Show your Bones
Pairing: Ivan Braginski y Gilbert Beilschmidt
Capitulo 9: La mano derecha de dios.
Dedicado a la linda de Dafne por estas siempre pendiente y por entrar a la uni ;D
De Iván B .
Para: Arthur K.
Solo saca a Gilbert B. de aquí, recibirás tu pago de Nicolás
-0-
De: Arthur K.
Para Iván B.
Listo, si no recibo este mes el pago, lo matare.
-las mujeres solo te aman porque eres un asqueroso cerdo comunista-
-Para mi desgracia, los cer...- Titubeo teniendo en cuenta a los invitados-Ellos gustan es...es mi trabajo complacerlas..-Murmuro aquello último en un fino hilo de voz que solemnemente endureció más la situación.
-¿Tu trabajo?- dejó de lado la taza de porcelana llena de té, y conjunto un plato de galletas, que de estas olo quedaban migajas que de tan pequeñas que eran, se escondían en la comisura de sus labios.
-¿Que piensas que es da?-Su entusiasmo era nulo, las mujeres atiborradas de palabrerías y chismes cuchicheaban en la habitación de un costado, rellenas de soberbia y elegancia posaban como musas ante su majestuoso dios creador de sentimientos, o aquello pensaban en su cabeza llena de comodidades e inquietudes nulas.
El regalo perfecto para un músico, pensaban ellas, se podría imaginar como una pieza blanca, un piano de cola singular y sumamente costoso. Braginski acepto su exótico objeto, siendo una tremenda grosería el rechazarlo de tales musas, hijas o esposas de generales del gobierno.
-Cállate, esto suena bien...-Dejo de un lado su quisquilloso humor y se torno a las partituras.- ¿Y tus musas, donde están?-Era ridículo el preguntar, cuando sus voces chillonas se colaban tras las anchas cortinas que separaban en dos aquel enorme salón.
-Hablando de banalidades..-Era brumoso el solo pensar en sus elegantes platicas de cenas , enormes egos que competían, pero como enormes espejos reflejando la ausencia de la vida.
-Es una regalo precioso.. ... demasiado para una ser como tu-Contesto irritado por el murmullo, interrumpiendo su lectura, pero con aquello repitió una vez más las primeras notas.
-Te dejare a solas con tu nuevo amigo, regresare a...- Murmuro besando el cuello, y dando una última caricia a las manos ocupadas con el blanco-negro - Te lo daré si quieres...
-¿El qué?-Siendo interrumpido por los húmedos labios, remojados en te de flores de Bach, siendo este su narcótico, como vil animal domestico (1).
-El piano..- Con dulzura escatimo en decir más que lo obvio, no quería sonar indulgente en cuando se trataba de Gilbert.
Miro con asombro sus manos que nada silenciosas se movían con agilidad, dándole a "Grand Polonaise Brillante "(2), una intención más pasional e indecisa. Entendía que aquel objeto no era suyo, ni mucho menos tenía la posibilidad de comprar uno, era un hombre pobre viviendo el casa de un príncipe moscovita, se creía Natalia o mejor dicho Sonia (3) de la excitante novela de Tolstoi; aquella mujer pobre en casa de una buena familia, sin más motivo que ser la dama de compañía de una hermosa señorita que vive en su sueño dorado. Allí el pertenecía, a la casa de 3 hombres opuestos en personalidades, pero que compartían el mismo mundo que él, el mismo sueño de estar atrapados en el pasado, en su cuento de hadas.
-Gilbert..-Escuchaba los pasos de las mujeres inquietarse en el salón continuo, seguramente prestando atención a la reciente música, consecuencia de su regalo.-Gilbert-Lo llamo una vez más, inquietante por no encontrar respuesta en el albino que molesto chocaba sus dedos tiesos en las teclas, estas gritaban a cada golpe desafinas.
-Gil..- Seco sus labios en peticiones de atención, siendo estas absorbida por el molesto tintinar de las teclas.-Gil..
-¡QUE!-Grito abrumado por los chillidos de las mujeres emocionadas, así como la exasperante y dulce voz de Iván llamarle de cerca.-¿Que quieres? ¡y por dios calla a esas mujeres!-Trago sus últimas palabras, ante 3 rostros sorprendidos que se asomaban por el terciopelo negro colgante.
De: Ludwig
Para:Gilbert Beilschmidt
La vida no es tan mala, te trata con bastante respeto, haces lo que quieres y estas sin pasar mayores descuidos. Si es verdad aquello no regreses, nada ganaras en estos momentos, mantengo la esperanza de continuar comunicando con estas cartas misteriosas... Pareciera que alguien ajeno a ti me responde en muchas ocasiones, ¿la situación te está cambiando?
Otra cosa, supongo sabes lo de Elizabeth, me gustaría que estuvieras aquí, ella necesita de ti, más que en otro momento.
Atte: Ludwig
(Carta enviada a Arthur, junto con la Elizabeth)
-De: Gilbert Beilschmidt
Para: Ludwig
Tanto tiempo, podrías contarme un poco más del otro lado del mundo, así como de tu vida hermano, que sucedió con la linda enfermera Italiana, en verdad se casaran o solo es una broma ¡hermano, quiero una sobrina!
Elizabeth es un adulto..Ella sabe lo que hace, además no me incumbe más su vida.
Atte: Gilbert. Espera verte pronto
ps: Dile a Francis que me mande de sus deliciosas galletas, extraño su comida.
Abrió los ojos, y sin darse cuenta estaba siendo aniquilado por un par de ojos carmesí prepotentes , fuera de sí lo observaban ,mientras sus dientes tintineantes marcaban el frio o ¿..Acaso estaba temblando?, se pregunto
Pronto, muy pronto comenzaría a caer el día, de no estarlo haciendo en ese momento. El frio salía de su cuerpo en bocanadas de vapor blanco y tibio. Era un clima muy sofocante, tanto que sentía que su cuerpo pesaba, y pesaba cada vez mas conforme sus botas se atascaban más y más en el lodo escarchado, este lo succionaba ante cualquier movimiento.
-¡Ah!- estaba por salir de aquel fangoso lugar en donde había caído en una ráfaga de cansancio y abrumado por el clima, apenas salía de un resfriado donde ni la sopa más rica y amorosamente hecha por Petia lo había aliviado, más que le descanso y lasmedicinas. Le dolían el pecho, así como ambas manos que con guantes, no dejaba de sentir el petrificante viento helado.
Sin darse cuenta y quizá agradeciendo al destino, en su última parada antes de rendirse ante el cansancio y el dolor de su pecho se encontró cara a cara con Iván, el rubio fatigado y de semblante sonriente descansaba su cuerpo en un árbol glaseado de hermosa nieve que parecía no querer derretirse ante nada, Como si el mismo Braginski provocara tal fenómeno.
La apuesta se trataba de 2 disparos (para su fortuna) de cartuchos falsos. Aquello definiría el dueño de un hermoso piano de cola, un objeto digno de sus deseos, este era un regalo de las inútiles mujeres de los montones de oficiales del ejército y gobierno. Admiradoras; ricas por millones y poco hermosas, con vestidos entallados y miradas coquetas, quizá buscando a un marido de exquisita profesión, se presentaban en primera fila de la sala de conciertos como un habito.
-Vamos, hazlo...-Murmuro aun con los ojos cerrados. Agotando su entusiasmo por el juego- Ya me diste dos disparos, solo falta el de gracia daa- Bromeo moviendo y con esto poniendo en alerta a Gilbert que sin tener faltar, apunto.
-No juegues conmigo comunista..-Tomo una distancia más cercana, no teniendo idea si se trataba de alguna trampa- Das para más.
-Entonces dispara da...o acaso ¿me temes?...- Sus manos más audaces tomaron la muñeca de Gilbert y con ello dispersando la brecha que los separaba.
-Cállate, esto no es lo que quedamos de acuerdo..., tienes dos disparos en el hombro, Ya gane- Sonrió enseguida dio cuenta de su hazaña, desconociendo en ese momento que hacia horas que había ganado.
-Y tú tienes dos, uno en el tobillo y uno más dio en tu mano, esto es un desempate de 3/3 ¡vamos¡... dispararme da, si tanto deseas el piano.-Con los labios torcidos y sus tentadores ojos apuntaba directamente a la conciencia y sentir del albino, que con ceño fruncido y su mente en un dilema apuntada dudoso.
-jajaja que gracioso porque ...-Pauso, acomodando con su mano aun libre el cabello que caía en sus frente, dejando de manera mas clara la expresión confundida de Gilbert..- Porque si no lo haces tú, lo hare yo Gilbert daa...
De: Arthur Kirkland
Para: Gilbert Beilschmidt
Escuche la grabación de el concierto donde estas... eres un maldito músico de mala muerte... si supiera tu mugroso publico de donde te saque, estarían con cara de asombro...
PS: No me culpes por si tu hermano sabe que haces
De: Gilbert Beilschmidt
Para : Arthur Kirkland
Deberías venir a buscar mis servicios kesese tengo bastante para ti en mis pantalones y también deberías dejar el alcohol cuando redactas una carta
No te metas con mi hermano, estará bien así, el estará mejor si no sabe nada.
-Aja ¿y?..-Pregunto acomodando mejor su cuerpo en el incomoda corteza. Sus pies descasaban en un tumulto de suave nieve parecido a una almohada, era lo mejor que podía tener por el momento -¿y?-Dio un sorbo al te, dejando de lado, en las manos del ruso el recipiente que mantenía caliente la bebida.
-¿he?- Respondió recargando sus pies sobre el mismo tumulto-almohada improvisada .Miro aquel incoloro paisaje, lleno de blanco y blanco, repasando la posibilidad de moverse de allí, comenzaba a tener frio y Nicolás no se aparecía por ningún lugar.
-Tu novio el chino...-Llamo una vez más.
-ah...Yao.. Es un buen tipo da..-Miro su pie, lleno de escarcha y lodo, era imposible que ambos salieran de allí solos, no sin que alguno de los dos se terminara de romper la pierna, cadera o brazo.
-¿Es músico..?- Menciono lleno de curiosidad, con aires quisquillosos de ser una respuesta negativa.
-No da.. Es comerciante... fue divertido- Pauso llevando sus dedos a su barbilla –El sexo era bueno... a veces- Murmuro
-Kesese seguro – Con sarcasmo eligió cambiar de tema, antes de saber detalles poco alentadores a su libido-¿Cuál era su nombre? –Y se asombro de su estupidez llena de curiosidad, el no tenía intención de saber más.
-¿He?...Yao Wang , Pensé que me tocaba pregunta da...-Murmuro con una sonrisa inflada de diversión por las mejillas coloridas de Gilbert. No tenía otra opción mas que mantener a Gilbert hablando y tomando el te que Nicolás les había dado antes de partir por Petia, necesitaba que llegaran antes del anochecer.
-... Como sea
-...daa bien...-pauso -La chica húngara –Murmuro no sin sentir la tensión colarse por cada poro de la piel blanca y helada de su compañero.
-¿Ella qué?-Contestó Fastidiado y con un liviano mareo ante el cansancio, o la pesadumbre de la dama mencionada. Era inevitable, para él, en sentirse incomodo por escuchar 3 nombres en su vida, ella era uno de aquellos.
-¿Era tu novia? pareces...da- Callo antes de encajar mas la daga, no pretendía hacer enojar a Gilbert, no aun.
-Que pregunta tan ridícula, oso gordo..-Escondió sus labios detrás de la amplia bufanda que giraba 3 veces por su cuello, era cuestión de minutos para que anocheciera, el frio se apoderaba de cada centímetro de su piel y un elemento mas en su cuerpo que cubriera el clima, era bien recibido.
-¿y bien?
-tch.. Ella era...Es mi mejor amigo.. – Perdido en su respuesta se pregunto si hablar en pasado o presente, ¿acaso era tan fácil olvidar a alguien importante?
-¿La amas da? –Sobre el aire dibujo los patrones de un árbol lejano, ignorando por completo seguir su turno a lo acordado cuando comenzaron el juego de preguntas y respuestas. Tampoco miraba a Beilschmidt que parecía tomarse su tiempo para contestar.
-No seas ridículo, te estoy diciendo que ella es mi mejor amigo..-
-Amiga..
-No escuchas ruso, es mi mejor amigo... es una machorra de pies a cabeza, jamás será una dama-Una sensación extraña lo acorralo al decir aquellas palabras, acaso era que más de una vez la había llamado así para molestarla.
-Pero... mmm a ti te gustan los chicos ¿no? –El terreno que tocaba lo conocía, no vivía con un extraño que cuando deseaba abría sus sentimientos y contaba de donde venia o el que hacia allí, no era un grupo social. El conocía a Gilbert lo suficiente para tener cuidado.
Torció los labios, pensando en que Iván sabia las respuestas ¿Que diversión tenía su juego?-Nuestra conversación no tiene sentido Iván...-Murmuro dándole tan solo una mirada de segundos.
-Lo se da..¿Que mas quieres saber..?-Estiro sus piernas fuertes y largas, tanto que casi tocaba un árbol cercano.
-¿Cuántas veces te acostarte con tu hermano el loco...?
-waa que tipo de pregunta es esa...da-Una cara de asco y símbolos perturbadores le recorrieron todo el cuerpo. Gilbert sonreía despegando solo algún centímetro de la fría corteza.
-kesese si no fuera una bestia que quisiera matarme , podría con los dos.. Kesese - La cabeza le era tan ligera, al igual que su cuerpo, su tobillo ligeramente lastimado dolía tan poco que se aseguraba a si mismo que en unos días caminaría como si jamás hubiera estado con el lodo metido hasta las rodillas.
-Gilbert... me das asco...da- Ambas caras eran una sinfonía totalmente en desacuerdo. Mientras el más delgado reía tan poco peculiar, que el segundo se sentía incomodo.
-Claro podría contigo, te haría gemir como puta kesese- Era incontenible la orquesta de sus burlas.- y a esto, donde están tus hermanos, muero de frio..
-Daaa quisiera ver eso -Sonrío incrédulo y dudoso ante la propuesta.
Sonrió y se cautivo con la cara dudosa y atrevida que Iván protestaba, acaso tomaba su sucia propuesta como opción-cuando quieras puedo contigo.. y con tus hermanos...kesesese.-Se atrevió a apostar mucho mas.
-Creo que tomaste demasiado te.- Una sonrisa escapo de sus labios, acaso no le era suficiente el decir que quería ser el activo(de el) para distinguirse como el "activo" de otros dos hombres más, siendo estos sus hermanos.
-Kesesesesese – Doblo su cuerpo ante la risa sin sentido que le causaba el ver la cara de ruso sudar frio con el nombre de Nicolás.(aquello era la interpretación de Gilbert)
¿Cómo está tu pie?-Pregunto saliendo del tema, entes de que Gilbert lo tomara como una propuesta seria.
-No queras saber...- El tampoco quería –El piano tiene grabado con dolor mi nombre Gilbert Beilschmidt
-Supongo que hinchado da..- Ignorando el ego resonante del albino, continúo con su nerviosismo de no saber para donde mirar, como si aquello trajera a sus hermanos cuanto antes.
-Te odio..-La voz de Gilbert retumbo en cabeza de Iván por algunos minutos, el silencio le era cómodo, no sentía ni siquiera dolor por su tobillo hinchado. Lo que más sentía era la inexplicable sensación de estar varado en medio del bosque, con su enorme némesis que le susurraba palabras de calma, mientras esperaban que los hermanos; Nicolás y Petia llegaran por ellos.
-¡ah! así que eso era..-Pauso y por momento se plateo lo que diría y siendo menos obvio contesto – Si estabas celoso por las muj...
-Como pudo ser tan tonta... Terminar embarazada de otro hombre-Pauso-Además el imbécil del pianista jamás la dejara...- Murmuro siendo estas ideas confusas para su acompañante.
-No tengo idea de que me hablas Gilbert..-Lo conocía de una manera muy precisa siendo que nunca fallaba en adelantar sus actos, pero prefería que este se diluyera como café en agua caliente, dándole a todo un sabor amargo si es que se trataba de adelantar sus sentimientos de su vida pasada.
-¡Claro que si ! lees mis cartas, ¡imbécil..¡-Aquel té de color rojizo, como sus ojos. El que le reflejaba lo abrumado que estaba, lo había de laguna manera tranquilizado, paralizado. Pensó en lo aislado que era su tema a lo que realmente conversaban, pero tenia que soltarlo en algún momento, como una bomba que tarde o temprano llegaba a su destrucción, a su final.
No tus ultimas torturas...mmm daa se que tu hermano tal vez se case, que ...Arthur te da periódicos del otro lado.. ah y también ...se que te escribe una señorita, su perfume es de durazno, muy dulce.-Se sintió quisquilloso.-Casi repúgnate.- Soltó esperando más de una reacción.
Sonrió ante la graciosa expresión de Iván, anunciando con simpleza su disgusto.-Seguro que no eres un espía de tu tonto país...-Chisto, ya no dándole importancia y anulando cualquier pizca de enojo que le causara.-
-Eso quisieras da... soltó su cabeza mirando a su costado, contemplo la respiración lenta del albino-¿Gente común a la que extrañar no?-Soltó.
- solo eso..-Miro al frente, pasmado ignorando cualquier ceniza que quedara de la conversación pasada.
-Voltea.-Contemplaba el cuerpo de Gilbert mirar con desgano el paisaje, una respiración suave y pesada se arrastraba por su fosas nasales, siendo estas rojas por el frío.
Gilbert giro su cabeza, contemplando la mirada amatista, que adormilado lo contemplaba. Los dedos largos de Iván se deslizaron sobre el cabello terso y corto, hundiendo y avanzando hasta detrás de la oreja del albino. Gilbert no pudo evitar soltar una sonrisa.
–Quieres que te enseñe algo bonito da...-Escapo de sus labios, la mirada triste, algo que con la sencillez que lo caracterizaba, le causaba tranquilidad. No era un loco que disfrutaba de el dolor ajeno, no del todo, simplemente eso explicaba que Gilbert estaba vivo y se quitaba esa mascara de narcicismo por algunos momentos.
- Mas bonito que tu estúpida cara...- Se sintió abochornado enseguida sus palabras abandonaron su boca, el estar aturdido por lo que sea que le hubiera tomado no era bueno. Iván ignoro el comentario, no sin sorprenderse y lo demostró con una sonrisa implícita, que se perdió enseguida sus manos tomaron el rostro de Gilbert.
Sonrió antes de comenzar a besarlo delicadamente, sintiendo la ansiedad de Gilbert en cada centímetro de su piel. No era su plan, Continuo cuando sus manos se perdieron en los hombros y espalda, causando una sensación confortable al germano. No paro por un gran rato, encargándose solamente de escuchar los suaves y lentos sonidos que escapaban inocentemente de su boca o garganta.
Separo sus labios de la amable contestación- Te qu..- Con una sonrisa en labios, abrazo al delgado hombre que robaba sus abochornadas palabras y los convertía en besos impacientes.
De: Elizabeth Héderváry
Para: Gilbert Beilschmidt
Querido Gilbert, amigo., Aun no contestas mis cartas. No conozco tu dirección, se que estas en alguna parte del norte de Europa. A dios pido no sea un lugar terrible, nadie sabe de ti, más que un hombre llamado Arthur al que Francis le entrega las cartas que te enviamos, cartas que tardan más de dos meses en llegar a tu destino. Ludwig está preocupado, pero aparenta no estarlo o, parece que la vida continua normal para todos, más un espacio vacío cuelga de nuestras mentes y corazones.
Una vez me dijiste que sería una madre de una linda niña, la cual sería tu ahijada, espero sean ciertas tus promesas. Se que dirás que no, por ser estar casada con Sr. Roderich, pero esta criatura no es de el.. es algo que solo tú sabrás.
Atte: Elizabeth Héderváry
(Carta enviada de Elizabeth a Ludwig)
Pronto, más de lo que pensó, se encontró lamiendo de manera lenta y torturante la virilidad, humedeciendo el eje que estremecía cada poro del chico que gemía silenciosamente, tornando esa sensación de alivio y comodidad implicada en el arte de sexo.
La viscosidad comenzó a invadir su boca, haciendo una elasticidad en los hijos de saliva mezclados con pre-semen que caían por la comisura de sus labios. Olvido el dolor de su tobillo, como la puerta sin seguro que dejaba al descuido su inesperada sesión. El participo, queriendo también sentí el dominio a la respiración y control de los placenteros gemidos de la boca rusa.
-Para...-Murmuro ante el hormiguea en su entrepierna, reflejo del trabajo de Gilbert.-Para-Repitió, sintiendo el caliente goteo de su miembro, y tomando aire continuando con lo que sería una noche de aquellas -Ven aquí- Murmuro una vez más, sacándose los pantalones con sus piernas en solo unos segundos.
-Espera no hagas ruido.- Su voz era suave-.-Espera escucho algo...-Sin hacer ruido saco esa incomoda bata con sus pantalones de franela, siendo así el terrible frio del piso donde le habían asignaban pasar la noche. – No.. es nada-de un golpe se estampo en los labios de Braginski, acomodando su cuerpo en las piernas del ruso.
El roce de sus miembros lo excitaba conforme la boca de Iván succionaba la suya, dejándolo a su merced, causando que se deshiciera de su conciencia, y con aquello eliminando la alerta de estar en una sala del hospital.
–Entra- abrió sus piernas, dejando a merced su intimidad a sabiendas del dolor. Era en aquel momento en donde mas necesitaba del Iván excitado que lo había orillado a entregarse.
-Aun no.
-disfrutas esto...-Murmuro sarcástico, sintiéndose burlado ante si euforia.
-No, solo espera un poco mas-Resbalo sus toscos dedos por la comisura de la oreja de Gilbert, obteniendo un suspiro y gruñido al mismo tiempo, una típica respuesta del albino. Con delicadeza busco la mano de Gilbert, muy preciso se trataba de la izquierda, aquella que casi siempre portaba un anillo.- ¿Que es el anillo?-Susurro ante los labios del albino, que entre murmullos negaba la explicación
-Quita..te la ropa...a – Las calientes yemas de los dedos de Iván continuaron su danza, paseándose ahora por los pezones y pronto por la cadera que delgadas , calcaban los huesos
-¡No...!tengo principios de neumonía Gil..., dime - entre su sentir resbalo las palabras que eran replica .La cómoda pijama de franela no le era algo que le estorbara, no cuando estaban cerca de los 0º y con principios de neumonía.
-Estoy desnudo de la cintura para abajo... em-pa-te . Bien- se atrevió a retomar como en cada ocasión de sexo, el quitar la ropa del más alto.-Es especial- Murmuro Sacando la bufanda, sintiendo por algunos segundos el próximo golpe o fuerza que lo empujara fuera, pero no fue así-Solo..ah.. me lo dio el viejo...- Continuo con su labor, intento mirar más, pero un beso repentino en sus labios se adueño de su visión, cerrando por inercia las orbes.
Un dedo lubricándolo le marco la señal -¡AH.. Iván ¡—Entendió que era con eso era suficiente, con lentitud se apodero de la camisa de franela que cubría el torso de Braginski, el cual pocas veces le permitía ver. Tomo su tiempo, deleitándose de un placer enorme, el desvestirlo.
-Gilbert no...- En un espacio de sus labios se asomo el llamado, siendo esta simple inercia.
-Cállate- Sin obligarse a rogar, le impuso robándose de nuevo los delgados labios. La piel de Iván era suave, como muchas otras, pero llega de cicatrices, no tenía que ver nada de aquello para darse cuenta. Sus ojos eran las yemas de sus dedos, siendo estas las exploradoras de aquel lugar tan anhelado.
-¿Que sucedió?-Pregunto sin precedentes, alumbrado a la esperanza de la atmosfera. –Vanya.- que sin darse tiempo de asimilarlo mordió los labios de Gilbert, tan suave tanto que Beilschmidt recibió una oleada de sensaciones fuera de lo esperado.
-No tengo que decirte-Sin separar ni un solo milímetro contesto a los labios de Gilbert.-Tú lo sabes..- Beso con mayor fiereza -Un campo...- Libero en un espacio donde el aire era necesario.
Un escalofrió lo recorrió, Gilbert pretendió no sentirse afectado por la respuesta que sabía, pero no creyó que acertara. Su distracción disminuyo la intensidad del beso, causando que por un momento se separara, al abrir sus ojos se encontró con los amatista que lo arrinconaban. Simplemente atino a sonreír, sintiendo un hormigueo en el estomago que sacudió su cuerpo cuando aquel otro hombre le respondió de la misma manera
-Pretendes quedare como estúpido o cogerme de una bue –Sin terminar de reprochar, unos dedos como flechas atravesaban su intimidad, siendo víctima de una sonrisa burlona del platinado, ganado un gemido ronco y duro de su cuerpo.
–Iván- Salió de sus labios, sintiéndose tan avergonzado como invadido, jamás había sentido aquella invasión a su persona, de aquello jamás se encargada Iván, solo algunas veces lo hizo a causa de la poca lubricación, pero era un paisaje escaso.-Va..n..-Gimió sintiendo un dedo más.
Lagrimas se resbalaban por su rostro, era más doloroso de lo que pensaba. El tercio de dedos eran toscos y entraban tan profundo que estaba seguro llegaría a un lugar donde Gilbert moriría de placer.
-Va..nya ...- Escupió en estrofas , sintiendo como su virilidad reclamaba atención más precisa que solo el testeo arrítmico.
-Que sucede... – Sus dedos deshicieron del movimiento circulatorio- jamás me llamas así ... Gilbert-El tono marcado, y en palabras en alemán y rusas alteradas le hicieron temblar de nervios. Eran primerizos para los tratos austeros, sutiles y sensibles. Las delgadas manos de Beilschmidt que tan inseguras y frías cubrían con caricias la espalda y brazos de Iván-Tus manos están frías- Tomo el rostro del otro hombre entre sus manos y con besos como frías gotas , estos caían en el rostro caliente y sonrojado del más joven.
-Estoy...-Un beso casto arrebatado por los ansiosos besos que lo acompañaban robo sus palabras, siendo estas sustituidos por el contoneo de las caderas del albino y la boca abrasadora que exigía continuar con lo olvidado
-Vanya.. Vamos tonto..- El tono de su voz adentro en la percepción del ruso, que con nerviosismo tomo la mano de Gilbert. Besándola con devoción, dando a esto un aire mucho más intrigante para Gilbert.
Abrió su vieja caja que con trabajos conservo del sucio lugar del que regresaba. De aquella saco su viejo pasaporte
Iván Braginski-Leyó
Una cara desgastada.. Era lo que podía interpretar en la foto de su pasaporte. Aquel que obtuvo al regresar a Moscú, su nuevo hogar. Era un invierno bastante apresurado, su bufanda cubría hasta su nariz, dejando solo sus ojos como silenciosos informantes de su voz, no hablaba y mucho menos quería comenzar una conversación con nadie.
Cubriendo su cuerpo bajo del tren, para subir al carro que lo llevaría a la casa donde comenzaría su "nueva vida" allí serviría como ayudante de un compositor manco a causa de un bombardeo.
Aquel día su piel tan pálida como la nieve reflejaba cansancio y estrés. Se había desmayado antes de entrar a la enorme casa, un palacio de un tranquilo y pensativo hombre; abrumado y conservador, con la elegancia de un conde, pero con lo sombrío de un ser despiadado, en su mente se conservaba esa primera imagen. Lleno de seriedad se acostumbro al trato indirecto de sus conversaciones, siendo estas manejadas en oleadas de sonidos, de música majestuosa e inquietante para el gusto humano. Como el intérprete de una mente inquieta, presentaba en público los más grandiosos sentimientos en cualquier instrumento que llegara a sus manos, desde una canción de cuna, hasta una gran suite de más de una hora. Era el empleo perfecto, de no ser por la tristeza que lo carcomía por momentos. Una gran casa no se llenaba con tan solo dos personas y unos cuantos empleados, la soledad pasaba por cualquier rincón, enterrándose hasta en la partícula más pequeña, todo era absorbido por la falta de calidez humana.
Tan pronto como hojear un libro, se extendieron los años, siendo estos devoradores de salud, dejando en un estado crónico de diversas enfermedades al dueño; Al gran compositor, General en su gran época.
Iván era el dueño de esa gran casa, no siendo esto en un sentido estricto, pero en la mente de todos abundaba que el seria el heredero de la gran fortuna y majestuosa tenacidad.
Tomo en sus manos unas viejas carta-partitura, visualmente eran partituras, siendo estas en realidad cartas de Nicolás. Aquel día que las recibió sintió una enorme tranquilidad, pensando que uno de sus hermanos aun seguía con vida. En aquellas cartas mencionaba que estaba bien, pero que no comentaría en donde se encontraba o que hacía, obviamente con el tiempo entendió que trabajaba en el gobierno, con asuntos "simplemente" delicados. Era extraño saber de él, ya que tan solo recordaba su cara de los agradables y dulces días que vivió los primeros meses en campo. Recordaba de él: un chico realmente atractivo, parecido a una muñeca de porcelana, pero con una actitud violenta y obsesiva, seguro un buen elemento de alguna sección del gobierno, dedicada a cierto trabajo sucio, suponía...
Desde la guerra, hasta años después, donde solo el suspiro y un beso robado le dejaron conocer las ultimas miradas de su hermano, era los límites de su conocimiento en Nicolás, era un fantasma ante sus sentimientos y deseos carnales , pero era una pieza importante para su vida, era su hermano que iba y venia conforme a las consustancias le permitieran, pero eso no dejaba de lado la obsesión que le profanaba día con día, sin dejar que un solo ser se postrara en su vida o su casa.
Si hacia una lista de cuentas veces había conocido a Nicolás nuevamente, formulaba 3; siendo la primera de ellas cuando eran apenas unos niños, la segunda correspondiendo a su estadio en la guerra, donde como sombra terminaba con la vida de quien intentara poner una mano encima de su "amado". La última fue años después del término de la guerra, siendo las cartas el primer contando.
A diferencia de Nicolás, Petia era una persona amable y nerviosa, siendo que lloraba por cualquier cosa. Petia era su hermano mayor, pero siendo tan poco responsable y con falta de carácter, se relegaba a el más indefenso, siendo abandonado a su suerte y postrándose en unas manos termino en una enorme comunidad de cosacos, siendo estos fiables y dándole una vida armoniosa. De Petia mantenía cartas que por periodos desaparecían por los conflictos mundiales, pero siendo estas siempre tiernas y llenas de lágrimas, era una relación dulce, un equilibrio a su vida.
Un objeto más se destaca, pero nada tenía que ver sus hermanos, o los recuerdos de su "familia" que conservaba en una caja desgastada de chocolates. La carta tenía el nombre de "Arthur", el chico que como Nicolás, pero siendo este Británico, vivía bajo el yugo del mejor postor, siendo este faltante a cualquier nacionalismo propio, o adoptado. Llegando a ser el hombre clave que cambio algunos meses de su nefasta vida con el lodo escarchado hasta la rodilla , era sin lugar a dudad el hombre que saco de entre las entrañas de los osos rusos , al conejo del cual se había obsesionado por años... un mal de familia tan vez..
Tal pronto como se dio cuenta, estaba por llegar a Moscú, Guardando con rapidez todos los objetos y tomando su equipaje, se alisto para salir del último vagón.
Trazo con la mirada el imponente tren, siendo este el trasporte más seguro y práctico para cualquiera que quisiera recorrer distancias demasiado largas.
Repaso una vez más su plan, siendo este esconderse en algún lugar que le diera acceso a salir de la URSS. La decisión estaba tomada, y tras una gran meditación y siendo la estación de trenes su salón de terapia por más de dos semana, ese día era el elegido, el día que realmente tomaría el tren. La infantil voz de Iván lo torturaba hondo, muy hondo en su conciencia, impidiéndole el paso (según el) de regreso con su familia y amigos, siendo Ludwig en principal de su lista y como siguiente Elizabeth. Era una persona testaruda, la cual le costaba trabajo reconocer ciertamente sus sentimientos, los que como consecuencia le hacían tomar elecciones equivocadas, no quería recordar siquiera lo que había sucedido la última vez que había intentado cruzar sin pensar lo suficiente, una mujer había muerto , una delicada mujer con un niño en su vientre, aquello lo aterrorizaba.
En sus manos presiono su única maleta, siendo esta su instrumento, además que en su cuello colgaba una llave. Obsequió, que se había ganado a punta de disparo. Respiro muy suave y sin más se quedo estático: conociéndose, entendiendo que no podía hacerlo, no aun.
-¡ah! ¡aya!- Una voz poco masculina se escucho debajo, un tropiezo de un hombre contra sí lo regreso a su realidad.-¡Lo siento!
-AH.. Está bien.- Murmuro observando al hombre de distinta nacionalidad y estatura mucho más baja disculpase acaloradamente.-
-Lo lamento, estoy un poco perdido aru...- De cabello negro atado en una coleta baja contemplo al hombre más alto- Tu podrías ayudarme.- Escuchando al hombre asiático de ropaje frondoso abrió los ojos sorprendido, al no saber que responder quedo en silencio algunos segundos-Estoy buscando una dirección-Llamo el hombre pelinegro .
-¿Cual es?- Respondió sin pensarlo, viéndose convencido que el hombre realmente parecía perdido ,sin dejar de observar su ropaje asiático( algo que le causaba gran curiosidad) llegó a su mente una imagen de un lindo panda, vaya mente mas estandarizada , pensó poco después..
El hombre de ojos negros le miraba confundido, pensando que su ruso se había atrofiado- ¿Puedes ayudarme con esta dirección?- Repitió, sintiendo extraña la escasa comunicación que entablaban-
Gilbert miro el papel. Siendo este escrito con un alfabeto cirílico terrible, era demasiado "asiático"-Es...- Termino de leer para caer en cuanta de la dirección, su casa, o mejor dicho la casa de Iván.
En su mente se englobaron tres palabras; chino, Yao y Novio - Cuando su respuesta era un simple "no lo sé" su mente se trabo, siendo esta envuelta en la cuestión de "que decir"-Yo..-Callo una vez más, y levantando la vista por el estruendoso ruido que causo el tren que llegaba a la plataforma. El chico asiático espero ansioso, esperando que acabara el rechinar de las llantas, mirando la cara del otro hombre que parecía consternado.
Gilbert sintió como la voz escapaba de su cuerpo y creyendo que se trataban de sus nervios o de su mente que solo jugaba con él, vio a una mujer descender del tren, pero no cualquier mujer, si una hermosa mujer de cabello castaño y verde abrigo; esta bajaba apresuradamente del tren.-Corre...-Logro articular al notar como aquella linda dama era una mujer de ojos tan aceitunados como la misma mujer que había dejado plantada el día de su boda, siendo esta mujer su mejor amigo y su amuleto de la mala fortuna.
-¿Qué?-Pregunto no entendiendo nada de lo que el tipo "ruso" contestaba.
-Corre, se donde es, solo corre- Y tomándolo del brazo al confundido hombre, dio media vuelta corriendo como si el destino lo alcanzara.
-te de flores de Bach, siendo este su narcótico, como vil animal domestico (1). : Si no mal se, a los animales se les puede tranquilizar con Flores de Bach
- "Grand Polonaise Brillante "(2): Jo jo y sin faltar como siempre watch?v=_PY0NFC4aEw
-Sonia (3) :Es un personaje de "la guerra y la Paz" de Leon Tolstoi
¡eh! Por fin regreso, muchas gracias por tomarse la paciencia de leer y si dejaran un comentario muchisimas mas gracias jajaja . un abrazo a: , Serrat Izazquez, Ann Aseera y y Yan Zi Lang por sus agradables comentarios .
Disculpen la tardanza, pero los exámenes a la universidad absorben mucho tiempo , pero afortunadamente todo salio bien.
Reconosco que no es un buen capitulo, o quizá no tan interesante o dramático, pero tiene unas cosillas importantes y aparecerán dos personajes sumamente importantes en la historia, espero no sea demasiado cliche du.. el proximo cap ya estará en unos 15 días (espero) , y esta semana publicare otra cosilla, si gustan darse una vueltaaa jeje
bueno sin mas me despido, y les invito a dejar un comentario ;D kisses
