Konnichiwa!
Hoy he venido a dejarles un nuevo capi del fic, muchas gracias por todos sus comentarios, estoy muy feliz con ellos!
Espero les guste esta actualización, trato de actualizar lo más seguido posible pero mi inspiración al parecer sólo me permitirá escribir un capi por semana u.ú
Gracias por la paciencia y espero leernos pronto.
Las quiero mis fieles lectoras *o*!
Saludos y abrazos!
:::///*Cindy Elric*\\\:::
Herida
-Que sorpresa Sesshoumaru –sonríe.
-¿Qué haces aquí? –frunció el ceño, no podía ser que volviera a encontrarse con esa mujer, no estando en esa forma…
-Bueno yo… -ve pequeñas gotas de sangre caer al lado del joven- ¿Qué te ocurrió?
-¿Qué? –Imitó la dirección de la mirada de la chica, recordando su herida y escondiendo el brazo tras su espalda- nada.
-¿Cómo que nada? Estás herido… -se acercó tres pasos viendo como él retrocedía tres más- puedo ayudarte…
-No necesito ayuda –se alejó aun más, no queriendo ser más patético aun… no, nunca aceptaría que una humana lo ayudara.
-Sesshoumaru, si no atiendes esa herida podría empeorar –frunce el ceño- ¿acaso quieres perder ese brazo también?
-Eso no pasará –desafió los ojos frente a él, no se dejaría intimidar por esa mujer, antes muerto que aceptar ser ayudado.
-No seas obstinado, sólo quiero ver tu herida –se acerca simplemente logrando que él se aleje aun más, lo que la hizo enfadar, ese hombre no podía ser tan cabeza dura, desafió ese color dorado, frunció el ceño tanto como él- si la sangre sigue fluyendo te desangrarás, morirás antes de que amanezca ¿quieres que eso pase?
Por primera vez las dos presencias se desafiaron, una tratando de ayudarlo y la otra negándose a ceder, pero a pesar de todo la sacerdotisa era quien tenía las de ganar, Sesshoumaru moriría antes de regresar a ser youkay, no podría curar su herida sin ayuda… él no conocía el funcionamiento del cuerpo humano, no entendía como detener ese endemoniado dolor… se mordió el labio inferior, odiando por enésima a la mujer responsable del maleficio, detestando al híbrido que lo hirió y por sobre todas las cosas, maldiciendo el hecho de que precisamente tenía que ser esa mujer la que lo curara.
-Haz lo que quieras –le hizo un desprecio, sentándose e ignorando la estúpida alegría de la chica, la ganadora de esa batalla había sido ella y eso simplemente lo irritaba aun más.
Kagome reprimió cualquier comentario, no quiso que el chico se arrepintiera y volviera a alejarse, se acercó a él arrodillándose a su lado, tomando el brazo herido levantando un poco la manga, había mucha sangre y eso sólo hacía que esa imagen fuera más grave de lo que en verdad era, agradeció al cielo haber llevado consigo su botiquín sacando de él algodón para limpiar la piel, una vez terminado la extensión de la herida fue clara, parecía un corte, demasiado profundo como para ser un accidente… levantó un poco la vista para buscar el rostro del joven, encontrándose con que el desprecio antes hecho seguía manteniéndose.
-¿Qué te ocurrió?
-Eso no te importa –no quiso mirarla aunque sentía esos ojos buscar los suyos.
-No tienes por qué ser tan retraído… además esta herida parece que fue provocada por alguien o algo ajeno a ti…
-Un maldito infeliz logró herirme, sólo eso te diré –mordió nuevamente su labio reprimiendo el deseo de sacarle en cara que había sido todo su culpa, la de ella y la de ese estúpido híbrido.
-¿Una pelea? –bajó la vista examinando el corte, si, parecía el de un cuchillo o una espada y ella conocía muy bien de eso, no en vano había curado tantas veces a Inuyasha- es curioso…
-¿Qué?
-Inuyasha está igual que tú, tuvo una pelea y está gravemente herido… por eso estoy en este bosque, estaba buscando plantas medicinales para ayudarlo… -juntó los algodones manchados, dejándolos aun lado y buscando en su botiquín algo que fuera efectivo para curar la herida.
-Ya veo… -ese comentario logró robarle una sonrisa, el que ese estúpido estuviera sufriendo era una buena noticia, después de todo ese maldito debía pagar por lo que había hecho… de pronto sintió que el dolor empezaba a amainar, disminuyendo de apoco llamando su atención, por lo que bajó la vista para ver lo que la mujer hacía- eso es…
-La flor que me regalaste, después de todo fue bueno haberla guardado –sonrió sin mirarlo, no sabía porque pero aun la tenía consigo y eso había resultado ser algo beneficioso.
-Eres extraña –murmuró, sin entender a cabalidad el que la guardara, tratando de recordar porque demonios él se la había regalado, si, eran extraños… los humanos eran la raza más extraña y confusa que podría conocer…
-Gracias… supongo… -sonrió más ampliamente al ver su trabajo terminado, la venda había sido perfectamente puesta, deteniendo la sangre y evitando que pudiera empeorar- ¿Cómo se siente?
-Ya no duele –respondió sincero, levantando su brazo, moviéndolo de un lado a otro, examinando esa extraña tela que lo rodeaba.
-En un tiempo sanarás, pero es conveniente que no muevas mucho el brazo.
Sesshoumaru sintió algo inusual en sus labios, estos querían romperse, pronunciar algo que él nunca en toda su vida había necesitado decir, trató de retener esa palabra, ahogarla en su interior, pero su boca simplemente parecía tener más control que su razón siendo humano, los malditos impulsos sin sentido parecían algo propio de esa especie…
-Gracias…
Listo, lo había dicho, ¡Maldita sean todos los humanos del mundo! Si lograba romper el maleficio, jura… ¡Jura que borrará a toda esa especie de la faz de la tierra!
-No hay de que –le sonrió, adivinando que esa palabra era nueva para el joven por la expresión que había hecho, no sabía porque… pero algo en él le recordaba al hanyou.
-Deberías irte –desvió la mirada.
-¿Eh? ¿Y por qué? ¿Te molesto acaso?
Por alguna razón reprimió el "si" en su cabeza- te están esperando.
-Es verdad… -miró hacia atrás, en realidad estaba tardando más de lo que prometió y de seguro Inuyasha seguía con el escándalo de antes… pensó unos segundos, no quería dejar al chico en esas condiciones, no si estaba herido y solo en ese bosque, pero era evidente que si lo invitaba a la aldea se negaría, ya le había costado demasiado trabajo el que la dejara sólo curarlo… entonces fue que recordó algo que debía hacer- ¿quieres acompañarme?
-No iré a la aldea –adivinó sus palabras, no, eso si que era algo imposible de convencerlo a hacer.
-No es eso, lo que pasa es que tengo que buscar algo en este bosque…
-No buscaré medicina –"mucho menos para ese híbrido" pensó pero retuvo en sus labios.
-No Sesshoumaru, tengo que buscar otra cosa, un pequeño fragmento de una perla…
-¿Un fragmento? –no entendió en seguida esas palabras, por lo que se sintió un poco intrigado, además, no tenía nada que hacer estando en esa forma- ¿por dónde?
-Por aquí –le sonrió y empezó a caminar, sintiendo que el fragmento estaba cerca, encontrándolo finalmente en el tronco de un árbol- este es… -tomó el pequeño fragmento enseñándoselo a su acompañante.
Entonces fue que Sesshoumaru recordó, esa mujer ayudaba al híbrido a reunir los fragmentos de la perla de Shikon y ahora que lo pensaba ella era…
-Eso es de la perla de Shikon ¿no es así?
-Entonces la conoces –le sonríe y guarda el fragmento- si es de la perla de Shikon, con mis amigos estoy reuniendo los fragmentos.
-¿Cómo supiste que estaba en este lugar?
-Puedo sentir la presencia de los fragmentos, es así como… un don que tengo –se rascó la cabeza avergonzada.
-¿Acaso eres una sacerdotisa?
-¿Eh? Pues… algo así…
-¿Qué sabes de las maldiciones?
-¿Maldiciones?
-Si –frunció el ceño, la incomprensible confianza de la mujer en él podría beneficiarle en algo si respondía sus preguntas.
-Bueno… el monje del pueblo en el que estamos alojados nos comentó algo sobre eso –se sentó apoyándose en el tronco que escondía el fragmento e hizo memoria- nos dijo que los maleficios están sujetos a sentencias dictadas por quien los hizo, aunque también un gran poder podría contrarrestarlo…
-¿Sabes como romper un maleficio?
-¿Yo? ¿Romper un maleficio? No creo que pueda… se necesita un poder que supere a quien lo hizo y yo aun no tengo experiencia en esto de ser sacerdotisa.
-¿De verdad?
Sesshoumaru la miró dudoso, esa mujer podría estarle mintiendo después de todo bien sabía que ella era capaz de purificar la perla de Shikon y eso no era algo sencillo, sólo dos personas aparte de ella podían hacerlo, su creadora y esa mujer que había muerto cuando Inuyasha fue sellado… esa chiquilla de seguro y podría superar los poderes de la mujer que lo había maldecido.
-¿Por qué preguntas estas cosas Sesshoumaru?
-Curiosidad.
-¿Curiosidad…? –no le creyó, esas preguntas eran extrañas, eran casi las mismas que su tocayo había llegado exigiendo en la aldea y ahora que lo piensa… el youkay ese día también había sido herido en su brazo…
Sintió la insistente mirada sobre él, adivinando sus pensamientos, viendo que quizás podría ser descubierto al mostrar interés en ese tema… debía decir algo, hacer algo que no fuera propio del youkay que la mujer conocía, sólo así podría alejar las ideas que empezaban a aparecer en la mente de ella.
-¿Cómo…? –Carraspeó un poco, reprochándose sus próximas palabras pero queriendo desviar su atención- ¿Cómo sigue tu herida?
-Sanó hace días…
-Que alivio… –se obligó a sonreír, maldiciendo el hecho de que no le costara hacerlo.
Kagome respondió esa sonrisa, dejando de lado sus ilusiones, el youkay nunca podría preocuparse por ella ni sonreírle de esa forma, sin olvidar el hecho de que su acompañante era claramente un humano.
-Dime, ¿te duele el brazo?
-No, está perfecto –respondió examinando nuevamente su herida, quizás y sólo quizás ese encuentro no había sido una total perdida de tiempo…
-Me alegro… -alzó su vista al cielo- debo regresar, Inuyasha debe estar desesperado porque no regreso…
-Ese sujeto… en verdad te importa… –sintió algo extraño en su interior, era odio, rencor hacia el hanyou, si, en verdad él siempre lo ha detestado pero por alguna razón sintió que eso se intensificaba, despreciándolo aun más que antes.
-¿Eh? –sintió la molestia del chico, sin entenderla, sintiendo ella misma algo extraño en su interior al ver esos ojos dorados brillar un poco más que antes.
-No, nada –le hizo un desprecio, otra vez su maldita boca había hablado sin su permiso, por dios, tenía que aprender a controlar esos estúpidos impulsos- vete si quieres.
-Lo siento Sesshoumaru…
Ella ni siquiera supo porque se disculpó, pero no podía seguir en ese lugar, había prometido regresar enseguida, ya había tardado demasiado y estaba segura de que el hanyou debía estar desesperado… reprimió el impulso de voltear, no quiso ver a quien estaba dejando atrás, sólo eran extraños, en verdad ella había quedado en deuda la vez pasada pero ya fue saldada con la ayuda de esa noche… no tenía por qué sentirse culpable… ni siquiera lo conocía… ella no podía herirlo al dejarlo solo en ese lugar…
Sesshoumaru frunció el ceño ante esas palabras, no le habían gustado, ella no tenía por qué disculparse y él tampoco lo necesitaba, en primer lugar nunca debió encontrarse con esa mujer, había sido una simple broma del destino que parecía disfrutar el reírse en su cara, sólo eso, nada más… examinó nuevamente la tela en su brazo, era blanca, tanto o más que su propia piel, pero algo la diferenciaba, ese aroma que estaba impregnada en ella, la fragancia de esa chica, aun podía sentir el residuo de calidez que dejaron sus manos en su herida…
-¡Tonterías!
Le hizo un desprecio al aire, reprochándose esos pensamientos y odiando ese calor que había vuelto a ocupar sus mejillas, no, no podía ponerse así cada vez que veía a esa mujer, por estar convertido en un humano no podía dejarse arrastrar por simples cursilerías e ilusiones sin sentido, no, él era el más grande youkay del mundo, ¡Era Sesshoumaru! ¡El príncipe de las tierras del oeste! ¡No podía estar perdiéndose en divagaciones absurdas!
Maldita sea…
¡Él no era así…!
Esa mujer…
¡Ella no podía tenerlo así!
Continuará…
:::///*Cindy Elric*\\\:::
