STARTS WITH A SPIN

Comienza con un giro

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Escrito por:

Maxine

traducido por:

Perla

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Capítulo 2

Besarse a la francesa había afectado de modo bastante profundo la relación de las dos personas involucradas.

Al menos esto fue lo que Harry concluyó durante la semana que siguió al dichoso reto.

Se pudo imaginar que, en una relación normal, besarse a la francesa podría ser considerado como un gran paso. Que después de eso, estarían dispuestos a permitirse ser notoriamente románticos aunque otras personas lo viesen, que podrían tomarse de las manos mientras caminaban por el vestíbulo, que compartirían besitos furtivos entre clase y clase y que no les importaría ni les avergonzaría lo que la gente pudiera pensar.

Obviamente que esto no era algo que Harry y Draco fueran a hacer, y Harry había pisoteado rápidamente la nauseabunda imagen de él y dicho Slytherin recorriendo furtivamente el vestíbulo tomados de la mano. Para ellos, la realidad era que la situación tenía que ser manejada... con delicadeza.

No podían ignorarse el uno al otro, era demasiado obvio. No habían logrado hacerlo los cinco años anteriores, y seguramente que no lograrían hacerlo ahora. Por otro lado, no pelear entre ellos significaría reconocer el hecho de que estaban incómodos con la presencia del otro. Eso, por defecto, aparentaba intencionalmente la aceptación del beso, y por acuerdo silencioso, los de sexto año actuaban como si nunca hubiera pasado nada en las fiestas. Todos ellos eran sólo buenitos alumnos sentados en sus salones para estudiar en esas noches de sábado. Por ello, nada de lo sucedido entre Harry y Draco fue mencionado durante la semana, lo que significaba que tenían que seguir discutiendo como normalmente lo hacían. Sin embargo, sus discusiones habían sufrido un cambio notable.

En primer lugar, las peleas a puño limpio recientemente descubiertas por ellos ya no fueron permitidas. Por la obvia razón de que no querían ni tocarse el uno al otro.

En absoluto.

Así que se conformaron con usar entre ellos palabras soeces y esas cosas, tal como lo habían hecho durante los cinco años que tenían de conocerse.

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-Lo odio –declaró Harry ese martes, después de que Malfoy hizo un comentario particularmente mordaz. -¡Merlín, cómo lo odio!. ¿Por qué tiene que ser tan fastidioso? -se dejó caer en el sillón de la sala común de Gryffindor, cruzando los brazos de mal humor y completamente abatido.

-No permitas que te moleste, Harry, no vale la pena –dijo suavemente Hermione, sentándose a su lado. Harry le lanzó una incrédula mirada, tratando con mucha dificultad de no hablar de lo que no estaba permitido mencionar durante la semana, y haciendo, en cambio, un encomiable intento de comunicarle telepáticamente cuál era el problema. Hermione lo ignoró.

-Es como una gran patada en el trasero, eso es lo que es –comentó Ron con el cejo fruncido. –Y ustedes no están ayudando, Hermione, con todos esos retitos que les imponen.

Bueno, ahí estaba. Ahora tendrían que hablar de eso.

-Yo no he hecho ningún reto, Ron –respondió la chica, pasándose el cabello tras los hombros. –Sólo dije que, como buen Gryffindor que es, Harry debía tener la valentía para seguir con ellos. No es mi culpa que los retos fueran... no muy favorables. Para Harry.

-¿No muy favorables? –repitió Harry. –No son favorables para nada. ¡Lo odio! Me paso toda la semana temiendo lo que va a pasar a continuación –Hermione soltó una risita ante eso pero se interrumpió rápidamente cuando Harry la miró con furia. Ron echó un vistazo a la chimenea, con una mirada pensativa en su rostro.

-Entonces... ¿por qué sigues yendo? –preguntó quedamente, alcanzando su bolsa para sacar el libro de Encantamientos. –Quiero decir, nadie te está obligando.

Harry se sonrojó. –Bueno, tengo que ir. ¿no? Si no regreso, Malfoy gana.

-¿Gana qué?

-Gana... bueno... sólo gana. Es una competencia, como todo lo demás que hacemos –respondió Harry amargamente.

-Pero ahora, esto es tonto –dijo Hermione. Se detuvo un momento con la pluma ondeando sobre su pergamino, antes de anotar un título para Dios sabe qué ensayo estaba haciendo. Harry la miró con el entrecejo arrugado y entonces arrojó todos sus libros a la bolsa.

-No puedo hacer nada de deberes por el momento –gruñó, poniéndose de pie y echándose la bolsa al hombro.

-¡Harry, el ensayo de Pociones es para mañana! Treinta y cinco centímetros...

-Lo haré más tarde, ahora no me puedo concentrar –la interrumpió Harry. –Los veo después –se encaramó por las escaleras, mientras Ron suspiraba y le echaba un vistazo a Hermione.

-Es la culpa de ustedes, lo sabes.

Hermione refunfuñó algo antes de regresar a su ensayo. –Harry es un chico grande; estoy segura de que podrá con esto.

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Amaneció la mañana del sábado, trayendo con ella nerviosos sentimientos para muchos de los estudiantes de sexto grado. De hecho, la mayoría estaban únicamente emocionados, esperando con vertiginosa anticipación los eventos de la noche. Unos pocos más estaban temerosos, formándoseles un nudo en el estómago conforme pasaba el día. Esa mañana, durante la práctica de quidditch del equipo de Slytherin, a Draco le había llevado media hora extra atrapar la snitch, y todo porque no podía concentrarse. Cuantas más horas pasaban, más miradas airadas recibía de los estudiantes de su grado.

Cuando caminaba hacia el Gran Comedor para cenar, atrapó a Terry Boot sonriéndole con petulancia. Al pasar la mesa de Hufflepuff para salir, Zacharias Smith resopló dentro de su bebida, en un claro intento por esconder una sonrisa. Todo esto molestaba infinitamente a Draco; en los años pasados, nadie se hubiera atrevido a reírse de él como ahora lo hacían. Pero después de que su padre había sido arrestado y el apellido Malfoy deshonrado, las cosas habían cambiado. Draco había hecho un extraordinario trabajo manteniendo su posición en su Casa y aún entre otros estudiantes, pero era obvio que ahora esa gente estaba mucho menos intimidada por él.

Realmente cualquiera creería que las personas le temerían más porque su padre era un Mortífago, pensó. Que si se metían con Draco, él podría echarles encima al Señor Oscuro, o algo parecido.

Eso hizo que Draco se imaginara una divertida escena dónde Voldemort traía puesta una correa y perseguía una bola de goma.

Sintiéndose un poco mejor, continuó su camino hacia la sala común, casi logrando ignorar la cara de Mandy Brocklehurst iluminada con una tonta sonrisa, cuando pasó junto a ella.

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Harry había hecho su mejor esfuerzo para mantenerse optimista a lo largo del día; se imaginaba que en ese punto la gente tendría que estar cansada de verlo besarse con Draco. Porque, en realidad, ellos dos no eran las únicas personas interesantes del grupo, o por lo menos, no tan completamente interesantes. Era cierto que a Harry no le había importado ver a Pansy mostrarles todo la semana anterior. Tal vez podría pasar de nuevo algo como eso, y la gente se olvidaría de él.

Pasó otra vez, pero en una extraña combinación: había sido Justin quien retó a Hermione a hacerlo, así que, por respeto a su amiga, Harry no había mirado. Aunque se percató que a ella realmente no parecía preocuparle mucho. Era casi como si asistir a esas fiestas les permitiera a todos mostrar un lado de ellos mismos que normalmente mantenían oculto. Como si estuvieran en un mundo que les perteneciera y pudieran hacer cualquier cosa que desearan.

Harry se había girado para preguntarle a Ron que pensaba sobre eso, pero el pelirrojo estaba aún viendo boquiabierto a Hermione, la cual estaba ocupada abotonando su blusa, mientras una sonrisa despreocupada iluminaba su rostro y sus mejillas se coloreaban en un lindo tono sonrosado. Harry sonrió ampliamente y regresó su atención al círculo, pensando una vez más que tal vez esa noche no sería tan mala.

Por lo que estuvo muy decepcionado y más que sorprendido por varias cosas que sucedieron en el transcurso de la velada.

La primera sorpresa vino de Hannah Abbot. La tímida, callada y dulce Hannah Abbot, a quien Harry no conocía muy bien pero siempre había creído que era muy simpática. De hecho, ella había nombrado a Draco, y el chico le había echado un vistazo, levantando una ceja divertido y eligiendo el reto.

Pero aparentemente, con esta chica no debía darse nada por sentado.

Oprimiendo los labios pensativamente y arrugando las cejas, ella dijo: -Bien... bueno, Draco –Draco resopló cuando lo llamó por su primer nombre. –Te reto... a besar... –hizo una pausa, mirando a Harry de reojo, quien se estaba asegurando de mostrarle con claridad lo mucho que no quería verse involucrado en ese reto. Hannah suspiró y sacudió ligeramente sus rizos rubios. –No... eso no es lo que quiero hacer. Draco, te reto a darle otra vez un beso francés a Harry, pero ambos tienen que quitarse las camisas.

De inmediato, hubo protestas por parte de los dos chicos.

-¡Eso no es justo! –chilló Harry. -¡Es su reto, no el mío!. ¡No puedes pedirme que me quite la camisa! –Hannah ladeó su cabeza a un lado, pensando en eso último.

-Es un argumento válido –opinó Parvati. -¿Ella tiene permitido hacer eso?

-No, absolutamente no tiene permitido hacer eso –interrumpió Draco, con el ceño fruncido. –Me niego a participar en tal cosa.

-Tú no tienes elección, Malfoy; es Harry el que está en discusión –le soltó Parvati en contestación. Draco se cruzó gruñonamente de brazos, con un gesto de desprecio en su cara.

-Bueno, veamos... –murmuró Pansy, recargando su barbilla en una mano y luciendo aburrida. –Estamos jugando a "verdad o reto". ¿Cierto? Y el reto es que Draco y Potter se besen sin camisa. Yo digo que es válido. No importa si es a Potter a quien retaste o no, ya está involucrado en el reto por sí mismo.

-¡No! –gritó Harry.

-Me parece que está bien –sonrió Parvati, intercambiando una rápida mirada con Lavender.

-¡No, no, no!. ¡Así no es cómo funciona!

-Muy bien, entonces el reto se queda como estaba. Reto a Draco y a Harry a darse un beso francés sin camisa –anunció Hannah, sonriendo feliz.

-¡No lo haré!

-¡Potter, cierra tu maldita boca y jódete! –gruñó Draco.

-¿Por qué no vienes y me jodes tú mis...? –Harry se puso una mano sobre la boca antes de que el resto de la frase pudiera terminar de salir por ella, pero de todas formas Draco le sonrió maliciosamente.

-No tienes que ocultarlo, Potter, todos saben que realmente disfrutaste cuando me besuqueaste.

-Claro, tanto como disfruté pelear con el basilisco.

-¡Hora del reto! –interrumpió chillonamente Hannah. Y ahí fue cuando Harry decidió que Hannah Abbot no le parecía simpática ya más.

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Era terroríficamente vergonzoso abrirse paso a través de los botones de su camisa cuando casi veinticinco personas lo estaban mirando. Los dedos de Harry temblaban y desabrochaban su camisa apresuradamente, casi rompiendo la corbata en el proceso. Draco se tomó las cosas con más calma, desabrochando lenta y cuidadosamente cada botón y revelando, centímetro a centímetro, su pálida piel. Harry se quedó completamente desnudo de la cintura hacia arriba desde que se había adelantado, mirando inútilmente al otro chico mientras éste se tomaba su tiempo.

-¿Te apurarías una maldita mierda, Malfoy? –le pidió por fin, exasperado cuando Draco sacudió su camisa y empezó a doblarla esmeradamente. Todavía tenía la corbata puesta, y sonrió travieso mientras arqueaba una ceja ante la evidente incomodidad del Gryffindor.

-Dios mío, Potter, no necesitamos apresurar las cosas. Hubiera creído que los Gryffindors estarían a favor de los juegos preliminares -Harry rodó los ojos.

-Lo que sea, Malfoy. quizá quieras prolongar esto, pero tratándose de ti, yo prefiero superarlo lo más pronto posible –habiendo dicho eso, Harry gateó velozmente para cruzar el círculo, directamente hacia el otro chico. Draco frunció el ceño y abrió la boca para replicar, pero Harry llegó hasta él y, tomándolo por la corbata, lo jaló hacia adelante para plantar firmemente sus labios sobre los suyos.

Draco abrió enormes los ojos e hizo un vago sonido de protesta, pero Harry lo ignoró completamente mientras cerraba los ojos tras de sus gafas. Enfadado, Draco empujó a Harry por el pecho; y la sensación de manos tocándolo hizo que Harry jadeara y se retirara bruscamente, al tiempo que abría los ojos de golpe. Pero la corbata de Draco continuó firmemente agarrada en su puño.

-Maldita sea, Potter. ¿Estás tratando de dejarme tan ciego como tú? –arrugando el entrecejo, Draco levantó una mano y le quitó las gafas, dejándolas caer a un lado. Harry pestañeó. –¡Tus estúpidas gafas casi me sacan los ojos! –Harry parpadeó otra vez, lo que provocó que Draco en verdad se fijara en sus ojos. Era desconcertante lo penetrantes que eran cuando no estaban escudados tras el vidrio. Draco se retorció ligeramente, tratando de retroceder, pero su corbata seguía aferrada por la mano de Harry. –P-Potter... –dijo, mientras sus dedos se crispaban sobre el pecho de Harry.

Éste negó levemente con la cabeza, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal cuando las uñas de Draco se clavaron en su piel. Sin dudarlo, cerró los ojos y se inclinó de nuevo hacia adelante, besando a Draco suavemente. Era diferente a cualquier otro beso que se hubieran dado hasta ese momento, y Draco se estremeció al tiempo que se dejaba caer un poco hacia atrás. Harry lo siguió en su movimiento, pasando un brazo alrededor del cuello de Draco para acercarlo hacia él. Ambos chicos temblaron cuando sus pieles desnudas se tocaron por primera vez, y Draco se rindió ante la ligera exploración de la lengua del Gryffindor, abriendo su boca para él.

De nuevo, sucedió lo que la semana anterior. Harry sintió como las emociones lo sobrepasaban, nublando su mente y calentando sus mejillas. Sintió a Draco levantarse un poco hasta quedar arrodillado, y trató de seguirlo. Sin embargo, Draco se lo impidió, y éste aprovechó su ventaja de altura para sumergir impulsivamente sus manos en el grueso cabello de Harry. No esperaba encontrarlo tan suave, y enterró sus dedos un poco más, haciendo que Harry inclinara su cabeza hacia atrás y obteniendo más acceso a su boca. Harry se dejó hacer por Draco, disfrutando un poco abochornado la sensación de su lengua envuelta alrededor de la del otro muchacho. Su puño fue aflojando gradualmente la corbata de Draco, hasta que su mano cayó con lentitud y quedó descansando en el suelo detrás de él, sirviéndole de apoyo mientras Draco continuaba intentando empujarlo hacia atrás. El brazo que había enredado en el cuello de Draco empezó a bajar, haciendo camino en su espalda, subiendo y bajando por su piel ligeramente mojada en sudor. Draco se estremeció y se arqueó contra Harry, y éste por fin pudo hincarse al igual que Draco, logrando quedar a su altura. Llevó su mano hacia arriba hasta tomar el sedoso cabello del rubio y entonces, lo jaló.

La cabeza de Draco cayó hacia atrás y la boca de Harry cayó en la cavidad formada entre su cuello y su hombro. Deslizó la lengua sobre esa piel, degustando el sabor a salado producido por el sudor. Los ojos de Draco se cerraron aún más apretados de lo que ya habían estado antes; y cuando Harry chupó su cuello, dejó escapar sin darse cuenta, un bajo y ronco gemido.

Ese sonido llegó directo a la entrepierna de Harry, así como también provocó varios jadeos de asombro entre los presentes. No obstante, Harry hizo caso omiso de ello o fingió que no los escuchaba; era como si su mundo se hubiera reducido a nada más que él mismo y el cuello del chico que estaba sorbiendo justo en ese momento.

La cabeza de Harry se levantó de nuevo y su boca chocó con la de Draco; sus lenguas lucharon furiosas tratando de dominarse la una a la otra. Harry se separó por un segundo, jadeando, antes de inclinarse otra vez contra los hinchados labios de Draco. Las manos de éste bajaron desde el cabello de Harry hasta sus hombros, donde se quedaron un momento antes de que rodeara con un brazo su cuello y con el otro acariciara cuesta abajo el pecho de Harry. Entonces, Draco lo empujó, y Harry cedió y perdió el equilibrio, cayendo de espaldas hasta que su cabeza golpeó contra el suelo. Draco cayó encima de él, convirtiéndose los dos en un maldito enredo de brazos y piernas, mientras trataban de enderezarse de nuevo.

-¡Auch!. ¡Maldición, eso dolió!. ¿Qué demonios planeabas hacer al empujarme, Malfoy? –jadeó Harry, palpándose la nuca en busca del chichón que seguramente tendría. Maldijo de nuevo, antes de abrir los ojos y mirar fijamente a la borrosa figura encima de él. Entornando los ojos, recordó de repente que le habían quitado sus gafas hacía un rato. Draco parecía observarlo completamente confundido, apoyándose con una mano sobre Harry y con la otra rodeando su cuello.

-¿Estabas chupando mi cuello, Potter? –preguntó Draco al fin, mirando incrédulo hacia Harry. De pronto, éste se sonrojó y desvió la mirada.

-Eh... –aspiró algunas bocanadas de aire en busca de algo que decir, antes de encontrarse con los ojos de Draco otra vez. -¿Por qué?. ¿Lo disfrutaste?

-¡Claro que no! –exclamó Draco, alejándose completamente de Harry y buscando su camisa con la mirada. Harry se sentó lentamente, alcanzando sus gafas con una mano pero sin quitarle los ojos de encima al rubio.

-Me parece que sí.

-¿Qué demonios te hace pensar eso? –todos alrededor del círculo guardaban silencio, viendo la discusión como si fuera un partido de tenis, cambiando los ojos de uno a otro según el que estuviera hablando.

-No sé, Malfoy –respondió Harry mientras se colocaba su propia camisa y empezaba a abrochar los botones. –Quizá sea porque estabas gimiendo y suspirando, y porque era muy obvio que te la estabas pasando muy bien –sonrió engreído cuando Draco se congeló por una fracción de segundo.

-Y aparentemente tu oído es tan deficiente como tu vista, Potter –le dijo crudamente, retomando el nudo de su corbata y mirando furioso al muchacho.

-No, Malfoy, de hecho, realmente estabas gimiendo –dijo Hermione, quien lucía nerviosa y mareada.

-¡Cierra el pico! –rugió Draco rabiosamente y su cara se puso de color de rosa. –¡Nadie te preguntó, asquerosa sangre sucia!

-¡No le digas así! –gritó Ron.

-¡Púdrete, Weasley!

-¡Está bien, está bien! –los interrumpió Pansy. -¡Suficiente! Regresen a sus lugares. La noche todavía no termina, lo saben.

Mirándose furibundos el uno al otro, Harry y Draco regresaron a sus lugares en el círculo, mientras Ron simplemente fruncía el ceño.

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La segunda sorpresa para Harry durante la noche, vino de Neville. El chico lo había nombrado durante su turno. Harry pensó que como era Neville y podía confiar en que no le haría preguntas peligrosas; y como él y Draco ya habían hecho su reto de la noche, decidió que estaría a salvo si escogía "verdad".

O tal vez no.

-Harry. ¿verdad o reto? –preguntó Neville, sonriéndole abiertamente.

-Eh... –hizo una pausa, pensándolo. –Supongo que verdad –y le regresó la sonrisa inocentemente.

Neville, no obstante, arrugó ligeramente el entrecejo. –Em... bueno, Harry... ¿T-te... gustó besar a Malfoy?

Harry se congeló, y abrió los ojos como platos. –Ehh... –desesperadamente quería decir que no, que lo había odiado, que no deseaba volver a experimentar algo tan asqueroso nunca más... pero la cuestión era que ellos eran magos y brujas jugando a "Verdad o Reto", y había un aspecto diferente al juego normal de "Verdad o Reto". Tenías que decir la verdad. La cruda y honesta verdad. Era casi como si cada jugador hubiera tomado Veritaserum antes de empezar, excepto que no era el caso. Nadie podía realmente explicar porqué eso era como era; quizá era algo relacionado con los campos mágicos de Hogwarts, pero era literalmente imposible mentir en una pregunta de la verdad.

Por eso, Harry estaba obligado a contestar. –Bueno... no... no es que me gustara besar a Malfoy –tartamudeó. -¡Es sólo que me gusta besar! –se sonrojó al tiempo que decía las últimas palabras. –Qui-quiero decir... intenté con todas mis fuerzas ignorar que era él... –al otro lado del círculo, Draco frunció el ceño. –Y me concentré más en el beso mismo. La verdad, no es malo besando... –Harry se calló de golpe después de eso y su sonrojo se intensificó. No tenía la intención de decir la última parte.

Draco sonrió presuntuoso. –Entonces... ¿quién es el que lo disfrutó?

-Vete al diablo, Malfoy.

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La tercera y última sorpresa de la noche no fue tan sólo para Harry, sino más bien para todos, y dio como un resultado directo que muchas de las personas presentes no se aparecieran el siguiente sábado por temor de perder su propia inocencia.

En cierto modo salió de la nada, y fue a Millicent a quien se le ocurrió. Había sido el turno de Terry y había elegido el reto, y como él era el último de la noche en jugar, Millicent decidió cerrar la noche con broche de oro.

Y era como una advertencia, pero los muchachos parecían dispuestos a no darse cuenta.

-Boot, te reto... –la robusta chica echó un vistazo alrededor del círculo, buscando a una que se adaptara a sus necesidades. –Ah, Parvati –Parvati levantó la mirada ante su nombre. –Boot, te reto a que te bajes con Parvati.

Harry, en todo el esplendor de su ingenua inocencia, no estaba realmente seguro de lo que eso significaba, hasta que Parvati se sacó las bragas y se sentó de forma despatarrada en una silla, y luego la cabeza de Terry desapareció por debajo de su falda. Después de eso, Harry se había quedado sentado y embobado, completamente boquiabierto ante lo que estaba pasando.

Las mejillas de Parvati se colorearon de un intenso tono rojo al tiempo que arrojaba su cabeza hacia atrás y su respiración se convertía en jadeos. Harry aspiró profundamente al verla así, y cada músculo de su cuerpo se tensó. Por la razón que fuera, sus ojos buscaron a Draco, y se percató de que el rubio estaba mirando fija e intensamente hacia Parvati. Los labios de Draco aún estaban hinchados por su anterior besuqueo, y Harry se encontró con que su propia respiración se hacía más entrecortada, por lo que regresó rápidamente sus ojos hacia Parvati. Pero observarla le resultaba muy incómodo, así que mejor se giró hacia Ron. Sin embargo, eso resultó ser mala idea, ya que su amigo estaba observando atento, embelesado y con la mirada vidriosa, y Harry podía haber jurado que se le estaba cayendo la baba.

Harry hizo muecas y se volteó al otro lado a buscar a Hermione. Sintió alivio al ver que por lo menos ella miraba la exposición con un ligero gesto de desaprobación.

Así continuó mirando a través del círculo, percatándose de que esa parecía ser la regla. Sus compañeros estaban, o meneando sus cabezas con desaprobación, o babeando con sobrecogimiento. En realidad, algunas chicas parecían estar celosas.

Suspirando, Harry finalmente se permitió regresar su mirada a Parvati. En ese instante, ella aferraba fuertemente los lados de la silla, y de algún modo, sus piernas habían terminado sobre los hombros de Terry. Parecía estar muy cerca de... bueno... Harry podía imaginarse de qué estaba cerca ella, pero conforme sus aspiraciones eran cada vez más rápidas y sus gemidos más ruidosos, las propias palmas de Harry empezaron a sudar, y él las apretó fuertemente sobre su regazo. Inconscientemente, sus ojos encontraron a Draco otra vez, y se sorprendió al darse cuenta de que el chico lo estaba observando fijamente, con una sonrisa maliciosa jugando en sus labios.

Harry lo miró con furia, pero Draco sólo arqueó una ceja en un gesto divertido. De repente y fuera de su vista, escuchó a Parvati soltar un particularmente ruidoso suspiro, seguido de un fuerte y escandaloso gemido. Harry parpadeó, girándose con rapidez para ver a Terry rascándose la cabeza mientras le sonreía avergonzado a Parvati, al tiempo que la chica jadeaba en la silla, aparentando estar completamente agotada.

Harry se sintió inexplicablemente horrorizado de que había estado ocupado en una especie de competencia de sostenimiento-de-miradas con Draco, mientras una de las chicas más bonitas de su grado tenía un orgasmo justo enfrente de él. Probablemente, debió haber estado observando descaradamente como todos los demás chicos. Nervioso, miró a Draco de reojo otra vez, y lo encontró poniendo su atención en otra cosa, como si estuviera completamente aburrido.

Harry suspiró.

¿Cómo era que se había metido en ese lío?

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