Del otro lado.

—Quinientos años en el pasado ¿entiendes eso? ¿eh Ryoga? —dijo Ranma silabeando la última palabra. —¡Quinientos años!

Bufido, sape en la nuca, bufido de nuevo.

El problema del joven de la trenza radica en que, como si de una broma se tratara, Ryoga había llegado volando desde las alturas montado en un monstruo gigante y sin saber nada del tiempo o realidad en la que se encontraba —muy típico de él—. Por si fuera poco también iba acompañado de dos tipos muy raros; una mujer bonita y violenta que cargaba un singular y colosal boomerang y aprovechaba cualquier oportunidad para plantarle un golpe al otro sujeto que la acompañaba, un monje pervertido que poseía un no sé qué y le recordaba a Kuno Tatewaki, solo que con cerebro y báculo.

Un escalofrió recorrió la espalda de Ranma y se lamentó una vez más el haberse metido a ese condenado pozo del infierno y la discordia, donde todas las mujeres eran agresivas y los hombres monstruos a su propio estilo. ¿Es qué acaso a donde fuera estaría rodeado de estupidez materializada?

—Eso explica muchas cosas. —agregó repentinamente el de la pañoleta amarilla. —Me empezaba a preguntar porque nunca había visto monstruos poderosos en Japón, es algo raro ¿sabes? Llevaba meses buscando la casa Tendo y para cuando me di cuenta ya me encontraba rodeado de otro tipo de criaturas.

—¿Entonces quieren decir que Hibiki-san también viene de mi época? —preguntó Kagome confundida.

InuYasha a sus espaldas resopló indignado y le dirigió una mirada desaprobatoria a Kagome, ¡todo era su culpa! Ella había traído de su época dos grandes problemas; primero a ese chico de apariencia indiferente y hábil con los saltos y después un bruto distraído y desubicado.

—No me importa lo que sea, los quiero fuera de aquí ya. —dijo cruzándose de brazos. —Nos hemos atrasado bastante y quien sabe que traiga Naraku entre manos, pero sé que estos dos nos estorban.

—Tranquilízate InuYasha, este joven solo quiere unos cuantos fragmentos de la perla para solucionar su problema con los cerdos y el agua fría. —dijo Miroku—, además según Kagome-sama ellos no pueden cruzar el pozo hasta que hayamos encontrado el suficiente poder para ello.

El grupo dirigió una mirada a los dos nuevos individuos del futuro, aún ambos peleaban verbalmente, sin tomarse la molestia de escuchar algo que no fuera insulto o no saliera de la boca del otro. No parecían sospechosos pero sin embargo sabían que en esa época se debía tener cuidado con cualquier clase de anormalidad, era peligroso arriesgarse a viajar en busca de la perla con desconocidos, por otro lado no se tenían muchas opciones, debían ayudarlos a regresar a su respectiva época si querían deshacerse de ellos.

—Solo encontremos suficiente poder para regresarlos y se van. —resopló InuYasha indignado. —Me importa poco el problema de ese tipo y no pienso tolerar que utilice la perla para quien sabe que fines sin sentido.

Y dicho esto último no se discutió más y comenzaron a adentrarse en el bosque sin saber lo que les esperaba.

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Todo era tan divertido cuando las cosas marchaban conforme a los malvados planes.

—¿Cuanto piensas que podrás mantener esta farsa, Naraku? Akane muy pronto se dará cuenta. —dijo Kagura con una sonrisas irónica. —No me extrañaría que lo recuerde en cuanto los vea, parecía muy apegada a ese chico cuando la trajiste.

El hanyou continuó mirando por el espejo de Kana mientras la sonrisa en el rostro se le ensanchaba con cada movimiento que veía a través del cristal; Akane corría por el bosque usando como fuerza el poder del fragmento escondido en su pecho, creyendo de verdad que había sido creada por él.

—Además Kagome reconocerá inmediatamente el fragmento que le he colocado a esa chica. —agregó Kagura. —Creo que este es el plan más sin sentido que has ideado. Solo se lo quitaran y tu tonto proyecto se verá por los suelos.

Naraku ignoró de nueva cuenta el comentario de su creación, no le interesaba. Dio la orden a la niña pálida y a la mujer del viento para que se retiraran, ambas obedecieron inmediatamente el mandato y salieron de la habitación con un paso seco.

El ex bandido se quedó solo de nueva cuenta, rodeado de una obscuridad densa y exagerada. Soltó una risilla y pensó en su perla finalmente completa y en la muerte de InuYasha.

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—Tss, Ryoga. —murmuró el de rojo una vez que los nervios se tranquilizaron. —Dime, ¿Qué es esa tal perla de shikon? Desde que llegue aquí solo he escuchado hablar de ello.

Ryoga miró al cielo y lo pensó un rato.

—Por lo que me dijeron es una joya muy peleada entre youkais que hay en esta época porque tiene la capacidad de aumentar poder, pero además de eso me entere de algo más.

En el rostro del muchacho apareció una sonrisilla luminosa y repleta de esperanza.

InuYasha, caminando por delante de ellos escuchaba toda la conversación con cautela, pensando en averiguar cuánto pudiera sobre esos extraños individuos llegados del futuro.

—Dime, ¿Qué cosa? —preguntó el chico ligeramente curioso.

—Al parecer también puede cumplir cierta clase de deseos. ¿Entiendes?

En el rostro de Ranma apareció la misma sonrisa estúpida que cargaba el otro, al tiempo que se iluminaba la cara y pensaba en su futuro libre de inconvenientes con el agua fría.

—¿Estas pensando en…?

—Sí, sin duda alguna en eso pienso. Con esa tal perla no importa que no vayamos a Jusenkyo siempre que pueda liberarnos de la maldición.

La idea les fascino a ambos jóvenes y el hecho de estar en ese nuevo mundo no les pareció tan malo, siempre que pudieran cumplir cierto sueño en común.

Por su parte, en la cabeza de InuYasha resonaba aún la palabra maldición pronunciada por uno de los muchachos segundos antes.

Malditos… están malditos.—pensó mientras en su cabeza se formaban teorías exageradas, y era que no había prestado atención con lo que anteriormente le había explicado Miroku —están malditos y quieren la perla. —se repitió mentalmente, y los considero a ambos amenazas.

—InuYasha quita esa cara de amargado y alégrate, siento la presencia de un fragmento muy cerca de aquí. —dijo Kagome y su voz sonó más como una amenazante orden.

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Había corrido kilómetros y el único malestar que padecía era una punzada insignificante en el pecho, además de haber rasgado ligeramente su elegante kimono; aparentemente si era fuerte como le había explicado Naraku, su creador.

Akane se había dado un tiempo para pensar sobre todo y descubrió en su mente vagos borrones de momentos, la mayoría pintados de una cabellera rojiza chapoteando en un estanque. No podía evitar preguntarse que sería todo aquello, ¿acaso era parte del proceso de creación tener recuerdos inexistentes?

Paró en seco y agudizo el oído, escuchaba ruidos cerca. Se dirigió con paso presuroso a unos arbustos próximos, los saltó con un hábil movimiento y se agachó de tal manera que todo su cuerpo quedó oculto entre la espesura.

Los ruidos y la conversación se escuchaban cada vez más cercanos.

—Debemos andar con cuidado. —Murmuró una voz femenina.— La presencia está por aquí así que todos alerta.

Akane permaneció quieta; ya no hablaban sin embargo ruidos de pisadas y tronidos de ramitas aún llegaban a sus oídos. Se asomó un poco asegurándose de permanecer oculta y entonces vislumbro al ser que horas antes le había mostrado su creador en el espejo de una niña blanca.

Sin duda era el llamado InuYasha; la persona que tenía que matar. De cualquier forma los examino a todos parándose en específico en dos formas varoniles que se le pintaban familiares, le resto importancia. Se sacudió las manos y se preparó para salir a mostrar combate.

Sería fácil matarlos, ninguno parecía realmente fuerte y la lucha sería, más bien interna.


Muchas Gracias MARK69 ;D Me alegra saber que alguien lee esto.