STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
----------oOoOoOo----------
Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
--------------------
Capítulo 7
-Mira, Granger, te he dicho lo que estoy tratando de obtener con esto. Por más inconcebible que te parezca, los Slytherins sí tenemos amigos, y Draco es uno de los míos. ¡Sólo estoy intentando entender lo que tú pretendes ganar!
-Ya lo sé, y comprendo lo que me has dicho. ¡Pero eso no quiere decir que vaya a confiar en ti automáticamente!
Si alguien hubiera estado merodeando por el pasillo del aula de Pociones la mañana de ese domingo, habría visto un panorama que, la mayoría de los que en años recientes habían asistido a Hogwarts, considerarían muy peculiar.
-Bueno, no sé cómo quieres que te lo pruebe. ¿Qué, crees que todo esto es un elaborado plan para entregárselo al Señor Oscuro?
-¡No! No es eso. Es sólo que… sé que Mal… Draco es tu amigo, por eso deberías de entender que, siendo Harry mi amigo; ¡también me preocupe por él!
Después de todo, no todos los días una Gryffindor y una Slytherin se citaban para charlar en un oscuro y frío pasillo.
-No tienes nada de qué preocuparte.
-¿Nada…? Pansy, el padre de Malfoy…
-Está todavía en Azkaban, en caso de que lo hubieras olvidado. Por primera vez en su vida, Draco por fin no está bajo la influencia de su padre. ¡El contacto constante con la santurronería de Potter lo puede ayudar!
-O enfurecerlo sin parar.
-… O eso.
-Malfoy… Draco. No sé por qué, pero tiene ese efecto en Harry… siempre lo ha tenido. Desde el primer año, es la única persona con la que Harry se obsesiona. Consigue… reacciones en Harry, sin importar de qué humor se encuentre. Desde el verano pasado Harry ha estado… deprimido. Necesita una distracción. Algo que mantenga su atención lejos de la pérdida de…
-Entonces, Draco es una distracción.
-No… bueno, sí, algo así. ¡Pero es más que eso! Tú los viste anoche…
-Oh, Merlín, sí que los vi.
-Hay algo ahí, Pansy. Estas últimas semanas, Harry por fin parece feliz de nuevo.
-¿Ha estado feliz? Porque Draco ha estado cada vez más miserable y malhumorado.
-Ah, bueno, sí, también Harry… pero es diferente a como estaba antes. Parece vivo otra vez. Dispuesto a concentrarse en otra cosa que no sea Voldemort.
-Vivo… sí, Draco también parece estar así. Tiene de vuelta esa chispa en sus ojos. Sé que su padre no está realmente muerto, pero estar en prisión… es lo mismo. Es como si nunca más fuese a verlo de nuevo.
-Claro.
-Son buenos el uno para el otro; ¿no?
-Cada uno tiene lo que al otro le falta.
-Pero ambos son demasiado testarudos para su propio bien.
-… Puedo encargarme de Harry. Sé lo reservado qué puede llegar a ser. ¿Y Draco?
-Probablemente él será más difícil. Pero no es nada que no pueda manejar.
-Bueno, quita esa sonrisa maliciosa de tu cara y vete de aquí. Las vacaciones de invierno se acercan; son varias semanas y quién sabe cuánto afectarán a lo que hemos estado haciendo.
-Correcto. Me comunicaré contigo si algo cambia, Granger.
-Está bien. Te veo en clases, Pansy.
Pansy acababa de entrar a la sala común y cerrado la puerta, cuando se volteó y se encontró a Draco parado en silencio justo enfrente, con su penetrante mirada clavada en ella.
-¿Dónde has estado? –preguntó él lentamente, sonando demasiado tranquilo. Pansy, asustada al verlo, parpadeó y rápidamente pasó a su lado para sentarse en uno de los sofás. -¡Pansy!
-¡Sólo salí a caminar! –dijo poniéndose a la defensiva y alisando su túnica mientras se sentaba.
-Es un poco temprano; ¿no? –inquirió Draco suspicazmente.
-Me gusta el aire matutino –respondió Pansy de manera rotunda. Draco la observó sospechosamente durante unos segundos antes de unirse a ella en el sillón.
-Hay algo que quisiera comentar contigo –dijo él secamente. Pansy enarcó una ceja ante el tono de su voz.
-Bueno, vamos a oírlo entonces –contestó divertida. Draco arrugó la frente.
-Está bien. Pansy… ¿qué demonios estabas tratando de hacer anoche?
-¿Disculpa?
-Anoche. Con… ese asunto de Potter y el abrazamiento –espetó Draco. Pansy volteó a otro lado, intentando ocultar su sonrisa.
-Creí que te parecería mejor eso que besuquearte con él –replicó airada.
-¿Mejor? ¡Fue peor! El besuquearse al menos se termina rápido y pasas a otra cosa. Ese… ese asunto del abrazamiento… Fue incómodo y caluroso… e incómodo… -se interrumpió y Pansy se inclinó ligeramente para tener una mejor vista de su cara, notando cómo sus ojos se nublaban un poco.
-¿Para quién, para tu brazo? –preguntó Pansy, sonriendo traviesa cuando los ojos de Draco se enfocaron de nuevo y se giró hacia ella con un gesto de horror.
-¿Qué? –susurró, con los ojos enormemente abiertos.
-¿O tal vez fue caluroso e incómodo porque él tuvo su mano bajo tus pantalones casi todo el tiempo? –continuó Pansy en un tono demasiado reflexivo. Los colores abandonaron el rostro de Draco por un breve segundo, antes de regresar de golpe y teñir sus mejillas de un rosa intenso.
-¿Nos viste?
-Cariño, estábamos sentados a menos de cinco metros de ustedes.
-¡Pero nadie nos estaba poniendo atención!
-Bueno, verás, hay algo que se llama visión periférica. Es muy útil, por cierto. –Draco gimió y enterró las manos en su cabello. –Oh, anímate, Draco. Que Potter te guste no es el fin del mundo.
-¡¿Qué me guste?! –exclamó Draco, brincando del sofá para mirar fija e incrédulamente a Pansy. -¡Él no me gusta, lo detesto! –su amiga de cabello oscuro puso los ojos en blanco y lo jaló de una manga para sentarlo de nuevo junto a ella.
-Seguro, seguro, lo que digas. Pero ya que has estado conociéndolo mejor…
-No he estado "conociéndolo mejor" –dijo sórdidamente Draco.
-¿Qué ustedes dos no hablan de nada durante sus pequeñas sesiones de práctica? –preguntó curiosa Pansy.
-¡Sólo han sido dos! –chilló Draco, y Pansy lo calló rápidamente antes de que alguien más alcanzara a captar su conversación. –Lo dices como si fueran algo regular –continuó él en voz baja, echando nerviosamente un vistazo alrededor. –Y, por otro lado… normalmente, nuestras bocas están ocupadas en otras cosas –Pansy arqueó las cejas y curvó su boca en una mueca divertida, mientras que Draco se ruborizaba ligeramente.
-Bueno, entonces pienso que deberías empezar a conocerlo –manifestó Pansy, ignorando la mirada furibunda de Draco.
-Pansy… ¿Por qué? Uno, es un chico y a mí no me gustan los chicos, sólo en caso de que por algo ocurrido en las últimas semanas eso no te quede claro. Dos, es Potter. Tres, es el enemigo del Señor Oscuro. Cuatro, es Potter…
-Oh, por el amor de… No continuarás todavía al lado del Señor Oscuro; ¿o sí? –lo interrumpió Pansy, apretando los labios. Draco se volteó lentamente para mirarla a los ojos.
-¿Por qué no habría de? –Pansy arrugó el entrecejo, evitando su mirada y apretando las manos sobre el regazo. -¿Pansy?
-Pienso que es tonto, es todo –dijo apresuradamente.
-… Piensas que es tonto –repitió Draco. Pansy asintió resuelta. -¿Exactamente qué es lo que estás tratando de decir?
-Draco… -se giró para encararlo, con la mirada llena de remordimiento. Los ojos de Draco se abrieron recelosos.
-Has decidido no seguirlo –dijo él en voz baja. Pansy dudó un poco, antes de asentir de nuevo. –Vas a traicionar a tus padres, volviéndote en contra de todo lo que te han enseñado –continuó, y Pansy cerró los ojos pesadamente.
-No estoy traicionando a nadie –dijo en el mismo tono de voz que él estaba usando. –Simplemente me estoy convirtiendo en una persona independiente y no en la sombra de mis padres.
-¡Me estás traicionando a mí! –gritó Draco furiosamente, levantándose una vez más. Esa vez, también Pansy se puso de pie para enfrentarlo.
-¡No es cierto! –insistió, apretando los puños a sus costados. –¡No estoy de acuerdo con lo que el Señor Oscuro está haciendo, pero eso no significa que esté traicionándote a ti o a nadie más! Ni Blaise, ni Millicent, ni Theodore…
-¿Blaise… qué?. ¿Theodore…? –balbuceó Draco. -¡¿Has estado reclutando gente o algo parecido?!
-¡Ellos piensan igual que yo! Qué es estúpido…
-¡No, no lo es!
-¡Lo es, Draco! –increpó Pansy, antes de intentar tranquilizarse. –Lo es –continuó en una voz mucho más controlada. Draco permaneció callado por algunos segundos, respirando dificultosamente por la nariz.
-Y es por eso que me quieres junto a Potter; ¿verdad? –dijo por fin. Pansy suspiró, sin mirarlo a los ojos. –Crees que cambiaré de parecer sobre este asunto. Por lo que, básicamente, sólo lo estás utilizando.
-No lo estoy utilizando –dijo duramente Pansy. –Creo que él es bueno para ti –Draco se burló, arrugando la nariz con asco. -¡Oh, déjalo ya! Sé que eso no es lo que realmente sientes.
-Ah, pero sí lo es, Pansy. Él ha sido la espina en mi costado desde el primer año…
-Cuando no te hacía caso –lo interrumpió Pansy, rodando los ojos. Draco entrecerró los suyos y cerró la boca lentamente, y Pansy supo de inmediato que había metido la pata. –Draco…
-¿Sabes qué? Jódete –dijo Draco cortante, observando cómo Pansy ensanchaba los ojos. –¡Jódete!. ¡Tú, y Potter, Blaise, Theodore y Millicent?. ¿Quieren ser traidores?. ¡Bien! Pero no vengan llorando a mí cuando se encuentren del lado equivocado de la maldición asesina. Potter va a perder, sólo espera y lo verás. Mi padre…
-¡Está en prisión, Draco!. ¡Prisión!. ¿Es eso lo que quieres para ti? –bramó Pansy. Hubo apenas unos pocos segundos de silencio antes de que Draco hablara otra vez.
-Y eso también es culpa de Potter; ¿o no? –dijo en voz baja y sombría.
-No, es culpa de tu… de nuestros padres, por seguir al Señor Oscuro –fue la brusca respuesta de Pansy. Draco la miró con cólera por unos pocos segundos antes de girar sobre sus talones y caminar furiosamente hacia la salida. -¡Draco! –lo llamó Pansy desesperada.
-Vete a la mierda, Parkinson –fue la contestación de Draco, antes de desaparecer de la sala. Pansy suspiró, dándose cuenta apenas que alguien se posicionaba a su lado.
-Bueno, ha ido todo muy bien –dijo Blaise sarcásticamente. Pansy arrugó el entrecejo y lo golpeó en un hombro antes de dejarse caer en el sofá y descansar la barbilla sobre su puño. –Voy a seguirlo –decidió Blaise. Pansy sólo le dijo adiós con un movimiento de mano, y el chico salió detrás de Draco.
Draco estaba cabreado. ¡No podía creer el descaro de la chica! Pansy, quien se decía su amiga. ¡Quién se creía ella, tratando de tenderle una trampa con Potter, de entre toda la gente! Si estaba tan interesada en alejarlo del Señor Oscuro, seguramente podría haber elegido a alguien mejor. Draco no había convivido con Potter durante seis años; ¿qué le hacía pensar que ahora podrían empezar a andar juntos?. ¿Y ella no creía en lo que el Señor Oscuro estaba tratando de hacer?. ¡¿Desde cuándo?!
Una parte su mente le informó que ella quizá siempre se había sentido de ese modo; que tal vez antes sólo había estado tratando de impresionarlo. Pero ignoró ese pensamiento.
Era aún más impactante que ella no fuera la única de su Casa sintiéndose de esa manera; ¿Desde cuándo se había metido Draco en ese universo alterno?. ¿Por qué no se había enterado que de repente todos se habían vuelto locos?
Draco continuó su frenético paseo a través del castillo, con los pensamientos dando vueltas en su cabeza. Estaba furioso con Pansy, estaba sorprendido por Theodore y Blaise, no podía sacarse de la mente al idiota de Potter…
Probablemente, no fue el mejor momento para toparse con el Gryffindor.
-Malfoy –escuchó decir a una sorprendida voz, y Draco levantó la vista para encontrarse con Harry, quien estaba parado torpemente a un par de metros de él. El Slytherin no pudo controlar su reacción, y sintió sus mejillas arder. Un gemido de disgusto salió de su garganta.
-Potter –respondió sigilosamente. Harry, quien parecía nervioso, echó un vistazo alrededor y tosió ligeramente. -¿Qué estás haciendo aquí abajo?
-Fui a la cocina –respondió Harry secamente. –Yo… no tenía muchas ganas de ir al desayuno –Draco supo de inmediato que eso significaba que estaba evitando a sus compañeros de dormitorio. Eso, por supuesto, le trajo de vuelta los recuerdos de la noche anterior y el motivo por el que estaba molesto. Los sentimientos de enojo lo recorrieron otra vez. Se adelantó rápidamente, asustando al otro chico y causando que saltara hacia un lado fuera de su camino. Draco tomó ventaja de eso y lo alcanzó, aferrando con una mano el hombro de Harry e inmovilizándolo contra la pared.
Harry parecía completamente alarmado, observando desconfiado a Draco mientras éste se inclinaba sobre él. –Te odio –murmuró Draco con dureza. Los ojos de Harry se abrieron sorprendidos y casi de inmediato los entornó.
-El sentimiento es mutuo, Malfoy –escupió. Draco hizo un gesto de burla y se acercó aún más al Gryffindor, obligando a sus cuerpos a nivelarse el uno contra el otro. El corazón de Harry se desbocó involuntariamente ante el inesperado contacto.
-Nada ha cambiado –gruñó Draco. –No me importa lo que Pansy y tu estúpida sangre sucia estén tratando de hacer, yo te sigo odiando. Y mantengo lo que dije el año pasado –Harry levantó una ceja y se concentró en dejar sus brazos fláccidos a los lados en vez de quitárselo de encima. –Voy a vengarme por lo que le hiciste a mi padre. Vas a pagarlo –esa vez, las dos cejas de Harry se arquearon, y la perpleja mirada de sus ojos sólo hizo enojar aún más a Draco.
-¿Y qué es lo que vas a hacerme? –preguntó Harry, sonriendo presuntuoso. Draco respiró profundamente, parpadeando varias veces mientras continuaba con la vista clavada en el otro chico. Entonces, antes de que realmente comprendiera qué era lo que estaba haciendo, se dejó caer hacia delante, con las manos aún sosteniendo los hombros de Harry contra la pared, y plantó su boca sobre la del otro muchacho. Harry jadeó y abrió mucho los ojos, y Draco tomó ventaja de su boca abierta, barriendo con su lengua y masajeando rudamente la de Harry.
Harry permaneció laxo y aturdido durante unos pocos segundos, antes de corresponder al beso con lentitud. Hubo algo diferente a las veces anteriores que se habían besado. Fue más tosco, más violento, y cuando Harry atacó vigorosamente la boca de Malfoy, sus dientes chocaron. Las manos de Harry se levantaron y se agarraron de los bíceps de Draco, mientras éste enterraba las suyas en el grueso cabello de Harry. El Gryffindor no pudo evitar los gemidos guturales que dejó escapar y que se mezclaron con los de Draco en aquel silencioso corredor. Dejó a sus manos arrastrarse hacia abajo, por los costados de Draco, hasta tomarlo por la túnica y jalarlo aún más cerca de él. Sus cuerpos se retorcieron el uno contra el otro, deleitándose en la cada vez más conocida sensación de estar completamente pegados.
La noción de separarse para poder respirar pasó por la mente de cada chico, pero fue prestamente hecha a un lado e ignorada mientras se devoraban el uno al otro, con la pasión aumentando fuertemente con cada segundo que pasaba. Pero al final, después del impacto inicial y de que el éxtasis empezó a disminuir, Harry comenzó a preguntarse qué demonios estaba haciendo. Se inmovilizó ligeramente debajo de Draco, de modo que el otro chico ni siquiera lo notó, y entonces lo empujó raudamente para quitárselo de encima. El rubio tropezó hacia atrás un par de pasos y miró rabioso a Harry, respirando entrecortadamente. Luego pareció percatarse de lo que había sucedido y observó al otro muchacho con horror.
-Oh, Dios –murmuró. Harry se limpió la boca con la mano, parpadeando sorprendido.
-¿Así que no eres gay, eh?. ¿Y me odias, no? –masculló, todavía mirando fijo a Draco e intentando recuperar el aliento.
-¡No!. ¡Y sí! –exclamó Draco. -¡Sí que te odio!. ¡Eres el maldito gilipollas que envió a mi padre a la cárcel!
-Ajá –dijo Harry, poniendo los ojos en blanco. Entonces se fijó en algo detrás del rubio y abrió mucho los ojos. –Oh, demonios –farfulló. Draco se dio la media vuelta, empalideciendo.
-¡Blaise! –gimió descorazonado. Su compañero de Slytherin estaba en el pasillo, a unos pocos pasos y con la boca abierta de la impresión.
-Yo… yo creí que debía venir a buscarte –dijo, sacudiendo levemente su cabeza. –A asegurarme de que estabas bien después de haber despotricado contra Pansy –Blaise pestañeó un par de veces, antes de sonreír complacido. –Supongo que no tenía de qué preocuparme.
-Esto… esto no es lo que crees – afirmó Draco.
-Claro –Blaise puso los ojos en blanco.
-No, realmente no lo es – espetó Harry. –Yo ni siquiera sé por qué él… Fue completamente… no importa. Olvídalo –sin esperar respuesta, Harry caminó prontamente a través de los dos chicos, ignorando a Blaise y a su sonrisa autosuficiente.
-Merlín, lo odio –dijo Draco frunciendo el ceño, en cuanto el Gryffindor hubiera desaparecido al otro lado de una esquina. Blaise dejó escapar una pequeña carcajada y Draco lo fulminó con la mirada.
-Mira, Draco, a mí no me importa –dijo de modo apaciguador. -¿Está bien? Lo que sea que esté pasando…
-¡No está pasando nada!
-¡Por favor, Draco, te acabo de encontrar besuqueándote con él! –dijo Blaise con exasperación. Draco no contestó, sólo continuó mirando con enojo a su amigo. Blaise suspiró. –Bien. No está pasando nada. ¿Podemos ir a desayunar ya?. ¡Me muero de hambre! –Cuando la mirada furibunda de Draco no desapareció, Blaise se removió con confusión. -¿Pasa algo malo? –le preguntó.
-¿Sabes por qué dejé a Pansy en la sala, Blaise? –preguntó Draco fríamente. Su compañero Slytherin pareció ponerse un poco nervioso.
-Sí –respondió, inseguro. -¿De verdad vas a seguir enojado conmigo por eso? –Draco no contestó, pero después de transcurridos unos segundos, se giró y se alejó con rumbo al Gran Salón, dejando a Blaise atrás.
-Harry; ¿puedo hablar contigo? –Harry, quien estaba a punto de salir por la puerta, suspiró y dejó su mochila en el suelo. Había sabido que eso pasaría, pero estaba deseando poder evitarlo por lo menos un día más… o una semana. Ron se detuvo en la parte alta de las escaleras, pero Harry lo despidió con un movimiento de mano, volteándose para encarar a Seamus.
-Seguro. ¿Qué puedo hacer por ti? –preguntó con recelo. Seamus había estado observándolo muy de cerca todo el día anterior, y Harry había evitado hablar con él, nada ansioso por dejarse arrastrar a otra discusión sobre Malfoy, especialmente después de lo que el Slytherin había hecho la mañana del día anterior. De hecho, Harry estaba bastante empeñado en evitarlo también a él. Al menos hasta que entendiera por qué Malfoy había creído que era necesario besuquearlo como venganza.
-Cierra la puerta, no quiero que nadie más me escuche –dijo Seamus. En ese momento estaba arrodillado sobre el piso revolviendo el contenido de su baúl, aunque Harry no estaba muy seguro de qué era lo que estaba buscando. El chico ojiverde cerró la puerta con lentitud, recargándose en ella.
-¿Qué pasa, Seamus?
-Tengo algo que darte… ¡si es que logro encontrarlo!
-¿Qué es? –preguntó Harry, observando como el chico empezaba a arrojar ropa por encima de su hombro.
-Es… bueno, ya lo verás… espero, si es que consigo… ¡Ja!. ¡Lo encontré! –Seamus se puso de pie, sonriendo triunfante y caminando hasta quedar enfrente de Harry. Pareció titubear por unos segundos, cambiando su peso de uno a otro pie. –No te vayas a enojar –dijo rápidamente, antes de darle a Harry un pequeño bote. El otro chico lo aceptó, arrugando la frente con confusión mientras miraba el objeto.
-¿Y qué es? –repitió Harry, girando el bote en sus manos. Se lo acercó para leer la pequeña letra de la etiqueta, y al hacerlo sus ojos se abrieron de golpe y el color encendió sus mejillas. -¡Seamus! –exclamó, casi dejando caer el recipiente.
-Harry; ¡sólo déjame explicarte! –dijo Seamus en voz alta, levantando sus manos en un gesto defensivo.
-¡No!. ¿Qué…? Quiero decir… ¡Seamus! –Harry echó un vistazo alrededor como si alguien pudiera estar escuchando, y bajó su voz hasta convertirla en un susurro. -¿Lubricante? –siseó.
-Mira, sólo quiero que lo conserves…
-¡No lo necesito!
-Bueno, sólo en caso…
-¿En caso de qué?
-Harry…
-Seamus…
-¡Merlín, Harry, cierra la boca y tranquilízate por un segundo! –le gritó Seamus al casi hiperventilado chico. –¡Ni siquiera sabes por qué te lo estoy dando!
-¡Por supuesto que lo sé! –exclamó Harry.
-¿Ah, sí? –preguntó Seamus, arqueando una ceja. -¿Para qué sirve, entonces? –Harry abrió la boca para decir algo, pero nada salió. Después de una pequeña pausa, sus mejillas se ruborizaron otra vez y frunció el ceño. -¿Ves? No lo sabes…
-Es para masturbarse y esas cosas –lo interrumpió rápidamente Harry, con las mejillas en un fuerte color rojo. –Hace que se sienta… mejor –continuó sin convicción, claramente incómodo por la conversación. Seamus sonrió travieso y negó ligeramente con la cabeza.
-No completamente –respondió. Harry parecía confundido, así que el chico irlandés se encargó de explicarle. –Tú sabes de qué manera un chico tiene sexo con otro chico; ¿no?
-Bueno, has parloteado bastante sobre el tema, creo que puedo hacerme una ligera idea –se quejó Harry.
-Entonces; ¿sabes que nos tomamos por el culo?
-Si lo pones en esos términos tan crudos… -la nariz de Harry se arrugó levemente y se removió nervioso. –Sí, lo sabía.
-¿Has siquiera pensado realmente cómo es la mecánica de eso? –preguntó Seamus, riéndose un poco. Harry parpadeó.
-No –respondió.
-Bueno… piénsalo –le dijo Seamus. El otro chico pestañeó de nuevo, con la frente arrugada. –Pareciera que es malditamente imposible; ¿no crees? –Harry se removió en su lugar una vez más, luciendo ya extremadamente incómodo.
-Mucho –dijo suavemente. Seamus le señaló el bote que todavía estaba sosteniendo.
-Es por eso que usas lubricante –dijo simplemente, como si estuviera charlando sobre el clima. Harry abrió mucho los ojos.
-¿Qué?
-Lo usas. Hace que sea más fácil –Seamus hizo una pausa e intentó demostrarle con señas de las manos, -entrar. Que no haya mucha fricción; ¿ves? Escúchame, Harry, es realmente importante que te prepares extendiéndote a ti mismo antes de…
-Oh, Dios mío, Seamus; ¡no necesito ni quiero educación sexual de tu parte! –explotó Harry, cerrando los ojos con fuerza y extendiendo los brazos hacia enfrente como si quisiera alejar al chico irlandés.
-Dos dedos por lo menos, pero yo creo que si es tu primera vez deberías tratar con tres…
-¡SEAMUS! –Harry parecía absolutamente escandalizado, y Seamus no pudo evitar una carcajada. –No tiene gracia… Mira, Seamus, sólo toma esto de regreso; ¿está bien? –el otro chico negó con la cabeza, aún tratando de normalizar su respiración, y dio un paso atrás.
-No, de verdad pienso que debes quedártelo, Harry. Quiero decir, uno nunca sabe…
-No lo necesito, Seamus –insistió Harry, extendiéndole el bote y rogando en silencio para que lo tomara. –No lo quiero.
-Harry, sólo quédatelo. ¿Está bien? No estoy diciendo y menos sugiriendo que tú realmente vayas a usarlo. Pero quédatelo. ¿Por favor? –Seamus se cruzó de brazos para que Harry no pudiera ponerle el bote en ninguna de sus manos. Harry suspiró.
-¿Esto no tiene nada que ver con Malfoy? –preguntó suspicaz. Seamus se encogió de hombros.
-¿Por qué?. ¿Están planeando practicar algo más? –sonrió sugestivamente, inclinándose un poco hacia delante, y Harry no pudo detener el fuerte rubor que cubrió sus mejillas.
-No –dijo bruscamente. Entonces, de inmediato sospechó. -¿Por qué?. ¿Deberíamos? –Harry abrió los ojos con pánico. -¿Sabes lo que están planeando retarnos para la próxima semana? Oh, Dios; ¿qué es?. ¿Es muy malo?
-¡Yo no sé nada! –se rió Seamus. –Cálmate, Harry.
-Entonces¿por qué me estás dando esto? –chilló Harry.
-Sólo… porque quiero que lo tengas –Harry miró fija e incrédulamente al chico irlandés antes de suspirar.
-Bien –dijo cortante, apretando los labios. –Pero nunca lo usaré –Seamus abrió la boca para decir algo más, pero fue interrumpido por alguien que tocaba la puerta. Harry se dio la media vuelta rápidamente para poder abrir, y encontraron a Hermione parada al otro lado.
-Oh, qué bien Harry, Ron me dijo que todavía estabas aquí arriba –dijo ella, pasando entre los dos chicos para sentarse en una de las camas.
-¿Necesitabas algo, Hermione? –preguntó Harry, deslizando rápidamente el bote dentro de uno de los bolsillos de su túnica antes de que su amiga lo pudiera ver.
-Sólo quería hablar contigo –dijo ella amablemente, sonriéndole. Harry frunció el ceño.
-Parece que todo el mundo quiere hablar conmigo esta mañana. A este paso, voy a llegar tarde a clase –respondió.
-Ah, bueno, sí… sólo me estaba preguntando cómo iban las cosas –dijo Hermione alegremente. Eso había sonado un poco forzado, y Harry arqueó una ceja.
-Eh… las cosas están bien, gracias -respondió lentamente. –Como si no habláramos de eso todos los días.
-Bueno, sólo quería asegurarme que todo estaba bien con Draco.
-¿… Draco? –preguntó Harry incrédulamente. -¿Desde cuándo es Draco? Y NADA está bien con él, porque las cosas NUNCA han estado bien con él. Hermione; ¿qué está pasando?
-Nada; ¿por qué? –respondió Hermione de manera rauda. Seamus silbó inocentemente a su lado. Harry los miró a los dos de cabo a rabo varias veces, y por fin cayó en cuenta de algo.
-¡Estás tratando de enredarnos a los dos! –la acusó, abriendo mucho los ojos. -Merlín; ¿por qué no me di cuenta antes?. ¡Tú quieres que terminemos juntos!
-Harry, francamente, escúchate lo que dices. ¿Por qué estaría tratando de emparejarte con tu peor enemigo? –dijo Hermione muy cándida.
-Él no es mi peor enemigo, es Voldemort. Malfoy sólo es un idiota –respondió bruscamente Harry, quedándose pensativo. –Pero supongo que no tendría sentido que quisieras que yo estuviera con él. Tú lo odias –Hermione intercambió una rápida mirada con Seamus.
-En realidad, no lo odio por sí mismo –dijo ella lentamente. –Quiero decir; ¿tú sí?
-Sí –dijo Harry rotundamente.
-Ah. ¿Sabes, Harry? Si tú no lo… estaría bien.
-No estaría bien.
-¡Sí estaría bien! –insistió Hermione. –A nadie le importaría.
-A Ron sí. Y eso no interesa de todas maneras; ¡yo lo detesto! –dijo Harry.
-A Ron no le importaría tampoco –dijo Seamus. -¿No te has dado cuenta cómo ha estado tratando de demostrártelo las últimas semanas?. ¡Harry, a nadie le molesta!
-¡A mí me molesta! –gritó Harry. -¡Él no me gusta, no quiero que me guste, no puede gustarme!
-¿Y por qué no? –preguntó Seamus. -¿Por qué es un chico?
-¡Sí! Quiero decir, bueno, no, pero… mira, Seamus, no tengo problemas con los hombres que gustan de los hombres… pero yo no soy uno de esos –dijo Harry.
-Está bien, olvidemos el asunto "gay" por un segundo –dijo el chico irlandés, rodando los ojos. -¿Por qué no puede gustarte Malfoy? –Harry frunció el ceño, cruzándose de brazos.
-Porque está del lado de Voldemort –contestó, como si la respuesta fuera muy obvia.
-Bueno, Harry –lo interrumpió Hermione, -¿Por lo menos has tratado de cambiar eso? –Harry la miró con confusión. –De cierto modo, asumimos que todos los Slytherin seguirían a Voldemort –explicó. -¿Hemos considerado alguna vez hablar con ellos de este tema? Tú sabes, intentar hacerlos cambiar de opinión. Tal vez todo lo que necesitan es una razón para cambiar de bando. La mayoría probablemente ni siquiera sabe a lo que están uniéndose; sólo están escuchando a sus padres.
-Hablar con ellos de este tema –repitió lentamente Harry. –Correcto, eso podría funcionar. Hermione, ninguno de ellos desea hablar de eso. No quieren cambiar de bando.
-Estás equivocado, Harry –dijo suavemente Hermione. –Algunos ya han cambiado de bando. Pansy, por ejemplo.
-¿Pansy? –preguntó Harry, sorprendido. -¿Cómo lo sabes?
-Ella misma me lo dijo.
-¿Tú le hablas?
-Por supuesto –afirmó Hermione, como si ellas siempre hubieran sido amigas.
-Entonces, básicamente, tú quieres que yo hable con Malfoy… que intente convencerlo para que traicione a su padre; aunque, para empezar, él insiste que yo soy el culpable de que esté en Azkaban –dijo Harry dudosamente. Cuando Hermione asintió, puso los ojos en blanco. –Claro.
-Harry, tal vez no te has dado cuenta, pero desde que has estado envuelto con Malfoy –Harry iba a empezar a protestar, pero Seamus continuó, ignorándolo, -desde que comenzamos con estos juegos de los sábados, las rivalidades entre las Casas parecen haber… muerto.
-¡Es no es cierto! –exclamó Harry, abriendo mucho los ojos.
-Bueno, la mayor parte sí –respondió Seamus, suspirando con impaciencia. –Pero puedo imaginar que tú y Malfoy han estado demasiado inmersos el uno con el otro para darse cuenta.
-¿Estás diciendo que ahora somos amigos de los Slytherins? –preguntó Harry con incredulidad.
-No necesariamente amigos –dijo Hermione, -pero tómanos a Pansy y a mí como ejemplo. Ahora charlamos con frecuencia, cuando nos encontramos en el pasillo o en las clases.
-Theodore Nott y yo estamos trabajando juntos en el proyecto de Defensa contra las Artes Oscuras, y nos llevamos bien –añadió Seamus.
-Nott no va a las fiestas de los sábados –dijo rápidamente Harry. Seamus se encogió de hombros.
-Pero aún así nos llevamos bien. Curioso; ¿no? –Harry arrugó el entrecejo. –Harry, lo que estamos tratando de decirte es que si deseas que pase algo entre tú y Malfoy, aunque sea tan sólo una amistad – agregó Seamus en voz alta cuando Harry abrió la boca, -a nadie le importará. ¿Está bien?. ¡Eres libre de hacer lo que quieras! –Harry, nervioso, mordió su labio inferior, mientras miraba alternadamente entre Seamus y Hermione.
-¿Están hablando en serio? –preguntó quedamente. –No es que esté pasando nada entre nosotros dos, por supuesto; pero hablando teóricamente, si algo pasara… ¿no les molestaría?
-No nos molestaría para nada –bromeó Seamus, sonriendo.
-Harry, estaremos felices por ti –dijo suavemente Hermione, también sonriendo. Harry aún parecía nervioso, y saltó impetuosamente cuando la puerta se abrió de golpe y Ron entró a tropezones en la habitación.
-Se dan cuenta todos ustedes que se han perdido el desayuno y que están a punto de llegar tarde a clase; ¿verdad? –preguntó en voz alta, antes de detenerse abruptamente cuando vio el gesto avergonzado de Harry. -¿Yo… interrumpí algo?
-No, Ron, en realidad estás aquí justo a tiempo –dijo Hermione radiante, brincando de la cama para dirigirse hacia él. -¿Cómo te sientes respecto a Malfoy, Ron?
-¿Malfoy? –escupió Ron interrogativamente. Entonces captó la severa mirada que Hermione le dirigía, y rápidamente reconsideró su respuesta. -¡Oh! Malfoy. Eh, bueno, no es exactamente mi persona favorita en el mundo, pero supongo que si alguno de mis mejores amigos está interesado en él de alguna manera platónica, cierto es que no me molestaría y sólo esperaría que mi amigo estuviera consciente en lo que se está metiendo, porque no yo querría que saliera lastimado –dijo de un tirón. Luego arrugó ligeramente el entrecejo. –Pero también, mi amigo tendría que entender de que si sale lastimado, nada me detendría para convertir a Malfoy en el hurón que es… era, y usarlo para alimentar a Crookshanks –Hermione sonrió y asintió con aprobación, volteando hacia Harry.
-¿Viste? –dijo muy contenta. –Ron no tiene problemas con eso –Ron tenía los labios apretados y los hombros caídos en un gesto de derrota cuando se giró para darle la cara a Harry.
-¿Hay algo que necesites contarme? –preguntó resignado. Harry abrió mucho los ojos y rápidamente negó con la cabeza.
-No, no hay nada, Ron, te lo prometo.
-Al menos, no todavía –puntualizó Seamus, sonriendo travieso. Harry le dirigió una mirada de advertencia.
-Bueno, no es que esté ansioso por escucharlo –dijo Ron, rodando los ojos, -pero en serio que vamos a llegar muy tarde si no nos vamos ya. –Sus compañeros Gryffindors asintieron y todos se encaminaran por la puerta rumbo a su primer clase.
A falta de un lugar mejor para guardarlo, pero principalmente por miedo a tocarlo otra vez, a Harry le dio por cargar en el bolsillo el bote que Seamus le había dado. Trataba de no pensar en eso, lo cual era difícil porque éste rebotaba sólidamente contra su pierna cada vez que caminaba. Y cuando lo recordaba, Harry se convertía en un ruborizado manojo de nervios.
También lo ponía nervioso el hecho de encontrarse a Malfoy por todos lados o verlo en los pasillos. El Slytherin solía reaccionar de manera parecida, y ninguno de los dos se molestaba en fingir que las cosas entre ellos eran como siempre. Besarse por un reto era una cosa. Demonios, hasta pudieron superar las mamadas que habían hecho de práctica; ¿pero besuquearse de improviso en un pasillo desierto? Eso no era aceptable. Y cuando Harry trataba de restarle importancia al asunto insistiéndose que Malfoy había sido el que lo inició, sabía muy bien que él también había sido un participante activo.
Todos esos pensamientos combinados, sumados a Malfoy y su aparente buena voluntad, y el hecho de traer el lubricante aún en su bolsillo; dejaban a Harry con varios pensamientos desagradables, o muy agradables, dependiendo del humor en que se encontrara. Pensamientos e ideas merodeando en su mente. Convirtiéndose también en la causa de varias noches en vela, las cuales llegaron a un punto crítico el jueves.
Harry ni siquiera había estado durmiendo bien esa noche, por miedo de tener otro de esos sueños. Pero inevitablemente, tratar de no pensar en ellos, por supuesto que equivalía a que fuera la única cosa en la que se podía concentrar. Y conforme consideraba las diferentes posibilidades en las que había estado soñando despierto, se ponía cada vez más cansado y lujurioso. Al fin, como su cerebro insistía en recordarle las veces que Malfoy le había hecho una mamada, se volteó sobre su espalda y pateó sus cobertores, al encontrar que era demasiado sofocante estar debajo de ellos. Claramente podía acordarse de las suaves manos de Malfoy sobre su piel. Casi podía sentir la manera en que su flequillo había rozado su estómago.
Harry apenas había recordado eso, cuando ya estaba resbalando una mano hacia abajo por su torso, acariciándose ociosamente la piel debajo de su camiseta.
Si cerraba los ojos y realmente pensaba en ello, podía sentir esas manos empujando sus piernas hasta abrirlas, mientras el rubio se arrodillaba entre ellas.
Las rodillas de Harry se levantaron y plantó sus pies sobre la cama, abriendo sus piernas ampliamente.
Era tan fácil recordar el nerviosismo de Malfoy cuando se inclinaba hacia delante y respiraba caliente sobre su pene erecto, el tenue movimiento de aire era más que suficiente para que escalofríos bajaran por la espina dorsal de Harry.
El aire frío que rozó contra él cuando de modo inconsciente, deslizó su mano bajo su bóxer, tuvo el mismo efecto. Mordió su labio ligeramente para evitar hacer ruido, no deseando despertar a sus amigos, mientras miraba distraídamente las cortinas a su alrededor.
Y la lengua de Malfoy, con sus tentativos movimientos, envolviéndose lentamente alrededor de su miembro… los dedos de Harry se arrastraron imitando la sensación, y los músculos de sus muslos se tensaron.
Malfoy… ahora empezaría a moverse de arriba abajo, bombeando continuamente la punta de su pene… los dedos de Harry apretaron y siguió el movimiento que podía ver en su imaginación. El Slytherin estaría chupando ahora… Harry oprimió su mano aún más fuerte y jaló, en rápidos y súbitos movimientos.
Normalmente, estaría tratando con todas sus fuerzas de mantenerse quieto, pero ahí, en su propia cama, se movió libremente, empujando las caderas y moviendo la mano. Más, y más, y más, y Harry casi podía creerse que Draco era el que estaba con él, usando sus manos para mantenerlo inmóvil en su lugar mientras chupaba más, y más, y más duro. Harry cerró los ojos muy apretados y sus dientes rechinaron. Pudo sentir el sudor goteando desde su frente, y recuerdos de dos cuerpos resbalosos por el sudor deslizándose juntos relampaguearon en su mente y se encontró de pronto muy cerca. Casi ahí…
Un fuerte ronquido llegó desde la cama del lado, y se detuvo abruptamente, abriendo los ojos de golpe y aquietando la mano al volver a ser consciente de su entorno. Escuchó a Ron voltearse ruidosamente, sábanas y cobertores susurraron junto con él mientras su cama crujía. Harry jadeó un poco cuando observó con confusión alrededor de la oscura habitación. ¿Qué no estaba en el Salón de los Menesteres?
Notando apenas que su propia mano estaba bajo sus pantalones, Harry palideció y rápidamente la quitó de ahí, sintiendo algo semejante al terror recorrerlo por completo al darse cuenta lo que había estado haciendo. Gimió quedamente y maldijo entre dientes, volteándose hasta quedar boca abajo. Lo cual sólo hizo que su miembro extremadamente excitado se presionara contra la cama, y de nuevo cerró fuertemente los ojos. Había esperado dejar eso por la paz, pero aparentemente su cuerpo tenía otros planes. Después de aproximadamente cinco minutos dolorosamente largos, se giró lentamente hasta quedar de espaldas otra vez, y preocupadamente, golpeteó sus dedos contra su estómago.
Entonces se percató de que todavía podía terminar lo que había empezado… no tenía que pensar en Malfoy. Respirando con profundidad, deslizó su mano de nuevo por debajo de su bóxer y aferró sus dedos alrededor de su dolorosa erección. Trató de visualizar a alguien más, y la primera persona que le vino a la mente fue Cho. En seguida descartó la idea, y pensó en Seamus antes de darse cuenta que eso probablemente no era mucho mejor que pensar en Malfoy. Además, era un chico, por lo que no, eso no funcionaría.
Ubicó a Parvati por ninguna razón en particular, y trató de imaginar su pequeña boca acercándose a él. Eso marchó bien por unos segundos, y entonces Harry empezó a pensar vagamente que su cabello era demasiado oscuro, y de repente la chica se transformó en una rubia platinada. Luego sus manos eran demasiado pequeñas, y se hicieron un poco más grandes. Se imaginó a él mismo mirándola, viendo sus ojos cafés dirigiéndose a él, muy abiertos y amistosos. Y entonces, parpadeó y la mirada de ella se volvió más penetrante, el café se transformó rápidamente en gris, y la próxima cosa que Harry supo, fue que estaba observando otra vez a Malfoy.
Se dio por vencido, cerrando los ojos con resignación. Movió su mano rudamente un par de veces más, antes de venirse al tiempo que emitía un suspiro sollozante, con los recuerdos de Malfoy todavía persistiendo en su mente. Limpió su mano distraídamente contra las sábanas de su cama, y se rodó para enterrar la cara en su almohada, tratando de olvidar lo que acababa de pasar, de olvidar en quién había pensado mientras se había hecho una paja...
Para cuando llegó el sábado siguiente, Harry era un completo lío.
Draco parecía un poco mejor, sólo porque no había estado cargando a todos lados el lubricante como Harry. Eso, sumado a que prácticamente había olvidado que Harry sí le había correspondido el beso el domingo anterior. Su mente rodaba en un círculo vicioso de arrepentimiento y horror por lo que había hecho, y estaba bastante preocupado sobre lo que podía significar. La situación en su Casa no iba mucho mejor, principalmente porque se rehusaba a hablarle a Pansy, pero también porque Blaise había tomado parte en la defensa de los nacidos de muggles, y eso estaba empezando a molestarlo profundamente. No podía entender ni un poco cómo de pronto la mitad de los de su grado estaban peleando la pelea de Potter; ¡eso no tenía ningún sentido!
Harry llegó al aula con Ron. Hermione se había adelantado un poco más temprano, y los dos chicos descubrieron el motivo en cuanto atravesaron la puerta. Su amiga estaba inmersa en una conversación con Pansy, y la chica Slytherin tenía un gesto pensativo en el rostro. De inmediato, eso hizo que varios escalofríos recorrieran la espina dorsal de Harry, debido a que, otra vez, no sabía que esperar de la noche.
Todo salió tan bien que no había necesitado preocuparse.
Por casi dos horas, Harry se sentó todo tieso junto a Ron, observando los acontecimientos dentro del grupo. Había un montón de charla entre todos los presentes, y justo hasta ese momento se fijó que la mayoría de sus compañeros ni siquiera estaban sentados con miembros de sus propias Casas. Se le ocurrió que la mayor parte de ellos probablemente no iban sólo para jugar "Verdad o Reto". Era más bien una excusa para pasar un buen rato otra vez. Como si la gente jamás hubiera salido de su círculo para hacer nuevo amigos, si no hubieran tenido esas reuniones en particular. Recordando las semanas anteriores, Harry se dio cuenta que más y más compañeros habían empezado a ir a las fiestas de nuevo. Cuando habían comenzado a jugar, había estado un gran grupo de personas, pero conforme los retos se volvieron más embarazosos y atrevidos, menos gente había regresado cada semana. Desde que los retos habían, en su mayor parte, empezado a suavizarse de nueva cuenta, más estudiantes regresaron, simplemente para estar en compañía de sus camaradas.
Harry siempre había sido partidario de la unidad de las Casas de Hogwarts, y era claro que con esas fiestas se estaba empezando a conseguir el objetivo. Sólo que nunca se había percatado de que realmente tendría que esforzarse para que eso pasara de verdad. No era un secreto que la rivalidad principal de su grado, y posiblemente de la escuela entera, era entre él y Draco. Entonces, si realmente quería conseguir la unidad de las Casas, ambos tendrían que dejar de lado sus diferencias.
Harry resopló, pensando en cómo podría ser posible eso, y besó a Susan Bones cuando Zacharias Smith lo retó.
-Muy bien, gente, yo digo que hemos terminado por esta noche –dijo Pansy un poco más tarde. Ignoró las impactadas miradas que le dirigieron dos chicos en particular, y se puso de pie para estirarse. –La próxima semana es el último sábado que tendremos antes de las vacaciones, así que tendré que pensar en algo realmente especial para todos nosotros –continuó diciendo muy contenta. –Mientras; ¡buena suerte a todos en sus exámenes parciales! –Las conversaciones continuaron quedamente en lo que todos empezaban a salir al pasillo, para regresar a toda prisa a sus respectivas salas comunes. Harry aún estaba parpadeando con confusión mientras Hermione lo sacaba prácticamente a rastras de la habitación. Finalmente, las únicas dos personas que quedaron fueron Draco y Pansy, quien estaba ocupada acomodando todo para que el aula pareciera que no había sido usada.
-Y... ¿eso fue todo? –preguntó Draco. Pansy se detuvo, mirándolo fijamente y levantando las cejas.
-Ah. ¿Ya me hablas otra vez? –bromeó. Draco frunció el ceño y se puso de pie.
-Sólo por un minuto –gruñó, mirándola con enojo. Pansy puso los ojos en blanco.
-Por supuesto –dijo. -¿Y qué fue lo que preguntaste?
-Tú no… no hubo reto… para Potter y para mí –dijo lentamente Draco, muy inseguro. Se cruzó de brazos y golpeteó nerviosamente su pie contra el suelo.
-Oh, lo siento –dijo Pansy, quien no sonaba arrepentida en absoluto. -¿Eso fue un problema? La próxima vez me aseguraré de recordar lo decepcionado que estuviste esta noche porque tú y Potter no tuvieron acción.
-No es eso lo que quiero decir –escupió Draco. –Es sólo… ¿Qué estás planeando, Pansy?
-¿Alguna vez se te ha ocurrido pensar que la gente podría cansarse de verlos besuquearse? –preguntó Pansy, girándose para salir del salón. Draco se sonrojó un poco y se fue tras ella.
-Te conozco, Pansy –dijo secamente. –Sé que estás planeando algo, así que; ¡dime qué es! –la chica se paró abruptamente, causando que Draco casi chocara con ella, y dio la media vuelta para enfrentarlo. Dio dos pasos hacia Draco, acercándose tanto que sólo quedaron separados por unos centímetros.
-Supongo que sólo te queda esperar para verlo; ¿no? –dijo ella en voz baja, con una sonrisa maquiavélica en los labios. Se volteó y continuó su camino por el pasillo, dejando a Draco tragando nerviosamente mientras la miraba alejarse.
Draco no quiso perder tiempo la semana siguiente, y la tarde del lunes ya había abordado a Harry una vez más, jalándolo dentro del aula vacía en la que tan frecuentemente solían encontrarse.
-¡Suéltame, Malfoy! –gritó Harry, sacudiendo su brazo del agarre del rubio una vez que la puerta estuvo firmemente cerrada detrás de ellos. -¿Qué es lo que quieres? Si estás planeando besuquearme otra vez, quiero que sepas que me opongo tajantemente –Draco se ruborizó un poco, pero ignoró al Gryffindor y comenzó a pasearse por toda la habitación.
-Va a pasar algo –dijo secamente. –Pansy y Granger están planeando algo. No sé qué es, pero no puede ser nada bueno –levantó la cabeza y Harry vio el pánico reflejado en sus ojos.
-¿Cómo lo sabes? –preguntó rápidamente.
-¿No es obvio? –respondió Draco. –Empezamos besándonos. Luego, te retaron a que me hicieras una paja. Después, me obligaron a hacerte una mamada. Pero en vez de que las cosas empeoraran a partir de ahí, Pansy nos retó a abrazarnos. Ah, y por cierto, ellas nos vieron. La semana pasada.
-¡¿Nos vieron?! –exclamó Harry, empalideciendo.
-Sí, pero eso no es lo importante –dijo rápidamente Draco, moviendo la mano a un lado. –Este sábado… no pasó nada. Ni retos, ni besos; ¡ni siquiera nos hicieron tomarnos de la mano!
-Y tú estás… triste por eso –supuso dubitativamente Harry. De inmediato levantó sus manos en un gesto defensivo e hizo gestos cuando Draco se detuvo y lo miró con furia. –Disculpa…
-Le exigí a Pansy que me dijera lo que estaba planeando –continuó el rubio, empezando a pasearse otra vez. –Pero sólo me dijo que tendría que esperar y verlo. Y comentó que pensaría en algo especial para la próxima semana. Algo grande. ¿Recuerdas? –Harry asintió lentamente, comenzando a entender apenas lo que el Slytherin estaba insinuando.
-No estarás pensando… -se interrumpió, sintiendo su pulso acelerarse al tiempo que empezaba a respirar más rápidamente.
-No sé que pensar –admitió Draco, deteniéndose al fin y sentándose en un escritorio frente al Gryffindor. –Algo está pasando. La tensión está bullendo, como si todos supieran de qué se trata, menos nosotros. Como si estuvieran intentando atraparnos con la guardia baja.
-¿Y no queremos que nos atraparen así, verdad? –preguntó Harry nerviosamente.
-Preferiría que no –dijo Draco bajando la voz.
-¿Qué…? Quiero decir; ¿qué tan grande…? –Harry se interrumpió otra vez, pasando saliva. -¿Qué tan lejos planean llevar esto?
-Has visto lo que la gente ha estado haciendo. Tú y yo, Patil y Boot, las diferentes chicas que han enseñado sus senos… -Draco se encogió de hombros, pasándose una mano por su cabello. -No sé qué es lo que nos obligarán a hacer –Harry notó lo mucho que Draco parecía estar preocupado y se sintió levemente ofendido. Suspirando, metió las manos en sus bolsillos, y una de ellas chocó contra el ya familiar bote que todavía estaba guardado ahí.
Se congeló.
-Malfoy –dijo lentamente, apretando los dedos alrededor del bote. Draco levantó la mirada, pestañeando de sorpresa ante el gesto de determinación que Harry tenía en la cara.
-¿Qué?
-¿Tienes… tienes práctica de quidditch mañana en la noche? –le preguntó. Los ojos de Draco se entornaron un poco y negó con la cabeza.
-No. ¿Por qué?
-… Encuéntrame en el Salón de los Menesteres. A las nueve en punto.
