SUPERNATURAL: WINCHESTER BUNCH

Adam: 13 años

Sam: 16 años

Dean: 20 años.

El resto de la mañana fue a cámara lenta. Era como si el tiempo se dilatara. 5 minutos parecían una hora. Y una hora parecí aun día. John descubrió que sus hijo 3 tenían algo en común, aparte de la sangre. Los tres odiaban "la espera". Los tres hubieran preferido que John se hubiera levantado esa mañana con la correo en la mano les hubiera zurrado y hubieran proseguido con el día. Bueno, lo que realmente hubieran preferido es que John sufriera e amnesia y se olvidara de todo ese fin de semana. Pero como ese tipo de milagros no se dan en casa Winchester, preferían acabar con la charal y la zurra lo antes posible.

Aunque Sam y Adam tenían asegurado un final no feliz para sus traseros el destino del trasero de Dean era incierto. Tenía 20 años. Era un hombre. Ya había ido de caza solo. La mayor parte del tiempo era un joven muy responsable y maduro. Muchos más maduros y responsables que muchos padres de familia. Pero llevaba un tiempo que se había relajado un poco. Desde que Sam dejó de ser un mocoso y empezó a ser un chico que se podía valer por si mismo, más o menos, haría ya un año. El no tener que estar constantemente encima del crío había sido un alivio para Dean. Dean había empezado a comportarse como un joven más. Salía de fiesta, de copas y con chicas sin tener que esconderse. Siempre que no estuviera de caza. Dean se había relajado tanto que ese fin de semana casi muere. Aquel fin de semana Dean y Sam habían omitido un montón de pasos que su padre les había inculcado des de la más tierna infancia. Dean se sentía realmente como una mierda. Se sentía idiota, había cometido errores que no hubiera cometido cuando tenía 9 años. Había fallado a su padre. Había puesto en peligro a Sammy. Era él único de los 3 que sentía que realmente cualquier castigo que John tuviera pensado sería bien merecido y seguramente sería poco.

Sam estaba nervioso, no era bien-bien nervioso. Inquieto, tampoco se podría decir inquieto. Histérico, eso es, Sam estaba histérico. Sabía que él era el causante de todo aquel despropósito de fin de semana. Al fin y al cabo se había orquestado toda la charada por que Rebbeca venía visitarlo a él. Adam tenía que ir de pesca con John y entretenerlo todo el fin de semana. Y Dean se había ido a ese estúpido parque a acampar para quitarse del medio. Sam se sentía culpable, porque Dean casi muere por hacerle un estúpido favor. Por darle un fin de semana a solas con su novia. La cual ya no era su novia porque la había jodido mintiéndole con lo de la edad. Y Adam que no es ningún secreto que no siente, precisamente, adoración por él. Había accedido a ir de pesca con John para lo mismo, par dejarle un fin de semana a solas con Rebbeca. Y ahora iba a recibir una zurra de las de campeonato por hacerle un favor. Sam encima sabía que en cuanto John les dejara en casa de Bobby tampoco lo iba a pasar precisamente bien. Pero lo de Bobby era inevitable, se iba a pasar el siguiente mes haciendo los trabajitos más desagradables y odiosos para aquel gruñón. Además aun tenía fresca la última zurra de su padre. Y sabía que aquello había sido un paseo en el campo comparado con lo que le esperaba. Y no tan solo estaba lo de la charla y la zurra. Sino que John tardaría mucho tiempo en estar de humor. Así que en las próximas semanas se tendría que ir con píes de plomo con todo lo que se le decía, y sobretodo en su caso, cómo se le decían las cosas a John. Solo confiaba que para cuando empezaran las clases su culo volviera a ser el que era. Porque solo hay algo peor que recibir una zurra con 16 años. Es recibir una zurra con 16 años y pasarte 8 horas sentado en un duro e incomodo pupitre e ir a las duchas después de la clase de educación física con muestras de haber sido nalgueado a conciencia. Esa no era una buena forma de empezar el instituto.

Adam por su parte estaba furioso. Una vez más su padre iba a zurrarle por algo que él encontraba muy injusto. Vale que fuera a zurra a Sam también, pero ¡Él ni siquiera había tenido sexo ese fin de semana! Se llevaba solo la parte dolorosa, una vez más, nada de placer para Adam y todo el dolor para su pobre trasero. Él ni tan siquiera quería ir a pescar con John. Le gustaba pescar con John, pero sabía que John lo llevaba no para disfrutar de un buen rato padre- hijo. Sino porque quería hablar de Eve y de su madre. Y Adam lo último que quería era hablar de ello. La mayor parte del tiempo no sabía como se sentía y mucho menos expresarlo. Y solo quería hacer como si nada hubiera pasado, era más fácil, aunque había ratos que eso le costaba horrores y que estuvieran todo el rato preguntándole cómo se encontraba no ayudaba nada. Además, él ya se había llevado una zurra esa noche. No era justo. Ningún provecho y doble ración. Y además estaba esa espera. ¿Por qué tenía que aguardar como un condenado a la horca? Si total, le iba a zurrar igualmente. Claro que no molaba que le zurrara habiendo una chica en casa. Adam no era precisamente del tipo silencioso. Y no quería que la chica pensara que era un bebé. Adam cada vez estaba más y más enfadado con toda aquella situación. Se veía como una victima de un trato injusto, ya que él no había hecho nada malo. John no le había preguntado por los motivos por los que él quería ir a pescar. Es más, le estaba muy bien empleado, porque John creía que le estaba parando una trampa a Adam, para forzarlo a hablar y resultó que él que había sido engañado había sido él. Adam estaba convencido que eso era lo que le cabreaba, que su hijito había sido más listo que él. Y se inventaba un montón de pomposas acusaciones para justificar su cabreo.

John por su parte intentaba calmarse, no recordaba haber estado tan enfadado en años. Adam había vuelto a mentirle y manipularlo. Y aquello le ponía furiosos, esa manía suya de manipular a la gente para conseguir las cosas le parecía imperdonable. Sam y Dean, mentían, o y tanto que mentían, incluso le desobedecían, pero eran transparentes como el agua de un manantial. El chico había accedido ir a pescar no porque quisiera pasar un rato con él a solas, como hacían antes. No, lo había ahecho para que Sam se quedara a solas con la chica. Si que quería que los 3 hermanos estrecharan lazos, pero no de esa manera, no quería que se unieran en contra de él. Y Sam, Sam se suponía que era él más bueno de los tres. Sus tres chicos eran buenos. Dean era impulsivo pero con un corazón de oro. Adam era buffff caprichoso pero si se había metido en ese marrón era para ayudar a Sam. Y Sam, Sam era terco como una mula pero siempre pensaba primero en lo era correcto y después intentaba actuar en consecuencia. Pero ese fin de semana, ninguno de sus hijos habían hecho ni una cosa bien. Mentiras, manipulaciones, desobedecer, saltarse los mínimos de seguridad. Eso era lo que realmente le cabreaba. Adam no conocía aun los protocolos. Pero Dean y Sam los tenían tan asimilados que hasta ese momento John hubiera jurado que los protocolos para su familia eran como el respirar. Y no podía evitar preguntarse cuantas más veces habrían sido tan descuidados. También se sentía en parte culpable, casi pierde a Dean y a Sam y solo porque en el último año, John se había relajado con los muchachos. Si los entrenamientos eran más duros y más seguidos. Pero había dejado a los chicos solos demasiado tiempo. Y aun eran, eso, chicos. Dean desde que cumpliera los 17 años y John el diera su viejo coche se había ido descarrilando más y más. Si no estaba de caza su vida era para el placer y la fiesta. Y John había dejado de hacer de padre de Dean y lo trataba como un compañero de trabajo. Y eso no podía ser, Dean no necesitaba un compañero, necesitaba a un padre. ¡Él, primero de todo, era su padre! ¿Y qué iba a hacer? ¿Poner sobre sus rodillas a su hijo de 20 años? No es que no se lo mereciera, porque se lo había merecido a pulso desobedeciéndolo y sobretodo poniéndose a él y a su hermano en peligro. Pero volvía a los mismo Dean era ya un hombre, aunque mostraba tener más cabeza cuando tenía 9 años. Aquello hacía que la presión de John se elevara hasta la estratósfera. El destino de los traseros de Adam y Sam lo tenía muy claro. Pero estaba totalmente perdido con Dean . John se sintió como un idiota cuando pensó que por ser sus chicos mayores se le acabarían las preocupaciones. Sus preocupaciones no se habían acabado solo que ahora eran de otro tipo. ¿Y Sam? Seguía en shock, Sam la había cagado con la chica, y a había cagado hasta el fondo. Él no había subido a sus chicos para que se comportasen así con las chicas. Si, era cierto mentían, estafaban a las compañías de tarjetas de crédito y alguna que otra vez habían robado, pero solo cuando era por cuestión de trabajo o por seguridad. Y les había enseñado desde muy pequeños a distinguir cuando una cosa es cuestión de vida o muerte y cuando solo era prescindible. Les había enseñado a ser honestos consigo mismos y con la gente que se preocupaba por ellos, como el pastor Jim, Eddie, Caleb, Bobby o la viuda Macmillan. Pero quizás no había remarcado lo suficiente al muchacho lo de ser honesto, quizás se hubiera perdido con tantos sobrenombres, tantas cuartadas y tanto secretismo. Pero hacer creer a la chica que tenía 19 años, eso estaba mal, y sabía que Sam lo sabía. Solo que Sam en algún momento había empezado a actuar como Dean. Pero Dean jamás había tenido una relación seria con nadie, no una en la que se toma un avión y se presenta en tu casa.

Todo estaba tan mal que no sabía por donde empezar. Y l achica había encontrado un vuelo para las cuatro de esa misma tarde. John no sabía si para entonces estaría más calmado y sabría que hacer.

Rebbeca compró el billete de avión en un abrir y cerrar de ojos. Por suerte, había un vuelo ese mismo día, a las cuatro. Llamó a su padre para decirle que regresaba antes y que la fuera a recoger al aeropuerto. No quiso adelantarle nada más. Pero tras colgar a su padre, empezó de nuevo a llorar. Realmente estaba enamorada de Sam. Él era tan distinto a los demás chicos. O al menos eso había pensado. Pero al final la había engañado como todos. Estuvo llorando hasta que finalmente se calmó un poco. No quería salir de esa habitación y enfrentarse a Sam. Ya le había dicho lo que quería decirle. Y ahora si lo veía solo iba a ser peor. Se sentía traicionada y humillada. Un niño de 16 años le había engañado. Se había acostado y sobretodo, colgado, de un chico de la edad de Jolie. De repente cayó, podía ir a la cárcel por acostarse con un menor ¿no? e ingresar en una de esas listas de delincuentes sexuales. Rebbeca intentó ser razonable, estaba claro que Sam no la iba a denunciar y su padre tampoco, incluso le había ofrecido la tarjeta para comprarle el billete de avión, y parecía muy legal. La tristeza volvió de nuevo. Le jodía que Sam fuera menor, le jodía porque lo quería, le jodía porque le había engañado y no podía salir con alguien que la había engañado así de esa manera y sobretodo, porque era un niño. Solo a ella le podían pasar esas cosas, tenía tan mala estrella.