STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
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Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
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Capítulo 15
Ya entrada la noche, después de que fuera dado de alta de la enfermería, Harry se encontraba descansando en su cama y observando fijamente el dosel color carmín encima de él. De repente las cortinas se abrieron y una silueta borrosa con cabello rojo apareció a su lado.
-¿No vas a bajar a cenar? –preguntó Ron mientras Harry se colocaba los anteojos.
-No tengo hambre –masculló Harry, incorporándose hasta quedar sentado y apoyándose contra la cabecera de la cama.
-¿Cómo está tu cabeza?
-Bien. –Harry observó a Ron inquisitivamente. -¿Pasa algo malo? –Ron suspiró y se mordió levemente los labios.
-¿Te molesta si te acompaño? –Harry parpadeó y le señaló a Ron la parte posterior de la cama para que tomara asiento.
-¿Qué sucede? –le preguntó. Ron frunció el ceño y apoyó su mentón sobre su puño cerrado.
-Estoy preocupado por… por Hermione –dijo bruscamente y, aunque no deseaba hacerlo, Harry sonrió.
-¿Apenas ahora te preocupas? –dijo alegremente. Ron se sonrojó, pero asintió.
-Claro. Ella… a lo que me refiero es… con eso de que sus padres están en peligro y todo lo demás… creo que necesita alguien a su lado, a quien pueda… ya sabes… acudir y… ser consolada –tartamudeó. –O… algo así.
Harry arqueó una ceja. -¿Y piensas que esa persona deberías ser tú? –clarificó en un tono divertido.
-Bueno… sí –dijo Ron, mirando hacia un punto ubicado junto al codo izquierdo de Harry. –Quiero decir… si ella quiere. Obviamente. No lo haría si… me refiero, sólo si a ella le parece bien, por supuesto. –Sus ojos buscaron a los de Harry. -¿Crees que ella querría?
-¿Querría qué?. ¿Salir contigo?. ¿Ser tu novia?
-Eh… -Ron se ruborizó de nuevo y bajó la mirada. –Sí. Sí, eso.
Harry se quedó en silencio por un momento y entonces sonrió. –Ron, eres un idiota. ¡Por supuesto que querría! –exclamó y Ron lo miró, asombrado.
-¿En serio?
-¡Claro que sí! Probablemente ha estado esperando que se lo pidas desde cuarto.
-¿Es-eso crees?. ¿De verdad?
-Sí. –Harry sacudió la cabeza, sonriendo. –Ron, ustedes dos han estado pretendiéndose el uno al otro desde hace siglos. Ya era hora de que hicieras algo al respecto.
-¿Y a ti no te molesta?
-No, yo… bueno… -Harry hizo una pausa y frunció el ceño. –Bueno, mientras que ustedes no terminen como Cho y yo…
-¿Te refieres a que no nos dirijamos la palabra? –Ron sonrió presuntuoso.
-Sí, a eso. De otra manera, me parece bien.
-¿Estás seguro? –preguntó Ron.
-¿No me has dado tú total apoyo en este asunto con Draco? –señaló Harry. –Sería una completa injusticia de mi parte no hacer lo mismo por ti. Hermione y tú fueron hechos el uno para el otro. –Ron se sonrojó ante eso, pero sonrió tímidamente, luciendo aliviado.
-Qué bien. Me preocupaba que tú estuvieras… eh, incómodo por eso. Quizá.
-Nop –dijo Harry, sonriendo levemente. –Ni siquiera un poco.
Ron asintió agradecido y al parecer más relajado, entonces se apoyó de espaldas sobre sus codos. –Y hablando de eso; ¿cómo va el asunto con Draco? –preguntó, pronunciando el nombre de Draco como si fuera algo particularmente desagradable. Lo cual, Harry asumió, lo era para él. –Hermione dice que ustedes han tenido algunos problemas últimamente. Hermione dice, hazme el favor. Pero tú no me has contado nada. –Ron le dirigió a Harry una mirada un tanto molesta.
-Oh, cierto. Siento que sea así –dijo Harry avergonzado, frotándose la nuca. –Es sólo que… es raro, hablar contigo de Draco. No es que sea culpa tuya.
-Pero... ¿no te molesta hablar con Hermione de esas cosas? –cuestionó Ron, sonando un poco ofendido.
-Yo no la busco para hablar, créeme –dijo Harry apresuradamente. –Ella tiene habilidad para saber cuando algo no está bien. Normalmente me pregunta por él y… bueno… ¡diablos, es Hermione! Quiero decir, ella estaba buscándome hechizos para tener sexo seguro cuando yo ni siquiera había pensado en algo semejante. Así es ella. A veces creo que se preocupa más por mi noviazgo con Draco que yo mismo…
Ron lo estaba mirando espantado, con los ojos muy abiertos. -¿Ella buscó hechizos de sexo seguro para ti? –repitió débilmente. Harry asintió.
-Sé lo que piensas –dijo. –Está completamente chiflada.
Ron emitió una pequeña carcajada. –Ésa es mi Hermione –dijo cariñosamente. –En fin... ¿y qué es lo que ha sucedido?
-Es este… asunto con la guerra –respondió Harry, arrugando el entrecejo. –Básicamente, yo me la pasaba fingiendo que la guerra no existía y Draco se enojó porque yo actuaba como si pudiéramos olvidarnos de ella.
-De hecho, lo noté. La manera en que nos quedamos en silencio cuando él se acerca.
-Bueno… a lo que me refiero es, no es posible que podamos hablar de lo mucho que Lucius Malfoy se merece que le chupen el alma cinco veces o de cosas así cuando Draco está con nosotros; ¿verdad? –Harry suspiró, meneando la cabeza. –No sé cómo manejar eso… y luego, también se indignó porque no le había contado nada acerca de mi cicatriz.
-Oh, por eso en la mañana parecía tan sorprendido de saberlo.
-Sí. –Se quedaron en silencio por unos momentos, Harry jugando ociosamente con el cobertor de su cama y Ron mordiéndose los labios en un gesto pensativo.
-Harry –empezó a decir Ron tentativamente, arrugando la frente un poco. –Malfoy y tú… quiero decir, obviamente yo no estoy con ustedes cuando están a solas… pero; ¿él y tú realmente hablan de algo?
-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Harry rápidamente. –Por supuesto que hablamos.
-Siempre pensé… que esto era más bien algo físico. Algo así. –Harry frunció el ceño y Ron se dio prisa en continuar. –No es que yo esté afirmando que lo que ustedes hacen sea como… como…
-¿Polvos sin importancia? –sugirió Harry lacónicamente.
-Eh… sí. O sea, obviamente hay mucho más que eso, pero ustedes pasan una enorme cantidad de tiempo en el Salón de los Menesteres. Además, aparte de las ocasiones en que se sientan en la mesa de Gryffindor, en realidad Malfoy no pasa mucho tiempo con nosotros y tú usualmente estás a nuestro lado por lo demás…
-De acuerdo, ya entendí –interrumpió Harry bruscamente. Se sentía contrariado. –Nosotros no somos solamente… yo… él y yo… es mucho más que algo sólo físico –dijo al final con voz firme, aunque de repente su mente estaba dándole vueltas al asunto. ¿Draco no le había reclamado casi lo mismo? Claro que había sido durante una pelea… Y no era como si tuvieran la libertad de salir a Hogsmeade cuando quisieran como para tener una cita decente. En realidad, ahí no tenían mucho de dónde escoger.
-Discúlpame –dijo Ron en voz baja.
-Está bien –murmuró Harry, tallándose los ojos con una mano. –Es sólo que… Draco me dijo exactamente lo mismo y estaba empezando a preguntarme…
-¿Qué es lo que te atrae de él? –preguntó Ron con curiosidad. Harry se encogió de hombros, mirando hacia otro lado.
-A veces no estoy muy seguro –dijo, esbozando una sonrisa pícara. –De vez en cuando es tan imbécil.
-¿De vez en cuando? –repitió Ron incrédulamente. –Intenta con siempre.
Harry sonrió ampliamente. –Nah, es sólo que él… bueno, siendo francos, la verdad es que tú no le agradas. Y a ti no te agrada él, pero no estoy esperando que eso cambie.
Ron bufó. –Bien –dijo, e hizo una pausa de un segundo antes de continuar. -¿Sabes? Una parte de mí continúa esperanzada a que termines enamorado de Ginny algún día. Sigue siendo difícil de creer que estés con Malfoy, de entre toda la gente.
-Ginny está con Dean, Ron –dijo Harry, sonriendo. Y dándole un pequeño empujón, le dijo en tono travieso: -Y de todas maneras, los pelirrojos no son mi tipo.
-Es bueno saber eso –respondió Ron, riéndose. –Y aunque no fuera así, yo estaré fuera de circulación muy pronto. Espero –añadió de último momento. Miró fijamente a Harry. -¿En serio te gusta?
-¿Qué? –preguntó Harry perezosamente, cruzando los brazos por detrás de la cabeza e hundiéndose aún más sobre sus almohadas.
-Que si te gusta… um… ya sabes. –Ron hizo algunas señas bastante groseras con las manos y Harry abrió mucho los ojos. –Hacer… eso.
-¿Eso? –Harry se rió. -¿Cuántos años tienes, doce?
Ron se ruborizó ligeramente. –El sexo, pues –dijo rodando los ojos. Harry hizo una pausa.
-¿Realmente tú y yo estamos teniendo esta conversación? –preguntó escépticamente. Ron parecía muy decidido.
-Sí. Tengo curiosidad. –Harry casi se ahogó con su propia saliva.
-Espero que no demasiada –consiguió decir. –Se supone que vas a pedirle a Hermione que salga contigo.
Ron abrió mucho los ojos. -¡No! –exclamó. –No ese tipo de curiosidad… bueno, supongo que no del todo. Me refiero a que tengo curiosidad por saber si a ti te gusta. Porque… bueno… no puedo siquiera imaginar… Pero también… es sólo… Quiero decir, yo ni siquiera he besado a nadie en serio y tú ya has hecho de todo, y honestamente eso no es muy justo, pero ahora me estoy preguntando cómo es. No es que no me lo hubiera preguntado antes, pero…
-Es bueno –lo interrumpió Harry, antes de que Ron se dejara llevar y parloteara por el resto de la noche. –Es… es fantástico. Es…
-¿Perfecto? –sugirió Ron. Harry se rió.
-No, difícilmente se puede decir que sea perfecto. El sexo es… bueno… sucio. Terminas sudoroso y pegajoso, y tienes que tener cuidado de no lastimar. Bueno, por lo menos entre dos chicos. Imagino que puede ser lo mismo para una chica.
-¿Duele? –preguntó Ron inexpresivamente.´
-Pues… -Harry hizo una pausa, arrugando la nariz mientras se rascaba distraídamente una oreja. –O sea, piensa en ello. Yo nunca lo había pensado hasta que Seamus me lo dijo. Si tú nunca has… si nada ha estado siquiera… -gesticuló vagamente con las manos, -ahí antes… entonces, sí puede doler al principio.
-¿Entonces por qué hacerlo?
-Bueno, no es que sea una tortura todo el tiempo. Y aún si es todo menos perfecto… el estar tan cerca de otra persona, sentir la manera… la manera… quiero decir, cuando están dentro de… eh… hmm… -Harry se detuvo abruptamente, sonrojándose. –Bueno, supongo que tú nunca vas a experimentar esa parte –dijo, sonriendo tímidamente y Ron soltó una risita a pesar de él mismo. –Pero la contraparte también es buena –continuó Harry. -Cuando tú eres el que tiene el control y depende de ti lograr que tu compañero lo disfrute, y cuando lo consigues y él te mira, y de repente ustedes dos son las únicas personas en el mundo entero y nada más importa… -fue disminuyendo el volumen de su voz hasta enmudecer. Tenía los ojos vidriosos y cuando habló de nuevo fue como si hubiese olvidado que Ron estaba todavía ahí. –Y durante ese momento, aún si solamente son unos pocos segundos, pareciera como si transcurrieran horas y deseas que realmente pudieran ser horas… que nunca terminara y poderte quedar ahí, así, sólo con él y nadie más… estar juntos. Y entonces sí que se siente increíble, te das cuenta de que nunca has sentido nada tan estimulante… tan intenso…
-… Vaya –dijo Ron con un hilo de voz y Harry parpadeó, regresando a la realidad y mirando de nuevo hacia su amigo.
-No puede ser solamente algo físico –dijo de repente. –No hay manera… Yo estuve ahí cuando sólo era algo físico. La primera vez, cuando no tuve el más mínimo cuidado de comprobar si él disfrutaba o no, porque estaba demasiado ocupado en disfrutarlo yo. Ni siquiera me percaté de lo horrible que había sido para él hasta que todo terminó. Y él siempre ha sido cuidadoso conmigo. ¡Sólo porque nos guste hacerlo y lo hagamos con frecuencia no significa que el sexo sea todo en nuestra relación!
-¿Quisieras gritar tus epifanías un poco más alto la próxima vez, Harry? –dijo alguien, y de pronto las cortinas de la cama se abrieron y Seamus asomó la cabeza a través de ellas. –Creo que no te alcanzaron a escuchar en el dormitorio de las chicas.
-Lo siento –dijo Harry, asustado. -¿Lo dije tan alto?
-Oh, sí –respondió Seamus. -¿Y de qué se trata todo esto? Ah, ya sé. –Sonrió. -¿Ron está teniendo la típica fase del mejor amigo repentinamente curioso-por-saber-del-sexo-gay?
-De hecho, no –contestó Harry. –Es más bien como la fase del curioso-por-saber-de-cualquier-tipo-de-sexo.
-¡Harry! –exclamó Ron, pero Seamus asintió con gesto sagaz, claramente tratando de no sonreír.
-Claro, claro –dijo, sonando un poco como Enrie Macmillan. –Dean ya pasó por esa fase también. Por supuesto que ahora tiene a Ginny –añadió travieso, -así que estoy seguro que ya ha averiguado las cosas sin mi ayuda.
-Lo mataré –dijo Ron a su vez. -¿Qué quieres decir con que ya ha averiguado las cosas?. ¡Será mejor para él que no haya averiguado nada!
-¡Ron! No, en serio, Ron –dijo Seamus, intentando sostener a Ron por los hombros para evitar que saliera a buscar a Dean. –Ron, estaba bromeando. ¡Harry, no estás ayudando! –le dijo al otro chico, quien estaba carcajeándose ante la cara que había puesto Ron.
-Te dejaré para que te encargues de él –dijo Harry, todavía riéndose por lo bajito y saliendo de la cama para abrir su baúl. Tomando su capa y un conocido pedazo de pergamino, se dirigió fuera del dormitorio y no se detuvo hasta que llegó al silencioso corredor afuera de la sala común de Gryffindor. –Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas –dijo en un susurro, apuntando con su varita al pergamino y entonces, observó al detallado mapa de Hogwarts aparecer en su superficie. –Bien –dijo, guardándose la varita en el bolsillo trasero del pantalón. -¿En dónde estás, Draco?
A pesar de haberlo utilizado una incontable cantidad de veces, Harry nunca dejaría de asombrarse del nivel de detalle del Mapa de Merodeador. En ese momento lo agradecía especialmente porque no había estado en el baño de los prefectos desde las vacaciones de invierno y, aparentemente, la contraseña había cambiado en algún momento durante ese tiempo. Después de decir la palabra que surgió dentro de una burbuja que apareció junto la pequeña etiqueta marcada como Harry Potter, Harry entró en el espacioso baño sabiendo que Draco era la única persona que estaba ahí.
La tina ya estaba llena hasta el borde y una variedad de espuma y burbujas flotaban suavemente por encima de la superficie del agua. Draco no estaba a la vista, pero Harry no se preocupó por eso. Se sacó la capa y se desató los zapatos, quitándoselos y dejándolos junto a los calcetines, la varita y el mapa, todo en un montón cerca de la puerta. Se acercó sigilosamente a la orilla de la piscina.
Todavía estaba parado ahí asomándose hacia el agua, cuando Draco emergió a la superficie a un par de metros de distancia. Harry parpadeó, observando como Draco echaba la cabeza hacia atrás y se retiraba el cabello de la cara. Delgados hilos de agua bajaban por sus hombros y hacían brillar su pálida piel, y los ojos de Harry se abrieron tanto como su mandíbula… -¡Harry! –parpadeando otra vez, Harry cerró la boca de golpe y sonrió tímidamente.
-Lo siento –dijo descaradamente mientras que Draco fruncía el ceño y se sumergía en el agua. Harry se rió. -¿Te estás escondiendo de mí? –le preguntó sin dejar de reír. -¿Qué estás haciendo?
-¡Tomando un baño! –espetó Draco y Harry no supo decir si el sonrojo de Draco era por la humedad del aire o porque estaba avergonzado. -¿Qué es lo que estás haciendo tú?
-Mirándote tomar un baño –respondió Harry simplemente. -¿Algún problema? –Draco arrugó el entrecejo mientras se enderezaba lentamente de nuevo.
-Bueno, no… -Se sobresaltó de repente, volteando hacia Harry. -¿Se supone que deberías andar vagando por ahí?. ¿Cómo está tu cabeza? –preguntó rápidamente.
-Bien, bien –contestó Harry, moviendo una mano como restándole importancia. –Te dije que madame Pomfrey ya me había aliviado.
-¿Y por qué estás aquí? –cuestionó Draco, caminando dentro del agua hacia donde Harry estaba parado. Levantó la mirada hacia él y Harry sonrió.
-Quería verte.
-Ahh –Draco sonrió malicioso. -¿Y disfrutas la vista?
-Oh, sí –asintió Harry. –Mucho.
-Se supone que no deberías estar aquí, lo sabes –dijo Draco astutamente, arqueando una ceja. –Debería ponerte en detención.
Harry se lamió el labio inferior. – ¿No te gustaría castigarme tú mismo? –bromeó. Draco soltó un bufido.
-¿Por qué estás todavía completamente vestido?
-No he tenido la oportunidad de desnudarme aún.
-Bueno, date prisa entonces –dijo Draco impacientemente.
-¿Muy ansioso? –dijo Harry, pero estaba sonriendo mientras se sacaba la camisa. El movimiento dejó su cabello despeinado y sus anteojos ladeados, lo que provocó que Draco se riera por lo bajo. -¿No hay nadie más aquí?
-¿Sería un problema si hay alguien más? Tú y yo sólo vamos a tomar un baño; ¿o no? –preguntó Draco, fingiendo inocencia al tiempo que acariciaba la superficie del agua distraídamente con sus dedos.1
Harry levantó las cejas. –Si eso quieres –dijo despreocupadamente.
Draco sonrió con suficiencia. –Por lo regular, casi nadie viene tan temprano los viernes en la noche –dijo, respondiendo la pregunta de Harry. –Es probable que tengamos todo el lugar sólo para nosotros.
-Qué bien –dijo Harry, desabrochando el botón de su pantalón y dejándolo caer alrededor de sus pies. Draco lo observó fijamente con expresión vacía durante unos segundos.
-Ésa es la prenda interior más horrorosa que he visto en mi vida –dijo débilmente sin despegar los ojos de los bóxer de Harry, los cuales eran de un chillón color naranja. -¿Ésas son snitches? No estaba enterado de que hicieran bóxer como ése para personas mayores de nueve años. –Harry se sonrojó un poco.
-Es el regalo de Navidad de Fred y George –farfulló, metiendo los pulgares bajo la banda elástica. –Una broma, por supuesto.
-Por supuesto –repitió Draco. –No quiero volver a ver eso nunca más. –Harry rodó los ojos.
-Correcto. Y por supuesto que yo deberé obedecer todos tus caprichos.
-Tú lo has dicho –dijo Draco, elevando el mentón un poco mientras una sonrisa pugnaba por dibujarse en su rostro.
Por supuesto que fue en ese punto, porque desafortunadamente era el tipo de suerte con la que Harry había sido bendecido para salir de situaciones cercanas a la muerte, que la puerta del baño rechinó al abrirse y una voz, lamentablemente muy conocida, chilló: -¡Harry! –Harry se giró hacia atrás, con los ojos como platos mientras que Draco graznaba y se zambullía en el agua, la cual estaba ya casi transparente.
-¡H-Hermione! –balbuceó Harry, jalándose rápidamente los vaqueros lo más arriba que pudieron llegar alrededor de su cintura.
-¡Harry! –exclamó Hermione de nuevo, ciñéndose más apretadamente la bata de baño alrededor del cuerpo mientras miraba atónita a su amigo.
-Granger –gruñó Draco, oprimiendo su cuerpo al ras del borde de la piscina y abriendo rápidamente el primer grifo que encontró su mano. Espuma de color azul oscuro se vertió a su alrededor.
-¿Malfoy? –preguntó Hermione incrédulamente, parpadeando al voltear hacia el otro chico.
-Draco –le recordó Harry inútilmente.
-Draco –se corrigió Hermione de inmediato, asintiendo y rodando un poco los ojos.
-¡Harry! –lo llamó Draco con urgencia, hundiéndose otra vez para que sólo su cara fuera visible por encima de la espuma de jabón.
-Eh… -dijo Harry amablemente, mirando a uno y luego al otro.
-Oh, esto es ridículo –dijo Hermione sacudiendo la cabeza. –Harry; ¿qué estás haciendo aquí? Bueno, realmente creo que no necesito preguntarlo. –Le arqueó una ceja a Draco, cuyas mejillas se tiñeron levemente de rosa mientras se sumergía más profundamente entre las burbujas, hasta que sólo se podían ver sus ojos.
-Um, Hermione... ¿por qué estás aquí? –preguntó Harry nervioso, todavía apretando fuertemente sus vaqueros con las manos.
-Por que voy a tomar un baño, obviamente –respondió su amiga. –Aunque supongo que ahora tendré que hacerlo en las regaderas. –Sonrió y se giró para dirigirse hacia otra puerta, diciéndole sobre su hombro: -No puedo creer que estés usando esos bóxer, Harry. ¿No te dijimos Ron y yo que eran horribles? –Draco le lanzó a Harry una mirada acusadora.
-¿Ella había visto tus bóxer antes? –siseó. Harry se frotó la nuca en un movimiento torpe.
-Bueno, ella estaba con los Weasley en las vacaciones, ya sabes.
-Claro –dijo Draco no muy convencido. Harry rodó los ojos.
-¿Adónde se fue? –preguntó, no muy familiarizado con la distribución del baño de los prefectos aparte de la misma tina.
-Las regaderas están allá atrás –contestó Draco. -¿Ahora te podrías dar prisa? Me estoy poniendo arrugado. –Levantó sus manos para examinarlas bien, frunciendo un poco el entrecejo.
-Ya voy, ya voy –murmuró Harry. Echó otro vistazo por encima de su hombro, se quitó los vaqueros y los bóxer rápidamente y saltó a la tina con un movimiento fluido. Draco soltó una risita.
-Qué lindo –dijo.
-Cállate –masculló Harry, sonrojándose. De pronto, se encontró con que sus brazos estaban rodeando a un Draco gloriosamente mojado y desnudo, y a unos ojos grises justo enfrente de los suyos. Se recorrió hacia atrás hasta que su espalda chocó con el borde de la tina.
-Oblígame –susurró Draco y Harry se ocupó de ello, besándolo suavemente al principio y después más duro, mientras deslizaba su lengua por el labio inferior del chico. Draco se abrió ansiosamente para él y el beso se profundizó.
Y entonces, la puerta del baño se abrió otra vez y Harry y Draco rompieron el beso a regañadientes, aunque no dejaron de abrazarse porque, francamente, estaban demasiado inmersos en el momento como para que les importara una mierda que alguien los viera juntos.
-Oh, por favor. De todos los lugares… ¿Necesito recordarte que tú ni siquiera eres prefecto, Potter? –Harry gimoteó y Draco le frunció el ceño a ese alguien que estaba a sus espaldas.
-Cierra el pico, Pansy. De verdad –dijo molesto. –Harry y yo hacemos lo que queremos y donde queremos. No necesitamos tu permiso.
-Claro, es obvio –sonrió Pansy, quitándose el cabello de encima de los ojos. Un ruido de pasos hizo eco por todo el baño y Harry se volteó a tiempo para ver a Hermione reaparecer, con el cabello sujeto por arriba de la nuca y sin nada encima más que una toalla envuelta en el cuerpo.
-Harry, quería preguntarte si le pasa algo a Ron. Ha estado actuando bastante raro durante el día y casi ni me ha dirigido la palab… ¡Oh! –se detuvo a medio camino, sonriendo. -¡Pansy!. ¿Te unes a la fiesta?
-Buenas noches, Hermione –dijo Pansy con una gran sonrisa. –Y ahora que hablas de fiestas, he estado queriendo comentarte algo.
-Bueno, pueden hacerlo lejos de aquí –gruñó Draco, alcanzando un grifo y asegurándose de que hubiera una abundante cantidad de espuma de jabón rodeándolos a él y a Harry. –Estábamos un poco ocupados antes de que ustedes decidieran arruinar nuestra noche. Aunque –se rió un poco, -me imagino que a las dos se les ha hecho un hábito invadir nuestra vida personal. –Harry se rió disimuladamente.
-Lo único que nos falta es que justo ahora también apareciera Myrtle la Llorona –dijo distraídamente, resbalando las manos bajo el agua y jalando las caderas de Draco más cerca de las suyas sin ser visto por Pansy ni Hermione. Draco parpadeó, sus mejillas se ruborizaron y aspiró lentamente.
-¿Ella se aparece aquí? –preguntó, evitando cuidadosamente mirar a Harry a los ojos mientras que el chico deslizaba sus manos por los muslos de Draco hacia arriba. Draco se aferró al borde de la tina que estaba a espaldas de Harry cuando una mano del moreno tomó delicadamente su miembro.
-Cuando estábamos en cuarto, me espió mientras me bañaba –respondió Harry. Inclinó su cabeza hacia atrás para mirar a las otras ocupantes del baño, actuando a todos los efectos como si fuera perfectamente normal para él no sólo estar tomando un baño enfrente de su mejor amiga, sino también hacerle una paja a su novio justo en sus narices. -¿Qué estabas diciendo, Pansy? –Apretó su agarre alrededor de Draco, y el pecho del chico se sacudió mientras luchaba por controlar su respiración.
-Ah, cierto. Bueno, estaba pensando…
-Sorpresa, sorpresa –masculló Draco, inclinándose más cerca de Harry hasta que prácticamente pudo descansar la barbilla sobre su hombro.
-… estaba pensando –dijo Pansy de nuevo, mirando enojada a Draco, -¿no es hora de empezar otra vez con las fiestas de los sábados? –Los ojos de Draco se abrieron y Harry detuvo su caricia. Ambos voltearon a ver a Pansy con incredulidad.
-¿Para qué demonios querríamos hacer eso? –preguntó Draco, pero Hermione sonrió ampliamente.
-¡Yo estaba pensando exactamente lo mismo! –exclamó ella. –Muchos me han estado interrogando al respecto. Justamente hoy, Hannah Abbot me abordó y preguntó si teníamos planeado algo para mañana en la noche.
-¿Mañana? –preguntó Harry, espantado. –No hay modo de que puedan planear algo tan rápido.
-Por supuesto que podemos –dijo Pansy. Observó a los dos chicos. -¿Tienen algo en contra de eso?
-Bueno… quiero decir, el motivo, en primer lugar –dijo Harry. -¿Cuál es el punto?
-¿El punto? –reiteró Pansy. Arrugó el entrecejo y entonces un gesto de comprensión cruzó su rostro. –Ooohh. Ya veo. Ustedes dos piensan que porque ya están juntos al fin, significa que ya no hay razón para que los demás pasemos un buen rato; ¿verdad?
-¡Pues si pasar un buen rato significa que se divierten a nuestras expensas, entonces sí! –dijo Draco. Harry le sonrió y empezó a mover su mano de nuevo, masturbando su miembro con largas y lánguidas caricias. Draco se estremeció contra él cerrando los ojos fuertemente, y entonces se obligó a mirar hacia Pansy otra vez. –En esta ocasión… puedes… puedes encontrar a alguien más de quién aprovecharte –dijo, jadeando un poco. Pansy los miró a ambos por varios segundos y luego estalló en carcajadas.
-¿Están hablando en serio? –resopló sin parar de reír. –Piensan… oh, vaya. Hablando de egos descomunales. –Harry pestañeó y miró inquisitoriamente hacia Hermione. Ella se encogió de hombros, sonriendo.
-Honestamente, no creían que todavía seguiríamos imponiéndoles retos; ¿o sí? -preguntó ella. –Deben haber notado que eso ya se acabó, por así decirlo. Ustedes han hecho cosas por su propia voluntad y, francamente, ya están muy vistos. –Draco parecía sentirse un poco insultado por eso, por lo que Harry lo distrajo acelerando el movimiento de su mano. Draco presionó las mandíbulas como intentando contener un gemido y Harry sintió los músculos de sus piernas tensarse contra él.
-Por otra parte –añadió Pansy, -aquello estaba ahuyentando a muchos. Qué cachondos nos estábamos poniendo… -se rió por lo bajito y Hermione se sonrojó levemente.
-Entonces; ¿no habrá más "Verdad o Reto"? –preguntó Harry. Pansy se encogió de hombros.
-Pues no veo porqué no. Sólo… tal vez no al mismo nivel. Y si seguimos usando el Salón de los Menesteres, podremos seguir teniendo música, un lugar grande y los que no quieran participar en el juego podrán escabullirse y hacer lo que más les plazca.
-Es tan sólo una excusa para reunirnos, en realidad –dijo Hermione. –Y recordarás lo que dijo el sombrero seleccionador…
-Claro, claro, la unidad entre las Casas –interrumpió Harry. –Ya lo sé.
-Me pregunto si deberé obligar a Blaise a que trate de llevar un poco de whisky de fuego –caviló Pansy. –O quizá, en esta ocasión sea mejor un poco de hidromiel.
-H-Harry –se quejó Draco en voz baja, prácticamente ya aplastando a Harry contra el borde de la tina. Harry sonrió y lo ignoró, pero no dejó de mover la mano.
-Estoy seguro de que Seamus nos dejará tomar algo de su reserva de alcohol –dijo Harry, entusiasmándose con la idea.
-¿Eso no será demasiado tratándose de la primera fiesta? –preguntó Hermione. Pansy negó con un movimiento de cabeza.
-No lo creo –dijo, y entonces añadió bajando el tono de voz: -Pienso que todos estarán buscando una excusa para emborracharse, con todo lo que ha estado pasando… -Hermione asintió y el baño se quedó en silencio por unos segundos, salvo por los rápidos jadeos que Draco emitía cada vez que respiraba.
Pansy levantó una ceja. –Draco; ¿te encuentras bien?
Draco gimió sin proponérselo, mordió su labio y evitó mirar a nadie a la cara. Sus mejillas estaban completamente sonrosadas, y Pansy y Hermione parecieron darse cuenta al mismo tiempo de lo que estaba pasando.
-¡Harry! –chilló Hermione simultáneamente con Pansy, quien soltó un exasperado: -¡Potter! Merlín. ¡Por lo menos pudiste esperar a que saliéramos del baño!
-Harry, si yo fuera Ron; ¿seguirías haciendo eso? –cuestionó Hermione con molestia, apuntalando sus puños en la cintura.
Harry le sonrió con desfachatez. –Si tú fueras Ron, no estarías ahí parada viéndonos tomar un baño juntos. Hace mucho rato que ya te habrías dado la vuelta y regresado por dónde viniste.
-Touché –murmuró Pansy, sonriendo pícaramente. –Está bien, ya nos vamos. Acompáñame, Hermione. –Las dos chicas se alejaron hacia las regaderas, sacudiendo las cabezas y mascullándose la una a la otra. Apenas habían desaparecido al otro lado de la puerta, cuando Draco aferró el rostro de Harry con sus manos y lo besó fieramente, empujándose con libertad dentro de su mano durante unos pocos segundos, antes de derramarse emitiendo un gemido ahogado justo sobre la boca de Harry.
-Joder –exclamó al romper el beso y mientras envolvía sus brazos alrededor de los hombros de Harry. –Fue tu venganza por el… el incidente en Pociones… supongo –comentó Draco, jadeando. Harry levantó ambas cejas.
-Ya te había cobrado aquella ocasión –le recordó. –Es sólo que no puedo mantener mis manos lejos de ti, eso es todo.
-Aparentemente, no –musitó Draco. –Aunque estaría mintiendo si te dijera que no me pasa lo mismo a mí. Brinca aquí –le ordenó, dando palmaditas en el borde de la tina por detrás de Harry.
-¿Qué?
-Siéntate en la orilla.
-Pero… -Harry echó un vistazo sobre su hombro hacia las regaderas. Draco rodó los ojos.
-Sólo hazlo.
-No creo…
-Hazlo.
-Pero, yo…
-Harry –dijo Draco en un tono de advertencia. Harry suspiró.
-Está bien –farfulló y con una última mirada hacia atrás, se impulsó para subir en el borde. Draco descendió sobre él antes de que Harry se hubiera enderezado, provocando que jadeara y cayera hacia delante. Harry se aferró a los hombros de Draco cuando éste recorrió su lengua por todo lo largo de su erección; Harry abrió mucho los ojos, Draco sonrió y lo engulló por completo, chupando levemente al retirar la boca.
-Oh, Dios –jadeó Harry y de inmediato se tapó la boca con una mano. –Mierda –continuó con voz ahogada y cerró los ojos de golpe. –Draco. –Draco emitió un gimoteo desde lo profundo de su garganta al tiempo que se movía. Harry se estremeció, jadeando y tratando de contener los ruidos que luchaban por escapar de él. Entonces, Draco levantó la mano, lo tomó suavemente de las bolas y Harry gimió fuerte. –Draco –siseó otra vez. –No hagas… nggh… ahh… jo-joder… -Draco abrió los ojos en un gesto inocente y apretó su agarre. Harry arqueó la espalda y dejó caer la cabeza hacia atrás mientras contenía la respiración.
-¡Por amor de Merlín! –gritó la enojada voz de Pansy desde el otro cuarto, haciendo eco en las paredes. -¡¿Podrían por lo menos invocar un maldito hechizo silenciador?! –Draco soltó una risita alrededor del miembro de Harry y éste soltó un juramento entre dientes.
-¡Lo-lo sien-to! –intentó decir, pero su voz le falló justo a la mitad de la disculpa. Entonces Draco chupó de nuevo, sus dientes casi rasguñando la piel de Harry y éste se derrumbó. Metiéndose por poco todo el puño dentro de la boca, se derramó fuerte en la garganta de Draco, sofocando sus gemidos lo más que pudo hacerlo. Draco lo liberó con un gesto de triunfo en la cara.
-Listo –dijo, sonriendo presuntuoso. –Estamos a mano otra vez. –Harry resopló, observándolo a través del húmedo flequillo que le caía sobre los ojos.
-Cabrón –masculló.
-Idiota –le respondió Draco, sonriendo aún más. –Yo regresaría al agua antes de que Granger decida interrumpirnos otra vez. –Harry asintió, resbalando perezosamente por el borde de la tina. Atrapó a Draco y lo jaló hacia él, para después besarlo suavemente. Draco sonrió sobre sus labios.
Mucho rato después, cuando Pansy y Hermione salieron del baño, ellos todavía continuaban fuertemente abrazados el uno del otro.
El Salón de los Menesteres lucía muy parecido a cómo había estado la noche de su última fiesta, excepto que las enormes mesas llenas de comida ahora estaban ausentes. Varios cojines y sillas estaban en el sitio que habían ocupado las mesas, y cuando Harry vio la cantidad de alumnos de sexto sentados en ellos, empezó a darse cuenta de lo importante que se habían vuelto esas fiestas. Era un tipo de alivio para ellos tener al lo menos una noche a la semana donde podían fingir que Voldemort no estaba causando estragos en el mundo, tanto en el mágico como en el muggle. Los rostros que habían estado esculpidos con ansiedad y miedo, en la fiesta estaban sonriendo despreocupadamente, riendo… Algunos bailaban, perdiéndose en la música; perdidos en un lugar donde, sólo por un momento, la muerte no estaba amenazando a la vuelta de la esquina.
Pensando en eso, Harry le dio un sorbo a la bebida que Draco le acababa de pasar y luego hizo arcadas. -¿Qué-qué diablos me diste? –espetó, limpiándose la boca.
-Hidromiel –Draco se encogió de hombros, bebiendo de su propio vaso. –Es una fiesta, Potter. Tiempo de gozo, felicidad, celebración y toda esa mierda. Salud –dijo llanamente.
-Pensé que Pansy había dicho que el alcohol era sólo para los juegos –dijo Harry, ignorando el gesto aburrido de Draco.
-Bueno, sí. –Draco sonrió repentinamente. –Nuestro buen amigo Seamus nos dejó un poco del suyo.
-¿Nuestro buen amigo? –preguntó Harry mirando suspicazmente a Draco. Éste se encogió de hombros.
-Supongo que ya estaba un poco ebrio –dijo secamente, gesticulando con una mano. Harry echó un vistazo alrededor y vio a Seamus colgado de Justin Finch-Fletchley, quien parecía divertido. –Está repartiendo bebidas de buena gana a… ahh… a cualquiera que sea gay, esté aquí y quiera desesperadamente una cerveza –continuó Draco, añadiendo un acento irlandés a sus palabras. Harry casi derrama el hidromiel por la nariz.
-¿É-él di-dijo eso? –dijo en un resoplido sin dejar de reír. Draco puso los ojos en blanco.
-Lo que haya sido, nos dio alcohol gratis. Salud –dijo otra vez en un tono mucho más alegre, y él y Harry chocaron sus vasos.
-¡Oye, Draco! –alguien lo llamó, y Blaise estaba de repente frente de ellos. –Pansy me mandó a buscar gente interesada en jugar "Yo nunca" –dijo. -¿A ustedes les gustaría? Quiero empezar de una vez, me estoy muriendo por un trago. Yo… un momento… -Blaise miró más de cerca el vaso de Draco. -¿De dónde has sacado esto? –exigió saber. –He estado tratando de persuadir a Crabbe y a Goyle para que roben una de las botellas, pero ellos no me hacen el caso que solían hacerte a ti… -Draco sonrió jactancioso e inclinó su cabeza en dirección de Seamus.
-Finnigan –respondió. –Pero no intentes pedirle nada. Está exigiendo un besuqueo a cambio de cada vaso.
-¡¿Qué?! –Harry giró bruscamente la cabeza para mirar a Draco. -¡No me habías dicho eso! –Draco rodó los ojos.
-Un besuqueo de los que él cree, no son verdaderos gays –se corrigió. Blaise se mordisqueó pensativamente su labio inferior y le dio largas miradas a las bebidas de Harry y Draco. -¡Oh, venga ya! –Draco sonrió engreídamente. –Muy pronto tendrás suficiente bebida para ti. Vamos a jugar ya; ¿no?
-Oh… oh, cierto –asintió Blaise. –Por supuesto. Correcto. Vamos, entonces. Vamos a jugar. Pero ya. Necesitamos comenzar. –Harry soltó una risita, y él y Draco siguieron a Blaise hasta la otra esquina del salón.
-¡Harry! – exclamó Seamus cuando se aproximaron, arrojándose sobre su amigo. -¡Harry!. ¿Quieres un poco de hidromiel? Tengo una botella entera para mí... ¡pero no le digas a nadie más! –dijo en voz alta, por lo que todos los que estaban cerca pudieron escucharlo de todas maneras. –Están tratando de robarlo. Pero sólo es para aquellos a los que les gustan los chicos, les dije. ¡Nadie más!
-Pues a mí me gustan los chicos –dijo Daphne Greengrass, quien estaba tumbada sobre un cojín a varios metros de distancia. Seamus la miró, confundido.
-No, yo… Um… Chicos. Chicos a los que les gustan los chicos –rectificó trabándose la lengua. Se viró hacia Harry, olvidando abruptamente la interrupción. –Y Ron pretendió obtener un trago gratis sólo porque es un Gryffindor y pensó que ésa era razón suficiente, pero se lo dije, le dije que no. Le dije que yo estaba bastante seguro de que a él le gusta Hermione y no los chicos, y que tendría que probar lo contrario si quería una bebida. –Harry estaba escuchando muy divertido y echó un vitazo alrededor tratando de encontrar a Ron. Su amigo estaba sentado en el círculo justo enfrente, mirando a nada en particular y con el ceño fruncido.
-¿Y qué fue lo que contestó a eso? –preguntó Harry indulgentemente, sonriendo.
-Pues que quería saber cómo tendría que probarlo, obviamente –continuó Seamus ansioso, como si aquello fuera el chisme más candente que hubiera escuchado en un pub. –Y le dije que yo tenía que besarlo e intenté hacerlo, pero a él no le agradó mucho. Huyó espantado antes de que pudiera atraparlo, ya sabes. Entonces hizo una rabieta y exigió saber porqué yo le había dado un poco a Dean.
-¿Y por qué le diste?
-Qué historia tan fascinante –masculló Draco sarcásticamente. Harry le pellizcó un brazo y Draco se lo quitó de encima con un manotazo.
-¡Pues porque permitió que yo lo besara, por supuesto! –dijo Seamus como si fuera muy obvio. Harry abrió mucho los ojos y Draco soltó un bufido.
-Pero Dean está saliendo con Ginny –señaló Harry. Seamus se encogió de hombros.
-Qué curioso, Ron dijo lo mismo. Sólo que con un juramento añadido. Le dije que eso no significaba nada. Yo besuqueo a quien sea, ya sabes. –Entonces, como para probar ese punto, Seamus arremetió contra Harry y le plantó un descuidado beso en los labios. Medio segundo después, Seamus tropezó hacia atrás y Draco estaba parado entre él y Harry, todavía levantado el brazo que había usado para empujarlo.
-Me parece que no, Finnigan –gruñó. -Al menos de que alguien realmente estúpido te rete a hacerlo, tú no besarás a Harry. –Harry se rió y envolvió un brazo alrededor de la cintura de Draco.
-Mi héroe –bromeó y luego miró hacia su compañero de Gryffindor. –Lo siento, Seamus. –Seamus sonrió y se despidió con un movimiento de mano.
-Está bien, está bien –dijo alegremente.
-¡Yo sí dejaré que me besuquees, Finnigan! –exclamó Blaise un tanto desesperado. Seamus sonrió radiante.
-No necesitas hacer eso, Blaise –dijo Pansy, apareciendo por fin con varias botellas en las manos. –Empezaremos a jugar ya.
El juego se desarrolló sin problemas: los jugadores se dieron el gusto con varias confesiones inanes y bebiendo hasta ponerse tontos. A la hora de la tercera ronda, todos los que estaban jugando ya se encontraban felizmente achispados, y cambiaron el juego al de "Verdad o Reto". Se unieron más personas que habían estado bailando y pronto tenían a un enorme grupo de chicos de sexto jugando juntos.
De alguna manera, Harry y Draco se habían separado un poco del grupo; estaban sentados en la parte más alejada del círculo, apoyados de espaldas contra una pared. Draco se acababa de beber de un trago lo que le quedaba de su hidromiel (habían cambiado a whisky de fuego cuando jugaron "Yo nunca"), y dejó salir un suspiro de satisfacción una vez que lo terminó. La mano de Harry estaba descansando sobre su rodilla, acariciando distraídamente de atrás hacia delante y Draco siguió ese movimiento con los ojos antes de empujar la mano para quitarla.
-¿Qué…? –empezó a decir Harry, pero Draco se estaba moviendo y de repente Harry se encontró con su regazo invadido por la cabeza de Draco, ya que aparentemente el chico había decidido usarlo como almohada. Draco llevó la mano de Harry hasta su cabeza.
-Acaríciame –ordenó, cerrando los ojos.
-¿Disculpa?
-No es difícil, en serio.
-No, lo sé, pero…
-Pansy lo hace a veces... ¿quieres que vaya con ella? –Harry puso los ojos en blanco y se dispuso a recorrer suavemente con sus dedos el cabello de Draco.
-¿Así está bien? –preguntó. Draco murmuró complacido y Harry se rió por lo bajito. –Eres como un gatito gigante –le dijo.
-Díselo a alguien y te mataré.
-No necesito decírselo a nadie, todos nos están viendo ya.
-Oh. Bueno, que se vayan a la mierda.
-Sabía que dirías eso.
-¿Me conoces tan bien? –Draco sonrió presuntuoso. Antes de que Harry pudiera responder, Draco levantó una mano para jalarlo hacia abajo y darle un descuidado pero apasionado beso.
-¡Oye, Malfoy! –Draco rompió el beso, abrió los ojos con molestia y giró su cabeza sobre el regazo de Harry para así poder encarar al resto de sus compañeros.
-¿Si? –le preguntó irritado a Zacharias Smith.
-¿Verdad o reto?
-Oh. –Draco hizo una pausa, considerándolo. –Supongo que verdad. –Estaba demasiado cómodo y no quería levantarse a hacer ningún reto. La mano de Harry continuaba acariciando su cabello.
-Sólo porque Justin tiene curiosidad pero le abochorna preguntarlo él mismo –dijo Zacharias arrastrando las palabras, -¿Cuál posición te gusta más: arriba o abajo?
-Abajo –respondió Draco de inmediato, y rápidamente se tapó la boca con una mano. –Demonios –masculló cuando Harry estalló en carcajadas.
-Lo sabía –dijo Harry, sonriendo. Draco lo miró furioso.
-¿Verdad o reto, Harry? –espetó.
-Verdad –contestó Harry, todavía con una sonrisa.
-¿Cuál prefieres tú? –Harry abrió la boca para responder… pero ninguna palabra salió de él.
-Eh… -dijo en vez de contestar. Entonces empezó a reír otra vez, rascándose la nuca avergonzado. –Te dije que me gustaban las dos; ¿no? Supongo que por eso no puedo elegir…
-Imagínate –dijo Draco, rodando los ojos. Harry lo ignoró y buscó alrededor del círculo.
-Ron –llamó, localizando a su amigo sentado entre Neville y Pansy, de entre toda la gente. -¿Verdad o reto? –Ron lo miró con suspicacia.
-Elegiré reto, pero sólo porque confío en ti, Harry –contestó. Harry sonrió ampliamente.
-Te reto a que beses a Hermione –dijo, buscando con los ojos a su amiga la cual estaba sentada con unas chicas de Ravenclaw. Ella lo miró, con los ojos como platos.
-Olímpicamente predecible –bromeó Draco. –Ponte a ello ya, comadreja. Desquíciate.
-¿Durante… durante cu-cuánto tiempo? –preguntó Ron nerviosamente, ignorando a Draco y mirando alternadamente entre Harry y Hermione.
-Tanto como tú quieras, Ron –dijo Harry alegremente.
-Sí, y Harry y yo los imitaremos –dijo Draco perezosamente, jalando a Harry de nuevo hacia abajo mientras que Ron gateaba para cruzar el círculo rumbo a una preocupada Hermione. –Harry –susurró Draco sobre sus labios y viéndolo a los ojos.
-¿Draco? –preguntó Harry con curiosidad.
-Harry; ¿puedo… puedo quedarme contigo esta noche?
Harry aspiró una gran bocanada de aire, abriendo mucho los ojos. –No me estás preguntando eso sólo porque estás ebrio; ¿verdad? –cuestionó con voz débil. –Porque eso fue lo que pasó la última vez… -Draco negó con la cabeza.
-No estoy ebrio, sólo plácidamente achispado y perfectamente capaz de pensar con racionalidad –dijo. Harry lo observó fijamente durante un par de segundos, y luego su rostro resplandeció.
-¡Por supuesto! –exclamó. –Sí, sí, definitivamente puedes dormir conmigo. Quedarte en mi habitación. Lo que sea. –Draco soltó una risita.
-Pero sólo a dormir. ¿De acuerdo? Por ahora.
Harry asintió. –Claro, lo que quieras –dijo emocionado.
-¿Qué tal si nos vamos ya? –preguntó Draco finalizando la oración con un bostezo. –Estoy agotado. –Era contagioso, y Harry se descubrió a él mismo bostezando también. Aparte de los que estaban jugando "Verdad o Reto", la gran mayoría de sus compañeros se habían ido ya.
-Claro –aceptó Harry. –Vayámonos ya.
Dormir en la habitación de Harry fue mucho más fácil de lo que Draco había creído, aunque quizá fue el alcohol el que lo hacía pensar así.
Por supuesto que no estaba seguro de porqué había creído que sería difícil hacerlo, en primer lugar…
Tal vez fue fácil porque eran los únicos en el cuarto cuando se fueron a la cama. O posiblemente lo fue porque las cortinas cerradas les daban una amplia cantidad de privacidad. O quizá fue por el hidromiel, que lo hacía sentirse perezoso, somnoliento y feliz de poder dormir donde fuera.
Pero en gran medida se imaginaba que fue fácil porque nunca había estado tan cómodo, ni siquiera en su propia y enorme cama de la Mansión Malfoy, como cuando el brazo de Harry se envolvió alrededor de su cintura y la desnuda piel de su pecho se presionó tibiamente contra la espalda descubierta de Draco.
Draco se despertó abruptamente en algún momento de la noche y le llevó un par de segundos recordar dónde estaba. Y necesitó otros segundos más para darse cuenta que la presencia de Harry contra su espalda ya no estaba, y que a su lado alguien se estaba moviendo bastante agitadamente bajo las sábanas.
Girando su cuerpo, Draco trató de ajustar sus ojos a la oscuridad de la habitación. Demasiado impaciente para esperar tanto, se inclinó sobre la mesita de noche de Harry y tomó su varita.
-Lumos –masculló en voz baja, parpadeando ante la repentina luz. Entonces bajó la vista hacia su compañero de cama.
Harry se veía muy pálido bajo el tenue resplandor de la varita de Draco. Su frente lucía húmeda, su cabello se le pegaba en ella y su pecho brillaba ligeramente debido al sudor que lo cubría. Sus manos se aferraban fuertemente de las sábanas y la mitad de las mantas estaban enredadas alrededor de sus piernas, las cuales no cesaban de moverse inquietamente. Pero fue el gesto en la cara de Harry lo que atravesó a Draco como una sacudida, ocasionando que casi dejara caer su varita. Ésta se tambaleó en su mano durante un par de segundos mientras que las jadeantes aspiraciones de Harry le taladraban los oídos, y tan pronto como pudo sostener sólidamente su varita con una mano, usó la otra de inmediato para empezar a zarandear a Harry.
-¡Harry! –susurró ásperamente, sacudiendo al chico por el hombro. Los ojos de Harry se apretaron aún más firmemente y arrugó la cara contra la luz de la varita. -¡Harry, despierta!. ¡Vamos, despierta despierta despierta! –suplicó Draco, agitando a Harry de nuevo. –Harry.
Los ojos de Harry se abrieron de golpe y jadeó, resoplando y moviendo pesadamente el pecho. Draco dejó su mano sobre el hombro de Harry, observándolo con preocupación mientras lentamente se calmaba y asimilaba de nuevo su entorno.
-¿D… Draco? –lo llamó con un hilo de voz.
-Estoy aquí –respondió Draco rápidamente. Los ojos de Harry se enfocaron dificultosamente en él debido a que no traía puestos sus anteojos.
-Me despertaste –dijo Harry, parpadeando. Draco se sonrojó un poco bajo su mirada y lentamente volvió a recostarse sobre la almohada.
-Yo… sí. Sí. Lo siento… ¿No debí haberlo hecho? –preguntó, sintiéndose nervioso por ninguna razón aparente.
-Sí –Harry se acercó a Draco y enredó su cuerpo alrededor del suyo, agarrándose de sus brazos con manos temblorosas. –Sí, me da gusto que lo hayas hecho. Yo no… quiero decir, no es culpa suya, pe-pero los demás no se enteran al menos de que me caiga de la cama o algo así. Por… por lo que normalmente tengo que despertar por mí mismo. O sólo… quedarme ahí…
-¿Quedarte… dónde? –preguntó Draco con aprensión. Harry se quedó en silencio durante largo rato antes de responder.
-En la mente de Voldemort –susurró al final. Draco se puso rígido. –De hecho, esto no ha sucedido tan frecuentemente este año como el anterior –continuó Harry. –Imagino que ahora que se ha dado cuenta que yo estoy ahí, puede mantenerme fuera con facilidad. Pero a veces creo que quiere que vea cosas… -suspiró, frotándose la frente con cansancio. Draco lo observó, notando el verdadero motivo de ese movimiento.
-¿La cicatriz te está molestando? –le preguntó. Harry asintió.
-Un poco. No está tan mal.
-¿Qué sucedió esta noche?
Harry suspiró. –Supongo que mañana tendremos un gran reportaje en El Profeta –murmuró. Draco suspiró también, sintiéndose confundido. Acarició la espalda de Harry con sus dedos en un movimiento ocioso. –Gracias por despertarme –repitió Harry, arrastrando las palabras ligeramente conforme empezaba a quedarse dormido otra vez.
-De nada –contestó Draco en voz baja, aunque estaba convencido de que sus palabras no habían sido escuchadas. Harry estaba de nuevo roncando suavemente.
Y así transcurrieron las semanas. La guerra se libraba furiosamente en el exterior y El Profeta traía continuas historias de muerte y asesinatos; pero dentro de Hogwarts la vida proseguía casi como siempre. Las clases continuaron, así como las prácticas de Quidditch, aunque las últimas eran supervisadas por al menos tres profesores a la vez. Los de sexto continuaron con sus fiestas, convirtiendo al Salón de los Menesteres en el único lugar donde podían escapar de la realidad cada sábado. Y Draco continuó durmiendo en la habitación de Harry.
No era algo que hicieran cada noche, ni siquiera cada tercer día. Normalmente durante los fines de semana, o tal vez la noche posterior a un ataque particularmente malo, Draco y Harry se acurrucaban juntos en una de sus camas, porque a Harry también le había dado por visitar el dormitorio de los Slytherins. Eso era un poco más problemático que cuando Draco iba a Gryffindor, principalmente porque Goyle armaba escándalo por eso y en varias ocasiones había amenazado con informarle al profesor Snape.
El primer viernes de marzo, una noche que Draco estaba pasando en la torre de Gryffindor, Harry se despertó tan bruscamente que había logrado sentarse en la cama y tomar su varita en un movimiento defensivo antes de siquiera darse cuenta que estaba despierto.
-¿Harry? –graznó Draco a su lado, rodándose cansinamente para echarle un vistazo. -¿Pesadillas de nuevo? –Harry no respondió. Todavía estaba tratando de controlar su respiración e intentado frenéticamente recordar qué era lo que acaba de ver. Era algo importante, muy importante, lo sabía… -¿Harry? –lo llamó Draco de nuevo, ahora sonando preocupado y sentándose también.
-Algo pasó –dijo Harry sin rodeos, mirando fijamente la oscuridad que lo rodeaba.
-¿Qué quieres decir?
-Voldemort. Él… él… no lo sé. Algo. Algo grande. Alguien que yo… -Harry abrió más los ojos. -¿Alguien que yo conozco? Quizá. O reconocí quiénes eran. O algo así.
-Lo que estás diciendo no tiene ningún sentido –dijo Draco angustiado. Arrugó el ceño. -¿A qué te refieres con que los conocías?
-No sé si los conocía –respondió Harry distraídamente. –Creo que… los había visto antes. Pero en realidad nunca hablé con ellos… Pero eso no es… quiero decir, algo enorme ha pasado. ¡Pero no puedo recordarlo! –rugiendo con frustración, Harry se cubrió los ojos con las manos. -¡Demonios! –Draco frunció el entrecejo, pues Harry raramente se ponía así de nervioso al regresar de uno de sus viajes a la mente del Señor Oscuro. –Era malo –dijo Harry. –Realmente malo.
-Bueno, no hay mucho que tú puedas hacer al respecto –dijo Draco. Se dejó caer de nuevo sobre el colchón y rodó hasta darle la espalda a Harry. –Podrías volver a dormirte.
-No… Draco, estoy hablando en serio. Esto… no es bueno…
-Y yo te reitero que no hay nada que puedas hacer al respecto –espetó Draco. Harry retiró las manos de sus ojos y bajó la mirada hacia Draco.
-¿Cómo puedes ser tan… tan desdeñoso referente a esto? –preguntó enfadado. Draco rodó los ojos y jaló las mantas para cubrirse hasta la barbilla.
-Se le llama ser realista –masculló enojosamente. -¿Qué es lo que vas a hacer, aparecerte ante el Señor Oscuro y batirte a duelo con él en pijama?
-No puedes desaparecerte dentro de Hogwarts.
-Oooh, parece que alguien ha leído "Historia de Hogwarts" –bromeó Draco sarcásticamente.
-Sí, Hermione –farfulló Harry. Suspiró, acostándose de manera que no le daba la cara a Draco. Ambos estuvieron en silencio por un par de minutos, durante los cuales Draco intentó varias veces abrir la boca para hablar. Pero las palabras no acudían a él y estaba seguro que Harry ya debía haberse quedado dormido…
Sin embargo, lo llamó en voz baja: -¿Harry?
-¿Qué? –respondió bruscamente. Draco parpadeó, asombrado de que en realidad estuviera despierto, e hizo una pausa.
-Eh… -empezó. –Estaba… yo estaba pensando…
-Buen trabajo.
-¿Sabes? Definitivamente, creo que soy una mala influencia para ti.
-Qué pena –Harry suspiró y se rodó para darle la cara a la espalda de Draco. Éste no hizo ningún movimiento para encararlo. -¿Qué pasa?
-Yo, eh… Le escribí a mi madre la semana pasada –dijo Draco con voz apenas audible. Escuchó a Harry respirar profundamente detrás de él.
-¿Sobre qué? –preguntó. Draco se encogió de hombros. -¿Le contaste de nosotros?
-No, no todavía –murmuró Draco. –Tal vez en la próxima carta. Le dije… le dije que… -se detuvo, jugueteando con las mantas y entonces, lo dejó escapar: -le dije que no iba a unirme al Señor Oscuro. –Harry se quedó en silencio y Draco estaba seguro que esa vez sí se había quedado dormido. -¿Harry? –preguntó tentativamente.
-¿Por qué le dijiste eso? –preguntó Harry en voz baja. Draco tragó saliva y se rodó para encararlo.
-Le dije que no iba a estar del lado de… de él. Le dije que me negaría a tomar su marca sin importar quien trate de obligarme. Le dije que separaría mi camino del de mi padre, si llegaba a pasar eso. Le dije que me pasaría al otro lado… a tu lado. –Harry estaba respirando con rapidez y tenía los ojos muy abiertos. Draco buscó su mirada. –Así que más te vale ganar. ¿Entiendes? No… no hagas que me arrepienta de mi elección…
-¿Por qué? –susurró Harry con urgencia, interrumpiéndolo. -¿Qué… yo no… por qué? –Draco cerró sus ojos.
-¿Sabes a cuánta gente ha asesinado desde que el Ministerio declaró que estábamos en guerra? –preguntó en tono bajo.
-Yo… no… ¿alguien está llevando la cuenta?
-Sí –dijo Draco. –Yo. –Harry aspiró fuertemente por la boca.
-Oh…
-Treinta y ocho magos y brujas nacidos de muggles. Treinta y un mestizos. Veinticuatro de sangre pura. –Hizo una pausa. –Sesenta y siete muggles. Ya sabes, los miembros de las familias de los hijos de muggles y mestizos y todos ésos. Aunque diecinueve de ellos no tenían relación alguna con el mundo de los magos. –La voz de Draco disminuyó de volumen mientras que continuaba en un tono mucho más discreto: -Veintiuno de ésos asesinados eran menores de once años. Nueve de esos niños eran de familias de magos o algo parecido. Dos eran mujeres embarazadas…
Draco suspiró, levantando su vista hacia Harry de nuevo. –No quiero tener nada que ver con eso –dijo. –Puede ser que esté orgulloso de ser sangre pura y créeme, lo estoy… y siempre creeré que casarse con muggles sólo contamina la estirpe… Pero toda esa matanza sin… sin razón. Asesinar sangre puras sólo porque apoyan los derechos de los muggles. Odio reconocerlo, pero los Weasley son una de las familias de sangre pura más prominentes, y… asesinarlos sólo porque se relacionan con gente como Granger… ¡Merlín, no quedará ni uno vivo!. ¡Tendremos que casarnos entre primos hermanos! –A pesar de lo serio de la situación, Harry soltó una risita.
-No debemos permitir eso; ¿verdad? –dijo con voz ronca, sonriendo ampliamente. –Draco… ¿estás hablando en serio? –Draco lo miró fijamente y en silencio durante un momento.
-Absolutamente –susurró. Harry se rió de nuevo, más que nada por la impresión y el alivio que sintió. Se lanzó hacia delante, capturando la boca de Draco con la suya y asaltándola profundamente. Fue un beso que mandó a Draco lejos y lo unió a Harry de nuevo, todo a la vez. Se sintió perderse en él al mismo tiempo que percibía como si estuviera regresando a casa sano y salvo después de un largo viaje. Calidez le atravesó el cuerpo incendiando todo a su paso y ardiendo en su estómago, y para cuando Harry dio por finalizado el beso, la piel de Draco estaba ruborizada, su corazón estaba latiendo desbocado y posiblemente no podría haber estado menos cansado que si le hubiesen arrojado una cubeta con agua helada sobre la cabeza. Y de algún modo terminó encima de Harry.
-¿Por qué, Draco…? –dijo Harry divertido, mirando hacia algún lugar cercano a la entrepierna del chico. Levantó una mano y trazó levemente el bulto que se había formado en los pantalones de pijama de Draco, provocándole un escalofrío. Se preguntó cómo se había excitado de esa manera casi sin haberse dado cuenta. Dobló los dedos de sus pies cuando Harry lo acarició con suavidad, y lo miró fija y somnolientamente mientras que Harry lo observaba con incredulidad y una sonrisa enorme. -¿Quieres que…?
Draco no respondió de inmediato. Hasta ese momento, todavía no habían tenido sexo en la cama de Harry. Lo habían hecho en Slytherin un par de veces, cuando se saltaban algunas clases o faltaban a las comidas o cosas así, pero en Gryffindor aún no, aunque Draco no sabía porqué. Simplemente Harry no se lo había vuelto a preguntar otra vez, pero si lo hubiera hecho, Draco estaba convencido de que su repuesta habría sido un sí.
Porque iba a decirlo en ese momento.
-Sí –dijo, asintiendo con rapidez. –Por supuesto que sí. No puedes… no puedes besarme de esa manera y luego esperar que… ¡que no me afecte y me duerma de nuevo! –Harry sonrió e inmediatamente empezó a bajar los pantalones de Draco. Un par de minutos y mucho movimiento torpe después, estaban de nuevo en la misma posición sólo que ahora sin nada de ropas que estorbaran.
-¿Yo voy arriba, entonces? -preguntó Draco, inclinándose para besar a Harry.
-No. –Harry murmuró un rápido hechizo al cual él y Draco le habían tomado particular cariño, y de repente unos dedos cubiertos de lubricante estaban rozando la entrada de Draco. A éste no le molestó y pronto estaba jadeando cuando Harry empezó a prepararlo lentamente, esperando que intercambiaran la posición. Pero eso nunca ocurrió. En vez de que Harry se colocara encima, sus manos guiaron las caderas de Draco hacia atrás y entonces, sintió la conocida sensación del miembro de Harry presionarse contra él.
-¿Qué… así? –preguntó Draco sorprendido. Harry asintió.
-Sí –dijo, colocando su erección en el lugar indicado con una mano. –Sólo… siéntate… -Parpadeando, Draco lo hizo, llevando a Harry lentamente dentro de su cuerpo. Un gemido ronco y profundo abandonó su garganta. -¿Estás bien? –preguntó Harry jadeando, una vez que estuvo completamente adentro.
-Claro –dijo Draco sin aliento, tratando de acostumbrarse a la sensación de tener a Harry tan profundamente dentro. El peso de su propio cuerpo lo mantenía totalmente empalado. Se removió un poco y sacudidas de placer lo recorrieron de pies a cabeza. –Dios, joder sí que estoy bien –gimoteó, y entonces comenzó a moverse velozmente, estableciendo un ritmo que Harry imitó con entusiasmo.
-De esta… de esta ma-manera, tú sigues teniendo el control… ¿ves? –jadeó Harry, aferrando las piernas de Draco con sus manos mientras se empujaba contra él.
-Ajá –masculló Draco, bajando la cabeza y colocando las manos sobre los hombros de Harry. -¿N-no despertaremos a… a tus compañeros? –preguntó, sin que realmente le importara mucho en ese momento pero imaginando que si sucedía sería una situación abochornante.
-Ah… mierda… tienes razón –dijo Harry. Tomando la primer varita que encontró (y resultó que era la de Draco), la agitó. – ¡Silencio! –resopló, y entonces la arrojó en algún lugar entre las mantas y colocó las manos en la cintura de Draco para jalarlo aún más cerca de él. –Inclínate hacia atrás –ordenó y Draco obedeció, enganchando sus piernas en la espalda baja de Harry y echando los brazos hacia atrás para apoyarse con las manos sobre la cama. Su espalda se arqueó y cuando Harry golpeó ese glorioso punto dentro de él, dejó caer la cabeza casi gritando de placer.
-¡Oh, Dios! –exclamó, con los ojos muy abiertos pero sin ser capaz de ver, concentrándose en las increíbles sensaciones que recorrían su espina dorsal.
-Mierda. Draco. Voy… Creo que no podré… -decía Harry entre rápidas inspiraciones que se incrementaban a la misma velocidad que lo hacían sus embestidas, pero antes de que pudiera decir mucho más, sus muslos se tensaron, los dedos de sus pies se enroscaron y no fue capaz de ver más que destellos blancos ante sus ojos cuando se vació dentro de Draco.
Harry colapsó de espaldas sobre las almohadas, desmadejado, pero continuó empujándose contra Draco tanto como pudo hacerlo. Envolvió con una mano la erección de Draco y rápidamente lo ayudó a terminar, observando la curva de su cuello mientras que el chico se estremecía en el éxtasis de su orgasmo. Se quedaron en esa incómoda posición durante algunos minutos más, cada uno intentando recuperar el aliento. Entonces Draco se levantó lentamente de nuevo y se dejó caer sobre el colchón a un lado de Harry, provocando que su miembro resbalara fácilmente fuera de él.
-Joder. Harry. Joder –dijo Draco con una atolondrada sonrisa dibujándose en su rostro. Harry también sonrió, rodando para acercarse a él. Enterró su cara en la curvatura del cuello del chico, envolviendo sus brazos alrededor de su espalda sudorosa.
-Gracias, Draco –susurró encima de su piel, apretándolo más firmemente. Draco cerró los ojos y le correspondió el abrazo.
-No lo hice por ti, Harry –dijo lentamente, apoyando su frente contra la de él. –Necesito que comprendas eso. Lo hago por mí; es una elección que yo deseo hacer. Y si… si algo sale mal entre nosotros… ya sabes, si nuestra relación no funciona o lo que sea… no va a ser motivo para que yo me retracte de la decisión. –Draco se alejó un poco para poder mirar a Harry a los ojos. Respiró profundamente antes de decir: -No voy a unirme a Voldemort. Nunca.
Parpadeando con rapidez, Harry asintió. Intentó decir algo, pero las palabras no lograron salir de su boca y al final tuvo que conformarse con abrazar a Draco un poco más fuerte.
La mañana siguiente, Hermione se dirigió a desayunar con un humor decididamente alegre. Bueno, la verdad sea dicha, había estado así de alegre desde unas semanas atrás, cuando Ron finalmente había captado las cosas. Salir con él no era realmente muy diferente a cuando sólo eran amigos, a excepción de que la nueva situación tenía besos incluidos. Y Hermione consideraba esa parte como un valor agregado. Un muy, muy buen valor agregado, en realidad.
Sonriendo por ninguna razón en particular, se sentó a la orilla de la mesa y procedió a untar una tostada con mantequilla. Disfrutaba de los desayunos de los sábados porque era una de las pocas ocasiones que disponía para ella misma. Nunca le había gustado dormir hasta tarde y era de los pocos Gryffindors que se levantaban temprano los fines de semana, de modo que podía deleitarse del silencio y la tranquilidad reinantes en su mesa del Gran Comedor. Tenía un horario establecido: primero se servía su plato con lo que fuera que los elfos domésticos hubieran preparado para ellos. Para cuando había terminado de hacer eso, usualmente era justo a tiempo para el primer arribo de lechuzas con correo, una de las cuales le traía su ejemplar de El Profeta y así ella podía leerlo mientras desayunaba, sin tener que soportar las preguntas interminables de parte de Ron y su cháchara intrascendente con Harry acerca de Quidditch. A la hora que había terminado de leer todos los artículos que le interesaban, iba a la mitad de su desayuno y los muchachos llegaban a comer junto con ella. De esa manera, podía gozar del resto de la comida con sus dos mejores amigos.
Bueno, con su mejor amigo y con su otro mejor amigo que se había convertido en su novio.
Hermione terminó de servirse su plato y echó un vistazo alrededor en busca de las lechuzas del correo, las cuales ya deberían… Ah, ahí estaban. Varias lechuzas estaban descendiendo en picada a través de las ventanas y un autillo de tamaño mediano aterrizó frente a ella y le extendió su pata. Satisfecha, Hermione le pagó y la observó emprender el vuelo de nuevo antes de regresar su atención a El Profeta y abrirlo con un gesto dramático.
Y tan sólo con eso, el buen humor de Hermione se desvaneció tan intempestivamente como si un dementor hubiera entrado en el Comedor. El periódico resbaló de sus manos y cayó con un suave movimiento sobre la mesa.
