STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
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Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
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Capítulo 8
Harry había estado paseándose por el Salón de los Menesteres durante veinte minutos al menos, antes de que Draco hiciera acto de presencia exactamente a las nueve en punto. El rubio echó un vistazo a la habitación y se burló de Harry.
-El mismo salón de siempre, por lo que veo –concluyó. –Con la misma cama, otra vez. Honestamente, Potter, vamos a tener que hacer algo al respecto de ese perverso rincón de tu imaginación –Harry hizo un sonido ahogado y empalideció un poco, mientras nerviosamente fulminaba con la mirada a la cama que, en efecto, todavía se erguía amenazante en el fondo de la habitación.
-¿Tenías algo específico en mente? –intentó preguntar de manera inocente, aunque sus ojos apartados y su voz temblorosa lo arruinaron.
-¿Disculpa? –preguntó Draco, como si no estuviera seguro de haber oído bien.
-Nada –fue la rápida respuesta de Harry, quien metió nerviosamente sus manos en los bolsillos de su pantalón. Había dejado su túnica y todo lo que traía en ella junto al sillón, fuera de vista. Hubo una pausa mientras Draco miraba suspicaz hacia Harry, antes de suspirar.
-Muy bien, Potter, ya estoy aquí. ¿Y cuál es el plan? –preguntó resignadamente. El Gryffindor abrió mucho los ojos.
-Eh… Bu-bueno… Pensé que tal vez… um… -tartamudeó, e hizo señas hacia el sofá. –Siéntate, Malfoy. Vamos a hablar.
-¿Hablar? –repitió incrédulamente Draco mientras se sentaba. -¿De qué tendríamos que hablar?
-Er… -Harry no estaba realmente seguro del motivo, pero de repente sintió la necesidad de aplazar su "plan" el mayor tiempo posible. Siguió a Draco, sentándose en uno de los brazos del sillón y plantó sus pies sobre el asiento, mirando alrededor mientras pensaba en un tema del que pudieran conversar. -¿Quidditch? –sugirió dudosamente. Draco bufó.
-No voy a hablar de quidditch contigo. Como si necesitaras tener más ventaja sobre mí.
-¡No me referiría al quidditch de Hogwarts! Quise decir, um… bueno; ¿a cuál equipo estás apoyando esta temporada? Ron cree que los Chudley Cannons van a…
-Potter –interrumpió Draco, mirando con extrañeza a Harry, -nosotros… no somos amigos.
-Bueno, obviamente no –replicó Harry, molesto.
-¿Y por qué estás tratando de hablar conmigo?
-Sólo pensé que… eh… bueno, la verdad es que sólo estoy retardando lo que… er…
-¿Tan malo es? –Harry se dio cuenta de que Draco tenía mala cara.
-Es… bastante malo –dijo vacilante. Draco respiró profundo y exhaló lentamente. Estiró las piernas hacia delante y las cruzó a la altura de los tobillos, colocando sus pies sobre la mesa.
-Podemos hablar de chicas –dijo en tono aburrido, poniéndose las manos detrás de la cabeza y recargándose en ellas.
-¿Chicas? –repitió Harry, arqueando las cejas. –Eso suena como otro intento de probar tu heterosexuali…
-¡Cierra la boca! –increpó Draco.
-Bueno –sonrió Harry. –Bien; ¿y qué hay con las chicas? –aparentemente Draco no había pensado en eso, porque le llevó algunos segundos responder.
-Cuando te haces una paja; ¿en quién piensas? –preguntó por fin. Harry empalideció.
-¡Eso no te interesa! –exclamó bruscamente. Draco enarcó una ceja. –Bueno... ¿tú me dirías en quién piensas cuando te masturbas?
-Padma Patil. O Parvati –respondió de inmediato el Slytherin, antes de quedarse pensativo. –O en ambas, en realidad.
-Ah –contestó Harry, incapaz de dejar de sonreír. –Yo también me he pajeado pensando en Parvati –entonces recordó con exactitud lo que había pasado la última vez que lo había intentado. Sonrojándose, sacó rápidamente ese pensamiento de su cabeza. –Solía pensar en Cho… pero eso no funcionaba muy bien.
-Aparentemente no –dijo Draco, sonriendo presuntuoso. Harry lo fulminó con la mirada.
-Tema nuevo –gruñó.
-Entonces, piensa en algo –replicó Draco. Hubo algunos momentos de incómodo silencio donde ninguno de los dos chicos pudo pensar en nada interesante qué decir. Harry se mantuvo observando alrededor de la habitación y jugueteando con sus manos. Echó un vistazo hacia Draco, notando que éste parecía haberse quedado dormido. Contuvo las ganas de tomar un cojín y arrojárselo.
-Y… -dijo finalmente Harry, pellizcándose nerviosamente la camiseta.
-¿Sabías que Pansy está de tu lado? –preguntó Draco de repente. Sus ojos continuaban cerrados.
-Sí, lo sabía –respondió Harry después de unos segundos, sorprendido. Malfoy frunció el ceño, abriendo los ojos para mirar a nada en particular.
-¿Lo sabían todos menos yo? –escupió.
-Bueno, Hermione me lo dijo hace un par de días.
-¡Y ni siquiera es la única! –continuó Draco, ignorando a Harry. –Toda mi Casa se ha vuelto loca. Hasta Blaise no apoya al Señor Oscuro.
-¿Tengo que tomar eso como un indicativo de que tú sí? –preguntó Harry en voz baja.
-¡Por supuesto que yo sí! –exclamó Draco, girándose para enfrentar a Harry. -¿Por qué traicionaría a mi padre para ir a juguetear al lado de Dumbledore?. ¿A tu lado?
-¿Porque Voldemort es un idiota y tú eres más inteligente que eso? –sugirió Harry. El estremecimiento de Draco fue casi imperceptible, pero Harry lo notó de todas maneras. -¡Ni siquiera puedes decir su nombre!
-Es por respeto –siseó Draco. Harry rodó los ojos.
-Claro.
-Me uniré al Señor Oscuro y te prometo, Potter, que cuando todo esto termine, voy a bailar sobre tu tumba.
-¿Y que tal si tú eres el que tiene que hacerlo? –preguntó Harry.
-¿Hacer qué?
-Matarme –Draco parpadeó, recargándose en el respaldo del sillón y cruzando los brazos.
-Entonces, lo haré –dijo en el mismo tono aburrido, cerrando los ojos.
-Me matarías –repitió Harry, entrecerrando los suyos.
-Sí, por supuesto.
-Matar, Malfoy.
-Lo sé. Ya te dije que lo haría. ¿Cuál es el problema? –preguntó Draco, molesto.
-¿Realmente me podrías matar? No hechizarme, Malfoy, no lanzarme un par de puñetazos, sino matarme –Harry de verdad parecía curioso sobre ese asunto, lo cual asombró a Draco.
-Sí, matarte, Potter. Acabar con tu vida, mandarte al otro mundo, asesinarte, destruirte, exterminarte… ¿Cómo más te gustaría que lo dijera?
-¿Y si él no lo quiere hacer del modo fácil? –preguntó Harry, inclinándose un poco hacia delante. –Voldemort es más estúpido que eso. Probablemente yo podría haber muerto ya más de cinco veces si sólo hubiera usado la maldición asesina.
-Bueno, eso es un poco morboso, Potter, no necesitas oírte tan decepcionado –dijo lentamente Draco.
-Cierra el pico –dijo Harry bruscamente. -¿Y si te dice que tienes que… que torturarme o algo así?. ¿Y si tienes que mirarme a los ojos cuando tengas que cortar cada uno de mis miembros?. ¿Cuándo tengas que drenar toda la sangre de mi cuerpo y sacarme los ojos justo cuando esté empezando a extinguirse la luz en ellos? –Draco lo estaba observando con expresión pasmada, y Harry notó avergonzado que tal vez se había entusiasmado con su argumentación.
-Merlín, Potter. ¿Qué diablos…? No. Él no haría algo como eso, no hay… Tú tienes problemas, y bastante serios.
-No me sorprendería que lo hiciera –dijo Harry encogiéndose de hombros. La boca de Draco se abrió inútilmente por un segundo, antes de cerrarla de golpe y negar rápidamente con la cabeza.
-No. No, no voy a escucharte –dijo muy tranquilo, cerrando fuertemente los ojos. –Eso es exactamente lo que Pansy está deseando que haga y… no, no va a funcionar.
-¿Pansy quería que yo te dijera la forma en que Voldemort me torturaría? –preguntó Harry confundido.
-¿Qué…¡No! No, cállate, Potter, no es eso de lo que estoy hablando. Mira... ¿empezamos ya?. ¿Cuál es el motivo por el qué estamos aquí? –preguntó impacientemente Draco.
-Oh –titubeó Harry, mordiéndose ligeramente el labio. -¿Qui-quieres saber lo que tenía en mente?
-No, sólo vine para disfrutar de tu compañía –ironizó Draco, arrastrando las palabras y rodando los ojos.
-Está bien, pues –exhaló lentamente Harry. Se giró a un lado y empezó a hurgar entre sus cosas, emergiendo triunfante con el bote en sus manos. –Atrápalo –dijo, y se lo lanzó al Slytherin. Draco lo cogió con facilidad, frunciendo el ceño mientras escudriñaba la etiqueta. Harry pudo decir en qué momento entendió de lo que se trataba, porque sus ojos se abrieron drásticamente. Se jorobó un poco, todavía con la mirada fija en el lubricante.
-¿Es en serio? –preguntó por fin, sin voltear a ver a Harry. -¿Realmente quieres… llegar hasta el fondo de esto?
-Bueno, no es que lo quiera –dijo Harry a la defensiva. –Tú fuiste el que dijo que no tenías idea qué tan lejos llegarían los retos y todo eso –Draco hizo un ruido evasivo, mientras giraba el recipiente en sus manos.
-Está bien –dijo, enderezándose de nuevo y dejando el bote en la mesa. –Está bien, ha… hagámoslo. Correcto. Mejor estar preparados –Draco tragó, respirando con profundidad. –Su-supongo que querrás estar arriba; ¿no? –En realidad, Harry no había todavía pensado en eso, y arrugó la frente ante la pregunta. –No quieres estar arriba… -dijo lentamente Draco, malinterpretando su silencio. –Qué bueno, porque yo…
-¡Ni siquiera respondí nada! –lo interrumpió Harry.
-¡Demasiado tarde, Potter! Perdiste tu oportunidad…
-Yo no voy a estar debajo de ti, Malfoy…
-¡Hace semanas te dije que yo no iba a ser el pasivo en esta relación! –insistió Draco, volteando por fin hacia Harry para encararlo. Entornó los ojos. -¡No vas a joderme, Potter! –Eso dejó a Harry sin palabras, porque había estado obligándose a no pensar en nada en específico, y el pensamiento de joderse algo le traía a la mente todo tipo de imágenes que realmente no estaban ayudando.
-¡Ni siquiera sabes lo que tienes que hacer! –dijo al final, como un recurso desesperado.
-Oh; ¿y tú sí? –replicó Draco.
-Yo duermo en la misma habitación de Seamus –dijo petulante. -Le encanta tratar de hablarnos del tema y darnos consejos cuando menos lo esperamos –eso no era del todo cierto, pues Harry estaba muy seguro de que él era el único de sus compañeros de dormitorio a quien Seamus había tratado de ayudar. Pero decir lo contrario había tenido el efecto deseado, porque ahora Malfoy lucía un poco inseguro de él mismo.
-Yo… ¿qué tal si ambos lo hacemos arriba? –Harry ni siquiera quiso intentar comprender cómo podría funcionar eso.
-¿Es eso posible? –preguntó a su vez, arrugando la nariz. Draco lo miró fijamente, como si de repente le hubieran salido alas.
-Me refiero a que lo hagamos por turnos, idiota –gruñó.
-Oh. Por supuesto –Harry se rió nerviosamente. –Espera. Quieres decir que… yo voy primero… y luego será tu turno de ir arriba –Draco asintió. –Y las dos cosas esta noche –Draco asintió otra vez. -¿Podemos hacer eso?
-¿Por qué no podríamos hacerlo?
-No… no lo sé… -se miraron con expresión vacía el uno al otro por varios segundos antes de que Harry desviara sus ojos al lado, rascándose la nuca y riéndose nerviosamente de nuevo. Draco puso los ojos en blanco.
-Ya cállate, Potter. Hagámoslo de una vez; cuanto más pronto, mejor –con eso, Draco se puso de pie abruptamente y se sacó su camiseta. Harry lo observó anonadado. -¡Oh, por el amor de Salazar, Potter!. ¡Cómo si no me hubieras visto desnudo ya! –Harry balbuceó algo extraño y pestañeó un par de veces.
-Eh… ci-cierto. Cierto. Por supuesto –tartamudeó, tonteando con el extremo de su camiseta. Draco hizo un sonido de asco desde el fondo de su garganta y se quitó los pantalones. Entonces se detuvo, pasando saliva.
-¿Podrías apurarte? –exclamó con tosquedad. Hubo un leve temblor en su voz, y eso fue todo lo que Harry necesitó para recuperar un poco de confianza. Asintiendo, se levantó y se sacó la camiseta de un tirón. Le dio un escalofrío cuando el aire fresco golpeó su piel, y se bajó la cremallera de sus pantalones con dedos temblorosos. Pronto, él y Draco estaban de nueva cuenta mirándose el uno al otro con expresión indescifrable, vestidos únicamente con sus bóxer. Harry dio unos pasos tentativos hacia el otro chico, levantando los brazos, y Draco saltó violentamente hacia atrás.
-No –dijo simplemente. –Vamos a joder. ¿Está bien, Potter? Eso es todo. Sólo joder. Nada de las otras cosas patéticas e inútiles. Sólo… vamos a hacerlo y nos vamos.
-¿Sin condiciones de ese tipo? –preguntó Harry. Tragó, al mismo tiempo que asentía. –Me lo imaginé. No es que estuviera esperando alguna otra cosa. –Había amargura en su voz y no estaba seguro de dónde provenía, pero lo ignoró, tragando de nuevo y volteándose para mirar alrededor del salón. –Supongo que finalmente le daremos un uso a la cama –dijo en un intento de mejorar su humor.
-Demonios que no –fue la rígida respuesta de Draco. Se había movido hasta quedar a un lado de Harry, y éste prácticamente sentía la tensión que irradiaba de él.
-¿Por qué no? –preguntó Harry, confuso.
-Yo no voy a tener sexo contigo en una cama -dijo Draco, como si fuera algo muy obvio. –Las parejas tienen sexo en la cama. Diablos, la gente que se tolera la una a la otra tiene sexo en la cama.
-En cierta forma, nos hemos estado tolerando el uno al otro –dijo Harry al sentir la necesidad de aclararlo. Draco lo miró furioso.
-¡No vas a cogerme en una cama! –gritó.
-¡Está bien, de acuerdo! –concedió Harry. –Demasiado normal para ti, supongo –Draco, con las mejillas resplandeciendo en color rojo, dio un paso adelante y le enterró un dedo en el pecho. Abrió la boca para decir algo, antes de darse cuenta de la súbita proximidad con Harry, y en vez de eso, pegó un salto hacia atrás, cruzando los brazos y lanzándole miradas airadas.
-¿Podemos hacer esto ya? –preguntó en un tono ligeramente desesperado. Harry por fin de dio cuenta cuánto tiempo habían estado perdiendo.
-Oh. Claro. Por supuesto –dijo en voz baja, y se arrodilló en el suelo, atisbando hacia el rubio. –Acuéstate, entonces –Draco hizo un sonido de asombro, abriendo mucho los ojos.
-¿De espaldas? –preguntó. –Yo no voy a hacer esto acostado de espaldas. No soy una maldita chica, Potter –Harry suspiró exasperadamente y reprimió las ganas de decirle a Draco que ahora era él el que estaba atrasando las cosas.
-¿Podrías apurarte y ya? –soltó en vez de eso. -¿Cómo lo quieres hacer entonces, a cuatro patas?
-Yo… esto es… Sí, está bien, me apoyaré de manos y rodillas –accedió Draco, asistiendo demasiado vigorosamente. –Correcto… -se bajó con lentitud hasta el piso, luciendo extremadamente incómodo, y se sentó de piernas cruzadas.
-¿Dónde lo haremos? –preguntó Harry.
-Aquí está bien.
-Mm, no en frente de la chimenea. Probablemente no funcionará.
-¿Por qué no?
-Bueno… Yo no quisiera, tú sabes, empujarte dentro o algo así…
-Ah. Está bien –Draco gateó un poco más cerca de la cama, y Harry agarró el lubricante antes de seguirlo. -¿Aquí?
-Sí, parece estar bien –Harry se tomó su tiempo abriendo la tapa del bote. Olisqueó con recelo la sustancia que estaba dentro, mientras Draco jugueteaba con sus dedos en el borde de su bóxer. -¿No crees que la alfombra te va a escocer la piel?
-No me importa –respondió hoscamente Draco. Hubo más segundos de penoso silencio mientras que ninguno de los dos chicos estaba realmente deseoso de acercarse al otro. -¿Potter? –habló quedamente el rubio. Harry lo miró. –Se supone que duele... ¿verdad? –Harry dudó, antes de asentir.
-Seamus dijo que me asegurara de prepararte, extendiéndote antes de… eh… -la cabeza de Draco se levantó de golpe.
-¿Extendiéndome? –repitió incrédulamente. -¿Qué mierda signi…? Espera; ¿y cuándo tú…?. ¿Él sabe…?
-¡No! –lo interrumpió rápidamente Harry. –No, no lo… no lo sabe… Bueno, en realidad creo que tenía la leve idea de que tal vez sucedería… Él fue el que me dio el lubricante.
-Él te dio el lubricante –dijo Draco lentamente, antes de gemir. –Oh, Merlín.
-Malfoy, no tenemos que hacer esto, lo sabes –sugirió Harry tentativamente.
-Al diablo con eso –refunfuñó Draco. –¡Ya que llegamos hasta este punto, no te vas a zafar tan fácilmente! –Harry sonrió levemente.
-¿Entonces, empezamos? –preguntó, antes de quitarse rápidamente su bóxer. Draco lo observó por un momento y se sonrojó ligeramente, para luego sacarse también el suyo.
-Está bien –dijo Draco con voz temblorosa.
-¿Está bien?
-Claro –Draco se colocó de rodillas lentamente y plantó sus palmas en el suelo. Exhaló ruidosamente, y Harry pudo ver cómo su cara se ponía rosa. –Creo que ésta es la posición más humillante en la que he estado nunca –masculló Draco, y Harry no pudo evitar reírse entre dientes.
-Bueno, pero no se lo voy a decir a nadie –dijo en voz baja, moviéndose hasta quedar detrás del rubio. Observó fijamente a Draco, con su cabeza gacha y sus piernas abiertas para él, y estuvo casi horrorizado al comprobar que su pene se estimulaba en respuesta. Mordiéndose un poco el labio, Harry cubrió sus dedos con la sustancia gelatinosa y dejó el bote a un lado. Posó suavemente una mano sobre la espalda de Draco y casi sintió cómo cada músculo del chico se tensaba. –Seamus dijo… eh, dijo que usara por lo menos dos dedos… en… antes de cualquier otra cosa. De hecho, dijo que probara con tres, pero que con dos era definitivamente…
-¿Dedos? –preguntó Draco, aún mirando fijamente hacia el suelo.
-Eh, sí. Para extenderte.
-Oh, Dios mío.
-Estarás bien –dijo Harry, en un intento de tranquilizar al otro chico. Draco se limitó a sacudir los hombros. –Muy bien. Eh, yo sólo… mm, empezaré. –El Slytherin asintió y se tensó una vez más. Harry se mordió su labio de nuevo, llevando un dedo hasta la fruncida entrada de Draco. Hizo una pequeña pausa, y luego empujó hacia adentro. Draco hizo un extraño sonido desde el fondo de su garganta, y Harry lo metió un poco más. -¿Estás bien?
-Claro, -jadeó Draco. –Claro, estoy bien.
-¿Te duele ya?
-No, está bien. Continúa –Harry asintió aunque sabía que Draco no podía verlo, y añadió un segundo dedo ya lubricado. Sintió cómo Draco apretaba alrededor de él y acarició suavemente la espalda del chico hasta que se relajó otra vez. Entonces, el Gryffindor empezó a mover sus dedos como si fueran tijeras, abriendo y cerrando, y Draco chilló.
-¿Sigues estando bien?
-Mmm –fue la forzada respuesta de Draco. Harry podía jurar que no estaba bien, pero de todas formas decidió agregar un tercer dedo, preguntándose distraídamente cómo demonios eso iba a funcionar. Parecía ser realmente desagradable.
Pero también estaba realmente apretado… y caliente… Harry pudo sentir su erección endurecerse aún más ante ese pensamiento y tuvo que retener un gemido.
-¡Auch! Maldición, Potter. ¿Qué demonios estás haciendo? –exclamó Draco cuando Harry empujó su tercer dedo dentro de él.
-Malfoy, ni siquiera he metido los tres dedos en…
-¡A la mierda con eso, Potter, dos es suficiente!
-Pero va a doler aún más si…
-¡No!. ¡Dijiste que Finnigan comentó que por lo menos dos!. ¡Así que QUÉDATE con dos y olvida el tercero!
-Malfoy –murmuró Harry, metiendo sus dedos más profundamente.
-Jesús… MIERDA. ¡Maldita sea, detente ya! –demandó Draco, moviéndose hacia adelante y volteando por encima de su hombro para fulminar a Harry con la mirada. Harry suspiró y retiró su mano, escuchando la atropellada respiración de Draco.
-Dime cuando estés listo –pidió en voz baja.
-Sólo… estoy listo, está bien –dijo Draco temblorosamente, volteando de nuevo al frente.
-¿Estás seguro?
-¡Sí, continúa con eso! –insistió Draco. Harry tragó saliva y comenzó a aplicar generosamente lubricante sobre su miembro. Sorprendido de que aún estuviera lo suficientemente duro cómo para hacer aquello, se alineó con el culo de Draco y empujó aproximadamente un par de centímetros antes de que el rubio se tensionara y jadeara. –Espera –dijo con voz ahogada, y Harry se detuvo, tragando fuerte y haciendo su mejor esfuerzo para mantener el control. Estaba apenas entrando en el otro chico y las sensaciones que lo recorrían ya lo estaban sobrepasando. Suspirando, Harry se inclinó sobre la espalda de Draco y envolvió sus brazos alrededor de su cintura. –Está bien… ya –dijo Draco, relajándose a duras penas. Harry, quien en ese punto ya respiraba profundamente, se deslizó un poco más adentro. –¡Mierda!. ¡Espera, espera! –Harry no pudo detener el gemido que escapó de su garganta, y se inmovilizó con gran dificultad.
-Estás tan estrecho –gimió. Draco dejó salir una risotada media histérica. -¿Puedo…?
-No –fue la respuesta inmediata. –No, espera.
-Malfoy, tienes que relajarte.
-Cierra tu maldita boca, Potter –chilló Draco. Harry suspiró, apoyando su frente sobre el hombro sudoroso de Draco. Presionó sus labios contra esa piel, revoloteando su lengua para lamer las gotitas de sudor, y Draco respingó. -¿Qué mierda estás haciendo? –preguntó incrédulamente, volteando su cabeza para poder verlo. Harry, en su típica manera de hacer las cosas primero y pedir permiso después, tomó ventaja de la distracción de Draco y empujó hacia delante, empalándose completamente en el rubio. La parte trasera del cuerpo de Draco se sacudió como si hubiera sufrido un gran impacto, y él se colapsó hacia delante cayendo sobre sus antebrazos, al tiempo que gritaba muy alto. Tardíamente, se le ocurrió a Harry que tal vez los Slytherins no estaban familiarizados a llegar directamente a las cosas sin hacer tantos rodeos. –Santa… mierda… maldita sea… oh, Dios mío –decía Draco entre jadeos. Harry trató de decir algo amable en compensación; pero de repente, al estar completamente cobijado por ese estrecho, oh Merlín, tan estrecho cuerpo caliente debajo de él, se quedó sin respiración. Sus ojos estaban firmemente cerrados y podía sentir a Draco estremecerse alrededor de su miembro. Casi no podía ni conseguir tomar un poco de aire y era difícil no perder de una vez por todas sus inhibiciones y cogerse furiosamente al Slytherin.
-Lo siento –jadeó por fin Harry. –Lo siento. Lo siento, Malfoy. ¿Estás bien?
-¡Mierda, no, no estoy bien! –aulló Draco. -¡MALDITA SEA! –Harry apretó su abrazo alrededor de la cintura de Draco y le dio de nuevo unos pequeños besos sobre su hombro. -¡Deja de hacer eso! –exclamó Draco, con la voz todavía temblorosa, y Harry volvió a recargar su frente en vez de besar. Draco tomó un trémulo respiro y lentamente se empujó hasta levantarse y quedar apoyado sólo con las manos y las rodillas en el suelo. –Está bien. Está bien, estoy listo. ¡Pero hazlo despacio, maldita sea!
Harry estaba más que listo para continuar con eso, pero siendo honestos, no estaba seguro de cuánto tiempo más podría aguantar. Se movió hacia atrás hasta casi salir completamente de Draco, y empujó de nuevo lo más lentamente que pudo hacerlo, escuchando a Draco gruñir y sintiendo músculos apretarse a su alrededor. Estaba tan increíblemente estrecho y el lubricante lo hacía resbalar mientras volvía a empujar, sintiendo la tensión en su entrepierna. Harry gimió contra el hombro de Draco y rechinó sus dientes. Pudo sentir al rubio estremecerse ligeramente debajo de él. Entró nuevamente, más duro esa vez aunque no había sido su intención. Pero la necesidad de estar completamente adentro lo estaba superando, y no creía que sería posible estar más cerca del otro chico de lo que estaba ya. Reajustando su agarre alrededor de las caderas de Draco, Harry volteó su cara a un lado, de manera que su mejilla resbalaba contra el hombro del rubio cada vez que se movía.
Cada vez que Harry lo penetraba Draco temblaba y jadeaba, y no creía que sus brazos lo podrían sostener por mucho tiempo más. Intentó concentrarse en otra cosa: en el fuego que estaba junto a ellos o en el diseño de la alfombra bajo sus cansadas manos, pero nada era capaz de distraerlo del ardor y la invasión de Harry empujando cada vez más profundo. Dolía, mierda que dolía, pero Draco apretó sus dientes y tragó pequeñas bocanadas de aire, tratando de ignorar el terrorífico pensamiento de que Harry estaba haciendo un nuevo agujero en su culo cada vez que lo embestía. Fijó su atención en las gotas que escurrían desde su nariz y caían en su mano con un pequeño sonido húmedo, e intentó convencerse de que sólo era sudor que provenía de su frente. No tomó en cuenta la picazón que estaba sintiendo en los ojos. Harry lo golpeó de nuevo y Draco no pudo evitar un extraño gruñido que dejó su garganta.
Estaba tan cerca. Harry podía sentirlo, estaba justo ahí y no sabía si debía estar avergonzado de que le hubiera tomado tan poco tiempo para terminar o debía estar aliviado de que Malfoy no iba a tener que seguir sufriendo durante mucho más tiempo de esa experiencia aparentemente muy dolorosa. Sus caderas chocaron una vez más y Harry se corrió con un escandaloso grito, cerrando los ojos y tratando de ignorar el espasmo que dominó el cuerpo de Draco. En vez de eso, percibió sensaciones recorrerlo como llamas ardientes y empujó débilmente una última vez antes de colapsar sobre el rubio y liberar su orgasmo. Harry estaba jadeando pesadamente y sabía que probablemente debía salirse ya de Draco, pero la habitación estaba titilando ante sus ojos y no podía concentrarse en nada que no fuera el placer que aún llenaba su entrepierna. Fue sólo cuando Draco dejó salir un quebrado y quejumbroso sonido que Harry cobró consciencia y se levantó de un salto.
-Oh, maldición, Malfoy; ¿estás bien? –preguntó rápidamente, sentándose y saliendo del cuerpo del rubio, provocando un extraño y húmedo sonido. Quiso mirar justo ahí abajo, pero honestamente estaba muy temeroso de hacerlo, así que optó por asegurarse primero que el otro chico estuviera aún con vida. -¿Malfoy? –lo llamó muy preocupado.
-Estoy bien –respondió Draco, con un raro tono de voz. Se sentó lentamente, jalándose con cautela sus piernas hasta dejarlas debajo de él, y entonces hizo una mueca. Harry observó sus ojos húmedos y evitó mirar el rastro que las lágrimas habían dejado en sus mejillas. –Estoy bien –repitió, pero Harry pudo verlo levantar una mano y llevarla hacia atrás como si se buscara una herida. Y por supuesto, cuando su mano regresó al frente y Harry vio que estaba cubierta por algo pegajoso y teñido de color de rosa, entró en pánico.
-¡Oh, Dios mío!. ¡¿Estás sangrando?! –preguntó, abriendo mucho los ojos.
-Aparentemente… -respondió Draco con lentitud, como si no estuviera muy seguro de lo que estaba viendo. Distraídamente, se limpió la mano en la alfombra mientras miraba a Harry. –Estoy bien –dijo por tercera ocasión, y ahora Harry realmente no le creyó.
-Déjame ver –le pidió, y esa vez fue Draco quién abrió mucho los ojos.
-¡No! –protestó, pero Harry no le prestó atención y con un rápido empujón, acostó al rubio de espaldas al suelo. Frunciendo el entrecejo, éste pateó con una pierna a Harry. -¡Maldición, Potter, aléjate de mí! –gritó.
-Pero… -dijo Harry inseguro.
-Estoy bien –insistió Draco, haciendo muecas mientras se sentaba de nuevo.
-¿Se supone que sucede esto? –preguntó nerviosamente Harry.
-¿Cómo diablos voy a saberlo? –se burló Draco, fijando la vista sobre nada en particular. –No soy una maldita chica, como te lo he dicho ya –Harry hizo un sonido de asentimiento y Draco empezó a removerse, evidentemente perturbado. Hubo unos pocos segundos de silencio en los cuales Harry miraba fijo y aprensivo hacia Draco y éste miraba cualquier cosa de la habitación que no fuera Harry.
-De verdad lo lamento mucho, Malfoy –dijo de nuevo Harry, y el rubio suspiró exasperado.
-Dije que estaba bien; ¿o no? –espetó agitadamente. –Sólo olvídalo.
-¿Duele mucho, verdad? –preguntó Harry, muy inquieto. Draco sólo lo miró inexpresivamente.
-No, creo que fue muy placentero –respondió sarcástico. Harry hizo muecas.
-¿Es tan malo?
-Es jodidamente horrible –Harry se rascó la nuca con desconcierto.
-Seamus dijo que se sentía bien.
-Bueno, Seamus es un maldito maricón. Probablemente, tiene en su cuerpo algún gen extra de puta o algo así.
-¡Malfoy! –Harry sólo pudo mantener su mirada de enojo aproximadamente dos segundos antes de suspirar y encogerse de hombros. –Lo que digas. Muy bien; ¿y lo haremos otra vez? –Draco pareció sorprenderse.
-¿Quieres decir que todavía me dejarás cogerte? –preguntó. Harry tragó saliva nervioso.
-Bueno, hicimos un trato; ¿no? Y de todas maneras, tú no… -Harry hizo una pausa repentina, y lo miró sorprendido. -¡Oh, mierda!. ¡Tú no terminaste! Oh, Dios mío, ni siquiera pensé en eso… ¡Maldición, soy un imbécil!. ¡Merlín, lo siento tanto, Malfoy! –Draco tuvo la audacia de reírse de él.
-Potter, no creo que nada de lo que pudieras haber hecho me habría llevado a terminar –dijo simplemente. Harry frunció el entrecejo.
-Bueno, supongo que tendría que haberlo hecho mejor –murmuró.
-Cierto.
-… De todas formas… -Harry se puso de pie y casi se cae de frente cuando sus piernas se sacudieron bajo su peso. Trastabilló hasta la cama y se sentó en la orilla. –Vaya, parece que el sexo consume mucha energía –dijo despreocupadamente, desplomándose de espaldas y poniéndose cómodo sobre las almohadas. Draco se paró cuidadosamente sobre sus temblorosas piernas y caminó arrastrando los pies, llegando hasta el pie de la cama.
-¿Qué estás haciendo? –preguntó, cruzándose de brazos.
-Alistándome. ¿Podrías traer el lubricante?
-¿…Y estás en la cama, por qué razón…?
-Porque aquí es dónde lo vamos a hacer –dijo Harry alzándose de hombros. –Tal vez tú no lo creías así, pero yo tengo el presentimiento que probablemente será muchísimo más cómodo –Draco frunció el entrecejo, pero de todos modos gateó sobre la cama y se sentó de piernas cruzadas junto a Harry.
-Y también supongo que lo vas a hacer acostado de espaldas a la cama –dijo, poniendo los ojos en blanco.
-Sip.
-¿Sabes, Potter?... si quieres, podemos hacer esto mañana u otro día. Si realmente no quieres hacerlo ahora –Draco miró hacia otro lado mientras decía esto, jorobando su postura apenas perceptiblemente.
-No, nosotros hicimos un trato. Está bien –respondió Harry.
-Esto… de verdad duele –dijo Draco en voz baja y trémula.
-Sobreviviste. Creo que yo también lo haré –insistió Harry. –Malfoy, en serio, estaré bien –Draco suspiró.
-De acuerdo. ¿Tengo que prepararte primero? –preguntó, sonando un poco asqueado.
-Oh, claro que sí, en eso le tengo plena confianza a Seamus.
-¿Podrías dejar de mencionar al maldito Seamus? –espetó Draco, girándose para mirar furiosamente a Harry. Éste parpadeó asombrado.
-¿Eh, qué dijiste? –Draco arrugó el cejo y lo ignoró.
-No creo que la cosa de los dedos sea necesaria –dijo. –Francamente, en mi caso no hizo mucho para prevenir el dolor.
-Bueno, lo vas a hacer de todas maneras -respondió Harry, apoyando los pies sobre la cama. Draco bajó su mirada hacia él, respirando entrecortadamente por la nariz. –Oh, por el amor de… Bien, dámelo –dijo Harry, plantando una mano bajo la nariz de Draco. El rubio obedeció, y con un gesto de curiosidad, le pasó el recipiente. De cualquier forma nada lo habría preparado para la visión de Harry metiéndose su propio dedo embadurnado de lubricante en el trasero, que fue lo que sucedió un par de segundos después. Harry abrió mucho los ojos y dejó escapar un extraño quejido, y los ojos de Draco también se abrieron enormes en respuesta a lo que estaba observando. -¿Disfrutando la vista? –preguntó débilmente Harry, permitiendo que, con lentitud, un segundo dedo se uniera al primero; y haciendo un ligero gesto de dolor ante ello.
-Eh… -murmuró Draco casi incoherentemente, y su mano rodeó su pene de manera inconsciente, el cual se ponía duro a momentos. Harry sonrió travieso y dejó caer su cabeza hacia atrás, sobre las almohadas. Sus caderas se levantaron de modo que pudo obtener un mejor ángulo y escuchó a Draco jadear, mientras él separaba sus dedos dentro de su culo. Pero se sacudió ligeramente cuando un rápido latigazo de dolor recorrió la parte baja de su cuerpo, y se detuvo de inmediato. –Continúa –le pidió Draco, apretando su mano.
-No –Harry sacudió su cabeza, tragando fuerte. –No, todo tuyo. Sólo haz lo que tienes que hacer –Draco lo miró incierto.
-¿Estás seguro? –le preguntó, moviéndose hasta quedar en medio de las piernas abiertas de Harry. El chico de ojos verdes asintió, retirándose sus anteojos y colocándolos en una mesita de noche que apareció de la nada. Draco tomó una gran cantidad de lubricante con su mano y le pasó el bote a Harry para que lo pusiera también en la mesita.
-Veo que estás ansioso –susurró Harry cuando Draco se aplicó abundantemente la sustancia gelatinosa y se acarició algunas veces más.
-¿No lo estabas tú?
-Yo… claro, eso creo.
-Dime si al final esto es bueno –pidió Draco de repente, mirando a Harry con urgencia. -¿Te gustó, verdad?
-Sí –dijo Harry, asintiendo con la cabeza al mismo tiempo. –Claro, es increíble. Es… claro –Draco sonrió malicioso.
-Bien –contestó, y entonces se alineó. –Pásame una almohada.
-¿Qué?. ¿Por qué? –preguntó Harry, dándole una de todos modos.
-Para un mejor ángulo –respondió simplemente Draco. –Elévate –Harry obedeció, y Draco embutió la almohada ente su baja espalda y la cama. Y cuando se dejó caer en ella, la realidad de la situación finalmente lo golpeó. Respiró entrecortadamente, parpadeando varias veces y sintiendo las manos de Draco posarse en sus caderas. -¿Listo? –le preguntó el rubio. Harry tomó un profundo respiro y asintió. Draco le reciprocó el gesto, exhaló y entonces, se presionó contra Harry y éste hizo su mejor esfuerzo para no acobardarse y no tensarse contra esa repentina intrusión en su cuerpo. -¡Mierda! –jadeó Draco, y Harry pudo sentir los leves estremecimientos que barrieron el cuerpo del otro chico.
-¿Bueno? –le cuestionó, con una voz ligeramente temblorosa.
-¡Oh, maldición, sí! –exclamó Draco, y en seguida dejó salir un rápido gemido. Empujó más adentro y Harry no pudo evitar el quejido de dolor que emitió cuando el ardor comenzó. Presionó las muñecas de sus manos contra sus ojos y apretó los dientes, percibiendo cómo el otro chico se detenía. -¿Estás bien? –le preguntó Draco, con evidente temor.
-Sí. Sip. Estoy bien –dijo rápidamente Harry en un extraño tono de voz que casi era un octavo más alto que lo normal.
-Mentiroso –dijo Draco suavemente, empujando aún más lento y jadeando otra vez.
-Nggh –fue la ahogada respuesta de Harry a eso. Quitó las manos de su cara para aferrarse a la cabecera de la cama, y miró fijamente hacia el techo. Su pecho, cubierto por una fina capa de sudor, se agitaba con rapidez; y él podía sentir cómo Draco lo llenaba en lo que de repente le pareció un ritmo insoportablemente lento. El pausado y tortuoso dolor no era algo a lo que Harry estuviera muy aficionado, habría preferido de buena gana aguantarlo de una vez por todas y terminar con eso. –Malfoy –jadeó a duras penas, y el Slytherin levantó la mirada hacia él, con las mejillas encendidas. –Ven aquí –las cejas de Draco se curvaron y se inclinó hacia delante de modo que sus pechos resbalaron el uno contra el otro. Harry notó que estaba respirando tan agitadamente como él mismo.
-¿Qué?. ¿Quieres que me detenga? –le preguntó entre respiros. Harry negó con la cabeza, cruzando lentamente sus piernas detrás de la espalda de Draco.
-No –dijo en voz queda, y entonces se levantó y besó firmemente a Draco en la boca. El chico abrió mucho los ojos y se detuvo incierto. Harry aprovechó su quietud y empujó sus caderas hacia arriba para encontrarse de lleno con la de Draco.
Se arrepintió casi inmediatamente cuando un latigazo de dolor, caliente como fuego, lo atravesó.
Jadeando ruidosamente, alejó su boca de la de Draco, casi sin prestar atención al grito de susto que el chico emitió. Sus manos cayeron sobre las almohadas y se aferraron a la tela tan fuerte, que estuvo sorprendido de que no se rompiera. Draco lo estaba mirando completamente aturdido, con sus ojos todavía muy abiertos y la boca ligeramente entreabierta.
-Maldición, Potter –consiguió decir al fin con voz rasposa, parpadeando varias veces mientras que el placer recorría todo su cuerpo. Estaba completamente dudoso entre la opción de continuar de inmediato porque eso se sentía increíblemente bien, o detenerse para asegurarse que Harry no estaba al borde de un dolor mortal o algo así. -Demonios; ¿estás…?. ¿Por qué mierda…? –tomando una rápida decisión, Draco, quien parecía preocupado, empezó a salirse de él, pero las manos de Harry estaban de pronto agarradas de sus bíceps y sus piernas lo apretaron firmemente por la espalda.
-No te atrevas a moverte –jadeó, mirando al muchacho directo a los ojos. –Sólo dame un segundo –Draco asintió lentamente y Harry dejó caer su cabeza sobre las almohadas, respirando con profundidad. Se quedó inmóvil durante un par de minutos, tratando de acostumbrarse al miembro de Draco dentro de él. Era diferente a todo lo que había experimentado hasta ese momento; estar lleno de esa manera, y empezó a pensar que tal vez no sería tan malo como Draco le había hecho creer. –Bueno, estoy listo –dijo. Draco asintió, retirándose y luego enterrándose lánguidamente, y Harry de inmediato cambió de opinión y concluyó que eso era una de las peores cosas en las que se había involucrado nunca.
-¡Oh, Dios! –gimió Draco, introduciéndose de nuevo. Harry le echó un vistazo, y Draco lo miró borrosamente a través de los mechones de cabello que caían sobre sus ojos.
-Te dije que era bueno –graznó el Gryffindor, sonriendo cuando fue mecido hacia atrás hasta casi pegar con la cabecera de la cama.
-Y yo te dije que no lo era –le respondió Draco con un golpe de caderas, y un extraño gimoteo escapó de él.
-Cállate.
-Oblígame –el rubio parecía como si hubiera tratado de burlarse de Harry, pero otros sentimientos estaban peleando reciamente por dominar sus facciones, y un éxtasis puro parecía estar ganando la batalla. Harry le sacó la lengua antes de gritar y de abrir los ojos en un gesto de sorpresa cuando Draco lo penetró una vez más y le dio algo que en definitiva no era dolor y que le había recorrido el cuerpo entero.
-¡Espera!. ¡Detente! –exclamó atónito, y Draco gimió mientras se inmovilizaba trabajosamente. -¿Qué demonios acabas de hacer?
-No tengo idea de lo que me estás hablando, Potter –dijo casi sin aliento, con los ojos firmemente cerrados mientras se concentraba en no moverse.
-Bueno… hazlo de nuevo –Draco liberó un suspiro de alivio y empujó nuevamente. -¡Auch!. ¡Mierda, así no! –chilló Harry. Draco apretó los dientes y trató de penetrar en un ángulo ligeramente distinto. Harry jadeó debajo de él. -¡Oh, Dios! Sí, así. Hazlo otra vez –el rubio parpadeó y empujó. Fue recompensado con otro jadeo que fue seguido muy de cerca por un breve gemido.
-¿Te gusta esto? –preguntó Draco incrédulo.
-SÍ –resopló Harry. No sabía que era, pero se sentía fantástico.
-¡Mierda, de verdad que te estás poniendo duro otra vez! –exclamó Draco anonadado.
-Sólo continúa golpeándome lo que sea que estás golpeando –ordenó Harry, levantando los brazos para envolver el cuello de Draco y jalarlo más cerca. El chico comenzó a moverse de nuevo y Harry gimió muy alto. En realidad era una extraña sensación, porque sentía la todavía incómoda intromisión por debajo del fuerte placer que estaba disparándose a través de todo su cuerpo, pero se imaginó que podía lidiar con el dolor mientras pudiera seguir experimentando esa nueva forma de gratificación. -¡Más fuerte, Malfoy!. ¡Oh, Dios, mierda, más fuerte!
Draco estaba comenzando a perderse en las maravillas de tener sexo, pero aún así consiguió complacer a Harry, empujando más fuerte y por consecuencia más rápido dentro de su cuerpo repentinamente dispuesto. Uno de los brazos de Harry se bajó desde su cuello para envolver con la mano su ya húmedo pene, acariciándose al mismo ritmo de las penetraciones de Draco. No le llevó mucho más a Harry llegar, ya que con el placer combinado de su propia mano enfrente y Draco debajo, estaba pronto terminando por segunda vez en la noche con un grito que probablemente podría rivalizar con el de una banshee. Draco embistió una vez más contra el convulsionante cuerpo de Harry y entonces se derramó con un sollozante gemido, dejándose caer sobre el jadeante chico debajo de él. Ambos permanecieron en silencio por varios minutos, como si ninguno tuviera aliento para hablar; y recuperaban y perdían la consciencia, deleitándose en la luminiscencia de lo que acababa de ocurrir. Fue Harry quien al final rompió el silencio.
-Demonios, soy gay –murmuró sobre el hombro de Draco. El rubio levantó su rostro del pecho de Harry, ignorando la manera en que sus pieles estaban pegadas, y lo miró fijamente, arrugando el entrecejo.
-No, no lo eres –dijo, frunciendo el ceño.
-Bien podría serlo; ¿no? –preguntó Harry, apretando los labios. -Disfruté esto.
-No eres gay –repitió Draco, saliéndose de Harry y desplomándose sobre su espalda a su lado. Harry se volteó hacia él, haciendo muecas debido al dolor en su parte trasera, y miró curiosamente al Slytherin.
-¿Por qué no? –preguntó. Draco lo observó por el rabillo del ojo.
-Porque yo no tendría sexo con un homosexual –respondió.
-Pero tuviste sexo con un chico –Harry sintió la necesidad de aclarar.
-Obviamente.
-¿Y cuál es la diferencia entre dos chicos heterosexuales teniendo sexo, y un chico heterosexual y uno gay haciendo lo mismo? Siguen siendo dos chicos.
-Potter, tú no eres gay –insistió Draco cansinamente, cerrando sus ojos.
-Podría serlo –dijo Harry, casi presumiéndolo.
-¿Quieres ser gay? –preguntó el rubio. Harry abrió la boca para responder, e hizo una pausa.
-Bueno, no, pero… ¿Entonces cómo explicarías lo que acaba de pasar?
-Sí, hablando de eso –murmuró Draco, cruzando los brazos detrás de su cabeza y estirando las piernas enfrente de él. -¿Te das cuenta que vamos a tener que repetir esto otra vez, verdad?
-¿En serio? –cuestionó Harry, percatándose tardíamente que tal vez había sonado demasiado feliz al responder. Si Draco se dio cuenta, no dijo nada al respecto.
-Bueno, sí –respondió el rubio. –Quiero decir, por supuesto qué es porque si yo tuve que sufrir una de las experiencias más dolorosas de mi vida, y tú… ¡tú, el maldito niño-que-vivió, tuviste que hacerlo y en verdad te gustó! Es completamente injusto. –Harry se rió, incrédulo.
-¿Estás hablando en serio?
-Nunca he hablado más en serio.
-Espero que no estés pensando hacerlo de nuevo esta noche, porque creo que me las vería difícil antes de encontrar la energía suficiente para regresar a mi sala común –dijo Harry, acostándose de espaldas otra vez. Distraídamente, usó el cobertor sobre el que estaban recostados para limpiarse la eyaculación que tenía en el estómago.
-Mierda no, no creo que podría soportarlo de nuevo esta noche, aún si de veras se siente bien.
-Me pregunto si habré hecho algo mal –dijo Harry pensativamente. –Realmente siento haberte lastimado tanto.
-¿A ti no te dolió? –preguntó Draco con curiosidad.
-Merlín, claro que sí. Al principio. Sólo que yo no me quejo tanto como otros –Harry tuvo que rodar lejos rápidamente para evitar la almohada que Draco le lanzó. –Está bien, ya me voy -se rió mientras se sentaba en el borde de la cama y se empujaba para ponerse de pie. Pero al primer paso que dio se tambaleó, desplomándose sobre sus manos y rodillas.
-¿Qué demonios fue eso? –preguntó apresuradamente Draco, dirigiéndose veloz a la orilla de la cama para ver que había pasado. Harry lo miró abriendo mucho los ojos.
-¿Me puedes pasar mis anteojos? –Draco se los dio, arqueando una ceja mientras Harry se los ponía.
-¿Tropezaste con algo? –le preguntó.
-No –respondió lentamente. –No, pero creo que me acabo de torcer como cincuenta músculos que ni siquiera sabía que tenía. Demonios.
-Ah –Draco asintió al comprender.
-¿Te sientes igual? –Draco asintió de nuevo. –Dios, Malfoy¿cómo lograste llegar del suelo hasta la cama? –le preguntó, sonando casi intimidado. Draco sólo pudo encogerse de hombros. –Mi dormitorio no está lejos –caviló Harry, -pero tú tienes que recorrer todo el camino hasta las mazmorras. Tal vez deberías quedarte a pasar la noche aquí.
-Soy un prefecto, Potter. Si alguien me descubre sólo le diré que estoy haciendo mi ronda o algo así –dijo Draco rotundamente. Harry curvó una ceja.
-¿En pijama?
-Oh. Cierto.
-¿Y nadie se preguntará por qué vas caminando más lento que un caracol?
-Creo que seré capaz de caminar un poco más rápido que eso, gracias por preguntar –dijo Draco secamente. Harry suspiró, empujándose para ponerse de pie otra vez, y tembló un poco antes de encontrar equilibrio. Empezó a ponerse sus ropas, moviéndose cautelosamente todo el tiempo. Al final, Draco también comenzó a hacer lo mismo. Una vez que ambos estuvieron completamente vestidos, se miraron el uno al otro abochornados. Entonces, Draco inclinó la cabeza una vez y se dirigió trabajosamente hacia la puerta.
-Malfoy, espera –lo llamó Harry con tono resignado. Draco se giró un poco. –Toma esto –Draco parpadeó, levantando las manos para aceptar el bulto de ropa que Harry le estaba pasando. Lo sacudió, y sus ojos se abrieron en un inmediato gesto de sorpresa cuando vio lo que era.
-Potter –jadeó, colocando la capa sobre sus hombros y mirando cómo su cuerpo desaparecía ante sus ojos. -¡Lo sabía! –exclamó. -¡Lo sabía, sabía que tú tenías una de éstas! –se rió débilmente, y Harry le sonrió.
-Era de mi padre –le dijo, y Draco miró alrededor desconcertado. –La quiero de vuelta mañana, si no te importa, pero… por esta noche, puedes usarla –Draco estaba todavía estupefacto.
-¿Me estás confiando esto? –preguntó incrédulamente. Harry se encogió de hombros, evitando su mirada.
-Bueno, puedo chantajearte con lo que acaba de pasar; ¿no? –le señaló. Draco bufó.
-Y te pondrías en evidencia tú también –dijo, sonriendo malicioso.
-Sí, bueno… No la uses para nada malo. ¿Está bien? –le pidió Harry severamente. La sonrisa traviesa de Draco se ensanchó más.
-Por supuesto que no –dijo muy contento. Harry mordió sus labios indeciso, y entonces asintió.
-De acuerdo. ¡Y será mejor que la lleves contigo a la clase de Pociones! –le advirtió.
-Claro, porque eso no parecería sospechoso ni nada.
-¡Malfoy!
-Está bien, correcto, te la llevaré a la clase de Pociones –Draco apenas podía seguir conteniendo su sonrisa en ese punto, por lo que se giró abruptamente y se dirigió hacia la puerta. Harry suspiró y lo siguió, revisando su túnica para asegurarse de que seguía teniendo su varita y el lubricante con él.
-Y así termina la noche en que perdí mi virginidad –murmuró, y Draco se volteó repentinamente hacia él.
-Argh, no lo digas de esa manera –siseó, como si temiera que alguien que anduviera vagando por ahí los pudiera escuchar.
-¿Por qué no? –dijo Harry pestañeando.
-Porque suena raro –Harry parpadeó otra vez, y luego sonrió.
-Buenas noches, Malfoy –dijo entre risitas, dirigiéndose hacia la sala común de Gryffindor. Escuchó un murmullo como respuesta y se giró mientras caminaba hacia atrás, pero Draco ya se había cubierto con la capa de Invisibilidad y Harry sólo supo que estaba ahí porque podía oír sus pasos amortiguados alejándose de él. Sonriendo levemente, se volteó para caminar de frente.
Esa noche, le llevó mucho más tiempo regresar a la torre de lo que era usual.
