Capitulo 5
Se podía sentir la tensión en la mesa. Estaban los cuatro tomando cerveza de mantequilla en el caldero chorreante, pero cualquiera que pasara frente a ellos, sabría que no lo estaban disfrutando.
- ¿Cuándo volverás? – rompió el silencio Ron dirigiéndose a Harry.
- No lo sé, tal vez cuando tenga una vuelta por mi trabajo paso a visitarte.
- Aun así seguimos escribiéndonos ¿verdad?
- Claro. Espero que tú algún día me visites en Francia – le dijo Harry y Hermione volteó a ver a Ron esperanzada.
- Tal vez – Ron vio de reojo a Hermione – pero no te aseguro nada. Tú sabes, el negocio.
- Sí – le contestó Harry volteando a ver a Ginny que tenia la mirada fija en su vaso de cerveza.
Harry preparaba su maleta en la habitación de Ron cuando vio por la ventana a Ginny caminar hacia el cobertizo del Sr. Weasley. Se apresuró y corrió a buscarla, sin que nadie se diera cuenta. Ginny buscaba unas instrucciones sobre cómo utilizar una grabadora muggle que recién su padre le había arreglado.
- Hola.
- Me asustaste, Harry ¿Qué haces aquí?
- Te vi entrar – Ginny siguió con su búsqueda pero ahora un poco nerviosa – Ginny, lo que pasó hoy…
- Harry, te dije que lo olvidaras.
- Pero…
- Hermione es una chica increíble, no puedes engañarla y sobretodo – le dijo con un tono triste – no puedes engañarte tu mismo.
- ¿A qué te refieres?
- Yo…yo tal vez… solo te gusté en el aeropuerto – Harry negó con la cabeza decidido – pero a quien realmente amas es a Hermione. No arruines esa relación que tienes con ella por algo…pasajero. Harry, no le hagas daño a Hermione, eso jamás podrías perdonártelo, ni yo tampoco.
En el jardín de la madriguera se llevó a cabo la despedida. Molly abrazaba fuertemente a Harry haciéndolo prometer que regresaría pronto. Con un último adiós, Harry tomó de la mano a Hermione y vio directamente a Ginny. No sabía cuando la volvería a ver de nuevo, así que quiso grabarse hasta el más mínimo detalle de todo su cuerpo. Ginny le sonrió, como aquella vez en el aeropuerto y levantó la mano dándole el último adiós.
Hermione tenía unas inmensas ganas de llorar. Veía a Ron con una sonrisa triste y lo único que quería era ir a abrazarlo. Pero sabía que era imposible. Harry la había tomado de la mano para aparecerse en el ministerio y de ahí tomar un traslador. No podía traicionar a Harry, y menos con su mejor amigo, no se lo merecía.
Tratando de sonreír, sin poder lograrlo. Harry y Hermione desaparecieron de los terrenos de la Madriguera.
/
Habían pasado los meses en que todo seguía como antes, con excepción de la relación de Harry y Hermione. Seguían siendo novios, pero ahora se comportaban más secos el uno con el otro. Salían de vez en cuando, pero sin muchos ánimos.
Ninguno de los dos se atrevía a revelar sus sentimientos, no querían hacerse daño. Harry estaba muy agradecido con Hermione por todo su apoyo incondicional y no podía decirle que de un momento a otro sentía algo muy grande por Ginny, algo que jamás había sentido por una mujer.
La situación de Hermione era aun más complicada, no podía decirle a Harry lo que sentía por su mejor amigo. Pero se sentía muy confundida, no dejaba de pensar en Ron, en varias ocasiones simplemente quería tomar un traslador e ir a buscarlo, sin importar nada. Era una sensación de necesidad, algo que la tenía completamente confundida porque ella no era así, ella era seguidora de las reglas y con Ron simplemente no actuaba como era correcto. Ron la hacía diferente y eso le gustaba.
- Falta poco para tu cumpleaños, Harry ¿Cómo quieres festejar? – le preguntaba Hermione cuando salieron del cine.
- Como sea – le dijo encogiéndose de hombros.
- Tal vez podemos recorrer todos los museos de Francia – Harry asintió sin darle importancia – o tal vez ir a un partido de Quidditch.
- Me da igual.
Siguieron caminando. Harry iba sumido en sus propios pensamientos con las manos en los bolsillos, mientras que Hermione caminaba a un lado de él.
- ¿Te ha escrito Ron?- le preguntó Hermione ya sin poder aguantar las ganas de saber.
- Sí, me escribió ayer.
- ¿Y que cuenta?
- Ha tenido mucho trabajo, les está yendo muy bien en el negocio.
- Qué bueno…y… ¿te ha preguntado por mí?
- No, solo me dice que te manda saludos ¿Por qué me preguntas eso?
- No, por nada ¿Y cómo está Ginny? ¿Te ha dicho algo de ella?
- No mucho – dijo Harry haciendo una mueca de disgusto sin que Hermione se diera cuenta – solo que ha estado viajando mucho, por lo de su trabajo.
- Tal vez deberíamos hacer una fiesta para tu cumpleaños – dijo Hermione emocionada – y podrías invitar a Ron. Seguro vendría porque tú fuiste a su fiesta, no puede negarse.
- No sé si pueda.
- Tu cumpleaños va a ser un viernes y el domingo hay un partido de Quidditch. Tal vez Ginny también pueda venir –a Harry se le iluminó el rostro – si sabe que Ron va a estar aquí, seguro vendría a tu fiesta.
- Tienes razón – le dijo Harry emocionado de volver a ver a Ginny.
- ¿Entonces una fiesta?
- Sí, le escribiré a Ron con tiempo para que no tenga pretextos y de paso a Ginny.
Hermione organizaba la fiesta de Harry, pero estaba más entusiasmada en volver a ver a Ron. Harry por su parte anhelaba volver a ver a Ginny. Desde que supo que ella escribía para el profeta, había hecho una suscripción en el periódico para así poder leer todo lo que ella escribía, sintiéndola un poco cerca de él.
Ron trabajaba en Sortilegios Weasley revisando la nueva mercancía cuando una lechuza tocó la ventana. La reconoció enseguida, era de Harry. Dejó su libreta y atendió el llamado de la lechuza.
Ron, mi único hermano:
El viernes es mi cumpleaños así que eso significa que de nuevo nos vamos a ver. Hermione tuvo la brillante idea de organizarme una fiesta, ya la conoces, siempre quiere verme feliz, así que prepara todo con mucho entusiasmo. Hacía tiempo que no la veía tan animada. Como tú mismo me lo dijiste: tienes que venir. Sé que tienes mucho trabajo pero es una buena oportunidad para volvernos a ver. Por favor avísale a Ginny, me encantaría saludarla, va a haber un partido de Quidditch en Francia, así que tiene vuelta para acá.
Tengo muchas ganas de verte, por favor, convence a Ginny de venir.
H, tu siempre amigo.
Ron dobló la carta dando un suspiro. Se sentía culpable de tener esos sentimientos hacia su novia. La novia de quien lo consideraba su único hermano. Quería olvidarla, olvidar ese beso, pero simplemente lo tenía grabado en su mente y, día y noche salía a la luz. No sabía que le ocurría con Hermione, ella era como una paz en su vida que jamás había experimentado.
Aunque en realidad no quería ir a Francia para no tener que ver a Hermione, no tuvo más opción que aceptar. Harry era su amigo y no le iba a fallar, aunque eso significara morirse por dentro al verlos juntos.
Ginny llegaba al negocio de su familia después de su jornada de trabajo, aventó sobre el escritorio de Ron sus apuntes y se dejó caer en el sillón.
- ¡Qué calor!
- Es julio ¿Qué esperabas?
- ¿Qué es eso?
- Una carta de Harry – Ginny se puso alerta volteando a ver a su hermano.
- ¿Qué cuenta? – trato de sonar indiferente.
- Este fin de semana es su cumpleaños, nos invita a su fiesta.
- ¿En Francia?
- Pues si ¿Dónde más? – le contesto de mal modo.
- Que genio – se quejó Ginny - ¿cuándo es? – Ron rodó los ojos.
- ¿No te estoy diciendo que éste fin de semana?
- Tengo que ir a Francia para un partido.
- Sí, me lo dijo, así que supone que no tendrás ningún problema con asistir a su fiesta ¿o saldrás con Oliver Wood?
- No salgo con él.
- Claro – le dijo sentándose en su escritorio y aventándole sus apuntes que ella había aventado en su escritorio.
- No salgo con él, simplemente estoy haciendo un reportaje sobre su vida.
- ¿Saliendo a cenar?
- Solo fue una ocasión y lo hice para sacar más información.
- Déjala Ron – llegó George – nos conviene que un jugador de Quidditch profesional venga a la tienda a diario – Ron sonrió de lado – desde que Oliver Wood está interesado en la enana han subido las ventas.
- Son un par de tontos.
- George, voy a ir a Francia para el cumpleaños de Harry ¿puedes quedarte a cargo de la tienda solo?
- Sabes que si, a Harry no le puedes fallar – Ron sintió como una puñalada ese comentario – además Charlie me puede ayudar.
- ¿Vas a ir? – le preguntó Ron a Ginny - ¿o tienes una cita con Oliver Wood?
Ginny les hizo a sus hermanos una señal impropia con el dedo, tomó sus apuntes y salió sin comentar nada.
En realidad Ginny no quería ir, ver a Harry no era lo más recomendable en ese momento, aun seguía pensando en él y en ese beso que se habían dado. Pero era algo imposible, él había dejado su país, sus amigos, todo por Hermione, y lo entendía. A pesar de conocerla tan poco, sabía que era una chica buena, tranquila y dedicada a él. Hermione era una chica sensacional, y ella simplemente había sido algo pasajero, una chica que le gustó pero sin tomarla en serio. Después de que se fue Harry, tuvo la esperanza de que regresara, pero jamás lo hizo…no regresó por ella, no regresó después de ese beso que se dieron, ella no era tan importante para él como lo fue Hermione. Fue por eso que se dedico a trabajar más de lo normal, no nada más cubriendo eventos deportivos sino además, haciendo investigaciones y reportajes especiales.
- No, no voy a ir – dijo entrando a su habitación – solo iré a Francia a trabajar. Harry ama a Hermione, solo a ella.
Intentando no derramar una lagrima, una lechuza tocó su ventana. La atendió tomando la carta que llevaba y le dio algo de comer.
- Anda, ya vete.
Pero la lechuza seguía en su mismo lugar, eso solo significaba que esperaba una respuesta. Ginny resopló y abrió la carta. Era de Harry, y su corazón empezó a latir cada vez más rápido.
Hola, Ginny
Sé que te parecerá extraño que después de meses, por fin te escribo. He querido hacerlo muchas veces, pero simplemente no sé qué decir.
Supongo que Ron ya te habrá dicho de mi fiesta, sé que este fin de semana Inglaterra juega contra Francia, así que es seguro que vengas. Por favor, Ginny, no quiero que dejemos las cosas como están, tenemos que hablar.
Hedwig no se irá hasta que me respondas, y te lo advierto, puede ser muy persuasiva.
Harry.
Ginny volteó a ver a la lechuza y de inmediato recibió un pinchazo en la mano, como si supiera lo que la carta decía. Tomó un pergamino y su pluma.
Harry,
Gracias por tu invitación, veré que puedo hacer. Tengo mucho trabajo, estoy en proceso de un reportaje especial de varios jugadores del equipo de Inglaterra, así que mi tiempo está muy limitado.
Saludos a Hermione.
Ginny.
En realidad solo estaba haciendo el reportaje de Oliver Wood. Tenía que viajar a Francia para cubrir el partido y además para visitar a unos familiares de Wood en ese país, lo cual era indispensable para el reportaje. Estaba confundida, quería volver a ver a Harry con todas sus fuerzas, pero sabía que también la vería a ella, a Hermione tomada de la mano de su novio.
/
Hermione tenía todo preparado para la fiesta. Había hecho lo mejor que había podido, pero no era nada comparado a su aspecto personal. Había tardado horas en arreglarse el cabello y ni que decir de los días que tardo en elegir el vestido que se pondría ¿Le pareceré bonita a Ron? Se preguntaba cada vez que se veía en el espejo.
Harry volvía a releer las pocas palabras que le había escrito Ginny. No estaba seguro de que fuera a ir a su fiesta. Ginny había sido muy clara en que no le hiciera daño a Hermione y él estaba de acuerdo en eso. Hermione merecía lo mejor, no le podía fallar a pesar de que en todo este tiempo, no había dejado de pensar en Ginny. Muchas veces quiso ir a buscarla, pero se detuvo por Hermione. Desde que habían regresado de la Madriguera, ella estaba muy triste, Harry se sintió culpable porque él se estaba comportando muy ajeno a ella, pero era algo que no podía disimular: extrañaba terriblemente a Ginny.
La fiesta se estaba llevando a cabo de maravilla, los invitados eran atendidos de la mejor manera gracias a Hermione y su buena organización. Sin embargo, lo que en realidad le importaba a Hermione era que Ron aun no llegaba. Platicaba con unas compañeras del Ministerio Francés cuando lo vio llegar. Su corazón latía a mil por hora. Estaba más alto y más delgado, pero aun así, su espalda y brazos seguían exactamente como Hermione lo recordaba, sobre todo en las noches.
- ¡Ron! – gritó Harry caminando hacia él para abrazarlo.
- Hola, Harry, feliz cumpleaños, te compré un regalo, espero que te guste.
- Gracias ¿Y Ginny?
- ¿Qué? – se extraño Ron por el cambio repentino de tema - Ah sí, bueno dijo que vendría a Francia.
- ¿No vino contigo?
- No, ella iba a venir con Oliver Wood.
- ¿El jugador de Inglaterra?
- Si – Ron vio a Hermione que estaba al final de la sala atenta a él – es que…están saliendo – le dijo algo nervioso al ver que Hermione se acercaba a él.
- ¿QUE? – grito Harry y varios invitados voltearon a verlo - ¿Cómo que está saliendo con él?
- Hola, Ron.
- Hola, Hermione ¿Cómo estás?
- Bien, que bueno que viniste – le sonrió Hermione y se acercó a darle un beso en la mejilla, Harry bufó por la interrupción de Hermione, quería saber más sobre Wood y Ginny, pero Ron interpretó ese bufido como una señal en desacuerdo que Hermione lo saludara de beso.
- Gracias – sonrió Ron, con esa sonrisa que tanto le encantaba a Hermione.
- Hermione ¿no nos presentas? – le pregunto una compañera del ministerio, sonriéndole muy coqueta a Ron. Hermione simplemente la fulminó con la mirada y apretó los puños disimuladamente.
- Claro, Ron te presento a Mindy, Mindy… él es Ron.
- Mucho gusto – volvió a sonreír Ron, pero ahora no era a Hermione sino a Mindy, cosa que puso furiosa a Hermione.
- No eres de Francia, por lo que veo.
- Ron tenemos que hablar – le dijo Harry jalándolo del brazo.
- Espera, Harry, estoy conociéndolo.
- ¡Después Mindy! – le gritó Harry aun con el brazo de Ron, pero justo para dirigirse a la puerta y salir de la casa para así poder hablar a solas con Ron, una voz muy conocida para él lo hizo reaccionar.
- Hola, Harry.
Harry volteó hacia la puerta. Ahí estaba ella parada, con su cabello pelirrojo alrededor de sus hombros desnudos llenos de pecas, sus ojos chocolate y su sonrisa angelical. Soltó a Ron y se perdió en la mirada de esa mujer. Solo vino un pensamiento a su mente: esta vez, no te voy a perder.
