STARTS WITH A SPIN

Comienza con un giro

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Escrito por:

Maxine

traducido por:

Perla

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Capítulo 9

Harry había creído que nadie sería capaz de adivinar lo que él y Draco habían hecho la noche anterior.

Por un momento, olvidó que Seamus era uno de sus compañeros de habitación.

-Espera un minuto, Harry –le dijo el chico irlandés muy temprano por la mañana, agarrándolo de una de sus mangas cuando los Gryffindors estaban bajando a desayunar. Ron se giró para mirarlo con curiosidad, y Dean y Neville, quienes estaban un poco más adelante en el pasillo, también se detuvieron a observar. – ¡Ustedes sigan adelante, los alcanzaremos enseguida! –les dijo Seamus al tiempo que hacía una seña con la mano para ahuyentarlos. Ron arrugó el ceño indeciso, pero continuó su camino sin decir nada. Hubo unos segundos de incómodo e insoportable silencio mientras que Seamus observaba pensativo a Harry. O al menos eso fue lo que le pareció. Sintió que su cara le ardía, y nerviosamente se ajustó el asa de su mochila. –Entonces, Harry…

-No pasó nada –dijo de inmediato el chico de ojos verdes. Seamus parpadeó y soltó una risita.

-Harry, Harry, Harry –sonrió ampliamente. -¡No me salgas con eso! Es como si trajeras colgando un letrero que dice: "¡MALFOY ME FOLLÓ!" –Harry soltó su brazo del agarre de Seamus y lanzó rápidas miradas hacia ambos lados del corredor.

-¿Quieres decirlo un poco más alto? –siseó, y la sonrisa de Seamus se ensanchó. Harry gimió y le preguntó con voz impactada: -¿Cómo demonios lo supiste?

-Porque caminas gracioso –contestó el chico y Harry frunció el ceño. Había pensado que estaba ocultando bastante bien las ligeras punzadas que sentía cada vez que daba un paso.

-¿Es así de obvio? –preguntó un poco preocupado. Seamus negó con la cabeza.

-No. Sólo… pareces un poco agarrotado, como si estuvieras tratando de ocultar una cojera. Das pasos pequeños. Algo como esto. Yo ya he pasado por eso, sé como es –Seamus hizo una pausa. –Yyyy… ¿Qué tal estuvo? –le preguntó inocentemente. Harry sintió que su rubor regresaba con más fuerza, y se volteó para seguir caminando a toda velocidad. -¡No, Harry, regresa! –el chico con cabello color arena soltó una risita, corriendo detrás de él y tomándolo por una manga de nuevo. -¡Lo siento! Sólo tenía curiosidad –Harry suspiró.

-Fue… eh, no estuvo tan mal –contestó, negándose a mirar al otro chico. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios y Seamus también sonrió.

-¿No estuvo tan mal, eh? –el sonrojo de Harry se profundizó aún más. -¿Fue muy doloroso?

-Mucho –respondió Harry con toda honestidad. –Especialmente para Malfoy. Lo aborreció todo el tiempo. Pero a mí empezó a gustarme a partir de la segunda mitad. De hecho, me estaba preguntando…

-¡Alto, espera un momento! –lo interrumpió Seamus, frunciendo el ceño. -¿A él no le gustó estar arriba?

-Ah, sí, a él le encantó estar arriba. No le gustó estar abajo, pero creo que fue culpa mía…

-¿Ambos estuvieron arriba y abajo? –lo atajó Seamus de nuevo. Parecía un poco sorprendido, y entonces se rió levemente. –Sólo a ustedes dos se les ocurriría hacer eso. ¿Qué, no pelearon por ver a quien le tocaba primero tirarse al otro?

-Eh… sí –respondió Harry abochornado, sonriendo ligeramente. –Pero fue realmente desagradable para Malfoy. ¿Habré…? Um, quiero decir, sólo por curiosidad, por supuesto, pero… ¿por qué fue tan malo para él?. ¿Habré hecho algo mal? Es que yo sentí increíble cuando él… y yo… bueno, fue…

-Harry. Cállate –se rió Seamus, pasando un brazo sobre sus hombros. Empezó a dirigirlo hacia el Gran Comedor. –Creo que tú y yo necesitamos tener una pequeña conversación sobre las cosas que nos hacen sentir bien a los chicos.


Draco entró al Gran Comedor con paso lento, mucho rato después de que sus compañeros Slytherins lo hubieran hecho. Lo primero que notó (no porque lo estuviera buscando ni nada parecido, por supuesto) fue que Harry no estaba ahí. Un rápido vistazo de un lado a otro por la mesa de Gryffindor le mostró que el único otro que faltaba y que a Draco particularmente le preocupaba, era Seamus.

Frunció el ceño.

-¿Por qué esa cara de enojado, Draco? –le preguntó Pansy cuando él se sentó cuidadosamente a su lado. Crabbe se recorrió un poco para hacerle espacio y le ofreció un plato con tostadas. Draco tomó un par sin prestar atención, y empezó a quitarles la corteza. Sus ojos no se despegaban de la puerta del Gran Comedor.

-No me siento muy bien –dijo al fin de manera cortante, después de percatarse de que Pansy lo estaba mirando fijo y esperaba una respuesta. Últimamente Draco ya le hablaba de nuevo, aunque no tan abiertamente como antes, simplemente porque no quería pasarse el resto del año escolar sin hablarle a ninguno de sus compañeros de Casa.

-¿Estás enfermo? –le preguntó Pansy rápidamente, tratando de tocar su frente con una mano. Draco se movió hacia atrás para evitarlo y la miró molesto. –No puedes enfermarte, esta mañana tenemos Pociones –continuó ella imperturbable.

-Claro, Pociones –repitió Draco sin fijarse en lo que decía, pensando en cambio en la capa de Invisibilidad de Potter que traía escondida en su mochila. Realmente le había sido de mucha utilidad la noche anterior, porque había pasado al lado de Filch en tres diferentes ocasiones cuando recorría su camino hacia las mazmorras. De hecho, no estaba seguro de cómo había logrado hacer aquello, pues le había llevado una eternidad regresar a su sala común. Bajar las escaleras había sido jodidamente…

-Bueno, mira quién ha decidido por fin venir a desayunar –dijo Pansy en un tono inocente, y los ojos de Draco se dispararon de inmediato hacia las puertas y hacia las personas que en ese momento las estaban atravesando. Harry, por supuesto, y…

Draco entornó la mirada.

Y Seamus.

Draco sólo pudo mantener su vista clavada en ellos durante diez segundos, y de esos sólo le llevó dos darse cuenta de una crucial pieza de información.

Finnigan sabía.

Draco quiso morir. Era demasiado obvio que él sabía. Por la avergonzada manera en la que Harry se dejaba conducir por Seamus, quien a su vez tenía un brazo alrededor de sus hombros y llevaba ese estúpido, engreído y hasta casi orgulloso gesto en la cara. Y Harry estaba sonrojado. Y Seamus estaba moviendo su mano casi salvajemente como si estuviera tratando de explicar algo. Los dos chicos se separaron para sentarse, y Harry saludó alegremente a sus dos camaradas. Draco por fin le quitó los ojos de encima, concentrándose en su plato y en las tostadas mutiladas que estaban en él.

Y de repente, se sintió enfermo de verdad.

-Tienes razón, Pansy, creo que estoy enfermo –dijo de repente, poniéndose de pie y alejándose de la mesa. –Dile al profesor Snape que no podré asistir a su clase porque me siento indispuesto –con eso, tomó su mochila y salió por la puerta, ignorando la voz de Pansy que lo llamaba para que regresara.

Iba a la mitad del camino rumbo a su sala común cuando cambió de parecer. Después de todo, le había prometido a Harry que le devolvería su capa en la clase; ¿no? Y aunque a Draco no le importaba demasiado si cumplía sus promesas o no, esa en particular no la iba a romper.

Sonriendo petulante, cambió de dirección y se dirigió hacia el aula de Pociones. Así que Harry estaba muy orgulloso de habérselo follado; ¿eh? Así que había tenido que ir y decírselo a Seamus; ¿mmm?

Bueno, Draco iba a hacer que se arrepintiera de eso.


La primera cosa que Harry notó cuando entró a la clase de Pociones fue que Draco no estaba ahí, lo que significaba que su capa de Invisibilidad tampoco estaría.

La segunda cosa que descubrió fue que en la pizarra no había una lista de ingredientes para una poción. En vez de eso, estaba un título subrayado y algunas fechas y nombres.

Gimiendo, Harry se dio cuenta que ese día sería solamente una clase para tomar notas, y ese tipo de días eran casi peores que cuando hacían pociones. En esas clases era más probable que Snape le hiciera alguna pregunta al estudiante que menos se lo esperaba, sobre información que supuestamente debían saber, al supuestamente haberla leído en su libro. En esas ocasiones, era cuando Gryffindor tendía a perder la mitad de los puntos que tan duramente ganaban.

Llevaban aproximadamente veinticinco minutos sumergidos en la lectura, cuando la puerta rechinó y se abrió un poco. Nadie entró por ella, pero como eso no era precisamente un evento extraño en Hogwarts, no hubo quien le prestara mayor atención.

Harry estaba aburrido. Ron, sentado a su lado, parecía como si estuviera a punto de dormirse, y si eso hubiera sido una lectura en la clase de Binns, probablemente ya estuviera hasta roncando. Hermione, al otro lado, estaba escribiendo afanosamente cada palabra que Snape decía, y aún más. Y sus notas estaban codificadas por colores. La manera en que encontraba tiempo para cambiar de diferentes colores de tinta y copiar el tedioso discurso de Snape, estaba mucho más allá del alcance de comprensión de Harry. Sus propias notas eran apenas legibles, y sabía que de todas formas más tarde le estaría pidiendo prestadas las suyas a Hermione, así que ni siquiera se estaba molestando en… ¡Mierda SANTA! ¿Qué DIABLOS le estaba tocando las piernas?

Completamente aterrorizado, Harry dio un rápido manotazo hacia un lado y luego tuvo que abalanzarse para atrapar su bote de tinta cuando estuvo a punto de caer de la mesa. Ron dio un respingo en su lugar, como si finalmente se hubiera empezado a quedar dormido, y Hermione lo miró con el ceño fruncido.

-¿Algún problema, señor Potter? –preguntó Snape de forma desdeñosa, molesto por la interrupción.

-Eh, no. Lo siento, profesor –respondió Harry avergonzado, alisando su pergamino. Snape lo miró arrugando el entrecejo.

-Cinco puntos menos para Gryffindor, por alborotar en clase –espetó, y se volteó para regresar a la pizarra. Harry esperó un momento para asegurarse de que nadie le estuviera prestando atención, y entonces lanzó una rápida mirada debajo de la mesa. Todavía podía sentir en sus rodillas algo que lo tocaba, como si fueran unas manos, así que no estuvo totalmente sorprendido cuando vio la cara de Draco sonriéndole presuntuoso. Aunque era una visión bastante extraña, y de repente comprendió porqué Draco se había asustado tanto cuando vio su propia cabeza flotando en el aire cerca de Hogsmeade en el tercer año.

Abrió la boca para susurrarle algo y alejarlo de ahí, pero recordó a tiempo que Hermione y Ron estaban sentados a cada lado de él y que seguramente le preguntarían por qué estaba hablándole a la parte de abajo de la mesa.

Por lo que entró en pánico. Normalmente, no le importaría tener a Draco entre sus piernas (y el pensamiento por sí solo era bastante alarmante), pero bajo esas circunstancias, Harry no quería ni saber lo que el Slytherin había planeado. Colocando su mano sobre la cara de Draco, trató de empujarlo lejos, pero no fue suficiente para detener al chico. Tomando con firmeza la mano de Harry, la inmovilizó por debajo de la silla y le sonrió de nuevo en esa manera tan exasperante que tenía. Harry, después de dudarlo un momento, decidió dejar su otra mano sobre la mesa, por miedo a que los demás se preguntaran qué demonios estaba haciendo con sus dos manos debajo de ella.

Cuando Draco buscó la cremallera de sus pantalones con la mano que tenía libre, Harry sólo pudo morderse los labios con resignación. Arrastró su silla más cerca de la mesa, hasta que su estómago se oprimió contra el borde de ésta, y se hundió sobre su asiento. Ron le sonrió, seguramente pensando que estaba cabeceando de sueño o algo así, y Harry le devolvió una angustiada sonrisa. Para entonces, Draco había liberado su miembro y lo estaba acariciando con suavidad, y Harry se sujetó al asiento de su silla con la mano que le había inmovilizado debajo, en un desesperado intento por anclarse a algo. Con la otra mano, Harry apretó fuertemente su pluma.

El cálido aliento de Draco envolvió su pene, el cual respondió endureciéndose rápidamente. Harry exhaló con lentitud. Pudo sentir los dedos de sus pies enroscarse dentro de sus zapatos, y tardíamente trató de patear al Slytherin. Apenas alcanzó a levantar su pierna cuando la boca de Draco estaba devorando su erección, y su intento de patada quedó muy lejos del blanco inicial. Harry jadeó, y la pluma en su mano se quebró.

-Señor Potter –gruñó Snape, y Harry lo miró con terror.

-¿S-sí, señor? –preguntó trémulamente. Hermione lo observó con extrañeza, y él soltó la pluma y se asió al extremo opuesto del escritorio, aferrándose como a una tabla de salvación.

-¿Usted disfruta interrumpiendo mi clase? –preguntó tranquilamente el profesor. Draco soltó una risita silenciosa alrededor del miembro de Harry, y eso sólo empeoró las cosas. Cada músculo de sus piernas se tensó, y tuvo que luchar contra la necesidad de abrirlas más.

-No-n-no… s-señor –respondió, con la cara enrojecida. Snape puso cara de asco.

-Diez puntos menos para Gryffindor –le anunció, y una vez más se giró de regreso a la pizarra. Harry suspiró con alivio, aunque Hermione todavía continuaba mirándolo con fijeza.

-¿Estás bien? –le susurró. Harry, quien ya no confiaba en su voz a esas alturas, asintió rápidamente con la cabeza. Ella lo observó dudosa, pero enseguida regresó a sus notas antes de perderse de algo. Respirando con profundidad y premura por la nariz, Harry se inclinó hacia atrás lo suficiente como para darle otro vistazo a la cabeza flotante de Draco. De algún modo, Draco logró esbozar una sonrisa maliciosa aún con el pene de Harry dentro de su boca, y de inmediato lo chupó. Fuerte.

Mierda.

Los ojos de Harry se cerraron con fuerza y apretó la mano que tenía en el escritorio, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Rechinando los dientes, no pudo evitar que una de sus piernas brincara hacia un lado y golpeara la de Ron. Su amigo volteó con cara de aburrido, probablemente pensando que Harry estaba tratando de llamar su atención, y tardó algunos segundos en reaccionar a su comportamiento extraño.

-Compañero; ¿te encuentras bien? –le preguntó a media voz. Harry intentó asentir y negar con su cabeza al mismo tiempo, con los ojos aún cerrados. Dios; ¿cuándo había aprendido Malfoy a hacer eso con su lengua? – ¿Harry? –Grandioso, ahora Ron estaba preocupado.

-¡Señor Weasley! –bramó Snape. – ¡No me obligue a quitarles más puntos!

-Lo siento, señor –dijo Ron apresuradamente. Echándole otro vistazo a Harry, tomó pergamino y pluma y empezó a escribir. Después de unos segundos, puso el papel enfrente de Harry y le codeó el brazo. Harry abrió los ojos de golpe y lo miró.

¿¿Qué te pasa??

Aceptando la pluma que Ron le pasó, y también casi quebrándola, trató de escribir una respuesta. Tuvo que hacer una pausa a mitad de la palabra cuando Draco decidió de repente lamer y acariciar sus bolas. Hizo todo lo que pudo por no venirse en ese mismo momento. Se negaba completamente a hacerlo. No en medio de toda la clase. Además, no estaba seguro si podría ser capaz de reprimir un grito.

Nada.

Dios, su escritura jamás había estado tan torcida. Harry quiso reír histéricamente y Ron frunció el ceño.

Eso es mierda.

Harry inhaló temblorosamente y parpadeó varias veces mientras que el aula empezaba a nublarse a su alrededor.

¡Estoy bien!

Draco lo chupó de nuevo, y esa vez Harry sí rompió la pluma de Ron. Abochornado, se la devolvió, y las cejas de Ron se arquearon. Sacando otra pluma, rasgó en el pergamino otra pregunta.

¿Te das cuenta que últimamente ya no me hablas de NADA?

Harry sí se había dado cuenta de eso. Pero también sabía que Ron probablemente estaría horrorizado de averiguar lo que estaba pasando justo a su lado.

Aunque también era probable que al saber eso lo dejara en paz… mordiéndose los labios, Harry escribió otra temblorosa respuesta.

¿Estás seguro de que quieres saber?

Ron parpadeó, arrugando el ceño. Su mano dudó un momento sobre el pergamino mientras le daba a Harry una mirada escudriñadora, y entonces comenzó a escribir.

Sí.

Ahora fue Harry el que hizo una pausa. Accidentalmente, pateó a Hermione cuando Draco empezó a hacerle el mismo tipo de mamada que Harry le había hecho hacía un par de semanas, y de verdad que Draco estaba tratando de tragarse la extensión completa de su erección. Pidiéndole disculpas a Hermione con la mirada, se detuvo de nuevo, y entonces…

Malfoy me está haciendo una mamada en este preciso momento.

Le llevó un maldito montón de esfuerzo escribir la frase completa, y cuando la hubo terminado arrojó la pluma y se aferró de nuevo al borde de la mesa, esforzándose por respirar. Ron echó un vistazo al pergamino y de inmediato una expresión perturbada se instaló en su cara, y Harry sintió de nuevo la necesidad de reírse. Pestañeando, Ron se inclinó hacia atrás para mirar debajo de la mesa, pero Harry le agarró el brazo y negó rápidamente con la cabeza. Frunciendo el entrecejo, Ron deslizó su silla adelante otra vez, y luego se sentó muy tieso y de modo poco natural, mientras golpeteaba sus rodillas nerviosamente. Harry se tragó un gemido cuando Draco liberó su pene y sopló sobre él, provocando que escalofríos recorrieran su espina dorsal. Se hundió sobre su silla, y Ron le obsequió una mirada que era mezcla de repugnancia, curiosidad y diversión, antes de tomar la pluma de nuevo.

Harry quiso golpearlo.

¿¿¿Por qué???

Harry vio el pergamino con desesperación, sacudió ligeramente su cabeza y cogió la pluma.

¡¡¡¡¡NO TENGO LA MÁS PUTA IDEA!!!!! Probablemente el bastardo piensa que es divert…

Fue incapaz de escribir nada más, porque en ese punto Draco estaba tragándose su pene de nuevo y Harry se rindió. La pluma resbaló entre sus dedos, y él cruzó ambos brazos por encima de la mesa, enterrando la cabeza entre ellos. Su cuerpo se paralizó y no pudiendo evitarlo más, Harry se derramó, estremeciéndose, temblando, y presionando un puño contra su boca para no gritar. Sintió una mano sobre su hombro, reconociéndola como la de Hermione, quien probablemente pensaba que estaba a punto de vomitar o algo así.

Pero entonces todo acabó, la boca de Draco lo abandonó, y las manos del rubio regresaron su miembro a sus pantalones. Sentándose derecho rápidamente y respirando con agitación, Harry miró hacia abajo asegurándose de darle a Draco su mejor expresión de "te-odio-porque-eres-un-completo-y-total-cabrón". Draco sonrió autosuficiente y le dio unas palmaditas sobre la pierna, antes de que su cara desapareciera y Harry sintiera que se alejaba de ahí. Miró hacia la puerta pero no tenía modo de saber si el Slytherin había salido o no, así que se volteó hacia Ron, listo para enfrentar su cólera.

Pero el chico le estaba sonriendo ampliamente, como si estuviera a punto de estallar en carcajadas.

Harry no supo si ésa era una buena reacción o no, pero no pudo evitar el sonrojo en sus mejillas, así que prontamente se giró al otro lado. Hermione continuaba mirándolo con el ceño fruncido, aunque lucía un poco preocupada. Harry se encogió de hombros y rebuscó dentro de su mochila por otra pluma.

Pasó el resto de la clase concentrándose en tomar notas, e ignorando la manera en que su cabello se había pegado a su frente sudorosa.


-Entonces, Harry –empezó a decir Ron tan pronto como la clase terminó y todos estaban reuniendo sus pertenencias.

-No lo sé, Ron –lo interrumpió Harry, respondiendo a la pregunta antes de que la formulara.

-Pero, en medio de la clase

-Lo sé, Ron.

-¿Qué demonios estaba pensando…?

-No. Lo. Sé. Ron –dijo Harry pausadamente y en voz alta, señalando con la mirada a Hermione. La chica lo estaba viendo de modo extraño.

-¿Estás seguro de que te sientes bien? –le cuestionó ella mientras salían del aula.

-Estoy bien –respondió airadamente Harry, y Ron bufó. Antes de que Harry pudiera decir nada más, sintió algo rozando la parte de atrás de su túnica, y se detuvo inmediatamente. Ron y Hermione se voltearon para verlo. –Eh, los buscaré en la sala común, acabo de recordar que… uh, olvidé algo…

-Harry, tenemos Transformaciones justo en este momento –dijo Hermione pesadamente. Ron miró a Harry con ojos cómplices, y luego clavó su vista detrás de él, como si buscara algo.

-Bueno, nos veremos ahí –dijo Harry, dándole a Ron una mirada suplicante. El chico le sonrió y tomó a Hermione por la cintura.

-Vamos, Hermione, nos encontrará ahí. ¡Te guardaremos un lugar, Harry! –le gritó Ron mientras tironeaba de su amiga por el pasillo. Harry esperó hasta que desaparecieron de su vista, y luego se giró para fulminar con los ojos al aire detrás de él.

-Sé que estás aquí. ¡Devuélveme mi capa! –espetó, y Draco apareció de repente con un dramático gesto, sacándose la capa de encima.

-Gracias por habérmela prestado –le dijo sonriendo de modo engreído. Harry continuó mirándolo con furia.

-¡¿Qué mierda fue eso?! –gritó finalmente.

-¿Eso? –preguntó inocentemente Draco.

-Sí, eso –escupió Harry. -¡¿En medio de la clase?!. ¡Qué demonios, Malfoy!

-Te lo merecías –respondió Draco en voz baja. Harry balbuceó.

-¿Qué…?. ¿Me lo merecía?. ¡¿Qué fue lo que hice para merecérmelo?!

-¿Contarles a todos lo que hicimos, tal vez? –dijo el rubio enojado, clavando su propia mirada furiosa en Harry. El Gryffindor hizo una pausa de un segundo, frunciendo el ceño.

-Yo no le conté a nadie…

-¡¡Finnigan lo sabe!! –rugió Draco, apretando los puños a sus costados.

-¡¡Seamus lo adivinó!! –gritó Harry en respuesta, agitando frenéticamente los brazos.

-¡Tú estabas hablando con él sobre eso!. ¡¡Yo no quería que nadie se enterara de lo que estamos haciendo!!

-¡¡ÉL ESTABA EXPLICÁNDOME ALGO!! –explotó Harry, cerrando fuertemente los ojos. –Y no entiendo cuál es tu maldito problema, pero…

Draco lo interrumpió con un beso que lo hizo tragarse el resto de sus alaridos, los cuales se transformaron en gemidos. Le correspondió de inmediato, abriendo los ojos por un solo segundo antes de cerrarlos lentamente otra vez. Sus brazos se envolvieron alrededor del cuello del rubio, acercándolo más a él, mientras que los de Draco se deslizaban por su espalda y sus lenguas se encontraban vigorosamente. Harry sabía que estaban parados en medio de un corredor que se encontraría lleno de estudiantes en cualquier segundo, pero justo en ese momento no le importaba nada más.

Se separaron después de un ínfimo instante, respirando pesadamente y descansando sus frentes la una contra la otra, sin deshacer su abrazo todavía.

-Esta manera que tienes de demostrarme tu enojo, besándome en los pasillos –jadeó Harry. –En serio debe terminar –Draco asintió.

-¿Preferirías que te diera una paliza? –le preguntó. Harry soltó una risita.

-No –susurró. Draco se alejó, alisándose la túnica. Harry se limpió distraídamente la boca.

-Agradecería que no discutieras nada con otras personas a mis espaldas –se quejó Draco, cruzando los brazos. Harry sonrió un poco y decidió que sería una mala idea decirle al Slytherin que Ron sabía lo que había pasado en el aula de Pociones.

-Bien, lo siento –dijo, ocultando su sonrisa. Draco resopló con arrogancia.

-Y debes sentirlo –respondió, levantando un poco la nariz.

-Hablando de otra cosa -dijo Harry rápidamente cuando los estudiantes empezaron a dar vuelta en la esquina. -¿Cuándo nos veremos otra vez? –Draco parpadeó.

-Oh. Cierto –dijo dubitativamente.

-¿Todavía quieres hacerlo?

-Sí –exclamó Draco, y entonces pareció como si quisiera patearse él mismo. Harry se rió levemente, pero se calló cuando Draco lo miró enojado.

-¿Esta noche? –le preguntó.

-Tengo quidditch… ¿mañana?

-Yo tengo quidditch –ambos se quedaron en silencio un momento. -¿El jueves? –preguntó Harry, y trató de no cuestionarse por qué había sonado tan decepcionado. Draco arrugó el entrecejo.

-Sí, supongo que podemos esperar hasta entonces –murmuró. Hubo unos pocos segundos de incómodo silencio mientras estudiantes más jóvenes continuaban pasando a su lado. –Bueno, tengo clase… -dijo Draco lentamente, dándose media vuelta. Los ojos de Harry se abrieron mucho.

-¡Mierda! –exclamó, y procedió a correr por el pasillo, apenas alcanzando a ver la mirada de sorpresa de Draco. -¡Te veré el jueves, Malfoy! –le gritó, y luego se dirigió a toda velocidad hacia Transformaciones.

De todas maneras llegó tarde.


Cuando regresaron a la sala común más tarde ese día, Ron no perdió tiempo en tomar a Harry de un brazo y jalarlo hacia unas sillas desocupadas.

-Está bien, escúpelo –le dijo tan pronto como se sentaron. Harry estaba avergonzado.

-¿Qué escupa qué? –preguntó, mirando alrededor y jugueteando con sus pulgares.

-¡Harry! –dijo Ron exasperadamente, y el chico de ojos verdes le dio una mirada llena de sufrimiento.

-Ron, no creo que realmente quieras saberlo –le dijo, casi con desesperación. Ron lo miró.

-¡Sí quiero! –le insistió. – ¡Quiero que me hables de estas cosas!. ¡Quiero que sea a a quien acudas, no a Seamus!

-¿Por qué todos están celosos de Seamus? –preguntó Harry con curiosidad, y Ron rodó los ojos.

-No estoy celoso; ¡sólo desearía que me contaras lo que sea que le cuentas a él! Aún si yo no soy… gay… y aunque Malfoy no sea exactamente mi persona favorita... ¡me gustaría saberlo!

-Yo tampoco soy gay –dijo Harry rápidamente, y Ron lo miró sin expresión. –Bueno, quiero decir… um… Yo no… no creo ser gay… -se corrigió, sonrojándose un poco. Ron continuó mirándolo. Harry se cruzó de brazos tozudamente. Había sido mucho más fácil hacer eso con Seamus…

-Harry… -dijo Ron en un tono amenazante, y Harry suspiró con exasperación.

-Nosotros… um, Malfoy y yo…

-¿Malfoy? –lo interrumpió Ron con curiosidad. -¿Continúas llamándolo así?

-Bueno; ¿de qué otra manera lo puedo llamar? –preguntó Harry confundido.

-Oh, no lo sé. ¿Draco, tal vez? –Harry arrugó el ceño pensativamente.

-Le he dicho "Malfoy" durante cinco años y medio… Creo que olvidé que tiene un primer nombre… -Ron se rió, haciendo un movimiento con su mano para exigirle a Harry que continuara.

-Adelante, adelante –le pidió, divertido.

-Correcto. Bueno… nosotros… um…

-¿Están saliendo juntos? –prorrumpió Ron.

-¡No! –exclamó con rapidez Harry, arrugando la cara. –No, Dios, no.

-Pero te gusta –afirmó Ron con lentitud.

-¡NO! Yo… bueno, quiero decir… no… ¿no? –Harry se sentía demasiado inseguro de sí mismo. –Quiero decir, bueno, Ron… Maldición. Hemos dormido juntos, Ron –admitió por fin Harry, abrazando sus rodillas y descansando su mentón sobre ellas. Observó preocupadamente a Ron. La mandíbula del otro chico estaba enormemente abierta y los ojos casi le saltaban de las órbitas. Harry hizo una pequeña mueca.

-¿Ustedes… -Ron empezó a preguntar pausadamente, tragando saliva, -han… tenido sexo? -Harry asintió, mordiéndose los labios. – ¿Así como… sexo real, no sólo… no sólo sexo oral? –continuó Ron, haciendo un movimiento con su mano bastante obsceno. Harry asintió nuevamente. -¿Cuándo?

-Um... ¿anoche? –Ron parecía estar completamente noqueado. –No dejes que Malfoy sepa que tú lo sabes; ¿de acuerdo? –dijo Harry al momento. Ron asintió lánguidamente.

-¿Fue…?. ¿Eso fue…? Eh. ¿Te gustó? –le cuestionó con sus ojos todavía enormemente abiertos.

-Sí –respondió Harry en voz baja. Se sonrojó otra vez.

-Vaya –suspiró Ron.

-¿Estás bien? –preguntó nerviosamente Harry.

-Sí, claro, estoy bien –exclamó Ron rápidamente, sacudiendo la cabeza un poco. –Entonces; ¿has tenido sexo con otro chico, te gustó, y sigues pensando que no eres gay? –Harry sonrió levemente. La noche anterior, ya acostado en su cama, había pasado un rato genial pensando en eso.

-Bueno, no he dormido aún con una chica –dijo. –Así que tal vez soy bisexual. Quiero decir, los chicos no me atraen

-Sólo Malfoy.

-No creo que me atraiga.

-Te gusta Harry, admítelo –sonrió Ron, sentándose de nuevo en su silla. –Eres Malfoy-sexual.

-No me gusta –insistió Harry.

-¿Te gusta alguna chica en este momento?

-Eh, no, no realmente.

-Bien, si te gustó tener sexo con un chico, entonces está descartado que seas heterosexual. Aclamas que no eres homosexual, y aparentemente tampoco eres bisexual… como dije; ¡eres Malfoy-sexual! –proclamó Ron.

-Bueno, al menos eso ya es algo. Durante mucho tiempo estuvimos seguros de que era asexual –Ron miró tras Harry y Harry se giró para ver a Seamus inclinado en el respaldo de su silla, sonriéndoles ampliamente.

-Qué gracioso –dijo Harry cortante, mirándolo con disgusto.

-¿Y qué es esto? –preguntó Seamus, tomando asiento en uno de los brazos de la silla de Harry. -¿Ron está tratando de convencerte de que estás enamorado de Draco?

-¡¡NO ESTOY ENAMORADO DE DRACO!! –tronó Harry, obteniendo miradas extrañadas de un par de Gryffindors que estaban en la sala.

-Lo acabas de llamar "Draco" –apuntó Ron.

-No lo… Oh. Bu-bueno... ¡Seamus lo llamó así y eso me confundió! –tartamudeó Harry.

-Mhmm –dijeron al unísono Ron y Seamus, sonriéndose el uno al otro. Harry se desalentó.

-Puede ser… que sólo… me guste… un poquito –dijo con un hilo de voz. Seamus dejó salir un escandaloso grito de alegría, e incluso la sonrisa de Ron se ensanchó.

-Me alegra que por fin puedas admitirlo –le dijo.

-¿Realmente no te importa? –preguntó Harry, levantando las cejas. El pelirrojo negó con la cabeza.

-¿No te llegó el memorándum? Parece ser que todos los Slytherins están desertando hacia la Luz.

-Todos, excepto Malfoy -dijo Harry amargamente.

-Ya vendrá también –aseguró Seamus. Harry suspiró.

-Quizá…


El jueves, Draco llegó temprano al Salón de los Menesteres, y no estuvo muy sorprendido de encontrar a Harry ya sentado en el sofá, terminando alguno de sus deberes. Tragando saliva nerviosamente, entró y se sentó a su lado.

-Buenas, Potter –lo saludó, peinándose el cabello con los dedos. Su camiseta se subió un poco con el movimiento.

-Hola, Malfoy –dijo Harry alegremente, levantando la mirada hacia él. Sus ojos verdes se dirigieron hacia la franja de pálida piel que quedó al descubierto entre su camiseta y sus pantalones, y Draco notó que sus mejillas se sonrojaban levemente antes de que le quitara la vista de encima. El rubio arqueó una ceja. Harry terminó de rasgar algo en su pergamino, y entonces metió rápidamente todas sus cosas dentro de su mochila y se giró de nuevo hacia Draco. -¿Listo?

Draco dudó, pero asintió rápidamente. Harry inclinó su cabeza en respuesta y se puso de pie, caminando hacia la cama y sacándose la camiseta en el camino. Draco observó los apenas perceptibles movimientos de los músculos de su espalda.

-¿Ya vienes? –le preguntó Harry, dejando caer sus anteojos en la mesita de noche.

-Eso espero… quiero decir, venirme –dijo Draco sonriendo travieso, y fue todo un placer mirar que Harry se ruborizaba otra vez.

-Sólo acércate –ordenó Harry, poniendo los ojos en blanco. Draco sonrió muy a su pesar y se unió a Harry, desprendiéndose de su camiseta también. –Vamos a tratar de hacer algo un poco diferente esta noche –dijo el Gryffindor, acercándose a Draco. El rubio luchó con todas sus fuerzas contra la urgencia de alejarse de él.

En vez de huir, sólo preguntó: -¿Eh? – Harry asintió.

-La meta de esto es hacerte sentir bien; ¿correcto? –Draco se encogió de hombros.

-Supongo.

-Bueno. Entonces… vamos a intentar ser… afectuosos.

-¿Disculpa? –bufó Draco, arrugando la nariz.

-¡Oh, déjalo ya! –sonrió Harry. –Seam… um –Draco lo fulminó con la mirada, -Yo creo que eso ayudará. Será más suave, te estimulará antes de hacerlo y cosas de ese tipo.

-No necesito nada de eso –dijo Draco arrugando el ceño.

-Mira, tú no quieres estar llorando delante de todos este sábado. ¿Verdad? –preguntó Harry con exasperación.

-Bueno; ¡pero tampoco quiero estar disfrutando! –espetó Draco, enojado. Harry rodó los ojos de nuevo.

-Cállate, Malfoy –dijo en un tono divertido y Draco apretó los labios. Harry dio un paso más hacia él, tomándolo gentilmente de las muñecas, las cuales estaban colgando flojas a sus costados. De nuevo tuvo que resistir el impulso de saltar lejos de él. –Malfoy –suspiró Harry, acercándose todavía más, tanto que sus pectorales estaban tocándose y su aliento rozaba sus labios. Draco dejó escapar un trémulo suspiro, cerrando los ojos. –Draco…

Los ojos del rubio se abrieron de golpe y jadeó ligeramente. Harry estaba sonriendo y moviéndose hacia él, y Draco se dio cuenta de que él estaba inclinando su cabeza hacia atrás para alejarse de Harry. Éste apretó su agarre alrededor de sus muñecas, y entonces, venció la distancia entre ellos, besando suavemente a Draco en los labios y mirándolo a los ojos.

Draco parpadeó varias veces en una rápida sucesión y respiró entrecortadamente a través de su nariz. Harry se movió para profundizar el beso y Draco sintió que sus párpados caían mientras le abría ansioso su boca al otro chico.

Sintió a Harry girarlo, y pronto el borde de la cama estaba presionando contra la parte de atrás de sus piernas. Harry lo empujó con delicadeza hasta acostarlo sin dejar nunca de besarlo, y Draco se deslizó hacia arriba por la cama de buena gana, hasta acomodarse entre las numerosas almohadas. Harry se le montó a horcajadas, envolviendo con su lengua la del otro chico al tiempo que su beso se hacía más desesperado, y Draco se arqueó contra él.

Harry rompió el beso por un segundo, jadeando para respirar, y de repente su boca estaba pegada a la piel sudorosa del cuello del otro chico. Draco jadeó y gimió ruidosamente, aferrándose fuerte de las caderas de Harry para poder bajarlo hacia él y mover sus caderas juntos. Ambos gimieron, y Draco buscó la boca de Harry y lo besó otra vez.

-¡Espera, espera! –resopló Harry, alejándose. Draco emitió un gruñido y dejó caer su cabeza sobre las almohadas. –Los pantalones –dijo Harry rápidamente, rodando para quitarse de encima de Draco y así poder sacudirse la parte inferior de su pijama. El Slytherin lo imitó prestamente, estremeciéndose sólo un poco ante la débil punzada de dolor que seguía sintiendo desde su escapada anterior.

-Una pregunta –dijo entre respiros, mientras Harry volvía a montarse sobre él y sus penes recién liberados se rozaban el uno contra el otro. -¿El quidditch fue tan odioso para ti como lo fue para mí? –Harry se rió, enterrando su cara en la curva del cuello de Draco.

-Tuve un día más… pero sí, fue bastante malo. La única cosa en la que podía pensar durante esas dos horas enteras, fue en que habría podido estar chupándotela –murmuró. Ron habría pensado que eso era divertido.

-Hmmm –suspiró Draco, respirando más profundamente cuando Harry empezó a besarlo haciéndose camino hacia abajo por su piel. Llegó hasta su ya erecto pene pero no fue más allá, y en cambio envolvió una mano a su alrededor y alcanzó con la otra el lubricante que había traído consigo.

-¿Listo? –preguntó despacio, dándole largas y lentas caricias al miembro de Draco. El rubio asintió rápidamente, cerrando los ojos con fuerza. Harry se inclinó hacia adelante y lo besó en el estómago, y Draco se relajó con celeridad. El chico de ojos verdes empujó un dedo húmedo y resbaloso a través de su entrada, escuchando a Draco sisear. -¿Estás bien?

-Sí –respiró Draco, y Harry añadió un segundo apéndice. El rubio se tensó ligeramente, pero de inmediato se obligó a relajarse. Harry empezó a hacer los movimientos de tijera, y Draco hizo gestos.

-Lo siento –dijo Harry suavemente. Draco negó con la cabeza, haciendo su mejor esfuerzo por concentrarse en el placer que continuaba creciendo en su entrepierna. Realmente eso ayudaba mucho… Dejó escapar un tembloroso suspiro. -¿Quieres intentar con tres? –después de una notoria pausa, Draco aceptó con un movimiento de cabeza. –Dime si quiere que pare –murmuró Harry, empujando un tercer dedo. Los ojos de Draco estaban todavía firmemente cerrados, y su labio superior se tensó tanto que sus dientes quedaron al descubierto. Harry apretó la mano que tenía sobre su erección, y con la otra mano empujó más profundamente dentro de su entrada. Draco jadeó ante las dos sensaciones tan opuestas.

-Es lo más raro… que he sentido… nunca –dijo con los dientes apretados y abriendo los ojos para encontrarse con los de Harry. El Gryffindor le sonrió y tomó una almohada.

-Levántate –le dijo, y Draco obedeció para que Harry pudiera colocar la almohada bajo su espalda. Harry movió sus dedos una vez más, sintiendo a Draco apretar y resistirse contra él. –Bien… bien, creo que estás listo –Draco dejó salir de su boca un sonido de ahogamiento, se aferró con los dedos a la tela sobre la que estaban acostados, y asintió. Harry retiró su mano y de inmediato empezó a untarse una excesiva cantidad de lubricante sobre su miembro. No dejó de mirar a Draco a los ojos mientras lo hacía, ni tampoco dejó de acariciarlo con su mano libre. -¿Preparado? –el rubio asintió una vez más, apretando los labios. Harry contuvo el aire y empujó. No hubo reacción inmediata por parte de Draco, nada más que un respiro tembloroso. Harry finalmente soltó la erección del rubio y posó las dos manos sobre su cintura, empujando un poco más fuerte y jadeando ante la conocida y húmeda tibieza de ese interior.

La respiración de Draco se hizo dificultosa y se sacudió levemente, causando que Harry se detuviera. –No, continúa –dijo Draco rápidamente, y el Gryffindor asintió, haciendo lo que le pedía. Draco gimió y se tensó, y Harry suspiró.

-Todo está bien –murmuró, inclinándose y besando la boca cerrada de Draco. El rubio lo miró, respirando con rapidez.

-No te atrevas a tratar de distraerme de nuevo – resopló y Harry soltó una risita.

-No lo haré –prometió, pero lo besó de todas formas. La espalda de Draco se arqueó y Harry se deslizó más adentro. Se tragó el quejido del rubio, entrelazando sus lenguas y recorriendo con las manos los lados de su cuerpo. Draco se estremeció y gimoteó brevemente. Harry empujó un poco más. –La última –susurró, y Draco asintió y se preparó. Harry arremetió por completo al fin, jadeando cuando ese calor resbaladizo lo engulló. Draco dejó salir un chillido estrangulado.

-¡Oh, Dios! –gritó.

-¿Estás bien? –preguntó Harry, jadeando pesadamente. Sus ojos se estrecharon cuando se concentró por ver la cara de Draco, y por un momento trató de sacudirse los mechones de cabello que tenía sobre los ojos. Draco balbuceó una respuesta incomprensible. Los muslos de Harry estaban temblando, pero se mantuvo perfectamente quieto, esperando hasta que Draco correspondiera a su mirada.

-Sí –dijo, exhalando lentamente.

-Bien… bien –Harry tomó un profundo respiro, intentando enfocarse en otra cosa aparte del calor que lo estaba envolviendo. –Está bien, dime qué… dime si se siente bien –Draco bufó, pero Harry no le hizo caso. Se salió de él y regresó lentamente, gimiendo, y Draco gruñó e hizo muecas. -¿No? –Draco negó rápidamente con la cabeza, cerrando los ojos.

-¿De verdad esto se sentirá bien? –preguntó débilmente.

-Sí –dijo Harry, sonando muy seguro de sí mismo. Se retiró de nuevo, tratando de tomar un ángulo diferente, y penetró otra vez. Draco chilló fuertemente, aferrándose de improviso a los bíceps de Harry. Sus uñas se enterraron en su piel, pero Harry no mencionó nada al respecto. –Disculpa –le murmuró. Draco intentó responder algo, pero las palabras fueron incomprensibles. Una vez más, Harry buscó un ángulo diferente y empujó.

Draco se congeló, jadeando y abriendo los ojos repentinamente.

-¿Ahí? –preguntó Harry, embistiendo de nuevo en el mismo lugar. Draco gritó pero negó rápidamente con la cabeza. -¿…No? –preguntó Harry dudoso. Arremetió de nuevo, mirando como el pene de Draco se estimulaba en respuesta.

-¡No! Nop, no, no es ahí, esto todavía apesta –mintió Draco, respirando con agitación. Harry sonrió y empujó otra vez, causando que Draco jadeara y gimiera.

-Embustero, esto te gusta –dijo Harry, penetrándolo con un ritmo mucho más rápido.

-Nonononononono –gimió el rubio, golpeando sus caderas contra las de Harry y jadeando otra vez. Sus brazos se envolvieron alrededor del cuello del Gryffindor y lo jaló hacia abajo para besarlo con desesperación. Harry correspondió el beso ansiosamente, sintiendo cómo el placer crecía rápidamente ahora que ya podía moverse con libertad.

Draco alejó su boca y comenzó a lloriquear otra vez, dejando caer la cabeza hacia atrás. – ¡Mierdamierdamierda-JESÚS, oh, Dios mío! –su pene estaba atrapado entre su cuerpo y el de Harry, y cada vez que el chico de ojos verdes se movía, Draco sentía la fricción y un goce que exigía dejarse perder en él. Ésa era, absolutamente, la sensación más erótica que jamás hubiera experimentado. Si no pensaba en la incomodidad que seguía quemándolo cada vez que Harry lo penetraba, apenas sí se daba por enterado de que aún la tenía. En vez de eso, se concentró en las increíbles oleadas de placer que se disparaban por lo largo de su espina dorsal, provenientes desde Dios sabía dónde. De dónde fuera que estuviera ese punto dentro de él que estaba siendo golpeado por Harry.

-¡Oh, Dios, Malfoy! –jadeó Harry, estrellando su boca contra la del otro chico. El rubio no pudo soportarlo por mucho tiempo más, y cuando Harry lo embistió de nuevo, sintió que su mundo explotaba. El salón se desvaneció a su alrededor y vio puntos danzando frente a sus ojos. Su convulsionante cuerpo se apretó alrededor de Harry, y el Gryffindor cerró los ojos con fuerza mientras se derramaba con un grito salvaje. Respirando fuertemente, trató de levantarse, pero sus brazos le fallaron y se desplomó sobre el jadeante pecho del otro chico. Draco dejó escapar un largo y ronco gemido.

-Por todos los demonios –siseó. Harry se rió cansinamente, incorporándose sobre sus codos. Draco lo estaba mirando fijamente y con incredulidad.

-Un poco mejor; ¿eh? –preguntó Harry. Draco se rió levemente.

-Algo así –admitió. Harry se inclinó hacia él, besándolo tan sutilmente que sus labios apenas si fueron tocados. Draco se dio el gusto por unos segundos, y luego alejó su rostro y empujó a Harry por el pecho. –Para ya, hemos terminado –dijo en voz baja. Harry parpadeó.

-Está bien –dijo divertido y sonriendo ligeramente. Rodó para quitarse de encima del Slytherin y se tumbó de espaldas, respirando con profundidad. Draco puso las manos debajo de su cabeza. –Creo que estamos listos para cualquier reto que nos impongan el sábado –dijo Harry ociosamente.

-Demonios que sí –respondió Draco, bostezando.

-No quiero moverme –murmuró Harry, bostezando también.

-Mierda, yo no dormiré aquí –dijo el Slytherin, sentándose y bajando de la cama. Harry suspiró, arrugando un poco el entrecejo, y también se sentó.

-¿Malfoy? –preguntó lentamente. El rubio volteó a verlo mientras se ponía su camiseta. Hubo una pequeña pausa. –Yo… ¿necesitas mi capa otra vez? –le preguntó Harry por fin, con los hombros caídos y evitando su mirada.

-Nah –dijo Draco, girándose hacia la puerta. –Todavía es muy temprano. Um… -se detuvo, mirando a Harry una vez más. –Nos vemos, Potter.

-El sábado –respondió Harry alegremente. Draco asintió, y entonces se fue. Suspirando, Harry se acostó otra vez y enterró su cara entre las almohadas.

Tardó más de una hora en regresar a la sala común de Gryffindor.


-¡Hermione!. ¿Adónde vamos? –se quejó Ron cuando la chica lo jaló a él y a Harry fuera de la sala común esa noche del sábado. Sus otros compañeros de Gryffindor los seguían a corta distancia.

-A la fiesta, por supuesto –respondió ella animadamente, dirigiéndose hacia el corredor. Parecía estar inusualmente emocionada, lo cual puso nervioso a Harry.

-¡Espera, Hermione, vamos por el camino equivocado! –exclamó Ron cuando pasaron de largo las escaleras y continuaron por el pasillo.

-No, vamos bien.

-¿Por qué vamos al Salón de los Menesteres? –preguntó Harry, percatándose repentinamente de la dirección exacta a dónde se dirigían. Hermione sonrió ampliamente.

-Ya lo verán –dijo. Harry frunció el ceño. Cuando se aproximaron a la puerta, vieron a varios Slytherins llegando por la dirección opuesta: Pansy, caminando rápidamente al lado de Blaise, y detrás, Draco en medio de Crabbe y Goyle. Algunos Slytherins más les venían siguiendo los pasos. Harry pensó haber visto a Theodore Nott entre ellos, lo cual era extraño porque esa era la primera vez que hacía acto de presencia en una fiesta sabatina.

-Avisé a Terry Boot –comentó Pansy tan pronto como ella y Hermione quedaron frente a frente. La Gryffindor asintió.

-Yo a Susan Bones. ¿Ya está todo arreglado? –por primera vez, Harry notó que la puerta del salón estaba ligeramente entreabierta. Trató de no dejarse invadir por el pánico, y por inercia buscó los ojos de Draco. El rubio parecía tan confundido como él. ¿Qué habían necesitado arreglar ellas?

-¡Bueno, entremos! –declaró Pansy, y abrió completamente la puerta. Harry traspasó el umbral, deteniéndose inmediatamente. Sintió que alguien se colocaba a su lado, e instantáneamente supo que era Draco.

-Vaya –dijo Ron en voz baja, y Harry pensó que eso lo resumía muy bien. Ahora sabía porqué Hermione y Pansy lucían tan complacidas con ellas mismas.

El salón era más grande que cuando Draco y él lo usaban, aún más grande que cuando el ED había practicado el año anterior. Había música tocando desde algún lado, y varias sillas que parecían muy cómodas estaban esparcidas al fondo del lugar. Al frente estaba despejado, y Harry supuso que probablemente era con la intención de dejar lugar para bailar. Pero la parte más impresionante del salón eran las grandes mesas ubicadas a todo lo largo de las paredes. Estaban cubiertas con manteles que llegaban hasta el piso, y lucían repletas con todo tipo de comida. Platos para cenar, bocadillos, postres; de todo había ahí, junto con grandes jarras de algo que parecía jugo de calabaza y cerveza de mantequilla.

-¡Draco, Potter!. ¡Dejen de bloquear la puerta! –gritó Pansy, quien parecía divertida ante sus expresiones atónitas.

-¿Esto era lo que ella tenía en mente? –espetó Draco, internándose en el salón. Harry lo siguió, entendiendo ahora el motivo por el cual Hermione se había vestido más elegantemente. La misma Pansy estaba ataviada con una falda escandalosamente corta.

Pronto llegaron los Ravenclaws y los Hufflepuffs, entrando despistadamente por la puerta. Y de repente, eso se había convertido en la multitud más grande que Harry había visto nunca en una fiesta de ésas. Hermione estaba resplandeciente de contenta.

-¡Muy bien, atención!. ¡Acérquense, acérquense! –llamó Pansy, subiéndose sobre una silla. Todos se agruparon a su alrededor, Draco se movió hasta quedar a un lado de Blaise, y Ron se abrió camino hasta llegar al frente junto con Harry. -¡Bienvenidos a la última fiesta del año! –exclamó, y un rumor de agradecimiento se dejó escuchar entre la multitud. –Quiero que todos sepan que contamos con la aprobación y el beneplácito de los profesores hacia nuestro, ejem, proyecto de Casas unidas –Pansy sonrió presuntuosa. –Se nos ha permitido usar el salón tan tarde como queramos, y el Director nos ha dado acceso completo a los elfos domésticos de la cocina. El profesor Snape puso cara gruñona cuando Granger le preguntó si podíamos dar la fiesta, pero estoy casi segura de que él ha sido el que nos ha suministrado la cerveza de mantequilla –la multitud rió. –Entonces... ¡a bailar, a comer y a divertirse! Hasta ahora ha sido un año maravilloso, así que; ¡vamos a celebrarlo! –aparentemente terminado su discurso, procedió a bajarse de la silla.

-¡Espera un segundo! –soltó Ron, y Harry quiso golpearlo.

-¿Sí, Weasley? –preguntó afablemente Pansy.

-¿Eso es todo lo que vamos a hacer?

-Claro. ¿No tendremos "Verdad o Reto"? –agregó Terry Boot. -¿El juego de la botella?. ¿"Yo nunca"? –Pansy intercambió una mirada con Hermione.

-Granger y yo hablamos de eso, y decidimos que sería divertido si dejábamos de hacer esos juegos por esta noche. Probablemente ya se han dado cuenta de la cantidad de personas que han venido a la fiesta –dijo secamente la Slytherin. Terry se encogió de hombros, y de la nada Harry se sintió realmente enojado. Habían estado planeando eso todo el tiempo; ¿no? A propósito habían hecho que Draco y él creyeran que necesitaban tomar medidas drásticas para estar preparados para esa noche. ¡Y todo para nada!

O… bueno, no para nada, aquello había sido demasiado entretenido… ¡pero aún así!

-Pero claro –siguió diciendo Pansy, -si ustedes quieren, podemos tener un reto final. Como un gran cierre –hubo exclamaciones de acuerdo, y Pansy sonrió. –Está bien. Pero que sea algo divertido, por favor. ¿Quién tiene alguna idea?. ¿Alguna sugerencia? –la mano de Harry estaba en el aire antes de que hubiera pensado en nada. Pansy lo miró ligeramente sorprendida, tal como él se sentía, pero ella le cedió la palabra: -¿Sí, Potter?

Eh… ahora sólo tenía que pensar en algo. Echando un rápido vistazo alrededor, sus ojos se detuvieron en Draco, quien estaba dándole una mirada que parecía gritar: "¡¿Qué-diablos-crees-que-estás-haciendo?!" Y de repente, Harry reflexionó que no le había cobrado aún aquel incidente ocurrido en Pociones. ¿Por qué no matar dos pájaros de un tiro? Se vengaría de Pansy y de Draco. Y ya arreglaría cuentas con Hermione más tarde…

-Te reto a que intercambies tu ropa con la de Draco por el resto de la noche –declaró cruzándose de brazos. Ron soltó una carcajada y le dio una palmada en el hombro. Draco lucía anonadado, y Pansy estaba empezando a sonreír ampliamente.

-Muy bueno, Potter –dijo Pansy evaluadoramente, con lo que Harry se dio cuenta que no sería exactamente muy duro para ella cambiar su ropa por pantalones y camisa de botones. Oh, bueno. Draco en falda sería suficiente diversión. -¿Hay alguna otra idea o…? –Pansy fue interrumpida cuando todos comenzaron a protestar. -¡Está bien, está bien! –se rió mientras bajaba de la silla. –Entonces, Draco y yo intercambiaremos nuestra ropa. ¡Ahí está su reto, ahora fuera de aquí!. ¡Diviértanse!

Poco a poco todos se separaron y se encaminaron a diferentes partes del salón. Algunos pocos empezaron a bailar en cuanto se escuchó una animada canción, otros se reunieron con miembros de diferentes Casas y comenzaron a charlar. Harry siguió a Ron hacia el fondo de la habitación donde fue inmediatamente abordado por diferentes chicos que lo felicitaron por tremenda idea. Pansy había arrastrado a Draco fuera del salón.

-¡Compañero, eso fue genial! –se rió Ron, envolviendo los hombros de Harry con un brazo. -¿Viste su cara?. ¡Genial! Espera –se congeló de repente, volteando a ver a su amigo. –Eso no fue algún… algún tipo de cosa pervertida entre ustedes; ¿verdad? –Harry lo miró escandalizado.

-¡Dios no, Ron! –le dijo, arrugando la nariz.

-Bueno, sólo lo preguntaba… -sonrió Ron. –Con eso de sus confusiones sexuales y demás.

-Ja, ja –dijo Harry llanamente. –Eres tan gracioso.

-Lo sé, creo que lo saqué de Fred y George –Ron le cerró un ojo y entonces se fue a charlar con Dean, quien estaba parado junto a Theodore Nott. Harry suspiró, mirando alrededor del salón, y sus ojos estaban pasando por la puerta cuando Draco fue arrojado a través de ella.

La mandíbula de Harry casi cayó hasta el suelo.

El rubio estaba rabioso, arrugando el ceño y luciendo completamente rojo mientras todos se giraban a observarlo. Su cabello había sido peinado hacia atrás en una desordenada media coleta, con mechones que sobresalían por todos lados en los lugares donde no era suficientemente largo como para ese tipo de peinado. La blusa de Pansy era corta y mostraba una amplia cantidad de la pálida piel de Draco. La falda, que había parecido ser ridículamente corta en Pansy, lucía un poco más larga en él gracias a que bajaba más por encima de las escurridas caderas del muchacho. Eso, sumado a la manera en que la blusa se levantaba, dejaba una gran franja de estómago a la vista. Harry tragó saliva mientras miraba la provocativa línea de fino vello de su estómago, la cual desaparecía debajo de la falda. Se había rehusado a dejarse las calcetas largas sobre las pantorrillas, y una de ellas estaba empezando a enroscarse a la altura del tobillo.

Pansy entró justo después de él, vistiendo los pantalones de Draco que le quedaban bastante apretados. Tenía sólo dos botones abrochados de la camisa, mostrando una considerable cantidad de escote. Justo debajo de sus senos había atado en un nudo la parte inferior de la camisa, de modo que todo su estómago estaba a la vista, y llevaba el cabello suelto sobre los hombros ya que le había usado su liga para peinar a Draco. Riéndose, la chica tomó a su amigo por la cintura y lo encaminó hacia la multitud de mirones.

-¡Que alguien me traiga servilletas para rellenar el sujetador de Draco! –dijo ella, y de inmediato cada chico en el salón lanzó sus ojos sobre sus senos sin ataduras, los cuales se mecían libremente cada vez que se reía. El rubor de Draco se profundizó. Blaise apareció de la nada, y él y Pansy estaban sonriendo mientras embutían servilletas bajo la blusa de un indignado Draco.

La única cosa en la que Harry pudo pensar era en si Draco estaría también vistiendo o no la ropa íntima inferior de Pansy…

-¡Listo! –proclamó Pansy, dando un paso atrás. Los ojos de Harry cayeron hasta el pecho de Draco y se preguntó si era raro que a él le agradara mucho más ver eso que a los verdaderos senos de Pansy.

Muy pronto, la gente empezó a regresar a lo que estaban haciendo antes, y Harry se sintió más cómodo quedándose detrás de la mesa que albergaba las jarras de cerveza de mantequilla. Estaba observando ocioso hacia la pista, cuando unos zapatos de plataforma entraron en su campo visual y empezaron a golpetear el suelo furiosamente. Harry levantó sus ojos lentamente, tomándose su tiempo mientras admiraba al chico tan escasamente vestido con ropas de mujer, haciendo una pausa cuando vio los brazos cruzados bajo su falsamente prominente busto, y encontrándose finalmente con los ojos de Draco. O mejor dicho, con su mirada furiosa.

Harry le sonrió sin ningún reparo.

-Hola –dijo alegremente.

-Hola los demonios –espetó Draco. La sonrisa de Harry se ensanchó.

-Definitivamente, el verde azulado no es tu color –bromeó, refiriéndose a la blusa que Draco tenía puesta. El rubio lo observó resplandeciente de rabia, y entonces rodó los ojos y se recargó en la pared junto a Harry. Alguien le silbó al otro lado del salón, y los ojos de Draco se entornaron.

-¿No tienes algo mejor que hacer, Smith? –gritó, y Zacharias se rió antes de alejarse. –Hufflepuffs… -murmuró Draco. –Muy bien, Potter. Tu idea fue adorable.

-Sabía que te gustaría.

-No es que realmente me importe, pero… ¿Hay alguna razón en específico para que decidieras humillarme en frente de todos nuestros compañeros? –preguntó despectivo. Harry bufó.

-Ah, no finjas que no te encanta tener toda la atención sobre ti –respondió, mirándolo de reojo. –Por otro lado, te lo mereces después de la broma que me gastaste en Pociones.

-Yo no gasté nada –dijo Draco airado, tomando un vaso con cerveza de mantequilla y bebiendo un trago. –Chupé, tal vez –Harry se rió, sintiendo sus mejillas arder un poco.

-Hablando de eso… -Harry hizo una pausa, volteándose para mirar a Draco a los ojos y recargando un hombro contra la pared. –Creo que te debo una mamada –Draco se ahogó con su bebida.

-¡¿Q-qué?! –tosió, mirando salvajemente a Harry. El Gryffindor echó un vistazo alrededor y se acercó al Slytherin, levantando una mano hasta alcanzar uno de sus muslos y deslizando sus dedos hacia arriba. Draco retuvo el aliento cuando Harry jaló su falda un poco.

-Bueno, hasta ahora tú me has hecho cuatro –dijo Harry, sonriendo levemente. –Y yo solamente una –Harry metió su mano bajo la tela negra de la falda de Draco, moviéndola lentamente cada vez más arriba, hasta que el Slytherin lo aferró por la muñeca.

-Está bien, basta de eso –dijo rápidamente, mirando a su alrededor con nerviosismo. Harry sonrió ampliamente, dando otro paso más cerca del rubio. –Dios, Potter. ¿Qué demonios estás haciendo? –preguntó Draco, retirándose un paso hacia atrás.

-Ah, Malfoy, es sólo que no puedo mantenerme alejado de cualquier cosa con falda –dijo Harry sarcásticamente. –Te ves increíblemente adorable.

-¡Potter! –Draco parecía escandalizado.

-Vamos, Malfoy; ¡te estoy ofreciendo una mamada!. ¿Cómo es posible que no la aceptes?

-¿Ahora? ¿Adónde exactamente te gustaría ir? –Harry revisó alrededor del salón, y sus ojos aterrizaron en la mesa que estaba frente a ellos. El mantel era lo suficientemente largo como para tocar el piso… Levantó la vista hasta Draco, sonriendo con malicia. –Debes estar bromeando –dijo Draco, arrugando el entrecejo.

-No, soy demasiado serio –dijo Harry, devorando al rubio con la mirada. Draco tragó saliva.

-Oh… bien –dijo al final. Harry se rió un poco.

-Como si fueras a sufrir con eso –dijo entre risitas. Observando de nuevo al salón, le hizo una seña a Draco para meterse debajo de la mesa. El rubio suspiró y se arrodilló antes de desaparecer debajo del mantel. Harry se empinó el resto de su bebida, azotó el vaso en la mesa y lo siguió.

-¿Puedo preguntarte la verdadera razón por la que quieres hacerme una mamada? –cuestionó Draco en cuanto se encontraron el uno al otro bajo la tenue luz.

-Sólo quiero levantarte la falda y ver lo que hay debajo –dijo Harry sonriendo. Draco arrugó la frente. –Tiéndete –lentamente, casi dudándolo, Draco hizo lo que le indicó, intentando mantener la falda sobre sus rodillas cuando las dobló. Realmente eso no sirvió de mucho, porque todo lo que Harry tuvo que hacer fue abrir sus piernas y entonces, aunque él siguió sosteniéndose la falda, Harry pudo ver demasiado bien lo que había debajo. Draco hizo un sonido de abochornamiento desde el fondo de su garganta.

-¡Merlín, Malfoy, de verdad que estás usando su ropa interior! –se rió Harry. Era bastante claro que no era una prenda hecha para chicos, y Harry lo pudo decir porque el pene de Malfoy estaba casi estrangulado dentro de esa apretada tela, aunque probablemente no estaba todavía completamente excitado.

-Pansy insistió que nos cambiáramos toda nuestra ropa –gimió Draco, cubriéndose la cara con las manos. Harry estaba bastante seguro de que él no quería que viera su rostro ruborizado, pero no le molestó en absoluto porque ahora que nada la estaba deteniendo, la falda de Draco cayó alrededor de la parte superior de sus muslos.

-¡Oh, Dios, son de color de rosa! –exclamó Harry, antes de estallar en carcajadas. Sintió que Draco le pegaba en la cabeza.

-Sí, y el sujetador hace juego, si de verdad quieres saberlo –se quejó. Harry abrió la boca para decir algo, pero de pronto escucharon pasos justo junto a ellos y alguien que se detenía, aparentemente para tomar algo de beber. Harry y Draco se miraron el uno al otro. Más pasos se escucharon cuando otra persona se unió a la primera.

-Hermione; ¿has visto a Harry? No tengo idea adonde fue –dijo la voz de Ron, y Harry casi se ahogó al tiempo que abría mucho los ojos.

-No, no le he visto desde que retó a Malfoy y a Pansy a intercambiar su ropa –Ron se rió.

-Fue un reto brillante, por cierto –Draco frunció el ceño, cruzando los brazos sobre su pecho. El papel en su sujetador crujió, y Harry le lanzó una mirada de advertencia. Se oyeron más pasos cuando alguien más se aproximó.

-¡Granger!... Oh, hola Weasley… Granger; ¿no es esto magnífico? –dijo la emocionada voz de Pansy. -¡Todos están divirtiéndose!

-Me he dado cuenta –respondió Hermione. –Realmente fue una buena idea… oh, está bien, adiós Ron –más pasos cuando aparentemente Ron se alejó. –Sí, fue una idea excelente. Estoy realmente contenta por haberla llevado a cabo.

-Somos un par de chicas brillantes, Granger.

-La profesora Mcgonagall ha estado toda la semana mirándome con orgullo.

-Snape no me puso tan mala calificación en mi poción.

-De cualquier forma, nunca te pone bajas calificaciones a ti.

-Cierra el pico –hubo una pequeña pausa.

-¿Y estás disfrutando el usar la ropa de Mal… Draco? –preguntó Hermione.

-Demonios, no –respondió Pansy sonando un poco arrepentida. –Draco no tiene culo. ¿Ya lo habías notado? –Harry bufó, y Draco le dio otro manotazo en la cabeza. –Me iba a poner su bóxer, pero por Merlín que sus pantalones son suficientemente ajustados. Y por cierto, pienso que me hace lucir mi figura muy bien; ¿no lo crees? –Hermione soltó una risita, y Draco arrugó la nariz con asco.

-Espera, espera… ¿Tú te ibas a poner su bóxer?. ¿Eso quiere decir…? –Pansy se rió.

-Sip. Él tiene puesta mi ropa interior –Hermione estalló en carcajadas. Draco se sonrojó y Harry le sonrió abiertamente. –Voy a tener que quemarla cuando me la regrese, supongo, pero es bastante divertido.

-Sí –Hermione estuvo de acuerdo. -¿Sabes? No me había fijado, pero tienes razón. No tiene mucho culo.

-Chicos –suspiró Pansy. –Probablemente lo compensa con la parte de enfrente –Draco abrió mucho los ojos.

-¿Tú crees?

-Sinceramente lo espero. Su actitud tan arrogante, que pareciera creer que Merlín le habla, tiene que venir de algún lado.

-Buen punto.

-¿Y qué hay con Potter? –los ojos de Harry se clavaron en el mantel.

-Realmente nunca he pensado en eso…

-Mentirosa. Te la pasas con él todo el tiempo, tienes que haber pensado en eso por lo menos alguna vez.

-Bueno… Yo pensaría que, probablemente, pasa un poco del tamaño medio –Harry frunció el ceño.

-Hmmm… sí, yo podría verificar eso.

-Ah, pero no lo harás –dijo Hermione entre risitas. –Creo que él ya está fuera de circulación.

-O por lo menos, está a punto de estarlo, como lo esperamos –Harry y Draco evitaron mirarse a los ojos a propósito. –Hablando de ellos¿adónde habrán ido nuestros dos chicos favoritos?

-Ron me dijo que no podía encontrar a Harry –hubo otra pausa antes de que ambas chicas soltaran la risa.

-Voy a preguntar por ahí –dijo Pansy al final, y entonces las dos se alejaron, y Harry y Draco se miraron el uno al otro.

-Demonios, voy a tener que deshacerme de esos pantalones –masculló Draco.

-No puedo creer que hablen de ese modo de nosotros. ¿Tamaño medio?. ¿Quién se cree ella que es? –dijo Harry con ceño molesto.

-Potter… eres tamaño medio.

-¡Oye, también lo eres tú! –exclamó indignado Harry. –Pero ese no es el punto. Debería de creer que soy más grande que eso… -apretó los labios. Draco frunció el entrecejo y se removió un poco.

-Um... ¿hola? Estamos aquí abajo por una razón; ¿sabes? –le dijo, señalando hacia su miembro cubierto apenas con la ropa interior femenina. Harry sonrió, bajando la mirada.

-Ah, sí –dijo, y se movió hacia delante para subir aún más la falda de Draco y besar su estómago. El rubio jadeó.

Harry se inclinó más, depositando un beso sobre el muslo interior de Draco, y éste exhaló entrecortadamente. Ya estaba más erecto bajo la ropa de Pansy, así que Harry la tomó entre sus manos y lentamente la bajó, y Draco levantó sus caderas para ayudar, gimoteando cuando su pene quedó en libertad. Harry no se molestó en bajarla completamente, y en vez de eso devoró a Draco de inmediato.

Draco tuvo que cubrirse la boca con una mano para ahogar su gemido, y su otra mano se enredó por sí misma en el grueso cabello de Harry. Éste se sonrió lo mejor que pudo alrededor de la erección del rubio, y entonces, devorándola por completo, tragó y chupó de regreso. Las dos manos de Draco se tensaron, y se empujó dentro de la boca del Gryffindor.

Harry hizo un trabajo rápido para el Slytherin, chupando, lamiendo y tragando mientras que el otro chico continuaba con sus rápidos y constantes movimientos de cadera. Echó la cabeza hacia atrás cuando finalmente se derramó, mordiéndose un dedo para sofocar su gemido sollozante, y Harry se tragó toda la descarga que de repente llenó su garganta. El Gryffindor lo liberó lentamente, con la mirada clavada en el jadeante chico debajo de él, y tuvo que luchar fuertemente contra la tentación de bajarse sus propios pantalones y enterrarse en ese cuerpo tibio.

-¿Valió la pena? –preguntó en vez de eso, con la voz ligeramente ronca gracias a que el asunto completo había sido bastante rápido, y Draco asintió perezosamente. Se sentó, recordando apenas que tenía que subirse de nuevo la ropa interior de Pansy, y se colocó de piernas cruzadas frente a Harry.

-¿Cómo me veo? –le preguntó, peinándose los mechones de cabello que se habían pegado a su frente sudorosa y tratando de hacerse la coleta de nuevo. Harry lo observó de arriba abajo, fijándose en sus mejillas ruborizadas.

-Como si te acabaran de hacer una mamada –respondió al final, y Draco frunció el entrecejo, tratando de recuperar el aliento. Distraídamente se bajó la parte de delante de la blusa y bajó la mirada.

-He descubierto que el sujetador es la prenda más molesta que existe –dijo Draco, buscando con sus ojos a los de Harry. –Llevarlo puesto es como una patada constante en el culo –el Gryffindor soltó una risita y deslizó su mirada para fijarla en la pálida piel del cuello de Draco, descubriendo signos de un chupete que se empezaba a desvanecer. Levantó una mano y rozó apenas sus dedos sobre la mancha, provocando que Draco se estremeciera.

-Siempre olvido que eso deja marca –murmuró Harry, mirando a Draco a los ojos. El rubio se encogió de hombros.

-Creo que todos ya se han acostumbrado a vérmelos –respondió secamente, sonriendo un poco. Se miraron el uno al otro por varios segundos, y entonces Draco tosió, apartando la vista. –Deberíamos de volver antes de que sufran un ataque cardiaco tratando de encontrarnos –dijo, arrodillándose y levantando cuidadosamente el mantel para revisar al otro lado. Harry tuvo una visión completa del trasero de Draco, con sólo una pequeña insinuación de la ropa interior color de rosa bajo la falda negra. Tragó saliva, y vagamente pensó que estaba completamente en desacuerdo con Hermione y Pansy. Draco tenía un culo bastante bonito.

-¡Potter! –espetó el rubio, y Harry saltó ligeramente, encontrándose con los ojos de Draco y dándole una tímida sonrisa.

-Lo siento –murmuró, y se arrastró hasta quedar junto a él. Draco lo miró de forma extraña.

-Yo voy primero. Tú espera un minuto o más –le dijo después de una corta pausa. Harry asintió, y entonces Draco se fue.

Harry esperó dos minutos completos antes de seguir al rubio y regresar de nuevo a la realidad.