STARTS WITH A SPIN

Comienza con un giro

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Escrito por:

Maxine

traducido por:

Perla

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Capítulo 12

-¿Cómo crees que lo tomarán?

-¿Quienes tomarán qué?

-¿Cómo crees que nuestros amigos tomarán… tomarán… esto­?

Draco levantó la cabeza de la pared del compartimiento del tren donde la había estado apoyando y se volteó perezosamente para mirar a Harry, quien estaba sentado junto a él. Llevaban en esa misma posición durante un buen rato: Draco sentado con las rodillas elevadas y los brazos descansando encima de ellas, Harry con las piernas estiradas enfrente de él. Estaban recargados el uno contra el otro en toda la extensión de sus costados: desde el hombro y la cadera hasta el muslo; ambos envueltos en un agradable silencio hasta que Harry lo rompió.

-Ni siquiera puedes decirlo –comentó Draco. Harry habría entrado en pánico y tratado de tranquilizarlo si no hubiera sido por el tono divertido que Draco empleó al decirlo. Por lo que se encogió de hombros y puso los ojos en blanco.

-Novios –se corrigió, sonriendo-. ¿Cómo crees que nuestros amigos se tomarán el hecho de que seamos novios? –Ahora fue Draco el que se encogió de hombros.

-Quien sabe –dijo, dejando caer la cabeza de nuevo contra la pared.

-De verdad no creo que les moleste -insistió Harry, echándole un vistazo.

-Bueno, más les vale que no –suspiró Draco, arqueando la espalda contra la pared mientras se estiraba y se removía hasta quedar sentado y cruzado de piernas-. Después de todo, la idea fue suya.

-Hmm –asintió Harry al estar de acuerdo, bajando su vista hasta la pálida piel del cuello de Draco.

-La pregunta que deberías de hacerte –continuó Draco sin dejar de notar la manera en que Harry lo miraba-, es si queremos o no decírselos ya. –Se movió otra vez, rodando la cabeza hacia un lado mientras cerraba los ojos.

-Pensé que habíamos decidido que no íbamos a mantener esto en secreto –murmuró Harry, aún con los ojos clavados en el mismo lugar.

-No lo haremos.

-¿Entonces se lo diremos?

-Por mí, podemos decírselo en la cena. –Draco abrió un ojo y observó como Harry estaba mordiéndose el labio inferior.

-Será en la cena, entonces –dijo Harry, levantando los ojos por un breve segundo para encontrarse con los de Draco, antes de fijarlos con intensidad de nuevo en su cuello. Por más que Draco trató de conservar el gesto impasible, sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa y cerró los ojos otra vez.

-De acuerdo –dijo, arrastrando un poco las palabras. Hubo una pausa de un par de segundos y entonces, Harry se echó completamente encima del otro chico. Draco hizo su mejor esfuerzo para evitar la risa que quiso escapar de su garganta mientras que la boca de Harry se le pegaba sobre la piel que sobresalía por encima del cuello de su camisa.

-Siéntate conmigo –masculló Harry con voz ahogada, a causa de tener la boca ocupada en otros asuntos. Draco se sacudió levemente y se relajó casi de inmediato cuando la lengua de Harry lamió su piel.

-¿Sentarme contigo? –repitió mientras que su mano se abría camino bajo la camisa de Harry y se quedaba en la apenas perceptible curva de su cintura.

-En la cena. –Harry levantó la cabeza y miró a Draco a los ojos.- Cuando se lo diga. A Ron y Hermione, quiero decir. Después podemos decírselo a tus amigos.

-Mis amigos, tus amigos –se mofó Draco poniendo los ojos en blanco-. Eso es algo que tendrá que cambiar. –Harry parpadeó.

-Supongo –dijo, poniendo gesto pensativo-. Hermione y Pansy ya son amigas. Y… pues, yo realmente no tengo muchos problemas con tus amigos.

-Eso es porque yo tengo buen gusto. –Draco sonrió presuntuoso y de repente frunció el ceño, arrugando la nariz.- En cambio, … -Harry se sentó en cuclillas, poniendo gesto adusto.- Bueno, tus amigos son algo con lo que tendré que aprender a vivir.

-No son tan malos –dijo Harry en su defensa.

-Eso lo dices tú.

-¿Qué se supone que significa eso?

-Significa –empezó a decir Draco rodando los ojos una vez más-, que por supuesto tú dirías eso, porque son tus amigos.

-Bueno, no puedo quedarme tan tranquilo mientras hablas mal de ellos.

-Potter, tú me has escuchado hablar mal de ellos. Esto no es hablar mal.

-Bueno, ahora es diferente, Draco –insistió Harry cruzándose de brazos-. Ambos están de acuerdo con esto, lo sabes bien. Hasta Ron tiene la intención de tolerarte, pero eso significa que tú también tendrás que hacer un esfuerzo.

-¿Un esfuerzo? –preguntó Draco con un ligero tono de desprecio. Harry frunció el ceño.

-Sí, un esfuerzo. Tienes que ser amable con ellos.

-¿Amable? –Draco hizo un mohín.- ¿Amable con la sangre sucia y con el amigo de los sangre sucia? –Arrugando aún más el ceño, Harry le dio un puñetazo a Draco en el hombro. No tan fuerte como para hacerle un cardenal, pero lo suficiente como para lograr que el chico hiciera una mueca de dolor.

-Casi ni la has llamado así durante todo el año, no comiences ahora –le advirtió Harry. Luego su faz se suavizó un poco.- Vamos, no empieces ya a ponerte tan difícil. –La boca de Draco se abrió enojosamente, pero antes de que dijera nada pareció pensar mejor las cosas. Cerró los párpados por un breve segundo mientras respiraba con profundidad, liberando después el aire retenido y tomando una expresión impasible. Harry lo estaba observando detenidamente y Draco enfrentó su mirada.

-Gracias –dijo Harry con voz suave. Draco levantó un poco uno de sus hombros en un abochornado intento por parecer indiferente y alejó su vista.

-Seguro –murmuró. Harry se inclinó hacia un lado hasta que pudo ver de nuevo a Draco a los ojos y sonrió cuando el rubio lo miró por fin. Una de las comisuras de su boca se torció hacia arriba.

El tren se sacudió provocando que Harry se sobresaltara un poco. Apoyando una mano en el piso para mantener el equilibrio, giró su cabeza y echó un vistazo por la ventana, viendo cómo el paisaje rodante iba más despacio hasta casi detenerse.

-Creo que ya llegamos –dijo en voz baja, sintiendo nervios de manera inexplicable. Volteó de nuevo hacia Draco y notó la forma en que sus labios se apretaban y la mirada en sus ojos se endurecía, imaginándose que también él estaría un poco nervioso. Harry no se preocupó por tratar de entender desde cuando era capaz de percibir los cambios en la expresión de Draco tan fácilmente.

Poniéndose de pie, le tendió una mano al otro chico. Draco lo miró fijamente por un largo momento, luego se la tomó con lentitud y permitió que le ayudara a levantarse.

-Draco –murmuró Harry, aún con la tibia mano del chico en la suya y atrapadas ambas entre sus cuerpos mientras se enderezaban, chocando uno contra el otro. Draco lo miró expectante, pero de repente Harry ya no estuvo seguro de qué era lo que había querido decir, así que sólo se encogió de hombros y sonrió tontamente.- ¿Listo? –preguntó al fin, sintiendo al tren detenerse por completo.

-Siempre –respondió Draco con una sonrisa presumida.

Los dos chicos no salieron de su compartimiento hasta que estuvieron muy seguros de que todos se habían ido ya. Harry observó por la ventana como Hermione y Ron buscaban a su alrededor ansiosamente y Draco bufó a su lado cuando vieron a Pansy con semblante preocupado. Blaise iba detrás suyo con expresión molesta y Crabbe y Goyle iban penosamente a sus espaldas, ambos luciendo medio perdidos.

-¿Sabes? Si realmente estuvieran preocupados por nosotros, tendrían que haber revisado todo el tren –dijo Draco arrastrando la voz mientras él y Harry salían a la luz de la noche y trataban de encontrar un carruaje vacío. Harry sonrió demostrando su asentimiento, aunque su sonrisa flaqueó cuando caminó para apartarse de los thestrals. Era espeluznante el modo en que esos animales lo miraban, como si estuvieran enterados de que de los pocos alumnos que quedaban en la plataforma, él era el único que sabía que estaban ahí. Draco le dirigió una mirada curiosa mientras se subían a un carruaje junto con dos Ravenclaws de tercero. -¿Cómo son? –preguntó con delicadeza una vez que se hubieron sentado. Harry levantó la mirada bruscamente, ignorando la manera embelesada en que los de tercero lo estaban observando.

-¿Los thestrals?

-Ajá –asintió Draco, asomándose por la ventana como si estuviera tratando de ver alguno.

-Son… interesantes –respondió Harry finalmente-. Como grandes caballos negros de la muerte. Sólo que también parecen dragones. Algo así. –Draco silbó impresionado.

-Desearía poder verlos –murmuró, todavía torciendo su cuello hacia la ventana. Harry se tensó por un momento y su silencio pareció atraer la atención de Draco hacia él. El chico abrió mucho los ojos.- Oh…

-No, no importa –dijo Harry rápidamente.- Está bien. –Draco parecía inseguro, pero al final siguió tratando de vislumbrar alguno.- Me subí en uno el año pasado –dijo Harry abruptamente. Eso atrajo de inmediato la atención de los Ravenclaws, aunque Harry no estaba seguro de que supieran siquiera lo que era un thestral. Lo cierto era que a su edad, él no lo sabía.

-¿Ah, sí? –preguntó Draco con interés. Harry asintió.

-También Ron y Hermione. Claro que no podían verlos, por lo que me imagino que para ellos fue una experiencia completamente diferente.

-Probablemente –estuvo de acuerdo Draco. Harry cayó en la cuenta de que él y Draco realmente no tenían mucho de qué hablar. Bueno, no era que no tuvieran de qué hablar, era que en realidad nunca habían tenido la oportunidad de hacerlo con anterioridad. Y ahora, de repente ninguno de los dos pudo pensar en algo qué decir. De hecho, el trayecto en el tren había sido el periodo de tiempo más largo que había pasado el uno en compañía del otro sin nadie más alrededor, y la mayor parte se la habían pasado en silencio.

Excepto cuando tuvieron sexo.

Harry frunció el ceño, sin estar verdaderamente seguro de dónde le venían esos pensamientos. Entonces, Draco se movió un poco hacia él hasta que sus muslos se tocaron y lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos e ignorando eficientemente la asombrada mirada de sus compañeros de viaje. Y Harry decidió que eso no era realmente importante.


-¿Dónde diantres crees que esté? –le susurró Hermione a Ron mientras el profesor Dumbledore daba su discurso de bienvenida. Ron se encogió de hombros, demasiado ocupado en mirar fija y anhelantemente su plato vacío.- Casi ni lo vi durante el viaje completo –continuó Hermione, mirando sobre su hombro hacia la mesa de Slytherin.- Malfoy tampoco está aquí.

-No, no, Hermione. Ahora es Draco; ¿recuerdas? –dijo Ron hoscamente, jugueteando con el tenedor entre sus dedos con aire aburrido.

-Draco, cierto –jadeó Hermione, todavía volteando hacia otro lado.- No creerás que él le hizo algo… ¿o sí?

-Bueno, si lo hizo, fue culpa tuya –gruñó Ron. Los platos de comida aparecieron de repente cuando Dumbledore concluyó con su discurso y Ron se lanzó con fiereza hacia un platón de patatas hervidas.

No sería culpa mía! –exclamó Hermione en tono ofendido.

-¡Tú fuiste la que lo provocó! –replicó Ron.- ¡De todos los tipos de entre los cuales podías haber elegido, tuviste que ir y hacer equipo con Pansy e involucrar a Harry en… en… en lo-que-sea-que-esté con Malfoy!

-¡Dijiste que estabas de acuerdo con esto! –espetó Hermione, desenrollando su servilleta y arrojándola sobre su regazo.

-Sí, estoy de acuerdo –murmuró sarcásticamente Ron.- ¡Puedo aceptar la situación, pero eso no quiere decir que me tenga que gustar!. ¡O qué él me tenga que agradar! –Hermione apretó los labios y se estiró para alcanzar la jarra de jugo de calabaza, cuando de repente Seamus se inclinó hacia ella y apuntó con su tenedor hacia la entrada.

-Ahí está –dijo con la boca llena de… algo, y Hermione estuvo lo bastante asqueada como para tratar de imaginar de qué. Frunciendo el ceño, empujó a Seamus fuera de su vista y miró hacia las puertas del Gran Comedor. Harry estaba pasando por ese justo momento a través de ellas, aparentemente tratando de no llamar la atención, y Draco lo seguía a un paso mucho más lento. Un rápido vistazo hacia la mesa alta le mostró que la mayoría de los profesores no se habían perdido nada. La profesora McGonagall estaba arrugando el entrecejo; el profesor Snape tenía una sonrisa mucho más sarcástica de lo habitual; y hasta el profesor Dumbledore había perdido su gesto de sabelotodo y parecía estar ligeramente curioso del motivo por el cual su preciado alumno de Gryffindor estaba entrando a hurtadillas junto con el residente más maloso de Slytherin. La atención de Hermione regresó de golpe hacia Harry cuando el chico se deslizó en el asiento que le habían reservado justo frente a ella.

-Hola –dijo, sonando como alguien culpable de algo que trata con todas sus fuerzas de esconderlo y falla espectacularmente en el intento. Se movió a un lado lo más que pudo y Hermione observó cómo Draco se introducía vacilante en el lugar que quedó junto a Harry y empezaba a juguetear con una copa. Hermione se dio cuenta entonces que él no estaba tan tranquilo como aparentaba estarlo. También notó que, a pesar de que la mayoría de los profesores se habían percatado de eso, no muchos de los demás alumnos parecían percibir que los dos más grandes rivales de Hogwarts estaban sentados el uno al lado del otro en la cena.

No obstante, Ron había detenido el tenedor a medio camino rumbo a su boca, y al otro lado de Hermione, Seamus estaba masticando cada vez más lento hasta que dejó de hacerlo. A un lado de Harry, Dean estaba fingiendo extraordinariamente bien que nada inusual estaba pasando, pero Neville se había alejado rápidamente lo más que pudo de Draco. Así que mientras el resto de los presentes en el comedor charlaban ruidosamente, en ese pequeño espacio reinó de repente un silencio de muerte.

Harry tosió un poco y las mejillas le ardieron cuando estiró un brazo para alcanzar el jamón asado, y Draco agachó la cabeza aproximadamente por un segundo antes de levantar su mentón desafiante y servirse algo de beber. Y eso fue todo lo que Hermione necesitó para ponerse en acción.

-Buenas noches, Harry, Draco –dijo alegre, súbitamente más aliviada al darse cuenta que había estado preocupándose por nada. Seamus por fin se tragó su comida y Ron bajó el tenedor, y en vez de comer le dio un enorme trago a su bebida. -¿Cómo estuvo su trayecto? –Harry se ahogó con la comida y Hermione estuvo segura de que vio a Draco esconder una sonrisa traviesa detrás de la copa.

-Um, estuvo bien –respondió Harry con voz débil y todavía tosiendo. Sus mejillas se ruborizaron otra vez. Seamus se rió entre dientes, llamando la atención de Harry y provocando que su sonrojo se intensificara aún más. Ron gimió.

-Mira –dijo Draco, codeando a Harry.- Pansy se está preguntando porqué diablos estoy sentado en la mesa de Gryffindor. –Sonrió descarado y la saludó perezosamente con una mano.

-Sí, como si eso no llamara la atención de nadie –murmuró Harry, mirando la expresión exasperada de Pansy y sonriéndole también.

-¿Y qué diablos haces sentado en la mesa de Gryffindor? –preguntó Ron mientras empujaba enojosamente la comida por todo su plato. Draco volteó a verlo curvando sus labios en una sonrisa socarrona, pero antes que pudiera decir nada, repentinamente pegó un brinco y se giró a mirar a Harry, quien estaba comiendo con tranquilidad y deliberadamente no estaba observando a nadie. Eso podía haber parecido extraño si no hubiera sido por el hecho de que una de las manos de Harry estaba sospechosamente debajo de la mesa.

Hermione tuvo que resistir la necesidad de asomarse por abajo.

-Porque me apetecía –respondió Draco al fin, deslizando también una de sus manos debajo de la mesa. Hermione se movió nerviosamente, atrayendo la atención de Draco. El chico le sonrió presuntuoso mientras que Harry parecía haberse quedado en un estado de rubor permanente.

-Draco y yo estamos saliendo –escupió al final, seguido de inmediato por un:- ¿Me podrían pasar las patatas por favor?

Hubo una pequeña pausa en la que todos trataron de entender lo que Harry acababa de decir. Ron gimió de nuevo y cruzó los brazos encima de la mesa, dejando caer la cabeza entre ellos. Draco le echó un vistazo, Seamus sonrió ampliamente, Neville jadeó y Hermione levantó su mano y tomó la que Harry tenía libre.

-Felicidades –dijo ella encarecidamente, mirando también hacia Draco. Dean se movió un poco y de repente estaba poniendo un tazón de patatas bajo la nariz de Harry.

-¿También quieres jugo de carne? –le preguntó. Ron levantó la cabeza una fracción de segundo y le dio a Draco una disgustada mirada antes de volverse hacia Harry.

-Todavía sigues siendo mi compañero en Pociones.

Hermione sonrió.


-Bueno, eso podría haber sido mucho peor –murmuró Harry un rato después, cuando él y Draco salían del Gran Comedor. Draco bufó.- ¡Estoy hablando en serio!

-¿Qué estabas esperando? –preguntó Draco.- ¿Qué todos tus amigos te dieran la espalda y no te volvieran a dirigir la palabra? –Harry se encogió de hombros, golpeteando a Draco en el brazo.

-No estoy seguro de qué era lo que esperaba, la verdad. Quiero decir, todos me habían dicho que estaban de acuerdo con esto… pero, ya sabes… -Draco suspiró y le regresó el golpe a Harry antes de alejarse un par de metros de él.

-Probablemente no deberíamos caminar tan cerca uno del otro –masculló. Harry frunció el ceño, pero asintió apenas perceptiblemente.- ¿Vas a acompañarme? –preguntó Draco, mirando por encima de su hombro.

-¿Acompañarte adónde?

-A la sala común de Slytherin.

-¿Para qué? –Draco se giró y caminó de regreso, metiendo las manos en los bolsillos de su túnica.

-Bueno, hemos salido bien librados de la guarida de los leones –respondió, sonriendo travieso,- pero todavía tenemos que sobrevivir al foso de las serpientes.- Harry se rió.- Ven conmigo para decírselo a Pansy y los demás.

-Claro, de acuerdo –dijo Harry. Siguió a Draco todo el camino rumbo a las mazmorras, preguntándose porqué seguía caminando detrás de él. Como si para empezar no fuera ya lo suficientemente extraño que él estuviera ahí abajo.

Draco se detuvo frente a un tramo de pared desnuda, volteándose hacia Harry con incertidumbre. Harry le sonrió. –Al menos que hayan cambiado la contraseña desde las vacaciones, ya sé cual es –le dijo.

-Oh, está bien –dijo Draco, pestañeando. Murmuró la palabra y después de que el muro se abriera, hizo una pausa. Harry caminó hasta colocarse detrás de él, apoyando una mano en la parte baja de su espalda. Draco se recargó levemente contra su cuerpo.

-¿Listo? –susurró Harry.

-No –fue la tajante respuesta de Draco. Harry soltó una risita.

-¿Por qué estás preocupado? –le preguntó.

-Potter, mis amigos son un poco diferentes a los tuyos –dijo Draco frunciendo el ceño. Harry suspiró, moviendo su brazo alrededor de las caderas de Draco y descansando el mentón sobre su hombro.

-Pero siguen siendo tus amigos; ¿cierto?

-Bueno, sí…

-Como dijiste, no van a darte la espalda y dejar de dirigirte la palabra –dijo Harry, apretando brevemente su abrazo. Draco exhaló entrecortadamente por la nariz. –Pero hay algo que sé.

-¿Y qué es? –Harry recargó todo su peso contra Draco, causando que diera un traspié hacia delante. Se rió levemente.

-Si todavía continúan por aquí cuando todos regresan de la cena, lo sabrán aún antes de que tengas oportunidad de decírselo.

-Eso es cierto –dijo Draco en tono pensativo. –Y también es cierta otra cosa.

-¿Qué?

-Si todavía no están aquí, tenemos la habitación entera para nosotros. –Draco torció su cabeza hacia atrás, mirando a Harry por el rabillo del ojo y sonriendo malicioso. Harry también sonrió.

-Eso es muy cierto –suspiró. La sonrisa de Draco se intensificó hasta convertirse en una lasciva invitación.

-Vamos. –Agarrando la manga de Harry, Draco empezó a jalarlo hacia dentro de la sala común de Slytherin. Subieron a tropezones por la escalera que conducía al dormitorio de los chicos de sexto y casi atravesaban la puerta cuando la peor cosa que podría haber pasado en ese momento, por lo menos en la humilde opinión de Draco, pasó.

-¡DRACO! –chilló una voz, seguida de inmediato por atronadores pasos que venían del descanso de la escalera. Harry parpadeó y Draco recargó la frente contra el larguero de la puerta, haciendo muecas.

-Mierda –murmuró y entonces se giró hasta que su espalda quedó contra la pared, para así poder ver directamente a Pansy emerger de las escaleras.

-Draco... ¿dónde diablos has estado? –exigió saber Pansy, quien caminó rápidamente hasta Draco, quedando sólo a unos centímetros de él.

-Hola Pansy, cariño –la saludó Draco secamente. Pero ella lo ignoró.

-¡Te dejé con Weasley, él regresó solo, te esfumas durante horas, no te asomas al principio de la cena y cuando finalmente te decides a hacer tu aparición, te sientas en la mesa de Gryffindor sin darme ninguna explicación en absoluto! –Pansy hizo una pausa en su despotrique, respirando pesadamente y empujando un dedo sobre el pecho de Draco. Éste le arqueó una ceja.- ¿Te gustaría decirme qué es lo que está pasando?

-Pansy… -Draco arrugó la frente mientras buscaba algo qué decir. Levantando la mano a ciegas hacia uno de sus lados, tanteó en el aire hasta que atrapó la mano de Harry y entonces jaló al chico hacia delante. Pansy finalmente pareció darse cuenta de que Harry estaba ahí y sus ojos se abrieron desmesuradamente.- ¿Ya conocías a mi… mi… mi…?

-Novio –lo ayudó Harry. Las mejillas de Draco se colorearon de rosa y su agarre en la mano de Harry se apretó.

-Novio –repitió.- ¿Ya conocías a mi novio? –La mandíbula de Pansy cayó hasta el suelo mientras parpadeaba en rápida sucesión.

-Quieres… quieres decir… -Sus ojos se dirigieron velozmente de la cara del chico hacia el otro y de regreso, y entonces sonrió.- Bueno, sucedió antes de lo que esperaba –dijo, riéndose casi sin aliento,- pero bueno; ¿a quién le importa una mierda lo que yo esperaba? –Riéndose otra vez, Pansy envolvió el cuello de Draco con sus brazos y enterró el rostro contra su hombro. Draco se congeló, abriendo mucho los ojos y buscando los de Harry, pero el otro chico estaba muy ocupado tratando de sofocar su risa para ser de alguna ayuda. Haciendo muecas, Draco le dio palmaditas a Pansy en la espalda torpemente hasta que ella al fin lo liberó. Rápidamente, la chica se lanzó hacia Harry, y de repente Draco era el que estaba riéndose entre dientes, aunque él ni siquiera se preocupó por tratar de ocultarlo.

-Um… gracias… Pansy –masculló Harry, masajeándose el cuello con una mano cuando Pansy por fin lo soltó.

-Bueno... ¡felicidades! –dijo ella con un sugestivo tono de voz, sonriendo pícaramente y mirando a cada chico a los ojos.- ¿Esto significa que deberé esperar a realizar yo sola la mayor parte del trabajo de prefectos? –señaló juguetonamente y continuó:- ¡Ya nunca voy a volver a verte! Pasarás todas las noches con él. –Pansy sacudió un pulgar en dirección de Harry.- ¡Es oficial: yo seré la otra mujer en tu vida!

Draco bufó y las mejillas de Harry enrojecieron, pero ninguno de los dos dijo nada. Pansy rió y levantó una mano para dar un par de palmaditas a Draco en la mejilla antes de alejarse. Liberando un suspiro que sonó a pura satisfacción, les sonrió radiante a ambos chicos y se dirigió hacia el descanso de la escalera.

-¡Voy a decírselo a Blaise! –exclamó y bajó dando brinquitos antes de que Draco tuviera oportunidad de llamarla de vuelta. Le dio a Harry una mirada exasperada.

-Ahí tienes. ¿Viste? –dijo Harry, soltando una risita.- Lo tomó muy bien.

-Porque todavía tiene fe en que tú me convertirás –masculló Draco. Harry arrugó un poco el ceño, pero entonces sacudió la cabeza rápidamente y dio un paso hacia Draco.

-¿Ya estamos a solas? –murmuró, rozando su pecho contra el del otro chico. Draco sonrió.

-Creo…

-¡DRACO!

-… que no. –Draco puso los ojos en blanco y fulminó con la mirada a Blaise cuando el chico subió brincando las escaleras. Theodore llegó justo detrás y chocó con la espalda de Blaise cuando éste se detuvo abruptamente. Crabbe y Goyle llegaron después de ellos, moviéndose torpemente.

-Draco, Pansy dice que tú y Potter son… ¡oh! –Blaise parpadeó cuando notó lo estrechamente cerca que Harry estaba de Draco. Theodore se asomó por debajo del brazo que Blaise estaba usando para recargarse contra la pared.

-¿Y es verdad? –gruñó Crabbe.

-¿Es verdad qué? –preguntó Draco en tono aburrido, como si en realidad Harry no estuviera parado tan cerca de él que estaban pecho contra pecho y no hubiera nadie más alrededor. Theodore rodó los ojos e hizo señas entre Harry y Draco. Harry se retorció, abochornado ante la mirada fija de todos.

-¿Tú y… y Potter ya están saliendo juntos? –preguntó Blaise arqueando las cejas.

-Sí –soltó Draco. Hubo un incómodo silencio y Harry trató de alejarse de él, pero Draco tenía una mano aferrada a alguna parte de su túnica, manteniéndolo firmemente en el lugar.

-Oh –dijo Blaise sin sonar muy convincente. Theodore levantó una ceja y Crabbe y Goyle intercambiaron una curiosa mirada.

-Muy bien –dijo Theodore, pasando debajo del brazo de Blaise y encaminándose hacia Draco.- ¿Se quedará a pasar la noche? –Harry y Draco se miraron el uno al otro.

-Er… no –respondió Harry, volteando a ver a Theodore. –No, probablemente deba volver a Gryffindor pronto… -Theodore se encogió de hombros, le dio una palmada a Draco en la espalda y los pasó de largo para entrar al dormitorio.- Buenas noches, entonces –dijo.

-Ah, bueno… felicidades, Draco –dijo Blaise. Le echó un vistazo a Harry y luego miró de nuevo a Draco, sonriendo ampliamente.- Estoy feliz por ti. –Draco asintió y Harry percibió cómo el puño con el que agarraba su túnica se aflojaba un poco. Todavía sonriendo o mejor dicho, riéndose por lo bajo, Blaise desapareció por la puerta hacia la recámara. Draco soltó un suspiro aliviado.

-No tan terrible cómo habías pensado que sería; ¿eh? –preguntó Harry, apoyándose en el pecho de Draco. Éste sonrió con presunción y usó su otra mano para también tomar la túnica de Harry, jalando al chico hacia él.

-Supongo que no –murmuró. Estaba a punto de besar a Harry cuando se detuvo repentinamente.- ¿Hay alguna razón por la que siguen ahí? –preguntó sarcástico, provocando que Harry parpadeara confundido antes de darse cuenta de que Draco les estaba hablando a Crabbe y Goyle.

-Oh, no –farfulló Goyle. Crabbe negó con la cabeza.

-Entonces lárguense y déjennos solos –espetó Draco. Ambos chicos entraron a la habitación moviéndose con desgana, y Draco se aseguró de que la puerta estuviera cerrada antes de voltearse y encontrar los labios de Harry con los suyos en un ardiente beso. Harry sonrió, cerrando los ojos de golpe mientras usaba su lengua para tocar brevemente la de Draco, antes de que éste se moviera hacia atrás y recargara su frente contra la del otro chico.

-Me acabo de dar cuenta lo difícil que va a ser encontrar un poco de privacidad por aquí –dijo Harry suavemente.

-Creo que tendremos que continuar usando el Salón de los Menesteres –dijo Draco de manera rotunda, mirando a Harry a los ojos.

-¿Nos vemos ahí mañana en la noche?

-¿A qué hora?

-¿A las nueve? –Harry se alejó un paso, acariciando los brazos de Draco con sus manos y cerrando los puños gentilmente a la altura de sus muñecas.

-A las nueve me parece bien –respondió Draco. Harry levantó los brazos de Draco por encima de su cabeza y los apoyó contra la pared, inclinándose contra él de nuevo.

-Bien –sonrió. Draco también sonrió y rodó sus caderas. Harry ahogó un gemido e hizo su mejor esfuerzo para no empujar en respuesta.- Te veré mañana, entonces –susurró.

-Mañana –consintió Draco. Harry le dio un rápido besito y entonces se alejó.

-Buenas noches, Draco –le dijo mientras bajaba las escaleras.

-Buenas noches… Harry –respondió Draco en voz baja. Harry se dio la vuelta, sonriendo ampliamente. Draco se encogió de hombros una vez y le dedicó una tímida sonrisita.

-Buenas noches –repitió Harry. Tardó un buen rato en bajar las escaleras sin quitarle la vista de encima a Draco, y entonces por fin se dio la vuelta y salió de la sala común de Slytherin.


Aunque era verdad que Harry y Draco habían decidido que no querían mantener en secreto su relación, eso no significaba necesariamente que creyeran estar listos para que un montón de gente se enterara de inmediato. Pero como se dieron las cosas, la realidad era que no le habían dicho a nadie que por lo pronto deseaban mantener eso oculto y sucedió que uno o dos de sus amigos se lo mencionaron a otros amigos, la gente escuchó, empezaron los rumores, se propagó la verdad y a la hora del almuerzo del día siguiente casi cada estudiante de cuarto año en adelante, sabía que la rivalidad más enardecida de Hogwarts ahora estaba avivada por una pasión de naturaleza completamente distinta.

-Puñetero –murmuró Draco cuando un Ravenclaw de séptimo pasó junto a él y lo miró de manera socarrona. Un par de niñas casi lo apuntaron con el dedo mientras se reían tontamente.- Malditas chismosas. –Estaba encaminándose a clase de Pociones y para donde fuera que mirara, había alguien guiñándole un ojo, sonriéndole jactanciosamente o frunciéndole el ceño. En realidad eso no era nada nuevo, ya que desde las fiestas de los sábados había estado recibiendo todo tipo de miradas como ésas. La única diferencia era, que de repente, había muchas más miradas airadas de las que solía haber antes.

-¡Draco! –lo llamó alguien. Se giró y alcanzó a ver a Harry bajando a toda prisa por el corredor hacia él.- Hola, Draco –jadeó Harry, levantando un brazo para apoyarse en la pared.

-Hola –respondió Draco, arrugando el entrecejo. Harry lo miró con intensidad.

-¿Pasa algo malo? –preguntó. Draco se removió en su lugar, echando un rápido vistazo alrededor antes de regresar su atención a Harry.

-No creerás que esto terminará saliendo en los periódicos; ¿o sí? –escupió, arrugando la frente y mordiéndose distraídamente su labio inferior. Harry levantó ambas cejas.

-¿Qué?

-¡Esto! –dijo Draco con exasperación, haciendo señas entre él y Harry.- ¿Crees que de algún modo El Profeta se enterará de esto? –Harry abrió mucho los ojos.

-Dios, espero que no –dijo en un suspiro. Draco cerró la boca en un gesto apretado y pareció quedarse desconcertado.- Quiero decir… No, eso no es lo que quise decir –dijo rápidamente Harry. Draco frunció el ceño.- Es sólo… ¡Merlín, es que odio a El Profeta! Siempre publican historias sobre mí que son completamente falsas. No puedo ni imaginar lo que dirían acerca de esto. –Harry hizo una pequeña pausa y entonces miró a Draco con expresión molesta.- Por supuesto, la mayoría de esas historias se debieron a causa tuya.

-Je –Draco se encogió de hombros y sonrió presuntuoso antes de arrugar el gesto otra vez.- Es sólo que preferiría que mi madre no se enterara por otros medios –admitió, pasándose una mano por el cabello.- O peor, detestaría que los rumores llegaran a oídos de mi padre… -Harry hizo gestos y asintió dándole la razón.

-No creo que se tomen las noticias muy bien. –Draco negó lentamente con la cabeza.

-No.

-¿Se lo vas a decir a tu madre? –preguntó Harry. Draco respiró profundamente y empezó a juguetear con el dobladillo de su túnica.- Draco –dijo Harry en voz baja.

-¡Mierda, Harry!. ¡Se lo diré tarde o temprano! –rezongó Draco, volteándose y caminando hacia el aula de Pociones.- Sólo… dame un poco de tiempo. –Harry suspiró, siguiendo veloz al otro chico.

-Lo siento –murmuró, deseando tomar a Draco de la mano pero absteniéndose. Ya habían llegado al aula.

-Está bien –respondió Draco. Entraron por la puerta, ignorando la manera en que el lugar quedaba repentinamente en silencio y Harry en seguida perdía veinte puntos por provocar que Draco llegara tarde. Poniendo los ojos en blanco, Harry se deslizó en su asiento junto a Ron y se preparó para soportar una clase con un Snape más malhumorado que de costumbre.


-¿Sabes? En la clase de Pociones perderías muchos menos puntos si de verdad pusieras atención a lo que sucede –comentaba Draco más tarde en la noche, cuando él y Harry por fin habían podido encontrarse en el Salón de los Menesteres. Arrojó su túnica al sofá y se quitó con rapidez la camisa, despeinándose el rubio cabello mientras lo hacía. Sopló hacia arriba con enfado, tratando de quitarse el flequillo de los ojos.

-Hoy Snape estaba sediento de sangre –gruñó Harry, sentándose al borde de la cama y sacándose los zapatos.- Aunque memorizara cada poción del libro, él no me dejaría en paz tan fácilmente. Es probable que haya escuchado los rumores; ¿sabes?

-Bueno, en realidad no son rumores... ¿o sí? –dijo Draco sonriendo travieso, caminando hacia él y en seguida montándose a horcajadas sobre sus caderas. Harry sonrió y se inclinó hacia atrás hasta quedar apoyado con las manos sobre la cama, mientras Draco deslizaba las suyas debajo de la camisa de Harry.

-No, supongo que no –respondió.

-Levanta las manos –ordenó Draco y Harry lo hizo obedientemente para poder ser despojado de su camisa. Draco la arrojó al suelo frente la cama y entonces se movió rápidamente hacia…

… y de inmediato soltó un grito cuando su nariz chocó contra la de Harry, quien también se había inclinado para besarlo.

-¡Auch!

-¡Mierda!

-¡Maldición, Harry! –masculló Draco con la voz más nasal que nunca, mientras se masajeaba su adolorida nariz.

-Disculpa –murmuró Harry, cubriéndose su propia cara con ambas manos. Sus mejillas se pusieron de un leve color rojo pero, sin embargo, estaba riéndose disimuladamente.

-Cállate –largó Draco, pero luego también empezó a reír.- Auch –dijo otra vez, sólo porque sí. Se quitó la mano de la cara y miró a Harry con el ceño fruncido.- Si mañana tengo un solo moratón en mi rostro…

-Será que he marcado mi territorio –bromeó Harry, todavía riéndose.- ¿Lo intentamos de nuevo?

-Sí –sonrió Draco y se movió hacia delante, aunque con un poco de más cuidado esa vez. Reclamó los labios de Harry con un ardiente beso; sus bocas se unieron, calientes y húmedas, y Draco gimió cuando barrió con su lengua en busca de la de Harry. Éste se arqueó hacia él ansiosamente, tomando a Draco por la nuca y luego usando sus dedos para peinar sus sedosos mechones.- He estado esperando esto durante todo el día –jadeó Draco mientras rompía el beso. Harry se relamió y asintió vigorosamente.

-Tú y yo. Ambos –dijo sin aliento antes de jalar a Draco hacia él. Después de eso hubo una oleada de movimiento, muchos besos, meneos y desnudamiento frenético que terminó con un Draco excitado y jadeante yaciendo sobre el montón de almohadas, con un igualmente duro y agitado Harry completamente encima de él y con sus ropas regadas por toda la habitación.

-Vamos, vamos, vamos –urgió Draco, quien tenía los pómulos y el pecho teñidos de rubor. Empujaba su cadera contra la de Harry, mandando descargas de placer desde su punzante miembro hacia todo su cuerpo y que le estaban disolviendo el cerebro. Harry resopló y luego se detuvo, tratando de aclarar su mente mientras aún podía recuperar algo de sentido común.- ¿Trajiste el lubricante? –resolló Draco.

-Por supuesto –contestó Harry de inmediato, mirando hacia la mesita de noche para asegurarse de que continuaba ahí justo al lado de sus anteojos.

-Entonces; ¡hagámoslo! –suplicó Draco, rozando constantemente sus caderas contra las de Harry y pasando un brazo por la parte posterior de su cuello. Jaló a Harry para besarlo de nuevo, levantando su mano libre y tanteando a ciegas en busca del recipiente del lubricante. Harry se lo alcanzó, separándose de Draco y aspirando grandes bocanadas de aire.

-Espera… espera, Draco –jadeó, enderezándose tanto que quedó sentado sobre las caderas de Draco. Éste se empujó contra él otra vez y la punta de su pene rozó contra el de Harry, haciéndolo gemir.- ¡Dios, Draco!

-¡Vamos, Harry! –prorrumpió Draco, arrugando la nariz mientras miraba de manera petulante al chico que estaba encima de él.- Han sido tres malditas semanas…

-¡Sí, exacto! –lo interrumpió Harry viéndolo a los ojos.- Tres semanas. Tres largas semanas.

-¿Y el punto es…? –renegó Draco, acariciando el pecho de Harry con sus manos. El otro chico se las quitó de encima, inclinándose de tal manera que podía ver intensamente a Draco a los ojos.

-Va a ser como si nunca hubiéramos hecho esto antes –dijo lentamente, observando cómo la luz de la comprensión brillaba en los ojos de Draco.

-… Oh –dijo en tono débil.

-Ajá –asintió Harry.- Así que necesitamos tener cuidado. Tomar las cosas con calma.

-Mierda.

-¿Draco?

-¡Mierda!

-¿Qué?. ¿Qué sucede? –preguntó nerviosamente Harry.

-¿Estás diciéndome que todo va a ser de nuevo como la primera vez? –exclamó Draco abriendo mucho los ojos. Harry se aclaró la garganta.

-Erm, bueno, no exactamente como la primera vez –masculló, poniéndose colorado. Draco gimió.

-Maldita sea.

-Mira, ahora ya sé lo que estoy haciendo…

-¡Oh, claro, porque tú has estado practicando mucho!

-¿Te importaría no hacer esto más difícil de lo que ya es? –largó Harry, apretando el bote de lubricante fuertemente entre sus manos. Luego, suspiró.- Lo siento; ¿de acuerdo? De verdad lamento mucho haberte lastimado tanto la primera vez. –Draco se encogió de hombros abochornado y evitó la mirada de Harry volteando hacia otro lado.

-No podrías haberlo sabido –murmuró.

-Bueno, pero ahora ya lo sé. ¿Está bien? –Draco asintió y Harry sonrió levemente.- Está bien –afirmó.- Voltéate.

-¿Qué? –cuestionó velozmente Draco, regresando sus ojos hasta encontrar los de Harry.

-Voltéate –repitió Harry, con una pequeña sonrisa burlona. Draco lo miró recelosamente.

-¿Para qué?

-Sólo… para… –respondió Harry.- No tenemos que hacerlo siempre cara a cara; ¿sabes?

-Pero a mí me gusta hacerlo cara a cara –dijo Draco.

-A mí también, pero hay algo que quiero probar.

-… algo que quieres probar… -repitió Draco con un voz débil. Harry asintió. Respirando un poco más agitadamente, Draco se removió, suspiró, se giró con lentitud hasta quedar boca abajo y exhaló entrecortadamente. Sintió las manos de Harry tomar sus hombros.

-Relájate, Draco –pidió Harry.

-Cierra el pico, Potter –protestó Draco y fue premiado con una pronta nalgada. -¡Oye! –exclamó, girándose un poco para poder ver a Harry. Éste, simplemente le arqueó una ceja y le hizo una seña con la mano para pedirle que se volteara. Draco lo hizo de muy mala gana, apoyando su mentón sobre las manos.

Harry se echó hacia delante, depositando un beso en el hombro de Draco. Abrió su boca de tal manera que pudo resbalar su lengua vehementemente a lo largo de su piel, continuando su camino por toda la espalda del chico y dejando un trayecto de húmeda saliva conforme se movía. Levantándose un poco, Harry exhaló suavemente sobre el recorrido que había dejado, sintiendo a Draco temblar por el repentino cambio del calor al frío. El chico jadeó y Harry sonrió, bajando con su lengua por los pequeños montículos de la espina dorsal de Draco.

-¿Te hablé del regalo de Navidad que me dio Seamus? –murmuró Harry, haciendo que su aliento tibio rozara a través de la espalda de su compañero. Draco se estremeció de nuevo.

-N-n-no –tartamudeó, demasiado inmerso en las sensaciones que Harry le estaba proporcionando como para preocuparse por lo que Finnigan le había regalado. Sintió los labios de Harry estirarse en una sonrisa cuando puso otro beso sobre su piel.

-Tendremos que darle las gracias más tarde –susurró Harry, quien estaba de nuevo trazando el camino de la espina de Draco con su lengua. Llegó hasta la curva del culo de Draco y se detuvo por un momento, observando cómo Draco se congelaba debajo de él.

-Um… Harry… -dijo Draco quedamente, mirando hacia la cabecera de la cama con los ojos muy abiertos mientras trataba de imaginarse qué era exactamente lo que Harry estaba planeando hacer. Éste lo ignoró, colocando suavemente sus manos en las protuberancias de su trasero. La respiración de Draco se agitó y sus ojos se abrieron todavía más cuando percibió que Harry le separaba las nalgas y respiraba muy cerca de su entrada.

-H-Harry… -Draco no estaba en absoluto preparado para la sensación de la lengua de Harry deslizándose jugosamente sobre su trasero. Literalmente, el chico saltó y gritó de manera espectacular. Llevó una mano hacia delante para aferrarse de la cabecera mientras que usaba el otro brazo para apoyarse sobre el codo y poder voltear a ver a Harry, con un gesto de impacto en la cara. De alguna forma, había terminado apoyado sobre sus rodillas.

Y Harry le estaba sonriendo. O mejor dicho, mirándolo con lasciva.

-¿Qué… qué…? –La respiración de Draco eran ahora jadeos entrecortados.- ¿Qué demonios fue eso? –chilló.

-Una cosita que acabo de aprender –respondió Harry engreídamente.

La boca de Draco se abrió y cerró un par de veces antes de que consiguiera sacar un: -¿De quién?

-De Seamus –dijo Harry y Draco de inmediato entornó los ojos. Harry se rió.- ¡No! No, él me dio el libro en Navidad –explicó. Draco continuó mirándolo con suspicacia.

-¿El libro? –repitió. Harry asintió.

-¡Sí! Y tú eres el único que sabe que lo tengo –dijo.- Por obvias razones. Ahora, voltéate de nuevo.

-¿Por qué?. ¿Vas a… ah?

-Sí –respondió Harry en seguida, aunque en realidad Draco no había formulado ninguna pregunta. Draco frunció el entrecejo.

-Pero…

-Draco.

-¡Pero es asqueroso! –exclamó. Harry se encogió de hombros, sonriendo pícaramente.

-Nop, no realmente. –Draco parpadeó y pausadamente se volteó, casi incapaz de creer que eso estuviera pasando. De que Harry de verdad quisiera hacer… eso.- Le llaman rimming –añadió Harry de último momento, aparentemente listo para retomar el asunto porque Draco pudo sentir su cálido aliento rozar sobre él de nuevo.

-Es desagradable –masculló, ignorando los escalofríos que recorrían su espina dorsal.

-Te gustará –le aseguró Harry.

-Lo dudo –dijo Draco, torciendo su cabeza para ver a Harry a los ojos. El chico sólo sonrió.

-Draco, confía en mí –dijo simplemente.

-Pero…

-Confía. En. Mí. –Draco pestañeó y encaró la cabecera de la cama de nuevo.

-Confío en ti –susurró, equilibrándose sobre sus manos y rodillas. Sus dedos se aferraron inconscientemente de la suave tela que cubría la cama, como si se quisiera sostener de sólo Dios sabía qué. Y entonces, la lengua de Harry estaba de regreso, deslizándose sobre él y Draco jadeó cuando sus piernas se tensaron involuntariamente. Harry empezó a lamerme su sensible piel, recorriendo con su lengua sobre y alrededor de su esfínter y Draco no pudo detener el gemido que escapó de su boca. Su rostro se sentía arder y sabía que estaba ruborizado. Le mortificaba que esa cosa tan repugnante que Harry le estaba haciendo, estuviera realmente provocando que su pene se estremeciera y se levantara.

Draco pudo sentir su sonrojo esparcirse por su cuello y sobre su pecho, y entonces su cuerpo entero se sintió tan repentinamente caliente que tal vez no hubiera nada de qué avergonzarse. La lengua de Harry circuló su entrada una vez más antes de que su boca se bajara para chupar levemente la piel que estaba justo debajo de sus bolas. Draco se retorció, jadeó y gimió roncamente, todo a la vez, y entonces se resignó al hecho de que esa cosa del rimming que Harry estaba haciendo se sentía jodidamente bien. Su mano se levantó en busca de la cabecera y cuando Harry elevó de nuevo su boca para lamer otra vez la sensible piel del culo de Draco, éste no pudo evitar empujar su cuerpo contra la cara de su compañero.

Eso sólo pareció incitar a Harry a actuar más, porque de repente sus manos estaban separando aún más las nalgas de Draco y su lengua estaba introduciéndose en él con cortas y rápidas estocadas.

-Oh, Dios… ¡Harry! –jadeó Draco, oprimiéndose una vez más contra aquel húmedo músculo. Harry se internó más profundo, pero no era suficiente. Draco necesitaba más, necesitaba ser llenado, necesitaba…- ¡Ah, mierda!. ¡Dios, Harry! –exclamó cuando Harry cerró por completo su boca alrededor de la entrada de Draco y chupó.- ¡Mierda! Por… -Harry se retiró un poco y comenzó a penetrar de nuevo a Draco con su lengua.- … todos los… -Draco se movió de nuevo hacia atrás, tratando de que Harry se introdujera más profundamente.- … ¡Demonios! –Harry deslizó su lengua sobre Draco por última vez y luego se retiró para alcanzar el lubricante.

-¿No estuvo mal, eh? –bromeó Harry, untándose la resbalosa sustancia en su extremadamente dura erección. Estaba tan excitado a causa de aquello, que podría haber terminado sin ninguna otra estimulación más que los sonidos que Draco había estado haciendo…

-Jodidamente podría haber sido mejor –jadeó Draco, abriendo más sus piernas y levantando su culo cuando Harry lo incitó a hacerlo.

-Nop, definitivamente que no –dijo quedamente Harry, alineándose detrás de él.- Dios, te ves tan bien así. –Observó a Draco desde arriba y notó que el chico parecía estar completamente relajado, descansando su cabeza en el brazo con el que estaba todavía agarrado de la cabecera de la cama y su otra mano aún aferrada al cobertor de la cama. Respirando con profundidad, Harry empezó a empujar contra él.

De inmediato, Draco gimió y abrió todavía más sus piernas como si tratara de acostumbrarse a la dureza de Harry dentro de él. De hecho, había empezado a empujarse hacia atrás cuando el primer pinchazo de dolor atravesó su espina dorsal y la realidad lo golpeó cuando se dio cuenta qué era lo que estaba pasando.

-¡Ah, es-espera, Harry! –chilló y el pánico lo invadió de inmediato. Torció su cabeza hacia atrás, tratando de ver a Harry a los ojos.- ¡Alto!. ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! –Harry se congeló, envolviendo reconfortablemente un brazo alrededor de la cintura de Draco y alcanzando con su otra mano la del rubio.

-Shhh, cálmate –dijo con suavidad, deseando que la respiración agitada de Draco se tranquilizara.

-¿Cómo mierda esperas que me calme?¡Estás tratando de follarme sin ninguna preparación!

-Todo lo que acabo de hacer fue preparación –murmuró Harry. Draco hizo una pausa, parpadeando.

-Pero… ¿Cómo…?

-¿Te está doliendo justo ahora?

-Bueno, no… pero estaba empezando a doler. –Draco se removió un poco e hizo una mueca. –Ajá, ahí está.

-No usé mis dedos porque… porque ya estabas relajado y listo –explicó Harry, arrugando la cara debido la concentración que necesitaba para mantenerse completamente quieto. Jadeó cuando Draco se removió otra vez.- No quería… ponerte nervioso… otra vez. –Harry tragó trabajosamente.- ¿Comprendes? –Draco asintió lentamente.- Muy bien… bien, estoy ya a la mitad del camino. ¿Podrás soportar el resto?

-… Claro –asintió Draco de nuevo.- Claro que podré. –Harry se sentó un poco, jalando a Draco hacia arriba y más cerca de él, entrelazando sus dedos con los suyos. Su otro brazo se apretó alrededor de la cintura de Draco y comenzó a bajarlo con cuidado hasta que quedó sobre su regazo. Draco jadeó, apretando su mano alrededor de la de Harry mientras el miembro de éste se introducía lentamente un poco más, pero el otro chico no se detuvo hasta que quedó completamente dentro de Draco.

-¿Cómo estás? –jadeó, descansando su frente contra la sudorosa piel de la espalda de Draco.

-Nggh –fue la forzada respuesta de Draco.

-¿Me puedo mover?

-Ahh… sí –dijo Draco sin aliento, tratando de quitarse el cabello de los ojos.- Sí, muévete. –Harry se inclinó hacia delante, cambiando su posición de nuevo hasta que Draco quedó de nueva cuenta sobre sus rodillas y manos, antes de salirse e introducirse lentamente otra vez. Draco jadeó y se estremeció y Harry buscó con su mano alrededor de las caderas de Draco hasta que encontró la erección del chico y la apretó con firmeza. Draco gimió roncamente y entonces Harry lo embistió otra vez.

-Dios, Draco –susurró, estableciendo rápidamente un ritmo constante en las penetraciones.- Yo… ah… te sientes tan bien… -Draco se inclinó y gimió, empujándose contra él. Harry cerró los ojos fuertemente y acarició la erección de Draco arriba abajo, manteniendo la misma cadencia de su propio movimiento. Draco estaba todavía bastante estimulado por lo que había pasado anteriormente, así que no le llevó mucho más que un par de certeras embestidas del otro chico para derramarse, caliente y húmedo, cubriendo por completo la mano de Harry y las ropas de la cama, gimiendo ruidosamente y aspirando profundas bocanadas de aire como su no pudiera obtener el suficiente. Se mantuvo empujándose contra Harry y en menos de un minuto, éste gritó y también vertió su propia semilla dentro de Draco.

Harry colapsó sobre la espalda de Draco y los brazos de éste temblaron bajo el peso adicional. Saliéndose con gran cuidado, Harry se dejó caer a un lado y aterrizó de espaldas, jadeando pesadamente mientras observaba a Draco desplomarse también sobre la cama.

-Dios –murmuró Draco cerrando los ojos. Harry sonrió soñolientamente.

-¿Bueno? –preguntó.

-Sí.

-Je. Te dije que volverías a estar abajo. –Draco se rodó para encarar a Harry y medio golpeando su brazo. Harry le sacó la lengua.

-La próxima vez será tu turno –masculló Draco justo antes de bostezar ruidosamente.

-De acuerdo –asintió Harry.- El sábado hay salida a Hogsmeade… ¿nos quedamos aquí en vez de ir? –Draco abrió un ojo y miró intensa y borrosamente a Harry.

-¿Tan pronto hay salida a Hogsmeade?

-Y el siguiente fin de semana hay partido de quidditch. Ravenclaw contra Hufflepuff.

-Hmm. –Se quedaron en silencio por un par de minutos, antes de que Draco se volteara sobre su espalda y se estirara. Hizo algunos gestos y se obligó a levantarse hasta quedar sentado.

-¿Adónde vas? –preguntó Harry, bostezando en esa ocasión.

-La cama está mojada y pegajosa. Y necesito una ducha. Así que mejor me voy. –Harry frunció el ceño, rodando hasta quedar boca abajo y tratando de enfocar el rostro de Draco.

-¿Vas a regresar a Slytherin?

-Ajá –confirmó Draco. Comenzó a bajar de la cama, pero se detuvo de repente y se giró para mirar a Harry a la cara. Harry le sonrió, y entonces Draco se agachó para darle un largo y lento beso en los labios, aunque ninguno de los dos hizo el intento de profundizarlo. Draco se alejó, luciendo todavía más sonrojado que un momento antes y empezó a reunir sus ropas. Harry gimió y se sentó.

-¿Quieres mi capa otra vez? –ofreció mientras trataba de ponerse los pantalones.

-Sí –respondió Draco de inmediato, sonriendo ampliamente.- Pero sólo por el placer de tenerla. Es genial; ¿sabes? –Harry se rió y se la pasó.

-Supongo que debo estar muy agradecido de que mañana no tengamos Pociones –dijo. Draco sonrió con presunción.

-Como si no hubieras disfrutado cada instante de eso –bromeó, echándose la capa sobre los hombros. Harry se sonrojó y caminó hacia Draco para besarlo otra vez.

-Buenas noches –susurró, terminando de poner la capa sobre la cabeza de Draco. Sintió una mano apretarlo brevemente, luego la puerta se abrió y se cerró de nuevo. Harry se quedó solo.


Notita de traducción:

Rimming: En español suele llamarlo "beso negro", pero la verdad a mí me parece una horrible manera de hacerlo :P Me gusta mucho más la palabra en inglés y concuerdo completamente con Allalabeth en que suena con mucha más clase ;)