Capítulo 6: Trabajo sin recompensa
-¡Corre Al, que no escape!
Edward y su hermano corrían por los pasillos del museo de Central City persiguiendo a Kana que llevaba en sus manos una de las piezas más preciadas de toda Amestris, la diadema de Aerugo. La joven iba encapuchada y aparte de ser perseguida por los hermanos Elric también tenía a sus espaldas a numerosos agentes del museo. La chica guardó la diadema en su bolsa para tenerla a salvo. Lo tenía imposible si quería escapar. Saltó por la ventana de un salto y escaló las vallas del museo para intentar huir. Varios coches de la policía intentaron cortarle el paso en vano. Alphonse intentó alcanzarla con una lanza que había creado con alquimia pero falló. Kana siguió corriendo con el tesoro hasta que una figura negra y encorvada se puso en su camino. ¿Cómo habían llegado a esto?
*Flashback*
*Unos días antes.*
-Entonces, ¿Cuál es tu plan Ed?- preguntó Al.
El alquimista les enseñó un artículo del periódico 'La diadema de Aerugo será expuesta en el museo nacional de Amestris'. Esta valiosísima pieza está hecha totalmente de oro y tiene incrustados varios diamantes y rubíes, además posee unos grabados que datan de varios siglos atrás, convirtiéndola en una joya única. Se dice que perteneció al la realeza de Aerugo, sin embargo fue encontrada en el sur de Amestris y suele estar en el museo de South City.
-Dentro de dos días la traen, justo a tiempo. Estoy seguro de que Salter no dejará escapar una oportunidad como esta. Podemos atraparlo el día que la traigan al museo.-sonrió el chico.
-No lo veo del todo claro, Ed. Por ejemplo, si esperamos a que aparezca y a que coja la diadema para luego intentar atraparlo será un fracaso; ya sabes lo bien que se le da escapar en cuanto tiene lo que quiere.-dudó Kana.
-¿Quién ha dicho que dejaremos que la coja? ¡Tú serás quién la robe primero!- dijo Ed señalando a la alquimista.
Kana se quedó bastante confusa y le pidió que se dejara de bromas.
-Mira es perfecto: primero te disfrazas y robas la diadema, seguro que Salter se quedará boquiabierto cuando vea que se le han adelantado. Después intentas escapar y como Salter no se irá sin conseguirla antes, irá a por ti y nosotros lo acorralaremos. ¿Qué os parece?
-Vaya, Ed estoy sorprendido, y yo que pensaba que no eras muy listo.- dijo Al en tono bromista.
-¿¡Pero qué dices!- Edward saltó y le quitó el casco a Al y empezaron a discutir como dos niños.
Kana se quedó pensativa 'Podría funcionar, aunque si fallamos no me quedará más remedio que volver con mi hermana con las manos vacías'
*Noche del robo.*
Kana estaba muy preocupada. Se lo iba a arriesgar todo al doble o nada. Se puso su chaqueta azul oscura, se recogió el pelo, se puso la capucha y se ocultó la cara con su bufanda dejando solo a la vista sus ojos verdes.
-¿Todo listo, Kana?- preguntaron los muchachos.
La chica asintió. Bajaron juntos a la calle y caminaron hasta la puerta del museo. Habían más guardias de lo habitual vigilando en todas las entradas.
-Buena suerte- deseó Al a la ladrona. Ed guiñó un ojo.
-Igualmente- respondió mientras intentaba escabullirse en la oscuridad de la noche.
Ed y Al se dirigieron a la puerta principal. El alquimista de acero mostró su reloj de plata a un guarda diciendo que venían a vigilar también. En poco rato entraron en el museo y merodeaban por los pasillos esperando su señal.
Mientras tanto, no muy lejos del museo, el ladrón que ansiaba irse de Central City con la preciada diadema, caminaba sobre la azotea de un edificio cercano preparado para comenzar su golpe y rezando para que ese alquimista desgraciado no molestara sus planes.
En la parte trasera del museo, sin ser vista aún por ningún guardia, Kana estaba lista para comenzar. Cerró los ojos un momento, respiró hondo y se puso los guantes de alquimia. Ya no hay vuelta atrás.
¡KABOOOM!
-¿¡QUÉ HA SIDO ESO¡?- gritaron varios guardias.
-¡Es en la parte de atrás!- respondió uno.
Todos los vigilantes que estaban fuera del edificio se dirigieron a la parte trasera y lo único que vieron fue un boquete enorme y un montón de escombros. ¿Qué demonios había sido eso? Los guardas empezaron a movilizarse para encontrar al causante de tal catástrofe.
Salter también oyó a lo lejos aquella explosión y se quedo algo atónito al pensar que alguien había entrado antes que él.
-Seas quién seas, no te permitiré que me quites la presa.- dijo entre dientes el viejo mientras saltaba del edificio listo para entrar en acción.
Kana mientras tanto, se apresuraba en encontrar la sala en la que se encontraba la maldita diadema mientras evitaba ser vista por los guardas. Al final vio una gran puerta de madera en la que había un pequeño retablo que ponía 'exposiciones temporales'. La abrió de un portazo y entro corriendo, pero para su sorpresa chocó bruscamente con los dos hermanos que la estaban esperando. Al, gracias a su peso pudo mantenerse en pie pero Edward cayó al suelo, aplastado por la otra alquimista. Ed no pudo evitar sonrojarse ante una situación tan incómoda.
-¡Ah! ¡Perdón!- se disculpó mientras se levantaba la muchacha.
-¡Pero mira que eres bruta…! Y podrías haber entrado haciendo menos escándalo ¿no?- Gritó el alquimista de acero mientras se levantaba.
-¡Se supone que tengo que hacer que Salter se entere de que alguien llega antes que él, listillo!- respondió.
-¡Chicos ahora no hay que discutir! ¡Kana coge la diadema!- chilló Al.
-Bueno esto ya está, nos vemos fuera y vigilad si viene Salter.- dijo la chica mientras cogió la joya y se dirigió rápidamente a la salida.
Abrió la puerta tranquilamente, pero cuando la abrió se quedó parada y la volvió a cerrar y se apoyó contra la puerta.
-¿Qué pasa?- preguntó Al.
-Viene todo el cuerpo de seguridad, y van ARMADOS.- respondió tragando saliva.
Los hermanos se miraron preocupados. La alquimista intentó salir por la ventana pero se dio cuenta que estaba a demasiada altura para ella. Los guardas echaron la puerta abajo y apuntaron con sus pistolas a la ladrona.
-¡Manos arriba! ¡Alquimista ayúdenos!- ordenó un hombre armado fijando su mirada a los Elric.
-¡Eso, manos arriba!- gritó Ed transformando su brazo mecánico en una cuchilla y le hizo un gesto a Al para que también fingiera.
Kana pensó en huir haciendo un agujero en el suelo y buscar alguna otra ventana que estuviese más cerca del suelo. Pero oyó una última órden que le heló la sangre.
-¡Disparen!- señaló el líder del grupo de seguridad.
-Ay, mier…- susurró la joven.
-¡Te tengo!- saltó Al.
Alphonse se puso delante de Kana haciendo como si estuviese a punto de atacarla para evitar que saliese herida o peor. Algunas balas le dieron a la parte trasera de la armadura. Kana sonrió bajo su bufanda a la armadura y rompió el suelo para poder escapar.
-¡A por él, hermano!- dijo Edward.
Más tarde Kana ya había salido del edificio y se encontraba en las calles de Central City cuando aquella figura oscura y misteriosa se puso delante de su camino
*fin del flashback*
La joven agarró la bolsa con fuerza ante la imponente figura y esta soltó una carcajada. Se acercó a la muchacha y esta pudo reconocer que se trataba de su enemigo, Salter.
-Yo que creía que eras una especie de héroe y resulta que también eres un ladrón, aunque se nota que no eres más que un principiante; ningún ladrón profesional armaría tanto escándalo. ¡Vaya novato!
La chica no respondió y se preguntaba donde se podían haber metido sus compañeros. ¿Debería empezar ella sola o distraerlo un poco más? El hombre extendió su mano.
-Anda, dame la joya ¿O tendré que cogerla yo mismo?- sonrió.
Kana puso sus manos en el suelo y creó una columna para subir hasta la azotea de los edificios, así podría buscar desde arriba a sus amigos, pero sería más fácil que la policía la pillase.
-Vaya, tendré que cogerla yo mismo.- suspiró a la vez que subía tras ella.
Los dos empezaron a combatir como en todos sus anteriores encuentros, pero esta vez Kana iba con desventaja, debía tener cuidado de que no atrapase su bolsa ni de que se le cayera al suelo. Salter transmutó una espada e hizo retroceder a la alquimista hacia el extremo de su improvisado campo de batalla, la joven tropezó con el borde y cayó de lo alto del edificio.
-¡AHHH!- gritó despavorida a la vez que caía y Salter puso una cara de sorpresa al oír por primera vez la voz de su eterno rival; una voz más joven de lo que imaginaba.
¿Qué podía hacer ahora? No tenía nada a mano para transmutar ahora mismo. - Esta caída va a doler…- pensó mientras cerraba los ojos, sin embargo un extraña fuerza la atrapó y la subió hacia arriba. Abrió los ojos para ver de qué se trataba. Para su sorpresa se trataba de Edward que la cogió a tiempo de que se estrellara contra el suelo y empezaba a subir hasta donde estaba el ladrón con una columna de piedra.
-Creo que ya estamos en paz por aquella vez que me agarraste antes de que me cayera de aquel edificio- sonrió el alquimista de acero.
Kana frunció el ceño y se ruborizó levemente.
-¿Qué pasa?-preguntó Ed al notar que las mejillas de su amiga se habían teñido de rojo.
-Que me da vergüenza que un tipo más bajito que yo me esté sosteniendo.- respondió apartándose la bufanda para hablar un momento.
-¿¡QUÉ HAS DICHO! ¡Solo me pasas por unos pocos centímetros!- gritó el rubio mientras dejó bruscamente a la chica en el tejado y bajó de la columna
-¿La pulga rabiosa también ha venido?- refunfuñó el viejo.
-...Y su hermano también.- dijo una voz que vino de la espalda del ladrón.
Al golpeó desde atrás al ladrón. Salter no pudo esquivar su puñetazo y retrocedió unos cuantos metros. Kana aprovechó que su enemigo estaba algo aturdido por el ataque y le dio una patada en el estómago y un puñetazo en la mandíbula. Salter escupió un par de dientes y algo de sangre. Esta es la primera vez en toda su 'carrera' que le habían preparado semejante trampa y eso solo hacía que se enojara más. Se limpió la sangre de su boca y creó unos muros que atraparon a la armadura. Al intentó moverse pero no podía mover ni sus brazos ni sus piernas. Edward junto sus manos preparado para romper los muros pero el viejo creó otros dos muros atrapando el brazo derecho del alquimista.
-He estado observando tus movimientos, chiquillo; sé que no puedes transmutar sin juntar las manos. En cuanto a ti mi, querido némesis, prefiero acabar contigo de una forma más cruel- rió el viejo.
Kana apartó su bolsa y creó una lanza para luchar contra él. El viejo usó su espada. Mientras los dos se enfrentaban Edward tuvo una idea. Usó la mano que le quedaba libre y con su boca se quitó el guante y se mordió un dedo para que sangrara y así dibujar un círculo de transmutación en uno de los muros que atrapaba su brazo. Kana ya tenía algunos cortes en su chaqueta y en la cara. El ladrón aprovecho un hueco para golpear la cabeza de su rival con el mango de su espada. La chica cayó de espaldas y su capucha se levantó dejando ver su rostro. El ladrón se paró un momento dejando ver una expresión de desconcierto.
-¿Qué? ¿Resulta que todo este tiempo me ha estado molestando una simple cría? Esto es bastante humillante aunque debo reconocer, pequeña, que tienes talento.- dijo algo abochornado.
-No me llames cría, vejestorio.-respondió mientras se levantaba y conseguía herir una de sus piernas con un pincho que creó en el suelo.
El viejo gruñó y le clavó su espada en el brazo izquierdo. La chica gritó de dolor y se tapó la herida con la mano.
-¡KANA!-chilló Al.
Salter se abalanzó sobre ella para intentar atravesarla con su filo, pero ella consiguió saltar por encima de él y con sus últimas fuerzas corrió hasta donde estaba Al y rompió su prisión. En ese momento Edward por fin pudo completar el círculo y destrozar el muro. Salter intentó por última vez matar a su adversaria que estaba tumbada cerca de la armadura pero cuando iba a apuñalarla Al agarró el filo de su espada y la hizo pedazos. Salter al ver que estaba cojo y que los dos hermanos estaban listos para ir a por él, decidió coger la bolsa y huir. El rubio le hizo una señal a su hermano. La armadura juntó sus manos y Edward puso sus pies en las palmas de la armadura, que lo lanzó con la suficiente fuerza para volar hacia el viejo. Ed aterrizó sobre Salter golpeándole con una patada voladora en la cabeza, dejándole fuera de combate. Al, agarrando a Kana, se acercó hacia donde estaba su hermano.
-¿Ves, Ed? Esto es distinto…- dijo la chica en tono bromista señalando a la armadura que la sostenía.
-Cállate.- le respondió el chico ruborizándose.
Kana bajó de la armadura y se dirigió al ladrón con una expresión seria en su rostro.
-¿Dónde está la piedra, Salter? - preguntó secamente.
-No sé que es más humillante; ser azotado por unos críos o ser interrogado.- murmuró.
La joven le propinó una patada con todas sus fuerzas en la barriga. El viejo puso los ojos en blanco de dolor.
-¿Dónde está?- repitió de forma más brusca.
-No la tengo, se la vendí a unos mafiosos de North city, su líder se llama Frederick Rowner.-respondió aún recuperándose del golpe y tosiendo.
-¿¡QUÉ?- gritaron todos a la vez.
Los chicos no podían creer lo que estaban oyendo, especialmente la pelirroja. Tanto sufrimiento para nada aunque por otro lado por fin se había vengado de ese malnacido y pronto lo entregarían a la justicia.
-¡Alto ahí!- interrumpió un policía.
Las patrullas de Central city rodearon a los chicos. Horas más tarde los agentes arrestaron a Salter y los alquimistas explicaron su plan a los policías para que entendieran que la chica no era una ladrona sino que ayudaba a atrapar al maleante. Después de vendarle las heridas deberán volver al museo y arreglar los destrozos que habían causado, con alquimia por supuesto. Al principio decidieron arrestar a los chicos por haber realizado un intento de captura de un delincuente fuera de la ley, por haber causado graves daños públicos y arriesgarse a que la diadema se deteriorase, pero Salter no era un criminal cualquiera y había realizado tantos robos que el valor del material robado ascendía incluso más que el valor de los destrozos y la diadema. A Edward le tocó aguantar la bronca del coronel Mustang por no haber seguido sus órdenes. En el pasillo del cuartel general, sentados en un banco, Kana y Al esperaron a que el alquimista de fuego dejara de torturar su amigo.
-Siento que no hayamos podido recuperar la joya antes de que tu hermana venga, Kana.-suspiró la armadura.
-No es culpa vuestra, por lo menos me he vengado. Además…-la chica calló y sonrió.
-¿Qué?- preguntó curioso Al.
-Si ahora la joya no la tiene Salter y ahora la tienen unos criminales normaluchos, no será tan difícil conseguirla, a menos que mis padres me dejen.
-¡Pero será muy peligroso si vas tú sola! ¡Iremos contigo!
-Vosotros tenéis que recuperar vuestros cuerpos ¿no? Además, seguro que no me dejan ir.- añadió Kana.
-Bueno por lo menos te podríamos acompañar a la estación cuando llegue tu hermana.-sugirió Alphonse.
-Sería genial.- sonrió la alquimista.
Finalmente salió Edward del despacho con una expresión de fastidio y asco en su cara. NO le gustaba nada que el alquimista de fuego le diera esas charlas. Acero se reunió con su hermano y Kana y volvieron a la residencia militar. Allí la chica comenzó a preparar sus cosas para volver a casa. Su hermana vendría mañana y aunque no tenía que irse hasta la noche, pensó que lo más cómodo sería recogerlo todo ahora. Todos se acostaron y por primera vez, la alquimista esmeralda se durmió sin esfuerzo alguno y Al hecho de menos las charlas nocturnas que tenía con ella.
A la mañana siguiente todos se levantaron temprano para ir a la estación de Central City, aunque costó despertar a Edward tan pronto, como de costumbre. Los hermanos estaban contentos de acompañar a la joven para recoger a su hermana mayor. Por otro lado la chica estaba muy nerviosa, incluso tenía miedo. La alquimista esmeralda, famosa por su mirada decidida tenía miedo de su propia familia. A lo lejos se oía el motor del tren y sus característicos silbidos. El ferrocarril venido de West City llegó hasta su destino. Empezaron a bajar los pasajeros y poco a poco el andén se lleno de gente. Los Elric esperaron en un banco a que la chica volviese con su hermana. Kana marchaba algo desconfiada hacia el andén, buscando con la mirada a su hermana mayor. No tardó mucho en dar con ella.
Se trataba de una joven alta y de complexión atlética vestida con el uniforme de los cadetes del ejército. Tenía una melena ondulada castaña que le llegaba hasta los hombros y su tez era blanca. Sus ojos eran lo que más destacaba de ella, eran verdes y tenían un brillo especial que hacía reconocer perfectamente que estaba emparentada de alguna forma con la muchacha de cabello pelirrojo. La recién llegada también se percató de la presencia de Kana y le dedicó una amplia sonrisa traviesa mientras caminaba hacia ella con la maleta en la mano. La hermana menor alzó su brazo para saludarla y con una sonrisa forzada, y usando una máscara para ocultar su cara de desagrado susurró un nombre.
-Sophia…-
