Title: Show your bones-
Rating: NC-18
Pairing: Ivan Braginski y Gilbert Beilschmidt
letra cursiva es recuerdos-
Aclaraciones de este cap : para este momento han pasado ya años y el mundo también ha cambiado , los personajes quizá estén un poco ooc ,pero quería ser mas realista con su sentir, más allá de encasillarlos en sus estereotipos de anime/manga.
Gilbert pasa por una mala temporada de estar perdido en un momento de la vida, además de tener traumas por una guerra y sus consecuencias de ella, donde encontró la perdida de una persona amada y trae relaciones arrastrando.
e Iván vive en un circulo que lo agobia y entristece ante su mayor enemigo, la soledad. Con este personaje aun no revelo más por ahora.
-...y ahora escucharemos al joven Edelstein interpretar Prelude in E-Minor op.28 no. 4 – Se escuchó la voz de muy seguramente un hombre mayor. La radio, una antigüedad que perdía señal por momentos .
Las pesadas notas inundaron el lugar, transformándolo en un ambiente contrastante, donde la serenidad y el desenfreno convivían en un solo espacio.
Demonios- Maldijo.
-¿Estás bien?- Preguntó y recargo sus codos sobre la suave y molida cama , con aquellas blancas y delgadas sabanas que estaban hechas un lío debajo de su delgado cuerpo.
-Ah...-No se molestó en contestar. Molesto maldijo una vez mas –Maldito Chopin (1). -No quería arruinarse la noche, pensando en viejos amantes que ahora tocaban en la radio y eran tan populares.
-Ah es él, tu amorcito...- Susurro el inglés cerca de los labios de el otro joven robándole una mordida en los labios-Puedo apag...¡ah! ¡ag! –Intento ser cortés, pensó en levantarse y apagar el radio, que desde el primer momento fue una mala idea.
- No importa- y se dejo manejar por Arthur, que cambió de posición en tan solo unos segundos de descuido.
Era un juego y estaba ganando, terminaría en la cama con Arthur como otras tantas veces, solo que esta era por apostar estúpidamente sobre un partido de futbol, el cual su quipo perdió , y terminó pagando.
Ambos están borrachos, uno más que otro. Gilbert llevó la situación hasta que apreció el violento inglés para cobrar su apuesta. El albino agradeció haber salido a tomar con sus amigos al lugar de trabajo de él inglés, que siempre terminaba bebiendo con el trío, hasta caer de borracho. Y aunque su noche se había arruinado momentáneamente al escuchar en el radio al señorito perfecto tocar en la estación de música, eso no le impidió el continuar .
-Arthur más lento – Pidió Gilbert, el otro joven estaba demasiado engolosinado con su cuello y también demasiado ebrio para saber las marcas que ocasionaría.
Ambos eran amigos de fiesta, de Bar o cualquier sinónimo de alcohol. Conocidos de campo de batalla, el destino los juntaba una y otra vez interrumpidamente. Gilbert adoraba el carácter gruñón de Arthur que caia bajo las bromas estúpidas que solía hacerle; El insultar su comida , su ropa o a sus seres mágicos , aunque lo que le incomodaba era el hecho de imitar al chico americano del que estaba perdidamente enamorado, colorándose como una manzana y arremetiendo con golpes e insultos.
Kirkland simplemente se dedicaba a observar como Gilbert hacía estupideces por su "ego", pero más que eso, prestaba atención en su manera de interpretar cada pieza que tocaba en el viejo piano del su Bar.
Quizá ambos se entretenían mutuamente.
Y despertó con ese silencio aturdidor. El techo blanco y descarapelado, con tintes de humedad...era realmente horrible, tan horrible como esa punzada
-mmm...-Algo no andaba bien. Le dolía los hombros al igual que las piernas y los brazos, la cadera y sobre todo la cabeza.
Dio un vistazo intentando levantarse de una buena vez, pero todo parecía un poco rápido. Se sentó percatándose de que no traía pantalones...eso le daba respuestas de porque le dolía el cuerpo. Se levantó con pesadez dirigiéndose al baño de su pequeño apartamento; lúgubre y de mal gusto diría algún francés, de colores cobrizo, lleno de libro viejo, ropa y demás pertenencia
-Ahh...-Bostezó cansado, había pasado seguramente una buena noche para estar tremendamente adolorido y con el estomago revuelto, además de un aliento a mil demonio. Lavó su cara intentando quitar esa cara de zopilote que de seguro tenía su hermosa persona.
Levanto la mirada hacia lo que era una especie de espejo manchado con una especie de cosas negras, jamás pensó que era eso, pero fuera lo que fuera hacia ver manchado a su cara atractiva, llevo su mano al frío cristal para rascar esas manchas e intentar quizás borrarlas, pero no se podía.
-mmm...-Miró curioso una vez más. Odiaba su vista cansada... o más bien su carencia de vista. Desde que estuvo en ese lugar horrible en Rusia en esta estúpida guerra nada había sido igual, ni en su vista ni en su mente.
Constantemente se aturdía con sueños perturbadores, en donde perdía compañeros, amigos y todo lo que había logrado. Sin más se sentía cansado por días, no olvidando toda esa fatiga que le causaba el asesinar a otro hombre por motivos que ni siquiera eran los propios. Pasaban los años y su sentir por aquella guerra perdía fuerza, pero las memorias no dejaban de atorméntarlo.
Y se resistía a olvidarse de aquel hombre que lo salvó y marcó para el resto de sus días; esas amatistas que aun en sueños lo seguían.
Trabajaba duro para ignorar esa parte de su vida y seguir adelante , pero era tormentoso el dormir y el hablar del tema, sin decir que se escabullía de cualquier platica que contrajera las palabras "guerra" y "Alemania" .
-Esto...-murmuró, esas no eran marcas del espejo, cerró un poco sus ojos intentando enfocar .Su sorpresa fue algo extraña al notar que no era el espejo el manchado. Llevó sus manos a su cuello y...
-¿Qué demonios?-Su sorpresa fue muy grande al ver las marcas uniformes moradas en su cuello, además de un escozor en la comisura de su delgado labio ,eso le indicó que tenía el labio o lo que fuera, rasguñado, mordido o roto, cualquiera que le quedara mejor.
-AHH! lo siento Francis... waa ahora lorecojo-Era sin dudas la voz de su amigo, aquel moreno alegre.
Ya era bastante tarde, tal vez las 3 o 4 de la tarde. Había estado todo el día metido en la bañera y después un rato más tirado en su cama. Quizá ya estaba viejo y no aguantaba una noche de fiesta con sus amigos y una madrugada llena de sexo ...rudo, no estaba muy seguro que había hecho pero si con quien... y no estaba del todo seguro de que las consecuencias fueran buenas o malas.
Después de estar casi todo el día tirado sobre sus sabanas se dio cuenta de que estaban completamente sucias además de muchas cosas más de la cocina, como de la recámara que estaba completamente tirada de todo tipo de cosas, aquello lo impulso a levantarse y limpiar un poco, así como terminar de vestirse, había quedado con Francis y Antonio para comer, en el restauran del primero.
-Tranquilo Tony –Y esa voz coqueta y seductora le pertenecía a Francis, ese francés de mano larga. Rubio, alto, bastante atractivo, Cualquiera diría que estaba de buen ver, solamente tenía un pequeño defecto para algunas y algunos, era demasiado pervertido.
-Ah Gil ¿Estás vivo?-Pregunto con voz suave y alegre el moreno de ojos verdes viendo como llegaba su amigo.
-Antonio.. –Giro su cabeza a un costado, para poder ver al moreno. Esa vista cansada le causaba problemas, un día entraría al local equivocado, aun que con el gusto exótico de el francés no se perdía tan fácilmente, esa entrada azul con rojo se veía desde dos calles a lo lejos.
-Te vez pálido-Menciono Francis ofreciéndole una silla a su amigo en su mesa de mantel azul celeste.
-¿Que paso ayer?-Pregunto antes que nada, estaba seguro que ellos sabían que había pasado, si no es que ellos fueron los alborotadores de toda circunstancia.
-Fusososos como acordarte, casi te tomaste hasta el agua de floreros – Comentó divertido-Yo tampoco me acuerdo, Francis se sabe mejor la historia
-¿Cómo que la historia?- Eso lo pudo confundir mucho mas, una cosa era que le doliera la cabeza por tomar, pero todo el cuerpo ¿Qué demonios había hecho?
-Tardaste ..-Resopla el francés dándole un plato con algo de comida al recién llegado –Entiendo que te gustes mucho, pero te tardaste demasiado –rezongo con un aire de perversión en aquella voz varonil
-¿he? Pervertido, no estaba masturbándome kesesese –Y su alegría volvió a él con aquel comentario tan desatinado del rubio.
Francis y Antonio; sus amigos de mala muerte, si es que así se les puede llamar a los amigos. Las únicas personas que realmente les confiaba casi cualquier cosa, amigos desde hace años, más de 20 si sus cálculos no eran tan errados. Los conoció un día de otoño en la hermoso París, estaba de visita con su tutor en el lugar, solo estuvo por unas horas para después pasar más días en una casa de campo no muy lejos de la capital. Estaba jugando solo, aventando piedras a un estanque, aburrido, su hermano era muy pequeño aun para jugar con él y con aquel frío mucho menos, así que paso todo el día jugando solo, hasta que sin querer tropezó con dos niños un poco más grandes que él; un rubio de cabello a la barbilla y ojos azules como el mismo cielo, y un niño mas de tez morena y cabello castaño con aquellos ojos verdes tan grandes y alegres.
Ya no recordaba muy bien cómo es que habían interactuado, aunque seguramente fue una pelea por cualquier tontería de niños, aun así desde aquellos momentos comenzó a verlos más y más hasta que no le quedó otra que regresar a su madre patria, Alemania en ese momento, a su casa que estaba en Berlín. Odiaba regresar ya que dejaba de verlos incluso por meses y con la guerra pasaron años sin ver o saber de ellos.
Antonio trabajaba en una compañía de juguetes, vivía en Italia con su "novio" o prospecto. Pero viajaba constantemente a Francia; por negocios o para visitar a su amigo. Era un tipo demasiado agradable, dejando enamoradas a montones de chicas, lo cual encelaba bastante a su amante italiano de mal carácter. Gilbert y Antonio tenían más que ver, además de amigos eran una especie de familiares, el amante de Antonio era el hermano gemelo de la novia de su hermano.
Francis era una historia distinta, enamorado de todos y de nadie, no se comprometía seriamente con nadie, tenía montones de amantes por todos lados. Un caballero con las damas, y un conquistador con los hombres.
-fusosos Francis, cuéntale lo que pasó anoche –Comento alegre el Español levantando su plato en muestra de querer más.-Ni yo lo puedo creer fusosos- siempre era alegre y hablador, mezclando palabras de su lengua nativa con un francés muy exacto
-¿Qué sucedió?-Detuvo su bocadillo, La comida de el francés era sumamente deliciosa, si algo debía comer ese día su grandioso ser, era la comida de su amigo.
- l'amour realmente –Paso otro plato lleno a manos de Tony, acomodo un mechón de su cabello detrás de su oreja y se preparó para hablar- Deberías dejar de tomar Vodka sabes – Y sonrió, aquella sonrisa perversa atravesó sus labios para cubrir ligeramente su boca y susurrar en un tono aun más sucio.
-No sabía que te gustara el sado...-Y una risa lo acompaño junto con la de Antonio, resbaló su propia mano por su cuello en señal de burla
-Sadooooo - Coreó el español
-¿..ahhh?- Sabía las mañas de Antonio y aun más notorias las de Francis, los tres eran indiferentes a la hora de tener sexo, hombre o mujer, cualquiera era bueno.
-!Qué no hiciste, jajaja! , realmente cumpliste las dos cosas que nos proponemos siempre hacer, aunque lo de meterte tremendo golpe por cargar a Arthur jajaj fue un extra.
Eso explicaba el dolor de partes de su cuerpo que no se aplicaba a el arte carnal-¿Bebí y terminé enrollándome con alguien?-Preguntó un tanto inseguro, ¿Qué tenía de malo aquello?, su grandiosa persona casi siempre cumplía con el cometido
-Pero con qué "alguien"– Ambos estallaron en una sonora carcajada que terminó de incomodarlo.
-JAJAJAJAJAJAJ-Y los dos soltaron la risa aun más fuerte, al ver la cara de Gilbert.
-Dejen de reírse- -Comenzaba a molestarse- Mi asombrosa persona por lo menos terminó con alguien kesesese-se acomodó mejor en esa silla acojinada presumiendo el acento francés.
-Lo siento Gil, fusosos- Limpio unas pequeñas lagrimas saladas de tan tremenda risa. –es solo que la que te espera ..-Antonio era por momentos muy sincero.
-¿De quién?- aquello si lo desconocía. Arthur no estaba casado, ni tenía familia, aunque si recordaba un novio lejano.
-Alfred-respondió dando un gran trago de vino.
-¿Alfred?-Pregunto confundido, que tenía que ver ese mocoso con él. Creía que ese chico vivía por el momento en Canadá
-Oui, acertaste, ja ja jamás he logrado llegar tan lejos con Iggy, aun que este muy borracho no logro, solo le robo un beso o manoseo.
-¿Lo hice con Arthur en el local?- Pregunto bastante confundido, tenía entendido que había terminado con Arthur en su departamento, pero...si lo había hecho en el local frente a ellos, entendía las burlas
-No sabemos, solo se perdieron en el baño y mucho después salieron hechos un desastre.- Francis paro su risa y tomo asiento-Te va matar cuando te vea. jajaj- Burlo el rubio tomando un trago de café con leche
-No es gracioso, es el único lugar que puedo ir a tomar, además el es mi contacto para la...-Claro que no era gracioso Arthur era su contacto con un músico de la orquesta de Moscú que tanto anhelaba entrar .Llevaba años preparándose, la mitad de su vida, ya que la otra mitad para el pertenecía a el trágico destino impuesto por su nación.
-Tranquilo, seguro lo olvida, es tan malo tomando...-Contesto el francés cansado, sabía como era Arthur, lo conocía de toda la vida y siempre había sido un muy mal bebedor, arrepintiéndose y asegurando que jamás lo haría, y cuando menos esperabas caía en las manos del delicioso alcohol.
-OHH Francis cocinas genial, ¿Tienes más?- Sonrío el peninsular
-¿Qué esperabas mon amour? –Se alegró por el elogio, aunque fuera tan poco formal y viniendo de un español hambriento .Su sonrisa era la recompensa a su labor como cocinero, chef, o como quisieran llamarle ,Antonio era su perdición.
-mmm... ¿En verdad te quieres ir a Moscú, Gil? – hizo una pausa el moreno pensando exactamente con que continuar, el problema no era Moscú, el problema era que a pesar de tantos años, la cicatrices del pasado no se borran tan fácilmente – Sabes que podemos intentar hablar con Roderich y preguntarle si...-intento terminar, pero la voz de su amigo lo calló
-Calla, no me hables de ese imbécil –Sonaba enojado. No le hacía ni menor gracia el Austriaco
-AH... lo siento ..-Se disculpo un poco perdido, Gil había subido la voz, el siempre era escandaloso pero eso había sido como echar limón a la herida, una vieja herida.
-Ah vamos, cariño ,Tony solo quiere ayudar.- Quería mediar la situación , era realmente obvio que ese comentario no era nada acertado del español ,pero tampoco podían dejar de intentar aquella opción, Ludwig les había pedido "convencer" a su hermano de no irse a Moscú, las cosas aún no se arreglaban del todo mundialmente y existía mucho odio de por medio.
-¡ah ah! Lo siento Kesesese – Esas palabras tenían que servir de algo, Ni Francis ni Antonio tenían la culpa de lo que paso con el "Aristócrata".
–Mi gran persona tiene mucha hambre, debe ser eso kesesese- Fanfarroneo dándole palmaditas pesadas en la espalda del chico de ojos verdes, que solamente sonrió y giró su mirada preocupada a Francis. Querían convencerlo, pero el prusiano era demasiado terco, si algo se le metía en la cabeza, podía alardear por horas de lo grandioso que era y como lo lograría pero muy dentro tenía aquel "miedo".
-¿Y cuanto tiempo pisaras la tierra del amor...?- Tomo la cara entre sus manos acercándose demasiado el albino, que realmente se veía terrible con esa cara de crudo.
- Su sexy persona puede darles asilo bastante tiempo de desearlo así, a cambio- Y Soltó aquella delgada y varonil cara para resbalar sus hábiles manos por los hombros del otro ...- de favores -Para terminar su camino hasta el cuello del chico. Le encantaba coquetear con su amigo.
-AH...- se le resbaló aquella cuchara de plata fina y grabados de flores que tanto gustaba a Francis para soltar un ligero pero entendible gemido de dolor, aquella parte de su cuerpo no estaba hecha para ser tocada con tanta despreocupación por una razón.
El moreno y el rubio se sonrojaron muy levemente. Gilbert Beilschmidt lograba ser molesto, hablador, y alardeada de todo, lleno de orgullo pero seguramente como todos guardaba ciertos secretos que solo pocos o una persona podía conocer de él y aun menos de su cuerpo , y claramente ellos no conocían aquella parte.
Gilbert giro su mirada evitando la de ambos, toco ligeramente esa parte donde Francis se atrevió a después de tanto tiempo no estaba listo para decir las razones de aquella reacción.
-Ah...kesesesesese me dan cosquillas- Mintió torpe y obviamente, solamente quería salir de esa situación incómoda.
-Seguro...-murmuro Francis alejándose del chico y pasando sus manos por su gabardina negra que solo estaba reservada para los Chefs, aquellos que utilizaban aquellos gorros altos mostrando su estatuto en la cocina.
- ...-Antonio se sentía igual de incomodo, no veía demasiado a Gilbert, pero verlo de esa manera lo asustaba-oh Francis los clientes – dijo percatándose al ver la recepción.
-Lo lamento guapos pero los dejo, tengo trabajo- todo regreso a la normalidad, les sonrío como de costumbre y se acomodó mejor el cabello, para salir de la sala.
-¿eh, qué es?-pregunto Beilschmidt tomando de nuevo asiento y continuando su comida.
-mm Tiene reservaciones de un grupo de rusos, pero parece ser alguien importante.- divagó, realmente no tenía idea, algo había mencionado el rubio por la mañana, pero no le prestó mucha atención, estaba algo distraído.
-...parece...- murmuro levantándose de su asiento
-¿No trabajas hoy Gilbert? –Pregunto curioso el chico castaño, tenia tiempo que no veía a su amigo y a pesar de verlo en día anterior, solo habían platicado banalidades y tomado hasta caer de borrachos
-Me despidieron – No se molesto, ni siquiera defendió su posición como días después de que lo despidieran.
-¡¿Qué? –Abrio sus ojos sorprendidos-¿Por qué? Si solamente trabajas en una florería , como lograste que te despidieran- No entendía como alguien podía ser despedido de una florería, en donde la dueña era un dulce , además de ser un lugar tan tranquilo , incluso para Gilbert .
-Coqueteé con el esposo de la dueña. . – No le mentiría a Antonio, le había coqueteado a un apuesto caballero que entro al local, muy bien vestido y perfumado, no logro resistirse a tan torturante escena.
-...-El peninsular calló, eso estaba mal hasta para Gilbert. – y... ¿En el Bar? – Cambió la plática incómoda de la falta de trabajo para el albino, y recordó que este tocaba en un bar por las noches.
-AH! Allí, trabajo solo los fines de semana – Terminó de ingerir la comida gourmet de su plato, y contestó a el curioso español que lo miraba confuso.
-AH eso es bueno..- Contesto esperando que Gilbert continuara con por lo menos un trabajo. Ahora su hermano ya trabajaba en un hospital y Gilbert no tenía que trabajar horas para pagarle todo lo que necesitara.
Noto como este se levantaba de la aterciopelada silla y pregunto -¿Ya te vas..?-
-...Rückkehr (regreso)
Salió de aquel elegante habitación, realmente era una sala especial donde comía el Chef y los empleados, allí solía pasar tiempo con Francis y Antonio .Había un enorme ventanal con decorados barrocos de estilo francés y detrás del una hermosa cortina de organza(2) bordada , la luz era tenue así que con ellos podía ver quien entraba a la recepción del lugar ,pero de el lado contrario era un poco más complicado ver que era aquel lugar, las figuras de la ventana como la cortina y demás muebles lo entorpecían aun mas .
Subió las escaleras de servicio para llegar al segundo piso que era aun más elegante que el primero; el comedor principal con una serie de cuartos "exclusivos", era un lugar encantador diría el mismo dueño.
Quería fumar algo, se sentía nervioso. Aquella mañana recibió una llamada de Arthur, reclamándole que había perdido su guantes de lana en algún lado, no era precisamente la persona más coherente, se había acostado con él esa misma noche, y le hablaba unas horas después para preguntar por unos guantes... claramente Kirkland era singular. Después de sus gritos e insultos paso a decirle que esa noche tendría su audición. Más que escritor, crítico, editor y mil cosas más que era el cejitas, tenía excelentes contactos por todas partes del mundo, un hombre ilustrado y lleno de sorpresas ,realmente aquello de acostarse y la borrachera había comenzado con esa propuesta inicial.
Quería ir Rusia.. Una idea fantástica para él, dicho en las propias palabras del británico, sarcasmo obviamente. Quería obtener la beca y partir al conservatorio, pertenecer a la orquesta y realizarse como lo que tanto sacrificio le había costado: ser músico.
Pero para todo aquello necesitaba contactos, no hablaba bien el ruso, no conocía Rusia y sobretodo...Odiaba a los rusos, pero parecía que estaba algo mal de la cabeza al querer perteneces a aquella selecta orquesta.
Arthur, su boleto especial. Conocía a un músico de aquel conservatorio, lo más cercano que había obtenido y lo mejor para su persona. El trato era extraño, ya que aun no había un pago de por medio, no sabía si Arthur era muy amable o muy tonto al no poner preció aun a su ayuda, temía que fuera algo tremendamente malo, pero no. Por el momento solo era darle unas clases de Monocordio a una pequeña de apenas 8 años, realmente encantadora... aun que sumamente sospechoso, Arthur no tenía hijos, y no estaba casado hasta donde el sabia, quien sabe... tal vez un día preguntaría quien era.
Su cita era a las 9 de la noche en un Bar que atendía el mismo dueño de su gran favor, se preguntaba como ese hombre podía hacer tantas cosas... ajenas, al mismo tiempo.
Se recargó sobre el barandal de la terraza, esa enorme terraza tan bella como el interior del edificio, llena de plantas y flores tan finas como el gusto del francés. Aunque eso pertenecía mas al invernadero, ya que el planeaba dirigirse a el ultimo barandal, no quería que si fumaba y dejaba algún rastro, el francés lo matara con sermones del cuidado de una flor, eso era cosa de niñas.
Sacó un cigarrillo de su abrigo y lo llevó a sus labios, buscó el otro instrumento para terminar con su tarea de fumar, lo odiaba pero estaba estresado y éste era su único alivio a la tortura del tiempo.
-¿Fuego da?-Era una voz hueca y dulce, Su cuerpo no daba el enganche con su voz, era opuestos totalmente; Un hombre muy alto, demasiado, fácil 2 cabezas más que el, de tez muy blanca y cabello por igual, no tanto como el del Prusiano y de ojos lilas.
-Ah... Ja..-Respondió un poco sorprendido, no lo había visto llegar o estar en aquel lugar. Con sus labios levanto un poco la punta del cigarro para poder cazar la llama del elegante encendedor del hombre tan alto como un edificio. Miró sus manos, grandes, muy grandes. Vestía un traje de casimir negro con raya de gis (3) muy delgada, casi inexistente.
-Dank- Respondió sacando la primera bocanada de humo blanco que se disperso tan rápido en el frío viento, el día comenzaba a enfriar, tal vez no tardaba en caer la primera nevada.
- No hay de qué..-Contesto guardando el encendedor en el bolsillo de su pantalón y recargando sus brazos sobre el barandal blanco de piedra.
-...-Giró su cabeza después de soltar la bocanada de humo del lado contrario a donde aquel hombre de bufanda y alto como pino. No estaba seguro de que decir, no era tan sociable como quería y no tenía la menor idea de quién era ese tipo.
-París es hermoso daa- Habló después de unos segundos mirando el amplio y frío panorama –Si tuviera la oportunidad viviría aquí- Murmuro muy bajito, Gilbert no sabía si contestar o no, no sabía si le hablaba o simplemente hablaba solo.
-La comida y las mujeres son exquisitos –Completó intentando sonar coherente, no es como si se la pasara con mujeres, es más, hace más de un año que no tocaba a ninguna, las mañas de Francis se le estaban pasando cada dia más. Hombres y mas hombres solo visitaban su cama. Y si hablaban de comida podría presumir que el consumía era de la mejor
-Solo he tenido el placer de probar uno de ellos daa- Contesto con voz tranquila, no giraba su mirada ni su cuerpo al hombre más bajo de estatura, como si hablara con algo, pero no con alguien.
Era atractivo con ese semblante algo desatendido, había recargado su cabeza en su mano extendida. Tal vez también estaba haciendo tiempo para algo o para ver a alguien. Estaba vestido de manera formal, podría ser alguno de los rusos que había llegado hace unos minutos al lugar.
-Entonces no has estado en Francia kesese...- se sentía ridículo diciendo eso, si hace meses que no se acostaba con una dama.
-Supongo que no –no se movía ni un poco ni siquiera por la cara y ademanes del otro hombre algo excéntrico. Tenía la mirada perdida en el movimiento de la calle...-aun que no es algo que me preocupe demasiado...-era una voz infantil, pero sin dejar de lado que era un hombre.
-...-enmudeció uno segundo, si se trataba de una indirecta, la había entendido muy bien.-Uno siempre puede buscar alternativas-murmuro en un tono no muy común de él, lo ocupaba cuando coqueteaba, y aun que esa no era su intención, las palabra fluyeron de ese modo.
Sus mejillas enrojecieron al notar la atención del otro hombre sobre su persona, como una cubetada de agua hirviendo cayera desde su casi albina cabellera hasta la punta de sus dedos. Esa sensación lo invadió demasiado tiempo, el otro hombre parecía divertido con su expresión, dibujando una sonrisa en su rostro.
-... ja ja ja eres divertido.- Le había cambiado el humor tan repentinamente, estaba aburrido en esa ciudad llena de luz metido con un montón de hombres mayores que eran odioso en su mayoría. Aquel hombre de ojos extraño le había sacado una sonrisa con su coqueteo inconsciente, o eso parecía por su cara roja. –¿Pero me lo dice un hombre casado? – no era tonto, y no quería meterse con alguien comprometido, no era algo de su forma de actuar. Cuando prendió el cigarro del otro hombre no dejo de notar la sortija que ere portaba en su mano
-¿Casado? ..-pregunto extrañado de su respuesta – eso...-capto segundos después por la indicación de el otro hombre a su mano y el anillo en ella, extendió su brazo adelante y observo el anillo que desde hace tiempo portaba en esa delgada y blanca mano.
-Supongo que algo así..-dijo muy debajo de su tono habitual. Ese anillo tenía casi la mitad de su vida con él, pero jamás pensó que fuera un anillo de compromiso hasta ese momento, quizás sí lo era. Llevo el cigarro a sus labios calando un poco de la esencia del tabaco que tranquilizaba sus nervios.
-No deberías coquetear con un extraño – y regresaba a ese tono de voz más grave, digna de su masa.-Que dirá la dueña de su amor.-era más una afirmación que una cuestión. El hombre más alto giro su cuerpo, recargando su cadera y codo en el barandal de piedra, para después colocar su barbilla en la palma de su mano, como anteriormente.
-¿Dueña ..? Kesesese –era divertido que lo mencionara de aquel modo, en todo el tiempo de vida que tenia, jamás había existido alguien dueño de algo de su persona. Aunque bien, amaba muchas personas y cosas, había decidido no atarse a ningún individuo.-Mi única dueña es la música y Gilbridkesese cof cof cof- era fanfarrón hasta morir y con esa risa se atraganto con el humo de su cigarro.
-Quizás es porque aun no encuentra algún domador – murmuro eso último muy bajito y en su lengua madre. No era despistado, estaba seguro que esa risa y aquel tono fanfarrón le pertenecían al chico de hace años.
-¿Qué dice oso ruso? –pregunto aun más alto, separando el cigarro de sus labio. No le agradaban mucho los rusos, pero eso no era impedimento para no dejo de notar a aquel hombre alto, de cabellera rubia platinada y ojo violetas, tan alto como un tren parado y tan grande como un oso, o eso le parecía a su tamaño, le daba escalofríos pensar en la fuerza de ese hombre, y eso no le gustaba, había estado en mano de uno hace año y realmente le perturbaba el recordarlo.
-¿Cómo te llamas?- pregunto el más alto. No se movió ni un solo centímetro, tenía la imagen perfecta del otro hombre, le gustaba manejar la situación.
-¿Y que gano yo si te digo mi nombre? –Entendía de lo que trataba, le gustaba coquetear con chicos y hombres mayores. Termino su acto al liberar aquel humo blanco muy cerca de la cara de niño grandote. Tenía amigos que le habían enseñado el arte de terminar con quien querían, aunque su hermosa persona muchas de la veces se ganaba algún golpe bajo por alardear sobre sus "asombrosos" 5 metros .
-Te invito una trago ...por cada que respondas...da .- Y sonrío, tal vez de manera inconsciente, no solía coquetear con hombres tan a la ligera, y pensando que estaba en hora de trabajo..
-yo...-pensó si debería hacerlo, por tomar en día anterior había terminado con el idiota de Arthur y totalmente marcado. Pero aquel hombre realmente era atractivo, o sería el maldito frío que comenzaba a hacer que le comía la razón.
-Ah señor Iván ¿está aquí?-una voz sacudió la tensión del lugar, dejándolo sorprendido al hombre de ojos rojizos. Un chico de traje azul impecable, corbata amarillo pálido y camisa blanca, de tez casi tan blanca como el hombre ruso y de cabello castaño.- Le llaman –hablo un poco nervioso como si notara que hacia mal y lo inundara la preocupación.
-Toris... ahora voy ..- No parecía asombrado por la entrada del otro joven, bastante lindo ; tez blanca y cabello color avellana , apenas logro distinguir el color de sus ojos, verdes o cafe claro, unos enormes lentes le impidieron percatarse del color preciso. Vestía un elegante traje verde olivo, y sobre sus hombros un sencillo abrigo cafe claro, pero no demasiado como su cabello de dulce avellana. Se giró de nuevo hasta topar cara con cara .
-Lo lamento, tengo trabajo..- Su voz sonaba algo decepcionada, como al niño que no obtiene lo que quiere.
-Ja...- no sabía que decir, realmente iba a decirle cual era su nombre, de allí a lo que pasara después lo dejaba como incógnita. Se llevó el cigarro a los labios, intentando salir de esa situación, pero las manos más grandes y pesada le arrebataron con sutileza el delgado cigarro.
-Esto te ayudara más que el cuello alto...-Murmuró llevándose el cigarro a sus delgados labios, mientras con su mano libre se liberaba de su bufanda blanca y la pasaba por el cuello del albino que lo miraba sorprendido.
-Nos veremos luego Gilbert Beilschmidt-dijo dando media vuelta y desapareciendo por una puerta.
-Por lo menos hueles bien– Murmuro ácidamente viendo como se acercaba el albino. -ahh...- Cerró sus ojos y suspiró.
-Vaya nochecita que pasamos – No estaba seguro si eso ayudaba o no, el inglés era muy molesto cuando estaba enojado, y no quería pagar el costo de sus palabras y acciones.
-Shut up Idiot, quisiera recordar...todo..-Hizo una pausa cerrando los ojos y llevando su dedo índice a su frente, como si con ello se concentrara lo suficiente .- ah...-Suspiro dándose por vencido.- Realmente no recuerdo mucho, no volveré a tomar .- Dijo como una especie de arrepentimiento.. muy seguro de si mismo.
-Kesesese claro –Burlo, no quería que se molestara, pero era tan fácil.
-¿Qué dices idiota? -
-Jajaj nada, pero – hizo un ademán de que el otro se acercara un poco más para preguntar algo bajito.- ¿Acaso fuiste el pasivo?-No es que fuera la pregunta más adecuada, pero no tenía ni la menor idea de que le había pasado y estaba seguro de que él no fue.
-¿Ah? Pero que dices , obviamente no fui el pasivo..-Repasó el inglés lo poco que podía recordar, lo cual era poco ,además el no tenía dolor en la parte baja de espalda.
Ambos se quedaron en silencio uno segundos-Escucha..-Comenzó el inglés
–Me haces pensar en alguien más –Murmuró eso último-Así que lo que pasó solo fue .. . . – Y pensó en una palabra que no comprometiera más la situación.
Gilbert jamás fue estable sentimentalmente, obviamente "eso" no le movía en lo más mínimo, pero a él sí, tenía un supuesto pretendiente americano, que normalmente lo visitaba en su "Bar" cuando por algún motivo estaba en Europa, aunque ya tenía más de 2 años que no lo veía, así que la carne era débil y eso sumado su estado de ebriedad le hacia presa fácil.
-Fue un malentendido, ¿de acuerdo?- Cerro su aclaración sirviendo un poco de líquido transparente en un vaso para el albino.
-Kesese no tenías que decirlo, obvio que no fue nada kesesese –levanto el vaso recién servido –Pero si quieres algún día probar mis asombrosos 5 metros- Continuó tomando un sorbo de aquella bebida incolora.
-PUFF es solo agua- Bien, lo había timado, aunque se lo merecía.
-¿Enserio?.. ya te viste el cuello – Estaba siendo sumamente ácido y sarcástico, típico de él. Pero no dejó de percatarse de su desesperada necesidad al ver el cuello del albino, a pesar de traer una camisa con el cuello totalmente cerrado, y una bufanda, no dejaba de ver el ligero color rojo/morado de una marca.
-AH..-Intento en vano tapar un su cuello con su mano, pero era imposible.-Seguro eres toda una fiera en la cama princesita.-Se estaba mofando, el inglés era realmente agresivo. Aquella mañana lo noto al momento de tomar una ducha, todo su cuerpo lleno de chupetones y rasguños, realmente quien se fuera con él a la cama, tenía un dulce gatito que se volcaba en una fiera tremenda.
-Tal vez algún día lo sepas mejor –Coqueteo cínicamente, no mentiría al decir que Gilbert no pasaba desapercibido, era un joven atractivo, pero tremendamente molesto.
-Casi...-Sonrío correspondiendo aquel coqueteo que jamás dejo de existir en ellos. Y no, no le gustaba...del todo, pero a tiempos desesperados...
-Well... dejemos eso por ahora..-Paso su mano por su cuello, rascando pesadamente.-Hoy temprano...vino Iván el músico de la orquesta...
-¿Iván? un escalofrío le recorrió la espalda, ese nombre lo estaba escuchando más de lo que quería.
De un momento a otro comenzó a escuchar una melodía triste y conmovedora en el fondo del lugar, Arthur tenía un piano al fondo del pub, mucha veces solía tocar allí, aun que la última vez se lo había prohibido por estar tan borracho que temía que lo rompiera. No era un toro, dijo en su defensa.
-Bajo la lluvia –siseo en algo que parecía más un suspiro, aquella melodía tan perdida, la adoraba... como a muchas otras, pero esta era mucho más. Recordó en un respiro el momento que murió la persona más especial en su vida; aquella que le enseño todo, aquel que lo arrodillo y sumió en uno de los sentimientos más horribles. Al mimo que vio partir en un ataúd de madera bajo una torrencial lluvia.
-Ah, el tipo que te ayudara para lo del conservatorio...Iván -Dijo Arthur sacándolo del trance y señalando el viejo piano negro donde una figura de un hombre de traje de casimir de raya de gis casi inexistente tocaba.
¡hola!
estúpido Chopin (1) : Gilbert se refiere a Roderich
Cortina de organza(2) : una tela que es delgada y trasparente, se ocupa como de velo para que tengan una mejor idea.
Casimir negro con raya de gis (3) :al igual, una tela de vestir que tiene una raya delgada blanca separada por uno milimetro, son traje muy elegantes
-la canción que toca Iván en el piano es –bajo la lluvia de Erik Satie- es realmente hermosa la pueden escuchar en you tube
