STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
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Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
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Capítulo 16
Hermione estaba confundida. Casi ni podía enfocar la mirada en el periódico que tenía frente a ella, por lo que parpadeó lentamente y frunció el ceño. Eso no tenía ningún sentido… ¿Por qué él haría eso…?
Preguntándose si alguien más habría leído ya los encabezados del día, Hermione levantó la cabeza y miró alrededor del Gran Salón, sintiéndose un tanto aturdida. La mesa de Gryffindor todavía estaba bastante vacía y a nadie de Hufflepuff parecía importarle la noticia, pues todos estaban charlando afablemente. Algunos Ravenclaws estaban susurrando entre ellos con urgencia y lanzaban rápidas miradas de reojo hacia la mesa de Slytherin.
Los Slytherins…
Hermione se giró sobre su asiento. Ninguno de los Slytherins parecía haberse dado cuenta de nada. Pero los Slytherins en particular que Hermione buscaba, todavía no estaban sentados ahí.
Con movimientos displicentes, como si estuviera soñando, Hermione se puso de pie y se dirigió hacia las puertas. No se dio cuenta que llevaba consigo el ejemplar de El Profeta.
Aquello era inasimilable. No podía entender qué había pasado. ¿Y dónde estaban los profesores?. ¿No deberían estar haciendo algo al respecto?
Pestañeando otra vez, Hermione se percató que se había quedado parada, casi petrificada, en medio del la entrada principal, y que los estudiantes que pasaban a su lado la miraban extrañados. Indecisa, sin sabe qué hacer, se volteó en dirección de las mazmorras de Slytherin y dio medio paso hacia allá. Entonces se detuvo. ¿Qué podría hacer ella yendo ahí?
Harry. Podría ir a decírselo a Harry. Él sabría qué hacer.
Armándose de valor y agitando un poco la cabeza para aclararse las ideas, Hermione se giró sobre sus talones y caminó tres pasos hacia la Torre de Gryffindor. Entonces se detuvo de nuevo. Harry no tendría idea de qué hacer. Apenas si era capaz de manejar sus propias pérdidas, mucho menos las de alguien más. El breve tiempo que había pasado con Cho lo dejaba en evidencia…
-¿Hermione?
Hermione se volteó para averiguar quién le estaba hablando y cuando lo descubrió, estrujó el periódico con la mano y tuvo que apoyarse contra la pared para sostenerse. –Pansy –dijo con voz estrangulada y fue entonces cuando se dio cuenta que sus ojos estaban ardiendo en lo que seguramente era llanto descontrolado, y no tenía idea de porqué. Ni siquiera había conocido en persona a quien habían… habían… -Pansy –repitió Hermione, -lo… lo siento mucho. –Las piernas le fallaron ante su peso y tuvo que deslizarse por el muro hasta quedar sentada sobre uno de los escalones.
Pansy abrió mucho los ojos, clavando la mirada en el periódico sostenido firmemente por la mano de Hermione. Tragó saliva pesadamente y caminó con lentitud hacia la chica. -¿Quién ha sido? –preguntó en voz baja con los ojos todavía fijos en el diario. Hermione se lo ofreció y Pansy dudó antes de tomarlo. Cerrando los ojos, Pansy lo alisó contra la pared que estaba a su lado. Con la mano aún cubriendo la mitad de la hoja, respiró profundamente, abrió los ojos y con lentitud quitó su mano.
-No –gimió, retirando la mano como si le quemara y el periódico cayó al suelo. –No… pero… Pero... ¡acabo de verla! –insistió Pansy, mirando hacia la pared sin parpadear. –Apenas… en Navidad. Y-y se suponía que pronto iríamos a casa para las vacaciones de Pascua. Él iba a decirle. En persona. Iba a decirle acerca-acerca… -En ese momento ya estaba respirando entrecortado y su pecho se movía con rapidez.
Hermione cerró los ojos apretadamente y se frotó la frente con una mano. –Pansy; ¿dónde está? –preguntó con voz queda. –No puedes permitir que vea esto. –Pansy se giró sobre sus talones, registrando frenética la entrada al Gran Salón. Caminó veloz hacia las puertas y asomó la cabeza. –No está ahí –dijo Hermione, incorporándose trémulamente y siguiendo a Pansy.
-El profesor Snape tampoco está –dijo Pansy ahogadamente y al parecer al borde del llanto. Hermione también se asomó.
-Ni la profesora McGonagall, ni el profesor Dumbledore -murmuró.
-Él raramente está aquí –dijo Pansy, retirándose. Miró a Hermione a los ojos. –Irán a buscar a Draco.
-Entonces deben estar abajo en las mazmorras –asintió Hermione. -Eso es bueno, así Draco no se enterará por el periódico.
-Pero tampoco querrá enterarse por los profesores. –Pansy desvió la mirada, frotándose los ojos con el dorso de la mano. Sorbiéndose la nariz, dijo: -Con esa manera de ser que poseen, tan fría y profesional…
-No puedo imaginarlo… -dijo Hermione. Pansy soltó un sonido de frustración.
-¡Es que no puedo entenderlo! –exclamó, dando una patada contra el suelo. -¿Por qué haría…?. ¿Por qué…? Sólo quisiera saber, ¡¿por qué?! –Hermione se encogió de hombros impotente. Pansy la miró de repente. –Espera, Hermione… Draco no está en la mazmorra. Lo recuerdo, porque yo necesitaba hablarle sobre… algún asunto de prefectos o no sé qué, y Blaise me dijo que no estaba ahí.
Hermione pestañeó, echándole un vistazo a las escaleras que se extendían junto a ellas. –Entonces está en Gryffindor. El profesor Snape no lo sabrá. ¿Crees que debemos…?
-Sí –asintió Pansy de inmediato. –Creo que él preferiría escucharlo de mí. Bueno, sé que preferiría no tener que escucharlo para nada… -Sorbiéndose el llanto otra vez, empezó a caminar. –Y yo preferiría no tener que decírselo.
A medio camino, se encontraron con Ron y Neville que venían bajando. Ron sonrió ampliamente, dirigiéndose aprisa hacia Hermione para darle un beso en la mejilla. Ella le dedicó una débil sonrisa.
-¿Ya terminaste tu desayuno tan pronto? –preguntó Ron, tomándola de la mano. –Regresa y come conmigo.
Hermione titubeó antes de liberar su mano con lentitud. –Pansy necesita hablar con Draco –dijo, obsequiándole otra aguada sonrisa. –Adelántate, te alcanzaré en un rato.
Ron asintió y se despidió de mala gana. –De acuerdo. ¡Nos vemos! –Él y Neville continuaron su camino y Hermione y Pansy recorrieron el tramo de escaleras faltante para llegar a la Torre de Gryffindor.
A Hermione no le sorprendió que el caminar de ambas se hiciera cada vez más lento conforme se acercaban a la habitación de los chicos de sexto. Subieron penosamente las escaleras y se dirigieron hacia la puerta, la cual de pronto parecía una amenaza inasequible al final de un camino que no acababa nunca. Pero por mucho que a Hogwarts le gustara gastarle bromas a sus estudiantes y cambiara los pasillos para confundirlos, el corredor tenía una distancia determinada y Pansy y Hermione terminaron de recorrerlo en mucho menos tiempo del que les hubiera gustado. Hermione tocó tentativamente la puerta.
-¡Un momento! –escucharon que la voz de Seamus gritaba desde adentro, y luego la puerta se abrió. Seamus estaba colocándose su camisa y les sonrió a las chicas. –Pasen, pasen –dijo alegremente. –Disculpen el desorden. Cuidado con la pila de ropa de ahí, Dean no sabía que ponerse hoy. ¡Parece una jodida chica…!
-¡Oye! –graznó Dean desde el piso, de rodillas frente a su baúl.
-Como si de todas maneras alguien se enterara lo que lleva puesto debajo de la túnica; ¿eh? Qué molestia, siempre estorbando el camino… Bien. ¿Qué podemos hacer por ustedes?
-¿Draco está aquí? –preguntó Pansy, rodeando con cuidado el montón de ropa antes mencionada y echándole un vistazo a las camas desarregladas. Seamus sonrió más ampliamente.
-Los tortolitos están ahí –dijo, señalando la única cama que continuaba con las cortinas cerradas. –Creemos que colocaron un encantamiento silenciador y olvidaron quitarlo, porque todavía no han asomado ni un pelo. –Pansy marchó resuelta hacia la cama y de golpe apartó las cortinas. Después de un instante, Hermione la alcanzó.
Aquella habría sido una hermosa fotografía, pensó Hermione distraídamente. El rostro de Harry se arrugó en respuesta a la luz repentina y Draco hizo un sonido incomprensible mientras que presionaba su cabeza contra el pecho del moreno. El despeinado cabello del rubio rozó la barbilla de Harry cuando se movió, logrando que Harry gruñera y se removiera ligeramente. Luego, después de gemir un poco, Harry abrió un ojo apenas perceptiblemente.
-Buen día, H-mione… -masculló, frotándose los ojos y pasándose una mano por el cabello. Su otro brazo estaba envuelto alrededor de la cintura de Draco por debajo de las mantas.
-No puedo hacerlo –dijo Pansy abruptamente, girándose y sentándose sobre la cama. Ésta se movió un poco debido a su peso y Draco hizo un sonido de molestia antes de abrir lentamente los ojos. –Hermione… ¡sólo míralos! No puedo… no puedo decirle… -Su voz se quebró y enterró el rostro entre sus manos.
-¿Pansy? –la llamó Draco, y de repente él y Harry estuvieron completamente despiertos. Se sentaron con un movimiento torpe, asegurándose de que las sábanas continuaran cubriéndolos firmemente. Hermione se ruborizó un poco al suponer porqué lo hacían. –Pansy; ¿qué ocurre? –Harry abrió mucho los ojos de pronto, y su mano cayó sobre la pierna de Draco.
-¿Recuerdas que te dije que algo había pasado anoche? –le preguntó rápidamente a Draco en un susurro. Draco contuvo la respiración y su mano buscó la de Harry. Entrelazó sus dedos con los del moreno.
-¿Está todo bien, Pansy? –le preguntó. –¿Fue…?. ¿Les sucedió algo a tus… a tus padres?
Pansy negó con la cabeza. –No a mis padres, Draco –murmuró, volteando lentamente para encarar a Draco. La mano de éste apretó la de Harry hasta casi quebrarle los huesos.
-¿Entonces, a los de quién? –preguntó con la voz ligeramente temblorosa. Pansy frunció los labios mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas. Harry trató de buscar la mirada de Hermione, pero ella lo estaba evitando. La chica tenía una mano oprimida fuertemente sobre su boca. A sus espaldas, Dean y Seamus estaban boquiabiertos contemplando la escena que tenía lugar.
-Cariño, lo siento tanto –musitó Pansy. Draco pegó un respingo.
-No –dijo, parpadeando.
-Draco…
-¡NO! –Se volteó, soltando la mano de Harry y apretando la suya en un puño. Su rostro estaba repentinamente enrojecido. –No, estás cometiendo un error.
-¡Draco, El Profeta lo publicó esta mañana! –dijo Pansy, llorando incontrolablemente. –Desearía que no hubiera pasado… Lo siento, Draco, pero tu madre…
-No te creo. ¡Harry, dile que está cometiendo un error! –pidió Draco con voz tensa, agarrando a Harry por un hombro. Pero Harry estaba mirando fijamente hacia Hermione, quien ya lo veía a la cara y asentía lentamente con la cabeza. También estaba recordando imágenes fugaces de un rostro familiar, aunque él nunca había hablado con esa persona. Alguien a quien había visto sólo una vez…
-Draco… -dijo en voz baja, con la horrible sensación que lo había despertado la noche anterior regresando a él y llenándole el pecho de pavor. Se giró para mirar a Draco, y lo que haya sido que Draco vio en sus ojos pareció quebrarlo. El rubio pestañeó rápidamente varias veces, y la mano que tenía sobre el hombro de Harry se apretó tan fuerte que sus nudillos se pusieron blancos.
-Eso es imposible –dijo secamente. –Ni… ni siquiera tiene sentido... No hay manera de que mi madre esté… mi mamá… ella no puede… no. –Draco estaba respirando con tanta rapidez que Harry temió que empezara a hiperventilar. De inmediato, trató de envolver un brazo alrededor de la cintura del chico. Draco brincó y se alejó de él, cayendo bruscamente sobre la cama. -¡No me toques! –le espetó.
Harry dudó por un momento antes de levantar de nuevo su brazo y tratar de depositar su mano sobre el brazo de Draco. –Draco –repitió.
-¡PARA YA! –explotó Draco, cerrando fuertemente los ojos. Pero antes de hacerlo Harry había notado que el chico tenía la mirada un tanto vidriosa, y preocupado, pretendió una vez más tomarlo por el brazo. Draco casi lo golpeó con el codo en la nariz en su intento por alejarse de él. -¡NO! ¡Paren ya, dejen de mentirme!. ¿Es esto una especie de broma?. ¡¿Es para tratar de convencerme de que me cambie de bando?! Bueno, pues ya lo hice; ¿está bien? Así que… ¡paren ya! ¡Paren!. ¡ESTO YA NO ES GRACIOSO!
Hermione les dio la espalda mientras soltaba un llanto ahogado. Pansy volvió a enterrar el rostro entre sus manos. Seamus y Dean ya se habían escabullido unos momentos antes, una vez que se dieron cuenta qué era lo que estaba pasando.
Mordiéndose los labios, Harry esperó hasta que Draco abrió los ojos otra vez. Entonces buscó su mirada. La respiración de Draco volvió gradualmente a la normalidad mientras observaba fijo a Harry y luego apretó firmemente sus labios. Su rostro estaba impávido, sin expresión. Y cuando abrió la boca para decir algo, no logró articular palabra. Con el labio inferior temblando ligeramente, Draco cerró los ojos y se dejó caer hacia Harry, haciéndose un ovillo contra él. Un breve lamento escapó de su garganta. –No… -gimoteó, sacudiendo la cabeza. –Nonononono. –Harry apoyó el mentón sobre la coronilla de Draco y apretó más firmemente su abrazo alrededor de él, apenas notando cuando Pansy gateó encima de la cama para abrazar a Draco por la espalda.
-Severus, francamente no creerás que está aquí arriba; ¿o sí? –dijo repentinamente una voz detrás de la puerta. Harry levantó la vista.
-No está en la sala común de Slytherin, no está en el Gran Comedor; por más que aborrezca el simple pensamiento, me parece que lo más probable es que haya compartido habitación con tus Gryffindors la noche anterior. –Draco se sentó rápidamente, dirigiendo una mirada perturbada hacia la puerta. El profesor Snape y la profesora McGonagall aparecieron por ella, deteniéndose abruptamente ante el espectáculo que los cuatro adolescentes les ofrecían.
-¡Señor Potter! –exclamó McGonagall abriendo los ojos desmesuradamente. -¿Podría usted vestirse apropiadamente?. ¡Especialmente en presencia de compañía femenina! Señorita Granger, es altamente inapropiado que usted esté aquí cuando…
-Minerva –interrumpió Snape en voz queda, señalando hacia Draco con un movimiento de cabeza. El rubio los miraba a todos con los párpados enrojecidos.
McGonagall suspiró. –Vaya –murmuró. –Parece que no llegamos a tiempo.
-Profesor Snape –habló Draco, abandonando los brazos de Harry y quitándose a Pansy de encima. –Es… Dígame la verdad –pidió frenéticamente. –Yo no… no…
Snape respiró hondo y se adelantó hacia ellos. –Señor Malfoy –empezó a decir en un tono demasiado profesional, -me da un profundo pesar tener que informarle de esto…
-¡Profesor! –exclamó Draco con desesperación. Snape, quien lucía bastante incómodo, pareció desalentarse un poco.
-Draco –dijo en voz baja, empleando una entonación que demostraba que, efectivamente mantenía una relación más cercana con sus Slytherins que lo que dejaba ver en clases, y eso sólo pareció deshacer todavía más a Draco. Snape se retiró algunos mechones grasientos de la cara y Harry notó que le estaba temblando ligeramente la mano. –Draco, yo… Sabes que tu madre y yo éramos buenos amigos. Lo… que sucedió fue… -se interrumpió y se irguió, mirando a Draco a los ojos. –Anoche, la marca oscura fue encontrada sobre la Mansión… Recibimos la noticia justo hoy en la mañana. –Snape cerró los ojos. –No tengo palabras para decirte lo mucho que lamento tu pérdida.
La respiración de Draco se aceleró mientras que sus ojos miraban a nada en específico. Se dobló sobre sí mismo, apoyando el pecho sobre sus piernas y enterrando la cara entre ellas. Harry lo observó ansiosamente, sin saber qué hacer. Pansy tampoco parecía saberlo; la chica continuaba con sus ojos fijos en Snape.
Hubo un breve silencio que fue roto cuando Ron irrumpió repentinamente por la puerta, sorprendiendo a todos. Sin ni siquiera reparar en los profesores, Ron agitó salvajemente una carta. -¡Harry! –chilló. -¡Harry, los Mortífagos han escapado de Azkaban! –Exclamaciones sofocadas surgieron por toda la habitación y Draco se sacudió con conmoción. Harry se inclinó y lo tomó de la mano sin saber a ciencia cierta si Draco siquiera se había dado cuenta, aunque el rubio le correspondió el apretón fuertemente.
-¿Cuándo sucedió eso, señor Weasley? –preguntó una pálida McGonagall con urgencia. Ron abrió desmesuradamente los ojos al percatarse de que dos de sus profesores estaban ahí.
-Eh… Justo esta mañana –respondió tímidamente, parpadeando mientras echaba un vistazo por toda la habitación. –Hace un par de horas. Mi padre me escribió para informarnos… eh, Kingsley Shaklebolt se lo dijo a él cuando llegó al Ministerio. El Profeta todavía ni se ha enterado.
-Merlín –suspiró McGonagall mientras que Snape fruncía profundamente el ceño.
-Esto no puede ser mera coincidencia –comentó Snape pausadamente.
-Fue un castigo –dijo Hermione en un susurro, apoyándose contra uno de los postes de otra cama. Draco levantó lentamente la cabeza para mirarla y Snape la observaba sin decir nada.
-¿Un castigo? –habló Pansy con voz ronca. Hermione asintió, cerrando los párpados débilmente.
-Estoy segura que Voldemort… -la mitad de los presentes se estremecieron. -… podía haber liberado a sus Mortífagos en el momento que él lo hubiera deseado. Pero el verano pasado ellos estropearon todo. Realmente… arruinaron sus planes. Por eso los dejó ahí –explicó Hermione. –Y esto… lo de la madre de Draco… -Draco tembló un poco, pero Hermione no se detuvo. –Era la misión de Lucius; ¿no? Todo aquello que sucedió en el Ministerio. Lucius falló. Entonces, Voldemort los dejó a todos en prisión para castigarlos; pero aún peor, y como una advertencia para que no volvieran a fracasar de nuevo, estoy segura, asesinó a la esposa del hombre que fuera su mano derecha. Yo… bueno, yo no dudo que habría ido tras Draco también…
-Muy astuto, señorita Granger –dijo Snape sarcásticamente. –Usted parece estar muy en sintonía con la manera de pensar del Señor Oscuro. Sin embargo, tengo que decir que lo más probable es que usted esté en lo correcto. –Snape dejó salir un suspiro por la nariz y le dirigió una mirada de reojo a McGonagall. –El Señor Oscuro adora castigar a quienes no siguen cabalmente sus órdenes. Además, ya se encontraba enfadado con Lucius por lo del diario.
-¿El diario, profesor? –preguntó Hermione. -¿Se refiere al que tenía Ginny Weasley?
-Eso no es de su incumbencia, señorita Granger, ni tampoco es relevante en este momento –respondió Snape.
-¿Usted lo sabía? –habló Draco de pronto con un hilo de voz.
-¿Qué, Draco? –preguntó Harry rápidamente. Draco levantó su cabeza, dándole a Snape una helada y dura mirada.
-¿Lo sabía? –preguntó de nuevo, su voz sonando cada vez más furiosa. -¡¿Usted sabía lo que ese bastardo le iba a hacer a mi madre?!
Snape observó larga y calculadoramente a Draco. -¿Realmente piensas eso de mí?
-¡Usted solía ser un Mortífago! –chilló Draco insistentemente. -¡Igual que mi padre!. ¡Le he visto la marca, yo sé que usted la tiene! No me interesa si puede engañar a Dumbledore, a mí no me hace tonto. ¡Seguramente usted ha estado trabajando para Él desde el mismo instante que volvió! –Pansy también comenzó a mirar a Snape con ojos acusadores. Ron bufó.
-¿De verdad crees que alguien haría tonto a Dumbledore así de fácil? –le cuestionó. –Por supuesto que sabía que Snape era un Mortífago, gilipo…
-¡Ron! –lo interrumpió Harry bruscamente mientras que Draco lo miraba con desprecio.
-¿Qué? Está comportándose como un idiota, Harry.
-¿Por casualidad te perdiste la parte donde Draco dijo: "usted sabía lo que ese bastardo le iba a hacer a mi madre", Weasley? –inquirió Pansy gélidamente. Ron parpadeó, abrió mucho los ojos y la encaró.
-¿Quién-ya-sabes le hizo algo a tu madre? –preguntó, impactado.
-¡No! –bramó Pansy, exasperada. -¡No a mi madre!
-Ron... ¿no leíste El Profeta esta mañana? –le preguntó Hermione con voz queda.
-Weasley no revisa El Profeta nunca –le dijo Draco a Hermione con la voz ligeramente quebrada a pesar de que estaba tratando de sonar indiferente. –Depende completamente de ti para adquirir conocimientos terrenales, lo sabes bien.
-De acuerdo, es suficiente –intervino Snape. –Señor Malfoy, pienso que debe regresar conmigo a Slytherin para así poder hablar de…
-¡Váyase a la mierda, enorme murciélago crecido! –espetó Draco, fulminando a Snape con la mirada. -¡Todavía no confío en usted!
-Señor Malfoy –dijo Snape en tono duro. –Simplemente estoy sugiriendo que…
-¡No me interesa! –rugió Draco. -¡¿Por qué no se larga a lavarse el cabello o lo que sea, maldito traidor?!
-¡Draco! –estalló Snape y un ligero rubor cubrió sus cetrinas mejillas. McGonagall tosió suspicazmente y Snape la miró enfurecido, provocando que recuperara rápidamente la compostura.
-Señor Malfoy, creo que debe retirarse ya junto con el profesor Snape –dijo desapasionadamente.
-Pues yo creo –la voz de Draco se quebraba cada vez más, -¡que de verdad me gustaría que me dejaran tranquilo de una vez!
-Por supuesto, eso era lo que estaba tratando de sugerir –indicó Snape con la voz cargada de molestia, –así que, si tuvieras la amabilidad de acompañarme…
-Eh, Draco y yo no estamos precisamente… um… vestidos –habló Harry, sonrojándose. El profesor pestañeó.
-¿En absoluto? –Fue el débil cuestionamiento de Snape mientras le echaba un ojo a las mantas que cubrían la mitad de los cuerpos de Harry y Draco. Sus labios se curvaron en una mueca de asco.
-No… -masculló Harry.
McGonagall alzó una ceja. –De acuerdo, todos para afuera y démosles un poco de privacidad –ordenó. Hermione asintió y se volteó para salir de una vez. Se detuvo a un lado de Ron, quien estaba mirando fijamente a Draco y parecía que por fin había comprendido con exactitud quién era la persona que había muerto.
-Malfoy… -dijo apenas audiblemente. –Yo… lo lamen…
-¡CÁLLATE! –rugió Draco, agachándose y cubriéndose las orejas. -¡Cállate cállate cállate…!. ¡No quiero escucharlo de ti, Weasley, así que mejor LÁRGATE! –Ron abrió la boca de nuevo con apariencia determinada, pero Hermione lo tomó suavemente de la muñeca y negó con la cabeza cuando él la volteó a ver. En silencio, ambos dejaron la habitación. Pansy siguió sus pasos, girándose bajo el marco de la puerta para mirar de nuevo hacia Draco.
-¿Quieres… quieres que te espere…?
-¡FUERA DE AQUÍ! –gritó Draco, sonando casi al borde de la histeria. Pansy asintió, luciendo como si deseara llorar otra vez pero estuviera decidida a no hacerlo, y luego se retiró. McGonagall salió detrás de ella.
-Estaré afuera del retrato esperando por ti –dijo Snape antes de salir. –Quiero asegurarme de que regreses a Slytherin de una pieza. –Tan pronto como la puerta se cerró detrás de él, Draco saltó de la cama y procedió a colocarse su ropa ruda y apuradamente.
-¿Draco…? –lo llamó Harry en voz baja sin dejar de observarlo.
-Cállate, Harry. No quiero escucharlo –murmuró Draco mientras se ponía su camisa.
-Draco, mira; ¿qué puedo…?
-Tú lo viste. ¿Verdad? –interrumpió Draco, subiéndose los pantalones de un tirón y dejando la cremallera sin abrochar.
-¿Yo lo ví…? Ah. Sí. Creo que sí –reconoció, avergonzado. Con los zapatos en la mano, Draco hizo una pausa mientras miraba a nada en particular. Dejó caer levemente los hombros.
-Me lo habrías dicho; ¿cierto? Si hubieras reconocido de quién se trataba.
-Por supuesto –respondió Harry de inmediato. –Definitivamente sí te lo habría dicho. Pero… es que yo sólo vi a tu madre en una única ocasión… En los Mundiales de Quidditch; ¿te acuerdas?
Draco asintió y entonces, con los zapatos todavía en la mano, se encaminó hacia la puerta.
-Espera, Draco, permíteme acompañarte –le pidió Harry, quitándose las mantas de encima y rescatando sus bóxer del piso.
-No –dijo Draco con tono suave. –No quiero que me acompañes.
-Draco…
-¡Quédate aquí, Harry! –prorrumpió Draco, azotando fuertemente la puerta al salir.
Harry dejó tranquilo a Draco por el resto de la mañana y ya entrada la tarde, decidió bajar a buscarlo. Pansy le permitió entrar a la sala común de Slytherin y lo llevó a la habitación de los chicos de sexto.
-¿Crees que querrá vernos ya? –le preguntó Harry, deteniéndose frente a la puerta.
Pansy se encogió de hombros. –No quiero dejarlo solo durante tanto tiempo –dijo.- Si cabe, necesitamos al menos mantenerlo vigilado. –Harry asintió y tocó tentativamente la puerta.
-¡Váyanse a la mierda! –escucharon a Draco gritar desde adentro.
-…
-Hmmm –murmuró Pansy.
-Correcto –Harry asintió. -¿Regresamos más tarde?
Esa noche ambos volvieron porque ninguno estaba de humor como para ir a la fiesta sabatina.
-Ni siquiera te lo he preguntado –dijo Harry, mirando a su compañera por el rabillo del ojo. -¿Cómo la estás pasando tú?
-Estoy bien –respondió ella. –Sólo que… es extraño. Quiero decir, nada parece haber cambiado, porque de todas maneras yo no la veía tan frecuentemente, pero… -Harry no dijo nada, pero pensó que entendía a qué se refería Pansy. Estaba bastante seguro que Draco no sentiría el verdadero golpe de haber perdido a su madre sino hasta el verano, cuando llegara a casa y no sólo faltara su padre. Sería un hogar sin padres en absoluto.
Suspirando, Harry golpeó la puerta de nuevo. Tal vez Draco podría quedarse con él durante el verano. Aunque lo más seguro era que Ron no estaría muy entusiasmado con la idea.
-¿Crees que esté dormido? –señaló Harry cuando no recibieron ninguna respuesta del interior de la habitación.
-Lo dudo –contestó Pansy. Comenzó a darle vuelta al picaporte y lo llamó en voz baja: -¿Draco?
-¡Si pones un pie dentro, te juro por Merlín que te hechizaré! –largó Draco. Pansy dejó salir un resoplido por la nariz.
-Bien –le dijo a Harry. –Supongo que saldrá cuando esté listo para hacerlo. Le diré al profesor Snape que mande a los elfos domésticos a traerle comida.
Llegó la mañana del lunes y Harry continuaba sin haber visto a Draco.
-No sé qué hacer –le contó a Seamus, quien estaba trabajando con él en Herbología ya que Ron hacía pareja con Hermione. Ambos traían puestos anteojos protectores y guantes, y estaban tratando de obtener las semillas de una fastidiosa planta que gustaba de lanzar chorros de una sustancia ácida y viscosa al que se atreviera a arrancarle una de sus vainas.
-¿Has ido de nuevo a verlo? –preguntó Seamus mientras se peleaba con la planta a jalones.
-No –respondió Harry, limpiando sus anteojos después de que fueran cubiertos de una baba color verde brillante. –No desde la mañana de ayer. No quiere ver a nadie, así que le estoy dando algo de privacidad.
-¿Estás seguro de eso?
-¿De qué?
-¿De que quiere privacidad?
-Bueno, no deja entrar a nadie a la habitación –masculló Harry. Dejó caer algunas semillas dentro de la cubeta que estaba en la mesa, suspirando.
-Pero… quizá sólo está actuando –aventuró Seamus. –Porque, siendo francos... ¿quién querría estar solo durante tantos días después de algo como eso?
-Quizás él sí. –Harry se encogió de hombros. –No lo sé… Seamus, creo que está enojado conmigo.
Con una vaina en la mano, Seamus se quedó paralizado mientras le daba a Harry una incrédula mirada. -¿Por qué piensas eso?
-Porque… -Harry agitó la mano como si no encontrara palabras para describir lo que quería decir. –Me refiero a que, de cierta manera, yo… presencié lo que pasó. Algo así. –Seamus parpadeó.
-¿De verdad lo viste?
-Sí.
-Pero… ¿Cómo…?
Harry se señaló la frente. –Por esto. No pude recordar quién había sido, o qué había sucedido con exactitud, pero sabía que había sido algo malo. O bueno, se sentía como algo malo, y ahora sé que lo percibí así porque era la madre de Draco y…
-Y tú lo quieres a él –finalizó Seamus. Harry asintió.
-Sí. Y… bueno, finalizó la visión y ambos nos despertamos, pero simplemente yo no pude recordar…
-Pero, Harry, no hay modo que hubieras podido hacer nada para detener eso. Y de cualquier manera, por lo que me cuentas, a la hora que despertaste ya estaba hecho.
-Lo sé –dijo Harry. –Pero aún así. Tal vez Draco… ¿me guardará rencor por eso?. ¿Puede ser posible? –Seamus parecía tener sus dudas. -¡Oh, no lo sé! –exclamó Harry, exasperado. -¡Es sólo que no quiero que esté enojado o molesto conmigo!
-Je, bueno, tú no eres el motivo real por el que está encerrado en su habitación; ¿o sí, Harry? –señaló Seamus. –Si ésa es la excusa por la cual no has tratado de buscarlo otra vez… Pienso que necesitas intentarlo más encarecidamente, camarada.
Harry frunció el ceño, pero antes que pudiera decir algo, la profesora Sprout les ordenó a gritos que volvieran al trabajo. Suspirando, Harry se dio a la tarea de arrancar vainas de la planta mientras Seamus gruñía palabras incomprensibles debido al jugo que acababa de caerle en el cabello.
Llegó la tarde del martes y Harry seguía sin ver a Draco desde que éste había salido como tromba de los dormitorios de Gryffindor la mañana del sábado. No había tratado de regresar a verlo otra vez, a pesar de que Seamus, Hermione e incluso Ron le habían aconsejado que lo hiciera. En realidad, Harry no creía que eso pudiera traer nada bueno. Draco era testarudo, Harry lo sabía, e irrumpir en su habitación era de seguro la peor idea posible en ese momento. Inclusive Snape debía haberse dado cuenta de que Draco necesitaba un tiempo a solas para sobrellevar su luto, porque el chico todavía no se había presentado en clase.
Era casi hora del toque de queda y Harry estaba sentado en uno de los sofás de la sala común de Gryffindor, mirando taciturnamente hacia el fuego y sintiéndose completamente impotente. De repente, alguien se sentó junto a él.
-¿Harry? –lo llamó. Harry se volteó, sorprendiéndose un poco al encontrarse con Colin.
-Hola, Colin –saludó, arrugando la frente levemente. -¿Qué sucede? –El chico de quinto lucía avergonzado mientras jugueteaba con algo entre sus manos y se mordía el labio.
-Yo… eh… He querido darte esto desde hace mucho –tartamudeó Colin, sonrojándose. –Pero lo olvidé y… y hace un rato estaba revisando unas fotos viejas y la encontré y pensé que tal vez querrías tenerla así que… um… bu-bueno, aquí está. –Le pasó una fotografía a Harry y se puso de pie. Sonrió feliz. – ¡Creo que hice un buen trabajo con ella, espero que te guste! –Luego se escabulló, dejando a Harry mirando confundido hacia la brillante superficie blanca del reverso de aquella foto que Colin le acababa de dar. Volteándola con lentitud, Harry se ruborizó al instante.
Dios…
Era la fotografía que Seamus le había pedido a Colin que les tomara a Harry y Draco, cuando ellos estaban bastante ocupados en… otros asuntos… Harry sonrió ampliamente mientras observaba a su imagen en la foto azotar a Draco contra el marco de la puerta. Parecía como si estuvieran tratando de devorarse el uno al otro y meterse la lengua hasta las amígdalas, por la manera que se estaban besando. Harry sintió que su sonrisa flaqueaba y comenzó a deprimirse de nuevo. Lo que daría en ese justo momento por besar así a Draco…
-¡Oh, por amor de Dios, Potter!. ¡No es tu madre la que ha muerto!
-¿Pansy? –Incrédulo, Harry se giró hacia atrás para observar a la chica de Slytherin por encima del respaldo del sofá. -¿Cómo entraste aquí?
-Entró conmigo –dijo Hermione, apareciendo junto a su amiga y cruzándose de brazos. –Queremos hablar contigo.
Harry pestañeó. –De acuerdo… -consintió con voz pausada, mirándolas alternadamente. Hermione suspiró.
-Harry; ¿qué es lo que haces? –preguntó en un tono casi exasperado.
-¿A qué te refieres?
-Se refiere a por qué estás sentado aquí con aires de que tu cachorrito acaba de ser hechizado, mientras que tu novio ha estado encerrado en su dormitorio durante cuatro días –espetó Pansy poniendo los brazos en jarras.
-Bueno, yo… -Harry se interrumpió, frunciendo el ceño. ¿Por qué parecían tan molestas con él? -¡No sé qué hacer! –exclamó, sintiéndose de pronto invadido por la frustración. –Quiero decir, su madre acaba de morir… de ser asesinada, mejor dicho, y yo… no… no sé qué es lo que tengo que decir o hacer y… meteré la pata, sé muy bien que sí. –Miró a Hermione con urgencia. –Tú me conoces, Hermione, viste lo que pasó con Cho. Lo único que haré es empeorar las cosas, lo sé…
-¿Ya terminaste de compadecerte? –cuestionó Pansy. -¿Dónde está toda esa famosa valentía Gryffindor?
-Pues yo tampoco te veo a ti allá abajo con él –le replicó Harry.
Pansy rodó los ojos. -Porque no es a mí a quien necesita. Te necesita a ti. Aunque nunca lo admita.
-Pero… -Harry suspiró, volteando hacia el frente y dejándose caer sobre el sofá. Se cruzó de brazos y clavó la vista en el fuego otra vez. –Pero no sé qué decirle… -Escuchó que Hermione también suspiraba mientras rodeaba el sofá y se sentaba junto a él.
-Harry, no tienes que decirle nada –comentó. –No necesita profundas palabras de consuelo, o increíbles actos de amabilidad… Draco sólo necesita que alguien esté ahí para él.
-Pero…
-No, Harry, escúchame –lo interrumpió Hermione. -¿Recuerdas cuando Sirius murió?. ¿Recuerdas qué terrible fue para ti la primera parte del verano? –Harry hizo muecas y se inclinó tanto hacia delante que pudo apoyar los codos sobre sus rodillas.
-Sí –musitó. -¿Cómo podría olvidarlo…?
-¿Y por qué fue así? –preguntó Hermione. -¿Acaso estabas esperando que alguien te dijera que todo estaría bien?. ¿Que aunque Sirius estuviera muerto, la vida continuaría y tú tenías que ser feliz porque eso era lo que Sirius quería?. ¿Que Sirius estaba ya en un lugar mejor y probablemente muy contento de estar ahí?
Harry arrugó el entrecejo. Estaba bastante seguro que habría golpeado a cualquiera que le hubiera dicho aquello.
-¿Lo ves? –Hermione sonrió gentilmente. –No necesitas palabras como ésas. Carecen de significado, sólo sirven para cubrir apariencias y llenar silencios incómodos. Y no necesitas tratar de hablar con él de lo pasó. Durante julio, si a nosotros se nos escapaba el nombre de Sirius, tú te quedabas paralizado. Dejabas la habitación o cambiabas de tema. No querías hablar sobre eso. Ahora ya puedes… aunque sea un poco. La herida ya no es tan reciente y has aceptado lo que sucedió.
Harry se pasó las manos por el cabello y liberó un largo suspiro. –No lo sé, Hermione… ¿Qué tal si Draco no desea la presencia de nadie? Él no es como yo, lo sabes.
-Obvio –bufó Pansy, rodeando el mueble y sentándose en el brazo del sofá.
-Harry... ¿no te sentiste mucho mejor cuando por fin llegaste a La Madriguera? Una vez que estuviste rodeado de personas que te querían, que sabían lo que había pasado. No importó lo que te dijimos, sólo importó que estuviéramos…
-Ahí –la interrumpió Harry suavemente, cerrando los párpados. –Sí que me sentí mejor –admitió. –Era… difícil… estar completamente a solas en aquel cuarto, creyendo que nadie se enteraba de lo miserable que me sentía. Bueno, sabía que los Dursley no estaban enterados de nada. O que no les importaba. Lo que era todavía peor, tener esa sensación de que a nadie le preocupaba…
-¿Y cómo crees que se siente Draco en este momento? –le discutió Pansy. –Creo que hasta ahora no ha sabido nada acerca de su padre. Y probablemente no sabrá de él nunca. Básicamente, se ha quedado huérfano.
-Oh, Dios… -murmuró Harry. –Me olvidé de Lucius…
-El nombre de los Malfoy no tiene el respeto que solía tener hace algunos años –señaló Pansy. –Por lo que imagino que Draco está pensando que a nadie le importa una mierda lo que le está sucediendo. Y el funeral de su madre es el viernes y no creo que mucha gente vaya a acudir. Además, el profesor Snape dice que los Aurores estarán presentes, en caso de que el señor Malfoy intente asistir. –Harry pestañeó mientras observaba a la chica.
-Eso… eso me parece, en cierta forma, bastante severo –murmuró, sintiendo una extraña mezcla de lástima y esperanza. Lástima por un hombre que tal vez lo único que querría sería ir al funeral de su mujer, y esperanza de que sí se presentara y así poder ser arrestado de nuevo.
Pansy asintió. –Y sólo provocará que el doloroso funeral de la madre de Draco sea tan… impersonal. –Soltó un resoplido. –Como si su padre fuera a cometer la estupidez de presentarse. Claro que si lo hace, sólo ocasionará que el día sea mucho peor…
Harry se quedó en silencio por unos segundos. No podía ni imaginarlo… enterrar a tu madre y presenciar el nuevo arresto de tu padre, y todo en el mismo día… Suspirando, Harry preguntó en voz baja: -¿La contraseña de Slytherin ha cambiado recientemente?
Pansy y Hermione intercambiaron una rápida mirada de alivio y sonrieron.
Harry golpeó suavemente la puerta del dormitorio de los chicos de sexto de Slytherin y Draco volvió a gritar: -¡Largo de aquí!
-Sigue sin permitir que nadie entre mientras está despierto –explicó Blaise, parado junto a Harry afuera del dormitorio. –Tenemos que espiarlo hasta que nos damos cuenta que se ha dormido y luego, en la mañana, nos levantamos más temprano que él y salimos en silencio. De otra manera, nos arroja hechizos. Ayer, le lanzó a Theo uno bastante bueno.
-Bueno, pues yo entraré –indicó Harry, percibiendo la manera en que la adrenalina corría por sus venas y tratando de no pensar en lo que pasaría cuando estuviera dentro. –No tiene la puerta cerrada con llave, por lo que aparentemente, no está haciendo un gran esfuerzo por mantener a la gente fuera…
-¿Recuerdas cuál es su cama…? Ah, disculpa. Qué pregunta estúpida. –Blaise soltó una risita y Harry se sonrojó un poco.
-Deséame suerte –masculló y abrió la puerta. La cerró con un movimiento suave y se introdujo en la habitación. -¿Draco? –lo llamó. Escuchó las mantas crujir detrás de las cortinas de su cama.
-¿Harry? –dijo Draco en voz baja. Las cortinas se abrieron un poco y Draco se asomó. -¿Por qué estabas tocando la puerta? Pensé que era Vincent… -Harry dio otro paso adelante.
-No, era yo –confirmó, dando un paso más. Draco parpadeó un par de veces, tragando saliva.
-Ya era hora que vinieras –graznó. El estómago de Harry dio un retorcijón y tuvo que obligarse a seguir caminando. ¿De verdad Draco había estado esperando por él…?
-Siento llegar hasta ahora –respondió con voz suave, intentando hacer a un lado su culpa. Eliminó la distancia restante entre ellos y abrió las cortinas un poco más. Draco levantó la vista hacia él un segundo y luego se movió a un lado para hacerle lugar. Tragando saliva, Harry se sacó los zapatos y se trepó lentamente en la cama. Se acostó sobre las almohadas sintiendo los ojos de Draco fijos en él, y una vez que estuvo cómodo, levantó un poco su brazo. De inmediato, Draco se acurrucó contra su cuerpo, aferrando su camisa con las manos y Harry sonrió levemente al tiempo que rodeaba los hombros de Draco con su brazo.
-Lo siento –repitió.
-Está bien –murmuró Draco. –Estaba… No sabía si…
-Lo siento –dijo Harry a toda prisa una vez más. –Pensé que desearías estar a solas. Todos no dejaban de decirme que viniera a verte, pero creía que tú no querías que yo estuviera aquí.
Draco se encogió de hombros. –Y no quería. Realmente no. Hasta ahora, en cuanto escuché tu voz me pregunté porqué no habías venido antes.
-Pero si vine. Vine el sábado y el domingo.
-¿En serio? –Draco pestañeó. –Creí que sólo era Pansy…
-Yo estaba con ella. –Draco hizo un ruidito evasivo y los dos se quedaron en silencio por unos minutos mientras Harry acariciaba el hombro de Draco. -¿Llevas puesta una sudadera? –le preguntó después de un rato, al sentir la conocida tela bajo sus dedos.
-Eh… -Draco levantó la vista hacia él, sonriendo un poco. –De hecho, es tuya.
Harry parpadeó. –Yo no tengo ninguna sudadera verde… -señaló.
-No, pero honestamente no estarás esperando que yo me ponga una roja; ¿verdad?
-En realidad, nunca hubiera esperado que vistieras una de ningún color. Supongo que creí que era demasiado muggle para ti.
Draco se encogió de hombros. –Son cómodas… -reveló, jalando el cuello de la sudadera hasta alcanzar su nariz y respiró profundamente. –Huele a ti –masculló con voz ahogada.
-¿Todavía? –preguntó Harry, divertido.
-Sí. A Quidditch y a sudor.
-Qué adorable –dijo Harry, arrugando la nariz. –Ni siquiera me había dado cuenta que el Quidditch oliera a algo.
-Por supuesto que huele –dijo Draco. –Huele a césped, a escobas, a pulimento y… a sudor.
-Sudor; ¿eh? –repitió Harry. –El nuevo "perfume del mes" según Corazón de Bruja.
-Claro –Draco sonrió travieso.
-Sonará muy convincente. Un momento. Espera… -Harry se enderezó para observar a Draco desde un ángulo superior. –Era roja… ¡Me he estado preguntando qué había pasado con ella!
Draco soltó una risita. –Ya tiene meses conmigo.
Harry parpadeó. –Ah. ¡Ah!. ¿Es la que…?
-Sip. De la ocasión que jugamos "Yo nunca" por primera vez.
-¿La has tenido todo este tiempo?
-Mhmm.
-Oh… ¿Y te la pones muy frecuentemente?
-Cuando hace mucho frío…
Sonriendo ampliamente y sintiendo que por alguna razón la cabeza le daba vueltas, Harry se recostó de nuevo y jaló a Draco en un abrazo más apretado contra él. Desviando los ojos hacia sus pies, notó algunos bultos de diferentes tamaños sobre la cama.
-¿Qué es todo eso? –preguntó, toqueteándolos con un pie.
-Ah. –Draco se sentó repentinamente. –Sólo… algunos recuerdos. –Alcanzó lo que parecía ser un baúl en miniatura y que Harry se imaginó era algún tipo de caja de seguridad. Distraídamente, Draco se lo pasó a Harry y tomó el resto de las cosas entre sus brazos. Resultaron ser fotografías, algunas enmarcadas y otras no. Harry nunca las había mirado antes porque Draco no solía tener sus cosas personales a la vista de los demás. -Son de mi madre –dijo en voz baja, mostrándoselas a Harry.
Algo se sacudió en el estómago de Harry y recordó todo el tiempo que él había pasado mirando sin parar los álbumes de fotos que Remus le dio después de la muerte de Sirius. Ver esas fotos de Narcisa Malfoy era como conocerla bajo una nueva luz. No lucía como Harry la recordaba, arrugando la nariz como si tuviera algo desagradable y muerto justo frente a ella. En vez de aquel gesto que Harry le conoció, Narcisa mostraba una suave sonrisa en la mayoría de las fotografías y no dejaba de mirar a Draco con enorme tristeza, como si supiera lo que había pasado. En algunas de las fotos salía un Draco más pequeño acompañando a su madre; en unas pocas estaba también Lucius, lo que provocó que las tripas de Harry se retorcieran al verlo.
-He estado mirándolas una y otra vez –dijo Draco, rodando hasta quedar boca arriba y fijando la mirada en el dosel de la cama. Cruzó los brazos bajo su cabeza. –Poco faltó para que rompiera una de ellas. –Harry comenzó a colocarlas de nuevo dentro del pequeño baúl, observando algunos de los otros recuerdos de Draco mientras lo hacía. Había una vieja y abollada snitch a la que le faltaba un ala, un conocido pedazo de pergamino atado con un lazo color verde que ocasionó que Harry se sintiera mareado otra vez, más fotografías de Lucius que parecían haber sido recientemente estrujadas y vuelto a alisar por alguien…
-Tengo algo que tal vez puedas colocar aquí también –dijo Harry de pronto. Draco volteó a verlo y Harry se sacó de un bolsillo la fotografía que Colin les había tomado. Soltó una risita al verla de nuevo, y entonces se la dio a Draco.
-¿Qué…?. ¡Demonios! –exclamó Draco, abriendo mucho los ojos mientras observaba la foto. -¿Cuándo hicimos esto enfrente de otras personas?
-Colin la tomó. ¿Recuerdas? –Harry se rió, inclinándose para mirarla.
-¿Quién mierda es Col…? Ah. Creevey. Claro. El presidente de tu club de admiradores.
-Yo no tengo ningún club de admiradores –masculló Harry, pero Draco lo ignoró mientras seguía contemplando la foto de Colin.
-Luzco como un completo pasivo en esta foto –dijo llanamente cuando el Draco de la imagen se desplomó contra el marco de la puerta y levantaba una pierna para engancharla alrededor de las del Harry de la foto. –Por Dios... ¡dale pelea, estúpido!. ¡Deja de actuar como un imbécil sumiso!
-No lo sé, yo diría que estás dando y recibiendo en partes iguales –comentó Harry divertido. El Draco y el Harry de la foto se separaron y se quedaron viendo el uno al otro como si no hubiera nada digno en todo el universo capaz de distraerlos. Draco frunció el ceño.
-Estoy seguro de que yo no te miro así.
-Nah, si no tienes ojos más que para mí. Lo sabes.
-No es verdad. La semana pasada me estuve fijando en Terry Boot. Es muy guapo.
-Grandioso. Bueno, ahora tendré que asesinarlo –dijo Harry flemáticamente.
-No es necesario, creo que es heterosexual. –Draco sonrió petulante y regresó sus ojos a la fotografía. –Gracias por esto –dijo en un susurro. –La añadiré a mi colección. –Harry asintió y ambos se quedaron en silencio otra vez.
-Harry –dijo Draco después de un rato, -¿Tú crees… que si se corre el rumor de que yo no voy a unirme al Señor Oscuro, tú crees que todos pensarán que es debido a lo que le pasó a mi… mi… mi m-madre?
-Pues –dijo Harry, -en parte sí fue debido a ella; ¿no? Desde el principio no quería que te unieras a él.
-Eso no es a lo que me refiero y tú lo sabes –respondió Draco secamente. –Todos pensarán que lo hago por revancha.
-Draco... ¿desde cuándo te importa una mierda lo que piensen los demás?
-Hmm. Tienes razón. –Draco soltó un resoplido. –Pero… quiero decir, sería más agradable que la gente supiera que elegí esto por mí mismo.
-Tal vez a nadie le interesará el motivo que tuviste para hacer tu elección –murmuró Harry. –Tal vez lo que les interese es que hiciste la elección correcta. Y tu madre supo que hiciste la elección correcta. Eso es suficiente; ¿no crees? Ah… -Harry se tensó de repente como si un pensamiento se le acabara de ocurrir. –Si… si le llegó la carta a tiempo; ¿verdad?
Draco asintió. –No estoy realmente seguro si la tenía. Yo… bueno, el clima ha estado demasiado malo últimamente y les toma mucho tiempo a las lechuzas ir y venir, y no había sabido nada de ella… Pero ayer me llegó una carta. Una que ella escribió la semana pasada. Yo… -Se interrumpió ahí, parpadeando rápidamente y respirando con profundidad en un intento por tranquilizarse.
Harry esperó un momento antes de decir: -Pansy me dijo que todavía no has sabido nada acerca de Lu… de tu padre.
-No –respondió Draco bruscamente. –Y pienso que no sabré nada de él. Si regresa a la Mansión y… encuentra esa carta. Ja, pues eso no será muy bueno, me consta…
-¿Se enojará contigo?
-Se desilusionará, tal vez. –Draco se encogió de hombros. –Probablemente fingirá estar furioso conmigo delante del Señor Oscuro, pero en realidad estará aliviado que yo no esté metido en eso y al borde de la muerte. Creo. –Sonó tan inseguro de él mismo, que Harry realmente no tuvo ganas de señalarle que, siendo Voldemort un poderoso legrimante, lo más seguro era que si Lucius trataba de engañarlo, entonces Draco terminaría pareciéndose a Harry mucho más de lo que éste hubiese querido. Aunque Harry dudaba que Lucius no se enfadara de que Draco hubiera elegido ignorar todo lo que él le había estado enseñando durante su vida.
En vez de eso, Harry dijo con voz pausada: -Creo que Lucius estará demasiado ocupado intentando mantenerse con vida, ahora que sabe que Voldemort está enojado con él.
-Entonces tú crees lo que Granger dijo –comentó Draco cansinamente, frotándose los ojos. Harry asintió. –Estoy agotado de pensar en eso. Mi mente ha estado dándole vueltas a lo mismo por días. Que suceda lo que tenga que pasar. Sé dónde estoy parado. –Draco seguía frotándose los ojos y su voz empezó a sonar cada vez más gruesa, como si tuviera la nariz tapada. –No quiero pensar más. No quiero pensar en nada. –De repente, levantó la mirada hacia Harry, abriendo mucho los ojos. –Distráeme, Harry –suplicó, desesperado. –Por favor. ¡Haz algo, lo que sea!
-Ahh –Harry se quebró la cabeza frenéticamente, pensando. –Yo… no… -Draco lo aferró de un brazo antes de que pudiera terminar de hablar.
-Fóllame –le rogó. Harry parpadeó anonadado.
-¿Qué? –preguntó, pensando que había escuchado mal. Pero no era así.
-Fóllame –repitió Draco, apretando su agarre en el brazo de Harry. –Fuerte. Tan fuerte que olvide dónde estoy y lo que está pasando. Hazme pensar en algo más… no, mejor no me hagas pensar en nada. En nada más que tú y yo y lo que estamos haciendo. Sólo… ¡sólo hazme olvidar, por favor! –Y acto seguido, tomó a Harry por la nuca y pegó su boca a la suya. Harry lo permitió por un par de segundos y luego rompió el beso.
-¿Estás seguro? –cuestionó, no muy convencido de que Draco estuviera realmente con el ánimo adecuado para hacer aquello…
-Sí –exclamó Draco. La palabra le brotó como un sollozo ahogado. –¡Lastímame, jódeme, no me importa lo que sea, sólo haz algo!
-De acuerdo –murmuró Harry, empujando a Draco sobre la cama. El chico dejó salir otro sollozo sofocado, claramente intentando contener el llanto. Harry fingió no escucharlo y comenzó a desvestirlo lentamente. Se tomó su tiempo, sintiendo como si cada prenda removida fuera una defensa derrumbada de Draco; como si estuviera tumbando uno a uno los muros que el rubio se había construido alrededor. Y cuando lo tuvo desnudo y vulnerable bajo de él, Draco abrió mucho los ojos y miró fijamente hacia Harry y sólo hacia Harry, y él sintió que nunca en su vida había tenido tanto control como en ese justo instante.
Se quitó sus propias ropas rápidamente, rebuscando en sus bolsillos hasta encontrar su varita antes de arrojar todo a un lado. Convocó un par de hechizos sucesivamente, uno para mantener cerradas las cortinas y otro para nadie afuera pudiera escucharlos. Otro hechizo lubricó sus dedos, y estaba a punto de llevarlos hasta la entrada de Draco para empezar a prepararlo, cuando él lo detuvo.
-No –graznó con la voz repentinamente ronca. –Sólo hazlo. –Harry lo observó en silencio y entonces asintió. Convocó el mismo hechizo pero en esa ocasión lo hizo sobre su miembro. Se lo tomó con una mano al tiempo que se posicionaba contra Draco. Con la otra mano aferró una del rubio y la mantuvo sobre su cabeza, entrelazando sus dedos con los suyos.
-¿Listo? –preguntó y sin esperar respuesta, se empujó dentro de él. Draco gruñó y cerró los ojos firmemente.
-Más –suplicó. –Todo de una vez. Vamos… -Y Harry obedeció, moviéndose hacia delante e introduciéndose completamente en Draco. El rubio jadeó, pero no hizo nada más que utilizar su mano libre para alcanzarse su propia erección.
Harry empezó a moverse, estableciendo un ritmo que Draco imitó rápidamente y manteniendo sus ojos fijos en Draco todo el tiempo. Diferentes expresiones desfilaron por el rostro del rubio; dolor, placer y desesperación por algo que Harry no estaba seguro alcanzar a comprender. Y los ojos completamente cerrados. Aquello hizo que Harry se sintiera un poco extraño, casi como si estuviera aprovechándose de Draco. Pero sabía que ése no era el caso, porque Draco se lo había pedido así. Entonces Draco emitió un estrangulado: -Más duro –, y Harry lo complació de inmediato.
Aumentó la velocidad, golpeándose contra Draco tan fuerte que sus pieles hacían continuos sonidos al encontrar sus caderas. Harry jadeaba y el sudor le escurría por la frente mientras Draco liberaba roncos gemidos, los cuales Harry no estaba seguro si eran buena o mala señal. Draco continuó usando su mano para acariciar su propio miembro, pero aflojó su puño y no pudo seguir con el ritmo que Harry le marcaba, así que el moreno le alejó la mano y lo acarició él mismo.
Draco gritó cuando la mano de Harry lo apretó. Sus manos tenían callos por el constante uso de la escoba, sumado a la fricción que Harry provocaba al mover tan rápidamente la mano que ésta era sólo una mancha borrosa sobre el pene de Draco. La mente del rubio comenzó a girar, su estómago le daba vueltas y podía sentir las piernas temblar ante la presión que estaba gestándose en su entrepierna. Estuvo a punto de pedirle a Harry que bajara la velocidad, que las sensaciones lo estaban desbordando por completo, pero se mordió la lengua y en vez de hablar, levantó sus caderas para golpear las de Harry, deleitándose al sentir la erección del moreno enterrarse profundamente dentro de él.
-¡Joder-Harry-Joder! –exclamó cuando todo dio vueltas en espiral, fuera de control. Draco creyó realmente que la habitación se había quedado a oscuras por un instante, antes de darse cuenta de que sus ojos estaban firmemente cerrados. Pero entonces notó que Harry ya no estaba dentro de él y Draco no podía recordar cuándo se había salido de su cuerpo. Por lo que debía haberse saltado un minuto completo en el tiempo, o de verdad había perdido la consciencia durante un momento.
Harry se había congelado cuando Draco se derramó al tiempo que emitía un grito sollozante y su cuerpo se quedaba fláccido bajo el suyo. No le llevó mucho tiempo terminar también, y de inmediato le dirigió una nerviosa mirada a Draco mientras que se limpiaba la mano sobre las sábanas. De pronto, los vidriosos ojos de Draco se abrieron al fin, clavándose en Harry.
Estaban húmedos y Harry estuvo a punto de preguntarle si las lágrimas que le corrían por las mejillas eran a causa de que él lo hubiera lastimado. Pero al instante supo que ese llanto era debido a un dolor completamente diferente y Draco ni siquiera parecía haberse enterado de que estaba llorando.
-¿Estás bien? –le preguntó Harry en un murmullo, bajándose de él para recostarse a su lado. Draco asintió, pero entonces sus ojos se le llenaron de lágrimas y negó lentamente con la cabeza.
-No –dijo con voz ronca, moviéndose como en cámara lenta y volteándose de lado hacia Harry. Sus manos se elevaron hasta cubrirse la cara, y Harry casi entró en pánico cuando escuchó a Draco emitir un sollozo. –No, no estoy bien –dijo, tragando saliva y sollozando otra vez. –Mierda, de-demonios. ¡Me había jurado que no lloraría! –gimoteó. La mente de Harry trabajó con rapidez mientras trataba desesperado de pensar en algo qué hacer, en algo qué decir… y entonces recordó lo que Hermione, Pansy y Seamus habían tratado de hacerle entender.
No había nada que pudiera decir en ese momento que aliviara el dolor de Draco. No había nada que trajera a su madre de regreso.
Lo único que Harry podía hacer era sufrir junto con él.
Envolvió sus brazos alrededor del torso trémulo de Draco, lo que ocasionó que el chico liberara aún más su llanto. Jaló a Draco para acercarlo más a él.
-¿No habías llorado? –murmuró y sintió la cabeza de Draco moverse en un gesto negativo.
-N-n-no –dijo, estremeciéndose y tragando otra vez. –No me-me lo permitía.
-Llorar es bueno –dijo Harry en un susurro, recordando que se había sentado cerca del lago después de la muerte de Sirius y había llorado a mares.
-No ne-necesito que me-me digas eso –masculló Draco, frotándose los ojos con el dorso de una de sus manos. Parecía estar tranquilizándose ya. Harry se imaginó que sólo había sido un cúmulo de emociones que necesitaba liberar. Aún así, continuó abrazando fuertemente a Draco, esperando que amainaran sus estremecimientos.
-Quiero que vengas conmigo al funeral de mi madre –dijo Draco de repente, espantando a Harry porque había creído que Draco estaba empezando a quedarse dormido.
-¿En serio?
Draco asintió. –Nunca… nunca se lo dije. Lo de nosotros. Y quiero que te conozca. –Al instante, Harry pensó en los Aurores que estarían ahí. Estaba bastante seguro que también habría Aurores pertenecientes a la Orden, lo que significaba que lo reconocerían. Y lo más probable era que también habría reporteros cubriendo la nota. Aunque el nombre de los Malfoy había sido destrozado, seguía habiendo artículos que describían todo lo que había sucedido en el último ataque de Voldemort a la familia del hombre que fuera su mano derecha. Y si Harry se presentaba junto con Draco, ambos se convertirían en la noticia de primera plana del día siguiente.
Tal vez fueron dos segundos lo que le llevó a Harry decidir que, en realidad, todo eso le importaba una mierda.
-Por supuesto que iré –respondió de inmediato.
-¿Te quedarás a mi lado todo el tiempo? –preguntó Draco débilmente, sonando como si estuviera quedándose dormido. Harry acarició su espalda con movimientos suaves, escuchando su respiración acompasarse y depositando un beso en la cabeza de Draco.
-Siempre.
