STARTS WITH A SPIN

Comienza con un giro

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Escrito por:

Maxine

traducido por:

Perla

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Capítulo 14

La mañana del lunes encontró a Draco sentado con Harry en la mesa de Gryffindor del Gran Comedor. La verdad era que no estaba muy seguro de cómo había terminado ahí con él, pues estaba bastante convencido de que era el turno de Harry de sentarse en la mesa de los Slytherin. Y para empezar, tampoco estaba seguro de porqué estaban desayunando tan jodidamente temprano y por lo tanto, de todas maneras habría sido inútil que se sentaran en la mesa de Slytherin porque ninguno de sus camaradas estaba todavía ahí. Como fuera, Hermione era la única de los amigos de Harry sentada con ellos y se encontraba bastante ocupada leyendo y repasando sus notas de Transformaciones para el examen que tenían más tarde ese mismo día.

-¿Me podrías decir de nuevo por qué demonios estamos tomando el desayuno tan temprano? –preguntó Draco, o mejor dicho, se quejó de mala gana mientras picoteaba distraídamente su avena. Estaba completamente inclinado sobre la mesa, apoyando un codo y descansando la cabeza en su mano.

-Porque –dijo Harry entre dientes al tiempo que se peleaba con un paquete de Grajeas de Todos los Sabores Bertie Bott que Ron le había traído de Hogsmeade y aparentemente se rehusaba a ser abierto. –Te pregunté a qué hora querías verme y me respondiste que empezando el desayuno, por lo que tuve que salir a rastras de mi cama y bajar con Hermione. Así que no es culpa mía que no sepas a qué hora lo sirven a pesar de los seis años que tienes aquí. –Draco frunció el ceño, observando cómo Harry empezaba a jalar el paquete en diferentes direcciones mientras gruñía un poco.

-Estoy convencido de que yo no sugerí una hora tan inconveniente –dijo con arrogancia y elevando ligeramente el mentón. –Debes haber entendido mal.

-Sí, claro, eso fue lo que pasó –masculló Harry sarcásticamente. Le dio un último jalón a sus grajeas y luego arrojó el paquete encima de la mesa. Se cruzó de brazos mirándolo con enojo.

-¿Estás seguro que puedes comer eso como desayuno, Harry? –preguntó Hermione sin levantar la vista de sus notas. Harry rodó los ojos, cuidándose de que ella no se diera cuenta y comenzó a tirar del paquete de nuevo.

-No voy a comerme esto como desayuno –renegó, pelando los dientes mientras jalaba. –Me las voy a comer junto con mi desayuno. De hecho, creo que ni siquiera me las voy a poder comer porque; ¡este maldito paquete de mierda no se ABRE!

-¡Harry! –lo regañó Hermione, levantando la mirada esa vez. -¡Cuida tu lenguaje! –Harry la ignoró, jalando más fuerte del paquete y Draco soltó una risita.

-Pareces como si estuvieras estreñido, Potter –dijo, sonriendo con sorna.

-Gracias, Draco. Yo también te quiero –murmuró Harry distraídamente, dejando caer los brazos a los costados y arrojando las grajeas una vez más sobre la mesa. Draco abrió desmesuradamente los ojos mientras que Harry tomaba un pedazo de tocino e inconscientemente se lo metía a la boca. Entonces, también él abrió mucho los ojos y aspiró bruscamente, casi ahogándose con el tocino. –Ah-yo… yo-yo qui-qui-se decir… -tosió, aferrándose a su vaso y tomando varios tragos rápidamente. –Quise decir… que lo que quise decir fue… que no era lo que quise decir –terminó de explicar poco convincentemente, con las mejillas encendidas y los ojos fijos en su plato. Draco parpadeó, sintiendo su cara arder y mirando a la nada en dirección opuesta.

-De verdad espero que no –dijo, esforzándose por sonar despreocupado y echándole un vistazo a Harry. Los ojos de Harry, fijos en su plato, se entrecerraron un poco al tiempo que su rostro se tensaba. Draco se mordió el labio. –Quiero decir… ahh… hmmm. –Hubo un momento de incómodo silencio, el cual Hermione logró ignorar de algún modo y entonces, Draco dijo rápidamente: -¿Me podrías pasar los arenques ahumados?

-Sí, por supuesto –respondió Harry igual de veloz. Se los pasó y de repente el embarazoso momento quedó atrás; Harry regresó a su intento de abrir las grajeas Bertie Bott y Draco siguió empujando la comida por todo su plato. Frente a ellos, Hermione suspiró profundamente y cerró su cuaderno de notas. -¿Ya terminaste? –le preguntó Harry.

-No, tendré que darle otra revisada durante el almuerzo –respondió Hermione, estirando el brazo por encima de la mesa para tomar un plato con tostadas. –No me ha quedado muy claro algo de la teoría del capítulo once –comentó mientras untaba mermelada sobre una tostada.

-Ah, correcto -murmuró Harry sin poner atención. Hermione lo observó atentamente, luego suspiró otra vez y dejó su cuchillo en la mesa.

-Harry, he querido preguntarte… bueno, de hecho he querido preguntarles a ambos, a Draco y a ti. –Draco le echó un vistazo cuando escuchó su nombre y le dio a la chica una mirada aburrida que decía "te-estoy-escuchando-pero-definitivamente-no-me-interesa". Hermione continuó nerviosamente: -A lo que me refiero es que nosotros no aprendemos este tipo de cosas en Hogwarts y estoy muy segura de que los Dursley no te dijeron nada al respecto… y no es un tema que hablarías con tus amigos, y estoy convencida de que la señora Weasley querría hablarte de ello pero probablemente no creía que tenía que hacerlo ya. Y no tengo idea si Draco lo sabe, pero pensé que debía adelantarme y asegurarme…

-¡Hermione! –la interrumpió Harry, intercambiando una mirada divertida con Draco. El otro chico puso los ojos en blanco y se llevó el vaso a los labios. –Sólo di lo que estés tratando de decir; ¿quieres?

Hermione asintió y tomó un profundo respiro. Y justo cuando Harry le daba al paquete de grajeas un jalón particularmente fuerte, ella lo soltó: -Sólo quiero asegurarme de que Draco y tú estén practicando sexo seguro. –Draco se ahogó con su bebida y Harry brincó en su asiento, rompiendo por fin el paquete y arrojando las grajeas de colores por los aires. Cayeron esparcidas por toda la mesa, algunas acuatizaron en las jarras de jugo de calabaza que estaban frente a ellos mientras que otras rodaron hasta el borde y luego directo al piso. Unas pocas rebotaron en los anteojos de Harry, quien estaba muy ocupado mirando a Hermione con los ojos desorbitados como para darse cuenta.

-¿Qué fue lo que dijiste? –preguntó en tono sofocado mientras que detrás de él, Draco tosía ferozmente. Muy en el fondo deseó que Draco no estuviera asfixiándose, pero estaba demasiado conmocionado como para cerciorarse. Hermione jadeó enfadada, rodó los ojos y se serenó.

-Quiero asegurarme de que Draco y tú estén practicando sexo seguro –repitió con un tono de voz mucho más controlado. –No estoy completamente segura de qué tipo de enfermedades se puedan contraer en el mundo mágico; pero sé que en el mundo muggle, al llevar una vida sexual activa, deben tener mucho cuidado de no pescar el VIH…

-¡Dios!... ¡¡He-Hermione!! –tartamudeó Harry, aferrando las manos al borde de la mesa. Todavía la miraba impactado. -¡No puedes venir y simplemente preguntarnos eso!

-Sí, claro que puedo y me parece que eso es justamente lo que acabo de hacer –replicó Hermione. –Ahora bien, encontré algunos hechizos de protección…

-¡Hermione!

-Harry –le dijo en el mismo tono. -¡Vas a escuchar lo que tengo que decirte!

-¡No, no lo haré!

-Creo que esto no es de tu incumbencia. ¿O sí, Granger? –graznó Draco cuando por fin fue capaz de llenar sus pulmones con el aire necesario para hablar.

-Por supuesto que me incumbe, y mucho –dijo Hermione. –Harry es mi amigo. Sólo quiero asegurarme de que…

-Hermione, por favor –gimoteó Harry, cruzando los brazos sobre la mesa y enterrando su cara entre ellos. Las puntas de sus orejas estaban rojas.

-¿Han estado usando condones? –preguntó Hermione clínicamente. La cabeza de Harry se levantó de golpe y la miró con ojos rabiosos.

-¿De dónde demonios podría yo haber sacado condones?

-¿Qué demonios son condones? –preguntó Draco en voz alta, lo que le valió una mirada extrañada de Justin Finch-Fletchey, quien estaba pasando por ese momento junto a su mesa camino a la de Hufflepuff. Hermione le dirigió a Harry una mirada un tanto decepcionada.

-¡Habría esperado que al menos tú supieras algo sobre eso! –lo amonestó.

-¡Sí lo sé! –insistió Harry. –Pero… Merlín, Hermione. ¡Ninguno de los dos hemos estado nunca con nadie más!. ¿De dónde podríamos haber contraído cualquiera de esas… esas enfermedades?

-Empezar a practicar a tiempo nunca está de más –dijo Hermione con desdén y levantando un poco el mentón. Harry gimoteó otra vez y a pesar suyo, Draco se rió disimuladamente.

-Si yo acepto que me des una lista de… de los hechizos de protección que encontraste; ¿dejarás este tema a un lado y podremos fingir que esta conversación nunca existió? –preguntó Harry débilmente. Hermione resopló.

-Oh, está bien –dijo ella exasperada, regresando la atención a sus notas. –Supongo que sí.

-Gracias a Dios –masculló Harry.

-Harry... ¿qué son condones? –preguntó Draco de nuevo en voz baja, inclinándose hacia su novio mientras lo hacía. Harry se ruborizó.

-Eh… bueno… -farfulló. Para su fortuna, fue interrumpido cuando el resto de sus compañeros de dormitorio llegaron en ese justo momento a sentarse a la mesa.

-Buenos días, Harry –dijo Seamus alegremente, sirviéndose de los arenques. Harry lo saludó con un movimiento de cabeza antes de girarse hacia Ron, quien se había sentado a un lado de Hermione.

-Hola, Harry –saludó distraído el pelirrojo, vertiendo jugo de calabaza en su vaso. Harry se aclaró la garganta, provocando que Ron rodara los ojos y volteara hacia el rubio con el ceño fruncido. –Malfoy –dijo glacialmente. Harry sonrió y Draco puso gesto de autosuficiencia.

-Weasley –dijo, fingiendo gran alegría. Intentó sonreír, pero realmente no hizo un gran esfuerzo y su gesto terminó pareciendo más como una burla que otra cosa. Ron bufó.

-¿Por qué hay grajeas por toda la mesa? –preguntó con curiosidad Neville desde su lugar a un lado de Ron.

-Eh…

-Harry; ¿qué son condones? –le susurró Draco para que nadie más pudiera escuchar.

-Ahh… -Fue salvado de responder ambas preguntas porque en ese instante llegó el correo y las lechuzas empezaron a planear por todo el Gran Comedor. Aunque eso sólo distrajo a Draco durante un segundo, ya que una vez que se aseguró de que ninguna lechuza era para él, comenzó a jalar a Harry de una manga otra vez. Harry rodó los ojos, pero de repente Hermione soltó un ruidoso jadeo y de nuevo no tuvo que contestar ninguna pregunta.

-¡Harry! –exclamó Hermione frenéticamente, mirándolo con los ojos muy abiertos. Abrió la boca varias veces como si tratara de decir algo y al final sólo le arrojó el periódico mientras empezaba a retorcerse las manos.

-Oigan, papá me envió una carta –comenzó a decir Ron, pero Harry estaba demasiado ocupado mirando el encabezado de El Profeta como para ponerle atención. Sus manos estrujaron el periódico tan fuerte que lo rompió un poco de la parte inferior.

ATAQUE MORTÍFAGO EN DEVON

La Marca Tenebrosa fue encontrada sobre un hogar muggle. No hay sobrevivientes.

Harry leyó rápidamente el artículo y levantó la mirada hacia Ron y Hermione, quienes lo observaban ansiosos.

-Papá me escribió una carta hablándome al respecto –explicó Ron quedamente. –Dice que continuará escribiéndonos para enterarnos de los hechos y no nos quedemos sólo con las tonterías que El Profeta suele publicar.

-Bien –dijo Harry, regresando sus ojos al artículo. –Eso está bien… Espera; ¿los Mortífagos presos en Azkaban escaparon? –Hermione, todavía retorciéndose las manos, miró a Ron pero él ya estaba leyendo la carta en busca de la respuesta.

-… No –respondió al fin sin levantar la vista. –No, papá especifica claramente que no han escapado.

-Supongo que era mucho pedir que los que metimos en prisión realmente significaran un menoscabo para los planes de Ya-Sabes-Quién –murmuró Hermione. –Quiero decir; ¿a cuántos logramos capturar únicamente? –Harry se encogió de hombros.

-¿Seis o siete, quizá? La peor de todos logró escapar… la perra de Lestrange –dijo amargamente. Revisó el artículo una vez más, deteniendo sus ojos en el nombre de la familia asesinada. –Hawthorne… ¿Por qué me suena familiar?. ¿Conocemos a algún Hawthorne?

-Tal vez te estás confundiendo con Nathaniel Hawthorne –opinó Hermione. Todos la miraron con expresiones vacías. -¡Por favor!. ¡El que escribió La Letra Escarlata!

-Como si todos hubiéramos leído eso –masculló Ron. -¿Era un muggle?

-Andy Hawthorne –los interrumpió Draco repentinamente, causando que Harry se sobresaltara con desconcierto y casi volcara su vaso. Hermione y Ron también lo miraron sobrecogidos y era obvio que ambos habían olvidado completamente que Draco estaba todavía ahí. –Tú debes acordarte de él, Harry; era el buscador de Ravenclaw cuando estuvimos en primero y segundo. Lástima que tuviera que ser asesinado, era muy buen jugador –continuó Draco en un tono bajo y casi aburrido. –Aunque no sabía que era hijo de muggles. Ahora, si me disculpan, acabo de recordar que dejé uno de mis libros en la sala común. –Con eso, Draco se levantó de la mesa y se alejó rápidamente hacia la salida del Gran Comedor. Harry lo observó irse, suspirando.

-Olvidé que estaba aquí –dijo en voz baja, girándose hacia Hermione y Ron. –No habría mencionado a los Mortífagos presos en Azkaban… ni tampoco a Lestrange. –Hermione lo miró comprensivamente, pero Ron frunció el ceño.

-No debes callarte tus opiniones sólo porque es su padre –dijo. –Es culpa del bastardo haber terminado en prisión. ¡Además, se lo tiene bien merecido!

-Por supuesto, eso lo sé –respondió Harry, jugueteando con un hilo suelto del dobladillo de su túnica. –Pero aún así…


El ataque del lunes no fue sólo un caso aislado. Hubo otro encabezado en el periódico del martes y dos más en la edición del miércoles. Para el jueves, todo el mundo se estaba poniendo inquieto. Por los corredores se suscitaban conversaciones susurrantes todo el tiempo y de vez en cuando, algún alumno preocupado estallaba en llanto. Hermione empezó a lucir como si fuera a convertirse en uno de esos nerviosos estudiantes. La noche del miércoles, Harry no había podido dormir y al bajar del dormitorio hacia la sala común, se encontró a su amiga completamente despierta ante una mesa llena de mapas y ejemplares de periódicos.

-No puedo encontrar un patrón –susurró ella frenéticamente, con los ojos muy abiertos y revisando de manera veloz los papeles que tenía enfrente. Había marcado con un círculo los lugares donde habían sucedido ataques hasta ese día. Harry la observó durante un angustioso momento antes de sentarse a su lado.

-Hermione, hasta ahora sólo han atacado en cuatro ocasiones –le dijo en voz baja. –No tienes probabilidades de encontrar ningún tipo de patrón todavía.

De hecho, la única similitud entre los ataques era que habían sido perpetrados contra muggles que tenían por lo menos a un hijo mago. Ciertamente, eso no sorprendía a nadie, aunque era digno de ser mencionado. En dos de los ataques, el único mago de la familia ni siquiera había estado presente y sólo sus familiares habían sido asesinados. El padre de Ron les mandaba una carta todas las mañanas, bajo instrucciones específicas de no compartir la información con nadie más a excepción de Ginny. Las cartas siempre contenían más detalles que lo que decía El Profeta, aunque en realidad no era mucho. Sin embargo, era halagador ser incluidos e informados acerca de lo que estaba pasando. Especialmente si no tenía mucho que ver con la Orden.

Ese miércoles, Harry había recibido una carta de Remus. No decía mucho aparte de pedirle que se cuidara, que se mantuviera a salvo y que no hiciera nada imprudente. Traía un pequeño párrafo donde le contaba que la Orden había estado celebrando reuniones para tratar de elaborar un plan, pero la evidente verdad era que no había mucho que ellos pudieran hacer por el momento. Casi en todas las cartas que el trío recibía, les repetían una y otra vez el hecho de que todos los Mortífagos capturados continuaban aún en Azkaban. Harry se preguntó vagamente si debía contarle a Remus que el hijo de Lucius Malfoy, ahora era su novio.

O tal vez, primero debería contarle que había descubierto que era gay…

O quizá no.

El jueves despertaron con la noticia de dos ataques más y con la profesora Sprout acompañando a una Hufflepuff de tercero afuera del Gran Comedor antes de que llegaran los periódicos.

Ella fue la primera alumna de Hogwarts en perder a su familia en un ataque.

Harry suspiró y picoteó su comida. No tenía apetito en absoluto y continuamente ignoraba los severos regaños que Hermione le hacía por no comer. Levantando la mirada, inconscientemente recorrió con los ojos la mesa de Slytherin de un lado a otro hasta que encontró a Draco y entonces, permaneció observándolo fijamente hasta que el chico levantó la mirada y lo notó.

Draco estaba charlando con Pansy acerca de un ensayo para Pociones que se suponía tenían que entregar ese día, pero la conversación lo había aburrido demasiado rápidamente. Suspirando con dramatismo, echó un vistazo por toda la extensión de la mesa de Gryffindor y se sobresaltó ligeramente cuando descubrió que Harry lo estaba observando.

¡Bueno, ya era hora, maldita sea!

Sin contar los apresurados saludos que se habían dado el uno al otro por los pasillos, Draco apenas sí había hablado con Harry durante aquella semana. No habían conversado ni siquiera durante las clases que tomaban juntos y cuando Draco creía ver por fin una oportunidad de acercase a Harry, se encontraba con que éste estaba siempre involucrado en una acelerada y ansiosa charla con sus dos compinches. Tampoco habían vuelto a comer juntos desde el lunes, aunque eso en realidad, pensaba Draco, era culpa de Harry. Desde que el Señor Oscuro había empezado con los ataques, Harry lo había rechazado más veces de lo que era aceptable y a la mierda si volvía a intentar hablar con él de nuevo.

Pero entonces, Harry le sonrió y luego empezó a engullir un plato de cereal, masticando cada bocado lo más lento posible y lamiendo lánguidamente la cuchara cada vez, en un modo que no podía ser más provocativo.

Oh, diablos.

El desayuno terminó y Draco estaba de pie y saliendo por las puertas menos de treinta segundos después de que Harry lo hiciera. No había ido lejos; Harry estaba todavía caminando lentamente cerca de la entrada principal, sosteniendo otra de esas conversaciones secretas con sus amigos. Draco se acercó a ellos justamente cuando comenzaban a dirigirse a las escaleras y maldijo por lo bajito antes de dejar la paciencia a un lado y gritar el nombre de su novio.

-¡Harry! –dijo airadamente, sin sorprenderse cuando el otro chico pareció no escucharlo. -¡Oye, Potter! –Esa vez, Harry si volteó y la expresión que iluminó su rostro casi compensó los cuatro días de indiferencia de esa semana.

-Draco –dijo felizmente, caminando hacia él. Draco estaba intentado poner cara de enojo y proyectar vibras de "no-me-toques-con-una-mierda", pero aparentemente eso no desalentó al todopoderoso niño-que-vivió, porque Harry lo tomó suavemente de una muñeca mientras depositaba un rápido besito en sus labios.

Por un momento, Draco lo miró con el ceño fruncido. Pero Harry realmente no parecía creer que algo estuviera mal, así que Draco lanzó un enorme suspiro y casi arrojándose sobre él, le correspondió el beso ávidamente. Los brazos de Harry envolvieron de inmediato la cintura de Draco y la pareja se quedó así, besándose lentamente por varios segundos antes de ser interrumpidos por un ruidoso carraspeo de Ron. Draco se giró hacia el pelirrojo para escupirle algún insulto, pero Harry lo tomó por el mentón y lo hizo regresar su mirada hacia él.

-¿Cuál es tu última clase de hoy? –le preguntó en voz baja. -¿Herbología, verdad? –Draco parpadeó, sorprendido de que Harry supiera eso. Asintió.

-¿Por qué?

-¿Puedes faltar? Eres bueno en Herbología.

Los labios de Draco se curvaron en una sonrisa y deslizó sus manos hacia abajo, desde los hombros de Harry hasta su pecho y las aferró a la tela de su túnica. –Supongo que puedo faltar –dijo muy digno. –Si es por una buena causa. –Harry sonrió, empujando sus caderas hacia delante y rozando ligeramente las de Draco.

-Es por una muy buena causa –murmuró. -¿Nos vemos afuera de Gryffindor? –Draco hizo una pausa, inclinándose hacia atrás un poco para así poder ver más fácilmente a Harry a los ojos.

-… De acuerdo –dijo con voz queda. –Ahí estaré.


Lograron mantenerse ocupados todo el tiempo que duró la cena, moviéndose, deslizándose y arqueándose el uno contra el otro. Le dieron el mejor uso posible a sus bocas, dejándose rastros calientes, húmedos y pringosos en sus cuerpos desnudos. A Draco tendría que haberle molestado el hecho de que tendría que usar de nuevo camisas de cuello alto durante toda la semana, pero por el momento estaba demasiado ocupado para preocuparse al respecto.

Y por otro lado, esta vez Harry también tendría que usar el mismo tipo de camisas, lo que lo hacía un tanto mejor.

-Mmmm, eso se sintió muy bien –murmuró Harry, apretando más firmemente sus brazos alrededor de la cintura de Draco. Todavía estaban acostados en la cama de Harry y éste tenía su mejilla apoyada sobre el estómago del chico. Draco acariciaba el cabello de Harry con una mano de manera un tanto distraída, mirando fijamente el horroroso color rojo del dosel. Suspirando, enredó sus piernas con las de Harry y usó su otra mano para recorrer su espalda de arriba abajo. Harry dejó escapar un gemido de satisfacción, retorciéndose para quedar más cerca de Draco y apoyando su mentón para así poder ver a Draco a los ojos. Draco bajó la mirada del techo hacia la de Harry.

-No puedo creer que me convencieras de hacerlo en tu cama –masculló, jalando un mechón del cabello de Harry. –Digo, en el caso de que ésta realmente sea tu cama; ¿verdad? –Harry sonrió disimuladamente.

-Por supuesto que lo es –dijo, sonriéndole afectuosamente a Draco. –Y nos atuvimos a tus condiciones; ¿no? –Draco se había negado a nada más íntimo que una mamada, al estar todavía absolutamente seguro de que si ellos tenían sexo real en la habitación de Harry, la ley de Murphy se activaría y todos sus compañeros de habitación llegarían y lo descubrían con Harry metido por el trasero. –Sólo froterismo y felación. –La mano de Draco se detuvo sobre la espalda de Harry.

-… ¿Froterismo? –repitió, bufando. -¿Realmente existe un nombre para eso?

-Aparentemente –Harry sonrió con amplitud. Se levantó un poco y gateó sobre Draco hasta dejarse caer a un lado de él y así poder alcanzar el cajón de su mesita de noche para sacar un libro.

-Tus compañeros regresarán pronto –dijo Draco, gruñendo un poco mientras se sentaba y se apoyaba contra la cabecera de la cama. -¿Qué te parece un hechizo silenciador? –Harry se encogió de hombros y con presteza convocó el hechizo alrededor de la cama. Luego le pasó el libro a Draco.

-Este es el libro del que te he estado hablando –le dijo. –El que Seamus me dio para Navidad. –Lo abrió al azar, encontrándose con una página ilustrada por varias pinturas animadas de dos hombres moviéndose el uno contra el otro. La boca de Draco se abrió un poco mientras que las observaba fijamente.

-Merlín –jadeó, pasando la página. -¡Joder…!. ¿Esto es siquiera posible? –Harry se rió.

-Tendríamos que trabajar nuestra flexibilidad –dijo con una sonrisa traviesa. Draco pasó a otra página y sus ojos siguieron los movimientos de las pinturas animadas. Harry lo observaba a él, inclinándose contra el chico y deleitándose en la forma en que parecían encajar el uno con el cuerpo del otro. Miró a Draco morderse ligeramente los labios cuando continuó recorriendo las páginas y, sonriendo, empezó a formar pequeños círculos con sus dedos a todo lo largo de la parte interna de los muslos de Draco. Éste gimió un poco.

-Harry… -murmuró, y Harry llevó sus dedos más arriba por su pierna. Gimoteando y sin dejar de ver el libro, Draco resbaló hacia abajo por las almohadas y abrió un poco más las piernas. Harry soltó una risita y rodeó con sus dedos el inmediatamente erecto miembro de Draco, quien jadeó e hizo aún más espacio entre sus piernas para poderse oprimir con mayor facilidad dentro de la mano de Harry.

-¿Quieres ver cuánto tiempo puedes aguantar? –preguntó Harry, apretando su agarre. Draco rechinó los dientes.

-¿Y por qué diablos querría hacer eso? –cuestionó con voz ahogada. Jadeó otra vez y lanzó el libro hacia delante, el cual cayó en algún lugar al pie de la cama. –De todas formas, a partir de este punto ya no duraría mucho. –Harry se acurrucó a un lado de Draco, resbalando la palma de su mano sobre la punta de su erección y recorriendo su hendidura con el pulgar. Las caderas de Draco se sacudieron hacia arriba y él resolló ruidosamente mientras dejaba caer la cabeza sobre las almohadas. Sonriendo de un modo bastante autosuficiente, Harry lo acarició hacia abajo y de nuevo hacia arriba, estableciendo un ritmo que se incrementaba en velocidad. –¡Nggh-Harry! –exclamó Draco casi sin voz, lanzando una mano hacia delante y enganchándose al hombro del chico. Y de inmediato, su espalda estaba arqueándose mientras se derramaba en la mano de Harry.

Harry continuó apretando, exprimiendo hasta la última gota fuera de Draco y logrando que el chico se derrumbara de espaldas sobre la cama, respirando agitadamente. Alcanzando su varita, Harry realizó un rápido hechizo de limpieza y se dejó caer de nuevo a lado de Draco, pasando un brazo sobre la cintura del chico. Draco le echó un vistazo a través de los mechones de cabello que le caían sobre los ojos y los cuales tenía mucha flojera quitarse de encima.

-¿Quieres que…? –fue diciendo hasta quedarse sin voz, señalando con los ojos hacia la entrepierna de Harry, pero éste sólo sonrió y negó con la cabeza.

-Estoy bien –dijo, depositando un beso en el hombro de Draco. Draco resopló y comenzó a hurgar entre las mantas por su varita.

-Accio libro –dijo perezosamente, apuntando hacia el pie de la cama. Harry se rió cuando el regalo de Seamus voló por los aires y Draco lo atrapó. Se acomodó y lo abrió de nuevo para seguir leyendo.

-Quédate aquí esta noche –dijo Harry de repente, apretando aún más su abrazo alrededor de la cintura de Draco. Draco suspiró, dejando pesadamente el libro sobre su regazo. –Por favor, Draco –suplicó Harry.

-No –respondió Draco sin alterar la voz.

A Harry se le ensombreció el rostro. -¿Por qué no? –preguntó. -¿Por qué siempre te niegas a quedarte conmigo? –Draco se sentó, quitándose las mantas de encima y comenzando a colocarse sus bóxer.

-No me estoy negando a quedarme contigo, me niego a quedarme en tu habitación –dijo.

-¿Por qué?

-Es sólo que no me apetece despertar junto a un montón de Gryffindors.

-Esa no es la verdad y lo sabes –dijo Harry enfadado, aventando también las mantas hacia un lado para poderse colocar sus calzoncillos. –Tampoco te quedas conmigo en el Salón de los Menesteres.

-¿Por qué eso te molesta tanto? –preguntó Draco incrédulamente, girándose para encarar a Harry y poniendo los brazos en jarras. -¡Apenas tenemos una semana y media de novios!. ¡No necesitamos ya… ya… mudarnos el uno junto al otro!

-¿Mudarnos…?. ¡Esto no es mudarse! –exclamó Harry. –Es sólo quedarte de vez en cuando a pasar la noche conmigo. –Draco frunció el ceño, apretando fuertemente los labios.

-Pues no quiero hacerlo –dijo con voz endurecida mientras se ponía los pantalones. Buscó a los alrededores por su camisa, preguntándose vagamente dónde diablos habría ido a parar.

-¿A qué le tienes tanto miedo? –preguntó Harry en voz baja, entrecerrando los ojos y cruzándose de brazos.

-… ¿Tanto miedo?. ¡No le tengo miedo a nada! –gritó Draco, volteándose para ver a Harry a la cara. Sus manos se apretaron en puños a sus costados. -¿Y tú por qué estás tan obsesionado con el sexo? –Harry parpadeó, abriendo la boca de asombro. –Es por eso que quieres que me quede; ¿verdad?

-¡No estoy obsesionado con el sexo! –dijo indignado. -¿De dónde coños sacaste esa idea?

-¡Eso es todo lo que hacemos juntos! –dijo Draco exasperado. –El único tiempo que compartimos es cuando estamos follando.

-¡La semana pasada estuvimos estudiando!

-¡Ah, y eso terminó muy bien!. ¡Tuvimos una enorme discusión y luego, la primera cosa que dijiste en cuanto nos arreglamos fue sobre sexo de reconciliación!

-¡Eso no…! Eso no es…

-Ni siquiera te has dignado dirigirme un par de miradas durante la semana entera y la primera vez que finalmente consigo hablar contigo; ¿qué es lo que dices? –Harry se quedó sin saber qué responder, abriendo y cerrando la boca. Draco concluyó con enojo: -Que querías verme aquí arriba. Así podríamos tener sexo. ¡Porque, como Merlín bien lo sabe, el grandioso y jodido Harry Potter no puede pasar más de cuatro días sin un polvo! –La boca de Harry se cerró de golpe y respiró entrecortadamente por la nariz.

-Estás tremendamente equivoca… -empezó a decir quedamente, casi en un tono peligroso.

-¡Me parece que no! –lo interrumpió Draco en voz alta.

-¡Bueno, yo no creo haber escuchado que te quejaras al respecto! –dijo Harry. –Parecías muy ansioso de venir aquí conmigo. Y hablando de eso, tú tampoco me dirigiste la palabra durante toda la semana…

-¡Traté de hablar contigo cada maldito día! –exclamó Draco. -¡Y tú has estado ignorándome!

-¡Yo no he estado ignorándote!

-¡Desde que empezaron esos malditos ataques, apenas si me has dirigido la palabra!. ¡Siempre estás charlando con la maldita sangre sucia o como se llame!

-¡NO LE DIGAS ASÍ! –rugió Harry, cerrando tan fuerte los puños que se enterró las uñas en las palmas. Draco tuvo que dar un paso atrás, entornando los ojos. -¿Y sabes qué? –continuó Harry cruelmente. –Odio romperte el corazón, Malfoy; ¡pero el mundo no gira a tu alrededor!. ¡Están pasando cosas realmente más importantes! –Draco se quedó de pie y en silencio por un momento, antes de agacharse para tirar de su camisa, la cual estaba asomándose por debajo de la cama. Se la puso, tomó su túnica y su mochila y se encaminó furiosamente hacia la puerta. Harry suspiró y cerró los ojos con fuerza. –Draco –dijo en tono abatido.

-Jódete, Potter –le espetó Draco antes de azotar la puerta detrás de él.


Más tarde esa misma noche, Harry emprendió la retirada hacia la sala común cuando sus compañeros empezaron a llegar a la recámara, ya que realmente no tenía ganas de aguantar las bromas de Seamus o las preguntas de Ron acerca de porqué estaba de tan mal humor. Aparentemente, todos se habían encontrado todavía cenando abajo cuando Draco salió como tromba, así que nadie le preguntó sobre eso.

La sala común estaba casi vacía, pero se encontró a Hermione sentada en uno de los sofás frente a la chimenea, inclinada sobre su libro de Runas Antiguas.

-Hola, Harry –lo saludó distraídamente cuando él se sentó a su lado. –No te vi en la cena.

-Es porque no estuve ahí –dijo lacónicamente, mirando hacia los mapas que estaban regados por toda la mesa. –¿Ya has añadido los ataques de hoy? –Hermione volteó y suspiró, cerrando su libro y dejándolo a un lado.

-Ya –respondió en voz baja, recorriendo con una mano el borde del mapa. –Hasta ahora han sido seis. Pero todavía no puedo descifrar ningún patrón. Es… ¡todo es tan confuso! Tan frustrante… -fue bajando la voz hasta enmudecer, descansando el mentón sobre su puño y observando fijamente hacia el fuego. Harry suspiró, dejándose caer de espaldas contra el respaldo del sofá y Hermione giró su cabeza hacia él. -¿Qué te pasa, Harry?

-Nada –dijo quedamente. Luego suspiró otra vez. –Es Draco –se corrigió y escondió la cara entre sus manos. –Oh… Dios, Hermione. ¿En qué estaba pensando? –dijo con voz amortiguada antes de levantar la mirada hacia la chimenea. -¿Malfoy y yo?. ¿Qué se posesionó de mí para creer que algo entre nosotros podría funcionar?

-¿Qué pasó? –preguntó Hermione preocupada.

-Él sólo… bueno… No lo sé, supongo que algo de esto también es culpa mía. O… quizá todo es culpa mía, mejor dicho. –Harry gimoteó. –He estado presionándolo y dice que la única razón por la que yo estoy con él es por el… eh, bueno…

-¿El sexo? –sugirió Hermione, sonriendo un poco. Harry se sonrojó y asintió.

-El sexo –repitió. –Pero no es cierto. Quiero decir… Creo que no. Pero luego él dijo que yo estaba ignorándolo… Mierda, y creo que tiene razón. ¡Pero es que no puedo hablar con él de todo esto que está pasando! –Harry hizo furiosas señas hacia los mapas enfrente de él mientras hablaba. Soltó un enorme suspiro, enterrando las manos en el cabello. –Demonios –dijo simplemente. Hermione también suspiró, dándole palmaditas a Harry en una pierna.

-Todo esto es culpa mía –dijo cansinamente. Harry bufó.

-Sí, claro.

-No, en serio que lo es. –Se volteó completamente para encarar a su amigo, luciendo absolutamente entristecida. –Harry, al principio del año estabas hecho un verdadero manojo de nervios. Estabas deprimido, casi ni hablabas con nadie… y yo sabía que tenías todo el derecho a sentirte miserable, por lo de… por lo de Sirius y todo eso. –Harry hizo una ligera mueca y evitó su mirada. Hermione se apoyó en su costado, doblando las piernas por debajo de su cuerpo sobre el sofá. –Pero como amiga tuya –continuó, -me sentía angustiada por ti. Merlín, estaba tan preocupada.

-Tú siempre estás preocupada –dijo Harry, sonriendo un poco. –Como una mamá gallina, así es cómo tú eres. –Hermione también sonrió ligeramente y lo golpeó en el hombro antes de que su sonrisa flaqueara otra vez.

-Cuando empezamos con los juegos de "verdad o reto"… yo… bueno, siempre ha habido algo respecto a Mal… Draco que parecía volverte a la vida. Ciertamente, no en un modo bueno –agregó rauda cuando Harry la miró con incredulidad. –Él siempre conseguía hacerte reaccionar sin importar de qué humor te encontraras. Y cuando tuviste que besarlo… fue como si volvieras a ser tú mismo. Repentinamente, tuviste un motivo para preocuparte que no tuviera algo que ver con la muerte de un ser querido; y no fue que te olvidaras de Sirius, sino que por fin fuiste capaz de superarlo. Capaz de continuar, de salir adelante, de inquietarte por algo tonto y mundano por una vez. –Le sonrió a Harry. –Sé que pasabas tus semanas enteras pensando en lo que sucedería el sábado siguiente. Intentando adivinar cuánto tiempo tendrías que besarlo, qué tan lejos tendrían que llegar…

-Me sorprende que no me hayan salido canas por todo el estrés que pasé –admitió Harry con las mejillas cada vez más coloradas.

-No estoy segura cómo fue que Pansy y yo terminamos hablando sobre eso –dijo Hermione, mirando hacia el techo mientras pensaba al respecto. –Pero de repente estábamos charlándolo y discutiendo lo bueno y lo malo que podría surgir de la situación… según Pansy, Draco estaba tan desanimado como tú. Con su padre en prisión y todo eso. Era como si el mundo se hubiese derrumbado a sus pies y no hubiera nadie capaz de ayudarlo a levantarse de nuevo. Eso fue lo que me dijo ella. Y entonces, gracias también a los retos, súbitamente él volvió a ser el mismo patán de siempre. Potter esto y Potter aquello, lo odio, es tan imbécil y un montón de cosas más. –Harry bufó y Hermione soltó una risita. –Eso fue lo que Pansy me contó, no lo olvides.

-Correcto.

-Y ciertamente, creo que ambas fuimos demasiado egoístas. Pero era un tanto reconfortante tenerlos a los dos peleando entre ustedes como en los viejos tiempos. Y entonces… Bueno, quiero decir, ustedes tuvieron la idea de ponerse a practicar, –Hermione se rió otra vez. –pero la verdad es que nosotras los orillamos a ello. No sé si al principio realmente yo esperaba o deseaba verte involucrado en una relación con Draco; pero conforme pasaba el tiempo y al notar que tú empezabas a lucir cada vez más feliz, yo no iba a poder parar nada de lo que estaba sucediendo entre ustedes. –Suspiró. –Y lo promoví. Pensé que te traería cosas buenas.

-Fue un tiro a ciegas, la verdad –murmuró Harry. –No tenías modo de saber que yo era gay y mucho menos que él lo era. Demonios, ni siquiera yo sabía que era gay. –Hermione se encogió de hombros.

-Puedes tener una larga amistad con alguien antes de empezar a hacerte preguntas –dijo sonriendo. –Aunque yo siempre tuve mis dudas desde aquella cosa con Cho… -Harry hizo muecas y Hermione se rió por lo bajito. –De todas formas, Harry, el punto es que todo esto ha sido muy egoísta de mi parte. Prácticamente, te obligué a tener una relación con un chico que habías odiado durante cinco años. No podía dejar de pensar en lo que pasaría una vez que estuvieran juntos. ¿Cómo podría ser posible que dejaras a un lado una rivalidad tan grande en menos de un mes? –Exhaló y sacudió ligeramente la cabeza.

-Hermione –dijo Harry lentamente, -creo que tienes la razón en algunas cosas. Tal vez en el hecho de que nos presionaron a ambos. Pero¿en comenzar una relación? –Sonrió abatido. –Eso fue cosa mía. Me enamoré de él, sabía que estaba enamorándome de él. Fue como si hubiera olvidado por completo que alguna vez nos habíamos odiado el uno al otro. –Harry dejó salir un largo suspiro y su cabeza cayó hacia atrás sobre el sofá. –Mañana tendré que pedirle una disculpa. Todavía no estoy listo para renunciar a él. –Hermione le sonrió.

-Me alegro escucharte decir eso –dijo, posando la cabeza sobre el hombro de Harry. Él deslizó su brazo alrededor de su cintura, jalándola más cerca y apretándola contra su costado. Se quedaron en cómodo silencio por varios minutos, mirando fijamente hacia las moribundas llamas de la chimenea.

-Ron me mataría si nos viera justo en este momento, lo sabes –bromeó Harry un rato después.

Hermione le dio un guantazo en el hombro, mientras exclamaba: -¡Harry! –Se sonrojó de inmediato y Harry se rió a carcajadas, dejándose caer sobre el sofá de nuevo.


El viernes, Harry despertó con su cicatriz hormigueándole y la pelea entre él y Draco completamente olvidada. Bajó penosamente las escaleras tras Ron para tomar el desayuno y una vez ahí se sentó y clavó la mirada en su comida, masajeándose la cabeza en un intento de mitigar el dolor y tratando de ignorar el horrible presentimiento que crecía en su interior.

Entonces, el correo llegó y El Profeta, amablemente, les informó a todos con grandes y gruesas letras que cubrían las tres cuartas partes de la página principal:

¡EL MINISTRO DECLARA OFICIALMENTE AL MUNDO MÁGICO EN GUERRA!

Y había sucedido otro ataque. Maravilloso. Harry gimoteó y enterró las manos en su cabello mientras que Hermione leía frenéticamente todo el artículo. Llegaron nuevas cartas del señor Weasley y de Remus, ambas sin nada sobresaliente que comentar. El Gran Comedor por completo estaba casi sumido en el silencio, con sólo leves murmullos de conversaciones por ahí y por acullá. Todos parecían muy infelices.

Fue hasta el almuerzo cuando Harry pensó en buscar a Draco y ver cómo estaba tomando las noticias, y sólo entonces recordó que habían tenido una discusión la noche anterior. Esperó hasta que la cena terminó para acercase al chico.

-Draco, necesito hablar contigo –dijo Harry rápidamente, antes de que Draco pudiera desaparecer junto con Pansy rumbo a las mazmorras. Draco se volteó a mirarlo en silencio por un momento y entonces, asintió y se despidió de Pansy con un movimiento de mano.

-De acuerdo, Potter –dijo una vez que ella se fue. –Habla. –Se apoyó de espaldas contra la pared y se cruzó de brazos. Harry no estaba muy seguro de qué era lo que quería decir y se rascó la nuca con un movimiento torpe. Después de todo, era con Draco Malfoy con quien estaba tratando. Tal vez humillarse funcionaría…

-Draco, lo siento –dijo al fin, cerrando los ojos de golpe. –Siento haberte ignorado toda la semana. Honestamente, ni me di cuenta… Quiero decir, es que he estado tan distraído con todo lo demás… -Harry fue disminuyendo el volumen de su voz hasta callarse, frotándose la parte posterior del cuello y con la mirada fija hacia un lado. –Lo siento –dijo otra vez, encontrándose con los ojos de Draco. –Y no estoy contigo sólo por el sexo… Aunque el sexo es grandioso, tienes que admitirlo. –Sonrió y Draco torció un poco la boca en un gesto de suficiencia.

-A veces –dijo desapasionadamente y Harry hizo una mueca antes de rodar los ojos.

-Mira, sé que esto va a ser difícil – insistió Harry. –No hay modo de hacerlo más fácil porque… porque esto es entre tú y yo, y nunca nada ha sido fácil para ninguno de los dos.

-¿Eso crees? –ironizó Draco.

-El punto es –continuó Harry, ignorándolo, -que quiero intentarlo. Todavía no estoy listo para rendirme. –Se mordió ligeramente el labio, mirando fijo hacia Draco. -¿Podemos… puedo… puedo tener una segunda oportunidad? –Draco lo observó pensativo.

-No estoy seguro –dijo pausadamente, elevando la mirada hacia el techo. Harry puso los ojos en blanco.

-¿Por favor? –pidió pacientemente.

-Eso fue bastante patético como para considerarlo una disculpa; ¿sabes?

-Bueno, si tú crees que tengo que ponerme de rodillas y suplicar

-Puede ser, cuando estás de rodillas me gustas mucho más…

-¡Tú eres igual de pervertido que yo! –exclamó Harry exasperado. -¿Y luego dices que yo soy el obsesionado con el sexo? –Draco sonrió travieso.

-Bueno, el sexo no está mal. –Harry se rió un poco y dio un paso más cerca de Draco.

-Entonces; ¿me perdonas? –preguntó. Draco suspiró dramáticamente.

-Supongo que sí –dijo. Sonriendo ampliamente, Harry eliminó la distancia entre ellos y atrapó el cuerpo de Draco contra la pared. Y lo que Harry descubrió en la mirada de Draco, fue lasciva sin duda alguna.

-¿Intentamos durar al menos una semana sin pelearnos? –dijo Harry jocosamente, descansando su frente contra la de Draco.

-Parece ser un buen objetivo –respondió Draco. –Pero si vuelves a hacerme enfadar, esta vez me iré para siempre.

-¿Vas a correr a esconderte al otro extremo del castillo?

-Sí, y ni siquiera iré más a la clase de Pociones sólo para no tener que volver a verte.

-No, tú te quedarás con esa clase y yo soy quien no irá. En vez de ésa, tú puedes hacer novillos con Cuidado de Criaturas Mágicas.

-Tendremos que elaborar un horario para no toparnos en las comidas.

-Y supongo que Slytherin tendrá que encontrar un nuevo Buscador.

-¡Claro que no, Gryffindor puede encontrar uno nuevo!

-¿Sabes? De todas maneras venceré a cualquiera que ustedes tengan, así que no creo que eso signifique mucha diferencia.

-Dios mío; ¿alguien aquí está de presumido?

-Eso tú lo sabes bien. –Harry sonrió brevemente y luego estalló en sonoras carcajadas. Draco empezó a reírse también, aferrando a Harry por la túnica y jalándolo hacia él hasta pegarse completamente.

-No me gusta ser ignorado –dijo de mala gana, rozando sus labios contra los de Harry.

-Lo sé –dijo Harry, besándolo levemente. –Lo siento. –Y entonces, lo besó otra vez.


La mañana del sábado Harry se sentó con los Slytherins a desayunar, aunque tan pronto como llegó el correo estuvo mirando constantemente por encima de su hombro hacia la mesa de Gryffindor. Sin pensar en lo que hacía, se masajeó su cicatriz.

-Harry –le habló Draco, intentando llamar su atención. Posó una mano sobre el muslo de Harry por debajo de la mesa. -¿Estás bien?

-Es-bien –masculló Harry, mordiendo su tostada. Volvió a frotarse la frente.

-Pareces terriblemente gruñón esta mañana, Potter –comentó Pansy mientras untaba mermelada en su pan. -¿Qué te pasa? –Draco trazaba inconscientemente diseños a todo lo largo de la pierna de Harry.

-Tengo dolor de cabeza, es todo –respondió Harry, torciendo el cuello otra vez para poder mirar hacia atrás.

-¿Vigilando a Granger? –preguntó Draco en voz baja mientras comía una cucharada de avena. Harry se volteó a toda prisa hacia él.

-¿Qué? –preguntó precipitadamente.

-Es que últimamente parece estar tan preocupada. –Draco tomó otra cucharada. –Y nerviosa.

-¿Acaso no lo estamos todos? –Los ojos de Harry se entrecerraron ligeramente. Draco se encogió de hombros.

-Yo no.

-Bueno, tal vez deberías. –Draco soltó un bufido y Harry arrugó el ceño. Estiró su mano hasta alcanzar el brazo izquierdo de Draco y lo tomó, jalándole la manga de la túnica y poniéndoselo enfrente de la cara. -¿Ves alguna marca tenebrosa aquí? –preguntó enojado.

-Bueno, todavía no –replicó Draco, soltando su brazo del agarre de Harry.

-¡Entonces, tú podrías ser el siguiente asesinado!

-Claro que no –dijo Draco en tono enfadado. –Por otra parte, estoy en Hogwarts. Todavía no ha atacado aquí. Y tampoco va a ir a atacar la Mansión.

Harry exhaló pesadamente por la nariz y miró alrededor buscando el ejemplar de El Profeta que había visto un poco antes. Blaise lo estaba leyendo en ese momento, pero Harry se lo arrebató de las manos ignorando el asombrado: -¡Oye! –y plantando el periódico enfrente de la cara de Draco.

-¿Ya leíste lo de esta mañana? –le preguntó.

-Nunca lo leo.

-Pues léelo hoy. Sólo el encabezado. –Draco arrugó el entrecejo y apretó los labios mientras revisaba la parte superior de la página.

-Una familia de mestizos… pensé que todos los asesinados eran hijos de muggles.

-Lo eran –dijo Harry secamente. –Hasta el día de hoy. Lee el segundo artículo. –Los ojos de Draco se movieron más abajo de la página y entonces los abrió con asombro.

-¿Una familia de sangre pura? –dijo incrédulamente. –Ah, espera. –Leyó un poco más y entonces soltó un resoplido de desprecio. –Los Prewetts; ¿eh? Bueno, ellos eran conocidos por ser simpatizantes de muggles, así que en realidad eso no sorprende. Tenían parentesco con los Weasley; ¿sabías? –Harry rodó los ojos y arrojó el periódico a un lado.

-Eres imposible –gimió y Draco sonrió ampliamente mientras le daba golpecitos en la pierna.

-Draco, tal vez quieras considerar con quién estás saliendo actualmente –dijo Pansy de manera rotunda. –Estoy segura de que si para el Señor Oscuro hay algo peor que un simpatizante de muggles, es la persona que esté follando con el niño-que-vivió.

-Bueno... ¡no es que Harry vaya a ir a decírselo! –dijo Draco con rapidez, volteándose hacia Harry. -¿Verdad?

-Ah, sí, es que había olvidado contártelo. Lo invité a nuestro aniversario de dos semanas –bromeó Harry sarcásticamente y luego le dirigió a Draco una escéptica mirada. -¿Qué estás pensando?. ¿Que yo me comunico con él a través de la red flu o algo por el estilo?. ¿Qué maldita razón tendría yo para decírselo? Le tengo cierto aprecio a tu vida; ¿sabes?

-Ahí tienes. Por lo tanto, él no puede saberlo.

-¿Ya se lo has dicho a tu madre? –preguntó Harry.

-No, no se lo he dicho –respondió Draco arrugando la nariz. –Realmente no me puedo imaginar esa conversación. –Harry se rió levemente.

-No, supongo que no –dijo. -¿Ella está… ah, involucrada con… umm…?

-No –contestó Draco con voz endurecida. –No lo está. –Harry asintió y empezó a juguetear distraídamente con su plato de comida.

-Oye, el día está realmente bonito; ¿verdad? –preguntó Harry de repente, echándole un vistazo al techo encantado. –Almorcemos afuera.

-¿Afuera? –repitió Draco incrédulo.

-Sí –Harry asintió emocionado y sonriendo. –Vamos, podemos tomar comida de la cocina.

-¿Quieres ir de picnic en medio del invierno? –preguntó Draco llanamente.

-No será un picnic. Será un almuerzo. –Pansy soltó una risita al otro lado de la mesa.

-Oh Draco, ve con él. ¡Suena divertido! –dijo ella, todavía riéndose un poco. Draco la miró con rabia.

-De acuerdo, pues –dijo al final. –Almorcemos afuera. ¿Te veo en la puerta principal?

-Sí, alrededor del mediodía. Yo llevaré la comida.


Durante el resto del fin de semana no hubo más ataques, y la repentina paz duró hasta la mitad de la semana siguiente. Aunque difícilmente se le podía llamar una paz relajante, ya que todos estaban alterados y con los nervios de punta. Hasta Snape parecía todavía más amargado de lo habitual y soportar su clase del martes fue un horror absoluto.

Sin embargo, el miércoles hubo más encabezados en el periódico reportando de nuevos ataques y la melancolía perpetua que se cernía sobre el castillo sólo se ensombreció aún más.

-Otra vez fue en Kent –señaló Hermione durante el desayuno, mientras sus ojos recorrían el artículo y anotaba pequeñas piezas de información en un trozo de pergamino. –Es el segundo que ocurre ahí.

-Estoy impresionado de que todavía no haya liberado a los Mortífagos presos en Azkaban –murmuró Harry, leyendo junto con ella. Frunció el ceño, frotándose la frente con la mano. –Francamente, cualquiera hubiera pensado que sería lo primero que haría.

-No es demasiado inteligente de su parte –agregó Ron, asintiendo. Le echó un vistazo a Harry. -¿La cicatriz te está molestando?

-Sólo un poco –admitió Harry. –Ha estado así desde hace un par de días. –Hermione puso gesto de preocupación.

-¿Ya le dijiste al profesor Dumbledore?

-, ya le dije a Dumbledore. Y también se lo conté a Remus por carta.

-Bien, bien. –Hermione asintió otorgando su aprobación.

-¿Todavía no hay ningún patrón, Hermione? –quiso saber Ron, husmeando las notas de la chica.

-No –respondió ella con voz cansada, dejando el periódico en la mesa. –Y no es posible que no haya ninguno. No sería muy estratégico; ¿o sí?

-Pero Hermione, sabes bien que cualquier cosa que logres descubrir, probablemente la Orden ya lo habrá hecho también –dijo Harry. -¿Por qué continúas intentándolo?

-Necesito hacerlo, ése es el motivo -dijo Hermione agriamente. –Es algo que tengo que hacer. –Harry compartió una mirada con Ron mientras Hermione subrayaba algo más en El Profeta y luego lo copiaba en su pergamino.

-Buenos días, Harry –saludó de repente Draco, apareciendo de la nada. -¿Me harías un sitio? Me muero de hambre. –Harry parpadeó, asustado de verlo y le lanzó una veloz mirada a Hermione, pero la chica ya había guardado El Profeta y sus notas dentro de su mochila. Draco hizo una pausa mientras se sentaba, observando al inusualmente callado trío. Harry tosió un poco.

-Y, uh… Llegaste un poco tarde; ¿no? –Draco soltó un descortés bufido.

-Dormí un poco más de la cuenta –bostezó, peinándose el cabello con una mano. –Imagínate, todo porque quise repasar mis notas de Runas Antiguas antes del examen. ¿Tú tienes las tuyas contigo, Granger? –Hermione pareció sorprendida de que le estuviera hablando a ella, pero se recuperó de inmediato y le sonrió.

-Por supuesto, Draco. ¿Necesitas que te las preste?

-Te estaría muy agradecido –asintió. Ron rodó los ojos.

-Yo estaría muy agradecido si dejaras de sentarte en nuestra mesa –masculló.

-¡Ron! –le reprochó Harry.

-Créeme Weasley –dijo Draco distraídamente mientras revisaba las notas de Hermione, -que preferiría por mucho tener a Harry sentado conmigo en mi mesa, pero mientras él insista en cenar con plebeyos de vez en cuando –levantó la vista, sonriendo presuntuoso, -tengo que darle el gusto. –Harry frunció el ceño y pellizcó la pierna de Draco, pero Ron sólo lo miró con enojo.

-Qué amable de tu parte –dijo sarcásticamente. Draco sonrió todavía más.

-Lo sé –dijo. Ron le dirigió una inexpresiva mirada, Harry suspiró y el incidente pasó.

La mañana del jueves, Hermione finalmente se derrumbó.

Harry estaba otra vez comiendo con los Slytherins y observando con envidia los chocolates que Draco acababa de recibir de parte de su madre, cuando escuchó el lejano sonido de alguien estallando en incontrolable llanto y salir corriendo del Gran Comedor. El impactante sonido de la voz de Ron gritando: -¡Hermione! –provocó que se girara sobre su asiento justo a tiempo para ver a su amiga desaparecer por la puerta. Se encontró con los ojos de Ron por un breve segundo y soltó una maldición por lo bajito, volteándose hacia el frente de nuevo y quitándole a una congelada Pansy un ejemplar de El Profeta. Ella también había observando a Hermione huir del Gran Comedor.

-¿Fueron los Granger esta vez? –preguntó Blaise, inclinándose para escudriñar el periódico junto con Harry. Draco los observaba sin parpadear.

-No –respondió Harry al fin y sin dejar de leer. El alivio que se sintió a su alrededor fue casi palpable. –No fueron ellos. Fue… otra familia muggle de Suffolk. –Volvió a voltear hacia atrás para ver a Ron dirigirse rápidamente hacia la puerta.

-Harry… -empezó a decir Draco, pero Harry estaba ya levantándose de la mesa.

-Me tengo que ir –dijo enajenadamente y casi corrió rumbo a la puerta.

-¡Harry! –gritó Draco de nuevo. No sirvió de nada. –Mierda –masculló, cruzándose de brazos sobre la mesa y apoyando su barbilla sobre ellos. Arrugó el ceño. Pansy le brindó una sonrisa comprensiva y le dio unas palmaditas en el brazo, pero Draco sólo la miró enojado y se sacudió para alejarla. –Maldito Potter –escupió. Pansy suspiró.

Harry había alcanzado a Ron y pronto ambos estaban corriendo fuera del castillo y buscando a Hermione por los terrenos. La encontraron de pie a la orilla del lago, con sus brazos apretándose fuertemente a su alrededor, como si ella misma se abrazara.

-Hermione. ¿Estás bien? –le preguntó Ron muy preocupado y respirando con pesadez.

-¿Qué ha pasado? –cuestionó Harry, también jadeando. Hermione resolló, tallándose los ojos furiosamente con sus puños.

-N-nada –dijo con voz estrangulada. –Nada pasó, sólo me estoy comportando como una estúpida. –Ron miró hacia Harry, quien suspiró.

-Hermione –dijo con voz suave, levantando una mano para tocarla en el hombro. Su espalda se estremeció con el contacto y dejó escapar otro sollozo.

-¡Mis p-p-padres viven en Suffolk! –explotó al fin y nuevas lágrimas bañaron su rostro. Se rodeó la cintura con sus brazos otra vez, girándose un poco para encarar a Harry. Él no quitó la mano de su hombro cuando se enfrentó con sus ojos enrojecidos. –Estoy… estoy t-tan asustada, Harry –dijo Hermione quedamente. –Estoy aterrorizada. Quiero irme a casa, necesito lla-llamar a mi madre, tengo que a-asegurarme de que están bien.

-Estoy seguro de que están bien –dijo Harry en voz baja.

-¿No puedes mandarles una lechuza? –preguntó Ron.

-¡No! –exclamó Hermione, negando rápidamente con la cabeza. Su pecho subió y bajó cuando sollozó de nuevo. –N-no, no puedo. ¿No leíste el artículo? ¡¿No lo leíste?!

-Ah, no, me vine derecho detrás de ti –dijo Ron avergonzado.

-Yo sí lo leí –dijo Harry. –O por lo menos, lo hice de pasada. –Hermione lo miró desesperadamente, abriendo mucho los ojos.

-¡Esa familia no-no tenía relación alguna con magos! –chilló desalentada. –Sólo eran muggles. Fu-fue una e-equivocación. ¿No-no lo ven?. ¿Qué tal si están vigilando el área? No pu-puedo enviarle una lechuza a mi familia; ¿qué tal si al-alguien la ve?. ¡Sa-sabrán que son una familia de ma-magos! –Harry se sintió abatido y tuvo que mirar a otra parte cuando Hermione empezó a llorar otra vez. Ella se hizo ovillo, dejándose caer despacio hasta quedar de rodillas en el suelo y Ron estuvo a su lado al instante, tomándola firmemente por los hombros. Hermione sollozó una vez más, volteándose hacia él y derrumbándose sobre su pecho. Ron le dirigió una horrorizada mirada a Harry, quien se había puesto de cuclillas detrás de Hermione. Harry abrió mucho los ojos, señalando hacia su amiga y Ron tragó saliva antes de terminar de rodearla con sus brazos.

-Todo estará bien, Hermione –murmuró nerviosamente. –Ya lo verás. –Hermione tembló y enterró el rostro aún más en el pecho de Ron. Él apretó su abrazo.

-Estoy tan asustada –susurró ella.

Harry se dio cuenta que él también lo estaba.


Draco no tuvo oportunidad de hablar con Harry por el resto del día, y el viernes por la mañana entró al Gran Comedor hecho una furia y completamente dispuesto a leerle la cartilla…

… sólo para encontrarse que todos los miembros del trío estaban ausentes del desayuno. Tampoco estaba Longbottom, pero Draco no se preocupaba particularmente por él. Mientras pasaba la mirada por toda la mesa de Gryffindor, también notó que Finnigan y Thomas lucían exhaustos. Ambos estaban prácticamente quedándose dormidos sobre la mesa. Dos chicas de sexto estaban charlando en voz baja la una con la otra y la Weasley más joven aparentemente se había cambiado de lugar, pues estaba sentada junto a Finnigan. Tenía la mirada fija en los dos chicos y de vez en cuando volteaba hacia la entrada del Gran Comedor y luego, de nuevo hacia sus compañeros. Hasta los hermanos Creevey estaban alarmantemente callados.

Draco frunció el ceño y estaba dirigiéndose lentamente hacia la mesa de Slytherin, cuando las puertas se abrieron y hubo un repentino clamor proveniente de la de Gryffindor.

-¿En dónde está?

-¿Cómo está Harry?

-¿Se encuentra bien?

-¿Qué sucedió?

-No está muerto, ¿verdad?

Draco abrió desmesuradamente los ojos y se giró sobre sus talones de manera abrupta. Weasley y Longbottom acababan de entrar al Gran Comedor y ambos parecían tan cansados como Thomas y Finnigan.

-Él está bien, en serio, está bien –estaba diciendo Weasley mientras tomaba algunas tostadas y las ponía sobre una servilleta. –Miren, todos podrán hablar con él más tarde, les juro que está bien.

-Weasley –gruñó Draco, poniéndose enfrente del chico y cruzándose de brazos. Ron lo miró, espantado. -¿Dónde está Harry?

-¿Nadie te lo dijo? –preguntó Ron, sorprendido. Draco se removió avergonzado.

-Bueno, no le había preguntado a nadie… -respondió. Ron suspiró.

-Está en la enfermería –dijo. Draco entreabrió un poco los labios y lo miró con los ojos muy abiertos.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó? –cuestionó precipitadamente.

-Su cicatriz –dijo Ron.

-… ¿Su cicatriz?

-Sí, le ha estado molestando durante más de una semana. A veces le pasa. Ya sabes, cuando V… Vol… cuando Ya-Sabes-Quién está dando guerra y esas cosas.

-¿Qué quieres decir con que… le molesta?

-No estoy muy seguro –admitió Ron. –Creo que le arde o algo así. De vez en cuando la pasa realmente mal. Una vez, el año pasado, lo hizo vomitar y todo.

-¿Estás hablando en serio? –preguntó Draco incrédulamente. Ron asintió.

-Pasó muy mala noche. O tal vez ya era de madrugada, supongo. No pude despertarlo y estaba sacudiéndose tan fuerte que se cayó de la cama y se golpeó la cabeza contra la mesita de noche. –Ron meneó la suya, haciendo una mueca de dolor. –Dejó sangre por todo el lugar. Eso despertó a todos los demás. -Se frotó los ojos con cansancio y Draco se preguntó vagamente si Ron de verdad se daba cuenta con quién estaba charlando. –Como sea, le dije a Hermione que le llevaría algo para desayunar…

-Yo se lo llevaré –lo interrumpió Draco intempestivamente. –Quédate aquí y come. –Ron abrió un ojo mientras se continuaba tallando el otro y lo miró con duda.

-¿Estás seguro? –preguntó. Draco asintió.

-Claro. Por supuesto, dame eso, yo se lo llevaré.

Cuando Draco llegó a la enfermería, pudo escuchar las voces de los que estaban en la sala. Una de ellas parecía la de Harry, por lo que asumió que estaba despierto.

-¿Harry? –lo llamó tentativamente, asomándose un poco desde la puerta. Hermione, quien estaba sentada junto a una de las camas, se volteó para mirarlo.

-Draco –dijo ella sonando un tanto extrañada. -¿Qué estás…?

-Weasley me dijo –la cortó Draco. –Y te traje tu desayuno.

-Oh. –Hermione parpadeó. –Gracias…

-¿Harry está despierto? –Incierta, Hermione se mordió el labio y se retiró de la cama. Harry lo saludó con un débil movimiento de mano desde donde estaba recostado, todo envuelto entre las mantas. Tenía un trozo de gasa enrollado en la frente.

-Merlín… ¿Estás bien? –preguntó Draco de inmediato sin poder contenerse. Harry suspiró.

-Oh, estoy bien. Madame Pomfrey ya lo arregló, así que por la tarde ya podré asistir a clases. –Draco asintió pensativo, echándole un vistazo a Hermione.

-¿Te importaría dejarnos a solas?

-Para nada –respondió Hermione, caminando hacia la puerta. –De hecho, creo que iré a acompañar a Ron a desayunar. Vendré a verte a la hora del almuerzo; ¿de acuerdo, Harry? –Harry asintió y Hermione se fue, cerrando la puerta suavemente tras ella. Harry le sonrió a Draco.

-Entonces… -empezó a decir, pero Draco lo interrumpió.

-¿Por qué no me lo contaste? –preguntó en voz baja, cruzando los brazos.

-¿Contarte qué?

-¡Lo de tu cicatriz!

-No… no creí que fuera algo importante. Pensé que no valía la pena decírtelo –dijo Harry pausadamente, pestañeando.

-Bueno, pues ése es el problema; ¿no? –Draco se rió un poco, pero no había ni una nota de humor en su risa. -¡Crees que no vale la pena decirme nada!

-¡Eso no es cierto! –exclamó Harry. -¿De dónde sacas esa idea?

-¡Todos los de tu Casa saben acerca de tu cicatriz! –soltó mordazmente Draco. -¡Todos estaban ahí sentados, jodidamente preocupados por ti y yo no sabía absolutamente nada!

-¡La única razón por la que todos estaban enterados, fue porque en la mañana escucharon la conmoción que armó la profesora McGonagall cuando tuvo que llamar a madame Pomfrey! –le gritó Harry en respuesta. Draco dejó salir un sonido de frustración, pasándose una mano por el cabello.

-Ése ni siquiera es el punto –dijo amargamente. -¡Tú no hablas conmigo de nada!

-Claro que lo…

-¡No, no lo haces! Por lo menos, no de las cosas importantes. –Harry arrugó la frente confundido y Draco continuó penosamente: -Todos en el castillo sólo hablan de esos ataques. Tú hablas con Weasley y Granger sobre los ataques. Pero cuando estás conmigo actúas como si nada malo ocurriera. Como si todo en el mundo fuera un cuadro perfecto y tú y yo pudiéramos continuar nuestro feliz camino. Estoy harto de que al acercarme a ti cuando estás en medio de una conversación con alguien más y de repente se queden en silencio. ¡Ni siquiera puedes hablar de eso con otra persona delante de mí!

Harry apretó los labios con fuerza antes de humedecerlos con su lengua y decir en voz baja: -Draco, no puedo hablar contigo sobre los ataques.

-¡¿Por qué mierda no?! –bramó Draco con incredulidad. Harry permaneció en silencio y miró hacia otro lado. Se quedó observando fijamente una jarra de agua que estaba junto a su cama y de pronto la luz de la comprensión iluminó a Draco. –No confías en mí –dijo en un hilo de voz. Aumentó el volumen para gritar: -¡No confías en mí para nada!

-Tienes razón, no confío en ti –confirmó Harry tristemente y cruzándose de brazos. Draco pestañeó, aspiró una gran bocanada de aire y se alejó un paso de la cama. -¿Y cómo podría hacerlo?. ¿Cómo coños esperas que confíe en ti si cada dos de tres palabras que dices son para confirmar tu intención de unirte a Voldemort? –rugió Harry furioso. -¿Cómo esperas que yo maneje eso? –Draco parpadeó otra vez, su respiración se aceleró y no pudo seguir mirando a Harry a los ojos.

-Entonces; ¿tú crees… crees que yo haría… qué cosa?. ¿Robar las notas de Granger, sus planes y confabulaciones para huir con todo y mostrárselo al Señor Oscuro o algo así? –preguntó lentamente. Luego dijo, incrementando la velocidad de sus palabras: -¿Crees que si yo escucho sus conversaciones tomaría nota de las cosas importantes y se lo diría a Quién-tú-ya-sabes?. ¿Qué tal vez le informaría dónde viven los padres de Granger o que Finnigan es un mestizo?. ¿Crees que yo haría eso?

-Draco, en realidad, tendrías que hacerlo –gimió Harry cansinamente, frotándose la cara con una mano. –No puedes ser solamente Mortífago de nombre; también tendrás que ensuciarte las manos.

-¿Qué mierda sabes tú sobre eso? –preguntó Draco enojado.

-¡Aparentemente, más que tú! –suspiró Harry. –Quisiera poder confiar en ti. De verdad que sí. Pero tú lo vuelves imposible cada vez que apruebas lo que él está haciendo. Cada vez que demuestras que no te importa… Y de cualquier forma, cuando tú y yo empezamos a andar juntos estuvimos de acuerdo en dejar el tema de Voldemort fuera de nuestra relación. Aunque admito que hacer eso ha sido horriblemente difícil con todo lo que está pasando… -Harry gimió otra vez con frustración y enterró las manos en su cabello. –Además, mis amigos y yo también hablamos de los Mortífagos que están en Azkaban. Siendo tu padre uno de ellos, te podrás imaginar que no puedo hablar contigo acerca de eso.

-Mi padre no es el único pariente que tengo, lo sabes –dijo Draco repentinamente. Harry levantó la vista hacia él y Draco dudó antes de proseguir. –Mi madre… ella no… no quiere que yo tome la marca. No quiere que yo tenga nada que ver con… con V-Vold-d-demort. –Draco se estremeció al decir el nombre. Harry lo observaba sin pestañear.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó quedamente. Draco resopló y miró hacia otro lado.

-¿Qué quieres decir con qué quiero decir con eso? –replicó. –Que ella no quiere que me una a él. Ella… ella cree que él se ha vuelto loco. Que no es lo que solía ser en los viejos tiempos. Que su nuevo objetivo es solamente matarte a ti en vez de purificar el mundo mágico. Por supuesto que con los recientes acontecimientos, tal vez ella ya cambió de opinión… -Draco suspiró. –Mi madre me estuvo sermoneando con esto durante las vacaciones de invierno. Me rogó que pensara en ello. Dijo que me apoyaría sin importar nada, pero te puedo asegurar que… realmente no quiere que me una a los Mortífagos.

-… ¿Y? –preguntó Harry con un dejo de esperanza en la voz. Draco exhaló pesadamente.

-Y he estado… pensando al respecto. Supongo. Quiero decir, cualquier madre te pediría eso; ¿no?. ¿Cuántas madres desean que sus hijos se vayan y formen parte de una guerra? Nadie quiere ver morir a sus hijos.

-No que yo sepa –dijo Harry suavemente y sonriendo un poco. –Después de todo, yo soy una prueba viviente de eso. –Draco sonrió por un breve momento y se acercó para poder sentarse al pie de la cama de Harry.

-Pero también está mi padre -dijo fatigosamente y arrugando el ceño. –Y que desea que me una a ellos. Que esté de su lado, protegiendo la pureza de sangre de las familias de magos, expurgando todo lo que no merece un lugar en nuestro mundo… Y crecí escuchando eso y hasta hace muy poco era la única verdad de mi vida. Yo estaba en lo correcto, todos los demás estaban equivocados. –Draco se mordió el labio y continuó en voz más alta: -Pero ahora, él está en esa prisión de mierda debido a eso, y en el Ministerio jamás van a pensar que los Mortífagos son algo bueno y por el momento, ese camino no me parece que sea la opción más inteligente… pero sigo creyendo que lo que el Señor Oscuro está tratando de hacer es lo mejor. O mejor dicho, en lo que estaba tratando de hacer antes de que tú aparecieras. –Miró hacia Harry con ojos rabiosos. –¡Mierda, y luego estás en medio y tenías que llegar y fastidiar todo, porque ahora estoy dudando de mí mismo y de mi padre y del mundo entero que solía conocer!

Harry frunció el entrecejo. -¿Y cuál es el punto? –preguntó inseguro. Draco suspiró.

-¿Recuerdas lo que dijiste?. ¿La semana pasada? –Harry inclinó la cabeza hacia un lado y arrugó la frente mientras trataba de recordar.

-¿Cuál parte de todo lo que dije?

-Que todavía no estabas listo para rendirte con respecto a nosotros.

-Ah –Harry asintió. –Sí, lo recuerdo.

-Bueno… -Draco enderezó sus hombros y miró a Harry directamente a los ojos. –Yo tampoco estoy listo para rendirme. –Harry sonrió, luciendo aliviado. –Aunque no sé qué tan bueno sea eso –admitió Draco, apartando la vista. –Básicamente, nuestra relación no tiene futuro si yo me uno al Señor Oscuro y, no te ofendas, pero no voy a elegir un camino completamente diferente sólo por ti. –Harry se encogió de hombros.

-Es comprensible –dijo, pero no sonaba feliz en absoluto. Draco suspiró.

-Soy el hijo de mi padre; ¿no? –dijo, buscando la mirada de Harry de nuevo. –Eso es lo que todos piensan acerca de mí. Que me crié a su imagen y semejanza y supuestamente estoy siguiendo su camino. Es lo que él espera que haga. ¿Pero sabes qué? –Draco sonrió presuntuoso. –También soy hijo de mi madre.

-Sí que lo eres –dijo Harry, sonriendo. –Y también eres una persona independiente. Draco, tú puedes hacer cualquier mierda que se te antoje hacer. La vida de nadie más tiene que definir la tuya.

-Supongo que tengo que pensar muy seriamente las cosas; ¿verdad? –murmuró Draco. -Y todo este asunto... ¿en dónde deja a nuestra relación?

-De regreso a cómo estábamos, me imagino –dijo Harry restándole importancia. Los hombros de Draco se encogieron un poco y Harry se inclinó hacia delante y tomándolo del rostro, lo obligó a verlo a la cara. –Pero prefiero estar así, a no estar contigo para nada –susurró, sonriendo. Draco parpadeó y sus mejillas se sonrojaron, entonces Harry reclamó sus labios con un beso apasionado. Gimiendo, Draco se inclinó hacia él y su lengua se encontró con la de Harry por un par de segundos antes de retirarse.

-Yo también –dijo en voz baja, recorriendo con los ojos el rostro de Harry. –Yo también.