LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA HISTORIA ES UNA ADAPTACIÓN…
LA HISTORIA PERTENECE A ROBYN GRADY
Capítulo 7
Después de saludar brevemente a los congregados en la sala de juntas, Edward fue directamente hacia Bella y, conteniendo el deseo de tomarla por la cintura, se inclinó para darle un beso en la mejilla.
Sobresaltada, ella se dio la vuelta y el corazón de Edward se aceleró al ver el brillo de sus ojos… al notar el aroma familiar de su piel. Llevaban un mes sin verse, pero seguían sintiendo la misma atracción el uno por el otro, incluso más fuerte que antes.
Sin embargo, Bella dio un paso atrás, y él entendía sus motivos. Creía que todo había terminado.
Pero se equivocaba.
—Hola, Edward.
—Me alegro de que hayas podido venir.
No dijeron nada más, pero se miraban a los ojos… hasta que Charlie se acercó. Sonriendo, el antiguo presidente de la empresa Swan le ofreció su mano.
—Edward, agradezco mucho tu invitación, aunque no era necesaria.
Edward tuvo que hacer un esfuerzo para apartar los ojos de Bella.
—He convocado esta reunión para poner al día a todos los socios de las franquicias, pero pensé que también a ti te gustaría conocer los planes de expansión que tengo para la empresa.
—En Paris y Londres —Charlie le dio una palmadita en la espalda—. Bien hecho, hijo.
Edward intuyó más que ver que Bella daba un respingo.
De modo que seguía doliéndole que su padre no le hubiera dejado las riendas de la empresa…
La última vez que hablaron, ella tenía planes de abrir una cadena de floristerías y esperaba que eso la ayudase a soportar la decepción. Aunque si era justo, no podía ser fácil.
—Bueno, ¿y qué más planes tienes para Swan?
—Aún es pronto, pero tengo en mente unas estrategias de desarrollo que espero incorporar mientras me divierto con la primera expansión.
Otro respingo de Bella.
Edward metió las manos en los bolsillos del pantalón. Tenían que hablar. A solas. Tenía muchas cosas que decirle y ninguna de ellas era relativa al negocio.
Charlie saludó a alguien al otro lado de la mesa de juntas.
—¿Me perdonáis un momento? Eleazar Denali está a punto de marcharse y fue mi primer cliente. Tenemos una larga historia detrás.
—Sí, claro.
Cuando Charlie se alejó, Edward no perdió el tiempo y tomó a Bella del brazo.
—¿Dónde me llevas?
—Quiero hablar contigo a solas.
—Imagino que no habrás convocado esta reunión para hablar conmigo.
—Ya he hablado con todos los que tenía que hablar.
Y había retrasado aquella reunión más de lo debido, pensó, mientras la llevaba a su despacho y cerraba la puerta.
Bella tiró del bajo de su clásica chaqueta negra. La falda a juego era un poquito larga, en su opinión, y la blusa muy poco escotada. En realidad, le gustaría arrancarle la ropa, lencería incluida, pero tenían que hablar antes de retomar, si era posible, su relación.
Edward se acercó a la mesa para pulsar el botón del intercomunicador.
—Irina, no me pases llamadas. Si llama alguien, dile que estoy atendiendo un asunto urgente.
Bella levantó una ceja.
—¿Yo soy el asunto urgente?
—Sí.
—Pero mi padre estará preguntándose dónde me he metido.
—Tu padre está en su elemento ahora mismo, no te echará de menos —dijo él.
—En caso de que te hayas hecho alguna idea… —empezó a decir Bella, sorprendida— yo no quería venir.
—¿No?
—Sólo estoy aquí porque Sue no se encuentra bien y me ha pedido que viniese con mi padre.
Edward se detuvo a unos centímetros de ella. Bella era bajita, pero voluptuosa y totalmente femenina. Perfecta para él.
—No tenías el menor deseo de volver a verme.
—Eso es irrelevante.
No lo era para él.
—No paro de pensar en ti desde que me dejaste tirado en esa esquina.
—Ya, claro.
¿Lo había hecho para atormentarlo? ¿Para castigarlo? En cualquier caso, aquel día pensaba arreglar la situación.
—Te he echado de menos, Bella.
Ella se mordió los labios, como había hecho en Año Nuevo cuando empezó a besar sus pechos, su abdomen y más abajo… y ella sujetó su cabeza suplicándole que no parase.
—Edward, no me gustan estos juegos…
—Pero sí te gustan nuestros juegos —sonrió él.
—Mira, tengo que irme.
—¿No quieres que te dé la noticia?
—Me parece que ya he oído suficiente.
—He encontrado a mi padre.
Bella se quedó helada.
—¿Qué?
—Es un profesor retirado, casado y con hijos.
—¿En serio?
Edward asintió con la cabeza.
—Llamé a su puerta y me abrió con una vieja camiseta de fútbol y un niño de unos cinco años de la mano.
—¿Su nieto?
—Sí—contestó Edward—. No sabía nada de mí, Bella. Casi se le cayó la dentadura cuando le dije quién era.
—¿Cómo es posible que no supiera nada de ti?
—Aparentemente, no sabía que mi madre estuviera embarazada cuando rompieron, y no estaba en el país cuando yo nací. Imagino que intentaron localizarlo, pero al final debieron de renunciar. Y supongo que no ayudó mucho que adoptase el apellido de su nueva esposa y se convirtiera en Masen.
Aunque, sabiendo lo mal que funcionaban los Servicios Sociales, estaba seguro de que tampoco lo habían intentado demasiado.
—¿Y qué ha pasado, qué te ha dicho?
—La verdad es que me cayó bien inmediatamente —Edward se rascó la cabeza—. Aunque su mujer y su hijo mayor me dejaron bien claro que no estaban tan seguros. Que eso de que alguien apareciese de repente anunciando que era un hijo perdido…
—Sí, imagino que no fue nada fácil.
Años antes, cada vez que lo llevaban a una nueva «casa» o empezaba en un nuevo colegio llevando ropa dos tallas más grandes, Edward había imaginado una jubilosa reunión con su familia. Debería haber sabido que la realidad no sería así.
—El segundo hijo va a casarse este fin de semana —siguió—. Se llama Garett. Y a pesar de que noté alguna mirada atravesada, Anthony, mi padre, y Garett me han invitado a la boda. Es una invitación para dos.
Bella lo entendió entonces.
—¿Quieres que vaya contigo? ¿No prefieres llevar a otra persona?
—No me digas que no te gustan las bodas.
—Tú sabes que no es por eso.
—Será una excusa para comprarte un vestido nuevo —bromeó Edward.
Bella negó con la cabeza, aunque no pudo evitar una sonrisa.
—No…
—Oye, quiero volver a bailar contigo. Dime que sí.
A pesar de haberlo dejado plantado cuatro semanas antes, lo que sentía estando con ella era innegable. Y no tenían por qué separarse. Los dos eran adultos. ¿Por qué no podían seguir riéndose… durase el tiempo que durase? No había nada malo en ello, sólo ventajas.
—Lo siento, no puedo…
Edward la miró a los ojos. Hora de sacar el as de la manga.
—Le he hablado a mi familia de ti y quieren conocerte.
Bella se quedó sin respiración. ¿Había oído bien?
—¿Les has hablado de mí?
Edward la miró con esos ojos que podían despertar un incendio en su interior.
—Desde luego.
—¿Y quieres que conozca a tu familia?
—¿Eso es un sí?
Bella apretó los labios.
No había pasado una sola noche sin soñar con aquel hombre. O sin despertar recordando lo viva que la hacía sentir. En su coche, en su yate, en su casa… pero había sido fuerte y no lo había llamado, esperando contra toda esperanza que la llamase él.
Y entonces, la semana anterior, como su padre y Sue, había recibido una invitación para acudir al consejo de administración de la empresa Swan. Bella estaba decidida a no ir. Tenía que olvidarse de la empresa Swan, de Edward, y seguir adelante con su vida.
¿Pero cómo iba a hacerlo cuando llevaba un retraso de casi dos semanas y empezaba a preocuparse de verdad? Aquella misma mañana había comprado una prueba de embarazo, pero no se había atrevido a hacérsela.
Claro que, si estaba embarazada, no podía ignorarlo o mantenerlo en secreto. Tendría que decírselo, pero sabiendo cuál era la posición de Edward con respecto a tener hijos…
Edward le había pedido que lo acompañase a una boda. Y no a cualquier boda, a la boda de su hermanastro, de su recién encontrada familia. Eso tenía que significar algo.
Y, a pesar de todo. Bella quería que aquella experiencia fuese memorable para él. Sentirse conectado con una familia era algo que Edward necesitaba aunque aún no se diera cuenta. Y que quisiera ser parte de una celebración familiar tenía que ser buena señal. ¿Habría alguna oportunidad de que pudiesen hablar al menos?
—¿A qué hora irás a buscarme?
Edward sonrió.
—Es el sábado, a las tres. Iré a buscarte a las dos.
Ya estaba decidido.
—Muy bien, de acuerdo, pero ahora tengo que marcharme.
—Espera, hay una cosa más…
Edward la tomó por la cintura y, desprevenida. Bella aceptó el beso como la tierra seca acepta la lluvia. Pero cuando se apartó se sentía mareada. Y lo peor de todo era que sabía que él podría verlo en sus ojos.
Maldito hombre.
—No he dicho que pudieras besarme.
—Pero debes saber que yo no pido permiso —sonrió Edward, quitándole la chaqueta.
—¿Qué haces? ¡Hay una habitación llena de gente a unos metros de aquí!
Dejando escapar un suspiro, Edward volvió a ponerle la chaqueta.
—Muy bien, de acuerdo, ve a reunirte con tu padre. Yo iré enseguida.
—Nos vemos el sábado. Yo tengo que ir a mi nuevo local para inspeccionarlo.
—¿Está cerca de aquí?
—¿Por qué?
—Porque me gustaría ir contigo.
—Pero tú tienes trabajo, gente a la que atender…
Edward se arregló el nudo de la corbata.
—Yo soy el jefe, así que puedo entrar y salir cuando quiera —sonrió, abriendo la puerta del despacho.
Bella estuvo a punto de decir que no quería que fuese con ella, ¿pero cómo iba a hacerlo? Edward acababa de invitarla a la boda de su hermanastro.
Además, le encantaba estar en su compañía… mientras la compañía no se metiese en aguas peligrosas. Por un montón de razones, acostarse juntos tendría que esperar.
De vuelta en la sala de juntas, Edward llamó la atención de los congregados.
—Tengo que irme a otra reunión, pero por favor, quédense y disfruten del desayuno que ha preparado mi secretaria. Gracias a todos por venir para compartir las buenas noticias.
Después de una ronda de aplausos, Edward volvió al lado de Bella.
—Si quieres despedirte de tu padre, nos vemos en el vestíbulo. Así nos ahorraremos preguntas.
—Muy bien.
Unos minutos después se reunían de nuevo para ir al local, que sólo estaba a un par de manzanas de allí.
—¿El nuevo local es para la floristería de la que me hablaste?
—Sí, pero no será una floristería como las demás. Lo que quiero es convertirla en la floristería más importante de Nueva York, especializada en cestas de regalo y todo tipo de arreglos florales para eventos, celebraciones, fiestas…
—Tienes grandes planes.
—Por supuesto.
Poco después Bella abría la puerta de cristal que llevaba a un local pintado en tonos rosas y azules.
—Los primeros pedidos se tomarán desde aquí —le explicó—. Pero cuando la empresa se haya asentado me gustaría comprar o alquilar un local en una zona industrial.
—Para ahorrarte alquiler.
—Sí, claro. Pero mantendré este local porque está en una buena zona. Es pequeño, pero será suficiente por el momento —murmuró Bella, comprobando que los enchufes estuvieran bien instalados y que las superficies no tuvieran arañazos—. Parece que todo está bien.
—Estupendo —dijo Edward, tomando su mano—. ¿Qué tal si vamos a tomar algo?
—¿A tu casa, por ejemplo? —preguntó ella, levantando una ceja.
—Está muy cerca.
—No, yo creo que es mejor que nos veamos el sábado.
Así tendría tiempo para hacerse la prueba de embarazo e ir al médico si era necesario. Y decidir cómo iba a decírselo a Edward.
—Vamos, Bella. ¿No eras una chica atrevida?
—La chica atrevida ha hecho la maleta y se ha marchado de vacaciones.
«Ser atrevida» era lo que la había metido en aquel lío. Bueno, eso y que la última vez olvidaron usar un preservativo. Pero desde el principio había sabido que Edward era peligroso para su corazón.
—Una pena. Había pensado que el domingo podríamos ir a navegar otra vez.
—Primero tenemos que vernos el sábado.
—No sé por qué, pero tengo la impresión de que en realidad quieres que me marche —sonrió Edward.
—¿Cómo quieres que te lo diga?
—¿Y si te beso otra vez?
Bella dio un paso atrás, pero él la siguió hasta que su espalda chocó contra la pared.
—¿No te das cuenta de que pasa gente por la calle… y pueden vernos por el escaparate?
—¿Y si no hubiera nadie?
—Te pediría que te fueras de todas formas.
—¿De verdad?
Bella intentó no dejarse convencer, aunque tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano.
—¿Qué pasa? ¿Es que ahora eres irresistible?
—Dímelo tú.
Estaba tan cerca que podía notar el calor de su cuerpo pero, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, se encogió de hombros.
—Edward Cullen, me temo que eres absolutamente resistible.
Pero cuando él rozó sus labios sintió que se derretía.
—¿Te acuerdas de la última vez que estuvimos juntos? —le susurró, al oído—. ¿Recuerdas lo bien que lo pasamos?
Bella se puso colorada. Recordaba todo lo que había pasado aquella noche, todas las maneras que inventaba para hacerla perder la cabeza.
Edward deslizó un dedo por el centro de su falda.
—¿De verdad no te acuerdas?
—Edward… la gente puede vernos.
—Ven mi espalda, nada más.
—Me habían dicho que eras un caballero.
—Sólo si tú quieres que lo sea —sonrió él, sin dejar de acariciarla.
—Sí… —consiguió decir Bella—. Por favor.
Los ojos de Edward se clavaron en los suyos durante un segundo y luego, despacio, dio un paso atrás.
—¿No te importa quedarte sola para cerrar?
Ella dejó escapar un suspiro mientras asentía con la cabeza.
—No me importa en absoluto.
—¿Seguro? —insistió Edward.
—Sí, seguro.
—Entonces nos vemos el sábado, a las dos.
La mirada que lanzó sobre ella antes de irse le dijo que lo de aquel día sólo había sido un ensayo. El sábado pasaría al ataque directamente.
HOLA, NO QUERIA VOLVER A ACTUALIZAR, ME BORRARON UNA HISTORIA Y NO ME PARECIO JUSTO, PERO BUENO LO PENSE MEJOR Y TERMINARE DE ACTUALIZAR, ESPERO SUS COMENTARIOS, BYE…
