Capitulo 2: Conociendo a la muchacha

Edward y Alphonse bajaron de la azotea de aquel edificio, donde descubrieron que el perseguidor de Salter era una simple joven de una edad similar a la de ellos. La alquimista se entregó sin resistirse. Los militares le pusieron esposas y la condujeron al coche de Mustang. La teniente comprobó que Ed no tuviese heridas graves.

-¿Estás bien, hermano?

-No te preocupes, Al, estoy bien. No me he roto ninguna costilla.

Los hermanos, Mustang y su fiel acompañante entraron en el coche para que les llevara al cuartel general. Delante de ellos se encontraba sentada la detenida entre dos agentes. Parecía tranquila y despreocupada, como si supiese por adelantado que la dejarían ir.

-¿Cuál es tu nombre?- preguntó el coronel.

-Kana Sherlan, señor. ¿Puedo irme ya?

-¡Ja! ¿Estás de broma? ¿No? Has atacado a uno de mis subordinados.

-¿Subordinados?- dijo Ed con una mirada asesina hacia su superior. Alphonse contuvo la risa ante la reacción de su hermano.

-Sherlan…me suena ese apellido. Teniente, ¿le importaría mirar el archivo militar?

-Por supuesto, Coronel.

Riza cogió una pequeña maleta que se encontraba bajo su asiento, lo abrió y empezó a revisar unos documentos que estaban clasificados por orden alfabético. Kana comenzó a silbar una cancioncilla, como si ser arrestada fuese algo común. Ed la miraba con curiosidad. Se fijó en todos sus detalles.

Llevaba una chaqueta de color azul marina, con un único cierre de metal en la parte superior. Vestía una blusa azul, de un color levemente más claro que su chaqueta, además era muy larga, le llegaba hasta los muslos. Tenía unos pantalones negros ajustados y calzaba unas botas marrones que le llegaban hasta las rodillas. Alphonse miró sus manos, podía ver que la joven llevaba unos mitones de color marrón oscuro de piel que tenían círculos de transmutación dibujados en las palmas. Aparte de los ropajes, Edward miró las pertenencias que estaban analizando los agentes para comprobar que no llevara nada sospechoso. Una bolsa de color beige y un cinturón que tenía varias alforjas pequeñas. Los ojos de la muchacha se cruzaron con los de Acero, y su mirada decía claramente '¿Qué miras?'.El rubio se sobresaltó. Edward cambió rápidamente la dirección de sus ojos y comenzó a hablar de cualquier tema con Alphonse, para no volver a cruzar su mirada con aquellos amenazantes ojos verdes.

-Aquí está- anunció Hawkeye mientras le entregó un papel a Mustang.

-Ah, ya veo, ¿tu madre es la sargento Sherlan, verdad? En estos momentos está destinada en las tierras del Oeste. Hemos sido informados de que hace tiempo, una alquimista ha estado persiguiendo a Salter. Supongo que esa alquimista eres tú. ¿Por qué intentas atraparlo?

-Esa rata le robó a mi abuela algo muy preciado de mi familia, quiero detenerle y recuperar lo que es mío antes que nada, señor.- dijo con seriedad.

-Lo lamento señorita Sherlan, pero ese ladrón es problema del Estado y no le incumbe. Si no me equivoco hay rumores de que usted es conocida en las tierras del Oeste y es apodada como 'La alquimista Esmeralda' por algunas de las hazañas que ha realizado mientras seguía la pista de Salter.

-Yo solo he prestado mi ayuda cuando la gente la necesitaba. Hay veces en las que el ejército no puede ocuparse de ciertos problemas- dijo con un tono de voz suave para no faltar demasiado al respeto.

-En todo caso, no la liberaremos hasta que contactemos con sus tutores.

-Vaya…-dijo con resignación. El resto del viaje hubo silencio. Kana miró de reojo a los hermanos Elric y después se dedicó a mirar por la ventanilla durante el trayecto la ciudad que aún no conocía del todo, como cuando un niño ve por primera vez el mar.

Al fin llegaron al cuartel general. Hicieron pasar a la detenida y a los hermanos Elric a una pequeña sala de espera con dos sofás y una mesa de café.

-Me ocuparé de telefonear al cuartel de las tierras del Oeste para informar de la situación, mientras espera aquí. Acero, Al, vigiladla.- ordenó

Y tras decir eso, el coronel cerró suavemente la puerta y se fue acompañado por Hawkeye. Kana se sentó y cruzó las piernas para estar más cómoda. Parecía molesta por las esposas, pero no se quejó. Los dos hermanos se sentaron en el otro sofá.

-Entiendo que quisieras atrapar a Salter de inmediato, pero esas no son formas de tratar a la competencia.- dijo con una expresión seria en su rostro mientras indicaba el costado en el que recibió en golpe.

-Lo siento. Hace mucho que le seguía y me centré demasiado en él. Perdón por el golpe.

Edward vio su sinceridad y comprendió que no era mala gente.

-No te preocupes, tampoco fue para tanto. Estoy acostumbrado, pero seguro que me dejará agujetas Je, Je.-sonrió, rompiendo la tensión del ambiente.

-Yo también me pongo insoportable cuando me concentro demasiado en algo.- dijo el hermano mayor.

-Dímelo a mí, que soy el que le tengo que soportar- suspiró la armadura.

-¿¡Cómo dices, Al!- se quejó Ed

La pelirroja empezó a reír ante la cómica situación. Ed y Al se alegraron de hacerla sonreír.

-Así que vosotros sois los hermanos Elric. Os reconocí en el mercado.

-Por eso nos mirabas- recordó Al.

-Tú debes ser Alphonse Elric…- señalando a la imponente armadura.

-Y tú Edward Elric, el alquimista de acero.- señalando al chico.

Kana estrechó las manos de los dos hermanos y notó algo extraño cuando agarró la mano del hermano menor.

-Eres la primera persona que no nos confunde al revés. Siempre suelen confundirme con Al porque parece más mayor y lleva una armadura enorme.- recordó amargamente.-¿Cómo nos has diferenciado?

-Pues aparte de que Alphonse gritó tu nombre, hay rumores de que 'el alquimista de acero' siempre va vestido con una gabardina roja...

Ambos hermanos asintieron con la cabeza.

-dicen que es rubio y tiene el pelo largo...

Los dos asintieron de nuevo.

-y es… bajito- la última palabra la dijo reduciendo un poco el tono de voz.

Al asintió después de su última frase y Ed se quedó parado y de repente estalló.

-¿¡A quién llamas bajito, enano microscópico y renacuajo!

Alphonse agarró a su hermano por la espalda, evitando que hiciese alguna locura en uno de sus típicos ataques de ira. Kana retrocedió unos centímetros.

-También comentan que reaccionas mal cuando hacen comentarios sobre tu estatura.

Edward se calmó. Parecía molesto.

-Si te digo la verdad, a mi no me parece importante la altura ni la apariencia en las personas. Lo que cuenta es lo de dentro. Mi abuela siempre dice: ¡Los mejores perfumes, van en frascos pequeños!- dijo con una sonrisa.

Edward se sonrojó al oír el cumplido. Pero volvió a analizar la frase de la joven: … van en frascos PEQUEÑOS. Ed volvió a saltar, como un niño al que le han quitado los juguetes, y comenzó otro de sus cabreos. Kana y Al no pudieron evitar la risa.

-A mi me pasaba lo mismo de pequeña. Odio el color de mi pelo- dijo agarrándose la coleta.

-Mi hermana mayor, Sophia, cuando éramos pequeñas siempre me llamaba zanahoria, y con el tiempo todo el pueblo en el que nací me llama por ese apodo- confesó mientras jugaba con uno de sus mechones color cobrizo.

Los dos hermanos evitaron reírse.

-Por suerte no me llamaron 'alquimista zanahoria'- dijo Kana con sarcasmo.

-Y...¿Por qué te llaman 'alquimista esmeralda'?

Kana se señaló a sus ojos con un gesto de ironía.

-Claro…- Al se maldijo a si mismo por hacer un comentario tan tonto.-Entonces… ¿tienes una hermana?

-Sí, a ella no le puedo gastar la misma broma porque heredó la preciosa cabellera morena de mi madre. Tiene 18 años y está haciendo pruebas para entrar en el ejército. Yo tengo 15 años.

-Alphonse tiene 14, y yo 15.

-¿14? Pero si es enorm…- Kana se calló para evitar otro enfado del joven alquimista.

-¿Y cómo es que conseguiste el título de alquimista nacional tan joven?- preguntó para cambiar de tema.

-¿Y cómo es que una chica tan joven viaje sola persiguiendo a un ladrón?- respondió Edward.

-Touché.

El teniente coronel Hughes entró de golpe y gritó:

-¡Vaya chicos, no me dijisteis que estabais coqueteando con una chica! ¡Por lo menos avisadme para que os aconseje!

Ed y Al cayeron de bruces al suelo.

-¡JA, JA, JA! ¡Es broma! He venido a decirle a la chica pelirroja que tiene que acudir al teléfono y que ya le puedo quitar las esposas. Soy el teniente coronel Hughes, señorita. ¡A sus pies!

A Kana le cambió la mirada en cuanto escucho la palabra 'pelirroja', se oyó un leve gruñido. Kana no le dio demasiada importancia. Se acercó a Hughes para que le quitara las esposas. Aliviada, se rasco las muñecas y se soltó la coleta, dejando caer su cabellera, que a pesar de estar despeinada, no alteraba demasiado su aspecto. Hughes le dio sus pertenencias, que antes fueron requisadas y se dirigió de mala manera a la sala de los teléfonos. Los Elric la siguieron. Kana se acercó lentamente al auricular y oyó una voz familiar.

-¿Mamá?

-Kana, hija ¿Se puede saber que haces por ahí? ¡Me han llamado desde Central! ¡Me dijiste que solamente viajarías para aprender más alquimia!

-Pero, mamá yo quiero recuperar la joya de la familia- la voz de la alquimista se volvió como débil, era como si la muchacha que golpeaba antes al criminal con rabia, ahora fuese un corderito indefenso ante una manada de lobos.

-¡No te vuelvas a meter en esos líos! ¿Entendido? Por cierto, Sophia irá dentro de una semana a Central City para acabar su examen, vuelve con ella.

-¡Yo no vuelvo hasta que recupere la piedra de la abuela!

-Ejem… ¿Qué has dicho cariño?- se oía como una voz falsa.

-No nada, nada, saluda a papa de mi parte. ¡Adiós!

Colgó con fuerza. De repente le fallaron las piernas y acabó de rodillas en el suelo.

-Maldición, estaba tan cerca…- dijo con tristeza.

Ed y Al se miraron. ¿Y si la piedra de la que hablaba fuese una piedra filosofal? De todos modos querían ayudar a la alquimista y debían atrapar a ese maldito ladrón de todos modos.

-¡Nosotros te ayudaremos!- gritó Al con convicción.

-¿En serio?

-¡Claro que sí! Y lo conseguiremos antes de que pase una semana.- le aseguró Al mientras le ofrecía su mano para levantarla.

-¡Muchas gracias! Aunque, ahora que lo pienso, no tengo lugar donde pasar la…-Ed y Al le taparon la boca con la mano. El teniente coronel Hughes pasó caminando, les saludo y entró en una de las oficinas. Ed le susurró al oído a la extrañada joven.

-Una palabra más y Hughes te abría ofrecido instalarte en su casa y créeme te estaría enseñando fotos y presumiendo de su familia las 24 horas del día.

-Mejor si te quedas en la residencia militar con nosotros.- sugirió la armadura.

Kana sintió un escalofrío por su espalda. Se giró y vio que Maes Hughes la estaba mirando de reojo desde el umbral de la puerta por la que entró, esperando el momento justo para sacar las fotos de su familia, como un león observando a su presa. Hughes seguro que era una muy buena persona y un hombre admirable, pero prefirió no causarle molestias a su familia y aceptó la oferta de los dos hermanos. Mientras se dirigían a la salida, se cruzaron con el comandante Armstrong.

-Ay, dios mío, el que faltaba...-pensó Ed

Kana se quedó totalmente pasmada al ver a un hombre tan exageradamente grande.

-¡Hola Edward y Alphonse! ¡Veo que habeís hecho una nueva amiga! ¿Cuál es tu nombre, pequeña?

-K-Kana Sherlan, señor.-tartamudeó al verse intimidada por aquel mastodonte.

-¡Ah! ¡Bonito nombre! ¡Cuiden bien de ella señores Elric! ¡En esta vida no hay nada más bello que la amistad! ¡Un amigo es un tesoro muy preciado!- El comandante, como de costumbre, empezó a soltar lágrimas de emoción y en un abrir y cerrar de ojos se quitó la camisa (como hace siempre) y dejó sus músculos a la vista de todos. La chica se quedó paralizada y Al la cogió del brazo y la llevo a rastras hasta la salida.

-Mejor nos vamos- dijo Al.

-Este tipo me da vergüenza ajena- dijo Ed mientras se tapaba la cara con la mano.

-Ese es el comandante Alex Louis Armstrong, no te preocupes, te acostumbrarás a él.-le dijo Alphonse a la aterrorizada muchacha.

El grupo abandonó el cuartel, para dirigirse a la residencia militar, que no estaba muy lejos de allí. Kana y Ed bostezaron por el cansancio, había sido una noche muy larga. Alphonse, no podía. La joven alquimista sentía curiosidad por el chico de la armadura. Sabía que escondía algún secreto, tanto él, como su hermano.