By Annie-ly-chan
¡Hola! ^u^
Yo de nuevo, reportándome por aquí. Una vez más lamentando la espera, y agradeciendo a todos su infinita paciencia. Además mil gracias por el apoyo, los favs y alerts, de verdad Muchísimas Gracias n.n Pero en especial GRACIAS por sus reviews.
Rose129: Espero te siga gustando ~.^
^Kaito Hatake Uchiha: Te dejo un aperitivo más. ^^
***Nota: Ya saben que nada me pertenece, y no lucro con esto. Todos los personajes de Saint Seiya son del maestro Masami Kurumada***
CAPÍTULO 4: Back in the world
Saga se levantó lo más rápido que pudo de la cama con la esperanza de alcanzar a su gemelo y confirmar que no se trataba más que de una de sus bromas para desquiciarlo. Sin embargo al llegar al salón principal no pudo encontrar ni rastro de él. Regresó sus pasos a las habitaciones, se dirigió a toda prisa a los aposentos del menor, rezó a todos los Dioses porque no estuvieran ahí, pero pronta fue su decepción. Cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido alguno que pudiera despertarlos, y totalmente derrotado volvió a su cuarto y se dejó caer bocarriba al estar junto a la cama.
Incesantes punzadas en su cabeza lo obligaron a levantarse una vez más. Lo cierto era que había bebido más de la cuenta y ahora su cuerpo le pasaba factura. Decidió que no lograría nada si se quedaba ahí, y si no mal recordaba, su Templo había terminado peor que campo de batalla.
En está ocasión dio una mirada minuciosa al salón principal. Milo yacía semi-inconsciente en uno de los sillones y se preguntaba cómo no se había percatado de ello antes. Y no sólo eso, por donde mirara se topaba con manchas en el suelo, restos de comida, trastes sucios, botellas vacías y una infinidad de etcéteras.
Llegó a la cocina y se apresuró a servirse un vaso con agua para poder tragar un par de aspirinas. Luego de un último vistazo, suspiró pesadamente y comenzó a limpiar.
—¡Tío Saga!
La voz infantil a sus espaldas lo paralizó por unos segundos.
—¿S-sí? —Respondió sin voltear siquiera.
—¿Dónde está mi papá?
—Tenía cosas que hacer, pero seguro volverá pronto.
—Tal vez traiga nuestros juguetes, recuerdas que lo prometió.
—Sí, seguramente lo hará.
El mayor sonrió ligeramente.
—Tío Saga.
—¿Sí?
—¿Podemos tomar cereal para el desayuno?
—¿Cereal?
Saga miró la alacena, dudando realmente que hubiese algo como cereal en ella; en realidad dudaba que hubiese algo comestible ahí y punto.
—Saben, no creo tener algo aquí que les guste.
—O algo que aún no esté caduco. —Murmuró el escorpión desde la sala.
—Les decía. —Continuó, ignorando al de la octava casa. —Que podríamos ir al pueblo a comer, y tal vez a comprar víveres. ¿Les gustaría?
—¡Sí! —Festejaron los niños.
El Santo de Géminis se encaminó a la sala y tomó al alacrán por un pie, levantándolo sólo para dejarlo caer al piso.
—¡Heeey!
—Qué amable eres al ofrecerte a limpiar mi templo, Milo. Sé que lo dejarás impecable. —Le mandó una mirada tan amenazante que dejó al otro sin habla. —Vamos niños, el tío Milo estará un poco ocupado aquí y no queremos estorbar.
Saga se adelantó y los gemelitos lo siguieron enseguida.
Ya en la explanada, el mayor estaba por comenzar el descenso cuando dos manitas se afianzaron a las suyas, y una vez más en ese día se congeló por un instante.
—Tío Saga.
Jamás se acostumbraría a escuchar esas palabras juntas.
—Podemos ir allá más tarde.
El aludido se giró hacia donde el niño a su derecha señalaba.
—Es el mar, ¿verdad?
—Vivíamos en la aldea de Jijoca… —Completó el otro.
—Muy cerca del mar.
—Papá dice que ahora viviremos contigo… —Cosme se detuvo a la mitad.
—No quieren vivir aquí.
Ambos se alzaron de hombros en un gesto idéntico.
—Ayer papá se veía feliz…
Saga asintió, apretó sus manitas y los incitó a comenzar el descenso.
.n-u-n-u-n-u.
Tenía tanto que el Santo de Géminis no andaba por Rodorio que su sola presencia ahí hubiese desatado un sinfín de rumores, más aún si llevaba consigo a dos escuincles que eran prácticamente su viva imagen. Por lo tanto, decidió evitarse el mal trago y cautelosamente tomó otro camino que lo llevara fuera del Santuario, ahí donde no había más que turistas y, por ende, nadie que lo pudiese reconocer.
Comieron tranquilamente en una de las fondas de paso y luego se dispusieron a pasar al centro comercial más cercano.
—Como habrán podido darse cuenta no hay muchas cosas en mi Templo, y la verdad no sé mucho acerca de comprar víveres, así que podrían ayudarme.
—Debemos comprar cereal. —Puntualizó Damián.
—También leche. —Concordó su gemelo.
—Y galletas.
—Y dulces.
Saga sonreía, enfrascado en la conversación de sus sobrinos mientras avanzaban por los pasillos, poniendo en el carrito varias cosas al azar.
—Qué lindos se ven.
La voz femenina lo hizo sobresaltarse. Buscó el origen de aquel sonido, y pudo observar que unos pasos más allá se encontraba una joven de un hermoso cabello negro que le caía por los hombros, y una mirada tan hechizante que el mayor de los gemelos se quedó estático hasta que la escuchó hablar nuevamente.
—Tu esposa debe estar feliz de que la ayuden con las compras.
—N-no. —Se aclaró la garganta. —No soy casado.
—Oh, entonces…
—Son mis sobrinos. —Se apresuró a decir. —Los estoy cuidando por un rato.
—Eso es muy dulce de tu parte.
—Son unos niños muy buenos, jamás podría negarme a estar con ellos. —Sonrió.
—Soy Alice.
—Saga.
—Un griego o me equivoco.
El Santo asintió, marcando su sonrisa.
—¿Y qué hay de ti, no pareces de por aquí?
—Soy británica, pero llevo viviendo en Atenas un par de años; de hecho, soy maestra del Athens College.
—¿Enserio? Mi hermano ha estado pensando en ese colegio para los niños.
—Creo que son un poco jóvenes para entrar a primer grado.
—Ah… sí… M-me refería a en un par de años. Es la primera opción.
—Me imagino. —Dijo ella soltando una pequeña risilla.
—Qué linda risa…
Ella se sonrojó un poco.
—T-te puedo dejar mis datos… por si necesitas información, aunque sea en un par de años…
—Me encantaría… —Se detuvo de golpe al percatarse que algo faltaba.
—¿Qué sucede? —Preguntó ella al verlo palidecer.
—¿Dónde están los niños?
Los dos observaron a su alrededor sin encontrar rastro de los gemelitos.
En total pánico, Saga comenzó a correr por los pasillos, gritaba los nombres de los niños pero no recibía respuesta. No podía creer que los hubiese perdido.
Intentó tranquilizarse para expandir su cosmo, tenía que poder localizarlos y correr por toda la tienda no estaba funcionando. Agudizando sus sentidos pudo escuchar los sollozos de sus sobrinos, no estaban lejos de ahí.
Fuera del centro comercial, donde se encontraban los contenedores de basura, un hombre forcejeaba con uno de los hijos de la Marina que luchaban por soltarse del agarre y al mismo tiempo alejarlo de su hermano; mientras el otro lloraba fuertemente sentado en el suelo un poco más atrás, y se agarraba la frente con ambas manos.
—Será mejor que se aleje de ellos.
—¡Tío Saga!
—¿Este par de bribones son suyos?
—¿Bribones?
—Soy de seguridad. —Afirmó volviéndose hacia Saga. —Estos chiquillos sacaron un par de cosas de la tienda sin pagar.
—Los perseguí en cuanto comenzaron a correr. Aquel se cayó y creo que se ha lastimado, quise revisarlo pero el otro diablillo no me deja ni acercarme. —Le mostró los arañazos y mordidas en su brazo.
Saga se abrió paso y se inclinó para estar a la altura de los niños. Quitó las manos de Damián de su frente para poder ver la herida, aunque no se podía ver mucho, sólo que sangraba y sangraba mucho.
—Veíamos juguetes. —Susurró el otro gemelo. —Le dije a Damián que no jugara con los balones pero no me hizo caso. No creí que se caerían todos y quisimos ponerlos en su lugar pero uno se fue. Sólo queríamos recuperarlo, pero él empezó a perseguirnos y nos asustamos. Cuando corríamos Damián se tropezó y se pegó con esa piedra. Él no dejaba de gritar y nos asustamos más.
—Bien, bien, ya entendí. ¿Ese es el balón? —Cosme asintió al ver lo que señalaba su tío. —¿Traían otra cosa en las manos?
—Un camión de bomberos, pero se me cayó en el camino.
Saga tomó el balón y se lo entrego al tipo de seguridad. Luego cargó a los niños y se dispuso a marcharse.
—Oiga espere un segundo… —Quiso detenerlos el otro hombre, pero la mirada amenazante del geminiano le advirtió de ni siquiera intentarlo.
—¡Saga! —La voz de Alice lo hizo frenarse nuevamente.
—Lo lamento, será en otra ocasión. —Se despidió antes de desaparecer de su vista.
.n-u-n-u-n-u.
—"¡AIOROS!"
El arquero dorado cayó de su cama de un salto ante tal perturbación de su sueño, es decir, perturbación en su cosmo.
—"Espero que tengas una excelente razón para molestarme a estas horas de la mañana, Saga."
—"Para empezar, ya pasa de medio día. Segundo, si no mal recuerdo, en este momento deberías estar terminando la ronda matutina y pasando tu informe semanal."
Aioros abrió los ojos como platos, había olvidado que ese día le tocaba hacer la ronda matutina. Suspiró agobiado.
—"Ahora bien, la buena noticia es que para tu buena fortuna Shion debe estar en las mismas condiciones que tú y el resto de la orden. Así que dudo mucho que arme algún alboroto, sobre todo si tienes el gesto de llevarle una caja de aspirinas cuando lo veas."
El centauro le concedió la razón a su amigo mientras frotaba sus sienes comenzando a pensar lo molesta que se estaba convirtiendo la voz de Saga en ese instante.
—"Y por último, sí, sí tengo una excelente razón… ahora necesito que muevas tu trasero y me ayudes. Si te estoy llamando tan de pronto es porque necesito de tu ayuda, maldición."
—"Arrrgh baja el tono, me estás taladrando el cerebro…" —Suspiró. "Más te vale que tu vida esté corriendo peligro, Géminis… ¿Dónde estás?"
—"Créeme, lo está. Me dirijo a la Fuente de Athena."
—"¿A la Fuente de Athena?"
—"¡S-aauhh aah!"
—"¿Saga?" —Pero ya no obtuvo más respuesta.
.n-u-n-u-n-u.
Saga había hecho mil movimientos para no perder el equilibrio, no podía caerse, ni mucho menos dejar caer a alguno de sus sobrinos.
Corría a toda prisa con los niños en brazos mientras hablaba con Aioros, que no se percató de la mujer que venía frente a él, y a la que prácticamente arrolló. Por suerte para ella tampoco llegó a caer al suelo, pero sí se llevó un buen susto.
—Lo lamento. —Dijo Saga avergonzado en cuanto recobró la estabilidad. Pero se quedó helado al reconocer en la mujer un rostro familiar.
—Saga. —Dejó escapar ella, con la misma palidez, como si hubiese visto un fantasma.
Los sollozos de Damián la trajeron de vuelta a la realidad. Notó a los niños que llevaba cargando, las manchas en su camisa y el hilillo de sangre que corría por sus ropas proveniente de uno de los pequeños.
—Debo irme. —Dijo al fin el mayor, que había desviado la mirada. Y sin esperar respuesta continúo con su camino.
.n-u-n-u-n-u.
—¡Buaaahh! ¡Nooo, nooo, me dueleee!
—Si no estás quieto no puedo revisarte. —Una doncella intentaba limpiar la cara del niño para averiguar qué tan profunda era la herida en su frente.
—Pero duelee…
—Damián quédate quieto un segundo, ¿sí? —Rogó su gemelo a su lado, tomando su manita.
Saga exhaló con pesadez por enésima ocasión. Una nueva jaqueca se estaba apoderando de él.
—No parece que estés agonizando.
La voz del Arquero a sus espaldas lo sobresaltó un poco. Apretó los ojos y sobó sus sienes.
—Lo estoy… —Susurró el mayor. —De verdad que lo estoy.
—Ya. Supongamos que te creo. Aun así, ¿cuál era la gran emergencia?
—No tengo idea de cómo cuidar niños.
—Evidentemente. —Dijo lanzando una mirada fugaz a los gemelos. —¿Y Kanon?
—Tuvo que irse, me los encargó.
—Seguramente seguía ebrio cuando se fue.
—Llegué a la misma conclusión… Va a matarme.
—Mi señor. —Interrumpió la doncella. —Creo que el pequeño necesitará un par de puntadas.
—Fue un placer conocerte, amigo.
*El Athens College es una escuela bilingüe, muy prestigiada, de educación primaria o elemental (y secundaria, creo). Y dado que los gemelitos no tienen ni los 6 años que se require para entrar, nuestro querido Saga tendrá que buscar otro pretexto para entablar conversación con Alice. =P
Pues creo que es todo.
Saludos, nos vemos pronto n_n
