By Annie-ly-chan
¡Hola! ^u^ Disculpen la tardanza u_u no era mi intención demorarme tanto con la actualización, lo siento.
Nuevamente GRACIAS por todo el apoyo. Por darse una vueltita por acá y sobretodo Gracias por los reviews n_n
Taurus-no-Leo: Lo sé, a mis musas se les ocurré cada cosa rara =P Para mí también ha sido difícil meter a Kanon en ese rol paternalista, pero creo que me he divertido bastante con la idea. Jeje. Muchas gracias por las porras y espero siga siendo de tu agrado.
Saint Lu: Qué alegría saber que he cumplido tus espectativas. Espero te siga gustando como hago sufrir al tío Saga y demás santitos. Y el arquero también será parte importante en la vida de los niños, así que andará en los próximos capis muy seguido ^.~ Por otra parte, lamentablemente sí, Kanoncito se ha quedado viudo y necesitara muchos brazos consoladores que puedo asegurar no le faltaran. ^v^
Kaito Hatake Uchiha: Aquí te dejo un aperitivo más. Gracias por el review!
***Nota: Ya saben que nada me pertenece, y no lucro con esto. Todos los personajes de Saint Seiya son del maestro Masami Kurumada***
CAPÍTULO 3: Photographs and memories
—Lo lamento, sus tíos pueden llegar a ser muy ruidosos. —Kanon se acercó a los niños y les sonrió con ternura.
—¿Llegamos a casa del tío Saga?
—Así es. Él está por ahí. —Lo señaló. —Por qué no van a saludarlo.
Ambos se asomaron con timidez. Echaron un vistazo a todos los rostros de los presentes que los miraban con insistencia. No les fue difícil distinguir aquel tan parecido al de su padre, y que sin embargo lucía tan diferente. Pero sobre cualquiera de los presentes, hubo un rostro que llamó por completo su atención.
—¡Abuelo Shion! —Gritó uno de los críos.
—¡Sshh! —Reprendió el otro de inmediato.
—¿Abuelo? —Interrogó el Dragón Marino.
—Damián, se supone que es un secreto.
—Está bien niños, creo que ya le podemos contar a papá nuestro pequeño secreto. —Ignoró Shion todas las miradas y se aproximó a los gemelitos. —¿Qué dicen de un abrazo para el abuelo? —Les extendió los brazos y los dos corrieron a su encuentro.
—Shion… —Insistió Kanon.
—Leo las estrellas… de verdad creíste que no me dirían de su nacimiento. —Le dijo sonriendo.
—Esa parte la entiendo…
—Está bien, moría por conocerlos. Un día sólo fui…
—Y nos dio muchos obsequios.
—¿Obsequios? ¿Qué obsequios?
—Juguetes y…
Los dos niños buscaron entre sus camisas y le mostraron un pequeño dije que colgaba de una cadena.
—Pensé que su madre les había dado eso.
—Era un secreto.
—Mami dijo que estabas muy presionado y que no debíamos decirte.
—O te volverías loco.
—Y no queríamos eso.
—¿Su mamá sabía? —Los dos asintieron enérgicamente.
—A ella también le gustaba escuchar las historias del abuelo.
—Oh y ver las fotografías.
—¿Fotografías?
Shion sacó lo que parecía una vieja libreta. Kanon la tomó y hojeó sus páginas, en cada una había una fotografía de los dorados en los más lindos y graciosos momentos de su infancia.
El gemelo menor sonrió con nostalgia. Al mismo tiempo los demás Santos se acomodaban por detrás de él para alcanzar a ver la mencionada libretita.
—Como la vez que los tíos rompieron al buda de la casa del tío Shaka.
—O cuando el tío Mu puso cuernos en la armadura del tío Afrodita.
—Y cuando el tío Aioros les enseñó a nadar al tío Aioria y al tío Milo.
—Jajajaja y la vez que papá y tío Saga quisieron jugar con las armas de la Cloth del abuelo Dohko. Y el abuelo Shion casi se infarta.
—Mi favorita es la del pastel y el helado. —Se rió Cosme.
—Jajajaja sobre todo cuando todos terminaron con la cabeza llena de chispas de chocolate.
Las risas infantiles llenaron el cuarto, mientras la nostalgia inundaba a todos los Santos presentes. Todos miraban fijamente la foto, que era la última en el improvisado álbum. En ella, lucían tan felices pese al completo desastre que eran.
Esa había sido la última vez que habían celebrado un cumpleaños juntos, que habían reído tanto que estuvieron adoloridos.
Kanon cerró la libreta, se acercó a los niños y los cargó.
—Saben, ayer fue mi cumpleaños y del tío Saga. No tuvimos pastel, qué tal si hacemos uno.
—¡Sí! —Gritaron ambos.
—Y si quieren quedarse a la fiesta será mejor que todos ayuden. —Les sonrió.
Saga miró con una sonrisa como todos protestaban y refunfuñaban, sin embargo seguían a su hermano y a los niños hasta la cocina. Probablemente todo terminaría en desastre como en aquella ocasión.
~Flashback~
Aún no entendía en qué momento me había metido en esa situación.
El cumpleaños del cachorro de león había provocado un enorme revuelo entre los habitantes más jóvenes del Santuario. La idea de Milo de realizar una fiesta sorpresa les había fascinado a todos. A todos, menos a mí y a mi gemelo que tendríamos que hacernos cargo de los diablillos mientras preparaban el dichoso pastel y decoraban el salón principal del templo papal.
Aioros se había llevado a su pequeño hermano a pasear fuera del Santuario para darnos tiempo. El Gran Patriarca se encontraba con Mu en Rodorio comprando helado. Shaka intentaba localizar el mejor lugar para colgar el letrero de "¡Feliz Cumpleaños!" que el grupo de decoración, liderado por Afrodita, realizó. Hablando de Afro, ahora se dedicaba a coordinar a Deathmask, que de mala gana colocaba globos, listones de colores y demás adornos, mientras Kanon sostenía los materiales necesarios.
Casi muero de risa al ver a mi gemelo, parecía más un árbol de navidad que Santo de Athena. Aunque probablemente a él no le había hecho tanta gracia a juzgar por la mirada que me mandó al notar que lo observaba.
En la cocina, Alde y Shura cortaban queso para preparar el mezéde* de saganáki**, Milo y Camus se encargaban del pastel, y yo vigilaba que no incendiaran nada; claro, también me hacía el zumo de naranja.
—¡Le estás poniendo demasiada miel!
—Hago lo que dice la receta.
—La receta no decía que vaciaras la botella, Milo.
—Bueno, no tienes que seguir todo al pie de la letra, las instrucciones son una mera sugerencia. Deja de cuestionarme y sigue batiendo.
—Oye, ¿quién te hizo jefe?
—Pues todo esto fue mi idea.
—¿Ah sí? —Camus tomó un huevo y se lo estrelló en la cabeza.
—Eso lo pagarás.
—No, no lo hará. —Lo detuve antes de que la batalla comenzara, y asesté un fuerte coscorrón a cada uno.
—¡Auh!
—¡Auch!
—Compórtense. —Advertí seriamente.
—¡Noo, Cuidado!
Salí corriendo de la cocina al escuchar el nuevo alboroto en el salón. Suspiré pesadamente al ver la nueva escena. Un montón de globos por todos lados, un letrero destruido, una reencarnación de buda colgando de una columna, mi gemelo derribado por el Santo de Piscis que lo usaba de colchón, un cangrejo noqueado a lado de una silla y un jarrón roto.
—¡Oh, oh!
No. Ese sonido lo conocía bien y solo podía significar desastre. Me volví hacia la cocina.
—Saga, no me dejes aquí. —Sollozó Shaka.
—Volveré en un segundo, no te sueltes.
Entré velozmente para ver qué pasaba. Camus metía la mezcla al horno rápidamente, y Milo me sonreía con esa cara de ángel al verme entrar.
—¿Qué hiciste está vez?
—¿Yo? Nada. Nos hemos comportado, ¿verdad Camus?
El hielito asintió fuertemente, lucía nervioso. Miré a Shura con la esperanza de sacar algo más, pero la cabrita sólo alzó los hombros como respuesta.
—Nosotros estamos friendo los saganákis, realmente no les estoy haciendo caso.
—¡Saga!
Había olvidado a Shaka, así que corrí justo para atraparlo mientras caía.
—¿Qué sucede aquí?
El pequeño león dorado se encontraba de pie ante nosotros mirando con sumo interés todo a su alrededor.
—¡Aioria! —El arquero entraba corriendo detrás de él.
—Pensé que lo entretendrías. —Le reclamé al verlo entrar.
—No pude hacerlo por más tiempo. —Se notaba cansado.
—¡Noooooooo! —Milo salió gritando de la cocina. —Se suponía que sería una gran sorpresa y ahora todo está arruinado.
—¿Estaban haciendo esto por mí? —Dijo el leoncito uniendo los trozos del letrero de "Feliz Cumpleaños". —¡Wow! —Sonrió inmensamente.
—Milo.
—¿Qué?
—El pastel…
Un estruendoso sonido provino de detrás de Camus, y el olor del humo se comenzaba a percibir.
—¡Oh, oh!
—¡MILO!
De inmediato, Shura salió cargando un enorme plato con los mezédes, Alde lo seguía unos pasos más atrás. Los dos se encontraban por completo cubiertos de mezcla de pastel y quizá algunas cosas más.
—¿Lo siento? —Sonrió tímidamente.
—Mejor limpiemos este desorden antes de que su Santidad regrese. —Dije mientras ponía a Shaka en el suelo y ayudaba a mi hermano a levantarse.
—Demasiado tarde.
Me paralicé un momento al ver al Gran Patriarca en el umbral de la puerta. Mu estaba a su lado cargando un inmenso bote.
—¡Helado! —Gritó Aioria emocionado y corrió a quitárselo al carnerito de las manos.
—Nuestro pastel también te hubiera encantado. —Dijo el escorpioncito un tanto decepcionado.
Aioria caminó hasta Shura y quitó con su dedo un poco de la mezcla que traía encima para probarla.
—Mmm… sí tienes razón, esto está muy rico.
—¡Tengo una idea!
Milo buscó en sus bolsillos y sacó una velita. Luego tomó un saganáki y se la clavó justo en el centro.
—Podemos fingir que es un pastel, para que pidas tu deseo.
Aioros se acercó a los niños con una sonrisa y prendió la vela con su cosmo. Entonces todos nos acercamos para comenzar a cantar. Pero algo salió mal y la "velita" hizo explosión, causando que el improvisado pastel y el helado nos salpicaran de pies a cabeza.
—Milo… —Gruñó Kanon.
—Oops! Creo que me equivoque y confundí las velitas con las pirotecnias que guardaba para el final…
—Mmm esto sigue sabiendo rico. —Dijo Aioria probando, esta vez, de su hermano mayor.
—¡Jajajajajajajajajaja!
Todos voltearon a verme confundidos, pero por alguna razón no podía contenerme. Las carcajadas simplemente salían de mi garganta sin tregua alguna y no podía detenerlas.
—¡Milo rompiste a Saga! —Dijo Mu preocupado.
—¡Jajajajajajajajaja! —Aioros comenzó a imitarme. —Sólo hacen falta las chispas de chocolate. ¡Jajajajaja!
—Pero eso no es problema. —Aseguró Mu. —El Maestro y yo también compramos eso.
Pude notar la sonrisa cómplice en el viejo, y como hasta mi hermano parecía empezar a disfrutarlo.
El joven lemuriano tomó la bolsa de papel que el Patriarca aún cargaba y de ella sacó un frasco con chispas.
—Yo me encargo. —Sonrió Aioria. Le quitó el frasco de las manos, igual que hiciera con el helado, lo abrió y lanzó su contenido hacia arriba. Inmediatamente las chispas cayeron sobre nosotros en forma de lluvia.
~Fin del Flashback~
—¡Saga! ¿Qué no tienes nada útil en esta cocina?
—No esperaba visitas…
—Pero por los Dioses, ¿cuánto tiempo lleva esta leche aquí? —Aioria olfateaba el contenido de un viejo cartón que había en el refrigerador.
—Probablemente está desde que Camus y yo vivíamos aquí. —Se burló Milo.
El gemelo mayor le mandó una mirada asesina.
—No se preocupen. Yo puedo traer todo lo que necesitamos de la casa de Aries. —Dijo Kiki alegre.
—Déjame ayudarte. —Se le unió Alde.
Saga suspiró resignado. Definitivamente todo pintaba para terminar en desastre. Volteó a ver a su hermano y a sus hijos, entretenidos por las historias de Dohko, los niños reían de vez en cuando. Era agradable volver a escuchar risas infantiles en ese lugar, y entonces pensó que tal vez el Maestro de Libra tenía razón: ese par revitalizaría al viejo Santuario; pero aún se preguntaba si también serían capaces de devolverle la vida a alguien como él.
.n-u-n-u-n-u.
La fiesta de bienvenida había sido un total éxito. Claro, tal como lo predijo Saga, ahora parecía que el Templo de Géminis había enfrentado una dura batalla... de comida. La reunión se extendió hasta cerca del amanecer cuando al percatarse de la hora, el Santo Padre ordenó el fin de la celebración para retirarse a descansar.
Kanon abrió los ojos contra su voluntad. Se estiró deseando poder seguir durmiendo pero sabía que tenía muchas cosas que hacer como para darse ese lujo. Se levantó del sofá de su habitación, donde había dormido apenas un par de horas, para acercarse a sus pequeños que soñaban profundamente en su cama, los arropó una vez más y les besó la frente antes de salir de su habitación y dirigirse a la de su gemelo.
—Saga.
—Mmm. —Fue la única contestación que obtuvo.
—¿Cruda? —Espetó con sorna.
—¿Qué quieres?
—Necesito pedirte un favor. Voy a salir a terminar de arreglar mis pendientes. ¿Te importaría cuidar a Cosme y Damián hoy?
—Mmhmm.
—Bien si algo les pasa, más vale que no estés aquí cuando regrese.
—Mmmh.
El gemelo menor se dispuso a irse, mientras Saga se acomodaba para poder seguir durmiendo. Fue cuando las pequeñas neuronitas en su cabeza comenzaron a trabajar. Abrió los ojos de golpe al caer en cuenta de las palabras de hermano.
—Un momento… ¡¿Qué?
Por último unas pequeñas notas:
*Mezédes: Así se les llama a los aperitivos en Grecia y otros lugares del Mediterráneo y del Medio Oriente.
**Saganáki: Es un mezede típico de la cocina griega, que consiste en queso frito, y algunas veces se prepará con esencia de limón.
Espero que os haya gustado.
Saludos y hasta la próxima ^u^
