SUPERNATURAL: WINCHESTER BUNCH

Adam: 13 años

Sam: 16 años

Dean: 20 años.

Cuando John y Sam llegaron, John enseguida mandó a Sam a guardar "las herramientas". John quería hablar a solas con Dean así que tras saludar a Adam, y hablar un poco sobre como ha ido en casa de la familia de Jeff. Le pidió a Sam que fuera al pueblo a comprar algo de fruta fresca y comida para la semana y que se llevara a Adam para que le ayudase. Una vez los pequeños de la casa estuvieron fuera. Dean le puso al día de lo que había pasado en su ausencia. 2 días habían dado para mucho.

John se sintió abrumado con todo lo que Dean le estaba contando, sobretodo con la charla que habían tenido los 2 hermanos esa misma mañana en el coche. Era de esperar. John estaba destrozado y era un adulto. Y cómo Adam había dicho, aun le quedaban Dean y Sam. Pero a Adam no le quedaba nada, le gustaría decir que le tenía a él. Y así era. Lo tenía, él era su padre y no iba a dejar que nada malo le pasara. Pero eso no quitaba que el chico tuviera un poco de razón en sentirse como se sentía. Adam también era un poco desconocido para John.

Y si, John necesitaba ese trabajo. Necesitaba huir de la realidad y centrarse en un trabajo. Pero no lo había logrado del todo, durante toda aquella miniescapada su cabeza no había dejado de pensar en el muchacho.

Dean tenía parte de razón el niño era una bomba de relojería a punto de estallar. John no era un experto en hablar sobre sentimientos, pero si que era un experto en el dolor de perder a alguien querido.

Tenía que encontrara la forma de hablar con el niño. Aunque estaba totalmente perdido. Como le debía decir que tenía que aprender a vivir con esa pérdida cuando él aun no lo había logrado.

Él se refugiaba en la caza. Pero Adam no podía, ni él quería, que lo hiciese. ¡Maldita sea! Había sido un iluso al creer que el niño se levantaría y reharía su vida sin más. No era un iluso, era un cobarde.

John Winchester era un cobarde. Había huido de su deber como padre durante toda la vida del muchacho. John se excusaba con que Kate lo hacía mejor que él, y que ella no quería un padre para sus hijos. Ella quiso ser madre. Kate se sentía sola. Con la muerte de su marido había perdido toda su familia, y aquella era su oportunidad de tener de nuevo una familia.

Pero no lo iba a negar aquello era muy cómodo para John. John solo tenía que aparecer un par de veces al año, llevarlos de paseo, ir algún que otro partido o festival escolar y ya está. Con eso su conciencia estaba silenciada. Cuando supo que Kate estaba muerte fue un doble golpe para él. Primero porque realmente la tenía en estima. No la amaba, no. Pero la apreciaba y le tenía cariño y no podía parar de pensar que en parte era culpa suya que ella estuviera muerta. Él estaba en cierta manera maldito. Y segundo, porque no sabía cómo se la iba a apañar con 4 críos. Dos de los cuales eran totalmente indefensos. Saía que Dean y Sam eran capaces de protegerse así mismo. No tan solo de cosas sobrenaturales sino también de cosas más mundanas. Habían sido entrenados para el combate. Había crecido rodeados de cazadores, armas y tretas, John los había educado en una disciplina casi castrense. Pero Eve y Adam eran el polo apuesto. Habían crecido en una especie de capítulo azucarado dem los Brady Bunch. Donde los vecinos son amigos, la gente es buena y si eres bueno te pasan cosas buenas. En un mundo donde no había monstruos ni hijos de puta. En el mundo en que todos los niños deberían crecer. Pero era un mundo que estaba vedado para los Winchester.

Dean sugirió buscar ayuda externa, como un psicólogo, Adam y Sam empezarían las clases en breve y todas las escuelas tenían psicólogos. Pero John sabía que no había forma que Adam pudiera hablar de la muerte de su hermana y su madre sin mencionar al multiforme. Y los civiles, no podían saber de su verdadero trabajo. Quizás el pastor Jim. Pero John odiaba tener que acudir a él. Era muy buen cazador pero no podía dejar a parte que también era un hombre de dios. Ni John ni el mismo pastor Jim.

John volvía al punto de inicio ¿Qué hacer con Adam? El niño lo estaba pasando mal. Eso era ya una realidad. Y John no sabía como hacer para disminuirle un poco ese dolor y hacerle el inevitable trámite del luto menos traumático. Y tras la charla con Dean un nuevo temor, las palabras de Adam le ponían la piel de gallina. ¿Cómo podía un niño de solo 13 años podía desear estar muerto?. ¿Cómo alguien como Adam, alegre y despreocupado podía ni tan solo imaginar algo tan terrible? John era de la vieja escuela, los niños debían ser valientes, alegres, temerarios y fuertes. Y Adam en esos momentos no era nada de eso.

Cuando Sam y Adam volvieron, John seguía tan perdido como cuando llegaron a esa casa, John diría que incluso más. Cenaron en silencio. Ese silencio que precede la tempestad. Cuando hubieron acabado John le dio unos billetes a Sam y le dijo a Dean, que fueran al pueblo al cine o los recreativos a lo que fuera que hubiera en aquel pueblo para que los jóvenes pasaran su tiempo libre. Dean tomó a Sam por el cuello y se lo llevó, no sin antes echarle una mirada tranquilizadora a Adam. El chico se veía igual que un conejo atrapado en la madriguera de un lobo. Adam estaba asustado, tenía una corazonada que su padre iba a darle la paliza de su vida. Y lo cierto es que no sabía porque. No entendía porque se había comportado así con Bobby. Él estaba enfadado con John. No con aquel tipo barbudo y dejado. Había sido un idiota. Lo sabía. Pero no creía que se mereciera una paliza, no de un tipo que salía con el rabo entre las piernas.

- Hijo, tú y yo tenemos que hablar. Ya no lo podemos aplazar más. Siéntate. (John dijo indicando que se sentara en el sofá, había cansancio en su voz, pero de su rostro emanaba calidez)