STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
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Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
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Capítulo 4
¿Practicar... practicar... practicar?
¿Malfoy quería practicar?
Los ojos de Harry se ensancharon tras sus gafas; tenía los brazos cruzados y pudo sentir sus dedos enterrarse fuertemente en sus bíceps. Distraídamente, se preguntó por qué se sentía tan nervioso.
-¿Practicar qué? –logró decir por fin. El rostro de Draco se sonrojó completamente y Harry observó con ligero regocijo que hasta sus orejas cambiaron de color.
-No puede ser posible que seas tan torpe –murmuró Draco, aún mirando fijamente hacia otro lado. Parecía que estaba evitando sus ojos.
-¿Quieres decir que realmente quieres hacerme una... una... una mamada más de una vez? –preguntó Harry incrédulo y un poco histérico. Las manos de Draco golpearon el escritorio y rápidamente lo rodeó para encararlo.
-No, Potter, definitivamente no quiero, pero tampoco estoy dispuesto a quedar como un tonto –dijo con una voz extrañamente calmada. Eso puso nervioso a Harry, porque el tono de su voz simplemente no concordaba con la abrasadora mirada de sus ojos.
-¿No te sentirías más como un tonto si todos se preguntaran por qué pareces ser tan bueno en eso? –preguntó Harry con voz débil. Se sintió triunfante cuando Draco parpadeó y aparentemente, analizaba sus palabras.
-No –decidió éste, y los hombros de Harry cayeron. –Sólo creerán que tengo un talento natural.
-O que eres naturalmente gay –respondió en un murmullo. Draco lo fulminó con la mirada y Harry inmediatamente se calló. –Y... ¿te gustaría practicar, entonces? –Draco asintió, sonrojándose otra vez. Harry suspiró y movió nerviosamente sus manos, buscándose entre la túnica hilos que jalar. Un incómodo silencio se apoderó del aula, y mientras Harry golpeaba ligeramente con su pie la pata del escritorio en el que estaba sentado, fue apenas consciente de que no había manera de presentarse a clase a esa hora. Luego se reprendió por pensar en asistir a clase cuando ahí estaban pasando cosas claramente mucho más urgentes. –Tú... eh, tú no quieres... -tragó, -practicar ahora... ¿o sí?
Draco lo miró asustado, casi en pánico, y Harry se sintió inexplicablemente aliviado. –Oh. No, ahora no –contestó. –Tenemos clases y todo eso, ya sabes –continuó diciendo, gesticulando vagamente con su mano. Harry decidió no hacerle notar que ya no había modo de que pudieran llegar a la clase a tiempo.
-¿Mañana, entonces?
-¿Mañana? –preguntó Draco en un tono agudo, y luego tosió para aclararse la voz. –Claro, mañana está bien. Sólo necesitamos encontrar una habitación en la que nadie pueda –se encogió de hombros, -entrar, y nos encuentre ahí.
-La Sala de los Menesteres –murmuró Harry, no muy seguro de querer realmente compartirla con Draco, pero luego recordó que él ya estaba enterado de eso, ya que el año anterior...
-¿Qué?
-La Sala de los Menesteres –repitió Harry, más alto esta vez. –Es... bueno, es dónde ustedes nos atraparon a todos el año pasado. ¿Recuerdas? –le preguntó no sin un poco de amargura en su voz. Draco resopló con arrogancia, levantando ligeramente la barbilla.
-Creo tener un vago recuerdo de algo por el estilo -respondió. Harry rodó los ojos.
-Sólo encuéntrame en el séptimo piso mañana. ¿Después de cenar?
-No puedo, tengo práctica de quidditch.
-Bien. ¿A qué hora terminas?
-A las ocho.
-Entonces a las ocho.
-Tengo que ducharme primero.
-¡Entonces a las ocho treinta! –dijo Harry duramente, sintiéndose muy cansado y de mal humor. Draco pareció ofenderse.
-No necesitas ponerte gruñón.
-Mira, Malfoy, ésta es tu idea, yo no tengo porqué ir. Puedes practicar con... con...
-Si te atreves a sugerirme que me meta en la garganta algún objeto inanimado, te voy a...
-No fue eso... quiero decir... ARGH. Lo que sea, Malfoy –dijo Harry exasperadamente. –Mira, ya has hecho que pierda una clase y McGonagall se estará preguntando por mí... ¿Puedo irme ya?
-Sí, Potter, tienes mi permiso de retirarte -respondió Draco burlesco, y Harry arrugó el ceño.
-Mañana a las ocho treinta, entonces. Séptimo piso.
-Bien, bien. Ahí estaré.
-Está bien –antes de salir de la habitación, un pensativo Harry le echó una última mirada a Draco. Notó cómo, atrás de él, Draco exhalaba profundamente y enterraba la cara entre sus manos.
El día siguiente, después de la cena, Harry se paseó por casi una hora entera por toda la sala común. Sus acciones revelaban a gritos su nerviosismo, pero Ron y Hermione no tenían idea de por qué podría estar alterado. Sumado a su preocupación por las fiestas de los sábados, decidieron que lo mejor era no decir nada de nada, y continuaron haciendo sus deberes. Finalmente, a las siete cuarenta y cinco, Harry suspiró hondamente y metió todos sus libros y pergaminos dentro de su mochila.
-¿Adónde vas a salir? –preguntó Hermione, apenas mirándolo de reojo por encima de su redacción.
-No me puedo concentrar, necesito algo más tranquilo para trabajar –contestó Harry. Ignoró la ceja arqueada de Ron y anheló que ninguno de sus amigos mencionara el hecho de que la sala común estaba completamente en silencio, ya que todos los presentes estaban trabajando en sus deberes. –Sólo saldré por ahí. Eh, no me esperen despiertos –de inmediato se avergonzó, pensando que eso había sonado como si él estuviera yendo a una cita, y ese pensamiento lo hizo sonrojarse terriblemente.
Ron y Hermione continuaron viéndolo fijo y con la duda reflejada en sus ojos. Harry se puso de pie, colgándose la mochila al hombro.
-Bueno... adiós –murmuró, y rápidamente salió por el retrato. Cuando llegó a la sección de pared dónde estaba la Sala de los Menesteres, se detuvo, inseguro de cómo continuar. ¿Qué tipo de habitación, exactamente, necesitaba uno para ese tipo de... práctica? Instintivamente se quedó con la opción de que era "algo cómodo", pasó por el muro tres veces y se detuvo ante la puerta que apareció.
Cerró los ojos horrorizado cuando vio la cama tamaño matrimonial que se había colocado en el fondo de la habitación.
-Oh, Merlín –murmuró, abriendo un ojo para fisgonear alrededor del salón. El resto del lugar no estaba tan mal. Había un sofá que parecía muy cómodo frente a una chimenea, en la cual ardía un pequeño fuego que irradiaba calor por toda la habitación. Era muy... acogedor, lo que realmente él había deseado encontrar. Encogiéndose de hombros, dejó caer su mochila sobre una mesa que estaba frente del sofá, y se apoltronó entre los suaves cojines. Se preguntó que hora era, y de repente notó un reloj en la repisa que estaba sobre la chimenea. Las ocho cinco... todavía tenía un buen rato qué esperar. Con un suspiro, sacó sus deberes y comenzó su redacción de Transformaciones.
De hecho, eran casi las ocho cuarenta y cinco cuando Draco por fin apareció, pero como Harry ya lo esperaba así, no hizo ningún comentario al respecto. En vez de eso, cuando se detuvo en el dintel de la puerta, le dijo: -Veo que encontraste la sala.
-Bueno, era la única puerta en esta parte del pasillo –respondió Draco, sonriendo presuntuoso. Sus ojos se pasearon por el lugar, terminando en la cama y luego dirigiéndose hacia Harry, con las cejas arqueadas. –Por alguna razón, no veo que esto siga siendo un lugar muy práctico para ensayar hechizos de defensa –dijo desdeñosamente. –Después de todo, nadie querría arruinar esas adorables cortinas –Harry se sintió enrojecer y maldijo por lo bajito.
-Es la Sala de los Menesteres, Malfoy. Te da lo que necesitas –dijo amargamente. Draco frunció el ceño.
-¿Te importa si pregunto para qué necesitamos una cama? –cuestionó siniestramente, palideciendo un poco. Harry también lo miró frunciendo el ceño.
-Yo no se la pedí, la sala simplemente la puso ahí.
-Ah –el tono de Draco claramente indicaba que no le había creído. Harry suspiró, y comenzó a guardar sus libros otra vez, moviéndose mucho más lento de lo que era necesario. Aunque, aparentemente, para la opinión de Draco era demasiado veloz. –Oh, no tienes que dejar de hacer eso por mí –dijo rápidamente. –Los deberes son más importantes.
-He terminado lo que era para mañana. Está bien –respondió Harry con voz tranquila. Estaba siendo amable con Draco, eso sí que era extraño. Aunque no quería arriesgarse a enfadarlo, especialmente ahora que faltaba poco para que el chico rubio tuviera en su boca una parte del cuerpo de Harry que estaría muy agradecido en seguir conservando.
-Ah –Draco se removió ligeramente, luciendo muy incómodo, y Harry se percató de que aún continuaba parado bajo el marco de la puerta.
-Puedes entrar. ¿sabes? –le dijo, casi divertido. –Nadie tiene que ver que estás ahí. Una vez que la puerta se cierra, ninguna persona la puede encontrar mientras la sala esté en uso –Draco seguía mirándose inseguro, pero dio un paso dentro y cerró la puerta tras él. Lentamente, se dirigió hasta el lado opuesto del sofá y se clavó graciosamente en el asiento más alejado de Harry, sujetándose las manos y recargando los codos sobre sus rodillas. Su frente se arrugó al observar los colores de Gryffindor adornando la habitación y parecía estar tratando de reprimir las ganas de decir algo al respecto.
Harry lo observó, percatándose de que vestía lo que parecía ser un pijama pero de los más bonitos que Harry había visto. Traía unos pantalones negros con cordón y una camiseta verde que, francamente, eran demasiado lindos como para dormir con ellos. Pero bueno, él era Malfoy... Harry se preguntó exactamente cuánto tiempo creería el otro chico que estarían ahí, pues ya estaba listo para irse a dormir. También tomó eso como un indicativo de que esa noche Draco no estaría haciendo sus rondas de prefecto. Harry llevaba puesto un par de vaqueros que él mismo había adquirido al final del verano, harto finalmente de usar las ropas viejas de Dudley; y también una camisa de manga corta color azul cielo, la cual iba desabotonada y con una camiseta blanca debajo. Y aún así se sentía desnudo comparado con su contraparte de Slytherin. También estaba ligeramente celoso de la manera en que el cabello de Draco caía suavemente alrededor de sus orejas y casi llegaba al final de su cuello. El suyo seguía siempre alborotado sin importar lo que hiciera con él.
-¿Disfrutando la vista, Potter? –la voz de Draco interrumpió sus cavilaciones y lo hizo arrugar el entrecejo.
-No particularmente –Draco bufó. –Entonces... ¿vas a empezar con eso? –ahora fue Draco quien arrugó su frente.
-¿Soy el único que va a hacer algo?
-Si el reto es para mí, yo sólo improvisaré –respondió Harry de manera rotunda. Después de todo, no pensaba hacerlo más de dos veces. Draco dejó escapar un suspiro.
-Bien –se giró para encarar a Harry. Éste se sintió muy nervioso y la cabeza le empezó a dar vueltas y, para su gran vergüenza, sus pantalones empezaron a sentirse muy apretados. Asombrado, bajó los ojos y Draco miró también, sonriendo petulante.
-Muy ansioso. ¿eh? –se burló. Harry lo observó fijamente por unos segundos antes de sonreír ampliamente.
-Malfoy, estoy a punto de que me hagan una mamada. Chico, chica o lo que sea, sigue siendo una boca, y al menos de que tú seas realmente terrible, seguirá siendo placentero –se rió. Draco hizo gestos, asintiendo resignado, y entonces se movió despacio hasta quedar arrodillado sobre el sofá y frente a Harry. Observó la entrepierna del chico por un momento, claramente inseguro de por dónde comenzar. En vano Harry ahogó una sonrisa, sintiéndose un poco anhelante, y con la respiración ya convertida en jadeos entrecortados. Bajó una mano para alcanzar su cremallera, de repente demasiado deseoso de empezar con eso, hacerlo, y terminarlo de una vez.
-¡Espera... espera! –exclamó Draco, sacudiendo sus manos para detener a Harry, pero vacilando justo antes de tocarlo. Harry soltó una risita, y se tapó la boca con una mano.
-Disculpa –jadeó cuando Draco lo miró de modo extraño. -¡Vamos, Malfoy! Sólo termina con esto. ¿quieres? –Draco mordió su labio inferior, asintiendo.
-Claro, por supuesto –dijo en voz baja, y permitió que Harry se desabrochara los pantalones. Pero entonces, Harry se detuvo, completamente avergonzado de nuevo. –¡Oh, por Salazar bendito, tú ya has agarrado el mío! –escupió Draco, y de un tirón le bajó los pantalones.
-¡Malfoy! –chilló Harry aterrorizado.
-Cállate, Potter, que todavía tienes puestos los bóxer –pero eso no importó una vez que Draco levantó sus manos y rápidamente se los jaló también hacia abajo. Las caderas de Harry accedieron a levantarse un poco sin su permiso, para que la prenda le pudiera ser retirada.
-Eh –murmuró Harry, tan sonrojado que podía sentir su cara ardiendo. Draco soltó una exhalación, como si sintiera que ya había superado el último obstáculo.
-¿Listo? –le preguntó, tomando con suavidad el miembro de Harry y mirándolo con fijeza. Harry hubiera deseado que no lo viera tan de cerca...
Er –respondió, intentando todavía acostumbrarse a la sensación de que otra persona lo estuviera tocando tan íntimamente. Pero Draco no esperó a que respondiera nada más, y antes de que cambiara de opinión, se inclinó hacia delante y cerró su boca alrededor de la punta de su erección.
Harry jadeó, sus caderas se empujaron adelante de manera no intencional y se aferró con ambas manos a la tela del sofá, retorciéndola entre sus dedos. Draco se retiró inmediatamente haciendo gestos y con la lengua casi colgando fuera de su boca.
-Argh, qué asqueroso –masculló. Tomando un hondo respiro, se preparó y tomó a Harry con su boca de nuevo, más profundo esta vez. Harry jadeó otra vez, y entonces Draco empezó a moverse, deslizando su boca arriba y abajo, enroscando su lengua del mismo modo que lo había hecho con los dedos de Harry el sábado anterior. La cabeza de éste había caído hacia atrás hasta quedar encima del brazo del sofá, y miraba hacia el techo con los ojos desorbitados, sin poder creer que eso le estuviera pasando a él. Respiraba profundamente, tratando de controlarse para no derrumbarse enfrente de Draco, quien tenía una mano descansando sobre su estómago y acariciaba su piel casi distraídamente. De manera inconsciente, la pierna que Harry había dejado encima del sofá se movió, dándole a Draco más espacio. Y de pronto, Draco chupó hacia arriba y Harry jadeó otra vez, mientras sus caderas se empujaban hacia el rubio.
Draco tuvo arcadas y se retiró con rapidez. -¡Potter! –gruñó.
Jadeando, Harry sólo pudo gimotear: -¡Disculpa!... Lo siento... No puedo... evitarlo –los labios de Draco se curvaron en una sonrisa y no se dio cuenta de que su mano continuaba haciendo el trabajo que su boca había abandonado. Cuando se percató de ello, frunció el ceño y remplazó su mano con su boca otra vez, llevando sus manos a las caderas de Harry para sostenerlas en su lugar mientras hacía su asunto ese de chupar. Harry continuó jadeando y resollando, y cuando Draco tomó mucho más de lo que podía meter en su boca, y lo liberó chupándolo con lentitud pasmosa, Harry dejó escapar un ronco gemido. En algún momento de ello se alcanzó a escuchar él mismo, por lo que azotó una mano sobre su boca, mordiéndose uno de sus dedos para no gemir. Apretó los ojos firmemente, por lo que no pudo observar cuando los ojos de Draco se entrecerraron. En la siguiente chupada, los dientes de éste rozaron ligeramente la piel de Harry, y el chico se sacudió.
-¡Auch!. ¡Malfoy!. ¿Qué demonios...? –entonces dejó de hablar porque Draco estaba acariciándolo de modo balsámico con su lengua, y la verdad que no le había dolido tanto después de todo.
No duró mucho tiempo. Pronto, Harry pudo sentir cómo se tensaba cada músculo de su cuerpo y cómo su espalda se arqueaba sobre el sofá, mientras que su mundo explotaba en un estallido de agudo placer que cruzó su vientre y su ingle. Las piernas le temblaron y tuvo que cubrirse la boca con ambas manos para no gritar y mordió su dedo a cambio. Después de eso, se quedó tumbado, luchando para poder respirar y escuchando como Draco se atragantaba y tosía con rapidez.
-¡Merlín... P-Potter, pu-pudiste haberme avisado! –se quejó en medio de su acceso de tos y gemidos. –Maldita sea, necesito algo de beber. ¿Qué demonios se necesita para obtener un vaso de agua por aquí?. ¡Puaj, qué asco, mi boca, argh! –un vaso apareció de la nada sobre la mesa y Draco lo tomó y lo empinó de un trago, dejándolo caer pesadamente de nuevo mientras resollaba. –Maldición –murmuró, -prefiero besarte a hacer eso de nuevo.
-No sé, yo lo disfruté bastante –suspiró Harry cuando finalmente pudo decir algo. Draco lo miró, luciendo inusualmente complacido.
-¿Ah? Entonces... ¿no estuvo tan mal?
-Malfoy, creo poder decirte con seguridad que este ha sido el asunto más útil en el que tu boca y yo hemos estado involucrados –Draco sonrió presuntuoso, y Harry se dio cuenta tardíamente de que lo único que estaba haciendo era alimentar el ego del chico. –Tu novio estará muy complacido –añadió rápidamente, y fue visible la manera en que los humos de Draco disminuyeron y arrugaba el entrecejo mientras se sentaba en el sofá. Ambos chicos estuvieron en silencio por algunos minutos, Draco malhumorado y de brazos cruzados; Harry completamente agotado, tumbado en su mitad del sofá. Draco le echaba disimuladas miradas y luego volteaba a otro lado, hasta que Harry finalmente recordó que aún estaba desnudo de la cintura hacia abajo. Sonrojado, se sentó velozmente, recuperando sus bóxer de la mesa sobre la que habían sido arrojados. Se los colocó, sintiéndose extremadamente letárgico, y una vez cubierto, no se preocupó por encontrar sus pantalones. Se desplomó sobre el sofá y luchó fuertemente por contener la sonrisa estúpida que intentaba instalarse en su rostro.
-Tengo que decir –habló Draco por fin, removiéndose en el sofá como lo había estado haciendo por los últimos minutos, -que siempre sobresalgo en todo lo que hago –Harry bufó, pero no se preocupó por rebatirlo. –Eh... ¿y tú estás seguro de que no quieres... no quieres darte una oportunidad? –Harry lo miró incrédulo. –Quiero decir, supongo que no fue tan horrible –continuó suavemente Draco, en un obvio intento por convencerlo. Harry sólo negó con la cabeza.
-Nop, estoy bien, gracias –dijo sonriendo travieso, y Draco lo miró frunciendo el ceño. Se removió de nuevo, y fue cuando Harry por fin se dio cuenta de que Draco estaba tratando de ocultar de su vista el bulto bajo sus pantalones. Harry ladeó la cabeza a un lado, suavizando la mirada. Entonces, levantó un poco su barbilla, escupió en su mano y le sonrió brevemente al rubio. –Aunque supongo, que puedo devolver el favor –y diciendo esto, arremetió contra Draco, quien lo miraba atónito, bajándole los pantalones de un tirón.
Cuando Harry envolvió sus dedos alrededor de la erección de Draco, éste profirió un aullido y Harry soltó una risita. Draco intentó poner cara de desprecio, pero estaba demasiado distraído ante la ya familiar sensación de percibir la mano de otro chico acariciándolo. Gimió, doblando las rodillas de modo que pudo subir sus pies en el sofá, y Harry aprovechó para gatear hasta quedar en medio de sus piernas. Draco apretó los dientes, revolviéndose su propio cabello con una mano y siseando al respirar. Podía sentir esos ojos verdes clavados en él, y abrió sus plateados orbes para corresponder. Las gafas de Harry estaban torcidas y parecían a punto de resbalar debido al sudor que empapaba la cara del muchacho, por lo que Draco levantó una mano y se las quitó, dejándolas caer en algún sitio a su lado. Ninguno de los dos estaba seguro del porqué, pero no podían quitarse los ojos de encima el uno del otro. Sus miradas estaban trabadas, observándose con los ojos entornados, y solamente cuando los de Draco se cerraron abruptamente y su cabeza cayó hacia atrás al sobrevenirle el orgasmo, fue que dejaron de mirarse.
Draco respiraba con profundidad, y Harry se sentó de nuevo, aún con la mirada fija en él. -¿Ya estás contento? –le preguntó divertido al ver la cara de satisfacción que tenía en ese momento. Draco abrió los ojos y lo encaró.
-Supongo que debo estarlo –respondió. Harry se encogió de hombros.
-Más te vale, porque es todo lo que conseguirás de mí por ahora.
-¿Por ahora?
-Nada más. Es todo lo que conseguirás de mí, nada más –se corrigió Harry. Draco resopló, pero Harry lo ignoró, mirando hacia su pegajosa mano. -¿Sabe horrible? –preguntó, levemente curioso. Draco parpadeó.
-¿Sabe horrible, qué? –le inquirió, y cuando Harry le plantó la mano en la cara retrocedió, arrugando la nariz. –Es... no es muy agradable –dijo cuidadosamente. –No es horrible, pero tampoco es particularmente delicioso –Harry continuó mirando pensativo hacia su mano, antes de lamerse tentativamente un dedo. Draco bufó de risa cuando la cara de Harry se descompuso.
-Puaj, asqueroso –susurró, y cuando tuvo la intención de limpiarse en el muslo de Draco, éste rodó rápidamente fuera de su camino, hasta caer suavemente en el suelo.
-No te atrevas, Potter –le advirtió, así que, en vez de eso, Harry se limpió la mano en el sofá. Draco bufó otra vez, y se subió los pantalones que por cierto no habían sido completamente removidos de su lugar. -¿Hemos terminado?
-Eso creo. Al menos que estés con ánimos de chupármela otra vez –Harry parecía genuinamente esperanzado, lo que causó que Draco tuviera que sofocar una sonrisa.
-En tus sueños –le respondió, y entonces salió del lugar a grandes zancadas, no deseando pasar ni un momento más ante la presencia de Harry.
El sábado hizo su aparición, y con él, un intranquilo Draco. Realmente no estaba deseando repetir la experiencia del miércoles, y mucho menos delante de otras personas. Harry estaba igual de nervioso, medio preocupado de que fuera a él al que le impusieran ese reto. Durante el juego estuvo pensativo y abstraído, sin poner pizca de atención.
-Harry. ¿verdad o reto? –escuchó que Hermione le preguntaba, demasiado temprano como para haber tenido tiempo de relajarse y acostumbrarse a la idea de lo que él y Draco creían que iban a tener que hacer. Sin mencionar que era Hermione la que le estaba hablando.
Ella no lo retaría a hacer... eso... ¿o sí? Por favor, se trataba de Hermione. Pero también era la misma chica que, hacía un par de semanas, no había tenido problema en mostrar un vistazo de sus senos... -¡Harry!
-¡Ah! –parpadeó Harry, regresando al momento. –Disculpa. Eh... ¿reto? –Hermione sonrió, obviamente complacida, y eso hizo que Harry se sintiera nervioso porque, honestamente, no tenía idea de qué esperar de ella.
-Vamos a cambiar un poco las cosas. ¿Está bien? –dijo la chica, y Harry tuvo la imperiosa necesidad de abrazarla. No le importaba lo que tuviera que hacer, mientras eso no involucrara a Draco y a su boca. De verdad, que cualquier cosa sería mucho... –Te reto a que le des un beso francés a Ron -... ¡peor!
Harry parpadeó varias veces seguidas e inclinó su cabeza a un lado, mirando incrédulamente a Hermione. Alcanzó a escuchar a Draco reírse disimuladamente, pero lo ignoró. -¿Qué?. ¡Hermione... no! –le dijo, torciendo sus labios en un gesto de ligero disgusto.
-¿Por qué no? Quiero decir, tú ya besaste a Malfoy, él ya besó a Malfoy... ¡también ustedes pueden besarse el uno al otro! –exclamó Hermione. –Por otro lado, me estoy haciendo muy curiosa...
-¡Hermione! –gritó Ron, escandalizado.
-Pero... Hermione, eso es raro –replicó Harry tratando de hacerla razonar. Hermione negó brevemente con la cabeza.
-No te molestó besar a Malfoy –argumentó ella, y Harry se dio prisa en corregirla.
-Erm, no, definitivamente sí que me molestó. Y esto es raro porque... bueno... porque Ron es mi amigo.
-Bueno, que razón tan poco convincente –dijo Draco sonriendo con petulancia. Harry de nuevo lo ignoró.
-No hay absolutamente ninguna razón para que yo bese a Ron –insistió. –Por favor, Hermione. ¡Escoge a cualquier otro! Es que eso sería demasiado... embarazoso.
-En serio, Hermione, yo ya he tenido suficiente de besos con chicos –dijo Ron, arrugando su nariz en muestra de su repugnancia. Hermione suspiró.
-Claro, y a mí no me importaría besar a una chica, para variar –refunfuñó Harry.
-Me besaste a mí la semana pasada –le recordó Hermione de inmediato. Harry la miró terminantemente.
-¡Eso no cuenta! –exclamó, y Hermione abrió mucho los ojos.
-Ah... ¿en serio? –le preguntó con tono ofendido.
-Eh, no fue eso lo que quise decir. Er... es sólo que, tú sabes, somos amigos y todo eso... –Hermione puso los ojos en blanco.
-Oh, está bien. Bueno, entonces te reto a que le des un beso francés a Seamus.
Por alguna razón, Harry no creyó que eso fuera mucho mejor.
Draco estaba tremendamente divertido por la posibilidad de que Potter tuviera que besuquearse con sus idiotas amigos de Gryffindor. Se le ocurrió que así tal vez tuviera el modo de descubrir que había de fascinante en ver al chico besarse con alguien, ya fuera él mismo u otro.
Pero entonces observó a Seamus sonreír en entusiasta anticipación, y algo en su estómago se retorció. Draco frunció el ceño cuando Harry se sonrojó, rodó los ojos y se giró hacia su compañero de Casa. De alguna manera, parecía que ahora las cosas se le facilitaban a Harry más que nunca. No hubo asomo de duda en sus rápidos movimientos cuando alcanzó a su amigo, y Draco pudo ver los labios de Harry sonreír amablemente y abrirse de manera automática ante su compañero. Seamus cerró los ojos mientras le correspondía ansioso el beso, y fue en ese mismo momento cuando Draco recordó que él sí lo estaría disfrutando, porque él era gay.
Su estómago se tensó aún más, y percibió que sus labios se curvaban en un rictus de desprecio. Realmente, eso era asqueroso...
Sin embargo, no pudo dejar de ver aquello. Bien era cierto que no tenía nada de atrayente estarlos viendo a esos dos. En serio, Draco sólo tendría que mirar a otro lado e ignorar ese espectáculo hasta que terminara y pudieran pasar a otra cosa. Además, no durarían besándose mucho tiempo, ya que Hermione no había especificado una cantidad determinada de minutos. No obstante, los ojos de Draco continuaron clavados en la escena.
Y algo estaba cambiando, y pudo verlo pasar, pero no estaba realmente seguro de lo que era. Las manos de Seamus se levantaron y suavemente acariciaron las mejillas de Harry, provocando que el chico se estremeciera un poco ante ese toque. La cabeza de Harry se levantó gustosa, y Draco pudo mirar cómo el chico irlandés prácticamente lo estaba devorando. Draco pestañeó de la sorpresa.
Seamus bajó sus manos, recorriendo gentilmente el cuello de Harry y llegando hasta sus hombros. Siguieron su camino por los brazos de éste, enroscando sus dedos en sus muñecas y haciéndolo temblar. Y... ¿qué había sido eso?... ¿Harry acababa de gimotear? Él no gimoteaba cuando...
Finalmente, Draco despegó sus ojos de ellos, volteando su cabeza hacia otro lado. Pero su mirada insistía en regresar a la exhibición, y se giró para ver cómo Seamus estaba usando sus pulgares para acariciar las muñecas de Harry, trazando suaves círculos en ellas. Impotente, miró a Seamus llevar las manos de Harry por sobre su cabeza, y entonces, empujar al chico hacia atrás. Sin poner ninguna resistencia en absoluto, Harry se dejó conducir por el movimiento, aterrizando suavemente de espaldas contra el piso, seguido por Seamus, quien se inclinó sobre él e introdujo una pierna entre las dos de Harry. Sujetó las muñecas de éste sobre el piso y por encima de su cabeza. Y en ese momento y por alguna razón, Draco no estaba seguro cuál, el beso se hizo más intenso. Harry se arqueó contra Seamus, emitiendo un ronco gemido desde el fondo de su garganta y...
... y Draco vio todo rojo.
Respiraba con profundidad, rechinaba los dientes y estrechaba los ojos, todo al mismo tiempo. No estaba exactamente consciente del porqué, pero estaba furioso. Ese Gryffindor idiota no reaccionaba así con él. ¡Y había dicho, incapaz de mentir, que Draco era bueno besando! Entonces. ¿por qué?... ¿Por qué Draco no tenía ese efecto en él?. ¿Qué tenía ese estúpido mestizo de bueno? Seguramente que no podría ser mucho mejor que Draco, aún con toda la experiencia previa que pudiera tener con chicos. Eso era inconcebible.
-¡Está bien, ya es suficiente! –explotó Draco, abriendo mucho los ojos en cuanto terminó de hablar, porque no había tenido la intención de decir eso. –Es asqueroso –continuó después de un segundo, consciente de que todos lo estaban mirando con curiosidad, incluyendo a Seamus-maldito-Finnigan y a Harry-jadeando-demasiado-intenso-Potter. Su boca continuó hablando sin consentimiento de su cerebro. –Es dañino para mi salud mental. No debería ser obligado a ver algo tan horrible durante tanto tiempo. Miren, hasta Weasley está de acuerdo conmigo. ¿Verdad, Weasley? -¿por qué no podía cerrar su bocota?
Ron le arqueó una ceja. –Es mucho mejor que verte a ti con él –le dijo, y Draco de repente sintió muchas ganas de golpear su estúpida cara. O la cara de cualquiera, en realidad. Especialmente la de Hermione, porque ella tenía toda la culpa de eso y además le estaba sonriendo maliciosamente en ese momento. Y no podía estar haciendo eso porque, en primer lugar, ella no sonreía maliciosamente nunca. Lo mismo hacía Pansy, quien se veía definitivamente mareada y Draco no tenía idea de porqué.
-Bueno, sigamos con esto. ¿Qué no es tu turno, Potter? –pidió por fin después de varios minutos de incómodo silencio. Harry se sentó, y Draco estaba aliviado de que el moreno pareciera haber recuperado el control de su respiración. Aunque su rostro continuaba sonrosado, y el del maldito Finnigan parecía estar resplandeciendo. Eso fastidió profundamente a Draco.
-Está bien –suspiró Harry, y Draco contuvo la respiración. Pero Harry nombró al chico Thomas, dando con eso por finalizado su turno; y Draco empezó a relajarse, liberando la tensión acumulada en su estómago y aflojando los puños, los cuales ni siquiera se había percatado que tenía apretados. Sintió los dedos entumecidos y, confundido, miró fijamente las marcas en forma de media luna que sus uñas le habían dejado en las palmas, mientras el turno de Dean se perdía en un segundo plano sin que le prestara nada de atención.
Cuando al fin llegó el turno de Draco, se sorprendió un poco de que fuera el chico Finch-Fletchey quien lo retara a ello. Ni por un segundo creyó que eso fuera obra suya, ni siquiera que fuera su propia idea.
En todo caso, trató de no demostrar sus nervios cuando se abrió paso a gatas hacia Harry. Pero inmediatamente se aterrorizó de parecer demasiado seguro de él mismo e intentó relajarse, sólo para descubrir que también estaba temeroso de parecer demasiado ansioso. Y sobre todas las cosas, estaba horrorizado de que alguien pudiera sospechar que ellos habían estado practicando.
Harry se había ruborizado hasta los mechones de su cabello, a pesar de que ellos habían sabido que eso pasaría. Draco supuso que era por el pensamiento de hacerlo en frente de los demás. O también pudiera ser porque la comadreja parecía lucir como si estuviera a punto de sufrir un paro cardiaco en cualquier momento. El rubio se imaginó que el pelirrojo sólo estaría celoso. Después de todo, Draco era increíble.
Entonces, eso le recordó el episodio recién ocurrido con Finnigan, y frunció el ceño.
Esta vez, sería él quien haría gemir a Harry. O aullar. O retorcerse salvajemente bajo su cuerpo. O las tres cosas juntas. Hmmm…
-Vamos, Malfoy, que no tenemos toda la noche –escuchó que Justin le decía, y remotamente se preguntó desde cuando los Hufflepuffs habían empezado a creer que podían darle órdenes. Dejando escapar un suspiro nervioso, Draco no perdió tiempo y empujó las manos temblorosas de Harry fuera del camino, desabrochándole sus pantalones. No miró al otro chico a los ojos hasta que tuvo sostenida su erección con la mano, y entonces, sonrió presuntuoso, completamente seguro de él, perdiéndose en los muy abiertos y verdes orbes de Harry.
Quien tragó nerviosamente.
La sonrisa presumida de Draco se ensanchó.
Harry abrió la boca para decir algo, pero Draco lo cortó completamente al engullir su miembro lo más que le fue posible. Inmediatamente, lo chupó mientras lo sacaba de su boca, y fue recompensado con el bastante gratificante sonido de un gimoteo que Harry hizo al respirar, seguido de un jadeante suspiro. De nuevo como en la Sala de los Menesteres, Harry levantó una mano para cubrirse la boca mientras que colapsaba contra el muro detrás de él, abriendo las piernas y formando una "V" con ellas. La mano de Draco fue tras la de Harry, atrapándola en el camino y evitando que se tapara la boca. Harry pareció espantado por medio segundo, pero entonces se dejó perder en las sensaciones que la lengua de Draco le estaba causando.
El resultado fue un sonoro y ronco gemido que provocó que medio grupo jadeara y la otra mitad se ruborizara. Draco sonrió alrededor de Harry, y continuó con sus movimientos. Harry se había deslizado, cayendo desde su posición anterior hasta quedar tendido de espaldas al suelo. Entonces se arqueó hacia arriba, y los ojos de Draco no perdieron de vista la ágil figura de Harry mientras éste continuaba moviéndose frenéticamente contra su boca, gimiendo y jadeando, olvidándose completamente de las manos, quienes parecieron enredarse por ellas mismas en el cabello de Draco. Y cuando la esencia de Harry golpeó el fondo de su garganta, consiguió dominar sus arcadas y tragarla completamente. Se incorporó hasta quedar sentado, limpiándose un poco de eso que había escurrido por su barbilla, y observó al despeinado chico frente a él, maravillándose del hecho de que había sido él quien había reducido a Harry a ese estado. Porque Harry seguía totalmente fuera de sí, y Draco tuvo que acomodarle sus pantalones y subirle la cremallera, incapaz de evitar la sonrisa satisfecha que invadió su rostro.
-Oye, Potter –le habló, inclinándose hacia él y pellizcando su nariz. Aquellos ojos verdes se abrieron, horrorizados, y Harry se sonrojó más.
-Eh… ¿sí? –respondió débilmente, aún tratando de recuperar el aliento.
-Ha sido una buena noche para ti. ¿verdad?
La sonrisa de Draco se hizo más grande y más sincera cuando Harry gimió de vergüenza y, completamente ruborizado, se cubría la cara con sus manos.
Entonces, por alguna razón que no pudo descifrar, Draco se giró para sonreírle con malicia a Seamus. Éste le correspondió la sonrisa con una expresión calculadora en sus ojos.
Draco no tuvo tiempo de imaginar que significaba aquello, porque, en ese preciso momento, mirar la cara avergonzada de Harry era un placer que no se quería perder.
