Muchas gracias a aquellos que lean mi historia. Este es mi primer fic y espero que os guste. Siento no haber escrito estas pequeñas introducciones al principio del primer capítulo y por algunas faltas de puntuación. ¡Espero que os guste y que sigáis esta historia hasta el final! ^^

Capítulo 5: Posible esperanza

-¡Quitad de en medio!-gritaba la joven mientras corría por los pasillos del hospital esquivando al personal médico. Las enfermeras y doctores se quedaron algo atolondrados mientras veían aquella chica corriendo desesperadamente. Kana estaba muy preocupada, si a los chicos les hubiese pasado algo sería culpa suya por haberles metido en esto. Se detuvo en seco delante de la puerta que buscaba y la abrió dando un portazo atronador. Allí estaban los dos hermanos, Alphonse sentado en una silla y el malherido hermano mayor tumbado en una camilla con un brazo vendado. Kana respiraba aceleradamente y los dos chavales la miraron sorprendidos.

-¡Hola, Kana!- Saludó Al, mientras se levantaba de la silla.

-Dimos con Salter, pero las cosas no salieron como esperábamos como puedes comprobar… ¡Ay!-dijo Ed acabando su frase con un quejido.

La muchacha siguió sin contestar, parada.

-No te preocupes, mi hermano es muy fuerte. Se ha rotó unas cuantas costillas y el brazo izquierdo. Por suerte no se ha roto ningún automail en la explosión, si no Winry…

La expresión de Kana seguía seria, hasta que se pudo ver un reflejo de culpabilidad en sus ojos. Cerró la puerta lentamente y miró al mayor de los hermanos con una mirada furiosa.

-¡Seréis idiotas!- gritó Kana mientras lanzó su bolsa a la cabeza de Ed.

-¡Eh! ¡Ya tengo bastante con la llave inglesa de Winry para abrirme la cabeza!- exclamó el chico.

-¡Por poco os matáis y es todo por mi culpa! ¡Si os hubiera pasado algo, me habría dado algo! ¡No tendría que haberos metido en esto!

-No nos has metido en nada, si te ayudamos es porque queremos, por eso somos alquimistas. Solo hemos tenido mala suerte, no vamos a abandonar tan fácilmente.- replicó Ed con un tono severo.

La chica calló y recuperó la compostura, suspiró y se sentó en una silla al lado de Al.

-Contadme qué os ha pasado.

-En el suburbio Sudoeste encontramos a Salter y lo perseguimos hasta una vieja fábrica. Para ser viejo es muy escurridizo. Estuvimos luchando un buen rato y cuando Al estaba a punto de cogerlo hizo estallar la fábrica por los aires con dinamita el muy…Casi lo atrapamos- contó Edward reprimiendo un insulto mientras se miraba el brazo.

-¿Y tú no has encontrado nada en especial Kana? Y ahora que me fijo ¿Has cambiado de color tu gabardina?- preguntó Alphonse.

La alquimista se paró a pensar por un momento antes de contestar. ¿Debería contarles su lucha contra aquel homúnculo llamado Envy que casi la mata? ¿Y a qué demonios se refería con 'sacrificios' y 'el día prometido'? Quizás si se lo contaba su vida correría aun más peligro, la suya y la de sus nuevos amigos. Mentir sería la solución por el momento.

-Es una larga historia Al, pero no encontré nada en el barrio Norte. Ya le quitaré este tinte verde a mi chaqueta luego. Edward, esa herida no tiene muy buena pinta. – continuó mirando el brazo del chico.

-Parece ser que Ed no podrá ayudarnos a buscar a Salter antes de que venga tu hermana a recogerte.-dijo Al.

Kana siguió mirando las heridas de Acero y después le miró a los ojos. Ambos sabían que no podría ayudarla más. Edward aparto la mirada de mal humor. Kana se levantó y recogió la bolsa que le había tirado a Ed hace poco y sacó su viejo libro de alquimia que leía por las noches. Ojeó un poco y con una expresión decidida se dirigió a Alphonse.

-Al, ¿me dejas una tiza?

-Sí claro, siempre llevo una encima.- respondió mientras se la daba.

-Sé que no debería hacerlo porque si lo hago te volverás a empeñar en ayudarme a buscar a Salter, pero no te quiero ver gruñendo con los brazos cruzados en el hospital por mi culpa.

-¿Eh?- dijo extrañado Edward.

-Voy a usar alquimia médica que me enseño mi abuela para arreglarte los huesos rotos.- dijo mientras se dibujaba un circulo de transmutación en la frente y en las manos siguiendo un modelo del libro.

-Al, ¿Me puedes ayudar, por favor?

-¡Claro!

En poco rato, todo estaba listo. Edward tenía dibujados otros 3 círculos más: uno en el brazo, otro en la zona donde se le habían roto las costillas y otro en la frente. Alphonse estaba impresionado. Había leído sobre la alquimia médica de Xing, pero no sabía que en Creta también hubiese este tipo de ciencia alquímica.

-Debo advertirte que no he practicado mucho, pero si hay una oportunidad de que te recuperes antes...

Edward asintió con confianza, Alphonse se limitó a observar con mucho cuidado sin perder detalle. Quizás esta alquimia le sería útil para curar y ¡cabría la posibilidad de que fuese la clave para recuperar su cuerpo!

-Empecemos con el brazo.

Kana cogió con cuidado el brazo del chico y junto el círculo de transmutación de su frente con la de Edward. Empezaron a haber unos misteriosos destellos alrededor del brazo. Edward intentaba permanecer sereno, ya que algunos mechones de la chica le hacían cosquillas en la cara. Cerraba los ojos para no parecer nervioso, pero cuando los abría se sentía intimidado por aquellos grandes ojos que le observaban. Kana soltó el brazo del herido.

-¡Ahora, las costillas!

-No siento nada en especial, Kana- dijo el alquimista aun recuperándose de su nueva experiencia.

-Tarda un poco, espera.

Kana realizó la misma operación que antes y cuando puso su mano suavemente en el pecho, Edward se estremeció. La chica comenzó el mismo proceso. Edward se sentía extraño. Normalmente estaba en ese tipo de situaciones con Winry cuando le reparaba los automails y no le daba vergüenza porque era una amiga de la infancia, pero cuando Kana, que todavía era una desconocida, le hacía eso, sentía un escalofrío extraño. Un portazo le sacó de sus pensamientos.

-¡Ed, me han dicho que te lo estás montando con una chica en el hospital!- gritó el teniente coronel Maes Hughes, que al ver la situación se quedó de piedra.

-¡Madre mía! ¿He acertado? ¡Y eso que solo estaba bromeando!- tartamudeó algo sorprendido.

(Ver capítulo 9 de FMA brotherhood XD)

-¡No malinterpretes nada! ¡Solo me estaba curando las heridas con alquimia! ¡Nada más!- chilló Ed, que se levantó corriendo de la camilla.

-Quieto Ed, que te vas a abrir las heridas.- dijo Alphonse.

Edward se quedó de pie, se desvendó el brazo. Ya no le dolía nada. Se tocó el pecho, ninguna agujeta. Estaba en forma.

-Al, estoy totalmente curado.

Alphonse y Hughes se alegraron al oír eso.

-Menos mal…- dijo Kana sentándose de nuevo en la silla, agotada.

-¿Menos mal?- preguntó Al.

-Verás es que la última vez que probé la alquimia medica fue cuando mi hermana Sophia se rompió la pierna y… le rompí la otra por accidente y mi abuela tuvo que arreglarlo, jejeje- confesó con un sonrisa nerviosa.

-Recuérdame que no me rompa nada otra vez, Al- pidió Edward con preocupación.

-Me alegro de que estés mejor Acero. Oye Kana como recompensa por ayudar a mi querido amigo te mostraré la joya de la familia Hughes. ¡Mi hijita Elicia!

Maes estaba preparado para sacar las fotos, sin embargo una enfermera lo llamó pidiéndole que acudiese a recepción porque sus superiores le estaban buscando. Se despidió de los chicos muy cortésmente y se fue con ganas de enseñarle las fotos a la muchacha.

-Bueno, ahora que estoy totalmente recuperado, sigamos buscando a Salter.-dijo mientras se disponía a coger su ropa para volver a cambiarse.

-¿Pero qué dices? ¡Ya he dicho que no os metáis ya me ocuparé yo sola de pillarle, vosotros seguid con lo vuestro!-declaró mientras se dirigía a la puerta con paso firme.

-Pero Kana…-susurró Al en voz baja para no enfadarla.

La chica se giró con una mirada amenazante. Alphonse se tragó sus palabras. –Otro con mal genio como mi hermano- pensó.

-¡Ni hablar nosotros vamos contigo!-declaró Ed

-Uff, no tendría que haberte curado...que por cierto ha sido una suerte.- sonrió para sí misma.-He dicho que no. Ya veis como habéis acabado.

-Si hemos acabado así es porque la idea de dividirse había sido tuya. Tendríamos que haber atacado los tres juntos.- replicó el rubio.

-¡No había manera de estar en dos sitios a la vez! ¿Se te habría ocurrido una idea mejor? Además erais dos contra uno, tampoco pensé que fuerais tan flojos.-dijo con un tono de burla.

-¡Pero si llevaba una caja llena de explosivos! ¡Y precisamente tú tampoco ayudas demasiado! ¿Quiénes descifraron el código sobre los lugares donde podría estar el mercado negro? ¡Y por si fuera poco nos llamas inútiles cuando tú has estado mucho más tiempo persiguiendo a ese imbécil sin éxito alguno!

Edward se arrepintió de decir eso, la expresión de la chica se llenó de furia.

-¿¡A quién llamas inútil, retaco!- gritó ofendida la muchacha.

-¿¡A quién demonios llamas retaco!- respondió el alquimista.

El ambiente se estaba caldeando, Alphonse intentó poner fin al asunto.

-Chicos…-calmó la armadura.

Kana no quería discutir, y aunque le costaba controlar su temperamento impulsivo, tuvo que dejar que los hermanos siguieran ayudándola con el caso. Edward se quejó un poco del dolor y Kana y Al le preguntaron si se encontraba bien.

-Solo son algunas secuelas después de haber usado alquimia médica. Aparecen sobre todo cuando no las hace un experto. Descansa un poco y enseguida se te pasaran.-recomendó Kana.

-Me quedaré un poco más en el hospital mientras pienso una forma de atrapar a Salter. Vosotros buscad por Central por si veis algo sospechoso.

Calles de Central City. Kana miraba al suelo con una expresión seria en su rostro, Al caminaba a su lado algo nervioso en silencio. Alphonse y Kana siguieron caminando por la ciudad, sin entablar mucha conversación. Al se fijo más en la chica. Su pelo largo y lacio rojizo, algo desmelenado, contrastaba con su blanca piel y tenía cierto encanto. Le recordaba a Winry, aunque Kana era incluso más ruda que ella (algo ya de por sí difícil). Seguro que Winry y ella se llevarían bien. No parecía importarle cuidar su imagen demasiado, sin embargo era bastante atractiva. La chica pusó sus manos sobre su chaqueta y le quitó el tinte verde que había usado antes para despistar a Envy, dejando tras de sí un charcó de tinta verdoso.

-Soy tonta. Me he pasado porque quería que dejarais de ayudarme. No quiero haceros perder tiempo ni que salgáis heridos.- confesó la chica fríamente.

-No pasa nada y no te preocupes por nosotros. Nos gusta ayudar a la gente.¡Confía en mí!-Dijo Al golpeando su pecho de metal.

-Gracias, Al.- sonrió Kana.

Edward se había cambiado y no dejaba de darle vueltas a la pelea de antes. No podía evitarlo, él solía tener mal humor como ella y como suelen decir 'polos iguales se repelen'. El rubio se paseaba por la habitación intentando averiguar cómo atrapar a ese desgraciado. Se rascó la cabeza y suspiró varias veces, hasta que, encima de la mesita de noche, encontró una posible solución. Allí estaba el periódico arrugado del día. El joven se acercó y lo ojeó varias veces. Sus dorados ojos se pararon en un artículo y sonrió de forma pícara.

-Te tengo, bastardo.

En otro lugar de la ciudad, en un edificio algo ruinoso y en mal estado… Un grupo de hombres y Salter se encontraban en una habitación negociando. Las paredes estaban algo corroídas por la humedad y la madera del suelo estaba bastante podrida. Ese piso seguramente había sido abandonado hace mucho tiempo y ahora era solamente un lugar idóneo que usaban algunos indeseables para hacer intercambios, incluso al margen de los mercados negros. Un hombre algo rechoncho con aires de grandeza y vestido con ropas caras, probablemente cabecilla de alguna banda mafiosa, estaba sentado en un sillón algo malgastado charlando con Salter. A sus espaldas había varios sicarios musculosos con cara de pocos amigos. El viejo ladrón estaba sentado en otra silla, ofreciendo su más valiosa mercancía.

-Mi querido Frederick, hacía tiempo que no te veía, veo que te va bien la vida.-Dijo animado el viejo.

-Dime, Salter, seguro que durante tu estancia en Central has conseguido algo valioso.- Sonrió el avarioso jefe.

-Pues tengo una pieza exquisita, pero no la conseguí en Central sino en West City Ja,ja,ja…-rió el viejo.

-¿En West City? No creo que allí haya nada interesante, pero si tú lo dices,que eres mi socio más valioso.-dijo algo decepcionado el corpulento líder.

-Cambiarás de opinión cuando lo veas.-añadió con una desagradable carcajada.

Salter, sacó de una pequeña bolsa atada a su cinturón una inusual piedra del tamaño del puño de un niño. Era de un color rojo intenso, como la sangre y resplandecía de forma extraña y misteriosa. Era un rubí fuera de lo común, sin lugar a dudas. Frederick miró con asombro la joya que trajo su compinche.

-¿Qué opinas Freddy?- dijo con burla el ladrón.

-¿Se puede saber de donde la has sacado, o mejor dicho, robado?

-Aunque no te lo creas, se la robe a una pobre ancianita extranjera, creo que de Creta.

-Viniendo de ti, que no tienes corazón, me lo creo. ¿Qué precio le pones a esta preciosidad? Te doy 4 000 000 cenz.

-Nah, nah – negó el alquimista moviendo de un lado para otro su dedo índice.- 6 000 000 cenz, compañero.

-Vaya ,hoy estas exigente amigo mío.

-Es que en el mercado negro no he conseguido mucho y encima me han atacado dos muchachotes, bastante torpes la verdad ¡Ja! Y eso sube el precio. Aunque, pensándolo mejor, te la doy por 5 000 000 cenz.

-¿Y esa bajada de precio?

-Verás, un alquimista muy pesado me ha atacado varias veces por la piedra, así me la quito de encima y podré hacer mi 'trabajo' con más facilidad ¿Trato?.

-Trato. Y si ese alquimista viene a por mí, mis chicos y yo le daremos un regalito.- dijo Frederik sacando una pistola de su bolsillo.

-Pronto me iré de Central City, no es muy seguro quedarse en el mismo lugar durante mucho tiempo.

Los villanos sellaron el trato y siguieron haciendo otros negocios con otros objetos de menor valor.

-Oye Salter, ¿has mirado el periódico esta mañana?- mencionó el cabecilla con cierto tono de sarcasmo mientras le ofreció el susodicho diario.

El viejo miró con sus cansados ojos una página cuyo título estaba marcado con rotulador rojo. Salter sonrió maliciosamente al leer las primeras líneas de la noticia.

-Pensandolo mejor, me quedaré un poquito más…

Al y la Alquimista Esmeralda buscaban por los rincones más inhóspitos de Central en busca de pistas. Kana parecía más animada y empezó a charlar con la armadura.

-Sabes, creo que me dais un poco de envidia.-espetó chica.

-¿Envidia? ¿Ed y yo?

-Sí, digamos que mi relación con mi hermana no es muy buena y vosotros os lleváis tan bien… Ojalá hubiese tenido un hermano tan amable y cariñoso como tú, mi hermana no suele mostrarme mucho aprecio.-gruñó la pelirroja.

-Jeje, no es para tanto.-dijo un tímido Al.

-La mayor parte de las cualidades como el cuidado de la música, el canto, el dibujo y la habilidad de combate, las domina mi hermana, Sophia. Ya sé que soy pesada con el tema, pero ella es la joya de la familia. En resumen, siempre destaca en todo. Siempre se ha considerado 'mari perfecta' al ser la mayor de las dos desde que éramos pequeñas. En cuanto descubrí que tenía algo en lo que destacaba, la alquimia, y a ella no se le daba bien, siempre nos peleábamos. Ahora ha crecido y no es tan infantil, aunque siga llamándome…zanahoria.

Rieron un buen rato, hasta que empezó a atardecer.

-Al final, volvemos con las manos vacías.-Dijo la armadura.

Los dos volvían al hospital cuando se cruzaron con el rubio de ojos dorados, que venía corriendo y algo alterado. Se quedaron callados un momento. Edward puso sus manos sobre sus rodillas y respiró para recuperarse después de correr tanto, todavía no estaba en condiciones de hacer esos esfuerzos. Al y Kana se miraron algo extrañados. Finalmente el rubio se incorporó con una mirada llena de triunfo que iluminó a los otros dos.

- ¡Por fin os encuentro! He tenido que preguntarle a varias personas si habían visto una armadura gigante y una chica pelirroja (mira que sois fáciles de reconocer) ¡Encontraremos a Salter, os lo expilcaré todo en el apartamento! ¡Rápido, vamos!

Edward estaba a punto de correr cuando de repente sintió unos molestos dolores en el pecho y se tiró en el suelo quejándose de nuevo. Alphonse suspiró y le dijo que no debería haberse esforzado tanto. Lo subió a su espalda para que no caminase más y se dirigieron a la residencia militar rápidamente. Kana caminaba detrás de ellos, estaba esperanzada de nuevo. ¿Cuál sería el plan de Edward? El alquimista de acero se giró y le dedicó una sonrisa y un gesto levantando el pulgar. La joven le correspondió con una tímida sonrisa. Solo le quedaban 4 días para que su hermana viniese a recogerla.