SUPERNATURAL: WINCHESTER BUNCH

Adam: 13 años

Sam: 16 años

Dean: 20 años.

John y Adam subieron a la camioneta y pusieron rumbo a la pequeña cabaña de pesca que el amigo de Bobby muy amablemente les había cedido. Adam era el único de sus hijos que compartía con él la afición por la pesca. Sam solía llevarse un libro y Dean, Dean simplemente era demasiado movido para la pesca. Si que había ido varias veces con los muchachos de pesca pero nunca había sido el tipo de actividad padre-hijo que John tenía en mente. Protestas, malas caras o gansadas. Nunca era un momento de paz, introspección y estrechar lazos como le hubiera gustado a John. Pero con Adam era distinto. El chico era una cotorra, pero cuando iban a pescar, se transformaba, se volvía dócil y tranquilo. Daba gusto. Los dos solos en una barca esperando que los peces picaran. De vez en cuando una mirada de complicidad. Y buenas charlas a la hora de cocinar aquello que se había pescado o alrededor de un buen fuego justo antes de ir a dormir.

Al llegar a la cabaña, John se apresuró a ver que todo estuviera correcto. La cabaña tenía 2 literas. Un sofá trotinado, una mesa de madera con 6 taburetes, un fregadero roñoso, una estantería con unas latas y unas tazas y platos, una estufa de madera y polvo, mucho polvo. No estaríamos exagerando si decimos que esa cabaña no ganaría ningún premio de decoración o lujo. Por no tener, no tenía ni aseo. No había luz, no había gas, y el agua era de depósito. Pero a ninguno de los dos les importó lo más mínimo. No habían ido a un spa habían ido a pescar. Y si la cabaña era una mierda. La barca era una joya. Una gran barca, muy bien cuidada, con un motor potente pero no muy ruidoso. Hasta tenía una neverita, para dejar el pescado o para guardar las cervezas. De todas las barcas en que había ido Adam, aquella era sin duda la mejor de todas. Se pasó un buen rato admirándola.

- ¿Estás contento, Adam?

- Si, es genial, está es la mejor barca de todas, papá. Seguro que vamos a pescar un montón de peces.

- Seguro (John estaba alegre de ver a Adam ilusionado con algo).

- ¿Crees que habrán muchas truchas?

- No, lo sé, pero me han dicho que hay unas tencas enormes.

- Nunca he pescado una tenca (Adam estaba excitado).

- Creo que el cebo que nos ha dejado Bobby ya nos vendrá bien (enseñándole el cubo).

- venga, papá (agarrando las cañas)

- Quieto, grumetillo. Primero hemos de dejar las cosas, llamaré a tus hermanos para decirles que hemos llegado y (John estaba riendo, por el ímpetu de Adam)

- venga papá (poniendo un poco de pucheros), eso lo podemos hacer después, porque no vamos primero un ratito y después ya

- Adam (en tono de advertencia pero a un muy suave) mira, tú deja nuestras cosas en la cabaña. Y yo mientras llamo a tus hermanos ¿ok?

- vale, pero note enrolles mucho (intentando agarrar todas las bolsas y botes a la vez)

- ¡Adam! Como rompas algo te la cargas, ninguno de esos aparejos es nuestro. Y tienen pinta de ser muy buenos y muy caros.

- joooooooooo vale, (y agarró una cosa en cada mano).

- ¿Y con que piensas abrir la puerta? (Adam sonrió y empujó la puerta de una patadita).¡Adam!

- ¿Qué? (haciéndose el inocente) Es una puerta robusta, ni le he hecho un rasguñito (divertido) ves.

- Adaaaam (esta vez el tono de advertencia no era tan suave).

- vale, vale (sin dejar de sonreír)

John respiró hondo. Y cuando el chico estuvo dentro de la cabaña, sonrió. Agarró el telefóno y llamó a Dean puso el manos libres, para poder ir sacando cosas de la camioneta mientras hablaba con su hijo mayor.

- Dean-o

- ¡Hey! papá. ¡Ni una hora y ya estás de tan buen humor! Menudas sardinas debe haber.

- Dean, no hay sardinas en los lagos, cuantas veces te lo tengo que repetir (haciendo como si le molestara)

- ok, ¿qué tal la cabaña?

- perfecta.

- ¿y qué tal Adam?

- encantado.

- Ya seguro (a Dean le parecía imposible que alguien de menos de 40 años le pudiera gustar la pesca y mucho menos el culebrilla de Adam).

- Mañana volveré a llamar, a la misma hora.

- Ok, pasadlo bien.

- Gracias, hijo. Cuida de tu hermano. Nos vemos el domingo a la noche.

- Si, señor.

John colgó y fue a ayudar a su hijo en lo que quedaba por entrar en la cabaña. Una vez metieron la barca en el agua a Adam le faltó tiempo para subirse y escoger, según él mejor asiento y la mejor caña. La mañana transcurrió tranquila. Solo pescaron un par de tencas y una carpa. No gran cosa, pero si lo suficiente como para hacer una comida copiosa. John y Adam recogieron la barca y las cosas de pescar. Se pusieron a limpiar los pescados, y a cocinarlos. Era ese el momento que John encontraba más fácil de acceder a su hijo. Estaba tranquilo, e un humor excelente e incluso parecía alejado de cualquier problema o sufrimiento.

- No está mal ¿no?

- Bueno, seguro que esta tarde pescaremos un montón. ¿Por qué después volvemos, verdad?

- ¿no te apetece dar una vuelta? Caminar un poco, respirar un poco de aire libre (Adam iba poniendo a cada palabra más y más morros)

- papá, dijiste que vendríamos a pescar. Y solo hemos pescado 3 horas.

- ¿Te quieres pasar los 3 días en la barca? (la mirada de Adam se iluminó).

- ok. Ok. Después de comer y recoger (haciendo hincapié a lo de recoger) volveremos a la barca.

- ¡Yupiiiii! (se lanzó a l cuello de John y lo abrazó, en cuanto se dio cuenta se separó de John como si de un leprosos fuese)

- jajajaja (John empezó a reírse. Adam se puso colorado como un tomate) Pero en cuanto empiece a oscurecer nos volvemos. Y Adam que nos conocemos, nada de "un ratito más", "5 minutos más" "un momentito". En cuanto empiece a oscurecer.

-siiiiiiiiiiiii (poniendo una mueca de disgusto)

- Adam, hablo en serio, como te pongas tonto, agarro las cosas y nos volvemos para casa.

- Vale, cuando anochezca nos volvemos.

- No. Yo he dicho cuando empiece a oscurecer (remarcando lo de empiece mientras le clavaba la mirada).

- ok. (pero con cara de disgusto)

- Adam, vamos a pasar aquí 3 días. Vas a tener muchas ocasiones de pescar. Además este lago está realmente cerca de casa. Podemos volver siempre que queramos.

- ¿En serio?

- Claro (removiéndole el pelo). ¿Tú y yo solos?

- JAJAJA Dudo mucho que tus hermanos quieran venir.

- ¡Bién!

- ya, pero habrá otras muchas cosas que hagamos en familia.

- ya, ya, ya, lo sobrenatural, ya lo sé (haciendo como si no le diera importancia).

- No solo lo sobrenatural. Como te vengo diciendo ahora los 4 somos una familia. Y las familias hacen cosas juntas. Comer, hablar, ir de acampada, ver partidos,…

- a Dean no le gusta ir de acampada, me lo dijo.

- A tu hermano le gusta la acampada solo es que le trae malos recuerdos. Pero a tu edad le encantaba y si supiera mantener sus pantalones por encima de las rodillas a él aun le gustaría.

- ¿Y Sam?

- Sam hará lo que yo diga que haga.

- ya

- Adam, yo no soy como Kate

- ¿No, en serio? (con toneladas de sarcasmo)

- Adaaam (en tono de advertencia). Quiero decir que si, que soy rígido, serio y no creo en el rollo de padre/colega. Soy tu padre mi deber es protegerte y para protegerte mejor te doy unas ordenes que te mantendrán vivo y sano y salvo. También como te dije un padre debe escuchar a sus hijos. Y pienso hacerlo. Es más esta excursión es para que hablemos libremente. Pero no confundas escuchar con que vaya a hacer lo que vosotros queráis. ¿entiendes?

- si, básicamente tu ordenas y nosotros obedecemos (el tono de Adam dejaba patente que estaba muy fastidiado con esa idea).

- Si quieres verlo así, si, hijo. Yo ordeno vosotros obedecéis. Pero quiero que sepas que todo lo que ordeno es para manteneros (Adam irritado lo interrumpió)

- si, si, si, ya lo has dicho vivos y sanos y a salvo.

- Si, así es. (Respirando hondo y haciendo un gran esfuerzo por no estrangular al chico). ¿Adam? (Adam alzó la mirada y miró a su padre por primera vez desde que John empezara con lo de no soy como tu madre) ¿Quieres que hablemos de tu madre o de tu hermana?

- no (dijo muy seco volviendo la mirada al pescado que estaba limpiando).

- Sabes que una de las razones por la que te he traído a pescar es para que habláramos.

- Lo sé, pero podemos pasar a una de las otras razones por las que me has traído.

- De acuerdo. Esta noche volveremos a hablar. Y Adam no soy de los que aceptan un no por respuesta.

- De eso tampoco me había dado cuenta (muy flojito)

- Ni tengo problemas de audición (John le replicó un poco más serio. Adam resopló pero no dijo nada más).