Title: Show yours Bones

Rating: NC-17

Pairing: Ivan Braginski y Gilbert Beilschmidt

Y como siempre, mil gracias a Lorena


-Ich Liebe Dich...Edward -Con las botas desabrochadas y con la suave mejilla recargada en la madera fría del piano negro y viejo. Se sentía perdido en ese espacio tan sombrío y cálido que le ocultaba de la multitud tan escandalosa, ebria e incómoda a la evaluación del joven albino.

- Grieg...- Terminó el otro hombre la frase mirando a otro lugar que no fuera la cara coqueta del ruso sobre él. Acomodó sus brazos cruzándolos sobre su pecho.- La conozco...-contesto para suspirar muy por debajo -ah...-Sintió la tensión de la otra mirada comerse sus gestos, y eso lo avergonzó

-Es una pieza linda da-Contestó mientras perdía sus pupilas en algo que no fuera el albino.-Aunque...ya no la recuerdo.-Su intención en ningún momento fue hacerlo sentir fuera de su comodidad, estaba allí trabajando, evaluando bajo su perspectivas la habilidad , si alcanzaba los estandares requeridos para entrar en una academia de alto nivel. De cualquier manera no lograba evitar la notoria fijación por ese cuerpo de nieve caliente.

-Tú...-De sus delgados labios se deslizó el sonido- Mis pensamientos, mi ser y lo que será-Era lento y sencillo.

Encaminó sus delgados dedos a las contrastantes y lisas teclas, presionando con el debido peso, y comenzó el tintineo suave y melancólico.

-Tu mis pensamientos, mi ser y lo que será –Repitió la primera frase con serenidad, su voz era rasposa y poco educada, desentonaba con la intención de la romántica letra, pero aun así prosiguió.

-Tú-Desatendió la mirada en sus huesudas manos para buscar alguna respuesta en el hombre que lo acompañaba esperando no estar equivocado con la letra y tonada.

– ¡La primera felicidad de mi Corazón!- Encontró una cara sorprendida y satisfecha, como si fuera posible mezclar ambas cosas en esa situación. Se incomodó de momento, recordando en las páginas de su vida, si, esas palabras encajaban como un engrane en su lugar , a alguien, algo, cualquiera.

-¡Te amo! –El rubor invadió su cara, buscar la cara del otro hombre en aquel momento fue y era incomodo-Como nada más en este mundo-Pero continuó. Sobrevino esa carga emocional de no saber donde mirar o a quien dirigirse, en sus juveniles memorias, aquel hombre mayor, grande y cansado, le repetía esas palabras como si de una ave se tratara cantando a su conquista.

-...mm..-Su garganta emitió un pequeño sonido casi para sí mismo, y se molesto al sentir el calor abrumarle en la cara en ese momento. Soñar propiciaba esa sensación de placer cómoda y segura.

-Te amo en el tiempo y en la eternidad-La voz rasposa y varonil, daba aquel semblante distinto a lo que normalmente se escuchaba, con esas voces fuertes de soprano que sellaban en lo pasional.

-Pienso en ti, solo puedo pesar en ti.- Tembló su voz.

-Este corazón está dedicado a tú felicidad solamente –La voz de Iván era claramente más grave, pero menos rasposa, con esa energía necesaria para retomar la línea.- Como sea, Dios puede dirigir el destino de la vida- Retomó el hilo de la letra, intentado no perder el ritmo de su canto con la música que Gilbert interpretaba, lo miraba directo a los ojos y después sus manos, vergüenza o acomodarse al tiempo, cualquiera de las dos.

-Te...amo en el tiempo y en la eternidad.- Murmuro sintiéndose un tanto tonto con una canción cursi para él. Despejo sus manos de las teclas blancas, deteniendo con ello el sonido y deteniendo el sondeo de su mente a sus recuerdos, el otro hombre sintió como si una cascada de satisfacción parara.

-Pensé que no recordabas la letra-Cruzo nuevamente su brazos sobre su pecho, suspirando cansado. No tomó más de dos copas, pero sentía esa resaca de una noche deliciosamente olvidada.

-Realmente no el recuerdo completo da- Su humor era bueno, quizás un poco más desenvuelto que antes. Lo hacía sentir cómodo, como cuando estaba en casa con sus hermanos , en esas veladas serenas, quizás solamente era que el chico le agradaba ahora mucho más que en aquel mugroso lugar donde lo recogió y abrigó de una muerte segura –

- ¿Cómo es que la sabes?-Tenía curiosidad, a pesar que su voz no era digna de un cantante, existía en ésta un triste y enamorado sentir.

-Ese punk-Murmuro señalando al inglés que atendía a una joven pareja-Me ayudó a recordarla- Levanto la mirada sin mover un centímetro su cabeza, como si intentara recordar.-Supongo que la aprendí cuando era pequeño de mi tutor, - De aquel que había sido además su amigo y amante de semblante dulce y apariencia elegante ; alto y delgado, de hombros anchos y cintura fina . Su cabello era casi tan claro como el suyo, de un rubio satinado y de tez tan blanca como el polvo de arroz, sus ojos eran dos joyas de ópalo acompañado de esas ojeras que lo seguían por día. Un excelente músico hasta el último de sus días

-Me dio gusto escucharte Gilbert-Miro su reloj de fina precisión gritando 12:43 am-Es tarde..-y con ello se levanto pesadamente de la silla, no sin dejar de notar sus botas desabrochadas, pero le restó importancia.-Supongo que una semana será suficiente ¿no?-Cerro sus ojos intentando no perder el equilibrio, estaba mareado por el alcohol es su cuerpo, aquel motor que lo mantenía caliente.

-¿Para qué?-Observo al ruso levantarse, sintiéndose aun más pequeño, ese hombre era realmente alto. Movió su cuello de derecha a izquierda sacudiéndose ese cansancio esperando la respuesta.

-Para ir a Moscú.-Tomó su gabardina negra de botones plata. Sus manos se sostuvieron del piano, su equilibrio era malo con dos botellas de Whiskey en su cuerpo, era extraño, suele tener una mejor recepción del alcohol. Tachaba a la gran presencia del otro hombre al desequilibrio de su mente y cuerpo, más de uno que de otro, esa compostura de hombre importante la perdía con solo levantar la mirada y chocar con el pasado tormentoso y el presente solitario.

La sorpresa lo invadió por algunos segundos, levantando su cuerpo del incómodo banco negro que crujía. Ese sujeto de distintos semblantes lo miraba como pocos, dirigían su mirada a su candidato a un lugar en las tierras frías, se encontraba confuso , "¿Qué sucedía?", se preguntaba ante ese pequeño nerviosismo en sus delgadas manos donde con problema se notaba el temblar de sus dedos.

-Mo..-Separó sus labios intentando articular cualquier palabra como respuesta, pero sus músculos fallaban. De verdad existían hombres más imponentes que otros.

-Te veo en...-Por igual intento parar la tensión, pero aquel cuerpo traicionaba sus habilidades psicomotrices, nada funcionaba como en verdad deseaba, intentaba contestar a la gran sorpresa de Gilbert, pero el peso de su cuerpo se lo impidió, perdiendo de nueva cuenta el sentido de su dirección.

-Hey... ¡Cuidado!- Le resultaba pesado sostener todo un cuerpo tan grande con solo una mano. Intento acaparar mas de ese peso con toda su masa, antes de este se cayera. Sintió un aliento muy cerca suyo, como si le arrancaran el aire para sumergirlo en un mar de alcohol donde, muy dentro de su conciencia, no deseaba salir aquella noche.

-No puedo andar...daaa- Respondió de manera juguetona y tono infantil, sus ojos encontraron sus antagonistas rojizos con la intención de demostrar que no mentía. Se sintió inquieto y molesto al tener que lidiar la situación.

-¿Qué?- No aguantaba mucho el peso del otro hombre, estaba mal parado -Estás ebrio.-Su respuesta no pareció causarle mayor impresión al otro, por su cara parecía que le afirmaban que estaba cayéndose de borracho.

-Supongo...da- Recargó más de su peso, parecía conforme con esa posición. Apenas se sostenía con sus pies mal parados y sus brazos largos y pesados cayendo a su costado, sin la menor intención de moverse. Era un tanto patético el permitir que esto sucediera.

-No te recargues del todo oso... –Dijo con esfuerzo. No parecía estar contento, su cara estaba algo roja por el trabajo de aguantar al otro hombre y avergonzado por estar sus cuerpos tan pegados, escuchaba el agitado palpitar de su corazón sobre sí.

-¿Me llevas a mi hotel?-Utilizó un tono suave y lento, más que por el alcohol y cansancio que propiciaba su estado, no deseaba parecer abusivo, pero tal vez sonaba patético al pedirlo, quería llevarlo con el hasta el final de los tiempos, desaparecer juntos en un lugar perfecto, donde solo ellos disfrutaran.

-...-Y comenzó con su peregrinaje.


No entendía como accedió a llevarlo, ese tremendo hombre comparable con un oso, tan grade y pesado como uno. No le había quedado de otra que acarrearlo a la puerta de su habitación, le había pedido las indicaciones antes de irse del local del inglés, no tenía opción, ¿Cómo decirle que no al hombre que era su contacto para la sinfónica?

Estaba parado frente a la puerta de la habitación 44 de aquel edificio tan elegante, muy parecido al local de su amigo francés, lleno de ostentosidad, que se derramaba por todos lados.

-Es aquí...-Murmuró aguantando un poco más, estaba acalorado, el frío había desaparecido de su cuerpo enseguida al emprender el camino a hotel con el rubio a cuestas.

Intentó alcanzar la chapa –Las llaves...-Se dijo a sí mismo, girando su vista al ruso que dormitaba. Su semblante era sereno con los labios ligeramente abiertos, no quiso despertarlo, a pesar de estar sumamente agotado. Resbaló sus dedos por la gruesa tela de la gabardina negra y esculcó dentro de esas grandes bolsas, pero nada.

-¡Hey! –Llamó, no atreviéndose a tocar en los bolsillos de sus pantalones. Estaba muerto de cansancio y sueño como para mediar con esa situación-¡Hey!-Llamo una vez más intentando despertarlo con un movimiento de su hombro.-Gordo...-No lograba nada, intento estirar sus manos un poco más para alcanzar el bolsillo...Pero algo pasó.

No entendió que sucedía.. Sus labios apenas rozaron aquella camisa blanca de botones color perla, tan suave como la seda, cerro sus ojos repasando si realmente algo lo había movido o simplemente se estaba cayendo, pero no sintió ningún peso.

-Gilbert-Unos labios ajenos rozaron su oreja, estremeciendo al momento por el repentino toque. Sus brazos intentaron separarse de aquel cuerpo, estaba confundido-Gilbert- Lo llamo una vez más presionando más su gran cuerpo, las manos del prusiano estaban aprisionadas con el otro hombre.

-Recuérdame Gilbert-Murmuró el otro hombre, en una especie de trance, en un momento donde su realidad y sus recuerdos se cruzaban para quedar en una sola sintonía, su mundo se volvía uno, nada separaba las emociones ni el sentir de los demás, quería que lo recordara, que lo notara de manera tan desesperada. Abrió las piernas del otro con su rodilla, sintiendo como se alertaba.

-¡De que hablas!-Su cuerpo se tensó al sentir esa rodilla ajena invadir más de lo necesario, causando ese conflicto de saber qué pasa y evitarlo o dejarse llevar por el dominio del mayor. Era esa maña masoquista o el alcohol que lo acompañaba, quizá ambas, para permitir que sucediera.-ah...-Un sonido lo despertó de su ensimismamiento, la puerta estaba comenzando a abrirse, y se pregunto en qué momento sucedió aquello.

-Recuerda-Repitió una vez más, rozando con el tono de una orden. Se apoderó del cuello del chico con sus labios dando pequeños mordiscos a lo largo de este –Recuerda-Y una vez más se perdió en lo terso y blanco, su lengua húmeda, suave, tibia se perdía cada vez más por la línea de su cuello hasta su espalda. Se sentía perdido en esa fragancia tibia y llena de vida, tan reconfortante..

-Ah...-Era un idiota al permitir que lo tocara en esa parte tan sensible, pero para cuando se había dado cuenta aquella bufanda y los dos primeros botones de su camisa estaban fuera de su sitio. Se percató de un toque en la parte trasera de sus pantorrillas: una cama, estaba llegando muy lejos.

-Basta...-Pidió intentando separase, pero era mayor la fuerza del otro.

-Conejito...-Murmuró mordiendo más fuerte en aquel cuello lleno de chupetones y rasguños.-Dime que sabes quien soy conejito...

-Con...e- Perdió la sensación de placer, ese nombre, solo una persona lo había ocupado en su vida.-¡!Tú!- Pero tardo demasiado en reaccionar, porque su cuerpo y mente se fundieron en ese suave y muy tibia cama, quizá el cansancio terminaba su día.

OOO

-Mi estómago..-Se quejó, soltando un gemido más profundo. Se sentía como si un camión hubiese pasado sobre de él varias y contadas veces. Se movió un poco más sobre su lugar, estaba húmedo y fangoso.

-Demonios.- Abrió sus ojos encontrándose en una improvisada y mojada camilla, además de un hoyo encima de él, estaba lloviendo a cantaros. Miró por encima el lugar, y se encontró con imanes comunes. Había tenido un mal sueño seguramente porque estaba dentro de la enfermería, llena de mutilados y muertos, o candidatos para aquello.

El clima simplemente era espantoso, la lluvia torrencial azotaba su campamento .Escharcado y con lodo hasta las rodillas, costras de lodo había por sus gran parte de su uniforme, era un completo asco.

Intentó recordar que sucedía en aquel lugar y que era lo que le había sucedido, buscó en su espalda algún rastro de herida y encontró una curación en su cuello.

-Así que no fue una pesadilla...-Se afirmo a sí mismo, sintiendo una especie de alivio e impotencia, estaba vivo y humillado. No entendía como había llegado allí, pero en ese momento tampoco le importaba mucho.

Se dirigió a su zona de acampado, esperando encontrar un lugar para descansar, la enfermería no era un buen lugar, no si hay muertos por docena.

-¡Gilbert Beilschmidt!-Una voz llamó– ¿Quién es Gilbert Beilschmidt?-Pregunto una vez más.

-¡Yo!- Respondió sin mucho ánimo al escuchar llamar su nombre.

-Estas cartas son tuyas, se paso con las mías.

-Danken -Agradeció tomando el papel, anteriormente quitando sus guante húmedos y llenos de tierra seca-Miró la carta, apenas reconociendo la letra.


De: Roderich Edelstein

Querido Gilbert

todo terminó.


-Hijo de puta...- Murmuró arrugando la carta que parecía de algún papel reciclado, un apunte de cocina quizá por las instrucciones en húngaro.

-idiota...-Quería llorar de rabia, sus nudillos estaban ya blancos de tanta presión al papel corrugado

Hizo pedazos y tiró el papel por algún lugar. En aquel momento abundaban tantas emociones por donde sus ojos pisaran que no permitiría ser roto y humillado una vez más y de alguna manera sintió alivio , si moría ya no se preocuparía más que por atormentarse en sus últimos momentos por su hermano y qué sería de éste.

Trato de ocuparse con algo más antes de caer al suelo por el dolor de estómago que aun lo doblegaba .Tomó la otra carta leyendo el remitente.

- Arthur Kirkland...-Aquel inglés, cómo no recordarlo si era el acosado favorito de Francis desde que tenía memoria.

Arthur Kirkland

Te puedo sacar de allí


-¿Arthur?-Se cuestionó. Claro, estaba soñando

-Mmm no Natash no nos casaremos...

-¿Quién es Natash?-Preguntó aun entre sueños. La realidad llegó a él, la luz y el frío fue lo primero que sus sentidos identificaron. Quedó unos segundos más sumergido en la apatía de levantarse y aun más en abrir los ojos, aunque identificaba que ya había luz sin abrirlos

-Katyusha... ayúdame...- Murmuró una vez más

Se preguntaba que decía entre murmullos Arthur, y desde cuando tenía esa voz tan infantil, si algo había en la voz de aquel hombre de cejotas, era ese tono rasposo y sexy. El único con ese todo dulce y bobo era el español, pero no estaba con él.

-Con quien demon...-Se levantó de un golpe, arrepintiéndose enseguida de aquello. Su cabeza y ojos no coordinaban con el tiempo espació, llevo una mano y cubrió sus ojos.

-Despertaste...-Se escuchó un murmullo de entre las blancas sabanas de satín. Era un bulto grande y suave, un par de ojos amatistas se asomaban de entre la las colchas tan blancas como la nieve ,para desaparecer de nuevo en ellas.

El frío recorrió su cuerpo regresando de nuevo a la suave y reconfortante cama compartida. Su mente hilvanó los hechos de la noche anterior, llevó al ruso a su hotel y...realmente tenía que aprender a dejar de beber con urgencia.

-Que demonios, ¡Aléjate!-El grito se apoderó de la habitación tan grande como una sala. Levantó su cuerpo de esa cama que parecía tragar a quien se sentara sobre de ella a causa de su suavidad.

Su piernas eran topes, su mente no era clara y su intención era lo único coherente .Notó como el ruso lo miraba con atención pero con cierta duda. Escaneó el lugar, sus pantalones no estaban y su cuerpo carecía de ropa, apenas su ropa interior, aquello lo lleno de enojo, estaba seguro que no había hecho nada sexual, no por su cuenta, y se sintió enfermo.

-¿Qué hiciste?-Encontró sobre una silla su gabardina negra, busco en su bolsillo donde guardaba una navaja, una sencilla y fina navaja -Aquí...-Se dijo a si mismo sacando el arma.

-¿Qué haces? - Era suave, aquella voz tierna e infantil -regresa a dormir...-Pidió tranquilo, recostándose una vez más en la blanda almohada.

Acompaño su cuerpo que resultaba rotundamente frágil, tan delgado y ágil a sobreponerse a su descontento y temor, y se abalanzo sobre el cuerpo del gran hombre, sus piernas lo rodearon a horcadas sustrayendo solamente un gemido por su peso en el rubio. Sacó la navaja e inclinó el filo sobre el otro, quedando solamente a escasos centímetros de su cuello.

-Ya me recordaste-Dijo con un tono de voz inusual al normal. Sonrió haciendo enojar al otro hombre.

-Bastardo...-No sabía que decir más que algún insulto, recordaba pocas cosas que sucedieron en su estancia en la guerra, pero había algo que jamás olvidaría .-Eres aquel Psicópata que casi me mata..-

-Te salve la vida...-Acomodó mejor su cuerpo en la blanda cama –Si quieres puedes matarme-Afirmaba cerrando sus ojos con pesadez para abrirlos del mismo modo.

-Tú me hiciese esto-Su molestia no se oculto, señalo con su mano aquel lugar en su cuello donde un ovalo hecho de pequeños puntos se marcaba, una figura de mordida.

-Y tú esto.-Deslizo su mano por su oído, indicado con sus dedos en el arco de la hélix (1) una pequeña pero marcada cicatriz –Fue equitativo da.- Regreso a ese tono dulce e infantil.

Sus manos le jugaron una mala elección, tenía toda la intención de intimidar aquel sujeto, pero esa pequeña marca en su oreja le causo una sorpresa. Había olvidado que respondió a la mordida de la misma forma.

Separó la navaja del otro hombre, aventándola a un lado. – ¿Qué sucedió ese día?-Intentaba recordar, pero su mente le engañaba por momentos.

-Tal...Vez algún día te lo diga...-Liberó su otra mano debajo de la colcha, deslizando sus delgado dedos a la cadera de Gilbert.-Pasé muchos problemas por ti. –No era suficiente con no dejarlo escapar, la cara desconfiada de los ojos rojizos le causaba profundo interés. Permaneció observando, ¿hasta dónde lograrían llegar sus manos? , se preguntó antes de perderse sus largos dedos debajo de los calzoncillos del hombre de mirada prepotente.

-¿Qué haces?-Pregunto sintiendo incomodidad por esa confianza, en su mente pasaron muchas ideas respecto a qué hacer, estaba con el hombre que "Lo salvó" según sus palabras, además era el sujeto que lo llevaría a Moscú; estaba en una situación delicada.

-Tú amante es algo Masoquista ¿da?-Respondió con otra pregunta, adentrándose unos centímetros más en la ropa interior de Gilbert. Separo sus piernas y abrió, mostrando con mayor notoriedad su entre pierna al delgado cuerpo que estaba encima suyo.

Sus mejillas se tiñeron de rojo al sentir la entre pierna de otro hombre muy cerca de la propia, era mucho mayor, y no estaba seguro si le gustaba o asustaba -Maso...-No terminó y mordió su lengua, había olvidado por completo la situación de el delicioso descontrol sexual de Arthur.

-Yo no tengo ningún amante..-Se arrepintió de sus palabras al notar la sonrisa que se asomaba en Iván. Los dedos delgados se perdieron mucho más profundos, tembló al sentir alrededor de su entrada dos dedos circular.

-Dej...-Callo de nuevo, no quería hacer nada con lo que se arrepintiera después.-Yo...ah!-Gimió al sentirse invadido por apenas la punta del los dedos, sus piernas se tensaron apretando mas el cuerpo que lo sostenía, y no pudo más que sonrojarse ante el bulto que crecía cerca de suyo.

El dedo de Iván entro por completo, causando un ligero temblor en Gilbert-Estas muy seco..-Sus labios temblaron ante tal escena, ese hombre albino que desde hace años llamo su atención en un campo de batalla, ahora estaba a horcajadas suyo y comenzando a reaccionar por la invasión a su cuerpo. Comenzó a mover su dedo, perdido en la cara de joven que simplemente le parecía suculenta.

-Este...-No articuló demasiado, el silencioso dolor que recibía en su entrada estaba nublando su mente de cualquier cosa que siguiera.- !Ah¡ -Un dedo más entro causando fricción y dolor, pero del mismo modo noto como su pene comenzaba a erguirse, marcándose en la tela de sus calzoncillos.

Reunió fuerza y con el intento de un tono normal de su voz pregunto-¿Esto equivale ir a Moscú?-Se sintió como una verdadera puta si su respuesta era afirmativa

La sonrisa desapareció de los labios del hombre ruso , pero tan solo por unos segundos, realmente no había pensado que así se malinterpretarían las cosas.-No...-Detuvo todo movimiento dentro del otro cuerpo y lo liberó. Se sintió excitado por el gemido que escuchó al sacar sus dedos.

-Te llevaré conmigo a Moscú, de ti dependerá entrar con mi ayuda..- Su tono de voz cambio, no era suave ni tan fuerte.

-¿Y cuál es el costo?-Se sintió un poco perdido en los hechos. No se levantó ni hizo ningún movimiento

que rozara sus cuerpos.

-Nada, cumplo un favor a Arthur-Se decepcionó del momento, quería más de Gilbert-Agradécele a él.-Pero no quería nada forzado.

Las cosas eran extrañas, quien demonios era Arthur para conocer a semejante tipo. No dijo una palabra más y levanto su cuerpo del otro, busco una vez más su ropa, se vistió con rapidez y buscó la mirada del otro hombre, que permanecía clavada en sus movimientos.

-Tch..-Llevo sus dedos a su frente y acomodo algunos mechones de su cabello.-Te veré en una semana- Respondió, llevando sus manos a recoger la bufanda que le fue dada por Iván, titubeó pensando si estaba bien tomarla, pero le resto importancia y la acomodó en su cuello, llenado con un apenas distinguible rojo las mejillas del ruso.

Y salió de la habitación sin decir nada más. Sintió un dolor tremendo entre las piernas y una urgencia de tomar un baño frío.


-¿Estás enfermo?-Le era inusual verlo tan callado, sosegado, sin tocar nada de su oficina, simplemente viendo desde la ventana el patio del hospital. Se acomodó mejor en su silla repasando el último párrafo antes de firmar aquellos historiales médicos, ser alguien que trabajaba en el sector salud le respondía con poca vida social

-kesese.. para nada- Y sonrío como de costumbre intentando parecer el que era normalmente.

-Estas pálido.- En su rostro de nieve apenas rojo cuando la vergüenza lo invadía se mostraba tenso y pálido, temía por la salud de su hermanó, desde que regreso de la guerra su salud decaía por momentos.

-De que hablas, claro que no –Se angustió por la misma angustia que tenía su hermano hacia él, odiaba que lo cuidara demasiado, él era hermano mayor y no podía permitir que su hermano pequeño estuviera tan al pendiente de él, no todo el tiempo .

-Aun así – Masajeo su ojos, dando descanso a su vista ante la lectura.-Te revisaré-pauso-Ve al consultorio de aquí a un lado, no tardo-

-¡AH! Kesese pero si estoy perfecto - Su rostro palideció más. Si quitaba su ropa, lo cual tenía que hacer en una revisión médica era seguro que Ludwig se percatara de el estado de su cuerpo y como tal le regañaría todo el día.

-Hazlo...-pidió.

Se levantó y puso su cuerpo fuera de oficina de su rubio hermano -uu...-Tenía dos opciones, huir o aceptar el regaño de su hermano, y cualquiera de las dos era malo, recibiría regaño de cualquier manera. Se traslado al consultorio continuo, frío y blanco como debe de ser aquellos lugares, aunque en comparación con los lodosos y húmedos "consultorios" del campo de batalla, era el cielo iluminado, limpio y más cálido, a pesar del blanco tan solitario.

-Na, debes tener mucho trabajo, kesese solo estaba de paso- Guiñó y sonrió animado, le era complicado engañar a West como le gustaba llamarlo.

-Gilbert...quítate la ropa, te revisaré –No perdió tiempo, tenía muchas cosas aun que terminar. Caminó al estante de un costado, lleno de elementos y complementos al lugar, para tomar lo necesario

Se sintió como un muerto en vida, Ludwig iba a matarlo, él solo había ido para recoger sus gafas que pidió a su hermano, cuando hace días le asigno una cita con el Optometrista, esa vista cansada que poseía e estaba quitando aun más visión al verse forzado.

-¿Tengo que quitarme la ropa?- Recibió un chasquido como afirmación y seguramente en ese momento recuperó el color que no poseía. Por si fuera poco en dos días se mudaba a Rusia con el gran hombre, ya no faltaba nada por preparar, su equipaje y papeles estaban completos.

Sintió el helado estado del clima al liberarse de toda su ropa, excluyendo el pantalón. Se sentó en la mesa de revisión y se preparo para lo peor tan solo girara el cuerpo el fortachón alemán.

-¡HERMANO! –Encontró más rápido la respuesta –¡Qué te paso...! ¡Gilbert! ¿qué demonios hiciste?-En su cara podía caber más sorpresa, pero sería peligroso para sus nervios. Acercó con rapidez al otro y observo con mayor detenimiento la espalda –Con quien te acostaste-No mostraba inconveniente alguno en que su hermano gustara de hombres o mujeres, siempre se mostró indiferente a los gustos sexuales de su hermano, era una extraña situación, y aunque incomodaba preguntar como había obtenido esas marcas en su espalda, parecía más que obvio.

-kesese solo me caí-La vergüenza relleno sus mejillas, manchándolas de carmesí ante la mentira tan absurda. Pensó en completar con algo más, pero la cara del otro hombre no le permitió seguir.

-AH...claro que no, pero olvídalo...-Su cara mostró resignación, no estaba en condiciones de regañar al despreocupado de su hermano.

-...-No comento más, si algo no le hacía sentir mal era el desinterés y preocupación de su hermano, cosas tan contrastantes.

-Respira profundo. -Pidió

-oh, esta frío- Brincó un poco, el estetoscopio en su espalda estaba frío al igual que las manos del hombre más alto. Ludwig su atractivo hermano menor, de apenas 24 años de edad, semblante duro y principios claros. Es un tipo que no deseas tener como maestro ya que era sumamente estricto y aquella voz dura, gruesa y varonil causaba el terror de algunos.

-Respira-Pidió una vez más a lo que el hombre obedeció

Gilbert respiró hondo 3 o 4 veces hasta que con una ligera palmada en su espalda comprendió que era todo. Su hermano continuó con la revisión médica. Poco después termino el examen de salud, los ojos de Gilbert solamente miraban el suelo esperando tener la suficiente valentía...Pero al parecer jamás la encontró ni el momento, ni la fuerza para comentar que se iba.


no pensaba incluir la parte de Ludwig ,pero se me hizo tierno el encontrarlos , más adelante aparecerá más.

saludos.

hélix (1):es la parte externa de la oreja, la que típicamente se muerde en las yaoi (¿)

(2)La canción que cantan se llama Ich liebe dich

Musica: Edward Grieg Letra: Hans Christian Andersen

La Cancion original (Ich Liebe Dich. Op.5 No.3) fue compuesto por Grieg basado en un poema de Andersen,que es el creador de la sirenita.

dejo el link

http: /www.

youtube. com/

watch?v=zSOiawHEnp0&list=FLj9CiVvfmMWSjzicB_

mkmjg&index=11&feature=plpp_video