Capitulo 2: El correo.
Por tercer día consecutivo, el correo de Draco había sido depositado en su buzón. Suspirando, lo tomó y regresó a su piso. El olor del jarabe de maple impregnaba todo el pasillo, y mientras más se acercaba a la puerta de Draco, más fuerte se hacía. Toco la puerta suavemente, perdida en ese maravilloso olor que le trajo recuerdos, recuerdos de cuando no era bruja todavía. Le recordó las mañanas de los Domingos, cuando su madre hacia un gran desayuno y el olor del jarabe la sacaba de un profundo sueño.
– Hola Granger –la saludó Draco, cuando abrió la puerta.
Estaba en las nubes, asi que se sorprendió cuando se dio cuenta de que estaba ahí, parado frente a ella.
– Ah, sí, hola. –Le respondió– Tengo tu correo otra vez.
Se lo tendió, pero él no lo tomó. En vez de eso, se limitó a sostener sus manos hacia arriba.
– Están sucias, es que estaba cocinando –se excuso. Hermione dio un paso hacia atrás y retrajo los sobres en su pecho.
– Oh, está bien. Los traigo después –dijo, con incomodidad en la voz. Sonrió al ver como huía de él, incomoda.
– Tal vez podrías dejarlos aquí dentro –sugirió. A pesar de su nerviosismo (y eso que no comprendía la razón) mantuvo la cabeza bien en alto, esperando que no se notara la temblorina de su menudo cuerpo. Pasó a su lado y entro al departamento, que era igual que el de ella. Una pequeña cocina a la izquierda, tenía una pequeña televisión en la sala y la mayoría de las paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de libros. Un sofá que se veía cómodo adornaba la sala, justo en medio del sillón y de la televisión, había una mesa de té redonda y a la derecha había dos puertas cerradas. Una (supuso) era el baño, y la otra su habitación.
– ¿Dónde? –preguntó. Draco volvió a la cocina para seguir con el desayuno.
– En la mesa estaría bien –le sonrió– ¿Estas tan preocupada como yo de qué el cartero no sepa diferenciar entre Hermione Granger, 3C y Draco Malfoy, 3D?
– ¿Qué te molesta más? –Le preguntó– ¿Qué no pueda distinguir las cartas o el hecho de que piensa que vivimos juntos?
Él se rió, y regreso a la sala con dos platos en las manos. Hermione lo miró, suspicaz, mientras él se sentaba y ponía una generosa cantidad de jarabe en sus pancakes. Una parte de ella se cuestionaba cuanto tardaría en salir una rubia semi-desnuda de su habitación.
– ¿No me acompañas? –preguntó antes de empezar a cortar su desayuno.
– Depende –le respondió, tomando su asiento cerca de la mesita– ¿Me envenenarás?
Como para probar que no lo haría, partió un gran pedazo y se lo llevo a la boca, masco y trago ruidosamente y espero unos segundos. Dejo el tenedor y se tomo el pulso.
– Sigo vivo –le contestó.
– Eso no significa que no me envenenarás –cruzó los brazos– Además, hay pociones que puedes tomar antes de tomar una poción y esta no hará efecto.
Draco se encogió de hombros.
– Haz lo que quieras entonces, más para mí –respondió él, agarrando el otro plato– Pero no creas que me perdí la manera en que tu estomago gruñía cuando viniste, o tu mirada de deseo al ver lo pancakes. Pero bueno. Gracias por mi correo, nos vemos luego.
Estaba segura de que escucho un atisbo de sentimientos heridos en su voz. La culpa la llevo a tomar el plato de las manos de Draco antes de sentarse frente a él y empezó a comer.
– Huelen bien –dijo antes de probarlos– y también saben. –agregó con la boca llena.
– No me mientas Granger –gruño, alejando su propio desayuno. Se le había ido el apetito.
– No lo hago –insistió Hermione mientras probaba otro bocado– Mi mama solía poner azúcar morena en los pancakes también. Calentar el jarabe es un toque bonito.
– Ya déjalo –le replico.
– Te estoy halagando Draco –le informó– Creí que ya estabas acostumbrado a eso. Ahora, come antes de que se enfríe.
El apetito le regreso, asi que continuó comiendo.
– Entonces soy Draco, ¿huh? –pregunto.
– Creía que sabías eso también –le respondió con una sonrisa juguetona– ¿Te has golpeado últimamente? ¿Sabes en qué año estamos?
– ¿Qué dices? Claro que lo se –replico, aguantando la risa– Es 1984.
– Y eso te hace un niño petulante de 4 años –rió Hermione, mientras seguía comiendo.
Se sentó más derecho, y continuó con su comida. Había algo diferente en sus conversaciones ahora. Ya no había nada malicioso en sus comentarios. Eran bromas ingeniosas y, se atrevió a pensar, amigables. Tal vez ya no necesitaba un plan para asegurarse su amistad.
Volviendo a la realidad, notó que ya había terminado con su desayuno.
– ¿Qué hay para hoy en la agenda? –le preguntó casual, mientras comía su ultimo bocado. Hermione tomó los platos y los llevó a la cocina.
– Tengo algunas cosas que haces, el súper y tal vez la librería. Iba a comer con Harry, pero tuvo que cancelar.
– Puedes mirar en mis estanterías –le ofreció– siéntete libre de tomar lo que sea que te guste.
– Gracias –le respondió aun dudosa, mientras empezaba a lavar los platos.
– No tienes que hacer eso –le dijo cuando entro a la cocina y la vio lavando los platos. Cerró la llave, lo que provoco que se acercara a ella lo suficiente para sentir el calor de su cuerpo, lo que puso a Hermione nerviosa.
– No me molesta –le dijo mientras volvía a abrir el grifo– Además, tú cocinaste. Es lo menos que puedo hacer.
Y Draco cerró el grifo de nuevo.
– Y eres mi invitada –le señalo– Los invitados no lavan los platos. Ahora baja esa esponja y aléjate despacio del lavabo.
Siguiéndole el juego, Hermione dejo la esponja y trato de alejarse del lavabo. Pero Draco estaba detrás de ella y lo único que logro fue pegarse más a él. Se giró, y cuando trato de hacerlo tropezó.
Draco la tomo por los hombros, para evitar que cayera.
Hermione lo miró a los ojos, y la intensidad de esa mirada gris, la hipnotizo y pensó que los ojos se hacían más grandes. Entonces se dio cuenta, no se hacían más grandes, él se estaba acercando.
– ¿Estás bien? –le pregunto a unos milímetros de su cara.
– Yo, em, yo, si, estoy bien. Creo, creo que ya debo irme –le dijo soltándose suavemente de sus brazos– Gracias por él, el desayuno. Estuvo delicioso.
– Claro, nos vemos luego Hermione –la acompaño a la puerta.
Un amago de sonrisa apareció en su rostro cuando lo escucho llamarla por su nombre. Entonces salió al pasillo y se giro para verlo.
– Adiós Draco.
Tal vez Draco no tenga que poner tanto empeño en que Hermione le "perdone" esos años de riñas, ¿Eh?
No olviden dejar su opinon aquí abajito, un beso.
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