STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
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Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
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Capítulo 10
Harry se aburría.
Ya había conversado un poco por ahí y otro por acá, y en ese momento se encontraba de pie en el fondo del salón, observando al resto de sus compañeros. Todavía había gente bailando en la pista, y Harry estaba evitando acercarse a ella porque un poco antes Lavender lo había jalado y obligado a bailar durante tres canciones completas. Otras personas estaban haciendo sobremesa en el rincón más alejado de la habitación, y parecían estar entablando algún tipo de juego de cartas. Harry había pensado en unírseles, pero luego se había visto inmerso en una conversación con Terry Boot y probablemente ya era demasiado tarde. En vez de eso trató de encontrar a Ron, pero no tenía idea a dónde podía haber ido, y se la pasó constantemente tratando de no buscar la rubia cabeza de Malfoy entre la multitud de sus camaradas.
Por supuesto, cuando te propones no hacer algo, es inevitable que ese algo sí pase de todas formas; así que, de repente, pudo ver por el rabillo del ojo al Slytherin dando traspiés hacia él y…
Harry le dio un segundo vistazo.
-¡H-la, Potter! –saludó Draco alegremente, inclinándose hacia él e invadiendo su espacio personal. El chico de ojos verdes retrocedió, casi vomitando debido al olor a alcohol presente en el aliento de Draco.
-¡Malfoy!. ¿Qué…?. ¿Estabas bebiendo?. ¿Quién trajo alcohol?. ¿Y dónde está tu blusa?. ¿Y-y tus zapatos?. ¡Demonios; ¿dónde está el sujetador de Pansy?! –preguntó Harry en rápida sucesión, mientras que sus ojos se habrían más y más al observar el ágil cuerpo de Draco, quien en ese momento parecía estar cubierto solamente por la falda. –Dime que aún tienes puesta la ropa interior –pidió en tono suplicante.
Draco tuvo la audacia de reírse tontamente y de posar una mano sobre su estómago. Entonces, una expresión de confusión apareció en su cara mientras miraba sus propios dedos acariciar su piel desnuda.
-¡Oye; ¿dónde está mi camisa?! –chilló. Harry suspiró y se tomó un momento para notar lo ruborizadas que estaban las mejillas del rubio.
-¿Malfoy? –preguntó lentamente Harry.
-¿Potter? –respondió Draco en el mismo tono, abriendo mucho los ojos.
-¿Qué has estado bebiendo? –continuó Harry. El Slytherin se mordió el labio ligeramente y, por un buen rato, se quedó mirando con fijeza hacia el techo.
-¡Whisky de fuego! –declaró de pronto, cruzando los brazos por encima de su torso desnudo y pareciendo desmesuradamente orgullo de sí mismo. Harry pensó que lucía bastante…
Eh… nada. Pensó que lucía como nada. En realidad, ni siquiera estaba pensando para nada en la manera en cómo lucía Draco. ¡Nop!
-¿Y de dónde lo obtuviste? –preguntó Harry rápidamente, manteniendo sus ojos fijos en el rostro de Draco.
-Theodore lo trajo –respondió el otro chico de inmediato. –Es-es el motivo por el que vino, creo. –Harry suspiró y apretó los labios, echando un vistazo alrededor del salón para fijarse si alguien más estaba notando que Draco Malfoy andaba deambulando por ahí con casi nada más que una falda. No parecía que nadie estuviera mirándolo, pero ya antes había cometido el error de pensar eso.
-¿Y tu ropa? –preguntó cansinamente. -¿Tienes alguna idea de adónde fue a parar? –Draco asintió velozmente.
-Estaba jugando… eh… algo. Un juego. ¡Un juego de cartas! –dijo, y empezó a golpetearse el mentón en un gesto pensativo. –Comenzaba con "P"… ¿Poco?. ¿Porque?
-¿Póquer?
-¡Ah!. ¡Ese era! –exclamó Draco, chasqueando los dedos. –Fue la idea de… uhh… ¿Don?. ¿Dean? Fue la idea de Dean –Harry parpadeó, inclinando la cabeza un poco hacia un lado.
-¿Dean te invitó a jugar póquer de prendas? –repitió llanamente. Draco asintió de nuevo, sonriendo. -¿Y tú de verdad aceptaste jugar? –Hubo más vigorosos asentimientos. –Pero… Malfoy… El póquer es un juego muggle. –Draco hizo mala cara, y de inmediato pareció como si realmente pudiera ponerse a llorar.
-¿Es un juego muggle? –preguntó en la manera que un niño pequeño diría que no cree que su cachorrito acaba de morir.
-Eh –respondió Harry con impotencia. Los ojos de Draco de abrieron drásticamente y apuntó hacia algo detrás de Harry.
-¡Potteeeerrr! -gimoteó, antes de detenerse abruptamente. Aparentemente decidió que no le gustó cómo sonaba eso, por lo que continuó con un: -¡Haaaaarryyyy!. ¡Harry, dile que se vaya!. ¡No dejes que se me acerque! –Confuso, Harry se giró y sintió a Draco pegarse a su espalda. Seamus estaba caminando hacia ellos, muy sonriente.
-Eh; ¿qué pasa con Seamus? –preguntó Harry, perplejo.
-No quiero que me esté coqueteando –contestó Draco muy enojado. –Los chicos no me gustan. –Y entonces, procedió a envolver apretadamente la cintura de Harry con sus brazos. Harry rodó los ojos.
-Oye, Seamus –saludó cuando el chico irlandés finalmente llegó hasta ellos.
-Hola, Harry. ¿Disfrutando la noche? –preguntó Seamus. Harry se ruborizó, culpando mentalmente de ello a la tibieza del cuerpo que estaba detrás de él, y entonces sintió a Draco colocar la barbilla sobre su hombro.
-Supongo que sí –Harry se encogió de hombros, apenado. -¿Y tú?
-Ha estado fantástica –dijo Seamus con un distraído movimiento de mano mientras que desviaba la mirada por un breve segundo. Sus ojos regresaron a Harry, y sonrió. –Es sólo que creí que debía advertirte… Harry, estás parado debajo de un muérdago. –Harry pestañeó, y ni siquiera había tenido tiempo de procesar esa frase por completo, cuando de repente fue aventado hacia un lado y Draco se paró enfrente de él, con los brazos abiertos como si quisiera impedirle el paso a Seamus.
-¡NO PUEDES BESARLO! –rugió el rubio, y varios de sus compañeros que estaban cerca y que habían fingido no estar observando, levantaron la mirada y pusieron total atención en los tres chicos. Harry pestañeó de nuevo, volteando hacia arriba, y parpadeó una vez más.
Estaba casi noventa y nueve por ciento seguro de que ése muérdago no había estado ahí antes.
Buscando entre la multitud, rápidamente localizó a Hermione, quien estaba dándole la espalda muy inocentemente y Harry de inmediato supo que ella lo había hecho. Entonces notó la cantidad de personas que los miraban atentamente, y al fin se dio por enterado qué era lo que todos estaban esperando.
Harry se sonrojó. Colocó suavemente una mano sobre uno de los brazos levantados de Draco e intentó girarlo, pero el rubio no se lo permitió.
-Quédate atrás, Harry. ¡Tu amigo quiere besuquearte y YO NO VOY A PERMITIRLO! -bramó Draco, dándole a Seamus una mirada tan furiosa que hubiera convertido a cualquier otro en piedra. El chico irlandés simplemente sonrió.
Harry deseó con desesperación que el suelo se abriera y se lo tragara, y vagamente se preguntó por qué el Salón de los Menesteres no estaba escuchando sus requerimientos.
-Malfoy –le dijo en voz baja, apretando las mandíbulas. El chico no respondió, por lo que Harry suspiró agitadamente y gritó: -¡Malfoy!
-Merlín, Harry; ¿qué demonios quieres? –se quejó Draco, dándole por fin la cara al Gryffindor y cruzándose de brazos.
-Deja a Seamus en paz; él no es quien está debajo del muérdago conmigo, y no tiene intenciones de besarme.
-¡Ah, ja! Todo lo contrario, señor Potter…
-¡Cierra la boca, Seamus! –espetó Harry. Su compañero Gryffindor hizo una mueca y se cerró una cremallera imaginaria sobre la boca antes de alejarse y perderse entre la multitud cada vez más numerosa. Hasta los jugadores de póquer se habían abierto camino a través del salón y estaban apoyándose los unos con los otros, muy ebrios y muy atentos.
Harry suspiró y aferró ambos bíceps de Draco, logrando que el rubio bajara por fin los brazos. El Slytherin lo estaba mirando fijamente con las cejas fruncidas y los labios apretados en un petulante gesto. –No es a Seamus a quien se supone tengo que besar –le aclaró Harry lentamente, observando en los ojos de Draco el momento en que lo entendió todo.
-¿Vas a besarme a mí? –susurró con los ojos bien abiertos. Harry asintió. -¿Enfrente de toda esta gente? –preguntó en un tono que sonaba como si la sola idea lo asustara.
-Malfoy, esta gente son nuestros compañeros y la mayoría de ellos nos han visto hacer más que simplemente besarnos –dijo Harry tajantemente.
-Oh.
-¿Está bien? –preguntó Harry, sonriendo levemente. Draco asintió, y Harry se inclinó hacia él para depositar un suave beso en sus labios. Solamente había estado preparando para darle a Draco un rápido besito, pero las manos del rubio se levantaron y se engancharon a Harry, y su cuerpo entero se arqueó contra el del Gryffindor. Harry se tragó su propio jadeo, cerrando los ojos de golpe y abriéndole ansiosamente la boca a su ebrio compañero. La lengua de Draco se encontró con la suya y al instante Harry pudo saborear el amargo alcohol que había bebido con anterioridad. El caliente y ácido sabor del whisky de fuego llenó su boca e hizo que sus sentidos se tambalearan.
Los dos chicos se besaron ávidamente, con el ardor del whisky de fuego alimentando su pasión y mandándola directamente a sus entrepiernas, y antes de que supiera qué era lo que estaba haciendo, Harry había arrojado a Draco contra la pared y estaba devorando su boca con exaltación. El rubio gimió y envolvió ajustadamente sus brazos alrededor del cuello de Harry, y de repente sus piernas estaban en torno a la cintura del moreno y sus tobillos cruzados detrás de su espalda. Harry tuvo que ajustar rápidamente su abrazo para evitar que el otro chico provocara que ambos cayeran al suelo.
-¡Malfoy! –resopló espantado, antes de que la boca de Draco estuviera de nuevo sobre la suya y Harry no pudiera evitar seguir aplastando al chico contra el muro.
-Harry –murmuró Draco, dando leves besitos sobre la boca del Gryffindor. Alternaba besos entre susurros, llamándolo por su nombre, y Harry juraba que había puntos danzando ante sus ojos cuando acarició la piel desnuda de Draco con sus manos. -… Harry… -Draco lo besó en los labios de nuevo. -… Harry… -su boca llegó hasta su mejilla. -… Harry… -Draco agachó la cabeza y lo besó suavemente en el cuello. -… Harry, Harry. ¡HarryHarryHarry! –gimió Draco, levantando la cabeza hasta encontrar su mirada con esos ojos verdes. –Dios, fóllame de nuevo, Harry –susurró con los ojos entornados.
Harry no pudo evitar abrir los suyos desmesuradamente, y estuvo muy cerca de dejar caer a Draco en ese preciso momento y lugar. –Está bien… está bien, Malfoy, creo que necesitamos llevarte a la cama –dijo cortante, empujándolo con lentitud y sacándose las piernas de Draco de sus caderas. Los ojos del Slytherin se abrieron ampliamente, y de nuevo parecía estar a punto de llorar.
-¡Me odias! –lo acusó, levantando un poco su labio inferior.
-No, pero tú te odiarás por la mañana –masculló Harry. No se engañó al pensar que nadie había oído lo que Draco acababa de decir. Había sólo unos pocos de sus compañeros al frente de la multitud que parecían impactados, pero con todo ese murmullo que se escuchaba, Harry estaba seguro de que la noticia se había regado rápidamente. Localizó a Ron, quien lo miraba nervioso y que estaba junto a una sorprendida Hermione. Harry hizo una ligera mueca; había olvidado que todavía no le había contado nada a ella.
De pronto, Blaise apareció al lado de Harry, tomando a Draco por el brazo y pasándoselo por encima de los hombros. –Está bien, Potter, nosotros podemos llevárnoslo de aquí –le dijo, tratando de alejarse con el rubio. -¿Dónde demonios están Crabbe y Goyle?
-Vaciando la mesa y asegurándose de que no se desperdicie la comida –dijo Pansy desdeñosamente, apareciendo también de la nada. Estaba arrastrando a un desarticulado Theodore Nott y quién parecía haber perdido su camisa, sus zapatos y un calcetín. –Potter, ustedes llévense a sus Gryffindors borrachos, nosotros nos encargaremos de regresar al dormitorio con éstos dos.
-¡NO! –gritó Draco de repente, desprendiéndose de Blaise y colapsando contra Harry. -¡No! Quiero quedarme con Harry. ¡NO PUEDEN OBLIGARME A IRME! –Blaise puso los ojos en blanco e intentó de nuevo jalar a Draco hacia él.
-¡Nunca había visto un ebrio más dramático, lo juro! –masculló. Pero Draco estaba aferrado a Harry, y Blaise rodó los ojos con exasperación.
-Merlín, Potter. ¿Qué le has hecho? –preguntó Pansy tranquilamente. –No me había contado que ustedes dos ya habían… -sacudiendo la cabeza, continuó con otra cosa, diciendo: -Bueno, supongo que le han dado un buen uso a este salón; ¿eh? –Harry se ruborizó violentamente y fue incapaz de mirarla a los ojos.
-Yo lo llevaré a su dormitorio –se ofreció Harry en voz baja. Podía sentir los ojos de Pansy fijos en él.
-Bien –dijo ella secamente, torciendo los labios en una ligera sonrisa. –Blaise, tú lleva a Theodore. Potter, síguelos. Yo todavía no quiero irme. –Echando un vistazo por la habitación, aterrizó sus ojos en Hermione. -¡Granger! –le habló, y las chicas se encontraron velozmente. Hermione les dio una rápida mirada a Harry y a Draco, curvando sus labios apenas perceptiblemente, antes de voltearse hacia Pansy.
-¿Sí?
-Necesitamos despejar a los borrachos de aquí. Honestamente, qué chicos tan estúpidos. ¿Realmente creían que los profesores no se iban a asegurar de que no hubiéramos quebrantado ninguna regla? –Hermione asintió, apretando los labios.
-Cierto, estoy de acuerdo. Le pediré a Ron que saque a Dean de aquí. Y le diré a Justin que Zacharias y Ernie necesitan irse también. En serio, Ernie es un prefecto... ¿en qué estaba pensando?. ¿Debo creer que no había ningún Ravenclaw jugando? –preguntó ella y Pansy se encogió de hombros.
-Michael Corner estuvo ahí durante un gran rato, pero… pero Anthony Goldstein se lo llevó arrastrando ya –dijo Draco sin levantar la cabeza del hombro de Harry, que era donde la tenía enterrada. Hipó una vez, y entonces pareció quedarse dormido ahí mismo. Harry se sonrojó de nuevo cuando vio que Hermione los estaba mirando con fijeza.
-Correcto, bueno, entonces nos iremos –dijo Harry rápidamente, tirando de Draco mientras se dirigía a la puerta. -¡Zabini, vamos! –Blaise miró a las chicas y les enarcó una ceja mientras sonreía presuntuoso, y procedió a jalar a Theodore hasta la salida.
Llevar a los dos Slytherins a su dormitorio había resultado mucho más difícil de lo que Harry había pensado. Escuchaba a Draco roncar sonoramente desde donde su rostro estaba todavía apoyado en Harry, y el Gryffindor estaba tratando de decidirse entre cargarlo o arrastrarlo los numerosos pisos que faltaban por bajar. Blaise no tenía tantos problemas porque el estado de Theodore era completamente opuesto al de Draco. El Slytherin estaba muy despierto y sonriente, y aunque Harry estaba seguro de no haber oído más de dos palabras salidas de la boca de ese chico en todos los años que llevaban en Hogwarts, en ese momento Theodore estaba narrándoles la historia completa de su vida.
Fue un largo camino hasta las mazmorras.
Cuando por fin llegaron, Blaise hasta había olvidado que Harry estaba con él o simplemente no le importó, porque escupió sin ningún recato la contraseña para que el muro se abriera ante ellos. Llegaron al dormitorio de los chicos de sexto, y Blaise no perdió tiempo en arrojar a Theodore sobre una de las camas mientras que Harry se quedaba torpemente varado en el umbral.
-Muy bien, Theodore. ¡Hora de dormir! –dijo Blaise en voz alta para hacerse oír sobre las incoherencias de Theodore. El chico espigado se quedó en silencio, levantando la mirada para observar a Blaise con incredulidad.
-¿De verdad? –preguntó suspicazmente.
-Sí, de verdad. ¿O no, Potter?
-Eh, sí; ¡definitivamente que es hora de dormir! –afirmó Harry. Los ojos de Theodore se entrecerraron un poco, pero luego asintió y se colapsó de espaldas en su cama.
-Está bien, entonces –masculló, tirando desganadamente de sus cobertores. Blaise se agachó para quitarle los zapatos y aventarlos hacia un lado. Después de asegurarse de que su amigo estaba cobijado y casi dormido, cerró las cortinas de la cama y exhaló ruidosamente.
-Por fin –murmuró, volteando a ver a Harry. –Ah, disculpa. La cama de Draco es la que está allá, en la pared más alejada –dijo, con un movimiento de mano. –Sólo déjalo caer en ella y podremos regresar.
-¿En serio vas a volver a subir todas esas escaleras? –preguntó Harry, jalando a Draco hasta su cama. Blaise se encogió de hombros, siguiéndolo a distancia.
-Mmmmm, Harry… -gimió Draco tan pronto como sus brazos lo abandonaron y lo dejó tendido en la cama. Sus ojos se abrieron de golpe, y Harry tuvo que ahogar un gemido de molestia.
-Duérmete de nuevo, Malfoy –le dijo suavemente. El rubio abrió más los ojos mientras observaba a Harry.
-No… no vas a dejarme; ¿verdad? –le preguntó.
-A dormir, Draco. Estás más borracho que una cuba y Potter y yo vamos a regresar a la fiesta –dijo Blaise por encima del hombro de Harry.
-Pero… pero… pero… -empezó a decir Draco, mirando alrededor con desesperación. Harry se giró para salir, pero Draco lo tomó de la muñeca y lo apretó fuertemente. -¡No te puedes ir, Harry! –Harry suspiró.
-Regresa tú, Blaise. Me quedaré hasta que se quede dormido otra vez –ofreció el Gryffindor. –No creo que demore mucho… -murmuró. Blaise se encogió de hombros nuevamente, sonriendo petulante.
-Correcto. ¡Buenas noches, Potter! –exclamó mientras que salía de la habitación. La puerta se cerró detrás de él.
-¿Ya estamos a solas? –susurró Draco. Harry suspiró otra vez.
-¿Quieres ponerte ropa más cómoda? -le cuestionó, ignorando su pregunta. El rubio pareció considerar eso, y entonces negó con la cabeza. –Bueno, entonces métete bajo los cobertores. Es hora de dormir.
-¿Vas a dormir conmigo? –Harry se congeló abruptamente. Era la segunda vez que Draco le preguntaba algo parecido, y aunque sabía que el Slytherin estaba tan ebrio que no era consciente de sus actos, Harry pensó que era extraño que siguiera insistiendo en lo mismo. -¡Harry!
-¿Qué? Oh, lo siento –se disculpó Harry tímidamente, cuando vio que Draco lo miraba enojado por haberlo ignorado.
-Te pregunté si dormirías conmigo –le recordó Draco. Su labio inferior empezó a temblar y abrió mucho los ojos. –Me odias. ¡Ni siquiera te me acercarías! –lo acusó, y Harry inmediatamente lo negó.
-¡No! No no no, Malfoy, claro que no. No te odio –le aseguró mientras se sentaba en la cama. Distraídamente se sacó los zapatos, dándose cuenta demasiado tarde que su cerebro de dieciséis años había escuchado la frase "duerme conmigo" e instantáneamente le había dado una connotación sexual. Harry se ruborizó ligeramente, deseando poder patearse a sí mismo. Draco lo observó por un momento, y entonces asintió una vez.
-Bien –dijo, metiéndose bajo los cobertores. Harry hizo lo mismo a regañadientes, tumbándose junto al otro chico de manera poco natural. Draco lo iba a matar por la mañana… -¿Harry? –El Gryffindor sintió un escalofrío cuando el tibio aliento de Draco acarició su oreja y el rubio se abrazaba a uno de sus brazos.
-¿Sí? –suspiró Harry, sin quitar la vista del oscuro dosel.
-Olvidaste cerrar las cortinas –dijo un adormilado Draco. Harry parpadeó, y se desprendió del rubio para poder sentarse y cerrarlas. Percibió a Draco retorcerse y moverse junto a él, y cuando bajó la mirada pudo apreciar que tenía la ropa interior de Pansy sostenida entre sus dedos como si fuera un pedazo de basura.
Harry tragó saliva, y la boca se le secó de repente mientras trataba de mantener un ritmo constante en su respiración.
-¿No te importa, verdad? –preguntó Draco sin esperar una respuesta, y arrojó las bragas hacia un lado. –Estaban muy apretadas y me molestaban –Harry negó con la cabeza rápidamente mientras se acostaba de nuevo.
-Está bien –masculló. Draco le echó un vistazo, y Harry se quitó las gafas con el único propósito de hacer algo mejor con sus manos que sólo retorcer las mantas. Apenas los acababa de colocar en la mesita de noche cuando la boca de Draco estaba de pronto sobre la suya, y a pesar de sus mejores inhibiciones, Harry le correspondió el beso al instante.
Draco se alejó suspirando profundamente, y se acurrucó alrededor del cuerpo de Harry. Torpemente, éste pasó un brazo por encima de la cintura del chico, y en menos de un minuto Draco estaba roncando suavemente, usando el pecho de Harry como almohada.
Harry suspiró, acariciando la piel de la espalda de Draco sin pensar en lo que hacía, y luchando por ignorar al pene medio erecto del rubio que se presionaba contra su cadera.
-Sí que te vas a odiar por la mañana, Draco –susurró. Cerró los ojos y con lentitud, se fue quedando dormido.
La siguiente mañana, Draco tardó en recuperar completamente la conciencia. Aún antes de abrir los ojos sabía que se había despertado, pero su cama estaba tan cómoda que no tenía ninguna intención de levantarse. Gimiendo quedamente, levantó sus párpados un poco y a duras penas pudo vislumbrar las cortinas. Sintió la boca como si la tuviera llena de algodón y a su estómago dando vueltas.
De ninguna manera deseaba salir de la cama.
Bostezando, Draco estiró las piernas y luego los brazos, percatándose apenas de que no estaba vistiendo nada. -¿Por qué no traigo puesta una camisa? –murmuró para sí mismo. Un pequeño gruñido le respondió, y repentinamente Draco estaba completamente despierto. Se sentó con rapidez y se giró para mirar impresionado al bulto que estaba bajo los cobertores, justo a su lado. Todavía continuaba mirándolo, cuando el bulto rodó sobre su espalda y se reveló ante sus ojos como la cara de Harry Potter. Sus ojos verdes se abrieron lentamente, parpadeando un par de veces, y entonces, Harry bostezó, cubriéndose la boca con una mano. Luego suspiró profundamente y abrió los ojos por completo, percatándose de la mirada sorprendida de Draco.
-Oh –dijo repentinamente, dejando caer su mano sobre la cama.
-¿Potter? –graznó Draco con desconfianza. Harry parecía abochornado. –Oh, Dios –Draco alejó su mirada, con los ojos todavía enormemente abiertos. Harry se colocó perezosamente los brazos bajo la cabeza, observando como Draco se pasaba nervioso una mano por su pecho desnudo y tragaba saliva densamente. –Te juro por Dios, Potter, que será mejor que todavía tenga mis pantalones puestos –le dijo en un peligroso tono, sin mirar hacia el Gryffindor.
-No los tienes –respondió Harry casi alegremente. Draco hizo un sonido de alarma desde el fondo de su garganta y se dejó caer de la cama. Aterrizó de rodillas a un lado con la cortina cayendo a su alrededor, y parecía como si estuviera tratando de esconderse de Harry. Luego miró hacia abajo, aterrorizado.
-¿Por qué demonios estoy vistiendo una falda? –preguntó con obvia confusión. Harry soltó una risita.
-Es de Pansy –contestó. -¿No lo recuerdas? –Draco pestañeó.
-Ah –sus ojos se abrieron cuando comprendió. – ¡Aaahh!
-¿Recuerdas?
-Sí… sí, ya recuerdo esa parte –dijo Draco pausadamente, sentándose de nuevo junto a Harry, quien también se había incorporado y estaba recargado contra la cabecera de la cama. -… Y… ¿dónde está el resto de mi ropa? –Harry sonrió, bajando la mirada hacia la manta con la que estaba jugueteando.
-Bueno, tú estabas en un estado tan lamentable que me ofrecí a traerte a tu dormitorio, donde procedí a violarte hasta que tus compañeros regresaron a primera hora de la mañana. No te preocupes, lo disfrutaste mucho.
Hubo un par de segundos de silencio absoluto, y cuando finalmente Harry levantó la mirada vio el trauma reflejado en la cara de Draco.
-Estoy bromeando, esperaba que lo supieras –Draco lo miró dubitativamente. –Um... ¿hola? Soy un Gryffindor; ¿recuerdas? –dijo Harry, arqueando las cejas y apuntándose a sí mismo. Draco permaneció en silencio, así que Harry suspiró y le explicó: -Estabas jugando póquer de prendas con otros chicos. Eh, de hecho, ahora que pienso en eso, no sé por qué estabas jugando póquer de prendas con un montón de chicos…
-Theodore no quería compartir nada de su alcohol –dijo Draco lentamente, mientras que las piezas empezaban a encajar para él. –No empezamos con la parte de las prendas hasta que estuvimos bien achispados –Draco se movió, encontrándose brevemente con la mirada de Harry antes de que sus ojos se dirigieran hacia su regazo. –No tengo puesta mi ropa interior –dijo en un tono escandalizado. –Oh, Dios.
-Ah, no, ésas te las quitaste una vez que estuviste aquí –Draco regresó sus ojos hasta Harry lentamente, abriéndolos mucho. Harry parpadeó, y entonces empalideció un poco. –Nonononono –dijo raudo, agitando sus manos torpemente. –No, lo que quiero decir es que pensaste que eran incómodas, así que te deshiciste de ellas antes de quedarte dormido.
-¿Y tú simplemente dormiste junto a mí mientras que yo estaba prácticamente desnudo? –cuestionó Draco, entrecerrando los ojos. -¡¿Por qué demonios estás todavía en mi cama, Potter?! –inquirió.
-Bueno, tú no me permitiste irme, Malfoy –espetó Harry en respuesta.
-¡¿Y?! –replicó Draco en voz alta. -¡Pudiste haberte ido después de que me volví a dormir!
-¡Estabas completamente envuelto sobre mí, si lo hubiera hecho te habría movido y habrías despertado otra vez!
-Potter, estoy bastante seguro de que pudiste haber encontrado una manera de salir si realmente lo hubieras querido hacer –Draco se cruzó de brazos hoscamente. –Ahora todos sabrán que estás aquí; ¿y qué se supone que les diré? –Repentinamente, Harry pareció muy incómodo, y Draco pestañeó. -¿Qué? –preguntó veloz. -¿Qué?. ¿Qué es?. ¿Qué pasa, qué ocurrió?
-Bueno… -empezó a decir Harry mientras se rascaba la nuca. –Pues… estabas bastante ebrio; ¿sabes?...
-¿Qué… ocurrió?
-Eh… -Harry suspiró. –Está bien. Anoche, yo estaba en un apartado rincón del salón y tú te tropezaste conmigo… Y, bueno, de repente apareció un muérdago sobre mí… Creo que Hermione lo puso ahí. Lo que haya sido, luego te besé…
-¿QUÉ? –escupió Draco, abriendo los ojos con terror. -¿Por qué?
-Pues porque todos estaban observando… -trató de explicar Harry.
-¡¿Por qué todos estaban observando?! –aulló Draco.
-Porque… Ah, olvídalo, Malfoy. Sólo estaban ahí. Y entonces te besé, y luego tú empezaste a besuquearme de verdad, y a manosearme…
-¡No es cierto!
-¿Quieres escuchar el resto de la historia, sí o no? –preguntó Harry preocupado.
-¿Quieres decir que hay más?
-Um, sí. Y se pone peor.
-Oh, Dios.
-Malfoy; ¿sabes cuántas veces has dicho "oh, Dios" esta mañana? –Draco entrecerró los ojos, así que Harry decidió pasarlo por alto. –Correcto, olvídalo. Entonces yo estaba, um, besándote. Mucho. Y… -Harry se sonrojó, evitando la mirada de Draco y jugueteando con sus pulgares. –Y yo te… digamos que te azoté contra la pared, y-y tú enrollaste tus… piernas alrededor de mi cintura… -Draco gimió y escondió el rostro entre las manos. Harry notó como sus orejas se ponían de color de rosa. -… y yo tuve una especie de pérdida de memoria, olvidé que todos estaban todavía ahí, hasta que tú rompiste el beso y… y… ymedijisteDiosfóllamedenuevoHarry –terminó rápidamente. –Todos escucharon –Draco levantó la cabeza y miró a Harry con conmoción.
-Estás mintiendo –dijo con aspereza. Harry negó con la cabeza lentamente.
-Malfoy, no estoy mintiendo.
-Sí estás mintiendo –insistió Draco, sacudiendo la cabeza. Sus ojos tenían un brillo salvaje. –A mí no… no diría… Potter, a mí no… no me gustó mucho eso. ¿Por qué diría algo así? Como si quisiera que tú… me lo hicieras de nuevo. ¡Es simplemente asqueroso! –hizo una pequeña pausa, y continuó: -Y tampoco te llamaría "Harry".
Harry suspiró, inclinándose hasta apoyar el mentón sobre sus manos. –Yo lo haría otra vez –admitió a media voz.
-Claro, apuesto a que sí –espetó Draco, cruzando los brazos.
-No, quiero decir que lo haría otra vez… debajo de ti… -dijo Harry. Draco parpadeó.
-¿Lo harías? –le preguntó, arrugando levemente la nariz. Harry asintió.
-Y tú también lo harías –añadió de último momento.
-¡Yo no! –insistió Draco. Harry rodó los ojos. -¡Tú eres el maldito maricón aquí, Potter, no yo!
-Ah; ¿entonces ya tengo permitido ser maricón? –preguntó Harry, divertido.
-Yo… bueno… Yo no tengo que cuidarte; ¡así que si quieres ser gay, entonces jódete y sé gay! –contestó Draco, removiéndose nerviosamente y sonrojándose un poco. Harry sonrió y se inclinó sobre él.
-Soy gay, Malfoy –susurró Harry en la oreja del rubio, provocando que se estremeciera ligeramente. -¿Te gustaría follarme?
-No –respondió Draco al instante. Harry sonrió ampliamente y besó la mandíbula de Draco, justo debajo de su oreja.
-¿Estás seguro? –le cuestionó. Draco asintió y Harry depositó otro beso en su mejilla. -¿Qué pasa?. ¿No quieres follarme porque soy gay? –murmuró Harry, chupando ligeramente el cuello del chico. Draco gimió.
-Dios, maldita sea, te odio –gimoteó, volteándose para plantar su boca sobre la de Harry. Éste rodó sobre su espalda, jalando a Draco por encima de él y haciendo que el rubio se sentara a horcajadas sobre su cintura. –No traes el lubricante contigo –señaló Draco mientras introducía las manos bajo la camisa de Harry.
-Sí, pero… -Harry lo ignoró y levantó los brazos por encima de su cabeza. Draco estaba apenas comenzando a quitarle la camisa, cuando de repente las cortinas de la cama se abrieron y los dos chicos se congelaron. Era Blaise, quien los estaba mirando con el ceño fruncido, y en la cama detrás de él, Crabbe, Goyle y Theodore estaban sentados observando con avidez.
-Potter, todavía estoy ebrio y es una alucinación; ¿verdad? –preguntó Draco con un hilo de voz.
-Eh… -respondió Harry.
-¿Saben? Puedo soportar escucharlos discutir, y tal vez hasta tolere un poco de besuqueo –dijo Blaise, -pero definitivamente tengo que pintarles la raya si lo que van a hacer es echarse un polvo.
-No estábamos haciendo eso –dijo rápidamente Draco.
-Pero lo iban a hacer –alegó Blaise, poniendo los ojos en blanco.
-No es cierto.
-¿Lo iban a hacer? –preguntó Blaise, dirigiéndose a Harry.
-Sí, la verdad es que sí –respondió, encogiéndose de hombros.
-¡No es cierto! –insistió Draco. –Ni siquiera lo habíamos hecho antes de hoy.
-Cállate, Malfoy –dijeron Harry y Blaise al mismo tiempo. Draco pareció ofenderse mucho.
-Merlín, Draco, ponte algo de ropa –rezongó Blaise, girándose y permitiendo que las cortinas se cerraran de nuevo. –El tren sale en dos horas. Potter, vete a tu dormitorio. Draco; ¿hiciste tu equipaje ayer, verdad? Porque tú y Pansy tienen que irse a hacer sus tonterías de perfectos –Draco y Harry se miraron el uno al otro abochornados, y después de un momento, el rubio se levantó al fin.
-Sí, en serio que querrás ponerte ropa interior antes de ir a ninguna parte –le dijo Harry, notando que el pene aún erecto de Draco era extremadamente fácil de ver a través de la delgada tela de la falda.
Las mejillas de Draco se pusieron de color de rosa y entrecerró los ojos peligrosamente.
-¡Harry! –exclamó Hermione cuando el chico por fin entró a través del retrato a la sala común de Gryffindor. -Ya era tiempo de que volvieras. Tengo unas cuentas que arreglar con usted, señor… Harry; ¡¿qué te pasó en el ojo?! –Harry sonrió avergonzado.
-Um, Malfoy me golpeó –dijo, y Hermione suspiró antes de invocar un rápido encantamiento sanador. –Gracias.
-Entonces; ¿no crees que hay algo que tienes que contarme, Harry? –le preguntó Hermione mordazmente.
-Ah –Harry se sonrojó. –Cierto. Hermione… soy gay. –Hubo unos pocos segundos de silencio mientras que su amiga parpadeaba un par de veces.
-Bueno, me da gusto que puedas admitirlo, pero no era a eso a lo que me refería –dijo finalmente. –Ron ya me había dicho que tú creías que tal vez lo eras –Harry levantó las cejas.
-¿Te lo dijo?
-Sí. Pero creo que tienes que decirme algo sobre Malfoy. Algo que él mencionó anoche…
-Ah, eso –dijo Harry, apartando la mirada. –Eh… sí, era verdad. –Hermione gritó con emoción.
-¿Entonces ustedes ya son pareja? –preguntó, sonriendo resplandeciente.
-¡Por supuesto que no! –exclamó Harry. Hermione frunció el ceño ligeramente.
-¿Y por qué no?
-Por… es complicado –dijo Harry, agitando una mano. -¿No se supone que tienes que estar haciendo cosas de prefecta?
-Ron está haciéndose cargo de todo.
-Oh. Bueno, voy a asegurarme que tengo mi equipaje listo. ¿Visitarás a los Weasley durante las vacaciones?
-Sí, estaré ahí para Año Nuevo, así que te veré hasta entonces –le dijo Hermione.
-Genial –sonrió Harry.
Más tarde, mientras que el trío de Gryffindor bajaba su equipaje de los carruajes a rastras, Harry localizó a Draco caminando junto a Pansy, y a Crabbe y Goyle siguiéndoles el rastro y cargando todos sus baúles. Ron se dio cuenta a quien estaba mirando y sonrió levemente, codeando a Hermione y gesticulando hacia Harry con un movimiento de cabeza. Hermione también sonrió.
-Deberías de ir a decirle adiós –le dijo suavemente, y Harry pegó un brinco para girarse y encararla.
-¿A quién? –preguntó sin convicción, pero el repentino rubor de sus mejillas demostraba que sabía que había sido atrapado. Hermione lo miró categóricamente, y cuando Harry desvió su mirada hacia Ron, éste lo estaba viendo de la misma manera. –No, chicos… –dijo Harry suplicante. –No es lo que parece. De verdad, yo… Malfoy no piensa en mí de ese modo. Y yo no… um… no somos…
-Harry –lo interrumpió Hermione. –Simplemente podrías decirle adiós como a un… como a un amigo. –Ron bufó y Harry rodó los ojos.
-No somos amigos. Él mismo me lo dijo –murmuró Harry.
-¿Y cuándo te dijo eso? –preguntó Hermione con curiosidad.
-Ah, antes de que tuviéramos sexo por primera vez –dijo Harry distraídamente con un movimiento de mano. Estaba observando a Draco de nuevo, mientras pasaban junto al thestral que jalaba del carruaje. Ron y Hermione se habían detenido y Harry caminó unos pocos metros antes de darse cuenta de que ellos no iban junto a él. -¿Qué? –preguntó, volteando para ver a sus amigos.
-Compañero; ¿exactamente cuántas veces han jodido Malfoy y tú? –cuestionó Ron. Harry se abochornó y se ruborizó, levantando con lentitud tres dedos de una mano. -¡¿Tres…?!. ¿En serio han sido tres veces? –escupió Ron.
-Miren, les contaré todo en el tren; ¿está bien? –dijo Harry, girando sobre sus talones y alejándose de ahí. Hermione soltó una risita al notar que las orejas le habían enrojecido.
Cuando llegaron a la estación, de alguna manera Harry consiguió localizar a Draco entre toda la multitud. El chico de ojos verdes se detuvo, recargándose contra una pared y metiendo las manos en los bolsillos. Hermione se paró a su lado y Ron se quedó detrás de ella.
-¿Cuánto tiempo durarán estas vacaciones? –preguntó Harry.
-Tres semanas –respondió Hermione. Draco estaba hablando con Pansy y alistándose para subir al tren. Harry suspiró.
-Demonios –murmuró, y acto seguido se dirigió hacia el rubio.- ¡Malfoy! –lo llamó, atravesando una multitud de Hufflepuffs. – ¡Malfoy, espera un segundo! –Pansy y Draco se detuvieron y voltearon hacia atrás para mirar a Harry que llegaba hasta ellos. –Malfoy, necesito hablar contigo –jadeó, con las manos cerradas en puño a sus costados. –Hola, Pansy –saludó bruscamente.
-Potter –sonrió Pansy. Draco lo miró con desprecio y le sonrió de igual forma.
-¡¿Podrías dejar de hacer eso?! –dijeron Harry y Pansy en tono exasperado. Draco pestañeó y apretó los labios.
-¿Qué es lo quieres, Potter? –preguntó gélidamente.
-Hablar contigo.
-Entonces habla.
-¿Podemos hacerlo en privado, Malfoy? –dijo Harry poniendo los ojos en blanco y adelantando un brazo para aferrar la cintura de Draco. Empezó a jalarlo lejos del tren, pero Draco estaba resistiéndose.
-Potter; ¿qué intentas conseguir al arrastrarme? –siseó. –Pansy está aquí…
-Pansy sabe que hemos follado juntos, Malfoy –dijo Harry en una voz tan alta, que varios alumnos de primer grado jadearon y dejaron caer sus maletas. –Prácticamente, fue su idea. –Draco entornó los ojos de vergüenza, y Harry pudo ser capaz de tirar de él hasta alejarse de la multitud de estudiantes. Pansy les sonrió, y se giró para charlar con Padma Patil, quien se había acercado a tomar el tren.
-Muy bien, ya me alejaste de todos e hiciste una escena en el proceso –gruñó Draco mientras que él y Harry rodeaban una esquina para llegar a una zona solitaria. -¿Ahora ya me podrías decir qué demonios es lo que quieres? –Harry dejó de caminar y Draco se recargó contra la pared que estaba a sus espaldas.
-Quiero asegurarme que estés al tanto de un par de cosas –dijo Harry, midiendo cuidadosamente sus palabras y removiendo nerviosamente los pies.
-Bueno, pero date prisa, el tren se va en cinco minutos –espetó Draco. Harry suspiró.
-Bien –dijo, volteando para encarar al Slytherin. Se acercó más a él, y los ojos de Draco se abrieron desmesurados cuando Harry se inclinó y se apoyó contra la pared, poniendo una mano a cada lado de su cabeza. –En primer lugar… Ya no te odio –dijo lentamente Harry, mirando a Draco a los ojos. El rubio abrió la boca para responder, pero Harry continuó, ignorándolo. –En segundo lugar. He… Definitivamente, he decidido que sí soy gay. –La nariz de Draco se arrugó con repugnancia.
-Bueno, definitivamente, yo no lo soy –dijo cortante mientras que Harry se acercaba aún más. –A mí me gustan las mujeres.
-Nunca has hecho nada con una chica –le señaló Harry.
-¡Exacto! Estoy seguro de que me gustará mucho más.
-¿Mucho más? Ah, entonces admites que disfrutaste lo que has hecho conmigo; ¿eh? –dijo Harry, sonriendo presuntuoso. Draco apartó la mirada.
-No estoy admitiendo nada –dijo arrogantemente, irguiendo el mentón. –Por otro lado, a ti también te podría gustar mucho más hacer algo con una chica. Ni siquiera has mirado a otro chico aparte de mí, nunca. –Harry negó con la cabeza, sonriendo levemente.
-Me gustó besar a Seamus. No me digas que a ti no. –Draco abrió la boca para objetarlo, pero Harry lo ignoró y añadió rápidamente: -Y cuando besé a Cho y a Hermione, lo odié.
-Pero esas dos no eran precisamente tus mejores opciones; ¿o sí? Una relación desastrosa y tu mejor amiga.
-Malfoy, soy gay. Ese no es tu problema, es mío solamente. ¡Así que deja de espantarte por ello! –exclamó Harry divertido. Draco arrugó el entrecejo.
-Se te ha terminado el tiempo, Potter –dijo sarcástico. –No te culpo por no querer quedarte con las comadrejas durante tres semanas enteras, pero en serio... necesitas aceptarlo para que podamos subir al tren e irnos.
-Tengo una cosa más que decirte –murmuró Harry, frunciendo el ceño pero ignorando el comentario con referencia a los Weasley.
-¡Bueno, pues dilo!
-¡Muy bien! –jadeó Harry enfadado. Respiró con profundidad. –En tercer lugar… la tercera cosa es que… -Harry eliminó la distancia restante entre él y Draco, mirándolo a los atónitos ojos y rozando sus labios contra los del otro chico a cada palabra que pronunció: -De verdad… voy a extrañarte durante las vacaciones. –Draco abrió la boca de la sorpresa, y Harry reclamó rápidamente sus labios y tomó ventaja de su impresión para poder barrer su lengua dentro de su boca.
La respiración del rubio se agitó, y gimiendo, sintió como sus propios brazos rodeaban de manera involuntaria el cuello de Harry. El Gryffindor se inclinó sobre él, con sus manos aún apoyadas contra el muro a los lados de su cabeza, y las lenguas de ambos chicos se encontraron con avidez. Harry deseó poder quedarse así para siempre, tan sólo apretando el cuerpo de Draco contra el suyo; pero escuchó el silbido del tren y rompió abruptamente el beso, alejándose del rubio. Ambos chicos respiraban con dificultad.
-Felices vacaciones… Draco –murmuró Harry, y después de estampar un último besito en los labios del anonadado chico, se giró y corrió rumbo al tren.
-Creo que Potter está enamorado de mí –le reveló Draco a Pansy varios días después, ya de vacaciones. Todavía no había pasado Navidad, y Pansy estaba de visita ese día en la Mansión Malfoy mientras que sus madres charlaban dentro de la misma. Esa tarde aún era temprano y los dos prefectos de Slytherin estaban paseando alrededor de los terrenos de los Malfoy. Bueno, no precisamente paseando, ya que como casi se sumergían en la nieve hasta las rodillas, eso era más un penoso recorrido que un placentero paseo.
-¿En serio? –respondió Pansy, sonriendo un poco. –Qué sorpresa.
-Por supuesto que toda la culpa es tuya –continuó Draco con un infeliz gesto en su rostro. Se había sentido así durante el día completo.
-¿Es eso un problema? En realidad, yo me sentiría halagada.
-Por supuesto que es un problema, Pansy. Él es gay –escupió Draco. –Es el niño-que-vivió-para-no-preservar-el-apellido-Potter-porque-solamente-jode-con-chicos.
-Tal vez tenga un hermano perdido al que hace mucho no ve –dijo Pansy en tono aburrido.
-Oh, no dudes que lo tenga, y sólo para fastidiarme –se quejó Draco. Pansy rodó los ojos y se dejó caer de espaldas en la nieve. Draco se volteo para observarla. -¿Te caíste? –preguntó con curiosidad.
-Sí, a propósito –contestó Pansy, estirando brazos y piernas. Draco la miró abrir y cerrar las piernas y mover los brazos de arriba abajo sobre la nieve.
-Está bien, me rindo. ¿Qué diablos estás haciendo? –preguntó Draco.
-Estoy haciendo un ángel de nieve, obviamente –respondió Pansy, continuando con sus movimientos.
-¿Para qué motivo estás haciendo eso?
-Porque me gusta –espetó Pansy. –Solía hacerlo con mi padre cuando era pequeña.
-Bueno, pues detente. Es vergonzoso –murmuró Draco.
-No hay nadie más aquí aparte de ti.
-¿Cuántos años tienes, cinco? Sólo los niños hacen ángeles de nieve –Draco puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, lo cual le sirvió de excusa para permitirse meter las manos bajo las axilas. Afuera estaba jodidamente frío.
-Draco, nosotros somos niños –dijo Pansy en tono exasperado. Su amigo tuvo la audacia de reírse entre dientes.
-Claro, qué interesante, Pansy. Yo creo que dejé de ser niño cuando cumplí nueve…
-¡Maldita sea, Draco! –juró Pansy, lanzándole una bola de nieve al chico mientras se sentaba. -¡Demonios, apenas tenemos dieciséis años!. ¡¡SEGUIMOS. SIENDO. UNOS. NIÑOS!! –gritó. Draco parpadeó ante su arrebato, sacudiéndose distraídamente la nieve que ella le había arrojado a la túnica. –Estoy harta de esto, Draco. Estoy. Tan. Tremendamente. Harta. Estoy harta de los Mortífagos, de los nacidos de muggles, los mestizos y los sangre pura. Estoy harta del maldito Señor Oscuro y de sus planes dementes, que lo único que consiguen es mandar a nuestros padres directo a Azkaban. Estoy harta de las miserables burlas y peleas entre alumnos de once años sólo porque son de diferentes Casas…
-No tiene nada de malo un pequeño grado de rivalidad, Pans…
-No estoy hablando de RIVALIDADES, Draco, estoy hablando de peleas abiertas entre niños que no piensan por ellos mismos. Prefieres ignorarlo, lo sé. ¿Pero tienes idea cuántas refriegas he tenido que detener este año? No es solamente entre tú y Potter, lo sabes. Pon a un Gryffindor cerca de un Slytherin y se comportaran como perros y gatos. Es patético.
-¿Y?. ¿Qué tiene eso que ver? –preguntó Draco enojado. –Los Gryffindors son una sarta de…
-¡Merlín, cierra el pico! –exclamó Pansy. –Dios, a veces sólo quisiera ser una adolescente normal. Normal en un mundo dónde un lunático furioso y malvado no haya tratado de asesinar a un bebé de un año, haya fallado y siga fallando las próximas diez veces que intente hacerlo de nuevo.
-Estoy de acuerdo con eso. Si Potter hubiera muerto desde la primera vez, nosotros no tendríamos que ocuparnos de todo este desord…
-¡Por amor de Dios, Draco!. ¡No es culpa de Harry!
-¿Harry? –repitió Draco incrédulamente, arrugando la nariz.
-Sí, Harry. Después de todo, ése es su nombre. Y él no fue el que empezó con toda esta mierda. Demonios, Draco… sólo… oh, olvídalo –dijo Pansy cansinamente, colapsando de espaldas sobre la nieve de nuevo. –Sólo déjame ser una niña normal aunque sea por un segundo; ¿quieres?. ¡Si lo que quiero es hacer un maldito ángel de nieve, entonces haré un maldito ángel de nieve! Deberías intentarlo alguna vez. Quiero decir, tratar de "ser un niño" –dijo ella, levantando la vista hacia el rubio. –Porque al ritmo que llevas, serás un anciano cuando nos graduemos de Hogwarts.
-Creo que estás actuando de manera infantil e inmadura –murmuró Draco.
-¡Bien!. ¿Sabes por qué?. ¡Porque lo soy! –gritó Pansy. –Dieciséis años, Draco. Esa es la edad que tenemos. Seguimos en la escuela, no hemos hecho nuestros EXTASIS, no tenemos edad para… ¡maldita sea, ni siquiera podemos hacer magia fuera de Hogwarts! –Draco frunció el ceño ante eso, mirándola petulante. –Así que sólo… Ve más despacio y disfruta de la vida por un rato; ¿quieres?. ¡Ten una aventura con Potter, haz ángeles de nieve, disfruta la juventud mientras puedas!
-No puedo hacer eso, Pansy –replicó Draco, mirándola con furia. –Mientras mi padre esté en prisión yo tengo que ser el hombre de la casa…
-Ah, por el amor de Merlín –dijo Pansy agitadamente y cubriéndose la cara con las manos. –Ni siquiera estás en casa durante nueve meses al año. Estoy segura de que tu madre se las arregla bastante bien cuando tú no estás aquí.
-Ella sólo ha estado sola durante cuatro meses –señaló Draco. Pansy rodó los ojos y se movió de lugar para hacer otro ángel de nieve. Cerrando los ojos, se permitió relajarse, disfrutando del repentino silencio gracias a que Draco parecía no querer seguir hablando. Después de un momento, escuchó un leve ruido crujiente; el sonido de alguien andando por la profunda nieve. Sintió la presencia de Draco junto a ella aún antes de abrir los ojos y comprobar que, efectivamente, él estaba acostado sobre la nieve a algunos metros de distancia. Tenía el ceño fruncido, pero debido a lo encendidas que tenía las mejillas, Pansy podía asegurar que se había tomado muy a pecho lo que ella había dicho.
-No es tan difícil. ¿Verdad? –le preguntó, sonriendo suavemente. Draco le echó un vistazo por el rabillo del ojo mientras movía torpemente sus brazos y piernas.
-La nieve va a arruinar mi gorro –dijo de manera práctica. –La piel se empapará y perderá color.
-De todas maneras, tu gorro es horrible –sonrió Pansy, volteando hasta quedar apoyada sobre un codo y observando a Draco. –Te obsequiaré uno mejor para Navidad. –Draco se rió y dejó de mover sus extremidades para poder pasar los brazos por debajo de su cabeza.
-Supongo que puedo intentar esto de "ser un niño", como lo dijiste –murmuró. –Suena atractivo.
-También podrías tratar la parte de "tener una aventura con Potter" –dijo Pansy a la ligera. Draco arrugó el entrecejo.
-Es un imbécil. No me cae bien.
-Mhmm.
-Y de todas maneras, no me gustan los hombres.
-Claro.
-¡No me gustan!
-¿Cuántas veces te acostaste con Harry?
-Um… ¿Hice tal cosa? –Pansy arqueó una ceja. –Ah, está bien. Sólo fue una… tres veces. –La otra ceja de Pansy se unió a la primera.
-¿Tres veces? –repitió sorprendida. Draco se sonrojó.
-Bueno, verás, la primera vez realmente apestó… -admitió abochornado. Pansy continuó mirándolo fijamente por algunos segundos más y entonces, de repente, se montó a horcajadas sobre las caderas de Draco y cubrió su boca con la suya.
Los ojos de Draco se abrieron de golpe e hizo un sonido de sorpresa y protesta desde el fondo de su garganta. Sus manos volaron hasta los hombros de Pansy y su primer pensamiento fue quitársela de encima.
Y entonces, su segundo pensamiento fue: ¿por qué?
Él y Pansy eran amigos desde hacía siglos. Ella lo había acompañado al Baile de Navidad en cuarto, y la verdad era que en aquellos años había estado enamorada de él. Y Draco lo había sabido. Pero no había pasado nada y creyó que Pansy lo había olvidado. Pero ahora que ella lo estaba besando, tal vez resultaría que no había sido así. Y realmente Pansy no era una chica fea. Quizá no era la belleza más despampanante de su grado, pero era lo suficientemente bonita. ¿Por qué no intentar algo con ella?. ¿Por qué no intentar al menos un polvo y ya?
Decidiéndose rápidamente, Draco movió sus manos de los hombros de Pansy hasta su cuello, envolviéndolo con ellas y jalándola más cerca de él. Abrió su boca bajo la de ella, y sus lenguas se encontraron tímidamente, ocasionando un ligero escalofrío por la espina dorsal de Draco. Realmente, eso no estaba demasiado…
Mal.
Draco se estremeció de nuevo, sabiendo en el fondo que era por la nieve y no porque Pansy estuviera restregándose lentamente contra él. Ignorándolo, Draco trató de profundizar el beso, enredando sus lenguas y presionando el cuerpo de Pansy aún más cerca del suyo.
Mal mal mal.
No se compara a besar a Harry. Demonios, ni siquiera se comparaba a besar a Seamus. Los senos de Pansy eran suaves y se oprimían contra sus pectorales, contrariamente a lo que sucedía con Harry, quien era de ángulos completamente firmes y planos. Asustándose de repente por ese contacto, Draco empujó levemente a Pansy para alejar su cuerpo de él; y la chica se movió hasta quedar de rodillas sobre el rubio más que sentada en sus caderas.
Draco recorrió con sus manos los costados de Pansy, desesperado por dejarse perder en el beso. Sus manos encontraron la suave turgencia de las caderas de Pansy…
Mal.
… e intentó jalarla hacia abajo para presionarse contra ella. Por alguna razón, fue toda una sorpresa para él cuando se dio cuenta que no había ninguna firme dureza oprimiendo su entrepierna, en vez de eso sólo se encontró de nuevo con esa suavidad…
MAL.
… y Draco trató de acostumbrarse a eso. Se imaginó a él mismo penetrándola, sumergiéndose en su húmedo calor y… y… y eso no ayudó a Draco para nada, y realmente estaba empezando a entrar en pánico mientras recordaba la noche en que Pansy había tenido que mostrar sus senos a todos, e intentó visualizarse amasando esas… chupándolas… intentando imaginarse sus senos acunados entre sus manos…
MAL MAL MAL.
… y el sólo pensamiento hizo que su estómago se revolviera, y antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, había empujado a Pansy lejos de él, emitiendo un ruidoso jadeo y empezando a respirar profundamente con el ánimo de calmarse.
-Ay, Dios –gimoteó, cubriéndose la cara con las manos. –Mierda… ¡MIERDA, maldita sea!
-¿Draco? –le habló Pansy con vacilación, tocándolo levemente en el hombro. –Draco; ¿estás bien? –El rubio levantó la cabeza al sentir su mano sobre él, extendiendo las suyas ante ella como si la rechazara.
-No. Sólo… no, Pansy –dijo miserablemente, con los ojos muy abiertos y apariencia asustada. De hecho, Pansy pensó que lucía absolutamente aterrorizado.
-Draco, cariño; ¿qué diantres te sucede? Mira, discúlpame por lo que pasó, sólo que pensé que… bueno, definitivamente fue tan malo como creí que sería. Como besar a mi hermano o algo parecido. –Pansy soltó una risita nerviosa. No se había imaginado que Draco reaccionaría así. -¿A ti qué te pareció?. ¿Fue como si estuvieras besando a tu hermana? –Draco sacudió la cabeza, todavía tomando profundas y rápidas aspiraciones.
-¿Cómo?. ¿Quieres decir cómo… cómo muy incómodo y sin pasión? –preguntó con voz temblorosa.
-¡Sí! Exactamente como eso –respondió Pansy, sonriendo. Draco gimoteó.
-No, fue un millón de veces peor –graznó. –Ni siquiera pude… Yo no… No hubo nada. Ni siquiera estaba pensando que eras tú, estaba sólo… estaba intentando, de veras que sí, lo juro que lo intenté –balbuceó Draco, -me la pasé pensando en… en sexo o en verte a ti desnuda o sólo sintiendo… yo… mierda, era como… era… tú eres tan… -Draco hizo una pausa, liberando un trémulo sollozo, y entonces explotó: -¡Tú eres tan mujer y lo odio! –Pansy parpadeó mientras que Draco doblaba las rodillas a la altura de su pecho y enterraba la cara entre ellas. -¡ARGH, MIERDA! ¡Mierdamierdamierdamierdamierda!
Pansy suspiró y se acercó más a su amigo, rodeándolo con sus brazos desde atrás. Sus senos se oprimieron contra su espalda, y el primer pensamiento irracional que pasó por la mente de Draco fue que era eso precisamente. Mierda, eso provocaría que nunca pudiera soportar que las chicas lo abrazaran, porque si hubiera sido Harry el que lo estuviera abrazando de esa forma, no habría habido ningún tipo de… de barrera entre ellos. Porque la lisa y plana superficie del pecho de Harry habría hecho contacto por completo contra Draco, y de esa forma se podría haber deleitado en el reconfortante calor de otro cuerpo tan pegado al suyo.
…
Mierda.
Era un maldito maricón.
-¡Ay, Dios! –exclamó de nuevo, cerrando los ojos de golpe.
-Draco, todo está bien –Pansy trató de tranquilizarlo, pero al rubio no le estaba sirviendo de nada.
-No, no, de verdad que no, Pansy –murmuró entre sus rodillas.
-Mi vida, no hay nada malo con ser gay. –Los estremecimientos de Draco fueron pausándose hasta desaparecer por entero, y entonces dejó escapar un largo suspiro.
-Pero… pero sí es malo. ¡Tiene que serlo! No puedo… no puedo ser gay. ¡Soy el único heredero Malfoy; debo tener otro heredero Malfoy para poder preservar el apellido! –dijo Draco desesperadamente. -¡No puedo… no puedo ir y olvidar a mi familia para tener una tórrida aventura con el peor enemigo de mi padre! –Pansy suspiró.
-Draco, creo que tu padre se ofendería de que pienses que un chico de dieciséis años pueda ser su peor enemigo –dijo llanamente. –Y de todas formas, no le estás proponiendo matrimonio. Sería sólo un poco de diversión por lo que resta del año.
-¿Por qué estamos hablando de Potter? –preguntó Draco, molesto. –Él ni siquiera es el problema. El hecho es que soy gay, motivo por el que no podré casarme y no podré ser capaz de tener hijos y avergonzaré a toda mi familia y cuando mi padre salga de Azkaban me repudiará y…
-Draco –lo interrumpió Pansy, -nadie te va a repudiar. Y esto no es como una enfermedad. Todavía puedes tener hijos. Tal vez puedas tener un… un matrimonio arreglado o algo por el estilo. No es el fin del mundo.
-Pues es endemoniadamente cercano –masculló Draco, moviéndose hasta quedar sentado de cuclillas. Empezó a sacudirse la túnica y Pansy suspiró, liberándolo por fin de su abrazo.
-¿Estás bien? –preguntó ella.
-No –respondió Draco. Observó a Pansy con suspicacia. -¿Me besaste a propósito? –le cuestionó, entornando los ojos. Pansy sonrió.
-El mundo nunca lo sabrá –respondió inocentemente. Draco arrugó el entrecejo.
-Te odio.
-Lo sé, cariño, yo también te amo.
