STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
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Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
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Capítulo 6
La mañana siguiente, Pansy se paseaba tranquilamente por la sala común de Slytherin intentando atarse el cabello en una coleta cuando Blaise, hecho una ráfaga de túnicas negras, la abordó.
-¿Has visto a Draco? –le preguntó rápidamente. La chica de cabello negro arqueó una ceja.
-Blaise, cariño, justo me acabo de levantar. ¿O no te diste cuenta que vengo saliendo del dormitorio de las chicas? –respondió, sonriendo levemente. Blaise se pasó una mano por su cabello color ébano.
-Pensé que quizá ya habías estado aquí abajo antes, o algo así –dijo, exhalando lentamente y mirando hacia otro lado.
-¿Y cuál es el problema?. ¿Ya revisaste su cama? –Blaise le dirigió una mirada disgustada.
-Por supuesto que sí. ¿Por quién me tomas? –espetó de mal humor. –No lo he visto en toda la mañana.
-¿Y que hay de Vincent y Greg? –preguntó Pansy, explorando la sala común como si buscara al rubio extraviado. -¿No lo sabrán?
-Lo dudo. Pansy... su cama está como si no hubiera dormido en ella –dijo Blaise vacilante. Los ojos de la chica se dirigieron a él.
-Bueno, él hace su cama cada mañana. ¿No?
-Bueno, sí... pero es como si... Quiero decir. ¿No lo dejamos con Potter anoche?
-Oh, por favor –dijo Pansy entre risitas. -¡No me digas que crees que Potter le hizo algo! –Blaise se detuvo y frunció el ceño.
-Algo es una palabra muy imprecisa... –murmuró, y entonces Pansy finalmente lo entendió, lo cual fue extraño considerando los esfuerzos que hacía para emparejar a los dos chicos. Blaise pensó que debía estar muy cansada o algo así.
-Oh. Ooohh –Pansy sonrió con suficiencia y comenzó a acomodar los cojines de los sillones. –Totalmente improbable –dijo, pasándole a Blaise un libro de Transformaciones que encontró olvidado entre los almohadones, mientras él la seguía de cerca. –Quiero decir, difícilmente harían algo por su propia cuenta. Ambos son unos negados.
-Pero estaban demasiado ebrios –continuó Blaise, observando como la prefecta de Slytherin se arrodillaba en el piso y miraba debajo de los sofás. –¡De hecho, los dejamos con casi media botella de whisky de fuego! –Pansy sacó un polvoriento manual de Pociones y se lo lanzó a Blaise, sonriendo. Entonces se detuvo, y mientras se sacudía las manos un gesto pensativo cruzó su cara.
-Buen punto –dijo finalmente, y se rió un poco. -¡Lo había olvidado! Tal vez, eso los impulsará en la dirección correcta –Blaise arrugó el ceño de nuevo, y colocó en una mesa cercana los libros que había sostenido.
-Pansy... ¿exactamente qué es lo que estás tratando de conseguir con éstos dos? –preguntó. –No puede surgir nada bueno de eso; ¡el padre de Draco es la mano derecha del Señor Oscuro! –Pansy silenció con un chitón al muchacho, mirando hacia los estudiantes más jóvenes que pululaban por la sala común, antes de jalarlo hacia el sillón más cercano.
-Blaise, voy a preguntarte algo que tal vez parezca muy personal, pero quiero que me respondas con toda honestidad. ¿Está bien? –ante su asentimiento, ella continuó: -¿Qué es lo que piensas de los hijos de muggles?
-Bueno, yo... ¿Qué?. ¿Hijos de muggles?. ¿Qué tiene que ver eso con esto? –cuestionó Blaise, confundido.
-Sólo responde.
-Eh, está bien... Bueno, supongo... quiero decir... bueno. ¡En realidad no pienso en ellos para nada! –Pansy puso los ojos en blanco, exasperada.
-¿Te has percatado que el asunto de la Luz y la Oscuridad, prácticamente tiene que ver totalmente con ellos? –le preguntó, levantando una ceja.
-¡Claro! –exclamó Blaise, un poco ofendido. –Es sólo que... bueno, ellos no me preocupan mucho. Ni siquiera puedo decirte los nombres de todos los estudiantes que son hijos de muggles. Aparte de... Granger, o algo así –Pansy suspiró agitadamente.
-¿Y tú quieres asesinar a Granger?
-¿Qué...?. ¡No!
-¿A Justin Finch-Fletchey?. ¿A Dean Thomas?
-¡NO!. ¿Por qué me estás preguntando eso?
-Porque si tú sigues al Señor Oscuro, eso es lo que tendrás que hacer –dijo seriamente Pansy, con mirada dura y fría. –Un día te encontrarás mirando a los ojos de un compañero, y tendrás que levantar tu varita, decir las palabras, observarlos morir y saber que tú lo hiciste.
-Yo... lo sé, Pansy.
-¡No, no creo que lo sepas! –exclamó Pansy, causando que Blaise saltara ligeramente. –¡No creo que nadie de aquí sepa eso!. ¡Ah, lo que sí estoy segura es que todos saben que odian a los sangre sucia porque no pertenecen aquí, y que desean unirse al grande y poderoso Lord Voldemort y cumplir con su noble causa! Nos deja entre la espada y la pared... ¿verdad?. ¡No creo que nadie se dé cuenta en realidad a quiénes tendrán que asesinar, o que ellos serían los que lo harían!. ¡Todo puede parecer muy fácil, pero nadie reconoce el hecho de que son sus compañeros contra los que tendrán que pelear!. ¡Rivalidades escolares y batallas son dos cosas muy diferentes! –el pecho de Pansy subía y bajaba cuando terminó de hablar, y tenía los ojos brillantes. Blaise sólo pudo mirarla por unos segundos antes de caer en cuenta de algo.
-Pansy –resopló, con los ojos enormemente abiertos, -¿Estás del lado de Dumbledore?
-Oh, por supuesto que no –respondió la chica, levantándose y caminando alrededor del sillón. –No estoy del lado de nadie; no veo la necesidad de involucrarme en este lío.
-Sabes que eso no es posible, tarde o temprano tendrás que tomar una decisión.
-Y cuando ese momento llegue, elegiré el lado que más me convenga –hubo una breve pausa dónde lo único que se escuchó fue el rápido golpeteo de un pie de Pansy contra el suelo, antes de que ella rodeara de nuevo el sofá para encarar a Blaise. –Está bien, lo acepto. ¡Estoy del lado de Dumbledore y de Potter! –explotó. –¡Creo que matar hijos de muggles no tiene sentido y es estúpido!. ¡Nadie de nuestro grado sabe tanto como Granger! Honestamente, creo que el Señor Oscuro sólo tiene envidia.
-Pero, tu padre...
-Sí, sí, mi papi es un Mortífago. ¡Y mira lo lejos que ha llegado! No lo he visto desde las vacaciones de invierno del año pasado, y se ha estado escondiendo los últimos meses. ¡Está arruinando su vida!
-Correcto –masculló Blaise, arrugando la frente. –Pero... ¿qué tiene que ver esto con Draco y Potter?
-Ah, que Draco no piensa por él mismo desde que tiene dos años. La única cosa que sabe es lo que año tras año su padre le ha metido en la cabeza. Y siendo sinceros, Draco y su padre son dos personas muy diferentes –dijo Pansy, sentándose de nuevo en el sofá y recargando el mentón sobre una mano. -¿Lo has visto tratando de matar a alguien?. ¿O torturando a alguien? La simple visión de la sangre lo pone enfermo –continuó, sonriendo con ternura. –Me imaginé que necesitaba de alguien que le metiera un poco de sentido común... ¿y quién mejor que Potter?
-¿Granger, tal vez?. ¿Una chica?
-Ja, claro –se rió Pansy. –Por otro lado, necesité de alguien cercano a Potter para que me ayudara; alguien que, al igual que yo, observara lo que estaba pasando entre estos dos. Hay cierta química entre ellos. ¿Sabes? Cuando están en la misma habitación, prácticamente sólo tienen ojos el uno para el otro... ¿no lo crees así? –Blaise gruñó y se encogió de hombros –Aparte, Draco realmente no es el mismo este año, y Potter es casi el único que puede hacerlo reaccionar. ¿Y anoche qué no fuiste tú el que mencionó sólo chicos, cuando estabas tratando de adivinar quién le hizo la mamada a Draco?
-Estaba tratando de asustarlo para que me dijera quién había sido –admitió Blaise. –No pensé que realmente daría con la persona correcta.
-Hablando de eso –dijo Pansy, poniéndose de pie otra vez y sacudiendo su túnica, -será mejor que los encontremos antes de que lo haga un profesor –Blaise estuvo de acuerdo y asintió rápidamente, y los dos se encaminaron veloces fuera de su sala común.
-¡Harry!. ¡Harry, despierta ya! –Ron tiró de las cortinas de la cama de su mejor amigo para abrirlas, congelándose en cuanto vio que ahí no había nadie. -¿Harry? –el pelirrojo miró por toda la habitación, deteniendo sus ojos en cada uno de sus compañeros de dormitorio, los cuales estaban en diferentes etapas de alistamiento para el nuevo día. -¿Alguien vio cuando Harry se levantó? –preguntó con curiosidad.
-Ni siquiera escuché que llegara anoche –comentó Dean, poniéndose los calcetines.
-Cómo lo ibas a escuchar, si estabas dormido –dijo Seamus, empujando a su amigo juguetonamente. –Probablemente ya está abajo desayunando, para poder evitar todas tus preguntas –le respondió a Ron seriamente. Neville estuvo de acuerdo y asintió con la cabeza.
-Pero Harry odia levantarse temprano –dijo Ron, sentándose en su cama.
-Ah, pero más odia recibir atención no deseada –afirmó Seamus.
-Yo no iba a decir nada –masculló Ron, pero sus orejas rojas lo delataron.
-Seguro que no –se rió Seamus, antes de decir completamente serio: -Mira, compañero, sólo deja ya de lado el tema de Malfoy. ¿Está bien? Harry no hizo nada malo –Ron hizo muecas y arrugó la nariz.
-Argh, Malfoy –murmuró. -¡No le iba a preguntar nada!. ¡De verdad!... Aunque pudo habérmelo dicho. ¡Yo soy su mejor amigo!
-Ah, claro, porque eso podría haber quedado realmente bien –dijo Dean. –"Oye, Ron, necesito aprender cómo hacerle una mamada a Malfoy antes del sábado. ¿Tienes algún consejo?. ¡Genial! Gracias, compañero. ¿Puedo darte un abrazo?" Estoy seguro de que habrías respondido muy bien –Neville y Seamus se rieron mientras que Ron apretaba los labios.
-Yo no habría... él podría haber... bueno, quizá debió... oh. ¡No lo sé! –exclamó Ron finalmente, dando grandes zancadas en dirección a la puerta. –Tal vez Hermione lo ha visto –los cuatro chicos bajaron penosamente las escaleras, llegando a la sala común justo a tiempo para ver a Hermione entrar por el retrato. –Oye, Hermione. ¿Viste a Harry en el desayuno? –le preguntó Ron rápidamente.
-No, no lo he visto en toda la mañana –respondió la chica. -¿No está en el dormitorio? –eso hizo que los cuatro chicos Gryffindor se paralizaran.
-¿No estaría...?. ¿Tú crees...? –tartamudeó Ron abriendo mucho los ojos. Seamus empezó a soltar risitas de nuevo.
-Quizá todavía está con Malfoy –dijo deliberadamente, sabiendo que eso era lo que todos estaban pensando ya.
-No –Ron negó con la cabeza, -no, eso sería estúpido. ¡¿Por qué estaría con ese hurón, si dijo que nos seguiría en unos minutos?! –Hermione depositó una mano sobre su brazo, y se silenció de inmediato.
-Tal vez deberíamos ir a revisar –dijo ella suavemente.
-¡¿Revisar qué?! –chilló Ron. -No hay nada que revisar, él sólo... sólo... ¡salió a visitar a Hagrid o algo así!
-Ron, afróntalo –le dijo Seamus, dándole palmaditas en un hombro. –Vamos a ir a ese salón, abriremos la puerta y los encontraremos abrazados a los dos en el suelo, probablemente con sus ropas desparramadas por toda la habitación. Y tú, vas a tener que aprender a vivir con eso.
-¡Seamus! –soltó Hermione cuando la cara de Ron empalideció. Seamus sonrió inocentemente. –Vamos –suspiró Hermione. –Vayamos a buscarlo.
-Que "Peeves otra vez está haciendo ruidos afuera de un aula", me dijo –murmuró el profesor Snape mientras caminaba furioso por el corredor. Ante cada puerta que pasaba, se detenía y la abría con un rápido movimiento de varita. –"Severus", me dijo, "¿Por qué no ayudas a Argus a encontrarlo?" Viejo conspirador, adora usar el poder que tiene sobre mí –Snape empujó otra puerta y estaba tan ensimismado en sus enojosas murmuraciones que casi se pasó de largo, cuando rápidamente dio un segundo vistazo y se congeló.
Harry había estado soñando placenteramente con jarabe de chocolate y con un torso de piel suave y pálida, cuando fue rudamente despertado por una voz que gritaba su nombre.
-¡POTTER! –vociferó Snape. De inmediato, Harry se rodó y se sentó, antes de sentir que el salón entero se tambaleaba a su alrededor.
-Gasp –fue lo único que pudo conseguir decir antes de que el mareo lo dominara y se colapsara de frente sobre... sobre... ¿otro cuerpo? Harry abrió cansinamente los ojos y se encontró mirando el borroso rostro de Draco Malfoy. El otro chico estaba ya parpadeando hacia él. -¿Qué... qué... qué...?
-¡Potter, levántese inmediatamente y EXPLÍQUESE! –lo interrumpió furiosamente Snape. Ambos chicos se giraron nerviosos hacia su profesor, antes de que Draco se sentara con rapidez y empujara a Harry a un lado.
-¡P-profesor! –dijo, levantando las manos para frotarse las sienes. –Yo... Potter... él... ¡esto no es lo que parece! –exclamó, haciendo una mueca tan pronto las palabras salieron de su boca.
-Lo que esto parece –dijo lentamente Snape, -es que ustedes estuvieron fuera de sus dormitorios después de la hora permitida y aparentemente, dándose gusto de modo ilegal con bebidas alcohólicas. Eso por sí solo rompe ya varias reglas de la escuela, y eso que ni siquiera he empezado a preguntarles por qué motivo están ustedes dos juntos aquí –los miró de modo expectante, cruzando los brazos.
-Eh –dijo Harry muy elocuente, lanzándole una rápida mirada a Draco antes de regresarla a su enfadado profesor. –Bueno... no es contra las reglas andar... reunirse con estudiantes de otras Casas...
-Señor Potter, exactamente... ¿por quién me está tomando? –preguntó Snape, todavía hablando en ese tono pausado que indicaba que estaba a unos cuantos segundos de explotar. Harry tragó nerviosamente, sintiendo que su estómago se revolvía. –Si espera que yo me crea que usted y el señor Malfoy decidieron reconciliarse y hacerse amigos –escupió la palabra, -en tan sólo dos días desde la última vez que los ví en mi clase, está más que equivocado y es mucho más idiota de lo que yo he pensado todos estos años –Draco abrió y cerró la boca como un pez varias veces, antes de rendirse al intento de pensar en algo qué decir. Una de sus manos estaba aferrada de la tela de su camisa a la altura de su estómago. -¿Y bien? –preguntó Snape, cortante.
-Profesor –dijo quedamente Draco, cubriéndose la boca con una mano. –Creo que voy a vomitar –Harry asintió al sentirse de igual manera, y de pronto notó un dolor punzante comenzar a gestarse en sus sienes. Snape entrecerró los ojos y suspiró inquieto.
-Son las consecuencias de embriagarse –dijo despectivamente. Draco lo miró con los ojos muy abiertos, parecía impactado de que su profesor no lo fuera a ayudar. Snape se quedó pensativo por algunos segundos, antes de suspirar otra vez. –No le diré a la jefa de su Casa sobre esto, Potter –gruñó, aparentemente muy molesto por el hecho de que no castigar a Draco, significaba técnicamente que tampoco podría hacerlo con Harry. –Pero le quitaré veinte puntos a Gryffindor... y otros tantos a Slytherin. Y otros diez más a Gryffindor, porque estoy seguro que de alguna forma esto fue su culpa –miró acusadoramente hacia Harry. –Eso, y no darles de mi poción para la resaca deberá ser suficiente castigo. ¡No permitan que los vuelva a atrapar! Ni embriagándose ni haciendo... cualquier otra cosa –con una última mirada furibunda, Snape se retiró airadamente hacia el pasillo, con su túnica ondeando atrás de él. Los chicos pudieron escuchar el eco de más puertas siendo abiertas bruscamente, al continuar con su búsqueda de Peeves.
-Creo que estaba tan desconcertado de vernos juntos que no pudo hacer nada –murmuró Harry, inclinándose inconscientemente contra el hombro de Draco. Miró por la habitación entornando los ojos, dándose cuenta por primera vez que no tenía puestas sus gafas.
-Probablemente estaba tan aliviado de encontrarnos con nuestra ropa puesta, que ha olvidado ponernos en detención –gimió Draco, todavía oprimiéndose el estómago.
-Respira profundo, creo que eso ayuda –sugirió repentinamente Harry, mirando hacia el rubio. -¿Por qué no tendríamos nuestra ropa puesta? –Draco le lanzó una incrédula mirada y Harry sintió que sus mejillas ardían ligeramente. –Ah, cierto –continuó observando alrededor del aula abandonada, tratando distraídamente de ubicar sus gafas y deseando que su dolor de cabeza se desvaneciera. Otro gemido de Draco hizo que su atención regresara al chico. –Caramba, Malfoy, no seas debilucho. Concéntrate en algo más y respira, por el amor de Merlín.
-Vete a la mierda –graznó Draco, viéndose completamente miserable. Su cabello estaba aplastado sobre su frente y su piel se veía sudorosa, pero al menos estaba empezando a respirar con profundidad y a calmarse. Harry continuó mirándolo fijamente hasta que algo en su cuello llamó su atención, y las brumas de un recuerdo comenzaron a despejarse en su mente.
-¡Oh, maldición! –exclamó mientras que su estómago se revolvía otra vez.
-¿Qué? –preguntó Draco de inmediato, girándose rápidamente para encarar a Harry y causando que el chico perdiera el equilibrio y cayera hacia delante. Se alcanzó a sostener antes de desplomarse por completo sobre el rubio, pero ahora podía mirar con más precisión al cuello de Draco y las manchas rojas eran claramente visibles.
-Espero que tengas muchas camisas de cuello alto –dijo débilmente. Draco lo miró con curiosidad por algunos segundos, aunque Harry pudo decir con exactitud el momento en que recordó lo que había pasado debido a la manera en que abrió los ojos.
-¡Oh, grandísima mierda! –exclamó, colocándose de golpe una mano en la parte delantera de su cuello. -¡¿Qué maldita y endemoniada obsesión tienes con mi cuello, Potter?!
-¡Tú me lo ofreciste!
-¡Porque tú dijiste que querías besarlo otra vez!
-Yo… bueno… Quiero decir, fue por el whisky de fuego y… y realmente no sabía lo que estaba haciendo… -tartamudeó Harry inútilmente. –Pero te gustó, no lo niegues –acusó. Draco se sonrojó, mientras continuaba frotando su cuello con una mano.
-No puedo regresar a la sala común así –murmuró. Observó a Harry críticamente por un minuto, apretando los labios. –Muy bien, dame tu camiseta.
-¿Disculpa? –dijo Harry aprensivo, parpadeando.
-¡Dámela, Potter! Vamos, no tenemos todo el día.
-Malfoy…
-¡Tu camiseta cubre más, anda! Apúrate.
-Pero… es una sudadera.
-Sí, lo sé, y tiene una capucha. ¡Me cubrirá el cuello, así que quítatela! –finalmente, Harry suspiró y se resignó, jalándose la sudadera por encima de la cabeza. Draco asintió e hizo lo mismo con su camisa negra, arrojándosela a Harry y mirando con repugnancia la tela roja sostenida en sus manos.
Por supuesto, ese fue el momento ideal para que Pansy y Blaise aparecieran por la puerta.
Hubo una incómoda pausa, ya que Harry y Draco no habían escuchado el ruido de pasos acercarse, y ambos adoptaron la típica expresión de conejito encandilado que uno suele poner en esos casos.
-¡Ves, ahí tienes! –dijo Blaise rompiendo el silencio, gesticulando exasperado hacia los dos chicos semidesnudos. –Sabía que algo malo tenía que haber pasado.
-Sí, ya lo estoy viendo –dijo Pansy entre risitas, tapándose la sonrisa con sus manos. Eso ocasionó que los dos implicados se pusieran en acción. Ambos saltaron para ponerse de pie, trastabillando mientras la habitación daba vueltas a su alrededor. Se sostuvieron el uno sobre el otro para no perder el equilibrio, y entonces empezaron a alegar al unísono:
-No, Blaise, estás completamente equivocado…
-No pasó absolutamente nada…
-Únicamente nos quedamos dormidos por culpa del whisky de fuego…
-¡Y hay una razón completamente justificada para explicar que nos hayan encontrado sin camisa! –hubo una breve pausa después de la última exclamación de Harry, mientras Pansy los miraba expectante.
-Bueno, pues vamos a escucharla entonces –dijo ella, enarcando una ceja. Draco miró furioso a Harry y lo golpeó en un hombro, mientras que el chico trataba de pensar en una respuesta.
-Pansy, Blaise. ¿Qué es toda esa gritería? –la voz de Hermione llegó desde el pasillo, y Harry gimió.
-Mierda –siseó, peleándose con la camisa de Draco mientras intentaba metérsela por la cabeza.
-Estábamos buscando a Draco –respondió Pansy, haciéndose a un lado. El grupo de Gryffindors quedó a la vista de los chicos.
-Y nosotros estamos buscando a Harry –dijo Ron, asomándose al interior. -¿Está a…? –De nuevo, hubo otro repentino silencio. Harry aún estaba tratando de ponerse la camisa, así que sólo pudo imaginar la escena que estaba teniendo lugar. Estaba inclinándose de espaldas contra Draco, mientras que el Slytherin permanecía de pie detrás de él y tenía una de sus manos apoyada en su hombro todavía desnudo y la otra en su cadera, con el objeto de mantener el equilibrio. Harry logró pasar la cabeza por el hueco de la camisa y dio un paso adelante, desprendiéndose del agarre de Malfoy.
-Ho-hola, Ron –saludó, intentando una débil sonrisa. Ignoró el gesto socarrón de Seamus.
-Hola –respondió Ron con languidez. Hubo otra pausa, y entonces Draco se encaminó hacia la puerta, empujando a Harry al pasar a su lado y poniéndose bruscamente la sudadera mientras lo hacía.
-Pansy, creo que voy a vomitar en cualquier momento, requiero atención médica inmediata –gruñó, arrastrando a la chica junto con él por el pasillo. Blaise miró a los silenciosos Gryffindors y sonrió ampliamente.
-Bueno, que tengan un lindo día –dijo, y entonces los dejó para seguir a sus compañeros Slytherins.
-Harry, tú sabes que puedes contarme cualquier cosa. ¿Verdad?
-Lo sé, pero es que no hay nada que contar.
-No, de verdad, puedes hablarme de absolutamente lo que sea. No me molestaré. No explotaré, ni siquiera te lo cuestionaré.
-Ron, aprecio eso, pero en serio. ¡No hay nada que decir!
-Harry…
-¿Qué?
-… Te quedaste ahí toda la noche.
-Perdí el sentido.
-Estabas sin camisa cuando llegamos.
-De hecho, me estaba poniendo mi camisa.
-Harry…
-¿Qué?
-Esa no es tu camisa.
-…
-Y eso no explica tampoco por qué motivo estabas semidesnudo.
-…
-¿Harry?
-¡Él no me gusta!. ¡¿Está bien?!
-¡Yo nunca dije que te gustara!
-¡Pero lo estás insinuando!
-¡Yo sólo te estoy preguntando de qué manera terminaron sin camisa!
-Es… estábamos…
-Estaban jugando a las cartas... ¿verdad, compañero?
Harry y Ron se giraron de improviso hacia Seamus, mientras el chico irlandés se unía a ellos en los sillones de la sala común. –¿A las cartas? –preguntó Ron, levantando una ceja.
-Ajá, me encontré esto debajo de uno de los escritorios cuando ustedes se fueron de ahí –dijo Seamus, arrojando una baraja sobre el regazo de Harry. La mandíbula de éste se abrió un poco.
-Claro –dijo Harry lentamente, curvando los labios en una sonrisa cuando Seamus le cerró un ojo. –Claro, estábamos… decidimos jugar póker de prendas. No sé por qué, a esas alturas ya estábamos completamente borrachos. Supongo que nos quedamos dormidos antes de que las cosas llegaran demasiado lejos.
-Bueno, gracias a Merlín por esos pequeños milagros –murmuró Ron, volteando su cara hacia el fuego. –Estaba empezando a preocuparme. ¡No es que me importe, por supuesto! –dijo rápidamente cuando Seamus levantó una ceja en desaprobación. –Es sólo… sólo que quisiera que me contaras, es todo. Si algo pasara…
-Ron, te prometo que serías el primero en saberlo –sonrió Harry, rodando los ojos.
-Junto con Malfoy –dijo Seamus, mal disimulando una sonrisa.
-Junto con Malfoy –repitió Harry, riéndose. Ron sólo gimió.
-¿Tenía que ser él? –se quejó. -¿Por qué no te retaron a… a hacer algo con Seamus? –el pelirrojo lo señaló con su brazo.
-Lo hicieron –respondió el chico irlandés, sonriéndole a Harry. -¿Verdad que sí, Harry? –Harry se ruborizó ante el recuerdo, pero asintió.
-Vaya que lo hicieron –dijo.
-Hablando de eso Harry, me he estado preguntando… ¿quién besa mejor, Malfoy o yo? –Seamus levantó las cejas interesado.
-¿Qué? –preguntó Harry, levemente sorprendido. -¡No tengo idea!
-Bueno, tú nos has besado a los dos. ¡Vamos, dímelo! –rogó Seamus, un poco exuberante.
-Eh… bueno, he besado a Malfoy más veces –dijo Harry paulatinamente. –Y es muy talentoso. ¿Verdad, Ron? –Harry sonrió bromista mientras Ron empalidecía y acto seguido, se sonrojaba.
-Es… no fue… quiero decir… no fue demasiado horrible, supongo –masculló.
-Tendré que besarlo alguna vez –comentó Seamus como quien no quiere la cosa, estirando las piernas sobre el sofá.
-¿Qué?. ¿Por qué? –preguntó Harry bruscamente, entrecerrando los ojos. Seamus arqueó una ceja.
-Así podría constatar por mí mismo que tan "bueno" es –respondió. -¿Tienes algún problema con eso?
-Yo… ¿qué? –Harry parpadeó, asustado. –No… por supuesto que no. Haz lo que quieras.
-Entonces, lo haré –sonrió Seamus. Harry arrugó la frente, y continuó mirando hacia las moribundas llamas.
Después de la cena del miércoles, Harry iba a la zaga de sus compañeros Gryffindors rumbo a su sala común, cuando fue jalado abruptamente hacia un aula abandonada, en un acto que se estaba empezando a convertir en algo muy familiar. Suspirando, se sacudió de encima la mano de Draco, y se giró para encararlo mientras cerraba cuidadosamente la puerta y la aseguraba.
-Si vas a sugerirme que practiquemos algo más, voy a tener que negarme porque no creo que haya algo más que podamos hacer –comentó Harry, cruzando sus brazos e inclinándose contra un escritorio. Malfoy parpadeó asombrado, y aparentemente perdió el hilo de sus pensamientos.
-¿Qué…?. ¿Lo dices en serio? Sólo hay como un millón de cosas más que podríamos hacer –dijo Draco, como si fuera demasiado obvio. Harry empalideció ligeramente.
-¡Bueno, sí sé que hay; pero, realmente no quiero hacer ninguna de ellas! –exclamó.
-¡Tampoco yo! –chilló Draco con rapidez. –No es por… espera. Cierra el pico, Potter, ni siquiera es por eso por lo que te he jalado aquí.
-¿No es? –Harry dejó salir una exhalación de alivio. –Ah, bueno –Malfoy frunció el ceño e imitó la postura de Harry, inclinándose contra un escritorio enfrente de él.
-No, sólo quería… platicar algo contigo –los ojos de Draco se entornaron ligeramente y apretó los labios. –Me acabo de dar cuenta de algo –dijo calmadamente. Harry abrió mucho los ojos.
-Oh, Dios mío, no me irás a pedir que salga contigo. ¿Verdad? –preguntó Harry mortificado. Los ojos de Draco se abrieron de golpe.
-¡NO! –exclamó. –¡No es por eso…! Ni siquiera me… ¡¿Por qué crees eso?!
-Oh, gracias a Merlín –suspiró Harry, ignorando la cara de angustia de Malfoy.
-¿Todos piensan eso? –preguntó lentamente Draco.
-¿Piensan qué?
-Que yo soy… que soy gay.
-Oh –Harry se quedó pensativo por un segundo. –No, no lo creo. ¿Por qué?
-Bueno, eso era lo que te iba a preguntar.
-¿Me ibas a preguntar si yo creía que eras gay?
-¡No! –Draco exhaló impaciente. –No, que me acabo de percatar de los nombres que Blaise mencionó el sábado, cuando adivinaba.
-¿Adivinaba qué? –preguntó Harry, confundido.
-Cuando estaba tratando de averiguar quién me había hecho la mamada –los ojos de Draco se entornaron otra vez. –Él nombró chicos. ¿Por qué no mencionó a ninguna chica? –Harry parpadeó como si apenas también se estuviera dando cuenta de eso.
-Oh –dijo amablemente. –Bueno… él dijo que nos iba a nombrar a todos. Tal vez estaba dándote tiempo para que admitieras quién había sido. ¿No?
-Tal vez –suspiró Draco, empujándose hasta quedar sentado en el escritorio. –Potter… creo que la gente está empezando a pensar que nosotros estamos… juntos o algo así –Harry se puso aún más pálido esta vez.
-¿Juntos?. ¿Así como… juntos, juntos? –preguntó nerviosamente. Cuando Malfoy asintió, gimió. –Maldición, creo que tienes razón. Ron ha estado molestándome con ese tema últimamente.
-Si hasta la comadreja lo ha percibido, debe estar por toda la escuela ya –gruñó Draco. –Tú ni siquiera me gustas, y mucho menos de esa forma.
-Bueno, el sentimiento es mutuo –dijo Harry, intentando una mueca de desprecio. Draco arrugó el ceño, revoloteando sus ojos brevemente hacia Harry antes de dirigirlos a otra parte. -¿Hemos terminado con esto? –preguntó de manera ruda, sintiéndose inexplicablemente enojado de repente.
-¿Qué, necesitas mi permiso para retirarte? –preguntó Malfoy, entrecerrando los ojos.
-No, sólo quiero asegurarme de que no tengas otra estupidez de la que quieras hablar.
-Oh, lo siento. ¿Le he quitado mucho de sus minutos al precioso niño-que-vivió? –preguntó sarcásticamente el rubio.
-¡Cállate, Malfoy! –dijo Harry tajante.
-Disculpa, ya no tengo nada que decirte. No quisiera desperdiciar más de tu tiempo.
-¡Bien!. ¡Me voy, entonces!
-¡Bien, entonces, vete!
-¡Bien! –Harry y Draco se miraron con furia el uno al otro, antes de que Harry se diera la media vuelta y saliera como tromba del lugar, preguntándose vagamente por cuál maldito motivo acababan de pelearse.
El sábado llegó, encontrando a los dos chicos reticentes. Harry, por ejemplo, estaba tan preocupado por lo que podía pasar, que sentía que se volvería loco. No tenía idea si irían a jugar un juego diferente, ni sabía que otra cosa más tendrían que hacer en público él y Malfoy… aunque, con ese grupo no podía estar seguro de que existiera algo que ellos no serían obligados a hacer.
Cuando Malfoy se sentó todo tieso en su lado del círculo, parecía tan nervioso como él mismo. Eso no hizo que Harry se sintiera mejor.
Tampoco lo hizo sentir mejor el hecho de que Pansy le lanzara el primer golpe de la noche a primeras de cambio.
-Muy bien, esta noche vamos a jugar de nuevo "Verdad o Reto" –dijo, azotando la puerta detrás de ella después de asegurarse de que nadie más iba a entrar. Aparentemente, Draco le había advertido sobre Snape. –Yo empiezo. ¡Potter! –Harry cerró los ojos muy apretados y luchó por no poner cara de desesperación. -¿Verdad o reto? –Harry respiró profundamente, arriesgándose a echar un vistazo a través del círculo. Draco lo estaba observando fijamente, y Harry parpadeó.
-Reto –suspiró quedamente, aún sosteniendo la mirada de Draco. –Elijo el reto –se giró hacia Pansy justo a tiempo para atraparla sonriendo maliciosa, y pasó saliva nerviosamente.
-Muy bien –dijo Pansy, aún sonriendo –Te reto a… abrazar. A Draco –Harry pestañeó. –Por el resto de la noche. Hasta que termine el juego, y eso es todo.
-¿…Qué? –preguntó inexpresivamente Harry. -¿Abrazar? –sus ojos se lanzaron hacia Draco, y se encontró con que el rubio estaba tan extrañado como él.
-Sí, abrazar –respondió Pansy, sonriendo. –A ver, les ayudaré. Recárgate contra la pared. Draco, ven aquí –Harry hizo lo que ella dijo y Draco, renuente, se levantó para atravesar el círculo. –Bien, siéntate otra vez. Potter, ábrelas.
-¿Qué abra qué? –preguntó Harry.
-Tus piernas, genio –murmuró Draco, y Harry sintió sus mejillas arder.
-Ah –susurró, haciendo obedientemente lo solicitado.
-Bien, Draco, siéntate en la misma dirección que él y recarga tu espalda contra su pecho –Pansy parecía muy alegre mientras les daba las instrucciones, y Draco hizo a paso de tortuga lo que ella le decía, como si se estuviera encaminando hacia su muerte. Harry se sonrojó más profundamente cuando el Slytherin se posó todo rígido contra su cuerpo. –Potter, envuelve tus brazos alrededor de su cintura.
-¿Qué? –preguntó rápidamente Harry. Pansy lo miró con enojo y él suspiró, moviendo con pesadez sus brazos para encerrar a Draco. Pensó que realmente eso podía haber sido un tanto más cómodo si cualquiera de los dos conseguía relajarse del todo.
-Ya está –Pansy les sonrió. –Ahora, sólo quédense así.
-¿Quedarnos así? –repitió Malfoy.
-Ajá. Durante el juego completo.
-Durante el juego completo… -murmuró Harry sobre la nuca de Malfoy, y sintió cómo el rubio se estremecía ligeramente. Harry no pudo concentrarse en el juego después de eso. Éste continuó a su alrededor, pero no se preocupó por escuchar. Todo lo que podía sentir era a Draco oprimido suavemente entre sus muslos, y deseaba que el rubio no fuera capaz de percibir contra su espalda lo rápido que su corazón estaba latiendo. Pero por la manera en que el Slytherin fue liberando gradualmente la tensión de sus músculos y relajándose contra el ancho torso detrás de él, Harry estaba muy convencido de que sí se daría cuenta.
Draco, por su parte, pensó que pronto estaría demente. También estaba ignorando al juego por completo, porque todo lo que podía sentir era al estúpido Gryffindor detrás de él, respirando sobre su cuello. Cada vez que el pecho de Harry se hinchaba suavemente, Draco sabía que al segundo siguiente una ráfaga de aire caliente estaría rozando alrededor de su nuca, y eso lo estaba volviendo loco. Nunca se había dado cuenta lo sensible que era la piel de su cuello hasta que Harry había decido convertirla en la parte favorita de su cuerpo. Draco se removió un poco, tratando de quitar su nuca de en medio, pero en vez de eso notó la respiración de Harry dificultarse un poco. Una de las manos de éste se movió nerviosamente sobre el estómago de Draco, y eso causó que los músculos de su abdomen brincaran bajo su toque.
Harry había contenido el aliento cuando el rubio se retorció contra él. El movimiento estaba haciendo que su joven cuerpo de dieciséis años reaccionara sin poder evitarlo, y estaba aterrorizado de liberar un gemido si trataba de respirar. Cuando el estómago de Draco se convulsionó ligeramente bajo su mano, se detuvo, incapaz de suprimir la sonrisa que cruzó sus labios. Distraídamente, alcanzó a captar la expresión de dolor que Ron le estaba dirigiendo, pero la ignoró, y en vez de eso jaló a Draco más cerca y descansó su mentón sobre el hombro del Slytherin. Draco se había quedado quieto debajo de su abrazo y se tensó de nuevo, pero Harry acarició levemente su estómago y dejó escapar un suspiro tembloroso. Por el rabillo del ojo, pudo ver que la pálida faz del otro chico se ponía roja.
-¿Qué crees que estás haciendo, Potter? –siseó Draco a través de sus dientes apretados cuando el Gryffindor deslizó una mano por debajo de su camisa y empezó a acariciar la suave piel que encontró ahí.
-No lo sé –susurró Harry en respuesta, volteando su cabeza para depositar un besito en el cuello de Malfoy.
-¡No, detente! Hoy es el primer día de la semana en el que no he tenido que ponerme una camisa de cuello alto. ¡No necesito que me dejes más marcas otra vez! –escupió en voz baja, intentando quitarse del alcance de Harry al mismo tiempo que se aseguraba de no llamar la atención. Con ese movimiento, sus caderas se contonearon y presionaron la entrepierna de Harry, haciendo que el chico jadeara mientras sus brazos se apretaban inconscientemente alrededor del rubio. Draco se congeló inmediatamente. –Bueno, bueno –dijo despacio y disimulando una sonrisa. -¿Qué es lo que tenemos aquí? – a propósito, se retorció de nuevo contra la erección de Harry, y el chico tuvo que cerrar fuertemente los ojos y contener las ganas de empujarse hacia delante.
Harry logró mantener los ojos abiertos cuando Draco se detuvo abruptamente, y escuchó unos pasos acercándose hacia ellos.
-Seamus –dijo, sorprendiéndose un poco cuando el chico irlandés se arrodilló en frente de los dos.
-Justin acaba de retarme a besar a Malfoy –dijo el muchacho, sonriendo travieso. –Me sorprende que no hayan escuchado.
-¡¿Qué?! –exclamaron simultáneamente Harry y Draco.
-Ajá –dijo Seamus, inclinándose ligeramente hacia adelante. Draco se hizo para atrás, casi aplastando a Harry contra la pared, y éste tuvo que contener un gemido ante la inesperada presión en su entrepierna.
-¿Por qué? –preguntó tontamente Draco, con los ojos muy abiertos. Seamus se encogió de hombros.
-Tendrás que preguntarle a él –dijo, antes de arremeter y atrapar la boca de Malfoy con la suya. El rubio hizo un ahogado sonido de protesta, pero Harry sabía que tarde o temprano sucumbiría. Seamus era muy bueno besando, aunque Harry no se lo hubiera dicho cuando se lo preguntó. Y en efecto, los ojos de Draco empezaron a entrecerrarse aún contra su voluntad, y se fue debilitando encima del cuerpo de Harry. Éste, por su parte, pensó que lo estaba haciendo muy bien para estar solamente sentado mirando como ésos dos fundían sus labios y sus lenguas se deslizaban dentro y fuera de la boca del otro, mientras Malfoy se relajaba cada vez más y Seamus profundizaba e intensificaba el beso. No se dio cuenta de que sus brazos se tensaban y apretaban más a Draco, hasta que éste se liberó del beso de Seamus y tosió un poco.
-¡Demonios, Potter, deja de sofocarme! –chilló, golpeando los brazos de Harry. El Gryffindor los aflojó rápidamente, pero no liberó su agarre alrededor del rubio. Ambos regresaron su atención a Seamus, quien los estaba mirando fijamente y con una extraña expresión en la cara. Harry sabía que debía estarse viendo ridículo, porque no podía evitar fruncir los labios y la mirada furiosa de sus ojos; y porque, debido a los chismes, probablemente parecería como si estuviera tratando de resguardar lo que era de él.
Lo cual, por supuesto, definitivamente no era.
Y sabía por experiencia que Draco parecía un bobo después de haber sido besado, lo cual probablemente no ayudaba para nada. Al final, Seamus levantó un poco su barbilla y sonrió indolente. Harry parpadeó asombrado y Seamus disimuló una risita. Sintió a Draco tensarse otra vez entre sus brazos cuando Seamus les cerró un ojo a ambos antes de regresar a su lugar.
-¿Y eso qué fue? –preguntó Draco rápidamente, girándose un poco para ver a Harry a los ojos. El Gryffindor se encogió de hombros. Malfoy curvó una ceja y se volteó de nuevo al frente, relajándose contra el pecho de Harry. Pudieron permanecer así por unos cuantos turnos más, y entonces Harry se empezó a aburrir y Draco empezó a inquietarse, removiéndose otra vez contra el otro chico.
Harry tomó eso como una invitación para deslizar su mano bajo la camisa de Malfoy. Estuvo un poco sorprendido cuando la única respuesta que obtuvo fue que el rubio se relajó aún más y, entonces, de repente, una de las manos de Draco se estaba moviendo de arriba hacia abajo por su muslo, y la otra la posó encima de su otra pierna.
-M-Malfoy –dijo quedamente, asustado. Una rápida mirada alrededor del círculo le mostró que nadie les estaba poniendo atención.
-¿Qué? –respondió Malfoy, sonando un poco altanero. -¿Tú puedes tocarme y yo no? –la mano de Draco se barrió hacia abajo y terminó detrás de él mismo, alcanzando a rozar el muslo interior de Harry. Éste tragó, moviendo ligeramente su pierna sin quererlo, y desplomándose contra la pared, arrastrando a Malfoy consigo. -¿Puedes quedarte tranquilo? –le preguntó el rubio en voz baja, empezando a pasar sus dedos alrededor de la dureza de Harry. El chico de ojos verdes asintió velozmente contra el hombro de Draco. Cerca de ellos, el juego continuaba su marcha.
-¿Puedes tú? –preguntó, curvando sus labios en una sonrisa maliciosa sobre el cuello de Malfoy, y el rubio se detuvo. –Después de todo, tú eres el único al que ellos pueden ver –diciendo eso, arrastró suavemente sus dedos bajo el borde de los pantalones del otro chico, sintiendo a Draco aspirar duramente; y con agilidad, le bajó la cremallera.
-¡Potter! –siseó Malfoy, levantando las rodillas para cubrir las manos de Harry de la vista de los demás. Por toda respuesta, Harry chupó suavemente la nuca de Malfoy, causando que éste emitiera un suspiro tembloroso. Sus dedos se movieron debajo del bóxer del chico, y la respiración de Draco se hizo dificultosa cuando éstos envolvieron la ya conocida, caliente y aterciopelada piel de su pene erecto. Lentamente, empezó a acariciarlo, y con un rápido empujón de sus propias caderas, hizo que el Slytherin se pusiera también de nuevo en acción. Harry sabía que tenía que ser un ángulo extraño para que Draco lo pudiera alcanzar, pero realmente no parecía importarle demasiado. Sintió esos dedos desabrochar su cremallera y bajar para acariciar su miembro, y tuvo que tragarse un gemido.
Una parte de Harry estaba mortificada por eso que estaban haciendo, muerto de miedo de que alguien pudiera verlos. Pero, la otra mitad de él deseaba que todos voltearan y los descubrieran. Draco se las estaba viendo difícil en concentrarse para mantener sus piernas levantadas para que nadie pudiera verlos, cuando todo lo que quería era abrir las piernas lo más posible y empujarse contra la mano de Harry.
Respirando entrecortadamente, moviendo sus manos rápidamente, tratando con desesperación de mantener los ojos abiertos; ambos chicos continuaron acariciándose el uno al otro, llevándose mutuamente hasta el punto dónde estaban por venirse justo dentro de sus pantalones.
Pero una parte de Harry escuchó que el grupo entero se quedaba callado y el bostezo de alguien en medio del silencio. Alejó su mano de Draco, subiéndole torpemente la cremallera.
-Ah… ¿qué-qué demonios estás haciendo? –jadeó Malfoy, abriendo los ojos de golpe. Lo hizo justo a tiempo para ver a Pansy girándose hacia ellos.
-¿Cómo se la están pasando, chicos? –les preguntó alegremente. Sólo pudieron mirarla fijamente con la culpa reflejada en la cara, tratando de parecer aburridos. La mano de Draco golpeó el suelo enfrente del miembro de Harry, y la usó para empujarse hacia arriba, mientras Harry se acomodaba rápidamente sus pantalones.
-Aburridos –dijo Draco, arrastrando las palabras y esperando que sus mejillas no estuvieran tan encendidas como las sentía. Harry asintió en señal de acuerdo.
-Bueno, de cualquier manera creo que ya hemos terminado –dijo la chica, mirando interrogativamente al resto del grupo. La mayoría asintió o murmuró su aprobación. –Entonces. ¿Vendrán con nosotros o les gustaría pasar el resto de la noche aquí de nuevo? –esa vez Draco estuvo seguro que sus mejillas enrojecieron, y Harry se pasó perezosamente una mano por el cabello.
-Mi cama es un poco más cómoda que el suelo –dijo, empujando suavemente a Draco a un lado y poniéndose de pie. Se aseguró de acomodarse su camiseta para que así, cubriera la parte delantera de sus pantalones. –Por eso, mejor me voy. Ron, Hermione... ¿nos vamos? –sus amigos asintieron y se levantaron para seguirlo. Harry dio la media vuelta para salir de la habitación, pero antes de dejar el lugar, sus ojos voltearon hacia Malfoy otra vez. El rubio también se estaba poniendo de pie y jalándose la camisa hacia abajo. Harry vio la manera en que ésta le cubría también su endurecido miembro. Draco se dio cuenta de que lo estaba observando y levantó una ceja, y por un segundo, Harry no supo qué hacer.
Al final, se decidió por una leve sonrisa. Cuando Draco le cerró un ojo, Harry elevó un poco el mentón y le cerró un ojo también. Miró cómo los labios del rubio se apretaban antes de curvarse lentamente en un mohín de suficiencia y entonces, salió el aula con una gran sonrisa en la cara.
