STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
----------oOoOoOo----------
Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
--------------------
Capítulo 5
Cuando Harry por fin regresó a la realidad del lugar dónde se encontraba, de lo primero que se percató fue del absoluto silencio en la habitación. Se sentó torpemente, mientras repentinos sentimientos de mortificación lo recorrían y trataba de ignorar la sonrisa autosuficiente de Draco que se cernía amenazante enfrente de él. Cuidándose de no encontrarse con la mirada de nadie, regresó a su lugar junto a la pared, colocándose con rapidez las manos sobre el regazo y notando por primera vez que Draco aparentemente había subido su cremallera. Eso sólo hizo que la vergüenza fuera mayor.
-De cierto modo, creo que Potter debería devolver el reto –dijo Blaise Zabini, y Harry tuvo deseos de estrangularlo. Entonces se dio cuenta de lo que quería decir con exactitud, y oleadas de pánico lo asaltaron.
-Sería aburrido –dijo Hermione, lanzándole una rápida mirada a Harry. –Ya lo hemos visto una vez por esta noche, no necesitamos verlo de nuevo –hubo murmullos por todo el grupo y todos parecieron estar más o menos de acuerdo, con excepción de Draco, quien a todas vistas no podía ocultar su decepción. Harry dejó escapar un suspiro y le obsequió a Hermione una agradecida mirada. Ella simplemente se encogió de hombros y Harry sonrió.
Por esa vez, todo había terminado.
Pero ahora el problema era, que Harry sabía que la gente quería verlo pagar el reto. Así que pasó la mitad de la semana preocupándose por eso y mortificándose por lo que haría si eso surgía y por cómo todos se burlarían de él porque seguramente sería malísimo haciéndolo...
No fue hasta el jueves que se armó de valor. Después de la cena de esa noche esperó pacientemente en el corredor que estaba afuera del Gran Salón, y cuando Draco salía tranquilamente por la puerta, afortunadamente sin ninguno de sus compañeros Slytherins marcándole el paso, Harry no perdió el tiempo y de inmediato lo aferró de una manga antes de jalarlo dentro de un aula vacía. El chico lo siguió demasiado condescendientemente, sólo deteniéndose a sonreírle sarcástico una vez que la puerta estuvo cerrada y asegurada.
-No necesitas maltratarme de esa forma, Potter. Si lo que quieres es hablar, sólo tienes que pedirlo –dijo Draco sonriendo presuntuoso, mientras cruzaba sus brazos y levantaba un poco su mentón. Contra su voluntad, Harry arqueó una ceja.
-¿Quién dijo algo sobre hablar? –replicó, haciendo una mueca. –Después de todo, a tu boca se le pueden dar mucho mejores usos –Draco frunció el ceño ante el recordatorio del reto anterior, y miró a Harry con los ojos entrecerrados.
-No puedes estar hablando en serio –dijo, observando aprensivo al chico. -¿Realmente es por eso por lo que me has jalado hasta este lugar?
-Bueno... no exactamente, por cierto –murmuró Harry, sintiendo sus mejillas arder un poco. –La verdad, es un poco todo lo contrario.
-¿Disculpa? –Draco parpadeó, y Harry suspiró exasperado.
-Eh. ¿Estás libre esta noche? –le preguntó. Draco asintió lentamente, aún mirándolo suspicaz. –¿Me encontrarías en el Salón de los Menesteres?. ¿A las nueve?
-¿Qué hay ahí para mí?
Hubo una pausa antes de que Harry respondiera en un tono burlesco: -No puede ser posible que seas tan torpe, Malfoy –de hecho, había logrado que su boca formara una sonrisa autosuficiente después de decir eso, a pesar de que su estómago estaba dando vueltas en ese preciso momento. De repente, miró en los ojos de Draco como brillaba la luz de la comprensión.
-Oh. Ooohhh –Draco sonrió rencorosamente. -¿Es en serio, Potter? –Harry se encogió de hombros evasivamente. –Porque si no lo es, no tengo porque asistir. ¿Sabes? –Draco empezó a examinar ociosamente las uñas de sus manos mientras esperaba una respuesta, pero Harry sólo entrecerró los ojos.
-¿Ahora vas a sugerirme que "me meta en la garganta algún objeto inanimado"? –preguntó irónico. Draco levantó la mirada.
-Sí, algo así –sonrió malicioso. Harry se encogió de hombros otra vez.
-Está bien –dijo suavemente, y se encaminó hacia la puerta.
-¿Qué...?. ¡Espera! –chilló Draco. Harry se giró, levantando las cejas.
-¿Decías? –preguntó inocente, pero Draco lo estaba mirando ligeramente aterrorizado, como si en realidad no hubiera tenido la intención de detenerlo.
-Yo... pero... ¡Oh, maldición! –gruñó cuando Harry empezó a soltar risitas.
-¿A las nueve, entonces?
-Sí, bien, lo que sea.
-Muy bien, te veo hasta entonces.
Harry llegó de nuevo temprano al salón, alrededor de las ocho cuarenta y cinco. Éste ostentaba casi el mismo diseño de la vez anterior, excepto que ahora tenía un poco de los colores de Slytherin haciendo combinación. Pero, para su gran consternación, la cama seguía irguiéndose amenazante en el mismo rincón de la habitación. Harry suspiró y se dejó caer en el sofá. No había traído ninguno de sus deberes con él, ya que se sentía demasiado nervioso siquiera para intentar hacerlos. En vez de eso, se quedó contemplando el fuego, subiendo y bajando las rodillas con impaciencia. Se preguntó cuánto tiempo tendría que esperar a Draco esa vez...
El reloj sobre la repisa marcaba justo las ocho cincuenta cuando el rubio entró. Su aparición sorprendió a Harry, quien en realidad estaba deseando que llegara tarde de nuevo.
-Potter –lo saludó Draco, hundiéndose en el lado contrario del sillón. Esa vez, ambos chicos llevaban sus pijamas, aunque el de Draco seguía siendo por mucho más bonito que el de Harry. Éste había optado por unos pantalones negros de deporte y una vieja camiseta, mientras que Malfoy estaba una vez más vestido impecablemente con su costoso conjunto.
-Llegaste temprano –afirmó Harry impasible, aún sorprendido y ahora más nervioso que antes.
-¿En serio? –preguntó Draco despreocupadamente. –Me lo imaginé. Entonces... ¿podemos comenzar con esto? –Harry pensó que Malfoy debía haber estado manteniendo su excitación oculta por un tiempo endemoniado, pues ésta aún se reflejaba en el brillo ansioso de sus ojos. Tragó nerviosamente.
-Sí, claro –murmuró, y se bajó hasta el piso. Draco no perdió el tiempo y se despojó de sus pantalones, antes de recostarse sobre un brazo del sofá. Era claro que estaba tratando de suprimir una sonrisa. Harry frunció el ceño aprensivamente. Probablemente fue debido a esa tendencia Gryffindor de arrojarse de cabeza en todas las situaciones, pero antes de que Harry se diera cuenta de cómo había llegado a hacerlo, ya se había inclinado hacia adelante e introducido lo más que había podido del miembro de Draco en su boca. Éste jadeó ruidosamente y sus caderas se levantaron en un movimiento involuntario, provocando de inmediato arcadas y un acceso de tos en Harry.
-Oh. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer? –preguntó Draco despectivamente. Harry levantó la mirada y lo enfrentó, notando cómo tenía las mejillas sonrosadas. -¡Fue patético! –dijo, pero su respiración ya era agitada. Harry apretó sus labios pensativamente, y se imaginó que tendría que cambiar esa actitud antes que nada. Gateó para subirse al sofá, jalando las piernas de Draco junto consigo para que éste quedara frente a él sobre el sillón. -¿Qué estás haciendo? –preguntó rápidamente. Harry no respondió, en vez de eso colocó las piernas de Malfoy de manera que quedaran dobladas a la altura de las rodillas y se hincó entre ellas.
-¿Te habían hecho una mamada alguna vez? –preguntó Harry con curiosidad, sintiéndose cada vez más cómodo. Escuchó la respiración irregular de Draco y levantó la vista para mirarlo a los ojos.
-¿Qué jodidos te importa eso? –respondió cortante. Harry asintió, bajando las manos para juguetear con el dobladillo de su camiseta.
-Tomaré eso como un "no" –murmuró divertido.
-¿Qué?. ¡Ni siquiera he respondido! Y... ¡y cómo si a ti te hubieran hecho una antes!
-Es verdad –reconoció Harry, todavía sonriendo un poco.
-Pero eso no significa que a mí no me hubieran hecho alguna –insistió Draco. –En realidad, yo...
-Quítate la camiseta.
-Potter, no es educado interrumpir a la gente cuando está... ¿Disculpa? –Draco parecía escandalizado.
-Quítate la camiseta –repitió Harry, mirando con intensidad al rubio.
-Yo... NO –dijo Draco completamente azorado. Las manos de Harry torcieron la tela de la parte de abajo de su propia camiseta y se la quitó por sobre su cabeza, arrojándola a un lado. Draco lo miraba fijo y anonadado, y Harry se encontró con su mirada y se la sostuvo. Recorrió ligeramente con sus manos la parte interior de los muslos de Draco, escuchando como se incrementaba su respiración. Sonriendo pícaro, Harry llevó sus dedos por la parte superior de las piernas de Draco, bajo sus caderas y por abajo de su camiseta. Pudo sentir cómo sus músculos se tensaban bajo la suave piel del estómago de Draco, y no tuvo que bajar la mirada para cerciorarse de lo mucho que eso lo estaba afectando.
Se inclinó hasta que sus labios estuvieron separados por un pelo, y Harry dijo suavemente: -Quí-ta-te-la. –Sus bocas casi se tocaron con cada sílaba pronunciada y Draco asintió, aún mirando atónito. Harry lo hizo por él, tomando su camiseta y jalándosela por encima de la cabeza. El cabello de Draco se despeinó un poco al hacerlo, pero pareció no darse cuenta. Eso hizo que Harry deseara alborotarlo con sus propias manos y desarreglarlo aún más. Se inclinó más hasta que sus torsos se tocaron, sus pieles sudorosas resbalaron ligeramente la una contra la otra, y la respiración de Draco se incrementó en velocidad. Harry sonrió petulante y besó suavemente el cuello del chico, antes de moverse hacia una de sus tetillas. La chupó ligeramente, usando también su lengua para dar breves lamidas alrededor de la oscura piel. Lo mordió gentilmente, y el pecho completo de Draco se estremeció mientras dejaba escapar un suspiro tembloroso.
-Apuesto que podría hacer que te derramaras sin necesidad de tocarte ahí abajo –dijo Harry pretencioso, aunque ya había llevado una mano hacia el miembro del otro chico y lo estaba acariciando suavemente.
-No es... parte... del reto –jadeó Draco con los ojos firmemente cerrados.
-No, no lo es –murmuró Harry, y continuó besando el cuerpo de Draco, haciéndose camino hacia abajo, sumergiendo su lengua en el ombligo del chico, antes de alcanzar finalmente su destino. Sintiéndose mucho más seguro ahora que había reducido al Slytherin hasta convertirlo en una masa blanda y temblorosa, arrastró su lengua a lo largo de la parte inferior del pene de Malfoy antes de tomar lo más que pudo dentro de su boca. Probó balanceando su cabeza, escuchando a Draco gemir con fuerza, antes de intentar tragar aún más de él. Se dio cuenta de que si relajaba su garganta y literalmente intentaba tragar al chico, podía introducir mucho más de ese miembro en su boca. Una vez que logró hacer eso, causando que Draco dejara salir un gemido lastimero, supo que había dominado la técnica.
Trataba de utilizar las manos también, pero resultó que tenía que usar una para sostener las caderas de Draco en su lugar y éste no continuara empujándose dentro de su boca. Con la otra mano continuó acariciando el muslo interior de su pierna izquierda. Draco estaba respirando extremadamente duro en ese momento, gimiendo con cada inspiración que daba. Sus mejillas estaban coloradas y tenía un brazo cubriéndole los ojos mientras su otra mano aferraba y retorcía la tela del sofá. Harry percibió cuando los músculos de las piernas y del estomago de Draco se tensaban, y se retiró de inmediato. Sonrió cuando Draco soltó un chillido de molestia.
-¿Qué... qué demonios estás haciendo? –le preguntó en voz alta. Sus ojos tenían un resplandor salvaje.
-¿Te habían hecho una mamada alguna vez? –le preguntó Harry a su vez, parpadeando sorprendido al escuchar su propia voz. Estaba un poco rasposa, pero lo ignoró por el momento.
-¿Yo... qué?. ¡Ya me preguntaste eso!
-No contestaste. ¿Sí o no? –Harry sonrió con autosuficiencia cuando Draco se quitó el brazo de encima y lo miró con furia.
-Eso no te importa para nada...
-¡Malfoy! –lo interrumpió Harry, y el rubio emitió un sonido de frustración.
-¡No! Nadie me había hecho nada ninguna vez. Ahí tienes... ¿ya estás feliz? –Harry sonrió ampliamente y se dobló hasta quedar encima del pecho de Draco, cruzando sus brazos por arriba del chico y apoyando su mentón sobre ellos. Podía sentir la erección de Draco presionándose contra su estómago, y a propósito se agitó un poco, escuchando cómo Draco jadeaba por la fricción.
-¿Esto es bueno, verdad?
-Maldición, que si lo sabré yo. ¡No has terminado!
-Yo soy bueno. ¿Verdad, Malfoy?
-¡SÍ, maldito seas!. ¿Te darías prisa? –Harry arqueó una ceja y Draco encontró fuerzas para poner los ojos en blanco. -¿Por favor?
-Sí, está bien –respondió Harry en voz alta, y antes de que Draco registrara su respuesta, Harry estaba bajándose sobre él de nuevo y chupándolo otra vez. Draco se sacudió, empujándose dentro de la boca de Harry, y el chico se lo permitió, sonriendo ampliamente alrededor de su erección. Harry lo hizo más despacio a partir de ahí, tragándose el miembro entero cada vez y tomándose su tiempo cuando lo liberaba. Sintió unas manos retorcerle su cabello, y levantó la mirada un poco para descubrir que la cabeza de Draco había caído contra el sofá, dejando su cuello expuesto al aire y Harry deseó más que nada chupar ese hueco en su garganta. Pero pensó que Draco de seguro lo mataría si se detenía de nuevo.
No transcurrió mucho tiempo antes de que sintiera a Draco paralizarse otra vez, por lo que estaba ya un poco preparado para cuando el rubio se vació en su boca. De todas maneras terminó haciendo arcadas, pero consiguió tragarse todo antes de sentarse y recargarse contra el sillón. Draco jadeaba pesadamente a su lado y ni siquiera hacía ningún intento por moverse.
-Potter –dijo finalmente, todavía aspirando profundo, -¿dónde, por todos los demonios, aprendiste a hacer eso? –Harry sonrió, cruzando sus piernas encima del sofá.
-Mayormente de ti. Supongo. Tú eres la única experiencia que he tenido –eso fue al menos lo que Harry trató de decir, pero su voz sonó tan rasposa y ronca, que era difícil de entender.
-¿Qué demonios le pasa a tu voz? –preguntó Malfoy, logrando por fin incorporarse hasta quedar sentado.
-Es por meterme tu cosa entera en mi boca –graznó Harry. Aunque por lo menos ya se le entendía lo que decía. –Intenta tú tener algo frotando el fondo de tu garganta por cinco minutos y verás –se aclaró la garganta una vez más. –Bueno, eso está mejor –dijo distraídamente.
-Mi voz no estaba así.
-Bueno, tú no eres tan talentoso como yo –fue la respuesta de Harry. Le sonrió a Draco, quien frunció el ceño y le lanzó un cojín que había caído al piso. -¡Oye!. ¡Qué genio! –se rió Harry.
-¿Dónde jodidos fue a parar mi camiseta? –preguntó Draco, ignorando las travesuras de Harry.
-Ni idea.
-Bien, tú eres el que me la quitó a la fuerza –se quejó Draco. -¿Qué hiciste con ella? –Harry buscó alrededor con semblante pensativo antes de parpadear al acordarse. Sonrió maliciosamente y se giró, dejándose caer prácticamente encima del otro chico. Draco soltó un incrédulo chillido mientras Harry continuaba inclinándose hacia él. Levantó sus manos para empujar a Harry por el pecho, pero éstas terminaron en el estómago del chico, y sus pezones a la altura de sus ojos. Y en vez de empujar, sus manos sólo se posaron en las caderas de Harry, acariciando ociosamente su piel, mientras miraba con fijeza las turgencias oscuras del torso del muchacho.
Harry había hecho una pausa, echando un vistazo a esas manos sobre su piel, antes de continuar su búsqueda detrás del lado del sofá donde había arrojado la camiseta al suelo. Estaba tan concentrado que no se dio cuenta cuando de repente la cabeza de Draco se levantó. Sólo sintió la tibia humedad de una lengua lamiendo tentativamente su tetilla, y la sensación fue tan inesperada e impactante que su cuerpo completo brincó y se arrojó hacia un lado, casi cayendo sobre la mesa cuando se colapsó al piso.
-¿Por-por qué fue eso? –preguntó incrédulamente. Draco se asomó por la orilla del sofá hacia él y le arrebató su camiseta de la mano para podérsela colocar de nuevo.
-Eh, me dio gusto que hayamos practicado otra vez –dijo Draco eludiendo la pregunta de Harry, quien curvó una ceja.
-Sí, puedo apostarlo –respondió, riéndose brevemente. Draco hizo una pausa en la búsqueda de sus pantalones y miró pensativamente hacia Harry, que aún continuaba tirado de espaldas en el piso. Lentamente, se bajó hasta el suelo, poniendo sus piernas a cada lado de Harry mientras se montaba a horcajadas sobre su estómago. Harry lo miraba fijamente y sin expresión.
-Supongo que... podría regresar el favor –le sugirió, mirando nerviosamente hacia otro lado.
-¿En serio? –Harry parpadeó asombrado. Draco se encogió de hombros.
-Bueno, ya lo he hecho antes, y tú de cierta forma me reciprocaste la última vez, por lo que... –Draco se interrumpió, encontrándose con los ojos de Harry. Éste pestañeó de nuevo, antes de sonreír.
-Entonces está bien, no voy a discutirlo si tú te estás ofreciendo –Draco rodó los ojos, y se deslizó hacia abajo por encima del cuerpo del chico.
Harry pasó todo el día siguiente asegurándole a Hermione que sí, que él había terminado todos sus deberes al desaparecer la noche anterior, y diciéndole a Ron que no tenía idea de porqué su sonrisa parecía la de un lunático.
Harry se dirigió a la fiesta del siguiente sábado sintiéndose muy seguro de él mismo.
Sentimiento que lo abandonó abruptamente una vez que Pansy colocó tres botellas de whisky de fuego dentro del círculo.
-Pensé que deberíamos tomarnos un descanso esta noche y cambiar un poco las cosas –dijo, sonriendo con socarronería. –Vamos a jugar "Yo nunca". ¿Todos saben cómo se juega? –hubo unos pocos que no lo conocían, por lo que Pansy lo explicó. Era demasiado fácil. Todos tenían un vasito con bebida. Una persona decía algo que nunca hubiera hecho antes, y todos los que sí lo hubieran hecho tenían que tomarse su trago. Harry sintió que su seguridad regresaba. Eso era algo que podría manejar sin problemas... ¡y por fin no tendría que hacer nada con Draco! Ignoró el aparente disgusto de rubio, probablemente causado por el hecho de que no recibiría ninguna mamada esa noche, y se preparó para disfrutar de una vez por todas. Eso tenía que ser pan comido.
-Yo empiezo –declaró Pansy. –Yo nunca me he masturbado en el Baño de los Prefectos.
Oh. Bueno, está bien, tal vez las preguntas serían embarazosas, pero por fin nadie estaba dirigiéndose exclusivamente a él. Antes de que pudiera pensar si efectivamente él había hecho o no algo en los Baños de los Prefectos, su mano se estiró hasta tomar el vasito que tenía enfrente, y parpadeó de la impresión. Bien... quizá "Yo nunca" era más o menos como decir las verdades en el juego de "Verdad o Reto"; tenías que ser perfectamente honesto.
Harry se empinó su trago, junto con cada uno de los prefectos hombres que estaban en la habitación, y de inmediato hizo muecas y trató de contener la tos mientras el líquido le quemaba al pasar por su garganta.
-¡Potter, tú ni siquiera eres un prefecto! –escuchó que Draco exclamaba, y se giró para mirarlo furioso.
-¡Bueno, tampoco Zabini lo es! –el Slytherin de cabello negro estaba sentado a un lado de Draco, limpiándose la boca con el revés de su mano al terminarse su trago. Draco se encogió de hombros.
-¡Oh, venga ya, Malfoy! –gruñó Ron, quien también trataba de dominar la ardiente sensación que el líquido le había dejado. –Cada prefecto aquí presente le ha dado la contraseña por lo menos a uno de sus amigos.
-¡A mí nadie me ha dado la contraseña! –dijo Seamus fingiendo un puchero. Ron intentó tartamudear una respuesta mientras todos los ojos de sus compañeros de dormitorio estaban de repente muy fijos en él, y Harry se compadeció de su amigo.
-Te llevaré conmigo la próxima vez que vaya, Seamus –ofreció Harry, riéndose un poco del modo que el nerviosismo de Ron se hacía evidente. No vio a Draco entrecerrar los ojos al otro lado del círculo.
-Ooohhh, Harry. ¿Me lo prometes? –preguntó ansiosamente Seamus, con un brillo travieso en los ojos.
-Seguro –Harry se encogió de hombros.
-Seguro que no –lo interrumpió Draco, -¡Y si llego a descubrirlo ahí, te daré una detención, Potter! –Harry miró escéptico hacia el rubio mientras Seamus se reía a carcajadas.
-Uuuyy –canturreó Pansy mientras le daba palmaditas a Draco en una rodilla. -¡El pequeño Draquito está celosito de que Harry vaya a besuquearse con otro chico!
-¿Quién dijo algo sobre besuquearse? –chilló Harry asombrado, mientras Seamus sólo se reía aún más alto. Las mejillas de Draco se sonrosaron.
-Pansy, cariño –le dijo suavemente, -¡¿Te importaría con una maldición meterte en tus propios jodidos asuntos?!
-Sí, querido, dejaré mis jodidos asuntos para mí misma y a ti, los tuyos. ¿Está bien? –Seamus había empezado a hiperventilar de tan fuerte que se reía, y Hermione se le había unido. Ron se reía ligeramente, como si creyera que no era seguro reírse a expensas de Draco o como si estuviera preocupado por lo que Pansy estaba insinuando. La frente de Harry se arrugó, mientras lograba finalmente entender en lo que se estaban basando.
-Disculpen, pero aquí no habrá ningún jodido de ningún tipo –dijo, pero entonces alcanzó a percibir la mirada furiosa de Draco y decidió no añadirle más leña al fuego. –Al menos, no por parte de Malfoy. Él sería el que resultaría jodido –Draco balbuceó indignado, mientras la mayoría de los presentes reían histéricamente. Los únicos que no reían se miraban un poco nerviosos por el rumbo que había tomado la conversación, entre ellos, Neville.
-¡Yo no sería el pasivo en esta relación, Potter! –consiguió decir finalmente Draco a través de sus dientes apretados.
-Bueno, en primer lugar, ésta no es una relación, y en segundo lugar... ¡definitivamente sí lo serías! –sonrió Harry. Apenas sí alcanzó a percibir por el rabillo del ojo cómo Hermione y Pansy se veían la una a la otra con un extraño brillo en la mirada, y de inmediato se preguntó que tipo de repercusiones tendría esa conversación, por lo que empezó a entrar en pánico. Draco también se dio cuenta, y maldijo por lo bajito antes de llenar de nuevo su vaso con whisky.
-¿Vamos a jugar o no? –preguntó, y todos comenzaron a tranquilizarse.
-Ah... ¡mi turno, mi turno! –exclamó Seamus. –Yo nunca he creído que Malfoy sería el dominante en una relación –brotaron risitas de nuevo mientras sólo la mitad del grupo tomaba de sus vasitos. Harry se imaginó, mientras miraba el suyo pero no sentía la urgencia de tomarlo, que la mayoría de ellos ni siquiera habían pensado en ese tipo de cosas alguna vez. Entonces se preguntó por qué él sí. Sus ojos buscaron a Draco, y vio al chico mirando con furia su propio trago, murmurando y jurando por lo bajito porque, claramente, estaba sorprendido de no habérselo bebido, y bufó. Afortunadamente, nadie dijo nada sobre eso.
Varias rondas después, todos estaban decididamente más achispados. Llegó el turno de Ron, y el pelirrojo pareció estar tratando de pensarlo muy bien. –Eh, yo nunca... yo nunca he... A mí nunca me han hecho una mamada –dijo por fin, arrastrando un poco la voz. Harry suspiró y se tomó otro trago, mirando cómo Draco hacía lo mismo, junto con Seamus, Blaise Zabini y otros pocos chicos.
-Draco... ¿cuándo te hicieron a ti una mamada? –preguntó Blaise con curiosidad, una vez que se terminó su bebida. El rubio se congeló, mirando rabioso a Blaise.
-No te importa –respondió, añadiendo rápidamente: -Bien. ¿Quién sigue?
-No, en serio –insistió Blaise, girándose completamente para encarar a Draco. –Eres de los que les gusta presumir de cosas como esa. Ya te habríamos escuchado alardear al respecto... ¡y la última vez que te lo pregunté, dijiste que nadie te había hecho eso todavía! –Draco estaba parpadeando con rapidez, obviamente tratando de pensar en una respuesta. Harry se removió nerviosamente en su lugar.
-Blaise, eso no te importa, tal vez yo te estaba mintiendo en aquella ocasión...
-¡Claro que no!. ¡Sólo dímelo! –Draco entrecerró los ojos. –Puedo descubrirlo –amenazó Blaise.
-Oh. ¿En serio? –se burló Draco. Blaise tomó su vasito rápidamente.
-Yo nunca he recibido una mamada de Weasley –dijo burlonamente, y no fue sorpresa que nadie bebiera de su whisky, aunque Ron dejó salir un sonido de indignación. Draco abrió los ojos desmesuradamente y Harry sintió que empalidecía y su estómago se revolvía. –Puedo hacer esto con todos nosotros. Yo nunca he recibido una mamada de Terry, yo nunca he recibido una mamada de Finch-Fletchey... –Seamus se rió alegremente y se tomó su vasito, mientras que Justin se ponía rojo.
-Blaise, detente –suplicó Draco, empezando a entrar en pánico. El corazón de Harry latía dolorosamente en su pecho mientras aferraba con fuerza su vaso.
-Yo nunca he recibido una mamada de... de Dean Thomas; yo nunca he recibido una mamada de Potter... –los ojos de Harry se cerraron violentamente mientras que se los cubría con una mano por un segundo, antes de que la bajara para cubrirse la boca. Resignado, vio como Draco alcanzaba bruscamente su vasito, como si estuviera tratando con todas sus fuerzas de no tomarlo, y un pesado silencio caía sobre el grupo.
-Maldito-seas-Blaise –dijo Draco furiosamente, y se lo tomó de un trago. Harry pudo sentir como ardían sus mejillas cuando varios pares de ojos voltearon a verlo, incluidos los de un incrédulo Ron. Pansy rompió el silencio al soltar una risita.
-¿Es en serio? –preguntó entre risas. Ni Harry ni Draco dijeron nada. Harry estaba aferrándose al piadoso pensamiento de que tal vez todos estaban demasiado ebrios como para recordar aquello.
-¿Harry? –lo llamó Ron. Seamus se rió y le dio una palmada a Harry en el hombro.
-Bien hecho, compañero. Si yo no hubiera tenido idea de lo que estaba haciendo, también me aseguraría de adelantarme a los hechos –dijo Seamus, sonriendo ilusamente, y Harry sintió que sus hombros de relajaban un poco. Hermione asintió.
-También yo lo hubiera hecho –admitió ella, y un rumor recorrió el grupo al estar todos de acuerdo. Harry y Draco exhalaron lentamente, aliviados.
-Lo siento, pero tengo que verificar algo –dijo Pansy, aún riéndose un poquito. –Yo nunca he recibido más de una mamada de Draco –Harry se ruborizó otra vez, suspiró y, perezosamente se bebió su trago. –Ooohhh. ¿Cuántas han sido? –preguntó Pansy emocionada. Draco gimió y enterró la cabeza entre sus manos.
-¿Sin comentarios? –Harry trató débilmente de responder. Pansy sonrió malévola.
-Yo nunca he...
-¡Está bien! Tres –murmuró Harry.
-¿Tres? –preguntó Hermione, y Harry sintió una oleada de mortificación atravesarlo ante el simple pensamiento de discutir eso con Hermione. –Puedo contar dos; la práctica y luego, el reto, pero... –Harry mordió sus labios y gesticuló sin propósito con sus manos.
-Eh... ¿Lo obligué?
-Fue una manera de compensar cuando él me la hizo a mí –dijo Draco cortante, aparentemente superando su vergüenza.
-Ah.
-¿Podemos continuar? –preguntó Harry desesperadamente. Su mente estaba empezando a sentirse realmente nublada.
-No sé, creo que he tenido suficiente para una noche –dijo Justin, haciendo el intento de ponerse de pie y tropezando un poco al hacerlo. Seamus estuvo de acuerdo con él, y Justin le dio la mano para ayudarlo a levantarse. Hermione hizo lo mismo, Ron la siguió, y pronto la mayoría de ellos estaban de pie.
-Harry... ¿vienes, compañero? –cuestionó Ron.
-No, los alcanzo en un momento –respondió Harry, deseando más que nada quedarse a solas por un rato. Pero no se quedó solo, porque Pansy, Draco, Blaise y Terry no se habían movido de su lugar. Terry llenó de nuevo los vasos.
-La última –declaró, mirando interrogante al pequeño grupo que había quedado. –Sólo por curiosidad. Yo nunca he tenido sexo –Blaise fue el único que se tomó su trago, mientras Harry y Draco miraban furiosos al chico. Éste se encogió de hombros. –Está bien. ¡Buenas noches a todos! –los cuatro restantes se quedaron sentados y en silencio hasta que Pansy se puso de pie, jalando a Blaise junto con ella.
-Bien, estoy agotada. Buenas noches Draco, Potter –los dos chicos se quedaron solos en el oscuro salón.
-Bueno, esa no era exactamente la manera en la que yo habría dicho algo a alguien –dijo Harry al fin, quedamente. Draco bufó y alcanzó con su mano la última botella de whisky de fuego.
-Yo no le habría dicho nada a nadie –dijo, tomando directamente de la botella. Le ofreció a Harry, quien la tomó gustoso. Tosió un poco al pasarse el trago, limpiándose la boca mientras conseguía regresarle la botella a Draco. El rubio se fijó en lo que quedaba. –Menos de la mitad –murmuró. -¿Quieres que nos la tomemos de una vez? –Harry dudó que eso fuera coherente, pero de cualquier forma aceptó.
-Sí, está bien –se tomaron en silencio la mayor parte, cada uno intentando mantener el contacto visual con el otro. Sus rodillas se tocaron cuando se sentaron con más proximidad, y cada vez que uno de ellos tomaba la botella, de alguna manera, el otro también trataba de hacerlo y sus dedos terminaban rozándose. Eso le parecía tan surrealista a Harry, quien ya no podía girar su cabeza un poco sin que la habitación entera se difuminara y diera vueltas ligeramente. El cuarto estaba oscuro, salvo por la luz de luna que se filtraba a través de la ventana, y el único sonido eran las profundas aspiraciones de ambos chicos. Harry sintió una mano en su rodilla, a pesar de que Draco no parecía haberse dado cuenta del lugar dónde la había colocado, y levantó la mirada hacia el rubio, encontrándose con esos ojos que parecían brillar en la negrura. –¿Oye, Malfoy?
-¿Qué?
-¿Has... alguna vez has querido besarme fuera de los juegos de los sábados? –las palabras se sentían pesadas en su lengua, y se tardó una endemoniada eternidad para poder pronunciarlas, aunque Draco pareció entenderlo de cualquier forma. Harry descubrió lo sonrosada que estaba su cara debido al alcohol.
-... No –respondió Draco después de un tiempo. -¿Y tú? –Harry negó rápidamente con su cabeza y se arrepintió de inmediato al revolvérsele el estómago. Se empinó su último trago y observó a Draco hacer lo mismo. Miró esos labios abrirse ligeramente alrededor del vaso, notó esa garganta moverse al tragar el ardiente líquido, admiró la pálida piel de su cuello contrastar con la oscura camisa...
-No... no hasta este momento –murmuró Harry. Draco lo miró fijamente y con dureza, pero luego hizo una mueca como si el gesto lo afectara tanto como lo hacía con Harry.
-¿Quieres besarme? –preguntó incrédulo y arrastrando las palabras. Harry asintió sin proponérselo.
-Tu cuello... quiero besarte en el cuello otra vez –le dijo, tropezando las palabras. Draco parpadeó sorprendido.
-¿Qué eres tú? Un... un... eh... ¿Qué es...?. ¿Cómo es que les llaman? –preguntó Draco, entrecerrando los ojos. Su cabeza se inclinó a un lado en un gesto pensativo y Harry se percató de que su postura completa se inclinaba hacia él.
-¿Un vampiro?
-¡Sí!
-No soy un vampiro, Maaalfoooy –soltó Harry entre risitas. –Es sólo que me gusta tu cuello –Draco sonrió ampliamente también, moviéndose hacia el otro chico.
-Bueno, aquí lo tienes –ofreció completamente ebrio. Harry sonrió y prácticamente se trepó en el regazo del otro chico. Antes que pudiera darse cuenta con claridad de lo que estaba haciendo, su boca estaba en la garganta del otro, lamiendo y chupando y dejando marcas mientras se abría camino por esa piel. La respiración de Draco se incrementó y gimió levemente, mientras llevaba sus manos hacia atrás y las colocaba sobre el piso para poderse sostener. Harry subió con su boca por su cuello, besando sus mandíbulas y luego su mentón. Entonces se alejó un centímetro, mirando con fijeza a los ojos de Draco y casi tocando sus labios.
Eso duró tal vez unos cuantos segundos, pero en las neblinas de su embriaguez les pareció que eran horas, antes de que Draco finalmente eliminara la distancia y plantara su boca suavemente sobre la de Harry. Era la primera vez que él iniciaba un beso, y Harry abrió los ojos enormemente. Se retiró un poco, clavando su mirada en la del otro chico. Draco levantó una mano con lentitud y le quitó las gafas, y de pronto los ojos de Draco se pudieron distinguir más claramente en esa cercanía. Harry se abalanzó hacia adelante otra vez, encontrándose apasionadamente con Draco y ambos chicos abrieron sus bocas de inmediato. Sus lenguas se buscaron la una a la otra y se entrelazaron en una danza familiar, barriendo con profundidad en la boca del otro.
En algún punto, los brazos de Draco se agotaron de sostenerlo y se quedó tendido de espaldas en el suelo, con una pierna enganchada a la parte posterior de las rodillas de Harry mientras éste se inclinada sobre él. Ambos gimieron dentro del beso, provocando maravillosas vibraciones que resonaban directamente hasta sus entrepiernas. Draco se separó después de unos momentos, dejando caer su cabeza contra el piso y respirando con dificultad. Harry también estaba jadeando, y enterró su rostro en el cuello de Draco. Murmuró algo distraídamente, pero ninguno de los dos pudo registrar sus palabras.
Harry se dejó caer hacia un lado, con la cabeza aún descansando en el recodo del cuello de Draco, mientras que los párpados de éste se cerraban con fuerza. Finalmente, sus respiraciones se normalizaron y ninguno se movió hasta la mañana siguiente, al rendirse sus mentes alcoholizadas al cansancio y quedarse profundamente dormidos.
