagome… ah pero lo olvidaba ¡Ustedes ya no son novios!

-Eso no te importa Náraku no tengo por qué contarte mi vida personal.

-Siempre creyendo ser muy valiente en los peores momentos, por eso es que fracasas, porque nunca mantienes la cabeza fría y la mente despejada; por tus arrebatos ni siquiera te percataste cuando te quité esto en el gimnasio…

De las manos de Náraku colgaba el móvil de Inuyasha.

-Así es Inuyasha, yo fui quién robo esta porquería para poder mandarle un mensaje a tu amada diciendo que habías decidido reconciliarte con ella y por eso la cité en el departamento que ustedes tanto frecuentaban.

-¡Eres un desgraciado, un maldito…!

Exclamó Inuyasha lleno de rabia.

-Al parecer la vida de tu ex novia se ha vuelto muy tormentosa con su ruptura; todo mundo habla de ustedes, los señalan, se mofan de ella porque tú sólo te divertiste un rato… ¿Recuerdas a Megumi? Bien yo me encargué de comentarle que habías terminado con Kagome y por lo tanto la noticia se trasmitió en un espacio de pocas horas en todo el Colegio, que mejor forma de utilizar a la peor enemiga de Kagome para mis propósitos.

-¿Cómo es que lo supiste desgraciado?

Cuestionó Inuyasha colérico.

-Te olvidas que siempre mantengo vigilada a Kikyou, ese día estaba tan agobiada por la desgracia de su hermana que ni ella ni la inútil de Natzume se percataron que había escuchado cada palabra de su conversación, en ella me enteré de dos cosas muy importantes… una fue el final de tu noviazgo y la otra…

Náraku clavó una mirada asesina hacia Inuyasha y apretó sus puños con tal fuerza que las venas de las manos comenzaban a brotarle al punto de la explosión y entonces le propinó un fuerte golpe en el estómago a Inuyasha.

-No sabes cuánto te aborrezco infeliz… ¡Por tu culpa Kikyou es incapaz de amarme¡Por qué tenías que ser tú el dueño de su amor maldito engendro!

Inuyasha recibía un golpe tras otro en la cara por parte de Náraku y él aunque intentaba defenderse no lograba obtener ningún éxito al ser fuertemente sostenido de las extremidades por aquellos gorilas. Una vez saciada su furia, Náraku respiró hondo y conservó de nuevo su semblante serio.

-Esa es la principal razón por lo que los he traído aquí a los dos… para vengarme de ti Inuyasha, por interponerte en mi camino y robarme el amor de de mi vida, como castigo Kikyou recibirá una lección que jamás olvidará…

-No te tengo miedo Náraku tus amenazas me dan risa…

Comentó Inuyasha en son de burla.

-¿Risa? Entonces no creo que te importe si hago esto…

Acto seguido Náraku se acercó a mí y con fuerza desgarró mi blusa dejando a la vista mi sostén.

-¡Déjala no la toques!

Gritó Inuyasha horrorizado mientras que yo trataba de desatarme y huir de ese lugar pero Náraku apuntaba una pistola hacia Inuyasha que trataba de librarse de las garras de esos sujetos.

-Muchachos amárrenlo.

Un último golpe en el estomago, esposaron a Inuyasha en las muñecas y luego lo ataron a unas cadenas que colgaban del techo, de esa manera su cuerpo pendía en el aire.

-Así no me darás más problemas Inuyasha… a mi nadie me reta y mucho menos se mete en mi vida personal… en realidad no entiendo por qué te alteras si ustedes ya no se quieren.

-¡No te atrevas a tocarla!

-¿Qué harás si me atrevo?

Yo estaba aterrada y no dejaba de llorar e intentar gritar. Náraku ahora llevaba un cuchillo en la mano, me amenazaba.

-Tu hermana se cree muy valiente, no valora mi amor, ella a mi lado sería una reina tendría todo… poder, riquezas, campeonatos, joyas… ¡Pero no! la muy ingenua prefirió permanecer en la mediocridad y fijarse en esa basura de Inuyasha; eso no puedo tolerarlo así que tendré que encaminarla por el bien aunque sea por la fuerza para ver si de esa forma entiende que nadie más va amarla como yo.

Metió el cuchillo entre la mordaza y mi mejilla derecha, con fuerza tiro de él provocando que la tela cayera y que yo por fin pudiera hablar libremente.

-¡Eres un maldito¡Déjanos en paz!

Grite desesperada golpeándolo con mis brazos y alejarlo de mi cuerpo.

-No seas ridícula Kagome, además… ¿No te da vergüenza estar semidesnuda ante mí?

Inútilmente traté de ocultar mi pecho de las miradas fugaces de aquellos sujetos y del propio Náraku.

-¡Kagome huye de aquí!

Grito Inuyasha que trataba de librarse de sus ataduras.

-No querida, la diversión apenas comienza…

Recibí un beso abrasivo, tan cruel que me lastimaba, inútilmente traté de librarme de él.

-¡Náraku por lo que más quieras no le hagas daño por favor!

Imploraba Inuyasha.

-Es tan suculento ver como me imploras compasión Inuyasha… dame una razón suficiente para que no la toque…

-Ella está embarazada, espera a mi hijo, por favor no la lastimes…

¿Qué clase de disparate había dicho Inuyasha? Yo no estaba embarazada y la estridente risa de Náraku denotaba que no se había tragado esa mentira.

-Así que la mojigata de la hermana menor y tú ya se han revolcado, y yo que estaba tan ilusionado por ser el primero… al parecer esto no será tan difícil Kagome ya sabes de que se trata esto; no te preocupes por tu hijo, no le pasara nada y si algo le ocurre tendrás que agradecérmelo porque de esa manera ese bastardo jamás llegará al mundo…

-¡No Náraku, por lo que más quieras no me hagas nada, te lo suplico haré lo quieras pero déjanos ir…!

Suplicaba entre sollozos.

-Al parecer tú tienes mejor sensatez que el inútil de tu ex novio, bien Kagome mi única condición para dejarlos ir en paz es que convenzas a tu hermana de que sea mi esposa, no tienes idea cuánto ansío acostarme con ella.

-¡Eso jamás¡Nunca pondrás tus asquerosas manos en mi hermana!

-Que desilusión Kagome, entonces tendré que conformarme contigo, ustedes se parecen tanto que ahora siento que eres Kikyou.

Las manos de Náraku recorrían mis piernas, mientras que yo desesperada, trataba de liberarme de él. Inuyasha gritaba enloquecido al no poder ayudarme, luchando contra esas cadenas que lo alejaban de mí.

-¡No me toques¡Aléjate me das asco!

Gritaba con angustia y demencia al sentir como sus manos recorrían la parte interior de mis muslos, ya me había liberado de mis ataduras y yo me aferraba a escapar de ese terrible lugar.

-Estás preciosa y hueles delicioso, verás que muy pronto sentirás un enorme placer, puede que te guste estar más en mi cama que en la de Inuyasha.

-¡NO¡NO¡AYÚDAME INUYASHA¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!

Gritaba enloquecida cuando aquel animal salvaje me desprendía de mi ropa hasta dejarme completamente desnuda. Lloraba, imploraba piedad, no quería que mi cuerpo fuera ultrajado de una manera tan vil; golpeaba a Náraku por todos lados, con mis brazos y piernas lo alejaba de mí…

-Kagome si insistes en moverte como un gusano tu querido Inuyasha sufrirá las consecuencias… por cada rebeldía tuya recibirá una puñalada en el cuerpo así que tú decides si quieres que siga con vida… si no, puedes revolcarte todo lo que quieras después de todo hoy serás mía.

Mire a Inuyasha, estaba aterrado y desesperado por liberarse.

-¡Yo no importo Kagome¡No te preocupes por mi defiéndete¡No dejes que te toque!

¿Qué podía hacer? Si continuaba mostrando renuencia matarían a Inuyasha… no, no podía permitir eso, tenía que soportar la presencia de este monstruo me gustara o no la vida de mi amado dependía de eso. Lentamente relajé mi cuerpo, mis golpes habían cesado e Inuyasha mostró un rostro lleno de terror.

-Perdóname por favor…

Fue lo último que pronunció mi boca, las palabras ya no salían más que mis incontrolables lágrimas. Náraku sonrió y de inmediato se desprendió de su ropa.

-Observa Inuyasha… observa mi venganza... observa como le doy a esta mujerzuela placer…

Cuando sentí el cuerpo desnudo de aquel tipo sobre el mío no pude evitar tratar de alejarme de él…

-¿Qué ocurre Kagome¿Has cambiado de idea¿Prefieres que ese inútil muera?

-Por favor… ya me has humillado, estoy aquí a tu merced suplicándote piedad, por favor no lo hagas ya estás cobrando tu venganza por amor de dios déjanos ir…

-Mi venganza apenas empieza Kagome… así que relájate.

Mis suplicas no sirvieron de nada, tan solo el sentir la asquerosa lengua de ese sujeto sobre mi cuerpo me hacía sentir mucho mas inmunda que él, deseaba que esto fuera un sueño imploraba que sólo fuera una pesadilla, miraba a mi desesperado Inuyasha intentando desatarse… algo gritaba pero yo ya no entendía, había cerrado mis ojos y dejado mi cuerpo a merced de ese sujeto, sintiendo como me besaba el cuello, como lastimaba mi pechos con esos besos agresivos, con esas manos violentas carentes de toda ternura, con el horrible sabor de su boca por todo mi cuerpo, Náraku me trataba como si sólo fuera yo un jugoso pedazo de carne siendo destazado por lobos. Daba asco sentir su horripilante erección sobre mis muslos, ese olor pútrido proveniente de su abominable sexo.

-¡NOOO!

Grite llena de dolor al sentir como ese tipo me penetraba de una manera violenta. Dolía como nunca, como si clavaran una filosa daga que destruía mi interior poco a poco.

-¡INUYASHA QUÍTAMELO¡AYÚDAME POR FAVOR¡ME DUELE¿POR QUÉ NO ME AYUDAS?

Imploraba estirando mis manos para alcanzarlo, Inuyasha se revolcaba en su propio lugar y también lloraba, por primera vez lo veía llorar, en ese momento entendí que él no podía hacer nada para salvarme…

Náraku gemía y pronunciaba las obscenidades más vulgares que jamás hubiera escuchado. Ya no me encontraba consiente de lo que mi boca decía, sólo gritaba desesperada rogando porque este terrible momento terminara, cada embestida me provocaba un intenso dolor tanto en el alma como en mi cuerpo. Era abominable ver cómo ese sujeto se deleitaba con mi ser, las nauseas terribles que me provocaba al darme cuenta que yo era la causante de ese enfermo placer. Su forma de amar era tan sucia, violenta, bestial… que prefería mil veces soportar este sacrificio a cambio de que mi hermana jamás atravesara por esta terrible situación.

-¡OH KIKYOU¡MI HERMOSA KIKYOU POR FIN ERES MÍA!

Gritó eufórico ese demonio mientras llegaba a su clímax. Náraku deliraba, me confundía con mi hermana. Yo sentía que la cabeza me estallaba del dolor hasta que por fin los movimientos de ese malnacido cesaron. Yo sólo podía limitarme a llorar, veía a Inuyasha con un semblante de absoluto shock, con la mirada perdida y el rostro sangrante.

-Jefe déjenos divertirnos a nosotros también…

Decían los cuatro sujetos restantes que me miraban con lujuria cual hienas hambrientas listas para devorar a su presa; me horroricé al imaginarme a esos sujetos abusando de mi cuerpo y quizás me escondí más en el cuerpo de Náraku a manera de protegerme.

-¡Imbéciles¡Salgan ahora mismo de aquí¡Nadie va a tocar a mi adorada Kikyou!

Los hombres salieron decepcionados y furiosos.

-¡Ya Náraku por favor… ya cumpliste tu propósito, déjame ir, has obtenido lo que querías!

-Aún no corazón quiero más de ti… no puedo creer que te tenga por fin Kikyou…

-¡YO NO SOY KIKYOU!

De nada servía gritar que me confundía con mi hermana, ese sujeto se encontraba bajo los efectos de la droga y ahora alucinaba.

-¡MALDITO NÁRAKU YA NO LA TOQUES, NO LA ENSUCIES CON TU INMUNDICIA!

Gritó Inuyasha, pero Náraku se había encapsulado en su propio mundo, ahora mi cuerpo no era más que objeto del deseo y la lujuria.

No supe cuántas veces ese monstruo me violó de las formas mas abominables e inimaginables, de lo que sí estaba segura es que me acaba de destruir por completo la vida y sobre todo el alma. Por primera vez deseaba que llegara un desmayo para así no recordar estos horribles momentos y por fin, el asqueroso cuerpo de ese hombre se apartó de mi cuando hubo satisfecho su ambición. Yo de inmediato me encogí como un ovillo para cubrir mi desnudez y protegerme. Permanecí recostada mientras veía como ese hombre se vestía.

-Si alguno de ustedes se atreve a denunciarme lo pagarán con muerte, pero no se sientan contentos de que será su vida… Inuyasha si abres la boca tus padres morirán… no creas que el incendio de hace unos meses en Italia fue simple coincidencia… los tengo vigilados y cualquier tontería tuya los mandará al instante dos metros bajo tierra y tú Kagome… no tienes pruebas de que fue una violación, fue por voluntad propia, no tienes marcas en la piel, ni golpes que me delaten… cualquiera pensaría que te entregaste a mi por puro placer en vista de tu rompimiento con Inuyasha… no creo que sea muy agradable para ti denunciarme y tener que atravesar por todos esos interrogatorios y exámenes por parte de la policía, sin olvidar el terrible escándalo que provocarías, así que si hablas tu familia también morirá; ya están advertidos los dos.

Náraku se acercó a mí y como autodefensa retrocedí, mi cuerpo no dejaba de temblar.

-Eres tan patética Kagome… aunque no puedo negar que eres muy buena en la cama, tus gritos y gemidos eran música en mis oídos, me has hecho pasar un excelente día… quizás en algún momento volvamos a repetir este encuentro; te prometo que la próxima vez seré mas gentil y amoroso y te brindaré un ambiente adecuado digno de una mujer tan pasional como tú; no quieras engañarte a ti misma diciendo que fue doloroso, lo disfrutaste… yo vi tu rostro lleno de placer, eso sin olvidar la forma tan excitante en que te revolcabas y te aferrabas a mi cuerpo pidiéndome más… Inuyasha ahora te comprendo, debiste disfrutar mucho a lado de esta zorrita... es una diosa… una perfecta amante.

Náraku reía con maldad, con una risa proveniente del mismo infierno retumbando una y otra vez en aquellas paredes ensordeciendo mis oídos, sus comentarios me habían perturbado definitivamente… ¿De verdad yo había demostrado pasión en lugar de sufrimiento¿Es por esa razón que Inuyasha se encontraba enloquecido? Repentinamente aquel tipo aventó una pequeña llave a mis piernas y después dio media vuelta.

-Con esa llave liberarás a ese bueno para nada que no supo defenderte… yo no hubiera querido hacerte pasar por este momento tan romántico... pero… las circunstancias me orillaron, si hay alguien a quien tienes que odiar es precisamente a ese cobarde y a tu querida hermana.

Dio unos pasos hacia la salida y se detuvo…

-¡Ah felicidades por el futuro bebé! Al menos deberías agradecerle a la vida que te dieran la dicha de ser madre Kagome… aunque lástima de padre…

Y desapareció detrás de aquella puerta. Inuyasha permanecía colgado, cabizbajo sin fuerza alguna, su cuerpo se mecía con lentitud hacía un lado y otro. Yo en cambio lloraba en silencio y permanecí encogida, envuelta en el frío y asqueada de mi misma. Cuando tuve la fuerza de levantarme un intenso dolor en mi vientre se hizo presente, caminé unos pasos y después caí de rodillas, tarde mucho en ponerme de pie; mis pasos eran muy torpes, las piernas me temblaban a medida que avanzaba desnuda hacia Inuyasha. Incrusté la llave en los candados para liberarlo y al instante su cuerpo se desplomó en el suelo, yo ni siquiera contaba con las fuerzas para ayudarlo y regresé de nuevo a esa asquerosa cama.

Continuará...


Ok ok no me odien por ser tan mala pero es algo que no pude evitar...

Bien ya sé que me tardé mucho con la continuación pero apenas acabo de salir de vacaciones y ya tengo tiempo para poder seguirle. Muchas gracias por los reviews y por el apoyo que me han brindado y también por la lata que doy con estos capítulos tan extensos como bien dijo Mich Sama... pero la verdad no me importa jajaja. Ok se cuidan y ya estaremos viéndonos pronto en el siguiente capítulo que también estrá igual de... infortunado. Bye.