STARTS WITH A SPIN
Comienza con un giro
----------oOoOoOo----------
Escrito por:
Maxine
traducido por:
Perla
Nota final de la Traductora:
Podría decir mil cosas, pero creo que todo se resume en un Gracias. A ustedes por leer, apoyar, comentar, aconsejar, recomendar y esperar. A Maxine por haber escrito esta joyita y haberme permitido su traducción. A mi marido que me costeó las clases de inglés y a mi adorada amiga y beta oficial, Allalabeth.
Y porque sé que lo van a preguntar, de una vez les doy la mala noticia: No, este fic no tiene secuela y seguramente nunca la tendrá. Como lo explico en mi perfil, Maxine ya anunció que no escribirá más fanfiction del Potterverso, y de cualquier manera creo que no planeaba escribir la segunda parte de esta historia. Así que lo que sucedería a continuación, nos lo ha dejado a nuestra imaginación.
Para finalizar esta nota que a nadie interesa, si gustas y deseas escribirle a Maxine un review final, hazlo y con todo el gusto yo lo traduciré y se lo enviaré a su email. Y no te olvides de dejarme el tuyo (si es que no tienes cuenta aquí) para así poder agradecerte tu review. Un beso enorme y tronado para todo el fandom.
E P Í L O G O
-¿Sabes qué? Voldemort es un soberano coñazo.
-¿En serio? No me había dado cuenta…
-Ja, claro –bufó Harry. De pie ante un espejo del dormitorio de Gryffindor sin nada encima más que sus bóxer y una camiseta interior blanca, había estado tratando de decidir qué se pondría esa noche. En ese momento miraba por arriba de su reflejo para observar el de Draco, quien estaba sentado en la cama detrás de él y vestido de la misma manera. –Es que… esta estúpida guerra –suspiró Harry, pasándose una mano por el cabello. -¿Por qué tuvo que haberla iniciado para luego largarse y desaparecer otra vez?
Draco soltó un resoplido, mirando a Harry con diversión. –Cinco meses después; ¿y apenas estás deseando que nunca hubiera comenzado? Además, no es que Voldemort realmente haya desaparecido si consideras que nosotros nunca hemos conocido su ubicación. Sólo se ha… detenido. Un poco. –Se puso de pie y cruzó la habitación para pararse detrás de Harry sin dejar de observar su reflejo en el espejo. Harry suspiró otra vez.
-Sí, eso es cierto. Supongo que debo estar inquieto porque usualmente me meto en todo tipo de problemas al final de cada año, pero; ¿esta vez? Nada. Ni siquiera una pista que nos indique qué está planeando. –Bajó la vista un momento antes de elevarla de nuevo mientras se mordía levemente el labio inferior. –Draco... ¿ya has decidido dónde te vas a quedar durante el verano?
Draco parpadeó ante el abrupto cambio de tema. –Yo… hmmm. –Desvió la mirada, frotándose distraídamente un brazo. –No –respondió. –Pienso que tengo que volver a la Mansión y asegurarme de que todo esté en orden, pero… sigue pareciendo tan irreal; ¿sabes? –Harry no contestó y Draco buscó sus ojos antes de continuar con rapidez: -Quiero decir, pareció ser real… alrededor de un minuto. En el… en el funeral. Pero después de eso, de regreso aquí… Puedo seguir fingiendo que voy a verla de nuevo en el verano. Siento como si fuera a ser así. Pero cuando llegue a casa… y ella no esté ahí…
-… Sé a qué te refieres –murmuró Harry, recordando a Sirius y a todas las veces que creyó que si le escribía una carta, él le respondería.
El funeral de Narcisa había sido una experiencia que a Harry no le importaría no repetir jamás. Obviamente Sirius no había tenido funeral, por lo que en cierta manera, Harry había sido capaz de considerar el de Narcisa como el suyo también. Pero eso había sido difícil porque tuvo que decirle adiós a Sirius de nuevo, lo que solamente abrió viejas heridas que Harry había creído ya estaban sanadas desde hace mucho.
Al final, resultó que los Aurores que habían estado apostados entre los asistentes no habían sido necesarios. Nadie había sabido nada de Lucius ni tampoco había sido visto desde la fuga, y aún meses después, no había habido ningún movimiento de su parte. De hecho, los ataques de Voldemort se habían detenido desde el asesinato de la madre de Draco, y nadie tenía la más mínima idea de que podría estar planeando a continuación.
Lo que por supuesto, dejaba a todos en un estado de pánico y perturbación. En esos días era común ser brusco y descortés sin previo aviso.
-Quédate conmigo –soltó Harry de repente, girándose sobre sus talones para encarar a Draco. –Tengo casa propia… bueno, me refiero a la que Sirius me dejó. Puedes quedarte ahí todo el verano. –Había dicho todo eso en una ráfaga de palabras y sintió que sus mejillas ardían levemente. Había querido decirle eso a Draco desde varias semanas atrás, pero no se había enterado si el chico tenía ya otros planes porque nunca le daba una respuesta directa cuando se lo había preguntado. Pero los días que faltaban para el inicio del verano eran casi nada, y si no le preguntaba ya…
-¿Quedarme contigo…? –respondió Draco con voz débil y mirando a Harry con los ojos muy abiertos.
-Sí. Sí, quiero decir… tendrías tu propia recámara, obviamente. Así dispondrías de un poco de privacidad. Y de un lugar para poner tus cosas. No es que yo no quiera que duermas en mi cuarto; pero, de esa manera, si alguien te cuestiona o te hace pasar un mal rato porque vives conmigo…
-Harry –lo interrumpió Draco con una sonrisa petulante, -¿realmente crees que todavía me importa lo que piensen de nosotros? –Señaló hacia la pared que estaba junto a la cama de Seamus, donde el chico irlandés había pegado con cinta adhesiva varios recortes de periódico pertenecientes a una serie de artículos publicados después del funeral. Diariamente durante casi dos semanas, El Profeta mostró varias fotografías de Harry y Draco tomándose de la mano o inclinándose el uno contra el otro, e incluso algunas donde Harry tenía su brazo alrededor de la cintura de Draco. Todas habían sido tomadas durante las exequias y habían aparecido en el periódico acompañadas de estúpidos encabezados que comenzaron un tanto inocentes, como:
El nuevo ángulo de Harry Potter. ¿Fraternizar con hijos de Mortífagos?
Los cuales se habían ido incrementado poco a poco en vulgaridad hasta quedar en algo como:
El Niño-que-vivió… ¿para ser Marica?
Y cuando se les empezaron a agotar las ideas, los encabezados terminaron en cosas como:
¿La única chica para Potter?... ¡No es una chica en absoluto!
Al principio Harry se había sentido mortificado; después, molesto; y al final, definitivamente enojado. Consideraba que había cosas mucho más importantes que podían ser noticias de primera plana, pero como los ataques de Voldemort habían cesado de repente, el nuevo escándalo del héroe adolescente favorito de todos fue dinero instantáneo para los periódicos. Seamus insistió que los artículos eran graciosos y conservó todos y cada uno de ellos. Entonces, casi una semana después de que El Profeta iniciara la especulación de la orientación sexual de Harry, salió la edición de Corazón de Bruja con un encabezado que gritaba:
El Elegido y el Hijo del Mortífago: Los tíos más guapos de Hogwarts están de novios… ¡pero el uno del otro!
Escrito, claro está, por su periodista favorita, la entrometida Rita Skeeter, y completado con diversas entrevistas hechas a estudiantes de Hogwarts. Harry casi había arrojado su jugo por la nariz cuando lo vio, mientras que Draco sólo se había lamentado de la horripilante foto que pusieron de él. A partir de entonces, Harry aprendió a reírse de cada nuevo reportaje.
Después de eso, el correo empezó a llegar a torrentes, de manera muy similar a lo que había sucedido el año anterior, cuando El Quisquilloso había publicado la entrevista de Harry. Correo de odio, cartas de apoyo, palabras de admiradores… y entre todo eso, cartas de agradecimiento de chicos y adultos de todas las edades. Después de la llegada de la primera carta donde alguien les dio las gracias, fue cuando Seamus empezó a colocar los artículos junto a su cama.
Por supuesto que también hubo correo de parte de algunos miembros de la Orden. Harry había estado esperándolo después de reconocer a Kingsley Shacklebolt como uno de los Aurores apostados en el funeral, y muy pronto ya había recibido varias misivas de Remus, de los Weasley, de Tonks y hasta de Ojo Loco Moody, donde amablemente pero con firmeza le preguntaban: "¡¿Qué demonios es lo que estás pensando?!"
Harry había esperado hasta enterarse de la celebración de una reunión de la Orden para mandarle al grupo completo un Vociferador diciéndoles que sí, que estaba saliendo con Draco Malfoy y que por favor todos cerraran la maldita boca y se ocuparan de sus propios asuntos; que muchas gracias pero él ya tenía dieciséis años y todo el derecho de salir con quien le diera la jodida gana. Aún si la persona "con quien le daba la jodida gana" salir, resultaba ser otro chico.
Esa ocasión, había sido la primera vez que Draco pareció realmente feliz desde que habían enterrado a su madre.
Sonriendo levemente, Harry negó con la cabeza. –No, supongo que no –dijo. –En realidad ya no hay mucho que el público pueda averiguar sobre nosotros; ¿o sí? Al menos que alguien nos tome un video o algo así.
-¿Un video? –preguntó Draco arqueando una ceja.
Harry se rió. –No es nada. Cosas de muggles.
-Ah.
-Y entonces... ¿qué dices? –cuestionó Harry de nuevo. –Te juro que la casa es bastante grande.
-Oh… -Draco frunció el ceño y se rascó distraídamente una oreja. –No lo sé, Harry. Yo…
-¡Por favor, Draco! Mira, hasta podemos ir juntos a sacar nuestras licencias de Aparición –sugirió Harry.
-Pero… ¡yo no quiero esperar tanto! –replicó Draco en tono petulante. Entonces, sonrió con amplitud. –Es que todavía eres un bebé, Harry –lo bromeó, pellizcándole la nariz. –Apenas dieciséis años. Nosotras las personas ya maduras y mayores, podemos ir por nuestra licencia de inmediato. –Harry arrugó el ceño y se frotó la nariz.
-Draco, acabas de cumplir los diecisiete hace dos días –dijo llanamente. Draco le sonrió de oreja a oreja.
-¡Lo que me hace casi dos meses mayor que tú! –comentó, elevando el mentón. Harry rodó los ojos.
-¿Y bien? –preguntó mordazmente.
-Lo pensaré –respondió Draco, acercándose un paso a Harry y apoyando los brazos sobre sus hombros. –Creo que sí estaré ahí para pasar contigo la última parte del verano… pero de verdad, todavía hay muchas cosas que necesito arreglar –finalizó en voz baja, descansando la frente contra la de Harry. Éste suspiró.
-Sinceramente... ¿cómo lo estás sobrellevando? –le cuestionó, soltando al fin la pregunta que había tenido en mente toda la noche. Draco se tensó un poco y Harry continuó: -No creas que no me he dado cuenta. Entre más se acerca el verano, más distante te pones. Estoy… estoy preocupado por ti…
Draco se alejó y se volteó de lado. Cruzó los brazos de manera que parecía como si se estuviera abrazando y se encogió de hombros.
-Draco…
-Estoy nervioso –respondió al fin, mirando fijamente hacia la alfombra. –En realidad no sé que esperar. El… verano pasado, yo había pensado que sería capaz de manejarlo. Mi pa… Lucius siempre estuvo lo suficientemente alejado como para que yo estuviera habituado a no verlo por ciertos periodos de tiempo, pero aún así fue difícil no… no tenerlo en casa para nada. Pero… con mi madre… No lo sé, creo que todavía tengo que meterme en la cabeza el hecho de que ella ya no estará ahí, esperando por mí. Y que no… volverá. Jamás. -Cansinamente, se frotó los ojos con una mano y Harry lo observó en silencio. –Pero estoy bien, de veras –insistió Draco, girándose de nuevo hacia Harry. –Sólo que no sé que esperar, es todo.
-Quizá… quizá yo debería ir a la Mansión contigo –dijo Harry pausadamente, observando la reacción de Draco. –Nada más para que no estés solo. O… ¿El profesor Snape?. ¿Pudiera ser?
Draco bufó. –Sí, claro –masculló, pero luego pareció considerarlo. –Bueno, quizá. Ya veremos. Te lo haré saber Harry, lo prometo. –Harry sonrió tímidamente y Draco soltó una risita antes de cambiar bruscamente de tema. –Correcto. ¿No se supone que debemos arreglarnos para mi fiesta sorpresa?
Harry gimoteó, girándose otra vez hacia el espejo. –¡Yo nunca dije que fuera una fiesta sorpresa! – subrayó. –Sólo es la última fiesta sabatina del año, por eso estará un poco más engalanada de lo usual.
-Claro, por supuesto, mhmm. Pero habrá regalos –dijo Draco con una amplia sonrisa.
-Nop, regalos, no –dijo Harry, negando con decisión. –En todo caso, yo ya te di el mío.
-También dijiste que habrá pastel.
-No, no es verdad.
-Claro que sí. Un enorme pastel de chocolate, eso fue lo que me dijiste.
-¡No es cierto!
-Harry. No seas idiota. Ambos sabemos que yo sé que es una fiesta sorpresa. Y que habrá regalos. Y pastel. ¡Se te escapó, admítelo!
-Que no. Y no se me escapó nada. Y no habrá pastel.
-Ajá, claro. Pero sí habrá.
-… No… Quiero decir… No es… bueno… -Harry dejó salir un suspiro de exasperación. –Sí, pero; ¡sabes que si Pansy sabe que tú sabes, me matará!
-No te matará –dijo Draco con una sonrisa presuntuosa, -porque definitivamente eso sería un regalo de cumpleaños terrible.
-Entonces, tal vez sólo me arroje el pastel encima.
-Creo que eso sería un regalo peor –bromeó Draco. Harry rodó los ojos y Draco continuó: -Pero estoy divagando. Necesitamos vestirnos. Y no tengo ganas de aventurarme hasta las mazmorras de Slytherin por otro par de pantalones, así que tomaré prestado uno de los tuyos.
Harry parpadeó antes de soltar una risita. –De acuerdo. Hmm, pero los míos no te quedan muy bien –murmuró, arrodillándose ante su baúl y hurgando en él. –Creo que tu talla es más bien como la de Seamus. A él no le importará que le tomes sus cosas prestadas.
Draco se encogió de hombros y se dirigió hacia la cama de Seamus. –Correcto. Oye, Harry… ¿crees que puedo intentar hacer algo por tu cabello?
-Jaja. No.
-Bien. Gilipollas –masculló Draco.
-Imbécil –soltó Harry pagándole con la misma moneda.
Pero ambos sonreían mientras empezaban a alistarse para la noche.
-Hola, Potter. Quisiera intercambiar unas palabras contigo.
Harry se quedó quieto, encogido y con el vaso todavía en la boca antes de mirar recelosamente sobre su hombro. Pansy estaba parada ahí, cruzada de brazos y con aspecto de estar enojada. Harry podía escuchar el pie de la chica golpetear perturbadamente contra el suelo. Tragando lentamente, bajó el vaso y giró su cuerpo con una sonrisa radiante en la cara.
-¡Pansy! –la saludó, fingiendo alegría. -¿Qué puedo hacer por ti?
-Dime, Potter. ¿Por qué Draco no pareció sorprenderse por su fiesta? –preguntó glacialmente y con los ojos entornados.
Harry se rió abochornado mientras se rascaba la nuca. -¿Por qué?. ¿Qué diablos quieres decir? Desde mi punto de vista, Draco lucía perfectamente sorprendido. –Lo cual era cierto si hubiera estado buscando a alguien con suficientes dotes de actor como para interpretar un personaje secundario en una telenovela de segunda categoría…
De hecho, su declaración sonó tan falsa que Pansy no pudo sostener su fachada de dureza y soltó un resoplido antes de estallar en carcajadas.
-Claro –exclamó entre risas, -porque esa cosa de "Oh, Dios mío... ¿Una fiesta sorpresa?. ¿Para mí?" con las manos en las mejillas y los ojos muy abiertos fue taaaan auténtico –dijo, imitando la voz y los movimientos de Draco y Harry también empezó a reírse mientras se pasaba una mano por el cabello.
-Lo siento –dijo con una sonrisa culpable. –De verdad que no quería decírselo, pero el jueves pasado logró sacarme toda la información…
-Torturándote; ¿no? –bromeó Pansy.
-Eh… -Harry se sonrojó. –Bueno, existe la ligera posibilidad de que ese día no me haya dado cuenta con exactitud que fue lo que dije, porque él me tenía en una especie de… estado mental desesperado y bastante incoherente. Posiblemente. Ya sabes.
Pansy curvó una ceja y sonrió con malicia. –Claaaro –dijo, riéndose por lo bajo. –Posiblemente. De cualquier manera... ¿dónde está el festejado? Tú lo has estado acaparando desde el jueves; ¡Ni siquiera he conseguido verlo!
Harry echó un vistazo sobre su hombro para ver a Draco de pie justo donde lo había dejado, y luego miró de vuelta a Pansy y usó su pulgar para señalar en esa dirección. –Está discutiendo con Hermione acerca de no sé qué teoría sobre… no sé qué. Aritmancia, aparentemente. Los dejé cuando empezaron a parlotear en griego.
-Draco no habla griego.
-Pues para mí sonaba como griego. No tenía idea de qué estaban hablando.
-Déjenme adivinar –dijo Blaise, quien sólo había alcanzado a escuchar el final de la conversación. -¿Aritmancia, verdad? –Pansy rodó los ojos, asintiendo.
-Draco adora la Aritmancia –señaló ella. –Creo que aún más que Pociones.
-Que si lo sabré yo –respondió Harry. –Ha estado tratando de obligarme a que le ayude a estudiar para sus exámenes. –Pansy y Blaise sonrieron con amplitud, sin mostrarse ni un poco comprensivos como Harry pensaba debían parecer como mínimo.
-¡Mejor tú que yo, compañero! –exclamó Blaise muy contento y dándole una palmada a Harry en el hombro. Harry lo miró con el ceño fruncido, pero el otro chico simplemente le sacó la lengua. Harry abrió la boca para responder de la misma manera, pero repentinamente unos brazos rodearon su cintura y una muy conocida voz sonó cerca de su oído.
-Si yo fuera tú, metería esa lengua en su sitio, Blaise. Al menos, por supuesto, que tengas la intención de no usarla en mucho tiempo –dijo Draco con una sonrisa autosuficiente. Harry sonrió, inclinándose hacia atrás dentro del abrazo de Draco de manera que quedó apoyado suavemente contra el pecho del chico.
-¡Ja! –se mofó Blaise. -¡Ya te gustaría!
-De hecho, yo ya tengo mi propia lengua, gracias –respondió Draco altivamente mientras le daba un rápido besito a Harry en la mejilla. Harry giró su cabeza y correspondió su siguiente beso con uno propio, y ambos se dejaron atrapar de inmediato hasta que Pansy se abrió camino a fuerza entre los dos.
-¡Es suficiente! –exclamó ella, empujándolos para separarlos. –Merlín, ustedes parecen sanguijuelas. ¡Lo juro!
-Pero… ¡Pansy! –protestó Draco. -¡Es mi cumpleaños!
-En realidad Draco, tu cumpleaños fue hace dos días –señaló Blaise amablemente. Draco lo fulminó con la mirada y Blaise sólo le sonrió.
-Cumpleaños o no, siento como si no hubiera hablando contigo desde hace siglos. ¡Vamos! –insistió Pansy haciendo pucheros. Luego continuó con voz cantarina: -¡Hay un regalo esperando por ti! –Draco levantó ambas cejas.
-¿Un regalo?. ¡Vamos, entonces! –se encogió de hombros ante Harry y luego, muy sonriente, permitió que Pansy lo llevara hasta un rincón bastante vacío del salón. Harry rodó los ojos antes de echarle un vistazo a Blaise.
-¿Tú sabes qué más ha planeado Pansy para esta noche? –le preguntó. La cara de Blaise se arrugó en un gesto pensativo.
-Lo de siempre, creo. Ha estado demasiado ocupada estudiando como para preocuparse por planear algo.
-Cierto. Estudiando. Sí, nosotros también hemos estado estudiando mucho.
Blaise le dio a Harry una larga mirada. -¿Entonces, así es cómo le llaman ahora?
Harry sintió que sus mejillas ardían y puso los ojos en blanco. –Sí, después de todo así es como uno se refiere normalmente al acto de revisar las notas y de leer varios capítulos de libros con el objetivo de preparar un examen. –Hizo una breve pausa antes de continuar con una sonrisa traviesa, -por lo que debe uno de preocuparse es por los descansos entre sesiones de estudio, aunque supongo que nosotros sí nos tomamos una gran cantidad de ellos…
-Pues sí que estoy impactado –dijo Blaise secamente, dándose la vuelta para irse. Harry bufó y compartió una sonrisa final con Blaise antes de que los dos se alejaran en direcciones contrarias.
La noche transcurrió y como siempre, los estudiantes empezaron a retirarse a sus habitaciones mucho antes de que la fiesta finalizara. Siendo esa la última semana antes de los exámenes, más estudiantes de lo normal se fueron a dormir temprano, afirmando que tenían mucho que estudiar al otro día. Entonces, ya entrada la noche, Pansy finalmente reunió a todos los que quedaban en el salón, siendo ya sólo unos pocos integrantes de cada casa.
-No puedo resistirlo –dijo Pansy una vez que todos estuvieron juntos a su alrededor. –Después de todo, es una tradición. –Y con una sonrisa gatuna en la cara, les mostró una botella vacía de whisky de fuego. –Así es cómo iniciaron estas fiestas... ¿recuerdan?
Y entonces, el juego comenzó.
-Argh, no.
-¿Qué…?. ¡Draco!
-¡No! No le daré un beso a él.
-Uf, gracias a Merlín.
-Ron, cállate. Draco, no puedes quebrantar las reglas simplemente así.
Una ceja arqueada. -¿Tú quieres verme besar a tu mejor amigo?
-Bueno, no… Pero ya lo has hecho antes.
-¡Sí, pero eso fue antes y esto es ahora y los tiempos cambian! Además, es mi cumpleaños, así que haré lo que me dé la gana.
-Hoy no es tu cumpleaños.
-Cierra el pico, Blaise. –Una pausa. Un vistazo alrededor del círculo. –En vez de él, besaré a Granger.
-¡Oye…!
Al unísono:
-¡Cállate, Ron!
-¡Cállate, Weasley!
-Ah, no, tampoco admitiré eso.
Un suspiro exasperado. –Draco.
-¡No voy a mirarte besuquear a Weasley!
-No puedes salirte con la tuya siempre.
-No.
-Pero… ¡Mmff! Mmff… Mmmmm…
Varios segundos de silencio. –Ya está bien, chicos. –Una pausa. –Draco. Potter. –Otra pausa. -¡Draco!
-¿Qué, Pansy? Merlín, ni siquiera nos pueden dar un minuto…
-¡Háganlo cuando sea su tiempo libre!. ¡Los demás estamos cansados de verlos montarse el uno sobre el otro por todo el salón!
-…
-Harry. –Silencio. -¿Harry?
Sin poner atención. -¿Sí?
Jalándole una manga de la camisa. -¡Harry!
Molesto. -¿Qué, Ron?
-¿Debería preocuparme?
-¿De qué?
Señalando hacia el centro del círculo. –De Hermione y Pansy… ¿No crees que lucen como si estuvieran… disfrutando demasiado eso?
-Mmm… -Sin poner atención de nuevo.
-Quiero decir, la verdad es que ya casi llevan un minuto haciéndolo… -Una pausa. -¡Oye!. ¡Tus manos se quedan en su cintura, Parkinson!. ¡Ni más arriba, ni más abajo!
Mucha tos y balbuceos.
-Bueno, supongo que ahora sabemos que Neville es un completo heterosexual.
Rostros poniéndose realmente verdes.
-Y Blaise, también.
-Ni siquiera se han tocado el uno al otro.
-Pero Blaise siempre ha sido un poco del tipo "reina del drama".
-… ¿De veras, Draco?. ¿Es él la reina del drama?
-Sí. ¿Por qué?
Negando con la cabeza. Un suspiro. –Por nada.
-¡Jajaja! Finnigan tiene que besar a una chica. Imagínate.
-A Hannah no parece molestarle.
Amplia sonrisa. –Pero a Finch-Fletchley sí.
-Oh, Dios. Como no vea a estos dos terminar con eso ya…
-¡Draco!
-Harry, cállate. Lastiman mis ojos. No puedo verlo.
-… Entonces, no los veas.
-No puedo desviar la vista. Es como cuando miras un horrible accidente.
-Qué curioso, Ron dice exactamente lo mismo de nosotros.
-… Vaya. Qué grosero.
-Um… ¿Draco? –Silencio. -¿Draco?. ¿¿Seamus??
-Harry, cállate.
-¡Pero… pero, Hermione!
-Es sólo un beso, Harry.
-… -Ojos muy abiertos. –Eso es mucho más que sólo un beso… ¡Seamus, mantén tus manos fuera de su camisa!
Una perezosa sonrisa mientras se separan durante un segundo. –Querrás decir, mi camisa. Después de todo, él está usando mi ropa. –Silencio otra vez.
-¡Oigan! –Sonido de pasos, una breve refriega.
Pucheros. –Estaba disfrutando eso…
Una enorme sonrisa. –Gracias, Justin.
-No hay problema, Harry.
-… En verdad no tengo nada que comentar acerca de este beso.
-Cierto.
Un resoplido. –Qué irónico resulta el hecho de que sea extraño entre nosotros ver a una chica y a un chico besándose.
-Parvati parece celosa de su hermana. Merlín sabrá porqué; después de todo, es Zacharias Smith.
Una sonrisa presuntuosa. –Yo pienso que sí es atractivo.
Llanamente. –Eso es porque se parece a ti. Un poco.
-Sólo que no es tan atractivo como yo.
Una sonrisa compartida. –Cierto. –Una pausa. –Aunque es difícil decir quién de los dos tiene la personalidad más molesta.
-… -Una bofetada.
-… Auch.
-Te la merecías.
Una pausa. Una mirada de disculpa.
Rodando los ojos. Una sonrisa leve.
Un par de manos entrelazadas.
Ya muy avanzada la noche, el salón estaba casi desierto a excepción de dos chicos que permanecían recostados sobre un sofá.
Draco estaba tendido encima de Harry, con los brazos cruzados sobre el pecho del chico y su barbilla descansando en ellos. Harry tenía las manos cruzadas por debajo de la cabeza. Habían estado descansando en esa posición en completo silencio durante casi media hora. Finalmente, Draco estaba empezando a quedarse dormido cuando Harry bajó una mano y le retiró los pequeños mechones de cabello que le caían sobre la frente. El movimiento provocó que Draco pestañeara soñolientamente y levantara la vista para dirigirle a Harry una mirada inquisitiva. Harry le dio una leve sonrisa. Movió un poco una de sus piernas, como si estuviera empezando a acalambrársele debido al peso de Draco, y eso causó que Draco se estremeciera ligeramente.
Harry se detuvo durante un segundo al notar el temblor del rubio, y entonces presionó de nuevo su pierna hacia arriba, sintiendo la naciente excitación del rubio contra su muslo. Sonriendo travieso, le arqueó una ceja y movió lentamente su pierna contra la del otro chico.
Por toda respuesta, los labios de Draco se curvaron en una sonrisa. Pero un segundo después, negó con la cabeza. –No –dijo en voz baja. –Esta noche no. Puede ser la última vez que pasemos tiempo juntos; ¿sabes?
Harry se congeló y abrió un poco más los ojos. -¿De verdad? –preguntó, luciendo como si estuviera tratando de comprender el motivo de eso.
-Bueno, me refiero a que la próxima semana tenemos los exámenes –señaló Draco, -y luego finalizará el año. Dudo mucho que en el tren encontremos tiempo para estar a solas. Y después me quedaré en la Mansión durante la primera parte del verano.
-Ah –dijo Harry quedamente, apartando la vista. –No había pensado en eso. –Bajó el otro brazo y envolvió los dos alrededor de la cintura de Draco para así poder apretarlo más contra su cuerpo. Draco sonrió y lo besó suavemente. Ambos cerraron los ojos mientras sus lenguas danzaban la una con la otra de manera pausada y rítmica. Fue un beso lleno de sentimiento, sin la intención de dirigirlo a algo más allá, y cuando finalmente separaron sus rostros, Harry miró a Draco especulativamente. -Draco –dijo con lentitud mientras dirigía su mirada hacia un lado y sus mejillas se teñían de rubor. -¿Tú… crees que… tal vez…? –Draco frunció el ceño al tiempo que Harry se armaba de valor y lo miraba de nuevo a los ojos, con tal intensidad y ardor que provocó que Draco se estremeciera y su pecho se llenara de una repentina calidez. -¿Crees que algún día realmente puedas… enamorarte de mí?
La pregunta tomó a Draco por sorpresa, tanto que su mente se quedó en blanco y lo único que pudo pensar fue en el zumbidito que escuchaba dentro de su cabeza. Abrió mucho los ojos y por el calor que sentía en la cara podía deducir que la tenía de un brillante color rojo. No podía pensar lo suficiente como para formular una respuesta, nada acudía a su cerebro y apenas si podía comprender lo que Harry le acababa de preguntar. Pero de pronto, las palabras estaban acudiendo a su boca y no fue nada de lo que él había pensado decir, parecieron brotar desde algún lugar en lo profundo de su ser. Aunque podía percibir que era la verdad, y antes de que nada más pudiera ocurrir, su boca se abrió y su repuesta brotó.
-Harry, creo que ya estoy enamorado de ti.
Y entonces las palabras quedaron flotando en el aire, ondeando entre ellos, y Draco se sintió inexplicablemente avergonzado. Harry lo estaba mirando fijamente con incredulidad o incomprensión, si bien estaba empezando a sonreír. Y de repente tenía una sonrisa enorme y radiante en la cara, y tal vez había estado tratando de decirle algo pero Draco sólo podía escuchar un rugido ensordecedor en sus oídos y no podía entender nada excepto que le acababa de decir a Harry que estaba enamorado de él y…
-¡Draco!
La cabeza de Draco se levantó de golpe, ya que aparentemente la había enterrado en el cuello de Harry sin siquiera haberse dado cuenta que lo había hecho. Miró hacia Harry, completamente aterrorizado.
-Draco, todo está bien. Mira, yo… -La risa incontenible que brotó de la garganta de Harry lo interrumpió, y Draco habría pensado que se estaba burlando de él si no lo hubiera visto ponerse así de feliz desde… bueno… en realidad, Draco creía que nunca había visto a Harry así de feliz. –¡Draco, yo también te amo!
Y sólo con eso, la vergüenza de Draco desapareció y el estruendo en sus oídos se desvaneció cuando el mundo pareció enderezarse de nuevo, de manera que único que importaba eran Harry y él y ese momento y…
-¿Me amas? –preguntó con voz débil, aferrando con las manos la tela de la camisa de Harry y apretándola fuertemente. Harry asintió frenético, todavía sin parar de reír. Draco también se rió, aunque su risa más bien sonó como un sollozo, y entonces Harry y él estaban besándose otra vez, besándose como si estuvieran a punto de separarse y ése fuera el último minuto del que disponían para estar juntos, desesperados el uno por el otro e intentando aprovechar al máximo cada segundo antes de que se escurriera para siempre.
-Te amo –dijo Draco cuando se separaron, sintiendo esas palabras extrañas en su boca pero absolutamente ciertas. Harry sonrió y se besaron de nuevo.
Un rato después, volvieron a quedarse sólo recostados ahí, abrazándose el uno al otro y entrelazando las piernas. Draco oprimió una oreja contra el pecho de Harry y escuchaba el suave bum-bum de su corazón mientras una de las manos de Harry estaba jugueteando con los mechones de su cabello.
-No quisiera salir nunca de este salón –murmuró Harry apretando la cintura de Draco con su otra mano.
-Quizá si le pedimos que detenga el tiempo, lo haga –respondió Draco, llevando una mano por debajo del suave algodón de la camiseta de Harry y dejándola descansar sobre la tibia piel del chico.
-No creo que el salón funcione así –dijo Harry secamente.
-Pues si lo estás dudando de esa manera, por supuesto que no funcionará.
-Claro, ahora es culpa mía –dijo Harry sonriendo y luego, bostezó. –Dios; ¿qué hora será?
-Creo que no queremos saber –contestó Draco bostezando también.
-La noche no puede estar terminando ya. Es demasiado pronto.
-Harry, será sólo muy poco tiempo el que estaré en la Mansión –dijo Draco intentando tranquilizarlo. –Definitivamente te veré en julio. Después de todo, no puedo perderme tu cumpleaños. Y no es como si el mundo se fuera a acabar porque no estamos juntos durante un mes.
A Harry su cumpleaños le importaba un comino, pero repentinamente su mente se vio inundada con pensamientos sobre Voldemort y todos los ataques que había hecho ese año, y los Mortífagos escapando…
Su brazo se apretó más firmemente alrededor de la cintura de Draco. –Uno nunca sabe –masculló sobre el cabello del chico, dándole un beso en la sien.
Draco puso los ojos en blanco y le sonrió brevemente antes de rodar para bajarse de él y aterrizar con suavidad en el suelo junto al sofá. Alcanzó la botella de whisky de fuego que habían usado con anterioridad y le arqueó una ceja a su novio.
-Olvídate de eso por ahora –le dijo con una sonrisa petulante en los labios. -¿Juegas conmigo?
Harry pestañeó. -¿A qué?
-A girar la botella, gilipollas –dijo Draco en tono afectuoso pero sin poder evitar rodar los ojos.
-Pero sólo estamos nosotros dos…
-Bueno, eso es obvio. No me digas que preferirías ser besado por alguien más. –Draco levantó una ceja. Harry lo miró boquiabierto durante un segundo y de repente se dio cuenta de algo.
Había muchas cosas de las que no estaba seguro. Para empezar, no tenía idea de lo que iba a suceder ese verano. ¿Cuándo volvería a ver a Draco? Con un poco de suerte, todos esos asuntos de los que tenía que encargarse en la Mansión no le llevarían tanto tiempo. ¿Y qué pasaría con la guerra?. ¿Se intensificaría aún más?. ¿Sería verdad que los Mortífagos estaban planeando algo y por eso habían estado tan callados últimamente?. ¿Al final Harry tendría que volver a enfrentarse con Voldemort?
… ¿Draco estaría en su lista de "personas a asesinar"?. ¿Estar con Harry lo había puesto en peligro?
Constantemente, Harry pensaba en ese tipo de cosas. Se preocupaba a morir, no podía evitarlo. Y estar lejos de Draco no iba a ayudarlo en absoluto.
Pero en ese preciso momento, mientras veía a Draco; mientras contemplaba esa sonrisa presuntuosa; mientras observaba su cabello alborotado y se encontraba con la mirada que se había suavizado casi imperceptiblemente al estar fija en él… Harry se percató de que había una sola cosa de la que estaba completamente seguro.
Por supuesto que no prefería ser besado por alguien más.
Y entonces, sonriendo ampliamente, Harry tomó la botella y la giró.
fin
