Hace exactamente una semana que mi esposo fue ingresado al hospital psiquiátrico, y por ende, una semana desde que vi por última vez a mi chico del pan.
La última imágen que tengo de él, es el momento en que lo sedaban, ya que sólo se dedicaba a gritar la palabra "muto", con furor emanando de sus ojos azulados.
Aquello que me dijo la doctora... Estoy segura de que son puras palabrerías, mi Peeta, mi diente de león, sigue allí adentro, sólo que está escondido bajo las garras del Capitolio.
Me importa un diablo lo que la doctora haya dicho, yo quiero volver a verlo, extraño su sonrisa alegre, su mirada cálida, sus brazos vastos y protectores a la hora de confortarme.
El sonido del timbre retumba en el hall de entrada y sin remedio alguno me dirijo a la puerta, con el fin antender a quienquiera que sea capaz de llamar a estas horas de la noche y más sabiendo las condiciones que las que obviamente me encuentro.
Seco las lágrimas que caen por mis mejillas con la manga de mi camisa y me dispongo a abrir la puerta. Con esta abierta de par en par, me irgo frente a Haymitch. Hago un ademán para que este ingrese y sin siquiera pensarlo, el hombre da algunos pasos adentro, mientras muestra presuntuoso la bebida alcoholica que lleva en su mano. Se transporta hacia la cocina, y con toda naturalidad, saca de uno de los muebles dos copas. Sirve la bebida y se sienta. Yo hago lo mismo y cuando me sitúo en frente de él, hace un gesto para que comience a hablar, pero al no obtener respuesta alguna, decide ser él quien empiece la conversación.
—Sirve para aliviar las penas... —dice Haymitch entre sorbos—Lo digo por experiencia —agrega con ironía.
No le respondo y me limito a sorber el contenido agrio del trago.
Luego de unas cuantas copas, el dolor se va alivianando y logro percibir el sonido de mis penas ahogándose en aquel líquido avinagrado.
—¿Logrará algún día volver a ser el mismo? —pregunto finalmente y empiezo a sentir que la cabeza me da vueltas.
—No lo sé... Tal vez sí, no creíamos que lo lograría la primera vez, pero sucedió... Hay que darle tiempo. —explica Haymitch, tan ebrio que me llama la antención que no se encuentre diciendo una sarta de estupideces—. Katniss, hay algo que debo decirte, y personalmente, creo que lo mejor es que lo escuches en este estado de "felicidad momentánea"...
—¿Qué es eso? —el alcohol comienza a surtir efecto en mí y hago un esfuerzo por mantenerme despierta y no vomitar la poca comida que había logrado ingerir durante el día.
—Hace unos días recibí un llamado y me pidieron que te comunique una noticia... —prosigue Haymitch.
No me gusta nada por donde va esto, y por más borracha que esté, tengo la certeza de que no voy a reaccionar de buena forma, sea cual sea la noticia.
—¿Podemos ir al punto? —inquiero bastante irritada.
—Gale está de vuelta en el Distrito. —me espeta Haymitch, sin piedad alguna.
