Capitulo 3
Después de que Ginny hiciera sus entrevistas y tuviera los apuntes necesarios para su artículo, se fueron a las gradas para ver el partido. Harry jamás había disfrutado un juego de Quidditch como en esa ocasión. Desde su primer año en Hogwarts había estado en el equipo de su casa, así que los demás partidos no los disfrutaba por estar más preocupado en la puntuación y analizando a sus enemigos. Después de terminar Hogwarts, él y Ron habían soñado con ir a un partido juntos, pero desgraciadamente nunca pudieron por sus respectivos trabajos. Cuando por fin pudo asistir a uno, fue con Hermione, pero solo veían el partido comiendo palomitas y nada más.
Ginny gritaba y hacía sonar su trompeta. Se había pintado la cara de los colores de Inglaterra, así que para no quedarse atrás, Harry también lo hizo. Maldecía y golpeaba el piso con su zapato cada vez que fallaban un gol pero al mismo tiempo se animaba y hacia qué público a su alrededor gritara de emoción...
- ¡Otra porra, otra porra! – les gritaba Ginny.
Harry le seguía la corriente y gritaba igual que ella, terminando casi afónico. Cuando el buscador de Inglaterra atrapó la snitch, se levantaron gritando y aplaudiendo. Ginny abrazó a Harry y le dio un beso en la mejilla, al comienzo se sorprendió, pero al ver que Ginny hacia lo mismo con todos los que tenía a su lado, ya no se le hizo tan extraño. Ginny era demasiado expresiva.
Hermione acompañó a Ron a la tienda de los Weasley. Ron le mostraba todos los artículos que vendían y le hacía bromas con algunos de ellos. Después se fueron a la librería. Hermione se sentía en el mismo cielo, y a un lado de ella, Ron.
- ¿Buscas algo en particular? Puedo ayudarte a buscarlo.
- ¿Te gusta leer? – Ron soltó una risita.
- No – negó con la cabeza seguro de sí mismo – prefiero que me lean. Mi madre es excelente en eso, de niño me gustaba que me leyera.
Llegaron en donde estaban unos libreros formados paralelamente. Ron caminó por un pasillo y Hermione por el otro, pero lo podía ver por encima de los libros. Ron era más alto que ella, tenía una espalda y unos hombros musculosos. Se detuvo simulando interesada en un libro y se puso de puntillas para ver mejor a Ron de la cintura para abajo. Se ruborizó ¿Qué estaba viendo? Ron volteó a verla al ver que se había detenido.
- ¿Encontraste algo? – se acercó a ella, solo los separaban un librero y se veían a los ojos por encima de los libros.
- Sí – le dijo nerviosa tomando el primer libro – los cuentos de Beedle el bardo.
- Oh, son geniales.
- Nunca los había escuchado.
- ¿En serio? ¿El mago y el caldero saltarín, Babbity y Rabbity y su tocón carcajeante? – Hermione frunció el ceño negando con la cabeza - ¿Estas bromeando?
- No – sonrió.
- Son cuentos infantiles.
- Bueno, lo que pasa es que yo soy hija de muggles, yo leía Blanca Nieves, Cenicienta…
- ¿Cenicienta? ¿Qué es eso? ¿Una enfermedad?
- Claro que no – reía Hermione – es un cuento muy hermoso.
- Hagamos una cosa – le dijo Ron levantando los brazos para recargarse en el librero – tú me dices de que se trata esa…
- Cenicienta.
- Eso y yo te digo de que se tratan los cuentos de Beedle el bardo.
- Tengo una mejor idea – Ron frunció el ceño – yo te digo de que se trata Cenicienta y además te leo los cuentos de Beedle el bardo, pero con una condición…
- ¿Cuál? – sonrió Ron.
- No te vayas a dormir como Harry.
- Hecho. Pero vamos a hacer una cosa.
- ¿Cuál?
- Yo te regalo el libro.
Antes de regresar a la madriguera para ayudar a Molly con la fiesta, Ron pasó un momento con George para unos detalles. Hermione le dijo que daría una vuelta alrededor para conocer un poco más el callejón. En realidad, buscaba un regalo de cumpleaños para Ron. Así que entró a una tienda de Quidditch. Sabía por Harry su gusto por ese deporte y que su equipo favorito era los Cannons, así que le compró una playera de ese equipo.
Cuando llegaron a la madriguera, ella se ofreció a ayudarlo a limpiar el patio para formar las carpas. George había conseguido un grupo de rock y en un par de horas llegarían para instalar el equipo de música.
- Guardaré todo esto en el cobertizo de papá – le dijo Ron levantando todo lo que habían recogido con la varita.
- Te acompaño. –dijo Hermione siguiéndolo.
Cuando Ron depositó las cosas debajo de un anaquel lleno de botes, hizo que cayeran varios de estos llenos de pintura, cayendo directo hacia Ron.
- Demonios.
- ¿Estás bien?
- Ya no soy pelirrojo, ahora soy rubio – dijo riéndose al ver que la pintura era amarilla – espero que se pueda quitar las manchas de pintura de la ropa – se quito la camisa, limpiándose la cara y el cabello con ella.
- Si…si… creo que hay un hechizo especial para quitar pintura – le dijo Hermione, tener a Ron frente a ella sin camisa la estaba poniendo demasiado nerviosa.
- ¿Te lo sabes?
- ¿Qué?
- El hechizo, así me evitaré un regaño de mamá.
- Este…no – bueno en realidad sí, pero si lo hacía, Ron se volvería a poner la camisa – no lo recuerdo bien, capaz y me sale mal y termino quemando tu camisa.
Ron le sonrió y Hermione sintió un escalofrío por todo el cuerpo ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué quería seguir viendo a Ron sin camisa? ¿Por qué le encantaba esa sonrisa? ¿Por qué la había pasado tan bien con él en la tienda de bromas de su familia? ¿Por qué demonios se estaba preguntando todo esto?
- Ya se tardo Harry.
- ¿Quién?
- Harry, después de un partido Ginny va a su trabajo para entregar su artículo, así que Harry no debe de tardar en llegar.
- Ah.
- ¿Lo amas? – Hermione frunció el ceño - ¿amas a Harry?
- Llevamos tres años de novios.
- Eso no contesta mi pregunta – Ron se recargó sobre el anaquel - Amar es una locura, es algo que nace de repente, es algo que te impulsa a hacer cosas que jamás habías hecho antes y que no harías por nadie más, es la necesidad de estar cerca con esa persona especial, es dar todo sin esperar algo a cambio, amar es increíble.
Hermione se le quedó viendo sorprendida. Nunca se había preguntado realmente si amaba a Harry. Ella empezó a salir con él al verlo solo, le parecía tierno y sabía que él necesitaba hablar con alguien, así que poco a poco empezaron a salir cada vez más, hasta que se hizo una costumbre, y de ahí pasaron al noviazgo, que no había cambiado gran cosa a su amistad, solo besarse y nada más.
- ¿Tú amas a alguien? – le preguntó Hermione, Ron se le quedó viendo a los ojos pero segundos después bajo la mirada.
- No. Será mejor que me apure, no tarda en llegar George con el grupo.
- Sí, claro.
Ron salió del cobertizo a paso acelerado, dejando atrás a Hermione.
- Es algo que te impulsa a hacer cosas que jamás habías hecho antes – susurró Hermione viendo la espalda desnuda de Ron – y que no harías con nadie más.
Harry se tomaba la cabeza haciendo gestos de dolor mientras Ginny seguía tomando su granizado (o raspado) de limón a toda prisa. Jugaban competencias para ver quien se la tomaba más rápido, pero al hacerlo no podía evitar el dolor en la cabeza debido a lo frio que estaba. Algunas personas en la cafetería los veían riéndose de ellos.
- No entiendo cómo me haces hacer esto – se quejaba Harry tomándose la frente.
- Yo no te obligué – le dijo Ginny con el pajilla en la boca y haciendo gestos como ojos bizcos.
- Claro que si – empezó a reírse Harry – estás loca ¿sabías?
- Terminé – levanto los brazos en señal de triunfo – yo pago.
- Eso no es correcto.
- Tú me pagaste todo en el partido, es justo que yo pague los granizados.
- Qué curioso ¿no? Tantas veces que estuve en tu casa y te vine conociendo en un aeropuerto.
- Recuerdo unas vacaciones que estuviste en mi casa, cuando llegué mamá me dijo que recién se habían ido.
- ¿Por qué no fuiste a la graduación de Ron?
- Estaba enferma, me había dado una pulmonía y el doctor no me permitió viajar.
- Me hubiera gustado conocerte antes – los dos se quedaron viéndose a los ojos.
- A mí también. Pero por algo suceden las cosas, ya ves, ahora estás viviendo feliz en Francia con la mujer que amas – Harry bajo la mirada – Hermione es una chica maravillosa.
- Si – dijo algo triste.
- Debemos irnos, seguro ya están preguntando por ti, no debiste acompañarme al profeta, Ron se va a enojar mucho porque seguro te quiere para él y ya puedo escuchar sus reclamos.
Hermione veía por la ventana de la habitación de Ginny, como Ron y sus hermanos ponían la carpa y el grupo de música instalaba sus equipos. Ron llevaba unos pantalones de mezclilla y una camisa negra con las mangas dobladas. Aun llevaba el cabello mojado de su reciente ducha para quitarse toda la pintura que le había caído.
- Basta Hermione, ya no lo veas mas – se alejó de la ventana y se sentó en la cama, pero una risa la hizo levantarse de inmediato – demonios ¿Por qué me encanta verte reír?- dijo viendo a Ron por la ventana.
Actulicé este fic rapidito, estoy preparando clase y tengo mil cosas que estudiar, pero aun asi mi mente y mi corazón siguen en los fics.
¿Que les pareció?
Saludos.
